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Marcos, capítulo 7, versos 31
al 37. El tema del mensaje en esta mañana,
Dios todo lo hace bien. Dios todo lo hace bien. Nos dice
así la palabra de Dios. Volviendo Jesús a salir de la
región de Tiro, pasó por Sidón y llegó al mar de Galilea, atravesando
la región de Decapolis. Y le trajeron a uno que era sordo
y tartamudo, y le rogaron que pusiera la mano sobre él. Entonces
Jesús, tomándolo a parte de la multitud, a solas, le metió los
dedos en los oídos y escupiendo, le tocó la lengua con la saliva. Y levantando los ojos al cielo,
suspiró profundamente y le dijo, Efatá, esto es, ábrete. Al instante se abrieron sus oídos
y desapareció el impedimento de su lengua y hablaba con claridad. Jesús les ordenó que a nadie
se lo dijera, pero mientras más se lo ordenaba, tanto más ellos
lo proclamaban. Y estaban asombrados en gran
manera y decían, todo lo ha hecho bien. Aún a los sordos hace oír
y a los mudos hablar. todo lo ha hecho bien. Y ahí
es que tomamos el tema para el sermón en esta mañana. Oremos
al Señor. Padre bueno y Dios, Tú que moras
en las alturas de los cielos, a Ti te damos la gloria y la
honra porque nos das, Señor, este honor de nosotros estar
preparados para recibir Tu Palabra. Te suplico Señor de que tu palabra
pueda ser correctamente trazada, dame la sabiduría para hacerlo
conforme a tu divina voluntad, la unción de tu Espíritu Santo
para que sea tu Espíritu Santo quien hable a los corazones que
han de escucharla. y que de una forma u otra todos
podamos ser edificados a través de esta palabra. Pero te pedimos
misericordia, Señor, para que tú traigas aliento a nuestras
vidas a través de este tema de que tú todo lo haces bien, no
hay nada que hagas mal ni falle en el camino, tú todo lo haces
bien y que así podamos verlo en toda situación Padre. Pero
también que estas palabras que suplicamos puedan ser un instrumento
que tú uses para traer la fe a los que le escuchan, el arrepentimiento
para los que no te conocen, la conversión, el nuevo nacimiento,
señor, orando de una manera eficaz al ser proclamada esta palabra. Esto te lo suplicamos, señor,
en el nombre de Cristo Jesús, nuestro Salvador. Amén y Amén. Pueden sentarse, mis hermanos.
Dios todo lo hace bien. Yo quisiera iniciar la reflexión
de esta mañana con una pregunta para usted. ¿Cree usted que Dios
todo lo hace bien? ¿Cree usted que Dios todo lo
hace bien? ¿Cree usted de todo corazón que Dios todo lo hace
bien? ¿Todo? ¿Absolutamente todo? ¡Gloria
a Dios! Pues permítame decirle que efectivamente
Dios todo lo hace bien. Veamos al comienzo de la creación. Génesis capítulo 1, verso 31,
¿qué nos dice? Dios vio todo lo que había hecho
y era bueno en gran manera. Y fue la tarde, y fue la mañana,
el sexto día. Sin embargo, cuando la Sagrada
Escritura usa el término bueno para referirse a la creación
de Dios, significa que no hay nada que pueda igualar o mejorar
lo que Dios hizo, porque simplemente lo que Dios hizo es perfecto. Cuando decimos entonces que Dios
todo lo hace bien, decimos que todo lo hace perfecto, que todo
lo hace completo, con el propósito de manifestar precisamente que
Él es perfecto. Amén. Teniendo esto en mente,
entonces miremos nuestro texto de Marcos, y a la luz del último
verso de la porción de este capítulo y de este estudio, reflexionemos
en todo el pasaje que hemos leído, afirmando que Cristo Jesús, que
también es Dios, todo lo hace bien. Amén. En primer lugar decimos
que Dios todo lo hace bien por ser Él quien da fe a los Suyos. Él es quien da fe a los Suyos. Vimos en los versos anteriores
el ejemplo de esa fe que fue recompensada con lo que ocurrió
y que vimos el domingo pasado en la mujer Sirofenisia, ¿se
acuerdan? como esta mujer se acercó a Jesús
implorando su favor para con su niña, y a pesar de que Jesús
sí le dijo que él solamente había venido, que no era bueno darle
las migajas a los perrillos, ella con esa fe, que era el mismo
Señor que le había dado, dijo sí, pero aún los perrillos comen
de las migajas que caen de las mesas de los hijos. Tremenda
fe, mis hermanos. Y en esta mañana nosotros vemos
otro jazo de fe con un hombre sordo, un hombre tartamudo. Ambos jazos nos muestran a Dios
dando fe a personas necesitadas, atrayéndolas a Él y mostrándole
el Señor su gran bondad. Pero recordemos, mis hermanos,
que el Señor Jesús no estaba precisamente yendo por ahí a
ver a quién Él podía curar de una enfermedad o liberar de alguna
posesión demoníaca. Recordemos, mis hermanos, que
esto ocurre en una época de retiro en una época donde él se ha alejado
de las grandes multitudes, donde él quiere aprovechar este tiempo
para estar a solas con sus discípulos, para edificar la fe de sus discípulos,
por medio de la instrucción, por medio del compañerismo, no
es que él está haciendo estas proclamaciones de estos falsos
predicadores de estos tiempos, Y qué hermoso privilegio, mis
hermanos, el que nosotros hoy tenemos en esta mañana, en este
lugar, de participar de este privilegio de recibir la instrucción
y el compañerismo del Señor por medio de lo que es la predicación
de Su Palabra y lo que es cada cierto domingo también la participación
del sacramento de la Cena del Señor en la cual el Señor nos
invita a su mesa, a todos, diciéndonos a nosotros, éste es mi cuerpo,
que por ustedes es partido, hagan esto en memoria de mí. Y que
cuando también el Señor nos dice que ésta es la copa del nuevo
pacto, que es precisamente en representación de esa sangre
que ha sido derramada por cada uno y a favor de cada uno de
nosotros. Tristemente, tristemente, hay
algunos que menosprecian estos medios de gracia, no participando
de ellos o haciendo mal uso de estos medios. Y por esa razón
hay algunos, como decía también el apóstol Pablo en 1 Corintios
11.30, que algunos estaban enfermos y algunos también dormían a causa
de eso. Pero gloria al Señor que nos
da este privilegio de participar de ello, de poder nosotros ser
expuestos a Su Palabra, de nosotros poder recibir estas sanas enseñanzas,
que no son de parte de un hombre ni porque tenga las habilidades
ese hombre como soy yo de dar alguna enseñanza sobrenatural
ni especial, sino sencillamente el esfuerzo que hacemos de irnos
a la Palabra, estudiar la Palabra y exponerla tal como la hemos
recibido. Pero no sólo a los doce estaba
dando fe el Señor, no solamente él aprovechaba esos tiempos para
estar a solas con sus discípulos, a pesar de ello, a pesar de que
él quería sacar estos tiempos, también nosotros vemos que a
los necesitados que venían y eran atraídos por él, por haber escuchado
acerca de las obras poderosas que él hacía, acerca de sus enseñanzas
a las multitudes, a causa de las obras de sanidad y liberación,
a causa del cuidado que él había mostrado para las multitudes
que estaban como ovejas sin pastor, que eso lo hemos visto en toda
esta serie, en toda esta serie hasta ahora, y nos dice la palabra
que todo esto que estaba haciendo Jesús llegó a oídos de muchos,
así que por medio de sus enseñanzas Jesús que es Dios estaba dando
fe a los suyos. Eso es lo que nosotros vemos
en todo esto mis hermanos. Dios hacía milagros, Dios sanaba,
Dios libertaba de la cautividad de los demonios a todos los que
venían a Él. Dios proveía el alimento a los que estaban necesitando
alimentarse en un momento dado, pero todo era en el transcurso
de las enseñanzas. que Él manifestaba en primera
instancia a Sus discípulos y luego a quienes, a las multitudes,
a los que se acercaban a Él. Y nos dice el pasaje que ahora
Jesús ha venido a lo que es la región de Decapolis. Este es
un término que representa una especie de distrito o confederación
de ciudades. De Cappolis habla de 10, es decir,
que habían 10 ciudades ahí en esa región que en su mayor parte
eran ciudades gentiles, es decir, que no eran judíos, pero que
también había alguna población judía en esa zona. Y en la zona
sur de esta confederación de ciudades, hubo un hombre que
estuvo endemoniado y fue liberado por el Señor, y luego fue a contar
cuán grandes cosas había hecho Dios con él y cómo había tenido
de él misericordia. ¿Se acuerdan cuando hablamos
de este hombre, del endemoniado? Es en esta misma región donde
está ocurriendo el acontecimiento que nosotros hemos leído en la
porción de esta mañana. Entonces, ¿qué aprendemos de
allí? Que definitivamente, real y efectivamente,
correctamente, la fe viene por el oír, por el oír la Palabra
de Dios. Es por medio de las enseñanzas
que nosotros recibimos acerca del Señor que Dios da fe a los
Suyos. aún en medio de la miseria humana.
Eso es bueno que nosotros lo entendamos. No sabemos cuánto tiempo estuvo
este hombre enfermo. Nosotros sólo sabemos que no
podía oír y tampoco hablar, a lo mucho tartamudear. Este hombre
no podía expresar, como dice el salmista en el Salmo 89.1,
por siempre cantaré de las misericordias del Señor, con mi voz cadaré
a conocer tu fidelidad a todas las generaciones. No podía hacer
esto, estaba imposibilitado de hacerlo. Pero en medio de esta
condición, hubo quienes oyeron que Jesús estaba ahora en la
región y había oportunidad de bendición para este hombre. Y precisamente porque había esta
oportunidad, le trajeron a Jesús, le rogaron al Señor que pusiera
sus manos sobre él, seguramente para que lo bendijera, quizás
esa era la meta. Hay algunos comentaristas que
dicen que no estaban esperando el milagro de sanidad, solamente
lo trajeron para que él pusiera sus manos sobre él, no dice para
que recibiera sanidad, para que le trajera alivio a su vida,
que como la de muchos, también de nosotros, ha estado totalmente,
estuvo totalmente miserable sin Cristo y está totalmente miserable
sin aquellos que están sin Cristo. Todavía hay muchas personas allá
en el mundo que no pueden cantar de las misericordias de Dios,
que no saben o que no han entendido y reconocido la fidelidad de
Dios, y aunque no están físicamente sordos o mudos, espiritualmente
están muertos, están sordos. espiritualmente hablando, no
oyen, no quieren oír la voz de Dios, pero aquí hay esperanza
también para esas personas, pero hay esperanza para esas personas
de igual forma. Jesús hoy también puede traer
alivio, puede bendecir, puede tener misericordia de la miseria
humana. Y si usted, si usted ha sido
objeto de esa misericordia del Señor, el mayor bien que usted
puede hacer a su prójimo, a su amigo, a su compañero de estudio,
a su compañero de trabajo, a su vecino, a su familiar, es presentarle
a Jesús. es llevarle a Jesús, porque solamente
Él puede cambiar la condición miserable del pecador imposibilitado
de alabar a Dios, de reconocer la fidelidad de Dios. Solamente
es Él que puede hacer el cambio y usted tiene en su haber la
posibilidad de presentarle a Jesús a esa persona e invitarle a que
venga, a que se acerque y diga ¡ven! hay oportunidades para
ti ven a Jesús acércate a Jesús escucha de lo que Dios está haciendo
y de lo que Dios puede hacer en tu vida es nuestro deber es
nuestra responsabilidad es nuestro llamado y debemos de hacerlo
así la gente tiene que oír de Jesús y es de nosotros No esperes
que lo vea de otra gente. No lo puede oír de alguien que
no tiene a Cristo, no lo puede oír de una secta. No lo puede
oír de un idólatra. No lo puede oír de una persona
que no conoce la palabra. Es de usted que el Señor le ha
dado a usted la oportunidad de conocerle a Él. Si es que realmente
le ha conocido y si no le ha conocido, usted todavía está
en una buena oportunidad de venir a los pies del Señor, de acudir
al Señor, de buscar el auxilio divino y decir al Señor, ten
misericordia de mí, ten piedad de mí y trata conmigo. Precisamente
lo segundo que aprendemos de este pasaje es que Dios hace
todo bien y que Él trata personalmente con los Suyos. Él trata personalmente
con los Suyos. Nos dice el texto que unas personas
trajeron a este hombre a Jesús para que pusiera sus manos sobre
Él. Pero Jesús no actuó como ellos
esperaban, sino que nos dice la palabra que Él lo tomó a parte
de la gente. No sabemos por qué, no lo explica
el pasaje. Él lo tomó a parte de la gente.
Y yo le digo a ustedes, mis hermanos, no se afanen ustedes si el Señor
no responde como usted espera que Él responda. Algo mucho mejor
ha de hacer en su vida. confíe en el Señor. Él es poderoso
para hacer todas las cosas mucho más abundante de lo que pedimos
o entendemos, nos dice su palabra. Pero también debemos de decir
en este punto que no podemos darle órdenes a Dios. Él es quien
nos da órdenes a nosotros para que la cumplamos. Dios sabe mejor
que nosotros, Dios sabe mejor que nosotros lo que necesitamos.
Usted sabía eso y lo que necesitan sus familiares. lo que necesitan
sus hermanos en la fe, sus conciudadanos, etc. Nosotros no tenemos que
decirle a Dios cómo tiene que hacer tal o cual cosa. Él sabe
perfectamente todo. Simplemente roguemos al Señor
por su misericordia. Simplemente roguemos al Señor
y digamosle al Señor, hágase tu voluntad, tanto así como en
el cielo, así también en la tierra. Es así que debemos de orar al
Señor. ¿Por qué? Porque Dios hace todo bien. Él trata personalmente con los
Suyos. ¿Por qué? Para que los Suyos
lo miren sólo a Él. Aprenda eso. Seguramente este
hombre estaría más cómodo aparte Quizás eso era, y por esa razón
este hombre es objeto del tierno y solícito amor del Señor. Quizás fue por eso. Quizás no
tendría distracción alguna y tendría la oportunidad de estar a solas
con su Maestro y de verlo actuar en su vida. Lo cierto es que
él no sabía lo que iba a hacer. lo que el Señor iba a hacer,
pero lo importante era que Jesús estaba con Él. La pregunta, mis
hermanos, que nosotros tenemos que tomar como referencia para
nosotros, ¿cuántas veces este hombre habrá llorado?, ¿cuántas
veces este hombre se habrá llenado de rabia, de frustración?, ¿Cuántas
veces Ud. lo ha hecho? ¿Cuántas veces Ud. se ha sentido solo e incomprendido,
cansado y sin esperanza? ¿Cuántas terapias, cuánto tratamiento
quizás muy primitivo tuvo este hombre para corregir su problema
del habla, su limitación? No lo sabemos, pero en ese momento
Él estaba con Jesús. Él estaba con Jesús. Nosotros
debemos de comprender que el Señor usa aún las dificultades,
los tropiezos y los fracasos de sus hijos, de los hijos de
Dios, para Él enseñarnos a depender de Él, para que aprendamos a
mirarlo sólo a Él. hasta que no aprendamos a mirarlo
sólo a Él y a depender de Él, iremos de fracaso en fracaso,
seguiremos metiendo la pata. No aprenderemos hasta que aprendamos,
valga la redundancia, a mirarlo sólo a Él, para que aprendamos
a reconocer nuestra necesidad de Él. No se dice, mis hermanos,
el texto no lo dice que este hombre argumentara o tratara
de hablar al Señor. Simplemente no podía hacerlo,
no tenía como hacerlo. Simplemente este hombre tenía
que abandonarse al Señor, al cuidado del Señor. Y eso es precisamente
reconocer su necesidad. Y eso es lo que nosotros debemos
de hacer también. Tenemos que aprender a descansar en el Señor.
Tenemos que aprender a poner nuestra confianza en el Señor,
a esperar en Él. Aprender a entender de que no
podemos hacer nada, que solamente el Señor es el único que nos
puede ayudar. Este hombre ni siquiera podía hablar, ni siquiera
podía expresar su dolor con sus labios. pero Él estaba delante
de Aquel que todo lo sabe, que todo lo escudriña, que no hay
pensamiento que se esconda de Él. Dios debe, mis hermanos,
tratar con sus hijos de manera particular. Si usted es hijo
de Dios, Dios trata con usted de manera particular. A pesar
de que el Señor nos llama en una relación de pacto, que es
lo que hacemos a través de esta vida en comunidad, que es la
Iglesia, Dios debe de dar a cada uno de nosotros esa fe personal
para que podamos así vivir en la Comunidad del Pacto. Por esa
razón es tan importante, mis hermanos, no solamente esperar
el domingo para leer la Palabra, no solamente esperar estas horas
para leer una porción de las Escrituras, por esa razón es
tan importante que usted, aparte tiempo consciente planificado
y dedicado a la lectura personal e íntima con el Señor, Usted
debe de aprender eso. Y por esa razón muchas veces
el Señor lleva a los creyentes, a usted y a mí también, a situaciones
en las que definitivamente ya no podemos hacer más nada, ya
no podemos hacer más nada, y lo único que nos queda es venir
y estar delante de nuestro Señor, delante de nuestro Salvador,
para que entonces ahí experimentemos la salvación del Señor. Ahora, mis hermanos, ese hombre
que nos habla Marcos, si usted regresa a los versos 33 al 35,
aquí este hombre va a experimentar la salvación de Dios de una manera
personal. A causa de que sus oídos no pueden
escuchar la voz del Señor, por esa razón es tocado por las manos
del Salvador, su lengua está atada pero es tocado por aquel
que hizo al mudo. Este hombre ve que Jesús sana
sus oídos, este hombre ve que Jesús sana su lengua por el poder
del Dios Todopoderoso al cual invoca para decir a este hombre
esta palabra que encontramos allí. ¿Cuál es la palabra que
Jesús usa? ¡Qué fatal! ¡Ábrete! ¡Sé sano
completamente de tu enfermedad! Él inmediatamente nos dice en
las Escrituras, sus oídos son abiertos y es soltada la atadura
de su lengua, de tal forma que él habla completamente bien,
sin necesidad de terapia alguna. ¿Por qué? Porque Dios todo lo
hace bien. Ahora, este hombre ya está capacitado
para proclamar las misericordias del Señor y ya está capacitado
para cantar con el Salmista, hablar de las misericordias del
Señor y de su gran fidelidad. Y una pregunta que surge para
nosotros en esta mañana, ¿ha usted experimentado la salvación
de Dios de manera personal? ¿Sí o no? No hablo de un mero
conocimiento intelectual, No hablo de que usted conoce las
doctrinas de la gracia, no, sino que hablo de ese entendimiento,
de esa condición miserable, de esa necesidad que usted tiene
de Dios, de ver a Dios obrando en su vida como el Señor. Si usted tiene ese entendimiento
porque el Señor ha abierto sus oídos para escuchar esto, ha
abierto sus ojos para que vea las maravillas de Dios en su
palabra, para que así usted pueda comprender la voluntad de Dios
que está revelada en su palabra, y el Espíritu Santo aplicando
esas verdades a su corazón, le ha llevado entonces a usted no
quedarse de brazos cruzados, sino le ha llevado a que usted
proclame las maravillas de la salvación de Dios. Si usted es
hijo o hija de Dios, usted puede estar seguro de que Dios hace
todo bien y que va a tratar de manera particular y personal
con usted para que usted experimente su salvación, la salvación del
Señor, y entonces usted sea capacitado para vivir esa salvación en medio
del pueblo del pacto, que es la Iglesia, en medio de la familia
de Dios, que es la Iglesia, pero cuando usted salga de este lugar
también lo va a proclamar con sus labios al mundo. Si usted
ha recibido la gracia del Señor, el don de la salvación, usted
no va a ser egoísta para quedarse con ello. Usted va a compartirlo
a otros. Otros necesitan ser beneficiados
de esto que ha recibido. Eso es lo que nosotros vimos
en el endemoniado. Esto es lo que nosotros vimos
en esta mujer sirofenicia. Y esto es lo que vemos ahora
también en este hombre sordo y mudo. no se quedaron con la
bendición guardada, no actuaron de forma egoísta, sino que también
estuvieron dispuestos a dar a conocer a otros lo que el Señor había
hecho en su vida. Y así usted también debe de hacer. En tercer lugar, Al decir, Dios
todo lo hace bien, también decimos que Dios muestra claramente su
voluntad. Esto es lo tercero que podemos
aprender en esta mañana. Dios muestra claramente su voluntad. Los versos 36 y 37, puede usted
ir allí, nos indican allí que Cristo dio instrucciones bien
precisas a los que presenciaron ese milagro, instrucciones bien
precisas. Recordemos, mis hermanos, que
el Señor no vino para ser un milagrero o curandero, sino para
mostrar que Él es el Salvador enviado por Dios el Padre. y
que se aproxima el tiempo de su muerte en donde él mostrará
su gloriosa salvación. Tenga eso pendiente. Usted tiene
que irse al contexto histórico en el cual se dieron estos acontecimientos. Y es por esa razón que en ese
momento él prohíbe qué cosa. ¿Qué prohíbe Cristo? Versos 36
y 37. Exactamente. Que proclamen abiertamente
el milagro realizado. Él le ha demostrado a ellos que
Él es Dios, que Él hace todo bien, ha obrado bien con ellos. Por lo tanto, ellos debían de
creer su dicho. Él dio su Palabra y este hombre
quedó sano. No fue el hecho de tocar los
oídos, no fue el hecho de tocar la lengua lo que produjo su sanidad,
fue su Palabra la que al instante le sanó. Acuérdense, ¿cuál fue
la Palabra? Ábrete, efatá. Fue una sola palabra,
tal como fue la palabra de Dios la que creó el universo. Acuérdese,
eso lo vemos en Génesis. Dios dijo, Dios habló y así ocurrió. Entonces se ha demostrado que
lo que dice, se hace, se cumple. Dios no puede mentir, Dios no
incumple sus promesas, ni rompe su pacto como solemos hacer nosotros.
Así que no hay razón alguna para que no creas a su dicho. Dios
es bueno, lo que dice es bueno. Por esa razón usted debe de hacer
lo que Dios dice. Usted debe de hacer lo que Dios
dice. Deje de estar argumentando en contra de Dios. Si Dios da
su palabra y lo que dice es hecho, ¿cómo no obedecer a lo que Él
nos manda? ¿Somos acaso nosotros más sabios
que Dios? ¿Qué argumento podemos tener
para no obedecer? Esta gente se admira, esta gente
alaba por la obra de Dios, pero no le obedece. ¿Se dio cuenta la incongruencia
que hay allí? No le obedece. Les mandan no
decir nada, pero ellos proclaman más y más que Jesús sanó al sordo
y al tartamudo. Ellos sabían que lo que dice
Jesús es correcto, es verdadero, pero no hacen caso a su mandamiento,
a su ordenanza, a su mandato. Pregunta para nosotros en esta
mañana, ¿qué tan distintos somos nosotros de estas personas que
vemos aquí? ¿Qué tan distintos somos? ¿Acaso
no sabemos que la palabra de Dios es lámpara y lumbrera? ¿Acaso
no saben los jóvenes que nos dice la palabra que con guardar
la palabra de Dios limpiará su camino? Eso lo dice el Sarmiento.
¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu palabra.
¿No sabemos que esa palabra que nosotros tenemos aquí es viva
y eficaz? ¿No lo sabe usted? Entonces la
pregunta es ¿por qué no la obedecemos? ¿Por qué no la obedecemos? Muchos hoy pueden decir que la
Palabra de Dios es buena, que la Palabra de Dios es bonita,
pero no quieren asumir compromiso alguno con la Palabra. Y ahí pecamos. Muchos quieren
las bendiciones de Dios, pero no quieren obedecer a Dios. Algunos pretenden hacer cosas
por Dios como si Dios necesitase algo de alguien. Y la Palabra
de Dios nos dice a nosotros que Dios no se complace de los sacrificios
que usted pueda hacer por él, por su obra o por su reino. Dios
se complace primero en la obediencia. Primera de Samuel, capítulo 15,
nosotros tenemos el caso de Saúl, el primer rey de Israel, donde
Dios había establecido que los sacrificios solamente debían
de ser ofrecidos por los sacerdotes. Y como Saúl vio que Samuel tardaba
mucho, que era profeta y sacerdote, para ofrecer el sacrificio, él
decidió ofrecer el sacrificio. Y por esa desobediencia, Saúl
fue desechado del reino. Samuel 15-22 dice, y esto es
hablando el Señor en labios del profeta Samuel, ¿se complace
el Señor tanto en holocaustos y sacrificios como en la obediencia
a la voz del Señor? Entiende, el obedecer es mejor
que un sacrificio y el prestar atención que la grasa de los
carneros. Tenemos que aprender a obedecer
a Dios. Tengo que aprender a hacer lo que Dios nos manda y a dejar
de lado lo que Dios no nos manda hacer. Esta gente vio que Dios cumple
todo lo que dice. pero lamentablemente no obedecieron
a esa voz que les dijo que no divulgara su nombre. Ahora, él
lo dice en ese momento y le dije hace un ratito, lo hizo en ese
contexto histórico porque todavía no había llegado esa hora en
el cual él iba a ser entregado a morir por nuestros pecados.
Tenía todavía trabajo que hacer ahora es todo lo contrario ahora
el señor nos manda a divulgar sus obras ahora el señor nos
manda a divulgar su palabra el mundo tiene que oír de nuestros
labios pero ahora entonces hacemos al revés ahora no queremos proclamar
y nos llevamos de que tengo vergüenza de que me da temor a que la gente
se burle a que la gente no reciba bien lo que le proclamo Pero
el Señor nos dice a nosotros, tenemos que hacerlo, tenemos
que proclamar las maravillas de aquel que nos llamó de las
pimientas a su luz admirable. Esta gente estaban proclamando,
sin proponérselo, claro está, que este era el ungido de Dios,
el que había sido enviado a hacer a los sordos oír y a los mudos
hablar, como nos dice Isaías 35.5, allí se estaba cumpliendo
eso. Y también era un eco de Génesis
1.31, que Dios vio que todo lo que había hecho era bueno, en
gran manera. Y Jesús, que es Dios, todo lo hace bien. Él cumple todo lo que dice, todas
sus promesas y también todas sus amenazas. Y esta gente estaba
súper admirada diciendo, como decía, como dice el pasaje, ahí
al finalizar, estaban diciendo, todo lo ha hecho bien, lo prometido
se ha cumplido, sanando a los sordos y mudos. pero a ellos se les dio esa orden,
no divulguen, pero a nosotros se nos ha dicho, divulguenlo,
divulguenlo. Ahora, si Él hace todo bien y
ha cumplido con todo lo que ha hecho y cumplió todas las profecías
que hablaban de Él del Antiguo Testamento, ¿cree usted entonces
que también cumplirá la sentencia contra Aquel que se rehúsa a
creer en el Evangelio? ¿Cree usted que el infierno de
fuego no va a esperar a los impenitentes pecadores que se niegan a obedecer
al Evangelio? ¿Cree usted que esas personas
que le rodean, que no conocen del Señor, si en este momento
parten a la eternidad, no se van a ir al infierno? Dios todo lo hace bien, y dentro
de eso que Él hace bien, Él cumple todo lo que dice. y hay un fuego,
un infierno de fuego ardiente que nunca se apaga esperando
para todo aquel que nos reciba a Cristo como Señor y Salvador
personal. No son las buenas obras lo que
lo van a llevar al cielo. No son las buenas obras, no es
lo que yo lo haga bueno, es lo que el Señor hizo por mí, que
me garantiza a mí la eternidad del cielo. Y hay esa palabra
en las Escrituras que nos dice que aquel que rehúsa creer al
Evangelio ya está irremediablemente condenado al infierno. ¿Tiene
usted un ser querido que no conozca al Señor? Si realmente usted
ama a esa persona, usted hará su mayor esfuerzo para seguir
proclamando con sus labios y testimonio las maravillas del Señor, que
la gente siga oyendo de él. para que así tengan la oportunidad,
ir orando al Señor para que tenga misericordia de esa vida y les
abra los ojos espiritualmente, hablando a los oídos espirituales
para que así puedan contemplar las maravillas de su ley. Mis
hermanos, Dios no se equivoca, Dios no hace nada indebido, Dios
no hace nada de manera inadecuada, Él todo lo hace bien. Y la Palabra
de Dios nos dice que a los que aman a Dios, todas las cosas
cooperan para bien. Y si podemos decir que amamos
a Dios, es porque Él nos amó a nosotros primero, dándonos
fe, tratando de manera personal con cada uno de nosotros y mostrándonos
claramente su voluntad que ha sido revelada en las Escrituras.
No nos dejemos engañar por el diablo, no nos dejemos engañar
por el mundo, ni por nuestras inclinaciones pecaminosas. Dios
todo lo hace bien. Entonces descansemos en esa verdad
de Dios. Pidamos al Señor que nos dé frutos
de un verdadero arrepentimiento. que nos dé fe en Él, para que
nosotros experimentemos en nuestra propia vida las misericordias
de Dios y cantemos de ella y hagamos notoria su fidelidad a los que
nos rodean. Porque Dios todo lo hace bien. estemos de pie mis hermanos en
esta mañana y oremos clamemos a Dios pidiendo misericordia
para que podamos entonces tomando como referencia que Dios todo
lo hace bien obedecer a todo lo que nos ha mandado porque
es real y efectivamente Dios todo lo hace bien.
DIOS TODO LO HACE BIEN
Series MARCOS
Dios no se equivoca, no hace nada indebido o inadecuado. Él TODO LO HACE BIEN. A los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien. Y si podemos decir que amamos a Dios, es porque él nos amó primero, dándonos fe, tratando de manera personal con cada uno de nosotros, y mostrándonos claramente su voluntad. No nos dejemos engañar por el diablo, el mundo, ni por nuestras inclinaciones pecaminosas, DIOS TODO LO HACE BIEN. Descansemos en esa verdad de Dios. Acompáñame y envíame tus inquietudes en lo que respecta a este sermón basado en el evangelio de MARCOS 7:31-37.
La versión de la Biblia que utilizamos es la Nueva Biblia de Las Américas (NBLA)
| Sermon ID | 93231951185413 |
| Duration | 39:08 |
| Date | |
| Category | Sunday - AM |
| Bible Text | Mark 7:31-37 |
| Language | Spanish |
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