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De Santiago, capítulo 1, versículo
12 en adelante. Estamos viendo la importancia
de la palabra, la urgencia de oír la palabra de Dios. Vamos a leer capítulo 1, Santiago. Capítulo 1, versículo 16. A partir
del 16 hasta el versículo 25. Dice la palabra, voy a leer. Santiago 1, 16. Amados hermanos
míos, no es rey. Toda buena dádiva y todo don
perfecto desciende de lo alto, del padre de las luces, en el
cual no hay mudanza ni sombra de variación. Él, de su voluntad,
nos hizo nacer por la palabra de verdad para que seamos primicias. de sus criaturas. Por esto, mis
amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para
hablar, tardo para irarse, porque la ira del hombre no obra la
justicia de Dios, por lo cual, desechando toda inmundicia y
abundancia de malicia, recibid con mansedumbre la palabra implantada,
la cual puede salvar vuestras almas. Pero sed hacedores de
la palabra, y no tan solamente oidores, e engañandoos a vosotros
mismos. Porque si alguno es oidor de
la palabra, pero no hacedor de ella, este es semejante al hombre
que considera en un espejo su rostro natural. Porque él se
concederá a sí mismo, y se va, y luego olvida cómo era. Mas
el que mira atentamente la perfecta ley de la libertad, y persevera
en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, éste
será bienaventurado en lo que hace. hermanos vamos a seguir
con la palabra de verdad y hemos estado viendo la importancia
la urgencia de estudiar o del estudio urgente de la palabra
de Dios dice no amado hermano mío no erreis no debemos errar
primeramente no debemos errar en pensar que las tentaciones,
las pruebas o las tentaciones vengan de parte de Dios, como
ya comentamos, errando, como los saduceos que erraron interpretando
mal la palabra de Dios. Este, no debemos errar también
en el conocimiento de Dios. Este, por ejemplo, debemos saber
que toda buena edad debe venir de Dios. Toda, este, don perfecto,
el carácter de Dios, por ejemplo, vimos que el carácter de Dios
es inmutable. El carácter de Dios es soberano. El carácter de Dios es poderoso. Es decir, inmutable, soberano
y poderoso, dice el Padre de las Luces. Poderoso, dice la
palabra, en hacernos, en renacer, el de su voluntad. Ahí nos muestra
la soberanía de Dios en cuanto a la salvación, el de su voluntad.
nos hizo nacer por la palabra de verdad para que seamos primicia. Ahora aquí estamos detenidos
para que seamos primicia de sus criaturas. Ahora Dios quiere
que seamos, dice, lo primero, lo mejor para Dios. el propósito de Dios para nosotros,
para la salvación. Entonces, hermano, es que nosotros
seamos, dice, primicias de sus criaturas, para que lo mejor, hermano, que
podamos dar, que podemos hacer, sea para la gloria, para la gloria
de Dios. en este caso, en buena obra,
en llamar fruto para la gloria de Dios. Ahora, nos quedamos
aquí, este, para, para que nosotros seamos primicia de la criatura
de Dios, es necesario, por eso dice el versículo diecinueve,
dice, por esto, mis amados hermanos, ahora, ahí enlaza el pensamiento
mostrando que hay urgencia ya que hemos sido renacido ya que
ya hemos sido salvo por la gracia de Dios por la sola voluntad
de Dios para entonces dice hermano para que cumplamos hermano el
propósito o el plan de Dios en nuestra vida dice el pastor Santiago
por esto mis amados hermano todo hombre sea pronto para oír, pronto
para oír, tarde para hablar y tarde para aherarse. Ahora, las cosas
que son necesarias para que lleguemos a ser o cumplamos el propósito
de Dios en nuestra vida, Santiago dice que necesitamos ciertas
cosas, las cosas que necesitamos hacer para poder cumplir a lo
que Dios nos ha llamado, nos ha salvado o para llegar a ser
primiche de sus criaturas expone Santiago que primeramente necesitamos
ser diligente, diligente para oír, para conocer la palabra
de Dios sabemos que fuimos engendrado por la palabra de Dios para manifestar
por medio de la manifestación de la verdad pues esa palabra
que nos hizo nacer dice Santiago que es la misma palabra que nos
debe hacer Crecer en la misma palabra que Dios usa para hacernos
crecer diligencia para oír la voz de Dios. Todo hombre sea
pronto para oír. Esto habla de la urgencia que
todo creyente necesita o necesitamos poner Romano 12, 11 dice, en
lo que requiere diligencia, no perezoso, ferviente en espíritu,
sirviendo al Señor. Uno de nosotros, cada uno de
nosotros deberíamos ser pronto para oír. Esto es un mandamiento,
un mandamiento hermano para cada creyente, es decir, debe haber
una apurancia de escuchar. la palabra pronto para oír significa
que debemos ser pronto para oír la palabra de Dios así como todo
consejo y amonización piadosa de nuestro Dios por eso dice
a mis amados hermanos todo hombre La expresión hombre se refiere,
hermano, en Sierra también, claro, todo creyente, todo hombre sea
pronto para oír, ahora, tardo para hablar, ahora dice que debemos
ser tardos para hablar, en otras palabras, para argumentar o contradecir. debemos ser dóciles, el enseñante
del Espíritu Santo que nos advierte que seamos, que nuestro culto
a Dios sea, dice, en una forma humilde. Hasta la misma naturaleza
nos enseña esto, que Dios, cuando creó al hombre, Dios le dio dos
oídos. Dios nos dio dos oídos para oír. Por eso, hermanos, Dios quiere
que nosotros seamos, dice, pronto para oír. Y Dios puso dos, hermanos,
oídos para que nosotros oigamos el mensaje, oigamos el consejo,
oigamos la advertencia, oigamos la palabra. Pero solamente una
lengua nos dio para hablar. Ahora, ¿qué tal si nos hubiera
dado también dos lenguas? así como dos oídos, dos manos,
dos pies solamente nos dio hermano, dos oído para oír, pero una lengua
para hablar. Tardo, dice, tardo para hablar. Ahora, aquí conlleva, hermano,
el pensamiento. Santiago conocía a sus compatriotas. Los judíos eran muy dados a argumentar. Los judíos no son personas tan
humildes para recibir la enseñanza. En este caso, la enseñanza apostólica. Ellos siempre querían objetar. siempre querían argumentar, siempre
querían suponer o anteponer su creencia, su religión o su argumento. Entonces Santiago está exhortando
que el creyente judío debía ser muy rápido, muy listo, muy diligente
para oír, para aprender, pero tardo para hablar, tardo para
argumentar, tardo para contradecir, tardo para oponerse. Así dice
Santiago. Y viéndolo un poco la costumbre
judía, creo que nosotros desconocemos esto, pero el judío cuando no
está de acuerdo, él se pone a discutir, a defender sus posiciones, a
contradecir, y por eso ellos tenían esa naturaleza, o más
bien esta esta fama de ser contradictores. Entonces, Santiago le dice que
eso debe haber diligencia para aprender, debe haber una humildad
para recibir la palabra con toda mansedumbre. Por eso le dice
ahí en el versículo, en el versículo, tardo para hablar y tardo para
herarse. Obviamente que el aherarse, es
decir, el calentamiento viene cuando alguien se opone y se
pone a argumentar, y cuando alguien no acepta su argumento, entonces
empieza el calentamiento. En otras palabras, lo que es
aherar, el molestarse en su espíritu, decir, y no, es que... Así como
los ruselistas a veces cuando, muy pocas veces he platicado
con ellos y empiezas a enseñarles y cuando no, cuando ve que no
acepta su doctrina herética, errónea, entonces empieza a calentarse
el ánimo en pie. Eso es lo que Santiago dice,
tardo para ver, tardo para herarse. Dice, hermano, tenemos que tener
la humildad de recibir la palabra con toda mansedumbre. Dice ahí,
Este hermano es el sentir que debe haber en el creyente. Tardo
para hablar, tardo para airarse, pero pronto, pronto para oír
esto ahora. Dice Santiago que porque no debemos
airarse, porque el aire de Dios no obra, la justicia de Dios,
por lo cual, por lo cual, desechar toda inmundicia y abundancia
de malicia. ¡Recibid! ¡Recibid con mansedumbre! Ahora hermano, para que nosotros
seamos enseñados en la verdad se requiere muchas veces hermano
la humildad, se requiere la humildad. Hay personas hermano que no es
tan fácil enseñarlo, no se prestan para ser enseñados, siempre tienen
pero Pero, pero, pero cómo, pero es que yo no entiendo eso. Entonces
se requiere humildad para recibir la palabra implantada. Dice Santiago,
este, recibir con mansedumbre la palabra implantada la cual
puede salvar vuestras almas. Se requiere hermano diligencia
para oír prudencia para hablar y también hermano dice y para
no aherarse también este debemos ser dóciles el creyente debe
ser dócil para dejarse enseñar para que el Espíritu Santo dice
obre porque en la ira del hombre dice no obra la justicia De Dios
nos advierte el Pastor Santiago que Seamos este nosotros humilde
en recibir la Enseñanza con toda mansedumbre a esa Palabra implantada
ahora Santiago cuando dice la Palabra implantada da a entender
que ya Tenía la semilla en ellos ya había la semilla de Dios y
en ello y entonces necesitaban dejar que esa semilla obre, crezca,
germine y sean enseñado en la verdad. No dejar que la ira nos
lleve. o simplemente el hecho de no
estar de acuerdo con ciertas cosas no debe esto impedirnos
o enojarnos para no aceptar la palabra porque cuando alguien
no está de acuerdo con un punto y se aferra a ese punto al grado
de que se puede llegar a molestar el espíritu se enardece es decirte
inquieta entonces Santiago dice que sean pronto para oír mejor
escuchen Mejor aprendan, pero no hablen, no juzguen, no condenen,
no contradigan. Dice, oigan mejor, dice Santiago,
que sean prontos para oír, pero tardan para hablar y tardan para
enojarse. Y también dice, humilde, que
haya humildad en recibir las palabras con toda mansedumbre. Ahora Santiago también dice que
antes de que nosotros recibamos la palabra, la palabra implantada
debemos también hacer otra cosa que es desechar. Dice desechar
toda, toda, toda, toda imundicia y abundancia de malicia. Debe haber una verdadera confesión,
una verdadera limpieza espiritual, Ahora, si hay la cochambre, es
decir, la inmundicia, la abundancia de malicia, nosotros no podremos
recibir la palabra. Es decir, hermano, como alguien
dijo, si el vaso ya está lleno, no se puede llenar, entonces
hay que vaciar el vaso de nuestro corazón, hay que sacar todo,
dice la inmundicia, abundante de malicia y debemos, dice, disponernos
para recibir la palabra implantada, esa palabra que nos hizo renacer,
la cual ahora puede salvar nuestras almas. Es necesaria, hermano,
una diligencia en oír diligencia también dice en ponernos hermano
humilde bajo la poderosa mano de Dios entonces hermano hay
una responsabilidad del creyente aquí la responsabilidad del creyente
hacia la palabra de Dios lo encontramos entonces primeramente en recibir,
recibir dice la palabra recibir la palabra la palabra implantada. Ahora, ¿dónde está implantada
la palabra? Obviamente que toda persona que
ha renacido por el poder de la palabra, ya tiene la palabra
implantada en él. Recibir la palabra, primero es
necesario entonces desechar lo malo, se requiere despojarse
de lo malo, para poder tener la disposición o el vaso vacío. Se necesita estar en buen estado
espiritual, en un estado correcto, una mente pura, un corazón puro,
una vida pura, hermano, se requiere para recibir la palabra implantada.
Eso quiere decir que el estudio de la palabra se requiere que
haya una verdadera y sincera confesión de pecados. Entonces,
si uno está lleno de, como dice aquí, de malicia, de abundancia
de malicia, de inmundicia y malicia, hermano, no vamos a recibir la
palabra implantada. no se va a poder llenar un vaso
que ya está lleno. Se requiere vaciar el vaso primero
y luego dejarlo vacío para que sea llenado con la enseñanza
de la palabra de Dios. Se requiere entonces, hermano,
urgencia en esto. Recibid con mansedumbre, dice
la palabra. Esto habla, hermano, porque los,
como vuelvo a repetir, los judíos No eran gente tan dóciles para
ser enseñado. Ellos tenían siempre su argumento,
siempre su razón, siempre defendían su religión y estaban siempre
a la defensiva. Entonces le dice el pastor Santiago
que sean humildes para recibir la palabra. que no se ponga pronto
para condenar, para juzgar a aquellos que no entienden, dice Santiago,
sino dejen que el Espíritu Santo obre con libertad, dejando, dice,
toda esa malicia, abundancia de inmundicia, de inmundicia,
abundancia de malicia. En ese estar, hermano, entonces,
una mente abierta, un corazón limpio, un corazón dispuesto
para recibir la palabra implantada. Segundo, También se requiere la palabra
que sea acompañado con una actitud correcta. El creyente debe tener
una actitud correcta. ¿Cuál es la actitud correcta
de recibir la palabra? Dice con mansedumbre. Con mansedumbre, eso es lo que
Dios quiere en cada uno del creyente. Eso es lo que Dios hace, que
obre a favor de uno. Con mansedumbre, recuerde lo
que dice el mismo Santiago 4, 6, que Dios resiste a los soberbios
y da gracia a los humildes. Por eso Santiago le dice a los
lectores que Dios no enseñará nada al soberbio. Lo resiste pero da gracia al
humilde, la humildad es la clave para ser enseñado la verdad por
Dios, por eso dice Salmo 25, 8, 9 que el Señor Jehová enseñará
a lo manso su carrera Aquí tenemos el poder de la Palabra,
la Palabra dice la cual puede, puede o podemos decir los beneficios
que se obtienen del estudio serio de la Palabra de Dios, la cual
puede salvar vuestras almas, la cual puede salvar vuestra
alma. ¿De qué nos va a salvar, hermano,
el estudio urgente de la Palabra? de no cometer errores, de no,
como dice Santiago, no erreis, entonces una persona que no se
presta para ser enseñado, obviamente que va a errar, una persona hermano,
que no se pone diligente a oír la palabra, va a errar, una persona
que se enoja, aquello que que recibe y que no está de acuerdo,
hermano, obviamente va a errar, hermano mío no es rey, dice no
errar. Y una forma de errar es hacer
lo contrario, lo que la palabra de Dios nos está diciendo, no
tener la humildad, ser contradictores, opositores, dice entonces, no
recibiremos la palabra con mansedumbre. Ahora, Santiago, este salmo dice,
salmo 25, 8, 9, dice que Dios, su comunión íntima, este Dios
es con los mansos, es con los mansos, vea, 25, salmo 25, versículo
8. Salmo 25, 8, bueno, es recto
hacia abajo, por tanto, Él enseñará a los pecadores el camino, dice
encaminará a los humildes por el juicio y enseñará a los mansos,
aquí mansos es sinónimo humilde, enseñará a los mansos su carrera,
su carrera. Entonces hermanos, ¿cómo vamos
a ser enseñados? Tenemos que tener la humildad
de recibir la palabra, esa palabra implantada, dice, esa palabra
Esa palabra ya sembrada, habitada en nosotros, en nuestro corazón. La humildad es la clave para
recibir la palabra implantada en nosotros. Sin humildad dice
que seremos resistidos. Dios resiste a toda persona que
no tiene la humildad para recibir la enseñanza del Espíritu Santo.
Resiste Dios a los soberbios. Santiago 4.6 lo muestra, Santiago
4.6, pero Él da mayor gracia. Por esto dice. Dios resiste a
los soberbios y da gracia a los humildes. Dios dice que no dará
gracia a los soberbios, pero a los humildes sí, a los humildes. Proverbios 3, 34. Vamos a Proverbios
3, 34. Vamos a ver nada más qué dice
este texto. Proverios 3.34 dice ciertamente
Él escarnecerá a los escarnecedores y a los humildes dará gracia. Entonces Dios dice que dará gracia
a los humildes. Ahora, por eso Santiago dice
recibir con toda mansedumbre. Ahora, dice no media mansedumbre,
con toda mansedumbre. Es decir, es una disposición
de ser enseñado. de una amplia disposición de
querer aprender de la palabra de Dios. Hermano, ahora, ¿sabe
qué, hermano? Yo me doy cuenta, hay personas
que ya conocen la palabra y porque ya traen proficio, no se dejan
enseñar. Es decir, no, no quieren. Ellos
siempre tienen su razón, dice, y defienden. Hermano, necesitamos
la gracia de la humildad para escuchar La enseñanza hasta que
Dios, hermano, obre nosotros. Porque la palabra dice que el
soberbio no va a recibir gracia, no va a aprender nada. Dios no
le va a enseñar nada. Por eso dice, enseñará lo manso
su carrera, pero resiste. al soberbio. Y una persona que
siempre antepone sus prejuicios, hermano, no va a aprender esa
persona. Así es. No va a ser enseñado. Dios no
le va a enseñar a ninguna persona que sea arrogante. Y era la actitud
de los judíos, que siempre tenían su razón. Y Santiago le dice,
mira, que tenga la gracia para recibir la palabra implantada,
dice ese Santiago. Ahora, También sigue el Pastor
Santiago exhortando ahí, dice tener la responsabilidad de recibir
la palabra y también no sólo de recibir la palabra, pero dice
de practicar, de practicar la palabra. Por eso dice el versículo,
el versículo 22, pero sé Pero sed hacedores de la palabra y
no tan solamente oidores engañándoos a vosotros mismos. Entonces hay
otra gran responsabilidad aparte de recibir la palabra, de tener
esa humildad de recibir la palabra, pero también dice la disposición
de practicar la palabra. pero ser hacedores de la palabra. El peligro de no practicar la
palabra hermano es grave, es grave. Santiago dice que los
que no practican la palabra tienen el gran peligro de ser engañados,
engañándoos a vosotros mismos. Entonces, hermanos, si no vivimos
la palabra, si no practicamos la palabra, Santiago dice que
nos estamos engañando a nosotros mismos. Entonces hay peligro
de no ser de no ser obediente a la palabra. El estancamiento
o el conformismo no son solamente, no son hermano, no tan solamente
los oídores, la exhortación constante es de no conformarse, hermano,
a ser simplemente un oídor, un oidor. Ahora, Tenemos que ser,
dice Hacedor, tenemos que practicar la palabra, vivir la palabra.
O en otras palabras, obedecer la palabra. Obedecerla. Porque
si solamente oímos, dice, es... Santiago compara como una persona,
el que oye la palabra nada más, dice que es como el que se presenta
en un espejo. Wow, dice, así estoy de... así
estoy de... de gordo, así estoy de... Y se
está viendo nada más como es, pero apenas sale de la presencia
del espejo, se olvida como es. Así Santiago lo compara. Mientras
está la palabra viendo, dice, pero cierra la palabra, cierra
el espejo y ya ni se acuerda. Esa persona dice, es oidor solamente. Hermano, no debemos, Santiago
dice, no debemos solamente ser oidores, sino hacedores. Ahora, recuerde que venía exhortando
a Santiago, oigan la palabra, reciban la palabra, que tengan
dos oídos para oírla, oírla, oírla. Pero luego dice, pero
no solamente para oírla, sino para vivirla, dice Santiago. Entonces, está enseñando, no
pienses que porque ya oíste con los dos oídos, todo está bien.
Dice, no, necesitas practicarla. Entonces, por eso Santiago exhorta,
primeramente exhorta que nosotros oigamos que nosotros escuchemos,
que nosotros recibamos, pero dice que debemos también practicarla,
vivirla, hacerla, obedecer la palabra. Entonces hay dos cosas
urgentes que el creyente debe hacer. Recibir la palabra con
mansedumbre, obviamente que no se puede recibir si no lo oyes.
Pero dice también la segunda, practicar la palabra, obedecer
la palabra de Dios. Ahora hay muchos que se conforman,
hay muchos que se quedan en el primer punto, son muy buenos
por oír y oyen y oyen y oyen, siempre y cuando, cuantas veces,
oyen y oyen, pero no llegan al segundo paso que es, dice, obedecer
la palabra, vivir la palabra, pero ser, dice, pero ser hacedores,
hacedores de la palabra y no tan solamente oidores, engañando
a vosotros mismos. El peligro, entonces, hermano,
el peligro de que podemos recaer, él dice, En lugar de oír, dice, es anteponer
nuestra opinión y hablar y contradecir o oponer, no sé. Santiago dice
que antes de hablar, mejor tarde para hablar. Pronto para oír,
pero tarde para hablar. Ahora, Santiago dice aquí ahora,
que no solamente debemos oír, sino debemos vivir, obedecer
la palabra. Ahora, el estancamiento entonces,
hermano, o lo que se llama el conformismo, no es bueno, hermano,
ser solamente oidores. Tenemos que ser hacedores de
la palabra de Dios. El autoengaño puede ser, dice
Santiago, engañándoos a vosotros mismos. ¿Quién es el que te autoengaña? El que solamente oye, pero no
vive la palabra. ¿Cree hacer algo cuando no hay
nada? Por eso Santiago, por eso Santiago
en el versículo 26 ahí condena la mera religión, ese de tener,
profesar una mera religión. Si alguno se cree religioso entre
vosotros y no refrena su lengua, entonces él que está, usa mucho
su lengua, sino que se engaña su corazón, la religión del tal
es vana. Ahora, la lengua, como ya estamos
viendo en el 3D, es un mundo de maldad. Creer ser algo y no ser nada,
pues ahora sí, hay engaño. Hay engaño. Gálatas 6.3, dice
Gálatas 6.3, que no debemos, hermano, dice aquí el apóstol, porque
el que cree ser algo, no siendo nada, a sí mismo se engaña. Hay personas que piensan que
son gran cosa y bueno, no saben nada. Es decir, no hace nada,
porque el que se cree ser algo, no siendo nada, a sí mismo se
engaña. A sí mismo se engaña la persona
que no practica la Palabra de Dios, se engaña a sí mismo. Primero de Corintios 3.18, que
dice el apóstol ahí, en Primero de Corintios, Primero de Corintios
3.18, Dice, nadie se engaña a sí mismo. Si alguno entre vosotros se cree
sabio en este siglo, hágase ignorante para que llegue a ser sabio,
dice el apóstol. Entonces no es buena la actancia
de pensar que somos esto y el otro. Como dice Santiago III,
hacemos maestro nosotros mismos. El autoengaño es tremendo. El
que se engaña se cree ser algo. El que se engaña no reconoce
sus faltas. Muchas veces no reconoce sus
faltas. Piensa que es barón perfecto, barón que no comete errores.
El que se engaña piensa que podemos pasar por alto a Dios. Pero no,
Dios conoce todos los corazones, los pensamientos y las acciones
también. La promesa al que practica la
palabra, dice, la promesa del que practica la palabra es aquel
que mira atentamente en la perfecta ley de la libertad, dice que
ese persevera, persevera. Santiago 1, versículo 22, pero
hasta 2 de la palabra, no tan solamente oídores, engañando
a vosotros mismos, porque si alguno es oidor de la palabra,
pero no hacedor de ella, ahora este es semejante al hombre que
se considera en un espejo su rostro natural, porque él se
considera a sí mismo. y se va, y luego olvida cómo
era. Es decir, mientras está en el
espejo, sabe cómo es, etcétera. Pero una vez que salga del espejo,
ya ni se acuerda de cómo es. Así es, dice el oidor. Así es. Mientras está oyendo, oh sí,
todo está bien, dice. Sí, sí, sí, sí, sí, todo. Pero
apenas Deja de oír y ya no se acuerda de nada. Entonces es
triste, dice Santiago, esa persona. Más el que mira atentamente la
perfecta ley de la libertad. Más el que mira atentamente la
perfecta ley, la de la libertad, la ley del evangelio. Esa ley
se está refiriendo a la ley del evangelio. La de la libertad
y perseverar en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor
de la obra. Este, este será bienaventurado
en lo que hace. El gran beneficio que nos trae
de ser practicador o de ser obediente a la palabra. La promesa es,
dice, persevera en lo que hace. El beneficio del que practique
la palabra será Bienaventurado en lo que hace. Bienaventurado
en lo que hace. Ahora, como se le dijo a Josué, todo
te irá bien, dice, mira que te manda que te esfuerces. sea valiente,
y todo te irá bien. Vamos a ver unos textos, Lucas
18, perdón, Lucas 8. Vamos a ver. En una ocasión al
Señor le dijeron así, pero vea lo que dijo el Señor. Aquí en
Lucas capítulo 8, Lucas capítulo 8, versículo 19.
Lucas 8, 19, dice la palabra Mirad, este... Dice Lucas, entonces su madre
y sus hermanos vinieron a él, pero no podían llegar hasta él
por causa de la multitud. Y se le avisó diciendo, tu madre,
tus hermanos están fuera y quieren verte. Él entonces respondió,
le dijo, mi madre, mis hermanos son los que oyen la palabra de
Dios y la hacen. Y la hacen. Ahora, este, el texto
que quiero es este, Lucas 11, Lucas 11, 27, yo creo. Lucas
11, 27, 28. dice Lucas 11, 27 y 28. Mientras él decía estas cosas,
una mujer de entre la multitud levantó la voz y le dijo, bienaventurado
el vientre que te trajo y los senos que mamaste. Ahora vea la respuesta del Señor
y Él dijo, antes Bienaventurados los que oyen la palabra de Dios. ¿Y qué dice? Y la guardan. Entonces, dice que la bienaventurada
de esta mujer que levantó la voz, o no sé si era una mujer
o un hombre, dice, de entre la multitud, dice, sí, una mujer,
una mujer de entre la multitud levantó la voz y le dijo, bienaventurada
el vientre que te trajo en los senos, que mamaste. Esto es para
María, para la madre de Jesús, la bienaventuranza. Pero Cristo
dijo, no, no, no, no, antes bienaventurado los que oyen la palabra de Dios.
Y la guarda. Entonces, sed hacedores de la
palabra. Es este bienaventurado el que
guarda la palabra de Dios. El que guarda la palabra. trae
grato, trae grato, este, olor grato, hermano, de todos los
que practican la Palabra de Dios. Entonces, nuestra gran responsabilidad,
hermano, es recibir la Palabra con toda humildad y después de
recibirla, dice, obedecer la Palabra, ponerlo a práctica,
ser hacedor. de la Palabra y no engañarnos
a nosotros mismos. Es triste, hermano. Es triste
cómo muchas personas se engañan de la Palabra. El que oye, oye,
oye y sabe mucho. Hay muchas personas que saben
de la Biblia. Un día usted se va a encontrar
con personas que te va a sorprender cómo conocen la palabra. Es decir,
te citan texto, te dicen esto. En una ocasión estaba ahí en
el sitio, ahí en el sitio del centro, un hombre llegó pidiéndonos,
claro, pidiendo que le apoyen. Entonces, empezó a predicarnos, a decir
que esto que el Señor, que es el Padre, Dios, que es... a predicarnos
en otras palabras. Ahí los señores que estaban presentes
ahí. Y yo me di cuenta que conocía
la palabra. Pero mira, en una forma, citaba
textos y textos. Digo, guau, ¿cómo sabe tanto
esto? Y yo lo estaba viendo de lejos, y como escuché que estaba
hablando de la palabra, entonces yo me acerqué al grupo, fui a
escuchar, y cuando me acerco, ¿sabe qué? Estaba bien borracho
el señor. Es increíble. Estaba tomado el señor y hablaba
de la palabra. Decía que... Su padre es el gran
rey y que no sé qué. Entonces, hay personas hermano
que conocen la palabra y hablan bonito de la palabra. Pero el
problema es que no viven la palabra. Ese es el mero problema hermano,
que no viven la palabra. Usted se va a encontrar con personas
cuando se va visitando, predicando la palabra. Se va a encontrar
con personas, no pues fíjese que yo este... y te va a predicar.
Pero le pregunté, bueno, ¿y cómo está estableciéndose? No, dice,
ahorita no, dice, no, ahorita no. Como un señor una vez pasó
aquí con nosotros vendiendo discos. Ya tiene años eso, ya tiene días.
Pasó vendiendo discos. Y empezó a hablar de la palabra
y decir la palabra. Hablaba muy bonito, dice yo,
hermano. Dice yo, mire, yo viví la palabra. Dice yo, conozco
la palabra. Empezó a hablar hasta, hasta, hasta cantó un canto. Agarró, yo tenía una guitarra,
y agarró la guitarra y empezó a tocarla. Cantó un canto, dice. Y luego dice, pero estoy caído,
dice. pero estoy caído le digo bueno
y entonces por qué ahora ya no canta Dios ya no viene a escuchar
la palabra por qué no se congrega no estoy caído dice está caído
es lo que es él pero lo oyes hablar mira habla
bonito pero está caído dice es decir no está obedeciendo la
palabra lo que quiso decir no obedece pero si sabe y sabe mucho
mejor a veces que nosotros Entonces, hermano, tenemos que ser hacedores
de la palabra. Lo que cuenta no es tanto cuánto
conoces, es cuánto haces, cuánto lo practicas. Entonces es importante,
hermano, que nosotros obedezcamos la palabra, recibamos la palabra
con humildad y la obedezcamos, la palabra con prontitud. Este
es nuestro deber. Ahora, para ello dice, para que
nosotros recibamos la palabra, Santiago dice que debemos primero
refrenarnos pronto para oír, tarde para dar, tarde para aherarse. Y dice, recibí la palabra con mansedumbre,
para que nosotros lo recibamos, dice que necesitamos primero
vaciarnos, desechar malicia abundante, toda inmundicia abundante de
malicia. recibir la Palabra como ansiedad. Hermano, vamos a seguir,
si Dios permite. Hay mucho más que podemos aprender
aquí, pero vamos a dejar esto pendiente para la otra semana.
Vamos a ahondar un poco más acerca de nuestra gran responsabilidad
para con Dios, que no solo es oír la Palabra, recibir la Palabra,
sino también practicar, vivir, hacer la Palabra de Dios. Vamos a terminar, hermano. Vamos a terminar. Por eso dice
que hacer la palabra, ahora, si alguien dice, yo quiero hacer
la palabra, pero no sé cómo. Ah, te dice cómo, dice, visitando
la huérfana, la viuda. Dice, así es, dice Santiago,
demuestra cómo debes hacer la palabra, vivir la palabra y guardarte
sin mancha del mundo. Esa es la forma. de hacer obedecer
la palabra de Dios.
La Palabra De Verdad: La Importancia Del Estudio Urgente De Las Escrituras Parte 2
Series Estudio Expositivo De Santiago
| Sermon ID | 927151712417 |
| Duration | 41:59 |
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| Category | Teaching |
| Language | Spanish |
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