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La vida está llena de noticias,
¿cierto? En todo momento, a cada rato,
estamos recibiendo noticias. Algunas son muy distantes y no
son tan impactantes, ¿verdad? Y escuchamos noticias de algo
que está pasando al otro lado del mundo, o escuchamos noticias
de algo que pasó en nuestro continente, en alguno de los países vecinos.
Y deberíamos prestar atención y responder de alguna manera
a estas noticias, pero definitivamente creo que todos estamos de acuerdo
en que no es lo mismo que cuando recibimos una noticia de algo
personal, de alguien cercano a nosotros, de algo que tiene
relación directa y que va a impactar nuestra vida directamente. y tanto buenas como malas verdad
esas noticias tienen más peso que las noticias distantes y
algunos hemos recibido malas noticias y sabemos lo que se
experimenta a nivel emocional cuando recibimos la noticia de
la muerte de un ser querido, de la muerte de algún familiar,
o de alguien cercano a la familia, o de alguna enfermedad, o de
algún accidente, muchos de nosotros hemos experimentado
eso. Y también muchos hemos experimentado el gozo de una buena noticia,
de un plan que avanza, de un check, de un nuevo nacimiento,
las noticias de un ascenso, las noticias de un nuevo crecimiento, un matrimonio que se va a celebrar,
¿verdad? Y nos gozamos y nos alegramos
con las buenas nuevas. Así, pero definitivamente ninguna
buena noticia se compara con la mejor noticia que nosotros
hemos escuchado, las buenas nuevas del Evangelio de Jesucristo. Romanos capítulo 10, versículos
del 11 al 15 dicen, Pues la Escritura dice, todo
aquel que en él creyere no será avergonzado, porque no hay diferencia
entre judío y griego, pues el mismo que es Señor de todos,
es rico para con todos los que le invocan, porque todo aquel
que invocare el nombre del Señor será salvo. ¿Cómo pues invocarán
a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien
no han oído? ¿Y cómo oirán, sin haber quién
les predique? ¿Y cómo predicarán si no fueran
enviados? Como está escrito, cuán hermosos
son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas
nuevas. Oremos. Dios, estamos ante un
pasaje muy conocido. Todos lo hemos escuchado muchas
veces, lo hemos cantado, hemos escuchado sermones acerca
de este pasaje, enseñanzas, hemos pensado en sus implicaciones.
Quizá alguno de nosotros no, pero en la mayoría nos hemos
visto expuestos en alguna medida a este pasaje tan repetido en
el ámbito de las misiones y del evangelismo. Pero queremos pedirte
que nos ayudes a verlo una vez más y a sacarle todo el provecho
que podamos en esta mañana. Si hemos de aprender algo nuevo
que no habíamos aprendido, bendice esa nueva enseñanza. Y si estamos
repasando, recordando algo que ya sabíamos, igualmente refrescalo
en nuestros corazones. y hazlo una verdad viva y transformadora
en cada uno de nosotros. Gracias porque tu palabra es
viva y eficaz en todo momento. En el nombre de Jesús. Amén y
Amén. La escritura dice todo aquel
que en él creyere no será avergonzado. Pablo ha venido hablando acerca
de la salvación Y los dos métodos, digamos, que existen para la
salvación. Uno, intentar salvarse por obras,
obedeciendo la ley, y está destinado al fracaso. Y el otro es la fe,
el método de Dios, la justificación por medio de la fe. Y esa justificación
se da por medio de la fe en Jesucristo, o sea, por medio de la predicación
del Evangelio. La noticia que ofrece el Evangelio
de Jesucristo, el que cree en Él, el que cree en Jesucristo
y lo confiesa, como vimos la semana pasada, el que cree en
su corazón y lo confiesa con su boca, es saludable. Ese es el punto. Y ahora, Pablo
continúa esta misma idea, y repite una cita que ya habíamos visto
antes. Entonces, yo no me voy a detener demasiado en esta cita.
Es una cita de Isaías 58-16, y solamente para recordarles
brevemente, está al final del capítulo 9, el último versículo
del capítulo 9, y habla acerca de la piedra de tropiezo. Es el mismo pasaje que habla
de la piedra de tropiezo que fue colocada en Sion, una piedra
probada, una piedra rica, una piedra preciosa, y hablamos de
que esa piedra es Jesucristo, ¿verdad? Y que Él es la piedra
angular y la piedra de tropiezo porque es en Él en el que somos
salvos o condenados. O sea, nos salvamos por la fe
en él, y el que lo rechaza a él, no cree en él, no tiene esperanza
de salvación, no hay otra manera de salvarse. Y termina diciendo,
todo el que en él creyere, no será avergonzado. Y yo creo que
vale la pena ahorita hacernos la pregunta, ¿qué es creer en
Cristo? Porque... Lo decimos todo el
tiempo y es como parte de nuestra jerga cristiana, ¿verdad? Es
que tiene que creer en Jesús, es necesario creer en Jesús,
para ser salvo hay que creer en Jesús. ¿Pero qué significa
eso? Tal vez los más pequeños se lo
preguntan. Tal vez algunos están apenas
entrando a la iglesia y no tienen idea de qué significa eso, creer
en Jesús. ¿Qué significa? Significa confiar. Así si lo quieren poner a grandes
rasgos, confiar en Jesucristo. Eso es creer en Él. No es creer
que Él existió. No necesariamente se refiere
a eso. Muchos creen que Jesús existió y que fue una persona
real y que murió y no saben si resucitó, pero de fijo existió.
Y entonces creen en Él así como creen que Abraham Lincoln existió,
creen que Cleopatra existió, creen que Mahoma existió. y creen
que Jesús existió. No es ese creer, no es creer
que es real, en ese sentido, un personaje de la historia,
sino confiar en Él y entender que Él es el único que puede
salvar. Su salvación es la única esperanza
que tenemos, y es el único recurso que tenemos, y por lo tanto Él
es el único al que podemos acudir. El que cree en Él no será avergonzado. Es decir, que su salvación es
absoluta. El que cree en él, no va a llegar a un punto en
el que va a decir, yo creía en Jesús, pero me quedó corto, me hizo falta algo, algo no hizo
Jesús, y no llegué al cielo porque algo faltó. O yo tenía que hacer
algo más, Jesús hizo un 99%, pero yo tenía que hacer el 1%
y no lo hice, y ya, y entonces no me salvé. No, dice que todo
el que cree en Él no será avergonzado. Su salvación es absoluta, nos
salva en todo sentido que necesitemos salvación, y es completa en el
sentido de que nos salva efectivamente sin que le falte nada. Así nos salva Jesús, de manera
absoluta y perfecta. Él es el único que puede llevarnos
al Padre. El único, no hay otro camino
para llegar al Padre. Si acudimos a Dios por medio
de Jesús, Él nos va a recibir. El Padre nos recibe si acudimos
por medio de Jesús. Si confiando en Cristo y no en
nosotros, buscamos su rostro e invocamos su nombre, Él nos
va a perdonar. y Él nos va a adoptar. Si abandonamos
todo esfuerzo propio y descansamos en lo que Cristo hizo, Él nos
va a salvar y nos salva sin reservas. No nos salva como diciendo, bueno,
lo salvo, pero vamos a ver, dependiendo de cómo se porte, se lo quito.
No dice eso Dios. Nos salva a los que creemos en
Cristo y nos salva para siempre. Nos salva sin reservas y por
eso podemos decir que no seremos avergonzados. Los que creemos
en Jesús no seremos avergonzados. Todo aquel que cree, aquí hay
una oferta para todos. Todo aquel que cree será salvo. todo aquel que cree en él no
será avergonzado. Y entonces Pablo añade a ese
todo aquel una idea más en Romanos 10, 12, porque no hay diferencia,
dice, entre judío y griego, pues el mismo que es Señor de todos
es rico para con todos los que lo invocan. Entonces es para
todos, porque no hay diferencia entre judío ¿Y qué quiere decir?
Primero, entendamos que el griego en la Biblia es cualquiera que
no es judío. O sea, en la Biblia le dice griego
a todos los demás. Están los judíos y están todos
los demás. Y todos los demás son los griegos. ¿Por qué le dice griegos? Porque
en ese momento, el contexto, el mundo conocido, era el imperio
grecorromano. Eso era lo que existía, eso era
lo que tenían. Entonces, fuera de judíos, griegos. Así se entiende en las escrituras. Muchas veces el término también
que se utiliza es gentiles. Pero el punto es que lo que Pablo
está diciendo es que no hay diferencia, que no hay distinción. Usted
puede ser judío o puede ser griego. Esto aplica a todos. todo aquel
que crea en Él no será avergonzado, tanto judíos como griegos. Todos,
sin importar su etnia, comparten la realidad de su pecado. Todos,
sin importar su etnia, comparten la realidad de que van a ser
condenados por la ley de Dios y van a terminar en el infierno.
Y todos, sin importar su etnia, necesitan a un Salvador y sólo
hay Uno, Jesucristo. Entonces, no hay distinción.
Todos están en la misma posición. Y luego dice, pues Él mismo,
que es Señor de todos, es rico para con todos los que le invocan.
Y detengámonos en este punto. El que es Señor de todos aquí,
es Jesús. De Él es del que está hablando.
Y Jesús fue hecho Señor de todo, cuando su nombre fue exaltado
hasta lo sumo. cuando fue sentado a la diestra
del Padre. Y dice que se le dio el nombre
que es sobre todo nombre. Y Jesús lo dijo en estos términos.
Toda autoridad me ha sido dada. Toda potestad me ha sido dada
en el cielo y en la tierra. Él es Señor de todos. No es Señor
sólo de los judíos. Aunque viene de los judíos y
en el pueblo judío es donde se dio la revelación de que vendría
este Mesías, este Salvador. Él no vino sólo para los judíos. Él vino para todos, a salvar
a gente de todo pueblo, de toda lengua, de toda raza, de toda
nación. Y cuando fue exaltado, no fue
exaltado al trono de Israel, al trono de los judíos, Él fue
exaltado al trono del universo. Él es el Rey de reyes y Señor
de señores. Y por eso Pablo dice, Él es Señor
de todos. de todos. No hay ninguna deidad,
no hay religión, no hay método que sea superior a Cristo. Él está por encima de todos.
No hay ídolo, no hay santo, no hay profeta, no hay sabio, no
hay gurú. que sea superior a Cristo. No hay chamán, no hay maestro,
en todos los pueblos, en todas las religiones tienen sus líderes,
ninguno es superior a Cristo. Ninguno puede salvar como Cristo. No hay doctrina, no hay ideología,
no hay ciencia superior a Cristo. No hay conocimiento superior
a Cristo. No hay virtud, poder, fama, mérito
en nosotros que esté por encima de Cristo. Él es el único que
puede salvar y Él es Señor de todos. Y este Señor no es un
Señor distante, arrogante, inaccesible, Este Señor es rico, dice, para
con todos los que le invocan. Rico, grande en misericordia,
dispuesto a perdonar y mucho más, mucho más. Hemos dicho esto
muchas veces. Él podría solamente limpiarnos
de nuestros pecados y hacer de nosotros sus siervos por la eternidad,
nada más. Y si Dios solamente nos diera
la salvación en Cristo y no nos diera absolutamente nada más
y pasáramos el resto de nuestra vida en todo tipo de necesidad
y miseria, aún así tendríamos razón de alabarle y de vivir
para Él y de gozarnos en Él y de estar agradecidos. Pero no hace
eso. No solamente nos da salvación,
habla de esta riqueza del Padre para con sus hijos. para los
que son sus hijos en Cristo, los que lo invocan, reciben riquezas
abundantes. Esta salvación tiene unas implicaciones
tan profundas y tan grandes, su gracia, su amor y su bondad
derramados abundantemente en nuestras vidas y somos objeto,
cada uno de nosotros somos objeto de ese amor y hemos recibido
esa riqueza y usted dirá, ¿A qué riqueza se refiere? Porque
si yo me meto las manos en los bolsillos, no soy tan rico. Cuando veo mis cuentas bancarias,
no puedo decir que soy millonario, que tengo gran riqueza. Algunos quizá viven, como dice
el dicho, collo el partido, collo el comido. Pero no se está refiriendo
a esa riqueza. Le voy a recordar su riqueza. Tal vez usted no la ha contado
últimamente. Contemos. Usted tiene una familia
mejor que cualquier familia. Usted es ahora miembro de la
Iglesia de Cristo, hijo de Dios, y tiene hermanos y hermanas alrededor
del mundo, vivos y muertos. Cientos, miles, millones. unidos por un mismo espíritu,
por un mismo amor, por una misma fe, y ser miembro de la Iglesia
es una gran bendición, porque usted encuentra en la Iglesia
apoyo, ánimo, un lugar donde rendir cuentas, eso que acabamos
de hacer antes del sermón, donde oramos unos por otros, saber
que puedo contar mis cargas, saber que puedo contar mis alegrías
y que otros se van a gozar conmigo o van a llorar conmigo y van
a orar por mí y conmigo? Usted tiene una relación con
Dios que antes no tenía y que muchos en este mundo no tienen.
un acceso directo a este Dios que no solamente es su creador,
no solamente es su salvador, sino que también es su padre
ahora, su padre, que lo ha recibido en su regazo. que lo ha abrazado
y usted se puede acercar a él con toda libertad y saber que
nunca, nunca, nunca lo va a rechazar, nunca le va a decir no tengo
tiempo, nunca le va a decir estoy demasiado ocupado sosteniendo
todo el universo. Porque este Padre es también
poderoso, todo poderoso. Y puede hablarle en oración en
cualquier momento del día, ¿No tiene horas de oficina? Es tan
real su presencia en cada uno de nosotros que su Espíritu Santo
mora en usted. Dios está con usted de la manera
más cercana y profunda que puede. Su Espíritu mismo mora en usted. Además de eso, usted está siendo
transformado, porque ese espíritu que muere en usted no está ocioso. Está haciendo una obra en usted,
transformándolo. Cada vez más puede vivir usted
conforme a la voluntad de su padre. Cada vez más puede luchar
contra el pecado. Cada vez más crece en su santidad. Cada vez lo puede obedecer mejor. Y eso es una gran riqueza. Además de lo que ya está disfrutando
y de lo que ya tiene, hay una herencia ingloria incorruptible
esperándole. Y usted va a ser glorificado
en el día final y le espera una eternidad con Dios y usted está
siendo guardado para ese día y ese día está reservado para
usted. Hay gran riqueza. en esa verdad. Su salvación está asegurada. Usted es coheredero con Cristo
y va a recibir la plenitud de esa salvación de las manos de
Dios en las cuales usted ya está a salvo y de las cuales nadie
nunca podrá arrancarlo. Si eso no es riqueza, no sé qué
podría ser. Además, Dios le ha devuelto su
identidad y su propósito. Dios le ha devuelto su propósito,
su objetivo de vida, el haber sido creado para él. Él se ha
dado a sí mismo a usted, para que usted pueda cumplir el propósito
con el que fue creado. Su pecado ya no es lo que lo
define a usted. Lo define Dios. Lo define su
relación con Dios. Lo define Cristo. El mundo y
sus estándares, ya eso no es lo que lo define a usted, lo
define el estándar de Dios. Cuando Cristo dijo consumado
es, y Dios dijo justificado por la fe, ahora usted es hijo mío,
miembro de mi iglesia, destinado para la gloria, esa es su identidad
ahora. Eso es quién es usted. Y su pecado
debe ser cada vez menos su identidad, porque va a llegar el día en
que ya ni lo va a tener, ya no va a tener que lidiar con él.
Entonces, ¿para qué dedicarle esfuerzo y pensar es que esto
es lo que soy? No. Somos santos y estamos siendo
santificados. Entonces, crezcamos en esta nueva
identidad que tenemos en Cristo. Y finalmente, para remachar,
porque de fijo no nos daría todo el sermón para contar todo, la
Biblia enseña que todas las promesas de Dios son en Cristo sí y amado
para nosotros. Muchas de ellas ni las conocemos.
Muchas de ellas ni tenemos claro qué significan. pero sabemos
que son cosas buenas y sabemos que son cosas ricas, cosas que
ni siquiera se nos han ocurrido, cosas que ningún ojo ha visto,
que no han subido en el corazón de ningún hombre, son las que
Dios tiene preparadas para nosotros. Cuente su riqueza, cuente su
riqueza. Eso es lo que Cristo ha hecho,
y eso es lo que Cristo hace por todo aquel que lo invoca, todo
aquel que corre a Él, todo aquel que confía en Él, que cree en
Él, forma parte de esta riqueza, es coheredero de todo esto con
nosotros, viene en el paquete de la salvación, verdadera riqueza,
suya para siempre. a la mano, al alcance. Y pensemos
entonces en los demás. No seamos egoístas con esta riqueza.
Pensemos en los demás. ¿Qué continúa diciendo Pablo?
Todo aquel que invocare el nombre del Señor será salvo. Todo aquel
que invocare el nombre del Señor es una cita de Joel 2.32, casi
palabra por palabra. Y ese invocar se refiere a clamar
a Él. en sentido de arrepentimiento,
es buscarlo a Él como el único recurso para nuestra salvación,
es acudir a Él pidiendo su ayuda. Y dice, todo aquel que invocar
el nombre del Señor, cuando uno lee frases así, a veces el supersticioso
que lleva uno adentro, ¿verdad?, piensa que es el nombre, como
que el nombre, decir la palabra Jesús, tuviera algún poder, como
si fuera una palabra mágica. Pero el nombre en las Escrituras
es la persona. Siempre, el nombre en las Escrituras
es la persona. No es decir el nombre de Jesús
como una palabra mágica, es acudir a Cristo Jesús a su persona,
entender que es en Él, en el único que tenemos salvación,
y creer, y confiar, y descansar en lo que Él ya ha hecho. por nosotros, el que corre a
Él, será salvo, será libre del poder y los efectos del pecado, disfrutará la plenitud de la
vida, vida en abundancia. Y de nuevo, esto está abierto
para todo aquel que invoque el nombre del Señor. Pero viene
una serie de preguntas pletóricas ¿Cómo puedes invocar a Aquel
en el cual no han creído? Todo el que viene a Él debe creer
que Él existe. Cierto, uno no puede acudir a
alguien en quien no cree, uno no puede pedirle ayuda a alguien
si no cree que le puede ayudar. Eso es lo que está diciendo,
invocar implica fe. Hebreos 11.6 dice, pero sin fe
es imposible agradar a Dios, porque es necesario que el que
se acerca a Dios crea que le hay, y que es calardonador de
los que le buscan. Entonces, para poderlo invocar
tiene que creer, pero, luego dice, ¿cómo creerá en aquel de
quien no han oído? Romanos 10, 17, más adelante
lo vamos a estudiar, dice, la fe es por el oír y el oír por
la palabra de Dios. Yo no puedo creer si no escucho
acerca de este personaje en el que debo creer. debe haber conocimiento,
la fe implica conocimiento, no es una fe vacía, no es una fe
ciega, no es una fe tonta, es una fe que entiende donde se
está colocando, porque en última instancia no se trata de la fe,
se trata del objeto de la fe, Cristo tiene que ser ese objeto,
y Cristo tal y como se ha dado a conocer en la Escritura, Dios
se da a conocer por medio de Cristo, Nadie puede venir a Él
si no es por medio de Cristo. Entonces, tienen que oír. Pero,
añade Pablo, ¿cómo oirán si no hay quien les predique? Es necesario
el mensajero. Es necesario el instructor. Es
necesario que alguien comunique el mensaje. Bueno, podríamos
argumentar, ahí está la Biblia, podrían leer la Biblia, nada
más, y sí, la Biblia tiene ese poder, por supuesto, pero el
Señor ha otorgado a la Iglesia el privilegio de la labor de
dar a conocer el Evangelio, de dar a conocer la Palabra de Dios,
de anunciarla, Entonces, debe haber instrucción, debe haber
conocimiento impartido. Entonces, para que alguien pueda
invocar a Dios, tiene que creer, y para que alguien crea, tiene
que conocer, y para que alguien conozca, alguien le tiene que
enseñar. Y así es como avanza al versículo 15. ¿Y cómo predicarán? si no fueran enviados. Entonces,
todas las primeras preguntas se referían al que invoca, cómo
invocará aquel en quien no ha creído, de quien no ha oído,
¿verdad? Y después dice, pero, ¿cómo predicarán? Ahora está hablando del predicador.
¿Cómo predicarán si no fueren enviados? En primer lugar, es
Dios quien envía. En primer lugar, es Dios quien
envía a sus mensajeros. Así ha sido desde Génesis hasta
Apocalipsis. Dios es quien llama a los que
Él quiere que se dediquen a la predicación de su Palabra. Es
un llamado de Dios. Los predicadores han sido llamados
por Dios para esta labor. Han sido ordenados, han sido
enviados con esa misión de ser voceros de Cristo, de proclamar
el mensaje de Cristo, de instruir, de enseñar, y es un gran honor,
es un gran honor pararse aquí domingo a domingo, pero no todo
cristiano tiene ese llamado. No todo cristiano es llamado
a ir al campo misionero, no todo cristiano es llamado a subir
al púlpito. y ser predicador, pero hay algo
en la actitud de la Iglesia que tiene que estar presente. La
Iglesia debe enviar predicadores, la Iglesia debe preparar maestros
e instructores y misioneros, y estar dispuesta a enviarlos
al mundo. Tal vez no toque ir muy largo,
o tal vez sí, vayan al otro lado del mundo. Hermanos, ustedes
son fruto de eso, ustedes son fruto de esa misma labor. Y no
me refiero a mí, me refiero a antes de mí. No sé si ustedes pensaban
esto, cuando veían llegar a Guillermo, los que lo veían, los que estuvieron
al puro principio, cuando venía Don Guille, allá una vez perdida,
a visitar y a predicar y a hacer culto. O cuando venía Nathan,
a veces en condiciones que no venían al caso. Cuando veían llegar a Max, con
su enseñanza, Yo no sé si ustedes pensaban
esto de ellos, cuando los veían venir, cuán hermosos son los
pies, dice Pablo. Cuán hermosos son los pies de
los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas. En la antigüedad se vivía en ciudades fortificadas
y había la razón por la que la mayoría de las ciudades estaban
fortificadas es porque había guerra y las ciudades peleaban
entre ellas por los recursos de la tierra y muchas veces se
enfrascaban en guerras ¿verdad? pueblos contra pueblos y ciudades
contra ciudades y entonces salía el ejército de una ciudad e iba
a hacer guerra allá lejos contra otra ciudad cerraban las puertas
y ponían en las torres atalayas que estaban observando, esperando,
aguardando noticias. ¿Qué habrá pasado en esa guerra? ¿Habremos ganado? ¿Habremos perdido? Y allá, a lo lejos, en el horizonte,
sobre la montaña, de repente, veían aparecer una sombra, una
silueta de un personaje que venía corriendo con noticias, y con
sólo verle el trote podían saber si eran buenas noticias o eran
malas noticias. Con sólo ver cómo venían corriendo,
casi brincando de alegría o corriendo por sus vidas, aterrados, avisarle
a la ciudad, ya perdimos, ya vienen a atacarnos. Entonces,
los atalayas, de fijo, debían sentir un alivio, un gozo, una
paz, cuando veían aquella silueta que venía corriendo, como entre
brincos y saltos, levantando las manos, casi haciendo señas,
casi deseando gritar desde allá. ¡Ganamos! Tenemos la victoria. Hay paz. Hay paz. Debe haber sido hermoso. contemplar
los pies de ese mensajero desde lejos. Hermanos, la Iglesia tiene
las mejores noticias. Las mejores noticias las tenemos
nosotros. La guerra más fiera en la que
estaba enfrascada la humanidad ya fue librada y Jesucristo venció. Nuestro peor enemigo, que no
se confunda, en este momento y en este sentido, no era Satanás. Dios ha irado contra el pecador. La ira de Dios mismo, nuestro
peor enemigo fulminante, fuego consumidor, fue apaciguada por
la muerte de Cristo en la cruz. y toda esa ira fue derramada
sobre Él y hemos sido reconciliados por Cristo. Paz, hay paz. Jesucristo venció, ha ganado
la victoria. Actualmente Pacto de Gracia sigue
haciendo eso. Nosotros estamos aquí ya como
aislados y agarrando forma, ¿verdad? Y tal vez no nos damos cuenta,
pero en Pacto de Gracia sigue habiendo plantaciones, sigue
habiendo colocamiento en otras iglesias hijas que están viviendo
historias similares a las nuestras. Y nosotros, como hijos buenos
de esta iglesia madre, deberíamos seguir queríamos seguir su ejemplo.
Hermanos, ¿será que el Señor a usted lo está llamando? ¿Al
ministerio? ¿Lo está llamando a las misiones?
Atienda ese llamado. Como Isaías, cuando Dios preguntó
¿Quién irá? ¿Quién irá por nosotros? Isaías
dijo, eme aquí, yo iré. ¿Estamos dispuestos quizá a dejar
ir a nuestros hijos si el Señor los llama? ¿Al ministerio? Si Dios los llama al campo misionero
a irse al otro lado del mundo y nunca más volveremos a verlos
o los veremos cada dos, tres años, no todo padre estaría muy
orgulloso de ese llamado, no todo padre lo vería como un llamado
alto y lo verían casi como un desperdicio, como, ¿cómo que
va a desperdiciar su vida en el ministerio? Pudiendo ser un
gran empresario, pudiendo ser Cualquier cosa, cualquier profesión,
suena mejor. Estamos dispuestos a dejarlos
ir. Y como Iglesia, dispuestos a
dejar ir hermanos o hermanas, que eso significaría menos recursos
para nosotros, y me refiero al recurso humano, esos dones ya
no estarían a nuestro servicio, estarían al servicio de alguien
más. debemos estar dispuestos a enviar. Debemos ser una iglesia
que envía. Y si bien no todos somos llamados
al Ministerio de la Predicación y de la Palabra, lo cierto es,
mis hermanos, que Pablo dice en Efesios que parte de la armadura
del cristiano es el calzado en los pies, llamado el apresto
del Evangelio. O sea que todos nosotros debemos
ponernos esos zapatos para que se vean bonitos nuestros pies.
cuando corramos a anunciar las buenas nuevas del Evangelio,
porque todos tenemos un campo misionero, si no es al otro lado
del mundo, es al otro lado de la calle, pero todos tenemos
un campo misionero, así que corramos cada uno con las buenas nuevas
bien puestas, con las Buenas Nuevas bien entendidas y latentes
en nuestros labios, corramos con esos pies hermosos y hagamos
nuestra parte para llevar las Buenas Nuevas, el Evangelio de
la Paz, al mundo sin distinción, no importa si son judíos o griegos. Que Dios nos ayude.
¿Cómo, pues, invocarán?
Series Romanos
11 Pues la Escritura dice: Todo aquel que en él creyere, no será avergonzado. 12 Porque no hay diferencia entre judío y griego, pues el mismo que es Señor de todos, es rico para con todos los que le invocan; 13 porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.
14 ¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? 15 ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!
| Sermon ID | 91324171521679 |
| Duration | 36:34 |
| Date | |
| Category | Sunday - AM |
| Bible Text | Romans 10:11-15 |
| Language | Spanish |
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