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Hay verdades que impactan nuestra
vida o que deben impactar nuestra vida. Yo creo que todos en algún
momento hemos experimentado en nuestro andar cristiano un evento
de estos. en los que algo de la palabra
de Dios que tal vez no habíamos entendido, tal vez lo habíamos
escuchado cien veces y no había penetrado, no había caído profundamente,
no lo habíamos asimilado. Y cuando Dios nos abre los ojos
y nos permite entender aquello, la experiencia debería ser inolvidable. cuando cae esa venda de los ojos,
cuando el Señor nos permite ver con claridad algo que, en el
momento, la experiencia es como, ¿cómo no lo había visto antes?
¿Cómo no había entendido esto antes? Está clarísimo en las
Escrituras y yo no lo había visto. Mis hermanos, no somos los únicos
que hemos experimentado algo así. A lo largo de toda la historia
de la iglesia ha habido muchos creyentes que han vivido momentos
en los que la palabra de Dios simplemente los convenció y los
transformó profundamente para alivio, para paz, para consuelo. Y una de esas doctrinas que suele
tener este efecto es la doctrina que hemos venido estudiando en
todo el capítulo 3 de Romanos, especialmente hacia el final,
la doctrina de la justificación por la fe. Romanos capítulo 3,
versículos del 27 al 31, dice así. ¿Dónde, pues, está la jactancia? Queda excluida. ¿Por cuál ley? ¿Por la de las obras? No, sino
por la ley de la fe. Concluimos, pues, que el hombre
es justificado por fe sin las obras de la ley. ¿Es Dios solamente
Dios de los judíos? ¿No es también Dios de los gentiles? ciertamente también de los gentiles.
Porque Dios es uno y Él justificará por la fe a los de la circuncisión
y por medio de la fe a los de la incircuncisión. Luego, ¿por
la fe invalidamos la ley? en ninguna manera, sino que confirmamos
la ley. Oremos. Dios, queremos rogarte
que nos ayudes en esta mañana al acercarnos de nuevo, Dios,
a esta carta tan profunda, tan rica, que es la carta a los romanos. Una exposición detallada y rica
del Evangelio de tu Hijo Jesucristo. Y sabemos, oh Padre Santo, que
mucho de esto lo sabemos, lo conocemos, lo hemos estudiado,
se nos ha dicho en alguna medida, pero no permitas que dejemos
de maravillarnos ante las enseñanzas que quizá hemos escuchado muchas
veces. Y si no nos hemos maravillado,
si no hemos caído en cuenta, si estas verdades no han calado
en lo profundo de nuestro corazón, queremos pedirte que por tu Espíritu
Santo abras nuestros ojos y nos permitas entender, quizá finalmente,
después de muchas veces de haberlo oído, cuál es el fundamento y
la seguridad que tenemos para nuestra salvación en Cristo Jesús. Te lo pedimos en su nombre. Amén
y Amén. Hasta este punto, el enfoque de Pablo ha sido que
la justificación es por fe. Que la justificación delante
de Dios no es por obras. Y entonces, viene la pregunta
que abre el versículo 27. ¿Dónde pues está la jactancia? Queda excluida. Es una conclusión,
ese pues, donde pues, ese pues, es como una conclusión en forma
de pregunta de lo que se ha venido diciendo hasta ahora. O sea,
si la justificación es por la fe en Cristo y no por obediencia
a la ley, ¿dónde queda la jactancia? ¿Hay lugar para jactarnos? Y
Pablo de una vez responde, no. La jactancia queda afuera, queda
excluida. El orgullo por el desempeño como la base de nuestra relación
con Dios queda excluido. No podemos sentirnos orgullosos
de que por lo que hemos hecho o por lo que hemos logrado, lo
que hemos sentido, lo que hemos experimentado nosotros, lo que
hemos provocado nosotros, de alguna manera ha propiciado la
relación que tenemos con Dios y por lo tanto yo puedo jactarme. No, no hay lugar. Porque la base
de la relación con Dios es la expiación de Cristo. La base
de nuestra relación con Dios es la fe. Por lo tanto, es Cristo,
es su obra, es su persona, el fundamento. Esa es la base. Y descansar totalmente en él,
y en lo que Él hizo y en quien Él es. Esa es la fe y es el medio
por el cual, el instrumento a través del cual somos justificados.
La tendencia humana es lo que Pablo está atacando y machacando
una y otra vez. Esa tendencia a confiar en nuestro
propio poder, esa tendencia a confiar en nuestro propio mérito, a pensar
que hemos obtenido lo que tenemos porque somos muy buenos. Algo
bueno debo haber hecho para ganarme esto, ¿no? Y a veces, hermanos,
seguimos con esa tendencia, incluso habiendo entendido que la salvación
es por gracia, seguimos nuestra relación con Dios por mérito.
Entendemos que entramos por la gracia y, sin embargo, en el
camino empezamos a pensar que cuanto más obedezca yo la ley
y cuanto más haga yo la voluntad de Dios, más Dios me va a amar. Que mi relación con Dios y el
estar en el favor de Dios depende de mi desempeño, de mi obediencia,
de mis logros. No. No podemos afirmar eso, no
debemos afirmar eso. No debemos pensar eso. No debemos
dar lugar a esa idea en nuestros corazones. Porque en ese momento
hemos cambiado la gracia por un trueque, por una paga y por
obras. Y como leímos en la confesión,
Nosotros por mucho que obedezcamos la palabra de Dios, no podría
ser suficiente. Nuestras obras no serían suficientes
para satisfacer la santidad de Dios. Si nuestro Dios pudiera
ser reconciliado con nosotros y estar en el favor con nosotros
por nuestras obras, sería un Dios muy pequeño. Sería un Dios
deficiente e imperfecto. Porque como también vimos en
la confesión, aún nuestras mejores obras están manchadas por nuestro
pecado. Y la única razón, la única razón
por la que Dios recibe nuestro sacrificio de alabanza, de gratitud,
de una vida que busca agradarle, la única razón por la que lo
recibe es Cristo. Y son los méritos de Cristo. entonces queda excluida la jactancia
y aquí Pablo usa el término pregunta por cuál ley y ahí está ese término
ley pero no se está refiriendo a la ley de Moisés en este caso
esa ley es un principio está diciendo bajo qué principio bajo
qué estándar bajo qué norma queda excluida la jactancia por el
estándar de las obras no ¿Cuál es la regla de las obras?
La regla de las obras es la regla del mérito. Es la regla de la
paga. La regla de las obras es la que
dice, recibo lo que merezco. Es la que dice, me gano lo que
recibo. Esa es la ley o la norma o la
regla de las obras. Y si yo recibo lo que merezco
y me gano lo que recibo, puedo jactarme. Porque hice lo que
tenía que hacer para recibir lo que obtuve. Él dice no, no
es por la regla de las obras, sino por la regla de la fe. ¿Qué es la regla de la fe? La
regla de la fe es la regla de la expiación. La regla que me
dice que yo no podría haberlo hecho, que yo no soy suficiente,
que yo no tengo el poder y alguien tuvo que pagar por mí. Esa es
la regla de la fe. Cristo expió. Esa expiación fue
necesaria. El hecho de que Cristo tuviera
que morir en la cruz es un recordatorio constante de que yo no puedo.
De que yo soy pecador. Terriblemente pecador. Y que
la única solución era que Cristo muriera. No había otra manera.
Y no debo olvidar eso. Debo tenerlo presente siempre.
Cristo murió porque era necesario para que yo pudiera salvarme.
Entonces, bajo esta regla de la expiación, esta regla de la
gracia, no recibo lo que merezco. Porque lo que merezco es el infierno.
Si queremos recibir pago, el pago es el infierno. Pero no
recibo lo que merezco. Y tampoco me gano lo que recibo.
El que lo ganó por mí fue otro. Y por lo tanto, no puedo jactarme. No puedo. No debería haber jactancia
en la boca del creyente. concluimos pues que el hombre
es justificado por fe sin las obras de la ley esa es como el
resumen así como Pablo diciendo todo lo que he estado diciendo
hasta ahora y un poco de lo que voy a decir más adelante se resume
en esto y nos gustan esas declaraciones sintéticas verdad son buenas
para memorizar si tenemos que memorizar algo memoricemos este
versículo el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley
Ese es el fundamento, esa es la base. Justicia por la fe y
no por obras. Y vean que dice, es justificado.
A los que les gusta la gramática, ¿qué voz es esa? El hombre es
justificado. Es conocida como la voz pasiva. Y en la voz pasiva, una breve
lección de gramática, ya hemos visto esto antes estoy seguro,
el sujeto de la oración no realiza la acción del verbo, sino que
recibe la acción. Entonces, el hombre, vean que
no dice ahí, el hombre se justifica a sí mismo, no dice eso. Dice,
el hombre es justificado. ¿Por quién? Por Dios. El actor
es Dios. Y como vimos antes, Dios es el
justo y el que justifica. Él es el que realiza la acción
del verbo. Él es el que nos justifica. Sin
las obras de la ley. Es decir, aparte de las obras
de la ley. O con la exclusión de las obras
de la ley. O no por causa de las obras de
la ley. No a través de las obras de la
ley. No mediante las obras de la ley.
No por guardar la ley de Moisés. Porque nadie puede hacerlo a
la perfección. Lutero fue uno de esos hombres
que experimentó el choque emocional de darse cuenta de que la justificación
era por fe. No fue el primero. Evidentemente,
Pablo lo había experimentado ya. Esta carta está llena de
esa comprensión abrumadora de que es la fe la que salva. Cuando él tradujo este versículo,
Lutero se puso creativo y lo tradujo de esta manera. El hombre
es justificado solo por fe, sin las obras de la ley. Ese solo
no está en el original. él lo puso y la versión alemana
de Lutero tiene ese solo ahí y fue criticado terriblemente
los papistas lo criticaron verdad en la época por haber añadido
una palabra al texto que no estaba en el texto y es cierto no debió
agregar una palabra al texto estamos de acuerdo en eso pero
tampoco debió ser tan criticado porque lo que él está añadiendo
no es contrario a lo que ya dice El versículo está afirmando que
es sin las obras de la ley. Y si es sin las obras de la ley,
entonces es por fe y sólo por fe. Este es un lema de la iglesia
reformada, de hecho. Así que era de esperarse de Lutero,
¿verdad? Que se pusiera creativo. Y quienes conocen su historia
podrían entender por qué. En su famosa experiencia de la
torre, Si no saben a qué me refiero, de verdad, busquen la historia,
léanla, no se las puedo contar en este momento, pero en su experiencia
en la torre, llegó a la convicción de que esa aterradora justicia
de Dios que condena al pecador, esa justicia puede ser también
una justicia ajena que Dios concede al pecador. Entonces, Él otorga la justicia
como un regalo, y ese regalo se recibe por fe, y sólo por
fe. Nada en la salvación, ni la más
mínima parte, es producto del ingenio humano, dice Hendrickson.
Por lo tanto, no nos vamos a jactar en nosotros mismos. Pero tal
vez voy a refrasear, sí que nos vamos a jactar en el cielo. Habrá
mucha jactancia, muchísima, pero nos vamos a jactar en Cristo.
Nos vamos a jactar en el Señor. Esa va a ser la fuente de toda
nuestra gloria y nos gloriaremos solamente en Él y para siempre
en Él. Vayamos ensayando. Luego Pablo
hace una pregunta. ¿Es Dios solamente Dios de los
judíos? ¿No es también Dios de los gentiles? Los judíos se jactaban
de ser judíos, pero ellos también, y se jactaban porque tenían la
ley, se jactaban porque según ellos tenían el monopolio de
Dios, ¿verdad? Pero ellos sabían que Dios era Dios también de
los gentiles. Cualquier judío ortodoxo de la época de Pablo,
ante esta pregunta, habría contestado, no, ciertamente, Dios es también
Dios de los gentiles. Pero entonces hay como una tensión
ahí que Pablo está aprovechando para señalar su punto. Él les
está diciendo, entonces si Dios es Dios de todos, todos se tienen
que salvar igual. ¿Cierto? Ese es el punto. Todos
son justificados de la misma manera. Si Dios es Dios de todos,
y Él es el único Dios verdadero, y el creador de todos, entonces
todos los hombres tienen la misma esperanza. la esperanza de salvación
en Cristo. Y sólo se pueden salvar por la
fe. No hay diferencia. Dios no trata
a los judíos de una manera y a los gentiles de otra. ¿Por qué? Lo contesta en el versículo 30.
Porque Dios es uno. Él es el mismo. Ayer, hoy y siempre. Y es el mismo en todo momento. Y es el mismo en todo lugar.
Y es el mismo en todas sus relaciones con los seres humanos. Entonces,
Él no trata de manera distinta a unos y a otros. Por eso dice,
y Él justificará por la fe a los de la circuncisión y por medio
de la fe a los de la incircuncisión. Esta es la razón por la que nos
trata a todos igual. La justificación funciona igual
para todos, porque el que justifica es uno, y los justifica a todos
igual, a los de la circuncisión, o sea, los judíos, y a los de
la incircuncisión, o sea, los gentiles, y en todos los casos
los justificará por la fe. Ese los justificará así en futuro,
no está refiriéndose al juicio final, está refiriéndose a todos
los casos que vendrán. Pablo está diciendo los que están
justificados hoy y todos los que Dios vaya a justificar de
aquí al fin del mundo serán justificados por la fe y por medio de la fe. Algunos han tratado de señalar
algún tipo de diferencia entre por qué dice por la fe con los
de la circuncisión y por medio de la fe con los de la incircuncisión.
Yo creo que simplemente algo estilístico a la hora de escribir,
porque realmente en su significado no hay ninguna diferencia. Decir
que son justificados por la fe o por medio de la fe es exactamente
lo mismo. El punto es que Dios es uno y
los trata a todos igual. El punto es que la misma fe es
el medio para justificar a judíos y a gentiles. Además, una diferencia
aquí no tendría sentido. Iría en contra de todo lo que
Pablo está tratando de decir. Él está diciendo que Dios es
uno, y que la fe es una, y que la salvación es por medio de
la fe en Cristo, y que no es por obras. Entonces, no tendría
sentido ahora, de repente, trazar alguna diferencia ahí, como si
hubiera dos tipos de fe. Iría en contra de lo que él está
tratando de decir. Entonces, no son dos grupos especiales
con los que Dios trapta de manera diferente. Hay muchas iglesias
que hasta hoy piensan así. Que Dios de alguna manera trata
al pueblo de Israel de una forma y a la iglesia de otra forma,
como si Dios tuviera dos hijos diferentes. Pero el Nuevo Testamento
nos da testimonio, una vez tras otra, de que hemos sido injertados
en la misma planta. Que los gentiles son parte de
la misma planta que los judíos y que todos se salvan de la misma
manera, por la fe en Cristo. Ese ha sido el mensaje desde
el Antiguo Testamento y continúa siendo el mensaje hasta hoy.
La Biblia por ningún lado enseña que haya dos grupos especiales.
Todo lo contrario, Efesios 4, el 4 al 6, nos habla de que somos
un cuerpo. Dice, y un espíritu, como fuisteis
también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación,
un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos, el
cual es sobre todos y por todos y en todos. Es uno solo. Entonces ya Pablo ha agotado
sus recursos retóricos, sus argumentos, y el punto está clarísimo. Somos justificados por la fe
y no por las obras. Justificados por la fe sin las
obras de la ley. Y entonces aparece en el versículo
31 aquel famoso objetor imaginario de Pablo, ¿verdad? que dice,
entonces, luego, ese luego significa entonces, por lo tanto, por la
fe invalidamos la ley, queda como algo inútil, desechable
la ley, y Pablo dice, en ninguna manera sino que confirmamos la
ley. Todo lo contrario, dice. Lejos
de anularla, la estamos confirmando. El Evangelio de la salvación
por fe cumple la ley, confirma la ley. Tiene un papel todavía. No se
puede ignorar la ley. La fe no la invalida, pero ¿cómo
la confirma? Bueno, por un lado, las demandas
de la ley nunca han cambiado. Y una demanda de la ley es que
la paga del pecado es muerte. Y en el Evangelio de Jesucristo
está satisfecha esa demanda de la ley. Se cumple la demanda
de la ley de que tiene que haber derramamiento de sangre para
que haya remisión de pecados. Y Cristo derramó su sangre para
que nosotros no tuviéramos que derramarla nuestra. Entonces
se cumple la ley. Además, Cristo obedeció la ley
también, de manera activa toda su vida. Él vivió en obediencia
a la ley de Dios. Entonces, su ministerio, su obra
al salvarnos, al justificarnos, es una obra que en efecto cumple
la ley, que afirma la ley. Porque la manera para salvarnos
era que él tenía que ser 100% obediente a la ley. Y fue tentado
para no serlo, pero lo fue. No hubo pecado en él. Y por lo
tanto, cuando Dios nos ve a nosotros, ve su obediencia en nosotros. La ley es confirmada. Los sacrificios señalaban la
necesidad del sustituto y Cristo vino a morir como sustituto.
De modo que todas las demandas de la ley se cumplen en nosotros,
pero no por nosotros. O sea, no somos nosotros quienes
las cumplimos. Cristo las cumplió y a través
de la justificación, todo lo que significa esa justicia de
Cristo, su obediencia y su pago por el pecado, aplica a nosotros. De tal manera que somos perdonados
de nuestros pecados y Dios nos ve a nosotros como obedientes,
como si jamás hubiéramos pecado. y en eso la ley es confirmada,
eso se cumple. Pero se cumple por medio de la
fe cuando abandonamos todo esfuerzo por salvarnos por obras y confiamos
solamente en Jesús. Y finalmente hay otra forma en
que la ley es confirmada y es que esa misma fe que nos salva
produce un fruto de obediencia a la ley, de obediencia creciente
a la ley. Cada vez queremos honrar mejor
la ley de Dios y vivir mejor conforme a lo que Él demanda.
Y entonces se confirma en nuestra vida, a lo largo del tiempo,
la misma ley. De modo que no promovemos la
desobediencia a la ley. Nosotros no decimos viva como
quiera para que la gracia abunde. Decimos no, la ley moral de Dios
todavía aplica. y expresa la voluntad de Dios
si yo quiero agradar a Dios por lo tanto voy a seguir sus mandamientos
pero si hacemos un énfasis mis hermanos en la iglesia reformada
un énfasis bien clave entre la santificación y la justificación
no queremos confundir esas dos cosas Somos justificados por
la fe en Cristo Jesús para siempre, eso no cambia. La santificación
es un proceso y estamos caminando en ese proceso y avanzando en
ese proceso, pero no somos salvos por nuestro desempeño en ese
proceso de santificación. somos salvos por la fe, porque
en Jesucristo hemos sido justificados. Ese es el punto. La justificación
por la fe debe ser una doctrina que nosotros atesoremos, algo
precioso para nosotros, algo que defendamos a capa y espada.
Si usted la está escuchando por primera vez, o si la está entendiendo
por primera vez, o si la ha entendido ya desde hace mucho tiempo, no
olvide nunca lo que esta doctrina provoca en el corazón. No lo
olvide. Esa conmoción, ese sentimiento de gratitud profunda, ese sentimiento
abrumador. No lo olvide nunca. Atesórelo
con todas sus fuerzas porque su corazón va a querer cambiarlo
por obras y por mérito. No lo olvide. Sabemos lo que
significó para Pablo. Escribió toda una carta al respecto.
Sabemos lo que significó para Lutero y el giro que dio a su
vida de tal manera que él se enfrentó al mundo por defender
la justificación por la fe. Dios ve nuestro pecado, lo ve
tal y como es, horrendo y asqueroso ante sus ojos. Y aún así nos
perdona en Cristo. Ese pecado horrendo y asqueroso
lo perdona en Cristo Jesús una vez y para siempre. Y no sólo
eso, sino que nos abraza y nos recibe como a su Hijo y se complace
en nosotros como en su Hijo. Nos trata como trata a su Hijo. Porque por la fe ve en nosotros
la justicia de su Hijo. Esa debe ser nuestra bandera,
nuestro estandarte, lo que tengamos siempre al frente en nuestro
caminar cristiano, siempre presente, nuestra paz, nuestro consuelo,
nuestra fuente de seguridad, nuestra única esperanza. También
nuestro impulso, nuestra motivación. Soy justificado solo por gracia. sólo por la fe y sólo en la persona
y obra de Jesús. Él es nuestra justicia. Amén.
Justicia por la fe II
Series Romanos
| Sermon ID | 92232238141371 |
| Duration | 27:00 |
| Date | |
| Category | Sunday - AM |
| Bible Text | Romans 3:27-31 |
| Language | Spanish |
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