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Saludos hermanos, que Dios nos
bendiga en este hermoso día que el Señor nos regala. Pues una
vez más estamos aquí en este tiempo de lectura, en este tiempo
de meditación, en este tiempo de oración. Hoy nos corresponde
leer el Evangelio según San Juan, específicamente sus capítulos
10, 11 y 12. Así que yo le invito por favor
a que me acompañe en la lectura de esta mañana y luego de manera
breve también estaremos considerando algunas meditaciones que podemos
extraer de estas lecturas y también algunos principios prácticos
para nuestras vidas. Así que sin perder de tiempo
le invito por favor que me acompañe. Comenzamos con el capítulo 10. Nos dice de la siguiente forma
la palabra del Señor. En verdad les digo que el que
no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que
sube por otra parte, ese es ladrón y salteador. Pero el que entra
por la puerta es el pastor de las ovejas. A este le abre el
portero y las ovejas oyen su voz. Llama a sus ovejas por nombre
y las conduce afuera. Cuando saca todas las suyas,
va delante de ellas y las ovejas lo siguen porque conocen su voz.
Pero a un desconocido no seguirán, sino que huirán de él, porque
no conocen la voz de los extraños. Jesús les habló por medio de
esta comparación, pero ellos no entendieron qué era lo que
les decía. Entonces Jesús les dijo de nuevo,
En verdad les digo, yo soy la puerta de las ovejas. Todos los
que vinieron antes de mí son ladrones y salteadores, pero
a las ovejas no les hicieron caso. Yo soy la puerta. Si alguno entra por mí, será
salvo y entrará y saldrá y hallará pasto. El ladrón solo viene para
robar, matar y destruir. Yo he venido para que tengan
vida y para que la tengan en abundancia. Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por
las ovejas. Pero el que es un asalariado
y no un pastor, que no es el dueño de las ovejas, ve venir
al lobo, abandona las ovejas y huye. Entonces el lobo las
arrebata y las dispersa. El asalariado huye porque solo
trabaja por el pago y no le importan las ovejas. Yo soy el buen pastor
y conozco mis ovejas y ellas me conocen, al igual que el padre
me conoce y yo conozco al padre y doy mi vida por las ovejas. Tengo otras ovejas que no son
de este redil, a esas también yo debo traerlas y oirán mi voz
y serán un rebaño con un solo pastor. Por eso el padre me ama. porque yo doy mi vida para tomarla
de nuevo. Nadie me la quita sino que yo
la doy de mi propia voluntad. Tengo autoridad para darla y
tengo autoridad para tomarla de nuevo. Este mandamiento recibí
de mi padre. Volvió a surgir una división
entre los judíos por estas palabras, y muchos de ellos decían, tienen
un demonio y está loco, ¿por qué le hacen caso? Otros decían,
estas no son palabras de un endemoniado, ¿puede acaso un demonio abrir
los ojos de los ciegos? En esos días se celebraba en
Jerusalén la fiesta de la dedicación. Era invierno y Jesús andaba por
el templo en el pórtico de Salomón. Entonces los judíos lo rodearon
y le decían, ¿hasta cuándo nos vas a tener en suspenso? Si tú
eres el Cristo, dínoslo claramente. Jesús les respondió, Se lo he
dicho a ustedes y no creen. Las obras que yo hago en el nombre
de mi Padre, éstas dan testimonio de mí. Pero ustedes no creen
porque no son de mis ovejas. Mis ovejas oyen mi voz. Yo las
conozco y me siguen. Yo les doy vida eterna y jamás
perecerán y nadie las arrebatará de mi mano. Mi padre que me las
dio es mayor que todos y nadie las puede arrebatar de la mano
del padre. Yo y el padre somos uno. Los judíos volvieron a tomar
piedras para tirárselas. Entonces Jesús les dijo, les
he mostrado muchas obras buenas que son del Padre, ¿por cuál
de ellas me apedream? Los judíos le contestaron, no
te apedreamos por ninguna obra buena, sino por blasfemia, y
porque tú, siendo hombre, te haces Dios. Jesús les respondió,
¿no está escrito en su ley, yo dije, son dioses? Si aquellos
a quienes vino la Palabra de Dios los llamó dioses y la Escritura
no se puede violar, ¿a quién el Padre santificó y envió al
mundo? Ustedes dicen blasfemas porque
dije, yo soy el Hijo de Dios. Si no hago las obras de mi Padre,
no me crean. Pero si las hago, aunque a mí
no me crean, crean a las obras, para que sepan y entiendan que
el Padre está en mí, y yo en el Padre. Por eso procuraban
otra vez prender a Jesús, pero Él se les escapó de entre las
manos. Se fue de nuevo al otro lado del Jordán, al lugar donde
primero había estado bautizando a Juan, y se quedó allí. Muchos
vinieron a él y decían, aunque Juan no hizo ninguna señal, sin
embargo, todo lo que Juan dijo de éste era verdad. Y muchos
creyeron allí en Jesús. Capítulo once. Estaba enfermo
cierto hombre llamado Lázaro de Betania, la aldea de María
y de su hermana Marta. María, cuyo hermano Lázaro estaba
enfermo, fue la que ungió al señor con perfume y le secó los
pies con sus cabellos. Las hermanas entonces mandaron
a decir a Jesús, Señor, el que tú amas está enfermo. Cuando
Jesús lo oyó, dijo, Esta enfermedad no es para muerte, sino para
la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado
por medio de ella. Y Jesús amaba a Marta, a su hermana
y a Lázaro. Cuando oyó, pues, que Lázaro
estaba enfermo, entonces se quedó dos días más en el lugar donde
estaba. Luego, después de esto, dijo
a sus discípulos, Vamos de nuevo a Judea. Los discípulos le dijeron,
Rabí, hace poco que los judíos te querían apedrear, ¿y vas allá
otra vez? Jesús respondió, ¿no hay doce
horas en el día? Si alguien anda de día, no tropieza,
porque ve la luz de este mundo. Pero si alguien anda de noche,
tropieza, porque la luz no está en él. Dijo esto y después añadió,
nuestro amigo Lázaro se ha dormido, pero voy a despertarlo. Los discípulos
entonces le dijeron, señor, si se ha dormido se recuperará.
Jesús había hablado de la muerte de Lázaro, pero ellos creyeron
que hablaba literalmente del sueño. Entonces Jesús, por eso,
les dijo claramente, Lázaro ha muerto, y por causa de ustedes
me alegro de no haber estado allí para que crean, pero vamos
a donde está él. Tomás, llamado el Didimo, dijo
entonces a sus condisípulos, vamos nosotros también para morir
con él. Llegó pues Jesús y a Yoque ya
hacía cuatro días que Lázaro estaba en el sepulcro. Betania
estaba cerca de Jerusalén, como a tres kilómetros, y muchos de
los judíos habían venido a la casa de Marta y María para consolarlas
por la muerte de su hermano. Entonces Marta, cuando Yoque
Jesús venía, lo fue a recibir, pero María se quedó sentada en
su casa. Y Marta dijo a Jesús, Señor,
si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto. Aún ahora yo
sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá. Tu hermano
resucitará, le dijo Jesús. Marta le contestó, yo sé que
resucitará en la resurrección en el día final. Jesús le contestó,
yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque muera,
vivirá. Y todo el que vive y cree en
mí no morirá jamás. ¿Crees esto? Ella le dijo, sí,
señor, yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, o
sea, el que viene al mundo. Habiendo dicho esto, Marta se
fue y llamó a su hermana María, diciéndole en secreto, el maestro
está aquí y te llama. Tan pronto como ella lo oyó,
se levantó rápidamente y fue hacia él. porque Jesús aún no
había entrado en la aldea, sino que todavía estaba en el lugar
donde Marta lo había encontrado. Entonces, los judíos que estaban
con ella en la casa consolándola, cuando vieron que María se levantó
de prisa y salió, la siguieron, suponiendo que iba al sepulcro
a llorar allí. Al llegar María a donde estaba
Jesús, cuando lo vio, se arrojó a sus pies diciendo, Señor, si
hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto. Y cuando Jesús
la vio llorando, y a los judíos que vinieron con ella llorando
también, se conmovió profundamente en el espíritu y se entristeció. ¿Dónde lo pusieron? Preguntó
Jesús. Señor, ven y ve, le dijeron. Jesús lloró. Por eso los judíos
decían, miren cómo lo amaba. Pero algunos de ellos dijeron,
¿no podía este que abrió los ojos del ciego haber evitado
también que Lázaro muriera? Entonces Jesús, de nuevo profundamente
conmovido, fue al sepulcro. Era una cueva y tenía una piedra
puesta sobre ella. Quiten la piedra, dijo Jesús.
Marta, hermana del que había muerto, le dijo, Señor, ya huele
mal, porque hace cuatro días que murió. Jesús le dijo, ¿No
te dije que si crees verás la gloria de Dios? Entonces quitaron
la piedra. Jesús alzó los ojos y dijo, Padre,
te doy gracias porque me has oído. Yo sabía que siempre me
oyes, pero lo dije por causa de la multitud que me rodea para
que crean que tú me has enviado. Habiendo dicho esto, gritó con
fuerte voz, Lázaro, sal fuera. Y el que había muerto salió,
los pies y las manos atados con vendas y el rostro envuelto en
un sudario. Jesús les dijo, Desátenlo y déjenlo
ir. Por esto muchos de los judíos
que habían venido a ver a María y vieron lo que Jesús había hecho,
creyeron en Él. Pero algunos de ellos fueron
a los fariseos y les contaron lo que Jesús había hecho. Entonces
los principales sacerdotes y los fariseos convocaron un concilio
y decían, ¿qué hacemos? Porque este hombre hace muchas
señales. Si lo dejamos seguir así, todos
van a creer en él, y los romanos vendrán y nos quitarán nuestro
lugar y nuestra nación. Pero uno de ellos, Caifás, que
era sumo sacerdote ese año, les dijo, Ustedes no saben nada,
ni tienen en cuenta que les es más conveniente que un hombre
muera por el pueblo y no que toda la nación perezca. Ahora
bien, no dijo esto de su propia iniciativa, sino que siendo el
sumo sacerdote ese año, profetizó que Jesús iba a morir por la
nación, y no solo por la nación, sino también para reunir en uno
a los hijos de Dios que están esparcidos. Así que desde ese
día planearon entre sí matar a Jesús. Por eso Jesús ya no
andaba públicamente entre los judíos, sino que se fue de allí
a la región cerca del desierto, a una ciudad llamada Efraín,
y se quedó allí con los discípulos. Estaba cerca la Pascua de los
judíos, y muchos de la región subieron a Jerusalén antes de
la Pascua para purificarse. Entonces buscaban a Jesús, y
estando ellos en el templo, se decían unos a otros, ¿qué les
parece? ¿que vendrá la fiesta o no? Y
los principales sacerdotes y los fariseos habían dado órdenes
de que si alguien sabía dónde estaba Jesús, diera aviso para
que lo prendieran. Capítulo 12 Entonces Jesús, seis días antes
de la Pascua, vino a Betania donde estaba Lázaro, al que Jesús
había resucitado de entre los muertos. Y le hicieron una cena
allí, y Marta servía, pero Lázaro era uno de los que estaban a
la mesa con él. Entonces María, tomando unos 300 gramos de perfume
de nardo puro que costaba mucho, ungió los pies de Jesús y se
los secó con los cabellos, y la casa se llenó con la fragancia
del perfume. Y Judas Iscariote, uno de sus
discípulos, el que lo iba a entregar, dijo, ¿por qué no se vendió este
perfume por 300 denarios y se dio a los pobres? Pero dijo esto
no porque se preocupara por los pobres, sino porque era un ladrón
y como tenía la bolsa del dinero, sustraía de lo que se echaba
en ella. Entonces Jesús dijo, déjala para que lo guarde para
el día de mi sepultura, porque a los pobres siempre los tendrán
con ustedes, pero a mí no siempre me tendrán. Entonces la gran multitud de
judíos se enteró de que Jesús estaba allí y vinieron no sólo
por causa de Jesús sino también por ver a Lázaro a quien había
resucitado entre los muertos. Pero los principales sacerdotes
resolvieron matar también a Lázaro porque por causa de él muchos
de los judíos se apartaban y creían en Jesús. Al día siguiente, cuando
la gran multitud que había venido a la fiesta oyó que Jesús venía
a Jerusalén, tomaron hojas de las palmas y salieron a recibir
a Jesús y gritaban, ¡Osanna, bendito el que viene en el nombre
del Señor, el Rey de Israel! Jesús, hallando un asnillo, se
montó en él, como está escrito, No temas, mira, Sion, he aquí
tu rey viene montado en un pollino de asno. Sus discípulos no entendieron
esto al principio, pero después cuando Jesús fue glorificado,
entonces se acordaron de que esto se había escrito de Él y
de que le habían hecho estas cosas. Y así la multitud que
estaba con Jesús, cuando llamó a Lázaro del sepulcro y lo resucitó
de entre los muertos, daba testimonio de él. Por eso la multitud fue
también a recibir a Jesús, porque habían oído que Él había hecho
esta señal. Entonces los fariseos se decían
unos a otros, ¿ven que ustedes no consiguen nada? Miren, todo
el mundo se ha ido tras Él. Había unos griegos entre los
que subían a adorar en la fiesta. Estos fueron a Felipe, que era
de Betsaida de Galilea, y les rogaban, Señor, queremos ver
a Jesús. Felipe fue y se lo dijo a Andrés.
Andrés y Felipe fueron y se lo dijeron a Jesús. Jesús les respondió,
ha llegado la hora para que el Hijo del Hombre sea glorificado.
En verdad les digo que si el grano de trigo no cae en tierra
y muere, se queda solo. pero si muere produce mucho fruto. El que ama su vida la pierde,
y el que aborrece su vida en este mundo, la conservará para
vida eterna. Si alguien me sirve, que me siga,
y donde yo estoy, allí también estará mi servidor. Si alguien
me sirve, el padre lo honrará. Ahora mi alma se ha angustiado,
¿y qué diré? Padre, sálvame de esta hora,
pero para esto he llegado a esta hora. Padre, glorifica tu nombre. Entonces vino una voz del cielo,
y lo he glorificado, y de nuevo lo glorificaré. Por eso la multitud
que estaba allí y oyó la voz, decía que había sido un trueno.
Otros decían, un ángel le ha hablado. Jesús les dijo, esta
voz no ha venido por causa mía, sino por causa de ustedes. Ya
está aquí el juicio de este mundo. Ahora el príncipe de este mundo
será echado fuera. Pero yo, si soy levantado de
la tierra, atraeré a todos a mí mismo. Pero él decía esto para
indicar la clase de muerte que iba a morir. Entonces la multitud
le respondió. Hemos oído en la ley que el Cristo
permanecerá para siempre. ¿Y cómo dices tú el hijo del
hombre tiene que ser levantado? ¿Quién es este hijo del hombre?
Jesús entonces les dijo, Todavía por un poco de tiempo la luz
estará entre ustedes. Caminen mientras tengan la luz,
para que no los sorprendan las tinieblas. El que anda en la
oscuridad no sabe a dónde va. Mientras tienen la luz, crean
en la luz, para que sean hijos de la luz. Estas cosas habló
Jesús y se fue y se ocultó de ellos. Pero aunque había hecho
tantas señales delante de ellos, no creían en él. Para que se
cumpliera la palabra del profeta Isaías que dijo, Señor, ¿quién
ha creído a nuestro anuncio y a quién se ha revelado el brazo del Señor? Por eso no podían creer porque
Isaías dijo también, Él ha cegado sus ojos y endurecido su corazón
para que no vean con los ojos y entiendan con el corazón y
se conviertan y yo los sane. Esto dijo Isaías porque vio su
gloria y habló de él. Sin embargo, muchos, aún de los
gobernantes, creyeron en él, pero por causa de los fariseos
no lo confesaban, para no ser expulsados de la sinagoga, porque
amaban más el reconocimiento de los hombres que el reconocimiento
de Dios. Entonces Jesús exclamó, el que
cree en mí no cree en mí, sino en aquel que me ha enviado, y
el que me ve, ve aquel que me ha enviado. Yo, la luz, he venido
al mundo para que todo el que cree en mí no permanezca en tinieblas. Si alguno oye mis palabras y
no las guarda, yo no lo juzgo, porque no vine a juzgar al mundo,
sino a salvar al mundo. El que me rechaza y no recibe
mis palabras, tiene quien lo juzgue. La palabra que he hablado,
esa lo juzgará en el día final. Porque yo no he hablado por mi
propia cuenta, sino que el Padre mismo que me ha enviado me ha
dado mandamiento sobre lo que he de decir y lo que he de hablar.
Y sé que su mandamiento es vida eterna. Por eso lo que yo hablo,
lo hablo tal como el Padre me lo ha dicho. Esta ha sido la
lectura del día de hoy. Hemos leído a Juan sus capítulos
10, 11 y 12. le invito a que usted considere
conmigo los pensamientos para el culto personal y familiar
correspondiente a estos tres capítulos. Que están estos pensamientos
en la Biblia de herencia reformada. Comenzamos con el capítulo 10. Nos dicen así los pensamientos. Capítulo 10. Muy bien. Dicen así. Jesús afirmó ser el
gran pastor del pueblo de Dios. Es el rey que ama a su pueblo
y los cuida íntima e individualmente. Nadie es verdaderamente una oveja
del ribaño de Cristo si no lo escucha y lo sigue. ¿Qué nos
enseña esta parábola sobre el verdadero discipulado de Jesús?
Al ser la imagen de un pastor confortante, Jesús la usó para
pedir a las personas que lo siguiesen en medio de ladrones, salteadores
y lobos feroces. Ciertamente Jesús es un pastor
extraordinario porque él defiende su rebaño muriendo por sus ovejas.
¿Qué peligros espirituales describe Jesús en esta parábola? ¿Cómo
podemos guardarnos de ellos? De esos peligros espirituales
que son descritos en esta parábola del capítulo 10. Dios ha salvado
a Jesús Dios ha dado, mejor dicho, Dios ha dado a Jesús un pueblo
particular sus ovejas para salvarlas y llevarlas a la vida eterna
como leemos ahí en Juan 10, 27 al 29 Cristo las conoce de una manera
especial. Verso 14. Puesto que él murió
por ellas particularmente. Verso 11. Verso 15. Ellas escucharán
su voz en la escritura y lo obedecerán. Verso 4. Verso 16. Verso 27. Y sólo creerán en él. Verso 26. Nunca las perderá,
pues el poder de Dios los mantiene seguros. Juan 10, 28 y 29. Estos versículos resumen las
doctrinas de la elección, la expiación limitada, el llamamiento
efectivo y la perseverancia de los santos. ¿Cómo consuelan estas
verdades a los creyentes? ¿Cómo pueden estimular el evangelismo? Estas doctrinas que nosotros
vemos acá, que les acabo de mencionar con gusto, yo estoy dispuesto
a compartir con usted si se anima y me lo pide un estudio bíblico
para que usted lo conozca en detalle estas doctrinas que son
vitales para la vida cristiana. Pero seguimos leyendo los pensamientos
para el culto personal y familiar correspondientes al capítulo
11 de Juan. Dice así. Puesto que la muerte
de Cristo es el fin de la muerte para todo su pueblo, ellos no
necesitan entristecerse excesivamente cuando enfrenten la muerte. En
el gran día, la voz de Jesús resucitará a todos los creyentes
en gloria. Aunque los creyentes mueren físicamente,
ellos nunca mueren espiritual o eternamente, sino que se levantarán
al final para reunirse con el Señor en el aire en su segunda
venida. ¿De qué forma estas verdades
afectan la manera como encaras a la muerte? La pregunta para
usted. Aunque Cristo es el Dios infinito
y viviente, Él es también un hombre con mente humana y emociones
como las nuestras. Por tanto, no necesitamos temer
acercarnos a Él, sino que podemos derramar nuestros corazones a
Él y saber que Él se compadecerá de todos, excepto de aquellos
que son rebeldes contra Dios. Es aquí en Cristo un sacerdote
que puede ayudarnos en la tentación. ¿Considera que Jesús lloró? Juan
11, 35. ¿Cómo puede esto animarte a buscarlo
como el compasivo sumo sacerdote del cual nos hace referencia?
Hebreos 4, 15. ¿Qué le parece a usted acercarse
al Señor, ese Dios todopoderoso que también se compadece de nosotros
porque sufrió también al igual que nosotros? Pensamientos para
el culto personal y familiar correspondiente al capítulo 12
de Juan. Nos dicen así. Los que aman a Cristo y lo honran
deben esperar ser criticados injustamente por aquellos que
sólo son cristianos nominales. Eso no debe desanimarlos de derramar
sus vidas en amor por el único que murió por ellos. La muerte
de Cristo es la obra más sublime de Dios para glorificarse a sí
mismo. En su muerte, Cristo tuvo una
manera única de manifestar el amor, la justicia y la sabiduría
de Dios. En la cruz, el poder de Satanás
fue roto y las naciones redimidas. La cruz de Cristo requebranta
el corazón de todos los pecadores elegidos y los lleva a entregar
sus vidas a Él. es tremendo, mis hermanos, lo
que nosotros podemos ver en estas meditaciones pasadas, en estos
tres capítulos. Le invito a orar, le invito a
que usted me acompañe en este tiempo de oración y pidamos al
Señor, ¿verdad?, esa gracia para recibir estas palabras como lo
que son palabras de Dios. Oremos. Padre bueno y Dios, tú
que moras en las alturas de los cielos, a ti te alabamos y te
glorificamos en este día. Gracias te damos, Señor, por
esta porción de las Escrituras que tú nos das el privilegio
de nosotros leer, leer en nuestro propio idioma, tenerla a nuestro
alcance, Señor. Oh, gracias por ello. Ayúdanos
entonces a tener en alta estima estos tiempos de lectura que
nosotros apartamos para estar en comunión contigo, estos tiempos
de oración también, Señor. Padre, nosotros te damos las
gracias, Señor, porque eres tú quien has hecho la obra en nuestras
vidas. Eres tú quien has transformado nuestro ser. Eres tú quien nos
has dado fe. Eres tú quien nos has elegido
desde la eternidad pasada. Eres tú quien nos has dado este
camino por el cual andar. E incluso, Señor, andamos por
el camino, no en nuestras propias fuerzas, sino por el poder del
Espíritu Santo, Señor. Por eso, Dios, Nosotros te exaltamos
y te glorificamos dándote las gracias por ello. Haz tu obra
perfecta en nuestros corazones, completa a la Señor en nuestro
ser. Danos el privilegio, Señor, de si es necesario morir por
tu causa. Oh Dios, lo hagamos con esa plena
satisfacción. de que la muerte no es nuestro
final, sino es el principio de un gran tiempo en tu presencia.
¿Vale? También oro, oro Señor por estas
vidas que aún no te conocen para que tú hagas la obra en ellos,
para que tú les concedas el don del arrepentimiento, para que
tú infunda fe a sus corazones, para que puedan responder afirmativamente
al llamado al arrepentimiento, que no hayan excusas en sus labios,
postergar o dejar de lado el gran compromiso que debe demostrar
todo ser humano en esta tierra al ser confrontado con tu palabra
y es venir delante de ti señor en arrepentimiento y fe padre
gracias te damos gracias te damos señor por ese privilegio que
nos has dado esto te lo pedimos o dios en el nombre de cristo
jesús nuestro señor y salvador amén Amén. Que Dios se les bendiga, mis
hermanos. Dios les guarde. Nos veremos mañana si Dios quiere.
Que la pasen bien.
245-(Juan 10-12): tiempo de lectura, meditación y oración
Series Leamos la BIBLIA
Cristo declara ser la puerta, el Buen Pastor y también declara su unidad con el Padre. Luego resucita a Lázaro. María unge a Jesús en Betania y el pueblo expresa una mezcla de incredulidad y fe.
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| Sermon ID | 9122201796802 |
| Duration | 28:51 |
| Date | |
| Category | Devotional |
| Bible Text | John 10 |
| Language | Spanish |
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