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Muy buenos días hermanos y amigos,
que Dios nos bendiga en este hermoso día, día lunes, iniciando
la semana laboral. Seamos bienvenidos una vez más
a este tiempo de lectura, meditación y oración. En este día nos corresponde
leer Segunda de Reyes, capítulo 6 al 10. Hay un pequeño error
en las copias que le estuve compartiendo en el grupo y también en formato
impreso porque el correspondiente a este día, la lectura correspondiente
a este día dice Primera de Reyes 6 al 10 y el error está ahí no
es primera de reyes sino segunda de reyes capítulo 6 al 10 así
que yo le invito por favor a que me acompañe en la lectura en
esta mañana y oramos para que sea de edificación a su vida
comenzamos con el capítulo 6 nos dice así la palabra del señor
los hijos de los profetas dijeron a eliseo Mire, el lugar en que
habitamos con usted es muy estrecho para nosotros. Le rogamos que
nos deje ir al Jordán para que cada uno de nosotros tome de
allí una viga y nos hagamos allí un lugar donde habitar. Y él
dijo, vayan. Entonces uno dijo, le rogamos
que consienta ir con sus siervos. Y Eliseo respondió, yo iré. Fue pues con ellos, y cuando
llegaron al Jordán, cortaron árboles. Pero sucedió que cuando
uno de ellos se estaba derribando un tronco, el hierro del hacha
se le cayó al agua, y gritó, y dijo, ¡Ah, señor mío! Era prestado. Entonces el hombre
de Dios dijo, ¿Dónde cayó? Y cuando le mostró el lugar,
cortó un palo y lo echó allí, e hizo flotar el hierro. Y Eliseo
le dijo, tómalo, y el hombre extendió la mano y lo tomó. El
rey de Arán estaba en guerra con Israel y consultó con sus
siervos, diciéndoles, en tal y tal lugar estará mi campamento.
Y el hombre de Dios envió un mensaje al rey de Israel, procura
no pasar por tal lugar, porque los arameos van a bajar allí.
Entonces el rey de Israel envió gente al lugar que el hombre
de Dios le había dicho. Así que al prevenirlo, él se
cuidó de ir allí. Y esto no una ni dos veces. Y se enfureció el corazón del
rey de Arán por este hecho. Y llamando a sus siervos, les
dijo, ¿no me van a revelar quién de los nuestros está a favor
del rey de Israel? Y uno de sus siervos dijo, No,
rey señor mío, sino que el Iseo, el profeta que está en Israel,
le dice al rey de Israel las palabras que tú hablas en el
interior de tu alcoba. Y él dijo, vayan y vean dónde
está y enviaré a prenderlo. Y le avisaron. Él está en Dotán. Entonces envió allá caballos,
carros y un gran ejército. Y llegaron de noche y cercaron
la ciudad. Y cuando el que servía al hombre
de Dios se levantó temprano y salió, vio que un ejército con caballos
y carros rodeaba la ciudad. Y su criado le dijo, ¡Ah, Señor
mío, qué haremos! Y él respondió, No temas, porque
los que están con nosotros son más que los que están con ellos.
El liceo entonces oró y dijo, ¡Oh, señor, te ruego que abra
sus ojos para que vea! El señor abrió los ojos del criado
y miró que el monte estaba lleno de caballos y carros de fuego
alrededor del liceo. Cuando descendieron hacia él
los aramíos, Eliseo oró al Señor y dijo, Te ruego que hieras a
esta gente con ceguera. Y él los hirió con ceguera conforme
a la palabra de Eliseo. Entonces Eliseo les dijo, Este
no es el camino, ni es ésta la ciudad. Síganme y yo los guiaré
al hombre que buscan. y los llevó a Samaria. Cuando
llegaron a Samaria, dijo Eliseo, ¡Oh Señor, abre los ojos de estos
para que vean! Y el Señor abrió sus ojos y vieron
que estaban en medio de Samaria. Al verlos, el rey de Israel dijo
a Eliseo, ¡Los mato, Padre mío, los mato! Y él respondió, no
los mates. ¿Matarías a los que has tomado
cautivos con tu espada y con tu arco? Pon delante de ellos
pan y agua para que coman y beban y se vuelvan a su señor. Entonces
les preparó un gran banquete, y después que comieron y bebieron,
los despidió y se volvieron a su señor. Y las bandas armadas de
arameos no volvieron a entrar más en la tierra de Israel. Pero
aconteció que después de esto, Benadad, rey de Arán, reunió
a todo su ejército y subió y sitió a Samaria. Y hubo gran hambre
en Samaria. La sitiaron de tal manera que
la cabeza de un asno se vendía por ochenta ciclos de plata y
medio litro de estiércol de paloma por cinco ciclos de plata. Pasando el rey de Israel por
la muralla, una mujer le gritó diciendo, ayúdeme, oh rey, señor
mío. Y él respondió, si el señor no
te ayuda, ¿de dónde te podré ayudar? ¿De la hera o del lagar? Y el rey le dijo, ¿qué te pasa? Y ella respondió, esta mujer
me dijo, da tu hijo para que lo comamos hoy y mi hijo lo comeremos
mañana. Así que cosimos a mi hijo y nos
lo comimos, y al día siguiente le dije a ella, da tu hijo para
que lo comamos, pero ella ha escondido a su hijo. Cuando el
rey oyó las palabras de la mujer, rasgó sus vestidos, y como él
pasaba por la muralla, la gente miró y vio que interiormente
llevaba silicio sobre su cuerpo. Entonces él dijo, Así me haga
Dios, y aún me añada, si la cabeza de Eliseo, hijo de Zafá, se mantiene
sobre sus hombros hoy. Eliseo estaba sentado en su casa
y los ancianos estaban sentados con él. El rey envió a un hombre
de los que estaban en su presencia, pero antes de que el mensajero
llegara a Eliseo, éste dijo a los ancianos, ¿Ven cómo este hijo
de asesino ha enviado a cortarme la cabeza? Miren, cuando el mensajero
llegue, cierren la puerta y manténgala cerrada contra él. ¿No se oye
tras él el ruido de los pasos de su señor? Todavía estaba hablando
con ellos cuando el mensajero descendió a él y le dijo, Mira,
este mal viene del Señor. ¿Por qué he de esperar más en
el Señor? Entonces, capítulo 7, entonces
Eliseo dijo, oigan la palabra del Señor, así dice el Señor,
mañana como a esta hora en la puerta de Samaria, una medida
de flor de harina se venderá a un ciclo y dos medidas de cebada
a un ciclo. El oficial real, en cuyo brazo
se apoyaba el rey, respondió al hombre de Dios y dijo, Mira,
aunque el Señor hiciera ventanas en los cielos, ¿podría suceder
tal cosa? Entonces Eliseo dijo, Bien, tú
lo verás con tus propios ojos, pero no comerás de ello. Había
cuatro leprosos a la entrada de la puerta y se dijeron el
uno al otro, ¿Por qué estamos aquí sentados esperando la muerte?
Si decimos, vamos a entrar ahí en la ciudad, como el hambre
está en la ciudad, moriremos allí. Y si nos sentamos aquí,
también moriremos. Ahora pues, vayamos y pasemos
al campamento de los arameos. Si nos perdonan la vida, viviremos. Y si nos matan, pues moriremos.
Los leprosos se levantaron al anochecer para ir al campamento
de los arameos y cuando llegaron a las afueras del campamento
de los arameos resultó que no había nadie allí. porque el Señor
había hecho que el ejército de los arameos oyera estruendo de
carros y ruido de caballos, el estruendo de un gran ejército,
de modo que se dijeron el uno al otro, ciertamente el Rey de
Israel ha tomado a sueldo contra nosotros a los reyes de los hititas
y a los reyes de los egipcios para que vengan contra nosotros.
por lo cual se levantaron y huyeron al anochecer, y abandonaron sus
tiendas, sus caballos y sus asnos, y el campamento tal como estaba,
y huyeron para salvar sus vidas. Cuando los leprosos llegaron
a las afueras del campamento entraron en una tienda y comieron
y bebieron y se llevaron de allí plata y oro y ropas y fueron
y lo escondieron y volvieron y entraron en otra tienda y de
allí también se llevaron botín y fueron y lo escondieron. Entonces
se dijeron el uno al otro, no estamos haciendo bien. Hoy es
día de buenas nuevas, pero nosotros estamos callados. Si esperamos
hasta la luz de la mañana, nos vendrá castigo. Vamos pues ahora
y entremos a dar la noticia a la casa del rey. Así que fueron
y llamaron a los porteros de la ciudad y les informaron. Fuimos
al campamento de los arameos y vimos que no había nadie allí,
ni siquiera se oía voz de hombre, solamente los caballos atados,
también los asnos atados y las tiendas intactas. Los porteros
de la puerta llamaron y lo anunciaron dentro de la casa del rey. Entonces
el rey se levantó de noche y dijo a sus siervos, Ahora les diré
lo que los arameos nos han hecho. Saben que estamos hambrientos,
por tanto han salido del campamento para esconderse en el campo diciendo,
cuando salgan de la ciudad los tomaremos vivos y entraremos
en la ciudad. Entonces uno de sus siervos respondió,
Deja que algunos hombres tomen cinco de los caballos que quedan,
de los que quedan en la ciudad, porque en todo caso les sucederá
como a toda la multitud de Israel que queda en la ciudad, como
a toda la multitud de Israel que ya ha perecido. Vamos a enviarlos
y veamos qué sucede. Así que tomaron dos carros con
caballos y el rey los envió en pos del ejército de los arameos
diciendo vayan y vean. Los siguieron hasta el Jordán
y resultó que todo el camino estaba lleno de vestidos y objetos
diferentes que los arameos habían arrojado en su prisa. Entonces
los mensajeros volvieron e informaron al rey. Y el pueblo salió y saqueó
el campamento de los arameos. Entonces una medida de flor de
harina se vendió a un ciclo y dos medidas de cebada a un ciclo,
conforme a la palabra del Señor. El rey había puesto a cargo de
la puerta de la ciudad al oficial real en cuyo brazo se apoyaba,
pero el pueblo lo atropelló junto a la puerta y murió, tal como
había dicho el hombre de Dios, el cual habló cuando el rey descendió
a verlo. Aconteció tal como el hombre
de Dios había hablado al rey cuando dijo, Mañana a estas horas
a la puerta de Samaria dos medidas de cebada serán vendidas a un
ciclo y una medida de flor de harina a un ciclo. Y el oficial
real había respondido al hombre de Dios diciendo, Mira, aunque
el Señor hiciera ventanas en los cielos, ¿podría suceder tal
cosa? Y Eliseo le dijo, bien, tú lo
verás con tus propios ojos, pero no comerás de ello. Y así sucedió,
porque el pueblo lo atropelló a la puerta y murió. Capítulo 8 Eliseo habló a la mujer a cuyo
hijo él había devuelto la vida diciéndole, Levántate y vete,
tú y tu casa, y reside donde puedas residir, porque el Señor
ha llamado al hambre que vendrá sobre la tierra por siete años. Entonces la mujer se levantó
e hizo conforme a la palabra del hombre de Dios, y se fue
con los de su casa, y residió en la tierra de los filisteos
por siete años. Después de los siete años, la
mujer volvió de la tierra de los filisteos y salió a implorar
al rey por su casa y por su campo. El rey estaba hablando con Hiesi,
criado del hombre de Dios, diciéndole, Te ruego que me cuentes todas
las grandes cosas que ha hecho Eliseo. Mientras él contaba al
rey cómo había devuelto la vida a un muerto, en ese momento la
mujer a cuyo hijo había devuelto la vida, imploró al rey por su
casa y por su campo. Y Jesí dijo, ¡Oh rey, Señor mío! Esta es la mujer y este es su
hijo, al que Eliseo devolvió la vida. Cuando el rey preguntó
a la mujer, ella se lo contó. Entonces el rey le asignó un
oficial diciendo, restáurale todo lo que era suyo y todo el
fruto del campo desde el día que dejó el país hasta ahora. Entonces Eliseo fue a Damasco
y Ben-Hadad, rey de Arán, estaba enfermo y le avisaron, el hombre
de Dios ha venido acá. Y el rey dijo a Sael, toma un
presente en tu mano y vea al encuentro del hombre de Dios
y consulta al Señor por medio de él diciendo, sanaré de esta
enfermedad Azael fue a ver a Eliseo y tomó un presente en su mano
de todo lo bueno de Damasco, la carga de 40 camellos, y vino
y se puso delante de él y le dijo, su hijo Benedad, rey de
Arán, me ha enviado a usted y preguntarle, ¿sanaré de esta enfermedad? Entonces
Eliseo le dijo, ve y dile, ciertamente usted sanará, pero el Señor me
ha mostrado que ciertamente morirá. Y puso rígido su rostro y fijó
sus ojos en Azael hasta que se sintió avergonzado y el hombre
de Dios lloró. Y Asael dijo, ¿por qué llora,
mi señor? Entonces respondió, porque sé
el mal que harás a los israelitas. Incendiarás sus fortalezas, matarás
a espada a sus jóvenes, estrellarás a sus niños y rasgarás el vientre
a sus mujeres en cinta. Entonces Asael dijo, ¿pero qué
es un siervo sin un perro para que haga tan enorme cosa? Y Eliseo
respondió, El Señor me ha mostrado que usted será rey de Arán. Entonces
Azael se alejó de Eliseo y regresó a su señor, quien le dijo, ¿Qué
te dijo Eliseo? Y él respondió, Me dijo que ciertamente
usted sanará. Pero al día siguiente Azael tomó
una colcha, la empapó en agua y se la puso al rey sobre la
cara y murió. Entonces Azael reinó en su lugar. En el año quinto de Jorán, hijo
de Acab, rey de Israel, siendo Josafat rey de Judá, comenzó
a reinar Jorán, hijo de Josafat, rey de Judá. Tenía treinta y
dos años cuando comenzó a reinar y reinó ocho años en Jerusalén. y anduvo en el camino de los
reyes de Israel tal como había hecho la casa de Acap, porque
la hija de Acap era su mujer, e hizo lo malo ante los ojos
del Señor. Sin embargo, el Señor no quiso
destruir a Judá por amor a David su siervo, ya que le había prometido
darle una lámpara por medio de sus hijos para siempre. En sus
días se rebeló Edom contra el dominio de Judá y pusieron rey
sobre ellos. Entonces pasó Joran a Zair y
todos sus carros con él. Y se levantó de noche y atacó
a los Edomitas que lo tenían cercado a él y a los jefes de
los carros, pero su ejército huyó a sus tiendas. Y Edom se
rebeló contra el dominio de Judá hasta el día de hoy. Entonces
Likna se rebeló en ese mismo tiempo. Los demás hechos de Joram
y todo lo que hizo no están escritos en el libro de las crónicas de
los reyes de Judá. Y Joram durmió con sus padres
y fue sepultado con ellos en la ciudad de David. Y su hijo
Ocosías reinó en su lugar. En el año 12 de Joram, hijo de
Acap, rey de Israel, comenzó a reinar Ocosías, hijo de Joram,
rey de Judá. Ocosías tenía 22 años cuando
comenzó a reinar y reinó un año en Jerusalén. El nombre de su
madre era Atalía, nieta de Onri, rey de Israel. Él también anduvo
en el camino de la casa de Acap, e hizo lo malo ante los ojos
del Señor, como había hecho la casa de Acap, porque era yerno
de Acap. Entonces fue con Joram, hijo
de Acap, a la guerra contra Sael, rey de Aram, en Ramot de Galaá,
y los arameos hirieron a Joram. Y el rey Joram regresó a Jezreel
para ser curado de las heridas que los arameos le habían hecho
en Ramot, cuando peleó contra Sael, rey de Aram. Entonces Ocosías,
hijo de Joram, rey de Judá, descendió a Jezreel para visitar a Joram,
hijo de Acap, porque estaba enfermo. Capítulo 9 El profeta Eliseo
llamó a uno de los hijos de los profetas y le dijo, prepárate,
toma este frasco de aceite en tu mano y ve a Ramotes de Galahad. Cuando llegues allá, busca a
Jehu, hijo de Josafat, hijo de Ninsi. Entra y haz que se levante
de entre sus hermanos y llévalo a un aposento interior. Entonces
toma el frasco de aceite, derrámalo sobre su cabeza y dile, así dice
el Señor, yo te he ungido rey sobre Israel. Abre luego la puerta
y huye, no esperes. El joven, el siervo del profeta,
fue a Ramón de Galahad. Cuando llegó allá, los capitanes
del ejército estaban sentados y él dijo, Capitán, tengo un
mensaje para ti. Y Jehú dijo, ¿Para cuál de nosotros? Y él dijo, Para ti, Capitán. Entonces Jehú se levantó y entró
en la casa y el joven derramó el aceite sobre su cabeza y le
dijo, Así dice el Señor o Dios de Israel, Yo te he ungido, rey,
sobre el pueblo del Señor, sobre Israel. Tú herirás la casa de
Acap tu Señor, para que yo cobre venganza por la sangre de mis
siervos los profetas, y la sangre de todos los siervos del Señor
derramada por mano de Jezabel. Toda la casa de Acap perecerá,
y cortaré de Acap todo varón, tanto siervo como libre en Israel. Yo pondré la casa de Acap como
la casa de Jeroboán, hijo de Nabat, y como la casa de Baasa,
hijo de Ahías. Los perros se comerán a Jezabel
en el campo de Jezreel y nadie la sepultará. Entonces abrió
la puerta y huyó. Entonces Jehús salió a los siervos
de su señor y uno le dijo, ¿Va todo bien? ¿Por qué vino a ti
este loco? Y él les dijo, Ustedes conocen
bien al hombre y sus palabras. Y ellos dijeron, mentira, cuéntanos
ahora. Y él dijo, así y así me dijo,
así dice el Señor, yo te he ungido rey sobre Israel. Entonces todos
se apresuraron y cada uno tomó su manto y lo puso bajo Jehú
sobre los escalones. Tocaron la trompeta y dijeron,
Jehú es rey. Y Jehú, hijo de Josafat, hijo
de Ninsi, conspiró contra Joram. El rey Joram, con todo Israel,
había estado defendiendo a Ramoth de Galahad contra Azael, rey
de Aram. Pero Joram había regresado a
Jezreel para ser curado de las heridas que los arameos le habían
hecho cuando peleó contra Azael, rey de Aram. Y Jehu dijo, si
es el deseo de ustedes que nadie se escape ni salga de la ciudad
para ir a anunciarlo en Jezreel. Entonces Jehú montó en un carro
y fue a Jezreel porque Joram estaba allí en cama. Yocosías,
rey de Judá, había descendido para ver a Joram. Y el centinela
que estaba en la torre de Jezreel vio la comitiva de Jehú que venía
y dijo, veo una comitiva. Y Joram dijo, toma un jinete
y envíalo a su encuentro y que diga, ¿hay paz? Fue el jinete
a su encuentro y dijo, así dice el rey, ¿hay paz? Y Jeú dijo,
¿qué tienes tú que ver con la paz? Ponte detrás de mí. Y el sentinela le avisó. El mensajero
llegó hasta ellos, pero no regresó. Entonces envió un segundo jinete
que vino a ellos y dijo, Así dice el rey, ¿Hay paz? Y Jeú
respondió, ¿Qué tienes tú que ver con la paz? Ponte detrás
de mí. El centinela le avisó de nuevo.
Él llegó hasta ellos y no regresó. Y el modo de guiar es como el
guiar de Jeú, hijo de Ninsi, porque guía alocadamente. Entonces
Joram dijo, preparen el carro, y prepararon su carro. Y salieron
Joram, rey de Israel, y Ocosías, rey de Judá, cada uno en su carro,
y fueron al encuentro de Jehú, y lo hallaron en el campo de
Nabot de Jezreel. Cuando Joram vio a Jehú, dijo,
¿Hay paz, Jehú? Y él respondió, ¿Qué paz, mientras
sean tantas las prostituciones de tu madre Jezabel y sus hechicerías? Pero Jorán volvió a las riendas
para huir y dijo a Ococías, ¡Traición, Ococías! Pero Jehu entezó su
arco con toda su fuerza e hirió a Jorán en la espalda, y la flecha
salió por su corazón y se desplomó en su carro. Entonces Heúb dijo
a su oficial Bitkar, tómalo y tíralo en la porción del campo de Nabot
de Jezreel, pues recuerdo cuando tú y yo íbamos juntos montados
detrás de su padre Acap, que el Señor pronunció esta sentencia
contra él. Ayer ciertamente he visto la
sangre de Nabot y la sangre de sus hijos, declaró el Señor,
y te recompensaré en este campo, declaró el Señor. Ahora pues
tómalo y tíralo en el campo conforme a la palabra del Señor. Cuando
Josías, rey de Judá, vio esto, huyó por el camino de la casa
del huerto. Y Jeú lo persiguió y dijo, Mátenlo
a él también en el carro. Y lo hirieron en la subida de
Gur, que está en Ibleán, y huyó a Megiddo, y allí murió. Entonces
sus siervos lo llevaron en carro a Jerusalén, y lo sepultaron
en su sepulcro con sus padres en la ciudad de David. En el
año 11 de Joram, hijo de Acap, Ocosías había comenzado a reinar
sobre Judá. Y llegó Jeú a Jezreel, y cuando
Jezreel lo oyó, se pintó los ojos, adornó su cabeza y se asomó
por la ventana. Cuando Jeú entraba por la puerta,
ella dijo, ¿Le va bien a Sinri, asesino de tu señor? Entonces
Jeú alzó su rostro hacia la ventana y dijo, ¿Quién está conmigo? ¿Quién? Y dos o tres oficiales
se asomaron desde arriba, y Jehú les dijo, Échenla abajo. Y la
echaron abajo, y parte de su sangre salpicó la pared y los
caballos, y él la pisoteó. Cuando él entró, comió y bebió.
Entonces dijo, Encárguense ahora de esta maldita y entiérrenla,
pues es hija de Rey. Cuando fueron a enterrarla, no
encontraron de ella más que el cráneo, los pies y las palmas
de sus manos. Entonces volvieron y se lo hicieron
saber. Entonces Jehú dijo, Esta es la
palabra que el Señor habló por medio de su siervo Elías el Tisvita. En la parcela de Jezreel los
perros comerán la carne de Jezabel, y el cadáver de Jezabel será
como estiércol sobre la superficie del campo en la parcela de Jezreel
para que no puedan decir, Esta es Jezabel. Capítulo 10. Acab tenía setenta hijos en Samaria
y Jeú escribió cartas y las envió a Samaria, a los príncipes de
Jezreel, a los ancianos y a los preceptores de los hijos de Acab,
diciendo, Ahora, cuando esta carta llegue a ustedes, como
los hijos de su Señor están con ustedes, así como también los
carros y los caballos y una ciudad fortificada y las armas, Escojan
al mejor y más capaz de entre los hijos de su Señor, y pónganlo
en el trono de su Padre, y luchen por la casa de su Señor. Pero
ellos temieron en gran manera, y dijeron, Si los dos reyes no
pudieron sostenerse delante de él, ¿cómo pues podremos sostenernos
nosotros? Y el que estaba a cargo de la
casa y el que estaba sobre la ciudad, los ancianos y los preceptores
de los hijos, enviaron palabra a Jehú, diciendo, Somos sus siervos,
haremos todo lo que nos digas, a nadie proclamaremos rey. Haga
usted lo que le parezca bien. Entonces por segunda vez les
escribió una carta diciendo, si están de mi parte y escuchan
mi voz, tomen las cabezas de los hombres, de los hijos de
su señor, y vengan a verme en Jezreel mañana a estas horas. Y los hijos del rey, setenta
personas, estaban con los principales de la ciudad que los criaban.
Cuando les llegó la carta, tomaron a los hijos del rey y los degollaron,
setenta personas. Pusieron sus cabezas en canastas
y se las enviaron a Jehú en Jezreel. Cuando el mensajero vino y le
avisó, han traído las cabezas de los hijos del rey, él dijo,
pónganlas en dos montones a la entrada de la puerta hasta la
mañana. Por la mañana, Jesús salió, y estando en pie, dijo
a todo el pueblo, Ustedes son inocentes, porque yo conspiré
contra mi Señor y lo maté. Pero ¿quién mató a todos estos? Sepan entonces que no caerá a
tierra ninguna de las palabras del Señor, las cuales el Señor
habló acerca de la casa de Acapulco. El Señor ha hecho lo que habló
por medio de su siervo Elías. Jehú mató a todos los que quedaban
de la casa de Acap en Israel, y a todos sus grandes, a sus
amigos íntimos y a sus sacerdotes, hasta que no le dejó ningún sobreviviente. Después Jehús se levantó y partió
y fue a Samaria. En el camino, mientras estaba
en Bet-eket de los pastores, se encontró con los parientes
de Ocosías, rey de Judá, y les preguntó, ¿Quiénes son ustedes? Y ellos respondieron, Somos parientes
de Ocosías, y hemos descendido para saludar a los hijos del
rey y a los hijos de la reina madre. Entonces Hehu dijo, tomenlos
vivos y los tomaron vivos y los mataron en el foso de Bet-Eket,
42 hombres, no dejó ninguno de ellos. Cuando partió de allí,
Jesús se encontró con Jonadab, hijo de Recap, que venía a su
encuentro. Lo saludó y le dijo, ¿es recto
tu corazón como mi corazón es con el tuyo? Y Jonadab respondió,
lo es. Y Jesús dijo, si lo es, dame
la mano. Y le dio su mano y lo hizo subir
al carro. Y él dijo, Ven conmigo y verás
mi celo por el Señor. Y lo hizo ir con él en su carro. Cuando llegó a Samaria, mató
a todos los que quedaban de Acap en Samaria hasta acabar con ellos,
conforme a la palabra que el Señor había hablado a Elías.
Entonces Jehú reunió a todo el pueblo y les dijo, Acat sirvió
a Baal un poco, Jehú lo servirá mucho. Llamen ahora a todos los
profetas de Baal, a todos sus adoradores y a todos sus sacerdotes,
que no falte ninguno, porque tengo un gran sacrificio para
Baal, todo el que falte no vivirá. Pero Jehú lo hizo con astucia
para poder destruir a los adoradores de Baal. Y Jehú dijo, santifiquen
una asamblea solemne para Baal, y ellos la convocaron. Entonces
Jehú envió aviso por todo Israel, y vinieron todos los adoradores
de Baal, y no quedó ninguno que no viniera. Y cuando entraron
en la casa de Baal, la casa de Baal se llenó de un extremo al
otro. Y dijo al que estaba encargado
del vestuario, Saca vestiduras para todos los adoradores de
Baal. Y él les sacó vestiduras. Jeú entró en la casa de Baal
con Jonadab, hijo de Rakab. Y dijo a los adoradores de Baal,
Busquen y vean que no hay aquí con ustedes ninguno de los siervos
del Señor, sino sólo los adoradores de Baal. Entonces entraron a
ofrecer sacrificios y holocaustos. Y Jeud había colocado ochenta
hombres afuera y había dicho, El que permita escapar a uno
de los hombres que yo ponga en mano de ustedes, dará su vida
por la de él. Tan pronto como acabó de ofrecer
el holocausto, Jeús dijo a la guardia y a los oficiales reales,
Entren, matenlos, que ninguno salga. Y los mataron a filo de
espada, y la guardia y los oficiales reales los echaron fuera. y llegaron
hasta el aposento interior de la casa de Baal. Sacaron los
pilares sagrados de la casa de Baal y los quemaron. También
derribaron el pilar sagrado de Baal y demolieron la casa de
Baal y la convirtieron en una letrina hasta hoy. Así Jehú estirpó
a Baal de Israel. Sin embargo, en cuanto a los
pecados con que Jeroán, hijo de Navad, hizo pecar a Israel,
Jeú no se apartó de estos, o sea, de los beceros de oro que estaban
en Betel y en Dan. Y el Señor dijo a Jeú, ¿por qué
has hecho bien al hacerlo recto ante mis ojos, y has hecho a
la casa de Acap Y el Señor dijo a Jehú, Porque has hecho bien
al hacer lo recto ante mis ojos, y has hecho a la casa de Acap
conforme a todo lo que estaba en mi corazón, tus hijos hasta
la cuarta generación se sentarán en el trono de Israel. Pero Jehú
no se cuidó de andar en la ley del Señor, Dios de Israel, con
todo su corazón, ni se apartó de los pecados con que Jeroboam
hizo pecar a Israel. En aquellos días el Señor comenzó
a cortar partes de Israel y azael los derrotó por todo el territorio
de Israel. Desde el Jordán hacia el oriente,
toda la tierra de Galaad, de Gad, de Rubén y de Manasés, desde
Aroer que está junto al valle de Arnón y hasta Galaad y Bazán. Los demás hechos de Jeú y todo
lo que hizo y todo su poder no están escritos en el libro de
las crónicas de los reyes de Israel y durmió Jehú con sus
padres y los sepultaron en Samaria y su hijo Joacás reinó en su
lugar. El tiempo que Jehú reinó sobre
Israel en Samaria fue de 28 años. Esta ha sido la lectura del día
de hoy. Segunda de Reyes, sus capítulos
6 al 10. Estos libros históricos, específicamente
Primera y Segunda de Reyes, Primera y Segunda de Crónicas, narran
la dura realidad en la que vivió la Nación de Israel, el Reino
del Sur, el Reino del Norte, Judá e Israel, a causa de la
desobediencia, cómo constantemente se apartaban del Dios verdadero,
servían a otros dioses. Cómo vemos acá en esta lectura,
precisamente en el día de hoy, cómo tantas matanzas se dieron
a causa de ese constante pecar. Tiempos bien difíciles de gran
peligro sobre la Nación de Israel, Y nosotros podemos afirmar que
esto fue algo que ellos se buscaron por desobedecer a Dios, por desobedecer
sus mandatos, por desobedecer sus ordenanzas. Que el Señor
nos cuide a nosotros como pueblo, como nación. como nación de no
caer en estos pecados tan atroces como lo hemos visto en estas
lecturas y que también vengan juicios sobre nuestras vidas
a causa de esto. Nosotros somos llamados, los
creyentes, a ser atalayas nosotros somos llamados a estar en la
brecha así como elías, eliseo, jesí en su momento también estos
como narra aquí hijos de los profetas que estuvieron dispuestos
a dar la palabra que el señor le había dado a costa incluso
de perder su vida a peligro de perder sus vidas por hablar la
palabra de Dios. Sé que no nos dé para nada temor
a hablar la verdad. Estemos dispuestos a compartir
estas verdades del Evangelio. Nosotros estamos ahora viviendo
bajo la gracia Los juicios de Dios se han postergado, yo puedo
decir así, como para sobre las naciones, pero llegará un tiempo
en el cual el Señor cumplirá todo lo que ha hablado en su
palabra y serán tiempos de gran dolor, serán tiempos de quebranto. Yo le invito a usted que mientras
haya tiempo, mientras nosotros podamos disfrutar de la libertad
de predicar estas buenas nuevas de salvación sin tener que temer
a causa de que nuestra vida corra peligro, lo hagamos, porque llegarán
tiempos en los cuales, así como estos profetas, tendremos que
decir la verdad, pero a riesgo de perder la vida. Vamos a orar,
vamos a pedirle al Señor que nos dé esa fortaleza de no quedarnos
con los brazos cruzados y seguir proclamando estas verdades del
Evangelio. Oremos. Padre bueno y Dios, Tú
que moras en las alturas de los cielos, En este día, Señor, nosotros
te damos gracias, Padre. Gracias por esta oportunidad
que tú nos brindas de leer tu palabra. Gracias por lo que podemos
aprender de allí. Yo lo puedo ver como señales
en el camino, señales de advertencia, que nos llaman a la reflexión,
a considerar seriamente nuestro deber como cristianos, de poder
predicar tu palabra a tiempo y fuera de tiempo, hacerlo con
esa autoridad que se nos ha dado. a través del Espíritu Santo que
habita en nuestros corazones. Pero también yo quiero orar de
una manera especial por muchas vidas, muchos misioneros, que
en estos días, aún en estos tiempos, están predicando estas verdades
del Evangelio en gran peligro. Por el simple hecho de llamarse
cristianos, sus vidas corren peligro. Yo pido, Padre, que
en estos tiempos, para estas vidas, su fe no decaiga. Sean
fortalecidos en el poder de tu fuerza. Que puedan seguir cumpliendo
a cabalidad el llamado que tú has traído a sus vidas, ha puesto
sobre sus hombros. Padre, nosotros de este lado,
de Occidente, donde podemos disfrutar de una libertad relativa, Señor,
de poder predicar tu palabra, sin temor a ir preso, sin temor
a perder la vida, que no posterguemos este gran deber que tenemos bajo
nuestros hombros, Señor, y que cumplamos con el llamado profético
que tú le has dado a todo hijo tuyo, reconciliar al mundo contigo. Danos de tu Espíritu Santo, danos
de esa sabiduría que sobrepasa todo entendimiento para que podamos
cumplir con esta alojable labor y que nos concedas, Señor, en
su momento ver los frutos de este esfuerzo, de este trabajo
tesonero. Esto te lo pedimos, Señor, en
el nombre de Cristo Jesús, nuestro Salvador. Amén y Amén. Que Dios se les bendiga a mis
hermanos, ha sido todo por el día de hoy, nos veremos mañana
si Dios quiere. Si usted tiene alguna pregunta,
algo que no está claro de estas lecturas, algo que le ha chocado,
porque aquí hay una lectura que nos choca, yo puedo decirlo así,
porque cuando yo leí estas lecturas en mis primeros tiempos conociendo
al Señor, pues me chocaban este tipo de lectura. Esta sección
es así, si a usted también le está llamando la atención algo
y usted quiere pues dar su opinión, quiere hablar conmigo, quiere
solicitar verdad alguna aclaración de por qué ocurrían estas cosas,
pues yo estoy con gusto, disponible para conversar con usted y ayudarle
a clarificar cualquier tema que no haya quedado del todo claro
en su vida. Así que Dios les bendiga, Dios
les guarde, y nos veremos mañana si Dios quiere. Que la pasen
bien.
192-Tiempo de lectura, meditación y oración (2 Reyes 6 al 10)
Series Leamos la BIBLIA
Acompáñanos en esta fascinante lectura del libro de los libros (La BIBLIA), meditación y oración en 52 semanas; en la versión Nueva Biblia de Las Américas (NBLA).
Comunícate con nosotros a través del número: (809)234-7795 y el correo electrónico: [email protected]
Biblia en línea: https://www.biblegateway.com/passage/?search=2+Reyes+6-10&version=NBLA&interface=print
| Sermon ID | 710222110191289 |
| Duration | 40:29 |
| Date | |
| Category | Devotional |
| Bible Text | 2 Kings 6 |
| Language | Spanish |
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