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i Muy bien, entonces vamos a comenzar
nuestra escuela dominical en esta mañana elevando al Padre
una oración. Soberano Dios y Padre, Tú que
moras en las alturas de los cielos, en este día te damos las gracias,
Señor, porque Tú nos das este hermoso privilegio de nosotros
tener un lugar que hemos destinado para reunirnos en Tu nombre,
para nosotros tener comunión los unos con los otros, para
también tener comunión contigo, Señor. Padre, y al acercarnos
a este lugar queremos suplicarte, Señor, de que de una manera especial,
pues, tú te estés glorificando en todo lo que hagamos. Que tu
nombre sea exaltado, aviva vos, Señor. Que tu nombre sea también
manifestado, tu gloria, tu poder, a causa de esa obra gloriosa
y maravillosa que tú estás haciendo en nuestras vidas, Señor. Padre,
también queremos suplicarte que cualquier vida que llegue a este
lugar y todavía no se le haya dado el privilegio de este milagro
del nuevo nacimiento, tú, oh Dios, pues tengas a bien en tu
misericordia concederle a estas vidas el nuevo nacimiento, el
don de la fe, para que a través de tu palabra, a través de la
exposición de tu palabra, a través del estudio de tu palabra para
que así se puedan unir a este grupo de creyentes a los cuales
tú también en su momento trajiste a salvación Señor. Esto te lo
suplicamos y a la vez te damos gracias por Cristo Jesús nuestro
Señor y Salvador personal AMEN y AMEN. Muy bien entonces en
esta mañana nosotros tenemos un tema muy interesante, un tema
que nos introduce a la tercera parte de esta serie que hemos
venido estudiando ya desde hace varias semanas a la fecha sobre
lo que son los hábitos de gracia. Nosotros también tenemos que,
como Iglesia, entender que Dios nos ha dado un privilegio que
no tienen todos. hasta ahora, todo grupo, religioso
o no, el Señor nos ha dado un privilegio a nosotros y es conocer
Su Palabra. Y Su Palabra nos habla acerca
de esto que venimos a hacer este día del Señor, que es precisamente
a participar de lo que es este servicio de adoración a nuestro
Dios, participar de este tiempo de comunión con nuestro Dios,
pero también el privilegio de que nosotros podemos tener otros
hermanos en la fe y juntos a esos hermanos en la fe podemos animarnos,
podemos motivarnos podemos tener, usted sabe que cosa, comunión. Y precisamente de eso es que
vamos a hablar en esta mañana, acerca de la comunión. La tercera parte de este libro,
Hábitos de Gracia, que se titula Participa en su Cuerpo, o lo
que es lo mismo, comunión. Participa en su Cuerpo. ¿Cuál
es el Cuerpo? ¿La? La iglesia. ¿Del cuerpo
de quién? De Cristo. Entonces, la invitación
que nosotros tenemos es a participar del cuerpo de Cristo en comunión. Y hoy estaremos estudiando el
capítulo 13, que se titula, Aprende a volar en la comunión. Tremendo
título, ¿verdad? Aprende a volar en la comunión. y hoy solamente vamos a ver la
primera parte porque es un poquito extenso y yo quiero que nosotros
podamos como pueblo de Dios que somos pues desarrollar con suficiente tiempo lo que son estos temas
y cuando se extienden un poquito y bueno pues lo ideal lo ideal
es que nosotros podamos aprovecharlo y hacerlo en dos reuniones así
que hoy vamos a tener la primera parte Es una lástima que la palabra
comunión esté pasando por momentos difíciles en algunos círculos
y esté agonizando en manos de lo que se conoce como la domesticación
y la trivialidad. ¿Qué quiero decir con esto? Que
se está volviendo como algo como que... eso no es importante,
el tener comunión los unos con los otros. Hay otras cosas que
son más importantes. Cualquier otra cosa es más importante. Pero lo cierto, mis hermanos,
es que la comunión es una realidad electrizante en el Nuevo Testamento. Es un ingrediente indispensable
en la fe cristiana y es uno de los principales medios de gracia
de Dios en nuestra vida. Esos medios de gracia que Dios
ha provisto para nosotros acercarnos a Él, la comunión es uno de los
principales. No es el único, pero es uno de
los principales. Ahora, esa palabra que se toman
las Escrituras para traducir a nuestro idioma como comunión,
es la palabra griega en el Nuevo Testamento, koinonía. ¿Ustedes
la han escuchado alguna vez? Eso es muy común en el mundo
evangélico del siglo XX y XXI. Es una palabra griega, koinonía,
que significa comunidad, asociación, comunión. Significa esa palabra
griega koinonía. Y esta palabra hace referencia
a la relación que mantenían los primeros cristianos en la iglesia
primitiva. dicha relación que mantenían
los cristianos en la iglesia primitiva, no estaba arraigada
en un amor compartido, por ejemplo, por la pizza, por la música,
sea ésta del género que sea, o quizás por una hermosa tarde
de diversión con otras personas de la iglesia, como ocurre en
nuestros tiempos. La esencia de esa palabra en
el Nuevo Testamento, en la Iglesia Primitiva, la esencia de la palabra
hoinonía era tener a Cristo en común. Por eso viene la palabra
comunión, tener a Cristo en común y, claro está, en compartir su
misión de vida o muerte en su llamado a llevar la fe a todo
el mundo a pesar de la persecución. Esa era la característica que
había en la Iglesia en el siglo I, en la Iglesia del Nuevo Testamento. La verdadera comunión no se parece
tanto a unos amigos que están reunidos para ver un juego de
béisbol o de cualquier otro deporte, que se reúnen en algún lugar
o van al estadio a ver el juego. No es esa a la comunión que está
haciendo referencia las Escrituras. Oiga bien a lo que está haciendo
referencia las Escrituras. Es a La palabra comunión enfatiza
más, que lo podríamos traer a nuestro contexto, más a los jugadores
que están dentro del campo de juego. No es al que está en los
bleachers, en las gradas, viendo el juego. No es el que está en
una esquina viéndolo en pantalla grande, el juego, no. No estamos
hablando del fanático, estamos hablando, cuando la palabra koinonía
se utiliza en la Escritura, estamos hablando de personas que están
participando del juego, que son los jugadores. A eso es que se
refiere. En otras palabras, estamos viendo,
estamos hablando de personas que están sudando en el huevo. Personas que se están dando el
todo por el todo en el huevo. No solamente están boceando desde
afuera, están metidos de lleno al huevo. Entonces, esa era la
verdadera comunión. Y se parece más, en nuestro contexto,
ustedes conocen a Sánchez y Mella, Francisco del Rosario Sánchez,
Matías Ramón Mella, ¿lo conocen? Pero ¿saben de quién se habla?
Pues cuando estamos hablando de comunión estamos haciendo
referencia a esa especie de Sánchez y Mella el 27 de febrero en la
Puerta de la Misericordia camino a la Puerta del Conde. ¿Qué estaban
haciendo ellos? Tomando la responsabilidad en
sus manos para traer libertad a nuestro país. No como ocurre
en el carnaval que se celebra en febrero de cada año. No como
ocurre con el carnaval que la gente va a celebrar a las calles
pero no saben por qué, ni le importa tampoco saber porque
lo que quieren es pasar un momento. Entonces estamos hablando de
alguien que estuvieron dispuestos a dar su vida. Uno de ellos fue
fusilado. ¿Quién fue? Yo no lo sé, yo estoy preguntando. Uno de ellos fue... y no hacemos
referencia a Duarte porque sabemos que Duarte no estaba aquí no
porque no quisiera estar, sino porque había sido llevado al
destierro a causa de esa causa independentista que fue descubierto
porque él era el que estaba organizando todo eso y fue llevado al destierro.
Entonces, cuando estamos hablando de comunión, estamos hablando
de gente que está en acción, que está metido de lleno en lo
que le compete. Los primeros cristianos no se
entregaban solamente a la palabra, es decir, a la enseñanza de los
apóstoles. No solamente se entregaban a
la oración, sino que también se entregaban a la comunión.
Sánchez, ok. Sánchez fue el que fue fusilado.
se entregaban a la comunión, como nosotros leemos en Hechos
1.14, en Hechos 2.42, y ante todo esa comunión que tenían
los unos con los otros, tenían esa comunión con Jesús. Primera
de Corintios 1.9 nos habla acerca de esa comunión. En su espíritu,
como también nos dice Segunda de Corintios 13.14, En Cristo,
esos que estaban en comunión habían llegado a ser coherederos
de su divina herencia, como nos dice Romanos 8.17 y Efesios 3.6. Y también nosotros vemos que la
iglesia de Jerusalén tenía todas las cosas en común. en Hechos
2.44, en Hechos 4.32, e incluso los judíos y gentiles eran ahora
conciudadanos, eran compañeros, eran hermanos, a pesar de las
diferencias que habían antes de haberse convertido. De eso
nos habla Efesios 2.19. Entonces, de principio a fin,
de punta a punta, el Evangelio, y eso es lo que yo quiero que
podamos ver, el Evangelio crea comunidad, y crea comunidad como
ninguna otra institución humana pueda crear comunidad, igual
a la que presenta el Evangelio. Pero esta comunión no es una
comunidad aislada o una sociedad estática de mutua admiración,
es una participación en el Evangelio. Como nos dice Filipenses 1.5,
entre aquellos que lo entregan todo por un mayor progreso del
Evangelio, como también nos dice Filipenses 1.12, entre esos que están mancomunados
para su progreso, para su gozo en la fe, Filipenses 1.25. Como
Pablo dice a los cristianos allí también, en Filipenses 1.17,
es la comunión en la cual, en la defensa y confirmación del
Evangelio, dice Pablo, y le decía a los de Filipos, pero también
es para nosotros, les decía, todos ustedes son participantes
conmigo de la gracia. Todos ustedes. Entonces mis hermanos, es una
unidad, pero es una unidad que nos lleva a entender que esa
unidad nos va a pedir que demos todo, que nos entreguemos por
completo. Y si nosotros en nuestra historia
conocemos de personas que estuvieron dispuestos a darlo todo, el todo
por el todo, hasta su vida, para dar una libertad efímera, terrenal,
cuanto más nosotros no deberíamos de estar más que dispuestos a
darlo el todo por el todo por la causa del Evangelio. La verdadera
comunión a eso nos lleva, debe de hacerlo, a que estemos dispuestos
a darlo en todo por el todo, a entregarnos por completo por
la causa del Evangelio. A eso nosotros hemos sido llamados,
mis hermanos. Es esa nuestra responsabilidad,
es esa nuestra vocación, mis hermanos. A esto fue a lo que el Señor
nos llamó mientras estemos de este lado de la eternidad. Mientras estemos de este lado
de la eternidad, mis hermanos, a esto es que el Señor nos ha
llamado, es nuestro deber entenderlo así. El Señor no nos llamó a
ser personas que estamos solamente para recibir, sino que también
el Señor nos está llamando a ir, Él es el que nos envía. Cuando la comunión es verdadera,
la profundidad de ese amor mutuo no es un síntoma de crecimiento
interno, no es que yo estoy creciendo internamente, sino que estamos
hablando de un crecimiento externo, hacia afuera, hacia los que nos
rodean. Como dice Juan 13.35, ¿cómo se
manifiesta ese crecimiento hacia afuera? Juan 13.35, en esto conocerán
todos que son mis discípulos. ¿En qué? ¿Quién se sabe esa parte? En esto conocerán todos que son
mis discípulos. Si se tienen amor los unos a
los otros. hacia afuera. Yo no puedo decir
que yo soy seguidor de Cristo si no manifiesto amor hacia mis
hermanos. Pero la verdadera comunión no
se esfuerza solo por ganar a los perdidos, sino que sirve también
para mantener a salvo a otros creyentes. Vamos a ver dos textos
que son gemelos sobre la comunión cristiana. que están posicionados
como guardianes del corazón de la epístola a los hebreos. Así
que vámonos a hebreos. Los dos textos están en hebreos. Y estos textos nos llevan a entender
que nosotros no somos llamados a acceder a la gracia de Dios
de manera individual. Nosotros no somos llamados para
eso. Es decir, Dios no me llama a ser un cristiano solo. Eso
no es bíblico. No está en las Escrituras. El
Señor no enseña eso. Siempre que nosotros vemos al
Señor, siempre vemos a un pueblo, un grupo de personas reunidas. Si usted pensó que usted puede
ser cristiano solo, pues ese es un engaño del enemigo, un
engaño quizá de su carne, pero no está en las escrituras. No
se puede ser cristiano a solas. El primer texto lo encontramos,
vaya conmigo, léalo conmigo, en Hebreos 10, 24 y 25. Hebreos 10, 24 y 25. ¿Cómo nos dice ese texto? Te voy a decir en qué página
está. ¿En qué página? Así mismo es. Así mismo es. 1240. ¿Es diferente el tuyo? 1240. No, esa no, esa no, esa
es diferente, esa es la numeración, pero esta debe ser igual. 1240.
Hebreos 10. Ajá. 1240. Muy bien, nos dice así, leemos
desde el verso 24 y 25. Consideremos cómo estimularnos
unos a otros al amor y a las buenas obras. no dejando de congregarnos
como algunos tienen por costumbre sino exhortándonos unos a otros
y mucho más al ver que el día se acerca. Entonces lo extraordinario
aquí no es la convocatoria para seguir congregándose sino la
instrucción de que al reunirnos podamos mirar más allá de nuestra
propia nariz a las necesidades de los demás. Es decir, que en
vez de ver acá, podamos ver las necesidades de los demás. Una traducción literal de este
pasaje sería, considérense unos a otros para amor y buenas obras. conozcan, en otras palabras,
conózcanse unos a otros, acérquense, permanezcan cerca, profundicen
y consideren a personas particulares e interactúen con ellos para
exhortarlos e inspirarlos al amor y a las buenas obras que
sean adecuadas específicamente para su situación. Es a eso que el Señor nos manda. Vamos a ver cómo están los demás
hermanos. Y de eso vamos a hablar más adelante
cuando lleguemos también al capítulo 18 de este libro, varias reuniones
más adelante. Entonces aquí nosotros estamos
saboreando en este pasaje cuán potente y personal es la comunión
como un medio de gracia, como compañeros bajo la palabra de
Dios y en oración. un hermano que me conoce como
soy y no como un humano genérico, habla a mi vida la verdad en
amor, como dice Efesios 4.15, y me entrega tales palabras como
aquellas que sean buenas para la buena edificación según la
necesidad del momento para que imparta gracia a los que escuchan. ¿Qué le parece? Esa es una gracia
invaluable, mis hermanos. Una gracia invaluable, tremenda. Considérense los unos a los otros
para estimularse a que al amor y a las buenas obras. Pero le dije que teníamos dos
textos gemelos, ¿verdad? El otro texto gemelo lo encontramos
en Hebreos 3, 12 y 13, capítulo 3, versos 12 y
13. Ya usted lo tiene ahí en su Biblia,
así que yo se lo leo de una vez, pero búsquelo para que todos
lo leamos. 3, capítulo 3. ¿Lo tenemos? Dice así, Hebreos
3, 12 al 13. Tengan cuidado, hermanos, no
sea que en alguno de ustedes haya un corazón malo de incredulidad
para apartarse del Dios vivo. Antes, exórtense los unos a los
otros cada día, mientras todavía se dice hoy, no sea que alguno
de ustedes sea endurecido por el engaño del pecado. Miren mis
hermanos, aquí la exhortación no recae sobre el creyente apartado
para que regrese al camino. Hebreos 10, 24 y 25, es una exhortación al que
está como descuidado. Pero acá Hebreos 3, 12 y 13,
es una exhortación para las personas de la comunidad, los que están
en la comunidad. Y entonces, la invitación para
esas personas que están en la comunidad, no el que está de
lejos, sino para nosotros, los que estamos acá, es para que
tengamos suficiente proximidad, suficiente conocimiento, suficiente
regularidad de los otros hermanos que están alejados para identificar
su extravío, para luchar con él y por él en contra del pecado. A eso es que nos invita este
pasaje bíblico. Es decir que la invitación que nosotros tenemos es que no
me basta con que yo esté bien, yo no puedo estar tranquilo con
que yo esté bien si yo conozco de un hermano que está descuidado
en su relación con el Señor. Eso es lo que nos dice este pasaje
bíblico. No me basta con que yo esté bien. Ahora, si estoy
bien, pues, debo de buscar a ese hermano. Esa es la invitación. Para llevar
esa gracia a los que están luchando con el pecado, para evitar la
apostasía, llevando palabras de verdad y de gracia a esos
oídos, y orando para que el Espíritu Santo vivifique ese corazón. A eso que se nos invita. Entonces ahí nosotros podemos
ver que tenemos una doble responsabilidad. Si nosotros somos de los que
estamos descuidados, pues la invitación es a no dejar de congregarme. a considerar a los otros, para
estimularnos al amor y a las buenas obras. Pero en cambio,
si yo estoy firme en esta verdad, la invitación sigue siendo para
mí también, para que no piense que con que yo esté bien, estoy
bien, sino al contrario. Si yo conozco de alguien que
se ha descuidado, yo debo de llevar esa palabra de gracia
a sus oídos, yo debo de orar por esa persona, yo debo de invitarle
a que regrese al camino. Ese es mi deber, es mi responsabilidad,
incluso a costa de cualquier consecuencia que me pueda sobrevenir
por el simple hecho de invitar a otros a volver al camino. Muchas veces nosotros queremos
decir, no, yo estoy bien. No, usted no está bien si usted
no se preocupa del hermano. Aunque ore mucho, usted debe
de buscar al que está apartado también. es nuestra responsabilidad. Cuando nosotros estamos hablando
de comunión nosotros podemos verla como ese hijo olvidado
de lo que son las disciplinas espirituales, pero esa disciplina
puede salvar nuestra alma en medio de la noche oscura, de
las tentaciones, del pecado. La comunión Es más fácil para mí decir, bueno,
yo oro constantemente, yo asisto a la iglesia constantemente,
yo leo la palabra constantemente, pero que a mí no me hablen de
buscar al otro. Porque si yo lo hago y yo lo puedo hacer,
¿por qué el otro no lo puede hacer? Esa no es la actitud cristiana. La actitud cristiana es ir detrás
de esa persona. Cuando pasemos por ese valle
de sombra de muerte, ¿qué nos dice la palabra? Que el Pastor
nos va a confortar con su callado, pero también descubriremos que
Él ha preparado a eso, el Divino Pastor ha preparado a su pueblo,
para que también actuemos como pueblo, como esa vara de rescate. Cuando se ha sacado o se ha apagado
ese deseo de escuchar su voz en la palabra, cuando ha decaído
esa energía espiritual para hablarle al oído al Señor en la oración,
Dios envía a su cuerpo para hacernos volver. ¿Cuál es su cuerpo? Dijimos
hace un ratito. ¿Cuál? La Iglesia. Es a su cuerpo que Dios utiliza
para hacernos volver cuando estamos pasando por valles de sombra
de muerte. Generalmente el regreso de una
persona alejada no ocurre por su propio esfuerzo, generalmente
no ocurre así, sino por el esfuerzo de los hermanos. como nos dice Santiago 5, 19
al 20. Vamos a buscarlo. Vamos a buscarlo todos. Les digo
ahora mismo dónde está en nuestras Biblias para que lo alcance a
buscar y lo lea conmigo. Santiago está después de Hebreo. Si usted está en Hebreo, denle
un chin para adelante y se va a encontrar con Santiago, capítulo
5, que se encuentra en la página 1248. 1248 en la Nueva Biblia de las Américas, que manejan la misma compaginación
de páginas, no importa el tamaño de su Biblia, Nueva Biblia de
las Américas. Santiago 5, 19 al 20, oiga bien,
mire como dice, hermanos míos, Si alguien de entre ustedes se
extravía de la verdad y alguien le hace volver, sepa que el que
hace volver a un pecador del error de su camino salvará su
alma de muerte y cubrirá multitud de pecados. Es a eso que el Señor nos invita. hacer regresar a ese hermano
del error o a ese impío también, porque también somos llamados
a ir al impío. Esos medios de la gracia de Dios
no son solamente su palabra y la oración. Acuérdense que eso es
lo que hemos venido hablando, ¿verdad?, en las primeras dos
secciones. Hablamos de la Palabra, hablamos de la Oración, pero
no se queda ahí solo. Hoy estamos entrando a esta tercera
parte, que también es importante, que es la Comunión. Y cuando
hablamos de la Comunión, estamos hablando de la verdadera Comunión
con aquellos que tienen en común aquel que es la Gracia Encarnada. ¿Y quién es que es la Gracia
Encarnada? Cristo Jesús. La gracia de Dios no puede estar
aislada en los individuos. El cristiano saludable, sea una
persona introvertida o no, sea una persona fogosa o apagada,
cuando así hablo de temperamento, en cualquier etapa de su vida,
no busca minimizar las relaciones con sus hermanos en Cristo, sino
maximizarlas. Por eso tratará de encontrar
variadas formas de poder estar en relación con esos hermanos.
No esperar, no esperar un contacto esporádico el día domingo, sino
darle con más fuerza para tratar de mantener una interacción sana
durante toda la semana. Dios nos ha dado hermanos en
la iglesia, no sólo para estar en compañía y combatir juntos,
no sólo para luchar contra la soledad y la apatía, sino para
que cada uno sea para el otro un medio indispensable del divino
favor de Dios. Es decir, que cuando yo estoy
en comunión con otros hermanos, ese hermano debe de motivarme
a mantener y a fortalecer esa gracia que he recibido de Dios.
Entonces, cuando hablamos de comunión, no estamos hablando
de que usted va a llegar a la casa del hermano y va a comenzar
a hablar de, ¿viste lo que pasó, lo que publicó este de ahí de
las redes sociales? ¿Tú viste lo que publicó? Eso
no es tener comunión, aunque seamos los dos de la misma iglesia.
Estamos hablando de fortalecer la gracia. Yo dije cuando yo
fui al hermano, le voy a motivar. Mira, ¿qué te pareció el tema?
Oye, pero no te vi temprano en la iglesia, ¿qué te pasó? Ah,
pero yo estuve hablando de esto. Mira, bueno digo yo, pero usted
va a decir, el pastor estuvo hablando de esto y estuve enseñando
esto. Pero mira, nosotros tenemos una
buena oportunidad ahora en estos tiempos. ¿Usted sabe por qué?
Porque ahora en estos tiempos tenemos la ventaja de que usted
puede ver el tema, aunque no es lo mismo, pero ya que no pudo
y no podemos darle para atrás, ya que no pudo asistir, pues
por lo menos saca un tiempo para verlo de nuevo. O quizás usted
se encuentra con un hermano que le va a decir, no, lo que pasa
es que a mí es difícil usar esas cosas, me cuesta trabajo. Como
todavía yo encuentro personas así. Pero no, pues no hay problema. Yo le puedo ayudar. Déjeme enseñarle
cómo hacerlo. Para que usted aprenda. Para
que cuando yo no esté, usted ya lo sepa hacer. Y así vamos creciendo en la gracia.
Entonces, cuando nos vemos con los hermanos, no solamente, ¡guau,
tanta basura hay! El agua hace mucho que no llega
acá, es verdad. El agua por estos lados no llega. No, mis hermanos. Está bien que usted lo hable,
pero que la conversación no gire en torno a eso. Que no gire en
torno a la delincuencia o al accidente que hubo o a las dos
onzas que estaban paradas. ¿Quién se encontró con el tapón?
A nadie, qué bueno, qué bueno. Está bien hablar de eso, pero
no debe de girar, no debe de polarizar la conversación. Y
si vamos a hablar de esto, que sea tratando de irnos a la Palabra.
Eso es tener comunión. Cada uno es un elemento esencial
de la buena obra de Dios, esa buena obra que Dios ha comenzado
en nosotros y que Él ha prometido completarla, como dice Filipense
1.6. pero yo debo de contribuir a esa buena obra también, ¿verdad?,
hablándole la palabra, hablándole la verdad en amor. Entonces,
nosotros tenemos que hacer que la comunión sea oficial. Algo
que debe de quedar explícito, aquí ya finalizando esta primera
parte de este capítulo 13, es que la forma más profunda y duradera
de comunión es mediante un pacto. En otras palabras, se da entre
personas que han realizado compromisos formales unos con otros. ¿Y cómo se establecen esos pactos
en la Iglesia? Vamos a ver, va a ser una pregunta
así. ¿Cómo se establece ese compromiso formal el uno con los otros? Vamos a ver. ¿Qué usted dice? Sí, pero se comienza con ello,
pero si se queda solamente en asistir, no termina con fuerza. Sí, puede ser. Eso va, eso va,
eso se sigue, pero si se queda ahí no le da carácter. Cuando nosotros hablamos de pacto,
oiga bien, cuando nosotros hablamos de pacto, ¿qué término se usa
ahora en la sociedad dominicana? ¿Cuál es un término sinónimo
de pacto? Compromiso. ¿Cómo se establece
un compromiso? ¿Cómo se hace entre dos personas? ¿Cómo se ponen de acuerdo los
dos? Pues yo puedo decir... ¡Ahí está la clave! Miren, el pacto
es sinónimo de una firma y se usa un medio legal para que esa
firma tenga validez. ¿Cuál es ese medio legal? El documento. Pero ¿qué le da
legalidad a ese documento? La ley. Pero ¿qué le da legalidad
a la firma y a la ley? Un abogado notario, eso es lo
que le da validez legal a la firma de un documento, a ese
compromiso que se acordó por escrito. Una cosa que no se deja
por escrito y no se deja firmado y legalizado por un abogado notario
es algo que quedó en palabras solamente y es opcional que la
persona lo cumpla o no, acorde a las leyes dominicanas. Una
persona puede decir, bueno yo le dije que le iba a alquilar
ese local pero yo nunca hice un contrato de alquiler, entonces
le va a decir el juez, bueno por si usted nunca hizo contrato
de alquiler y dejó que se metiera ahí, usted ya ahora tiene un
problema. Entonces debe de haber un algo
legal, algo establecido. Entonces cuando nosotros hablamos
de un pacto en la iglesia, nosotros estamos hablando de un compromiso
que adquieren las partes pero ese compromiso lo dejamos por
escrito, delante de Dios, no usamos, por si acaso, ¿verdad?,
no usamos un abogado notario, ¿verdad?, testigo sí, podría
ser, ¿verdad?, pero no es obligatorio, aunque generalmente cuando firmamos
ese compromiso pues se hace de manera pública. Y lo dejamos por escrito, nosotros
nos comprometemos a formar parte de una comunidad de fe. Entonces
cuando estamos hablando de compromiso estamos hablando acerca de ese
acto que usted hace cuando usted firma ese documento donde usted está solicitando
la membresía de la Iglesia. Entonces, si ahí usted está adquiriendo
un compromiso como miembro a formar parte de esa Iglesia, a interesarse
los unos por los otros, a estimularse al amor y a las buenas obras,
a que otros también le llamen, pregunten por usted. Lo que sucede es que muchas veces
nosotros hacemos las cosas y no asumimos la responsabilidad y
el gran deber que tenemos al hacer esta solicitud. Y esto
lo digo, por ejemplo, acá que tenemos a Yacely, tenemos a Rachel, ya si todo sigue bien y se da
bien esta reunión que tiene con el Consistorio el 23 pues ya
serían recibidas como miembro de la Iglesia. También está Esmirna
y también está Maciel que tendríamos que bautizarla
antes de ser recibida en la Iglesia. Es un compromiso que estamos
accediendo Yo les voy a compartir a ustedes de manera personal
la copia escaneada de ese compromiso los que son miembros que asumieron,
que es el mismo que ellas están firmando ahora, que están solicitando
la membresía, a los que usted se compromete. Entonces usted
está asumiendo, mis hermanos, que usted también hasta cierto
punto usted está abriéndose a esos otros hermanos para que le acompañen,
para que oren por usted, para que también pregunten por usted
cuando no lo vean en la iglesia, también para que usted pueda
hacer lo mismo para con ese hermano. es decir, porque es una relación
mutua, es un compromiso mutuo que el Señor nos invita a hacer. Y esto lo vemos en las Escrituras
desde el inicio de la Iglesia del Nuevo Pacto, nosotros vemos
que cuando Pedro da aquel famoso sermón, cuando algunos dicen
que la iglesia comenzó, inició con Cristo Jesús y el grupo de
los apóstoles y que fue tomando forma más adelante ya con Pedro
y su sermón, lo cierto es que la primera referencia a tener
un listado oficial de personas la tenemos ese día que da el
sermón el apóstol Pedro, que dice allí que tres mil personas
fueron añadidas a la iglesia, es decir, hubo un registro escrito,
porque ellos no fue que adivinaron y dijeron, pongan ahí que fueron tres mil,
no, Había un registro y después dice que hubieron cinco mil más
que se añadieron por otro sermón de Pedro. Entonces, mis hermanos,
esa es la invitación que nosotros tenemos. Entender que el Señor
nos llama a formar parte de una comunidad y que esa comunidad
es invitada a vivir en comunión. una comunión que se da con nuestro
Dios siempre, en primera instancia, pero que esa relación que yo
tengo vertical hacia Dios debe de manifestarse en una relación
horizontal hacia mis hermanos. Que Dios no me invita a ser una
persona solitaria en el camino, sino que Dios me invita a formar
parte de esa comunidad de fe. para, como dice la palabra, estimularnos
al amor, a las buenas obras, para hablarnos los unos a los
otros con buenas palabras, para ayudar al caído, para levantar
al que está en el suelo. Para eso el Señor nos llama,
El Señor nos manda a formar parte de una iglesia y que la formalidad
de esa iglesia se establece a través de la membresía, del pacto de
membresía donde yo estoy asumiendo un compromiso, un deber, una
responsabilidad delante de Dios y delante de mis hermanos en
la fe. Entonces una comunidad del pacto
se parece a ese matrimonio cristiano que dentro de ese matrimonio
hay compromisos establecidos y hay alianzas prometidas donde
la vida relacional es protegida, cultivada y fomentada al máximo
para que florezca. y se mantenga floreciendo. ¿Verdad
que sí? Porque no es que ya yo firme
algo y ya, me olvidé de ello. No. Usted está asumiendo un compromiso
que debe de irse este día. Y usted debe de entender también
las razones por las que les estaremos pidiendo cuenta, les estaremos
inquiriendo, les estaremos diciendo ¿qué pasa?, ¿por qué no estás?,
¿por qué no estás en esto? Porque para eso el Señor nos
manda. Entonces en el caso acá, por
ejemplo, de Helena, su siguiente paso, ¿cuál sería Helena? venir
al proceso para que también sea miembro de la iglesia en su momento,
agotar el proceso, como decimos. y según vamos creciendo los que
son más pequeños también si van creciendo en los caminos del
Señor y testifican de tener a Cristo como Señor y Salvador pues también
en su momento recibirlos en la membresía de la Iglesia. Pues
esto era lo que queríamos tratar en esta mañana para el próximo
domingo si Dios quiere vamos a seguir hablando de este tema
Aprende a Volar en la Comunión ¿Oiga bien como es? Aprender
a Volar en la Comunión Pero el próximo domingo vamos a hablar
acerca de seis lecciones para saber escuchar. Oiga bien, eso
es interesante, porque muchas veces nosotros decimos que oímos,
pero no escuchamos. ¿Usted sabía eso? Seis lecciones
para saber escuchar. Así que si usted quiere saber
cómo escuchar, venga el próximo domingo temprano para que veamos
esas seis lecciones. Pues lo dejamos hasta acá y ahora
aprovechamos si hay alguna pregunta, alguna inquietud que quieran
hacernos llegar, pues este es el momento para hacerlo.
Aprende a volar en la COMUNION
Series Hábitos de GRACIA
La comunión es una realidad electrizante en el Nuevo Testamento, un ingrediente indispensable en la fe cristiana, y uno de los principales medios de gracia de Dios en nuestra vida. La esencia estaba en tener a Cristo en común, y en compartir su misión de vida o muerte en su llamado a llevar la fe a todo el mundo a pesar de la inminente persecución.
Si te interesa conocer más acerca de este tema, te invitamos a que te comuniques con nosotros a través del número: +1(809)234-7795 y el correo electrónico: [email protected]
La versión de la Biblia que utilizamos es la Nueva Biblia de Las Américas (NBLA)
| Sermon ID | 916241229195504 |
| Duration | 49:25 |
| Date | |
| Category | Bible Study |
| Language | Spanish |
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