00:00
00:00
00:01
Transcript
1/0
Marcos y el capítulo 2, vamos
a leer versículos 1 a 12. Entró Jesús otra vez en Capernaúm
después de algunos días, y se oyó que estaba en casa. Inmediatamente
se juntaron muchos, de manera que ya no cabía ni uno en la
puerta, y les predicaba la palabra. Entonces vinieron a él unos trayendo
un paralítico, que era cargado por cuatro. Y como no podían
acercarse a él a causa de la multitud, descubrieron el techo
de donde estaban, y haciendo una abertura, bajaron el lecho
en que yacía el paralítico. Al ver sus la fe de ellos, dijo
el paralítico, Hijo, tus pecados te son perdonados. Estaban allí
sentados algunos de los escribans, los cuales cavilaban sus corazones.
¿Por qué habla éste así? Las femes dicen, ¿Quién puede
perdonar pecados sino sólo Dios? Y conociendo luego a Jesús en
su Espíritu, que cavilaban de esta manera dentro de sí mismos,
les dijo, ¿Por qué caviláis así en vuestros corazones? ¿Qué es
más fácil? ¿Decir al paralítico, tus pecados
ya son perdonados? ¿O decirle, levántate, toma tu
lecho y anda? Pues para que sepáis qué dijo
el hombre, tiene potestad en la tierra para perdonar pecados,
dijo al paralítico, a ti te digo, levántate, toma tu lecho y vete
a tu casa. Entonces él se levantó enseguida
y tomando su lecho, salió delante de todos, de manera que todos
se asombraron y glorificaron a Dios, diciendo, nunca hemos
visto tal cosa. Amén. Así dice la Palabra de
Dios que es para nosotros la Palabra amada, la Palabra poderosa. Vamos a orar que Dios nos enseñe
hoy a través de su Palabra. Vale, muchas gracias te damos
por la oportunidad de abrir otra vez tu Palabra y leer lo que
tú nos dices. Lea aquí de la historia y la
vida de Cristo y sus milagros. Y te pedimos, Señor, que nos
ayudes a entender lo que tú inspiraste entender lo que tú quieres que
entendamos de este texto para que podamos servirte y amarte
más. Te pedimos en nombre de Cristo.
Amén. La Biblia hace mucho énfasis
en el tema de la fe. Nos dice que somos salvos por
medio de la fe. La fe en Cristo, en su persona,
en su obra, que Dios nos da una fe para creer en Cristo y en
el Evangelio. En toda la Biblia vemos la importancia
de la fe. Desde el primer libro de la Biblia,
con el gran ejemplo de Abraham, hasta la fe de los márquedes
en Apocalipsis, la Biblia enfatiza la necesidad y la fe en la salvación
y la fe en la vida cristiana. Aquí en Marcos hemos visto que
Cristo vino a este mundo predicando este mismo mensaje. Arrepiéntanse
y crean en el Evangelio. Así había predicado desde el
inicio de su ministerio. Cristo se había enfocado en la
importancia del arrepentimiento y en la importancia de la fe. Y vimos cómo la gente respondió. Por ejemplo, Pedro y Andrés y
Juan y Jacobo les seguían cuando fueron llamados. Otra gente respondió
rechazándole. no creyendo, solamente queriendo
sus milagros y sus sanaciones y las cosas para sus necesidades
físicas. Vemos aquí desde el principio
del libro la importancia de la fe. Es lo que Cristo predicaba
en su mensaje y es lo que algunos tenían para creer en Él y algunos
no tenían y le rechazaron. Ahora en esta historia, aquí
en el capítulo 2, vemos un ejemplo de la fe. Un contraste entre
la fe de los amigos del hombre político y la falta de fe de
los escribas. Debemos ver esto muy claramente
cuando leemos este pasaje. La fe de esos hombres y la falta
de fe de los líderes religiosos. El autor de Hebreus define la
fe así. La fe es la certeza de lo que
se espera, la convicción de lo que no se ve. El problema es
que somos muy propensos a vivir por vista. Andar por vista. Solamente creer lo que vimos
con los ojos físicos. Pero la Biblia dice, la fe es
la convicción de lo que no se ve. Es creer cuando tu mente
te dice que no tiene sentido. Es creer cuando tus emociones
te gritan otra cosa. Es creer cuando otros te dicen
que estás loco. y necesitamos la fe, primero
para creer en el poder y la salvación de Cristo y después para seguir
creyendo en Él y en Su voluntad en toda la vida cristiana. Los Marcos sigue con su historia
aquí en el capítulo 2. Después de que Cristo había sanado
a muchos y echado fuera muchos demonios, después de toda la
ciudad algolpando la puerta donde estaba porque querían sus milagros,
después de haber sanado al hombre leproso y no poder estar en la
ciudad por mucho tiempo, después dicen, en versículo 1, entró
Jesús otra vez en Capernún después de algunos días. y se oyó que
estaba en casa. Inmediatamente se juntaron muchos,
de manera que ya no cabía ni uno en la puerta, y les predicaba
la Palabra. Entonces Cristo regresó a la
ciudad, y como era de esperar, todos llegaron otra vez para
verle y escucharle más, para pedir por la sanación. Pero vemos
algo relacionado con el capítulo anterior. Cuando reconocemos
que aquí Cristo se enfocó otra vez en su misión, Él no fue distraído
por la multitud, todo llegando otra vez, hasta que no hubiera
espacio para nadie más ni la entrada, y que Jesucristo les
predicaba la palabra. Y sin repetir lo que vimos la
semana pasada, quiero enfatizar otra vez la predicación del Evangelio. La predicación de la Palabra
es el énfasis del cristiano y de la iglesia cristiana. Hermanos,
podemos hacer muchas cosas. Podemos tener muchas actividades,
y programas, y reuniones, o lo que sea. Podemos hablar de muchas
cosas, y podemos hacer muchas cosas. Pero nuestro énfasis,
el énfasis de esta iglesia, siempre necesita ser la predicación de
la Palabra de Dios. Eso es lo más importante aquí.
A veces personas preguntan, ¿por qué no tiene más programas? ¿Por
qué no hay más reuniones? pues hacemos lo que podamos.
Pero lo más importante es predicar el Evangelio del Reino de Dios.
El problema es que esto no es la verdad para muchas iglesias
hoy en día. muchas iglesias se enfocan en sus programas, se
enfocan en lo que ellos se llaman la justicia social, que significa
ayudar y alimentar a los pobres, una cosa que no está mal, por
supuesto, pero al hacer esas cosas olviden lo que es más importante,
que es la palabra y la predicación de la palabra. O para decir de
otra manera, para que no sea confuso, ellos al tratar con
lo que sí es importante, han olvidado lo que es más importante,
¿Sí entendemos? Porque no quiero que nadie malentienda.
Sí debemos amar a nuestro prójimo. Sí somos llamados a servir y
hacer bien en este mundo. Pero no podemos estar tan ocupados
en lo que es importante, que olvidamos y descuidamos lo que
es más importante. Es precisamente lo que vemos
aquí en esta historia. Para Cristo, la necesidad espiritual era,
y es, más importante que la necesidad física. Y para nosotros necesitamos
entender que lo más importante es la salvación. Lo más importante
en la vida cristiana es el objeto de nuestra fe. ¿Comprendes? Cantamos,
no la fuerza de nuestra fe. Vamos a ver aquí en primer lugar
la fe del hombre político y la fe de sus amigos. Leímos que
Cristo regresó a Capernaum, estaba en casa, se juntaron muchos hasta
que ni pudieron caber en la entrada. Y en medio de toda esta conmoción
y tumulto, llegaron cuatro hombres cargando a un paralítico. Y no
sabemos si eran amigos o familiares, pero llegaron cargando a este
hombre en su cama, para que fuera senado por Cristo. Pero dice
en versículo 3, versículo 4, no podían acercarse a él a causa
de multitud. No había acceso. No sé, tal vez
intentaron empujar a la gente, como hacemos en el método, ¿verdad?,
para hacer paso, pero nadie les dio paso. ¿Qué hicieron? Dice su amigo, perdón, intentamos,
pero no funcionó. ¿Y regresaron a casa? No es lo
que hicieron. Dice, ellos descubrieron o levantaron
el techo de donde estaban y haciendo una abertura bajaron el lecho
en que yacía el político. Ellos literalmente destruyeron
parte del techo de la casa para que su amigo familiar pudiera
acercarse a Cristo para ser sanado. En esos días las casas solían
tener un techo plano, en donde la familia podía subir y comer,
invitar a otras personas. El techo fue hecho de lodo, varro
y palos. Y había mucho lodo, mucho varro,
mucha tierra, casi un metro. Entonces, ellos literalmente
estaban cavando en el techo con mucho esfuerzo para hacer una
abertura para poder bajar un lecho con un hombre. Era muchísimo
trabajo. No debemos pensar que sólo sacaron
algunos palos y ya entró. Estaban cavando la tierra en
el techo, pero no se rindieron. Ellos estaban resueltos de que
su amigo iba a ver a Jesús y ser sanado. Y dice en el versículo
5, al ver Jesús la fe de ellos. De ellos, no solamente del hombre.
A lo mejor también el hombre creía. Pero dice aquí que Cristo
se enfocó en la fe de los cuatro hombres. Jesús vio la fe de ellos. Pero no hizo lo que ellos esperaban.
No sanó al hombre este momento. Nomás dijo, Hijo, tus pecados
te son perdonados. El enfoque de Cristo estaba en
el alma del hombre, no en su cuerpo. Cristo sabía lo que era
más importante. Su estado físico sí era importante,
sin duda. Pero el estado de su alma era
mucho más importante. ¿Qué pensó el hombre? ¿Qué pensaron
sus amigos cuando Cristo dijo eso? Pues no sabemos. A lo mejor
estaban decepcionados, no sabían lo que estaba pasando. Los trajimos
para ser sanados, no para ser perdonados. Un poco más adelante
vemos que Cristo sí les sanó también. Pero, al menos, ¿qué
podemos aprender de la fe de esos cuatro hombres, quienes
trajeron a su amigo o familiar a Cristo? Primero, aprendemos
que lo más importante de la fe es su objeto. Lo más importante
de la fe es su objeto. Demasiadas veces, hermanos, leemos
este pasaje, o escuchamos predicado este pasaje, con el enfoque únicamente
en la fe de esos hombres, en su perseverancia, en su esfuerzo.
Pero la razón por la cual se esforzaron tanto, la razón por
la cual perseveraron en traer a su amigo a Cristo, es porque
en verdad creyeron que Cristo le podía sanar. El objeto de
su fe proveyó la fuerza de su fe. Tenemos el enfoque equivocado
muchas veces. Esos hombres eran increíbles
con su fe. ¿Qué fe tenían? Pues sí, pero ¿por qué? La fuerza
de su fe vino del objeto de su fe. Es lo mismo hoy en día. La
fuerza de nuestra fe está directamente proporcionada a cuanto entendemos
la base de nuestra fe. O sea, lo que hace que la fe
funcione no es la fuerza de la fe, sino la base de la fe. Importa mucho más en quién crees
que cuánto crees. Es la verdad, en primer lugar,
para la salvación. Lo importante es para que tú seas salvo no
es cuánta fe tienes, sino en quién está tu fe. El objeto de
tu fe es lo que te salva, no la fuerza o la cantidad de tu
fe. Es una verdad muy mal entendido
hoy en día, y creo que causa mucha confusión. No vienes a
Cristo para recibir la salvación porque tú has reunido toda tu
fe y has producido suficiente fe para que Dios te salve. No,
la Biblia dice que la fe es un don de Dios, es un regalo de
Dios. Dios no pide que tú produzcas la fe para la salvación, sino
más te manda a creer en Cristo. enfocarte en la persona quien
es la base de tu fe, no importa para nada cuanto crees lo importante
es en quien crees, y enfatizo eso porque eso es lo que cambio
mi vida, esta es verdad. Yo crecí en una iglesia en donde
se enfocaban completamente en tu fe, en tu fe, en tu fe, en
lo que tu tienes que hacer, en lo que tu tienes que hacer, y
yo estaba en esclavitud hermanos. Yo creo que es algo, pero esclavitud
es la mala doctrina. hasta que Dios me trajo a la
iglesia reformada. Y me acuerdo bien el pastor predicando
un día en la iglesia. Pues no es cuánto crees, es en
quién crees. La luz. La luz, por fin. Es el objeto de tu fe. No es
la fuerza de tu fe. Es la verdad para la salvación,
pero también es la verdad para la vida cristiana. Dios no nos responde porque tenemos
una gran fe. sino porque tenemos un gran Salvador.
¿Por qué dijo Cristo? Necesitas la fe como un grano
de mostaza. ¿Alguna vez lo has visto? ¿Una
semilla de mostaza? Chiquitita. Dios dice, no necesitas mucha
fe. No necesitas una fe muy poderosa. Necesitas nada más un Salvador
poderoso. No confíen en su fe, hermanos.
Confíen en Cristo. Y cuando hagamos esto, nos va
a llevar naturalmente a tener el mismo tipo de fe de esos hombres.
Una fe que persevera, una fe persistente, una fe sacrificial,
una fe que no se rinde para nada. Puesto que esos hombres confiaban
tanto en Cristo, en el poder de Cristo, nada ni nadie podía
estorbarles. Nada ni nadie podía obstaculizarles. Y ellos iban a continuar hasta
que llevaran a su amigo a Cristo. Y necesitamos, hermanos, y podemos
tener el mismo tipo de fe, la fe que persevera, la fe que se
esfuerza, una fe que no se rinde. Otras, no es porque tu fe es
muy fuerte, es pequeña, es como la semilla de mostaza. Pero tenemos
tanta confianza en un Salvador omnipotente y lleno de gracia
y misericordia y amor, que no hay nada ni nadie que pueda estorbarnos
cuando queremos acercarnos a Él o presentar nuestras necesidades
ante Él. El problema es que a veces venimos
a Cristo buscando una respuesta, buscando la ayuda, y parece que
no hay entrada. Voy a usar la ilustración de
esta historia. Pues primero tenemos que tener cuidado que siempre
hay entrada. Cristo es nuestra entrada a Dios. Él es un perfecto
mediador debido a su vida y muerte. Pero a veces nos parece difícil
acercarnos a Dios. Parece que hay muchos obstáculos.
Es difícil orar. O no queremos, o nos sentimos
como que no podemos, o no sabemos cómo empezar. Es difícil estar
en la palabra y buscar a Dios porque necesitamos. Y por eso
que es tan difícil, puesto que hay mucha gente en la entrada,
para decirlo así, ¿qué hacemos? Nos rendimos. Yo no puedo. Hoy
no puedo orar. Es demasiado difícil. Hoy no
puedo sacarme de Dios. Es demasiado difícil. Nos rendimos. Hermanos, si parece que no pueden
entrar, si parece que su acceso a Cristo está estorbado, suban
al techo y ábrenlo para poder llegar a su Salvador. Es decir,
hagan todo lo que sea necesario para poder tener acceso a tu
Cristo. No te rindas, hermano, no te rindas nunca. No permitas
que nada ni nadie estorbe tu acceso a tu Dios por medio de
tu Antecesor y Salvador. Y conforme a nuestra historia,
necesitamos mostrar este tipo de fe, no solamente cuando nosotros
necesitamos algo, sino también cuando nos acercamos a Dios por
el bien de otros. Porque fíjense que la fe de esos
hombres era que su amigo podía ser sanado. Cuando nos acercamos
a Dios por el bien de otros, cuando rogamos por la salvación
de sus hijos, o pareja, o padres, cuando rogamos por la sanación
de un ser querido, cuando rogamos por un hermano en la iglesia
que ha caído en pecado, yo creo que deberíamos esforzarnos aún
más, perseverar aún más, y no permitir que nada nos disturbe
para llevar esa necesidad o este amigo a Cristo. Entonces, tal
vez vas a tener que abrir el techo. Tal vez vas a tener que
hacer algo que parece radical. Hazlo. Hazlo. No porque por tu esfuerzo
Dios te va a responder, sino esfuércete en la oración, persevera
y sacrifica porque confíes tanto en tu Salvador que tú sabes que
Él sí te va a responder. que Dios nos concede ese tipo
de fe mientras nos enfocamos en Cristo. Traigo otro ejemplo
de fe aquí en este pasaje, el ejemplo negativo. Vemos también
la falta de fe de los escribas. No sabemos la reacción del hombre
o de sus amigos cuando Cristo no les sanó al principio, pero
sí tenemos la reacción de algunos escribas. Dice que cabilaban
en sus corazones, o pensaban, es la palabra, en sus corazones.
Y lo que pensaban era, conforme al versículo 7, ¿por qué hablaste
así? Las femes dicen, ¿quién puede
perdonar pecados sino sólo Dios? Ellos no tenían la fe. Sí tenían
la teología correcta. Es la verdad. Y solamente Dios
puede perdonar pecados. pero no tenían la fe para creer
que Dios ya estaba con ellos, que su Mesías ya había venido.
Y Cristo sabía lo que estaba en sus corazones, y por eso les
responde en Misículos 8 a 9. ¿Por qué Camila es así en nuestros
corazones? ¿Qué es más fácil, decirle al
paralítico, tus pecados ya son perdonados, o decirle, levántate,
toma tu lecho y anda? Y la respuesta, por supuesto,
es que humanamente hablando es mucho más fácil decir a una persona,
tus pecados son perdonados. Quiere decir, levántate, toma
tu lechuganda. Porque tú puedes decir que has
perdonado a alguien sus pecados, pero ¿cómo lo pruebas? Pues si
dices a un paralítico, levántate, toma tu lechuganda, vas a ver
muy rápido si tienes poder o no. Entonces, por eso Cristo ahora
sana al hombre físicamente también, en los sículos 10 y 11. Para
que sepáis que el hijo del hombre tiene potestad relativa para
perdonar pecados, dijo al paralítico, a ti te digo, levántate, toma
tu lecho y vete a tu casa. Y con esta acción, Cristo probó
su deidad. probó que también había perdonado
a hombres sus pecados, porque si su palabra de sanación había
sido eficaz, sin duda también su palabra de perdón también
había sido eficaz. Aquí, así como vimos la semana
pasada, en cuanto al poder de Cristo sin milagros, leemos en
el versículo 12 que inmediatamente, dice enseguida, inmediatamente,
Él se levantó, tomó su lecho y salió delante de todos. La
reacción de la gente es lo que esperías. Todos se asombraron
y glorificaron a Dios diciendo, nunca hemos visto tal cosa. El
problema es que ellos, aunque dijeron eso, no creyeron. Y sabemos
eso porque lo que dije antes, más adelante Cristo pronuncia
una maldición sobre Capernaum por no haber creído en Él. Entonces
vieron un milagro, se asombraron, glorificaron a Dios, pero no
fueron salvos. O tampoco los escribas, porque
sabemos que los escribas y los fariseos iban a perseguir a Cristo
hacia la cruz. Recordamos aquí que aún el ver
milagros obvios con tus propios ojos no te va a salvar. Necesitas la fe en la persona
de Cristo. Es muy fuerte meditar en la respuesta
de sus escribas. Eran líderes religiosos, expertos
en la ley de Dios, expertos en el Antiguo Testamento. Y sabemos
nosotros que todo el Antiguo Testamento habla de Cristo. Entonces,
ellos deberían haber sido más preparados para aceptar su Mesías
cuando vino. Pero aunque ellos tenían mucho
conocimiento de la Palabra de Dios, no tenían fe. Aunque ellos
tenían una teología correcta, por lo menos aquí en esta historia,
no fue acompañada por la fe que salva. Ellos reconocieron la
verdad, que solamente Dios puede perdonar pecados. Es la verdad.
Las sectas hoy en día, como los mormones o los testigos de Jehová,
no entienden este pasaje. Los escribas entienden perfectamente.
Cristo dijo, para que ustedes sepan que el Hijo del Hombre
tiene poder para perdonar pecados. Hizo el milagro. Entonces, los
que dicen que Cristo no es Dios, no entienden la palabra de Dios.
Obviamente es Dios. De hecho, aquí el título, Hijo
del Hombre, es un título profético para el Mesías, que encontramos
en Daniel. El Hijo del Hombre ha venido.
Dios mismo ha venido. Yo puedo perdonar pecados. ¿Qué más necesitan
ver? Pero no creo. No creo. Dijeron, Él había dicho una blasfemia
a decir que era Dios mismo. Entonces, ten cuidado. Ten cuidado
porque el mero conocimiento de la Palabra de Dios no te salva. El hecho de que tú tienes una
teología correcta en algunas áreas, tampoco te salva. Santiago
dice que los demonios creen que Dios es uno y tiemblan. En esta
área tienen buena teología. No son salvos. No se arrepienten,
no creen en Cristo. Ten cuidado. Porque tú puedes
tener una mente llena de la Palabra de Dios. Tú puedes tener mucho
conocimiento y entender mucha doctrina y no ser salvo si no
tienes la fe en Cristo. Terminemos entonces con algunas
aplicaciones. En primer lugar, es muy importante siempre recordar
el enfoque de Cristo en este pasaje. Es el mismo enfoque que
vimos en el capítulo anterior. Cristo sí sanaba a la gente.
Cristo sí echaba fuera demonios, pero no era su misión principal. Su misión principal era predicar
el Evangelio del Reino, predicar arrepentimiento y fe en Cristo. Cristo rehusaba ser distraído
por cosas menos importantes. Otra vez, sí sanaba, sí echaba
fuera demonios, debía su compasión también para mostrar que era
Dios mismo. Vamos, vemos aquí, al principio de este capítulo,
que cuando la gente otra vez llegó a él, ¿qué hizo? Les predicaba
la Palabra. Esto siempre era su enfoque.
No cedió a lo que la gente quería, sino siguió con su misión. Y quiero hacer una conexión aquí,
entre esta verdad y el tema de este libro. ¿Recuerda lo que
es el tema del libro? Cristo es el siervo sufriente. Cristo vino para servir y sufrir. Es el tema de Marcos. Para que
lo que significa ser un siervo es siempre hacer lo que tu jefe
te dice. ¿Estamos de acuerdo? No haces
lo que tú quieres. No haces siempre lo que la gente
quiere, sino haces lo que Dios quiere, porque somos siervos
de Dios ante todo. Cristo en su ejemplo, porque
aquí la gente quería ser sanada. La gente venía buscando sanación. Y podemos pensar que Cristo les
hubiera servido mejor enfocándose en sus necesidades físicas, lo
que ellos estaban buscando. Pero no. Cristo se sometió a
la voluntad de su Padre, que es también su propia voluntad,
y se enfocó en lo más importante, en la parte espiritual, en la
sanación del alma. Y necesitamos aprender de este
ejemplo. Nosotros a veces pensamos que
amamos más a otros cuando hacemos lo que ellos quieren. Que amamos
más a otros cuando hacemos lo que ellos piden de nosotros.
Pero muchas veces tenemos que servirles por medio de no hacer
lo que quieren, sino hacer lo que Dios quiere. ¿Entendible? Es decir, en vez
de estar de acuerdo con tal persona, con su estilo de vida, o la persona
que dice, hay otro camino al cielo, en vez de decir, bueno,
tal vez tienes razón, podemos servirle mucho mejor contradiciendo
sus creencias y diciéndole la verdad. El problema es que queremos
caernos bien con todos. No es posible, ni correcto, ni
importante. A veces puedes servir mejor a
tu esposo, esposa, hijo, padre, hermano, amigo, quien sea, no
haciendo lo que te pide, sino haciendo lo que Dios te manda. Vemos claramente aquí esta historia.
La primera cosa que Cristo hizo no fue sanar al hombre de su
enfermedad. La primera cosa que hizo era perdonar sus pecados.
Obviamente, Cristo sí estaba interesado en su necesidad física. Pero estaba mucho más interesado
en su necesidad espiritual. Y cada persona aquí tiene que
entender esa verdad tan importante. Escuchen bien. Cristo está más
interesado en el estado de tu alma que en el estado de tu cuerpo. Cristo está mucho más interesado
en el estado de tu alma que en el estado de tu cuerpo. Eso no
significa que a Él no le importa tu estado físico o emocional
o mental. Por supuesto a Él le importa.
Él te ama más que cualquier otra persona en toda la historia.
Dios sí sana cuerpos. Dios sí suple necesidades. Sin
duda. No me malentiendan. Pero en comparación
con la necesidad de tu alma, la necesidad de tu cuerpo no
es tan importante. tus enfermedades, tus problemas
físicos, no son el resultado de un Dios quien te ha olvidado.
Son el resultado de un Dios que sabe exactamente lo que tú necesitas
para ser más santo y más como Su Hijo. Eso requiere fe, por supuesto.
Muchísima fe. Fe para confiar que Dios va a
proveer lo que necesitamos, pero no siempre lo que queremos. Fe para creer que a veces Dios
usa enfermedades u otros problemas físicos para el bien de nuestra
alma. Requiere fe a veces para rehusar
ayudar a la gente en la manera en la cual ellos quieren ser
ayudados, y así enfocarnos más en su problema real y espiritual. No digo que es fácil, pero la
fe es precisamente el tema de este pasaje. Y no solamente la
fe para ser sanado físicamente, como ya vimos, eso no es el énfasis.
Ante todo, la fe para ver tu necesidad y ser salvo, o la fe
para confiar en Dios como cristiano, y confiar en su ayuda, y ayudar
a otros en cuanto a lo que realmente necesitan, no siempre lo que
están pidiendo. Quiero que meditemos en esas
dos cosas. Que meditemos primero en la fe para ser salvo. Es lo
más importante. No hay necesidad más importante
en tu vida que tu necesidad de ser salvo. Tú puedes estar sufriendo
con una enfermedad terrible. Puedes estar pasando por problemas
grandes en tu matrimonio. Puedes estar en conflicto con
tus hijos. Puedes perder tu trabajo. Puedes estar viviendo en la calle.
Puedes ser un paralítico. Pero tu más gran necesidad es
el perdón de tus pecados y la salvación de Cristo. Y recuerda que no tiene nada
que ver con la fuerza de tu fe. No importa cuán grande es tu
fe. Lo único importante es el objeto
de tu fe, en quién está tu fe. solamente en Cristo. Como ya
cantamos, porque no hay salvación en ningún otro. No hay otro mediador. Él es Dios y puede perdonar pecados.
Nadie más puede. Nadie más te puede salvar. Solamente
Cristo. Y en segundo lugar, consideramos
la fe del cristiano. Y específicamente aquí, en esta historia, la fe
para llevar a otros a Cristo. Quiero enfatizar eso. Queremos
una fe que nos impulsa a llevar a personas a Cristo para el perdón
de sus pecados, para ser sanados espiritualmente y para ser resucitados
espiritualmente, para no permitir que ninguna cosa, que ninguna
persona nos estorbe de estar seguro que cada familiar y cada
amigo pueda acercarse a Cristo para la salvación que tanto necesita.
No depende de nosotros. No estoy diciendo que tienes
que salvar a esta persona, pero queremos llevar a esta persona
al lugar en donde puede ser salvo. El problema es que a veces nos
da mucho miedo hablar con un familiar o amigo, vecino, quien
sea, de estos temas. A veces nos da miedo invitar
a alguien a la iglesia. A veces nos da mucho miedo compartir
nuestra fe. Pues esas cosas no deberían estorbarnos. No deberíamos
rendirnos, sino esforzarnos y perseverar. Y si sea necesario, romper el
techo para que esta persona pueda escuchar el Evangelio, para que
pueda venir a la iglesia, para que pueda leer la Palabra de
Dios y ser salvo, hacer lo que sea. Nos rendimos de manera demasiado
rápida y fácil. Hermanos, esas personas que conocemos,
que amamos, están en el camino al infierno. Y sí, hay muchos
obstáculos para que escuchen el Evangelio y sean salvos. Pero
hermanos, no se rindan. No se desanimen. Hagan todo lo
que puedan para que tales personas puedan conocer a Cristo y ser
perdonados de sus pecados. No por nada nosotros, si portamos
un Salvador así tan grande. Pero no solamente queremos llevar
a los encruelos a Cristo. También queremos llevar a nuestros
hermanos a Cristo también. no para su salvación, ya son
salvos, sino porque a veces olvidamos a dónde ir cuando estamos en
necesidad. A veces buscamos ayuda en otra
persona, en otro lugar, y necesitamos amigos, como este hombre, para
ayudarnos a enfocarnos otra vez en el camino, para llevarnos
a Cristo, por medio de sus palabras y oraciones, para que busquemos
su ayuda. Y muchas veces buscamos la ayuda
en un lugar incorrecto. Muchas veces tenemos problemas,
fuertes. ¿Y a dónde vamos primero? O no
vamos a ningún lugar, que es lo peor, que nomás lo guardamos,
y eso nunca va a funcionar. O vamos a otra persona, o vamos
a otro lugar, cuando necesitamos ir a Cristo, primero. Pero a veces olvidamos eso. Y
necesitamos amigos, como este hombre, para decirnos, a Cristo. Fija tus ojos en Cristo. Ya deja
de enfocarte en ti. Ya deja de buscar ayuda en el
mundo. Ya deja de buscar ayuda en personas. Cor a Cristo. ¿Somos amigos así? Sabemos cómo
tomar la palabra y decir, hermano, hermana, amigo. Aquí dice, Cristo
es el único que te puede ayudar. Piénsalo así. Un amigo verdadero no excusa
tu pecado. Te confronta y te dice que solamente
hay esperanza para ti si regresas a Cristo. Un amigo verdadero llora contigo,
te abraza, te escucha, pero después te apunta hacia Cristo. Te ayuda
a quitar todos los obstáculos para que tú puedas llegar a Cristo
y recibir la consolación y la ayuda y el ánimo que tanto necesitas. ¿Qué necesita tu hermano en Cristo
más que cualquier otra cosa? Pues a veces necesita tu dinero,
a veces necesita tu tiempo, a veces necesita tu presencia, pero siempre
necesita que tú le lleves a Cristo. No importa la dificultad, no
importa la resistencia, no importan los obstáculos. Entonces, ¿qué nos examinemos
para ver primero lo que es, quién es el objeto de nuestra fe? Después,
necesitamos guardar que perseveremos nuestra fe para acercarnos a
Cristo en cada momento. Vamos a pedirle a Dios que nos
use para nuestros amigos en creerlos, para nuestros hermanos que están
luchando, para que nosotros nunca nos enfoquemos en nosotros mismos,
ni en otros, ni en la iglesia misma, sino solamente en Cristo. Vamos ahora. Damos gracias, Padre. Damos gracias
por la salvación que es solamente en Cristo. que no hay otro nombre,
no hay otro mediador, no hay otro camino, sino solamente Cristo
Jesús. Te pedimos Señor por los niños
y los jóvenes y los adultos, por cualquier persona aquí que
todavía no es salva, que está resistiendo con todo su ser el
arrepentirse y creer en Cristo. La persona que piense que necesita
más fe, en vez de reconocer que necesitan
correr a Cristo. La persona que escuchaba ese
mensaje ya miles de veces. Te pedimos, Señor, que te rogamos
que hagas tu obra de salvar a tu pueblo. Señor, salve a esos niños,
salve a esos jóvenes, salve a esos adultos para que tengan la fe
en Cristo. para que reconozcan la importancia
del objeto de su fe y no la fuerza de su fe. Te pedimos que nos
ayudes a nosotros, tus hijos, a llevar a más personas a ti
por medio de nuestras conversaciones, por medio de la invitación a
la iglesia, por medio de la palabra, ante todo, para que otros puedan
conocer a Cristo y para que puedan ser salvos. Te pedimos, Señor, que tú aumentes
nuestra fe. que tú nos ayudes a enfocarnos
en la base de nuestra fe y así tener una fe que persevera, una
fe que no se rinde nunca, para que podamos acercarnos a ti y
para ayudar también a nuestros hermanos a acercarse a ti otra
vez cuando sean alejados. Te pedimos Señor que tú hagas
esa obra en nosotros, que nos transformes, que nos cambies,
que nos fortalezcas. que vivamos a la luz de este
pasaje. Te pedimos en el nombre y solamente por los méritos de
Cristo. Amén.
Objeto de mi fe
Series Estudio de Marcos
Lo importante para la salvación y la vida cristiana es el objeto de nuestra fe, no la fuerza de nuestra fe.
| Sermon ID | 92219212794167 |
| Duration | 38:01 |
| Date | |
| Category | Sunday Service |
| Bible Text | Mark 2:1-12 |
| Language | Spanish |
Add a Comment
Comments
No Comments
© Copyright
2026 SermonAudio.