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Bienvenidos sean todos a la casa
del Señor en este día. Pues de pie vamos a buscar el
libro de Marcos y buscar el capítulo 4. Marcos capítulo 4. Libro de Marcos, el capítulo
4. Y sigan con sus vistas la lectura. comenzando en el versículo 21
hasta el versículo 29. Marcos capítulo 4, el versículo
21 al 29. Ustedes siguen con sus vistas. Refiriéndose a nuestro Señor
Jesucristo, también les dijo, ¿acaso se trae la luz para ponerla
debajo del almud o debajo de la cama? ¿No es para ponerla
en el candelero? Porque no hay nada oculto que
no haya de ser manifestado, ni escondido que no haya de salir
a luz. Si alguno tiene oídos para oír, oiga. Les dijo también,
mirad lo que oís, porque con la medida con que medís os será
medido, y aún se os añadirá a vosotros los que oís. Porque al que tiene
se le dará, y al que no tiene aún lo que tiene se le quitará.
Decía además, Así es el reino de Dios, como cuando un hombre
echa semilla en la tierra, y duerme, y se levanta, de noche y de día,
y la semilla brota y crece sin que él sepa cómo. Porque de suyo
lleva fruto la tierra, primero hierba, luego espiga, después
grano lleno en espiga. Y cuando el fruto está maduro,
enseguida se mete la hoz, porque la ciega ha llegado. Aquí en
la lectura de la escritura, haremos para que el Señor nos enseñe
y nos entienda, nos haga entenderla y aplicarla. Oremos al Señor. Padre Celestial, venimos a ti
sabiendo que somos pecadores débiles, pero venimos confiados
en Cristo, que es nuestro Salvador. Venimos confiados que tú nos
perdonas por su sacrificio. Señor, sabemos que el Evangelio
es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree. Te pedimos
por los méritos de Cristo, entonces, que tú nos des el don de la fe
a nosotros y a nuestros hijos, a los niños en la escuela dominical.
Te pedimos, Señor, que como el Evangelio es poder de Dios para
salvación, que el Evangelio sea proclamado Desde ese púlpito,
los púlpitos en la ciudad, en los púlpitos de las iglesias
hermanas, ayudan nuestros hermanos misioneros a predicar este evangelio. Te recordamos a nuestros hermanos
Phillips en España, nuestros hermanos en Ucrania en ese tiempo,
Señor, fortálezcales, dales paciencia, fe, en esos tiempos tan difíciles.
Señor, la predicación esta mañana, que caiga en buena tierra, que
dé fruto. Si hablo, que hable conforme
la palabra de Dios, y si ministro, que ministre conforme el poder
que Dios da, para que entonces sea nuestro Señor Jesucristo
exaltado. En su bendito nombre te lo pedimos. Amén. Amén. Sentémonos, hermanos. El título de este sermón es,
Fíjate como oyes. Fíjate como oyes. O también puede
ser, Mucho cuidado con los chismosos. Mucho cuidado con los chismosos. Siguiendo con nuestra serie del
Libro de Marcos, estamos estudiando los versículos 23 al 25. Estos
versículos tienen que ver con el hiperimportante tema del oír. No superimportante, pero hiperimportante
tema del oír. Y hay tres lecciones principales
en estos versículos, versículo 23 al versículo 25, tres lecciones
principales. La primera es que hay que asegurarnos
que oímos. Hay que asegurarnos que oímos.
La segunda es que hay que fijarnos qué cosas oímos. Hay que fijarnos
qué cosas oímos. Y la tercera es que hay que cuidarnos
cómo oímos. ¿Cómo oímos? Pero antes de ver
estas lecciones, un comentario sobre la palabra oír, el verbo
oír. Oír en la Biblia y también en
nuestra cultura, lo podemos entender, por supuesto, con el escuchar
por nuestros oídos. pasa el sonido a través del tímpano
y el, ¿cómo se llama? El yunque y el martillo y el
estribo, ¿verdad? Llega por los nervios hasta nuestro
cerebro. Pero además, en la Biblia y en
nuestra cultura también, escuchar, oír, connota entender, obedecer. Por ejemplo, si tú dices que
un amigo escuchó tu consejo, Lo que quieres decir muchas veces
es que te entendió y siguió tu consejo. Él oyó, él escuchó tu
consejo. Pero lo que quieres decir es
que él no entendió lo que estaban diciendo tus argumentos y siguió
tu consejo, lo obedeció. También cuando el Señor nos dice
en Juan que sus ovejas oyen su voz. Las ovejas de Cristo oyen
su voz. Quiere decir que lo obedecen,
le siguen a él. Eso se trata esta palabra. Es
por eso algunos se van a acordar del himno. Es muy, muy antiguo.
Hace muchísimo que no lo cantamos. Puedo oír tu voz llamando. ¿Se acuerdan algunos? Puedo oír
tu voz llamando. Seguiré do tu me guíes. Dios no se trata entonces este
concepto de oír, es más que escuchar, está además entender, obedecer
a nuestro Dios. Muy bien, la primera lección
entonces que vamos a ver es que hay que asegurarnos que oímos,
asegurarnos que no somos sordos. Nuestro Señor Jesucristo nos
dice en el versículo 23, si alguno tiene oídos para oír, oiga. Hay que asegurarnos que oímos,
que no estamos sordos. Hay personas que tienen orejas,
tienen oídos, pero no para oír. Sí, su oído interno funciona,
tienen orejas, pero no quieren oír. Me acuerdo de mi abuelita. No tenía problemas auditivos.
No tenía un aparato para oír. No tenía problemas auditivos,
realmente. Pero pasa mucho con las personas mayores, y estoy
seguro que me va a pasar a mí, que escuchan lo que quieren.
Realmente escuchan lo que quieren. Había cosas que le gritábamos,
pero no escuchaba. Pero a veces, Y no se escuchaba, verdad, a
un kilómetro de distancia. Y pasa así. Hay personas que oyen, de seguro
que oyen, pero se niegan a escuchar la voz o la palabra de Dios.
No quieren escuchar cómo resolver el problema de sus pecados. No
quieren escuchar del juicio venidero. No quieren escuchar. Y Cristo
es el camino, la verdad y la vida. Y que la única manera de
llegar al padre, la única manera de llegar a la gloria es a través
de él. No lo quieren escuchar. Ahora
déjame decirle a usted, si usted tiene esta sordera voluntaria,
porque es una sordera voluntaria, Lo más grave es que a lo último
está rechazando a Cristo mismo. Por eso en Hebreos 1.1, si tienen
sus Biblias, vean Hebreos 1.1. Dios, habiendo hablado muchas
veces y de muchas maneras a los padres por los profetas, en estos
posteriores días nos ha hablado por el Hijo. Nos ha hablado por
el Hijo, a quien constituye verdadero de todo y por quien asimismo
es el universo. Es el grave problema. Si no escuchamos,
estamos rechazando la voz de Cristo mismo. Y por eso nos dice
en el capítulo 2 y versículo 1. Hebreos capítulo 2 y versículo
1. Por tanto, es necesario que con
más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, no sea
que nos deslicemos. Porque si la palabra dicha por
medio de los ángeles fue firme y toda transgresión y desobediencia
recibió justa retribución, ¿cómo escaparemos nosotros si descuidamos
una salvación tan grande, la cual, habiendo sido anunciada
primeramente por el Señor, nos fue confirmada por los que oyeron? Testificando Dios juntamente
con ellos con señales y prodigios y diversos milagros y repartimientos
del Espíritu Santo, según su voluntad. Entonces, la pregunta
práctica aquí es, ¿cómo nos aseguramos que oímos? Si no escuchamos la
palabra de Dios, si tenemos oídos, pero no para oír y rechazamos
a Cristo, la voz de Cristo, ¿cómo nos aseguramos entonces que estamos
escuchando a Dios, que escuchamos la voz de Cristo? Muy bien. Número
uno, número uno. ¿Sabes qué oyes si entiendes
lo que Cristo nos dice? ¿Sabes qué oyes que estás escuchando
a Dios si entiendes lo que Cristo nos dice? Hay un versículo en
Juan capítulo 8, donde nuestro Señor Jesucristo nos dice, ¿Por
qué no entendéis mi lenguaje? ¿Por qué no podéis escuchar mi
palabra? Lo inverso es verdad. Esto está
en Juan 8, 43, lo que los quieren ver o apuntar. Juan 8, 43. Nuestro
Señor Jesucristo nos dice, ¿por qué no entendéis mi lenguaje?
Porque no podéis escuchar mi palabra. Entonces, si entendemos
lo que Cristo nos dice, quiere decir que sí estamos escuchando. Y es dado, ¿verdad? Si no entendemos
lo que escuchamos, no va a entrar a nuestro cerebro, no va a entrar
a nuestro corazón, por supuesto. Claro, si no entendemos el lenguaje
evangélico de Cristo. Aunque sepamos griego, hebreo
y arameo, no lo oímos a lo último, si no lo entendemos. Ahora, con
esto no quiero decir que tienes que entender el libro de Ezequiel,
o el libro de Apocalipsis, y nos vas a poder explicar los sellos
y las trompetas de Apocalipsis. Tienes que entender todo. No,
no, no, no. No, tienes que entender las enseñanzas esenciales del
evangelio, las promesas evangélicas de Cristo. Eso es lo primero.
Muy bien. Número dos. ¿Sabes qué oyes si
escuchas con fe en Dios? Sabes que escuchas, que oyes,
si escuchas con fe. Hebreos 4, 2 dice así. Voy a comenzar en el versículo
1. Hebreos 4, 1. Te amamos, pues, no sea que permaneciendo
aún la promesa de entrar en su reposo, alguno de vosotros parezca
no haberlo alcanzado. Porque también a nosotros se
nos ha anunciado la buena nueva como a ellos, es decir, como
a los israelitas en el Antiguo Testamento, en el desierto. Pero
no les aprovechó el oír la palabra. ¿Por qué no les aprovechó? ¿Cuál
era el problema? por no ir acompañada de fe en
los que la oyeron. Falta de fe. No creemos, entonces
no escuchamos a lo último la palabra de Dios. ¿Por qué? Porque
la fe es esencial. Sin fe no podemos agradar a Dios. Si fe en su palabra nos es imposible
escucharlo. Muy bien, número tres. ¿Sabes
qué oyes si pones atención para escuchar a Dios? ¿Sabes qué oyes
si pones atención para escuchar a Dios? Ahí pueden apuntar, Jeremías
25, 4. Les leo Hebreos 2, 1. Hebreos 2, 1. Por tanto, es necesario. que con más diligencia atendamos
a las cosas que hemos oído. Segunda de Pedro también. Segunda
de Pedro capítulo uno y el versículo diecinueve. Segunda de Pedro
capítulo uno y el versículo diecinueve. Tenemos también la palabra profética
más segura. es decir, la Palabra de Dios,
la Biblia, las Escrituras, a la cual hacéis bien en estar atentos,
como una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el
día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones. Tenemos que poner atención, por
supuesto. Y si estamos nosotros apreciando
la voz de Cristo, queremos aprender, queremos escuchar de Dios, tenemos
esa atención, quiere decir entonces que estamos oyendo, que estamos
oyendo la palabra de Dios. Estamos reconociendo. Yo no sé
todo. Yo no sé todo. Dios es más sabio
que yo. Y tiene una palabra para mí,
para mi vida eterna. Pones atención entonces. De esto
se trata. Muy bien, número cuatro, súper
importante esto. Número cuatro, sabes que oyes
si escuchas a Cristo. Sabes que oyes si escuchas a
Cristo. Aquí pueden apuntar Mateo 17.5
en la transfiguración. Dios dijo, Dios Padre dijo, escuchad
oíd a Cristo. Cuando vienes a la iglesia, no
vienes a escuchar a Pajo Orozco o al hermano Martínez o a los
otros predicadores de esta iglesia, pero vienes a escuchar a Cristo. Aquí predicamos la palabra de
Dios, la Biblia. Estamos predicando a Cristo. Estamos predicando su voz. Y
no es en vano. Cualquier otra cosa es en vano.
Ahora, yo sé, a lo mejor usted es nueva, nuevo aquí en la cristiandad
o va entrando a la iglesia por primera vez. Escuchar a Cristo,
escuchar la voz de Cristo. A lo mejor le suena raro, le
suena místico y cree que va a escuchar una voz o va a soñar algo, ver
una luz y sentir algo. No se trata de eso. Escuchar
la voz de Cristo es escuchar su voz en la Biblia. Esta es
su palabra. Lo que necesitamos escuchar de
Cristo, aquí está todo. La predicación se trata de escuchar
la voz de Cristo en su palabra. Es por eso que el apóstol Pablo,
no lo tienen que buscar, pero les escribe a los tersaronisenses,
también nosotros sin cesar damos gracias a Dios de que cuando
recibiste la palabra de Dios que oíste de nosotros en la predicación,
la recibisteis, no como palabra de hombres. sino según es en
verdad la palabra de Dios, la cual actúa en vosotros los creyentes. Fíjense, el apóstol Pablo escribe
esto a los cesarnicenses en el capítulo 2 y el versículo 13.
Esta no es palabra de Pablo, dice él. Esa es la palabra de
Dios. Y escuchar a Cristo, entonces,
es escuchar la Biblia, su palabra, la voz, su voz en el Evangelio,
las buenas noticias de su salvación. Tristemente, muy tristemente,
trágicamente, no sé qué palabra usar aquí. Uno de los pecadores
más famosos de Estados Unidos estará en los primeros tres lugares,
cinco lugares de los más famosos en Estados Unidos. La semana
pasada tuvo que renunciar. Tuvo que renunciar, cayó en gran
pecado. Una de las cosas que pensé fue,
claro, es un gran tropiezo aquí en la cristiandad y especialmente
los que no son cristianos, pero una de las cosas que pensé fue,
¿por qué? ¿Por qué fue que Dios permitió
esto? ¿Cómo es posible? ¿Dios soberano?
Claro. ¿Él puede cerrar, abrir puertas? ¿Puede controlar todo? Claro. ¿Por qué Dios permitió esto? ¿Por qué Dios hizo esto? Yo sospecho
que una razón es que los cristianos están escuchando a los predicadores
en vez de a Cristo. Precisamente cuando yo vi la
noticia, luego luego salió en YouTube, y el autor de este artículo
de esta... ¿Cómo se llaman en YouTube? ¿Documental?
¿Película? ¿Cómo se llama en YouTube lo
que sale? El título era, Mi predicador
favorito cayó. Mi predicador favorito cayó. Espero que usted nunca diga eso
de algún hombre. Si usted le preguntan, ¿Quién
es tu predicador favorito? Que usted diga, mi predicador
favorito es Cristo. Yo quiero escuchar su voz. Es
lo único que me interesa escuchar a Cristo. Pero yo me temo que
pasó eso. Esa gran tragedia y de mucha
tristeza. Porque como les digo, Los cristianos
están escuchando a los predicadores, son sus héroes, son sus ídolos. Estaba comentando a otro hermano
que fue a una conferencia y le llamó la atención, sobre todo
de jóvenes. Ahí van corriendo a poder tomarse
una foto con el predicador. Y lo que pasa es que muchos le
estaban dando la gloria a ese hombre en vez de darle la gloria
a Dios. El punto aquí es, aparte de eso,
tú sabes que estás oyendo, escuchando, si escuchas Número 5. Sabes que oyes si obedeces
a Dios. Sabes que oyes si obedeces a
Dios. Así que aquí sí quiero que vean
el pasaje. Es conocido, pero quiero que lo vean. Santiago
capítulo 1. Voy a comenzar a leer en el versículo
19. Santiago capítulo 1 y el versículo
19. Por esto, mis amados hermanos,
todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para
airarse, porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios.
Por lo cual, desechando toda inmundicia y abundancia de malicia,
recibid con macedumbre la palabra implantada, la cual puede salvar
vuestras almas. Pero ser hacedores de la palabra,
y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos. Porque si
alguno es oidor de la palabra, pero no hacedor de ella, esté
semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural,
porque él se considera a sí mismo y se va, y luego olvida como
él. más el que mira atentamente,
pudiéramos cambiar de verbo aquí para que vaya con el tema, más
el que oye atentamente en la perfecta ley, la de la libertad,
persevere en ella, no siendo oidor o olvidadizo, sino hacedor
de la obra, éste será bienaventurado en lo que hace. Súper práctico
e importante, por supuesto. ¿Sabes que oyes, que estás escuchando
y que está haciendo efecto la palabra de Dios? Porque la obedeces,
la obedeces. Es muy peligroso escuchar, estudiar
la Biblia, saber, pero no hacer lo que Dios nos dice. Si oyes
mucho, si sabes mucho y no lo haces conforme a la voluntad
de Dios, entonces serás condenado más, nos dice nuestro Señor Jesucristo. Nos lo enseña claramente. Muy
bien, aquí pasamos a la segunda lección principal. La segunda
lección principal, hay que fijarnos en qué cosas oímos. Hay que fijarnos en qué cosas
oímos. Nuestro Señor Jesucristo nos
dice en el versículo 24, Marcos 4, 24. Les dijo también, mirad
lo que oís. Curiosamente, no lo había pensado
hasta cuando me puse a estudiar el versículo. Dice que usemos
el ojo para ver lo que oímos. mirar. Es una expresión, por
supuesto. Fíjense, quiere decir, consideren,
quiero que se lo traduce en otras Biblias, consideren lo que oyen,
fíjense en lo que oyen. Julia me dijo, fíjense lo que
me dijo, luego cambió su parecer, pero me dijo, yo no te voy a
llevar a la diálisis. Porque estaba comiendo muchos
chocolates. y me dijo que tuviera mucho cuidado. Y porque me dijo,
me alertó, yo no te voy a llevar a la diálisis. Después cambió
su parecer. Pero lo que ha pasado es que
ahora se fija mucho en lo que como y quiere que yo me fije
mucho en lo que como. De tal manera que ahora yo sé
cuáles son las proteínas, la carne, el pollo, el pescado.
Y ahora yo sé cuáles son los carbohidratos. Ya los odio, los
carbohidratos, porque eso es carbohidrato. Se va a convertir
en glucosa luego, luego, ¿verdad? Los carbohidratos. Ya sé más
o menos cuántos chocolates puedo comer al día, más o menos. Tengo que fijar mucho en eso,
en lo que como, ya a mi edad. y nos debemos de fijar mucho
en lo que comemos para la gloria de Dios porque nuestro cuerpo
es templo del Espíritu Santo. Pero a lo que voy es que es más
importante fijarnos en lo que oímos. Muchos de nosotros nos
estamos fijando en lo que comemos, pero no nos estamos fijando,
considerando, mirando lo que oímos. Por la puerta del oído,
por la puerta del oído, pueden entrar cosas venenosas, muy peligrosas,
que entran a nuestro corazón sigilosamente. ¿Sí saben qué significa sigilosamente? No nos damos cuenta y ya entraron. Muy peligroso esto. Esto es uno
de los problemas del sentido del oído. Se acuerdan de los
cinco sentidos, ¿verdad? El sentido del tacto es diferente
aquí. No tiene este problema. ¿Por
qué? Porque si tocas algo caliente, ¿qué pasa? Automáticamente, por
el sentido del tacto, lo quitas. Quitas la mano. ¿Verdad? Inmediatamente. Como decían,
tutu, ¿verdad? Dicen, tutu. Quitamos luego,
luego. El problema aquí es que tenemos
que fijarnos lo que oímos porque ya que lo oímos es muy tarde.
¿Por qué? Porque lo procesamos inmediatamente
y entra a nuestro cerebro y entra a nuestra memoria. Es un gran
problema. Si tu amigo te dice una mala
palabra, si tu amigo te dice un chiste rojo, no le puedes
decir al amigo, ¿sabes qué? Aquí te lo devuelvo. Porque ya
entró y no lo puedes sacar. Tenemos que fijarnos, entonces,
cuidadosamente, atentamente, diligentemente, en qué cosas
oímos. Y a lo que voy aquí, es lo principal,
es que podemos escuchar enseñanzas equivocadas que nos desvían en
la vida, en la vida. Lo peor es que podemos escuchar
enseñanzas, herejes, que nos desvían en la cristiandad verdadera. Muy peligroso esto, especialmente
en estos días que podemos escuchar toda clase de predicaciones de
muchos pastores, de muchas personas. Y puede ser, puede ser que el
pastor se ve muy guapo, muy carismático y hable muy bien y muy elocuente. Pero lo último es enseñando originas. Tenemos que tener mucho cuidado
en fijarnos en qué cosas oímos en las pláticas, en la vida común,
en los documentales, en las películas. Nos pueden hacer dudar hasta
de Dios. Les voy a confesar, no les voy
a decir qué película ni les voy a confesar todo. pero yo vi una
película, vi una película. Después de la película, me puse
a pensar qué difícil es. El personaje
en la película había hecho algo, un crimen contra Dios, crimen
contra Dios. Pero pensé, después de ver la
película, ¿Qué me está pasando que yo creo que el protagonista
es bueno y que Dios es cruel? La película, ella por mundanos,
a mí me llamó mucho la atención porque se trataba de matemáticas
y física y eso. Por eso la pensé en ver. Pero
lo último, El personaje había cometido un gran crimen contra
Dios. Y yo estaba pensando, ¿cómo es
que Dios condena esto? ¿Qué pasó? Los protagonistas, la película,
la emoción, los premios, las recompensas, la aventura, todo
se volvió contra las enseñanzas de Dios. Y me hizo dudar. Muy, pero muy peligroso. Muy
subliminal. El diablo es muy astuto. Muy
astuto. Por eso el Señor nos advierte,
mirad lo que oís. Consideren lo que oyen. Fíjense
en lo que oyen. Bueno, pero ¿cómo somos hacedores
de este manamiento de Cristo? A fijarnos en lo que oímos. Vamos
a ver cuatro cosas aquí también. ¿Cómo nos fijamos en lo que oímos? Muy bien, número uno, nos fijamos
en lo que oímos tomando en cuenta quién lo dice, tomando en cuenta
quién lo dice. Aquí lo pueden apuntar, después
lo leen, Jeremías 23, 16 al 22, un pasaje que nos habla de los
falsos profetas y que estaban diciendo contra la ley de Dios,
Jeremías 23, 16 al 22. Aquí se trata, el punto es, escucha,
¿quién es la persona que está diciendo esto? ¿Es un profeta
falso? ¿Un mentiroso? ¿Un mundano? ¿Un ateo? ¿Quién hizo esta película? ¿Quién hizo esta novela? ¿Quién
hizo este YouTube? ¿De dónde salió este pastor?
¿Quién es realmente? Eso sí, número uno, ¿cómo nos
fijamos en lo que oímos? Número dos, Nos fijamos en lo
que oímos discerniendo lo que nos dicen, discerniendo, analizando. Hay un versículo en 1 Juan capítulo
4 que nos dice, nos enseña 1 Juan capítulo 4 y el versículo 1.
Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus y son
de Dios, porque muchos falsos profetas han salido por el mundo. No podemos creer nada más porque
lo leímos en un libro o porque lo escuchamos en el internet.
Tenemos que analizarlo. Tenemos que discernir. No nos
podemos tragar todo lo que nos dicen los maestros en la universidad. No. ¿Qué dice Dios? Número tres,
nos fijamos en lo que oímos discerniendo lo que nos dicen. Número tres,
nos fijamos en lo que oímos comparándolo con la enseñanza bíblica, comparándolo,
comparándolo con la enseñanza bíblica. En Hechos 17, 11, leemos
que los verianos eran más nobles que los de Tesalónica. ¿Qué hicieron
los verianos? Estaban escuchando a apóstoles. ¿Y saben lo que hicieron? Sacaron
sus Biblias, vamos a ver si es cierto lo que está diciendo Pablo.
Vamos a ver si esto sí es cierto. Eso es lo que tenemos que hacer.
Comparar lo que dice el maestro, el filósofo, el experto del mundo,
con lo que dice Dios. Con lo que dice Dios. Hoy en
día, muchas de las noticias en mi teléfono, las que veo a un
lado así, no sé si tu teléfono también tiene que, le muevo así
y salen algunas noticias. Y luego, luego, muchas veces
sale de acuerdo con la ciencia. Y esto y esto, de acuerdo con
la ciencia. ¿Quieres saber esto? ¿Qué dice
la ciencia de esto? Tenemos que comparar qué dice
esa ciencia con lo que dice Dios, con lo que dice la Biblia. No
nos traguemos, dice la ciencia. ¿La ciencia de quién? No, no,
no, no. Y sobre todo aquí, hermanos,
hay que fijarnos que no escuchemos un evangelio diferente. No voy
a decir mucho de esto. Nuestro hermano Carlos realmente
está predicando, pero les leo los versículos y ustedes los
van a reconocer. Pero vean a qué grado, a qué extremo dice el
apóstol Pablo esto. Más si aún nosotros, el apóstol
Pablo, si aún nosotros como apóstoles o un ángel del cielo, os anunciaré
otro evangelio diferente al que hemos anunciado, sea anatema. Como antes hemos dicho, también
ahora lo repito, si alguno os predica diferente evangelio del
que habéis recibido, sea anatema. Recibir un cheque falso no es
el final del mundo. Pero recibir un evangelio falso
es el final de tu alma. Mucho cuidado. Número cuatro,
nos fijamos en lo que oímos comparándolo con la enseñanza bíblica. Número
cuatro, nos fijamos en lo que oímos escuchando lo que es conforme
a la sabiduría bíblica, escuchando lo que oímos conforme lo que
es conforme a la sabiduría bíblica. En Salomón, en Proverbios nos
dice Cesa, hijo mío, de oír las enseñanzas que te hacen divagar
de las razones de sabiduría. Cesa, para, ya no lo hagas, hijo
mío. No escuches las enseñanzas que
te hacen desviar de las razones de la sabiduría bíblica. Proverbios
19, 27. Hay que cesar, tener cuidado,
de escuchar música vulgar. César, pláticas vulgares. Vi una noticia la semana pasada
que encontraron a un narcotraficante, algo por un, ¿qué? ¿Corrido tumbado? ¿Así se dice?
¿Un corrido tumbado? ¿Alguien? Confiesen que saben.
¿Corrido tumbado así es? Yo leí la noticia y no pensé
un poco. De seguro que el corrido tumbado
no es un himno que yo conozco, ¿verdad? Algo está mal aquí. ¿Qué está pasando? ¿Qué están
diciendo con estos corridos tumbados? Y yo no lo pude creer. Y ya hace más de 10 años, cuando
empezaron a cantar de la música del mundo con malas palabras,
pero cuando lo escupero, ¿cómo? ¿Tan vulgar es así? No, no, no,
no, no. Debemos escuchar. conforme a
lo que es la sabiduría bíblica. Esas cosas no nos ayudan en la
vida, ni en esta vida y mucho menos en la vida eterna. Pero
música, pláticas, enseñanzas edificantes bíblicas nos ayudan
en esta vida y en la vida venidera. Y usted me dice, Paco, pero ¿cómo
sé que es edificante? ¿Cómo sé que es bíblica? Te voy
a dar un pasaje nada más, y eso te va a servir mucho. Filipenses
4.8. Si lo que escuchas va con Filipenses 4.8, está muy bien. Filipenses 4.8. Por lo demás,
hermanos, todo lo que es verdadero, Todo lo honesto, todo lo justo,
todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen hombre.
Si hay virtud alguna, si hay algo digno de alabanza, esto
escuchar. En esto pensar. Muy bien. Aquí pasamos a la última lección,
la última lección principal. Hay que cuidar cómo oímos. hay que cuidar cómo oímos. Volviendo a nuestro pasaje, en
Marcos 4 nos dice el Señor, en el versículo 24, Marcos 4, 24,
les digo también, mirad lo que oís, porque con la medida con
que medís os será medido, y aún se os añadirá a vosotros los
que oís, porque al que tiene se le dará, y al que no tiene,
aún lo que tiene se le quitará. Y escúchanlo o véanlo en Lucas
8, 18, un pasaje paralelo. No un pasaje similar, pero un
pasaje paralelo. Lucas 8, 18, nuestro Señor Jesucristo
dice aquí, mirad pues, ¿cómo oís? Lucas 8, 18. Es lo mismo. Mirad, pues, cómo
oís, porque a todo el que tiene se le dará, y a todo el que no
tiene, aun lo que piensa tener, se le quitará. Mirad, pues, cómo
oís. Aquí podemos aplicar esta lección
con respecto a los hombres, a los demás. Y luego lo vamos a aplicar
respecto a Dios. Pero primero podemos aplicar
esta lección con respecto a los hombres, los demás. Si al escuchar
algo de los demás, Lo medimos estrictamente, sin compasión. Creemos los chismes sobre ellos.
Entonces Dios, el Señor, nos está diciendo, así también los
van a medir ustedes. Así también van a escuchar de
ustedes, sin compasión, muy estrictamente. Hay que tener mucho cuidado aquí
en esto. Hay personas y pueden tener buena
ocasión y puede ser que a lo mejor lo digan con buena intención.
Pero por ejemplo, ¿sabes qué? Hay que orar mucho por la hermana
Tiburcia. Es que no sabes dónde la vi.
La vi saliendo del estacionamiento del casino que está por el Colosio
a la hermana Tiburcia. Hay que orar hermana, hay que
orar mucho por la hermana. Es un chisme, él lo hace petición,
pero para pintar la verdad de cristiandad. Al último es un
chisme. Yo vi a la hermana Tiburcia saliendo del casino. No dijo
eso. Dijo La vi saliendo del estacionamiento
del casino. Pero ya ahora se ha convertido
en el juego del teléfono. La vi saliendo del casino. Y luego el otro hermano va a
decir, la vieron que ganó mucho dinero en el casino. Pero todo
comenzó con la vieron saliendo del estacionamiento del casino. La llaman los ancianos de la
iglesia, la hermana Tiburcia. Hermana, queremos ayudarle. ¿Hay algún problema? Unos hermanos están reportando
que usted va al casino. Ya ha ganado mucho dinero, de
eso nos dicen. Oh, no, hermano Paco, hermano Martínez, mire
lo que pasó. Una vecina se les compuso el
carro ahí llegando a la agencia Mazda y apenas llegaron a empujarlo. Pusieron el estacionamiento,
el casino, ahí lo dejaron y me pidió por favor que la fuera
a recoger y ayudar. Y es por eso que me vieron saliendo
del estacionamiento. Pero yo no entro al casino, hermano. ¿Cómo escuchamos esos rumores,
esos chismes? ¿Qué hacemos con ellos? Así,
dice el Señor, se va a hacer con ustedes, sin compasión. Tenemos
que tener mucho cuidado de cómo escuchamos los rumores, los reportes
sobre nuestros vecinos, nuestros compañeros, nuestros hermanos
en Cristo. En Levítico 19.16 y en Jeremías
6.28, y la Escritura no exagera, cuando asocia el chisme con los
rebeldes, los aborrecedores, con el homicidio. Pueden leer
eso en Jeremías 6, 28, pero se los leo en Levítico 19, 16. Levítico
19, 16. No andarás chismeando entre tu
pueblo. No atentarás contra la vida de
tu prójimo. Yo Jehová El chisme para Dios es algo tan,
tan punible, tan grave como el homicidio. Ahora entonces, hay
que tener mucho cuidado de cómo oímos. y especialmente esto respecto
a los hombres. En la práctica, ¿qué nos ayuda
a cuidar cómo escuchamos lo que dicen respecto a los demás? En
la práctica, cuatro puntos también, ¿cómo escuchamos, qué nos ayuda
a cuidar cómo escuchamos lo que dicen respecto a los demás? Número
uno, reconocer que los mismos reportes pecaminosos o peores
se pueden hacer de nosotros. que los mismos reportes de algún
pecado o algo peor se puede hacer de nosotros mismos. Romanos 3.23
se aplica por cuanto todos pecaron. Todos somos pecadores. Una hermana
platicando de otro tema me dijo, es que hermanos, la verdad es
que todos tenemos una cola que nos puede pisar. ¿Qué quieres
decir? Después lo entendí, ¿verdad?
Todos tenemos una cola que nos puede pisar. Y esto es cierto. Todos tenemos un pecado, algo
grave. O no tan grave, pero se puede hacer grave. Y todos somos
pecadores. Tenemos que reconocer esto con
lo que dicen respecto a los demás. Número dos, tenemos que aplicar,
¿qué nos ayuda? Aplicar el amor bíblico al prójimo
al escuchar cosas sobre él. Aplicar el amor de 1 Corintios
13, 4 a 7, si quieren apuntarlo. 1 Corintios 13, 4 a 7. Aplicar el amor bíblico al prójimo
al escuchar cosas sobre él. Número tres, se nos está acabando
el tiempo. Número tres, Algo que nos ayuda a cuidar cómo escuchamos
lo que dicen respecto a los demás. No entre meternos con los sueltos
de lengua. No entre meternos con los sueltos
de lengua. Esas son las palabras de Proverbios
20 y 19. Proverbios 20 y 19. No te entre metas con los chismosos. No te entre metas con los sueltos
de lengua. Muy fácil. Para no escuchar chismes,
diretes, rumores de otros, no te juntes con los chismosos.
Punto. Número cuatro, y yo creo que
eso es lo más importante y lo que más nos ayuda, que nos ayuda
a cuidar cómo escuchamos lo que dicen respecto a los demás. Número
cuatro, no olvidar perdonar y soportar a los demás, así como Cristo
a nosotros. No olvidar, perdonar y soportar
a los demás, así como Cristo a nosotros. Efesios 4, 32. Efesios capítulo 4, el último
versículo de Efesios 4, el versículo 32 dice así. Antes, sed benignos unos con
otros, misericordiosos, perdonándonos unos a otros, como Dios también
os perdonó a vosotros en Cristo. ¿Escuchas el rumor, la tristeza,
la noticia? ¿Alguien te dice algo sobre otro
hermano, otra hermana? Piensa, el Señor me perdonó a
mí también de eso, o más. El Señor me soporta a mí y mis
pecados, o más, mucho más. Y por adelantado, como dice en
la Escritura, cubre multitud de pecados con esa actitud. Y
aquí, por supuesto, lo que te va a ayudar más es que sepas
que Dios te ha perdonado, que el Señor te ha perdonado por
su sacrificio. Lo que te va a ayudar más. Muy
bien, lo final aquí, y no quiero que se haga otra serie y un sermón
muy largo. Esta lección principal que hay
que cuidar como imos, también la podemos aplicar con respecto
a Dios. La aplicamos con respecto a lo
demás, pero también la podemos aplicar con respecto a Dios. De acuerdo con la medida que
demos a Dios, así nos medirá Él a nosotros. Según la medida de nuestros esfuerzos,
según la medida de nuestra fe, Dios nos medirá a nosotros. En otras palabras, si nos esforzamos
a escuchar a Dios, si nos esforzamos a obedecerlo, entonces se nos
va a añadir más. más conocimiento, más dones,
más bendiciones. Y esto, hermanos, es por la pura
gracia de Dios, por el puro amor de Dios. Cuando nos dice Él,
Mirad lo que oís, porque con la medida con que medís os será
medido, y aun se os añadirá a vosotros los que oís. Se nos va a añadir
a nosotros los que oímos el evangelio. ¿Es por pura gracia? ¿Es por
puro amor? Si escuchamos al Señor y nos
arrepentimos, nos perdona, pero nos añade, nos hace sus hijos. Si escuchamos al Señor, le seguimos
hasta el final, nos recompensa, ¿pero saben con qué? Con el cielo,
con reinos, con coronas, nos añade mucho más. Y el versículo 25 alerta a los
demás. Si no nos esforzamos, no obedecemos,
entonces se nos quitará todo. Porque al que tiene se le dará
y al que no tiene aún lo que tiene se le quitará. Puede ser
que tú tengas la oportunidad de venir a la iglesia, tú tengas
la oportunidad de escuchar la Biblia predicada. Pero aquí te
dice Cristo, mucho cuidado. Si no te esfuerzas, si no te
arrepientes, si no obedeces, puede ser que se te quite aún
eso que realmente no tienes. Se te quite la oportunidad de
escuchar la Biblia y la oportunidad de escuchar y creer el Evangelio. Eso es lo más terrible, por supuesto.
Hermano Paco, time out. Tiempo, fuera. Objeción, objeción. que no todo es por gracia. ¿Por
qué me voy a esforzar? ¿Por qué? ¿Acaso es por obras
la cristiandad? Es cierto que somos salvos por
gracia. Cierto. Y no es por obras que somos salvos.
Pero la gracia no excluye nuestros esfuerzos y nuestras obras. Tú
dices que somos salvos por gracia probablemente por Efesios 2.8.
Y esto es muy cierto. Efesios 2.8 está en la Biblia. porque por gracia sois salvos,
por medio de la fe, y esto no de vosotros, pues es un don de
Dios, no por obras, para que nadie se gloríe. Pero también
está el versículo 10, porque somos eshura suya, creados en
Cristo Jesús para buenas obras, las cuales él preparó de antemano
para que anduviésemos en ellas. El gran predicador de la gracia
fue el apóstol Pablo, sin duda alguna, y él escribió Yo a lo
último soy lo que soy por la gracia de Dios. Eso lo dice en
1 Corintios 15. Pero luego él, curiosamente,
en la providencia de Dios y coincidentalmente, dice así. Es 1 Corintios 15 10,
si lo quieren ver. Pero por la gracia de Dios soy
lo que soy. Y su gracia no ha sido en vano para conmigo. Antes,
fíjense, antes he trabajado más que todos ellos. pero no yo,
sino la gracia de Dios conmigo. Esa es la cristiandad real. Esa
es la gracia de Dios. Entonces, vale más que te esfuerces,
que te arrepientas de cualquier negligencia en escuchar a Dios. Hoy, en la práctica, finalmente,
en los dos minutos que me quedan, en la práctica, ¿Qué nos ayuda
a cuidar cómo escuchamos a Dios? ¿Qué nos ayuda? Número uno, nos
ayuda a escuchar con una limpia conciencia. Jeremías 6, 10. Escuchar con una limpia conciencia. Para acercarte a Dios, tienes
que estar limpio, pura. Tus pecados, por supuesto. Tienes
que arrepentirte. Crea el mensaje que nos ha dado
acerca de su hijo. que a través de él, a través
de Cristo, su cruz, Dios nos purifica de todo mal. Número
dos, te va a ayudar a escuchar con reverencia, escuchar con
una limpia conciencia. Número dos, escuchar con reverencia,
así como Moisés ante la zarza ardiendo iba a escuchar la voz
de Dios. Inmediatamente el Señor le dijo quita el calzado de tus
pies, porque el lugar donde está santo es. Donde está la voz de
Dios es un lugar santísimo. Tenemos que acercarnos a Dios
con reverencia. Hebreos 12 nos dice al final,
Dios es un fuego consumidor. En el Antiguo Testamento, en
el Nuevo Testamento Hoy, Dios es Santísimo. La Biblia, la predicación,
no es un podcast de un artista o un gurú carismático. Es la
voz del Dios Santísimo. Tenemos que escucharla con reverencia. Número 3. Hay que escuchar con
diligencia. Lo leímos en Hebreos 2. Pueden
apuntar también ahí, Eclesiastes 9, 10. Les voy a leer de Proverbios
2. Proverbios 2, las promesas que
nos hace de escuchar la palabra, si la recibieras mis palabras,
mis mandamientos, los guardar dentro de ti, haciendo estar
atento tu oído a la sabiduría, Si inclinares tu corazón a la
prudencia, si clamares a la inteligencia y a la prudencia adhieres tu
voz, si como a plata la buscares, la escudriñares como a tesoros,
entonces entenderás el temor de Jehová y hallarás el conocimiento
de Dios. Hay que hacer esto con diligencia. Al final, al final, al final
de tu vida, cuando te estés muriendo, no vas a pensar debí de haber
puesto más atención en los juegos de fútbol. No. Ni vas a pensar, debí de haber
puesto más atención a las clases de biología. No. Al final de
tu vida, vas a pensar, debí de haber puesto más atención a la
palabra de Dios. si pudiera escuchar otra vez
esas promesas y acordarme de esas promesas que me dan paz. Cuidado, amigos y hermanos, de
no escuchar a Dios con indiferencia, como dice Mateo, el que lo leímos
en Mateo 13, con oídos pesados. No, no, no. Hay que venir con
interés a escuchar la palabra de Dios. Es así como Dios nos
alimenta y nos enseña. En último lugar, número cuatro,
hay que escuchar con una humilde disposición a la obediencia. Hay escuchar, hay que escuchar,
oír con una humilde disposición a la obediencia. Antes de leer
la Biblia, antes de escuchar la Biblia, antes del sermón,
aquí ojalá que llegues temprano, te sientes, te calmes y ores
como lo hizo Samuel en primera Samuel 3. En primera Samuel 3
nos dice que Samuel, el niño o ya joven, dijo, Oh Dios, Jehová,
habla, porque tu siervo escucha. Es así como escuchamos a Dios. Entonces, como dijo Salomón,
el fin de todo el discurso oído es que creas que la Biblia es
la voz de Dios. Que vengas a escuchar con expectativa
la voz de Dios en la iglesia. Y que después del culto, hagas
según la voz de Dios, lo que Él te enseñó en su palabra. Y
recordando, por supuesto, No vamos a ser recibidos en gloria
porque nosotros escuchamos, oímos muy bien, con mucha fidelidad.
No, no, no, no. La única razón por la cual Dios
nos va a recibir en gloria es porque Cristo, Su Hijo, escuchó
y obedeció al Padre a la perfección. Nada más por Él. Nosotros fallamos,
y fallamos mucho, pero Cristo nunca falló. Él siempre escuchó
y Él obedeció, hizo la voluntad del Padre. Entonces, no se trata
de nuestra perfección al oír, nuestra obediencia fiel, pero
la perfección de Cristo, la obediencia fiel de Cristo. Y de eso abrázate. El diálogo te va a decir muchas
veces, no vayas a la iglesia, no leíste, no tienes... Tú abrázate
de los méritos de Cristo, su perfección, y que como cristiano,
como nos dice y nos enseña mucho la escritura, estamos en Cristo,
en Cristo, por Cristo, en Cristo, en unión con Él, podemos escuchar
la palabra de Dios para su gloria. Oremos al Señor. Ahora, Señor, te pedimos por
los méritos de Cristo, para la gloria de tu nombre, que tú inyectes
esas lecciones a nuestras vidas. Borra, quita de nuestra mente,
nuestra memoria, toda palabra maldicha, toda enseñanza falsa.
Te pedimos por los méritos de Cristo que nos enseñes a oír,
nos enseñes a escuchar. Aún esta semana, cuídanos, Señor,
en nuestro oír. Te pedimos esto para nosotros
y para nuestros hijos. Tenemos que bendigas a tu Iglesia
en este día de reposo. Danos reposo en nuestra alma
y en nuestro cuerpo. En Cristo Jesús. Amén.
Fíjate cómo oyes
Series Marcos
Hay que asegurarnos que oímos, que cosas oímos y cuidarnos cómo oímos.
| Sermon ID | 9242402338513 |
| Duration | 53:20 |
| Date | |
| Category | Sunday Service |
| Bible Text | Mark 4:21-29 |
| Language | Spanish |
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