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La Iglesia en general, la cristiandad,
podríamos decirlo, está llena de personas que muestran cierto
orgullo de ser parte de la Iglesia. La iglesia en Costa Rica ya tiene
suficientes años para que muchos, la iglesia cristiana protestante,
para que muchos hayan crecido en la iglesia, hayan tenido sus
hijos en la iglesia. Entonces, dentro de la iglesia
protestante hay dos, tres, hasta cuatro generaciones. Y hay cierto
orgullo que se ha desarrollado de estar en la iglesia. gente
que confía en la posición que tiene en la iglesia, gente que
confía en su ministerio, en la tradición, en su crianza, en
la fe de sus padres. Orgullo en el nombre cristiano,
decir soy cristiano, voy a la iglesia cristiana, he sido parte
de esta iglesia toda mi vida, ¿verdad? O incluso dentro de
las denominaciones soy bautista, soy metodista, soy reformado.
Hay cierto orgullo en ser conocedores de la Biblia, de tener familiaridad
con las Escrituras. Hay cierto orgullo, incluso,
de crear leyes y reglas y formalismos que no están en las Escrituras,
pero que ya casi se han hecho parte de la tradición cristiana
popular. Un montón de hagas y no hagas
que no se encuentran en las Escrituras. y que se pasan de generación
en generación como una tradición. Hay un orgullo indebido de creer
que porque uno conoce la Biblia y porque uno ha estado en la
iglesia toda la vida, entonces le pertenece a Dios, o más bien
Dios le pertenece a uno. Pablo, en los siguientes versículos
del capítulo 2 de Romanos, le está hablando a los judíos de
la época en términos muy similares. Y al hablarles a ellos de su
tradición, podríamos decir que le está hablando al cristiano
tradicionalista también. Romanos 2, del 17 al 24, dice
así. He aquí tú tienes el sobrenombre
de judío, y te apoyas en la ley, y te glorías en Dios, y conoces
su voluntad e instruido por la ley apruebas lo mejor, y confías
en que eres guía de los ciegos, luz de los que están en tinieblas,
instructor de los inductos, maestro de niños, que tienes en la ley
la forma de la ciencia y de la verdad. ¿Tú, pues, que enseñas
a otro, no te enseñas a ti mismo? ¿Tú que predicas que no se ha
de hurtar, hurtas? ¿Tú que dices que no se ha de
adulterar, adulteras? ¿Tú que abominas de los ídolos,
cometes sacrilegio? ¿Tú que te jactas de la ley,
con infracción de la ley, deshonras a Dios? porque como está escrito,
el nombre de Dios es blasfemado entre los gentiles, por causa
de vosotros. Oremos. Dios, son palabras fuertes,
estas de Pablo, dirigidas a los judíos del primer siglo, pero
de alguna manera hacen eco, un eco triste, lamentable hasta
nuestros tiempos. Y sabemos, oh Dios, que hay cristianismo
que caería dentro de estas descripciones pero no sólo a nuestro alrededor
sino dentro de nosotros en nosotros existen estas tendencias estas tentaciones y queremos
pedirte que al examinar, oh Dios, esta crítica fuerte de los judíos
podamos vernos reflejados en estas palabras y reflexionar
en nuestros corazones en cuanto a nuestro propio orgullo. Enséñanos también a reconocer
la tendencia a nuestro alrededor para ser más eficaces en la presentación
del Evangelio. Y en medio de todo esto, Dios,
te rogamos que nos ayudes a contemplar la gloria de tu hijo, de su obra,
de su evangelio. Te lo pedimos en su nombre. Amén. Ya Pablo ha hablado con el formalista,
recuerda que es el pagano que no que no cree en Dios, pero
que trata de vivir una vida correcta y es acusado por su propia conciencia.
Y aquí dirige su atención ahora, a partir del versículo 17, a
los judíos de nuevo. Hablando del pueblo judío específicamente,
les dice aquí, tú tienes el sobrenombre de judío y te apoyas en la ley
y te glorías en Dios. De hecho, algunas traducciones
ponen ese inicio del versículo 17 un sí condicional, como si
tú tienes el sobrenombre de judío, etcétera, etcétera, etcétera.
Introduce una oración condicional muy rara, que luego en el versículo
21 encuentra su segunda parte. Ustedes saben que las condicionales
son dos partes. Si tal cosa, entonces tal otra,
¿verdad? Esta oración de Pablo es bien extraña. Empieza como
una oración condicional, pero no está claro La forma no es
tradicional, perdóname la aclaración condicional. Sin embargo, la
segunda parte la vamos a encontrar a partir del versículo 21. Lo
que hace en los primeros versículos, en la primera parte de ese condicional,
es introducir tres privilegios que tienen los judíos, y luego
introduce algunos errores. de los judíos en la segunda parte. Entonces, vamos a ver, primero,
¿cuáles son los privilegios del judío? Primero, dice, tienes
el sobrenombre de judío, o sea, eres miembro del pueblo del pacto,
creciste en el pueblo judío, ¿verdad?, te haces llamar judío,
tienes eso, es parte de tu identidad. Una posición religiosa especial,
porque allí es al pueblo al que Dios se reveló. Definitivamente
es una posición privilegiada. Es una posición especial si la
comparamos con los gentiles que no tenían la ley, no tenían la
revelación de Dios, no tenían el Evangelio, hasta que empezó
a serles predicado. Entonces sí, es una posición
religiosa especial. No eres como los paganos. ¿Cierto? Diferente. Y sí, entonces, debemos
reconocer el privilegio de tener la ley. Y debemos reconocer el
privilegio que tenían de ser parte de la comunidad del pacto.
Y Pablo no niega ese privilegio, pero, como vimos ya antes, no
basta simplemente tener la ley. No basta simplemente haber crecido
en el pueblo judío, como un judío, étnicamente. Dice, te apoyas
en la ley. ¿En qué sentido? No de que vives
según la ley, sino que confía en que porque tiene la ley está
bien. Que porque Dios le ha dado a conocer la ley, tiene los 10
mandamientos, Dios se les reveló en el Sinaí a sus antepasados
y ellos han heredado todo eso, entonces están bien, porque conocen
la Biblia, porque conocen la ley. Sin embargo, conocer la
ley, ya hablamos, no exime a nadie de juicio. Porque no es el tema
de conocer, sino quien obedece la ley, quien guarda la ley.
Tenerla, pero incluso tratar de guardarla, no coloca a Dios
en deuda con nadie. Porque para que Dios realmente
esté en deuda con alguien, Esa persona tendría que guardar la
ley a la perfección. Y ya hablamos de que ese caso
no existe. El único que pudo hacer eso fue
Jesucristo. Entonces, no puede ser una fuente
de seguridad para el judío decir que porque tengo la ley, porque
la conozco, estoy bien con Dios. Porque nací en el pueblo judío,
estoy bien con Dios. Notan los paralelos. Ahorita
vamos a hablar de ellos en la aplicación. Pero ya deben estar
pensando en los paralelos que existen con el cristianismo.
El tercero, te glorías en Dios. ¿En qué sentido? No en un sentido
positivo. Cuando hablamos de gloriarnos
en Dios, eso puede entenderse de manera positiva, pero en este
caso Pablo está haciendo una crítica, y es del hecho de que
ellos se jactan de que Dios es su Dios y que ellos son pueblo
de Dios, simplemente porque son el pueblo escogido de Israel
por el cual Dios decidió rebelarse. Y del cual vendría el Mesías.
¿Verdad? Pero ellos no están contemplando
al Mesías. Ellos simplemente están diciendo, yo tengo una
relación especial con Dios, Dios tiene una relación especial conmigo
simplemente porque soy judío. Simplemente porque nací en esta
comunidad. Y casi casi como jactándose,
como si fuera un loco haber nacido judío. ¿Verdad? Es un poco contradictorio pensar
en jactarse de ser escogido, ¿cierto? ¿Cómo se jacta uno de
ser escogido? Usted no tuvo nada que ver con
ser escogido. ¿Cierto? Y sin embargo ellos se jactaban
de que Dios era su Dios y ellos le pertenecían a Dios y esa era
su gloria, eran amigos de Dios simplemente. Y al denominarse
amigos de Dios están sentenciando también a los gentiles y esta
era la actitud principal de los judíos en cuanto a los demás.
Eran racistas. Eran etnicistas. Entonces, si
ellos eran amigos de Dios y ellos eran el pueblo de Dios, todos
los demás estaban perdidos y estaban mal. Los demás, enemigos de Dios. Nosotros, los judíos, amigos
de Dios. Hermanos, para el cristiano,
no es suficiente ser miembro de la iglesia local o de la iglesia
visible. Y no es motivo ser miembro de
la iglesia para creerse más que los demás. debemos tener cuidado
con eso, no puede ser esa nuestra seguridad, si su seguridad como
cristiano está en que usted nació en la iglesia cristiana y creció
en la iglesia cristiana, entonces no está colocando su seguridad
donde debe estar, no puede ser esa su gloria. No se puede gloriar
en eso, y no puede quedarse tranquilo con eso. Como si fuera suficiente. Porque ultimadamente, el judío
verdadero, según explica Pablo más adelante, el judío verdadero
no lo es por etnia. El judío verdadero no lo es porque
nació judío. Y de la misma manera, el cristiano
verdadero no es cristiano porque nació en la iglesia cristiana.
No hereda el cristianismo de sus padres. El cristiano verdadero,
que a su vez cabe rescatar, se le puede llamar judío verdadero,
el cristiano verdadero, es el que es verdaderamente miembro
del pueblo de Dios, por la fe en Jesucristo. Ese es el verdadero
cristiano y el verdadero judío. El que ha colocado su fe en el
Mesías, y que como resultado de esa fe, y hablaremos de esto
más adelante, pero ya lo hemos tocado, vive una vida piadosa,
o una vida que tiende hacia la piedad. Que no sólo posee la
Palabra, y se jacta de que tiene la Biblia y que la ha conocido
toda la vida, no, sino que vive por ella. No solamente tiene
sana doctrina. Hablando de los reformados, nos
podemos jactar de eso y podemos creernos más que los demás porque
tenemos sana doctrina. ¿Pero de qué sirve la sana doctrina
si nuestra vida está igual? Si no está transformando nuestra
vida delante de Dios. No basta tener la sana doctrina.
No puede ser esa la fuente de nuestra seguridad. Si olvidamos
que es por gracia, vamos a perder todo esto. Y si olvidamos que
es por gracia, Vamos a menospreciar a los que quizá no crecieron
en la iglesia reformada. O los que no han llegado a conocer
la fe reformada. E incluso vamos a menospreciar
a los que no son cristianos. Como si ser cristiano fuera un
logro propio y algo de que jactarnos. Porque hemos perdido de vista
la gracia. Y entonces, ¿cómo vemos a los demás? Ah, no, ese
no es digno de ser cristiano. No, a ese no le predico el evangelio.
A ese fijo no va a creer, fijo no va a creer. ¿Está tan mal
en su pecado? ¿Lleva una vida tan desastrosa
que el Evangelio no es para él? Hemos olvidado por completo el
sentido de la gracia. Está demasiado lejos de Dios.
¿Quién está demasiado lejos de Dios? ¿Dónde estaba usted? ¿Dónde estaba yo? Recordemos de dónde venimos.
Recordemos qué es lo que nos ha rescatado. para que podamos
tener compasión para con los que no creen y verlos a través
de los ojos de Dios, sí, culpables, sí, bajo condenación, pero necesitados de la misma
gracia, necesitados del mismo Evangelio. Versículo 18. Y conoce su voluntad,
hablando de la voluntad de Dios. E instruido por la ley, apruebas
lo mejor. Aquí pasamos a algo un poco más
amplio. Conocen la voluntad de Dios. Los judíos conocían la
Biblia, por lo tanto conocían la voluntad de Dios. Conocían
la ley. Eso es conocer la voluntad de Dios. No hay error en eso.
No es malo conocer la voluntad de Dios. Obvio. Obvio que eso
no está mal. El problema es que creían que eran privilegiados
porque habían sido instruidos en la ley y aquí ponían su orgullo
y su seguridad en el sistema judío de instrucción. Ustedes
saben que el sistema de instrucción judío era meticuloso. El sistema
de discipulado, el colocarse bajo la enseñanza de un rabí
y ser enseñado, ser instruido, formado y llegar a ser ojalá
fariseo Había orgullo en eso. Había motivo para jactarse. Conocer
la voluntad de Dios en ese sentido era entrar en ese sistema de
enseñanza y atravesarlo y salir al otro lado, ¿verdad? Jactándose. Yo soy discípulo de este o discípulo
de aquel, ¿verdad? Y ya ahí los rabinos tenían sus
escuelas y sus tendencias. Y porque eran instruidos en la
voluntad de Dios, podían aprobar lo que es mejor, dice. ¿A qué
se refiere con esto? Sabían distinguir entre lo bueno
y lo malo. Y ellos observaban las comunidades
a su alrededor, el pueblo greco-romano, y ellos podían decir, no, eso
es pecado. Eso está bien. Eso es un ídolo. Eso es malo. Eso es bueno. Eso es mejor. Y podían reconocer
lo excelente y emitir juicios morales ante la comunidad o sobre
la comunidad. Y saber qué es mejor, qué es
más valioso, qué es más excelente, qué es más importante, es bueno.
Eso no está mal. Sin embargo, podemos caer en
lo mismo nosotros. Dedicarnos a sacar a la luz los
ídolos de la cultura. Y entonces señalamos lo que está
mal en la sociedad, y nos dedicamos a ver las tendencias y las corrientes
pecaminosas de la sociedad en la que vivimos, y las categorizamos,
y las etiquetamos, y eso está bien, es un ejercicio sano. Somos
llamados a emitir ese tipo de juicios, y tener una voz profética
en la sociedad, en la que denunciamos los vicios y los pecados de la
sociedad. Sí, la Iglesia tiene ese llamado. Pero el problema
es que a veces hacemos eso más que ver los pecados propios,
que mirar hacia adentro y denunciar nuestros propios ídolos, nuestro
propio pecado, nuestra propia maldad. Y en esto del sistema judío de
educación, nosotros podemos caer en lo mismo mis hermanos. Vean,
y ustedes me conocen, yo estoy a favor de los estudios en seminario,
100%, soy profesor de seminario. Pero no podemos dejarnos pensar
que porque hemos atravesado X o Y cursos, o porque hemos completado X o
Y programa, porque hemos estudiado en X o Y seminario, y hemos llenado
nuestra pared de títulos de teología, estamos bien con Dios. No podemos
cometer ese error. Sí, estudiemos. Sí, aprendamos. Sí, saquemos todos los títulos
que podamos. Conozcamos la voluntad de Dios,
conozcamos Su Palabra, deleitémonos en esa consistencia y en esa
riqueza de las Escrituras que nos permiten estudiarlas de esa
manera sistemática. Eso está bien. Pero no puede
ser esa nuestra seguridad. Todos somos teólogos. Pero debemos
ser teólogos piadosos. Y sí, saber distinguir entre
lo bueno y lo malo en la sociedad está bien, pero debemos aprender
a reconocer lo bueno y lo malo en nosotros, y a luchar efectivamente
contra lo malo en nosotros. Esos eran los privilegios de
los judíos. Y a raíz de esos privilegios,
tenían una actitud hacia los demás un poco errada. Y ya la
tocamos un poco. Pero en el versículo 19, lo pone
más claro. Dice, y confías en que eres guía
de los ciegos, luz de los que están en tinieblas, instructor
de los inductos, maestro de niños, que tienes en la ley la forma
de la ciencia y de la verdad. ¿Qué es lo que está diciendo?
Que ellos ven a los gentiles, ven a los de afuera, como los
que están en tinieblas, los inductos, los inmaduros, y ellos son los
que están ahí para instruir, para enseñar, para corregir. No está completamente errado.
¿verdad? Cuando viene una persona, y estamos
hablando aquí de gentiles que se han convertido a la fe judía,
¿verdad? Entonces, ellos tienen una labor,
los judíos sí, de llevarlos a la luz, de darles a conocer la verdad
de Dios, ¡es cierto! Esa era la función del pueblo
de Israel desde el principio, ser luz a las naciones. Debían hacerlo. Debían enseñarles
la verdad, sacarlos del error. Cuando habla de los niños, aquellos
que están empezando a caminar en la fe, ¿debían enseñarles
a caminar cada vez más y mejor? ¿Debían guiarlos, abrirles los
ojos, enseñarles la ley, explicarles las cosas de Dios? Todo eso está
bien. Pero el error del judío, y el
problema, era que lo hacían con orgullo y con un aire de superioridad. Porque ellos eran, de nuevo,
el pueblo elegido, los dueños de la verdad, el monopolio de
Dios. Y así se acercaban a las naciones
a su alrededor. Hermanos, nosotros tenemos una
labor también de enseñanza. Hablé de la voz profética que
tenemos en la sociedad. Si la Iglesia no anuncia la verdad
de Dios, ¿quién lo va a hacer? es nuestro deber como pueblo
de Dios que conocemos la verdad debemos anunciarla desvergonzadamente
sin pedir disculpas pero debemos hacerlo con mansedumbre debemos
hacerlo con humildad no con orgullo, no con prepotencia no con aires
de superioridad aquellos que no tienen educación
instructor de los inductos sí, enseñarles No está hablando de
educación intelectual, de que no sabían leer y escribir. No,
está hablando de educación moral en las escrituras. Eran inmaduros,
eran bebés espirituales y necesitaban ser instruidos. Esa debe ser
nuestra actitud también para con los nuevos creyentes. Instruirlos,
enseñarles. Pero, de nuevo, el punto es mansedumbre,
humildad. Ellos tenían el contenido completo
y suficiente de la ley. Eran dueños de la verdad. Vean
cómo lo pone. Dice que tienen la forma... tienen
en la ley la forma de la ciencia y de la verdad. Dios les había
dado un conocimiento excepcional. Conocían cosas, tenían acceso
a un conocimiento que la gente común no tenía. Esa palabra escrita... Era lo
más cercano que ellos tenían a la encarnación de la verdad,
del conocimiento de Dios. Lamentablemente perdieron la
verdadera encarnación del Verbo de Dios, de la Palabra de Dios
en Jesucristo. Entonces sí, en Jesucristo están
encerrados todos los tesoros del conocimiento de la ciencia. Y conocerlo a Él es tener acceso
a un banco de conocimiento inagotable. Pero no es simplemente conocimiento
para llenar nuestras cabezas y enseñarles a otros y llenar
sus cabezas también. Es un conocimiento transformador
de vida. Es un conocimiento que debe dar
forma a nuestra forma de vivir. Debe dar forma a nuestra manera
de entender el mundo. Somos llamados a enseñar. No
olvidemos eso. Somos llamados a enseñar. Y sí,
también a los más jóvenes. ¿Pero cuál es nuestra actitud
ante la falta de conocimiento? De los nuevos creyentes. De aquellos
que están llegando a la iglesia, están empezando. ¿Cómo reaccionamos
cuando dicen algo incorrecto? Que teológicamente vienen con
su bagaje, vienen con su tradición, vienen con malas enseñanzas.
Y a veces estamos tan subidos en nuestros caballos altos de
sana doctrina, que les caemos desde ahí, sin piedad, en lugar
de enseñar, corregir, instruir con amor y ser muy pacientes. Hermanos, no se puede recalcar
demasiado el tema de la gracia, se dan cuenta. Si yo entiendo
que cualquier conocimiento que tengo en este momento, cualquier
crecimiento que se me ha concedido es por gracia, es eso, concedido. Entonces mi actitud hacia los
demás va a ser muy diferente. Y recordemos que en última instancia
no es un tema de ignorancia por debilidad mental. Es un tema
de que es Dios quien da la luz. Él es quien a través de su palabra
y por su espíritu ilumina, transforma y da crecimiento. Entonces demos
ese conocimiento con humildad, instruyamos e enseñamos, ese
no es el tema, instruyamos y enseñamos, pero hagámoslo bien y hagámoslo
desde una posición de iguales con mis hermanos y hermanas que
están en la misma gracia que yo. Y en la serie de preguntas que
viene a continuación, de los versículos 21 al 23, vienen los
errores garrafales de los judíos. Aquí viene el problema principal
de ellos, y que Dios nos libre de que éste sea nuestro problema.
Tú, pues, que enseñas a otro, ¿no te enseñas a ti mismo? ¿Tú
que predicas que no se ha de adultar hurtas? ¿Tú que dices
que no se ha de adulterar adulteras? ¿Tú que abominas a los ídolos,
cometes sacrilegio? ¿Tú que te jactas de la ley con
infracción de la ley, deshonras a Dios? La primera pregunta es
una introducción a todas las demás. Las demás son como ejemplos
o una elaboración de la primera, que dice, tú que enseñas a otro,
no te enseñas a ti mismo. Las otras son preguntas semejantes
que señalan... La hipocresía, la inconsistencia
y la desobediencia de los judíos. Hipocresía porque presentaban
una imagen que no eran por dentro. Inconsistencia porque decían
que había que obedecer cosas que no obedecían y por lo tanto
eran desobedientes a la ley de Dios. Hipocresía, inconsistencia,
desobediencia. Predicas que no hay que hurtar.
Ese predicar es anunciar, anunciar las verdades religiosas, como
lo que yo estoy haciendo aquí al frente, en este momento. Una
idea así. No era la idea de predicar, de
enseñar de uno a otro. Aquí lo que está diciendo de
ustedes es que anuncian. Ahí vamos, en las sinagogas, desde
las calles, están hablando de que no se debilitan y sin embargo
ahí andan hurtándonos, andan robando. Entonces demandan que
otros acepten y obedezcan lo que ellos dicen, pero no lo hacen,
no lo practican. Dices, no adulterar, pero adulteras. Y es curioso que agarre este
mandamiento, o estos dos en particular. El adulterio es el pecado perenne
de la sociedad. Era muy común en el pueblo grecorromano,
y sigue siendo muy común hasta nuestros días. Y habla mucho
de nuestra piedad como vemos el adulterio en la sociedad. Habla muchísimo. Era casi normalizado. Y ustedes lo ven ahorita en la
sociedad en la que vivimos. ¿Cuántos matrimonios se disuelven?
¿Cuántos matrimonios acaban en desastre? Se divorcian por cualquier
cosa. Y andan cambiando de esposo y
de esposa como cambiarse de camisa. Los judíos sabían que eso era
pecado y tenía un estándar más alto. Pero igual lo practicaron. Sí, cuando había que hablar del
adulterio, ninguno dudaba en decir que era pecado. Está en
los mandamientos y conocemos la ley, pero lo practicaban igual. ¿Cómo estamos nosotros entendiendo
los pecados de la sociedad? En especial este, del adulterio. ¿Lo aplaudimos cuando alguien
se... cuando se divorcian? ¿Celebramos un matrimonio destruido? No debería ser esa nuestra actitud.
Tenemos que poner el matrimonio en una posición mucho más alta
del que la sociedad le está dando. Tú que adominas a los ídolos
cometes sacrilegio. Usted tiene la revelación del
Dios verdadero. Usted sabe que los ídolos son
dioses falsos. No tendrás dioses ajenos delante
de mí. No te harás imagen en los primeros mandamientos. Los
tienen clarísimos. Pero conociendo al Dios verdadero
no son reverentes. con ese Dios. Y yo creo que este
pecado, en particular, se da mucho en las iglesias cristianas,
en nuestros días. Se da mucho entre nosotros, porque
sabemos reconocer los ídolos. Y sí, jamás nos van a ver doblando
la rodilla ante una estatua. Pero cuando se trata del Dios
verdadero, nos falta reverencia. ¿Cuál es nuestra actitud cuando
venimos al culto los domingos? Solo para poner un ejemplo. ¿Cómo tomamos este tiempo, este
espacio en el que estamos adorando al ÚNICO DIOS VERDADERO y escuchando
la palabra del ÚNICO DIOS VERDADERO? Debemos ser ejemplo de reverencia
para nuestros hijos, para los pequeños que vienen detrás, para
la sociedad a nuestro alrededor que toma el nombre de Dios en
vano, que por todo utilizan el nombre de Dios y el nombre de
Cristo para todo y por todo. Y sin embargo, en el caso de
los judíos, algo peor, que por la gracia de Dios no es nuestro
caso, ellos ignoraron la revelación final y definitiva de ese Dios
verdadero, a Jesucristo. Él es la imagen visible del Dios
invisible. Y se jactan de la ley. Y se jactan de su posición. Y
se jactan de conocer al Dios verdadero. Pero no lo conocían. No conocían a Jesús. Y nadie
viene al Padre. Si no es por medio de Jesús. Hermanos, ellos, los judíos,
terminaban infringiendo la ley, deshonrando a Dios, como dice
el versículo 5. No todos los judíos cometían estos pecados
específicos que menciona Pablo. Claramente no es así, ¿verdad?
Pero sí, en resumen, todos violaban la ley que predicaban, de una
u otra manera. Y a causa de eso, El nombre de
Dios era blasfemado entre los gentiles. Ese peligro es todavía
latente para nosotros. El nombre de Dios es blasfemado
entre los gentiles por causa de vosotros. Eso es grave. Es
grave que los que tienen la revelación de Dios vivan de tal manera que
el nombre de Dios se convierta en nada para el mundo que observa. Cristianos, nosotros hemos recibido
la revelación máxima de Dios en Cristo. Nosotros conocemos
al Dios verdadero a través de Jesús. En Él somos verdaderamente
miembros del pacto, miembros del pueblo de Dios, verdaderamente
judíos. En Él estamos verdaderamente,
verdaderamente en una relación especial con Dios, de tal manera
que Él es nuestro Dios y nosotros somos Suyos para siempre, irrevocablemente. Pero esto no es para jactarnos,
es por gracia. Y este mismo Jesús ha puesto
Su Espíritu en nosotros y nos ha dado la promesa de hacer algo
maravilloso en nosotros, algo poderoso en nosotros. Él nos
ayuda a ser genuinos, no perfectos, en el sentido de que no con la
idea de presentar una imagen de perfección a los de nuestro
alrededor, una fachada, como los fariseos, sino la genuinidad
de ser honestos con nuestras luchas y nuestros pecados. y
la genuinidad de depender abiertamente de Cristo. Nosotros podemos decir,
sin temor y sin vergüenza, sí, soy pecador, pero mi seguridad
está en Cristo. Y eso es un testimonio poderoso. Y sí, voy a hacer todo lo que
esté en mis fuerzas para luchar contra el pecado que hay en mí,
pero no está mi seguridad en la fachada que presento de perfección.
Y cuando fallo, cuando caigo, cuando peco contra mi hermano
o mi hermana, cuando peco contra mi vecino, contra mi prójimo,
soy capaz de reconocer mi pecado y de mostrarles cuánto dependo
yo de Cristo también. También el Espíritu Santo nos
ayuda a ser consistentes. Que la Palabra que hemos creído
realmente transforme toda nuestra vida en todas las áreas a nivel
tan profundo que podamos aprender a distinguir entre lo bueno,
lo malo, lo mejor, lo peor, lo más excelente, lo más importante
y vivir de esa manera nuestras vidas. Consistencia con la Palabra
de Dios en el mundo de Dios. Es un llamado alto pero el Espíritu
Santo nos capacita para cumplirlo. y nos capacita para ser obedientes
a la ley. Ese es el último punto. Y ya
no una obediencia que nace, ya lo hemos dicho muchas veces,
no nace de querer ganarnos el favor de Dios, sino que es una
obediencia que nace de la gratitud, una obediencia agradecida. Dado que somos lo que somos en
Cristo, conscientes de su gracia, en dependencia del poder de su
espíritu, tratemos de andar en obediencia. Hermanos, nuestra oración debe
ser siempre que el nombre de Dios sea alamado por causa de
nosotros entre los incrédulos. Esa debe ser nuestra oración.
y que Dios nos libre de que sea blasfemado.
Guías de ciegos
Series Romanos
| Sermon ID | 7823185307994 |
| Duration | 34:42 |
| Date | |
| Category | Sunday - AM |
| Bible Text | Romans 2:17-24 |
| Language | Spanish |
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