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Dios lo bendiga, hermanos, vayan
por favor a sus Biblias, al libro de Efesios, capítulo 3, versículos
14 al 21, pónganse de pie, por favor. Efesios, capítulo 3, versículos
14 al 21. ¿Lo encontraron, hermanos? Si
no lo encuentra, abra la Biblia en cualquier lugar y sonría.
Pretenda que ya lo encontró, ¿verdad? Efesios 3, versículos
14 al 21. Yo leo el versículo 14, luego
todos nos alternamos ahí, leemos juntos el 15 y nos alternamos
hasta leer el versículo 21 juntos. Dice así, Por esta causa doblo
mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo, de
quien toma nombre toda la familia en los cielos y en la tierra,
para que os dé conforme a la riqueza de su gloria, el ser
fortalecidos con poder en el hombre interior por su espíritu,
para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin
de que arraigados y cimentados en amor, seáis plenamente capaces
de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud,
la profundidad y la altura. y de conocer el amor de Cristo,
que excede a todo conocimiento, para que sea lleno de toda plenitud
de Dios, y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho
más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el
poder que actúa en nosotros, a Él sea gloria en la iglesia
en Cristo Jesús, por todas las edades, por los siglos de los
siglos. Amén. Vamos a orar, hermanos. Padre, te doy gracias
por el mensaje que acabamos de escuchar. Ahora, Padre, te pido
que me uses a mí como instrumento nuevamente para hacer de bendición
a tu iglesia. Como hemos oído, no venimos aquí
a escuchar palabra de hombre. Queremos escuchar palabra de
Dios. Yo te pido, Señor, que al escuchar la palabra de Dios,
como ya lo escuchamos, podamos reaccionar espiritualmente a
ella. Ayúdanos, Señor, en el nombre
de Cristo Jesús. Amén. Tomen asiento, hermanos. Mi mensaje se titula La preocupación
de Pablo, la preocupación de Pablo. Y dice aquí en el versículo
catorce, Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de
nuestro Señor Jesucristo. Hermanos, vemos que Pablo, por
su preocupación, o la preocupación lo llevaba a doblar rodillas,
a orar por la iglesia, a orar por los hermanos de la iglesia
que estaba en Éfeso. Y por no tomar más tiempo, quiero entrar
de lleno al mensaje, habían cinco cosas por las cuales él se preocupaba,
por las cuales él oraba. Era la preocupación en su corazón.
Yo creo, hermanos, que esta debe ser la preocupación de nosotros
los pastores, y de hecho es la preocupación de nosotros los
pastores. La primera cosa es que Él se preocupaba, hermanos,
porque los hermanos se desmayaran y no siguieran firmes en la fe
que habían puesto en el Señor Jesucristo. Él se preocupaba,
hermanos, porque los hermanos no siguieran adelante en los
caminos del Señor. Una de las cosas que a mí me
preocupa cuando viene alguna prueba a los hermanos no es decir
la prueba, porque la prueba ya está ahí, sino es cómo van a
reaccionar en medio de la prueba. Van a seguir adelante. lo va
a votar al punto que ya no más van a seguir en los caminos del
Señor. ¿Cómo reaccionará el hermano? ¿Cómo reaccionará la hermana?
Y eso es lo que más me preocupa. Y hermanos, eso es lo que le
preocupaba al apóstol Pablo, dice el versículo 12, en quien
tenemos seguridad, hablando de la fe que tenemos en Cristo,
y acceso con confianza por medio de la fe en Él. Por lo cual pido,
fíjense, que no desmayéis a causa de mis tribulaciones, por vosotros. las cuales son vuestra gloria.
Fíjense, Pablo no está diciendo yo oro por mí por los problemas
que yo tengo. Está diciendo yo oro por ustedes
para que ustedes no desmayen por las tribulaciones que yo
tengo a causa de ustedes. Porque hay personas, hermanos,
que dejan de ser fiel al Señor por los problemas de otros. Aparte
de la preocupación que me da de aquel hermano, aquella hermana,
aquella familia que pasó una prueba, todos los pastores estaríamos
de acuerdo que nos preocupan cuántos van a ser lastimados
por aquella tribulación, por aquella prueba. Y el hermano
Pablo dice, yo me preocupo y yo oro y doblo mis rodillas porque
yo quiero que ustedes sigan adelante. Yo estoy sufriendo pero no se
preocupen de mí. Yo estoy bien, yo estoy haciendo la voluntad
de Dios. Yo estoy haciendo lo que Dios quiere. Nadie me preocupa
qué va a pasar con ustedes. Por eso oro por ustedes, para
que no desmayen. No me preocupa mi propia vida,
sino me preocupan ustedes. El hermano Pablo había entendido,
hermanos, que en medio de las tribulaciones, él no podía echarse
para atrás. Él no podía desmayar. Y esa era
su preocupación, que los hermanos no desmayaran. Y hermanos, quizás
esta noche, quizás hay pastores aquí, quizás hay miembros aquí
esta noche que están pasando por alguna prueba, alguna tribulación.
Déjenme decirle, hermanos, no desmayen. No desmayen. Dice lo que dice la palabra de
Dios en Filipenses 3, 13. Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo
ya alcanzado, Pero una cosa hago, olvidando ciertamente lo que
queda atrás y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la
meta del premio del sumo llamamiento de Dios en Cristo Jesús. Hermano Pablo está diciendo,
yo sé que me han pasado dificultades, yo sé que he tenido victorias,
pero yo no hago caso de las cosas que están en el pasado, yo estoy
viviendo en el futuro. El presente es un futuro inmediato,
hermanos. Y quizás usted está aquí y dijo,
voy a ir a esa conferencia, Voy a ir a ver qué pasa, a ver qué
hace Dios. No sé lo que va a pasar, a lo
mejor cuando regrese a mi iglesia voy a renunciar, a lo mejor voy
a buscar otro ministerio, a lo mejor voy a esperar la conferencia
para informarle al pastor de ir a algún miembro antes de renunciar
a este ministerio. Déjeme decirle, mi hermano, que
usted olvídese de lo que está pasando, olvídese de lo que está
atrás, prosiga adelante, termine la carrera que comenzó. No desmaye. Hermanos miembros,
por eso tenemos que orar por los pastores. dobla tus rodillas,
no para criticar al pastor hermano, no para andar hablando siempre
mal de él, no para andar siempre confrontando a tu pastor, dobla
tus rodillas y preocúpate de tu pastor para orar por él, para
que él no desmaye, para que él no se eche para atrás, para que
él por nada, en ninguna circunstancia se detenga. El apóstol Pablo
hermano había entendido que había una carrera que correr, había
un ministerio que el Señor le había encomendado y él no iba
a desmayar. Pero fíjese que en medio de su
determinación, le preocupaba que los hermanos si fueran a
disolver. Y que hay miembros que tal vez están teniendo luchas
con eso. Y estás en tu mente pensando, seguiré adelante. ¿Valdrá
la pena continuar? Yo quiero decirle a mi hermano
que vale la pena seguir adelante. Vale la pena continuar. Porque
nosotros, hermanos, hemos puesto nuestra fe en el Rey de Reyes
y Señor de Señores. Nosotros que servimos a Dios,
servimos al Rey de Reyes y Señor de Señores, hermanos, la causa
que nosotros representamos vale la pena seguir adelante, hermanos.
Y recuerde que siempre habrán luchas, siempre habrán batallas.
Fuimos recordados en un momento, hermanos, que si nosotros somos
fieles a la Palabra de Dios y predicamos la Palabra de Dios, siempre habrá
oposición. Si somos fiel a Dios, fiel a
Su Palabra y fiel en el servicio de Dios, siempre va a haber oposición. Y no podemos nosotros desmayar,
al contrario, tenemos que agarrarnos más del Señor. Y si tenemos que
orar más, vamos a orar más. Y si tenemos la iglesia que ayunar,
vamos a tener que ayunar. Pero no podemos darnos el lujo
de echarnos para atrás. Amén, hermanos. Pablo, esa es
su preocupación. Por eso doblo rodillas. Y no
doblo rodillas ante Satanás, doblo mis rodillas ante el Padre
de nuestro Señor Jesucristo. Él se estaba orando al Señor
que ellos no desmayaran. La segunda cosa, hermanos, lo
encontramos en el versículo 16, Efesios 3, 16. ¿Estamos ahí, hermanos? Hermanos,
no me le bajen, por favor, démelo un poquitito. Para que os dé... ¿Estamos ahí,
hermanos? La segunda razón por la cual
oraba es para que os dé, conforme a la riqueza de su gloria, el
ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su espíritu. Esa era su segunda oración. Primero,
él oraba para que no desmayaran a causa de las tribulaciones
de él. Segundo, oraba para que el Señor, hermanos, fortaleciera
al cristiano, a los miembros de la iglesia de Éfesos en el
hombre interior. Fíjense, hay dos cosas interesantes
ahí. Dice que él oraba que conforme a la riqueza de él, los fortaleciera
en el hombre interior. También le dice, conforme también
a su espíritu o en el espíritu. Hermanos, nosotros necesitamos
estar bien fortalecidos en el Señor. De más está decirle, incluso
vamos a leerlo mejor, ahí en Efesios 6, bien dice, Por lo
demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor y en el poder de
su fuerza. Hermano, Pablo había entendido
que si vamos a hacer la obra del Señor, si vamos a permanecer
fieles, si no vamos a desmayar, tenemos que ser fortalecidos
en el hombro interior. Hermano, hay muchas cosas superficiales
en el cristianismo de hoy en día. Hay muchas cosas de la carne. Pero Pablo dice, si van a aguantar,
si van a permanecer, si van a durar, van a tener que ser fortalecidos
en el hombro interior. Esta mañana fuimos recordados
que es más importante lo que yo soy, que lo que yo hago. Porque
si yo estoy fuerte en quien soy, Dios tomará control de lo que
yo hago. Pero lamentablemente estamos
demasiado preocupados por lo exterior. Y hermano, cuando nosotros
caminamos por lo exterior, cualquier cosa nos va a tumbar, y Pablo
había entendido eso y dice yo estoy orando por ustedes para
que sean fortalecidos en el hombre interior hermanos los cristianos
debemos de profundizarnos más en quienes somos y ser fortalecidos en el hombre
interior por eso es que los hermanos se van de la iglesia por eso
es que los pecados de otros los detienen porque aunque pueden
gritar amén y estar siempre juntos en el hombre interior no están
fortalecidos Nosotros los pastores, por nuestro
trabajo, tenemos que dar una pantalla, hermanos. Porque alguien
tiene que predicar, ¿no es cierto? Alguien tiene que pararse a dar
los anuncios, a dirigir el servicio. Llegando el día miércoles, si
tienes servicio miércoles, tienes que pararte en el púlpito. Llegando
el domingo, tienes que estar parado para enseñar Escuela Dominical,
porque quedan a pensar si el pastor no viene, porque está
desanimado. Y es fácil, hermanos, el hacer todo exteriormente y
olvidarnos del hombre interior. Yo oí un pastor que había caído
en pecado decir esto. Me preocupé demasiado para alimentar
a otros y me olvidé de alimentarme a mí mismo. Y Pablo está diciendo,
yo estoy preocupado de que ustedes se echen para atrás, de que ustedes
desmayen, no porque ustedes tengan problemas, es por los problemas
que yo tengo. Pero qué triste sería, dice Pablo,
que yo voy a seguir adelante y tú te eches para atrás por
lo que me está pasando a mí, porque tú no estás fortalecido
en el hombre interior. Y hermano, es algo maravilloso
que somos fortalecidos no de acuerdo a nuestra fuerza, somos
fortalecidos de acuerdo a las riquezas del Señor. Yo no sé usted porque en la carne
somos débiles. En la carne usted y yo no somos
nada, mi querido hermano. Pero, gloria a Dios, que el Señor
tampoco se limita a causa de mi carne. El Señor dice, yo te
voy a dar y te voy a fortalecer de acuerdo a mis riquezas. ¿Alguien
está conmigo? Y hermanos, debemos de buscar
constantemente ser fortalecidos no en lo exterior, ser fortalecidos
en el hombre interior. Es la voluntad de Dios a propósito.
Él lo quiere hacernos. Yo creo que debemos de cuidar
el testimonio. Pero es peligroso cuando sólo cuidas el testimonio
de lo que vayan a pensar de ti. No te preocupes de cuidar el
interior. Yo creo, hermano, que si el interior
está bien, lo demás no tengo que preocuparme. Pero he visto
muchos cristianos preocupándose de lo que dicen y hacen un buen
papel a propósito. Pero Pablo dice, eso me preocupa.
Como no conozco sus corazones, no sé quién tú eres, tú se dobló
mis rodillas. Para que Él les dé a ustedes,
no la predicación, no el mensaje del pastor, para que Él les dé
conforme a sus riquezas en gloria, les dé ser fortalecidos en el
hombre interior. Por eso, hermanos, es que hay
iglesias donde si el pastor cae, la iglesia se destruye. Porque
la iglesia no estaba fundada en la palabra de Dios, en el
Espíritu Santo, en los cristianos puestos los ojos en Jesús, sino
que estaban puestos los ojos en el predicador. y eran fortalecidos
mientras el predicador estuviera fuerte y son debilitados cuando
el predicador se debilita, pero gloria a Dios que nuestra fortaleza
no depende de un hombre, una institución, nuestra fortaleza
depende del Señor. ¿Cómo se encuentra usted esta
noche, mi querido hermano? Está hablando interiormente. ¿Qué
lo sostiene? Los cristianos vienen a la iglesia
el día domingo para ver si el pastor me anima y no se da cuenta
que el pastor viene el pobrecito todo arrastrado. El pastor viene a ver si la iglesia
me anima. Y hermano, es un error que la iglesia venga a ver si
el pastor le anima, y es un error que el pastor venga a ver si
la iglesia me anima. Llevo toda la semana a fortalecerme
en el hombre interior, no para que la iglesia a mí me sostenga,
no. Ya vengo sostenido por el Señor.
Entonces yo le predico a la iglesia, y la iglesia debe ser una iglesia
que viene sostenida en el Señor, y los cultos del domingo deben
ser una gran celebración. Pero lo que pasa es que no hay
solidez interior. Hay mucha superficialidad. No
hay profundidad. Y Pablo está diciendo, ya es
tiempo que dejen esas cosas superficiales y se fortalezcan más en el Señor. La tercer cosa, por la cual él
estaba preocupado y doblaba rodillas, lo dice del siglo XVII. para que habite Cristo, o sea,
oraba para que no desmayen, para que fueran fortalecidos en el
hombre interior, en el versículo 17, para que habite Cristo por
la fe en vuestros corazones, a fin de que arraigados y cimentados
en amor. Mírenme acá. Pablo, hermanos,
oraba para que fueran arraigados y cimentados en amor. Ya eran cristianos, ya tenían
a Cristo en su corazón. Pero Pablo está diciendo, estoy
orando, para que se arraiguen, para que se cimienten, para que
estén bien metidos, profundizados, para que no desmayen porque aquel
cayó. Para que no se echen para atrás
porque pasó un problema en la iglesia. Para que no un día se
encuentren fuera de los caminos del Señor. Yo estoy orando para
que sean fortalecidos, estoy orando para que se agarren bien
de Cristo, para que Él sea verdaderamente la roca y el ancla de tu salvación. Y menos tiempo nos falta. Por
eso en Hebreos capítulo 12 nos dice que ponemos nuestros ojos
en quién? En Jesús. quien es el autor y consumador
de la fe, hermanos. El cristianismo de hoy en día
está demasiado, hermanos, demasiado sostenido en circunstancias que la institución... Amén, hermanos? Soy fiel si tú
eres fiel. Hago si tú haces. ¿Dónde están los cristianos maduros?
que están arraigados, que están profundizados, que están cimentados. Y hermanos, yo creo en ganar
almas y debemos de ganar almas. Pero debemos de ayudar a nuestra
gente, los que son salvos, los que aceptan a Cristo, arraigarlos,
cimentarlos en la fe de Cristo Jesús. Por eso, mis queridos
hermanos, propongo yo, aquí entre paréntesis, que mucha gente salva,
pero poca gente se quede. y cualquier viento lo saca de
esa raíz tan superficial que tiene. ¿Alguien está conmigo? Hace poquito hubo un pequeño
viento ahí en Long Beach y un arbolito que nosotros tenemos
ahí se cayó. Un hermano vino, nosotros no estábamos ahí, un
hermano vino a verlo y se pasó, tenía así de raíz. y habían salido
sus ramas, habían crecido, las hojas estaban creciendo y se
cayó, no resistió. Y hermano, así es, vemos a un
hermano o a una hermana que está creciendo y decimos, mira qué
tremendo, está ganando almas, está haciendo esto, está cantando
en el coro, está sirviendo en sala cuna, es ayudante de escuela
dominical y cuando crece, ¡pum! Perdón, le quiero despertar,
hermano. ¡Pum! Cae. Y decimos, ¿pero qué
pasó? Si el hermano o la hermana andaba
bien. Bueno, aparentemente estaba bien. Y sí tenía ramas grandes
y hojas hermosas, pero el problema estaba en la raíz. El problema
estaba en la raíz. ¿Cómo está usted, hermano? ¿Está arraigado y cementado? está fortalecido en el hombro
interior? Está un poco desanimado? Le pregunto, ¿le ha fallado Cristo? Pero mi pastor, pero el hermano,
pero la hermana, ¿le ha fallado Cristo? Pero mi iglesia pasó. Usted no conoce mi iglesia. No
necesito conocerla. Conozco al Señor. Y usted va
a estar profundizado y arraigado en la doctrina del Señor Jesucristo,
de la palabra de Dios. Hermano, en Él tenemos que estar
agarrados. Todavía estoy por encontrar un cristiano que esté
desanimado, que se haya salido de la iglesia, que me diga que
Dios le ha fallado. Y usted tampoco lo vaya, porque
Dios nunca nos va a fallar. ¿Pero por qué no estamos fieles? ¿Por qué desmayamos? Pastores, ¿por qué le preocupa
tanto que lo critiquen? ¿Por qué quiere tirar la toalla
porque una familia se le fue de la iglesia? Yo el domingo perdí un miembro
y gané a otra familia. Un pastor me llamó, Pastor, quiero
hablar con usted. Estoy un poco desanimado. Es
que quiero contarle que perdí una familia. Yo perdí 10 la semana pasada. Mejor déjeme contarle yo a usted. Él me dijo, Pastor, ¿de verdad?
Sí, hermano. Pero yo no voy a hacer la obra
o desanimarme o seguir adelante porque una familia se quedó,
una familia vino, familia va o familia viene. Ahora, no me
malentienda, como pasó, les amamos y nos duele. Pero no va a determinar
mi fidelidad. ni mi cristianismo, porque yo
estoy arraigado y cimentado en Cristo Jesús, en el amor. Dios es amor. Por eso dice, para que os dé
conforme a la riqueza de su gloria y ser fortalecidos con poder
en el hombre interior por su espíritu, para que habite Cristo
por la fe en vuestros corazones. a fin de que arraigados y cementados
en amor del siglo XVIII, donde lleva al punto número 4, seáis
plenamente capaces, oiga bien, de comprender con todos los santos
cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura. No nos está hablando de todas
las medidas. Y no importa si es alto, ancho,
largo, profundo. Yo estoy hablando para que logres
comprender quién realmente Dios es. ¿Alguna vez ha pasado en su pensamiento,
será Dios real? ¿Será el cristianismo de verdad?
Yo confieso que sí. El diablo es astuto, hermanos. Y si no estamos fortalecidos
en el hombro interior, No estamos arraigados, cimentados. El diablo va a aprovecharse. Algunos me han llegado a decir,
Pastor, ya no creo ni en la existencia de Dios. Cristianos que una vez han gustado
las maravillas de andar en los caminos del Señor. ¿Alguien está
conmigo? Quizá ustedes conocen a alguien
así. Una hermana me compartió, una
jovencita que ha crecido en la iglesia, pastor, he llegado al
punto de hasta dudar la existencia de Dios. Pero Pablo dice, no, yo quiero
que tú en lugar de empezar a dudar estés plenamente convencido. Y para estar plenamente convencido
tienes que estar cimentado, arraigado en amor, tienes que ser fortalecido
en el hombre interior. Porque si no, nunca vas a comprender,
hermanos, toda la plenitud de quién Cristo es. Por eso, hermanos,
hablaba el pastor Cortés de chillar y llorar. Por eso tú andas chillando. Por
eso no hay cristianos que obedecen a Dios, hermano, porque no tenemos
temor a Dios. Porque no hemos comprendido quién Dios es. Tenemos
a Cristo en el corazón. pero no hemos comprendido todo
lo que Cristo es. Y usted dirá, Pastor, y hoy gracias a Dios,
hermanos, porque hay hombres y mujeres que han comprendido
eso, se han profundizado y tienen una vida tremenda espiritual
y gloria a Dios que a través de ellos uno puede mirar a ellos
y seguir su ejemplo, imitar su fe. No imitarles a ellos, pero
imitar su fe. Y a veces hemos sido fortalecidos
por la fe de otros. Yo me acuerdo cuando, todavía
estoy joven, pero cuando era más joven, Dice el hermano Fernando
que yo soy engañoso, yo tengo 43 años, algunos piensan que
tengo todavía 28 años. Pero hermanos, yo me acuerdo
mirar a los hombres de Dios y decir, yo sé que estoy pasando por esta
prueba, esta duda, pero gloria a Dios que aquel hombre se merece
fiel, está arraigado, está cimentado y habla con fe, habla con convicción. Gloria a Dios, hermanos, por
aquellos tiempos donde fui sostenido por la fe de otro. Pero no puedo
vivir de esa manera. Tengo que yo mismo llegar a comprender
toda la anchura, la longitud y la profundidad de quien Cristo
es. Yo sé que usted ha llegado a
ese punto, ese es mi anhelo, ese es mi deseo. Pero sé que van a haber
ataques del enemigo, yo no quiero desmayar, por eso señor, yo quiero
que tú me fortalezcas en el hombro interior. Y a propósito, hermano,
no le voy a contestar la pregunta, pastor, ¿cómo me fortalezco en
el hombro interior? No se la quiero contestar, ¿sabe
por qué? Porque se sobra del Espíritu Santo de Dios. Nos preocupamos
mucho por las dinámicas de cómo Dios va a trabajar. Olvídate
cómo Dios va a trabajar. Tú dile, Señor, fortaléceme. Señor, quiero conocerte. Quiero
acercarme a Ti, Señor, como hablaba esta mañana, leyendo Su Biblia,
orando, agradándole a Él, haciendo lo que es correcto. Hermano,
oír esos cantos espirituales, estar aquí en la conferencia,
¿esto ayuda? para ser fortalecidos en el hombro interior y dejar
que Él haga Su obra. Nos preocupamos demasiado. ¿Y
cómo? ¿Qué importa cómo, hermanos? Dios lo va a hacer. Dios lo quiere hacer. Y lo vas
a llegar a conocer, vas a estar arraigado, cimentado. El siglo
XVIII dice, para que seáis plenamente capaces, para que seáis plenamente
capaces de comprender. Hay cosas que yo no comprendía,
pero por fe las hacía. Hay cosas que ahora en la vida
cristiana estoy comprendiendo, pero cosas que las llegamos a
comprender conforme nos vamos profundizando en el Señor. ¿Alguien
está conmigo? ¿Están viendo como que estoy
hablando, predicando herejías? Es que estamos acostumbrados
a tantas cosas superficiales. que hasta pensamos que estoy
hablando de cosas místicas, ¿verdad? No estoy hablando de cosas místicas,
están ahí las palabras de Dios. Para que seas capaces, para que
seas capaces de comprender con todos los santos. No está reservado para algunos.
Hermano, el que usted no haya llegado a ese nivel espiritual
no quiere decir que es inalcanzable. Es un nivel espiritual que es
la voluntad de Dios que todos lleguemos ahí. ¿Alguien está
conmigo? Y yo creo que nosotros los pastores
es nuestro deber, hermanos, es nuestra obligación el profundizarnos más para llegar
a conocer quién Cristo realmente es. ¿Alguien está conmigo? ¿No está hablando el misticismo? Versículo 19. y de conocer el amor de Cristo
que excede a todo conocimiento. ¡Wow! Hermano, ¿sabe qué está
diciendo? Cuando ya hayas comprendido la
plenitud de quién Él es, cuando ya hayas sido fortalecido en
el hombre interior, cuando ya hayas sido arraigado y cementado
en amor, aún ahí no vas a entender plenamente quién Él es. porque
el conocimiento de Él sobrepasa todo pensamiento. Entonces imagina en qué superficial
andamos nosotros. Qué gran poder está ahí reservado
para nosotros. Por eso es que viene un pentecostés y te habla
de sanidad y del Espíritu Santo y te pone a temblar. Pastor,
¿y ellos tienen poder? Esa es la verdad. y nos apantalla,
hermano, pero todo es una pantalla, es cosa exterior, hermanos. Pero hablan como si supieran.
Pero nosotros sabemos que es un movimiento de emociones, es
un movimiento superficial, no es profundo, hermanos. ¿Alguien
está conmigo? Yo he encontrado mucha gente
con una cerveza en la mano y me dicen, yo también soy cristiano.
¿De veras? O te dicen, yo fui salvo también
alguna vez. Por eso hablan así. Por eso dicen
que la salvación se pierde. Es que no saben. Un cristiano
hermano verdadero, un cristiano profundizado jamás va a dudar
de su salvación. Jamás va a dudar del poder de Dios, de la presencia
de Dios. Es más, un cristiano profundizado no hay mensaje duro
que le puedas predicar. Un cristiano profundizado cuando
recibe la palabra del Señor, la acepta como palabra del Señor
y más que enojarse, la recibe, se arrepiente, ¿por qué? Él quiere
llegar a conocer a Cristo. Y sabe que hay cosas en su vida
que impiden que llegue a conocer a Cristo como Él quiere que lo
conozcas. Pastor, ¿y cómo es eso? No te
lo puedo explicar porque... porque excede todo conocimiento.
¿Cómo te lo explico eso? Aunque yo lo llegase a comprender,
no te lo puedo explicar, porque excede todo conocimiento. Quiere
decir que no hay palabra ni manera de explicarte lo que te estoy
hablando. Entonces, Pastor, ¿me va a dejar
así en el aire? No. Cuando tú comiences a profundizarte
y a regarte, a cimentarte, y llegar a acercarte a Él y agarrarte
a Él y fortalecerte en Él, Él te lo va a enseñar a ti. Está hablando de una relación
personal. Está hablando de un caminar personal
con el Señor. Está hablando de una comunión real, hermanos.
Yo no sé si usted está en ese punto. O por lo menos quiero inquietarle
para que usted diga, yo necesito llegar a ese punto. Y aunque
lo haya hecho, jamás va a llegar a comprender, hermano, pero gloria
al Señor, cada vez estaré fortalecido más en el hombro interior. que
a veces estaré más agarrado del Señor, que a veces estaré más
cimentado para que Él pueda edificar en mi vida ese edificio espiritual. Pero Él, que es el gran arquitecto,
no puede, porque no estamos profundizados. Lo más que yo me profundice en
Él, lo más que Él puede hacer conmigo. A veces Dios no nos usa por Su
misericordia. porque no somos capaces. Y nosotros queremos hacer más,
y queremos hacer más, y queremos hacer más, y decimos, no, no
puedo. Que no estés arraigado. Nos has
cimentado todavía. Sigamos adelante, hermanos, porque
el tiempo se nos ha ido. ¿Se están teniendo el mensaje? y de conocer el amor de Cristo
que excede a todo conocimiento para que sea lleno de toda la
plenitud de Dios. ¿Está usted lleno de toda la
plenitud de Dios? Yo no. Por eso no ceso de aprender,
de purificarme, de arrepentirme. Muchos de nosotros pensamos que
ya hemos llegado ahí. Yo no necesito aprender. Te llevan
a un pasaje, ni vas al pasaje porque tú ya te conoces toda
la Biblia. Pero no hemos llegado a esa plenitud,
hermanos. Y mientras no lleguemos a esa plenitud, estamos caminando,
somos peregrinos, vamos hacia nuestra ciudadanía celestial,
pero mientras caminamos allá, el Señor quiere que nos profundicemos. Poniéndolo en los puntos más
prácticos, hermanos, por eso empezamos a ponerle más énfasis a los frutos. no a la raíz. Cuando la raíz está buena y el
fundamento está bien, entonces habrá buen fruto. Pero si la
raíz está podrida, si estamos mal en el interior,
¿qué va a pasar? Yo no quiero desanimarlo. Él
pasó parado, no desanimó. Pasó, yo vine a la conferencia
para que me animaran. Hermano, le estoy hablando a
lo que le va a animar. podemos pararnos aquí y gritar lo que
queramos y amén, aleluya, gloria a Dios y quien vive, Cristo vive
y alábalos si puedes y todas esas cosas así pero cómo estás interiormente
sino el diablo va a decir y te va a tumbar porque sabe
el diablo que no estás profundizado por eso el diablo te pone a dudar
hasta del Señor de tu salvación, de la palabra de Dios. Por eso,
mi hermano, ya no escuchas predicación para arrepentirte, sino analizas
la predicación. Y ahora aquí hay que hablar algunos
para ver si están de acuerdo. Y los predicadores hemos caído
en ese error, hermano. Nosotros debemos de pararnos y con fe
predicar la palabra del Señor y confiar en el Señor, que Él,
hermano, va a usar su palabra. Y los cristianos debemos decir,
esto me va a ayudar en mi vida espiritual, yo quiero profundizarme,
yo quiero arraigarme, yo quiero acercarme al Señor, yo quiero
conocerle tal y como Él es, yo me pondré a limpiarme, a purificarme,
a acercarme más al Señor, porque quiero ser fortalecido en el
hombre interior. En el siglo XX, llegamos a lo
que es la conclusión, y a aquel que es poderoso para
hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos
o entendemos. Mírenme acá, mamá. ¿Sabe lo que
Pablo está diciendo? Dice, no te quiero poner una
carga, yo quiero terminar porque no quiero poner a ustedes una
carga. ¿Por qué ustedes se ven con la carga? ¿Y cómo hago para
fortalecerme? Ese ha sido nuestro problema
todo el tiempo. ¿Y cómo hago para arraigarme? ¿Sabes qué está
diciendo Pablo? No, no, no. Él es poderoso. Él puede hacer esta obra. Él
tiene el poder para hacerte fortalecerse, fortalecerte, para arraigarte,
para cimentarte. Lo que tienes que hacer es como
creíste en Él para tu salvación, cree en Él para la victoria en
la vida cristiana. Por eso, hermanos, es que Pablo
le oraba a Dios, doblaba sus rodillas ante el Padre del Señor
Jesucristo para que ellos recibieran esta bendición. Bueno, si Pablo
oraba por ellos, y esto fue inspirado por el Espíritu Santo de Dios,
¿por qué no orar eso nosotros para nosotros? No para que yo
lo logre. Este es el problema, quita el
yo de ahí. No para que yo lo logre, sino
para que Él haga la obra en mi vida. de acuerdo a sus riquezas
en gloria. Porque si fuera de acuerdo a
mis riquezas, estoy en bancarrota. Por eso Pablo dice, no es lo
que tú vas a hacer, hermano, no es lo que yo puedo hacer,
no es que aquella iglesia pueda hacer, es lo que Dios puede hacer,
lo que Dios puede hacer a través de ti. Pero es que necesitamos
rendirnos, hermanos, y aquel que es poderoso para hacer las
cosas, pastorear esa iglesia, crear a esos hijos? Mucho más abundantemente de lo
que pedimos o entendemos. Hay una pregunta que a mí me
hacen que yo nunca le he podido contestar. Hay pastores que tal vez sí,
yo no he podido nunca. Pastor Parada, ¿a qué le atribuye
el éxito de su ministerio? Yo no puedo contestar esa pregunta. Yo he trabajado, he orado, la
iglesia ha trabajado, ha orado, pero yo no entiendo cómo es que
Dios hace. No dejo de sorprenderme y de maravillarme. Y Pablo está
diciendo, mira, Él es más poderoso de lo que tú puedas conocer o
entender. Y como nunca lo voy a entender de todas maneras,
ni me preocupo. Esos aviones vuelan, ¿sabías? Más o menos entiendo la física
envuelta en que un avión se levanta, pero todavía no lo comprendo.
¿Cómo es que pesa tantas toneladas? Y ese aparato tan grande, tan pesado,
se puede elevar por los aires. Y puede bajar. Cuando va bajando
parece que esté suspendido en el aire, hermano. Y dicen que
cuando ese avión pega, va a 300 millas por hora. Usted ve ese avión y parece que
va cayendo como una pluma. ¡Pum! 300 millas por hora todavía
cuando pega. Algunas personas aplauden cuando
el avión pega. Ten cuidado porque ese es el tiempo más peligroso. Ese avión se da vuelta 300 millas
por hora. Si un carro hace 100 millas por hora, ahora un avión
hace 300 millas por hora, empieza a orar. Por eso el hermano, el hermano
Byron Willis, el hermano Fernando, le preguntó, él es piloto, ¿qué constituye
un buen aterrizaje? ¿Sabe qué dijo él? Cualquier
aterrizaje es bueno. Ya con que baje el avión y esté
escondido, dale gracias a Dios, ya estuvo tremendo. Pero mire,
me calmo. Lo único que sé es que me subo
al avión, le doy el boleto y me siento, y el avión me sube y
me lleva a Nueva York en cinco horas. ¿Qué es la dinámica que a todos
no me interesa? Yo nomás estoy diciendo ojalá que el piloto
sepa lo que está haciendo este ingrato. Confiar en el piloto, confiar
en que lo han chequeado el avión, pero vas por ferma. ¿Cuántos
vinieron manejando esta noche acá? ¿Cuántos manejaron un vehículo? ¿Cuántos han decidido salir al
carro y revisar los frenos, el aceite, el agua? Tú nomás te subiste, arrancaste
y te fuiste, ¿no? Y cuando la primer parada frenaste y confiaste
que iba a parar, ¿no es cierto? ¿Cuántos saben aquí cómo funciona
todo el sistema de frenos? La mayoría de nosotros, ¿no?
Una mujer compró un carro nuevo, se le quedó, se le apagó. Un
amigo mío fue a ver, a decirle, se le arruinó. Y le dice, ¿sabe
qué? Le dice, no tiene gasolina. ¿Sabe qué dijo la mujer? ¡Pero
está nuevo! Bueno, algunos no sabemos ni
lo básico que hay que echarle gasolina al carro, ¿verdad? Pero yo no sé exactamente cómo
funciona todo. Hermano, ¿por qué es que nos
preocupamos de cómo funciona todo con las cosas del Señor? Queremos saber el por qué. ¿Y
cómo lo va a hacer el Señor? ¿Qué te importa? Eso es lo que
Pablo está diciendo. de que me sirve predicarles a
ustedes que no desmayen, si van a desmayar. Pero lo que hago
es que doblo mis rodillas para que no desmayen, para que el
Señor les fortalezca, para que el Señor les arraigue los cimientos
en amor, para que lleguen a comprender todo lo que Cristo es, toda su
plenitud. Y esto no se logra por un esfuerzo humano. Es la
obra de Dios. Porque Él es poderoso. Más de
lo que usted pueda llegar a conocer o pensar. Porque excede todo
conocimiento. Yo no sé a usted, pero eso a
mí me quitó un montón de cosas, hermano. Yo pensé que tenía que
hacer esto, que tenía que hacer aquello, que tenía que esforzarme
acá, que leer no sé cuántos capítulos diarios de la Biblia, que orar
no sé cuántas horas, que ir al bosque. Yo en Lomis no hay bosque,
hermano. Si yo salgo a orar a Lomis a
las cinco de la mañana, me vuelan la cabeza. Los que viven en Nueva
York saben de qué estoy hablando. Hay predicadores que predican,
si no vas al bosque a orar por dos, tres horas, no podrás tener
el poder de Dios. ¡Lo siento! ¡Yo no tengo bosque! Yo creo que todavía puedo tener
el poder de Dios. Porque la obra no es donde oras,
ni cómo oras, ni a qué horas oras. ¡El poder te lo da el Señor!
¿Alguien está conmigo? para hacer abundantemente las
cosas, mucho más abundantemente, mucho más de lo que pedimos,
y hay que pedirle al Señor, o entendemos, según el poder que actúa en nosotros. Hermano, es el poder de Dios
el que actúa en nosotros. Nosotros no tenemos nada Entonces, Pablo termina acá recordándoles,
a Él sea la gloria en la iglesia y en Cristo Jesús. Por todas
las edades, por los siglos de los siglos. Amén. Mire Romanos
11, 36. Me encanta esto, lo he dicho
muchas veces y me encanta repetir este versículo. Romanos 11, 36. Si no lo ha subrayado en su vida,
hágalo en esta noche. Romanos 11, 36, ¿ya lo tiene? Es en el Nuevo Testamento. ¿Estamos ahí, hermanos? Dice,
porque de Él y por Él y para Él son todas las cosas. Miren
acá, de Él, por Él, para Él. De Él viene todo, hermanos. Por medio de Él lo hacemos todo. ¿Y para quién lo hacemos? Para
Él. ¿De Él? ¿Por Él? Para Él. ¿Dónde está el yo? ¿Dónde está el yo? Pero estamos
demasiado preocupados por el yo. yo, yo, yo. Y él dice no, Pablo dice no.
Es él, él y él. Por eso yo doblo mis rodillas
delante de él, para que no desmaye, para que sean fortalecidos en
el hombre interior, para que sean arraigados y cimentados
en amor. para que sean capaces de comprender con todos los santos
cuál es toda la plenitud de quien es Cristo. ¿Están conmigo? Para que conozcan el amor de
Cristo, que excede todo conocimiento. No porque lo maravilloso no es
que yo ame a Dios o que usted ame a Dios, lo maravilloso es
que Él nos amó a nosotros. Entonces Pablo dice para terminar,
a aquel que es poderoso, para hacer todas las cosas mucho más
abundantemente lo que pedimos o entendemos, a Él sea la gloria.
por los siglos, por los siglos. Amén. Hermano, ¿cómo está en
su hombre interior? ¿Qué le está hablando el Señor?
¿Qué le ha hablado el Señor? ¿Qué cosas tenemos que dejar, hermanos?
¿Qué cosas tenemos que rendir al Señor? Tenemos que doblar
rodillas, hermano. Estamos siendo debilitados por
el pecado. Estamos siendo debilitados por
no caminar en los caminos rectos del Señor. Estamos siendo debilitados,
hermano, y como se decía esta mañana, nadie te puede destruir,
hermano. Lo que nos puede destruir es pecado que hay en nuestra
vida. Y que nosotros estemos fortalecidos en él, agarrados
de él. Yo no soy mucho, ni usted tampoco,
pero si me agarro de él, yo estoy bien. Pienso en mis hijos, ahora ya
están más grandes, a una horita, cuando estaban chicos. ¡Papi,
agárrame! Y tal vez yo decía, ¿y quién
me va a agarrar a mí? Pero ellos se sentían seguros
en la mano de su padre. Hermanos, con que yo esté agarrado
del Señor, todo va a estar bien. Venga lo que venga. Yo quiero
estar fortalecido y arreglado en el hombre interior. ¿De qué
estoy hecho? ¿Quién realmente soy? Vamos a
orar, hermanos. ¿Cómo va a responder, hermanos,
a la Palabra de Dios? Pastor David Cortés predicó un tremendo
mensaje, nos exhortó para cuando escucháramos Palabra de Dios,
respondiéramos positivamente a la Palabra de Dios. Usted puede
negarse, hermano, y seguir pretendiendo que está bien. Y no estoy hablando
solamente de mi mensaje, pero hemos escuchado mensajes ayer,
mensajes hoy en la mañana, Quizás mientras se predicaba, Dios estaba
hablando con usted sobre algo, sobre un asunto que sólo usted
sabe y Dios lo sabe. Todos ojos cerrados ahí, cuántos
dirían, Pastor, ore por mí, Dios me habló a mí. Durante esta predicación,
la predicación anterior, o esta mañana, o ayer, yo no sé, pero
Dios me ha hablado a mí. Levanta su mano. que Dios les
bendiga, Dios les bendiga, Dios les bendiga. Ahora quiero cambiar
la invitación y en un momento voy a darles la oportunidad de
ir al altar. Pero habrá una persona aquí que no conoce a Cristo como
su Salvador, que no sabe cuando muera que va a ir al cielo con
Dios. Que en esta noche diría, Pastor, alguien me invitó a la
iglesia, pero yo no soy cristiano, yo no soy hijo de Dios. La verdad
es que si yo muero hoy, yo creo que yo iría al infierno, porque
soy pecador, merezco un castigo. Déjeme decirle que Dios ama a
los pecadores que mandó a su Hijo Cristo a morir por ellos
en la cruz. Si usted reconoce que es un pecador, Cristo quiere
perdonarle, Cristo quiere salvarle, Cristo quiere darle vida eterna.
Cuántas personas honestas y sinceras dirían, Pastor, yo no soy cristiano,
pero quiero pedirle a Cristo que me perdone en este momento,
quiero entregarle mi vida a Cristo, quiero por la fe poner mi confianza
en Cristo y aceptarle, recibirle en mi corazón como mi único y
suficiente Salvador. Si ese es su deseo, ahí donde
está, levante su mano. Habrá una persona que quiera
recibir a Cristo como su Salvador, levante la mano. ¿Habrá alguien
así? Lo más que tiene que hacer es levantar la mano. Nadie mirando,
todo ojo cerrado. Yo quiero pedirle a Dios por
usted, levante su mano. ¿Habrá alguien así? Quizás todos son cristianos,
pero no queremos dejar la oportunidad. O alguien diga, pastor, yo soy
cristiano, pero no soy bautizado. Quiero tomar una decisión para
bautizarme. Usted lo haría en su iglesia. Usted lo haría con
su pastor. Pero pastor, ore por mí, yo quiero
obedecer eso en el bautismo. Quiero ser obediente a la palabra
de Dios. Quizás todos son bautizados, pero quiero la oportunidad. ¿Alguien?
Levante su mano. Que Dios le bendiga. Dios le bendiga. ¿Qué
más? No es una persona, quien mas?
Yo me quiero bautizar, quiero obedecer al Señor. Tu nunca vas
a llegar a conocer quien Cristo realmente es, si no empiezas
a obedecerle a el. Quien mas? Quien mas? Esta hermana que levanto
la mano, podria usted hablar despues con su pastor? Y decirle
pastor, yo quiero bautizarme. Quien mas? Quien desea entregar
su vida a Cristo? Ahora todos puestos de pie por
favor, todo el mundo puestos de pie. Necesito un pianista
por favor, si alguien puede ayudarme. Todos puestos de pie, hermanos.
Todos puestos de pie. Vamos a orar. Padre Santo, bendice
esta invitación. Señor, no quiero producir ningún
resultado. Estos son resultados que tú vas a dar en el corazón
de cada uno. Por eso te los dejo en tus manos, para que tú obres
conforme a tu voluntad y a la reacción que mis hermanos tendrán
a tu palabra. Todos ojos cerrados, nadie mirando.
El piano comienza a tocar. Si quiere venir al altar, puede
venir al altar. Si no, el piano comienza a tocar
hermano. ¿Puede comenzar hermano, por
favor? Ven aquí al altar hermano, venga para acá. Vengase al altar. Vengase al altar si Dios ha hablado
a su corazón. Si usted levantó su mano y está
en serio, porque muchos levantan la mano pero no están en serio. Mira, déjame decirte, si tú dices
que Dios ha hablado en tu corazón y no tienes la humildad para
venir al altar, yo dudo que Dios ha hablado en tu corazón. ¿De
veras? Porque tú dices, ¿pero por qué tengo que ir? Bueno,
yo te pregunto a ti, ¿por qué no puedes venir? ¿Qué te impide
que vengas? ¿Tu orgullo? ¿Tu soberbia? ¿Cuántos
van a ser humildes para ir a postrarse en el altar? Cristo lo hizo.
Él se postró delante de su Padre. ¿No estás viniendo a postrarte
delante de mí? Pastores, que en mi iglesia no
acostumbramos esto. Pues ya es tiempo que te empieces a acostumbrar.
No se trata de costumbre, mi hermano, es humillación. Es simbolismo
de humillación al Señor. No estás viniendo a aceptar a
Cristo. Estás viniendo a ponerte bien con Dios. Estás sometiendo esa
cochina, miserable carne, tu orgullo, tu soberbia. Ven para
acá. ¿Quién más va a venir? ¿Quién
más va a venir? No estés viendo a ver si aquel va a venir o no
va a venir. Ponte de rodillas ahí y habla con el Señor. ¿Hace
cuánto no lo haces? Y después te quejas de que Dios
no está contigo, que el Señor no te da de su presencia, que
el Señor no te da de su poder. No estás arraigado y cementado
en amor. No has llegado a conocer quién
Cristo es. Si lo conocieras, estarías de rodillas, créeme.
Porque ya siendo Rey de Reyes, el Señor del Señor se humilló
hasta lo sumo. Él se postró. Él se humilló, pero tú eres mayor
que Cristo, ¿verdad? ¿O no le conoces? A ver. Vamos, yo sé
que estás peleando, estás luchando. Es más, algunas están enojando
conmigo. ¿Tú eres cristiano? Yo soy cristiano
también. Te estoy diciendo en el nombre
del Señor que te pongas de rodillas. A ver si puedes. A ver. ¿Quién
va a ser humilde? Lo que tú vas a hablar con Dios,
tú lo vas a hablar con Él. No me lo vas a decir a mí. Pero no te
atreves, fíjate. No puedes ponerte a rodillas.
Qué triste tu situación espiritual. Es que yo nunca lo he hecho.
Pues ya primera vez que lo hagas, ¿no? Te va a hacer bien a tu
vida espiritual. Créeme, hermano. Créeme que te va a ayudar en
tu vida espiritual. Atrévete a ponerte a rodillas y humillarte
delante del Señor. Atrévete. Dios te bendiga, hermano. Dios
te bendiga. ¿Quién más? Atrévete. Yo te desafío que te atrevas.
Hace mucho que no lo haces, pero te va a caer bien. Es hermoso
unirse delante del Señor, platicarle al Señor, ponerle nuestras peticiones
al Señor, fortalecernos en el hombre interior. Es que pastores
ya van a pensar de mí, que es lo que Dios sabe de ti. Eso es
lo que debe preocuparte. Subtítulos realizados por la
comunidad de Amara.org
La Preoccupacion De Pablo
Series Conferencias 2005
Predicado durante una Conferencia Fuegos de Evangelismo/La Espada celebrando los 75 años de la Primera Iglesia Bautista de Habla Española en Brooklyn, NY.
| Sermon ID | 940517043 |
| Duration | 54:03 |
| Date | |
| Category | Conference |
| Bible Text | Ephesians 3:14-21 |
| Language | Spanish |
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