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Marcos 1, versículos 14 a 28. Después que Juan fue encarcelado,
Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios,
diciendo, el tiempo se ha cumplido y el reino de Dios se ha acercado. Arrepentíos y cree del evangelio. Andando junto al mar de Galilea,
vio a Simón y a Andrés, su hermano, que echaban la red en el mar
porque eran pescadores. Y les dijo Jesús, venid en pos
de mí y haré que seáis pescadores de hombres. Y dejando luego sus
redes, les siguieron. Pasando de allí, un poco más
adelante, vio a Jacobo, hijo de Zebedeo, y a Juan, su hermano,
también ellos en la barca, que remendaban las redes, y luego
los llamó, y dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros,
les siguieron. Entrando en Capernaum, y los
días de reposo, entrar en la sinagoga, enseñaban, y se admiraban
de su doctrina, porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y
no como los escribas. Pero había en la sinagoga de
ellos un hombre con espíritu inmundo que dio voces diciendo,
¡Ah! ¿Qué tienes con nosotros, Jesús
Nazareno? ¿Has venido para destruirnos?
¡Sé quién eres, el Santo de Dios! Pero Jesús le reprendió diciendo,
¡Cállate y sal de él! El espíritu inmundo, sacudiéndole
con violencia y clamando a gran voz, salió de él. Y todos se
asombraron, de tal manera que discutían entre sí, diciendo,
¿qué es esto? ¿Qué nueva doctrina es esta?
Que con autoridad manda a uno de los espíritus del mundo si
le obedece. Y muy pronto se difundió su fama por toda la provincia
alrededor de Galilea. Así es la Palabra de Dios. Vamos
a aprender de este vídeo de Cristo en este pasaje. Vamos a orar.
Para muchas gracias le damos por este Evangelio, por esta
historia, lo que tu Hijo hizo aquí en la Tierra, y te pedimos
que no podamos solamente aprender una historia, sino también que
tú apliques la Palabra en nuestros corazones. Te pedimos, Señor,
que tú abres todos los corazones aquí para escuchar el mensaje
de Cristo. Oramos en su nombre. Amén. Este libro empezó con las palabras,
principio del Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios. Estamos estudiando
un evangelio, un libro que es la historia de la vida, muerte,
ministerio y resurrección de Cristo. Es una historia de la
obra que Cristo hizo para salvar a su pueblo de sus pecados. Ya
vimos, es el evangelio escrito por Marcos, basado en lo que
Pedro le dijo. Después consideramos el mensaje
del ministerio de Juan el Bautista. Él vino cumpliendo las profecías
del precursor del Mesías, proclamando su venida, preparando el pueblo
para él por medio de predicar el bautismo de arrepentimiento
de pecados. Y cuando llegamos aquí al versículo
catorce, ya no estamos invocados en Juan. Ni estamos realmente
leyendo ahora nada más las palabras de Marcos o de Pedro. Ahora llegamos
al mensaje de Cristo mismo. El Mesías había venido. Ahora,
¿qué es su mensaje? ¿Qué dice este Mesías? Es el
enfoque de este pasaje, el mensaje que Cristo predicó y la reacción
del pueblo a tal mensaje. Y vamos a ver que nuestro mundo
hoy en día necesita el mismo mensaje. Necesita el mismo Mesías
y necesita que nosotros vayamos y prediquemos el mismo mensaje
de Cristo para que la gente sea salva de sus pecados. Marcos
escribe todo de manera muy rápida. Parece que apenas nos introdujo
a Juan y aquí dice en el versículo 14 que Juan fue encarcelado.
Los otros evangelios nos dan más información de lo que pasó.
Juan había estado predicando en contra de Herodes, el rey
de Judea, porque él había tomado la esposa de su hermano. Herodes
encarceló a Juan y eventualmente le mandó a la muerte. Pero Marcos
no está enfocado en Juan. Marcos, por decirlo así, quiere
llegar a lo bueno, quiere llegar muy rápidamente en su libro a
Cristo mismo y su mensaje, y no es que Juan no era importante,
no es que su mensaje no era importante, pero el Mesías había venido,
y él era el enfoque. O por decirlo de otra manera,
Marcos está mostrando aquí muy claramente que el ministerio
de Juan era temporal. En cierto sentido, el ministerio
de Juan terminó cuando el ministerio de Cristo empezó. Él mismo había
dicho, es necesario que Él crezca, pero que yo mengue. Pues ya era
tiempo para Cristo. El precursor ya había cumplido
su responsabilidad. El Mesías había venido, era tiempo
para enfocarse en Él. Y es lo que nosotros vamos a
hacer hoy también, en el tiempo que Dios nos ha dado, enfocarnos
en Cristo y en su mensaje. Vamos a enfocarnos en la predicación
de Cristo y cómo afectó a todos quienes escucharon. Y vamos a
ver otra vez que es un mensaje que necesitamos también hoy en
día. Ese mensaje no ha cambiado. La necesidad tampoco ha cambiado.
Necesitamos el mismo mensaje de Cristo proclamado a todo el
mundo, no importa la respuesta de los que oyan. Vamos a ver
aquí, en primer lugar, el mensaje mismo de Cristo. Esto vemos aquí
en versículos 14 y 15. El mensaje de Cristo. Cuando
Cristo inició su ministerio público, vino predicando una sola cosa. El Evangelio del Reino de Dios. Versículo 14. Después que Juan
fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el Evangelio del Reino
de Dios. Fíjense que Cristo no vino predicando
la autoestima. Cristo no vino predicando sobre
cómo vivir tu mejor vida ahora. Cristo no vino predicando un
evangelio de prosperidad, un evangelio de cómo vivir sin sufrir,
un evangelio de declarar y decretar cosas. No. Cristo vino predicando
el evangelio del reino de Dios. En caso de que alguien no entienda
lo que eso significa, en caso de que alguien quiera tomar su
descripción y agregar su propio evangelio torcido, el siguiente
versículo explica precisamente lo que eso significa. El versículo
15 es un mensaje expandido, con más palabras. Cristo vino diciendo,
el tiempo se ha cumplido, el reino de Dios se ha acercado,
arrepentíos y creed en el evangelio. ¿Qué aprendemos aquí del mensaje
de Cristo? Y en primer lugar, vemos aquí que todo había sido
planeado. Eso que vimos desde el principio
de este libro, con las profecías de Juan, lo vimos en el bautismo
de Cristo, en la tentación de Cristo, y aquí en el mensaje,
Cristo dijo, el tiempo se ha cumplido. Dijo, es hora. Ahora
es tiempo. Todo el Antiguo Testamento había
hablado de este tiempo. Toda la historia, la historia
había sucedido para que esta precisa hora llegara. Dios mismo
ha venido, Dios mismo ha descendido en carne humana para anunciar
su reino, para anunciar que la salvación ha llegado. Es decir,
Cristo no apareció de la nada con este mensaje, sino que todo
había sido preparado para su venido. El tiempo se ha acercado. El tiempo se ha cumplido. Después
vemos que Cristo predicaba el Evangelio del reino de Dios. El reino de Dios, en la Biblia,
describe la manera, obviamente, en la cual Dios reina sobre su
pueblo y sobre el mundo. En cierto sentido, el reino de
Dios es toda la creación, ¿verdad?, porque Él la hizo. Pero de manera
muy específica, en la Biblia, el reino de Dios es el reino
de Dios sobre su pueblo. Es un lugar donde Dios ejerce
su reinado sobre aquellos que le adoren como Dios y Salvador.
Normalmente Dios había reinado así sobre su pueblo Israel en
el Antiguo Testamento, pero ahora algo diferente está sucediendo.
El reino había llegado en más luz, en más plenitud en Cristo. Antes era por sombras, por símbolos,
por sacrificios. Ahora Cristo mismo ha venido.
el reino va a ser manifestado con más luz y vemos que más adelante,
en su segunda venida, su reino va a ser manifestado completamente
en el día final, como venga para juzgar al mundo y reinar abiertamente
sobre todo. Entonces, en la venida de Cristo,
especialmente aquí al principio de su misterio eternal, vemos
que dice el reino se ha acercado, Cristo ha venido, el Rey ha llegado. Entonces, ¿qué tipo de mensaje
iba a predicar Cristo? Era un mensaje que el tiempo
se había cumplido. El reino de Dios se había acercado. ¿Eso
era todo? Cristo vino nada más predicando información. Dice,
celebrad que el Mesías ha venido, regocijense y después regresen
sus vidas como normales. ¿Eso? Claro que no. También dice,
se había acercado el momento de decisión para los judíos.
¿Judíos? Su Mesías ha venido. ¿Qué van
a hacer? ¿Cómo van a responder? Pues Cristo
aquí en su mensaje predicó también la responsabilidad de todos al
estar enfrentados con Él en su mensaje. Él dijo, arrepentíos
y creed en el Evangelio. Es decir, el mensaje de Cristo
no era solamente para avisar que el tiempo había llegado,
avisar que las profecías estaban siendo cumplidas, el mensaje
de Cristo no solamente tenía que ver con la información de
lo que estaba pasando, sino era un mensaje que demandó una respuesta. Si el Mesías ha venido, si el
Rey ha llegado, la vida tiene que cambiar. Las cosas no pueden
seguir como antes. Es tiempo de arrepentirse y vivir
como hijos del reino. Es tiempo para abandonar el estilo
de vida enfocado en uno mismo y vivir enfocado en Dios y su
reino. Cristo llamó a todos al arrepentimiento
de sus pecados. Pero el arrepentimiento en sí
mismo, el arrepentimiento solo, no es suficiente. También es
necesario la fe. Se dijo, crean en el Evangelio. Esas dos cosas siempre van juntas.
Por un lado, reconocemos el pecado. Por otro lado, reconocemos cómo
hemos quebrantado la ley de Dios y queremos abandonarlo, queremos
dejarlo atrás. Pero solamente podemos por fe.
Sólo podemos arrepentirnos de nuestros pecados mientras creemos
en el Evangelio, mientras creemos en las buenas nuevas de lo que
Cristo ha hecho. Él vino, Él vivió perfectamente,
Él tomó nuestro lugar para darnos el arrepentimiento y la capacidad
para vivir de manera diferente. Es decir, el arrepentimiento
y la fe siempre deberían ser predicados juntos. Lo que Cristo
hizo aquí en su mensaje es lo que hizo Pablo también cuando
leemos en Hechos 20, que dijo a los ancianos en Efesón, que
predicó testificando a judíos y a gentiles acerca del arrepentimiento
con Dios y de la fe en nuestro Señor Jesucristo. Todos hermanos
necesitan las dos cosas, arrepentirse de sus pecados y después creer
en Cristo y en su obra como el único camino a la salvación.
Pues Cristo vino predicando este mensaje. El tiempo se había cumplido. El reino de Dios se había acercado
y que había solamente una respuesta correcta, arrepentimiento y fe. El abandono del pecado y la creencia
en el Mesías que vino para salvar nuestros pecados y reconciliarnos
con Dios. Todos los que oyeron el mensaje
de Cristo aquí tenían que responder. o en arrepentimiento y fe, o
en dureza y incredulidad. Y la predicación del Evangelio,
la predicación del mensaje de Cristo en cualquier etapa de
la historia, siempre demanda una respuesta. Y por eso predicamos
con autoridad. Obviamente no con exactamente
la misma autoridad que Cristo, porque Él era y es Dios mismo.
Pero por otro lado, sí tenemos la misma autoridad cuando predicamos
lo que la Palabra dice. Cuando podemos decir en verdad,
escrito está, o así dice Jehová, como los profetas, y es lo que
está escrito en la Palabra de Dios, entonces sí tenemos la
autoridad divina para predicar el mensaje divino al mundo perdido. No conozco nuestras palabras,
pero cuando predicamos la Palabra de Dios, la autoridad es nuestra
para decir, arrepiéntanse y crean en Cristo. Porque el tiempo sí
se ha cumplido. El reino de Dios sí se ha acercado.
Cristo ya vino. Cristo vivió perfectamente bajo
la ley de su Padre, murió en la cruz por nosotros, resucitó
el tercer día, salió al cielo para estar al edificio del Padre.
Es el mensaje que predicamos, pero no solamente como información.
Predicamos demandando una respuesta. Todos los que escuchan este mensaje
tienen que responder. O en arrepentimiento y fe, o
en dureza y incredulidad. ¿Cómo van a responder las personas
que escuchan el mensaje? Pues podemos ver un poquito aquí
en este pasaje, podemos ver lo que pasó aquí, la respuesta al
mensaje de Cristo, en versículos 16 al 28. Es interesante notar
en esos versículos que siguen, después de que Marcos nos dijo
lo que era el mensaje de Cristo, que vemos la respuesta. El mensaje
de Cristo demandó una respuesta y todos respondieron, o con la
respuesta correcta o con la respuesta incorrecta. La primera respuesta
que encontramos aquí en este pasaje se encuentra en versículos
16 a 20. Simón, Pedro, Andrés, Jacob y
Juan fueron llamados por Cristo para seguirle y ser sus discípulos. Y dicen, inmediatamente dejaron
todo y le siguieron. Vamos a conocer a ellos en algunos
momentos cuando consideramos los portadores del mensaje. Lo
que hay que veamos ahora es que la primera respuesta es la respuesta
correcta. Ellos se arrepintieron, creyeron en Cristo y le siguieron. Cristo predicó y algunos respondieron
correctamente en arrepentimiento y fe y siguiendo a Cristo. Después
en el versículo 21 vemos que Cristo entró a la sinagoga en
Capernaúm y enseñaba allí. Y vemos la respuesta de los judíos. reciclo 22, se admiraban de su
doctrina, porque les enseñaba como quien tiene autoridad y
no como los escribas. Se admiraban de su doctrina y
de su autoridad. Pero la palabra admiraban se
queda muy corta. La realidad es que estaban asombrados
y atónitos. ¡Atónitos! Es como que hubieran
sido golpeados por el contenido y el poder del mensaje de Cristo. Esa es la idea del original.
Estaban sorprendidos, sin duda, pero es más, tenían algo de temor
también. Porque se dieron cuenta de que
algo es diferente. No es una escriba enseñando lo que dice
otro maestro. Algo es diferente. Este hombre
predica como que él tiene la autoridad para decirnos eso.
Como que fuera su propia palabra. Porque si era. Era el Hijo de
Dios predicando la Palabra de Dios al pueblo. Pero si estos
judíos en la sinagoga estaban asombrados y atoídos por el mensaje,
cuanto más las hueses de maldad En los versículos 23 a 26, de
la respuesta de un hombre endemoniado, la respuesta de un hombre con
un espíritu inmundo. Él, aparentemente, estaba en
la sinagoga escuchando el mensaje. Que, aparte, el hecho de que
vienes a la iglesia y escuches el mensaje no te hace cristiano.
Este hombre, para decirlo así, estaba en la iglesia con el demonio
dentro. Pero bueno, él escuchó lo que
Cristo enseñó y parece que no podía controlarse. En el versículo
23 dice, Había en la sinagoga de ellos un hombre con espíritu
del mundo que dio voces, diciendo, Ah, ¿qué tienes con nosotros,
Jesús Nazareno? ¿Has venido para destruirnos?
Sé quien eres, el Santo de Dios. Este hombre ya no tenía control
de sí mismo. El demonio usó su cuerpo y usó
su voz para gritar a Cristo, en miedo, parece. ¿Qué tienes
con nosotros, Jesús Marcelino? ¿Por qué estás aquí? ¿Qué vas
a hacer con nosotros? Y él sabía quién era Cristo. Dijo, tú eres el Santo de Dios.
Y le dio tanto miedo que no podía controlarse, sino que entre todos
estaban gritando en miedo y en enojo. ¿Y cómo respondió Cristo? Cristo no fue perturbado en lo
más mínimo. No le sorprendió, no le dio miedo
este arrebato del hombre. En el verso 25 dicen, Jesús le
reprendió diciendo, cállate y sale de él. El Espíritu del mundo
sacudiéndole con violencia y clamando a gran voz, salió de él. Increíble,
¿no? Cristo apenas empezó a predicar,
apenas empezó su ministerio público. Y empezó a salir todo lo en mundo
de debajo de las piedras, de sus lugares tenebrosos. Ellos
no podían aguantar el mensaje e intentaban silenciar a Cristo. Pero Cristo terminó silenciando
a este demonio. Y parece que no quería callarse.
No quería obedecer lo que Cristo dijo, porque dice aquí, sacudía
al hombre y clamaba a gran voz. Pero si salió del hombre porque
Cristo se lo había mandado. Podemos avaliar varios costos
aquí. En primer lugar, esta es otra respuesta cuando el mensaje
de Cristo es predicado. ¿Entienden bien, hermanos? Cuando
un hombre se levanta para predicar el Evangelio del Reino de Dios
y manda a la gente con la autoridad de Dios a arrepentirse y creer
en el Evangelio, las huestes de maldad van a salir de quién
sabe dónde, van a salir y hacer todo posible para detener la
obra y callar al mensajero. Lo hemos visto, ¿verdad? ¿Cuántas
veces hemos visto a una persona, entonces, entre la calle, intentando
distribuir el servicio, los celulares, este, soñando? Entonces, ¿con
coincidencia? No, hermanos. Las huestes de maldad quieren
callar el mensaje. Dicen, no, no somos carismáticos,
pastor. No, pero sí creemos en las huestes de maldad. Sí creemos
que es una lucha espiritual que no podemos ver. Y es cada domingo,
hermanos. ¿Cuántas veces hemos venido?
Y tal vez nada externo, pero internamente no podemos poner
atención. ¿Verdad? Tanto sueño, tanta distracción,
tanta preocupación por otra cosa, y no ponemos atención. ¿Qué es eso? Es la batalla espiritual. Venimos aquí a la iglesia y surge
cualquier cosa. ¿Por qué? Porque las hueses de
maldad no quieren que escuchemos el Evangelio. van a hacer todo
para callar el mensajero y silenciar el mensaje. Pero no pueden. No
pueden. Porque nada más Cristo tiene
que decir la palabra, cállate y ya. No hay ninguna palabra
más. Entonces necesitamos tener confianza
de que si estamos en la ducha, si estamos en la batalla, tenemos
que ser conscientes y no pensar que el hecho de que lo que sea
que suceda en ese vicio, es nada más mala suerte, una coincidencia,
es una batalla espiritual. Pero también confiar que Dios
es más poderoso. Y Dios puede callar a las hueses
de maldad. También aquí necesitamos aprender
una cosa muy importante. Toda la actividad demoniaca que vemos ante el vestido
de Cristo no es lo normal en la historia. es decir, en el
Antiguo Testamento hay muy poca referencia a los demonios, y
leemos casi nada de posesión de demonios. Después de la misión
de Cristo y de los apóstoles en la Iglesia Primitiva, tampoco
leemos casi nada de situaciones así, y de hecho en toda la historia
de la Iglesia. casi nada de eso. Y no es que
personas endemoniadas no existían, pero eran casos muy, pero muy
raros. Pero cuando Cristo estaba aquí
en la tierra, Satanás echó todo su ejército a Él. Los demonios
surgían de todos lados. Y parte de lo que Cristo hizo
para mostrar que Él era el Mesías, que había sido mandado por Dios,
era para echar fuera a esos demonios. Y también Dios los apóstoles
el poder para hacer lo mismo. Pero no debemos leer la historia
del ministerio de Cristo y pensar que siempre ha sido así y todavía
es así hoy en día. Era una etapa diferente. Cuando
la luz por fin vino al mundo y todo salió de las sombras. Y Satanás luchó con todo lo que
tenía para oponerse a Cristo y su mensaje y su ministerio. Entienden, yo no digo que no
existan los demonios. Sí existen. No digo que no existan
personas inmediatas. Por supuesto que existen. Pero
la obsesión por estas cosas que existe en muchas iglesias hoy
en día. Es un extremo y no es de ayuda para nada. De hecho,
esta obsesión distrae de lo más importante. ¿Qué es lo más importante?
La predicación del Evangelio del Reino de Dios. Yo creo que
Satanás está muy satisfecho con el enfoque de muchas iglesias
cristianas hoy en día. ¿Por qué esas iglesias se enfocan
tanto en él, en Satanás, en sus demonios, y echar fuera demonios
que han ignorado el mensaje de Cristo mismo, y ya no predican
arrepentimiento y creencia del Evangelio, porque han sido tan
distraídos por los supuestos demonios en todas las personas?
Entienden? No estoy negando la batalla espiritual,
porque sí existe, pero no es tanto como pensamos. Y personas
están distraídos. Muchas iglesias están obsesionadas
por algo que no es importante y están distraídos del Evangelio
de Cristo. Y finalmente vemos otra respuesta
a los judíos en Misículos 27-28. Después de haber visto este poder
de Cristo, leemos que todos se asombraron. De tal manera que
discutían entre sí, diciendo, ¿qué es esto? ¿Qué nueva doctrina
es esta, que con autoridad manda a uno los espíritus inmundos
y le obedecen? Y muy pronto se difundió su fama
por toda la provincia alrededor de Galilea. Antes, dice, se admiraban
de su doctrina, estaban atónitos por lo que enseñó. Ahora estaban
atónitos y con miedo por lo que hizo. Y no entendían quién era. Desafortunadamente, este asombro,
este miedo, no resultó en su salvación. Y sabemos eso porque
leemos en Lucas 10 de la maldición de Cristo sobre Capernaúm, porque
ellos no creían en Él. Si puedo tomar una parte aquí. Personas no necesitan ver milagros
para ser salvos. Es otro engaño hoy en día. Si
quieren que la gente se salve, que hay muchos milagros en la
iglesia, hay muchos... Esas personas vieron milagros
reales de Cristo mismo y no creían. Cristo mismo dijo, bueno, en
la prava de Lázaro y el Hombre Rico, el Hombre Rico, ¿ustedes
recuerdan? Está hablando con Abraham después de su muerte, manda un
ángel para hablar con mis hermanos que todavía viven. Y Abraham
dijo, ¿tienen a Moisés y los profetas? Está diciendo, ¿tienen
la Biblia? Si no van a hacer caso a la Biblia,
no van a hacer caso aun si no un hombre regrese entre los muertos.
La gente no necesita señales, ni prodigios, ni milagros para
ser salvos. Necesitan la Palabra de Dios.
Es suficiente y es pura dosa. Entonces, vemos como es la respuesta
al mensaje de Cristo. Algunos responden en fe y arrepentimiento,
como Pedro y Andrés y Jacob y Juan. Algunos responden correctamente
y Dios les salva. Otros responden atacando y resistiendo
el Evangelio, atacando al ministro, intentando hacer caer la iglesia
en su mensaje. Y otros nada más rechazan el
mensaje y lo ignoran, porque piensan que no es para mí. ¿Cómo
has respondido tú? ¿Cómo vas a responder tú a este
mensaje? ¿Inarrepentimiento y fe? ¿Resistiendo
el mensaje, atacando al mensajero? ¿O rechazando e ignorando el
mensaje porque piensas que no es para mí? Finalmente quiero que concedemos
aquí los portadores del mensaje. Obviamente vemos aquí en el pasaje
que Cristo salió predicando este mensaje. Cristo proclamaba este
mensaje hasta la cruz. Pero en versículos 16 a 20 leemos
como Él también llamó a otros a predicar el mismo mensaje.
Ven conmigo a versículos 16 a 20. Andado junto al mar de Galilea,
vio a Simón y Andrés, su hermano, que echaban la red en el mar
porque eran pescadores. Y les dijo a Jesús, venid en
pos de mí, y haré que seáis pescadores de hombres. Y dejando luego sus
redes, les siguieron. Pasando de allí un poco más adelante,
vio a Jacobo, hijo de Zebedeo, y a Juan, su hermano, también
ellos en la barca, que remendaban las redes. Y luego los llamó,
y dejando a su padre, Zebedeo, en la barca con los jornaleros,
les siguieron. Descubrimos en el libro de Juan
que esta no es la primera vez que esos hombres habían encontrado
a Jesús. De hecho, es muy probable que
eran familiares de Cristo. Por aquí Marcos quiere enfatizar
el compromiso y el sacrificio de ser discípulo de Cristo y
de predicar su mensaje. En los términos más sencillos
posibles, Marcos nos dice que Jesús les llamó, ellos dejaron
todo y les siguieron. Ellos literalmente dejaron todo.
¿Sus familias? ¿Su trabajo? ¿Su dinero? ¿Su comodidad? ¿Su estabilidad? ¿Qué pensaba la esposa de Pedro
cuando regresó a la casa esta noche diciendo, amor, he renunciado
a mi trabajo para seguir a un maestro? Y sí, Pedro estaba casado,
lo que vemos en el versículo 30. Pero podemos imaginar una
respuesta, ¿verdad? ¿Hiciste qué? ¿Cómo vas a proveer
por tu familia? ¿De qué ayuda ser pescador de
hombres cuando necesitamos pescado para comer? Pues no sabemos cómo
respondió. Pero es para hacernos pensar.
Pedro había dejado todo para seguir a Cristo. Más adelante,
Pedro iba a decir a Cristo, aquí, nosotros lo hemos dejado todo
y te hemos seguido. Y Jesús no dijo, no, pero no
has dejado todo. Yo sé que todavía trabajas a
veces, todavía guardas en tu casa algunas cosas. Cristo no
negó. Ustedes sí han dejado todo. Esa
es la verdad. Cristo todavía está llamando
a los discípulos. Todavía está llamándonos a dejar
todo y seguir. Muy fácil sentarnos y pensar,
sí, pastor, el mensaje de Cristo es muy importante. El mensaje
de Cristo tiene que ser proclamado a todo el mundo. Es otra cosa
oír la voz de Cristo llamándote, diciendo, deja todo y sígueme. Sígueme. Sin importar la respuesta
de la gente y sin importar el costo. porque sí hay un costo
para ser discípulos de Cristo. Requiere que dejamos todo para
seguirle. En el caso de los discípulos,
era literalmente dejar todo atrás, sus barcas, sus redes, sus familias,
su trabajo. En otros casos, normalmente Dios
no llama a una persona a literalmente dejar todo lo que tiene y salir
a un lugar, aunque a veces sí. Pues la idea aquí es que ya no
hay nada que me vincula a esta tierra. Todo es sacrificable. No hay nada más importante que
seguir a Cristo y predicar su mensaje a todo el mundo. Si una
cosa empieza a estorbar esta misión, tengo que dejarla atrás. Es lo que significa dejar todo
y seguir a Cristo. Este mensaje requiere entonces
una obediencia radical. Leemos en el versículo 18 que
después de que Cristo les había llamado, dice, dejando luego
sus redes, les siguieron, podemos traducirlo, inmediatamente dejaron
sus redes y les siguieron. No tomaron tiempo para contar
el costo. No tomaron tiempo para pensar
si lo deberían hacer o no. Inmediatamente siguieron a Cristo. también era una evidencia que
costaba, porque dice, dejando luego sus redes, dejando su trabajo. En el siglo XX, cuando se llamó
Jacob y Juan, dice, dejando a su padre Zebedeo, ellos dejaron
a su familia. Hermanos, cuando seguimos a Cristo,
mi familia, mi trabajo, Mis cosas, todo, ya no están a mi disposición. Ya están a la disposición de
Dios. El Señor Cristo requiere un compromiso
pleno y radical. Y yo creo que posiblemente hemos
perdido eso en el siglo XXI. En un país, por supuesto, no
perfecto, pero hermanos, con muchísima comodidad, lo tenemos
aquí. Es posible que ya no entendemos
realmente lo que significa ser discípulo. ¿Por qué? Porque queremos seguir a Cristo,
¿verdad? Pero también queremos aferrarnos a nuestras cosas.
Queremos las dos cosas. No funciona. Otra vez digo, Dios
no siempre pide que literal y físicamente abandones todo. Pero voy a repetir
lo que sí significa ser un discípulo. Escucha muy bien. Significa que
ya no hay nada que me vincula a esta tierra. Todo es sacrificable. No hay nada más importante que
seguir a Cristo y predicar su mensaje a todo el mundo. Conseguimos
a Cristo, mi familia, mi trabajo, mis cosas, todo, y ya no están
a mi disposición. Están a la disposición de mi
Padre. Sí, pero... tenemos que hacerlo. Está bien, sinceramente, y queremos
reconocer la Palabra de Dios. El problema es que es demasiado
fácil para nosotros estar de acuerdo aquí con el Pastor y
sentirlo ahora, y salimos mañana, ¿qué hacemos? Otra vez, el mundo
es todo, mi familia es todo, mi trabajo es todo, mi comunidad
es todo. Ese es un llamado para la vida, no solamente para el
domingo. Ese es un llamado para la vida, no solamente esta semana,
es un llamado para la vida. Dejar todo. Todo lo que te vincula
aquí. Todo ya es sacrificado. Para seguir Cristo. Y el llamado
de Cristo específicamente es para ser, como dice aquí, pescadores
de hombres. Que significa evangelizar, discipular,
ir y hacer discípulos. Porque Cristo también nos ha
llamado a ser discípulos y a ser discípulos. No somos apóstoles.
¿Entienden bien la diferencia? Solamente había doce, trece apóstoles. Un requisito para ser apóstol
era ser testigo ocular del ministerio de Cristo. Nadie hoy en día puede
reclamar eso, no hay apóstoles hoy en día, pero somos discípulos. Y Cristo nos ha llamado a predicar
el mismo mensaje que Él predicó, cuando estaba aquí en la tierra.
Hemos sido llamados a ser pescadores de hombres, salir a todo el mundo
a evangelizar y a ser discípulos. Y eso lo hacemos solamente con
el poder y la autoridad de Cristo. Él mismo dijo en la Gran Comisión,
toda potestad o toda autoridad me es dada en el cielo y en la
tierra. Por eso, váyanse para ser discípulos. Lo hacemos no nosotros, no con
nuestra autoridad, sino en el poder y la autoridad de Cristo,
predicando su mensaje y no el nuestro. Entonces, el mensaje
que Cristo proclamó cuando estaba aquí en su ministerio público
es el mismo mensaje que necesitamos proclamar hoy en día, no importa
la respuesta de los que oyen. Y para terminar, piensen conmigo.
¿Cuántas iglesias hoy en día en nuestro país están escuchando
este mensaje? El mensaje de Cristo, un mensaje
de arrepentimiento y perdón de pecados. ¿Cuántas? Muy pocas. ¿Cuántas iglesias en nuestra
ciudad hoy están escuchando este mensaje? Menos. La mayoría de las iglesias hoy
en día están predicando un mensaje de autoestima, cómo vivir tu
mejor vida ahora, comodidad, prosperidad y cómo vivir sin
sufrir. Este es el problema en la supuesta
cristiandad en nuestra ciudad, en nuestro país y en toda Latinoamérica. Es el problema, no la economía,
no los presidentes. El problema es el mensaje equivocado
predicado en las iglesias. ¿Qué necesitamos? Necesitamos
regresar al mensaje de Cristo. Necesitamos regresar a predicar
y proclamar sin vergüenza el mismo mensaje que predicó Cristo,
sin importar para nada cómo la gente reacciona, sin importar
para nada si a la gente le gusta o no lo que estamos predicando.
Necesitamos iglesias verdaderas, predicadores bíblicos y con valor,
congregaciones que están dispuestas a escuchar la verdad y no tener
comezón de oír lo que les hace sentir bien. Si yo no estoy aquí
para predicar un mensaje que a ti te gusta, eso no me importa
para nada. Estoy aquí para predicar el Evangelio
del Reino de Dios y para decir a todos, arrepiéntanse y cree
en el Evangelio. Entonces, tú vas a escuchar el
mensaje hoy, por lo menos hoy, antes probablemente también.
Has escuchado el mensaje de Cristo mismo, el mensaje del Salvador
que ha venido, y la única respuesta correcta es una de arrepentimiento
y fe. ¿Cómo has respondido a este mensaje?
¿Cómo vas a responder a este mensaje? Cristo llama a todos
a una decisión. Arrepiéntete. Cree en Cristo. Y después, deja
todo. Sigue a Cristo. Proclama su mensaje
a todo el mundo sin vergüenza, sin importar cómo la gente reaccione.
Que Dios nos dé valor y poder para hacerlo. Vamos ahora. Estamos gracias a nuestro Padre
por este mensaje de Cristo, el mensaje que Él predicó mientras
estaba aquí en este mundo. Y te pedimos, Señor, que podamos
entender que es exactamente el mismo mensaje que necesitamos
hoy en día. Sin cambio, el tiempo se ha cumplido, el reino se ha
acercado, todos necesitan arrepentirse y creer en el Evangelio. Te pedimos,
Señor, que tú obres en las personas aquí que no son cristianas, ya
sean niños o jóvenes o adultos. Te pedimos por aquellos que siguen
rechazando el mensaje porque no quieren someterse a Cristo,
porque todavía quieren controlar su propia vida. Te pedimos por
aquellos que sí saben que necesitan a Cristo, pero algo todavía está
estorbándoles. Te pedimos, Señor, por nuestros
jóvenes, que ya saben. Te pedimos, Señor, que Tú les
protejas del engaño del mundo, que hay algo mejor que Cristo,
que ellos se arrepienten de sus pecados y creen solamente en
Ti para su salvación. Te pedimos, Señor, que tú hagas
tu obra otra vez aquí en este regreso y salvar la gente, salvar
tu pueblo aquí entre nosotros, para que podamos regocijarnos
juntos y glorificar tu santo nombre. Y, Señor, darnos el valor
y el poder para salir y evangelizar y ser discípulos de todas las
naciones. Ayúdanos a reconocer lo que tenemos que dejar atrás.
Ayúdanos a reconocer lo que todavía nos vincula a este mundo y dejarlo,
abandonarlo, para seguir a Cristo con todo el corazón. Hasto ahora
te pedimos, en el nombre de Cristo. Amén.
El mensaje de Cristo
Series Estudio de Marcos
El mensaje que Cristo proclamó cuando empezó Su ministerio público es el mismo mensaje que necesitamos proclamar hoy en día, no importa la respuesta de los que oyen.
| Sermon ID | 98192327246688 |
| Duration | 38:09 |
| Date | |
| Category | Sunday Service |
| Bible Text | Mark 1:14-28 |
| Language | Spanish |
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