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Hebreos capítulo 10, versículo 19. Leo la palabra de nuestro Dios. Entonces, hermanos, puesto que
tenemos confianza para entrar al lugar santísimo por la sangre
de Jesús, por un camino nuevo, y vivo que él inauguró para nosotros
por medio del velo, es decir, su carne. Y puesto que tenemos
un gran sacerdote sobre la casa de Dios, versículo 22, acerquémonos
con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, teniendo nuestro
corazón purificado de mala conciencia, y nuestro cuerpo lavado con agua
pura. Amén. La muerte de Cristo nos
abrió el acceso al lugar santísimo. Todo hijo de Dios que por la
fe en Cristo ha sido salvado posee una entrada directa al
lugar santísimo. Donde mora la Shekinah, o la
gloria de Dios, y no tiene necesidad de que ningún sacerdote humano
interceda por él. Cristo mismo, nuestro sumo sacerdote,
por medio de su cuerpo, el velo de su cuerpo, nos abrió acceso
a nuestro Dios. Y quiero que veamos esto, hermanos,
básicamente en dos puntos. El primer punto es, tenemos acceso
para entrar a la presencia de Dios. En el versículo 19, la
parte A, leo. Entonces, hermanos, puesto que
tenemos confianza para entrar. Queridos hermanos, tenemos confianza. En la Biblia, Reina Valera dice,
libertad. Tenemos libertad. Cada hijo de
Dios tiene libertad. Eso significa libre confianza. Sin miedo. Valiente. Con valiente ánimo podemos entrar. Seguridad. Esa libertad es la
seguridad que tenemos en Cristo. Dios nos ha concedido un camino
tranquilo y libre. para entrar a su presencia. Pues,
antes de Cristo, nadie podía acercarse al lugar santísimo.
Una sola vez al año entraba el sumo sacerdote, no cualquier
sacerdote, el sumo sacerdote. Ese sumo sacerdote representaba
a Cristo. Pero nadie más podía entrar.
Imagínense, aquí en la iglesia, Si el Lugar Santísimo fuera de
este velo, o de esta cortina, para allá, todos nosotros nos
quedaríamos fuera. Porque solamente ese Lugar Santísimo
se puede entrar una vez al año. Mientras tanto, nosotros estaríamos
aquí, separados de la gloria y de la Shekinah de Dios, que
era allá, no aquí. Eso es lo que sucedía con el
pueblo de Dios. Estábamos separados, alejados de esa gloria. Vaya,
por favor, conmigo un momentito a Levítico 16. Levítico 16, versículo
1 y 2. El Señor habló a Moisés después
de la muerte de los hijos de Aarón. cuando se acercaron a
la presencia del Señor y murieron dijo el Señor a Moisés di a tu
hermano Aarón que no en todo tiempo entre en el lugar santo
detrás del velo delante del propiciatorio que está sobre el arca no sea
que muera porque yo apareceré en la nube sobre el propiciatorio
miren esta orden que el Señor le manda a través de Moisés el
lugar donde estaba el arco, el lugar santísimo el lugar donde
estaban los querubines con sus alas que se extendían era allá,
no aquí y se le manda a Aarón que no entre en todo tiempo no
puede entrar porque yo voy a aparecer en mi gloria en aquel lugar para
que no muera versículo treinta y tres de Levítico dieciséis
y hará expiación por el santo santuario hará expiación también
por la tienda de reunión y por el altar hará expiación además
por los sacerdotes y por todo el pueblo de la asamblea tendréis
esto por estatuto perpetuo para hacer expiación por los hijos
de Israel por todos sus pecados una vez cada año tal como el
Señor lo ordenó a Moisés Amados hermanos, no se podía
entrar con la mano vacía. Había que hacer expiación, matar
un cordero, derramar la sangre de ese cordero por la tienda,
por el pueblo, por el mismo que iba a entrar. No era cualquier
cosa lo que estaba sucediendo. Nadie se atrevía a entrar sin
la sangre de un cordero, de un animalito. Y este cordero representaba
a Cristo. El Cristo, el Cordero de Dios,
es el que hace posible que un pecador pueda entrar a la presencia
de Dios. Pero, amados hermanos, eso es
lo que el texto nos dice. Volvamos otra vez a Hebreos,
capítulo 10, versículo 19. Eso es lo que el texto nos dice.
Entonces, hermanos, puesto que tenemos confianza para entrar,
ahora sí hay confianza, hermano. Ahora sí hay tranquilidad, hay
seguridad. No hay muerte del que entre. Podemos entrar sin miedo al lugar
santísimo. ¿Por qué? ¿Por qué podemos entrar
sin miedo si antes no se podía entrar? El pasaje nos habla claramente,
y este es mi segundo punto. El acceso fue abierto por medio
de la sangre de Cristo. Bueno, y es lo que venimos a
recordar en la Santa Cena. Ahora podemos sentar a la presencia
misma de Dios, dice el versículo 19 al final, para entrar al lugar
santísimo por por la sangre de Jesús por un camino nuevo y vivo
que Él inauguró Cristo inauguró un camino nuevo y vivo Cristo
su sangre fue derramada no solamente para salvarte de tus pecados
fue derramada para que tu puedas ir a la presencia misma de Dios
cada vez que tu elevas tus ojos o ciras tus ojos y te inclinas
y dices padre hermano esas palabras tienen peso delante de quien
tu estas nadie podia entrar a ese lugar y tu tienes entrada Nadie
podía entrar si no era por sangre de un cordero, representando
la sangre de Cristo. Y esa sangre se derramó sobre
ti. Ahora tú puedes entrar desde
cualquier lugar. Desde cualquier lugar. Desde
tu casa, tu habitación, desde la iglesia, desde tu trabajo.
Desde cualquier lugar. Tienes un acceso abierto, libre,
por medio de la sangre de Cristo, amados hermanos. Cristo te abrió
esa entrada. Este velo fue roto. Este velo fue rasgado. Para que
usted y yo vayamos a la presencia del Señor. Un camino nuevo hermano. Gloria a Dios. Algo nuevo ha
sido hecho para su pueblo. Algo nuevo ha sido hecho. Nuevo y vivo. Nuevo y vivo. Cristo lo inauguró por medio
de su propio cuerpo, por medio de su propia sangre. Un autor
dice, lo que nos da este franco acceso es que Él ha entrado una
vez por todas como nuestro precursor. Hebreos 6, 20. Como nuestros
somos sacerdotes. Hebreos 10, 21. Haciendo propiciación,
es decir, quitando de en medio el pecado por nosotros con su
sangre. la cual está continuamente allí
Hebreos 12 24 delante de Dios toda persona que ha confesado
su pecado y querido Jesucristo ha recibido perdón de pecados
su sangre le ha abierto una entrada libre a la presencia del santo Y eso es muy importante, cuando
Moisés estuvo en la presencia del santo. Quítate las sandalias,
Moisés. Estás en tierra santa. La gloria
de Dios estaba allí, manifestada sobre una zarza. Y Moisés no
solamente se quitó las sandalias, se cubrió el rostro, como debió
haber hecho siempre. y es la reverencia a la gloria
y la majestad de Dios es la reverencia a Dios amados hermanos cada cristiano
puede ir directamente a Dios no necesita otro hombre Al recibir
el perdón de sus pecados por medio de la fe en Jesucristo,
ya perteneces al pueblo del pacto. Todos somos iguales delante del
Señor. No necesitamos la sangre ni el
sacrificio de otros hombres. Todos los que se hacen llamar
sacerdotes hacen un trabajo en vano porque ya Cristo derramó
su sangre. Y el velo, la puerta está abierta.
Vengan a Dante para que Dante les dé unción. Dante, ¿y quién
es Dante? No es nadie. La unción viene
del santo por medio de su hijo. Nadie me necesita a mí. Nadie lo necesita a usted. Necesitamos
a Jesucristo. Cristo fue quien nos abrió el
velo, el camino nuevo. que Cristo abrió lo inició por
medio de un nuevo pacto en su sangre y con razón somos llamados
el un pueblo de sacerdotes apocalipsis 1 6 así que con confianza cada
uno de nosotros puede invocar el nombre de Dios y es oído y
Dios les responde cada uno puede acercarse con reverencia y gozo
con alegría y también con humildad, porque no se olvide, está delante
de Dios. Amados hermanos, al tomar el
pan y el vino, siempre recuerde, por gracia, puedes entrar a la
presencia de Dios. Ese pan y vino nos recuerda que
el velo de su cuerpo fue partido para que usted entre a la presencia
de Dios. La sangre fue derramada para el perdón de sus pecados.
Limpios estáis de la sangre del pecado y de la muerte. Limpios
estáis. ¿Qué necesitas? Confiar en esa obra a tu favor. Y si tú no eres creyente, tienes
que confiar en esa obra a favor tuyo. El acceso está para ti. Pero necesitas ser lavado con
la sangre del Cordero. Nadie puede entrar al lugar santísimo
si no ha sido lavado. Necesitamos ser lavados con la
sangre de Cristo, perdonados. Y entonces podemos decir con
toda seguridad y con toda verdad, Padre nuestro. Porque es tu Padre. Él te adoptó a través de Jesucristo. Así que Dios nos conceda gozarnos
y deleitarnos, hermanos. Tenemos acceso libre. Cristo
nos ha abierto la puerta a la presencia misma del Dios Todopoderoso
de Jehová de los ejércitos. A Él sea la gloria en el mundo
y en su iglesia por todas las edades. Amén. Padre, gracias
te damos por tu palabra. Gracias por tu fidelidad y tu
amor. Queremos rogarte que en esta meditación podamos, Señor,
entender la hermosa verdad de que en todo lugar estamos en
tu presencia, alegrados, gozosos, disfrutando de tu bondad y misericordia. Alabamos tu nombre, Señor. Grande
es tu obra. Ayúdanos a entender más y más
del verdadero significado de la muerte de Cristo y cuántos
beneficios ha traído a tu iglesia. ¿Cuántos? ¿Cuántos? Innumerables. Apenas lo podemos contar. Alabamos
tu nombre en el nombre de Jesús. Amén.
La muerte de Cristo nos abrió el acceso al lugar santisimo
Series La muerte de Cristo
La muerte de Cristo nos abrió el acceso al lugar santísimo
| Sermon ID | 78241917252778 |
| Duration | 15:25 |
| Date | |
| Category | Sunday - PM |
| Bible Text | Hebrews 10:19 |
| Language | Spanish |
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