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Muy buenos días, hermanos, amigos,
que Dios nos bendiga en este hermoso día que el Señor nos
regala. Pues en esta mañana nosotros continuamos con este desafío
del año 2022. Leamos la Biblia en 52 semanas. Hoy nos corresponde leer el libro
del profeta Daniel. Es el quinto libro de los profetas
mayores, como se le conoce. Es decir, que hoy concluimos
con Daniel y la semana que viene, si Dios quiere, comenzamos con
el primer libro de los profetas menores. Es decir, el libro del
profeta Oseas. Pero vámonos a lo que vinimos
en esta mañana. Daniel sus capítulos 7 al 12
nos dice de la siguiente forma la palabra del señor comenzamos
con el capítulo 7 en el primer año del rey Belsasar de Babilonia
Daniel tuvo un sueño y visiones en su mente estando en su cama
entonces escribió el sueño y relató el resumen de él Miraba yo en
mi visión nocturna que los cuatro vientos del cielo agitaban el
gran mar y cuatro bestias enormes diferentes unas de otras subían
del mar. La primera era como un león y
tenía alas de águila. Mientras yo miraba, sus alas
le fueron arrancadas, fue levantada del suelo y puesta sobre dos
pies como un hombre y le fue dado corazón de hombre. Y otra
segunda bestia, semejante a un oso, estaba levantada de un costado
y en su boca, entre sus dientes, tenía tres costillas. Y le dijeron
así, levántate y devora mucha carne. Después de esto seguí
mirando y otra más semejante a un leopardo que tenía sobre
su lomo cuatro alas de ave. La bestia tenía cuatro cabezas
y le fue dado dominio. Después de esto seguí mirando
en las visiones nocturnas y vi una cuarta bestia, terrible,
espantosa y en gran manera fuerte. Tenía enormes dientes de hierro
y devoraba, desmenuzaba y pisoteaba los restos con sus pies. Era
diferente de todas las bestias que la antecedieron y tenía diez
cuernos. Mientras yo contemplaba los cuernos,
vi que otro cuerno, uno pequeño, surgió entre ellos, y tres de
los primeros cuernos fueron arrancados delante de él. Y este cuerno
tenía ojos como los ojos de un hombre, y una boca que hablaba
con mucha arrogancia. Seguí mirando hasta que se establecieron
tronos y el anciano de días se levantó o se sentó. Su vestidura
era blanca como la nieve y el cabello de su cabeza como lana
pura. Su trono, llamas de fuego, y
sus ruedas, fuego abrazador. Un río de fuego corría saliendo
de delante de él. Miles de millares le servían
y miríadas de miríadas estaban en pie delante de él. El tribunal
se sentó y se abrieron los libros. Entonces yo seguí mirando a causa
del ruido, de las palabras arrogantes que el cuerno decía. Seguí mirando
hasta que mataron a la bestia, destrozaron su cuerpo y lo echaron
a las llamas del fuego. A las demás bestias se les quitó
el dominio, pero les fue concedida una prolongación de la vida por
un tiempo determinado. Seguí mirando en las visiones
nocturnas y en las nubes del cielo venía uno como un hijo
de hombre que se dirigió al anciano de días y fue presentado ante
él. Y le fue dado dominio, gloria
y reino para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran. Su dominio es un dominio eterno
que nunca pasará y su reino uno que no será destruido. A mí,
Daniel, se me angustió por dentro el espíritu y las visiones de
mi mente seguían turbándome. Me acerqué a uno de los que estaban
allí de pie y le pedí que me dijera la verdad acerca de todo
esto. Y me respondió dándome a conocer
la interpretación de estas cosas. Estas bestias enormes, que son
cuatro, son cuatro reyes que se levantarán de la tierra. pero
los santos del Altísimo recibirán el reino y poseerán el reino
para siempre por los siglos de los siglos. Entonces quise saber
la verdad acerca de la cuarta bestia, que era diferente de
todas las demás y en gran manera terrible, con sus dientes de
hierro y sus garras de bronce, y que devoraba, desmenuzaba y
pisoteaba los restos con sus pies, y la verdad acerca de los
diez cuernos que tenía en su cabeza y del otro cuerno que
había surgido delante del cual cayeron tres de ellos, es decir,
el cuerno que tenía ojos y una boca que hablaba con mucha arrogancia
y cuya apariencia era mayor que la de sus compañeros. Mientras
yo miraba, este cuerno hacía guerra contra los santos y prevalecía
sobre ellos, hasta que vino el anciano de Díaz y se hizo justicia
a favor de los santos del Altísimo y llegó el tiempo cuando los
santos tomaron posesión del rey. Después me dijo, La cuarta bestia
será un cuarto reino en la tierra, que será diferente de todos los
otros reinos. Devorará toda la tierra, la pisoteará
y la desmenuzará. Y los diez cuernos de este reino
son diez reyes que se levantarán, y otro se levantará después de
ellos. Él será diferente de los anteriores
y subyugará a tres reyes. Él proferirá palabras contra
el Altísimo y afligirá a los santos del Altísimo e intentará
cambiar los tiempos y la ley. Y le será entregado en sus manos
por tres años y medio. Pero el tribunal se sentará para
juzgar y su dominio le será quitado, aniquilado y destruido para siempre. y la soberanía, el dominio y
la grandeza de todos los reinos debajo de todo el cielo serán
entregados al pueblo de los santos del Altísimo. Su reino será un
reino eterno y todos los dominios le servirán y le obedecerán. Hasta aquí la revelación. En
cuanto a mí, Daniel, mis pensamientos me turbaron en gran manera y
mi rostro palideció, pero guardé el asunto en mi corazón. En el tercer año del reinado
del rey Belsasar se me apareció a mí, Daniel, una visión, después
de aquella que se me había aparecido anteriormente. Cuando miré en
la visión sucedió que al mirar yo me encontraba en la ciudadela
de Susa, que está en la provincia de Elán, y vi en la visión que
yo estaba junto al río Ulay. Alcé pues mis ojos y miré que
un carnero estaba delante del río. Tenía dos cuernos, y los
dos cuernos eran altos, pero uno era más alto que el otro,
y el más alto creció el último. Vi al carnero dando coronadas
al oeste, al norte y al sur, y ninguna bestia podía mantenerse
en pie delante de él, y nadie podía librarse de su poder. Hacía
lo que quería y se engrandeció. Al estar yo observando, vi que
un macho cabrío venía del occidente sobre la superficie de toda la
tierra sin tocar el suelo. El macho cabrillo tenía un cuerno
prominente entre los ojos. Se dirigió al carnero que tenía
los dos cuernos, que yo había visto parado delante del río,
y lo acometió con la furia de su poder. Lo vi venir junto al
carnero, y enfurecido contra él, hirió al carnero y le rompió
los dos cuernos, y el carnero no tenía fuerza para mantenerse
en pie delante de él. lo arrojó en tierra y lo pisoteó,
y no hubo nadie que librara al carnero de su poder. El macho
cabrillo se engrandeció sobremanera, pero en cuanto llegó a ser poderoso,
el gran cuerno se le rompió, y en su lugar le salieron cuatro
cuernos prominentes hacia los cuatro vientos del cielo. Y de
uno de ellos salió un cuerno pequeño que creció mucho hacia
el sur, hacia el oriente y hacia la tierra hermosa. Creció hasta
el ejército del cielo e hizo caer a la tierra parte del ejército
y de las estrellas y la pisoteó. Se engrandeció hasta igualarse
con el jefe del ejército. Le quitó su sacrificio continuo
y fue derivado el lugar de su santuario. y el ejército será
entregado al cuerno junto con el sacrificio continuo a causa
de la transgresión. Arrojará por tierra la verdad
y hará su voluntad y prosperará. Hoy entonces hablará un santo,
y otro santo dijo al que hablaba, ¿hasta cuándo durará la visión
del sacrificio continuo, de la transgresión que espanta y de
que el lugar santo y el ejército sean pisoteados? Y el santo respondió,
por dos mil trescientas tardes y mañanas, entonces el lugar
santo será restaurado. Y sucedió que después que yo,
Daniel, había visto la visión y trataba de comprenderla, vi
de pie ante mí uno con apariencia de hombre, y oí una voz de hombre
entre las márgenes del río Hulay que gritaba, Gabriel, explícale
a éste la visión. Él se acercó a donde yo estaba
y cuando llegó, me aterroricé y caí sobre mi rostro, pero él
me dijo, entiende, hijo de hombre, que la visión se refiere al tiempo
del fin. Mientras él hablaba conmigo,
caí en un sueño profundo con mi rostro en tierra. Él me tocó
y me hizo incorporar donde yo estaba. Te voy a dar a conocer
lo que sucederá al final de la ira, porque se refiere al tiempo
señalado del fin, me dijo. El carnero que viste, con los
dos cuernos, representa a los reyes de Media y de Persia. El
macho cabrillo peludo representa al reino de Grecia, y el cuerno
grande que está entre sus ojos es el primer rey. El cuerno roto
y los cuatro cuernos que salieron en su lugar presentan cuatro
reinos que se levantarán de su nación, pero no con su poder. Y al final de su reinado, cuando
los transgresores se acaben, se levantará un rey, insolente
y hábil en intrigas. Su poder será grande, pero no
por su propio poder. Destruirá en forma extraordinaria,
prosperará y hará su voluntad. destruirá a los poderosos y al
pueblo santo, y por su astucia hará que el engaño prospere por
su influencia. Él se engrandecerá en su corazón
y destruirá a muchos que están confiados. Aún se levantará contra
el príncipe de los príncipes, pero será destruido sin intervención
humana. La visión de las tardes y de
las mañanas que ha sido relatada es verdadera, pero tú guarda
en secreto la visión porque se refiere a muchos días aún lejanos. Yo, Daniel, me sentí agotado
y enfermo algunos días. Después me levanté y atendí los
asuntos del rey, pero yo estaba espantado a causa de la visión
y no había nadie que la interpretara. Capítulo 9. En el año primero de Darío, hijo
de Asuero, descendiente de los Medas, que fue constituido rey
sobre el reino de los caldeos, en el año primero de su reinado,
yo, Daniel, pude entender en los libros el número de los años
en que, por palabra del Señor que fue revelada al profeta Jeremías,
debían cumplirse las desolaciones de Jerusalén. Setenta años. Volví mi rostro a Dios el Señor
para buscarlo en oración y súplicas, en ayunos, cilicio y ceniza. Oré al Señor mi Dios e hice confesión
y dije, ¡Ay, Señor, el Dios grande y temible, que guarda el pacto
y la misericordia para los que lo aman y guardan sus mandamientos! Hemos pecado, hemos cometido
iniquidad, hemos hecho lo malo, nos hemos revelado y nos hemos
apartado de tus mandamientos y de tus ordenanzas. No hemos
escuchado a tus siervos los profetas que hablaron en tu nombre, a
nuestros reyes, a nuestros príncipes, a nuestros padres y a todo el
pueblo de la tierra. Tuya es la justicia, oh Señor,
y nuestra la vergüenza en el rostro. como sucede hoy a los
hombres de Judá, a los habitantes de Jerusalén y a todo Israel,
a los que están cerca y a los que están lejos en todos los
países a donde lo has echado a causa de las infidelidades
que cometieron contra ti. Oh Señor, nuestra es la vergüenza
del rostro y de nuestros reyes, de nuestros príncipes y de nuestros
padres, porque hemos pecado contra Ti. Al Señor nuestro Dios pertenece
la compasión y el perdón, porque nos hemos revelado contra Él,
y no hemos obedecido la voz del Señor nuestro Dios para andar
en Sus enseñanzas, que Él puso delante de nosotros por medio
de Sus siervos, los profetas. Ciertamente todo Israel ha transgredido
tu ley y se ha apartado sin querer obedecer tu voz. Por eso ha sido
derramada sobre nosotros la maldición y el juramento que está escrito
en la ley de Moisés, siervo de Dios, porque hemos pecado contra
él. Y Él ha confirmado las palabras
que habló contra nosotros y contra nuestros jefes que nos gobernaron,
trayendo sobre nosotros gran calamidad, pues nunca se ha hecho
debajo del cielo nada como lo que se ha hecho contra Jerusalén.
Como está escrito en la ley de Moisés, toda esta calamidad ha
venido sobre nosotros, pero no hemos buscado el favor del Señor
nuestro Dios, apartándonos de nuestra iniquidad y prestando
atención a tu verdad. Por tanto, el Señor ha estado
guardando esta calamidad y la ha traído sobre nosotros, porque
el Señor nuestro Dios es justo en todas las obras que ha hecho,
pero nosotros no hemos obedecido su voz. Y ahora, Señor Dios nuestro,
que sacaste a tu pueblo de la tierra de Egipto con mano poderosa
y te has hecho un nombre, como hoy se ve, hemos pecado, hemos
sido malos, Oh Señor, conforme a todos tus actos de justicia,
apártese ahora tu ira y tu furor de tu ciudad, Jerusalén, tu santo
monte. Porque a causa de nuestros pecados
y de las iniquidades de nuestros padres, Jerusalén y tu pueblo
son el oprobio de todos los que nos rodean. Y ahora, Dios nuestro,
escucha la oración de tu siervo y sus súplicas, y haz resplandecer
tu rostro sobre tu santuario desolado, por amor de ti mismo,
Señor. Inclina tu oído, Dios mío, y
escucha. Abre tus ojos y mira nuestras
desolaciones y la ciudad sobre la cual se invoca tu nombre.
Pues no es por nuestros propios méritos que presentamos nuestras
súplicas delante de ti, sino por tu gran compasión. ¡Oh Señor,
escucha! ¡Señor, perdona! ¡Señor, atiende
y actúa! ¡No tardes por amor de Ti mismo,
Dios mío! Porque Tu nombre se invoca sobre
Tu ciudad y sobre Tu pueblo. Aún estaba yo hablando, orando
y confesando mi pecado y el pecado de mi pueblo Israel, y presentando
mi súplica delante del Señor mi Dios, por el santo monte de
mi Dios. Todavía estaba yo hablando en
oración, cuando Gabriel, el hombre a quien había visto en la visión
al principio, se me acercó, estando yo muy cansado, como a la hora
de la ofrenda de la tarde. Me instruyó y me dijo, Daniel,
he salido ahora para darte sabiduría y entendimiento. Al principio
de tus súplicas se dio la orden y he venido para explicártela,
porque eres muy estimado. Pon atención a la orden y entiende
la visión. Setenta semanas han sido decretadas
sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad para poner fin a la transgresión,
para terminar con el pecado, para espiar la iniquidad, para
traer justicia eterna, para sellar la visión y la profecía, y para
ungir el lugar santísimo. Has de saber y entender que desde
la salida de la orden para restaurar y reconstruir a Jerusalén hasta
el Mesías Príncipe, habrá siete semanas y sesenta y dos semanas. Volverá a ser edificada, con
plaza y foso, pero en tiempos de angustia. Después de las sesenta
y dos semanas el Mesías será muerto y no tendrá nada. El pueblo
del príncipe que ha de venir destruirá la ciudad y el santuario. Su fin vendrá con inundación.
Aún hasta el fin habrá guerras. Las desolaciones están determinadas. Y él hará un pacto firme con
muchos por una semana. Pero a la mitad de la semana
pondrá fin al sacrificio y a la ofrenda de cereal. Sobre el ala
de abominación esplendirá el desolador hasta que una destrucción
completa, la que está decretada, sea derramada sobre el desolador. Capítulo diez. En el tercer año
de Ciro, rey de Persia, un mensaje fue revelado a Daniel, a quien
llamaban Beltsasar. El mensaje era verdadero y acerca
de un gran conflicto. Él comprendió el mensaje y tuvo
entendimiento de la visión. En aquellos días, yo, Daniel,
había estado en duelo durante tres semanas completas. No comí
manjar delicado, ni entró en mi boca carne ni vino, ni usé
un cuento alguno hasta que se cumplieron las tres semanas.
Y el día veinticuatro del primer mes, estando yo junto a la orilla
del gran río, es decir, el Tigris, alcé los ojos y miré, y había
un hombre vestido de lino cuya cintura estaba ceñida con un
cinturón de oro puro de ufaz. Su cuerpo era como de verilo,
su rostro tenía la apariencia de un relámpago, sus ojos eran
como antorchas de fuego, sus brazos y pies como el brillo
del bronce bruñido y el sonido de sus palabras como el estruendo
de una multitud. Y sólo yo, Daniel, vi la visión.
Los hombres que estaban conmigo no vieron la visión, pero un
gran terror cayó sobre ellos y huyeron a esconderse. Me quedé
solo viendo esta gran visión. No me quedaron fuerzas y mi rostro
se mudó, desfigurándose sin retener yo fuerza alguna. Pero oí el
sonido de sus palabras, y al oír el sonido de sus palabras
caí en un sueño profundo sobre mi rostro, con mi rostro en tierra. Entonces una mano me tocó y me
hizo temblar sobre mis rodillas y sobre las palmas de mis manos.
Daniel, hombre muy estimado, entiende las palabras que te
voy a decir y ponte en pie porque ahora he sido enviado a ti, me
dijo. Cuando él me dijo estas palabras
me puse en pie temblando. Entonces me dijo, no temas, Daniel,
porque desde el primer día en que te propusiste en tu corazón
entender y humillarte delante de tu Dios, fueron oídas tus
palabras, y a causa de tus palabras he venido. Pero el príncipe del
reino de Persia se me opuso por veintiún días, pero Miguel, uno
de los primeros príncipes, vino en mi ayuda, ya que yo había
sido dejado allí con los reyes de Persia. y he venido para darte
a conocer lo que sucederá a tu pueblo al final de los días,
porque la visión es para días aún lejanos. Cuando habló conmigo
estas palabras volví mi rostro a tierra y enmudecí, y uno semejante
a un hombre tocó mis labios. Entonces abrí mi boca y hablé,
y dije al que estaba delante de mí, Señor mío, a causa de
la visión me he invadido la angustia y me he quedado sin fuerzas.
¿Cómo podrá, pues, este siervo de mi Señor hablar con uno como
mi Señor? Porque a mí en este momento no
me queda fuerza alguna, ni tampoco me queda aliento. Entonces el
que tenía semejanza de hombre me tocó otra vez y me fortaleció
y me dijo, no temas hombre muy estimado, la paz sea contigo,
sé fuerte y aliéntate. Cuando habló conmigo recobré
las fuerzas y dije, hable mi señor porque me has fortalecido. Entonces él dijo, ¿sabes por
qué he venido a ti? Ahora vuelvo para luchar contra
el príncipe de Persia y cuando yo termine, el príncipe de Grecia
vendrá. Sin embargo, te declararé lo
que está inscrito en el Libro de la Verdad, pero no hay nadie
que se mantenga firme a mi lado contra estas fuerzas sino Miguel,
el príncipe de ustedes. Capítulo 11 Y en el primer año
de Darío el Medo, yo mismo me levanté para serle fortalecedor
y protector. Ahora te declararé la verdad.
Se levantarán tres reyes más en Persia, y un cuarto rey obtendrá
muchas más riquezas que todos ellos. Cuando éste se haya hecho
fuerte con sus riquezas, provocará a todo el imperio contra el reino
de Grecia. Se levantará entonces un rey
poderoso que gobernará con gran autoridad y hará lo que le plazca. Pero cuando se haya levantado,
su reino será fragmentado y repartido hacia los cuatro vientos del
cielo, no a sus descendientes, ni según el poder que ejerció,
pues su reino será arrancado y dado a otros fuera de ellos.
Entonces el Rey del Sur se hará poderoso, y uno de sus príncipes
se hará más poderoso que él y dominará. Su dominio será un gran dominio,
y años después harán alianza, y la hija del Rey del Sur vendrá
al Rey del Norte para hacer el pacto. pero ella no retendrá
su posición de poder, ni él permanecerá con su poder, sino que ella será
entregada junto con los que la trajeron, con el que la engendró
y con el que la sostenía en aquellos tiempos. Pero se levantará un
vástago de sus raíces en su lugar, y vendrá contra el ejército,
y entrará en la fortaleza del Rey del Norte, y luchará con
ellos y prevalecerá. Aún sus dioses, sus imágenes
fundidas y sus vasijas preciosas de plata y de oro, los tomará
y se los llevará a Egipto, y por algunos años él se mantendrá
lejos del Rey del Norte. Y éste entrará en el reino del
Rey del Sur, y luego se volverá a su tierra. Pero sus hijos se
movilizarán y reunirán una multitud de grandes ejércitos, y uno de
ellos seguirá avanzando e inundará y pasará adelante para hacer
guerra de nuevo hasta la misma fortaleza. El Rey del Sur se
enfurecerá y saldrá y peleará contra el Rey del Norte, y éste
levantará una gran multitud, pero esa multitud será entregada
en manos de Aquel. Cuando se haya llevado la multitud,
su corazón se enaltecerá y hará caer a muchos millares, pero
no prevalecerá. El Rey del Norte volverá a levantar
una multitud mayor que la primera, y después de algunos años avanzará
con un gran ejército y con mucho equipo. En aquellos tiempos,
muchos se levantarán contra el Rey del Sur. Los violentos de
tu pueblo también se levantarán para cumplir la visión, pero
caerán. Vendrá el Rey del Norte, levantará
un terraplén y tomará una ciudad bien fortificada. Y las fuerzas
del Sur no podrán mantenerse, ni aún sus tropas más selectas,
porque no habrá fuerzas para resistir. pero el que viene contra
él hará lo que quiera y nadie podrá resistirlo, y permanecerá
por algún tiempo en la tierra hermosa llevando la destrucción
en su mano. y afirmará su rostro para venir
con el poder de todo su reino, trayendo consigo oferta de paz,
lo cual llevará a cabo. También le dará una hija de las
mujeres para destruirlo, pero ella no le respaldará ni se pondrá
a su lado. Entonces volverá su rostro hacia
las costas y tomará muchas de ellas, pero un príncipe pondrá
fin a su afrenta. Además, hará recaer sobre él
su afrenta. Después volverá su rostro hacia
las fortalezas de su tierra, pero tropezará y caerá, y no
se le hallará más. y se levantará en su lugar otro
que enviará un opresor a través de la joya de su reino. Pero
a los pocos días será destruido, aunque no en ira ni en batalla.
En su lugar se levantará un hombre despreciable a quien no se le
han otorgado los honores de la realeza. Vendrá cuando haya tranquilidad
y se apoderará del reino con intrigas. Las fuerzas abrumadoras
serán barridas ante él y destruidas, así como también el príncipe
del pacto. Y después que se haya hecho alianza
con él, actuará con engaño, y subirá y ganará poder con poca gente. En su tiempo de tranquilidad
entrará en los lugares más ricos de la provincia y logrará lo
que nunca lograron sus padres, ni los padres de sus padres.
Repartirá entre ellos despojos, botín y riquezas, y contra las
fortalezas planeará sus intrigas, pero sólo por un tiempo. Va a
usar su fuerza y su corazón contra el Rey del Sur con un gran ejército.
Y el Rey del Sur movilizará para la guerra un ejército muy grande
y muy poderoso, pero no podrá resistir, porque planearán intrigas
contra él. Y los que comen de sus manjares
lo destruirán. Su ejército será barrido y muchos
caerán muertos. En cuanto a los dos reyes, en
sus corazones tramarán el mal, y en la misma mesa se hablarán
mentiras, pero esto no tendrá éxito, porque el fin aún ha de
venir en el tiempo señalado. Entonces volverá a su tierra
con grandes riquezas, pero pondrá su corazón contra el pacto santo. Actuará contra éste y volverá
a su tierra. En el tiempo señalado volverá
y entrará en el sur, pero esta última vez no resultará como
la primera, porque vendrán contra él naves de quitín y se desanimará. Volverá y se enfurecerá contra
el pacto santo y actuará contra él. Volverá, pues, y favorecerá
a los que abandonen el pacto santo. Y de su parte se levantarán
tropas, profanarán el santuario, fortaleza, pondrán fin al sacrificio
perpetuo y establecerán la abominación de la desolación. Con halagos
corromperá a los que obra inecuamente hacia el pacto, pero el pueblo
que conoce a su Dios se mostrará fuerte y actuará. Los entendidos
entre el pueblo instruirán a muchos, sin embargo, durante muchos días
caerán a espada y a fuego, en cautiverio y despojo. Cuando
caigan, recibirán poca ayuda, y muchos se unirán a ellos hipócritamente. También algunos de los entendidos
caerán a fin de ser refinados, purificados y emblanquecidos
hasta el tiempo del fin, porque aún está por venir el tiempo
señalado. El Rey hará que lo que le plazca
se enaltecerá y se engrandecerá sobre todo Dios, y contra el
Dios de los dioses dirá cosas horrendas. Él prosperará hasta
que se haya acabado la indignación, porque lo que está decretado
se cumplirá. No le importarán los dioses de
sus padres ni el favorito de las mujeres, tampoco le importará
ningún otro Dios, porque Él se ensalzará sobre todos ellos.
Su lugar honrará al dios de las fortalezas, un dios a quien sus
padres no conocieron. Lo honrará con oro y plata, piedras
preciosas y cosas de gran valor. Actuará contra la más fuerte
de las fortalezas con la ayuda de un dios extranjero. A los
que lo reconozcan, colmará de honores, los hará gobernar sobre
muchos y repartirá la tierra por un precio. y al tiempo del
fin el rey del sur se enfrentará con él y el rey del norte lo
atacará con carros, jinetes y con numerosas naves. Entrará en sus
tierras, las invadirá y pasará. También entrará a la tierra hermosa.
Muchos países caerán. Todos éstos serán librados de
su mano. Edom, Moab y lo más selecto de
los amonitas. y extenderá su mano contra otros
países, y la tierra de Egipto no escapará. Se apoderará de
los tesoros ocultos de oro y plata y de todas las cosas preciosas
de Egipto. Libios y Etíopes seguirán sus
pasos, pero rumores del Oriente y del Sur lo turbarán, y saldrá
con gran furor para destruir y aniquilar a muchos. Y plantará
las tiendas de su pabellón entre los mares y el monte glorioso
y santo. pero llegará a su fin y no habrá
quien lo ayude. Capítulo 12 En aquel tiempo se
levantará Miguel, el gran príncipe que vela sobre los hijos de tu
pueblo. Será un tiempo de angustia cual nunca hubo desde que existen
las naciones hasta entonces. Y en ese tiempo tu pueblo será
librado, todos los que se encuentren inscritos en el libro. Y muchos
de los que duermen en el polvo de la tierra despertarán, unos
para la vida eterna y otros para la ignonimia, para el desprecio
eterno. Los entendidos brillarán como
el resplandor del firmamento y los que guiaron a muchos a
la justicia como a las estrellas por toda la eternidad. Pero tú,
Daniel, guarda en secreto estas palabras y sella el libro hasta
el tiempo del fin. Muchos correrán de aquí para
allá y el conocimiento aumentará. Entonces yo, Daniel, miré y vi
que otros dos estaban de pie, uno a este lado del río y el
otro al otro lado del río. Y uno de ellos dijo al hombre
vestido de lino que estaba sobre las aguas del río, ¿para cuándo
será el fin de estas maravillas? Y oí al hombre vestido de lino
que estaba sobre las aguas del río, levantando su mano derecha
y su mano izquierda al cielo, juró por aquel que vive para
siempre, que será por tres años y medio. Y cuando se termine
la destrucción del poder del pueblo santo, se cumplirán todas
estas cosas. Yo oí, pero no pude entender. Entonces dije, Señor mío, ¿cuál
será el resultado de estas cosas? Y él respondió, Anda Daniel,
porque estas palabras están cerradas y selladas hasta el tiempo del
fin. Muchos serán purificados, emblanquecidos
y refinados. Los impíos procederán impiamente
y ninguno de los impíos comprenderá, pero los entendidos comprenderán. Y desde el tiempo en que el sacrificio
perpetuo sea quitado y puesta a la abominación de la desolación,
habrá mil doscientos noventa días. Bienaventurado el que espere
y llegue a mil trescientos treinta y cinco días, pero tú sigue hasta
el fin, descansarás y te levantarás para recibir tu heredad, el fin
de los días. Esta ha sido la lectura del día
de hoy, mis hermanos, Libro del Profeta Daniel, sus capítulos
7 al 12. Esta sección es totalmente profética
y si a usted le interesa conocer más al respecto de estas profecías,
me gustaría que usted me escriba, que usted me llame y que usted
me externe su inquietud de conocer más acerca de estas profecías.
Es todo por el momento, que Dios se les guarde, Dios se les bendiga
y nos veremos mañana si Dios quiere.
230-(Daniel 7-12): tiempo de lectura, meditación y oración
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| Sermon ID | 817221915397887 |
| Duration | 34:41 |
| Date | |
| Category | Devotional |
| Bible Text | Daniel 7 |
| Language | Spanish |
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