00:00
00:00
00:01
Transcript
1/0
Primera de Juan, capítulo 4,
si Dios lo permite, vamos a considerar desde el versículo 9 hasta el
versículo 10. Primera de Juan, capítulo 4,
desde el versículo 9 hasta el versículo 10. No dudes del amor de Dios, porque
el sacrificio de Cristo es prueba suficiente. No dudes del amor
de Dios, Porque el sacrificio de Cristo es prueba suficiente. Aquí primera de Juan capítulo
4 versículo 9 al 10 dice así. En esto se mostró el amor de
Dios para con nosotros. En que Dios envió a su Hijo unigenito
al mundo. para que vivamos por Él. En esto consiste el amor. No
en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó
a nosotros y envió a su Hijo en propiciación por nuestros
pecados. Eso es 1 de Juan, capítulo 4,
desde el versículo 9 hasta el versículo 10, donde resalta el
gran amor de Dios para con nosotros. O sea, este texto nos da a entender
el origen del amor verdadero. Y nos da ejemplo, nos da ejemplo
del perfecto amor. Y lo que nos ayuda a entender
es que Dios nos ama, sí o sí, Él nos ama y nos ama tanto que
Él estuvo dispuesto a mandar a Su Hijo a morir en la cruz
por nosotros. O sea, Dios se encarnó, se hizo
hombre para salvarnos, para redimirnos, Y eso demuestra que Dios nos
ama, porque Él dio lo más valioso. Él dio a su Hijo y Dios Hijo
dio su vida para rescatarnos. O sea, qué más valioso que dar
la vida por alguien, ¿no? ¿Quieres una muestra de amor?
Aquí lo tenemos. Es que Cristo Jesús, quien es
Dios encarnado, Él dio su vida para rescatarnos a nosotros cuando
nosotros merecíamos muerte, castigo eterno por toda la eternidad.
Él, siendo perfecto y puro, siendo Dios, es eterno y santo, y por
ello puede, puede morir y volver a vivir. Y al
encarnarse, al hacerse hombre, al tomar la naturaleza humana,
él pudo morir por nosotros. Y entonces, él toma nuestro lugar
y Dios acepta ese pago, acepta su sacrificio como nuestro rescate. Y eso demuestra su gran amor
para con nosotros. Y por ello, nos debe de... ayudar a no dudar del amor de
Dios, al reconocer el gran sacrificio, todo lo que ha hecho por nosotros. Entonces aquí, aquí en 1 Juan
capítulo 4, en versículo 7, Vemos la exhortación que el apóstol
Juan tiene para los creyentes de amárselos unos a los otros. Entonces dice, amados, amémonos
unos a otros, porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama
es nacido de Dios y conoce a Dios. El que no ama no ha conocido
a Dios porque Dios es amor. Entonces, estos versículos anteriores
a nuestro texto están mencionando la idea de que si tú has puesto
tu fe y confianza en Jesús como Señor y Salvador, tú eres creyente
por la fe, Eres considerado hijo de Dios. Eres considerado heredero
del reino celestial. Eres una nueva criatura. Ahora tienes vida espiritual. Cuando antes estabas muerto en
tus delitos y pecados. Entonces, si estás en Cristo,
si has puesto tu fe y confianza en Jesús como Señor y Salvador,
debes de reflejar el amor de Dios. Y por ello aquí nos exhorta
a amarnos unos a otros. Y está resaltando Que el amor
es de Dios, como nos dice el versículo 7. Pero, aún más, el
versículo 8 dice que parte de la naturaleza de Dios es amor.
O sea, Él es amor. Por eso dice, la última frase
del versículo 8, porque Dios es amor. Y es que el creyente
debe de amar como Dios ama. Por eso es necesario considerar
el amor de Dios. Ahora, aquí en Primera de Juan,
en capítulo 3, versículo 16, ya nos han mencionado el amor
de Cristo, ¿no? Dios Hijo, quien demuestra su
amor al dar su vida. Nos dice Primera de Juan 3, 16,
en esto hemos conocido el amor, en que Él, hablando de Jesús,
Él puso su vida por nosotros. También nosotros debemos de poner
nuestras vidas por los hermanos. 1 Juan 3, 16. Entonces, ahí está
usando el ejemplo de Cristo, que Él dio su vida, demostró
su amor al dar su vida por nosotros para salvarnos de la ira venidera. Y ese amor que Él nos mostró
a nosotros, nosotros debemos reflejarlo a los demás hermanos
en Cristo. Y entonces, eh, viendo ahí como
Jesús da su vida. En Juan 10, 18, nos dice que
Él da su vida voluntariamente. Nadie se la quita, dice, Jesús
mismo dice, nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla y tengo
poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi
padre. Eso es Juan 10, 18. Entonces
vemos el amor de Cristo. Él mostrando su amor, dando su
vida. Pero ahora, aquí en 1 Juan 4,
versículos 9 y 10, ahora presentan la misma idea, pero desde la
perspectiva de Dios Padre. Entonces, Dios Padre, Él muestra
su amor al enviar a su Hijo. Hay que recordar que la escritura
nos enseña sobre un Dios trino, o sea, una naturaleza, es una
naturaleza divina, pero hay tres personas. Dios Padre, Dios Hijo,
y Dios Espíritu Santo. Y entonces, aquí vemos a Dios
Padre enviando a la segunda persona de la Trinidad, que en la escritura
le llama Dios Hijo, y le envía con un propósito, para morir. Para morir nuestra muerte. para dar su vida por nosotros,
para morir en nuestro lugar. Ese era el propósito. Entonces vemos el gran amor de
Dios. Porque si pensamos de manera
humana, ¿quién estaría dispuesto a dar su hijo? ¿No? O sea, eso muestra mucho
amor. Tú muestras mucho amor si das
tu vida por otro, pero también muestras mucho amor si das a
tu hijo. ¿No? Entonces, viendo el gran
amor, el gran amor de Dios, reconociendo nuestra condición, que estábamos
completamente desesperados, sin esperanza, sin esperanza porque
estábamos muertos en nuestros delitos y pecados, culpables
delante de Dios y no podemos salvarnos por nosotros mismos.
Necesitábamos Un salvador. Necesitamos un salvador. Un redentor.
Alguien que nos rescate de nuestra vana manera de vivir. Que nos
rescate del poder de las tinieblas. Que nos rescate del poder del
pecado. Necesitamos un salvador. Y Dios
se dio cuenta de que el único que podía satisfacer la ira de
Dios era Jesucristo. Era Dios mismo. Tuvo que mandar a la segunda
persona de la trinidad para morir en nuestro lugar. Y entonces,
está usando aquí el ejemplo de Dios, en su muestra de amor,
para que nosotros nos amemos mutuamente. Pero esto es el versículo
que estamos considerando aquí, 1 Juan 4, del 9 al 10, se enfocan
en el gran amor de Dios para con nosotros. Porque el versículo
8 nos muestra que por su naturaleza Dios es amor. Pero entonces en
versículos 9 y 10 resalta que Dios te mostró su amor de una
manera increíble. Porque nos dice en versículo
9, en esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en
que Dios envió a su Hijo Unigénito al mundo para que vivamos por
él. En esto consiste el amor, no
en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó
a nosotros y envió a su Hijo en propiciación por nuestros
pecados. Ahora aquí vemos cómo menciona
y describe a la segunda persona de la Trinidad como su hijo unigénito. Y ahí está identificando a Dios
Hijo. Incluso en Juan, en el Evangelio
de Juan, capítulo 1, Vemos como la segunda persona de Trinidad
se le identifica como el Verbo de Dios, que es una persona diferente
a Dios Padre, aunque la misma naturaleza, los dos son divinos,
tienen naturaleza divina, pero es un Dios. Y entonces en Juan
1, versículo 1 dice, en el principio era el Verbo, y el Verbo era
con Dios, y el Verbo era Dios. Está identificando dos personas,
Pero los dos son Dios. Entonces, una naturaleza divina.
Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él
fueron hechas y sin él nada de lo que ha sido hecho fue hecho.
Entonces se identifica que el verbo era Dios y era antes de
la creación. Entonces no es una criatura.
Él es Dios desde la eternidad pasada. Entonces, luego en Juan
Eso era Juan 1, del 1 al 3, pero en versículo 14, en Juan 1, 14,
dice, y aquel verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros,
y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno
de gracia y de verdad. Y ahí está identificando la encarnación,
en el sentido de que Dios se hizo carne, Dios se hizo hombre.
Tomo carne humana, ¿no? Eso es en Juan 1, 14. Y entonces
vemos a Jesús, ¿no? Jesús de Nazaret, el Cristo,
el Mesías. Y lo que resalta al Dios enviar,
a la segunda persona de Trinidad, Dios enviar a... a su Hijo a morir por nosotros,
resalta su amor. En Juan 3, 16, el Evangelio de
Juan, Juan 3, 16, dice, porque de tal manera amó Dios al mundo,
que ha dado a su hijo un higienito, para que todo aquel que en él
cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Eso es Juan 3, 16,
que nos muestra el evangelio, la razón por la que tuvo que
venir Cristo, para que todo aquel que en él cree, tiene vida eterna.
Él tuvo que venir a morir la cruz por nosotros, y cuando nosotros
nos apropiamos por la fe de su muerte y de su resurrección,
nosotros morimos y resucitamos con él, obteniendo su vida, obteniendo
su justicia. Él toma sobre sí mismo toda la
ira de Dios que nosotros merecíamos, y todo nuestro pecado, él muere
en la cruz, él paga el precio de nuestro rescate, y por ello,
por la fe, recibimos vida eterna, salvación. Por eso dice, porque
de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado su Hijo unigénito
para que todo aquel que en él cree no se pierda, mas tenga
vida eterna. Eso es Juan 3, 16, lo cual es bastante similar al
texto que estamos considerando. Aquí en 1 Juan 4, 9 dice, en
esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios
envió a su Hijo unigénito al mundo para que vivamos por él. Ahora, aquí este término traducido
unigénito al español, aquí en la Reina Valera 60, es un término
en el lenguaje original que tiene la idea de único en su clase. Entonces, no está hablando de
que ha sido generado o que ha nacido, porque Dios no tiene
fecha de nacimiento, Él es eterno. Entonces, y como mencioné antes
ahí en Juan capítulo 1, muestra que la segunda persona de la
Trinidad es antes de la creación, entonces no tiene ni principio
ni fin, entonces no es que este término aquí, que usan como unigénito,
no está resaltando de que él tiene un nacimiento, el único
nacido del Padre, sino que es único en su clase, no hay otro
como él. Es especial. Y entonces Dios
le mandó, le mandó mostrando, revelando, haciendo visible su
gran amor, su gran amor para con nosotros. Y vemos su gran
amor porque nosotros somos los que merecíamos la muerte, el
castigo eterno. Pero Dios envió a su hijo para
morir por nosotros. para sufrir por nosotros, para
ser herido por nuestras rebeliones, y vemos que Dios no libró a su
Hijo. Incluso nos dice Romanos 8.32,
Él no es, el que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que
lo entregó por todos nosotros, como no nos dará también con
Él todas las cosas. Eso es Romanos 8.32. Hay que entender, o sea, Dios
está enviando a la segunda persona de Trinidad, ese es Dios encarnado,
Dios hijo, para ser maltratado, para sufrir, para ser crucificado
por nosotros, en nuestro lugar. Y esa es la mayor expresión de
amor. muestra su amor hacia su creación
caída, su creación que está llena de pecado, caída en pecado. Y es de notar que el hombre por
quien Cristo murió, o sea, Cristo murió por todos y ninguno de
nosotros merecía ese amor. Todos somos culpables. Nos dice
Romanos 3, 23, cuando todos pecaron. y están destituidos de la gloria
de Dios. O sea, todos merecemos el castigo,
no merecemos el amor de Dios, no merecemos su gracia, no merecemos
su misericordia. Incluso el apóstol Pablo en Efesios,
el apóstol Pablo en Efesios capítulo 2, describe nuestra condición,
la condición del hombre antes de poner su fe y confianza en
Jesús como Señor y Salvador, describe de esta manera, dice
Él os dio vida a vosotros cuando estabais muertos en vuestros
delitos y pecados en los cuales anduvisteis en otro tiempo siguiendo
la corriente de este mundo conforme al príncipe de la potestad del
aire el espíritu que ahora operan los hijos de desobediencia entre
los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los
deseos de nuestra carne haciendo la voluntad de la carne de los
pensamientos y éramos por naturaleza hijos de ira lo mismo que los
demás entonces ahí nos describe como muertos en delitos y pecados
como siguiendo la corriente del mundo, siguiendo a Satanás, quien
es el príncipe de la potestad del aire, conforme a los deseos de nuestra
carne, haciendo la voluntad de la carne, de nuestros pensamientos,
entonces éramos por naturaleza hijos de ira, o sea, merecemos
la ira de Dios porque hemos pecado contra Él, nos dice Romanos 6.23
porque la paga del pecado es muerte. Hemos pecado, merecemos
la muerte. Merecemos la ira, somos hijos
de ira. Pero, nota ahí Efesios 2, versículo 4. Pero Dios, que
es rico en misericordia por su gran amor, con que nos amó, aún
estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo,
por gracia sois salvos. y juntamente con él nos resuditó
y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo
Jesús. Y entonces, viendo el gran amor
de Dios, o sea, viéndonos en nuestra condición, muertos en
delitos y pecados, rebeldes, enemigos, desobedientes, pecadores,
habiendo roto su ley, Dios muestra su amor, toma la iniciativa,
Y por la vez salvación. Aunque no lo merecemos. Él nos
amó primero. Incluso eso es lo que nos menciona
el versículo 10. Volviendo aquí a primera de Juan 4.10. Dicen,
esto consiste el amor no en que nosotros hayamos amado a Dios.
Sino en que Él nos amó a nosotros. Y envió a su Hijo en propiciación
por nuestros pecados. Hay que recordar, Dios no está
bajo ninguna obligación de buscar y salvar pero este fue el propósito
por el cual él envió a su hijo para proveer salvación y es que
la gracia de Dios es maravillosa porque proveyó salvación y vida
eterna para los para los que son rebeldes Son sus enemigos. Nos dice Romanos 5.10. Romanos
5.10. Porque si siendo enemigos, fuimos
reconciliados con Dios por la muerte de su hijo, mucho más,
estando reconciliados, seremos salvos por su vida. Eso es Romanos 5.10. Entonces, siendo enemigos, nos
rescató Entonces, vamos a recibir esa salvación, esa vida eterna,
¿no? Lo tenemos asegurado por la gracia de Dios, que es maravillosa. Y aquí, volviendo aquí a primera
de Juan, capítulo 4, versículo 9, podemos notar que acentúa
la naturaleza y la singularidad de Jesucristo. O sea, es el único
capaz de proveer salvación, es el único que intercede por nosotros. Es el único mediador entre Dios
y los hombres, nos dice 1 Timoteo 2,5. En Juan 14,6 nos dice, yo soy
el único camino, la verdad y la vida. Nadie viene al Padre sino
por mí. Eso es Juan 14,6. Entonces, Juan
14,6 y 1 Timoteo 2,5 resaltan que no podemos tener acceso a
Dios si no es por medio de Jesucristo. Entonces, Él es único en su clase. Es Dios encarnado. Y Él vino de Dios, o sea, Dios
le envió. Entonces, es Dios, es de naturaleza
divina. Y es que Dios Hijo fue enviado
por Dios Padre con la misión de dar vida espiritual aquellos
que estaban muertos espiritualmente. Lo acabo de leer ahí en Efesios
2.5, cuando dice, aún estando nosotros muertos en pecados,
aún estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente
con Cristo, por gracia sois salvos. Eso es Efesios 2.5. Y esa vida
que obtenemos en Cristo por la fe, es lo que resalta aquí 1
Juan 4, en la última parte del siglo IX, cuando dice, para que
vivamos por él". O sea, en esto, esto nos dice
1 Juan 4, 9, en esto se mostró el amor de Dios para con nosotros,
en que Dios envió a su hijo unigénito al mundo para que vivamos por
él. O sea, esa era la razón, para que muriera en nuestro lugar
y que nosotros podíamos obtener vida por medio de él, por medio
de su sacrificio. Y es que Dios se encarnó. se
encarnó para dar su vida en rescate. Incluso Jesús mismo dijo, hablando
de sí mismo, usando el título mesiánico de hijo del hombre,
que viene de la profecía de Daniel, en Marcos 10, 45, dice, porque
el hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir
y para dar su vida en rescate por muchos. Esos Marcos 10, versículo
45. O sea, Él dio su vida. Él vino no para ser servido,
sino para dar su vida. Dios le envió para dar su vida,
para que nosotros pudiéramos tener vida. Estábamos muertos
en delitos y pecados, pero cuando ponemos nuestra fe y confianza
en Jesús como Señor y Salvador, nos apropiamos de la salvación
que Cristo ofrece por la fe, entonces obtenemos su vida. Él
fue resucitado para vida y nosotros resucitamos con él por la fe.
Nos dice Garatas 2.20. Con Cristo estoy juntamente crucificado. Ya no vivo yo, más vive Cristo
en mí. Y lo que ahora vivo en la carne
lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó
a sí mismo por mí. Eso es Garatas 2.20. Entonces,
El Hijo de Dios se entregó por nosotros y cuando nos apropiamos
de su muerte y resurrección por la fe, nosotros también morimos
y volvemos a vivir por la fe y entonces tenemos vida, vivimos
por Él. Tenemos vida eterna por Él. Nos dice Romanos 8, del 10 al
11. Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo en verdad está muerto
a causa del pecado, mas el espíritu vive a causa de la justicia. Y si el espíritu de aquel que
levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó
de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos
mortales por su espíritu que mora en vosotros. Esos romanos
8 del 10 al 11. Cuando una persona pone su fe
y confianza en Jesús como Señor y Salvador, recibe al Espíritu
Santo, que viene a morar dentro de él. Y este texto que acabo
de leer en Romanos 8 del 10 al 11 menciona que ese mismo Espíritu,
que está hablando del Espíritu Santo, entonces, Dios el Espíritu,
Él viene a morar dentro de nosotros, y Él es quien resucitó a Jesucristo
de los muertos, pues también nos resucitará a nosotros, que
hemos puesto nuestra fe y confianza en Él para salvación. Y es que
Jesús da vida eterna a sus seguidores. Por eso nos dice la última frase
de 1 Juan 4, 9, para que vivamos por Él. Entonces, vivamos para
vida eterna, pero también nuestra nuestra vida terrestre, en nuestra
vida ahora, debemos de vivir por él, vivir para él, servirle
con nuestras vidas. Y entonces en el versículo 10
dice, en esto consiste el amor, no en que nosotros hayamos amado
a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo
en propiciación por nuestros pecados. Aquí lo que hace el
apóstol Juan es definir el amor del que está hablando. El amor
verdadero viene de Dios. O sea, tiene a Dios por origen. El amor genuino empieza con el
amor de Dios. Él es el quien toma la iniciativa.
El hombre, por naturaleza, es pecador y no ama a Dios. Entonces, el hombre no es quien
amó a Dios primero, no. Dios es quien amó primero. Y
el amor de Dios se enfoca en el problema del pecado del hombre
y en su necesidad de redención. Y viendo esa necesidad, Dios
la cubre al mandar a su hijo. a morir en la cruz por nosotros
y el propósito de mandar su hijo fue expiación y es que el perdón
de pecados está en el centro de la expiación y expresa el
amor de Dios por eso nos dicen esto consiste el amor en que
nosotros, perdón, no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en
que Él nos amó a nosotros y envió a su Hijo en propiciación por
nuestros pecados. O sea, era necesario que alguien
pagara por el pecado. Era necesario que alguien fuera
castigado por la maldad. Era necesario que alguien fuera
herido por las transgresiones. Alguien tenía que pagar la deuda.
Y entonces vemos a Jesucristo pagando la deuda con su propia
vida, al derramar su propia sangre. Ese término ahí traducido, propiciación,
es la idea de el pago, es el pago mismo del rescate. el pago
del rescate que satisface la ira de Dios. Y ese pago se aplica
a la persona cuando ésta la acepta por la fe. Entonces, Cristo murió
por todos. Pero cada persona debe de aceptar
ese pago. Debe de aceptar ese regalo que
Cristo provee. Y por ello, aunque Cristo murió
por todos, no todos se salvan. ¿Por qué no todos se salvan?
Porque no todos quieren aceptar a Jesús como Señor y Salvador.
No todos quieren ser salvos, incluso hay algunos que automáticamente
rechazan a Cristo. Y lo que nos dice Juan 3.36 es,
el que cree tiene vida eterna, pero
el que rehúsa creer no verá la vida, sino que la ira de Dios
está sobre él. Eso es Juan 3, 36. Dice, el que
cree en el Hijo tiene vida eterna, pero el que rehúsa creer en el
Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él.
¿Por qué? El que rehúsa creer no quiere
creer, no quiere recibir a Jesús como Señor y Salvador, no quiere
creer en la muerte sacrificial de Cristo y en su resurrección. No quieren creer en que Cristo
murió por nosotros, como nuestro sustituto, y que Dios aceptó
ese sacrificio por nosotros. Dios aceptó ese pago, esa propiciación. O sea, Cristo se dio a sí mismo
por nosotros. Dios lo aceptó. Pero nosotros
tenemos que aceptar ese regalo. Cada uno de nosotros. Y por ello
se apropia por la fe. La aceptamos por la fe. Alguien te puede dar un regalo,
¿no? Quizás te dan un regalo... Imagínate
que tengo las llaves de un vehículo en mi mano y te digo, mira, Tienes
que venir a aceptar... Tienes que venir a por este regalo. A aceptar este regalo que tengo
para ti. Es un coche nuevecito. Y... Bueno, tú puedes decir, wow,
qué regalo más bonito. Y dejarlo allí. O sea, no actuar
sobre la información que has recibido. Porque... Yo tengo
las llaves de un vehículo y tienes que aceptar mi palabra, creer
que lo que yo te estoy diciendo es verdad, y venir y aceptar
las llaves y llevarte tu vehículo. Y disfrutar de tu vehículo, ¿no? O sea, usándolo.
Pero tienes que ir a aceptar el regalo. Es la misma idea. O sea, Dios ofrece el regalo
gratuitamente. Cristo pagó por todos. Pero no
todos lo quieren recibir. No todos lo reciben. ¿Cómo lo
recibes? Al aceptar a Jesús como Señor
y Salvador. A creer en Él por la fe. Entonces, vemos a Jesús. Que Él es la propiciación. Por
eso nos dice aquí en 1 Juan 4.10. La última parte dice, eh, y envió,
o sea, Dios envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados. Él está pagando por nuestros
pecados. Nosotros somos los que hemos
pecado, pero Cristo es quien pagó. Si lo aceptamos por la
fe, o sea, sí, porque si no lo aceptamos por la fe, nosotros
tenemos que pagar por nuestros pecados. En 2 Corintios 5 21 dice, al
que no conoció pecado, Por nosotros lo hizo pecado.
Para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él. O sea,
Cristo no mereció morir. Él no tenía pecado. Nosotros
sí. Nosotros sí merecemos la muerte. Pero Cristo vino con
ese propósito de morir en nuestro lugar. Y proveer salvación. Ese fue el propósito de que Dios
enviará a su Hijo. Y está demostrando su amor. Dios
demostrando su amor al mandar a su Hijo para hacer expiación,
para pagar por nosotros. Y lo que hay que entender es que
Dios envió a su Hijo para morir en nuestro lugar. En Romanos
5, 8 dice, más Dios muestra su amor para con nosotros. En que
siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. Él murió en nuestro lugar. Vemos
esa sustitución. Nosotros merecíamos morir, pero
Cristo murió en nuestro lugar. Y por él, y por ello, no tenemos
que morir si hemos aceptado su muerte y resurrección por la
fe. Y es que aquí vemos como Dios es el que toma la iniciativa.
Él es el que ama. Eso resalta su gran amor para
nosotros. O sea, el amor de Dios no es una respuesta al amor de
la humanidad hacia Él. Aquí mismo nos lo dice. Primera
de Juan 4, 10 dice, en esto consiste el amor, no en que nosotros hayamos
amado a Dios, sino en que Él nos amó a nosotros. O sea, Dios
es el quien toma la iniciativa para salvar. Él nos amó primero. Nos dice Primera de Juan 4, versículo
19, Nosotros le amamos a Él porque
Él nos amó primero. O sea, Dios nos amó primero. Eso es lo que nos dice 1 Juan
4, versículo 19. Y vemos aquí a Dios enviando
a su Hijo, quien es Dios encarnado. Y Dios se encarnó para quitar
de en medio nuestros pecados. Nos dice 1 Juan 3, 5. Dice, y
sabéis que él apareció para quitar nuestros pecados, y no hay pecado
en él. O sea, para rescatarnos de nuestros
pecados. Por eso vemos aquí en 1 Juan
4, 10, dice, envió a su hijo en propiciación por nuestros
pecados. O sea, para quitar de medio sus
pecados. para que nosotros pudiéramos
tener una relación con Dios. Jesús es quien crea la paz entre
el hombre y Dios, el que restablece la relación entre el hombre y
Dios, cuando aceptamos su sacrificio por la fe. En 1 Juan 3, 8, dice,
para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras
del diablo. El diablo tentó a Adán y a Eva,
ellos cayeron en pecado, y como nos dice en Romanos 5.12, el
pecado entró al mundo por un hombre, por Adán, y así, y por
él, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los
hombres. Vemos cómo entra el pecado al mundo, y vemos, en
Romanos nos dice que aún la creación sufre, y Jime, Jime, porque,
por el pecado. Y entonces viendo el, nos lo
dice ahí en Romanos 8, Romanos 8, versículo En versículo 21 dice, porque
también la creación misma será libertada de la esclavitud, de
la corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios. Dice, porque sabemos que toda
la creación gime a una y a una está con dolores de parto hasta
ahora. no sólo ella, sino que también
nosotros mismos que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros
también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción,
la redención de nuestro cuerpo. Ahí menciona cómo la creación,
los creyentes anhelan que se complete la redención,
la salvación. Aún estamos en este cuerpo de
de muerte con esta naturaleza pecaminosa y por eso continuamos
pecando, pero en nuestra posición delante de Dios hemos sido rescatados,
hemos sido redimidos. Somos salvos de la ira de Dios
y esperamos la redención de nuestro cuerpo. Tenemos esa esperanza
en la transformación, nuestra santificación que es progresiva
mientras estamos en esta tierra, pero cuando pasemos a la eternidad
seremos glorificados, seremos perfectos, seremos como Jesús. Y entonces, viendo el pago de Cristo por nosotros,
muriéndonos en nuestro lugar, que demuestra el amor de Cristo,
pero el amor de Dios para con nosotros. Siendo pecadores, Cristo
murió por nosotros. Y por eso, esto es lo que está
resaltando aquí este texto. En primaver Juan 4, del 9 al
10, está usando el ejemplo de Dios para ayudarnos a entender
cómo debemos de amar. Pero aquí está resaltando, en
versículo 8, resalta la naturaleza de amor de Dios. O sea, que Dios
es amor. Pero luego nos dice cómo Dios mostró su amor. y se
lo mandará a su hijo. Nos dice, en esto se mostró el
amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su hijo unigénito
al mundo para que vivamos por él. En esto consiste el amor,
no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó
a nosotros y envió a su hijo en propiciación por nuestros
pecados. Y por ello tenemos este texto.
O sea, para entender el origen del amor. Viene de Dios. para
entender también el ejemplo perfecto del amor, quien es Dios mismo.
Y también para que no dudemos del amor de Dios. Dios nos amó
cuando estábamos en una condición depravada, o sea, una condición de enemigos. de rebeldes y nos
amó, siendo pecadores. Entonces, no debemos de dudar
de su amor. Él ya nos ama. Aún cuando pensamos, ay, es que
nadie me ama. Bueno, eso no es cierto. Dios
te ama. Y lo demostró al enviar a su
hijo. O quizás pensamos que tenemos
que merecer el amor de Dios. Tengo que hacer algo para merecer
el amor de Dios. No, no es cierto. Dios ya te
ama. Lo ha demostrado al enviar a
su hijo a morir en la cruz por ti. O muchas veces pensamos que
podemos ganarnos el amor de Dios. Eso tampoco es correcto. No podemos
ganarnos el amor de Dios. Dios ya nos ama. Pensamos que
Dios nos ama por nuestros méritos. ¡No! Dios ya nos ama. Y por ello vemos como este texto
destaca que Dios nos amó primero. Dios no nos amó porque éramos
personas dignas de amor. Nos amó porque Él quiso amarnos. Y por ello destaca que el amor
viene de Dios. Y aún destaca la naturaleza divina
de Jesucristo y cómo Él es el único que provee salvación y
cómo Él es el que da vida eterna, Él es el que da salvación y perdón
de pecados a aquellos que ponen su fe y confianza en Él. Entonces,
si aún no has puesto tu fe y confianza en Jesús como Señor y Salvador,
Debes de reconocer el gran amor de Dios hacia ti. Dios te ama,
aunque seas pecador. Dios te ama, aunque hayas hecho
mucho mal. Jesucristo es el único que salva. Él es el único mediador entre
Dios y los hombres. Es el único camino a Dios. y el sacrificio de Cristo fue
suficiente. Por ello, Dios acepta ese sacrificio,
acepta esa transacción, acepta esa sustitución. Porque si no,
en las escrituras tendríamos textos que dirían, bueno, Jesús
pagó por parte de ello, pero tienes que pagar por el resto.
No. Sino que siempre enfatiza la
suficiencia del sacrificio de Cristo. Incluso Hebreos está
menciona vez tras vez que el sacrificio de Cristo fue una
vez para siempre y la razón por la que solamente fue una vez
es porque fue suficiente. Una vez que el pago se ha hecho
ya no hay más necesidad de pagar. Incluso nos dice en Hebreos 9 dice versículo 25, Hebreos 9, 25. No para ofrecerse
muchas veces, como entra el sumo sacerdote en el lugar santísimo
cada año con sangre ajena, de otra manera le hubiera sido necesario
padecer muchas veces desde el principio del mundo. Pero ahora,
en la consumación de los siglos, ahora está hablando de Jesús,
se presentó una vez para siempre por el sacrificio de sí mismo
para quitar de en medio el pecado Y de la manera que está establecido
para los hombres que mueran una sola vez, después de esto el
juicio, así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar
los pecados de muchos y aparecerá por segunda vez, sin relación
con el pecado, para salvar a los que le esperan. Eso es Hebreos
9, del versículo 25 hasta el versículo 28. O sea, el sacrificio
de Cristo fue suficiente. Entonces, lo único que tenemos
que hacer es creer, por la fe, en su sacrificio, en lo que Él
ha hecho por nosotros, creen en Él como Señor y como Salvador. Ahora, si eres creyente, si ya
has puesto tu fe y confianza en Jesús como Señor y Salvador,
este texto que hemos considerado aquí en 1 Juan 4, del 9 al 10,
debe de animarte al considerar el amor abundante de Dios. Considerar de que Dios te ama
No por tus méritos, sino que Él te ama porque Él quiere amarte. Él te ama aunque no te lo merezcas. Y porque Él te ama aunque no
te lo merezcas, eso significa que no puedes perder. No puedes
perder su amor. El amor de Dios no cambia. Y
entonces, por muchos problemas que te vengan en la vida, El
amor de Dios no cambia. Tus problemas no cambian el amor
de Dios hacia contigo. Dios te ama. El amor de Dios
se mantiene constante. Entonces, debemos de celebrar
el amor de Dios para con nosotros. Y celebrar lo que Dios ha hecho
por nosotros, enviando a su Hijo a morir en la cruz por nosotros,
dándonos vida eterna, perdón de pecados. Una herencia reservada
en los cielos. Podemos gozarnos en ello. Y al
mismo tiempo debemos de amar a otros como Dios ama. Amar aunque
sea difícil. Amar aunque nos rechacen. Amar aunque nos hagan sufrir.
Debemos de amar. Incluso la escritura es bastante
clara, ¿no? Debemos de amar a Dios primero
y a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Entonces, debemos de
mostrar amor. Y es que no debes de dudar del
amor de Dios porque el sacrificio de Cristo es prueba suficiente. ¡No dudes! No dudes del amor
de Dios porque el sacrificio de Cristo es prueba suficiente. Vamos a terminar en oración.
No dudes del amor de Dios porque el sacrificio de Cristo es prueba suficiente
Series 1 Juan
| Sermon ID | 7262319134279 |
| Duration | 46:10 |
| Date | |
| Category | Midweek Service |
| Bible Text | 1 John 4:9-10 |
| Language | Spanish |
Documents
Add a Comment
Comments
No Comments
© Copyright
2026 SermonAudio.