Evangelio según San Marcos, capítulo
6, versos 53 al 56. Nos dice así la palabra del Señor. Terminada la travesía, llegaron
a tierra de Genezaret y atracaron en la orilla. Cuando salieron
de la barca, la gente enseguida reconoció a Jesús y recogieron
apresuradamente toda aquella región y comenzaron a traer a
los enfermos en sus camillas adonde oían decir que Él estaba. donde quiera que él encontraba
donde quiera que él entraba en aldeas ciudades o campos ponían
a los enfermos en las plazas y le rogaban que les permitiera
tocar siquiera el borde de su manto y todos los que lo tocaban
quedaban curados Dios bendiga su palabra mis hermanos, oremos
al Señor Soberano Dios y Padre, Tú que moras en las alturas de
los cielos Esta mañana una vez más estamos delante de tu presencia
para ser expuestos a tu Palabra. Suplicamos Señor de que tu Palabra
sea correctamente trazada y enseñada y expuesta y aplicada por mí
a todos aquellos que la han de escuchar. Úsame a mí como instrumento
para tu gloria, para tu honra, para mi edificación personal
que así también podamos crecer en la gracia y el conocimiento
tuyo, Señor. He aquí tu palabra, Padre, honrála,
aplicando esas verdades a través del Espíritu Santo, obrando eficazmente
en los corazones de aquellos que la hemos de escuchar. En
el nombre de Cristo te lo pedimos. Amén. Aquí en esta porción de las Escrituras
nos encontramos a que Marco continúa su relato sobre el Ministerio
de Jesús, mostrándonos ese ritmo vertiginoso en el que todo estaba
ocurriendo y cómo las multitudes seguían al Maestro por todas
partes, incluso, como vimos en tiempo atrás, sin darle descanso. Recordemos, mis hermanos, como
después de que los discípulos regresaron de la misión a la
que Jesús lo había enviado, ellos intentaron separarse de la multitud
para tener un tiempo de descanso, pero esto resultó imposible porque
la gente no dejaba de ir y venir hasta el punto de que ni aún
tenían tiempo para comer. Eso lo vimos hace un tiempecito
atrás. Fue entonces, en aquella ocasión,
cuando Jesús mostró su compasión por ellos. ¿Y cómo Él mostró
esa compasión por ellos? Nos dice la palabra, que lo primero
que Él hizo fue enseñarles muchas cosas. Y luego, cuando ellos
estuvieron allí, tuvieron buen tiempo, ellos recibiendo esa
enseñanza, pues, al pasar el tiempo hubo necesidad de alimentarles. Y así entonces el Señor hace
este milagro y multiplica de forma milagrosa unos pocos panes
y peces para darle de comer a toda esa multitud de gente que se
había quedado allí porque querían escuchar las enseñanzas del Maestro. Pero este milagro generó tal
clima de expectación en torno a Jesús, que según nos dice el
Evangelio de Juan, no aquí Marcos, sino el Evangelio de Juan, que
la multitud estaba decidida a serle rey. Estaba decidida a serle
rey. Y este ambiente descontrolado
motivó Jesús, hiciera hiciera que sus discípulos entraran rápidamente
a la barca mientras él mismo, Jesús, se ocupaba de despedir
a la multitud. Eso sí lo narra Marcos. Después
de esto, nosotros vimos el domingo pasado que la noche tampoco fue
tranquila. No fue una noche tranquila. Fue una noche con pruebas. principalmente
para los discípulos de Jesús. Estos discípulos que tuvieron
que trabajar duro en ese momento para poder avanzar en medio del
fuerte viento que les era contrario, y viendo que no podían avanzar,
que no podían llegar a la otra orilla, están allí, como nos dice la
palabra, a la cuarta vigilia de la noche, tratando de avanzar
y no pueden avanzar por la tormenta que se le ha venido encima. Y
aparte de eso entonces, en medio de esa lucha por el viento contrario,
se dan un tremendo susto al ver a Jesús caminar por las aguas,
encima de las aguas, y dice la palabra que ellos pensaban que
era un fantasma. Sólo vimos el domingo pasado. Y el Señor se le acerca y le
dice, no temas, soy yo, confíen en mí, soy yo el que estoy con
ustedes. No tengan miedo al viento tempestuoso, no tengan miedo
a cualquier fenómeno que pudiera aparecer por encima de la naturaleza,
por encima de lo natural, vamos a decir así. Finalmente, mis
hermanos, cuando ellos llegan a la orilla, nos dice la palabra,
lo que acabamos de leer en esta mañana, que nada más bajar de
la barca, de nuevo la gente le reconoció y se agolpó en torno
a ellos, trayendo a estas personas todos sus enfermos. Y vinieron
a Jesús. Y de allí, mis hermanos, es que
nosotros tomamos la enseñanza para esta mañana, para cada uno
de nosotros. De igual forma, así como estas
multitudes al reconocer a Jesús fueron donde Él, buscando su
ayuda, buscando su auxilio, A la luz de este pasaje, nosotros,
usted y yo, también debemos seguir el ejemplo de estas multitudes
y acudir a Jesús. Acudir a Jesús. ¿Por qué razón,
mis hermanos? Porque Él es nuestra única esperanza. No hay esperanza por encima de
Cristo Jesús. No hay otra esperanza para el
mundo sino Cristo Jesús. Mis hermanos, ¿qué esperanza
había para el pueblo de Israel en aquellos tiempos? En aquellos
tiempos cuando este pueblo era oprimido por un imperio que a
duras penas le permitía cierta identidad como nación, pero que
también ellos estaban sujetos a servidumbre, a duros impuestos
por el imperio romano, ¿qué esperanza podían ellos tener? Y razón,
entonces, podemos decir que tenían esta gente en considerar que
se levantase entre ellos un personaje que los pudiere librar de la
opresión a la que estaban siendo sometidos, a la opresión física
a la que estaban siendo sometidos. Pero no fue de esa manera que
Cristo vino a liberarlos, sino viniendo a la raíz del problema.
¿Y cuál es la raíz del problema? ¿Cuál es la raíz del problema
de la humanidad? Es el pecado. ¿Y dónde habita
el pecado? En el corazón del hombre. Y por
esa razón Él venía a cada uno de los corazones que precisamente
se habían revelado contra Dios y trayendo para estos corazones
las buenas nuevas de salvación, las buenas noticias, que solamente
en Cristo hay paz, que solamente en Cristo hay reconciliación,
que solamente Cristo es el camino. Y esas buenas nuevas son las
mismas que también hoy nos dicen que Él es nuestra única esperanza
para ser realmente sano. Él es nuestra única esperanza. Tal como ocurrió con la mujer
que sufrió de flujo de sangre, de la cual nosotros vimos hace
un tiempecito atrás, por doce años una mujer sufriendo de un
flujo de sangre, había gastado todo en médico, Pero ella pudo
acercarse a Jesús. Ella pudo vencer todo obstáculo. Ella pudo venir a donde Jesús
y su fe, esa fe que le motivó a acercarse a Jesús, le llevó. Esa fe sencilla, esa fe imperfecta,
porque no es que era perfecta, no fue que lo hizo de manera
altanera, yo lo puedo hacer, una fe sencilla, una fe imperfecta,
esa mujer a causa de ello fue objeto de la gracia y de la misericordia
del Señor quien afirmó esa fe que tenía ella y la libró del
azote que ella había padecido por tanto tiempo, como nosotros
vimos en Marcos, el capítulo 5, los versos 25 al 34, hace
varias semanas atrás. Esta mujer, la del flujo de sangre,
vio en Cristo su única esperanza y fue Cristo quien la sanó definitivamente,
quien quitó la impureza que había cargado por tanto tiempo y le
impedía participar en comunidad del servicio de y adoración a
Dios. Mis hermanos, la gente de Genesaret
Escuchó lo que pasó con esta mujer y escuchó quién fue el
que la sanó. Y esto despertó y alentó la fe
de muchos. No sabemos cómo fue que ellos
escucharon de este milagro. No sabemos quién fue que le dio
la información de este milagro. Lo cierto es que hubo alguien
que llevó estas buenas nuevas a esta gente de este lugar de
Genesaret, de que esta mujer, esta hija también de este hombre
había recibido sanidad, había vuelto a la vida, y eso llevó
a que la gente fuera alentada, esa fe en ellos, para que así
ellos también pudieran acudir a Jesús. pudieran acudir a Jesús. Mis hermanos, nosotros como pueblo
de Dios somos llamados también a anunciar las buenas nuevas
de salvación a todos los que nos rodean, a dejar de lado la
vergüenza, a dejar de lado la timidez, a dejar de lado cualquier
excusa que usted se invente, ponerla a un lado y saber que
usted también es un instrumento en las manos de Dios para que
otros oigan hablar de las cosas buenas que Dios está haciendo
en su vida. Lo que nuestro país necesita
y lo que cada uno de nosotros en particular necesitamos es
precisamente oír la buena noticia que sólo Cristo es nuestra única
esperanza para ser realmente sanos, para poder ser realmente
reconciliados primero con Dios y luego entre nosotros mismos.
Mientras no haya reconciliación con Dios, jamás, óigalo bien,
jamás habrá reconciliación entre los hombres, jamás habrá solución
a los problemas que afectan a nuestra humanidad, que afectan a nuestra
nación, jamás podrán ser curadas las heridas, los odios, el dolor
y la maldad. que hemos sufrido y que seguirá
sufriendo esta humanidad jamás fuera de Cristo no hay oportunidad
de cambio así que no es el PRM con el eslogan del cambio pero
mucho menos el PLD y mucho menos la fuerza del pueblo son mentirosos
por naturaleza porque son hijos de pecado al igual que usted
y yo estábamos en esa condición solamente cuando el Señor hace
la obra en nosotros es que provoque ese cambio Solamente así. Mis hermanos, Jesucristo es nuestra
única esperanza para tener vida plena. Es necesario que usted
entienda eso. No son las promesas vacías que
hagan los hombres lo que asegura una vida plena de reconciliación
y prosperidad. No, no. Es la paz de Dios en
el corazón del hombre lo que asegura una vida verdadera. es
la vida de Cristo en el hombre lo que realmente puede llamarse
vida plena así como la vida que dio Cristo a esa hija de Jairo
a la cual resucitó y este hecho precisamente como le decía hace
un ratito se hizo notorio en toda aquella región y llegó hasta
la tierra de Genizaret a donde ahora en este momento había venido
Jesús. Esta gente seguramente Escuchó
de que Él le había dado la vida a una niña. Cuánto poder tenía
Jesús, cuánto amor, cuánta misericordia había mostrado Jesús. Así que
aquel dador de la vida venía a ellos. ¡Qué buena noticia!
Sólo si Cristo habita en su vida puede gozar usted de vida plena. Y esto usted no lo va a encontrar
en nada ni en nadie fuera de Cristo. Aprenda eso, porque muchas
veces somos tan influenciados por la corriente de este mundo,
por la filosofía de este mundo, que tenemos la tendencia a olvidar
que el único que puede traer paz al corazón y a la vida es
Cristo Jesús. ni República Dominicana, ni ninguna
nación del mundo podrán gozar de vida plena fuera de Cristo. Hasta que la gente no se vuelva
en arrepentimiento y fe al Señor, no podrá gozar de vida plena. Podrá tener todo el dinero del
mundo, pero todavía la gente se sigue matando, se sigue envenenando,
se sigue suicidando con todo a su disposición. Puede tener
la fama del mundo y todavía usted lo ve una vida de miseria pueden
ser personas pobres pero también siguen viviendo vidas de miseria
porque la marca la marca, la señal que marca la diferencia
en el camino es cuando Cristo viene al corazón de esa vida
sedienta y necesitada de Él. A todos se nos dice por este
pasaje del Evangelio, mis hermanos, es acude a Jesús Él es tu única
esperanza No es otro. No es otro. No es un estado de
cosa. No es si usted logra esto que
usted va a alcanzar esto y usted va a estar bien. Mentira. Está
demostrado que fuera de Cristo no hay posibilidad de vivir una
vida plena. Es imposible. Por esa razón Él es nuestra única
esperanza para estar realmente saciado. Antes de llegar a Genesaret,
Jesús había hecho un gran milagro. Nosotros lo vimos multiplicando
los cinco panes y los dos peces para dar de comer a más de cinco
mil personas y señalar con eso que precisamente Él es aquel
que es suficiente para saciar la necesidad del perdón y vida
plena de su pueblo. Y vimos en ese pasaje que solamente
Cristo sacia. En aquella ocasión ese era el
tema. Sólo Cristo sacia. Nézaret era
una tierra muy fértil y famosa por los frutos que se daban en
esa tierra, pero a pesar de ello, había gran necesidad en su gente. Había muchos enfermos, por lo
que podemos ver aquí. Hermanos, Dios nos ha bendecido
a nosotros como una nación con tierras fértiles, una nación
con vegetación, con fuentes hídricas abundantes, con una diversidad
increíble, con riquezas abundantes también, pero la tragedia del
pecado. tiene al país en gran miseria,
con gran injusticia social, con enfermedades, con falta de empleo,
con inseguridad, con contaminación ambiental, con violencia, no
sólo en la ciudad sino también en los campos, en todas partes.
En todas las ciudades nosotros vemos el reflejo del pecado. Y allí también vemos nuestra
mayor necesidad de perdón y restauración que solamente lo podemos obtener
en Cristo Jesús. Y todo eso es evidencia, todo
eso es evidencia de nuestra gran necesidad de ver a Cristo el
único que puede saciar nuestra verdadera necesidad. Y eso nos lleva a nuestro segundo
punto en esta mañana. No te tardes. Nosotros podemos
escuchar a la luz de este pasaje el llamado que se nos hace a
cada uno de nosotros. ¡Acude a Jesús! ¡No te tardes! Vamos a leer nuevamente
a Marcos capítulo 6, versos 53 al 54. Si cerró su Biblia, ábrala
de nuevo, por favor. Versos 53 y 54. Mire lo que dice
la Palabra. Terminada la travesía, llegaron
a tierra de Genesaret y atracaron en la orilla. Cuando salieron
de la barca, la gente enseguida reconoció a Jesús. Terminó la travesía por el mar
en ese momento, pero ahora seguía el Señor su camino recorriendo
ciudades, pueblos y veredas. ¿A qué hora fue que el Señor
se le apareció a los discípulos en el mar cuando ellos estaban
tratando de avanzar con el viento contrario? ¿Nos dice la palabra?
Exacto, en la madrugada, la cuarta vigilia de la noche, a las tres
de la mañana. Pero ellos siguieron, llegan
y no tienen tiempo de descansar y siguen su trabajo. Esto es
algo a considerar, mis hermanos, cuando una persona dice, no es
que yo me acuesto muy tarde, yo no puedo levantarme temprano
para ir a la iglesia. Mis hermanos, yo he visto en
mi vida muchas veces que yo he tenido que acostarme bien tarde
por razones que escapan a mi control y en la mañana siguiente
he estado listo para estar allí junto a mis hermanos para servir
al Señor. Esa debe de ser la actitud, miren que el Señor se
le apareció a las tres de la mañana, pero ellos llegaron inmediatamente,
su misión continuaba, y como Jesús iba a estar por poco tiempo
con esta gente, esta gente tenían ese privilegio de ver y escuchar
a Jesús, de presenciar sus obras poderosas, la gente debía de
apresurarse, claro está, pero Jesús en ningún momento dijo,
ni tampoco los discípulos dijeron, ah bueno, pero no hemos dormido,
Los discípulos no dijeron, bueno, es que no hemos pasado la noche
entera batallando con este mar, tenemos que descansar. No, no. ¿Por qué razón? Bueno, la gente
debía de acudir a Jesús, pero Jesús había venido a los suyos,
había venido a ellos. Y dice nuestro texto que la gente
le reconoció, supo que era Jesús, del que habían escuchado, del
que había hecho los milagros. ahora estaban con ellos. Inmediatamente la embarcación
llega al puerto, inmediatamente cuando ellos están reanudando
su recorrido, ellos al saber que Él había venido a ellos,
las multitudes que podían venir a Jesús porque Él mismo se había
acercado a ellos, porque le había mostrado misericordia, no al
alejarse en ese momento, sino a estar con ellos. Y esto es
lo que nosotros hemos visto una y otra vez en este Evangelio
de Marcos, que la buena noticia de Jesucristo, Hijo de Dios,
es la proclamación del mensaje que dice, el tiempo se ha cumplido
y el Reino de los Cielos se ha acercado, arrepiéntanse y crean
en el Evangelio. Eso lo vimos ahí en Marcos 1.15,
comenzando nuestra predicación, o nuestra serie, mejor dicho.
Y por ello, mis hermanos, ahora es cuando ellos podían aprovechar
ese tiempo para escuchar al Maestro, para recibir sanidad. Y es lo
mismo para nosotros, mis hermanos. Es lo mismo para nosotros. Es
ahora cuando nosotros podemos escuchar de Cristo. Es ahora
cuando nosotros podemos escuchar de su amor. Es ahora cuando nosotros
podemos escuchar de su bondad. Es ahora cuando nosotros podemos
escuchar de su gran poder para salvar. Mis hermanos, llegará
el tiempo en que esto no va a ser posible. en que esto se va a
terminar. Por esa razón tenemos que entender
que la invitación a acudir a Jesús debemos de hacerla ahora. Yo
debo de hacerlo, pero usted también debe de hacerlo. No se tarde,
porque ahora es el tiempo. Quizás usted va a pensar, quizás
usted va a decir, bueno, ya yo soy cristiano y esto es para
los que no lo conocen. No, mis hermanos. No, mis hermanos. No, mis hermanos, esto es para
todos. Esto es para el que les ha conocido. Este es para el
que tiene muchos años sirviendo al Señor como aquel que recién
está comenzando. El Señor nos manda a estar creciendo
en el conocimiento, en la gracia del Señor siempre, mientras estemos
en esta tierra. Es en esforzarnos, es vivir en
el poder del Evangelio, es experimentando cada día, cada día, cada día,
cada día, la gracia salvadora de Jesús. Es esa, es esa la invitación. Acude a Jesús constantemente
en su casa, en su familia, con sus vecinos. Nosotros necesitamos
también escuchar la buena noticia para cobrar nuevas fuerzas. Yo
necesito escuchar a diario las buenas noticias para recibir
nuevas fuerzas. Esas buenas noticias que me dicen
a mí que yo soy perdonado por Cristo Jesús, que todos mis pecados
han sido perdonados gracias a la obra y la cruz que el Señor hizo
por mí sin yo merecerlo. y que me ha dado su Espíritu
Santo para guiarme a toda verdad. Y así, al guiarme a toda verdad,
puede hacer su voluntad, la voluntad del Señor. Es lo mismo para usted. Acuda, Jesús, no se tarde. tome el tiempo, no postergue
el compromiso que usted tiene para con el Señor. El mandato
que el Señor le da, no lo deje de lado, no invente excusa, acuda
a Jesús para que así pueda escuchar esa buena nueva. La gente de
Genesaret la escuchó en aquel momento, hoy como iglesia también. En medio de nosotros Cristo está
y somos llamados a disfrutar de esta bendición que Él nos
da, de tenerlo en medio nuestro. Ustedes saben por qué? Porque
nos hemos reunido en su nombre. Porque hay bendición, porque
es hermoso, porque es maravilloso los hermanos habitar juntos en
armonía. Pero también mis hermanos, República
Dominicana, Los Frailes, Santo Domingo Este, donde quiera que
usted vaya, si se va a Puerto Rico, allá también, necesitan,
necesitan también escuchar ese mensaje. Y usted es el instrumento
en las manos del Señor para llevarlo. Usted es el instrumento, no es
otra persona. No es esperar que venga un misionero
de fuera, es usted. Pero primero usted debe de escucharlo.
Primero usted debe de experimentarlo. Primero usted debe de vivirlo
para que sepa de qué usted va a hablar. Por esa razón nos congregamos. ¿De qué sirve usted salir a la
calle de algo que no ha experimentado hablar? ¿De qué sirve? De nada,
mis hermanos. una mujer que sufrió doce años
de una terrible enfermedad, un hombre que tuvo su hija muerta,
escucharon la Buena Nueva y vieron en su vida y en su familia esa
Buena Nueva. Pero también aquellos que la
conocían, conocían a la señora, también aquellos que conocían
a este hombre, escucharon de esa buena nueva, y aún otros
oyeron de lo que en ellos había hecho el Señor. Mis hermanos,
escuchemos. Escuchemos atentamente el Evangelio
y roguemos a Dios que podamos entenderlo, que podamos vivirlo. Esa es la mejor manera de proclamarlo. Cuando yo lo vivo, cuando yo
lo digo, no porque alguien me digo, o porque hay que hacerlo,
o porque no quiero quedar mal con la Iglesia, sino porque yo
lo he vivido. y así lo hago y así lo hago y
así lo proclamo. Las cosas van a ser diferentes
para la gloria de Dios y para nuestra edificación. En tercer lugar, mis hermanos,
el llamado es a confiar en Él. Acude a Jesús, confía en Él,
es nuestro tercer punto. Nos dice el versículo 55, si
usted lo tiene, verifique allí, que la gente actuó ante la buena
noticia recibida. Escuchó que Jesús había venido
y corrieron por todo lado a dar la noticia a otros y a traer
a los enfermos a Él. Dice nuestro texto que comenzaron
a traer a los enfermos en sus camillas, a donde oían decir
que Él, ¿quién? que Él, Jesús estaba. Mis hermanos,
¿cuál es el lugar garantizado en nuestros tiempos donde se
encuentra Jesús? ¿Cuál es el lugar garantizado
donde se encuentra Jesús? ¿Dónde? La iglesia, mis hermanos. Por la palabra, ya lo hemos hablado
y ya se lo he mencionado. Escúchalo hoy. Escúchalo hoy,
¿a través de qué? A través de su Palabra, ¿pero
a través de dónde? De la reunión de los Santos. La Biblia nos
dice que la fe viene por el oír y el oír la Palabra de Dios. Es en ella, la Biblia, Es allí
donde usted puede escuchar a Jesús. Es allí donde usted puede verle.
Es allí donde usted puede experimentar su presencia, que trae confianza,
que trae descanso para su vida. Ese, ese que usted tiene allí
es el mensaje que debemos llevar a nuestra nación, empezando por
nosotros mismos. Ese mensaje que estamos recibiendo
de la Palabra de Dios, no las emociones, no los sentimientos,
Los sentimientos están bien, está bueno, gloria a Dios por
ello porque Dios nos lo ha dado, somos seres emocionales, seres
sentimentales, pero esas emociones deben de siempre estar regidas
y manejadas y cuidadas y guardadas por la Palabra de Dios. Nosotros debemos escuchar a Jesús
en su Palabra. para que así podamos acudir a
Él por medio del estudio de Su Palabra y quedarnos en Él. Nosotros
no debemos escuchar otra cosa, nosotros no podemos distraernos
con nada sino atender a Su Palabra. Es Su Palabra, la del Señor,
la que nos muestra a Cristo. Es Su Palabra, la del Señor,
la que nos muestra Su obra. Es Su Palabra, la del Señor,
la que nos da confianza en Dios. Acudamos a Su Palabra en plena
certidumbre de fe, que al acercarnos a Él por medio de Su Palabra,
usted puede estar seguro que Él nos escuchará, que Él nos
escuchará. confía en Cristo, ruega su favor. Nos dice esta porción de las
Escrituras que los enfermos de las ciudades, de los pueblos
y de las veredas que oyeron de Jesús al estar ahora frente a
Él, rogaron su favor que los dejara tocar su manto y serían
sanos ellos no merecían nada de Cristo pero ellos reconocieron
su necesidad y rogaron a aquel que les podía ayudar rogaron,
le pidieron a aquel que los podía ayudar reconoce hoy su necesidad,
reconozca hoy su necesidad reconozca hoy su necesidad y acuda a Jesús
en confianza ruegue por el favor del Señor Nos dice la Palabra
que Él es poderoso para socorrerle, para sanar su alma, para dar
vida a todo su ser, para darte no sólo una ayuda momentánea
como tal vez aquellas personas inicialmente buscaron, sino para
darle a usted una vida abundante aquí, ahora y por la eternidad. Esa es la diferencia. ruegue,
ruegue el favor de Dios para que usted pueda vivir en el poder
del Evangelio. Ese poder del Evangelio que le
asegura el perdón de todos sus pecados. Ese poder del Evangelio
que le asegura la presencia de Dios en su vida por siempre.
Ese poder del Evangelio que le asegura el vivir el resto del
tiempo que le queda en esta tierra para la gloria de Dios. para
la gloria de Dios, para que así entonces, cuando usted viva para
la gloria de Dios, pueda gozar de Él para siempre. Y así ya no sea una carga el
servir al Señor. Acuda a Jesús, confía en Él y
disfrute su poder salvador. Dice Marcos que todos los que
tocaron el vestido del Señor fueron sanos. ¡Qué buena noticia! ¿Verdad que sí? Todo el que invoque
el nombre del Señor, nos dice la palabra, será salvo. Y el
que en él creyere, nos dice la palabra, ¿qué va a ocurrir? No
será avergonzado. La invitación es que usted disfrute
el perdón de Dios, que usted disfrute su salvación, que no
solamente es una promesa para la eternidad, sino que es la
realidad de que ya usted es propiedad del Señor y que ya usted puede
comenzar a disfrutar de Él ahora, no algo como que se va a conseguir
más adelante, no algo como que si usted en un momento dado peca,
ya se va a perder esa bendición. No, mis hermanos, porque el Señor
nos dice que nos ha dado las aras de su Espíritu las aras
del Espíritu Santo y por lo tanto cuando fallamos delante del Señor
tenemos ese Espíritu Santo que nos pedagoguea tenemos ese Espíritu
Santo que nos da convicción de pecado para que acudamos a Él
La invitación es que usted pueda disfrutar cada día de la buena
noticia, que Cristo es su Salvador, aquel que le reconcilia con Dios,
aquel que le ha hecho una nueva criatura, que usted pueda disfrutar
de esa comunión con Dios en medio de cualquier situación. Que usted
pueda disfrutar a diario de la nueva vida que tiene usted en
Cristo. Que usted pueda disfrutar de
la dirección que le da la Palabra de Dios para vivir, para levantar
una familia, para desarrollar su labor de acuerdo con la vocación
que el Señor le ha dado. y así entonces podrán los demás,
los que les rodean, ver un testimonio en usted de la verdadera paz
y prosperidad que sólo trae Jesús, nuestro buen Dios y Salvador. maravilloso eso. Mis hermanos,
acudamos a Jesús, Él es nuestra única esperanza, no se tarde,
venga, confíe en Él. Este mensaje, mis hermanos, es
en primer lugar para usted quien ha reconocido a Jesús como su
Señor y Salvador, para usted que reconoce su condición de
pecado, para usted que reconoce sus constantes debilidades y
falta de fe a pesar de escuchar la palabra del Señor. pero también
para todos aquellos que el Señor le ha dado fe para creer que
Jesús es el Hijo de Dios que vino a dar su vida y rescate
por mucho, dentro de los cuales, obvio, obviamente, está usted
y estoy yo. Y si usted apude a Jesús Si usted
acude a Jesús constantemente, su testimonio, su testimonio
hará que otros también vengan a Él, sin tardanza y con plena
confianza en su Señor. Acuda a Jesús. Estemos de pie,
mis hermanos, y oremos al Padre.