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Bien hermanos vamos a abrir nuestras
Biblias por favor en la carta a los Gálatas en su capítulo
3 y vamos a leer del verso 1 al verso 9 voy a leer para ustedes y después
de esta lectura vamos a venir en oración al Señor dice así
la palabra de Dios O gálatas insensatos, ¿quién os fascinó
para no obedecer a la verdad a vosotros ante cuyos ojos Jesucristo
fue ya presentado claramente entre vosotros como crucificado?
Esto sólo quiero saber de vosotros. ¿Recibisteis el Espíritu por
las obras de la ley o por el oír con fe? ¿Tan necios sois? ¿Habiendo comenzado por el Espíritu,
ahora vais a acabar por la carne? ¿Tantas cosas habéis padecido
en vano? Si es que realmente fue en vano.
Aquel pues que os suministra el Espíritu y hace maravillas
entre vosotros, ¿lo hace por las obras de la ley o por el
oír con fe? Así Abraham creyó a Dios y le
fue contado por justicia. Sabed, por tanto, que los que
son de fe, estos son hijos de Abraham. Y la Escritura, previendo
que Dios sabía de justificar por la fe a los gentiles, dio
de antemano la buena nueva a Abraham, diciendo, En ti serán benditas
todas las naciones. De modo que los de la fe son
bendecidos con el creyente Abraham. Amén. Vamos a orar al Señor. Padre nuestro que estás en el
cielo, te pedimos Señor en esta hora que nos ayudes a entender
y a comprender tu palabra que será expuesta. Ayúdanos Señor,
ayúdame a mí a exponerla, quita de mí todo pensamiento humano
y que hable Señor conforme a la verdad. Te lo pedimos en el nombre
de Cristo Jesús nuestro Salvador. Amén y Amén. Cada uno de nosotros, hermanos,
conoció al Señor en circunstancias diferentes, tanto así que difícilmente
podríamos comparar una con otra. En algunos casos fue dentro de
una familia cristiana, en un culto de adoración dentro de
la iglesia, en algún campamento, en otros probablemente fue en
enfermedad, postrados en una cama o cuando tocaron fondo dentro
de un pecado. El punto es que cada uno de nosotros
experimentó el poder salvador del Señor. Y aun cuando estábamos
dentro de un sistema doctrinal que nos decía que éramos nosotros
quienes teníamos la autoridad para decidir si íbamos al cielo
o al infierno, al final terminábamos agradeciendo a Dios por habernos
salvado. Muy dentro de nuestro corazón
estaba la idea de que si no fuera por Dios que obró en nosotros
desde el principio hasta el final, no hubiéramos sido salvos. Pero
pasado el tiempo, comenzaban a llegar leyes impuestas por
el hombre para complementar esta salvación. Ya eres cristiano,
ahora debes dar diezmo, porque si no das diezmo tú no eres cristiano.
Ahora debes vestir falda larga, no debes usar maquillaje, los
hombres no deben usar playera, solo camisa, no deben vestir
de mezclilla. Y aún casos más graves, como
no usar otras versiones de la Biblia, tienes que usar la versión
que yo uso. Y así hasta llegar a judaizar,
hacer cosas que se hacían en la antigua dispensación, abstenerse
de comer ciertas cosas, celebrar ciertas fiestas, y en algunos
casos hasta llegar a circuncidarse. es lo que había pasado en la
iglesia que estaba en Galacia. Habían comenzado bien, pero ahora
se habían entregado a las falsas enseñanzas y preferían agradar
a los hombres antes que a Dios. Para que nosotros, hermanos,
no caigamos en un legalismo similar, Pablo el día de hoy nos enseñará
por medio de esta serie de preguntas que debido a que hemos recibido
el Espíritu de Dios por medio de escuchar el Evangelio con
fe, debemos dejar la necesidad de confiar en las sobras de la
carne para ser justificados. Pablo empieza diciendo, ¡oh gálatas
insensatos! Hermanos, esto debió sorprender
a quienes escuchaban la lectura de la carta. La insensatez a
la que se refiere es que aceptaron los argumentos legalistas sin
compararlos con la palabra de Dios, tomándolos como verdad. Pablo les pregunta, ¿Quién os
fascinó para no obedecer a la verdad? A vosotros ante cuyos
ojos Jesucristo fue ya presentado claramente entre vosotros como
crucificado. Estas preguntas, hermanos, se conocen como preguntas
retóricas, y no están diseñadas para que el oyente las responda
en primera instancia, sino para que reflexione. La respuesta
es obvia, pero les daría mucho en qué pensar. Otras versiones
dicen, ¿Quién los hechizó o quién los embrujó? para no obedecer
a la verdad. Todas estas traducciones me parecen
acertadas, porque esa era la condición en la que estaban los
Gálatas, como si hubieran sido embrujados, como si hubieran
sido hechizados. Claro que no podríamos aceptar
esto literalmente, por eso prefiero la traducción de la Reina Valera.
¡Fascinó! Una definición de fascinar, hermanos,
es cautivar, atraer irresistiblemente la atención de una persona. Los
gálatas quedaron cautivados por las palabras de los judaizantes,
por la retórica que usaban, por lo que representaban y cómo usaban
la escritura a su favor. Hoy muchos quedan fascinados
con la retórica de un predicador, con su forma de expresarse, con
el volumen de su voz, He de reconocer, hermanos, que por mucho tiempo
quedé fascinado con un predicador y lo escuchaba casi a diario,
sin darme cuenta de las herejías que a veces llegaba a predicar,
pero me cautivaba su forma de exponer y de desarrollar un tema.
Lamentablemente muchos siguen a líderes falsos por estas cualidades
en vez de por la doctrina. Algunos tienen un buen tono de
voz que atrae al escucharlos. Muchos de estos líderes, a propósito,
piden que se regule su voz para que sea más atractiva y conecta
mejor con la audiencia. Hermanos, Pablo les había enseñado
el Evangelio a los de Galacia de una manera que pareciera que
hubieran estado presentes en el momento exacto de la crucifixión. comprendiendo completamente la
doctrina detrás del sacrificio del Señor y la implicación de
que todo mérito humano no contribuye en nada a la salvación. Pero
aún tras haber escuchado semejante exposición del Evangelio, concluyeron
que todavía era necesario hacer obras. Esta pregunta, hermanos,
también es para nosotros y nos hace reflexionar, porque puede
que alguien nos esté fascinando para seguir alguna corriente
doctrinal diferente a la que se nos ha entregado. En una iglesia
cercana a nosotros hubo un caso de una joven que comenzó a prestar
oídos a predicadores que predicaban muy bien, pero estos hombres
negaban la Trinidad. Ella hizo caso y quiso introducir
esta doctrina en la iglesia y tristemente tuvo que ser expulsada. Sé que
muchos escuchan a predicadores por internet, conferencistas
o simplemente a personas que dan sus comentarios. En muchos
casos es bueno, pero debemos ser reflexivos al escucharlos
para diferenciar lo que es de Dios de lo que no lo es. Y para
saber diferenciar, hermanos, es necesario que estemos llenos
del Espíritu de Dios. Es decir, que la Palabra de Dios
abunda en nosotros, no sólo en conocimiento, sino en nuestros
corazones, para que estemos firmes en la doctrina que los apóstoles
nos han dejado, y no demos lugar a doctrinas que quieren distorsionar
el Evangelio de la gracia de Dios. Siguiente pregunta. Esto sólo quiero saber de vosotros. ¿Recibisteis el Espíritu por
las obras de la ley o por el oír con fe? ¿Cómo habían recibido el Espíritu
los gálatas? ¿Obedeciendo leyes estrictas
y rigurosas que los esclavizaban o por poner su fe en el Señor
Jesucristo? Esto es claro, ellos ni siquiera
conocían muchas cosas de la ley cuando el Evangelio llegó a sus
vidas. No conocieron, o al menos no practicaban las normas alimenticias,
la circuncisión, y aún así recibieron el Espíritu de Dios que se reflejó
en una vida nueva. Este es el rasgo característico,
hermanos, de un cristiano. Alguien dijo una vez, ser cristiano
es ser habitado por el Espíritu, y ser habitado por el Espíritu
es ser cristiano. Para Pablo, hermanos, la vida
cristiana comienza con el Espíritu. Dios sobra en los cristianos
por medio del Espíritu. Con la fe viene la bendición
de Abraham, que es la promesa del Espíritu. Los verdaderos
hijos de Dios son los que han recibido el Espíritu de Dios
y que claman ahora sí, Abba Padre. Así que tener fe en Cristo significa
recibir el don del Espíritu de Dios y aquí hermanos termina
la era de la ley. En Gálatas 5.18 dice que los
que son guiados por el Espíritu no están bajo la ley. Antes de
preguntarte, ¿Cómo recibiste el Espíritu de Dios? Pregúntate,
¿Has recibido el Espíritu de Dios? En otras palabras, ¿Has
creído en Jesucristo como tu Salvador? ¿Eres parte de la familia
de Dios? Si no, arrepiéntete y cree en
Él como tu Salvador para que vivas en paz con Dios. Ahora,
¿qué hicimos para recibir el Espíritu? ¿Fue por nuestra forma
de vestir? ¿Fue porque ayunabas dos veces
por semana? ¿Fue acaso porque encontraste
tus raíces hebreas y comenzaste a leer la Torah? ¿Fue porque
te circuncidaste? ¡Claro que no! No fue por cumplir
nada de esto. Fue por la gracia de Dios que
creímos en Cristo como nuestro Salvador y fuimos bautizados
por el Espíritu. Entonces, ¿por qué piensan algunos
que si no cumples las normas que ellos han dado, es que no
tienes al Espíritu de Dios? Esto, hermanos, es porque han
seguido el camino de los judaizantes y legalistas. Serás salvo siempre
y cuando te portes como yo diga. Vimos en sermones pasados que
hay cosas que se tienen que hacer después de ser salvos, y esto
porque Dios nos ha dejado su ley como norma de vida. Esos
diez mandamientos resumen cómo Dios quiere que sus hijos vayan
por este mundo, y aquellos que han nacido de nuevo tienen el
deseo de cumplir la ley del Señor. Pero para poner un caso extremo,
si un hombre pierde la vida justo después de haber creído en Jesucristo,
él estará en la presencia del Señor. No hizo falta nada más. Como se le dijo aquel criminal
al lado de la cruz de Cristo, esta noche estarás conmigo en
el paraíso. Si Dios nos permite vivir muchos
años después de nuestra salvación, debemos vivir de la manera que
Él nos manda, no para complementar la salvación, sino como obediencia
a nuestro Salvador. Hermano, si ya entendemos esto,
pero tenemos la idea de que hay que hacer algo más, esto nos
lleva a la siguiente pregunta de Pablo. ¿Tan necio sois? Vimos en la primera pregunta
a qué se refiere esta necedad, a ser perezosos y no esforzarse
por discernir la doctrina de Dios de la doctrina de los hombres.
Sin embargo, esta necedad se evidencia aún más cuando Pablo
pregunta, habiendo comenzado por el espíritu, ¿ahora vais
a acabar por la carne? Pablo deja claro que los gálatas
habían comenzado por el Espíritu, habían comenzado bien, y lo absurdo
de esto es que pensaban ahora ser perfeccionados por medio
de la carne, o sea, por medio de las obras. Creo que a esta
altura, hermanos, ya vamos entendiendo la indignación de Pablo. Cuando
el apóstol menciona la carne, se refiere a una vida que no
se fundamenta plenamente en la obra de Cristo y en el poder
del Espíritu Santo. Esto es vivir todavía bajo la
ley. Hermanos, la presencia activa
del Espíritu señala la presencia interna de Cristo. Por tanto,
todos los beneficios que recibimos de Él, la fe verdadera, el conocimiento
del perdón y la adopción, la seguridad de salvación, entre
muchos otros, producen en el cristiano dones externos e internos. En otras palabras, es el espíritu
el que sigue perfeccionando a la iglesia. Alguien comparó una
vez a los gálatas con la historia del hijo pródigo, quien teniendo
todo en casa de su padre, comida, paz y seguridad, se fue a la
ciudad donde sus esfuerzos hicieron que padeciera hambre y necesidad. Ahí es donde te llevan tus esfuerzos,
ahí es donde te lleva a confiar en tus obras, a la inseguridad,
al miedo y la desesperanza. Ahora hermano, ¿dónde está tu
confianza para seguir siendo perfeccionado? ¿Está en los rituales
que practicas? ¿En la vida moral? ¿En los logros
intelectuales? ¿En el poder político? Si uno
basa su confianza para esta vida o la otra en cualquier cosa aparte
de Cristo, uno está confiando en la carne y despreciando la
obra del Espíritu Santo. Por lo cual, ¿no está de más
hacer la pregunta del apóstol, tan necio sois? Habiendo comenzado
por el Espíritu, ¿ahora vais a acabar por la carne? Siguiente
pregunta que hace el apóstol. ¿Tantas cosas han experimentado
en vano? Los gálatas habían experimentado
tantas bendiciones como adversidades, y todas estas experiencias traerían
beneficios espirituales. Ellos sufrían persecución por
parte de los judaizantes, pero si desde el principio hubieran
estado conformes a sus doctrinas, no habrían padecido persecución.
Sufrían persecución porque se habían entregado a Cristo y no
andaban en los cumplimientos de la ley. Ahora, ¿de qué sirvió
sufrir esa persecución si al final terminan convirtiéndose
al judaísmo? Tal sufrimiento no sirvió de
nada. tantas cosas han experimentado en vano. Con ese testimonio de
regresar al judaísmo probablemente todas sus experiencias fueron
en vano y lo más lamentable es que posiblemente no había salvación
en ellos. Pero aún sigue en el aire esta
última frase para crear conciencia en ellos y llevarlos al arrepentimiento. Hebreos capítulo 6 del verso
4 al 6 dice, porque es imposible que los que una vez fueron iluminados
y gustaron del don celestial y fueron hechos partícipes del
Espíritu Santo y asimismo gustaron de la buena palabra de Dios y
los poderes del siglo venidero y recayeron, sean otra vez renovados
para arrepentimiento, crucificando de nuevo para sí mismos al Hijo
de Dios y exponiéndole a Vituperio. Usted puede ser iluminado y no
ser salvo. Puede gustar del don celestial
y no ser regenerado. Puede participar del Espíritu
Santo y no haber nacido de nuevo. El hecho de que milite en una
iglesia, de que le guste la predicación y tenga experiencias espirituales,
no es garantía de que usted sea salvo. Puede que todo lo que
esté disfrutando ahora sea en vano, porque no confió en Jesucristo
para ser salvo. Esto también está en el aire.
Es una advertencia de que todo lo vivido en la iglesia puede
ser en vano. Es una advertencia, hermano y
amigo que me escuchas. Arrepiéntete y busca a Jesucristo. Y por último, Pablo regresa a
la segunda pregunta con algunos cambios. Ahora está en tiempo
presente. Aquel pues que os suministre
el espíritu y hace maravillas entre vosotros, ¿lo hace por
las obras de la ley o por el oír con fe? La respuesta es clara. Dios había hecho grandes cosas
entre ellos, y podemos ver que habían sido bendecidos con dones
especiales como hablar en lenguas, profecía, sanidad, etc. Eso se puede ver en la iglesia
primitiva. También fueron bendecidos con
dones internos como la fe, la esperanza y el amor antes de
que comenzaran a judaizar. Es sorprendente, hermanos, la
insensatez del hombre. Teniendo tantas bendiciones en
la obra de Cristo, quiere terminar por la carne. Quiere entrar en
la gloria diciendo, soy salvo por la obra de Cristo en la cruz,
pero también porque me circuncide, porque como kosher, o sea, no
como cerdo, guardo las fiestas, doy mis diezmos, danzo en la
iglesia, ofrendo, me pongo cubierta en la iglesia, me bauticé, leo
mi Biblia. Eso también me cuenta para ser
aceptado. Repito una vez más, no confundamos
las necesidades que tenemos como hijos de Dios con condiciones
para ser salvos. Leer la Biblia es una necesidad,
como lo es orar y venir a la iglesia. Si usted es hijo de
Dios, no se sentirá tranquilo faltando a la iglesia. Si usted
es hijo de Dios, no se sentirá tranquilo si deja de orar o leer
la Biblia por tres días. Si ese hijo de Dios aborrecerá
cada día más el pecado, lo malo está en poner nuestra fe en que
hacemos estas cosas. Hermanos, recordemos cuando vinimos
a Cristo, sólo confiábamos en Él, sentimos Su salvación, Su
obra fue suficiente para nosotros. ¿Fue así? pues que siga siendo
suficiente para nosotros el día de hoy. Todo lo que hemos avanzado
desde nuestra conversión hasta el día de hoy, es Él perfeccionando
Su obra. Filipenses 1.6 dice, estando
persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena
obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo. ¿Qué mérito,
hermanos, podría ayudar o agregar a la obra perfecta de Jesucristo? Nada. La obra de Cristo fue perfecta,
que no necesita nada más. Después de que Pablo termina
de exhortar a los gálatas por la insensatez de dejar la gracia
por seguir las obras, ahora el apóstol se dedica a explicarles
cómo se recibe la justificación para que ellos puedan regresar
ese camino y los lleva hasta Abraham para enseñarles que Dios
bendice al hombre cuando éste pone su confianza en él. Hermanos, Dios había escogido
a la nación de Israel para que fueran una bendición para el
mundo, no para que pensaran que eran una casta especial como
hasta nuestros días lo creen. El medio que Dios había establecido
para que recibieran esta bendición era desde el principio por medio
de la fe, sin las obras. De esta manera, por la fe también
llegaría la bendición a los géntiles. Pablo los lleva a Abraham porque
los judíos siempre han apelado a él, como si esto los pusiera
en una mejor posición. Eso mismo le dijeron al Señor
Jesucristo cuando disertaba con ellos, tenemos a Abraham por
padre. Erróneamente, también los judíos
veían en Abraham un ejemplo de alguien que recibe justicia por
las obras realizadas. Pero en el verso 6 Pablo dice
lo contrario, que solamente había sido por creer. Abraham creyó,
no menciona nada de las obras. Y de esta manera la justicia
le fue contada, le fue atribuida, le fue adjudicada o imputada. ¿Qué quiere decir esto? Que él
no se la había ganado, no era producto de sus buenas obras
o de sus buenas acciones. Algunos argumentarán que también
se circuncidó. Hermanos, cuando se dice que
Abraham creyó y esto le fue contado por justicia, hasta el momento
en que se circuncidó pasaron más de trece años. Entonces no
podemos decir que la circuncisión aportó algo para que el patriarca
fuese justificado. Pablo mismo nos explica esto
en Romanos 4, del 9 al 12. ¿Es pues esta bienaventuranza
solamente para los de la circuncisión o también para los de la incircuncisión? Porque decimos que a Abraham
le fue contada la fe por justicia. ¿Cómo pues le fue contada? Estando
en la circuncisión o en la incircuncisión. No en la circuncisión, sino en
la incircuncisión. y recibió la circuncisión como
señal, como sello de la justicia de la fe que tuvo estando incircunciso,
para que fuese padre de todos los creyentes no circuncidados,
a fin de que también a ellos la fe les sea contada por justicia. y Padre de la circuncisión, para
que los que no solamente son de la circuncisión, sino que
también siguen las pisadas de la fe que tuvo nuestro Padre
Abraham antes de ser circuncidado. Abraham, hermanos, representa
la forma en que son salvos todos los hombres, y en especial cómo
son salvos los gentiles como nosotros, que éramos ajenos a
las promesas de Israel. Abraham no era circuncidado cuando
se le adjudicó justicia y permaneció muchos años sin serlo. La circuncisión
en el contexto de Abraham era importante como mandato de Dios,
tanto para él como para su descendencia, pero no lo era para ser justificado,
mucho menos después de la venida del Mesías. Como vimos en el
capítulo 2, los apóstoles no le exigieron a los nuevos creyentes
gentiles. ¿Pero Abraham creyó un evangelio
diferente al de nosotros? Hermanos, miles de años nos separan
de él. Y aún así, de la misma manera
que fue justificado Abraham, fuimos justificados nosotros.
Abraham creyó en Jesucristo. ¿Pero cómo? Si Cristo vendría
cientos de años después. Abraham creyó en la promesa de
Dios, la cual se cumplió en Jesucristo. Aunque Cristo no había venido
aún, la fe de Abraham estaba en la promesa de Dios de redención
y bendición para todas las naciones, que se cumpliría a través de
su descendencia. De esta manera, Abraham miró
hacia adelante a la promesa del Mesías, y nosotros miramos hacia
atrás al cumplimiento de esa promesa en Cristo. Ambos, Abraham
y nosotros, somos justificados por la fe puesta en Jesucristo. Jesús, hermanos, les dijo a los
legalistas de su tiempo, en Juan 8, 56, Abraham, vuestro padre,
se gozó de que había de ver mi día, y lo vio, y se gozó. Cuando se le prometió a un hijo
a Abraham, hermanos, él creyó que por medio de Isaac llegaría
la bendita simiente. Abraham no vio literalmente a
Cristo. Su fe le hizo ver hacia el futuro
y ver que vendría el Hijo de Dios en gloria y sólo por medio
de Él alcanzaría salvación. Nosotros tampoco hemos visto
literalmente a Cristo. Por fe ahora miramos al pasado
y vemos al Hijo de Dios encarnado, cumpliendo la voluntad del Padre,
llevando nuestras cargas en la cruz del Calvario, y creemos
que sólo por medio de Él alcanzamos salvación. Repito, ellos miraron
hacia el futuro y nosotros miramos hacia el pasado. En la celebración
de la Pascua, ellos esperaban al Cordero que quitaría por fin
sus cargas. En la Cena del Señor recordamos
al Cordero que quitó nuestras cargas una vez y para siempre
en la cruz del Calvario. Dice el verso 7, Sabed, por tanto,
que los que son de fe, estos son hijos de Abram. Ser de la
fe significa estar controlado completamente por el Señor. Cuando esto se puede afirmar
de alguien, esa persona es un hijo de Abraham. Y si es hijo,
también heredero, verdadero partícipe de la promesa espiritual hecha
Abraham. No como dice el líder de la secta
Gozo y Paz de nuestra ciudad, que es literalmente descendiente
de Abraham, que parte del código genético de Abraham está en él. Por eso él dice que sintió ese
llamado a estudiar la Torah, a circuncidarse y a hacer todas
las cosas que practican estos días. Hermanos, Pablo no está
introduciendo una nueva doctrina. Simplemente está repitiendo lo
que el Señor Jesucristo predicó. Lucas 19, 9 dice, Jesús le dijo,
hoy ha venido la salvación a esta casa, por cuanto él también es
hijo de Abraham. Aquí le está hablando a Zaqueo,
un jefe de los publicanos. Los publicanos eran odiados por
los judíos. Para ellos, Zaqueo era todo menos
un hijo de Abraham. En Juan 8, 39, Jesús le dice
a los fariseos. Respondieron y le dijeron, Nuestro
padre es Abram. Jesús les dijo, Si fueseis hijos
de Abram, las obras de Abram haríais. Más adelante les dice,
Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro
padre queréis hacer. Cristo, hermanos, Dejó claro
que el verdadero descendiente de Abraham es el que cree en
el Señor Jesucristo como su Salvador, y no el que lo es por medio de
sangre, hebreo de hebreos, nacido en el corazón de Jerusalén. Si
usted ha creído en Cristo, es un hijo de Abraham, tenga el
origen que tenga, gentil, hebreo, tehuacanero, eso pierde relevancia. Es bueno recordar que no existe
tal cosa como Israel y la iglesia, como algo separado. O como dicen
los dispensacionalistas, que Dios trabaja de una forma con
Israel y de otra forma con la iglesia. ¡Claro que no! El Señor
no tiene dos pueblos. Todos habitamos en la misma tienda,
como dice Isaías 54. Fuimos injertados al antiguo
olivo, según la analogía de Romanos 11. Romanos 4.16 dice, Por tanto
es por fe, para que sea por gracia, a fin de que la promesa sea firme
para toda su descendencia, no solamente para la que es de la
ley, sino también para la que es de la fe de Abraham, el cual
es padre de todos nosotros. Y aquí incluye a judíos como
gentiles. Continúa diciendo el verso 8,
Y la Escritura, previendo que Dios había de justificar por
la fe a los gentiles, dio de antemano la buena nueva a Abram,
diciendo, En ti serán benditas todas las naciones. Este verso
nos dice que la Escritura previendo, conociendo lo que Dios sabía
de hacer, no es otra cosa que la revelación de Dios para nosotros.
Un comentarista dijo, lo que la Escritura promete, Dios lo
promete, porque Él es el que está hablando. Dado que el principal
autor de la Escritura es el Espíritu Santo, es inevitable concluir
que Dios y Su Palabra están íntimamente unidos. Por eso, como cristianos
reformados, creemos en el principio de sola escritura. ¿Qué quiere
decir esto? Que sólo recibimos lo que emana
de la Palabra de Dios. ¿Podemos leer otros libros? ¡Claro
que sí! Siempre filtrándolos por la Palabra
de Dios. ¿Podemos escuchar a otros predicadores?
¡Claro que sí! Filtrándolos por la Palabra de
Dios. ¿Qué decía la Escritura, hermanos,
respecto a Abraham? Que en él serían benditas todas
las naciones. Eso dice Génesis capítulo 12,
verso 3. Bendeciré a los que te bendijeren,
y a los que te maldijeren maldeciré. Y serán benditas en ti todas
las familias de la tierra. Hermanos, David entendió esto
cuando escribió el Salmo 89. Salmo 89, 9 dice, Todas las naciones
que hiciste vendrán y adorarán delante de ti, Señor, y glorificarán
tu nombre. En la mente del Señor siempre
estuvo justificar a los gentiles. Cuando esta promesa se le dio
a Abraham, él claramente pensaba que ésta no era una bendición
material. Sería en el Mesías que habría
de venir. Era la simiente de la mujer que
se prometió en Génesis capítulo 3, el cual aplastaría la cabeza
de la serpiente. Más adelante en el verso 16 dice,
Ahora bien, a Abraham fueron hechas las promesas y a su simiente. No dice y a las simientes, como
si hablase de muchos, sino como a uno y a tu simiente, la cual
es Cristo. El verso 9 hermanos, concluye
diciendo esto, De modo que los de la fe son bendecidos en el
creyente Abraham. Así que los que han escuchado
el mensaje de salvación con fe, estos son hijos de Abraham y
son bendecidos con él. Ciertamente, aunque se nos registran
algunas debilidades de Abraham, hermanos, sigue siendo un ejemplo
de la fe. Romanos 4, 18 dice que creyó
en esperanza contra esperanza. Creyó cuando se le dijo que tendría
un hijo siendo él de casi 100 años de edad. Creyó que su mujer
le daría un hijo cuando ella era ya mayor y toda su vida había
sido estéril. No llegó a ver muchas cosas que
se le prometieron. No vio a su descendencia tan
grande como la arena del mar o como las estrellas del cielo.
No vio poseída la tierra prometida, pero creyó. Jesús le dijo a Tomás,
dichosos los que no vieron y sin embargo creyeron. Te pregunto,
amigo, en esta hora, ¿qué esperas ver en este día para creer en
Cristo? Puedes ver oro cayendo del cielo,
puedes ver sanidades, puedes ver los milagros más grandes
que puedan existir, pero si no has visto a Jesucristo como lo
vio a Abraham, no puedes ser bendecido y tu destino será el
infierno. Te has de preguntar en este momento,
¿cómo hago para ver a Cristo? ¿Me lo imagino? ¡Claro que no!
No puedes ver a Cristo si antes no has visto tu miseria. No puedes
ver a Cristo con un corazón soberbio y orgulloso que se jacta todavía
de hacer buenas obras. Ve tu vida, ve tu corazón, vélos
a través de la ley del Señor. ¡Oh, hermano y amigo, que el
Señor te muestre cuán bajo te ha hecho caer el pecado! Date
cuenta de que con tu pecado has ofendido al Ser más poderoso
de todo el universo, y que Su Vira Santa está sobre ti, y que
la única razón de que no hayas descendido al infierno en esta
hora es porque sigue teniendo misericordia de ti. ¿Quieres
ser libre de esto? Ve a la cruz. Ahí el Señor entregó
su vida por su pueblo escogido. Y si te arrepientes y crees en
Jesús, puedes recibir en esta tarde la bendición que recibió
Abraham. Dice el verso 29 del capítulo
3, Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham
sois, y herederos según la promesa. Cree en el Señor Jesús para que
te sea contado por justicia, y las bendiciones que se le dieron
a Abraham serán tuyas también. Ahora es el momento, hermano
y amigo. Sólo creyendo en el Señor Jesucristo
podemos ser justificados. Que así sea, hermanos.
El Justo vivirá por fe
Series Gálatas
Debido a que hemos recibido el Espíritu de Dios por medio de escuchar el evangelio con fe, debemos dejar la necedad de confiar en las obras de la carne para ser justificados.
| Sermon ID | 75242122257435 |
| Duration | 35:56 |
| Date | |
| Category | Sunday Service |
| Bible Text | Galatians 3:1-9 |
| Language | Spanish |
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