00:00
00:00
00:01
Transcript
1/0
Saludos hermanos y amigos que
Dios nos bendiga en este hermoso día que el señor nos regala pues
Seamos bienvenidos una vez más a este tiempo de lectura, a este
tiempo de meditación y oración. Hoy nos corresponde leer el libro
del profeta Ezequiel, específicamente sus capítulos 19 al 24. Así que yo le invito, por favor,
que me acompañe en la lectura. Si usted tiene una Biblia, en
la versión Nueva Biblia de las Américas, pues le invito a que
me acompañe en esta lectura. Si no, pues también le invito
a que preste atención a la lectura. y que se mantenga allí atenta
a esta lectura porque después de la misma vamos a tener una
breve meditación basada en estos capítulos que vamos a leer en
este momento así que sin pérdida de tiempo comenzamos con el capítulo
diecinueve nos dice así la palabra del señor Y tú eleva una elejía
por los príncipes de Israel y di ¿Qué era tu madre? Una leona
entre leones, echada en medio de leoncillos, crió a sus cachorros. Cuando exaltó a uno de sus cachorros,
éste se hizo león, y aprendió a desgarrar su presa. Devoró
hombres. Entonces las naciones oyeron
de él, y su foso fue capturado, y lo llevaron con garfios a la
tierra de Egipto. Cuando ella vio, mientras aguardaba,
que su esperanza estaba perdida, tomó otro de sus cachorros y
lo hizo un leoncillo. Y él andaba entre los leones,
hecho ya un leoncillo, aprendió a desgarrar su presa, devoró
hombres, destruyó sus torres fortificadas y asoló sus ciudades. La tierra y cuanto había en ella
estaban aterrados. por el estruendo de sus ruidos.
Entonces se pusieron contra él los pueblos de las provincias
de alrededor y tendieron sobre él su red. En su foso fue capturado. Lo pusieron en una jaula con
garfios y lo llevaron al rey de Babilonia. Lo llevaron enjaulado
para que su voz no se oyera más en los montes de Israel. Tu madre
era como una vid en tu viña, plantada junto a las aguas. Estaba llena de frutos y ramas
por la abundancia de aguas. Tenía ramas fuertes, propias
para cetros de gobernantes, y su estatura se elevó hasta en medio
de las nubes, y fue vista a causa de su altura y por sus muchos
sarmientos. pero fue arrancada con furor,
derribada tierra, y el viento del este secó su fruto, su rama
fuerte fue quebrada y se secó, el fuego la consumió. Y ahora
está plantada en el desierto, en una tierra árida y reseca,
de su rama ha salido fuego, que ha consumido sus pámpanos y su
fruto, y no queda en ella rama fuerte para cetro de gobernante. Esta es una elegía y de elegía
servirá. Capítulo 20. En el año séptimo,
el día diez del mes quinto, vinieron algunos de los ancianos de Israel
a consultar al Señor y se sentaron delante de mí. Y vino a mí la
palabra del Señor. Hijo de hombre, habla a los ancianos
de Israel y diles, Así dice el Señor Dios, ¿Vienen a consultarme? Vivo yo, que no me dejaré consultar
por ustedes, declara el Señor Dios. ¿Los juzgarás? ¿Los juzgarás, hijo de hombre?
Hazles saber las abominaciones de sus padres. Diles, así dice
el Señor Dios. El día que escogí a Israel y
juré a los descendientes de la casa de Jacob, me di a conocer
a ellos en la tierra de Egipto y les juré. Yo soy el Señor su
Dios. Aquel día les juré que los sacaría
de la tierra de Egipto, a una tierra que yo había escogido
para ellos, que emana leche y miel, y que es la más hermosa de todas
las tierras. Y les dije, cada uno arroje las
cosas detestables que les atraen y no se contaminen con los ídolos
de Egipto. Yo soy el Señor su Dios. pero se rebelaron contra mí y
no quisieron escucharme. No arrojaron las cosas detestables
que les atraían ni abandonaron los ídolos de Egipto. Entonces
decidí derramar mi furor sobre ellos para desahogar contra ellos
mi ira en medio de la tierra de Egipto. pero actué en consideración
a mi nombre para que no fuera profanado ante los ojos de las
naciones en medio de las cuales vivían y a cuya vista me había
dado a conocer sacándolos de la tierra de Egipto. Los saqué,
pues, de la tierra de Egipto y los llevé al desierto. Les di mis estatutos y les hice
conocer mis decretos, por los cuales el hombre vivirá si los
cumple. También les di mis días de reposo
por señal entre ellos y yo, para que supieran que yo soy el Señor,
el que los santifica. Pero la casa de Israel se rebeló
contra mí en el desierto. No anduvieron en mis estatutos
y desecharon mis decretos, por los cuales el hombre que los
cumple vivirá, y mis días de reposo profanaron en gran manera. Entonces decidí derramar mi furor
sobre ellos en el desierto para exterminarlos. pero actué en
consideración a mi nombre, para que no fuera profanado ante los
ojos de las naciones a cuya vista los había sacado. También les
juré en el desierto que no los llevaría la tierra que les había
dado, hermana leche y miel, y que es la más hermosa de todas las
tierras, porque desecharon mis decretos, no anduvieron en mis
estatutos y profanaron mis días de reposo, porque su corazón
se iba tras sus ídolos. Sin embargo, mi ojo los perdonó
para no destruirlos y no los hice exterminar en el desierto. Y dije a sus hijos en el desierto,
no anden en los estatutos de sus padres, ni guarden sus decretos,
ni se contaminen con sus ídolos. Yo soy el Señor su Dios. Anden
en mis estatutos, guarden mis decretos y pónganlos por obra. Santifiquen mis días de reposo
y que sean una señal entre yo y ustedes para que sepan que
yo soy el Señor su Dios. Pero los hijos se rebelaron contra
mí, no anduvieron en mis estatutos, ni tuvieron cuidado de cumplir
mis decretos, por los cuales el hombre que los cumple vivirá.
Además, profanaron mis días de reposo, Entonces decidí derramar
mi furor sobre ellos para desahogar contra ellos mi ira en el desierto. Pero retiré mi mano y actué en
consideración a mi nombre para que no fuera profanado ante los
ojos de las naciones a cuya vista los había sacado. También yo
les juré en el desierto que los dispersaría entre las naciones
y los esparciría por las tierras, porque no habían cumplido mis
decretos. Habían desechado mis estatutos
y habían profanado mis días de reposo. Y tras los ídolos de
sus padres se iban sus ojos. También les di estatutos que
no eran buenos, y decretos por los cuales no podrían vivir,
y los declaré inmundos en sus ofrendas, pues hicieron pasar
por el fuego a todos sus primogénitos, y tuviera yo que desolarlos,
para que supieran que yo soy el Señor. Por tanto, hijo de
hombre, habla la casa de Israel y diles, así dice el Señor Dios. Aún en esto me han blasfemado
sus padres, actuando deslealmente contra mí. Cuando los traje a
la tierra que había jurado darles, miraron a toda colina alta y
todo árbol frondoso, y allí ofrecieron sus sacrificios, y allí presentaron
sus ofrendas provocativas. Allí presentaron también su aroma
agradable y allí derramaron sus libaciones. Entonces les dije,
¿qué es el lugar alto a donde van? Y se le dio el nombre de
Bama hasta el día de hoy. Por tanto, dile a la casa de
Israel, así dice el Señor Dios. ¿Se contaminarán a la manera
de sus padres y se prostituirán tras sus abominaciones? cuando
ofrecen sus ofrendas, cuando hacen pasar por el fuego a sus
hijos, se contaminan con todos sus ídolos hasta el día de hoy.
¿Me dejaré consultar yo por ustedes casa de Israel? Vivo yo, declara
el Señor Dios, que no me dejaré consultar por ustedes. Y no sucederá
lo que están pensando cuando dicen, seremos como las naciones,
como las tribus de otras tierras que sirven a la madera y a la
piedra. Vivo yo, declara el Señor Dios,
que con mano fuerte, con brazo extendido y con furor derramado,
yo seré rey sobre ustedes. Los sacaré de entre los pueblos
y los reuniré de las tierras donde están dispersos con mano
fuerte, con brazo extendido y con furor derramado, y los llevaré
al desierto de los pueblos, y allí entraré en juicio con ustedes
cara a cara. Como entré en juicio con sus
padres en el desierto de la tierra de Egipto, así entraré en juicio
con ustedes, declara el Señor Dios. Los haré pasar bajo la
vara y los haré entrar en el vínculo del pacto. Y separaré
de ustedes a los rebeldes, a los que han transgredido contra mí,
y los sacaré de la tierra donde peregrinan, pero no entrarán
en la tierra de Israel. Y ustedes sabrán que yo soy el
Señor. En cuanto a ustedes, casa de
Israel, así dice el Señor Dios, vaya cada uno a servir a sus
ídolos, pero más tarde ciertamente me escucharán y no profanarán
más mi santo nombre con sus ofrendas y con sus ídolos. Porque en mi
santo monte, en el alto monte de Israel, declara el Señor Dios,
allí me servirá toda la casa de Israel, toda ella en esta
tierra. Allí los aceptaré y allí reclamaré
sus ofrendas y las primicias de sus dones con todas sus cosas
sagradas. Como aroma agradable los aceptaré
cuando los haya sacado de entre los pueblos y los haya recogido
de las tierras donde están dispersos. Mostraré mi santidad entre ustedes
a la vista de las naciones, y ustedes sabrán que yo soy el Señor cuando
los traiga a la tierra de Israel, a la tierra que juré dar a sus
padres. Allí se acordarán de sus caminos
y de todas sus obras con las que se han contaminado, y se
aborrecerán a ustedes mismos por todas las iniquidades que
han cometido. Y sabrán que yo soy el Señor
cuando actúe con ustedes en consideración a mi nombre, y no conforme a
sus malos caminos, ni conforme a sus perversas obras. Casa de
Israel, declara el Señor Dios. Y vino a mí la palabra del Señor,
hijo de hombre, pon tu rostro hacia Temán y habla contra el
sur, profetiza contra el bosque del Negev y dile al bosque del
Negev, oye la palabra del Señor. Así dice el Señor Dios. Voy a
prenderte un fuego que consumirá en ti todo árbol verde y todo
árbol seco. No se apagará la llama abrazadora
y por ella será quemada toda la superficie de Suramorte. Y toda carne verá que yo, el
Señor, lo he encendido. No se apagará. Entonces dije,
¡Ah, Señor Dios! Ellos dicen de mí, ¿no habla
éste más que parábolas? Capítulo 21. Y vino a mí la palabra del Señor.
Hijo de hombre, pon tu rostro hacia Jerusalén y habla contra
los santuarios. Profetiza contra la tierra de
Israel y dile a la tierra de Israel. Así dice el Señor. Yo estoy contra ti. Sacaré mi
espada de la vaina y cortaré de ti al justo y al impío. Puesto
que he de cortar de ti al justo y al limpio, por tanto mi espada
saldrá de la vaina contra toda carne, desde el sur hasta el
norte. Así sabrá toda carne que yo,
el Señor, he sacado mi espada de la vaina. No volverá más a
su vaina. Y tú, hijo de hombre, gime con
corazón quebrantado. Con amargura gemirás a la vista
de ellos. Cuando te digan, ¿por qué gimes? Dirás, por la noticia que viene,
todo corazón desfallecerá, toda mano se debilitará, todo espíritu
se apagará y toda rodilla flaqueará. Porque viene y sucederá, declara
el Señor Dios. De nuevo vino a mí la palabra
del Señor. Hijo de hombre, profetiza y proclama. Así dice el Señor. Proclama. Espada, espada afilada y también
pulida, para la matanza ha sido afilada, para brillar como el
rayo ha sido pulida. ¿Acaso hemos de alegrarnos cuando
el cetro de mi hijo desprecia toda vara? Es dada para que sea
pulida, para que sea empuñada. Ha sido afilada la espada, ha
sido pulida para ponerla en manos del matador. Clama y gime, hijo
de hombre, porque ella está contra mi pueblo, está contra todos
los príncipes de Israel. Ellos son entregados a la espada
junto con mi pueblo. Por tanto, golpéate el muslo. que la prueba está hecha, y que
si el cetro mismo que desprecia la espada deja de existir, declara
el Señor Dios. Tú pues, hijo de hombre, profetiza
y date palmas. Sea la espada duplicada y triplicada,
la espada para los muertos. Es la espada de la gran víctima
que los tiene rodeados, para que sus corazones se acobarden
y caigan muchos. En todas sus puertas he puesto
la espada reluciente. ¡Ah! Hecha para centellear, pulida
para la matanza. Muéstrate afilada, ve a la derecha. Prepárate, ve a la izquierda,
adonde quiera que tu filo sea dirigido. También yo batiré palmas
y aplacaré mi furor. ¡Yo el Señor he hablado! Y vino
a mí la palabra del Señor. Tu hijo de hombre, traza dos
caminos por donde venga la espada del rey de Babilonia. Ambos saldrán
de una misma tierra. Haz una señal y ponla al comienzo
del camino a la ciudad. Trazarás el camino por donde
venga la espada hacia Rabá de los Amonitas y hacia Judá, que
en Jerusalén tiene su fortaleza. porque el rey de Babilonia se
ha detenido en la bifurcación del camino, al comienzo de los
dos caminos, para emplear la adivinación. Sacude las flechas,
consulta con los ídolos domésticos, observa el hígado. En su mano
derecha estaba la adivinación, Jerusalén. a colocar arietes,
a llamar a la matanza, a alzar la voz en grito de guerra, a
poner arietes contra las puertas, a levantar terraplenes, a edificar
el muro de asedio. Pero fue para los judíos como
adivinación falsa sus ojos, pues habían hecho juramentos solemnes,
pero Él les hará recordar su iniquidad y serán apresados.
Por tanto, así dice el Señor Dios, por cuanto han hecho que
su iniquidad sea recordada, poniendo al descubierto sus transgresiones,
de modo que se manifiestan sus pecados en todas sus obras, por
cuanto han sido recordados, serán apresados por su mano. Y tú,
infame y malvado príncipe de Israel, cuyo día ha llegado,
la hora del castigo final, así dice el Señor Dios. Quítate la
tiara y depón la corona. Esto cambiará. Lo humilde será
exaltado y lo exaltado será humillado. Arruina, arruina, arruina lo
reduciré. Tampoco esto sucederá hasta que
venga aquel a quien pertenece el derecho y a quien yo se lo
daré. Y tú, hijo de hombre, profetiza
y di, así dice el Señor Dios acerca de los amonitas y de su
oprobio. Dirás, la espada, la espada está
desenvainada, para la matanza está pulida, para hacer exterminio,
para centellear, mientras ellos ven para ti visiones falsas,
mientras adivinan para ti mentiras. para ponerla sobre los cuellos
de los infames malvados cuyo día ha llegado en la hora del
castigo final. Vuélvela, subayna, en el lugar
donde fuiste creada, en tu tierra de origen te juzgaré. y derramaré
sobre ti mi indignación, soplaré sobre ti el fuego de mi furor,
y te entregaré en mano de hombres brutales, expertos en destrucción. Serás pasto del fuego, tu sangre
quedará en medio de la tierra, no quedará memoria de ti, porque
yo el Señor he hablado. Capítulo 22 Y vino a mí la palabra del Señor.
Tú, hijo de hombre, ¿vas a juzgar? ¿Vas a juzgar a la ciudad sanguinaria? Hazle saber todas sus abominaciones. Dirás, así dice el Señor Dios,
ciudad que derrama sangre en medio de sí misma para que llegue
su hora y que se hace ídolos para contaminarse. Por la sangre
que has derramado te has hecho culpable y con los ídolos que
has hecho te has contaminado. Has hecho que se acerque tu día
y has llegado al término de tus años. Por tanto te he hecho oprobio
de las naciones y objeto de burla de todas las tierras. Las que
están cerca de ti y las que están lejos se burlarán de ti, ciudad
de mala fama, llena de confusión. Príncipes de Israel, cada uno
según su poder, han estado en ti para derramar sangre. En ti
despreciaron al padre y a la madre, en medio de ti trataron
con violencia al extranjero, y en ti oprimieron al huérfano
y a la viuda. Has despreciado mis cosas sagradas
y has profanado mis días de reposo. en ti han estado calumniadores
para derramar sangre y en ti han comido en los santuarios
de los montes, en ti han cometido perversidades En ti se han descubierto
la desnudez del Padre, en ti han humillado a la que estaba
impura por su menstruación. Uno ha cometido abominación con
la mujer de su prójimo, otro ha manchado a su nuera con la
civia, y en ti otro ha humillado a su hermana, la hija de su Padre. En ti se has recibido soborno
para derramar sangre, has tomado interés y usura, y has dañado
a tus prójimos extorsionándolos, y de mí te has olvidado, declara
el Señor Dios. Por eso voy a batir palmas contra
las ganancias deshonestas que has adquirido y contra el derramamiento
de sangre que hay en medio de ti. ¿Aguantará tu corazón o serán
fuertes tus manos en los días que yo actúe contra ti? Yo, el
Señor, he hablado y lo haré. Yo te dispersaré entre las naciones,
te esparciré por las tierras, y haré desaparecer de ti tu inmundicia. Y por ti misma quedarás profanada
a la vista de las naciones, y sabrás que yo soy el Señor. Y vino a
mí la palabra del Señor, hijo de hombre, la casa de Israel
se ha convertido en escoria para mí. Todos ellos son bronce, estaño,
hierro y plomo en medio del horno. Escoria de plata son. Por tanto,
así dice el Señor Dios, por cuanto todos ustedes se han convertido
en basura, por tanto, los voy a reunir en medio de Jerusalén. Como se junta plata, bronce,
hierro, plomo y estaño en medio del horno y se atiza el fuego
en él para fundirlos, así los juntaré yo en mi ira y en mi
furor. Los pondré allí y los fundiré. los reuniré y atizaré sobre ustedes
el fuego de mi furor, y serán fundidos en medio de Jerusalén. Como se funde la plata en el
horno, así serán fundidos ustedes en medio de la ciudad, y sabrán
que yo, el Señor, he derramado mi furor sobre ustedes. Y vino
a mí la palabra del Señor, Hijo de hombre, dile a Israel, tú
eres tierra que no ha sido lavada ni mojada con la lluvia el día
de la indignación. Hay conspiración de tus profetas
en medio de Jerusalén, como león rugiente que desgarra la presa. Han devorado almas, de las riquezas
y cosas preciosas se han apoderado. Las viudas se han multiplicado
en medio de ella. Sus sacerdotes han violado mi
ley y han profanado mis cosas sagradas. Entre lo sagrado y
lo profano no han hecho diferencia, y entre lo inmundo y lo limpio
no han enseñado a distinguir. Han escondido sus ojos de mis
días de reposo y he sido profanado entre ellos. Sus príncipes en
medio de la ciudad son como lobos que desgarran la presa, derramando
sangre y destruyendo vidas para obtener ganancias injustas. Y
sus profetas los han recubierto con cal, viendo visiones falsas
y adivinándoles mentiras, diciendo, Así dice el Señor Dios, cuando
el Señor no ha hablado. Las gentes de la tierra han hecho
violencia y cometido robo, han oprimido al pobre y al necesitado,
y han maltratado injustamente al extranjero. Busqué entre ellos
a alguien que levantara un muro y se pusiera en medio, en pie,
en la brecha, delante de mí, a favor de la tierra, para que
yo no la destruyera, pero no lo hallé. He derramado, pues,
mi indignación sobre ellos. Con el fuego de mi furor los
he consumido. He hecho recaer su conducta sobre
sus cabezas, declara el Señor Dios. Capítulo 23 Y vino a mí la palabra del Señor.
Hijo de hombre, había dos mujeres, hijas de una misma madre, que
se prostituyeron en Egipto. Se prostituyeron en su juventud. Allí fueron tocados sus pechos,
y allí fueron acariciados sus senos virginales. Sus nombres
eran Aolá, la mayor, y Aolivá, su hermana. Vinieron a ser mías
y dieron a luz hijos e hijas. Y en cuanto a sus nombres, Aolá
es Samaria y Aolivá es Jerusalén. Aholá se prostituyó cuando era
mía y se apasionó de sus amantes, los asirios, vecinos suyos, vestidos
de púrpura, gobernadores y oficiales, todos ellos jóvenes apuestos,
jinetes montados a caballo. Ella cometió sus prostituciones
con ellos, con lo más selecto de los asirio y con todos los
que se había apasionado, con todos sus ídolos se contaminó. Y no abandonó sus prostituciones
de cuando estaba en Egipto, pues en su juventud muchos se habían
acostado y acariciaron sus senos virginales y derramaron sobre
ella su pasión. Por tanto, la entregué en manos
de sus amantes, en mano de los asirios, de los que se había
apasionado. Ellos descubrieron su desnudez,
se llevaron a sus hijos y a sus hijas, y a ella la mataron a
espada. Y vino a ser ejemplo para las
mujeres, pues se ejecutaron juicios contra ella. Aunque su hermana
Oliva vio esto, se corrompió en su pasión más que ella, y
sus prostituciones fueron mayores que las prostituciones de su
hermana. Se apasionó de los asirios, gobernadores
y oficiales, vecinos suyos, lujosamente vestidos, jinetes montados a
caballo, todos ellos jóvenes apuestos. y vi que ella se había
contaminado. Un mismo camino habían seguido
las dos, pero a Oliva aumentó sus prostituciones. Vio hombres
pintados en la pared, figuras de caldeos pintadas de rojo,
ceñidos sus lomos con cinturones y amplios turbantes en sus cabezas,
con aspecto de oficiales todos ellos, semejantes a los babilonios
de Caldea, tierra de su nacimiento. Cuando los vio se apasionó de
ellos y les envió mensajeros a Caldea. Y vinieron a ella los
babilonios al lecho de amores y la contaminaron con sus prostituciones. Y después de haber sido contaminada
con ellos, su alma se hastió de ellos, reveló sus prostituciones
y exhibió su desnudez. Entonces me hastié de ella como
me había hastiado de su hermana. Sin embargo, ella multiplicó
sus prostituciones recordando los días de su juventud cuando
se prostituía en la tierra de Egipto. Y se apasionó de sus
amantes cuya carne es como la carne de los asnos y cuyo flujo
es como el flujo de los caballos. Anhelaste así la lujuria de tu
juventud cuando los egipcios tocaban tu seno acariciando los
pechos de tu juventud. Por tanto a Olivá, así dice el
Señor Dios, voy a provocar contra ti a tus amantes de los que te
alejaste y los traeré contra ti de todos lados. los babilonios
y todos los caldeos, los de Pecot, Soá y Coat, y con ellos todos
los asirios, jóvenes apuestos, todos ellos gobernadores y oficiales,
capitanes y hombres de renombre, todos montados a caballo. Vendrán
contra ti con armas, carros y carretas, y con multitud de pueblos. Se
apostarán contra ti de todos lados con broquel, escudo y casco. A ellos les encargaré el juicio,
y ellos te juzgarán conforme a sus costumbres. Pondré mi celo
contra ti, y te tratarán con furor. Te arrancarán la nariz
y las orejas, y tus sobrevivientes caerán a espada. Te quitarán
tus hijos y tus hijas, y los que queden serán consumidos por
el fuego. También te despojarán de tus
vestidos, y te quitarán tus bellas joyas. Así pondré fin a tu lujuria
y a tu prostitución, traídas de la tierra de Egipto, y no
levantarás más tus ojos hacia ellos ni recordarás más a Egipto. Porque así dice el Señor Dios,
voy a entregarte en manos de los que odias, en manos de aquellos
de los que te alejaste. Ellos te tratarán con odio, te
quitarán todas tus posesiones y te dejarán desnuda y descubierta. Y será descubierta la vergüenza
de tus prostituciones, tanto tu lujuria como tus prostituciones. Estas cosas se harán contigo
porque te has prostituido con las naciones, porque te has contaminado
con sus ídolos. Has andado en el camino de tu
hermana, por tanto pondré su copa en tu mano. Así dice el
Señor Dios. Beberás la copa de tu hermana,
que es hondo y ancho. Servirá de risa y descarnio,
porque es de gran capacidad. De embriaguez y de dolor te llenarás. La copa de horror y desolación
es la copa de tu hermana Samaria. La beberás y la agotarás. Roerás
sus fragmentos y te desgarrarás los pechos. Porque yo he hablado,
declara el Señor Dios. Por tanto, así dice el Señor
Dios, porque me has olvidado y me has arrojado a tus espaldas,
carga ahora con el castigo de tu lujuria y de tus prostituciones. También me dijo el Señor, hijo
de hombre, ¿juzgarás a Olá y a Olivá? entonces hazle saber sus abominaciones
porque ambas han cometido adulterio y hay sangre en sus manos han
cometido adulterio con sus ídolos y aún a sus hijos que dieron
a luz para mí han hecho pasar por el fuego como alimento para
los ídolos además me han hecho esto han contaminado mi santuario
en ese día y han profanado mis días de reposo Después de sacrificar
sus ídolos o sus hijos a sus ídolos, entraron en mi santuario
el mismo día para profanarlo. Eso fue lo que hicieron en medio
de mi casa. Aún más mandaron a buscar hombres
que vinieran de lejos a quienes se les envió un mensajero y vinieron. Para ellos te bañaste, te pintaste
los ojos y te ataviaste con adornos. Luego te sentaste en un suntuoso
diván ante el cual estaba preparada una mesa en la que habías puesto
mi incienso y mi aceite. El ruido de una multitud despreocupada
se oía allí, multitud de hombres, bebedores traídos del desierto,
y pusieron brazaletes en las manos de las mujeres y hermosas
coronas sobre sus cabezas. Entonces dije acerca de aquella
que estaba consumida por sus adulterios. ¿Cometerán ahora
fornicaciones con ella estando ella así? Y se llegaron a ella
como quien se llega a una ramera. Así se llegaron a Olá y a Olivá,
mujeres depravadas. Pero los hombres justos los juzgarán
en el juicio de las adúlteras y en el juicio de las mujeres
que derraman sangre por ser ellas adúlteras y haber sangre en sus
manos. Porque así dice el Señor Dios,
tráigase una multitud contra ellas y sean entregadas al terror
y al pillaje. La multitud las apedreará y las
cortará con sus espadas. Matarán a sus hijos y a sus hijas
y prenderán fuego a sus casas. Así haré cesarla la civia de
la tierra y todas las mujeres serán advertidas y no cometerán
la civia como ustedes. y recaerá su lascivia sobre ambas,
y cargarán el castigo de haber adorado a sus ídolos. Así ustedes
sabrán que yo soy el Señor Dios. Capítulo 24. Y vino a mí la palabra
del Señor en el año noveno, el mes décimo, a los diez días del
mes. Hijo de hombre, escribe la fecha
del día, del día de hoy. Este mismo día el rey de Babilonia
ha avanzado contra Jerusalén. Relata una parábola a la casa
rebelde y diles, así dice el Señor Dios. Pon la olla, ponla
y echa también en ella agua. Pon en ella los trozos, todo
trozo bueno, pierna y espalda. Llénala de huesos escogidos. Toma lo mejor del rebaño y apila
también la leña debajo de ella. Hazla hervir a borbotones. Huece
también sus huesos en ella. Porque así dice el Señor Dios,
¡ay de la ciudad sanguinaria, de la olla que tiene rumbre,
cuya rumbre no se le va, trozo por trozo sácala sin echar suertes
sobre ella! porque su sangre está en medio
de ella. La puso sobre la roca desnuda,
no la derramó sobre la tierra para que el polvo la cubriera.
Para hacer subir el furor, para tomar venganza, yo he puesto
su sangre sobre la roca desnuda para que no sea cubierta. Por
tanto, así dice el Señor Dios, ay de la ciudad sanguinaria,
yo también haré grande el montón de leña. Aumenta la leña, enciende
el fuego, hierve bien la carne, mezclale las especias y que se
quemen los huesos. Luego pon la olla vacía sobre
las brasas para que se caliente, se ponga al rojo su bronce, se
funda en ella su inmundicia y sea consumida su herrumbre. De tanto
trabajo me ha fatigado la olla y no se le ha ido su mucha herrumbre. Consúmase en el fuego su herrumbre,
tu inmundicia y lujuria. Cuanto yo quise limpiarte pero
no te dejaste limpiar, no volverás a ser purificada de tu inmundicia
hasta que yo haya saciado mi furor sobre ti. Yo el Señor he
hablado, esto viene y yo actuaré, no me volveré atrás, no me apiadaré
y no me arrepentiré. Según tus caminos y según tus
obras te juzgaré, declara el Señor Dios. Y vino a mí la palabra
del Señor, hijo de hombre, voy a quitarte de golpe el encanto
de tus ojos, pero no te lamentarás, ni llorarás, ni cogerán tus lágrimas. Gime en silencio, no hagas duelo
por los muertos, átate el turbante, ponte el calzado en los pies,
y no te cubras los bigotes, ni comas pan de duelo. Hablé al
pueblo por la mañana y por la tarde murió mi mujer y a la mañana
siguiente hice como me fue mandado y el pueblo me dijo, ¿no nos
declararás lo que significan para nosotros estas cosas que
estás haciendo? Entonces les respondí. La palabra
del Señor vino a mí y me dijo, habla la casa de Israel. Así
dice el Señor Dios, voy a profanar mi santuario, que para ustedes
es orgullo de su fuerza, encanto de sus ojos y deleite de sus
almas. Sus hijos y sus hijas que ustedes
han dejado atrás caerán a espada. Harán como yo he hecho. No cubrirán
sus bigotes ni comerán pan de duelo. Sus turbantes estarán
sobre sus cabezas y su calzado en sus pies. No se lamentarán
ni llorarán, sino que se pudrirán en sus iniquidades y gemirán
unos con otros. Sequiel, pues, les servirá de
señal. Según todo lo que él ha hecho,
ustedes harán. Cuando esto suceda, sabrán que
yo soy el Señor. Y tú, hijo de hombre, ¿no será
que el día en que les quite su fortaleza, el gozo de su gloria,
el encanto de sus ojos, el anhelo de su alma, y a sus hijos y a
sus hijas, en ese día el que escape vendrá a ti con noticias
para tus oídos? En ese día se abrirá tu boca
para el que escapó, y hablarás y dejarás de estar mudo, y servirás
para ellos de señal, y sabrán que yo soy el Señor. Esta ha sido la lectura del día
de hoy. Libro del profeta Ezequiel, sus
capítulos diecinueve al veinticuatro. Todos estos capítulos apuntan
a las profecías que Dios trajo en labios del profeta Ezequiel
para la nación de Israel, para la nación de Judá, profecías de juicio, llamado
al arrepentimiento, llamado a regresar al señor Yo siempre he dicho
que estas profecías también tienen mucho que enseñarnos a nosotros
como creyentes, porque siempre debemos de ser confrontados con
ellas para que entendamos que el gran amor que Dios ha mostrado
para con nosotros, así como ha sido ese amor para con nosotros
también, así vendrá con gran juicio, poder y descargará toda
su ira sobre aquellos que no le han conocido. Es nuestro deber
como creyentes proclamar el Evangelio, invitar a la gente a que venga
al arrepentimiento. Nosotros venimos a ser esos profetas
del siglo XXI, donde se nos invita a traer esas palabras que muchas
veces no van a ser bien recibidas, pero en ocasiones tendremos buenos
resultados porque veremos muchas vidas viniendo a los pies del
Señor. Es nuestro deber hablar la palabra de Dios. Porque Dios
es amor, vuelvo y repito, pero también es fuego consumidor.
Y no podemos separar una cosa de la otra. El que no se arrepiente
sobre su vida llegará. Todas estas palabras de juicio.
Permítame orar en esta mañana, permítame pedir al Señor que
nos dé esa gracia para nosotros proclamar estas verdades y que
nos conceda también ver personas llegando a los pies de Cristo. Padre bueno y Dios tu que moras
en las alturas de los cielos, gracias te damos en este momento
por este tiempo que nos has concedido de leer esta porción de las escrituras
que hablan acerca de juicios, juicios inminentes que vendrían
sobre la nación de Israel a causa de su apostasía, rebeldía. a
causa de su dureza de corazón. Pero también nos llevan a nosotros
a entender que los juicios tuyos también han de venir sobre este
mundo, juicios finales donde ya no habrá más oportunidad para
buscar tu rostro para el arrepentimiento. Por esa razón te suplicamos que
nos des esa gracia, esa unción necesaria para hablar sin temor,
sin vergüenza de ningún tipo tu palabra al pueblo, para invitar
al pueblo a que venga, se reconcilie contigo. Nosotros creemos, yo
creo Señor, que en medio de estas predicaciones tú tienes un pueblo,
tú tienes un remanente fiel que real y efectivamente escuchará
el llamado de advertencia y se acercarán a ti en arrepentimiento
y fe. Lamentablemente también habrán
personas que harán mofa, burla de estas predicaciones, pero
que esto no sea un obstáculo para que nosotros sigamos proclamando
estas verdades con esta libertad que nos da el Espíritu Santo.
Oh Señor, te pedimos de una manera especial que nuestros allegados
puedan ser parte de estas personas que escuchen el llamado al arrepentimiento
y puedan venir a ti y disfrutar de estos favores inmerecidos.
Te los suplicamos, oh Dios, obra, obra conforme a tus riquezas
en gloria en nuestras vidas y en las vidas de los que nos rodean.
Esto te lo suplicamos, Padre, en el nombre de Cristo Jesús,
nuestro Señor y Salvador personal. Amén y Amén. Hermanos, que Dios les bendiga.
Un placer estar con ustedes en este día. Espero oír noticias
suyas. Si tienen alguna pregunta, algo
que no ha quedado claro de estas lecturas, algo que le ha impactado,
pues me gustaría que usted se comunique conmigo. Que Dios les
guarde, Dios les bendiga y nos veremos mañana, si Dios quiere.
188-Tiempo de lectura, meditación y oración (Ezequiel 19 al 24)
Series Leamos la BIBLIA
Acompáñanos en esta fascinante lectura del libro de los libros (La BIBLIA), meditación y oración en 52 semanas; en la versión Nueva Biblia de Las Américas (NBLA).
Comunícate con nosotros a través del número: (809)234-7795 y el correo electrónico: [email protected]
Biblia en línea: https://www.biblegateway.com/passage/?search=Ezequiel+19-24&version=NBLA&interface=print
| Sermon ID | 76221955236324 |
| Duration | 44:01 |
| Date | |
| Category | Devotional |
| Language | Spanish |
Documents
Add a Comment
Comments
No Comments
© Copyright
2026 SermonAudio.
