00:00
00:00
00:01
Transcript
1/0
Santiago 4, versículos del 1
al 10. Voy a leer yo el versículo 1,
hermanos, y así nos alternamos, donde vamos a leer el versículo
2 juntos, y nos alternamos así al versículo 10, ¿ok? ¿Ya estamos
ahí? Amén. Dice así, ¿De dónde vienen
las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No es de vuestras
pasiones las cuales combaten en vuestros miembros? codiciáis
y no tenéis matáis y ardéis de envidia y no podéis alcanzar
combatís y lucháis pero no tenéis lo que deseáis porque no pedís
pedís y no recibís porque pedís mal para gastar en vuestros deleites
o almas adúlteras no sabéis que la amistad del mundo es enemistad
contra Dios cualquiera pues que se quiera ser amigo del mundo
se constituye enemigo de Dios o pensáis que la escritura dice
en vano el Espíritu que Él ha hecho morar en nosotros nos anhela
celosamente, pero Él da mayor gracia. Por esto dice, Dios resiste
a los soberbios y da gracia a los humildes. Someteos pues a Dios,
resistid al diablo, y huirá de vosotros. Acercaos a Dios y Él
se acercará a vosotros. Pecadores, limpiad las manos,
y vosotros los de doble ánimo, purificad vuestros corazones.
Afligíos, y lamentad y llorad. Vuestra risa se convierte en
lloro y vuestro gozo en tristeza. Humillaos delante del Señor y
Él os exaltará. Vamos a orar, Padre. Gracias
por permitirnos nuevamente estar aquí. Gracias por permitirme,
Señor, venir a Nueva York, estar en esta iglesia que celebra 75
años de fielmente predicar a Jesucristo y enseñar y predicar la Palabra
de Dios. Ahora Señor nos hemos congregado aquí para animarnos
unos a otros, para exhortarnos, para Señor seguir adelante haciendo
tu obra. Te pido Padre que nos hables,
que nos enseñes, usa tu siervo como un instrumento en tus manos.
Señor que salgamos de aquí diferentes, que nuestras vidas, nuestros
ministerios sean transformados por el poder de la Palabra de
Dios. Ayúdanos Señor en el nombre de
Cristo, te lo pedimos todo. Amén. tomen asiento hermanos déjenme darle el título de mi
mensaje para que sepamos de antemano de qué quiero hablar mi tema
es o el título es bajo soberbia o bajo la gracia de Dios bajo
soberbia o bajo la gracia de Dios lo que estoy hablando es
bajo qué cobertura estamos la cobertura del orgullo y la soberbia
o la cobertura de la gracia de Dios verdaderamente hermanos
que no podemos hacer la obra de Dios como Dios quiere que
la hagamos si no estamos bajo la gracia de Dios hermano entre
los pastores a veces platicamos y oímos de un ministerio, de
aquel ministerio, de aquel ministerio, de este ministerio y surge comúnmente
la pregunta hermano, ¿no es una carga muy gran? ¿no es eso muy
difícil? y la mayoría de pastores estaríamos
de acuerdo que concluimos que el ministerio es una tremenda
carga. Pero he llegado a la conclusión, hermanos, que cuando estamos
bajo la gracia de Dios, el ministerio no es una carga. A veces me preguntan,
Pastor Parada, qué difícil es pastorear una iglesia del tamaño
de su iglesia y los ministerios que tiene la iglesia. Y hermano,
yo le digo, pues, es normal pastorear cualquier otra iglesia. Y algunos
me miran y dicen, Pastor, ¿de qué está hablando? Hermano, lo
que pasa es que nosotros Hemos tomado el ministerio en nuestras
manos y no estamos bajo la cobertura de la gracia de Dios. A veces
tenemos conferencias y un pastor dice, no puedo ir a la conferencia
porque estoy demasiado ocupado. A veces yo me pregunto, yo sé
que me están viendo ahorita precisamente, esperaba esa reacción de ustedes.
Yo me les quedo viendo y digo, demasiado ocupado, ¿qué tanto
puedes estar haciendo? Si yo pastoreo una iglesia diez
veces más grande que la tuya, yo si tengo tiempo de ir y sentarme
y escuchar predicación. Yo si tengo tiempo para hacer
esto, hacer aquello. ¿Por qué tú no tienes tiempo?
Y es porque los pastores, hermanos, hemos tomado el ministerio en
nuestras manos. A veces cuando salimos, hermanos,
y me están viendo los pastores como que estoy hablando un tema
muy raro, muy extraño, pero está bien. Nos vamos allá y decimos,
Señor, ahí te encargo la iglesia. ¿Sabes lo que estás diciendo?
que mientras tú estás ahí, tú estás en cargo. Y ahora que te
vas a ir, entonces le dices al Señor, Señor, hazte cargo de
la iglesia. ¿Por qué no cuando estás ahí también le das la iglesia
a cargo del Señor? Bajo la gracia de Dios o bajo
la soberbia, hermanos, el orgullo. ¿Alguien está conmigo? Y eso
es en la vida cristiana. Yo sé que no todos los que estamos
aquí son pastores. Pero hay miembros de la iglesia
que la vida cristiana se les hace una carga, hermanos, y se
les hace difícil. ¿Por qué? Porque no la estamos
viviendo bajo la cobertura de la gracia de Dios, sino que lo
estamos haciendo en nuestra propia carne. Vamos a ver algunas cosas
aquí que son importantísimas, hermanos, y creo que tendré suficiente
tiempo para cubrir eso. La vida cristiana, oiga bien,
en la carne, es irónico lo que estoy diciendo, pero la vida
cristiana en la carne, produce pleitos, falta de oración contestada,
falta de gozo, etc., etc., etc. Y todo esto, hermanos, porque
somos cristianos y estamos viviendo en la carne y no produce resultados
espirituales, fíjese bien, nos lleva a nosotros buscar resultados
que aparentan ser espirituales. para de alguna manera convencernos
de que si estamos viviendo victoriosa la vida cristiana. Y empezamos
a producir fruto, nosotros. Pero pasan los años y nos hemos
dado cuenta de que todo lo que hemos hecho y estamos haciendo
no es bajo la cobertura de la gracia de Dios, sino que es en
la carma. Déjenme ponérselo así, en la iglesia, ¿no? Empezamos
nosotros, sabemos que Dios debe bendecir el ministerio, ¿no es
cierto? Él me llamó a mí a servirle a Él. Yo estoy sirviéndole a
Él, pero no veo ningún resultado. ¿Qué empiezo a hacer? Empiezo
yo a producir ciertos resultados. Y eso dura por algún tiempo,
pero después se te vuelve una carga, porque ya no es Dios haciéndolo,
somos nosotros haciéndolo. Y entonces me salí de la cobertura
de la gracia de Dios para entrar a la soberbia, al orgullo, porque
ya no es Dios quien está obrando, somos nosotros quienes estamos
obrando. Y yo sé de lo que estoy hablando porque yo he hecho la
obra de Dios en dos maneras. Yo he hecho la obra de Dios en
la carne y deseo pensar que estoy haciendo ahora la obra de Dios
en el espíritu. Ahora, para el agente común que no puede ver el interior
no ha habido ningún cambio. Pero para su servidor Que conoce,
¿verdad? Y engañarse del corazón, yo sé
eso, pero conozco mi corazón y sé lo que ha pasado en mi mente,
mi corazón y mi espíritu. Aunque la gente no se da cuenta
de lo que pasó adentro, adentro de mí pasó una cosa. Antes yo
lo estaba haciendo, ahora estoy bajo la gracia de Dios. Y además
son presiones que nos ponemos nosotros mismos. Yo llevo 15
años ahí en la iglesia, 15 años y medio. Cuando yo recién comencé
a pastorear, encontraba a un hermano que me preguntaba sobre
mano parada. Ah hermano, está bien, Dios está bendiciendo.
Y la siguiente pregunta que me hacían es, ¿cuántos tienes? Para un pastor joven, hermanos,
que te pregunten cuántos tienes, lo que me están diciendo a mí,
yo mido si es verdad que Dios está bendiciendo, por cuantos
tengas. Eso me estaban diciendo. Eso te hacía, ponía presión de
querer hacer más y tener resultados para cuando me pregunten, entonces
tener algo que responder. Y empiezas a producir y a producir
y a producir, pero ¿cuánto tiempo puede durar así? ¿Alguien está conmigo? Y si usted
es sincero y somos honestos, todos los pastores hemos estado
en un tiempo u otro en esa situación. Ahora, por otro lado, algunos
dicen, bueno pastor, yo soy de acuerdo con usted, yo no tengo
ningún fruto, no hay ningún resultado, entonces yo debo estar bajo la
gracia de Dios. Un momento, si estás bajo la gracia de Dios,
van a haber resultados. Así que no, no, no usen mi mensaje de
excusa por tu falta de producción. Uno de los, para que me entiendan
de lo que estoy hablando, nuestra iglesia, los líderes y obreros
le decimos, vamos a trabajar como que todo depende de nosotros.
Pero vamos a orar sabiendo que todo depende de Dios. ¿Sí me
explico, hermanos? Entonces no estoy usando una
excusa para no trabajar, porque algunos usan eso que yo dije
para una excusa para no echarle ganas, para no sacrificar, para
no esforzarse en la obra del Señor. Por otro lado, estoy en
contra de esforzarse y esforzarte para Dios por un lado. Al punto
que algunos han dicho, en algunos ministerios, si el Espíritu Santo,
si Cristo, si Dios se fueran de ahí, no se darían cuenta,
seguirían como han estado operando todos estos años. Vivimos bajo
tanta presión, hermanos. Y el ministerio se nos hace una
carga, y hay amargura, y hay frustración, y hay desánimos.
Porque si no tenemos el resultado que yo he proyectado, si no tenemos
el resultado de las metas que yo me he puesto, entonces te
frustras, Y por eso hay muchos pastores dejando el ministerio.
Pero si la obra yo la estoy haciendo bajo la gracia de Dios y mi esfuerzo
y sacrifico y mis planes y mi oración, este es otro tema que
tenemos quizás tratarlo más adelante. Pero estoy confiando en la gracia
de Dios. ¿Por qué me voy a desanimar? ¿Por qué voy a estar fracasando?
¿Acaso si estamos bajo la gracia, Dios es un Dios de fracaso? pues necesitamos hermanos estar
bajo la gracia de Dios y al empezar a buscar estas frutos entre comillas
o bendiciones nos convertimos hermanos, véanme acá en personas
soberbias porque sabemos nosotros de que
nosotros estamos produciendo esto hasta llegamos a pensar
que sería de esta iglesia sin que yo estuviese aquí Y yo me he dado cuenta, hermanos,
que mi iglesia funciona mejor cuando yo no estoy ahí. Y todo
pastor honesto reconocería eso, hermano. Ayer hablábamos allá
con el hermano Víctor y decía él que cuando él sale, más gente
viene a la iglesia. Y ese reír, dice, es porque vienen
los miembros a quienes yo les caigo mal. Los miembros van y
le dicen, mira, ven a la iglesia. No va a estar el pastor. Ah,
entonces sí voy a ir. Lo bueno, dice el hermano Víctor, es que
traen su diesmo, ¿no? Esa es una de las bendiciones, ¿verdad?
Hay más asistencia y más diez. Pero hermanos, Dios puede hacer mejor
trabajo que nosotros. Dios puede hacer mejor trabajo
que nosotros. Pero si nosotros lo estamos haciendo, entonces
nos creemos que somos autosuficientes. Y por eso, hermanos, hay demasiada
arrogancia en los pastores. Yo tengo una familia en la iglesia,
que son miembros de la iglesia sólo por una sencilla razón.
Un hermano que es miembro de nuestra iglesia fue al trabajo
y le dijo que él podía venir, salir de su banca, podía venir
y platicar conmigo ahí enfrente. Le dijo, ¿qué? Le pasó para una iglesia de más
de 1200 personas y tú puedes saludarlo? ¿Puedes
hablar con él? ¿Sí, sí? Pues yo conozco otros
pastores con cien, doscientas personas que son intocables,
inalcanzables, porque son el siervo de Dios, el gran varón
de Dios. Se me va la mano parada él, pues
es lo mismo, es normal. Mi hermano me comentaba eso y
dijo, quiero ir a ver, quiero a ver si es cierto. Y el vino
hermano y se dio cuenta, ese gran auditorio, ese montón de
gente, terminamos de orar y yo me vengo para acá, saludo y normal
como que si fueran cualquier otro miembro de la iglesia. ¿Por qué es que nos creemos los
grandes señores? ¿Por qué es que nos creemos superiores a
los demás? ¿Sabes por qué? Porque tú estás haciendo alguna
obra y tú estás teniendo algún éxito, pero cuando tú reconoces
que no eres tú, que no eres nadie, que es la pura gracia de Dios,
la cosa cambia. Hay mucha soberbia en el ministerio.
Bueno, espero que me van siguiendo mis mensajes. No estamos bajo
la gracia, porque empezamos a producir nosotros frutos. Hay algún fruto
y nos creemos que somos algo. Se nos olvida, hermanos, que
Dios resiste a los soberbios. Los olvida eso. Y entonces aquí
está la gente en la carne, en su soberbia, queriendo hacer
y no hacen nada. Por eso les molesta cuando Dios
bendice a alguien. Y empiezan a verlo a uno o a
la persona, y yo lo hice también, y vemos y decimos, ¿yo soy mejor
que él? ¿Por qué él hace eso? ¿Por qué
él hace aquello? Hoy yo voy a demostrar, yo voy a ser más que él. Y empezamos
a tener competencias entre nosotros. Y resulta que te estás matando
y aquel está haciendo más que tú. Y eso te lleva a más soberbia,
a más orgullo. ¿Alguien está conmigo? No te
das cuenta que mientras más orgulloso y más duro te pones de corazón,
¿qué es lo que pasa? Más tienes a Dios en tu contra. Y siendo yo pastor, un cristiano,
un hijo de Dios, ¿tengo a Dios en mi contra? Sí, porque Dios
resiste la soberbia. Yo no quiero tener a Dios en
contra mía, yo quiero tener a Dios a mi lado. Yo quiero estar al
lado de Dios. Entonces tengo que entender que
no soy yo quien va a hacer la obra, tengo que someterme bajo
la cobertura de la gracia de Dios. Y es hermoso, hermanos. Yo no sé si me están entendiendo,
espero que sí. Nuestra iglesia, Mauro Fernández
mencionaba, y debía haber dicho esto antes. Voy a mencionar algunos
testimonios de nuestra iglesia. No para jactarme ni presumirles,
sino para que se manifieste la gracia y la gloria de Dios. Por
favor entiéndanme eso. Pero, llegó un pastor a visitar
nuestra iglesia. Él venía de vacaciones con su
familia. Nos predicó, estuvimos teniendo un buen tiempo. El día
sábado, día viernes, habíamos ido a pasear ahí unos miembros,
a hacer una comida, fuimos a dar un paseo. Y entonces me dijo,
mañana vamos a parar a qué horas es la ganancia de almas, que
era el día sábado. Le dije, hermano, no tienes que
venir a la ganancia de almas. Estás de vacación, disfrútalo,
descansa, levántate un poco más tarde, disfruta con tu familia,
yo voy a ir a cumplir con mis responsabilidades, voy a ir a
visitar algunas personas y después yo me comunico para ver qué hacemos
el sábado por la tarde. hermano yo tengo que ir, yo cada
sábado gano almas hermano yo sé que ganas almas, no tienes
que probarme a mi nada trate vacaciones como quiera el vino,
pero si quieres venir, venga ya tu si crees que te va a caer
un rayo del cielo si no fuiste ese sábado ganar algo, está bien,
venga pero nuestra iglesia no necesita que vengas ni yo necesito
que vengas él llegó hermanos y quizá yo
creo que él vino a comprobar a ver si era cierto a ver si
es verdad que teníamos el número de ganadores de armas que nosotros
decimos tener porque también eso ha pasado mucho hermanos,
los pastores decimos tenemos tantos, tenemos tantos y no están
ahí, es mentira alguien está conmigo? y él vino
a ver hermanos, 350 hermanos salen a ganar armas de nuestra
Iglesia cada sábado Estaba llenísimo en el salón
de cenas, estaba lleno hermano, y el hermano estaba mirando y
estaba diciendo, ¿qué? Terminó la reunión y le despedimos
a los hermanos y él vino a preguntarme, hermano Parada, fíjese la pregunta
de mi hermano. Inocente. ¿Cómo haces, hermano Parada?
Para que venga a ganar almas. ¿Entiende la pregunta? ¿Cómo
haces? Dije, hermano, yo no hago nada.
Es la gracia de Dios. Es Dios obrando en el corazón
de ellos para ellos venir y salir a ganar almas. Es que, hermano,
creemos que si algún producto está sucediendo porque el pasapalabra
es un dictador. Tienes que venir. Látigo. Y hay pasapalabras que
así lo están haciendo. Hasta les ofrecen a la gente
el infierno si no vienen a ganar almas. Y no debe ser así. Yo creo que
podría haber algún resultado si yo lo haría así, y quizás
hasta más vendrían si yo lo haría así, pero ya no estaría bajo
la gracia de Dios, estaría bajo la soberbia, bajo la personalidad,
bajo la dictaduría de mis paradas. Y yo rehúso pastorear una iglesia
que está bajo la soberbia del pastor. Yo quiero pastorear una
iglesia que esté bajo la cobertura de la gracia de Dios. La gente
trabaja con más ganas, sacrifica con más ganas, dan para la obra
con más ganas y no hay cosas que ellos no quieren hacer. No
para el pastor, no para la iglesia, sino para la gloria de Dios.
Yo creo que cada pastor, cada uno de nosotros desea eso de
un miembro de la iglesia. Entonces tenemos que cambiarnos.
Y bajarnos nosotros del trono y
poner al Señor en su trono. ¿Alguien está conmigo todavía?
Pues es introducción, hermanos. Y empiezo a hacer las cosas en
la carne como... mundanamente, hermanos. Y cuando yo empiezo a hacer las
cosas mundanamente, en la carne, en mi orgullo, en mi soberbia,
en mis habilidades, en mi capacidad, yo me pongo como enemigo de Dios. Y la Biblia dice, oh almas adúlteras, ¿No sabéis que la amistad del
mundo, el que sea amigo del mundo, se constituye de un enemigo de
Dios? ¿Y qué irónico es, hermanos,
estar en la iglesia haciendo la obra de Dios y tener a Dios
de enemigo? ¿A causa de qué? ¡De mi orgullo! Hermanos, yo
me he puesto a pensar sobre este tema. ¿Por qué Dios no bendice
a todas las iglesias? ¿Por qué parece ser que Dios
bendice a ciertas personas y a otros no? Si Dios nos llamó y Dios
nos puso ahí, Dios debería bendecirnos a todos. Vuelve nuestra soberbia, hermanos.
Nuestro orgullo. Por eso es que nos quejamos.
Por eso es que decimos, oh, es que mi área es muy difícil. Hermano,
tu área es fácil. La soberbia, hermano, es decir,
oh, Dios está bendiciendo a aquel porque su área es fácil. Porque
si estuviera en mi área, mi área es difícil, hermano. Todas las
áreas son difíciles. La diferencia está si estás bajo
la soberbia o bajo la gracia de Dios. Yo sé que son diferentes las
áreas. Pero si Dios te va a mandar a
una área que es diferente, Dios te va a dar también de su
gracia para hacer la obra de Dios de
ahí donde Él te manda. Pensar en una iglesia aquí en
Nueva York, hermanos, Es una locura. Sin embargo, esta obra
aquí ha estado 75 años. ¿Alguien está conmigo? Y Dios va a dar de su gracia
para bendecir. Dios va a dar de su gracia, no importa donde
esté la iglesia, hermano, para Él mostrar su gloria, su poder
en ese lugar, porque Él nos llamó a nosotros. Hermano, ustedes
y yo somos irrelevantes. ¿Cuándo vamos a entender eso,
hermano? Usted y yo no somos nada. Hermano, Dios pudiera poner
en zombies a un burro, y si tiene la gracia de Dios, puede hacer
más que Luis Parada. Dijo alguien ahí en el DF. ¿Usted es Luis Parada? ¿Sí? ¿Qué
esperabas? Le dije a la hermana, siempre
es una hermanita la que opina así. Yo también la amo a usted, hermana. Pero nos dejamos llevar por personalidad,
porque pensamos que si tienes cierta personalidad, si hablas
de cierta manera, si eres de cierto país, entonces Dios te va a usar. Dios puede usar a cualquiera.
Es más, yo creo que Dios usa a quien menos pensamos para enseñarnos
a nosotros, hermano. Que si Él puede usar a esa persona,
te puede usar a ti. Pero tienes que dejar tu personalidad,
tus habilidades, quién tú eres, y renunciar a ellas, y ponerte
bajo la gracia de Dios. sino el otro día, estoy diciéndole
porque esto me ha ayudado a mí dijo un hermano que se lo he
parado es un burro y un pastor amigo mío me comentó
eso y yo me eché a reír hermano y él me dijo hermano no te molesta
eso que aquel hermano haya dicho eso de ti en una conferencia
y yo dije no me da risa porque
qué tontería venir a una conferencia y en lugar de edificar los hermanos
te pones a decir que aquel es un burro pero sabes por qué me da risa
y me alegra al mismo tiempo porque si yo soy un burro gloria a Dios
porque entonces Dios recibe más la gloria porque nadie humanamente
puede decir no es que ese hermano está pesado no usted puede decir
no hombre ese cuate pobre hermanito ese pues si Pobre hermanito,
gracias. Porque eso muestra la grandeza
de mi Dios. Y va hace mucho tiempo decidir,
hermano, para vivir para la gloria de Dios. Lo que yo piense, lo
que yo diga, lo que yo opine es irrelevante, no importa. Lo
importante es que el nombre de nuestro Señor sea exaltado. Entonces... El que es amigo del
mundo, el que actúa en soberbia en la carne, es un adulto espiritual
y corre el peligro de llenarse hermano de orgullo y vivir bajo
la soberbia y no bajo la gracia de Dios. Entonces ya voy a terminar
en realidad. Es una introducción bien larga
para dar los puntos rápidamente, porque más que importante, capte
tu atención. Que renunciemos al yo. Nos neguemos
a nosotros mismos. Tomemos la cruz. y estar bajo
la gracia de Dios. Hermano, es que yo no puedo imitar
a nadie. Yo puedo ser otra persona. Yo tengo que ser que Dios me
hizo a mí. Y tengo que servirle como Él quiere que yo le sirva.
De la manera que yo pienso, de la manera que yo hablo, de la
manera que yo luzo, en el lugar donde estoy. Tengo que aceptarlo,
hermano. Así me hizo Dios y me puso en el ministerio. Y debo
de reclamarme todas esas cosas hermanos que nos impiden que
con libertad hagamos la obra de Dios. No traten de cerrar
en usted mismo. Pero se toma humildad la verdad.
Porque somos orgullosos. Gracias hermano. Somos todos
aquí orgullosos. ¡Oh no! ¡Pues para que usted
no me conoce! A mí yo soy el más humilde de todos los humildes. ¿Eso te
hace más orgulloso de todos los orgullosos? Porque yo soy orgulloso. Yo soy orgulloso, lo reconozco.
Es mi pecado. Es el pecado de cada uno de nosotros. Pero tú crees mejor, superior. Tú has llegado a pensar, Dios,
¿qué le pasa? ¡No me usa! ¿Qué le pasa a Dios? Y empezamos
hasta blasfemarnos, sin darnos cuenta. a reclamar, a quejarnos. Y no producimos lo que nosotros
creemos que debemos estar produciendo. Por eso empezamos incluso a degradar
a las personas, para nosotros sentirnos más. Qué triste, ¿no? Al criticar
a la otra iglesia, que mi iglesia es mejor, empezamos a compararnos. Se nos va subiendo ese orgullo,
ese ego. ¿Alguien está conmigo? ¿Cómo
acercarnos, cómo asegurarnos, perdón, de vivir bajo la gracia
de Dios? Número uno, son seis puntos rápidamente,
hermanos. Debemos de aprender a someternos bajo la autoridad
de Dios. Ahí en Santiago 4.7, hermano,
dice, ¡Someteos pues a Dios! ¡Someteos pues a Dios! Resistir
al diablo y la de vosotros. Hermano, yo tengo que aprender
a someterme a Dios. A quien debo resistir es al diablo.
Pero tristemente, hermanos, al menos en mi caso así es. Yo estoy
más pronto a obedecer al diablo. Y resisto a Dios. Si usted es honesto, hermano,
también es igual. Estamos más pronto a cometer pecados, más
pronto a obedecer a la carne, antes que obedecer a Dios. Pero
yo voy a aprender a someterme a Dios y decir, Señor, así como
estoy pronto a hacer el mal, ayúdame a estar pronto para hacer
el bien. Resistimos a Dios, hermanos. Es más, la predicación, eso es
lo que es. Es un pleito. Es el predicador tratando de
convencerte a ti que necesitas lo que él te está predicando. Y
tu trabajo como cristiano tristemente es, a ver, convénceme. Y entonces al final, cuando termine
el último round, vamos a ver si tu vienes al altar
para ser noqueado. Pero que te vas a quedar ahí
diciendo, no, no me convenció. Porque la actitud debe ser a
ver qué Dios quiere que yo cambie en mi vida, qué es lo que Dios
quiere que yo deje en el altar, qué es lo que Dios quiere hablarme
y el predicador viene, no importa quién sea mi querido hermano.
¿O estás esperando a tu predicador favorito? Estoy harto como que
si las conferencias fueran una exhibición de ver quién predica
mejor. No es que nosotros lo hagamos así, son ustedes. ¿Quién
va a predicar hoy? O ese sí decimos. ¿Y te gusta? aquel predicador
que no te patea a los cayos el que le anda entre las ramas pero
si viene alguien que te dice eres un vil pecador, orgulloso,
arrepiéntete, ese no te gusta, ay que duro es ¿sabe quién ha
descubierto que son los más rajones los pastores? es que yo no voy
ahí porque predican muy duro y tus miembros están hambrientos
porque alguien les predique duro pero a quien no le gusta, a quien
no aguanta, eres tu pastor Ya se acabaron los mensajes. Hermano Acevedo, hermano Fernández,
si vuelven a invitar esa parada, yo no vengo jamás a las conferencias. Por eso, antes de que ya te vayas
a quejar, te lo estoy diciendo de una vez. Eres un miserable,
eres un orgulloso, eres un soberbio. Te crees demasiado. Eres muy
refinado para nosotros. Y por eso Dios nos está estusando,
ingrato, miserable. Vas a seguir hermano, ahí mismo
donde estás, por tu orgullo. Dios va a dar su gloria contigo,
porque en el momento que Dios te use, te vas a creer más de
lo que crees, te crees ahorita. Si no estás en nada y te crees
mucho, imagínate que Dios te usara. A mí me gusta que sea
claro el mensaje que estoy predicando, que nadie vaya diciendo, ¿qué
habrás querido decir? Y a veces son los más orgullosos
que más se la llevan de que saben todo y dicen, ¿Qué habrá querido
decir? Conmigo nunca vas a andar averiguando
qué es lo que quise decir, ya te lo dije. No hay lugar a interpretación
ni simbolismos. ¿Amén? Uy, uy. Uno no puede decir ni
amén, ¿verdad? Primera de Pedro 5.5 dice la
palabra del Señor, dice igualmente jóvenes están sujetos a los ancianos
y todos sumisos unos a otros, revestidos de humildad porque
Dios resiste a los soberbios y da gracia a los humildes. Bueno, mírenme acá, quiero que
me entienda algo. Yo sé lo que usted está hablando porque yo
soy orgulloso. Y sé cómo te está sintiendo ahorita. Y aunque tú
no lo disfrutes, yo lo estoy disfrutando. Porque te está doliendo, ¿verdad?
Te está cayendo, ¿verdad? Está molesto, ¿no? Yo soy orgulloso, hermano. Yo soy tan orgulloso que he aprendido
a humillarme delante de Dios voluntariamente. antes de que
Él me tenga que humillar. Y me están humillando porque
Él me está humillando ser más humillado porque todos se van
a dar cuenta, Dios está tratando con Él. Soy tan orgulloso que no me gusta
que mi padre me avergüence delante de mis hermanos. Mi padre terrenal, ven para acá.
Yo no iba y mi padre terrenal me agarraba me agarraba de la
oreja y me mandaba enfrente y me pegaba una patada. Yo por no
tener, por no pasar la vergüenza de que cuando mi padre me llamaba,
yo oí porque mis amigos van a decirle, oh tu papá te llama y ya va rápido,
pasaba más vergüenza porque ahora me llevaba patadas. Yo estaba
jugando con mis amigos, una vez pasó, suficiente. Yo miraba a
mi papá aparecer en la esquina, eran las nueve a cierta hora
que yo tenía que llegar, lo miraba en la esquina, nos vemos, le
decía y me iba. Y decía, mira nomás viene el papá y ahí va
rápido. Es que si no me iba, mi papá llegaba donde estuviera
y me agarraba patadas. ¡Ah, sabios! Dios trata así con nosotros. Hijito, arregla esto. Hijito,
¿A quién te manda este burro para que te predique, para que
te arregles? ¿Y por qué? Él está diciendo... ¡Tonto! Le estás humillando y
sometiéndote a parada. Él es un burro que yo mandé,
es una piedra. Que te está hablando porque hasta el burro dejita
hablarte. ¿Alguien está conmigo? ¿A eso
no le molesta decirse burro a piedra? ¡No! ¡Tú te ofendes! ¡No me la
predica ni se ofende, lo toma en personal! Hay hermanos en
mi lenguaje que me dicen pastor, ya solo falta que me digan mi
nombre. Hermano, si supiera tu nombre, lo diría. No te creas.
Nosotros somos bien personales, hermano, mire, yo soy un burro,
soy una piedra, no soy nada, soy un vil pecador. ¿Por qué
a ti te ofende tanto? Es que hace tiempo que decidí
humillarme, di lo que quieras de mí. Se lo doy a Dios. Amén.
Por eso no muchas cosas me preocupan ya. Que me mire así como me está
mirando, me preocupa. Nada. Que usted se ofenda, que no se
usaron las palabras correctas. ¿Dónde le vas a dar cuentas al
Señor, hermano? ¿Qué son las palabras correctas?
Si Jesucristo viniera hoy en día, tú no lo dejarías predicar
en tu público. ¿Por qué llamó generación de víboras hipócritas? Ese pastor predica muy duro,
no tiene amor. Cristo agarra un azote y los azotó. No, yo comparado a Cristo soy
una ovejita. Porque si él estuviera aquí,
hermano, a lo mejor no estaría azotando ahorita. ¿Cómo estamos? Número 2, acércate
a Dios. Santiago 4, 8 dice, acercaos
a Dios y algo que se nos pasa desapercibido y Él se acercará
a vosotros. Hermano, ¿cuántos quieren tener
la presencia de Dios en su vida? Hemos llegado a pensar que si
alguien dice, hermano, yo tengo la presencia de Dios en mi vida.
Oh, que presuncioso. Hermano, eso es lo que Dios está
diciendo. Acercados a Dios. Y cuando yo me acerco a Dios,
vamos a decir que este es el púlpito, vamos a decir que aquí
está Dios, ¿verdad? Esta es la posición donde está Dios. Y yo
empiezo a resistir a Dios. Y empiezo a hacerlo en la carne,
en mis fuerzas. Y hay algún resultado, y sigo
caminando y hay resultado. Pero mira que lejos estoy de
Dios. Y la Biblia dice, acercados a
Dios. Yo me acerco a Él y dice la Biblia que Él se acercará
a vosotros. Pero en realidad Dios no se movió,
hermano. Dios nunca se movió. Somos nosotros
que nos hemos alejado de Él. Pero Santiago está diciendo,
bueno, tú acércate a Dios y no es que Él se acerque a Dios,
Dios también se va acercando a usted. Porque tú te acercas un poquito
nomás, nomás para no caer, nomás para no dejar el ministerio.
¿Y dónde está Dios? Si ya me arrepentí, mira, hasta
fui a la conferencia y caminé un poco. ¿Y dónde está Dios?
Él no vino hacia mí. Hermano, síguele caminando. Mira
la distancia entre tú y Dios se está cortando. Acércate a Dios y Él se acercará
a vosotros. Yo tengo que hacer es acercarme
a Dios. ¿Cómo me acerco a Dios? En oración, la lectura de la
palabra de Dios, la dependencia en Dios. la santidad y me empiezo a acercar
a Dios y gloria a Dios cuando yo estoy bien con Él, Él está
conmigo y si Dios está conmigo, ¿quién contra nosotros? ¿Por
qué nos complicamos la vida, hermanos? Haciendo lo que es agradable
a Dios. Número tres, confesar nuestro pecado. Ahí mismo dice
en el versículo ocho, pecadores. ¿Qué dice, hermanos? Pecadores. ¡Pecadores! ¡Qué ofensivo! ¡Pecadores! ¡Pecadores! ¡Son lo que somos! ¡Limpiar las manos! Hermano, está hablando de confesarnos,
de limpiarnos. Tiempo, me falta ahorita, tengo
que terminar. Primera de Juan 1, 8 y 9. Hermano, la sangre
de Jesucristo nos limpia de todo pecado. Si decimos que no hemos
pecado, le hacemos a Él mentiroso. Y su palabra no está en nosotros.
Y muchos de nosotros, hermano, estamos en pecado. Tenemos soberbias,
pecados escondidos que nadie sabe. Dios sí los sabe. Y cuando
no lo confiesas, le haces a Él mentiroso. Por eso dices, acércate
a Dios, pecador, limpia tus manos. sigue hablando y dice y ese es
mi punto número 4 hablanos de doble ánimo y el
punto número 4 es decidir no vivir para Dios no ser de doble
ánimo mirenme acá doble ánimo quiere decir ser de doble mente miren querido pastor querido
miembro métete de una vez en lo que estás a como me borbandean a mi los
personas que venden seguros seguros. ¡No, no, parada! ¡Pastor, parada!
Queremos que usted me ayude a vender seguros de vida, seguros de estos,
seguros de aquellos, seguros de estos, seguros de estos. Y
le digo, no, soy pastor, estoy tiempo completo en el ministerio.
Me dice, pastor, dice, yo tengo 50 trabajadores, 40 son pastores.
¿Qué? Sí, dice, la mayoría que trabajan
para mí son pastores. Miserable que en lugar de estar
100% en la obra, ganando almas todos los días, andan vendiendo
seguros, tocando puertas para vender seguros para hacer dinero.
¿Sabe cuál es la excusa que me dan? Pastores, que con eso me
sostengo para el ministerio. Bueno, ¿y cómo me sostengo yo? Tú me estás diciendo que Dios
es más capaz de sostenerte a través de vender seguros? Que Dios no
es capaz de... sostenerte por medio de la obra
de Dios. La palabra de Dios lo dice, ¿no?
El que trabaja en el ministerio vive en el ministerio. Pero tú no puedes
vivir en el ministerio, no te vas a bendecir de esa manera
porque no estás trabajando en el ministerio. Tienes un ministerio,
pero no estás trabajando en el ministerio. Hoy se me quedaron
en silencio. Pastor, es que usted no sabe
las necesidades de usted porque pasó en una iglesia grande, pero no siempre
fue así, hermanos. Decídete de una vez para Dios.
¿Alguien está conmigo? Vosotros de doble ánimo, purificar
vuestros corazones. Hermanos, ¿por qué dice Dios
así? Porque en Santiago 1.8 dice que el hombre de doble ánimo
es inconstante en todos sus caminos. Tu problema es tu problema de
decisión. Mírenme acá, hermanos, cuando tú tomas una decisión
por Cristo, una decisión que es dada por el Señor, no hay
nada que te va a detener. Cuántos son llamados, entre comillas,
al ministerio y jamás llegan al colegio bíblico, jamás se
gradúan del colegio bíblico y jamás llegan al campo misionero. Y ese es Pastores. Dios decía de Manuel Álvarez
anoche, Yo no sé cuántas iglesias más necesitamos con las que nos
pongamos a trabajar. En Monterrey, hermanos, dicen
que hay más de 500 iglesias. ¡En Monterrey! ¿500 iglesias y tú dirías hay un avivamiento
en Monterrey? ¡Para nada! ¡Una bola de flujo! Y está uno ahí que está haciendo
la obra, otro grupito que está haciendo la obra, y ya creemos
que eso es todo, ¿verdad? Y en lugar de ponernos a trabajar,
a decidirnos por el Señor, andamos criticando a aquel que está haciendo
algo más de lo que yo estoy haciendo. ¡Decidámonos! ¿De dónde viene
usted, hermano? ¿De qué lugar es usted? ¿De qué
país es? ¿De qué lugar es? ¡Decídase! Yo no sé usted, usted
no puede hacer nada en mi ciudad. Yo no puedo hacer nada en su
ciudad. Decídase usted que lo va a hacer. Deja andar de doble
ánimo, está aquí o está allá. ¿Qué va a hacer? Cristiano, miembro
de la silencia, ¿qué va a hacer, hermano? ¿Por qué es de doble
ánimo? A veces sí, a veces no. Al menos
yo tengo miembros así. Yo no sé si contar con ellos
o no. Son de doble ánimo y son inconstantes en la iglesia, son
inconstantes en su trabajo, son inconstantes con su familia,
son inconstantes en sus finanzas. Nunca llegan a nada. Por eso
si vamos a humillarnos tenemos que someternos bajo la autoridad
de Dios, acercarnos a Dios, confesar nuestro pecado, decidirnos de
una vez para Dios. Cinco, lamentar nuestro estado
espiritual. Lamentar nuestro estado espiritual.
de orgullo, de pecado, de estado espiritual de autosuficiencia.
Mira lo que dice ahí Santiago 4, 9. Afligíos y lamentad y llorad,
vuestra risa se convierte en lloro y vuestro gozo en tristeza. No nos falta lamentar nuestra
condición. Mírenme acá, ¿saben qué es lo más triste de todo
esto que estoy hablando? Que por la gracia de Dios cada
uno de nosotros está siendo examinado. Pero no todos nos vamos a fingir.
No nos duele. No nos molesta. Qué triste es cuando Dios ya
no nos habla. Por eso es afligidos. Yo no sé hermanos, yo lo he pensado
muchas veces, si yo pudiera vivir y estar en el ministerio, si
no estuviera viendo la mano de Dios en el ministerio. Eso me trae, ya voy terminando,
pero no quiero caer en el error de estar produciendo algo para
mantenerme en el ministerio. Lo que estoy hablando es que
si yo no veo la mano de Dios, yo tengo que examinarme. Tengo
que afligir mi alma. No para quedarme deprimido, sino
para decirle, Señor, ¿por qué no está Tu mano en el ministerio? ¿Por qué la gente no está siendo
salva? ¿Por qué la vida no está siendo cambiada? Señor, ¿qué
está pasando? Señor, tengo un aparente gozo.
Estoy llorando porque sé que no es del Señor. unos pastores
deprimidos, frustrados. ¿Por qué? ¿Por qué hubo un tiempo
que nos creímos que éramos alguien? ¿Por qué no nos humillamos? ¿En
lugar de estarnos riendo y burlándonos interiormente, por qué no decimos
es cierto, es para mí, esto Dios me está hablando a mí, el predicador
es irrelevante, Dios me está hablando, hay algo que yo necesito,
quiero y necesito. Por favor, que quede obvio, Señor,
que es algo que Tú has hecho. Si no es obvio para los demás,
Padre, yo quiero que por favor sea obvio para mí. Y el Señor ha sido maravilloso.
Hace unas semanas yo me levanté muy gozoso, muy contento, Yo
estaba preparándome, me estaba rasurando y preparando, diciendo,
Gloria al Señor, hoy va a ser un día tremendo. Y yo me levanté
de esos días que uno se levanta bien positivo, con el gozo del
Señor. Y dije, oh, va a ser tremendo.
El mensaje estaba tremendo, yo estaba bien emocionado por el
mensaje. Y hermano, llegando a la iglesia, esos dos, esos
domingos, los pastores saben de qué estoy hablando. Todo salió
mal. La música salió mal, el sonido
salió mal, el aire acondicionado salió mal, el hermano salió mal,
todo estaba saliendo mal. Ustedes nunca han pasado un domingo
así, ¿verdad? Ustedes tienen que conocer mi iglesia, hermano.
Mi iglesia es una iglesia bien organizada. Casi todo se lleva
a la perfección. Aunque la gente no se da cuenta,
yo me estoy dando cuenta. Y a veces es una debilidad, porque si yo
confío en eso, eso afecta a mi espíritu. Y así estaba ese día. Estoy confesando mi pecado. Yo
le dije, Señor, en la cara no tengo ganas ni de predicar. Tengo
ganas de regañar. Tengo ganas de sacar mi frustración. Pero, Señor, yo voy a confiar
en Ti. Le voy a ser sincero. Yo dije, voy a leer mi texto. Voy a predicar lo más rápido
que pueda. Así oramos. y nos vamos y se acabe esta agonía. Nunca te he sentido así Pastor. Y voy a reagruparme y en la tarde
predicamos a ver que pasa en la tarde. Usted nunca se ha sentido
así. Pero yo doy clase en el instituto
y enseño la clase de predicación. y una de las cosas que yo enseño
en una de mis lecciones es haz tu bosquejo de lo que Dios te
está dando mientras estás en el estudio y anota ahí que te
impactó y yo tengo todo en mi bosquejo ahí y le digo Señor
yo voy a confiar, no en mí y siempre he confiado en el Señor pero
así le dije yo al Señor voy a confiar en Ti voy a depender de lo que
Tú me hablaste a mí, lo que me enseñaste en el estudio porque
las cosas ahora han cambiado y en la carne no me siento pero
no vamos por sentimientos, voy a ir confiando en ti. Pero sin
embargo prediqué punto uno, dos, tres, vamos. Si usted me preguntara qué predicó,
no sé. Solo fui fiel a seguir mi bosque,
fui confiando en el Señor. Cuando hice la invitación, yo
hice la invitación así. ¿Quién quería hacer el trabajo
físico? Nadie, ok. ¿Quién? Nadie. Vámonos, volvemos. Así empezaba
a terminar yo. Alguien levantó la mano para
hacer salvo. otro levantó la mano para hacer salvo, otro levantó
la mano, casi me daban ganas de acercarme y decirle, ¿de verdad?
Mano, ese día tuvimos no se cuantos salvos en la iglesia, se bautizaron,
se bautizaron trece personas y un montón de hermanos vinieron
a decirme, Pastor, gracias por el mensaje, ¡qué bendición fue!
Yo dije, ¿y qué prediqué? Oh, era el Señor otra vez diciendo,
este es mi iglesia, este es mi hogar, No creas que te bendigo
cuando tú te sientes bien, o te voy a dejar de bendecir cuando
tú te sientes mal. Parada, tú eres un cero a la izquierda. Tenemos que aprender a humillarnos
delante del Señor. Hermano, ¿estamos bajo la gracia o estamos bajo
la soberbia? Constantemente tengo que yo salirme
del asunto y decirle, Señor, perdóname Señor, Ahora, yo entiendo
mis responsabilidades. No soy un baquetón que nomás
deja las cosas que vayan así. Yo entiendo mis responsabilidades.
Pero sé que aún dentro de mis responsabilidades, quien es el
responsable y quien es el que está a cargo, el que está a mando,
y que yo soy un simple trabajador, un simple obrero en su obra,
es el Señor. Hermano, ¿qué es lo que usted tiene que dejar
al Señor en esta mañana? Yo no sé qué área es. Si yo me he concentrado
más en el ministerio, Disculpen pastores por a veces ponerlo
en situaciones así, a veces delante de sus propios miembros. Pero
yo he aprendido hermano que antes de ser pastor soy cristiano. Y si hay miembros de mi iglesia
y Dios me habla a mí, yo me tengo que tragar mi orgullo. Yo tengo que ir al altar. ¿Cuántas
veces el diablo me ha dicho? No vayas. Si vas al altar, ¿qué
van a pensar tus miembros? Si es que tengo que decirle al
diablo, quítate de aquí diablo. A mi no me interesa lo que los
miembros piensan. Lo que me interesa es lo que Dios sabe. Y si Dios
sabe que estoy mal, entonces yo tengo que ir al altar y arreglar
ese asunto con Dios. Y el Señor, el que se humille
en los secretos, te va a exaltar en lo público. No es una paradoja. En el cristianismo
para ir arriba tienes que ir hacia abajo. Y si tú te quieres
enaltecer, el Señor se va a encargar de bajarte. El diablo quiso ir
hacia arriba, y el Señor lo mandó a lo más profundo del abismo. El Señor dice, humillate, y yo
te voy a exaltar. 1 Pedro 5,6, cuando fuere tiempo. No en mi tiempo. Esa es otra
cosa, sino en el tiempo del Señor. Y qué hermoso es, sea alguna
exaltación cuando sabemos que es del Señor. Vamos a orar, hermanos. Padre Santo, ayúdanos. Nos ponemos en tus manos, Padre,
obra maravillosamente. Hermanos, no hay tiempo de venir
al altar, pero si tú dirías, Pastor, ore por mí, Dios me habló
a mí. Habrá tiempo en la última predicación. Pero tú levantarías la mano en
una señal de humillación, un simbolismo de humillación delante
del Señor. Yo quiero pedir a Dios por ti.
Levanta tu mano. Cuánto ya Dios me ha hablado
a mí. Dios les bendiga, Dios les bendiga, Dios les bendiga,
Dios les bendiga. Oh Padre Santo, obre el corazón
de cada uno. Tú eres grande, Tú eres maravilloso.
Tú eres el Rey de reyes, el Señor de señores, el principio y el
fin. Tú eres digno, Señor, de toda
gloria. Nosotros te la damos en este momento. Padre, sigue
obrando en medio de nosotros y usa el predicador. Háblanos,
humillanos en tu presencia y que seamos lo suficientemente cristianos
para reconocer que no es palabra de hombre, es palabra de Dios.
Ayúdanos, Señor, cambia nuestras vidas, nuestros ministerios.
En el precioso nombre de Cristo, te lo pedimos todo. Amén.
Bajo Soberbia O Bajo La Gracia De Dios
Series Conferencias 2005
Predicado durante una Conferencia Fuegos de Evangelismo/La Espada celebrando los 75 años de la Primera Iglesia Bautista de Habla Española en Brooklyn, NY.
| Sermon ID | 940516403 |
| Duration | 53:03 |
| Date | |
| Category | Conference |
| Bible Text | James 4 |
| Language | Spanish |
Documents
Add a Comment
Comments
No Comments
© Copyright
2026 SermonAudio.