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en este cúlpito y en este tipo
de conferencias que el Señor ha usado a través del mundo hispano
por ya largos años, tanto la espada como fuegos de evangelismo.
Considero un alto honor predicar al lado de mis consiervos en
esta ocasión. Es un honor que no merezco y
agradezco mucho al Señor por ese privilegio. En Hebreos capítulo
4, versículos 12 y 13, leeremos para partir y les invito a buscar ese pasaje
después haremos a unos dos o tres más y vamos rápido por nuestras
consideraciones de hoy en Hebreos capítulo 4 versículos 12 y 13
pasajes muy muy conocidos de la mayoría de memoria inclusive
Hebreos 4.12 dice así porque la palabra de Dios es viva y
eficaz y más cortante que toda espada de dos filos Y penetra
hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos,
y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.
Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia. Antes
bien, todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de Aquel
a quien tenemos que dar cuenta. Oremos, por favor. Señor, te
damos gracias de nuevo por encontrarnos aquí reunidos. Te ruego, Señor,
que cada uno de nosotros sepamos reaccionar a tu palabra, no sólo
en esta ocasión, sino en cada ocasión que tú nos hables durante
este tiempo. Sabemos, oh Dios, que cada uno
de los hermanos aquí, sus oídos han estado expuestos muchas veces
a la predicación. Y cuántas veces nosotros mismos
como predicadores hemos tenido la dicha de exponernos a la predicación. Pero Dios, ayúdanos a tener una
actitud correcta cuando tu palabra es trazada. Que, oh Señor, seamos
no solamente preocupados por las personas que predican, sino
por nosotros mismos, porque qué cuentas habremos de darte en
aquel día. Yo te ruego, Señor, que me des
la unción de tu Santo Espíritu. Esa llenura que tú prometiste,
tú no dijiste que sería necesaria. Y así, oh Señor, lo vemos, así
lo sabemos. necesitamos de ti. Tanto los
oídos de mis oyentes como los labios míos, te ruego que, Señor,
nos ungas con tu santo espíritu, que tu palabra haya cabida en
nuestros corazones en esta tarde. Lo suplicamos para gloria tuya
en el nombre precioso de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.
Amén. Dios escogió la predicación la
que muchos llaman locura para salvar a los creyentes, dice
la Escritura. Los creyentes ya somos salvos,
pero por supuesto no está hablando de la salvación de la condenación,
pero sí de la condenación o de las consecuencias de nuestras
malas decisiones. Pero, amados hermanos, nosotros
hemos aprendido a escuchar predicación. Podemos escuchar una predicación
de una hora, hora y media y luego cantar un himno y escuchar otra
predicación de una hora, una hora y media, cosa que no es
común en las iglesias por medio en nuestro mundo hispano y mucho
menos en el mundo anglosajón. Pero, ¿cómo reaccionamos a la
Palabra de Dios? Cuando la Palabra de Dios es
predicada, siempre se producen reacciones. Siempre tendremos que reaccionar. Algunos reaccionan con enojo,
otros con indiferencia, otros con rechazo, otros con críticas,
otros con desprecio, otros con llanto, otros con agrado, otros
con humillación, otros con quebranto, otros con freno, otros con decisiones
de toda índole. Y gracias a Dios, porque siempre
su palabra encuentra reacciones. Nosotros cuando predicamos a
grupos tan diversos como este sabemos que van a reaccionar.
Sabemos que muchos oídos están listos para la crítica, para
el señalamiento. Sabemos y somos conscientes que
muchos vienen para encontrar algún pretexto contra el fundamentalismo,
contra la doctrina que predicamos. Sabemos eso. Estamos 100% conscientes,
no piense usted que logra pasar como espía en nuestras congregaciones,
en nuestras conferencias. Pero sabemos que la Palabra de
Dios produce reacciones y como predicadores estamos obligados
a predicar y trazar bien la Palabra del Señor. Ahora quisiera en
esta tarde no obstante las reacciones que pudiera haber tratar de compartir
lo importante que es que usted y yo sepamos o seamos de los
que reaccionan bien a la Palabra de Dios usted va a escuchar como
esta mañana, como anoche y Dios mediante las siguientes horas
va a estar escuchando temas muy diversos y temas candentes ustedes
saben y yo también lo sé que cuando venimos a una conferencia
de estas no venimos a escuchar una predicación halagüeña que
halague los oídos para eso hay muchas iglesias y no se necesita
tanto tiempo usted va a escuchar algo que le hiera el corazón
va a salir lastimado va a salir como cuando va con
el médico a que le curen una herida, le va a arder va a doler
y a veces será necesario expirpar algo pero cómo reaccionamos con
qué actitud nosotros nos presentamos a la Palabra de Dios cuando ésta
nos está siendo expuesta dice la Biblia porque la Palabra de
Dios es viva y eficaz. Eso quiere decir produce, es
viva, no es muerta, y eficaz quiere decir no es inocua, no
es improductiva, va a calar. Y sigue diciendo el Escritor Sagrado,
y más cortante que toda espada de dos tiros. Y eso quiere decir penetrante.
que no solamente tiene puntas, sino tiene filo por los dos lados,
por donde quiera que vaya entrando va a cortar. Y penetra hasta
partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétonos.
Todo lo que eso quiere decir, no lo sé, pero está hablando
de profundidad, que va a calar en todos los aspectos de la vida.
Y luego, por si fuera poco, dice, discierde. Eso quiere decir que escarba,
le busca. Es inteligente la Palabra de
Dios, no el predicador, pero la Palabra de Dios. Discierne
los pensamientos, y más atrás de los pensamientos, las intenciones
del corazón. Y todavía añade, y nada hay encubierto
que no sea manifiesto en su presencia. Entonces, no nos extrañe que
la Palabra de Dios produzca reacciones. Y los predicadores, que como
yo, luchamos día tras día desde el púlpito, debemos saber que
la Palabra de Dios va a producir reacciones y hay que estar preparados
para eso. Mucha gente de nuestra civilización
se va por la predicación, reaccionan huyendo. mucha gente no logramos
retener con la Palabra de Dios pero gracias a Dios muchos están
allí en un proceso de hacerse más semejantes
al Señor Jesucristo comenzando con nosotros los predicadores
y la Palabra de Dios entonces produce resultados, produce reacciones,
produce reacciones usted tiene que reaccionar porque es viva
y eficaz y porque descubre el corazón Es por eso que cuando usted se
sienta y escucha la predicación, pareciera que fue diseñada para
usted. Porque esa es la Palabra de Dios. Cualquier inconverso dirá que
vino alguien a informarle al pastor de su condición, pero
usted como creyente sabe que no es así. Y usted sabe todo
eso, pero la pregunta sigue en el aire, ¿cómo reacciona a la
Palabra de Dios? Tengo dos ejemplos que darles
para compartir esta idea con usted. Vayan a Jeremías, capítulo
36, por favor. Jeremías, capítulo 36, y leeremos
los versículos 1 al 8, y luego vamos a saltar hasta el versículo
19. Estoy en Jeremías 36, versículos
del 1 al 8. Si me siguen con su vista o si
prefieren escucharlo con atención, está bien. Jeremías 36 nos habla
de cuando el rey Joasim fue enfrentado o confrontado con la palabra
de Dios. Escuchen. Aconteció en el cuarto
año de Joasim, hijo de Josías, rey de Judá, que vino esta palabra
de Jehová a Jeremías diciendo, toma un rollo de libro y escribe
en él todas las palabras que te he hablado contra Israel y
contra Judá, y contra todas las naciones, desde el día que comencé
a hablarte, desde los días de Josías hasta hoy. Quizá oiga
la casa de Judá todo el mal que yo pienso hacerles, y se arrepienta
cada uno de su mal camino, y yo perdonaré su maldad y su pecado.
Y llamó Jeremías a Baruc, hijo de Nerías, y escribió Baruc de
boca de Jeremías en un rollo de libro todas las palabras que
Jehová le había hablado, Después mandó Jeremí a Zabaruc diciendo,
a mí se me ha prohibido entrar en la casa de Jehová. Entra tú
pues y lee de este rollo que escribiste de mi boca las palabras
de Jehová a los oídos del pueblo en la casa de Jehová el día del
ayuno, y las leerás también a oídos de todos los de Judá que vienen
de sus ciudades. Quizá llegue la oración de ellos
a la presencia de Jehová y se vuelva cada uno de su mal camino,
porque grande es el furor y la ira que ha expresado Jehová contra
este pueblo. Ibarok, hijo de Nerías, hizo
conforme a todas las cosas que le mandó Jeremías profeta, leyendo
en el libro las palabras de Jehová en la casa de Jehová. Hasta ahí
la lectura. Tenemos aquí a Joacim recibiendo un mensaje directo
de parte de Dios. Algo diseñado para él y para
su pueblo. específicamente, en labios de
nada menos que Jeremías, uno de los fundamentalistas de aquel
tiempo. No escogió Dios a uno de los tantos profetas liberales
que habían vendido la Palabra de Dios. Me está entendiendo,
¿verdad? Sino a uno que tenía compromiso con Dios. Alguien
que tenía la valentía y el carácter para predicar lo que Dios le
decía. Y este era Jeremías, el tristemente
llamado profeta llorón. y él toma a ese profeta y le
dice quiero que escribas las palabras y entonces dice la biblia
que Jeremías cogió a su escribano a Baruc y le dijo Baruc quiero
que vayas porque Dios me ha dicho que vayas y entres a la casa
de Dios porque a mí me prohibieron entrar a la casa de Dios Joasim
había dado la orden que Jeremías no entrara al templo Jeremías
dijo quiero mandarte a mi asistente Quiero mandarte aquí. Y va Baruc
allí y empieza a leer las palabras de Dios en la casa del Señor
delante de todo el pueblo. Vean en el versículo 19. Entonces
dijeron los príncipes a Baruc, ve y escóndete tú y Jeremías
y nadie sepa dónde estáis. Y entraron a donde estaba el
rey. Estoy en el versículo 20 a Latio. habiendo depositado
el rollo en el aposento del izama secretario, y contaron a oídos
del rey todas estas palabras. Y envió el rey a Jeudí a que
tomase el rollo, el cual lo tomó del aposento del izama secretario,
y leyó en él Jeudí a oídos del rey, y a oídos de todos los príncipes
que junto al rey estaban. Y el rey estaba en la casa de
invierno en el mes noveno, y había un bracero ardiendo delante de
él. Cuando Jeudí había leído tres
o cuatro planas, lo rasgó el rey con un cortaplumas de escriba,
y lo echó en el fuego que había en el bracero hasta que todo
el rollo se consumió sobre el fuego en el bracero que había.
Y no tuvieron temor, ni rasgaron sus vestidos el Rey y todos sus
siervos que oyeron todas estas palabras. Y aunque el Natán y
Delaía y Gemarías rogaron al Rey que no quemase aquel rollo,
no los quiso oír." Esta es una historia, hermanos, de una reacción
a la Palabra de Dios. Así es como Joasim reacciona
a la Palabra de Dios, porque la Palabra de Dios siempre produce
reacciones. Siempre. Para bien o para mal
de la propia persona. En buen alíd o en mal alíd, la
persona siempre va a reaccionar a la Palabra de Dios. Y qué importante
es nosotros estar seguros que predicamos la Palabra de Dios.
Si la congregación permanece inmutable, es que no estamos
predicando la Palabra de Dios. Si no hay cambios en la congregación,
si no hay hermanos en madurez, si no hay gente enojada saliéndose,
es que no estamos predicando la Palabra de Dios, porque la
Palabra de Dios siempre va a producir reacciones. Es mejor que usted
como predicador fundamentalista sepa, y se resigne de una vez,
siempre se le va a estar liando gente, siempre se va a estar
enojando gente, porque la Palabra de Dios produce reacciones. Si
usted dice, en mi iglesia nunca nadie se enoja, permítame dudar
de su predicación. Porque la Palabra de Dios penetra
y descubre hasta los pensamientos y las intenciones de los corazones. Muy bueno sería preguntarnos
qué tan eficazmente o fielmente estamos predicando la Palabra
de Dios. Joacim decide que él va a poner
oídos sordos a la Palabra de Dios. Tristemente, Joacim era
hijo de Josías. Y digo tristemente, porque Josías
fue un gran hombre. Qué lástima es que teniendo un
padre de esa calidad espiritual, Joacim, haya salido así. Porque
Josías, hermanos, reaccionó muy diferente a la Palabra de Dios.
Vayan conmigo a II de Crónicas, capítulo 34, ahora. II de Crónicas,
capítulo 34. Las circunstancias en las que
el pueblo estaba en los tiempos de Josías eran circunstancias
mucho más difíciles que las circunstancias cuando estaba Joacim. Cuando
murió Josías, vino Joacim. Josías había logrado grandes
avances en la vida espiritual de la congregación. Josías había
limpiado a la nación, al pueblo de Judá, de los ídolos. Se habían
hecho cosas tremendas. Hasta había celebrado la Pascua
como nunca nadie de los reyes anteriores, desde el tiempo de
David, se había celebrado. Josías fue un gran reformador
de la religión en cuanto a lo espiritual se refiere del pueblo
de Israel. pero los tiempos que Joacín cogió el pueblo había
más calidez espiritual había más probabilidades de hacer grandes
cosas para Dios pero Josías, hermanos, no obstante que tenía
ahora Josías, hermanos eran nietos, si mal no recuerdo, o bisnietos
de Ezequías Ezequías, aquel gran rey que
estuvo por hijo a Manasés y sucedió lo mismo, Ezequías hizo gran
obra y Manasés vino a echarlo a perder todo. Josías hizo una
gran obra y vino Joasim a echarlo a perder todo. Pero miren cómo
reaccionó Josías, capítulo 34 de segundo de crónicas, versículo
8. A los 18 años de su reinado,
después de haber limpiado la tierra y la casa, envió a Zafán,
hijo de Asalías, a Macías, gobernador de la ciudad, y a Joa, hijo de
Joacás, canciller, para que reparase en la casa de Jehová su Dios.
vinieron estos al sumo sacerdote ircías y dieron el dinero que
había sido traído a la casa de Jehová que los levitas que guardaban
la puerta habían recogido de mano de Manasés y de Efraín y
de todo el remanente de Israel, de todo Judá y Benjamín y de
los habitantes de Jerusalén y lo entregaron en manos de los que
hacían la obra que eran mayordomos en la casa de Jehová los cuales
lo daban a los que hacían la obra y trabajaban en la casa
de Jehová para reparar y restaurar el templo Daban asimismo a los
carpinteros y canteros para que comprasen piedra de cantería
y madera para los armazones y para la entabladura de los edificios
que habían destruido los reyes de Judá. Y estos hombres procedían
con fidelidad en la obra. Y eran sus mayordomos Jaab y
Abías, levitas de los hijos de Merari, Zacarías y Mesulán, de
los hijos de Coab, para que activasen la obra y de los levitas todos
los entendidos en instrumentos de música. también delaban sobre
los cargadores y eran mayordomos de los que se ocupaban en cualquier
clase de obra, y de los levitas había escribas, gobernadores,
porteros. Y al sacar el dinero que había sido traído a la casa
de Jehová, el sacerdote Isías halló el libro de la ley de Jehová
dada por medio de Moisés. Ahora, ¿dónde estaba el libro
de la ley? Estaba metido por allá en los
fondos de las tesorerías. Olvidado. Allá en las arcas del templo,
alguien había depositado el libro. Nadie lo leía, no tenía mayor
importancia, no le prestaban atención, y cuando estaban reparando
el templo, aparece el libro. Alguien descubre, sacando allí
las monedas para poner, para reactivar la obra de la reconstrucción
del templo, viene el descubrimiento, la Palabra de Dios. versículo
15 y dando cuenta Isías dijo al escriba Zafán yo he hallado
el libro de la ley en la casa de Jehová y dio Isías el libro
a Zafán y Zafán lo llevó al rey y le contó el asunto diciendo
tus siervos han cumplido todo lo que les fue encomendado han
reunido el dinero que se halló en la casa de Jehová y lo han
entregado en manos de los encargados y en manos de los que hacen la
obra además de esto declaró el escriba Zafán al rey diciendo
el sacerdote Isías me dio un libro y leyó Zafán en él delante
del rey. Luego que el rey oyó las palabras
de la ley, rasgó sus vestidos. Y mandó a Isí a Zahicam, hijo
de Zafán, y a Abdón, hijo de Micaía, y a Zafán, Escribá y
a Zahía, siervo del rey, diciendo, Consultaba Jehová por mí y por
el remanente de Israel y de Judá acerca de las palabras del libro
que se ha hallado, porque grande es la ira de Jehová que ha caído
sobre nosotros, por cuanto nuestros padres no guardaron la palabra
de Jehová para ser conforme a todo lo que está escrito en este libro.
Entonces decía, si los del rey fueron a Huldah, profetiza mujer
de Salúm, hijo de Tigba, hijo de Jarjas, guarda de las vestiduras,
la cual moraba en Jerusalén, el segundo barrio, y le dijeron
las palabras antes dichas. Y ella respondió, Jehová, Dios
de Israel, ha dicho así, Decida al varón que os ha enviado a
mí, que así ha dicho Jehová. He aquí yo traigo mal sobre este
lugar y sobre los moradores de él todas las maldiciones que
están escritas en el libro que leyeron delante del Rey de Judá.
Por cuanto me han dejado, que han ofrecido sacrificios a Dios
Hacienos provocándome a ira con todas las obras de sus manos,
por tanto se derramará mi ira sobre este lugar y no se apagará.
Mas al Rey de Judá que os ha enviado a consultar a Jehová,
así le diréis. Jehová, el Dios de Israel, ha
dicho así, Por cuanto oíste las palabras del libro, y tu corazón
se conmovió, y te humillaste delante de Dios al oír tus palabras
sobre este lugar y sobre sus moradores, y te humillaste delante
de mí, y rasgaste tus vestidos, y lloraste en mi presencia, yo
también te he oído. Dice Jehová, he aquí que yo te
recogeré con tus padres y serás recogido en tu sepulcro en paz,
y tus ojos no verán todo el mal que yo traigo sobre este lugar
y sobre la moradera de él. Y ellos refirieron al Rey la
respuesta. Aquí tenemos la reacción de Josías,
muy diferente a la reacción de Joacín. Y esta historia, hermanos,
se vuelve a repetir ante nuestros ojos en nuestras congregaciones.
Es muy importante que nosotros los predicadores sepamos que
lo que estamos predicando es palabra de Dios. No nuestras
ideas, no nuestros conceptos, no nuestro modo particular de
pensar, no nuestra herencia, no nuestro abuelo, no nuestros
conceptos de alma mater, es decir, de la escuela donde estudiamos,
sino lo que así dice Jehová. Y cuanto más pasen los días y
los tiempos, más vamos a ser tentados a irnos por huecas sutilezas
y filosofías de los hombres. Y cuanto más y los días se acerquen,
vamos más por el misticismo, vamos más por el liberalismo,
vamos más por el ecumenismo, vamos más por todo ese tipo de
cosas. Y el propósito de esta conferencia
es animarnos unos a otros a seguir predicando la palabra viva y
eficaz de Dios a los corazones. Escuchen o dejen de escuchar. Pero sabemos que va a haber Joacín
y va a haber Josías en nuestras congregaciones. Joacín es aquel
cristiano reaccionario, aquel que quizá sea amargado
por las circunstancias del pasado. Quizá es aquel hermano que se
desanimó de aquella congregación donde venía y cuando era joven
pues vio muchas cosas y oyó muchas cosas y supo muchas cosas y muchos
hermanos le fueron de tropiezo y ahora está más amargado que
un limón echado a perder. Ya no cree en los pastores, ya
no cree en las predicaciones, ya no cree en los hermanos, ya
no cree en las bellezas de la Palabra de Dios. Aquí, Joacín
representa aquel altivo de ojos que mira de lejos. Joacín representa
aquel cristiano reaccionario que encubre pecados en su vida. Aquel que trata de aparecer más
más santo que todos los demás, aunque tiene pecados en su vida,
los compara con los demás, con aquel pastor adúltero que conoció
cuando estaba joven, con aquella circunstancia que hace poco le
tocó por desgracia ver, por aquel mal testimonio que vio en el
hermano, en la hermana, y entonces trata de encubrir sus pecados.
Es por eso que mucha gente reacciona en forma negativa a la Palabra
de Dios. No porque la Palabra de Dios no quiera transformar
sus vidas. No porque la Palabra de Dios
haya dejado de ser la verdad. La Biblia seguirá siendo la verdad
y para siempre permanece en los cielos. El Evangelio es eterno
y es verdad. Y la Iglesia del Señor Jesucristo
vivirá hasta el arrebatamiento en esta tierra. Y es verdad.
Y aunque hay muchos hipócritas, ciertamente el pueblo de Dios
es un pueblo escogido y precioso delante de sus ojos. es el cristiano
con el síndrome de Joasim el que está amargado contra todas
aquellas cosas y no reacciona a la palabra de Dios reacciona
en forma negativa dice el versículo 18 de Jeremías 36 y Baruch les
dijo él me dictaba de su boca todas esas palabras y yo escribía
con tinta en el libro Dice Baruch, yo nada más estaba haciendo lo
que Dios estaba diciéndome, entonces dice la Biblia que los príncipes
le dijeron a Baruch, ¿sabes qué Baruch? Ve y escóndete tú y Jeremías,
porque seguro que Joasim no va a reaccionar bien. ¿Y qué fue
lo que hizo Joasim, hermanos? Dice el versículo 5, Jeremías
a Baruch diciendo, a mí se me ha prohibido entrar en la casa
de Jehová. Escúcheme hermano, porque quizá
aquí presente hay alguien que Dios en su misericordia le quiera
mostrar y le robe su proceder, o quizá lo escucha en la grabación,
que ha hecho lo que Joacim hizo. Lo primero que hizo Joacim fue
prohibir a su familia entrar a la casa de Jehová. ¿Cuántos cristianos hay que un
día conocieron la verdad y prohíben a sus hijos ir a la casa de Jehová? Los hay. Alguien les predicó, alguien
les enseñó la verdad, pero algo amargó su corazón y quizá sus
pecados. Y por asombroso que nos parezca,
ellos son los que dicen, ¿para qué estás forzando a mis hijos?
Y le dice a su esposa que vayan a la iglesia. Si no quieren ir,
que no vayan. Déjalos. Son jóvenes todavía. En la iglesia hay muchas hipocresías.
En la iglesia no creas todo lo que se dice en la iglesia. Si
el muchacho no quiere ir, que no vaya a la iglesia. reaccionan
de una forma tan fatalista y prohíben la Palabra de Dios. Estoy diciendo,
hermanos, si usted no sabe reaccionar a la Palabra de Dios, va a terminar
haciendo esto en pocos años. Y aquella bendita obra de la
Palabra de Dios en los corazones va a quedar sin hacerse en las
familias y en las descendencias. Miren lo que hizo este Joacim,
quemó el rollo en un brasero. ¡Qué atrevimiento! ¡Qué torpeza más grande! ¡Qué
insensatez! Tomar el rollo de las manos del
lector, del portador, y echarlo en el brasero, como si Dios pudiese
ser acallado en su hablar. Tratan de desarraigar la Palabra
de Dios de su presencia como si pudieran taparle la boca al
que todo lo sabe y al que todo lo puede. Para Dios no fue ningún
problema coger a Jeremías y decirle, y quiero que escribas otra vez,
y pongas ahí a Baruch y escribas, y dice la Biblia, y le añadió
todavía más. Joasim no pudo escapar jamás de las sentencias de la
Palabra de Dios, aunque trató de quemar la Biblia en un bracero. Y muchos hogares tienen braceros
esperando para que tú quemes el rollo allí, por desgracia.
Hay hermanos que ya tienen braceros preparándose con la intención
deliberada de cualquier situación, cualquier chispa y oportunidad,
es decir, pretexto, arrojar la Biblia en el bracero simbólicamente
hablando. Y hay quienes ya han quemado.
Han puesto libros de filosofías modernas y contemporáneas en
vez de la Palabra de Dios en sus vidas. Han puesto su profesión
y su trabajo primero que la Palabra de Dios. Muchos están quemando
la Biblia en un bracero ahora mismo cuando debieron estar aquí.
Así es el Juacín de nuestros días. Dice el versículo 24 de
Germías 36, y no tuvieron temor. El Joacim reaccionario a la Palabra
de Dios es aquel que no tiene temor de Dios en su corazón.
Jeremías, inspirado por Dios, escribe en su libro, no tuvieron
temor. Es decir, es para que hubieran
temblado de miedo cuando la Palabra de Dios les fue expuesta. El
libro tenía contenidas las palabras que Dios había dictado directamente
a Jeremías y eran palabras inspiradas y estaban paso a paso los acontecimientos. Y más le convenía a Poasim prestar
atención. Y no tuvo temor. Hermanos, una
de las cosas que la Palabra de Dios produce en nosotros inmediatamente
es temor. Un temor profundo a los dichos. de Dios, a los preceptos de Dios,
a la sentencia de Dios. Pero muchos son que como a Joacim
se enojan, se molestan y quieren altercar contra Dios y para pronto
Baruch y Jeremías a esconderse porque este Joacim no se va a
tocar el alma para atacar a los predicadores. Hay cristianos
que odian a los pastores. Hay padres y madres de familia
que odian y si por ello fueran harían lo que hicieron con Jeremías,
mandarlo a la cisterna. nos matarían a pan y agua por
años si les fuese permitido, porque odian la palabra del Señor.
Joasim no tuvo temor de Dios ni se humilló, dice, y no tuvieron
temor ni rasgaron sus vestidos, el rey y todos sus siervos que
oyeron todas estas palabras. No se humillaron. Y ahora quiero
que sepan lo que pasó con Joasim. Vinieron los caldeos, los babilonios,
y se los llevaron cautivos. Si no sabemos reaccionar a la
Palabra de Dios, va a llegar el cautiverio. Va a llegar. No lo creo, aunque no lo crea.
Es como el ateo que dice, yo no creo que Dios exista. No,
por eso Dios deja de existir. Él es real, Él es mío. Si la
Palabra de Dios no encuentra cabida en su razonamiento, en
su mente, todo sabiduría, en su propia opinión, la Palabra
de Dios todavía sigue teniendo la razón y va a terminar en cautiverio. Nada más sería cuestión de pensar
un poquitito cómo terminan los cristianos que han dado las espaldas
a la Palabra de Dios y terminan en los palacios de la Babilonia
moderna. Como el Señor le dijo a Ezequiel,
tus hijos van a ser eunucos en el palacio del Rey de Babilonia.
Y Ezequiel dijo, pues, a lo menos haya paz y seguridad en mis días.
¿Yo qué le puedo hacer? Josías, en cambio, segundo de
Crónicas 34, versículo 19, luego que el Rey oyó las palabras de
la ley, rasgó sus vestiduras. ¿Sabe qué es lo que hizo Josías?
Oyó. Joacín ni oyó. Había leído tres o cuatro planas
y rasgó el rollo con un cortaplumas y lo lanzó. Ni siquiera oyó la
Palabra de Dios. Josías oyó, oyó. La primera cosa que el cristiano
victorioso Yo no estoy diciendo el cristiano que nunca peca,
no estoy diciendo el cristiano fundamentalista, estoy hablando
del cristiano victorioso. Como él reacciona a la palabra
de Dios primero es oír. ¿Qué es lo que Dios quiere decir?
Es importante lo que Dios quiere decir. Hay que prestar atención
a lo que Dios quiere decir. Tal vez usted está en adulterio,
o en lascivia, o en mentiras, o en codicias. Usted está viviendo
una vida superficial, que oiga. Véngase a oír. Vamos a oír la
Palabra de Dios. Vamos a sentarnos ahí, hombres
y mujeres, adultos y niños, vamos a oír la Palabra de Dios. Hermanos, si usted viene a criticar,
primero escuche y luego critica. ¡Oiga! El que tiene oídos para
oír ¡Oiga! Lo repite el Señor muchas veces
en su palabra ¡Oiga! Espérese ¡Oiga! Tal vez el equivocado
es usted y no nosotros ¡Oiga! Josías era un joven pero aprendió
a oír la palabra de Dios y oyó las palabras y ahorita voy a
leerles lo que Josías oyó Josías oyó la palabra del Señor y desde
el versículo 26 del capítulo 34 del segundo de crónicas, más
al rey de Judá que os has enviado a consultar a Jehová, así le
diréis, Jehová el Dios de Israel ha dicho así, por cuanto oíste
las palabras del libro. Entonces Josías oyó la Palabra
de Dios. Acuérdense que Él estaba allí
queriendo hacer las cosas bien, y viene Dios y le da una tremenda,
tremenda exhortación. Si quieren ir conmigo un poquito
del Terronomio, capítulo 28, versículo 15, este es el pasaje
más probable que haya leído Zafán cuando Iglesias le dio el libro
y él fue el portador, el mensajero de Josías en ese tiempo. Mire
lo que estaba escrito en ese rollo. La mayoría de los estudiosos
de la Biblia coinciden en que este pudo ser el pasaje que Josías
escuchó. Escúchenlo ustedes, Deuteronomio
28, 15. Pero acontecerá Si no oyeres la voz de Jehová
tu Dios para procurar cumplir todos tus mandamientos y sus
estatutos que yo te intimo hoy, que vendrán sobre ti todas estas
maldiciones y te alcanzarán. ¡Maldito serás tú en la ciudad
y maldito en el campo! ¡Maldita tu canasta y tu artesa
de amasar! ¡Maldito el fruto de tu vientre,
el fruto de tu tierra, la cría de tus vacas y los rebaños de
tus ovejas! ¡Maldito serás en tu entrar y maldito en tu salir!
Y Jehová enviará contra ti la maldición, quebranto y asombro
en todo cuanto pusieres mano e hicieres, hasta que seas destruido
y perezcas pronto a causa de la maldad de tus obras por las
cuales me habrás dejado. Jehová traerá sobre ti mortandad
hasta que se consumas de la tierra a la cual entras para tomar posesión
de ella. Jehová te herirá de tisis, de
fiebre, de inflamación y de ardor, con sequía, con calamidad repentina
y con añublo, y te perseguirán hasta que perezcas, y los cielos
que están sobre tu cabeza serán de bronce y la tierra que está
debajo de ti de hierro, etcétera, etcétera, etcétera, etcétera,
etcétera, etcétera. Joacín cogió un cortapluma y
dijo, no aguanto eso, Josías rasgó sus vestiduras, oyó. Fue fácil para Josías escuchar
eso de ninguna manera. Era un hombre que había luchado
por Dios, pero era consciente del pecado de su pueblo. Había
cosas que todavía permanecían, y para eso una expresión que
anoche se predicaba, había tierra por poseer. Había muchas cosas
que Josías todavía no había arreglado. pero se sentó y escuchó la Palabra
de Dios. Y pacientemente escuchó todas
las maldiciones de Deuteronomio, deseando escuchar alguna palabrita
de esperanza. Algo que le dijera a Josías,
bravo, ahí la llevas, vas bien, no hay problema con todo lo demás.
La Palabra de Dios le penetró hasta lo más profundo. Y dice
el versículo, volvemos a segundo de crónicas, 24, 34. Dice el
versículo 20, miren lo que hizo. Y mandó a Isías y a Icam, hijo
de Zafán y Abdón, hijo de Micaías, Zafán Escriba y a Zahías, siervo
del Rey, diciendo, andad. Consulta a Jehová por mí, por
el remanente de Israel y de Judá, acerca de las palabras del libro
que se ha hallado, porque grande es la ira de Jehová que ha caído
sobre nosotros, por cuanto nuestros padres no guardaron la palabra
de Jehová para ser conforme a todo lo que está escrito en este libro.
Ese rey, hermano, ordenó buscar a Dios. Ese rey primero oyó la palabra
de Dios. saltó de su silla y ordenó a
todos sus ayudantes vayan a buscar a Dios porque lo necesitamos
en nuestro pueblo porque grande es su ira hermanos si usted escucha palabras
que no había escuchado antes en estas conferencias vaya a
su iglesia y ordenenles buscar a Dios es lo que muchos que estábamos
en la convención bautista del sur hicimos hace muchos años
nos dimos cuenta de nuestro mal camino y ordenamos buscar a Dios. No es fácil, pero es como usted
reaccione a la Palabra de Dios. Es la medida de su humildad y
sencillez. No estamos viviendo tiempos para
jugar a las convenciones y asociaciones y coqueterías. Estamos para buscar
a Dios, porque grande es la ira de Dios sobre nuestros pueblos.
Josías escucha la palabra y aguantó. No se salió. No cogió el cortaplumas. Y ordenó buscar a Dios. Vamos,
rápido, al grande es la ira de Dios. Vamos a ver qué es lo que
está sucediendo. Dice el versículo 27, Y tu corazón se conmovió. Otra de las cosas que reaccionó
Josías es una tremenda conmoción en su corazón. Se conmovió su
corazón. Ciertamente, hermanos, a los
predicadores muchas veces reconozco y lo digo por mí mismo, nos falta
tacto para enseñar las cosas. Pero el trabajo que Dios quiere
hacer en el corazón es conmovernos. Coger aquellas fibras del corazón
ya endurecidas, ya encallecidas, ya cicatrizadas y amasarlas de
nuevo. Hacernos otra vez sensibles.
a la Palabra de Dios. Eso es a lo que la Palabra de
Dios reacciona. Es viva y eficaz y más cortante que todas las
espadas de los filos y penetra hasta perder el alma y el espíritu
en coyunturas y disierne los pensamientos y las intenciones
del corazón. Josías, un buen hombre, ocupado de mil cosas,
que de pronto se enfrenta a la Palabra de Dios. Josías estaba
dedicado a la obra. Era su trabajo. Era su ministerio. Pero no obstante, un día se encontró
con la Palabra de Dios. Y la Palabra de Dios fue dura
para él. ¡Dura! Pero él la oyó. ¡Ordenó a buscar
a Dios! Se conmovió. Y dice en el versículo
27, Y te humillaste delante de Dios. Un pasaje paralelo de esto,
en el segundo de Reyes, dice, Te enterneciste. Aquí la palabra sinónima que
se usa para traducción es te humillaste, pero la idea es te
enterneciste, te volviste como un niño. Josías cayó en su humildad, cayó
en su sencillez, cayó en sus rodillas y se soltó a llorar
y a llorar y a llorar. vea el versículo 27, tu corazón
se conmovió y te humillaste delante de Dios al oír sus palabras sobre
este lugar y sobre sus moradores y te humillaste delante de mí
y rasgaste tus vestidos y lloraste en mi presencia. Entonces dice
yo también, te he oído. ¿Qué hizo José? Se enterneció
tanto. Un hombre ya encallecido por
tantos reveses que ha recibido tantas dagas por la espalda como
un buen rey que era, tantas cosas. Usted sabe, pastor, de lo que
estoy hablando. Ya no creía ni en su sombra, yo pienso. Pero
cuando Dios se enfrenta con él, su corazón se vuelve tierno como
un niño otra vez y empieza a llorar y a llorar y a llorar. Yo creo, hermanos, que nos hace falta aprender a
llorar por nuestros pecados. Los pastores y los creyentes
ya no lloramos por nuestros pecados. Lloramos por las traiciones que
recibimos, pero nunca por nuestros pecados. Llorar porque, ¡ay, el hermano,
mire lo que es capaz de hacer conmigo! Eso se llama chillar
en términos coloquiales. Pero llorar es llorar por vernos
a nosotros mismos. cuando nuestro corazón se hace
tierno como el corazón de un niño. El Señor le dice a Josías,
enviando un mensajero, le dice, mira, te humillaste, te conmoviste
y se enterneció tu corazón al oír mis palabras sobre este lugar.
Te humillaste, rasgó sus vestidos. ¿Sabe qué quiere decir? Pasó
al altar, se encerró en su cuarto, y allá le dijo, Señor, he oído
tu palabra. Y su corazón se abrió de capa
delante de Dios y le dijo, Señor, no puedo ocultar lo que mi pueblo
y yo hemos hecho. No hay excusa, no hay pretexto. Por años hemos andado en los...
Los pastores anteriores nos metieron en un tremendo embrollo social,
idolatría, movimientos contemporáneos han caído en cuantas cosas hermanos
no han caído nuestras iglesias compromisos denominacionales
sociales la sociedad femenil ya no es femenil ya es chismenil
ya los varones es puro negocio ya los los chamacos ya están
creciendo como si fueran eunucos del babilonia nuestras señoritas ya andan vestidas
como mujeres de la calle las mujeres vienen a la iglesia,
y todo eso ustedes y yo lo hemos permitido. Y la palabra de Dios
viene, y entonces, esos hermanos de los sagrados fundamentalistas,
tú eres un juazimo, y terminarás en Babilonia, cautivo de tus
propios pecados. Pero si eres como Josías, rasgarás
tus vestidos. No importa lo que digan de mí,
no importa el precio que tengo que pagar, mi pueblo y yo hemos
pecado delante del Señor. Y dice la Biblia, lloró en la
presencia del Señor, lloró. Vean el versículo 29 de 2 Crónicas
34. Entonces el Rey envió y reunió
a todos los ancianos de Judá y de Jerusalén. y subió el rey
a la casa de Jehová y con él todos los varones de Judá y los
moradores de Jerusalén, los sacerdotes, los levitas y todo el pueblo
desde el mayor hasta el más pequeño y leyó a oídos de ellos todas
las palabras del libro del pacto que había sido hallado en la
casa de Jehová. y estando el Rey en pie en su sitio hizo delante
de Jehová pacto de caminar en pos de Jehová y guardar sus mandamientos,
sus testimonios, sus estatutos con todo su corazón y con toda
su alma poniendo por obra las palabras del pacto que estaban
escritas en aquel libro e hizo que se obligaran a ello todos
los que estaban en Jerusalén y en Benjamín en Jerusalén y
en Benjamín y los moradores de Jerusalén hicieron conforme al
pacto de Dios del Dios de sus padres Mire, yo ya le había dicho
a Josías, mira Josías, yo ya vi que te humillaste, lloraste,
yo también te oí tu oración. No te va a tocar ver esto. No
te preocupes. Pero Josías, hermano, no se conformó
con eso. Él no dijo, bueno, pues, total,
ojos que no ven, corazón que no siente. Él se paró y fue junto
a todos los príncipes y les dijo, vengan acá. y las mismas palabras
que Joacim había quemado en el... quemaría en el bracero, él las
cogió y se las leyó toditititas en su cara. Se lo leyó a su asistente,
a su pastor de esta, a su presidente femenil, a su presidente varonil,
a sus maestras económicas, a su presidenta de la escuela unical,
al emisario de la convención, les leyó todo. Y les dijo, y vamos a hacer un
pacto. y si no quieren de todos modos, y los obligó eso es lo necesario invitó al pueblo vengan aquí,
a todos los quiero aquí de rodillas si el que no, la puerta está
muy ancha, todos los quiero ver aquí esa es como se reacciona la Palabra
de Dios, ¿me entienden? no basta una lágrima de cocodrilo
Hay que rasgar vestiduras. Hay que demostrarlo. Hay que
llegar al pueblo y decir con toda cordura, así dice el Señor,
y les invito a hacer pacto delante del Señor. Ay, la gente no está
acostumbrada a venir al altar. Al rato se acostumbran que vengan
y no salen de aquí si no se humillan. Eso es lo que hace falta a los
predicadores, reaccionar a la Palabra de Dios. Y luego dice
en el ciclo 33, Y quitó Josías todas las abominaciones de toda
la tierra de los hijos de Israel, e hizo, vean ese verbo otra vez,
e hizo que todos los que se hallaban en Israel sirviesen a Jehová
su Dios. O sea, los pudo trabajar. No
se apartaron de Empod de Jehová el Dios de sus padres todo el
tiempo que él vivió. Dijo Josías, pasarán por mi cadáver,
pero aquí todos vamos a marchar derecho. terminó en Babilonia. Josías
terminó en Victoria. Murió con la frente en alto,
con la satisfacción de haber hecho lo que Dios le mandó, porque
cuando Dios le habló, supo reaccionar. La pregunta es, ¿cómo reacciona
usted a la Palabra de Dios? ¿Con quién se identifica, con
Joacín o con Josías? Que Dios nos ayude.
Reaccionando A La Palabra De Dios
Series Conferencias 2005
Predicado durante una Conferencia Fuegos de Evangelismo/La Espada celebrando los 75 años de la Primera Iglesia Bautista de Habla Española en Brooklyn, NY.
| Sermon ID | 9405165427 |
| Duration | 47:47 |
| Date | |
| Category | Conference |
| Bible Text | Hebrews 4:12-13 |
| Language | Spanish |
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