00:00
00:00
00:01
Transcript
1/0
Vamos a orar y empezar a mirar
ese pasaje. Padre, gracias por el libro de
Tito. Gracias por toda tu palabra. Gracias porque cada libro tiene
un enfoque un poco diferente. Tiene tesoros sin igual, que
son de tanta bendición encontrar. Señor, ayúdanos a ver que tu
palabra es esencial para nuestras vidas. Señor, gracias por darnos
Tu Palabra. Gracias por Tu Espíritu Santo,
quien inspiró la Palabra y quien también nos enseña por medio
de la Palabra, nos ilumina para que podamos entender la Palabra
y también nos convence de nuestro pecado por medio de la Palabra.
Pedimos que Él haga Su obra en nuestros corazones esta mañana.
como solamente Él puede hacer, para que nuestra iglesia pueda
seguir creciendo en unidad y para que podamos en verdad darte la
gloria que solo Tú mereces. En nombre de Cristo pedimos estas
cosas. Amén. En mi casa tenemos varios diferentes
árboles frutales y tenemos dos de cereza, pero tristemente uno
de ellos por alguna razón agarró una enfermedad o algo y cuando
primero llegamos daba mucho fruto, pero ya este año no dio nada. El otro, el año pasado, dio mucho,
mucho fruto y fue muy grande y bueno, pero creo que le agarró
la enfermedad del otro árbol y ese año tuvimos fruta, pero
fue muy pequeña y ya se parece que no va a dar mucho más fruto
en el futuro. Y obviamente un árbol que debe
dar fruto, que no da fruto, no es de mucho provecho, no es de
mucho uso. Y de la misma manera, una persona
que no da mucho fruto no es de mucho provecho a la obra del
Señor. En Tito capítulo 3 termina ese capítulo hablando de varias
diferentes personas quienes daban mucho fruto. Y tenemos que preguntarnos,
pensando en nuestras vidas, mirando atrás a nuestras vidas, si hoy
fue el último día de su vida, ¿qué fruto tendrías para llevar
al cielo? ¿Qué podrías mirar, mirando a
tu vida, qué ha hecho Dios por medio de ti en las vidas de otros? ¿Qué fruto tenemos en nuestras
vidas? Si miramos atrás y somos como ese árbol mío que no ha
dado nada de fruto, ¡qué tristeza! Hay algunos que, como el otro
árbol, antes daban mucho fruto y en años pasados han tenido
un gran efecto en otras vidas, pero recientemente han estado
secando un poco espiritualmente y ya no han visto tanto fruto
en sus vidas. Aquí en Tito capítulo 3 nos enseña
la verdad de que si queremos llegar al final de nuestras vidas
y tener mucho fruto para presentar al Señor, la única manera de
hacer eso es tener una vida que es enfocada en otros. Algunos
van a llegar al final de su vida y mirar atrás y decir, yo viví
una vida muy cómoda. Yo pasé muchas horas en el sofá,
muchas horas en vacaciones, muchas horas disfrutando de mi vida.
Pero va a mirar atrás y decir, pero en verdad no tenía ningún
afecto en las vidas de otros. Viví toda mi vida para mí mismo.
Otros dirán, bueno, yo trabajé muy duro y avancé mucho en mi
compañía y llegué a ser muy famoso. Pero en verdad, no fue de provecho
para la obra del Señor o para las vidas de otros. Otros dirán,
bueno, yo gané mucho dinero. Fui muy sabio en cuidar el dinero.
Yo morí con millones y millones de dólares. Pero no tenían mucho
fruto para la gloria del Señor. En verdad, sus vidas no fueron
muy útiles. Si en verdad queremos llegar
al final de nuestras vidas y decir, mi vida en verdad, yo hice algo
que valía la pena. ¿Verdad? Yo producí mucho fruto. La única manera de hacer eso
es estar involucrado en las vidas de otros. Es afectar a otros
para la gloria del Señor. Y eso es lo que vemos en las
vidas de Pablo y de Tito. Tito 3, versículo 12 dice, cuando
envíe a ti a Ártemas o a Tíquico, apresúrate a venir a mí en Nicópolos,
porque allí he determinado pasar el invierno. Tenemos que recordar
que Tito, al principio de ese pasaje, está en Creta, una isla
pequeña en el Mediterráneo, y él fue encargado por Pablo a establecer
iglesias y asegurar que las iglesias tuvieran pastores y asegurar
que la obra allí podría ir adelante. Y Tito fue muy dotado, fue enseñado
por Pablo, tenía muchos dones y talentos. Pero Pablo dice a
Tito, mira, eres de mucha importancia, Dios te ha usado grandemente
ahí en Creta, pero ya es tiempo para que otro toma tu lugar por
un tiempo. Y dice que una de esas dos personas,
Artemas o Tíkiko, van a venir y van a tomar tu lugar. Para
muchas personas, especialmente personas que Dios ha usado grandemente,
que tienen grandes dones, que tienen mucha experiencia, a veces,
a lo mejor, personas pensarían, bueno, yo si yo sería títo, yo
estaría un poco ofendido. Mira, me daba esa gran obra de
encargarme de todas las iglesias en Creta y asegurar que tienen
pastores y ya me vas a quitar de aquí, pero estoy haciendo
una gran obra. Dios está usándome grandemente
aquí. Pero Pablo está enseñando a Tito algo muy importante. Como
cristianos, ninguno de nosotros somos indispensables. Todos nosotros
necesitamos los unos a los otros y cada uno de nosotros tiene
un trabajo. Dios quiere usar a cada uno de
nosotros, pero necesitamos los unos a los otros. Y muchas veces
creemos, yo soy el único que puede enseñar esa clase de la
escuela dominicana. Yo soy el único que puede hacer ese trabajo.
O la iglesia depende tanto de mí. Si yo me fuera, toda la iglesia
caería. Y Dios dice, no, yo tengo muchos
otros que pueden hacer la obra también. Tenemos que reconocer
que necesitamos los unos a los otros. Pablo mismo era un gran
apóstol, usado para escribir mucho de la Biblia. ¿Pero qué
dice él? Tito, te necesito. Ven para estar
conmigo. Y a través de toda la palabra
de Dios, siempre vemos a Pablo trabajando con otros. Dios le
usó grandemente, pero él nunca hizo el trabajo a solas. Él reconoció
que él necesitaba a otros cristianos, aunque él fue muy dotado, aunque
él conocía mucho la palabra del Señor, aunque Dios le había usado
grandemente, él reconoció que necesitaba a otras personas. Entonces, él envía a esas dos
personas, a Artemás y a Tíquico, para ir y tomar el trabajo de
Tito, para mostrar a Tito, mira, Tito, tú no eres el único que
puede hacer ese trabajo. Hay otros que pueden hacer ese
trabajo. No sabemos mucho de Artemás, es la única mención
de él en la Palabra del Señor, pero sí sabemos un poco de Tíquico. Si mira conmigo a Efesios capítulo
6, habla un poco más de Tíquico. Sabemos que él también estuvo
con Pablo en Hechos capítulo 20. Menciona que él viajó con
Pablo por un tiempo allí en sus viajes misioneros. Pero en Éxodos
capítulo 6, versículo 21, dice, para que también vosotros sepáis
mis asuntos y lo que hago. Todo os lo hará saber Tíquico,
hermano amado y fiel ministro del Señor, el cual envía a vosotros
para esto mismo, para que sepáis lo tocante a nosotros y consuele
vuestros corazones. No sabemos mucho de Tíquico.
No tenemos un libro en la Biblia llamado Tíquico. No escribió
en ningún libro de la Biblia, solamente le menciona a él también
en Colosenses. Y entonces, una vez más en el
Segundo de Timoteo, capítulo 4, y siempre es como un mensajero,
yendo a un lugar para Pablo, yendo a otro lugar para Pablo.
La mayoría de ustedes probablemente, si antes de venir al Sedillos
de mañana, le hubiese preguntado, ¿Quién es Tíquico? La mayoría
de ustedes probablemente diría, No sé, nunca he escuchado ese
nombre. Porque no es una persona muy
famosa, no es como Pablo, Pedro, Andrés o Elías. Solamente fue un ayudante de
Pablo. Pero fue una persona dotada por
Dios, quien podría tomar el lugar de Tito, tan importante como
Tito. tan importante como a veces Pablo. Pablo lo envía muchas
veces en su lugar. Y lo que podemos ver aquí es
la primera cosa que tenemos que entender si queremos tener vidas
fructíferas, es que tenemos que aprender a depender en las habilidades
de otros. Cada cristiano es parte de una
familia. Y nosotros, Dios ha dado a cada
cristiano dones, habilidades, y cada uno de nosotros somos
importantes para la familia de Dios. Pero cada uno de nosotros
también necesitamos a otros cristianos. No importa si eres Pablo o Tito,
necesitas a otros cristianos. Necesitas animar a otros cristianos
y necesitas ser animado por los otros cristianos. Necesitamos
ver que cada persona necesita las habilidades de otros. Ninguno
de nosotros somos indispensables. Y a veces, tristemente, Dios
nos llama a otros lugares. Y si Dios llama a personas a
otros lugares, siempre suplirá con otros llegando a la iglesia.
Como mencioné, esta semana vamos a ir al campamento y va a ser
la primera vez en muchos años que vamos a ir a un lugar donde
nosotros vamos a estar haciendo la comida y haciendo todo el
trabajo y todo eso. La última vez que lo hicimos
fue en el año 2003. Hace 20 años que lo hemos hecho. Y como he
estado planeando un poco, mi padre me envió la lista de lo
que hicieron en 2003. En 2003 fue el año que yo gradué
de la prepa. Entonces, tenía unos 18 años
de edad. Entonces, en ese año estaba mirando
todas las familias que fueron con nosotros al campamento en
2003. Y noté que había como veinte familias que fueron, como cien
personas, veintiséis familias. De esas veintiséis familias,
hay ocho que todavía están en la iglesia. La mayoría de esas
familias ya están sirviendo al Señor en otras partes. Unas familias
que estaban en la lista que unos van a conocer, otros no van a
conocer. La familia Alcocer, la familia
Velázquez, la familia Ramírez, Quintanilla, Asmat, Rubio. Todas esas familias todavía,
gracias a Dios, están sirviendo al Señor, pero en otras partes
del país. Y si usted me hubiera dicho en 2003 que no tendríamos
ninguna de esas familias en la iglesia hoy día, yo pensaría
ya no tenemos iglesia, porque esas fueron las familias más
centrales a la iglesia en ese entonces. Pero gracias a Dios,
tenemos una iglesia casi llena esta mañana. ¿Por qué? Porque
Dios trajo otras familias y ellos ya están sirviendo al Señor en
otros lugares. Y tenemos que reconocer, somos importantes
para la obra del Señor, pero necesitamos los unos a los otros.
Y Dios puede hacer su obra con nosotros o sin nosotros. Y tenemos
que tener la humildad para reconocer que cada uno de nosotros necesitamos
los unos a los otros. Y gracias a Dios por las familias
que han estado aquí por mucho tiempo, y gracias a Dios por
las nuevas visitas hoy. por los que han llegado en los
últimos años. Gracias a Dios que Dios no depende
de ningún ser humano. Él puede usar a cualquier que
está dispuesto a rendirse a Él. Tenemos que aprender a depender
de las habilidades de otros, a no pensar, bueno, yo soy el
único que puede hacer eso. No, necesitamos los unos a los
otros. Una vida enfocada en otros es una vida fructífera. Pero
no solamente eso, seguimos leyendo en versículo 13. Tito 2, perdón,
Tito 3, 13. Dice, Hacenas, intérprete de
la ley, y Apolos, encamínales con solicitud, de modo que nada
les falte. Aquí menciona a dos personas.
No conocemos otra vez a Senas. Es la única vez que se menciona.
Dice que es un intérprete de la ley. No sabemos exactamente
qué significa eso. Hay dos diferentes opciones.
Podría haber sido un intérprete de la ley judía. Hay muchas personas
que trabajaron como escribas y conocían muy bien la ley judía. Otros creen que fue un abogado
romano. Y fue alguien que conocía no
la ley judía, sino la ley romana. Y fue encargado de eso. No sabemos
exactamente quién era, pero parece que no fue un predicador. Parece
que fue alguien como un abogado. Pero que viajó con otros para
servir al Señor. Otra vez mostrando que Dios usa
a todos. A unos abogados, ¿verdad? Algunos
creen que nunca un abogado podría ser usado por el Señor. Pero
a unos abogados Dios puede usar, ¿verdad? Entonces menciona aquí
a Apolos. No estamos 100% seguros, pero
es probable que ese Apolos es el predicador mencionado varias
veces en otros pasajes de la Palabra. Menciona en Hechos que
él fue grandemente usado por Dios, pero todavía no estaba
completamente entrenado, y tenía que ser entrenado por otros para
que él podría mejor conocer el camino del Señor correctamente.
Primero, Corintios menciona que muchos estaban siguiéndole porque
parece que fue un muy buen predicador. Pero parece que esas dos personas,
a lo mejor algunos piensan que trajeron el libro de Tito a Tito. Y fueron los mensajeros de Pablo.
Y Pablo dice, mira, esas dos personas que están sirviendo
al Señor de esa manera, asegúrense que tengan todo lo que necesitan.
Y dicen, camínales con solicitud en modo que nada les falte. Sabemos
cuando uno está viajando, muchas veces no conocen los lugares.
A lo mejor necesita comida, hospedaje. Y Pablo dice, asegúrense que
esos hermanos tienen todo lo que necesitan. Versículo 14.
Y aprendan también los nuestros a ocuparse en buenas obras para
los casos de necesidad, para que no sean sin fruto. Entonces dice que no solamente
debe ayudar a esos dos mensajeros, pero también a cualquier que
esté en necesidad. Otra vez, en todo el libro de
Tito, menciona vez tras vez tras vez esa idea de buenas obras. Otra vez, como mencionamos las
últimas semanas, no somos salvos por buenas obras. De hecho, dicen
Tito 3.5 que no por obras de justicia fuimos salvos. Pero
siempre cuando somos salvos regenerados, cuando estamos conociendo la
doctrina, la enseñanza, siempre resulta en buenas obras. Si no estamos haciendo buenas
obras, no somos salvos. ¿Por qué? Porque los que son
salvos siempre muestran su salvación por hacer buenas obras. Cuando
conocemos lo que la Biblia enseña, vamos a ayudar a otros. Y eso
es muy importante. Si queremos una vida fructífera,
tenemos que preocuparnos de las necesidades de otros. A mí se
me da tristeza que muchas veces estamos tan preocupados con nuestra
comodidad, tan preocupados con nuestros quehaceres, nuestras
necesidades, nuestros sueños del futuro, que ni miramos las
necesidades de los que están sentados alrededor de nosotros.
Y tenemos que siempre estar preocupados por otros, orando por los que
están enfermos, visitándoles. Si hay alguien que está en necesidad,
proveyendo esa necesidad. Recuerdo cuando yo era un joven,
creo que tenía unos 12 o 13 años de edad, siempre, creo que no
sé si les he contado eso antes, pero cuando era un joven en la
otra iglesia donde estábamos, el otro edificio que está aquí
cercano, siempre después de la iglesia jugábamos baloncesto
con los jóvenes o fútbol americano. Entonces, siempre mis zapatos
que llevaba a la iglesia, siempre las destruía. Siempre. Porque
estaba corriendo, jugando, después del servicio, y no me importaba
lo que estaba llevando, yo iba a ir a jugar algún deporte. Y
ahí estaba jugando y siempre destruía todos mis zapatos. Entonces,
mis padres creo que finalmente decían, ya no vamos a comprarle
más zapatos, se destruyen todos, no importa. Entonces un día llegué
a la iglesia y mi zapato que estaba llevando, lo de abajo
estaba completamente separado y estaba cayendo ahí. Entonces
estaba andando y mi zapato estaba como hablando a todas las personas
que estaban pasando ahí. Y un hermano de la iglesia en
ese entonces vio mi zapato y dijo, ¿qué pasó con su zapato? No sé,
estaba jugando baloncesto o algo y lo rompió. Y él dijo, ¿necesitas
nuevos zapatos? Y yo, ah, a lo mejor un día voy
a comprar nuevos zapatos. Pero en ese entonces, y todavía,
no me importan mucho los zapatos y la ropa. No es algo de mucha
importancia. Es mucho mejor pasar tres horas
jugando baloncesto que yendo de compras para zapatos. Pero
digo, tú necesitas zapatos. Y yo dije, yeah, un día voy a
comprarlos. Y él dijo, no, no, tú necesitas
zapatos. Y era como en medio de la escuela
dominical. Y él dijo, OK, ven conmigo. Y yo dije, OK. Entonces,
él fue y dijo, monta en mi carro. Me llevó ahí en medio del servicio
a la tienda, me compró zapatos y regresamos a la iglesia. ¿Por qué? Porque ese hermano
vio una necesidad y quería suplir esa necesidad. Ahora, no recomiendo
que mires a los zapatos que están alrededor. Vayan ahora a comprar.
Yo sé que algunas hermanas estarían muy contentos de salir de servicio
ahora para comprar zapatos. Pero lo que estoy diciendo es
que tenemos que abrir los ojos a veces y ver que hay hermanos
que tienen necesidades. Y como cristianos, si en verdad
hemos sido regenerados, si en verdad tenemos un corazón por
Dios, si queremos tener fruto que permanece en nuestras vidas,
tenemos que tener ese deseo, como dice aquí, ocuparnos en
buenas obras para los casos de necesidad, para que no sean sin
fruto. Eso puede ser solamente llevar
una comida a alguien que está en necesidad. Puede ser dar dinero
a los misioneros cuando tienen necesidades de construcción o
de salud. Puede ser solamente hacer una
visita o hacer una llamada. Pero tenemos que estar buscando
suplir las necesidades de los que están en necesidad. Vemos
eso en la vida de una mujer en el Antiguo Testamento. Si quieren
mirar conmigo a Segundo de Reyes, capítulo 4. En Segundo de Reyes,
capítulo 4, el profeta Eliseo viajaba mucho por muchos diferentes
lugares, predicando la palabra. Hablando con las personas, entrenando
a otros profetas, haciendo milagros. Y muchas veces pasó por cierto
lugar. Y dice en Segundo Reyes capítulo
4 y versículo 8. Aconteció también que un día
pasaba el liceo por Sunaim. Y había ahí una mujer importante
que le invitaba insistentemente a que comiese. Yo he encontrado
muchas personas, especialmente hermanas de la iglesia, que así
hacen conmigo. Me invitan insistentemente a
comer. Cuando él pasaba por ahí, venía
a la casa de ella a comer. Y ella dijo a su marido, ven
aquí ahora. Yo entiendo que este que siempre pasa por nuestra
casa es varón santo de Dios. Yo te ruego que hagamos un pequeño
aposento de paredes y pongamos allí cama, mesa, silla y candelero
para que cuando él viniera a nosotros se quede en él. Esa mujer vio
una necesidad, primeramente de comida, y siempre los profetas
necesitan comer, y ella sacrificó para asegurarse que el profeta
tenía comida, de gran bendición. Pero entonces también vio a ese
hermano, siempre está, el profeta está pasando por aquí y necesita
un lugar para dormir. Ellos tenían los recursos, entonces
dijeron, ¿por qué no construimos un cuarto? Y cada vez que pase
por aquí, puede dormir en ese cuarto. y fue de gran bendición
para ese profeta Eliseo. ¿Por qué? Porque la mujer abrió
sus ojos, vio una necesidad, y dijo, yo tengo los recursos
para suplir esa necesidad. Y así debemos ser como cristianos,
debemos siempre estar buscando suplir las necesidades de otros
si queremos tener una vida fructífera. Depender en las habilidades de
otros, preocuparse por las necesidades de otros. Pero entonces, regresando
a Tito 3, Seguimos leyendo en el último versículo, versículo
15. Tito 3, versículo 15. Dice, todos
los que están conmigo te saludan. Saluda a los que nos aman en
la fe. La gracia sea con todos vosotros. Amén. Es interesante aquí que
Pablo casi siempre, cuando escribe una carta, siempre está saludando
a la gente. Y aquí dice, mira, los que están
conmigo, te saludan. Hay varios aquí que conocían
a Tito y querían mandar sus saludos a Tito. Y también dice, yo conozco
a varios que están contigo. Ahí, Tito, por favor, salúdales.
para mí. Si miras al último capítulo de
Romanos, todo el último capítulo de Romanos es Pablo saludando
a un montón de gente. Y conoce las necesidades, las
preocupaciones, lo que han hecho, y menciona a muchas diferentes
personas y todo lo que han hecho, porque se preocupaba mucho por
cada una de esas personas. ¿Cómo pudo Pablo hacer eso? Porque
conocía a esa gente. conocía a las personas. ¿Y cómo
llega a conocer a las personas? Bueno, tiene que hablar con ellas
y tiene que escucharlas. Tiene que pasar tiempo con ellas.
Y la última cosa que vemos es que si queremos tener una vida
fructífera, que se enfoquen en otros, primeramente tenemos que
depender en las habilidades de otros. Reconocer que no somos
los únicos que podemos hacer algo. Necesitamos los unos a
los otros. Segundo, tenemos que preocuparnos por las necesidades
de otros, pero finalmente tenemos que involucrarnos en las vidas
de otros. Tenemos que involucrarnos en
las vidas de otros. Cuando yo estaba en la universidad,
Yo fui a la misma iglesia que mi hermano mayor, Jason, que
fue una iglesia hispana allí en Calinida del Sur. Jason pasó
mucho tiempo en esa iglesia, visitando a la gente, hablando
con ellos, llegando a conocerlos, y llegó a casi ser una parte
de la familia allí. Y estaba allí por unos 8 o 10
años. Y cuando él salió, una vez yo
fui allí para visitar otra vez a la iglesia. Y cuando fui a
esa iglesia, cada persona que estaba allí me preguntó, ¿Cómo
está tu hermano Jason? Saluda a Jason, por favor. ¿Cómo
está tu hermano Jason? ¿Por qué? Porque Jason se había
involucrado en las vidas de cada uno de ellos. Y por eso ellos
querían mandar saludos a ellos. Muchos no mandan saludos a personas. ¿Por qué? Porque casi no los
conocen. Pero Pablo y Tito estaban mandando
saludos los unos a los otros. ¿Por qué? Porque tenían una relación
cercana con esas personas. Eran sus amigos, sus familiares.
Es una lástima a veces que ni conocemos la mayoría de nuestros
hermanos en Cristo. Y muchas veces aún yo soy culpado
de eso. Pero tenemos que pasar más tiempo
involucrándonos en las vidas los unos de los otros. Tenemos
que hablar los unos con los otros. Si vamos corriendo cada vez de
la iglesia, como nuestros pantalones están en fuego y tenemos que
salir lo más antes posible, no vamos a poder involucrarnos en
las vidas los unos con los otros. Yo sé que a veces tenemos que
salir, y yo entiendo eso. Hay cosas que hacer, o hay enfermedades
y cosas así. Pero de vez en cuando, quédese
por un rato. Habla con un hermano aquí y una
hermana allá. Pregunta su nombre si no los
conoce. O aun si conoces su nombre, pregúntale qué haces, cómo está
su vida, si tiene familia, de cuál país eres. Aun a veces invítalas
a comer en tu casa. Invítalas a un café. Llegar a
conocerse los unos a los otros. ¿Cómo vamos a poder tener vidas
fructíferas? ¿Cómo vamos a poder impactar
las vidas los unos a los otros si no conocemos los unos a los
otros? Tenemos que involucrarnos en las vidas los unos a los otros.
Yo sé que muchos están llegando nuevos. Es difícil a veces. La iglesia ya está creciendo.
Hay muchos en la iglesia y es difícil. Ni yo conozco a todos
siempre. Pero tenemos que hacer el esfuerzo
para involucrarnos los unos a los otros en las vidas de otros.
Sea decir, Cada mes yo voy a llegar a conocer otro hermano. Yo voy
a llegar por lo menos a conocer su nombre o a lo mejor conocer
un poco más de ellos. Cada vez en cuando voy a invitar
a una familia que no conozco a mi casa para comer o salir
para comer un día. Y solamente llegar a preguntar
por ellos y conocerles mejor. De esa manera vamos a poder servirles
y amarnos. Si miramos a la iglesia temprana,
la primera iglesia nos dice de ellos en Hechos capítulo 2 y
versículo 43, dice, y sobrevino temor a toda persona y muchas
maravillas y señales eran hechas por los apóstoles. Todos los
que habían creído estaban juntos y tenían en común todas las cosas. Dían sus propiedades y sus bienes,
y los repartían, y todos seguían según las necesidades de cada
uno. Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo
el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón,
alabando a Dios y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor
añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos. Dice ahí que partieron el pan
en las casas, comían juntos con alegría y sencillas de corazón.
Siempre en la Biblia, en casi cada cultura, comer juntos es
como llegamos a conocernos. Y es una cosa buena poder pasar
tiempo juntos, comiendo juntos. Para mí fue un gozo poder trabajar
con uno de los hermanos por un día aquí y allá. Pero el tiempo
más dulce siempre era cuando podíamos comer juntos y pasar
un poco de tiempo juntos. Y esa es una de las razones por
las que me gusta ir al campamento para poder solamente comer juntos
y pasar tiempo juntos y llegar a conocer las dificultades, los
quehaceres, lo que está pasando en las vidas los unos de los
otros. Y si somos una familia en Cristo, necesitamos conocernos.
Y la única manera que podemos hacer eso es llegar a pasar tiempo
hablando, comiendo juntos, animando los unos a los otros. Entonces,
si queremos en verdad tener una vida fructífera, una vida que
produce fruto que sigue por toda la eternidad, tenemos que involucrarnos
en las vidas de otros. Tenemos que buscar proveer las
necesidades de otros. Tenemos que depender los unos
en los otros. Una vida enfocada en otros es
una vida fructífera. Vamos a orar. Padre, gracias
por tu palabra. Señor, yo sé que mientras yo
estaba leyendo ese pasaje, estudiándolo, tu Espíritu Santo estaba abrando
mi corazón. Yo sé que muchas veces no he
hecho el esfuerzo que yo necesito hacer para llegar a conocer mejor
a los hermanos. Ayúdame a poder hacer ese esfuerzo. Yo sé que para algunos, como
yo, muchas veces son más tímidos y es más difícil salir y hablar
con otros o invitar a personas a comer juntos, pero ayúdanos
a ver que es una bendición y es una necesidad, porque no vamos
a poder llevar fruto que abunda si no estamos involucrados en
las vidas de otros. No vamos a poder animar y orarlos
unos por los otros. Si no conocemos los unos a los
otros. Entonces, Señor, que uses el campamento, pero no solamente
el campamento, que uses a cada servicio, cada reunión, y aún
solamente los hermanos invitándose los unos a los otros, preocupándose
los unos por los otros en sus necesidades, para que podamos
llegar a conocernos mejor. Y de esa manera, orar mejor los
unos por los otros, y de esa manera poder ver fruto que abunda
en nuestras vidas. Porque si te amamos a ti, vamos
a amar a nuestros hermanos. En nombre de Cristo pedimos estas
cosas. Amén. Bueno, vamos a terminar poniéndonos
de pie para cantar el himno que está ahí en sus boletines. Santo
Consolador. ¡Ah, viva tu miser! Que lo que amas puedo amar en
tu voluntad. ¿Quién ama a Dios? Más que cualquier
otra cosa, Dios ama a su iglesia, a los otros hermanos. Entonces,
que nos enseñe a amar lo que Él ama. Si usted necesita oración
para amar más a los hermanos, ven adelante o solamente orar
ahí al Señor y oraremos juntos después. Santo consolado. Santo Consolador, aviva tu miseria,
que lo que amas puedo amar. Amén. Que sigamos orando los
unos por los otros, llegando a conocer los unos a los otros.
Otra vez, si los que van a ir al campamento, si en como cinco
minutos podemos reunirnos ahí abajo, salúdense. Vamos a quedarnos despedidos. Que el Señor les bendiga.
Compañerismo cristiano
Series Epistolas Pastorales
| Sermon ID | 7423325203061 |
| Duration | 33:19 |
| Date | |
| Category | Sunday Service |
| Bible Text | Titus 3 |
| Language | Spanish |
Documents
Add a Comment
Comments
No Comments
© Copyright
2026 SermonAudio.