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Muy buenos días hermanos y amigos,
que Dios nos bendiga en este hermoso día, comienzo de semana,
que el Señor nos regala. Seamos bienvenidos a este tiempo
de lectura, meditación y oración. Hoy, como cada lunes, nos corresponde
la lectura de un libro histórico. Estamos en primera de crónicas.
Las últimas dos semanas hemos visto genealogías en los primeros
capítulos de crónicas. de primera de crónicas, pero
a partir de hoy ya entramos de lleno a lo que es la historia,
y comenzamos en la historia justo en el momento en que Saúl y sus
hijos pierden la vida. Así que yo le invito, por favor,
que si usted tiene una Biblia, me acompañe en el capítulo diez
de primera de crónicas. Hoy vamos a estar desde el capítulo
diez hasta el capítulo catorce. Así con esta lectura capítulo 10
nos dice así los filisteos pelearon contra israel y los hombres de
israel huyeron delante de los filisteos y cayeron muertos en
el monte jilboa Los filisteos persiguieron muy de cerca a Saúl
y a sus hijos, y mataron a Jonatán, a Binadad y a Malquisúa, hijos
de Saúl. La batalla reció contra Saúl,
y los arqueros lo alcanzaron y fue herido por ellos. Entonces
Saúl dijo a su escudero, saca tu espada y traspásame con ella,
no sea que vengan estos incircuncisos y hagan burla de mí. Pero su
escudero no quiso, porque tenía mucho miedo. Por lo cual Saúl
tomó su espada y se echó sobre ella. Al ver su escudero que
Saúl había muerto, él también se echó sobre su espada y murió. Así murió Saúl con sus tres hijos,
y todos los de su casa murieron junto con él. Cuando todos los
hombres de Israel que vivían en el valle vieron que los suyos
habían huido y que Saúl y sus hijos habían muerto, abandonaron
sus ciudades y huyeron. Entonces los filisteos vinieron
y habitaron en ellas. Al día siguiente, cuando los
filisteos vinieron para despojar a los muertos, hallaron a Saúl
y a sus hijos caídos en el monte Gilboa. lo despojaron, tomaron
su cabeza y sus armas y enviaron mensajeros por toda la tierra
de los filisteos para que llevaran las buenas nuevas a sus ídolos
y al pueblo. Pusieron su armadura en la casa
de sus dioses y clavaron su cabeza en la casa de Dagón. Cuando los
de Jabez de Galat oyeron todo lo que los filisteos habían hecho
a Saúl, se levantaron todos los hombres valientes y se llevaron
el cuerpo de Saúl y los cuerpos de sus hijos. Los trajeron a
Jabez y enterraron sus huesos bajo la encina de Jabez y ayunaron
siete días. Así murió Saúl por la transgresión
que cometió contra el Señor por no haber guardado la palabra
del Señor y también porque consultó y pidió consejo a una divina
y no consultó al Señor. Por tanto, él le quitó la vida
y transfirió el reino a David, hijo de Isaí. Capítulo 11 Entonces
se congregó todo Israel alrededor de David en Hebrón y le dijeron,
mire, somos hueso suya y carne suya. Ya de antes, cuando Saúl
aún era rey, usted era el que sacaba a Israel y el que lo volvía
a traer. Y el Señor su Dios le dijo, tú
pastorearás a mi pueblo Israel y serás príncipe sobre mi pueblo
Israel. Vinieron pues todos los ancianos
de Israel al rey en Hebrón, y David hizo un pacto con ellos en Hebrón
delante del Señor. Luego ungieron a David como rey
sobre Israel, conforme a la palabra del Señor por medio de Samuel. Entonces David fue con todo Israel
a Jerusalén, es decir, Jebús, y allí estaban los jebuseos,
habitantes de la tierra. Los habitantes de Jebús dijeron
a David, Usted no entrará aquí. Pero David capturó la fortaleza
de Sion, es decir, la ciudad de David. Y David había dicho,
el que primero hiera un jebuseo será jefe y comandante. Y Joab,
hijo de Sarvia, subió primero y fue hecho jefe. David habitó
en la fortaleza, por tanto fue llamada la ciudad de David. y
edificó la ciudad alrededor, desde el milo hasta la muralla
que la rodeaba, y Joab reparó el resto de la ciudad. David
se engrandecía cada vez más y más, y el señor de los ejércitos estaba
con él. Estos son los jefes de los valientes
que tenía David, quienes le dieron fuerte apoyo en su reino, junto
con todo Israel, para hacerlo rey, conforme a la palabra del
Señor concerniente a Israel. Y esto constituye en la lista
de los valientes que tenía David. Hazobeam, hijo de Acmónim, jefe
de los treinta. Él blandió su lanza contra trescientos,
a los cuales mató de una sola vez. Después de él, Eleazar,
hijo de Dodo, el ahoguita, él era uno de los tres valientes.
Él estaba con David en Pasdamín cuando los filisteos se reunieron
allí para la batalla y había una parcela llena de cebada y
el pueblo huyó delante de los filisteos y se apostaron en medio
de la parcela y la defendieron e hirieron a los filisteos y
el Señor lo salvó con una gran victoria. Tres de los treinta
jefes descendieron a la roca donde estaba David, en la cueva
de Adulán, mientras el ejército de los filisteos acampaba en
el valle de Refaín. David estaba entonces en la fortaleza,
mientras la guarnición de los filisteos estaba en Belén. David
sintió un gran deseo y dijo, ¿Quién me diera a beber agua
del pozo de Belén que está junto a la puerta? Entonces los tres
se abrieron paso por el campamento de los filisteos, y sacando agua
del pozo de Belén que estaba a la puerta, se la llevaron y
la trajeron a David. Pero David no quiso beberla,
sino que la derramó para el Señor. Y dijo, Lejos esté de mí que
haga tal cosa delante de mi Dios. ¿Beberé la sangre de estos hombres
que fueron con riesgo de sus vidas? porque con riesgo de sus
vidas la trajeron. Por eso no quiso beberla. Estas
cosas hicieron los tres valientes. Y Abisai, hermano de Joab, era
el primero de los treinta, y blandió su lanza contra trescientos y
los mató. Y él tuvo tanto renombre como
los tres. De los treinta en el segundo
grupo, él fue el más distinguido y llegó a ser capitán de ellos,
pero no igualó a los tres primeros. Benahía, hijo de Joyada, hijo
de un valiente de Capzeel, de grandes hazañas, mató a los dos
hijos de Ariel de Moab. Y él descendió y mató a un león
en medio de un foso un día que estaba nevando. También mató
a un egipcio, un hombre grande de cinco codos de estatura, Y
en la mano del egipcio había una lanza con un rodillo de tejedor,
pero Benahía descendió a él con un palo, y arrebatando la lanza
de la mano del egipcio, lo mató con su propia lanza. Estas cosas
hizo Benahía, hijo de Joyada, y tuvo tanto renombre como los
tres valientes. Él fue el más distinguido entre
los treinta, pero no igualó a los tres, y David lo puso sobre su
guardia. Y los valientes de los ejércitos
fueron Asael, hermano de Joab, el Anan, hijo de Dodo, de Belón,
Belén, Samot, el Arodita, Eles, el Pelonita, Ira, hijo de Ijes,
el Tecoita, Abieser, el Anatotita, Sibekai, el Usatita, Ilay, el
Ahuita, Maharay, el Netofatita, Elet, hijo de Bahana, el Netofatita,
Itay, hijo de Ribay, del Ibeá, de los hijos de Benjamín, Benahía,
el piratonita. Uray, de los arroyos de gas.
Abiel, el arbatita. Azmavet, el barumita. Eliaba,
el salbonita. Los hijos de Jacén, el guisonita. Jonatán, hijo de Sague, el ararita. Aiyán, hijo de Sacar, el ararita. Elifal, hijo de Ur. Éfer, el
mequeratita. Aías, el pelonita. Ezro, el carmelita. Nahari, hijo de Esvai. Joel,
hermano de Natán. Mithar, hijo de Agrai. Selek,
el Amonita. Naharay, el Beherotita. Escudero
de Joab, hijo de Sarvia. Ira, el Itrita. Garet, el Itrita. Urias, el Itita. Sabat, hijo
de Alai. Adina, hijo de Sisa. El Rubenita,
jefe de los Rubenitas. Y treinta con él. Anán, hijo
de Maaca, hijo Zafat, el Mitnita. Husías, el Astarotita. Sama y
Jeiel, hijos de Otán, el Aroerita. Hediael, hijo de Zinri. Y Joa,
su hermano, el Tisita. Eliel, el Mahabita. Jerebai,
hijo Sabía. Hijos del Naam. Itma, el Moabita. Eliel, Obed. Y Haciel, el Mesobaita. Capítulo 12 Estos son los que
vinieron a David en Ciclat, mientras aún se ocultaba por causa de
Saúl, hijo de Cis. Eran de los hombres valientes
que lo ayudaron en la guerra. Estaban armados con arcos y usaban
tanto la mano derecha como la izquierda para lanzar piedras
y tirar flechas con el arco. Eran parientes de Saúl de Benjamín. El jefe era Yeser. Después Joás. Hijos de Semea, el Guideratita. Geciel y Pelet, hijos de Azmavet. Veraca y Geú, el Anatutita. Ismaías, el Gabaonita. Hombre
valiente entre los treinta y jefe de los treinta. Después Jeremías,
Jaciel, Juanán, Josabat, el Guideratita. Elusai, Jerimot, Bealealías,
Semarías, Cefatías, el Arufita, el Cana, Isías, Azariel, Joeser,
Hasovean, los Coreitas, Ijoela, y Cebadías, hijos de Jeroán de
Gedor. También de los Degat se pasaron
a David en la fortaleza en el desierto, hombres fuertes y valientes,
entrenados para la guerra, diestros con el escudo y la lanza, cuyos
rostros eran como rostros de leones y eran tan ligeros como
las gacelas sobre los montes. Eser fue el primero, Ovadías
el segundo, Eliad el tercero, Mismán el cuarto, Jeremías el
quinto, Atay el sexto, Eliel el séptimo, Joanán el octavo,
El Saba el noveno, Jeremías el décimo, Macbanay el undécimo. De los hijos de Gad, estos fueron
capitanes del ejército. El menor valía por cien hombres
y el mayor por mil. Estos son los que cruzaron el
Jordán en el primer mes, cuando todas sus riberas estaban inundadas
y pusieron en fuga a todos los de los valles, tanto al oriente
como al occidente. Entonces vinieron algunos de
los hijos de Benjamín y Judá a Tadavita la fortaleza. Y David
salió a su encuentro y les dijo, Si vienen a mí en paz para ayudarme,
mi corazón se unirá con ustedes. Pero si vienen para entregarme
a mis enemigos, ya que no hay maldad en mis manos, que el Dios
de nuestros padres lo vea y decida. Entonces el Espíritu vino sobre
a Masái, jefe de los treinta, el cual dijo, Tú y yo somos,
oh David, y contigo estamos, hijo de Isaí. Paz, paz a ti y
paz al que te ayuda. Ciertamente tu Dios te ayuda.
Entonces David los recibió y los hizo capitanes del grupo. Algunos
de Manasés se pasaron también a David cuando éste iba con los
filisteos a la batalla contra Saúl. Pero éstos no les ayudaron
porque los príncipes de los filisteos, después de tomar consejo, despidieron
a David diciendo, a costa de nuestras cabezas se pasará su
señor Saúl. Y cuando David iba a Ciclac,
se pasaron a él de Manasés, Atnas, Josabat, Ediayel, Micael, Josabat,
Eliú y Siletay, capitanes de miles que eran de Manasés. Ellos
ayudaron a David contra la banda de merodeadores, pues todos eran
hombres fuertes y valientes y capitanes en el ejército. porque día tras
día se pasaban hombres a David para ayudarlo hasta que hubo
un gran ejército como ejército de Dios. Y estos son los números
de los escuadrones equipados para la guerra que vinieron a
David en Hebrón para transferirle el reino de Saúl conforme a la
palabra del Señor. Los hijos de Judá que llevaban
escudo y lanza eran 6.800 equipados para la guerra. De los hijos de Simeón, hombres
fuertes y valientes para la guerra, 7,100. De los hijos de Leví,
4,600. Y Joiada, príncipe de la casa
de Aarón, y con él 3,700. También Sadoc, joven fuerte y
valiente, y de la casa de su padre, 22 capitanes. De los hijos
de Benjamín, parientes de Saúl, tres mil, porque hasta entonces
la mayor parte de ellos habían permanecido fieles a la casa
de Saúl. De los hijos de Efraín, veinte
mil ochocientos hombres fuertes y valientes, famosos en sus casas
paternas. De la media tribu de Emanacés,
dieciocho mil que por nombre fueron designados para venir
y hacer rey a David. de los hijos de Isaacar, expertos
en discernir los tiempos, con conocimiento de lo que Israel
debía hacer, sus jefes eran doscientos, y todos sus parientes estaban
bajo sus órdenes. De Zabulón habían cincuenta mil
que salieron con el ejército, que podían ponerse en orden de
batalla con toda clase de armas de guerra, y que ayudaron a David
sin doblez de corazón. De Neftalí habían mil capitanes,
y con ellos treinta y siete mil con escudo y lanza. De los de
Dan, que podían ponerse en orden de batalla, habían veintiocho
mil seiscientos. De Acer había cuarenta mil, que
salieron con el ejército para ponerse en orden de batalla.
Del otro lado del Jordán, de los Rubenitas y Gaditas, y de
la media tribu de Manasés, había ciento veinte mil con toda clase
de armas de guerra para la batalla. Todos estos hombres de guerra
que podían ponerse en orden de batalla vinieron con corazón
perfecto a Hebrón para ser rey a David sobre todo Israel. También
todos los demás de Israel eran de un mismo parecer para ser
rey a David. Y estuvieron allí con David tres
días comiendo y bebiendo porque sus parientes habían hecho provisión
para ellos. También los que estaban cerca
de ellos y hasta los de Isaacar, Sabulón y Neftalí trajeron víveres
en asnos, camellos, mulos y bueyes, grandes cantidades de tortas
de harina, tortas de higo y racimos de uvas, pasas, vino, aceite,
bueyes y ovejas. Verdaderamente había alegría
en Israel. Capítulo 13 Entonces David consultó con los
capitanes de millares y de centenas, es decir, con todos los jefes.
Y David dijo a toda la asamblea de Israel, si les parece bien
y si es del Señor nuestro Dios, Enviemos mensaje a todas partes,
a nuestros parientes que permanecen en toda la tierra de Israel,
y también a los sacerdotes y a los levitas que están con ellos en
sus ciudades y tierras de pastos, para que se reúnan con nosotros
y traigamos a nuestro lado el arca de nuestro Dios, porque
no la consultamos en los días de Saúl. Toda la asamblea dijo
que así lo harían, porque esto pareció bien a todo el pueblo.
Entonces David congregó a todo Israel, desde Sihor de Egipto
hasta la entrada de Amat, para traer el arca de Dios de Kiriat
Jearim. David subió con todo Israel a
Baala, es decir, a Kiriat Jearim, que pertenece a Judá, para hacer
subir desde allí el arca de Dios, el Señor, que está sobre los
querubines, donde se invoca su nombre. Llevaron el arca de Dios
de la casa de Abinadad en un carro nuevo, y Usa y Ahío guiaban
el carro. David y todo Israel se regocijaban
delante de Dios con todas sus fuerzas, con cánticos y liras,
arpas, panderos, rímbalos y trompetas. Pero cuando llegaron a la era
de Equidón, Uzzá extendió su mano para sostener el arca, porque
los bueyes casi la volcaron. Y se encendió la ira del Señor
contra Uzzá, y lo hirió porque había extendido su mano al arca.
Y allí murió delante de Dios. Entonces David se enojó porque
el señor había estallado en ira contra Usa y llamó a aquel lugar
Pérez Usa hasta el día de hoy. David tuvo temor a Dios aquel
día y dijo, ¿Cómo puedo traer a mí el arca de Dios? Así que
David no llevó consigo el arca a la ciudad de David, sino que
la hizo llegar a la casa de Obed Edón, el Geteo. Así que el arca
de Dios permaneció tres meses en la casa de la familia de Obed
Edón. Y el Señor bendijo a la familia
de Obed Edón y todo lo que tenía. Capítulo 14 Irán, rey de tiro,
envió mensajeros a David con madera de cedro, albañiles y
carpinteros para edificarle una casa. Y comprendió David que
el Señor lo había confirmado por rey sobre Israel, y que su
rey no había sido exaltado en gran manera por amor a su pueblo
Israel. En Jerusalén David tomó más mujeres
y tuvo David más hijos e hijas. Estos son los nombres de los
hijos que le nacieron en Jerusalén. Samúa, Soad, Natán, Salomón,
Itjar, Elisúa, Elpelet, Noga, Nefec, Jafía, Elisama, Beleada
y Elifelet. Al oír los filisteos que David
había sido ungido rey sobre todo Israel, todos los filisteos subieron
en búsqueda de David. Pero cuando David se enteró,
salió contra ellos, pues los filisteos habían venido y hecho
una incursión en el valle de Refaín. David consultó a Dios. Subiré contra los filisteos,
los entregarás en mi mano. Y el Señor le dijo, sube, porque
los entregaré en tu mano. Entonces subieron a Baal Perazin,
y David los derrotó allí. Y dijo David, Dios ha abierto
brecha entre mis enemigos por mi mano, como brecha de aguas.
Por eso llamó aquel lugar Baal Perazin. Los filisteos abandonaron
allí sus dioses, y David ordenó que fueran quemados. Después
los filisteos hicieron de nuevo otra incursión en el valle. David
volvió a consultar a Dios, y Dios le dijo, No subas contra ellos,
dales un rodeo por detrás y sal a ellos frente a las balsameras.
Y cuando oigas el sonido de marcha de las copas de las balsameras,
entonces saldrás a la batalla, porque Dios ya habrá salido delante
de ti para herir al ejército de los filisteos. David hizo
tal como Dios le había mandado e hirieron al ejército de los
filisteos desde Gabaón hasta Geser. La fama de David se extendió
por todas aquellas tierras y el Señor puso el terror de David
sobre todas las naciones. Esta ha sido la lectura del día
de hoy. Hemos leído 1ª de Crónicas, capítulo
10 al 14. Aquí vemos, ¿verdad?, lo que
fue la muerte de Saúl, una persona rebelde, una persona que Dios
había desechado luego de, como dice acá esta lectura, por no
haber consultado al Señor, por haber consultado una divina,
por persistir en desobedecer los mandatos de Dios. Aquí comienza
esta historia. Y luego vemos como poco a poco
el pueblo de Israel se fue acercando a David, y David fue afianzando
su reinado hasta llegar acá. Como nos dice ese verso 17 del
capítulo 14 de 1 de Crónicas, la fama de David se extendió
por todas aquellas tierras, y el Señor puso el terror de David
sobre todas las naciones. Así vemos cómo fue creciendo
este reinado y cómo llegó a su máxima expresión en el reinado
de su hijo Salomón. Hermosa lectura que tenemos hoy,
que nos narra hechos históricos de cómo fue esta dinastía del
rey David a través del cual vino nuestro Mesías, nuestro Señor
y Salvador, Cristo Jesús. Oremos al Señor. Padre, bueno
y Dios, Tú que moras en las alturas de los cielos, damos gracias
Señor en esta mañana por esta lectura que Tú nos concedes tener. donde nosotros podemos aprender
acerca de estos hechos históricos de cómo tú afianzaste en el reino
a David, cómo él fue ganando el favor del pueblo a causa de
la gracia que tú habías puesto sobre él para que él viniera
a ser rey sobre la nación de Israel. Padre, también aprendemos
que el corazón de David estaba Por gracias, señor, inclinado
a buscarte, a consultarte, a no dar pasos basados en el intelecto,
en la intuición humana, sino más bien dar pasos basados en
lo que tú, en la voluntad que tú habías revelado a través de
los medios que usabas en aquellos tiempos, señor. Padre nosotros
te pedimos que tú nos des a nosotros también esa gracia necesaria
para no hacer las cosas conforme al intelecto o a la intuición
humana sino que hagamos las cosas conforme a tu voluntad ya tú
nos has dado tu palabra completa revelación perfecta lámpara que
guía nuestro camino lumbrera que alumbra nuestros pies, Señor. Padre, así como venimos cada
mañana a esta lectura, suplicamos, oh Dios, que Tu Espíritu Santo
esté aplicando las verdades que allí encontramos a nuestros corazones,
que nos desafíen, Señor, a ser verdaderos hijos Tuyos, que nos
desafíen a andar en estos caminos. y hacer instrumento en tus manos
para que mucho otro pueblo también pueda venir al conocimiento de
toda verdad. En tus manos estamos, Señor.
Esto te lo pedimos en el nombre de Cristo nuestro Salvador. Amén
y Amén. Muy bien, mis hermanos, que Dios
les bendiga, Dios les guarde y será hasta el día de mañana.
Que la pasen bien en el inicio de esta semana.
234-(1 Cronicas 10-14): tiempo de lectura, meditación y oración
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| Sermon ID | 821222034496466 |
| Duration | 24:26 |
| Date | |
| Category | Devotional |
| Bible Text | 1 Chronicles 10 |
| Language | Spanish |
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