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San Juan capítulo 16, vamos a leer desde el versículo
23 hasta el 33. Capítulo 16, versículo 23, empezamos
ahí, del Evangelio de San Juan. Dice así el versículo 23. En
aquel día no me preguntaréis nada. De cierto, de cierto, os
digo que todo cuanto pidierais al Padre en mi nombre, os lo
darán. Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre. Pedir y
recibiréis para que vuestro gozo sea cumplido. Estas cosas os
he hablado en alegorías. La hora viene cuando ya no os
hablaré por alegorías, sino que claramente os anunciaré acerca
del Padre. En aquel día pediréis en mi nombre
y yo os digo que yo rogaré al Padre por vosotros. Que yo os
digo que yo rogaré al Padre por vosotros, pues el Padre mismo
os ama, porque vosotros me habéis amado y habéis creído que yo
salí de Dios. Salí del Padre y he venido al
mundo. Otra vez dejo el mundo y voy
al Padre. Le dijeron sus discípulos, he
aquí ahora hablas claramente y ninguna alegoría dices. Ahora
entendemos que sabes todas las cosas y que no necesitas que
nadie te pregunte. Por esto creemos que has salido
de Dios. Jesús le respondió, ¿ahora creéis? He aquí la hora viene. Y ha venido
ya, en que seréis esparcidos cada uno por su lado, y me dejaréis
solo, mas no estoy solo, porque el Padre está conmigo. Estas
cosas os he hablado, para que en mí tengáis paz, en el mundo
tendréis aflicción, pero confiad, yo he vencido al mundo. El tema de nuestro mensaje es
el vencedor del mundo. Cristo dijo en el mundo tendréis
aflicción, pero confiad, yo he vencido al mundo. Pero el versículo
33 empieza diciendo estas cosas os he hablado para que en mí
tengáis paz. ¿Cuáles eran estas cosas? Lo
que Cristo les había hablado incluye todo lo que Cristo dijo
a sus discípulos esa noche. Recuerden que en este momento
en que Cristo está con sus discípulos estaba para ir a morir a la Cruz
del Calvario. Entonces empezó otra vez a recordarles
las cosas de la que Él había venido del Padre, que iba a regresar
al Padre. y por un poco de tiempo estarían
con ellos y luego ya no le verían y luego por un poco más de tiempo
lo volverían a ver y estas cosas no entendían los discípulos.
Por eso dice que incluía todo lo que Cristo dijo a sus discípulos
esa noche. Cristo les había hablado acerca
de sí mismo, informándoles que había venido del Padre. que había
entrado en el mundo y salía de nuevo de él, y estaba a punto
de volver al Padre. Les había dicho que uno de ellos
lo traicionaría. Cuando estaban reunidos en el
Aposento Alto tomando la última cena, Cristo dijo, uno de ustedes
me va a entregar. y empezaron a preguntarse quién
de ellos sería. Y el Señor dijo, el que meta
su pan en mi plato, el que moje su pan conmigo, ese es el que
me va a entregar. Cristo les habló todas estas
cosas. También dijo que uno de ellos
le negaría tres veces, refiriéndose a Pedro. Y aunque Pedro dijo
que él prefería morir antes que negar a su Señor, Cristo les
había anticipado estas cosas, para que cuando sucedieran, se
acordaban que Cristo ya les había advertido todo eso. También Cristo
les había anunciado que sería odiado por el mundo y que sería
abandonado por sus propios discípulos. Todas estas cosas les dijo Cristo
antes de morir en la Cruz del Calvario, antes de que estas
cosas sucedieran. Vean cómo empieza diciendo el
capítulo 16 en el versículo 1. Estas cosas os he hablado para
que no tengáis tropiezo. Versículo 1. Versículo 4. Mas
os he dicho estas cosas para que cuando llegue la hora os
acordéis de que ya os lo había dicho. Esto no os lo dije al
principio porque yo estaba con vosotros. Versículo 27. Pues
el Padre mismo os ama, porque vosotros me habéis amado y habéis
creído que yo salí de Dios. Salí del Padre y he venido al
mundo. Otra vez dejo el mundo y voy
al Padre. Le dijeron sus discípulos, he
aquí ahora hablas claramente y ninguna alegoría dices. Ahora entendemos que sabes todas
las cosas y no necesitas que nadie te pregunte. Por esto creemos
que has salido de Dios. Fíjense cómo los discípulos llegó
un momento en que dijeron, ahora entendemos todas las cosas porque
nos enseñas claramente. En el versículo 16, Cristo les
había dicho estas palabras, Todavía un poco y no me veréis, y de
nuevo un poco y me veréis, porque voy al Padre." Entonces ellos
empezaron a preguntarse qué es lo que quería decir Cristo, con
todavía un poco y no me veréis, y de nuevo un poco y me veréis,
porque voy al Padre. No entendían estas cosas porque
Cristo les estaba hablando en alegorías, pero cuando les explicó
claramente que Él había descendido del Cielo, había sido enviado
por el Padre para cumplir la redención de su pueblo, para
llevar a cabo la expiación de nuestros pecados, entonces ellos
entendieron claramente y dijeron, ahora no necesitas que nadie
te pregunte, por esto creemos que has salido de Dios. Jesús le respondió, ahora creéis. Fíjense, los propios discípulos,
varias de las cosas que Cristo les explicó, les enseñó muchas
veces, no las entendían, pero ahora Cristo dice, al fin habéis
creído. He aquí, dice, la hora viene
y ha venido ya en que seréis esparcidos cada uno por su lado
y me dejaréis solo. Mas no estoy solo porque el Padre
está conmigo. Después de que el Señor les dice
que al fin habían creído, les habla por paradojas. les dice tres paradojas, una
paradoja son dos cosas opuestas y dice la última parte del reciclo
32 me dejaréis solo, dice, más no
estoy solo. Es una paradoja. Los discípulos
iban a dejar, iban a abandonar a Cristo por temor una vez que
lo crucificara. Y él, antes de que sucediera,
les había enseñado, les había dicho que lo iban a abandonar.
Dice, me dejaréis solo, más no estoy solo porque el Padre está
conmigo. La primera parte del versículo
33 habla de las aflicciones, de los sufrimientos, de los padecimientos,
pero al mismo tiempo tienen paz. Eso es una paradoja. Habla de
los sufrimientos, pero también al mismo tiempo tienen paz, dice
el versículo 33. Estas cosas os he hablado para
que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción. Esa es la paradoja, tener paz
en medio de la aflicción, en medio del sufrimiento, en medio
de las pruebas, en medio del dolor. Estas cosas os he hablado
para que en mí tengáis paz. La tercer paradoja es que nuestro
Señor Jesucristo les dice confiar, yo he vencido al mundo, aunque
él iba a morir, él les estaba declarando que iba a vencer el
mundo. Estas son las paradojas que él
les explicó después de que ellos habían creído, al fin habéis
creído, les dijo Cristo, y entonces les habló estas tres paradojas,
que es algo que nosotros también, de lo cual también participamos,
el cristiano nunca está solo, nunca está solo, así como dijo
Cristo, porque el Padre está conmigo. Esa es una de las promesas
que Cristo nos ha dado, que Él estará con nosotros todos los
días hasta el fin del mundo. Y también el cristiano, en medio
de las pruebas, en medio de la tribulación, en medio del sufrimiento,
tiene paz, la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento. Y Cristo dijo que si el grano
de trigo no cae y muere, no produce fruto, no trae vida. Así también
Él sabía que iba a morir en la cruz del Calvario, pero ahí Él
estaría venciendo al mundo. Por eso he titulado el mensaje
El Vencedor del Mundo. Confía, dijo Cristo, yo he vencido
al mundo. parece que esta es la única ocasión
en que personalmente Cristo usó esta palabra de vencer, confiar,
yo he vencido al mundo y Juan se apropió esa palabra y Juan
menciona muchas veces, bueno, varias veces la palabra vencer
en la primera carta de San Juan, Pablo, perdón, Juan usa esta
palabra de vencer seis veces en la primera carta de San Juan. En el Apocalipsis la usa dieciséis
veces. vencer, vencer. Parece que esta
palabra impactó mucho en la mente de Juan y él la usa en sus escritos. Vamos a ver en el libro de Apocalipsis,
capítulo 2, las palabras, seis, siete veces usa la palabra vencer
como una promesa. Empezando en el capítulo 2 de
Apocalipsis, Juan, que es el que escribe el Apocalipsis, usa
Aunque ya mencionamos que le usa 16 veces la palabra, solamente
vamos a leer 7 versículos en los cuales Juan usa la palabra
vencer, pero como una promesa al que venciere. En el versículo
7 del capítulo 2 de Apocalipsis dice, El que tiene oído, oigan
lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que venciere, le
daré a comer del árbol de la vida, el cual está en medio del
paraíso. Al que venciérense, le daré a
comer del árbol de la vida. Versículo 11. El que tiene oído,
oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. El que venciere,
no sufrirá daño de la segunda muerte. Otra promesa, ¿verdad?
El que venciere, no sufrirá daño de la segunda muerte. Versículo
17, ahí mismo en el capítulo 2. El que tiene oído, oiga lo
que el Espíritu dice a las iglesias. Al que venciere, daré a comer
del maná escondido, y le daré una piedrecita blanca, y en la
piedrecita escrito un nombre nuevo, el cual ninguno conoce,
sino aquel que lo recibe. Estas son las promesas que Juan
menciona para el que venciere, el que venciere, el que venciere.
Versículo 26 de este mismo capítulo 2. Al que venciere y guardare
mis obras hasta el fin, yo le daré autoridad sobre las naciones. Cuatro veces lo menciona en el
capítulo 2. Ahora en el capítulo 3, versículo
5 de aquí mismo del Apocalipsis dice, el que venciere será vestido
de vestiduras blancas. y no borraré su nombre del libro
de la vida y confesaré su nombre delante de mi padre y delante
de sus ángeles. Versículo 12, capítulo 3, versículo
12. Al que venciere yo lo haré columna
en el templo de mi Dios y nunca más saldrá de ahí y escribiré
sobre él el nombre de mi Dios, el nombre de la ciudad de mi
Dios, la nueva Jerusalén, la cual desciende del cielo de mi
Dios y mi nombre nuevo, al que venciere, al que venciere. Versículo
21, capítulo 3. El que tiene oídos, perdón, al
que venciere le daré que se siente conmigo en mi trono, así como
yo he vencido y me he sentado con mi Padre en su trono. Esta promesa nos recuerda la
bendición y la promesa que Cristo dijo. voy a preparar un lugar
para vosotros, para que donde yo esté, vosotros también estéis. Lo vuelve a repetir Juan aquí
en el Apocalipsis, al que venciere, le daré que se siente conmigo
en el trono, así como yo he vencido y me he sentado con mi Padre
en el trono. Capítulo 12 de Apocalipsis, vuelve
a mencionarlo otra vez esta palabra de vencer, ya no como una promesa,
sino como una arma que el cristiano usa para derrotar al enemigo
y sus acechanzas. Capítulo 12 de Apocalipsis, versículos
10 y 11. Entonces oí una gran voz en el
cielo que decía, ahora ha venido la salvación, el poder y el reino
de nuestro Dios y la autoridad de su Cristo, porque ha sido
lanzado fuera el acusador de nuestros hermanos, el que los
acusaba delante de nuestro Dios día y noche. y ellos le han vencido
por medio de la sangre del Cordero y de la Palabra del Testimonio
de ellos, y menospreciaron sus vidas hasta la muerte. Los cristianos
han vencido y han derrotado a Satanás, al enemigo, por medio de la sangre
del Cordero y de la Palabra del Testimonio, de la Palabra de
Dios. Esta es la arma poderosa que
el Señor nos ha dado. Ahora, vamos otra vez a San Juan
capítulo 16 para considerar el versículo 33. Dice, todo el versículo vamos a leerlo.
Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el
mundo tendréis aflicción, pero confiad, yo he vencido al mundo. Aquí se refiere a la guerra,
a la lucha que hay entre lo espiritual y lo terrenal. Acuérdense que
tres son los enemigos del cristiano, tres son los enemigos de Cristo
y de los discípulos, de los apóstoles, el mundo, Satanás y la cárneda. Aquí nuestro Señor Jesucristo
está hablando en relación con el mundo. En el mundo tendréis
aflicción, pero confiad, yo he vencido al mundo. Jesucristo,
los discípulos y cada verdadero cristiano tiene un enemigo común,
que es el mundo. Ahora, ¿qué es el mundo? A veces
la Biblia utiliza la palabra mundo refiriéndose a la creación,
al cosmos, al universo, pero aquí Nuestro Señor Jesucristo
utiliza esta palabra refiriéndose a ese espíritu que se opone a
las cosas espirituales y que trata de desalentar y desanimar
al cristiano, oponiéndose a todo lo espiritual. Juan en su primera
carta, creo que ya antes hemos predicado acerca de este tema,
en la primera carta de San Juan capítulo 2, Juan describe todas
las cosas que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos
de los ojos y la vanagloria de la vida, dice primera de Juan
capítulo 2 versículo 16, porque todo lo que hay en el
mundo Los deseos de la carne, los deseos de los ojos y la vanagloria
de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. A eso se refiere
Cristo cuando dice, en el mundo tendréis aflicción, pero confiad
yo he vencido al mundo. Aquí se está refiriendo a esa
influencia espiritual que nos rodea, esa influencia espiritual
que se manifiesta a través de la sociedad en que vivimos y
se manifiesta en una forma de egoísmo ambición, poder, riquezas
y fama. Esto es lo que el mundo busca,
por eso Juan describe todas las cosas que hay en el mundo, las
engloba en tres áreas, los deseos de la carne, los deseos de los
ojos y la vanagloria de la vida. El mundo tiene sus propias bienaventuranzas. Así como nuestro Señor Jesucristo
dijo en el capítulo 5 de Mateo, nuestro Señor Jesucristo dijo
las bienaventuranzas para sus hijos, para su pueblo. Pero fíjense
cómo las cosas del mundo son opuestas a las cosas de Cristo. En el mundo hay aflicción, verdad. Hay dolor, hay tristeza, hay
llanto. Pero en Cristo hay paz. Eso es
la diferencia, verdad. Ahora, fíjense cómo Cristo trae
paz, y gozo, y felicidad, y contentamiento. Lo manifiesta en las bienaventuranzas. Y dice el versículo 3 de Mateo
5. Bienaventurados los que lloran,
porque ellos recibirán consolación. ¿Cómo alguien puede tener paz,
gozo y felicidad cuando llora. Es la forma, el método que Cristo
presenta y manifiesta para alcanzar la paz, el gozo y la felicidad,
es contrario a lo que el mundo piensa, es contrario a los métodos
que el mundo usa para buscar la paz y la felicidad. Cristo
dijo bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos
es el reino de los cielos. El mundo dice bienaventurados
los ricos, porque ellos heredarán la tierra. El mundo se ocupa
de las riquezas. Nuestro Señor Jesucristo se refiere
a los pobres en espíritu. A ellos les llama bienaventurados,
felices, contentos. Pero el mundo dice, bienaventurados
los ricos, porque ellos heredarán la tierra. La segunda bienaventuranza
que dice Cristo se refiere a los que A los mansos dice, bienaventurados
los mansos porque ellos recibirán la tierra por heredada. El mundo
dice, bienaventurados los alegres porque ellos tendrán muchos amigos. El mundo busca la amistad a toda
costa, el quedar bien con todas las personas. Nuestro Señor Jesucristo
dice, bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra
por heredar. La tercera bienaventuranza que
menciona Cristo es, se refiere a los que tienen hambre y sed
de justicia, porque ellos serán saciados, dijo Cristo. Bienaventurados
los que tienen hambre y sed de justicia. El mundo dice, bienaventurados
los respetables, porque ellos serán respetados. El mundo siempre busca alcanzar
renombre, que lo tomen en cuenta y es algo, es una tendencia natural
del hombre, muchas veces hasta sin querer, en alguna reunión,
hay alguna reunión o hay alguna participación y Y algo nos dice
que hablemos, que digamos algo, que nos tomen en cuenta. Esa
es la naturaleza humana. Eso es lo que el mundo busca.
Ser tomado en cuenta. Alguien que sea respetable, porque
ellos serán respetados. Bienaventurados, dijo Cristo,
los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. El mundo dice, bienaventurados
los que son inquietados en sus conciencias, los que no son inquietados
en sus conciencias, porque ellos tendrán éxito en la vida, aquellos
que no tienen conciencia, que les importa poco dice, el mundo
a ellos les llama bienaventurados, los que no les inquieta su conciencia,
los que no les redargüe su conciencia, porque ellos tendrán éxito en
la vida. La siguiente bienaventuranza
que nuestro Señor Jesucristo menciona es los de limpio corazón,
dice, bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos
verán a Dios. Y el mundo dice, bienaventurados
los que satisfacen sus apetitos, porque ellos serán Es algo contrario,
el mundo busca prácticamente lo contrario a las cosas espirituales. Bienaventurados los que padecen
persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de
los cielos, dijo nuestro Señor Jesucristo. Y el mundo dice,
bienaventurados los que no necesitan conciliarse con sus rivales,
porque ellos no sufren ansiedad. En el mundo, la gente no busca
reconciliarse con sus enemigos. Al contrario, le echan más leña
al fuego. Siempre la enemistad aumenta
a tal grado de que las personas llegan a matarse unos contra
otros. Y nuestro Señor Jesucristo dice
que debemos reconciliarnos con nuestros enemigos, que debemos
estar en paz con todos los hombres. Ese es el método que nuestro
Señor Jesucristo usa. Esas son las bienaventuranzas
para aquellos que tienen paz. Cristo dijo en el mundo hay aflicción,
pero en mí hay paz. El mundo dice, bienaventurados
los que no tienen parientes pobres, porque ellos estarán libres de
molestias. El mundo dice, bienaventurados
aquellos de quienes todos hablen bien. Eso es lo que el mundo
busca y es opuesto totalmente a las enseñanzas de nuestro Señor
Jesucristo. Vemos nosotros como Cristo, los
discípulos y cada cristiano tienen un enemigo común y es el mundo. Nuestro Señor Jesucristo lo declara
en el capítulo 16, versículo 33. En el mundo tendréis aflicción,
pero confiad, yo he vencido al mundo. Él nos ha dado un ejemplo
de que sí es posible triunfar y vencer sobre ese espíritu que
predomina en la sociedad, en el mundo, que solamente procura
el poder, la fama, la riqueza, el egoísmo. Esa es la forma de
vivir y de conducirse en el mundo. Y nuestro Señor Jesucristo dice,
bienaventurados los pobres en espíritu. Y el mundo dice, bienaventurados
los ricos, porque ellos no tienen necesidad de nada. Jesucristo,
los discípulos y cada verdadero creyente tiene también un conflicto,
una lucha, una guerra en común, y este conflicto es en el uso
del poder. ¿Cómo utiliza el mundo el poder?
¿Cómo utiliza Cristo su poder? Nuestro Señor Jesucristo fue
investido del poder de lo alto. pero ese poder que Cristo tenía
como Dios, lo usó para el beneficio de los demás y nunca para el
beneficio propio, todo lo contrario del mundo, ese es el conflicto
que existe entre el mundo y los cristianos, el cristianismo,
el poder. Cuando nuestro Señor Jesucristo
fue bautizado, Se proclamó, se oyó una voz desde el cielo que
dijo, este es mi Hijo amado en quien tengo complacencia. Ahí
se estaba manifestando que Él era el Hijo del Altísimo y fue
lleno del Espíritu Santo y fue lleno del poder de lo alto. ¿Qué sucedió inmediatamente después
de que Cristo fue bautizado? Descendió el Espíritu Santo en
forma de paloma y se posó sobre Él, y se oyó una voz del cielo
que dijo, este es mi Hijo amado en quien tengo complacencia. Cristo fue lleno del Espíritu
Santo, fue lleno del poder de Dios, en Él habitaba corporalmente
todo el poder de la Deidad. ¿Y qué sucedió inmediatamente
después? Satanás viene para atentar a
Cristo y le dice, si eres hijo de Dios, haz que estas piedras
se conviertan en pan. Si eres hijo de Dios, lánzate,
tírate desde lo alto de este pináculo para que todos te vean.
¿Qué estaba manifestando ahí Satanás? Él quería que Cristo
usara el poder para su propio beneficio. Y nuestro Señor Jesucristo
dijo, no sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra
que sale de la boca de mi Padre. No tentarás al Señor tu Dios. Cuando Satanás le dijo, si eres
hijo de Dios, haz que estas piedras se conviertan en pan, era para
saciar su hambre, su necesidad. Y esto era en relación con las
cosas que hay en el mundo. Satanás piensa solamente en las
cosas del mundo. Actúa en relación con las cosas
del mundo. ¿Y qué es lo que hay en el mundo?
Los deseos de la carne. Y obviamente la carne necesita
alimentarse. Nuestro Señor Jesucristo fue
tentado en esa área. Los deseos de la carne, los deseos
de los ojos. Satanás le dijo, lánzate desde
lo alto de este pináculo para que todos te vean, para que todos
te admiren. Los deseos de los ojos. Muchas
veces la gente hace cosas para ser visto de la gente. De hecho,
mucha de la religión de las personas consiste en tener una apariencia
delante de los demás, para que los demás vean lo que hacemos. Esa fue la actitud que tenían
los fariseos. Dice la Biblia que los fariseos
hacían las cosas para ser visto de los hombres, y las cosas que
hacían eran buenas, ¿verdad? Oraban, ayunaban y daban mucho
dinero, pero daban de lo que les sobraba y lo hacían para
ser visto de los hombres. En el mundo hay aflicción y en
Cristo hay paz. El credo del mundo es hacer como
todos los demás y no seáis simples. Cuando nuestro Señor Jesucristo
nos dice que debemos ser rectos, mansos, humildes, aunque los
demás no lo hagan, Él nos manda a nosotros que lo hagamos. Sin
embargo, la forma de pensar del mundo es que debemos hacer lo
que todos hacen, que no seamos simples. Tener un poco de religión
dice el mundo, pero acuérdate de que demasiada religión es
imposible de practicar en la vida diaria. Sobre todo no seas
pobre, no des ni un paso atrás, no te dejes. Aprovecha toda oportunidad
para mejorar tu condición a una costa de los demás. Esta es la
filosofía del mundo. Esta es la forma de pensar del
mundo. Todo lo contrario de lo lo que
Nuestro Señor Jesucristo enseñó en palabras y en hecho. El poder,
la forma de usar el poder manifiesta si es un verdadero cristiano. lleno del Espíritu Santo y del
poder de Dios, o si se sigue la corriente de este mundo, usando
el poder para su propio beneficio. Nuestro Señor Jesucristo nunca
usó el poder para sí mismo, sino para el beneficio de los demás. Otro conflicto que hay entre
los verdaderos cristianos, los apóstoles y el mundo es en relación
con cómo aprecia, cómo percibe el mundo la pobreza y los padecimientos,
cómo reacciona el mundo cuando hay sufrimientos, cuando hay
padecimientos y cuando hay pobreza, y cuál es la enseñanza de nuestro
Señor Jesucristo. El mundo ve estas cosas, los
padecimientos y la pobreza, como algo terrible, como algo desastroso,
algo que jamás desearíamos o pensaríamos que nos sucedería. Pero Cristo,
al contrario, enseñó que la bendición más grande es alcanzada por aquellos
que son pobres en espíritu, por aquellos que lloran, por aquellos
que son misericordiosos, por aquellos que son perdonadores,
por los que sufren persecución. pero los fariseos, igual que
el mundo, que aman el dinero y aman el ser ovacionados por
la gente, se burlaban de Cristo y les despreciaban sus enseñanzas. Acuérdense que los escribas y
los fariseos siempre estaban buscando una oportunidad para
agarrar a Cristo en algún error, a ver qué decía, a ver qué hacía,
siempre estaban señalando las cosas que Él hacía. Tus discípulos,
dicen, comen con las manos sin lavarse, en esas cosas ellos
se fijaban, pero nuestro Señor Jesucristo, Él ve el interior,
el corazón, Así es que la forma como se reacciona ante la pobreza
y los padecimientos manifiesta si somos guiados por el Espíritu
de Dios o por el Espíritu del mundo. En el mundo hay aflicción,
pero en Cristo hay paz. Otro conflicto que hay entre
Cristo y el mundo, entre los discípulos, entre los cristianos
y el mundo, es en relación con la realeza o con la dignidad
real. Los judíos esperaban un Mesías
que restauraría las glorias de los días de David y Salomón.
Los judíos esperaban un Mesías que los librara del yugo de los
romanos y que los hiciera la raza superior de la humanidad. Que ellos fueran los meros meros. Ellos esperaban un Mesías de
esa naturaleza. que les trajera poder, prosperidad,
abundancia en las cosas materiales. Pero Nuestro Señor Jesucristo
dijo, mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este
mundo, mis servidores pelearían por mí. Vean San Juan capítulo
18, versículo 36, Evangelio de San Juan. Capítulo 18, versículo 36. Nuestro Señor Jesucristo, Él
hubiera pedido, orado al Padre para que enviara un ejército
de ángeles que lo libraran de la muerte, sin embargo, Él no
lo hizo, porque era necesario que Él muriera en la cruz del
Calvario para pagar la culpa del pecado de Su pueblo. Capítulo
18 de San Juan, versículo 36. Dijo Cristo, mi reino no es de
este mundo. Si mi reino fuera de este mundo,
mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los
judíos, pero mi reino no es de aquí. Eso es el concepto que
Cristo tenía de la realeza, de la dignidad real. Él fundó su
concepto de lo real, del poder, lo fundó en el servicio, en la
humildad, en la paciencia, en el sufrimiento y en la dignidad
de una vida interior pura y santa. El mundo busca los títulos, la
nobleza, la grandeza que el mundo ofrece. Pero nuestro Señor Jesucristo,
Él alcanzó esa realeza a través del sufrimiento, de la paciencia,
del servicio. Nuestro Señor Jesucristo dijo,
yo no he venido para ser servido, sino para servir y dar mi vida
en rescate, en propiciación por mi pueblo, por muchos. Un aspecto
más en el cual hay conflicto entre el mundo y Cristo y los
apóstoles y los verdaderos cristianos es la religión. El mundo considera
la religión como algo que le conviene y que no estorbe su
estilo de vida, que satisfaga sus anhelos y deseos. como mencioné
ahorita, la religión del mundo es simplemente una apariencia. Pero Jesucristo, al contrario,
nuestro Señor Jesucristo enseñó que la religión era para el Padre
en lo secreto. Nuestro Señor Jesucristo dijo
que cuando oráramos nos encerráramos en nuestra habitación, en lo
secreto, y allí oráramos al Padre, y Él oiría nuestra súplica. Nuestro Señor Jesucristo enseñó
que la piedad, la misericordia, el perdón, la oración y la pureza
de corazón, esa es la verdadera religión. Eso es lo que agrada
a Dios, es lo que agrada al Padre. Cuando des ofrenda, cuando des
tu diezmo, que tu mano izquierda no sepa lo que hace tu mano derecha. Tiene que ser en secreto. Y Cristo
lo presentó así, porque ya lo he mencionado antes. Los escribas
y los fariseos, cuando ofrendaban y daban mucho, Lo hacían para
que todos los vieran, enseñaban. Aquí llevo, miren, todo el dinero
que voy a dar. Miren, es mucho, miren todo lo que voy a dar.
Cristo dijo que tu mano izquierda no sepa lo que tu mano derecha
hace. Tiene que ser en secreto. Esa
es la religión pura, santa y verdadera. Y al contrario, el mundo considera
la religión como algo solamente para aparentar delante de los
demás. La vida de Nuestro Señor Jesucristo
fue contraria a lo que el mundo amaba, o estimaba, o apreciaba. El mundo amaba y ama solamente
la apariencia, pero Nuestro Señor Jesucristo Él conoce y mira los
corazones, y el corazón contrito y humillado no desprecia el Señor. en el mundo tendréis aflicción,
pero confiar, yo he vencido al mundo. Vimos primero lo que era
el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, la vanagloria
de la vida, el conflicto que hay entre las cosas del mundo,
cómo considera el mundo las cosas y cómo las considera el Señor. Ahora, el tercer punto es confiar,
yo he vencido al mundo. Cristo ha demostrado que una
vida llena de bendiciones es posible bajo condiciones que
el mundo considera imposibles. Cuando nosotros hablamos de esta
forma de alcanzar la paz y la felicidad en la forma que la
Escritura lo menciona, el mundo dice eso es imposible. ¿Cómo
vamos a tener paz, felicidad y gozo en medio del llanto, el
sufrimiento, de la persecución? Es la forma como Dios obra, y
diferente a como obra el mundo. Por eso Cristo dijo, en el mundo
tendréis aflicción, pero confiad, yo he vencido al mundo. Nuestro
Señor Jesucristo alcanzó el poder, la grandeza, se le dio un nombre
que es sobre todo un nombre pero él nunca seguió por los principios
del mundo, él menospreció los planes y los métodos del mundo,
sufrió la cruz y menospreció la vergüenza, se humilló a sí
mismo tomando forma de ciervo y muriendo en la cruz del Calvario. Ahí estaba el vencedor del mundo. muriendo en la cruz del Calvario.
Satanás, el mundo y todos sus huestes se burlaban, se carcajeaban,
se reían. ¡Sálvate! ¡Bájate de la cruz! Tú que salvas a otros no te puedes
salvar a ti mismo. Nuestro Señor Jesucristo sabía
que para alcanzar La salvación y lograr la redención de su pueblo
tenía que morir, derramar su sangre en la cruz del Calvario,
porque la paga del pecado es muerte. La justicia de Dios demanda
un pago por el pecado. Usted y yo merecíamos morir,
pero Cristo tomó el lugar de su pueblo para pagar la culpa
nuestra. Ese es el método de la forma
como nuestro Señor Jesucristo venció y triunfó, no siguiendo
los métodos o las formas del mundo. Nuestro Señor Jesucristo,
cuando triunfó y venció en la cruz del Calvario, lo hizo como
nuestro representante, de tal forma que no solamente lo hizo
para sí mismo, sino también para cada uno de aquellos que creen
en Él. prometió estar con sus hijos
todos los días hasta el fin del mundo. Nuestro Señor Jesucristo,
Él, aunque murió en la cruz del Calvario, resucitó, está sentado
a la diestra de la Majestad en las alturas, y Él es nuestro
representante, nuestra cabeza. Y cuando Él triunfó sobre la
muerte, sobre el mundo, también los cristianos han alcanzado
ese lugar, ese triunfo, esa victoria. Dice la Escritura en Hebreos
13, 6. El Señor es mi ayudador, no temeré
lo que me pueda hacer el hombre. Vean conmigo, casi al final de
la Biblia, en el libro de Hebreos, dice la Escritura a los Hebreos,
en el capítulo 13, versículo 6. De manera que podemos decir confiadamente,
El Señor es mi ayudador, no temeré lo que me pueda hacer el hombre. En el mundo tendréis aflicción,
pero confiad, yo he vencido al mundo. PABLO, LOS APÓSTOLES,
LOS CRISTIANOS EN EL ANTIGO TESTAMENTO, LOS CRISTIANOS EN EL PRIMER SIGLO,
LOS CRISTIANOS EN TODO TIEMPO Y EN TODO LUGAR, PODEMOS DECIR
QUE EL SEÑOR ES NUESTRO AYUDADOR, Y ASÍ COMO ÉL HA TRIUNFADO, ASÍ
COMO ÉL HA VENCIDO, TAMBIÉN NOSOTROS Estamos, tenemos esa victoria
sobre el mundo. El Señor nos ha conferido esa
bendición porque Él ha triunfado y ha vencido sobre el mundo para
que nosotros tengamos paz. No solamente el Señor ofrece
paz, sino también seguridad y confianza. Además de esa paz que el Señor
nos da, algún día tendremos la victoria total. Seremos vencedores
y nos sentaremos con Cristo en el trono, así como Él venció
y está sentado en el trono de Su Padre. Un día. la victoria
será total y completa. Ahorita estamos en esa lucha,
en esa guerra, y el Señor nos lleva de triunfo en triunfo,
de victoria en victoria, pero un día la victoria será completa,
total, ya no tendremos que estar recibiendo los ataques del enemigo
o de este mundo, sino el Señor manifestará su poder y su victoria
en toda su plenitud, en toda su esplendor. Y dice la Biblia
que así como Cristo venció, triunfó y se sentó en el trono de su
Padre, así también el cristiano se sentará en el trono de Dios,
con Él mismo. Él está sentado a la diestra
de la Majestad en las alturas. Él ha ido a preparar un lugar
para nosotros, para que donde Él esté, nosotros también estemos. dice en el capítulo 11 de Hebreos
9 y 10 Habitó Abraham como extranjero
en la tierra prometida como en tierra ajena, morando en tiendas
con Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa, porque esperaba
la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor
es Dios. Abraham, Isaac, Jacob, Moisés
y todos los demás profetas, ellos esperaban la ciudad celeste.
ellos no consideraban su ciudadanía aquí en la tierra sino ellos
se veían a sí mismos como peregrinos que iban hasta su hogar celestial
y ellos por la fe veían abrazaban, creían y confiaban en esa promesa
de Dios. La ciudad celeste, las calles
de oro y el mar de cristal, donde no habrá llanto, ni tristeza,
ni dolor. ¿Cuánto sufrimiento padeció Moisés,
Abraham, Isaac y Jacob aquí en la tierra? Pablo, Juan, todos
los apóstoles, y ahora están sentados en el trono con Cristo. Y esa es la promesa, la bendición
para todo verdadero creyente, para todo hijo de Dios, porque
Él ha vencido, porque Él ha triunfado. Nuestro Señor Jesucristo dijo,
no améis al mundo ni las cosas que están en el mundo, porque
el que ama al mundo se constituye enemigo de Dios. Cristo dijo,
en mí tendréis paz y en el mundo tendréis aflicción, pero confiad,
yo he vencido al mundo. Cristo nos ha dado el ejemplo,
Él es las primicias, tanto de la resurrección como del poder,
del triunfo sobre el mundo y sobre el pecado y sobre la muerte.
así también el cristiano es un vencedor, por eso Juan repite
en el Apocalipsis las promesas que ya mencionamos, el que venciere,
el que venciere, el que venciere, pero una cosa es segura, por
nuestras propias fuerzas, o siguiendo los métodos de este mundo, no
vamos a alcanzar la paz, no vamos a alcanzar el triunfo, el poder,
la victoria que Cristo ofrece, que Cristo promete. Tiene que
ser conforme a los métodos, conforme a la forma que nuestro Señor
Jesucristo ha establecido. Alguien pensará, es imposible
de esa manera nuestro Señor Jesucristo. lo logró, Él lo hizo. Alguien
dirá, pero Él era Dios. Sí, pero Él era hombre también.
Como hombre, se humilló, fue tentado, sufrió, lloró y padeció,
y Él soportó todo eso humildemente, apacientemente, porque siempre
hizo la voluntad de Su Padre que está en los cielos. Si como
cristianos hacemos la voluntad de Dios, Él nos da la victoria,
Él nos da la paz. Somos más que vencedores en Cristo
Jesús. Pablo dijo, todo lo puedo en
Cristo que me fortalece. Nada hay imposible para Dios. En el mundo tendréis aflicción,
pero confiad, yo he vencido al mundo. Cristo es el vencedor
del mundo. El cristiano verdadero ha vencido
al mundo por el poder de Dios, por el poder del Espíritu Santo.
Que el Señor les bendiga, es mi oración y mi deseo. Oremos
para despedirnos. Te damos gracias, Señor, por
tu palabra. Gracias por todo lo que has cumplido, por todo
lo que has hecho, por todo lo que eres, Señor. Un Dios santo,
un Dios omnipotente, que se compadece de nosotros, que sufrió como
nosotros, pero sin pecar, que mantuvo su integridad, siempre
haciendo la voluntad del Padre, dándonos ejemplo para que sigamos
sus pisadas. Señor, gracias porque has triunfado,
has vencido sobre el mundo, sobre Satanás y sobre la carne, y también
nos has dado esa victoria, nos has llenado con tu Santo Espíritu
y nos haces más que vencedores. Pedimos, Señor, que en tu misericordia
y en tu amor te acuerdes de nosotros, que no nos dejes y no nos desampares. aquellos señor que todavía están
luchando entre las cosas de este mundo y las cosas espirituales
entre las cosas materiales entre las cosas eternas señor te pido
que seas tú quien les enseñe el camino que han de seguir el
camino que lleva a la vida eterna el camino que lleva a tu presencia
es el camino angusto, donde hay sufrimiento y dolor y llanto
y persecución, pero a su final es el cielo, es la gloria, es
la paz. o el camino ancho en el cual van muchos, pero su final
es la perdición y el castigo eterno. Que seas Tú, Señor, quien
por el poder de Tu Palabra y el poder de Tu Espíritu, obre en
cada corazón para honra y gloria de Tu Nombre. Te lo pido en el
nombre Santo de Jesucristo, Tu Hijo. Amén. Que el Señor les
bendiga.
El vencedor del mundo
Series Juan (AG)
| Sermon ID | 71222354486508 |
| Duration | 49:04 |
| Date | |
| Category | Sunday Service |
| Bible Text | John 16:23-33 |
| Language | Spanish |
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