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Muy buenos días hermanos y amigos,
que Dios nos bendiga en este hermoso día, hoy día domingo,
día del Señor, donde nosotros nos acercamos como iglesia a
adorar y bendecir el nombre del Señor. Pero qué bueno que podemos
tener también este tiempo para tener nuestra lectura diaria
de las Sagradas Escrituras, porque una cosa no quita la otra. Es
necesario también alimentarnos diario de la Palabra del Señor,
y es necesario también congregarnos, reunirnos en Su nombre, como
Él lo ha ordenado en Su Palabra. En esta mañana nos corresponde
leer el libro de Levítico, Es el tercer libro de nuestras Biblias,
parte del Pentateuco. Específicamente sus capítulos
13, 14 y 15. Así que yo le invito por
favor a que me acompañe en la lectura de esta mañana. nos dice así la palabra del Señor. El Señor les dijo a Moisés y
a Aarón, cuando alguien tenga en la piel de su cuerpo hinchazón
o erupción o mancha blanca lustrosa y se convierta en infección de
lepra en la piel de su cuerpo será traído al sacerdote Aarón
o a uno de sus hijos los sacerdotes. El sacerdote mirará la infección
en la piel del cuerpo, y si el pelo en la infección se ha vuelto
blanco, y la infección parece más profunda que la piel de su
cuerpo, es una infección de lepra. Cuando el sacerdote lo haya examinado,
lo declarará inmundo. Pero si la mancha lustrosa es
blanca en la piel de su cuerpo y no parece ser más profunda
que la piel, y el pelo en ella no se ha vuelto blanco, entonces
el sacerdote aislará por siete días al que tiene la infección. Al séptimo día el sacerdote lo
examinará y si en su parecer la infección no ha cambiado y
si la infección no se ha extendido en la piel entonces el sacerdote
lo aislará por otros siete días. El sacerdote lo examinará de
nuevo al séptimo día y si la infección ha oscurecido y la
infección no se ha extendido en la piel entonces el sacerdote
lo declarará limpio. es sólo una postilla. La persona
lavará sus vestidos y quedará limpio. o limpia. Pero si la postilla se extiende
en la piel después que él se haya mostrado al sacerdote para
su purificación, volverá a presentarse al sacerdote. Y el sacerdote
lo examinará, y si la postilla se ha extendido en la piel, entonces
el sacerdote lo declarará inmundo, es lepra. Cuando haya infección
de lepra en un hombre, será traído al sacerdote. Entonces el sacerdote
lo examinará, y si hay hinchazón blanco en la piel y el pelo se
ha vuelto blanco, y hay carne viva en la hinchazón, es lepra
crónica en la piel de su cuerpo, y el sacerdote lo declarará inmundo. No lo aislará porque es inmundo. Y si la lepra brota y se extiende
en la piel, y la lepra cubre toda la piel del que tenía la
infección, desde su cabeza hasta sus pies, hasta donde pueda ver
el sacerdote, entonces el sacerdote mirará, y si ve que la lepra
ha cubierto todo su cuerpo, declarará limpio al que tenía la infección. Se ha vuelto toda blanca y él
es limpio. pero cuando aparezca en el carne
viva quedará inmundo. El sacerdote mirará la carne
viva y lo declarará inmundo. La carne viva es inmunda, es
lepra, pero si la carne viva cuando cambia o si la carne viva
cambia nuevamente y se vuelve blanca, entonces vendrá el sacerdote
y el sacerdote lo mirará y si ve que la infección se ha vuelto
blanca, el sacerdote declarará limpio al que tenía la infección.
Limpio es. cuando el cuerpo tenga una úlcera
en su piel y se sane y en el lugar de la úlcera haya hinchazón
blanca o una mancha lustrosa blanca rojiza será mostrada al
sacerdote y el sacerdote la examinará y si parece que está a un nivel
más bajo que la piel y su pelo se ha vuelto blanco el sacerdote
lo declarará inmundo es infección de lepra ha brotado en la úlcera. Pero si el sacerdote lo examina
y ve que no hay pelos blancos en ella y no está a nivel más
bajo que la piel y se ha oscurecido, el sacerdote lo aislará por siete
días. Y si se extiende en la piel,
el sacerdote lo declarará inmundo, es infección. Pero si la mancha
lustrosa permanece en su lugar y no se extiende, Es sólo la
cicatriz de la úlcera. El sacerdote lo declarará limpio. Asimismo, si el cuerpo sufre
en su piel una quemadura de fuego y la carne viva de la quemadura
se vuelve una mancha lustrosa, blanca, rojiza o solo blanca,
entonces el sacerdote la examinará. Y si el pelo en la mancha lustrosa
se ha vuelto blanco y la mancha parece estar más profunda que
la piel, es lepra, ha brotado en la quemadura. Por tanto, el
sacerdote lo declarará inmundo, es infección de lepra. Pero si
el sacerdote lo examina y ve que no hay pelo blanco en la
mancha lustrosa y no está más profunda que la piel, pero está
oscura, entonces el sacerdote lo aislará por siete días. Al
séptimo día el sacerdote lo examinará. Si se ha extendido en la piel,
el sacerdote lo declarará inmundo. Es infección de lepra. Pero si
la mancha lustrosa permanece en su lugar y no se ha extendido
en la piel, sino que está oscura, es la hinchazón de la quemadura,
y el sacerdote lo declarará limpio, pues es sólo la cicatriz de la
quemadura. Si un hombre o una mujer tiene
una infección en la cabeza o en la barba, el sacerdote le examinará
la infección, y si parece estar más profunda que la piel y hay
en ello pelo fino amarillento, entonces el sacerdote lo declarará
inmundo. Es tiña, es lepra de la cabeza
o de la barba. Pero si el sacerdote examina
la infección de la tiña, y no parece ser más profunda que la
piel, y no hay en ella pelo negro, el sacerdote aislará por siete
días a la persona con la infección de la tiña. Al séptimo día el
sacerdote examinará la infección, y si la tiña no se ha extendido
ni ha crecido en ella pelo amarillento, ni la tiña parece ser más profunda
que la piel, Entonces se rasurará, pero no rasurará la parte con
tiña, y el sacerdote aislará el que tiene la tiña por otros
siete días. Al séptimo día el sacerdote examinará
la tiña, y si ésta no se ha extendido en la piel y no parece estar
más profunda que la piel, el sacerdote lo declarará limpio. Entonces el enfermo lavará sus
vestidos y quedará limpio. Pero si la tiña se extiende en
la piel después de su purificación, el sacerdote lo examinará, y
si la tiña se ha extendido en la piel, el sacerdote no tiene
que buscar pelo amarillento, es inmundo. Si en su parecer
la tiña ha permanecido igual y ha crecido pelo negro en ella,
la tiña ha sanado, es limpio, y el sacerdote lo declarará limpio. Cuando un hombre o una mujer
tenga manchas lustrosas en la piel de su cuerpo, manchas blancas
lustrosas, el sacerdote las examinará, y si las manchas lustrosas en
la piel de su cuerpo son de color blanquecino, es eczema que ha
brotado en la piel. La persona es limpia. Si un hombre
pierde el pelo de la cabeza, es calvo, pero limpio. Y si su
cabeza pierde el pelo por delante y por los lados, es calvo en
la frente, es limpio. Pero si en la calva de la cabeza
o de la frente aparece una infección blanca rojiza, es lepra que brota
en la calva de su cabeza o en la calva de su frente. Entonces
el sacerdote lo examinará, y si la hinchazón de la infección
es blanca, rojiza en la calva de la cabeza o en la calva de
la frente, como la apariencia de la lepra en la piel del cuerpo,
es un leproso, es inmundo. El sacerdote ciertamente lo declarará
inmundo, su infección está en su cabeza. En cuanto al leproso
que tenga la infección, sus vestidos estarán rasgados, el cabello
de su cabeza estará descubierto, se cubrirá el bozo y gritará,
inmundo, inmundo. Permanecerá inmundo todos los
días que tenga la infección. Es inmundo. Vivirá solo. Su morada estará fuera del campamento. Cuando un vestido tenga una marca
de lepra será un vestido de lana, sea un vestido de lana o de lino,
sea en la hurdidumbre o en la trama, de lino o de lana, en
cuero o en cualquier artículo hecho de cuero, si la marca en
el vestido o en el cuero, en la hurdidumbre en la urdimbre
o en la trama o en cualquier artículo de cuero es verdosa
o rojiza es marca de lepra y le será mostrada al sacerdote entonces
el sacerdote examinará la marca y ahí se le hará el artículo
con marca por siete días Al séptimo día examinará la marca. Si la
marca se ha extendido en el vestido, sea en la urdimbre o en la trama
o en el cuero, cualquiera que sea el uso que se le dé al cuero,
la marca es una lepra maligna, es inmunda. Quemará, pues, el
vestido, ya sea la urdimbre o la trama, en lano o en lino, o cualquier
artículo de cuero en el cual aparezca la marca, porque es
una lepra maligna, será quemado en el fuego. Pero si el sacerdote
la examina y la marca no se ha extendido en el vestido, es en
la urdimbre o en la trama, en la urdimbre o en la trama o en
cualquier artículo de cuero, entonces el sacerdote les ordenará
lavar aquello donde aparezca la marca y lo aislará por otros
siete días. Después que el artículo con la
marca haya sido lavado, el sacerdote lo examinará otra vez. Y si la
marca no ha cambiado de aspecto, aun cuando la marca no se haya
extendido, es inmundo. En el fuego lo quemarás, ya sea
que la corrosión lo haya raído por el derecho o el revés. Entonces
el sacerdote lo examinará, y si la marca se ha oscurecido después
de haber sido lavada, la arrancará del vestido o del cuero, sea
de la urdimbre o de la trama. Y si aparece otra vez en el vestido,
sea en la urdimbre o en la trama, o en cualquier artículo de cuero,
es una erupción. El artículo con la marca será
quemado en el fuego. El vestido, sea en la urdimbre
o en la trama o cualquier artículo de cuero del cual se haya quitado
la marca después de haber lavado, será lavado por segunda vez y
quedará limpio. Esta es la ley para la marca
del lepra en un vestido de lana o de lino, sea en la urdimbre
o en la trama o en cualquier artículo de cuero, para declararlo
limpio o inmundo. Capítulo catorce. Entonces el
Señor le dijo a Moisés, esta será la ley del leproso en los
días de su purificación. Será llevado al sacerdote, y
el sacerdote saldrá fuera del campamento. El sacerdote lo examinará,
y si la infección ha sido sanada en el leproso, entonces el sacerdote
mandará tomar dos abecillas vivas y limpias, madera de cedro, un
cordón escarlata y sopo para el que ha de ser purificado.
Después el sacerdote mandará degollar una de las abecillas
en una vasija de barro sobre agua corriente. En cuanto a la
abecilla viva, la tomará junto con la madera de cedro, el cordón
escarlata y el hisopo, y los mojará junto con la abecilla
viva en la sangre del ave muerta sobre el agua corriente. Después
rociará siete veces al que ha de ser purificado de la lepra,
lo declarará limpio y soltará al ave viva en campo abierto. El que ha de ser purificado lavará
su ropa, se rasurará todo el cuerpo, se bañará en agua y quedará
limpio. Después podrá entrar al campamento,
pero por siete días permanecerá fuera de su tienda. Al séptimo
día se rasurará todo el cabello, se rasurará la cabeza, la barba
y las cejas, todo su cabello. Entonces lavará su ropa y se
lavará el cuerpo en agua y quedará limpio. En el octavo día tomará
dos corderos sin defecto, una cordera de un año sin defecto,
tres décimas de un hefa de flor de harina mezclada con aceite
como ofrenda de cereal y un tercio de litro de aceite. Y el sacerdote
que lo declare limpio, presentará delante del Señor al hombre que
ha de ser purificado, con las ofrendas, a la entrada de la
tienda de reunión. Entonces el sacerdote tomará
uno de los corderos y lo traerá como ofrenda por la culpa, con
el tercio de litro de aceite, y los presentará como ofrenda
mecida delante del Señor. enseguida degüellará el cordero
en el lugar donde degüellan la ofrenda por el pecado y el holocausto,
en el lugar del santuario, porque la ofrenda por la culpa, lo mismo
que la ofrenda por el pecado, pertenece al sacerdote, es cosa
santísima. Entonces el sacerdote tomará
de la sangre de la ofrenda por la culpa y la pondrá el sacerdote
sobre el lóbulo de la oreja derecha del que ha de ser purificado,
sobre el pulgar de su mano derecha y sobre el pulgar de su pie derecho. El sacerdote tomará también del
tercio de litro de aceite y lo derramará en la palma de su mano
izquierda. Después el sacerdote mojará el
dedo de su mano derecha en el aceite que está en la palma de
su mano izquierda, y con el dedo rociará del aceite siete veces
delante del Señor. De lo que quede del aceite que
está en su mano, el sacerdote pondrá un poco sobre el lóbulo
de la oreja derecha del que se ha de purificar, sobre el pulgar
de su mano derecha y sobre el pulgar de su pie derecho, encima
de la sangre de la ofrenda por la culpa. y el resto del aceite
que está en la mano del sacerdote lo pondrá sobre la cabeza del
que ha de ser purificado. Así el sacerdote hará expiación
por él delante del Señor. Luego el sacerdote ofrecerá el
sacrificio por el pecado y hará expiación por el que ha de purificar
de su inmundicia. Y después degollará el holocausto. Y el sacerdote ofrecerá sobre
el altar el holocausto y la ofrenda de cereal. Así hará expiación
el sacerdote por él y quedará limpio. Pero si es pobre y no
tiene suficientes recursos, entonces tomará un cordero como ofrenda
por la culpa, como ofrenda mesida, a fin de hacer expiación por
él, y una décima de un hefa de flor de harina mezclada con aceite
para ofrenda de cereal, y un tercio de litro de aceite, y
dos tórtolas o dos pichones, según sus recursos. Uno será
como ofrenda por el pecado, y el otro para holocausto. al octavo
día los llevará el sacerdote para ofrecerlos por su purificación
a la entrada de la tienda de reunión delante del Señor. El sacerdote tomará el cordero
de la ofrenda por la culpa y el tercio del litro de aceite y
los presentará como ofrenda mecida delante del Señor. Luego degollará
el cordero de la ofrenda por la culpa y el sacerdote tomará
de la sangre de la ofrenda por la culpa y la pondrá sobre el
lóbulo de la oreja derecha del que ha de ser purificado, sobre
el pulgar de su mano derecha y sobre el pulgar de su pie derecho. El sacerdote derramará también
del aceite sobre la palma de su mano izquierda, y con el dedo
de su mano derecha el sacerdote rociará un poco del aceite que
está en la palma de su mano izquierda siete veces delante del Señor. Después el sacerdote pondrá del
aceite que está en su mano sobre el lóbulo de la oreja derecha
del que ha de ser purificado, sobre el pulgar de su mano derecha
y sobre el pulgar de su pie derecho, en el lugar de la sangre de la
ofrenda por la culpa. Y el resto del aceite que está
en la mano del sacerdote lo pondrá en la cabeza del que ha de ser
purificado, a fin de hacer expiación por él delante del Señor. Entonces
ofrecerá una de las tórtolas o de los pichones, según sus
recursos. Ofrecerá lo que pueda, uno como
ofrenda por el pecado y el otro como locausto, junto con la ofrenda
de cereal. Así el sacerdote hará expiación
delante del Señor en favor del que ha de ser purificado. Esta
es la ley para el que tenga infección de lepra, cuyos recursos para
su purificación serán limitados. Sean limitados. También el Señor les dijo a Moisés
y a Arón, cuando ustedes entren en la tierra de Canaán, que les
doy en posesión, y yo ponga una marca de lepra sobre una casa
en la tierra de su posesión, el dueño de la casa irá y le
avisará al sacerdote. algo así como la marca de la
lepra ha aparecido en mi casa. El sacerdote entonces ordenará
que desocupen la casa antes de que él entre para examinar la
marca, a fin de que nada se contamine en la casa, y después el sacerdote
entrará y examinará la casa. examinará la marca, y si la marca
sobre las paredes de la casa tiene cavidades verdosas o rojizas
y parece más profunda que la superficie, el sacerdote saldrá
a la puerta de la casa y cerrará la casa por siete días. Al séptimo día el sacerdote regresará
y la inspeccionará. Si la marca se ha extendido en
las paredes de la casa, el sacerdote les ordenará quitar las piedras
que tienen la marca y arrojarlas a un lugar inmundo fuera de la
ciudad. Y hará raspar toda la casa por
dentro y arrojarán fuera de la ciudad a un lugar inmundo el
polvo que raspen. Luego tomarán otras piedras y
reemplazarán aquellas piedras y él tomará otra mezcla y volverá
a recubrir la casa. Sin embargo, si la marca vuelve
a aparecer en la casa después de que le haya quitado las piedras
y raspado la casa, y después de haberla recubierto con mezcla,
el sacerdote entrará y la examinará. Si ve que la marca se ha extendido
en la casa, será una lepra maligna en la casa. Es inmunda. Derribará, pues, la casa, sus
piedras, sus maderas y todo el emplaste de la casa, y los llevará
fuera de la ciudad a un lugar inmundo. Además, cualquiera que
entre a la casa durante el tiempo que él la cerró, quedará inmundo
hasta el atardecer. También el que duerma en la casa
lavará sus ropas, y el que come en la casa lavará sus ropas. Pero si el sacerdote entra y
la examina y la marca, Pero si el sacerdote entra y la examina
y la marca no se ha extendido en la casa después de que la
casa fue recubierta, el sacerdote declarará la casa limpia porque
la marca no ha vuelto a aparecer. Entonces, para purificar la casa,
tomará dos abecillas, madera de cedro, un cordón escarlata
e hisopo y degollará una de las abecillas en una vasija de barro
sobre agua corriente. Después tomará la madera de cedro,
el hisopo y el cordón escarlata, junto con la abecilla viva, y
los mojará en la sangre de la abecilla muerta y en el agua
corriente, y rociará la casa siete veces. Así purificará la
casa con la sangre de la abecilla y con el agua corriente, junto
con la abecilla viva, con la madera de cedro, con el hisopo
y con el cordón escarlata. Sin embargo, a la vecilla viva
la dejará ir en libertad, fuera de la ciudad, hacia el campo
abierto. Así es, hará expiación por la
casa y quedará purificada. Esta es la ley acerca de toda
infección de lepra o de tiña, y para la ropa o la casa con
lepra, para una hinchazón, una erupción o una mancha blanca
lustrosa, para enseñar cuándo son inmundas y cuándo son limpias. Esta es la ley sobre la lepra. Capítulo 15 El Señor continuó hablando a
Moisés y a Arón. Díganles a los israelitas, cuando
algún hombre tenga flujo de su cuerpo, su flujo será inmundo. Ésta será, por tanto, su inmundicia
en su flujo. Será su inmundicia, ya sea que
su cuerpo permita su flujo o que su cuerpo obstruya su flujo. Toda cama sobre la cual se acueste
la persona con flujo será inmunda, y todo sobre lo que se siente
será inmundo. Además, cualquiera que toque
su cama lavará su ropa, se bañará en agua y quedará inmundo hasta
el atardecer. Y cualquiera que se siente en
aquello sobre lo cual el que tiene el flujo ha estado sentado,
lavará su ropa, se bañará en agua y quedará inmundo hasta
el atardecer. También cualquiera que toque
a la persona con el flujo lavará su ropa, se bañará en agua y
quedará inmundo hasta el atardecer. O si la persona con el flujo
escupe sobre uno que es limpio, éste también lavará su ropa,
se bañará en agua y quedará inmundo hasta el atardecer. Y toda montura
sobre la cual cabalgue la persona con el flujo será inmunda. Todo
el que toque cualquiera de las cosas que han estado debajo de
él quedará inmundo hasta el atardecer, y el que las lleve lavará su
ropa, se bañará en agua y quedará inmundo hasta el atardecer. Asimismo,
a quien toque el agua, a quien toque el que tiene el flujo sin
haberse lavado las manos con agua, lavará su ropa, se bañará
en agua y quedará inmundo hasta el atardecer. Sin embargo, una
vacía de barro que toque la persona con el flujo será quebrada y
toda vacía de madera será lavada con agua. Cuando el que tiene
el flujo quede limpio de su flujo, contará para sí siete días para
su purificación. Entonces lavará su ropa, bañará
su cuerpo en agua corriente y quedará limpio. Entonces el octavo día
tomará para sí dos tórtolas o dos pichones y vendrá delante del
Señor a la entrada de la tienda de reunión y los dará al sacerdote. Y el sacerdote los ofrecerá,
uno como ofrenda por el pecado y el otro como holocausto. Así
el sacerdote hará expiación por él delante del Señor a causa
de su flujo. Y si un hombre tiene emisión
de semen, bañará todo su cuerpo en agua y quedará inmundo hasta
el atardecer. En cuanto a cualquier vestidura
o piel sobre la cual haya emisión de semen, será lavada con agua
y quedará inmundo hasta el atardecer. Si un hombre se acuesta con una
mujer y hay emisión de semen, ambos se bañarán en agua y quedarán
inmundos hasta el atardecer. Cuando una mujer tenga flujo,
si el flujo en su cuerpo es sangre, ella permanecerá en su impureza
menstrual por siete días y cualquiera que la toque quedará inmundo
hasta el atardecer. También todo aquello sobre lo
que ella se acueste durante su impureza menstrual quedará inmundo
Y todo aquello sobre lo que ella se siente quedará inmundo. Cualquiera
que toque su cama lavará su ropa, se bañará en agua y quedará inmundo
hasta el atardecer. Y todo el que toque cualquier
cosa sobre la que ella se siente lavará su ropa, se bañará en
agua y quedará inmundo hasta el atardecer. Sea que esté sobre
la cama o sobre aquello en lo cual ella se haya sentado, el
que lo toque quedará inmundo hasta el atardecer. Y si un hombre
se acuesta con ella y su impureza menstrual lo mancha, quedará
inmundo por siete días, y toda cama sobre la que él se acueste
quedará inmunda. Si una mujer tiene un flujo de
sangre por muchos días, no en el periodo de su impureza menstrual,
o si tiene un flujo después de ese periodo, todos los días de
su flujo impuro continuará como en los días de su impureza menstrual. Es inmunda. Toda cama sobre la
cual ella se acueste durante los días de su flujo será para
ella como la cama durante su menstruación, y todo sobre lo
que ella se siente quedará inmundo como la impureza de su impureza
menstrual. Cualquiera que toque esas cosas
quedará inmundo, lavará su ropa, se bañará en agua y quedará inmundo
hasta el atardecer. Cuando ella quede limpia de su
flujo, contará siete días, después quedará limpia. Al octavo día
ella tomará consigo dos tórtolas o dos pichones y los traerá al
sacerdote a la entrada de la tienda de reunión. El sacerdote
ofrecerá uno de ellos como ofrenda por el pecado y el otro como
locausto. Así hará expiación el sacerdote
por ella delante del Señor a causa de su flujo impuro. Así ustedes mantendrán a los
israelitas separados de sus impurezas para que no mueran en sus impurezas
por haber contaminado mi tabernáculo que está entre ellos. esta es
la ley para el que tiene flujo y para el hombre que tiene una
emisión de semen contaminándose por él y para la mujer que está
enferma por causa de su impureza menstrual para el que tenga un
flujo sea hombre o mujer y para el hombre que se acueste con
una mujer inmunda Bien, esta ha sido la lectura del día de
hoy, mis hermanos. Le invito a que consideremos
los pensamientos para el culto personal y familiar porque están
bien interesantes de cómo podemos tener algún principio que aprender
de estas leyes que tuvieron su vigencia hasta la venida muerte
y resurrección de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, que ya
no aplican para nosotros estas leyes ceremoniales en cuanto
a la salud física, pero que sí tiene algo que decirnos de manera
práctica para nosotros hoy en día, aunque no apliquen estas
prácticas, mejor dicho. Así que comenzamos con lo que
es el capítulo 13. Nos dice nos dice así esta sección
de los pensamientos para el culto personal y familiar. Muchos de los detalles en este
capítulo son oscuros y difíciles de entender. Sin embargo, el
mensaje es extraordinariamente sencillo pero serio. Estas condiciones de la lepra
en la piel ilustran el pecado y sus efectos en el hombre como
un todo integral. mostraban vivamente al pecado
como feo, contaminante, deformante y repugnante. Además, la llaga
en la piel enseñaba que Dios se preocupaba por la pureza,
ya que Él no puede tener compañerismo con la iniquidad, como nos dice
Habacuc 1.13. Es por eso que la lepra debía
ser tratada a solas, fuera del campamento. Y es que nada arruina
más al compañerismo con Dios que el pecado. Por último, irónica
y bellamente, la lepra también apunta al Señor Jesucristo, quien
fue el único que pudo tocarla sin contaminarse y proveer sanidad
por su sola gracia. ¿Qué podemos hacer para evitar
el pecado? Cuando nos contaminamos, ¿qué
debemos hacer inmediatamente para recibir la limpieza que
es provista para nosotros en Cristo? Los sacerdotes tenían la responsabilidad
de discernir el estado de la lepra potencial, tomando el tiempo
y las precauciones necesarias para hacer sus juicios. tenían
que examinar pacientemente y llegar a conclusiones basadas en la
evidencia. Esto es una buena regla para
nosotros al ver las faltas de otros. La Escritura dice que
el amor no piensa el mal, ahí en 1 Corintios 13 y Zacarías
7. Estamos obligados a pensar lo
mejor de otra persona hasta que las evidencias demuestren lo
contrario. ¿Por qué es tan importante para
la iglesia, especialmente para sus ancianos, discernir el mal
y excluir a pecadores impenitentes de la congregación? Porque el
pecado es como la lepra, mis hermanos. Esta es la respuesta
que yo daría brevemente. El pecado es como la lepra y
si no se trabaja rápidamente, si no somos personas que tengamos
ese don de discernimiento rápidamente puede contaminar a todo un grupo
de creyentes, a toda una congregación. Por eso hay que ser sabios para
discernir cuando el pecado está aflorando en la vida de alguien
o cuando no lo es. Capítulo 14. Pensamientos para
el culto personal y familiar. Nos dice así. La desolación del
capítulo 13 da lugar a la esperanza y el gozo del capítulo 14. El
que había sido sanado podía regresar al campamento, es decir, la lepra
podía ser sanada. Esto nos muestra que a pesar
de lo terrible que es el pecado y sus consecuencias, hay un sacrificio
eficaz que provee su cura. Estas verdades apuntan maravillosamente
al Señor Jesús en su disposición y capacidad para sanar a los
leprosos que vinieron en su tiempo, como también en su provisión,
como único sacrificio suficiente para tratar con la raíz del problema
el pecado. Pasa tiempo adorándolo, es la
invitación. Todos los sacrificios ilustran
algún aspecto de la obra expiatoria de Cristo, pero los dos pájaros
juntos ilustran los dos componentes esenciales del mensaje del Evangelio. El pájaro muerto, junto con su
sangre, tipifica la muerte expiatoria de Jesús. El vivo que es puesto
en libertad apunta a su resurrección. Además, esta pareja ilustra algo
de la naturaleza de la expiación misma, que comprende tanto propiciación,
la satisfacción de la ira de Dios, como la expiación, la remoción
del pecado y su culpa. Bendito sea el nombre del Señor
que nos ha dado esto, esta gracia para contemplar en estos dos
pajaritos lo que es la vida perfecta de Cristo y su muerte en nuestro
lugar. Pensamientos para el culto personal
correspondiente al capítulo 15 Las emisiones corporales de las
que se habla forman parte de la vida cotidiana, y no son afirmaciones
acerca de la relación o estado personal del individuo para con
Dios. Interiormente, uno podía ser declarado justo delante de
Dios, sin embargo, podía ser ceremonialmente impuro, por tanto,
excluido de los rituales públicos del culto. Estas eran lecciones
gráficas acerca de verdades espirituales. La emisión de los órganos de
procreación nos recuerda la caída de nuestros primeros padres,
y además que la transmisión del pecado fue para todos nosotros
y para nuestros descendientes, de manera que el pecado es interno
y supura al interior de nuestra naturaleza. es decir, normalmente
secreto. Este capítulo provee una importante
lección acerca del poder de la impureza para contaminar. Todas
las cosas y personas que tenían contacto con lo impuro se volvían
personas, se volvían impuras. Dicho de otro modo, el pecado
es una impureza que no sólo nos contamina a nosotros, sino también
a los demás. De manera que esta es una advertencia
para que como creyentes andemos en este mundo con prudencia,
con el fin de evitar todo aquello que nos podría quitar el compañerismo
con Dios. ¿Qué cosas hay alrededor de ti
que te podrían contaminar? ¿Cómo podrías evitar esa contaminación? ¿Qué cosas hay alrededor de ti
que te podrían contaminar? ¿Cómo podrías evitar esa contaminación? Voy a orar. Voy a orar para que
el Señor también le pueda guiar a usted y asumir como un reto
para su vida estas lecturas que hemos leído, cómo hacen referencia
al poder del pecado, cómo hace referencia al hecho de que podemos
ser purificados de él por la vida, obra, muerte y resurrección
de nuestro Señor y Salvador Jesucristo y que también le guíe, nos guíe
a todos siempre rápidamente cuando hay alguna marca, así como veíamos
ahí acerca de la lepra, alguna marca de pecado en nosotros,
acudamos rápidamente al Señor. No permitamos que eso siga expandiendo
en nuestro ser y nos robe la bendición de poder tener esa
comunión íntima con el Señor. Oremos. Gracias te damos Señor
en esta mañana por esta lectura de estos tres capítulos del Libro
de Levítico. Gracias Padre por estas leyes,
ordenanzas que tú les diste al pueblo de Israel de cómo mantenerse
puro, cómo mantenerse limpio de toda mancha. Aquí lo vemos para esta nación
que tenían que ver con el aspecto medicinal para su salud física
en medio de tiempos donde los avances médicos eran tan limitados
estas enseñanzas, estos mandatos tenían una gran aplicación en medio de estos pueblos atrasados,
señor tenían grandes reglas de cuidado físico, de higiene física
para así poder mantenerse limpio en medio de estos, de este campamento
y luego cuando ya estuvieran, cuando ya estuvieran tomando
posesión de la tierra prometida. Padre, pero para nosotros, donde
estas leyes no se aplican, tienen principios espirituales
para nuestras vidas. Apuntan, Señor, al hecho de que
Tú nos has llamado a ser personas santas, apartadas, consagradas
para Ti, Señor. Pero reconocemos que en nuestras
vidas ya sea por descuido o por estar en compañía de otras personas
con las cuales no deberíamos estar, Señor, esa mancha del
pecado comienza a florar en nuestros corazones. Y así como veíamos
que el pueblo de Israel debía de presentarse ante el sacerdote,
nosotros como hijos tuyos que somos, y por la mediación de
ese gran sumo sacerdote que es Cristo Jesús, nuestro Señor y
Salvador, debemos de acudir debemos acercarnos a ti padre por los
méritos de cristo por la obra mediadora de cristo jesús y suplicar
nuestra limpieza absoluta de nuestros pecados. Padre, que
nuestros corazones, Señor, estén siempre dispuestos a no tratar
de encubrir nuestros pecados, nuestras maldades, nuestras metidas
de patas, Señor, sino que acudamos a Ti, que emendemos, oh Dios,
que demos los pasos ciertos que Tú mandas en Tu Palabra para
ser librados de la esclavitud del pecado, de la maldad, de
las insidias de Satanás, Señor. Danos esa gracia sobre nuestras
vidas, que al leer esta porción de las Escrituras, asumamos este
reto, este compromiso, Señor, de no permitir jamás que el pecado
gane ventaja sobre nosotros. Al menor activo de contaminación
en nuestro cuerpo, en nuestras almas, Señor, acudamos a ese
sumo sacerdote que es Cristo Jesús. Ábrenos nuestros ojos
espirituales para contemplar las bellezas de estas palabras
que hemos leído y que así nos desafíen a ser mejores cristianos,
mejores creyentes, Señor, en el día a día. En tus manos estamos,
Padre. Yo oro también para que tú bendigas
cualquier vida que todavía no te ha conocido, que está así
contaminado, leproso por el pecado, Señor, sin esperanza de vida,
Padre, que pueda acudir aquel sanador, médico por excelencia,
aquel que ha derramado su sangre por ellos. Confiesa en sus pecados
delante de él, Padre, y reciban completa sanidad de sus cuerpos
espirituales, Señor. En tus manos están, Padre. Glorifícate
de una manera especial en ellos. Esto te lo pedimos, Padre, por
Cristo Jesús, nuestro Señor y Salvador. Amén y Amén. Que Dios se les bendiga, mis
hermanos. Ha sido un placer estar con ustedes en esta hermosa mañana. Nos veremos mañana, si Dios quiere,
en este desafío del año 2022. Leamos la Biblia en 52 semanas.
191-Tiempo de lectura, meditación y oración (Levitico 13 al 15)
Series Leamos la BIBLIA
Acompáñanos en esta fascinante lectura del libro de los libros (La BIBLIA), meditación y oración en 52 semanas; en la versión Nueva Biblia de Las Américas (NBLA).
Comunícate con nosotros a través del número: (809)234-7795 y el correo electrónico: [email protected]
Biblia en línea: https://www.biblegateway.com/passage/?search=Levitico+13-15&version=NBLA&interface=print
Las meditaciones están basadas en la Biblia de Estudio Herencia Reformada: https://herenciareformada.com/
| Sermon ID | 79221331195524 |
| Duration | 42:57 |
| Date | |
| Category | Devotional |
| Bible Text | Leviticus 13 |
| Language | Spanish |
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