00:00
00:00
00:01
Transcript
1/0
En Salmo 28, vamos a leer todo
el Salmo. Salmo de David. A ti clamaré,
oh Jehová, roca mía, no te desentiendas de mí, para que no sea yo dejándome
tú, semejante a los que descienden al sepulcro. Oye la voz de mis riegos cuando
clamo a ti, cuando alzo mis manos hacia tu santo templo. No me
arrebates juntamente con los malos y con los que hacen equidad,
los cuales hablan paz con sus prójimos, pero la maldad está
en su corazón. Dales conforme su obra y conforme
la perversidad de sus hechos. Dales su merecido conforme la
obra de sus manos. Cuanto no atendieron los hechos
de Jehová ni el obra de sus manos, Él los derribará y no los edificará. Bendito sea Jehová, que oyó la
voz de mis regos. Jehová es mi fortaleza, mi escudo. En Él confió mi corazón y fui
ayudado, por lo que se gozó mi corazón, y con mi cántico le
alabaré. Jehová es la fortaleza de su
pueblo, y el refugio salvador es un hijo. Salva tu pueblo,
y bendice a tu heredad, y pastoreales y susténtales para siempre. Así dice Dios en su santa palabra. Vamos ahora. Padre, damos muchas
gracias por tu palabra, por la bendición de leerla, por su ánimo. Te pedimos que nos enseñes lo
que quieres enseñarnos hoy. En nombre de Cristo. Amén. ¿En algún tiempo de tu vida has
pasado por un momento cuando dudaste si Dios realmente oye
a su pueblo? si Dios realmente hace caso a
tus oraciones? Creo que todo cristiano ha pedido
algo de Dios y no ha recibido la respuesta que quiere. Y eso
puede causarnos a dudar de la bondad de Dios, dudar si realmente
Dios está atento a su pueblo, si realmente nos oye. O a veces
no nos causa dudar si Dios oye a todos, pero nos hace pensar
si Dios me oye a mí. A los demás sí, Dios responde
al pastor, Dios responde a los hermanos, pero a mí no. ¿Alguna
vez has pensado eso? Pues David también conocía momentos
así. Hemos estudiado en otros salmos
que David a veces levanta su voz a Dios en desesperación,
porque parece que no está. Aquí en este Salmo, pide a Dios
que no se desentiende de él, que no le olvide, que no sea
sueldo a sus peticiones. Aquí en el principio del Salmo,
vemos que David describe a Dios como su roca, una descripción
que vemos en toda la Biblia, ¿verdad? Es una descripción perfecta
de Dios porque sí es nuestra fortaleza, Él es la base de nuestras
vidas. Pero también a veces, en la vida
cristiana, creemos que Dios es una roca porque parece que no
nos oye. porque parece que no nos responde.
¿Verdad? A veces dicen, sí, mi Dios es
una roca, porque no me oye, porque no tiene oídos, porque no recibo
la respuesta que estoy buscando. Entonces nosotros, desánimo,
a veces pensamos así. Mi Dios es tan sordo como una
roca. un cristiano verdadero si puede
llegar a pensar así si puede pensar que Dios no oye, que Dios
es sordo completamente a su petición ¿te está pasando a ti en ese
momento? ¿en estos días? ¿te ha pasado? o si no, ¿te va a pasar? cuando
parece que Dios es un Dios sordo tú pasas por una prueba muy fuerte
y pides y pides y pides y regas a Dios y regas a Dios y nada y que empezamos a hacer naturalmente?
dudamos Dios está? soy cristiano? Dios me oye? entonces lo que necesitamos es
un salmo así David con la misma prueba David con el mismo desánimo. Pero David, bajo inspiración
de Dios, enseñándonos cómo deberíamos responder. Ese salmo nos da la
respuesta a la pregunta, ¿qué hacemos o qué deberíamos hacer
cuando parece que Dios no responde? Ese salmo inspirado nos dice
dos cosas. Seguir orando y seguir confiando. Y eso es todo. Seguir orando
y seguir confiando. No podemos hacer otra cosa. No
podemos cambiar a Dios y tampoco lo queremos, ¿verdad? A veces
sí. A veces pasamos por la tentación que queremos que nuestra voluntad
se eche, no la suya. Pero en la profundidad del corazón
sí entendemos que no queremos vivir en un mundo en donde nuestra
voluntad siempre sea cumplida. Parece que sí, pero qué desastre
sería, ¿verdad? Entonces, ¿qué necesitamos hacer
cuando parece que Dios nos está escuchando? Seguir orando y seguir
confiando. Cristo mismo enseñó esta verdad
en Lucas 18, cuando dio a sus discípulos, dice, una parábola
sobre la necesidad de orar siempre y no desmayar. Cristo contó la
historia, si ustedes recuerdan, del juez injusto y la viuda que
venía constantemente a él pidiendo justicia. Y al final, el juez
lo hizo, ¿y se acuerdan por qué? No porque era justo, sino porque
dijo, esta viuda me molesta muchísimo, entonces voy a darle lo que quiera.
El juez dijo, porque esta viuda me molesta, le haré justicia,
no sé que viniendo de continuo me agote la paciencia. Y Cristo
dio la aplicación divina. Cuando dijo, ¿y acaso Dios no
hará justicia a sus escogidos que claman a Él día y noche?
¿Se tardará en responderles? Os digo que pronto les hará justicia. Jesús no estaba enseñando que
Dios también es un juez injusto. Tenemos que insistir mucho si
Él va a responder. No es el punto. Está diciendo, si aún un juez
injusto, que ni teme a Dios, dio lo que la viuda quería, porque
insistía mucho, cuánto más Dios, quien es bueno, bondadoso, amoroso
y justo, va a dar a sus escogidos exactamente lo que necesita. Sí tenemos que orar. si tenemos
que insistir, si tenemos que, como Cristo dijo, orar y no desmayar. Entonces, la verdad que encontramos
aquí en el Estado del 28 no es única. Aquí se encuentran muchas
partes de la Palabra de Dios. Cuando parece que Dios no nos
oye, cuando parece que Él es sordo a nuestras peticiones,
necesitamos seguir orando y seguir confiando. Vamos a considerar
esas dos cosas. en primer lugar en versículos
1 a 5 seguimos orando cuando parece que Dios no responde,
cuando parece que Dios no oye, cuando parece que Dios es sordo
la primera cosa que hacemos es seguir orando humanamente hablar
no tiene sentido si no me está funcionando, ¿para qué continuar?
porque no es una solución humana es una solución divina. Y si
Dios dice que es lo que necesitamos hacer, es lo que necesitamos
hacer, confiando que es un medio que va a usar para cumplir su
voluntad. David empieza aquí clamando a
Dios, que responde a su petición. A ti clamaré, oh Jehová, roca
mía, no te desentiendas de mí, para que no sea yo dejándome
tú semejante a los que descienden al supulcro. Una traducción más
literal aquí sería, roca mía, no seas sordo para conmigo. Esa es la fuerza aquí de lo que
David está diciendo, no seas sordo para conmigo. David está orando. David está
orando a una roca y parece que esta roca no tiene oídos, que
no oye, por eso rega a Dios desde aquí, clama a Dios. que Dios
no sigue siendo sordo, que Dios no continúe ignorando sus oraciones. Es la idea aquí. No es la primera
vez que le habías pedido eso. La idea aquí en la gramática
es Dios, David está diciendo, Dios, deja de ser sordo. Has parecido sordo por mucho
tiempo. Ahora necesito, necesito que
respondas. Y sin duda, hermanos, es la verdad,
porque mientras es muy difícil pedir a Dios una cosa, una vez,
y no recibir la respuesta, o pedir a Dios una cosa por una semana,
y no recibir la respuesta. Mientras eso es difícil, ¿cuánto
más difícil es orar a Dios por semanas, y meses, y hasta años,
y no ver la respuesta? Y parece que Dios es sueldo.
Y tenemos que orar así, clamando a Dios que no sea sólo para nosotros. En el Segundo Parabénsico, David
continúa con esta misma idea. Para que no sea yo, dejándome
tú, semejante a los que decían en el sepulcro. David no quería
sentir abandonado, dejado, así como los que mueren. O también
se podría traducir, no sea que si guardas silencio hacia mí,
vengas a ser semejante a los que decían en la fosa. La misma
imagen, el Dios que parece sordo, el Dios que guarda silencio.
¿Qué significa eso? Que parece que no está respondiendo.
No está recibiendo la respuesta de Dios. Es solo Dios. Está guardando
silencio. David pide a Dios que no haga
esto. ¿Podemos hablar de esto, hermanos?
¿Parece que Dios es solo a tu petición? Pídele que no sea solo más. Pídele
que haga caso a tu petición, que responda. Y David pide a
esto de Dios aquí, para que Él no sea como los que mueren. los
que dicen que descienden al pozo que representa la muerte. Y la
idea aquí es que David no quiere ser como los incrédulos, quienes
mueren, descienden el sepulcro y no tienen más esperanza porque
no tienen a Dios. David está diciendo que si Dios
no responde a sus peticiones, ¿qué le hace diferente que los
incrédulos que tampoco reciben respuestas a sus peticiones?
Es muy fuerte, ¿no? Orar a su Dios. Si tú no respondes,
yo no soy diferente que aquellos que mueren sin ti. Porque tú
no respondes a ellos. Entendemos eso, ¿verdad? Dios
no escucha ni responde a las oraciones de los que no son su
pueblo. El mundo hoy en día dice otra
cosa. Cualquier persona puede orar a Dios y Dios va a bendecir.
Dios no es una persona que podemos controlar así. Si una persona
no quiere someterse a Dios en su vida, en la salvación, Dios
no va a responder. Y David dice, si tú no me respondes,
Dios, ¿qué me hace diferente que aquellos impíos que están
pereciendo? Por eso, Dios, respóndeme. Pues
qué fuerte orar así a Dios, pero tenemos derecho. Esa es la palabra
inspirar a Dios. Es un ejemplo de cómo podemos
orar. Dios, yo no puedo continuar así sin tu respuesta que necesito. Respóndeme. Y después, como vamos
a ver, seguir confiando, porque Dios va a hacerlo en su tiempo,
por supuesto. Pero sí podemos orar así tan fuertemente, tan
directamente a su Dios, que responda. Porque sí somos diferentes. Somos
hijos. No somos enemigos. Y Dios sí
va a responder a sus hijos. Siempre, siempre. Por eso David
llama a Dios su roca, si hay algo de confianza. Aún en su
ruego al confianza. Nunca deberíamos hablar de Dios
sin ninguna confianza. No queremos atacar a Dios y quejarnos
de Él. Aún en su desesperación, David
dice, yo sé que eres mi roca, eres mi fundamento firme, tú
eres mi fortaleza, confío en ti. Por eso estoy rogando que
respondas a mi petición. En el siglo II, David pide que
Dios oiga la voz de sus regos cuando clama a él, cuando él
levanta sus manos hacia su santo templo. La idea de levantar las
manos es un símbolo de la oración, la oración completamente dependiente
de Dios. Mostrando que no hay nada en
mis manos para llevar a ti. Necesito que tú me respondas.
En Versículos 3 a 5, David describe a los incrédulos con quienes
no quiere ser incluido. Otra vez entienden, David no
quiere ser tratado como ellos. Aquí dice, son los malos, los
que hacen liquidad, los que hablan en paz con sus prójimos, pero
la maldad está en su corazón. Los que hablan bonito a la cara,
pero después apuñalan a la persona con la espada. Así son los impíos. Y David pide que Dios dé a ellos
conforme a su obra, que Dios les castigue conforme a lo que
merecen. David así está orando muy fuertemente,
pero no solamente que los impíos nada más no lo están haciendo,
dice el versículo 5, por cuanto no atendieron a los hechos de
Jehová, ni lavaron sus manos, Él los derribará y no los edificará. Es que el problema con los incrédulos
no es que no han visto la mano de Dios, sino que conscientemente
deciden que no la necesitan. No es que no han visto sus obras.
Piensan que no son importantes para ellos, y por eso rechazan
a Dios, y tal persona merece ser destruida para siempre. Oramos
por su salvación primero, que reconozcan su necesidad de un
Dios así. es decir, rechazan lo que merecen
es ese tipo de castigo y destrucción. Entonces, cuando parece que Dios
es sordo en nuestras peticiones, cuando parece que no nos oye,
la primera cosa que tenemos que hacer es seguir orando. Podemos
orar con honestidad, así como David, preguntando a Dios, ¿por
qué no respondes? No me trates como tratas a los
incrédulos. No tenemos que fingir en nuestras
oraciones que todo está bien. Podemos ir a Dios en honestidad
y decirle, con respeto, con reverencia, para decirle que estamos sin
tiempo. Eso es válido. Y Dios oye ese tipo de petición. Pero tal vez la cosa más importante
en la primera parte de este Salmo, en cuanto a lo que debemos recordar
cuando seguimos orando, es la base de nuestras peticiones. Lo vemos aquí en el versículo
2. David no pide esto a Dios porque lo merece. En Efesios
2 dicen, oye la voz de mis reyes cuando clamo a ti, cuando alzo
mis manos hacia tu santo templo. David pide lo que pide, pensando
en el templo, en el tabernáculo en su caso, el lugar en donde
estaba la presencia de Dios, el lugar en donde estaban los
sacrificios ofrecidos cada día por el pecado, el lugar en donde
la sangre fue derramada constantemente cada día, simbolizando lo que
su saludo iba a ser en el futuro. ¿Lo ven? David está pidiendo,
alzando sus manos hacia donde viene su esperanza. David no
dice, oye mi clamor Dios, porque lo merezco. Dios, oye mi clamor,
porque levanto mis manos hacia tu santo templo. porque dependo
del sacrificio, dependo de la sangre. Y nosotros tenemos esta
misma confianza, pero mucho más porque no estamos confiando en
símbolos para un Mesías futuro. Cristo ya ha venido y derramó
su sangre y podemos alzar nuestras manos hacia Él y pedir lo que
pedimos, seguir orando basado en Cristo. Porque fíjense bien,
Yo digo, cuando están en problemas, cuando Dios parece no responder,
siguen orando, y ustedes me dicen, Pastor, eso es ridículo, no entiendes
nada de lo que estoy pasando. Si fueran mis palabras nada más,
tendrían razón. Pero también si en esta parte,
y lo que vamos a ver ahora, confiando en Cristo, tampoco tiene sentido. Porque si tú sigues orando, pero
sin confianza, o si tú sigues orando, pero basando tus peticiones
en lo que tú mereces de Dios, no vas a recibir nada. Necesitamos
pedir a Dios y seguir orando basado en lo que Cristo ya ha
hecho por nosotros, porque solamente en Él que merecemos las respuestas
a nuestras peticiones. ¿Entienden? ¿Por qué? ¿Qué pasa muchas veces? Dios,
¿cómo es posible que no me das esto? Detrás de esta petición
es, yo merezco esto. Mi hermano o hermana tiene eso.
Mi hermano o hermana en la iglesia tiene eso. Hasta esta persona
increíble que siempre hemos hecho las fe en contra de ti tiene
eso. Entonces, tal vez seguimos orando, pero porque yo lo merezco. Hermanos, la base de cada petición
y cada oración es lo que Cristo ya ha hecho por ti. Dios nos da lo que nos da y responde
como responde debido a Cristo. No ha debido ganar nosotros.
Y qué bueno, porque no hay nosotros que merecen nada. Por Cristo
oramos. Por Cristo pedimos. Lo que vemos
aquí en versículos 6 a 7 ahora. Seguir orando y después seguir
confiando. Porque como digo, es posible
orar sin confianza. Es posible seguir orando y decir
las palabras, pero sin creer lo que estás pidiendo. Eso nos
ha pasado también, ¿verdad? O en privado, tú estás orando
porque sabes que deberías orar, pero no son palabras, porque
no lo crees. O estás aquí en la iglesia aún, los miércoles
juntos, y estás orando, y mientras estás orando en voz alta, hay
un pensamiento en tu cerebro que dice, pero tú no crees eso. Si es posible, seguí orando sin
seguir confiando, sin tener la fe que Dios va a responder. Tal
vez es porque has orado por tanto tiempo por la misma cosa, sin
la respuesta, que ya no ves el sentido de seguir orando. O dejas
de orar, o sigues orando, pero ya sin la confianza que Dios
va a responder. Pero hermanos, Dios nos oye. Y como te dije,
Dios tiene que oírnos. Porque estamos orando por Cristo
y Él siempre oye a Su Hijo y siempre responde a Su Hijo. Dios tiene
que oírte o no es Dios. Que no ves la respuesta que quieres
de momento, puede ser, pero si te oye. por Cristo. Por eso podemos confiar. David
5, 6 y 7 dice, bendito sea Jehová, que oyó la voz de mis riegos.
Jehová es mi fortaleza, mi escudo. En él confió mi corazón y fui
ayudado, por lo que se gozó mi corazón, y con mi cántico le
alabaré. Entonces, por eso podemos confiar
como David. Nosotros, aún más que David,
podemos acercarnos confiadamente al trono de gracia, porque tenemos
un gran sumo sacerdote quien intercede por nosotros. David
tenía que confiar en un Mesías futuro, simbolizado por sacrificios. Nosotros tenemos algo mucho más
importante, mucho más real, mucho más a la luz. Entonces, puede
parecer que Dios es solo. Puede parecer que Dios no está
respondiendo, pero a la profundidad del corazón de cada cristiano
sabemos que Él sí nos oye. Y por eso podemos alabarle. Por
eso podemos bendecir a Dios porque en verdad nos ha oído. se requiere
mucha fe, no lo niego requiere mucha fe alabar a Dios cuando
todavía no ves la respuesta has hecho esto alguna vez alabar
a Dios porque te oyó pero todavía no has recibido la respuesta
esa es fe porque Dios si te oye si ves la prueba o no lo que
tenemos que hacer es alabarle y bendecirle a Dios apenas he
orado a ti no siento, no me siento como que ya has respondido, no
tengo la respuesta ya en mis manos, vete al lado porque me
has ayudado y me has respondido. Esa es la oración de fe de un
cristiano. No es fácil, tenemos que crecer
para hacer eso, pero sí es posible. ¿Por qué? Porque como David dice
aquí, Jehová es mi fortaleza, mi escudo. Y eso vimos en otros
salmos, como cantamos en el salmo 18. Te amo Jehová, fortaleza
mía, Jehová roca mía y castillo mío, mi libertador, Dios mío,
fortaleza mía, en él confiaré, mi escudo y la fuerza de mi salvación,
mi alto refugio. David habla siempre de Dios así
en los salmos, con su protección, su roca, su fortaleza. Y por
eso podría alabar a Dios, Dios todavía no ha recibido lo que
he pedido, pero Tú eres mi roca, Tú eres mi fortaleza, y te alabo
porque me has respondido. David dijo, en él confió mi corazón
y fui ayudado por lo que se gozó mi corazón y con mi cántico le
alabaré tal vez tú has orado por muchos años por una cosa
la salvación de un hijo que un hijo regrese al Señor has orado
por un mejor trabajo, has orado con nosotros aquí en la iglesia
más salvación, más compromiso a la iglesia local y no hemos
visto lo que estamos pidiendo Tendemos a estar en manos. Tendemos
a decir, ¿para qué seguir orando? No hace nada. ¿Para qué seguir
confiando? No hace nada. ¿Para qué ir a
la iglesia? No hace nada. Eso es humano. Solamente confiar
cuando vemos la respuesta que pedimos. Pues es fácil, hermanos. Cualquier persona en todo el
mundo puede servir a un Dios que siempre le da lo que quiere. Nuestro Dios es soberano. Sabe
mejor que tú. Y por eso cuando dejamos de orar,
o dejamos de confiar, o dejamos de aprovechar los medios de gracia
porque pensamos que no funciona, es porque no entendemos que la
vida cristiana es una vida de fe. Entonces, eso lo usamos para
animar y también para convencer. Tenemos que ser convencidos primero.
Yo sé que hay personas, a veces, en la iglesia que no quieren
ser convencidos. Nada más pedí que me ponen gracia, pastor.
Está muy bien. Necesitamos la gracia, pero no entendemos que
necesitamos la gracia hasta que entendamos nuestra necesidad
de la gracia. Entonces, primero, hermanos, que entendamos, y me
incluye a mí, que necesitamos andar más por fe y menos por
vista. Que necesitamos poner a Dios
en primer lugar y buscar primero su reino. Y Él después va a agregar
las demás cosas. Primero es confiar en Dios, es
seguir orando y seguir confiando. Y después Él promete suplir todas
tus necesidades. ¿Todos tus deseos? No. ¿Todas
tus necesidades? Sí. Entonces primero que seamos
convencidos de nuestra falta de fe. Y después necesitamos
ser animados por ese salmo. podemos rogar a Dios, podemos
ser animados porque Él es nuestra roca, y Sí responde a cada petición. Pero tal vez dices, está muy
bien, está muy bien, pero tú leíste, Pastor, en el título,
el Salmo de David. ¿Qué tiene que ver conmigo? Pues
primero, es la Palabra de Dios, es para nosotros. Segundo, fíjense
cómo termina el Salmo, en el versículos 8 y 9. Jehová es la fortaleza de su
pueblo, y el refugio salvador es su ungido. Salva a tu pueblo,
y bendice tu heredad, y pastoreales y susténtales para siempre. David teme ese salmo como a terminar
los últimos dos salmos. No solamente hablan de él y su
situación individual, sino hablan de todo el pueblo de Dios. Jehová
no es solamente la fortaleza de David, sino de todo su pueblo. Es el refugio salvador de su
ungido, que en contexto probablemente se refiere a David como el rey,
como un ungido, pero representando al pueblo. Y por eso David puede
pedir a Dios que salve a su pueblo, que bendiga su heredad, que Dios
pastoree y sostenga a su pueblo, a sus ovejas, a su rebaño, para
siempre. Hermanos, es de muchísimo ánimo y ayuda para nosotros cuando
los samos terminan así. cuando aquí Dios nos está diciendo,
este Salmo es para ustedes, este Salmo es para ti, es para ti,
es para ti, es para todos nosotros, no solamente para David, no solamente
para el Pastor, no solamente para el Cristiano Maduro, este
Salmo es para todo el Pueblo de Dios. ¿Perteneces al Pueblo
de Dios? Puedes orar este Salmo, es tu
Salmo también. Dios escribe este Salmo para
ti. Cuando dice aquí Jehová es la
fortaleza de su pueblo, tú puedes decir Jehová es mi fortaleza
y el refugio salvador de su ungido. Ante todo, ¿quién es su ungido?
Es Cristo. Estamos en Cristo. Entonces es
refugio salvador de nosotros también. Y Dios sí va a salvar
su pueblo, bendecir su heredad, pastorear y sustentarnos para
siempre. Jehová es tu fortaleza, aun cuando
pareces solo a tus peticiones. Jehová es el refugio salvador
de tu familia, aun cuando parece que ha quebrantado completamente.
Dios va a pastorear y sostener a esta iglesia local, aun cuando
parece que todo va mal. ¿Por qué? porque somos muy buenos,
porque lo merecemos, no, es por su ungido. Terminamos pensando
así, en Cristo, en nuestro Salvador. La palabra ungido es la palabra
Mesías, es la palabra en griego, Cristo. Cuando leemos aquí del
ungido, tenemos que pensar en Cristo. Él vino en el cumplimiento
del tiempo, para vivir perfectamente bajo la ley de Dios, para cumplirla
en cada parte, porque nosotros no podemos. Después murió en
su lugar, para pagar por nuestros pecados, para pagar el precio
requerido por la perfecta y santa idea de Dios. Cristo es el ungido. Dios era el refugio salvador
de su Hijo. ¿Cómo sabemos? En la muerte de
Gethsemaní, Cristo dijo, yo no puedo. Quiero que esta copa pase de
mí si sea posible. Y Dios nos dijo que quito de
testa esta prueba. Le fortaleció con el Espíritu
Santo. En la cruz misma, Dios Padre
era el refugio salvador de su Hijo. Y en su resurrección, Dios
no dejó a su Hijo en el sepulcro. Le levantó a esos muertos para
mostrar que aceptó su sacrificio por nosotros. Escolemos aquí
que Dios es el refugio salvador y su unido. Debemos pensar primero
en Cristo y después, puesto que estamos unidos a Cristo, también
se refieren a nosotros. Todo el poder mostrado en Cristo
en su vida, muerte y resurrección es nuestro también. Dice Hermanos
8, tenemos el mismo Espíritu de Dios morado en nosotros que
levantó a Cristo en los muertos. ¿Necesitamos más poder? Tenemos
todo. todos necesitamos para vivir
y para glorificar a Dios. Entonces podemos seguir orando.
y seguir confiando, aun cuando parece que Dios es suelo. Porque
Él no abandona a su Hijo cuando estamos sufriendo por nosotros.
Y tampoco va a abandonarle ahora. Tampoco va a abandonar a su Hijo
en este momento. Y tampoco va a abandonarnos ni
dejarnos a nosotros. Estamos en Cristo. Y Dios es
imposible para Dios abandonarte. No solamente que no va a hacerlo,
es imposible que lo haga. El momento, creo que lo he dicho
antes, pero el único momento cuando tú puedes temer, como
cristiano, que Dios te ha abandonado, es cuando Dios abandona a su
propio Hijo Jesucristo. Cuando haga eso, puedes temer,
pero nunca va a hacer eso. No porque no quiere, sino porque
no puede. Y aunque tú, a veces, actúes
como la peor persona del mundo, Aunque tú y yo, nosotros, a veces
pecamos fuertemente en contra de Dios. Y decimos, ¿para qué
orar cuando soy tan malo? Ni merezco su respuesta. Y Dios
le dice, precisamente por eso mandó a mi hijo. Para que tú
no mereces nada, le mandó. Para que tú puedas una vida eterna.
Para que puedas estar reconciliado conmigo. Para que puedas ser
mi hijo. No es lo que merecemos o no merecemos. Todo depende
de Cristo. Por supuesto, entonces, si estás aquí sin Cristo, es
otra cosa. Muy fuerte decirlo, pero la persona
que rechaza la salvación en Dios, la persona que no quiere humillarse
ante Dios y dejar sus buenas obras y ser salvo por pura gracia,
tal persona no debería esperar nunca ninguna respuesta de parte
de Dios. Y digo eso no para ofender, sino para mostrar a los incrédulos
de aquí que no pueden vivir sin Cristo. Es imposible. La vida es un infierno. Esa palabra tampoco es correcta,
¿verdad? Porque el infierno es real. Es la cosa, ¿no? Los incrédulos dicen, mi vida
es un infierno. Y no tienen ninguna idea de lo que estás diciendo. El infierno es real. Y es el
lugar en donde todos nos merecemos estar. Y la única razón por la
cual nosotros aquí tenemos la confianza de que nos vamos allá,
y algunos de ustedes aquí no, no es porque somos mejores, porque
no somos mejores que nadie. Es porque Dios nos ha mostrado
la necesidad de un Salvador. Hemos confiado en Él. Y pues
tenemos la esperanza, la vida eterna, la vida con Dios para
siempre. Entonces, si estás aquí sin Cristo,
tienes que hacer una cosa hoy. clámale a Él por la salvación
que tanto necesitas, y Él te va a oír, y Él te va a salvar.
Entonces, hermanos, sean convencidos, primero, por la Palabra de Dios,
después sean animados, porque no estás solo. No estás pasando
por una situación por la cual nadie más en la historia del
mundo jamás ha pasado. Tienes buena compañía en tu prueba.
David pasaba momentos así, cuando parecía que Dios no estaba. Si
lees la historia de la iglesia, Hombres de Dios también pasaban
momentos cuando parecía que Dios no estaba. Y aquí, en esta misma
iglesia local, tienes hermanos que han pasado por cosas así
también. Que han pasado momentos cuando hemos dicho, Dios, ¿dónde
estás? ¿Me has abandonado? Pues fue
Dios, otra vez brilló su rosa sobre nosotros. Nos ayudó. ¿Qué debemos hacer entonces?
¿Platicar mucho más entre nosotros? La iglesia no funciona más llegando,
escuchando y saliendo. Hermanos, hay personas aquí pasando
por cosas más fuertes de lo que puedes imaginar y necesitan ellos. Que hablemos con ellos de lo
que Dios ha hecho a nosotros en el pasado para que tengan
la confianza de que también pueden hacerlo en ellos. La iglesia
es mucho más que nada más asistir una hora y media a un culto.
La Iglesia es la unión de los santos, la comunión de los santos. Entonces, mientras tengo mucha
carga que esta Iglesia crezca otra vez en compromiso a los
cultos y estudios, porque no podemos estar unidos si no estamos
unidos bajo la enseñanza de la Palabra de Dios. También tengo
una carga muy grande que no solamente pensemos que sea suficiente venir
a escuchar, sino que seamos Una iglesia. Porque yo puedo estar aquí enfrente
predicando. Y muchos piensen, bueno, el pastor no entiende.
Porque es gringo. Porque no ha pasado por las cosas
como los mexicanos. Porque él no pasa por el seguro.
Es otro tema. Aún si fuera la verdad, no importa. Porque esa es la palabra de Dios. Ese salmo es para ustedes, es
para mí. Necesitamos leerlo, creerlo,
orarlo y compartirlo, para que Dios nos dé también la confianza,
para seguir orando, aun cuando parece que Dios no está, que
es sordo, y seguir confiando, porque nuestro Dios es fiel y
te va a responder. por su Hijo Jesucristo. Vamos
a ver. Pares, necesitamos tanto, tanto,
Señor, que no hay palabras, porque nos has salvado y te damos las
gracias, la gloria, es increíble lo que nos has dado y lo que
has hecho en nosotros. Pero también nos has permitido
estar en el proceso de la santificación, que es un proceso que duele mucho.
Tú has permitido en este momento que pasemos indudablemente como
familia, como iglesia, por momentos muy difíciles, por pruebas de
fuego. Y nuestra tendencia, señores, es quejarnos. Nuestra tendencia
es dejar de creer y confiar. Deberíamos que hoy, por medio
de tu palabra, que nos confrontes con este pecado y que nos enseñes
que deberíamos seguir orando y seguir confiando, no oponernos
a otros. sin por lo que Cristo ha hecho
y lo que Cristo está haciendo, intercediendo en ese momento
por nosotros. Te pedimos, Señor, porque es
nuestra iglesia y que en ese momento están pasando por cosas
que no podemos imaginar. A veces no tenemos palabras para
ayudarles. Ayúdanos a intentar. Te pedimos, Señor, que tú seas
el consolador, que tú seas el Dios de toda consolación. y también
el Dios de toda fuertaleza. Te pedimos, Nuestra Iglesia,
Señor, que nos des otra vez las ganas para estar juntos en la
cárcel de Dios en el día del Señor. Te pedimos, Señor, que
Tú nos sueltes a Nuestra Iglesia, que regreses al rebaño a los
que se han desviado, que nos des otra vez el compromiso necesario
a este iglesia local, no por nada nosotros, señor, sino porque
es un medio que tú usas. Te pedimos, señor, porque queremos
estar en un mismo sentir. Queremos estar unidos, señor,
ayudándonos unos a otros y unidos también para obedecerte y glorificarte.
Te pedimos, señor, que hagas algo, que nos convenzas, que
nos cambies, que nos fortalezcas, Que nos hagas meditar mucho más
en Cristo. Y así tener nuestras vidas transformadas por Él. Te
pedimos en nombre de Cristo. Amén.
Cuando Dios no te responde
Series Estudio de los Salmos
Cuando parece que Dios no nos oye, cuando parece que Él es sordo a nuestras peticiones, necesitamos seguir orando, y seguir confiando.
| Sermon ID | 714192181765 |
| Duration | 37:38 |
| Date | |
| Category | Sunday Service |
| Bible Text | Psalm 28 |
| Language | Spanish |
Add a Comment
Comments
No Comments
© Copyright
2026 SermonAudio.