¿Qué es lo que indica este texto
y cómo puedo obedecer y honrarlo a él teniendo en cuenta sus palabras?
Entonces, hoy vamos a continuar con el libro de Romanos. Seguimos
en el capítulo 12. Y queremos cubrir el verso 9. El título del mensaje es Amando
genuinamente. Han pasado unas hojas. Si no
tiene, los hermanos le van a hacer llegar una. Queremos que todos
la tengan, jóvenes, adultos, solos que están aquí, que cada
persona tenga una copia. y eso les facilita un poco seguir
la predicación. Si toman notas, esas notas usted
las lleva al grupo de hogar donde participa y allí puede participar
con sus notas aportando para la edificación del grupo. Así
que ánimo con esas notas. Amando genuinamente. El apóstol
Pablo Cuando habla del amor en este texto de Romanos 12, 9,
asume la realidad de la presencia del amor en la vida del creyente. Mire, el texto dice así, el amor
se hace sin hipocresía, aborreciendo lo malo, aplicándose a lo bueno.
Eso es lo que vamos a estudiar hoy. Entonces, él está asumiendo
que el amor está presente en la vida del creyente. Él está
asumiendo que el creyente está capacitado para amar. Él está
asumiendo que el creyente ha sido salvado para manifestar
el amor de Dios, el amor de Dios que está ahora en él o en ella. y él está asumiendo la realidad
del amor y como cada creyente participe de este amor, por tanto,
puede manifestarlo. Cada creyente lo puede manifestar.
Y en esta porción, el apóstol Pablo llama al creyente a revisar
su propia condición frente al amor y cómo manifestarlo genuinamente. Y lo vamos a ver en cuatro partes.
El amor, El amor sin hipocresía, aborreciéndolo malo y aplicándose
a lo bueno. Creo que hice algunos cambios
en algunas palabras ahí, pero básicamente se trata de eso. Entonces, antes de empezar, lo
que vamos a ver es el amor. Ese es el tema hoy, el amor.
Y lo que queremos ver es, desde la palabra, cómo nosotros observamos
el amor. ¿Qué es el amor? ¿Y cuál es nuestra
parte en relación con el amor? ¿Sí? Y después nos movemos a
las dos partes que son una negativa y una positiva. Entonces, acordémonos
que antes de llegar a este punto, Pablo estaba hablando o enseñando
acerca de qué. Los dones, ¿cierto? Pablo habla
de los dones. Antes de hablar de los dones,
habla de la identidad del creyente. Antes de hablar de la identidad
del creyente, la relación del creyente con el mundo, se separa
y se transforma en la renovación de su mente. Habla de la actitud
que tiene, los dones, usarlos. Pero cuando llega al verso 9,
Pablo está introduciendo este tema del amor, el cual es crucial
en todo lo que él está hablando aquí hasta el final de este capítulo.
Y si pensamos un poquito, no vamos a ir allí, pero Corintios,
primera de Corintios, capítulo 12, 13 y 14, habla de los dones,
el uso de los dones, cuáles dones están vigentes y cuáles no, pero
el capítulo del medio, el capítulo 13, es el importante allí, es
el amor. Y aquí en Romanos parece que
Pablo está haciendo algo muy parecido, porque en medio de
todo lo que él dice de los dones y de las acciones de los creyentes
unos con otros, está hablando del amor. Entonces, primero definiendo
el amor. Entonces, del verso 9, saquemos
la palabra el amor, paremos ahí. Van a decir, no va a explicar
una coma o un punto, no, vamos a ver el amor, ¿sí? Y esta es
la base para continuar el capítulo. Pablo da una lista de acciones
de unos con otros, comenzando con los hermanos en la fe, los
enemigos, buscar la paz con todos, la venganza, habla de todo eso
hasta el final del capítulo. Todo lo que el creyente hace
De acuerdo a esa lista, de acuerdo a lo que habló de los dones,
se fundamenta en el amor. Todo se fundamenta en el amor.
Y el Señor Jesús contestó una pregunta que le hicieron acerca
del mandamiento más grande, Mateo 22, 37 al 40. No vamos allí,
porque yo asumo que usted se lo sabe de memoria. Y dice, amarás
al Señor tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con
toda tu mente y con todas tus fuerzas y a tu prójimo como a
ti mismo. Toda la ley y los profetas se
cumplen en estos dos mandamientos. Entonces, es una orden de parte
de Dios amar. Amarás al Señor tu Dios es un
verbo imperativo. Indica que hay que responder
con obediencia. Entonces, el amor es algo que
Dios ordena. Eso nos da una señal ahorita
de lo que vamos a ver. Entonces, Es ese mandamiento
principal que Jesús habla. Pablo lo presenta aquí en el
medio de este capítulo tan importante de las obligaciones del creyente. Y como es una ley, todas las
leyes de Dios demandan una acción para demostrar obediencia a él,
para vivir de acuerdo a su estándar. Y ese estándar es el que permite
que se puedan llevar bien las relaciones con el prójimo, con
Dios y con el prójimo. En este caso, en la Iglesia del
Señor, la que tiene esta capacidad y esta necesidad de relacionarse
bien, entonces necesitamos entender el amor. Entonces, la manera
como Pablo lo presenta en el verso 9 pone el amor como el
sujeto, como el elemento central en la frase que él está hablando,
como el factor que define todo aquí. Y se entiende que la intención
del autor es mostrar la relación que el creyente tiene de manera
personal. Aquí es manera personal con el
amor en el verso 9. Cuando pasamos la semana entrante,
si Dios lo permite, verso 10 en adelante, es la relación del
creyente con el amor en base a su prójimo. Pero en esto es
en relación consigo mismo. Va a ser mucho así. Entonces,
estos elementos, Pablo los presenta aquí, los elementos que sostienen, de donde se sostiene todo por
el amor. Entonces, Pablo habla del amor asumiendo que quienes
reciben la carta tienen amor, porque fíjense cómo dice, El
amor sea, sin hipocresía, aborreciendo lo malo, aplicándose a lo bueno. Él no está aludiendo a buscar
algo que necesitan conocer, sino que ya está allí, si él lo asume
así. Entonces, asumimos que ustedes
han escuchado acerca del amor, ¿cierto? ¿Saben algo del amor?
Vamos a mirar entonces bíblicamente qué es lo que nos dice la palabra
acerca del amor. Algo que encontramos en la Biblia,
y Pablo lo presenta aquí indirectamente, cuando dice el amor sea, es esto. Nunca va a encontrar usted un
versículo en la Biblia que le diga que ore pidiendo amor. No lo va a encontrar. Va a encontrar
versículos en la Biblia que le hablan asumiendo que en usted
hay amor y que usted conoce del amor en el nivel que sea. Entonces,
por ejemplo, que una persona esté orando, señor, dame amor
por esta persona, es inefectivo. ¿Por qué? Porque Dios no nos
instruye a orar así nunca, en ninguna parte. Pero Dios nos
ordena Ama a tu prójimo como a ti mismo. Hay una orden allí,
la razón es porque en usted ya hay amor. Entonces, si oramos
por amor debe ser, Señor, enséñame a amar, no dame amor, sino enséñame
a cómo manifestar el amor que ya soy capaz de dar. Pero muchas
veces no lo hago, principalmente por el egoísmo. Entonces, este
texto nos enseña cómo lidiar con el amor en nuestros corazones.
Miren, es muy raro. Sucede, pero es muy raro que
una persona se relacione en odio. Lo normal es relacionarse en
amor. Un ejemplo. La mayoría de las
personas están caminando y hay mucha gente cerca. Alguien pisa
el pie de otra persona y dice, ay, perdón, no era mi intención.
Hay una reacción, sin pensarlo, inmediata que está mostrando
amor, le importa a la otra persona, se siente mal que hizo eso porque
lo percibe como un daño a la otra persona. Entonces, obviamente,
hay amor en las personas. Y en esa ocasión, que acabo de
dar de ese ejemplo. Ese tipo de amor no demanda ningún
compromiso porque es algo que sucede en el momento y usted
sigue su camino y ya se acabó. No demanda ninguna permanencia
porque usted no se tiene que quedar allí. Pero Pablo está
hablando del amor comprometido porque la lista que da indica
que es un amor comprometido. Entonces, ¿cómo amamos? Miremos
algunas características del amor. Identifique el amor en usted. Ya usted tiene amor, no necesita
ser mucho como algunas personas inconversas que compran una pócima
de amor Esto es diabólico porque quieren que otra persona les
ame o quieren producir algo con el amor. Es algo diabólico. Es
más, la intención de hacer algo así tiene que ver con buscar
amor para sí mismo, lo cual contradice la esencia del amor. Entonces,
el amor está en usted. Usted no lo tiene que buscar,
usted ya lo tiene. Usted ya lo tiene. Esta mañana,
cuando usted salió de su casa, ¿quién lo peinó a usted? Usted
se ama, ¿cierto? ¿Quién le vistió? O sea, a menos
que sea un bebé. Usted escogió la ropa que se iba a poner, le
preocupó que combinara, ¿cierto? Que estuviera bien antes de vestirse. Eso es amor. Usted ya tiene amor.
Ahora, entienda que el amor es una decisión. Entonces, usted
tiene amor, y aunque amar puede implicar sentimientos y emociones,
en esencia, el amor es una decisión. El amor es una decisión. Yo he
tenido situaciones con mi esposa. Voy a aprovechar que no está
aquí. No, no está aquí, así que puedo. Ya después ella mira el
video y me agarra una casa. Pero a veces en el matrimonio
hay discordia. Y hay situaciones que son incómodas, son molestas.
Hay situaciones en que hemos tenido desacuerdo. Lo menos que
yo siento es amor. Pero me acuerdo lo que Dios dice,
ama a tu prójimo como a ti mismo. Y me acuerdo, yo tengo amor.
Entonces, ¿qué hago con el amor? Es una decisión. ¿Cómo lo demuestro? Paso al lado de ella y le digo,
todavía te amo. Porque quiero afirmar que aún
en los tiempos difíciles, allí estoy para ella. En los conflictos,
a veces, con los hijos. Tenemos que confrontar alguna
situación. La situación se pone difícil, tensa. Pero algo importantísimo
que nosotros tenemos que hacer es afirmarlos y decirles, mira,
no importa lo que pase con tu vida, no importa las decisiones
que llegues a tomar, al final te voy a amar, siempre te voy
a amar, aquí voy a estar para ti. El amor es una decisión,
no puede depender de una emoción como lo presenta el mundo, es
una decisión. El ejemplo perfecto lo tenemos
en la crucifixión del Señor Jesucristo. Cuando él está en la cruz, él
toma la decisión de orar por los que lo están matando a él.
Esa es una decisión de amar que él está tomando. Miremos la motivación
del amor un poquito acerca de esto. Teniendo el poder para
bajarse de la cruz, el Señor Jesucristo decide quedarse allí
soportando la burla y la humillación. Se queda clavado. ¿Por qué? Porque está motivado por amor.
La motivación del Señor Jesucristo es el amor para permanecer en
la cruz. Primero, esa motivación lo hace por amor a quién? A Dios,
el Padre. Él está amando al Padre plenamente
porque lo demuestra en su obediencia. Y de esa manera, es que Dios
manifestó su amor por el mundo. Y Jesucristo es el que ejecuta
el amor que Dios manifiesta por el mundo al quedarse allí, obediente,
obediente al Padre. Dice Filipenses 12, hallándose
en forma de hombre se humilló a sí mismo, haciéndose obediente
hasta la muerte y muerte de cruz. Fíjense que contiene decisiones.
Se humilló. Él tomó la postura, la actitud
de humillarse. Y dice, se hizo obediente. Él
tomó esa decisión de hacerse obediente hasta la muerte y muerte
de cruz. Esto indica varios aspectos del
amor que vemos aquí. Es una decisión, el amor. Es una decisión. Y ese es el
amor que Cristo mismo anunció cuando le dice a Nicodemus en
Juan 3, 16, de tal manera amó Dios al mundo que ha dado a su
hijo unigénito para que todo aquel que en él crea no se pierda
más tenga vida eterna. Jesucristo hace ese anuncio y
Jesucristo vive ese anuncio hasta la muerte. Entonces, eso nos
lleva al siguiente aspecto del amor, que el amor es comprometido. El amor es comprometido. Ese
compromiso Usted ya tiene un amor comprometido. Usted ya lo
tiene. Esta mañana, regresando a esa
ilustración de esta mañana, lo que usted desayunó, ¿usted comió
lo que le gusta a usted comer? ¿Usted escogió su desayuno? Bueno,
Uriel me dice que no, a él le dieron el desayuno. Pero normalmente cuando usted
va a comer, usted va a un restaurante, usted escoge del menú lo que
usted quiere comer. Usted está comprometido con usted
mismo. Es más, le voy a demostrar algo más. Muchos de ustedes no
vinieron hoy a la escuela dominical, que comienza a las 9.30 de la
mañana. Voy a decirlo otra vez. No vinieron a la escuela dominical
y su motivación fue el amor. El amor por usted mismo. Usted
decidió quedarse en su cama más tiempo. Usted decidió quedarse
haciendo otras cosas en lugar de venir a prepararse para cómo
servir mejor a su iglesia. Usted tomó una decisión basado
en amor, pero ese amor es el amor por usted mismo. Puede ser
un programa de televisión, puede ser un partido importante que
la persona quiere ver. Yo no estoy condenando nada de
esto. No me tomen a mal. No es mi papel
aquí ese. Lo que quiero es demostrar que
usted tiene amor. Y por amor a sí mismo usted está
haciendo varias cosas. No necesariamente son las mejores,
pero sí está haciendo esas cosas. Usted tiene una motivación de
amor. Es más, las personas que tristemente
llegan al punto del suicidio, lo cual está altísimo ahora,
altísimo como nunca antes, lo hacen por amor. ¿Cómo que por
amor? ¿Se motivan en el amor por alguien? ¿En el amor al éxito financiero
que no logran? ¿En el amor en encontrar un sentido
en la vida que no lo encuentran? ¿En el amor por tener la aceptación
de sus amigos cuando muchachitos se suicidan por lo que le dicen
en sus textos de mensaje? ¿En algún pecado oculto que ama
tanto y no lo quiere confesar? La motivación es amor, un amor
mal enfocado. Pero siempre el centro es la
misma persona. Usted tiene amor. Usted tiene
amor. Los adictos lo hacen porque les
complace. Hay una evidencia de amor, obviamente
mal enfocado, aunque destruyan su propio cuerpo, pero el placer
momentáneo les gana porque complacerse se hizo un dios una prioridad
sobre sus vidas. Usted tiene amor. Usted tiene
un compromiso arraigado consigo mismo y algunos prefieren morirse
haciendo lo que les gusta que decidir cambiar, porque sus centros
son ellos mismos. Esta es una descripción que estoy
dando de lo que es la humanidad. Nadie está exento de eso, tampoco
los cristianos. No piense que estoy hablando
de quien está a su lado, me estoy refiriendo a usted. A usted me
estoy refiriendo. Y a mí, qué bueno que está aquí
hoy. Abra sus oídos, este es un tema
muy importante. Este amor por sí mismo y en esa
condición, obviamente es destructivo. Pero el punto que quiero hacer
es demostrar que usted sí tiene amor. Usted tiene la capacidad
de amar, usted tiene un amor comprometido. Miremos el amor,
las emociones y la voluntad. Todas las personas aman. ¿Pero
qué aman? ¿O cómo aman? Es la pregunta. Volvamos al amor de Cristo, que
nos puede ayudar con esto. Porque de Él es quien aprendemos.
Jesucristo decidió amar al quedarse en la cruz. Piensen esto. ¿Cómo
creen que Jesús se sentía cuando estaba en la cruz, cuando le
habían quitado su ropa, cuando lo habían humillado públicamente,
cuando lo habían escupido en el rostro, cuando estaba su rostro
inflamado, lacerado, sangrando, cómo se sentía física, emocional
y psicológicamente. Él mismo le había dicho a sus
discípulos, antes de ir a Getsemaní, mi alma está muy afligida hasta
el punto de la muerte. Mateo 26, 38 dice eso. Su alma,
él está hablando de toda su persona, su ser, su totalidad como ser
humano. Mi alma está angustiada hasta
el punto de la muerte. Pero Jesucristo va a Getsemaní
confronta esta situación y ora al Padre para vencer en la oración,
para superar cualquier obstáculo que pueda hacer allí por amor
al Padre y por amor de lo que viene adelante. Tiene un compromiso,
sus emociones son sometidas a su amor. El amor no está sometido
a las emociones, es al revés. Las emociones, los sentimientos
se someten al amor. De tal manera amó Dios al mundo
que dio a su Hijo unigénito. Allí no hay emociones, allí hay
una decisión, hay un compromiso. Y todo lo emocional y todo lo
difícil y lo duro de ese amor quedó sometido a la decisión
de amar. Usted tiene esa capacidad, Dios
se la ha dado. ¿Amarás a tu prójimo como a quien?
Si usted ama tanto, se ama tanto a usted mismo. que seguramente
en su clóset tiene zapatos de sobra. Y yo también. Jesucristo menció en la oración,
para rendir su voluntad al Padre. El amor es un acto de la voluntad. Fue en la cruz, se quedó allí
clavado y su motivación tiene que ver con el amor, el amor
al padre y el amor a las personas a las que él iba a salvar. Jesucristo,
por ese acto de amor, no logró una satisfacción personal al
quedarse en la cruz. No se convirtió en un mártir
tampoco. Tampoco fue una víctima de las
circunstancias. Jesús estaba cumpliendo el propósito
de pagar por algo que Él nunca hizo, ni jamás consideró participar
de tal cosa. Murió por sus pecados y por los
míos. Es una decisión de amor. Y quiero
que miremos la motivación que Hebreos 12, versos 2 al 3 deja
ver de cuando Cristo está en la cruz. Lo presenta como el
autor, el consumador de la fe. Tenemos que mirar el amor desde
la perspectiva bíblica para que entendamos el poder que tiene
el amor, la capacidad que tiene y la necesidad que tenemos de
al entender bien el amor, que tomemos decisiones por amor,
no por emociones. Hebreos 12, 2 al 3 dice, pues
los puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe,
quien por el gozo puesto delante de él, esto es clave, soportó
la cruz, despreciando la vergüenza y se ha sentado a la diestra
del trono de Dios. consideren pues a aquel que soportó
tal hostilidad de los pecadores contra él mismo para que no se
cansen ni se desanimen en su corazón. Está diciendo que el
Señor Jesucristo soportó la cruz porque tenía algo frente a él.
por el gozo puesto delante de él soportó la cruz. ¿Cuál es
ese gozo? Que el Señor Jesucristo le está motivando por amor para
quedarse allí en la cruz. Ese gozo es usted. Ese gozo es
ver su vida transformada. Ese gozo es proveer el medio
para que usted tenga el perdón de sus pecados y la vida eterna. Pero la manifestación de ese
amor a él le está costando todo, absolutamente todo. Las emociones
no pueden gobernar el amor de una persona. Hay parejas que
en el matrimonio dicen, es que ya no siento amor. ¿Y eso qué
tiene que ver? Imagínense que Cristo hubiera
estado en la cruz. Ya no siento amor. Mira a esta gente cómo
me trata. Eso no importa. No estoy diciendo que no sea
valioso, pero no es el factor determinante para amar. No es,
no puede ser. No es. La Biblia no lo presenta
así. Pablo mismo, en primera Corintios
13, dice que el amor es sufrido. ¿Por qué Pablo habla de sufrimiento
cuando habla de amor? Estamos viéndolo en la vida del
Señor Jesucristo y lo notamos en la vida real. Su matrimonio,
mi matrimonio, sus hijos, mis hijos, nuestros vecinos y todo
tipo de relación demanda sufrimiento. Y eso no indica que el amor se
acaba. Es falso. El amor no se acaba. La decisión de amar es la que
está en juego allí, porque a las emociones se les da un lugar
que no necesitan tener. Quiere decir que una persona
ama y siempre va a ser fría. Si ama, no, sus emociones le
van a seguir. Pero usted necesita tomar primero la decisión de
amar. Eso es lo primero que usted hace, la decisión de amar. Es
una decisión y se demuestra por el compromiso que la persona
toma de manera voluntaria. Ese compromiso se mueve del amor
por Dios inicialmente y entonces es mostrado a las personas alrededor. Si usted se queda con el amor
que usted ya tiene, y usted tiene mucho amor, es como un lago que
le entra el agua, pero no tiene salida. Y esa agua se empieza
a podrir, a oler mal y causa destrucción. Causa destrucción
y muerte. Yo acabo de visitar en febrero
un lugar donde el agua entra, pero no sale. No hay nada de
vida en ese lugar, muerte solamente. Tiene que dar el amor. El amor
que usted tiene, cerciores, que usted mete eso en su cabeza y
en su corazón, no es para usted. El amor jamás opera para sí mismo. Funcionamos en base a eso, porque
así somos, por naturaleza egoístas, pero ese no es el propósito del
amor. No es. No es. No fue diseñado así. Quiero hacer mención del primer
amor, cuando el Señor salva a una persona y esta persona nace de
nuevo, ¿qué sucede con esa persona? Hay una explosión adentro de
sí porque empieza a experimentar el amor de Dios que está liberando
el amor que está en esta persona y no soporta el tener que hablar
de Jesucristo, tener que hablar de la palabra, tener que hablar
de la bondad del Señor, del amor, de la gracia, de la misericordia,
del perdón, de la vida en Cristo Jesús. Esa persona fluyen ríos
de agua viva de su corazón. Pero ese amor se puede enfriar,
como dice Apocalipsis, capítulo 2, a la iglesia de Éfeso. Esto
tengo contra ustedes, que han dejado su primer amor. Eso es
una decisión. Lo que indica allí es que es
una decisión. Entonces, estamos de acuerdo
en que todos tenemos amor. Estamos de acuerdo que el amor
no depende de las emociones. Puede producir emociones, pero
no depende de las emociones, es una decisión. Estamos de acuerdo
que el amor es un compromiso. Estamos de acuerdo que el amor
primero es amor a Dios y entonces amor al prójimo. Una vez una
persona me decía Enrique, no más, cerciórate que
tú tienes tu tanque lleno, que emocionalmente tú te sientes
bien, que estás bien saludable y entonces tú vas a poder dar
mucho. Y yo, ¿de veras? ¿Cristo entonces
qué fue lo que dio en la cruz? ¿No se vació Él? ¿No dejó Él
todo? ¿No soportó todo tipo de aflicción
para dar amor? Él no estaba recibiendo nada
allí. Para dar amor no dependemos de estar llenos nosotros. Créame,
¡no! El Señor Jesucristo mismo dice,
ama a tu prójimo como a ti mismo. Lo que está diciendo es, ya te
amas tanto, necesitas dar ese amor, no lo dejes ahí. No es
para ti. Entonces la motivación del amor
tiene que ser por el honor y la gloria a Dios, por honrar a Él. Él es el digno de supremo amor
y adoración. Entonces amamos al prójimo. Pero
ahora sigamos con lo que el apóstol Pablo dice porque él muestra
una característica del amor y cómo el amor no debe de ser. Punto
dos. El amor genuino. Verso 9 sigue
allí en Romanos 12. El amor sea sin hipocresía. Mire, si usted presta atención
a estas dos palabras, debe producir una impresión en su corazón,
porque amor, hipocresía, esas dos palabras que vayan ahí juntas,
y dice el amor sea sin hipocresía, en griego, esa palabra es una
sola, el sin no está allí. ¿Y por qué Pablo menciona inmediatamente,
después de hablar del amor, que sea sin hipocresía? ¿Será que
es algo común con lo que los creyentes tienen que lidiar en
sus propias vidas? Usted dirá, no, ¿está diciendo
hipócritas? Sí, lo estoy haciendo. Porque
la palabra lo hace. La palabra lo hace. Y quiero
dejar algo claro antes de tocar este punto. No se trata de que
si somos hipócritas o no. Se trata de qué tan hipócritas
llegamos a ser. Y la advertencia de Pablo afirma
esto. La advertencia de Pablo afirma
esto. Y miremoslo desde el concepto
bíblico. Sin hipocresía, Como dije antes,
es una sola palabra que usa Pablo, pero tiene que traducirse al
español con la preposición sin, para que tenga sentido y se refiere
a algo que es sincero y sin ninguna pretensión. Es lo que es, algo
genuino, no una copia, no una pretensión, sino algo transparente,
algo verdadero. Acuérdese antes de seguir con
esto de la hipocresía, porque yo sé que levantamos barreras
por allí y decimos, yo no soy hipócrita, eso el que está al
lado mío, el que está allá atrás o el que no vino hoy, no, estamos
hablando de usted. La descripción del amor la vimos
en Cristo Jesús. El amor no tiene que ver con
las emociones. El amor no tiene que ver con una preferencia.
El amor es una decisión de la voluntad. Pero el amor es algo
que es un compromiso permanente. Un compromiso permanente. Y el
amor demanda un sacrificio continuo. Eso demanda el amor. Ok. O sea,
ahí usted dice, ok, ¿soy hipócrita o no? Usted tiene que decidir.
El creyente está tentado a mostrar una apariencia de amor en vez
de un amor sincero. Todos estamos tentados a eso.
Sincero, la ilustración de los garrafones hechos de barro en
los mercados del Medio Oriente y el que sabe comprar. Toma ese
garrafón porque por fuera está bien bonito, bien pintado, lo
pone contra la luz y se ve que entra luz por un lado y por otro.
Ese garrafón tiene cera y él quiere comprar un garrafón que
esté sin cera, que sea sincero. Es decir, que sea pleno, que
sea completo, que no esté parchado y que no esté cubierto con una
apariencia queriendo mostrar algo que no es. Entonces, así
nosotros debemos ser puestos contra la luz. Si alguien nos
pudiera poner contra la luz, ¿cuáles son las cortaduras y
los parches que se pueden observar allí? Yo recuerdo hace años, trabajé
como supervisor en un matching shop en Octel, y cuando contratábamos
trabajadores, tuvimos una racha de trabajadores hipócritas que
en sus hojas de trabajo decían una cosa. Pero cuando los contratábamos
y los poníamos con las máquinas, no sabían de acuerdo a lo que
decían sus hojas de trabajo. Hipócrita. Estaban buscando un
beneficio propio, diciendo mentiras, dando una apariencia que no era
real. Así que decidí escribir un examen
para esa compañía y les dije, si la persona pasa este examen,
es como ponerlos así contra la luz. Vamos a ver cuáles son los
cracks que tienen. Y nos vino una racha. de empleados muy eficientes
después de eso, porque había que lidiar con ese asunto. Asimismo, Pablo está advirtiendo
a los hermanos de Roma, no sean hipócritas en su amor. ¿Tienen
amor? Sí. ¿Pero es sincero? No siempre. Entonces, que el amor sea sin
hipocresía. Los hipócritas en el tiempo del
apóstol Pablo eran los actores de las obras de teatro, eran
los que se ponían una máscara. Esa es la palabra hipocresía.
Esa palabra se hizo famosa en el sentido negativo con los fariseos,
porque el Señor Jesucristo los confronta y usa esa palabra para
confrontarlos a ellos en los libros de Mateo, de Marcos, de
Lucas, y le dice hipócritas. Pablo los llama, o Jesús también,
tumbas blanqueadas, por fuera bien arreglados, bien presentaditos,
bien peinados, pero por dentro llenos de huesos. La palabra
amor, la palabra hipócrita, son completamente opuestas, pero
están juntas en esta frase. El amor se enfoca en el bien
de la otra persona. La hipocresía aparenta ser un
bien, pero su enfoque es en sí mismo. El hipócrita hace lo mínimo
que pueda hacer, pero que se note que hizo algo. El amor es
generoso, la hipocresía es avara, amarrada, tacaña. El amor edifica,
la hipocresía destruye. El amor une, la hipocresía desune
y aísla. El amor da, la hipocresía quita.
El amor es fiel, la hipocresía traiciona. Escribe en su comentario
cuando dice algo que escribió Juan Calvino. Juan Calvino dijo
lo siguiente. Es difícil expresar lo ingeniosos que son casi todos
los hombres para fingir un amor que en realidad no poseen. No
solo engañan a otros, sino que se engañan a sí mismos. A la
vez que se persuaden a sí mismos de que se sienten que sienten
un verdadero amor hacia aquellos a quienes no solo tratan con
negligencia, sino que de hecho también los rechazan. Es una
tentación real para toda persona. MacArthur escribe en su comentario
acerca de algo que dijo el presidente Theodore Roosevelt. Estas son
las cosas que destruirán a los Estados Unidos, dijo él. Prosperidad
a cualquier precio. Paz a cualquier precio. Seguridad
primero antes que el deber. El amor a la vida fácil y la
teoría según la cual la única razón para vivir es hacerse rico. Sueño americano entra allí. Jesús es el ejemplo de amor supremo. Judas es el ejemplo de suprema
hipocresía. Jesús es adorado como el hijo
de Dios, Judas es llamado el hijo de perdición. ¡Qué gran
contraste! Si usted ha usado la máscara
de la hipocresía, indudablemente que lo ha hecho. Tiene que quitársela. El amor debe ser sin hipocresía.
Tenemos que hacer esa máscara a un lado. Yo no estoy diciendo,
por favor no me entiendan mal, Iglesia. Yo no estoy diciendo
que usted vive para ser un hipócrita. Yo lo que estoy diciendo es que
usted como yo somos tentados con la hipocresía. Es la naturaleza
humana. Pablo mismo dice en Romanos capítulo
7, lo que quiero hacer no lo hago y lo que no quiero hacer
eso termino haciéndolo. Miserable de mí, ¿quién me ayudará? ¿Quién me librará de este cuerpo
de perdición? Y dice, gracias sean a Dios,
por Cristo Jesús nuestro Señor. La libertad está en Cristo. Por
eso está usando el ejemplo. Cristo es el ejemplo. Cristo
es el ejemplo. Ninguno de nosotros es el ejemplo. Es Cristo Jesús. Tenemos que mirarlo a Él y siempre
mirarlo a Él para luchar contra esto y para superar esto y entonces
funcionar en base al amor, usando los dones para edificarnos mutuamente
y servirnos, como Dios nos llama, a servirnos. Debemos luchar. Usted debe luchar
por mostrar un amor genuino. Luche por eso. No asuma que ya
todo está bien, pero piense en qué áreas puede crecer. Podemos
hacerlo porque este texto lo ordena. Tenemos el Espíritu Santo
en nosotros y el fruto del Espíritu Santo, el primer elemento de
los nueve elementos del fruto del Espíritu Santo es el amor. Por alguna razón Pablo lo escribió
de primero allí en Cálatas capítulo 5. El Espíritu Santo está en nosotros,
su presencia está en nuestras vidas. Eso es algo que nosotros
podemos hacer. Pero tenemos que hacernos conscientes
y procurarlo para que tenga sentido el uso de los dones del Espíritu.
Se basan en amor, como dice Pablo en 1 Corintios 13. Imagínense,
Leslie, ¿dónde estás? Voy a usarte de ejemplo ahora.
Don't worry, no es algo malo. Pero digamos, Leslie toca la
batería y toca muy bien. Yo agradezco al señor por su
vida. Pero digamos que Leslie dice, ah, voy a cambiar los tambores,
voy a traer las ollas que usamos en la casa para cocinar. Y se
trae las ollas más grandes. Y se trae sus palitos ahí con
las ollas. Y vamos a empezar a cantar y
Israel dice, ok vamos a cantar y les limpieza a pegarle a esas
ollas allí. Eso es lo que Pablo dice, si
no tengo amor soy como símbolo resonante. Y tal vez un minuto
o dos y decimos, ah, qué chistosa, Leslie, mira. Pero después vamos
a querer que pare. No vamos a soportar ese dele,
dele, dele. O cuando en casa los niños pequeños
empiezan a jugar así. Está bien. O tienen un juguete
que tiene una sirena y usted lo oye un rato, pero después
dice, ya quítale las baterías, por favor. Así somos todos nosotros. Así somos todos nosotros. Gracias,
Leslie, ya terminé el ejemplo. Pero sí somos todos nosotros.
Cuando no hay amor, es lo que somos. Un símbolo que resuena. Una nota que está fuera de lugar,
que no encaja, que no sirve, que molesta. Es algo molesto. ¿De qué sirve tener todo lo que
podamos tener si no hay amor? Y hablando de lo espiritual,
hablando de lo espiritual dentro de la iglesia del Señor. Entonces,
definitivamente tenemos amor. El amor no depende de sus emociones,
no depende de sus preferencias, no depende de las personas que
le gustan o no le gustan. Es una decisión, es de su voluntad. Sus emociones van a seguir a
su amor, no su amor a sus emociones. Y es un compromiso que permanece
aún hasta la muerte, como el Señor Jesucristo nos da como
ejemplo. Y este amor tiene que ser sin hipocresía. Tenemos que
luchar, cada uno de nosotros. Usted no lucha con la hipocresía
de su hermano. No se preocupe por eso. Es usted. Yo le estoy hablando a usted.
Usted tiene que lidiar con su propia hipocresía y no dejar
que eso tome ventaja sobre usted. Guarde su corazón. Mire, piense
en esto. Cuando usted habla con una persona
y tiene algo que no le parece bien de esa persona, usted sabe
lo que tiene en su corazón y no le dice. Usted sabe lo que está
sucediendo en su corazón. Tiene una lucha. Usted tiene
que lidiar con eso. ¿Y cómo lo va a hacer? En oración,
en ruego, en súplica. Usted va a bendecir a esa persona.
Usted va a orar por esa persona. Y usted va a rogar que el Señor
le ayude a guardar su corazón puro. Así que cuando usted habla
con esa persona, usted no tiene una máscara. ¡Es usted! Con las
limitaciones que usted tenga. Con las dificultades que usted
tenga. No tiene que pretender nada. Este mundo en que vivimos
impulsa la hipocresía a mil por hora. A mil por hora. Nada más mire las páginas de
Facebook o Twitter. Me sorprende. Y perdón si ofendo
a alguien, aquí no estoy pensando a nadie en particular. Cuando
parejas se dicen en Facebook, ay, te amo, te amo tanto. Y yo
digo, ¿que no se ven en la casa? Eso es hipocresía. ¿Poner una
máscara allí? ¿Cuánto amo a mi esposa? Oh,
mira, te quiero decir esto en público. Eso es hipocresía. ¿Qué otra cosa es? ¿Qué otra
cosa? Es hipocresía. El proverbio dice que el que
bendice a su prójimo en la mañana se le cuenta como maldición,
porque es un hipócrita. Lo está haciendo públicamente,
lo está haciendo en alta voz para que lo oigan. El amor del
Señor Jesucristo no tiene nada que ver con la hipocresía. Nosotros
tenemos que considerar su amor y guardar nuestros corazones
para no dar espacio a la hipocresía, aunque es una lucha que tenemos
diaria, todos nosotros. Todos nosotros. Ahora miremos
cómo hacemos esto. Punto tres. El amor aborrece
lo malo. ¿De qué está hablando Pablo aquí
cuando dice que el amor aborrece lo malo? Es raro. Mira las palabras
que están aquí. Amor, no hipocresía. Amor, aborrecer. ¿Sabes qué es aborrecer? Es odiar. Aborrecer es odiar. Aborrecer
es abominar. Aborrecer es rechazar. Está hablando
de algo intenso, de algo total. completo. Dice aborreciendo lo
malo. Es detestar. Es una la manera
como está escrito cuando dice aborreciendo en español es un
verbo que indica a una acción constante, no termina. Siempre
se está llevando a cabo. Un cristiano odia, un cristiano
aborrece, sí, aquí dice, aborreciendo lo malo, que es lo malo. Simplemente
todo lo que Dios llama malo, es el estándar, Él es el estándar
de bondad cuando da su ley, muestra su carácter en ella, es un carácter
de verdad, de bondad y de amor. Bondad, veracidad y amor. El
que sigue su estándar, sigue la bondad del amor, la misericordia,
la veracidad, la compasión. Amar al Señor es inseparable
de obedecerlo a Él. Para el creyente, obedecer al
Señor viene de conocer bien su palabra. Miremos algunos lugares
que nos hablan de eso. Salmo 97, 10. Vamos allí. Salmo
97, 10. Yo sé que no he usado tantas
escrituras todavía, pero los conceptos que he estado presentando
los traigo desde la Biblia. No es mi opinión. Yo no estoy
dando mi opinión. Si le estuviera dando mi opinión,
sería hipócrita pretendiendo que yo sé estas verdades, cuando
el que sabe estas verdades es Dios y Él es el que nos habla.
Salmo 97, 10 dice, los que aman al Señor aborrezcan el mal, odien
el mal, detesten el mal, abominen el mal. Él guarda las almas de
sus santos, los libran de la mano de los impíos. Entonces,
amar a Dios demanda odiar el mal, ¿sí? Y es un contraste,
aquí está en este verso, del que ama a Dios y el que es un
impío. El impío, el que no es justo, aquí está, ¿sí? Proverbios 8, 13, miremos ese
texto, el proverbio está ahí enseguida después de Salmos,
donde habla acerca del temor del Señor, ¿sí? Hay un texto que dice el temor
a Dios es el principio de la sabiduría, pero este habla del
temor al Señor en otro enfoque. Proverbios 8, verso 13, dice
así el rey Salomón. El temor del Señor es aborrecer
el mal y junto con esto pone el orgullo, la arrogancia, el
mal camino y la boca perversa, yo aborrezco. Hay una acción. La persona que ama tiene una
acción negativa hacia lo que es malo. Constantemente tiene
esa acción. No es el concepto del mundo que
dice Dios es amor. Y las personas están en su inmundicia
de pecado, en fornicación, en adulterio, en homosexualidad,
en mentiras, en lo que sea. Y dicen, Dios es amor. Y no están
odiando su pecado. Ellos no conocen el amor de Dios.
Ellos no conocen el amor, es más. No entienden qué es el amor.
No entienden. El temor del Señor es aborrecer
el mal. Para poder amar con todo su corazón,
tiene que aborrecer, tiene que odiar el mal para que pueda superar
la hipocresía y amar genuinamente. Hay creyentes que no superan
algunos pecados en sus vidas porque nunca toman la determinación
de odiar su propio pecado. Si usted no odia la maldad como
un enemigo mortal contra el amor, la maldad eventualmente le va
a matar a usted, le va a consumir, le va a llevar a ser una persona
inútil en el reino de Dios. No le puede quitar su salvación
si es que la tiene. Pero sí le va a ser un inútil,
le va a impedir que usted pueda fluir con la capacidad de los
dones del Espíritu Santo para servir a sus hermanos en la fe.
Usted tiene que fluir con los dones. Si usted quiere hacer
eso, usted tiene que amar a Dios. Y para amar a Dios, usted tiene
que odiar el pecado. Entonces va a ver el fruto de
una vida útil en las manos del Señor. Odie el mal, así como
Dios odia el mal. Hace muchos años tuve un amigo
que él era homosexual, yo le daba ride al trabajo. Y fui amable
con él, le atendí, le ayudé en algunas cosas, le hablé del señor. Y un día él me preguntó, ¿qué
es la homosexualidad para Dios? Y le dije, es una abominación,
Dios abomina la homosexualidad. Salió y azotó la puerta, yo nunca
más lo vi. Amo a Dios y aborrezco el mal. ¿Puedo servir a una persona que
hace el mal? Claro que sí, usted puede, debe. Pero tiene que aborrecer
su pecado. De lo contrario no le puede servir.
No le puede evangelizar, no le puede hablar del Señor. Y obviamente
su vida tiene que reflejar eso. Mira el Salmo 15. El Salmo 15
habla del ciudadano de Sion. Ahorita en la radio esta semana
está saliendo el Salmo 15. Señor, ¿quién habitará en tu
tabernáculo? ¿Quién morará en tu santo monte?
El que anda en integridad y obra justicia y habla verdad en su
corazón. Está hablando de adentro la persona.
El que no calumnia con su lengua no hace mal a su prójimo ni toma
reproche contra su amigo, en cuyos ojos el perverso es despreciado,
pero honra a los que temen al Señor. Y no se trata de que el
creyente ande diciendo, ay, ese pecador allá, ay, yo no soy como
esa persona. No está hablando de eso. No está
hablando de eso, porque está diciendo a cuyos ojos el perverso
es menospreciado y se refiere a que no anda como ellos andan,
no aprueba lo que ellos aprueban, aprueba lo que Dios aprueba,
pero no lo que ellos aprueban. Entonces, como ciudadano de Sion,
le puede alcanzar. No participa de la maldad de
ellos. No se hace como ellos. Entonces,
en base a esta postura, le puede servir llevar el Evangelio. No
pertenecen al mismo reino, ni al mismo reino. Uno es del reino
de las tinieblas, otro es del reino de Dios. Uno le sirve al
diablo, el otro le sirve a Dios. Tiene que verlo así, sea su familiar,
sea su hijo, su hija, su esposo, su esposa, su amigo, su vecino,
quienquiera que sea. Si no está en Cristo, usted necesita
aborrecer el pecado en esa persona. De lo contrario, no le puede
alcanzar porque usted se va a mezclar con esa persona, se va a hacer
como esa persona y va a comenzar a ofender al Señor. Necesita
hacer una distinción si ama a Dios. Mira el siguiente Salmo. Deja
ver esto con un poco más de claridad. Salmo 101, verso 13. Salmo 101, verso 13, que yo creo
que es un texto de Memories, perdón, Salmo 101 verso 3, 3,
no 13, 101 verso 3. Interesante esto del amor, ¿cierto?
Como que pensamos que escuchamos la palabra amor y al día se da
lo que es el amor. Y las tarjetas de, ¿cómo se llama
esa fiesta? ¿Es en febrero o en marzo? Amor
y amistad. Están bonitas, no digo que sean
pecaminosos, pero no hay verdad ahí, muchas veces no hay verdad.
Salmo 101, verso 3. No pondré cosa indigna delante
de mis ojos. Aborrezco la obra de los que
se desvían. Y mire el concepto como lo completan
aquí. No se aferrará a mí. Tenemos
dichos comunes. Dime con quién andas, te diré
quién eres. Muchas personas son muy solitarias,
pero en su casa andan con prostitutas, con ladrones, con asesinos, con
idólatras, con brujos, con brujas. Ahí lo tiene el televisor, bien
abierta esa ventana. Bien amigotes, bien abrazados
ahí, disfrutando. Aquí dice, no pondré cosa indigna
delante de mis ojos, aborrezco la obra de los que se desvían.
Mi esposa y yo, lo comenté una vez, fuimos una vez al cine y
en uno de los comerciales antes de la película salen dos hombres
que se van a dar un beso y los dos dijimos, ¡Eo! Así en voz
alta, en el teatro. Y nos miramos los dos, ¿qué hacemos? Aborrecemos lo que Dios aborrece. Eso es una abominación. Que un
hombre se acoste con un hombre, o una mujer con una mujer, o
ahora lo que quieren hacer las personas con los animales, ilegalizar
todo tipo de inmundicia. Para el mundo es normal, no para
el creyente. Acuérdese, capítulo 12 de Romanos,
versos 1 y 2. No se acoplen al mundo. No acepte
jamás el mundo como algo normal. El mundo no es normal. El mundo
no es normal, es abnormal, es contrario, está al revés. Ellos
celebran lo que es malo llamándolo como bueno y lo que es bueno
llamándolo como malo. El creyente tiene que aborrecer
eso en su corazón, con todo su corazón. No creyéndose que es
más que ellos, pero acordándose de dónde lo sacó el Señor, quién
era usted antes. Y mostrando misericordia, pero
tiene que aborrecer. Tiene que aborrecer eso. Miren,
un ejemplo más. Proverbios 6. De seis cosas que
Dios abomina. Proverbios 6, 16. Este es un
texto para memorizar. La persona que me discipuló a
mí me enseñó a memorizar este texto recién convertido. 16 al 19. Seis cosas hay que
el Señor odia. Una pausa antes de leerlas. Si
Dios odia algo y usted es un creyente, ¿usted debe de odiarlo
también? Absolutamente, absolutamente. Seis cosas hay que el Señor odia
y siete son abominación para él. Ojos soberbios, lengua mentirosa,
manos que derraman sangre inocente, un corazón que trama planes perversos,
pies que corren rápidamente hacia el mal, Un testigo falso que
dice mentiras y el que siembra discordia entre hermanos. Siete cosas que están aquí claritas. ¿Cómo debe usted aborrecer eso?
Acuérdese, el amor sin hipocresía comienza. Señor, yo no quiero
ser esta persona. Yo no quiero ser el que hace
esto. Yo no quiero estar allí. Y si
alguien lo hace, aborrezco lo que hizo, pero yo no voy a maltratar
a esa persona, no tengo derecho. El Señor me dice que ame a mi
prójimo como a mí mismo, entonces le tengo que hablar con la verdad
del Señor y llamarlo para que venga al Señor. O si yo soy el
ofensor, estar abierto y dispuesto para ser corregido. Ser creyente,
mis hermanos, escuchen esto. Ser creyente no le hace inmune
al contagio del pecado. Si usted se acerca al pecado,
si usted no aborrece el pecado, el pecado le va a contagiar. Piense lo que hacen los cirujanos.
Los cirujanos Ellos tratan todo tipo de enfermedad, enfermedades
mortales, enfermedades contagiosas, pero están entrenados para ellos
no contagiarse. Le están ayudando al paciente,
pero ellos están protegidos. El creyente tiene que estar protegido
en su corazón. Salmo 1 dice, bienaventurado
el varón que no anduvo en camino de malos, ni estuvo en camino
de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado.
Ni el consejo, ni el camino, ni la silla, nada. No, no, un
no absoluto. No hay espacio para eso. El creyente
que ama a Dios se separa de lo que el mundo celebra y hace y
lo llama como se debe de llamar, de la manera adecuada, con amor,
con compasión, con misericordia. porque ama a Dios y le importa
agradar a Dios. Miren lo que dice Judas, verso
22 al 23, para que vean que no estoy exagerando con lo que dice
aquí. Judas, verso 22 al 23. Estas son cosas que suceden en
el corazón. Usted no necesita estarlas anunciando públicamente
o si lo demanda la situación, hágalo públicamente. Pero principalmente
la Biblia no está hablándose al corazón. Mira lo que dice
Judas 22, 23. Tengan misericordia de algunos que dudan. A otros,
sálvenlos, arrebatándolos del fuego. Y de otros, tengan misericordia
con temor, aborreciendo aún la ropa contaminada por la carne. ¿Por qué habla Judas así? No
pienses que no puedes ser alcanzado y tocado por el pecado y ser
contagiado con eso. Si tu postura es débil, si tú
eres una persona sin convicción, necesitas aprender a tener convicción,
necesitas aprender a ser recto y verdadero delante del Señor
y llamar lo que Dios llama como pecado, decirle pecado. Por eso
la psicología, que no es una ciencia, es un invento del hombre
desde los años 1850 para acá. Es tan peligrosa cuando se acepta
dentro de la iglesia del Señor porque cambia los términos y
ya no llama al pecado como pecado. Al borracho le dice, oh, está
enfermo. Y al que hace maldad, ¿quién
sabe qué pasó en su vida? A lo mejor decirle a ese hombre
esto es un trauma. Quiere justificar la maldad a toda costa y pone
a la persona en el centro. El amor sin hipocresía pone a
Dios como el centro. De él toma su estándar y en base
a ese estándar mira todo desde ese estándar. No desde su propio
estándar. Si yo lo llamo mal, es mal. Y
la respuesta es aborrecer eso. Aunque es una acción negativa,
aborrecer, odiar el mal tiene un efecto positivo, muy positivo.
Porque permite amar entonces con un amor que es genuino. No
está desligado la hipocresía de lo que dice aquí. Una línea
más. 4.4. El amor que se apega a lo
bueno. Verso 9 de Romanos 12. Dice, el amor sea sin hipocresía,
aborreciendo lo malo, aplicándose a lo bueno. Aplicándose a lo
bueno, está hablando, es un término que significa como pegamento,
adherirse, quedar ahí pegado, como un cemento, de forma permanente. Eso es lo que está en la mente
de Pablo cuando está hablando así. Y lo bueno, ya vimos que
lo malo, lo que Dios llama malo porque su ley lo denuncia como
malo. Y lo bueno, esto es lo que agrada
a Dios, le da a él honor y gloria. Y las escrituras son muy claras
en cuanto a eso. Lo bueno es lo que es frutífero,
provechoso, excelente, recto, justo, bondadoso. Un buen ejemplo
lo encontramos en Hechos 11, verso 20 al 24, miren. Un ejemplo de lo que es bueno,
aquí está. Y cómo hay que adherirse o pegarse,
cementarse a lo que es bueno. Hechos 11, versos 20 al 24, y
este es nuestro último punto. Pero había algunos de ellos,
hombres de Chipre, de Sirene, los cuales al llegar a Antioquía...
Hablaban también a los griegos predicando el evangelio del Señor
Jesús. La mano del Señor estaba con ellos y gran número que creyó
se convirtió al Señor. Dios estaba obrando salvación
aquí, allí en Antioquía. La noticia de esto llegó a oídos
de la iglesia de Jerusalén y enviaron a Bernabé a Antioquía, el cual
cuando vino y vio la gracia de Dios se regocijó. Y mire lo que
él hacía, animaba a todos. La motivación de él es el amor
por las palabras que usa. Animaba a todos para que con
corazón firme permanecieran fieles al Señor, se apegaran a lo que
es bueno. Le está diciendo de corazón,
pégense, adhiéranse, cimentense con lo que es bueno. Por eso
Pablo dice, el amor se hace en hipocresía, rechazando lo que
es malo, aborreciendo lo que es malo y apegándose a lo que
es bueno. Y este hombre, Bernabé, es presentado
en Hechos capítulo 5 cuando vende una propiedad, la da de todo
corazón, él hace todo lo que hace de todo corazón. Y viene
un par que son ananías y zafiras hipócritas que tratan de copiar
lo que Bernabé hizo quieren notarse públicamente, el Espíritu Santo
los mata a los dos. Allí no hay un amor sincero en
ellos, sino que fue un amor hipócrita. Yo no digo que no eran creyentes,
posiblemente sí, pero Dios los ajustició en el acto. Y Bernabé
sigue permaneciendo como un hombre de bien, como un hombre justo
y como un hombre que busca lo bueno para las personas que se
están gozando en el Señor y les dice, permanezcan, adhiéranse,
perseveren en esto. Pedro en su primera carta enseña
acerca del secreto de una vida feliz. Mire, vamos ahí en primera
de Pedro 3, del 8 al 12. Y el secreto de una vida feliz
tiene que ver con un amor sincero, con un amor que odia, detesta,
abomina lo que es malo y se apega a lo que es bueno. Primera de
Pedro 3, 8 al 12, dice, en conclusión, sean todos de un mismo sentir,
compasivos, fraternales, misericordiosos y de espíritu humilde, no devolviendo
mal por mal o insulto por insulto, sino más bien bendiciendo, porque
fueron llamados con el propósito de heredar bendición, porque
el que desea la vida amar y ver días buenos, refrene su lengua
del mal y sus labios, que sus labios no hablen engaño, eso
es aborrecer lo malo. Apártese del mal, continúa con
lo mismo y haga el bien, hasta lo opuesto. Adhiérase a bien,
busque la paz y sígala, porque los ojos del Señor están sobre
los justos y sus oídos atentos a sus oraciones, pero el rostro
del Señor está contra los que hacen el mal y muestra claramente. Una persona que no aborrece el
mal es una persona que hace el mal y lo celebra y lo aprueba.
El creyente no puede hacer eso. Filipenses 4.8, todo lo que es
verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo
lo amable, todo lo que es de buen nombre, si hay virtud alguna,
si hay algo digno de alabanza en esto pensar. Ahí tiene una
lista de lo que es bueno. Memorízense ese texto, úselo
como un filtro en su mente. Y cuando vengan pensamientos
que no son buenos, usted aborrezca eso, pero inmediatamente acuda
a la verdad de Dios. Y ahí tiene esa lista. O lo demás,
hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo que es... Bueno, ya lo
dije en memoria y ahorita ya no lo puedo decir. Vamos a mirarlo
ahí porque aquí está en otra versión igual. Pero Filipenses
4.8. Vale la pena pasar tiempo con ese texto. Y ese texto le
equipa a usted para decidir qué es en lo que debe pensar. Y en
lo que usted debe pensar, lo que usted va a hacer y así va
a amar. 4.8. Por lo demás, hermanos, todo
lo que es verdadero, todo lo digno, todo lo justo, todo lo
puro, todo lo amable, todo lo honorable. Si hay alguna virtud
o algo que merece elogio, en esto mediten. En esto mediten. Ahí está la lista de cómo buscar
las cosas buenas. Y quiero que miremos. Otro capítulo. Ustedes no tienen prisa, ¿cierto?
Todavía nos queda tiempo. Estamos bien de tiempo, no se
preocupen. Quiero que miremos otra porción. Ya estamos llegando
al final, estoy jugando. En el Salmo 119. El Salmo 119,
este salmista dedicó 176 versículos para hablar de la verdad de Dios,
para exaltar la palabra de Dios. Y nos deja ver lo que es esa
búsqueda intensa de la verdad, de lo que es bueno. Pegarse a
lo bueno tiene que ver básicamente con el conocimiento de la ley
de Dios, de la palabra del Señor. Dice, verso 9, Salmo 119. ¿Cómo
puede el joven guardar puro su camino? Guardando su palabra. Aquí está hablando, apegándose
a lo que es bueno. ¿Dónde encuentra lo que es bueno?
En la palabra. Verso 11. En mi corazón he atesorado
tu palabra para no pecar contra ti. Si tienes reina valera, dice,
en mi corazón he guardado tus dichos para no pecar contra ti.
Los guarda, están apegados allí a su corazón. Miren el verso
31 y 32. Me apego a tus testimonios. Señor,
no me avergüences, por el camino de tus mandamientos correré,
porque tú ensancharás mi corazón. Mira el verso 88, donde dice,
vivifícame conforme a tu misericordia para que guarde el testimonio
de tu boca. Verso 97. ¿Cuánto amo tu ley? Todo el día es ella mi meditación. Verso 101. De todo mal camino
he refrenado mis pies para guardar tu palabra. Verso 148 dice. mis ojos se anticipan a las vigilias
de la noche para meditar en tu palabra estoy esperando estoy
esperando señor cuando medito en tu palabra estoy ansioso anhelo
ese momento quiero guardar tu palabra en tu corazón es mi guía,
es mi luz, es mi lámpara, es mi dirección tu palabra eso es
la segunda parte de apegarse a lo que es bueno apegarse a
lo que es bueno es conocer bien la palabra del señor y buscar
vivir de acuerdo a ella entonces aborrecer lo malo se hace mucho
más probable, más fácil y entonces evitar la hipocresía en nuestro
amor que ya lo tenemos es posible. Tenemos amor, tenemos mucho amor,
pero no queremos que ese amor sea un amor egoísta centrado
en nosotros mismos. No está movido por nuestras emociones,
es una decisión, es un compromiso hasta la muerte. y el amor nos
lleva a detestar lo que es malo y a apegarnos a lo que es bueno. La palabra de Dios es la que
puede renovar nuestra mente así, equiparnos así para agradar a
Dios, para amar genuinamente, sin hipocresía, aboreciendo lo
que es malo, aplicándonos a lo que es bueno. Este Es el fundamento
sobre el que se levanta para usted fluir sirviendo a la iglesia
con los dones del Espíritu Santo en su vida. Y va a ver el valor de su vida
y va a experimentar el gozo de ver el fruto de la manera como
Dios le usa a usted para edificar a otras personas. Vamos ahora,
¿por qué no nos ponemos de pie? Una línea tan corta como el verso
9, pero que contiene tanto. Si nos detenemos a observar y
a mirar allí.