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En el día de hoy vamos a estudiar
un pasaje muy conocido, el de Lucas 7, versículo 36 al 50. Y antes de leer iniciaré con
las palabras de JJ Pérez. Dice, no son pocos los que a
causa de sus grandes y muchos pecados prefieren mantenerse
a distancia de Jesús. Pues bien, este texto narra la
historia de una mujer pecadora que hizo todo lo contrario. Ella
sintió lo grande de sus pecados. Decidió acercarse al Señor, pedirle
perdón y lo halló. Como resultado, no solamente
derramó un perfume, sino también su vida entera a los pies de
nuestro Señor y Salvador Jesucristo. ¿Cómo estudiaremos este texto? Este texto lo vamos a estudiar
en dos partes. Primero, veremos la historia. Veremos la historia. y segundo
ver algunas implicaciones y aplicaciones. Dentro de la historia veremos
varias cosas. El escenario de la historia,
lo sucedido en la historia y el cierre de la historia. La historia puede ser estudiada
en estos tres escenarios. lo sucedido en la historia. Veamos pues el escenario de la
historia. ¿Cuál fue el escenario de la
historia? Versos 36. Veamos pues el escenario de la
historia. ¿Cuál fue el escenario de la
historia? El verso 36, leemos. Uno de los
fariseos le pedía que comiera con él. Y entrando en la casa
del fariseo, se sentó a la mesa. se nos dice que un fariseo es
decir para aquellos que no saben lo que es un fariseo era un religioso
muy devoto y era maestro de la ley y este fariseo En el verso
40 tiene un hombre, se llamaba Simón, invitó a Jesús a su casa
para comer y una vez en su casa se sentó a la mesa y fue allí
donde se desarrolló la historia. Un fariseo invita a Jesús a comer,
cuando llegan a su casa se sientan a la mesa y quiero que se le
grabe esto en sus mentes. Sentados a la mesa, no deben
imaginarse la mesa de su casa con sillas altas. La mesa en
aquel tiempo era bajita y por lo regular se sentaban en el
piso con los pies hacia atrás. ¿Y qué sucedió en la historia?
Leo, y aquí había en la ciudad una mujer que era pecadora. Permítame leerlo en la reina
valera mejor. Entonces una mujer de la ciudad,
que era pecadora, al saber que Jesús estaba a la mesa en casa
del fariseo, trajo un frasco de alabastro con perfume, y estando
detrás de él, a sus pies, llorando, comenzó a regar con lágrimas
sus pies, y los enjugaba, y con sus cabellos, y besaba sus pies,
y los ungía con el perfume. Cuando vio esto, el fariseo que
le había convidado dijo para sí, si este fuera profeta, conocería
quién y qué clase de mujer es la que le toca, que es una pecadora. Entonces respondió Jesús y le
dijo, Simón, una cosa tengo que decirte. Y él le dijo, Di Maestro,
un acreedor tenía dos deudores, el uno le debía quinientos denarios,
y el otro cincuenta. Y no teniendo ellos con qué pagar,
perdonó a ambos. Di pues, ¿cuál de ellos le amará
más? Respondiendo Simón dijo, Pienso
que aquel a quien perdonó más. y él le dijo, rectamente has
juzgado. Y vuelto a la mujer, dijo a Simón,
¿ves esta mujer? Entré a tu casa y no me diste
agua para mis pies, mas esta has regado mis pies con sus lágrimas. No me diste beso, mas esta y
los ha enjugado con sus cabellos. No me diste beso, mas esta, desde
que entré, no ha cesado de besar mis pies. No ungiste mi cabeza
con aceite, mas esta ha ungido con perfume mis pies. por lo
cual te digo que sus muchos pecados le son perdonados porque amó
mucho más aquel a quien se le perdona poco poco ama y a ella
le dijo tus pecados te son perdonados. Y los que estaban juntamente
sentados a la mesa comenzaron a decir entre sí, ¿Quién es éste
que también perdona pecados? Pero él dijo a la mujer, tu fe
te ha salvado, ve en paz. ¿Qué podemos ver en estos versículos? Veamos lo sucedido. Lo primero que veremos es lo
sucedido. ¿Y qué sucedió? Vemos un acto de amor en los
versos 37 y 38 que dice, y aquí había en la ciudad una mujer
que era pecadora. Y cuando se enteró de que Jesús
estaba sentado a la mesa en la casa del fariseo, trajo un frasco
de alabastro con perfume y poniéndose detrás de él a sus pies, llorando,
comenzó a regar sus pies y los ungía con el perfume. En medio
de aquella escena, se nos dice que aparece una mujer de la que
no se menciona su nombre. Solo se nos dice que ella era
una mujer de la ciudad y que era conocida por ser una gran
pecadora. Es decir, que ella no gozaba
de una buena reputación. Esto queda evidente en el versículo
39, cuando el fariseo se refirió a ella de una manera despectiva. Y se nos dice que aquella mujer
se enteró que Jesús estaba en casa de Simón el fariseo. Así
que, sin invitación alguna, fue también a la casa. Trayendo consigo
un frasco de perfume, entró a la casa, se puso detrás de Jesús
a sus pies llorando. y comenzó a regar los pies de
nuestro salvador con sus lágrimas para luego secarlo con sus cabellos. No olvidemos que el cabello de
la mujer era considerado como su gloria, según Corintios 11,
6. De modo que esta mujer estaba rompiendo todas las normas del
decoro de aquel tiempo, pues no era apropiado que una mujer
se soltara el pelo en presencia de los hombres, pero el asunto
no quedó allí. ella también comenzó a besar
los pies de nuestro señor y a ungirlos con el perfume que ella había
llevado. Entonces en el verso 39 continúa
Pero al ver esto, el fariseo que le había invitado dijo para
sí, si éste fuera un profeta, sabría quién y qué clase de mujer
es la que le ha tocado, que es una pecadora. Aquel acto de devoción
extrema suscitó la actitud del fariseo. Este fariseo de una
forma hipócrita, sí, porque el pasaje dice que él no lo dijo
con su boca, sino que lo pensó en su corazón. Si este fuera
un profeta, él sabría qué clase de mujer es la que le ha tocado,
que es una pecadora. Este acto tuvo un efecto, pues
al ver esto Simón de una manera hipócrita y cobarde comenzó en
su corazón a criticar a Jesús bajo el argumento de que si éste
fuera un profeta sabría la clase de mujer que era ella y no se
dejaría tocar como si el toque de aquella mujer podía contaminar
a nuestro Salvador. Y luego vemos una respuesta.
Pero Jesús, que no solo conocía el corazón de la mujer, sino
también el de Simón, el fariseo, le respondió. Y su respuesta
tiene tres partes. En primer lugar, veremos una
ilustración, un contraste y una explicación. Veamos la ilustración
y me gustaría que me ayuden leyendo. ¿Quién puede leerme el versículo
40 de la ilustración? El diácono Guzmán. Denme un segundo para que le
pasen el micrófono. Entonces respondiendo a Jesús
le dijo, Simón una cosa tengo que decirte y él le dijo, di
maestro. Siga leyendo hermano hasta el
43. Un acreedor tenía dos deudores. El uno le debía 500 denarios
y el otro 50. Y no teniendo ellos con qué pagar,
perdonó a ambos. Di pues cuál de ellos le amará
más. Respondiendo, Simón dijo, pienso
que aquel a quien perdonó más y él le dijo, retamente ha juzgado. Muy bien, gracias hermanos. La
ilustración tiene que ver con un prestamista y dos deudores. uno le debía 500 denarios y el
otro le debía 50 pero había otra cosa en común y era que ninguno
de los dos podían pagar al prestamista entonces el prestamista con un corazón
generoso decidió perdonar a ambos Jesús hace una pregunta ¿Cuál
de los dos le amará más? El fariseo le respondió, aquel
a quien le perdonó más. Su juicio fue apropiado al punto
que Jesús le dijo, has juzgado correctamente. Veamos el contraste de esta ilustración. ¿Quién puede leerme el versículo
44 al 46? Y vuelto a la mujer dijo a Simón,
¿ves esta mujer? Entré en tu casa y no me diste
agua para mis pies. más esta has regado mis pies
con lágrimas y los has enjugado con sus cabellos. No me diste
beso, más esta, desde que entré, no has cesado de besar mis pies.
No ungiste mi cabeza con aceite, más esta ha ungido con perfume
mis pies. Amén. Sigue, sigue. Por lo cual te
digo que sus muchos pecados le son perdonados, porque amó mucho,
más aquel a quien se le perdona poco, Poco ama. Gracias. La ilustración tenía
el propósito de resaltar un contraste. un contraste entre el impecable
Simón y la mujer pecadora. Mientras aquella mujer pecadora
había regado sus pies con sus lágrimas y secado con sus cabellos,
le había besado sus pies y lo había ungido con el perfume,
Simón no había hecho nada de eso, ni siquiera por cortesía. Tercero, veamos la explicación
47. Por lo cual te digo que sus pecados,
que son muchos, han sido perdonados porque amó mucho. Pero aquel
a quien poco se le perdona, poco ama. ¿Cómo explica Jesús el contraste? Bueno, queda claro por la conexión
de la ilustración que lo hecho por la mujer era más que una
cortesía. Se trataba de una expresión extravagante
de fe, según el versículo 50, que había obrado en ella por
el amor a aquel que perdona a grandes pecadores como ella. Así que,
le dice a Simón, por lo cual te digo, que sus pecados, que son muchos,
han sido perdonados porque amó mucho. ¿Y cómo explicar la frialdad
de Simón? ¿Cómo explicamos la frialdad
de Simón? Jesús lo explica diciendo, a quien poco se le perdona, poco
ama. Con esto Jesús dio a entender
que su falta de cortesía y amor era una clara evidencia de que
no se veía a sí mismo como un gran pecador y no veía a nuestro
Señor Jesucristo como un gran salvador. Él se veía a sí mismo
como justo. ¿Y cómo cierra la historia? En
el verso 48, ¿cómo cierra la historia? La historia cierra con unas palabras
dirigidas a la mujer, una pregunta de los presentes de los que estaban
allí y una despedida gloriosa de nuestro Señor Jesucristo.
Las palabras dirigidas a la mujer después de responder a Simón,
Jesús dice, y va directamente a la mujer y dice tus pecados
han sido perdonados, tus pecados han sido perdonados y quiero
que piensen por un momento, aquella mujer se nos dice que era de
la ciudad y que era una gran pecadora, lo que significa que
posiblemente esta mujer era una idólatra, una blasfema, desobediente,
asesina, adúltera, fornicaria, ladrona, mentirosa, codiciosa.
Yo no sé cuál era el pecado de esta mujer, pero se nos dice
que sus pecados le fueron perdonados. La mejor noticia, hermano, esta
mujer salió de allí con sus pecados perdonados. La pregunta de los
participantes de lo presente De más está decir que las palabras
de Jesús a la mujer, tus pecados te son perdonados, suscitaron
en ello una curiosidad. los que estaban sentados a la
mesa con él, comenzaron a decir entre sí, ¿Quién es este que
hasta perdona pecados? Verso 49. En el texto no tenemos
la respuesta, pero ya hemos visto a través del Evangelio que se
trataba del Hijo de Dios, se trataba del Mesías que vendría
a proclamar libertad a los cautivos y no sólo de la opresión, sino
también de el más grande verdugo del pecado. Y en el mismo pasaje
de este capítulo 7, cuando Juan el Bautista manda a preguntar,
¿es él o esperaremos a otro? En el mismo pasaje atrás, Jesús
dice, dile a Juan, los ciegos ven, los cojos oyen, los muertos
son resucitados y a los pobres es anunciado el evangelio. Así
que, ¿quién era él? El salvador, el salvador del
mundo de quien se había profetizado. ¿Y cómo despide Jesús a la mujer? En el versículo 50 leemos, Pero
Jesús dijo a la mujer, Tu fe te ha salvado, vete en paz. Y así se fue aquella mujer en
paz con Dios. Había llegado con muchos pecados,
pero se fue perdonada y justificada por la fe que obra por el amor. Había llegado como una gran pecadora
y se fue de allí con una nueva identidad en Cristo. Se fue de
allí como una pecadora redimida. Y esto me recuerda al progreso
del peregrino. Miguel, Miguel, ¿dónde está?
Sí, está aquí. Miguel, ¿podría citarme lo que
dijo el Profesor Peregrino frente a aquella cruz? Claro, con mucho
gusto. Dice, vine cargado con la culpa mía, de lejos sin alivio
a mi dolor, mas en este lugar, oh alegría, mi solaz y mi dicha
comenzó. aquí cayó mi carga y su atadura. En este sitio rota yo sentí bendita
cruz, bendita sepultura y más bendito quien murió por mí. Amén. Así como Cristiano cuando se
topó con aquella cruz fue con una carga muy pesada, así mismo
esta mujer de la historia. Ahora bien, ¿Qué implicaciones
y aplicaciones podemos sacar de esta historia? Este texto
nos muestra cómo muchas personas, principalmente moralistas y religiosos,
al igual que Simón, pueden mostrar respeto y simpatía por Jesús
y, sin embargo, no ver su necesidad de Él ni su necesidad de salvación. Amado amigo, ¿Eres tú de lo que
muestras simpatía por Jesús? ¿De lo que muestras respeto por
Jesús? Sí. Eso es bueno. Pero para eso no
hay que nacer de nuevo. De nada te sirve recibir a Jesús
como un invitado en tu mesa si no lo recibes como lo que realmente
Él es. Él es el Señor y Salvador. Así que te invito amigo a que
lo recibas hoy. Este texto nos muestra que Jesús
puede oler el aroma de nuestros corazones. Si hermano, Jesús
puede oler el aroma de nuestros corazones. Y yo pregunto, somos
como Simón? que por creernos buenos y mejores
que otros nos acercamos a Jesucristo confiado, no en su justicia,
no en su vida sin pecado, no en su obra en la cruz, sino confiado
en nuestra propia justicia de yo soy bueno, de yo soy mejor
que fulano, de yo no soy como este pecador. Somos como Simón, que por creernos
buenos y mejores que otros, nos acercamos a Jesús, confiados
en nuestra propia justicia. O somos como esta mujer, que
sabía lo pecadora que era, y por eso se acercó a Jesús con esa
tristeza, según Dios, que lleva al arrepentimiento. Si hoy estamos
aquí sintiendo la carga de nuestros pecados, Ven a Jesús, Él ve el
corazón. Nuestras lágrimas son más aromáticas
que cualquier perfume. Por tanto, derramemos nuestro
corazón hoy delante de Él. No permitamos que la autojustificación
nos aleje de Cristo. Este texto nos muestra también
qué hace la verdadera fe. En el verso 50 Jesús le dijo
a la mujer, tu fe te ha salvado. Mi pregunta, ¿en qué consistió
su fe? Su fe consistió en acercarse
a Jesús, no sólo viendo sus muchos pecados, sino también creyendo
que Jesús era el único que podía salvarla de sus de sus pecados. Recuerden al inicio, no son pocos
los que a causa de sus muchos y grandes pecados prefieren mantenerse
a distancia de Jesús. Eso no es fe, eso es incredulidad. La fe real es aquella que viendo
tus muchos pecados viendo lo grande de tu pecado, se acerca
a Jesús creyendo que Él puede perdonarte. Amado amigo, amado hermano, entendemos
que el distintivo de la fe salvadora es aquella que se acerca a Jesús
creyendo que Él tiene el poder para salvarte. Y yo digo, Deja
de decirle a Cristo que tu pecado es grande y que por eso te mantienes
alejado de Él. Mejor, dile a tu corazón que
tu Cristo es grande y que puede salvarte, puede perdonarte, así
que acércate a Él con confianza. Deja de decirle a Cristo que
tus pecados son grandes y por eso tomar como excusa y mantenerte
alejado de Él. Nuestro Cristo es grande. Nuestro Cristo es grande. Amado amigo y hermano que estás
aquí. Puedes que estés abatido por
tus pecados. Puede que tus pecados sean grandes
como el universo. Puedes que tu conciencia te acose
por tus pecados. Si el rey del universo dijo,
perdonado, ¿acaso habrá alguien que pueda decirte que eres un
condenado? Cristo espera de nosotros que
le abracemos en fe, que veamos su obra en la cruz y como esta
mujer nos acerquemos a él. con confianza de que Él puede
perdonar todos nuestros pecados. Este texto también nos muestra
que la salvación que Dios nos da en Cristo es como una moneda. Una moneda que tiene dos caras.
Me explico. Jesús dijo a la mujer, tus pecados
te son perdonados y luego dijo, tu fe te ha salvado. De modo que la gran salvación
que nosotros tenemos en Cristo incluye el perdón de pecados
y la otra cara es, el texto también resalta la bendita verdad de
la justificación por la sola fe sin obras. Yo pregunto, ¿qué
hizo esa mujer para recibir estas palabras de Jesús? Tus muchos
pecados han sido perdonados. ¿Y qué hizo esta mujer para que
recibiera las palabras de nuestro Salvador? Ve en paz, tu fe te
ha salvado. Aquella mujer no tuvo que subir
al cielo, ni tuvo que bajar al núcleo de la tierra para ganar
o comprar el perdón de Cristo. Ella simplemente se acercó a
Cristo creyendo que Él tenía la autoridad y el poder para
perdonarla. Él tenía la autoridad y el poder
para perdonarla. Vemos entonces que el distintivo
de la fe salvadora es aquella que se acerca a Dios. Amado amigo y amado hermano,
entendemos que una de las facetas de la salvación es el perdón.
No importa que tan grandes hayan sido nuestros pecados, en Cristo
Dios los toma y los echa a los profundos del mal. Él los aleja
de nosotros así como está de lejos el occidente, el oriente
del occidente. Y nunca más vuelve a tener memoria
de ellos. ¿Sabes por qué? Porque Jesús
pagó por ellos. Jesús pagó por ellos en la cruz.
asombroso. Después de haber malgastado como
el hijo pródigo los dones de Dios y habiéndole dado la espalda
a Dios, viene a su padre y sale corriendo para recibirnos. Acepta
la ofrenda y el arrepentimiento y la fe y nos perdona. eso hizo
Dios con esta mujer. Dios no esperó, esa mujer no
tuvo que decir nada, o acaso ven algo que la mujer haya dicho
en el pasaje, esa mujer no dijo nada y Jesucristo le dijo tu
fe te ha salvado, ve en paz. Así que, amado hermano, mantengamos
siempre viva la memoria en nosotros de que hemos sido perdonados
y del precio que se pagó por ello, y que el amor de Cristo
nos constriña a vivir no para nosotros, sino para aquel que
murió y resucitó por nosotros. Este texto también nos muestra
que en Jesús no solo encontramos el perdón, sino también una nueva
identidad, Amado hermano, amado amigo, ¿Cómo era conocida esta
mujer? ¿Quién recuerda la historia?
¿Cómo esta mujer era conocida? ¿Qué dijo Simón en su corazón? Que era una gran pecadora, era
conocida porque era una gran pecadora. aquella mujer salió de allí con
una nueva identidad, aquella mujer se acercó a Jesús siendo
conocida como una gran pecadora y se fue y hasta hoy después
de dos mil años donde quiera que es conocido el evangelio
Esta mujer es conocida como una redimida en Cristo, como una
hija de Dios. Así que, amado hermano y amado
amigo, yo no sé cómo el mundo te conoce fuera de esas puertas,
pero si hoy vienes a Cristo, también podrás ser conocido como
un redimido y como un hijo de Dios. Amado amigo y amado hermano,
entendemos que para Jesús lo más importante no es cómo fuiste
conocido, Puede que en el pasado fuiste conocido como un idólatra,
como un blasfemo, como un rebelde, como un asesino, como un adúltero,
como un fornicario. como ladrones, mentirosos y codiciosos. Pero si hoy estamos en Cristo,
hoy somos conocidos como pecadores redimidos, como hijos de Dios
y hermanos de Cristo. Nuestro pasado no nos define,
sino Cristo nos define. Por tanto, cuando el diablo,
el mundo y tu corazón nos acusen Trayendo a la memoria nuestros
pecados pasados, vayamos a la cruz y pidámosles a Cristo que
les recuerde a nuestra alma que Él es nuestro Redentor. Luego
respondamos a nuestro adversario que nuestra confianza está en
Él. Este texto también nos recuerda
que nada inflama más el amor apasionado por Jesús y la entrega
a Él que un sentido claro de que hemos sido perdonados de
nuestros muchos pecados. Esta historia no es una lección
de hospitalidad sino una lección de fe. Una lección de fe y amor
por Jesús tan intenso que llevaron a esta mujer a entregarse de
una manera radical. Ella derramó su vida con motivación
ante Cristo porque lo amaba mucho. Y lo amaba así porque tenía un
claro sentido de lo mucho que ella había sido perdonada. Amado hermano, creemos que nuestros
muchos pecados han sido perdonados. Si es así, no debería eso traducirse
como un gran amor y pasión por Cristo que se derrama como libación
para hacer cosas radicales por Él y su reino. Es muy posible
que tu falta de compromiso podría ser la evidencia de que hemos
olvidado o de que olvidamos muy pronto que hemos sido perdonado
de muchos pecados. Podría ser la evidencia de que
olvidamos muy rápido el precio que se pagó por nuestra salvación. Así que si creemos que hemos
sido perdonados mucho como esta mujer, entonces amemos más y
sirvamos más. Creemos que nuestros pecados,
que nuestros muchos pecados han sido perdonados. Hoy es el día
de Santa Cena en la noche. Y me entristece. Me entristece. que como iniciamos
el tema, que no son pocos los que a causa de sus muchos y grandes
pecados prefieren mantenerse a distancia de Jesús. Creyentes,
cuando Cristo tomó todos tus pecados y los tiró a lo profundo
del mal, Y lo alejó de ti, así como está de lejos, el oriente
del occidente. Cristo te llama a que te acerques
a Él, a que no actúes en incredulidad, a que te acerques confiado de
que Él puede perdonarte de todos tus pecados. Y yo te suelto,
amado hermano, amado amigo, que estás aquí sin Cristo. Si hoy
sientes la carga de tu pecado, este es el momento para venir
a Cristo y entregarte a Él. Confiar en que su justicia, su
vida sin pecado y aquella muerte en la cruz que Él derramó su
sangre, que su cuerpo fue partido en un madero para que tú y yo
tengamos entrada al trono de la gracia. que tú seas consciente
de que Cristo ha perdonado todos tus pecados y que como dice Romanos
8, no hay nada en la tierra que pueda separarnos del amor de
Cristo, ni siquiera tú mismo. Tú no eres quien para quedarte
en tu casa, tienes que venir, venir a la Santa Cena para que
recuerdes junto a todos los santos que tus pecados han sido perdonados. y concluyo con estas palabras
¿Qué es el Evangelio? Según el pasaje que hemos leído.
El Evangelio es la buena noticia de que Jesús vino a salvar a
grandes pecadores y parte de esa salvación incluye el perdón
de nuestros pecados el perdón de nuestros más grandes pecados,
el perdón de aquellos pecados que cometes en oculto. Cristo es un gran salvador, un
sumo sacerdote que está a la diestra de Dios y puede compadecerse
de nosotros porque Él fue tentado en todo pero sin pecado. Él conoce
la situación por la que estás atravesando, pero Él está a la
diestra de Dios intercediendo por ti. Así que, amado hermano,
consuélate con estas palabras. Cristo está intercediendo por
ti todos los días. Sí, por ti, por ese pecado que
estás cometiendo. Él está intercediendo por ti.
Ven a Jesucristo, pide perdón por tus pecados y Él es fiel
y justo para perdonarnos de todos nuestros pecados. Esa buena noticia
requiere, según el texto, fe en Cristo y un amor apasionado
por Él. Amado hermano, evaluemos si nuestra
fe en Cristo está haciendo que nuestro corazón se desborde en
un amor apasionado por Él, en el servicio en la iglesia a los
santos, o es tu vida fría y alejada de Él. es tu vida, es como una antorcha,
un pavelo que humea, aún siendo un pavelo que humea, Cristo la
puede encender. Amigo que estás aquí sin Cristo, al igual que esta mujer, No sé
cómo el mundo te conoce allá afuera. Pero en Cristo puedes
encontrar el perdón y puedes hallar en él una nueva identidad. Puedes salir de aquí como una
gran pecadora o pecador redimido e hijo de Dios. Y ahí donde estás sentado, Si
al igual que esta mujer, sientes la carga de tu pecado, Cristo
te invita. Ábrele la puerta de tu corazón, pero no como un invitado, sino
como el Señor y Rey de tu vida. Oremos. Amante Padre, tu pueblo se ha
reunido, Señor, para escuchar tu palabra. Y te damos gracias,
Señor, porque tú eres el único que perdona a grandes
pecadores. Oh, Padre, te agradecemos infinitamente
por tu bondad mostrada en Cristo. Oh, Señor, te damos gracias porque Tú has abierto un camino
directo al Padre. Y nosotros, no importa cuáles
hayan sido nuestros grandes pecados, en Ti, Señor, tenemos perdón. Y no importa cómo el mundo nos
conoce, sino cómo hemos sido conocidos en Cristo y cómo seremos,
redimidos e hijos tuyos. Oh, padre, te pedimos que por
tu espíritu, Señor, tú apliques estas verdades a nuestro corazón. Haz que nuestro corazón se desborde
con un amor apasionado como la de esta mujer, como un amor apasionado
por Jesús, dispuesto a servir a tu reino. O Señor, mira a aquellos
que están sin Cristo. Te pedimos, Padre, que tú tengas
misericordia de ellos. Que ellos puedan arrepentirse
de sus pecados. Y tú, Señor, puedas decirle a
sus oídos, tus muchos pecados han sido perdonados. Señor, te
pedimos esto en el nombre de Jesucristo.
Dios perdona a grandes pecadores
Series Hebreos una exposición general
Dios perdona a grandes pecadores
| Sermon ID | 9224347314993 |
| Duration | 42:25 |
| Date | |
| Category | Sunday School |
| Bible Text | Luke 7:36-50 |
| Language | Spanish |
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