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Primera Corintios capítulo 1
del verso 1 al 3. ¿Lo tenemos hermanos? Voy a leer
para ustedes, ustedes siguen con su vista, después vamos a
estar orando al Señor. Dice así la Palabra de Dios,
Pablo, llamado a ser apóstol de Jesucristo por la voluntad
de Dios y el hermano Sostenes, a la iglesia de Dios que está
en Corinto, a los santificados en Cristo Jesús, llamados a ser
santos con todos los que en cualquier lugar invocan el nombre de nuestro
Señor Jesucristo, Señor de ellos y nuestro. Gracias y paz a vosotros
de nuestro Dios Padre y del Señor Jesucristo. Vamos a orar. Padre nuestro que estás en el
cielo, Nos acercamos una vez más a Ti, Señor, para pedirte,
Padre, que seas Tú, Señor, el que nos enseñe en esta tarde,
que Tu precioso Espíritu, Señor, esté predicando a nuestros corazones. Me pongo en Tus manos, Padre,
para que sea yo un mensajero fiel de Tu Palabra. Quita toda
palabra humana, Señor, de mi boca, y que hable yo solamente
lo que quieres entregar a tus hijos. En tus manos nos abandonamos,
en el nombre de Cristo Jesús, nuestro Salvador. Amén. El día de hoy, hermanos, comenzaremos
esta nueva serie de sermones sobre la primera carta del apóstol
Pablo a los Corintios. El título de esta predicación
es Una carta para nosotros y nos servirá como introducción para
el resto de predicaciones. Veremos cuándo fue fundada esta
iglesia, veremos el contexto en el que se encontraba y algunos
argumentos del por qué es necesario estudiar esta carta el día de
hoy. para así meditar en el saludo
con el que inicia esta carta. La iglesia de Corinto, hermanos,
era una iglesia dividida, donde sus líderes se enfrentaban unos
a otros, cada uno de ellos con sus leales seguidores. Un miembro
se relacionó con su madrastra y, en lugar de aplicar disciplina,
se escudaban en la libertad que tenemos en Cristo para comportarse
de ese modo. Otros en vez de solucionar los
problemas con los hermanos dentro de la iglesia, dice que llevaban
a sus hermanos ante los tribunales, aprovechándose de los más débiles
y dejando un mal testimonio ante los incrédulos. Otros comenzaron
a decir que lo mejor perdón para el cristiano era que no se casara,
pero al mismo tiempo otros visitaban prostitutas. valiéndose también
de la libertad en Cristo, comían de lo sacrificado a los ídolos
sin pensar en los débiles en la fe. Herían sus débiles conciencias
y se volvían piedra de tropiezo para ellos. Había un desorden
en la expresión de supuestas profecías y mensajes en lenguas. Y si por si fuera poco, hermanos,
algunos no creían en la resurrección corporal de Jesucristo. Qué caos,
¿verdad? Creo que por más disfuncional
que esté una iglesia moderna no puede llegar a tanto. ¿O será
que sí hermanos? La carta de Pablo a los corintios
es una carta hermanos que sirvió de guía para la iglesia de Corinto. Al mismo tiempo es actual que
da principios que son de gran utilidad para la iglesia de hoy.
Por tal motivo debemos prestar atención para ser precavidos
y saber qué pide Dios de nosotros. La iglesia de Corinto, hermanos,
era una iglesia joven. Nosotros, como iglesia joven,
hermanos, también nos queda mucho que aprender. Y como dijo alguien,
si es de la experiencia de otros, pues es mucho mejor. Pablo llegó
por primera vez a Corinto en su segundo viaje misionero, por
ahí del año 50, más o menos, después de Cristo. Había estado
trabajando en las ciudades griegas macedonias, salió de Filipos
y pasó a Tesalónica, fue a Berea, de ahí a Atenas y luego a Corinto. En Corinto, según nos dice Hechos
18, se encontró con Aquila y Priscila, un matrimonio judío que habían
sido expulsados de Roma. Ellos trabajaban como Pablo,
haciendo tiendas. Pablo comenzó a predicar en las
sinagogas de Corinto cada sábado y tuvo aceptación al grado que
Crispo, líder de una sinagoga, se convirtió al Señor y se agregó
a la iglesia junto con toda su familia. Y así muchos corintios
comenzaron pronto a creer en Cristo. Pablo predicó durante
año y medio en Corinto y de ahí se fue a Éfeso. En Éfeso conoce
a Apolos, un convertido judío de Alejandría, muy elocuente. Este Apolos, hermanos, llegó
a ser el segundo líder de la iglesia de Corinto después de
la partida de Pablo. Se cree que también Pedro estuvo
un tiempo con ellos. Esto por el partidismo, hermanos,
que se había generado y que se menciona en el capítulo 1, versos
12 y 13, y que se amplía también en el capítulo 3. Pablo escribe
esta carta, hermanos, desde Éfeso aproximadamente en el año 55
después de Cristo. La iglesia tenía para ese entonces
unos cuatro años, y algunos calculan que tenía aproximadamente 60
miembros. Pablo envió esta carta con Timoteo,
por lo que se deduce en 1 Corintios 4, 17. Del capítulo 1 al capítulo
6, Pablo les habla acerca de sus problemas y del capítulo
7 al capítulo 16 se ocupa en contestar preguntas que ellos
le habían hecho probablemente en una carta anterior. Hay cinco
temas principales en los que se ocupará en resolver el apóstol,
divisiones del capítulo 1 al capítulo 4, inmoralidad del capítulo
5 al capítulo 7, asuntos sobre la comida del capítulo 8 al capítulo
10, asuntos sobre la reunión del capítulo 11 al capítulo 14
y sobre la resurrección de Jesucristo que ocupará todo el capítulo
15. En un momento entre la salida de Pablo de Corinto y la primera
carta a Corintios que nosotros conocemos, hermanos, Pablo escribió
otra carta, la cual los Corintios habían malinterpretado. Entonces
esta carta a Corintios, esta primera carta a Corintios que
nosotros tenemos, sería la segunda carta que Pablo escribe a esta
iglesia. Primera Corintios 5 9 dice, os
he escrito por carta que no os juntéis con los fornicarios.
Ahí está haciendo referencia a esa a esa carta. Ellos entendieron
que que no se debían juntar con todos los fornicarios del mundo.
Sin embargo, el mensaje de Pablo era que no se juntaran con cualquiera
que llamándose cristiano permaneciera en este pecado. A esta carta
se le conoce como la epístola perdida. Como vemos, hermanos,
esta iglesia tenía muchos problemas, por lo cual habían escrito a
Pablo y también Pablo había recibido noticias por los de Cloé que
la iglesia estaba pasando por dificultades. Una pregunta, hermanos,
¿creen que nos compete a nosotros estudiar esta carta hoy? Creo
que sí, hermanos. Dice el verso 2 que está dirigida
a la iglesia de Dios que está en Corinto. Después dice, con
todos los que en cualquier lugar invocan el nombre de nuestro
Señor Jesucristo, Señor de ellos y nuestro. ¿Qué hacemos nosotros
cada domingo, hermanos? Invocamos el nombre de nuestro
Señor Jesucristo. Entonces, esta carta es también
para nosotros. Muy probablemente en la mente
de Pablo sólo estaba la iglesia de Corinto y no se imaginaba
el alcance de esta carta ni que llegaría a formar parte del canon
del Nuevo Testamento y que la estuviéramos estudiando casi
dos mil años después. Pero como fue palabra inspirada
de Dios, la tenemos hasta hoy dándonos instrucción. El contexto
de Corinto, hermanos, es diferente al de nosotros, pero el pecado
y los problemas que éste genera siguen siendo los mismos. Entonces,
hermanos, no estamos muy alejados de lo que era la vida en Corinto. Vamos a ver un poco del contexto
de esta iglesia. Corinto era una ciudad muy importante
en Grecia. Había sido destruida en el año
146 a.C., pero 100 años después, el emperador Julio César la reconstruyó
y se volvió la capital de la provincia de Acaya. Corinto,
hermanos, era una de las tres ciudades más importantes del
imperio romano, después de Roma y Alejandría. Corinto, hermanos,
era un paso entre las ciudades del norte y las del sur, también
del este al oeste. Se beneficiaban del cobro aduanal,
contaban con dos puertos, uno llevaba directo a Asia y el otro
llevaba a Italia, haciendo posible así el intercambio comercial. Muchas embarcaciones, en lugar
de darle la vuelta a la península del Peloponeso, preferían cruzar
por tierra por el Istmo de Corinto, que tenía menos de ocho kilómetros
de ancho. Se ahorraban tiempo y evitaban
cruzar por lugares peligrosos. Así, hermanos, Corinto se convirtió
en un centro comercial muy importante. Todo el tráfico de Atenas y el
norte de Grecia, Esparta y el Peloponeso tenían que pasar por
Corinto. Se consideraba una ciudad moderna,
cosmopolita, ya que albergaba a personas de distintos lugares. Había hombres ricos, había hombres
educados, había hombres pobres y analfabetos también. Tuvo éxito
como un centro de entretenimiento. Para atraer más gente se realizaban
los Juegos Ítsmicos, de los cuales Corinto era sede. Estos Juegos,
hermanos, eran los segundos en importancia después de los Juegos
Olímpicos. Algunos dicen que de aquí se
inspiró el apóstol Pablo para usar las carreras como metáfora
de la vida cristiana. Corinto, hermanos, también tenía
una acrópolis, una ciudad alta, llamada Acrocorinto, que se usaba
como lugar de defensa y de adoración pagana. Contaba con 26 lugares
sagrados. Entre ellos, el templo a Asclepio,
el dios griego de la salud, se adoraba a Isis, diosa egipcia
de los marineros, pero el más importante de estos hermanos
era el famoso templo dedicado a Afrodita, la diosa del amor. Este templo hermanos albergaba
aproximadamente a mil prostitutas rituales que daban sus servicios
a los turistas, marineros y algunos miembros de la iglesia de Corinto.
Al ser un encuentro de muchas culturas, hermanos, la ciudad
se destacaba del mundo pagano por su corrupción moral, al grado
que se acuñó la palabra corintiarizar o corintiarizarse, comportarse
o vivir como un corintio. A pesar de que había nuevos convertidos
en la iglesia, hermanos, seguían portándose como corintios, no
como cristianos. Pablo hace una lista en el capítulo
6 en el verso 9 y el verso 10 de los pecados con los que luchaba
esta iglesia y vemos fornicación, idolatría, adulterio, afeminación,
homosexualidad, robos, codicia, borracheras, calumnias, estafas. Todo esto había dentro de la
iglesia. Algunos dicen que Corinto, hermanos,
era una Nueva York de su tiempo, una ciudad de México para que
no vayamos tan lejos. Lamentablemente, ciudades pequeñas
como la nuestra aspiran a ser como aquellas grandes ciudades,
que están llenas de modernidad, de gente de diferentes etnias
y de nacionalidades, pero también están llenas de paganismo, de
entretenimiento y de perversidad moral. Y en medio de todo eso,
hermanos, está la iglesia del Señor. Hoy, hermanos, a donde
quiera que volteemos, vemos todo eso y a plena luz del día, dentro
de la iglesia también. Por eso, como dije al principio,
esta carta es para nosotros. Porque lamentablemente hemos
dejado de ser contracultura y hemos sido arrastrados por lo que ofrece
el mundo. Esta carta es para nosotros,
hermanos, porque el entretenimiento en cualquiera de sus disciplinas
abunda en estos días. Ahora mismo vemos el cine a reventar. Hace ocho días los bares repletos
por la final de fútbol. Hay tantas cosas disponibles
para desviarte del camino del Señor y lamentablemente las estamos
siguiendo en vez de luchar contra ellas. No quiero irme al extremo,
hermanos, y decir que cualquier entretenimiento es malo. Pero
si perdemos el control y somos dominados por ese entretenimiento,
ahí se convierte en pecado. Esta carta es para nosotros porque
vivimos partidismos como lo vivieron los corintios en el capítulo
3. A unos le surgió la lealtad a Apolos, otros sintieron afecto
por Pablo, otros hacia Cefas o Pedro, y otros se identificaban
con Cristo. Esto también, hermanos, por la
influencia del contexto filosófico en el que estaba Corinto. Amaban
la elocuencia, amaban la retórica, y cualquier líder que fuera bueno
en esto, le seguirían. Pablo los reprende fuertemente
por pelear y por tener esta clase de divisiones espirituales. Eso
no es lo que quería el Señor de ellos. Hoy existe hermanos
también dentro de la iglesia un celo denominacional que a
veces es absurdo y todo esto deja de lado a Dios. Estoy consciente
que debemos defender nuestras doctrinas y convicciones también. Esto es bueno. Por eso nos llamamos
primeramente cristianos y en segundo lugar reformados, porque
creemos que estas doctrinas glorifican más a Dios. Pero de ahí a sentirnos
superiores o rebajar a otros hermanos, eso no debe estar en
nosotros. Eso no es de un hijo de Dios.
¿Acaso Calvino murió por nosotros? ¿Arminio murió por los arminianos?
¿Tu líder pentecostal favorito murió por ti? ¿Carlos Spurgeon
murió por los bautistas? Claro que no, hermanos. Cristo
murió por todos sus elegidos. Y la iglesia debe estar centrada
en Él. A Él le pertenece toda la gloria. No a nosotros, como dijo el salmista. Esta carta es para nosotros,
hermanos, porque la inmoralidad abunda en gran manera. Ahora
no vemos prostitutas rituales, no vemos un lugar con mil de
ellas, no hay necesidad de eso. ¿Cuántas mujeres como esas puedes
tener en tu celular, en tu computadora, en tu mente? La Biblia nos habla
de porneia, significa fornicación, de ahí se deriva la palabra pornografía. La pornografía abunda en estos
días hermanos, es consumida por chicos y grandes, por hombres
y mujeres, por estudiosos e iletrados. Hicieron una encuesta hace tiempo
y salió que cristianos, incluyendo pastores, ven con regularidad
pornografía, en pequeñas o grandes cantidades. En la iglesia de
Corinto había un hombre que tenía por mujer a su madrastra y la
iglesia no había hecho nada hermanos. Quiere decir que lo veían casi
normal. Hoy el adulterio entre parejas cristianas parece que
es el pan de cada día. Es normal que el pastor deje
a su esposa y se case con otra. Es común ahora que señoritas
salgan embarazadas dentro de la congregación. He visto noticias,
hermanos, en Estados Unidos que hay homosexualidad entre los
líderes. Hay un caso donde se ordenó a
un pastor transgénero que nació mujer pero se operó para ser
hombre y ahora es un ministro ordenado. Y si eso está pasando
con nuestros vecinos del norte, hermanos, les aseguro que no
tardará en llegar a nuestro país. Esta carta es también para nosotros,
hermanos, porque como había en Corinto una confusión espiritual,
de la misma forma hay una gran confusión espiritual en estos
días. Los corintios traían un desorden
con los dones espirituales, con el liderazgo varonil, con la
doctrina de la cubierta. Dice que en la cena del Señor
se emborrachaban. Todos querían hablar en lenguas,
todos querían profetizar y todo esto por la debilidad espiritual
y la influencia también de su contexto. Hoy prácticas paganas, hermanos,
se han infiltrado en muchas denominaciones. Yo he estado en iglesias donde
la gente se pone a balbucear cosas y según dicen que son lenguas
espirituales. Es un desorden, hermanos, es
un escándalo total. Hace años visitábamos una iglesia
donde practicaban el vómito, oraban por ti y vomitabas y según
ahí salía tu enfermedad. Si no estás preparado para ver
esto, sales espantado de esas iglesias. Esta carta es para
nosotros, hermanos, porque hemos perdido el amor también. En general
los corintios eran muy emotivos, querían ver cosas extraordinarias
en la iglesia, pero se habían olvidado de lo más importante,
el amor. Había discriminación, desprecio,
orgullo y egoísmo. A muchos no les importaba la
iglesia, lo más importante para ellos eran ellos mismos. Ser
siempre protagonistas, tener los mejores lugares, despreciaban
a todos los que fueran como ellos. Hay gente, hermanos, que busca
primeramente las emociones antes que el servicio. Hay muchos que
dicen, busco una iglesia donde me amen y me traten bien. Otros
buscan los milagros. Otros buscan una iglesia donde
haya buena música que haga descender al espíritu. Esa es la calidad
de cristianos en estos días. Igual a los corintios, van tras
las emociones. Pero se olvidan que el Señor
nos ha hecho libres en Cristo para amarlo a Él y para servir
a nuestros hermanos, no para proveer para nuestra carne. Los
corintios se olvidaron del amor. Por eso Pablo les decía en el
capítulo 13, versos 1 y 2, si yo hablase lenguas humanas y
angélicas y no tengo amor, vengo a ser como un metal que resuena
o símbolo que retiñe. Y si tuviese profecía y entendiese
todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe de tal
manera que trasladase a los montes y no tengo amor, nada soy. Falta mucho amor en estos días,
hermanos. No el que se dice de labios para
afuera, sino del amor que emana de Dios y se manifiesta en hechos. Debemos mostrar amor en todo
momento porque Dios ha mostrado eso con nosotros a través de
su Evangelio. Y algo que vemos en esta carta,
hermanos, es eso, el amor de Dios, el amor incondicional de
Dios, lo vemos desde el principio hasta el final. Hermanos, vemos
este amor desde el momento que no dejó sola a esta iglesia con
su desorden, sino que puso al apóstol Pablo para que les escribiera
una carta y les diera instrucción. Si esta iglesia, hermanos, fuera
obra de hombres, creo que lo más lógico para Pablo sería dejar
esa iglesia y formar otra. Estos ya están muy maleados,
estos mejor los dejamos y empezamos una nueva iglesia con nuevas
personas. Pero como era Dios viendo por sus hijos, vemos al
apóstol corrigiendo con amor, alentando y dando consuelo. A
pesar de ser imperfectos, Dios no los dejó, sino que seguiría
obrando en ellos. ¿Ustedes creen que después de
estas cartas ellos siguieron igual? Probablemente algunos
sí, por eso existe la segunda carta a los Corintios. Pero los
que son hijos de Dios estoy seguro que entendieron la reprensión
de Dios por medio del apóstol y cambiaron su forma de ser. Dios cambia, hermanos, por medio
de su Evangelio. La sangre de Cristo puede lavarnos.
Los pecados de estos hermanos de Corinto no eran poca cosa. Eran pecados que indignarían
hasta los propios paganos. Pero no hay pecado tan grande
que la sangre de Cristo no pueda lavar. Por muy mal que esté tu
vida, aún llamándote cristiano, no todo está perdido. ¿Qué esperanza
nos da esto, hermanos? Ver que aunque estaban hundidos
en el lodo cenagoso, el Señor no los dejó. Y no te dejará a
ti si estás en una situación similar. La carta empieza, hermanos, con
un saludo afectuoso de Pablo. A diferencia de la forma en que
nosotros escribimos una carta, los griegos acostumbraban poner
la firma al principio. Por eso vemos que Pablo se presenta
antes junto con el hermano Sóstenes, muy probablemente el que escribió
esta carta. Dice el primer verso, Pablo llamado
a ser apóstol de Jesucristo. Pablo se presenta a sí mismo
como apóstol. Apóstol quiere decir discípulo,
embajador, mensajero. No vemos, hermanos, que Pablo
se presente con orgullo, con vanidad o para gloria de sí mismo. Hoy muchos hermanos se presentan
como el pastor, el misionero, el diácono, Y algunos puestos
que ellos mismos han inventado. Soy el salmista, soy pastor de
jóvenes, soy la pastora. Esto lo hacen, hermanos, simplemente
por el reconocimiento que estos cargos traen. Pero muy pocos
quieren sufrir como pastores o como misioneros. Pablo mismo
se sentía indigno de ser llamado apóstol porque había perseguido
a la iglesia. Eso lo dice el capítulo 15, verso
9. También, hermanos, no es vanidad decir lo que uno es. Pablo nos
dice que es llamado a ser apóstol no por la voluntad de los hombres,
no por la voluntad de Pedro o de Juan o por alguna orden eclesiástica. Es ordenado al apostolado por
la voluntad de Dios. Su llamado, hermanos, era divino.
Pablo tiene que reafirmar, hermanos, este apostolado porque no era
del grupo de los doce que el Señor había elegido. Judas, ¿recuerdan? El traidor. Se había suicidado
y quedaba un lugar. Es así que en Hechos 1 se menciona
que echaron suertes y esta suerte cayó sobre Matías. Y este Matías
fue contado dentro de los doce. Algunos comentan, hermanos, que
como sólo hay 12 lugares para el oficio de apóstol, este lugar
le corresponde al apóstol Pablo, ya que Pablo fue escogido directamente
por Cristo, a diferencia de Matías, que fue escogido por suertes. Esto no lo sabemos, hermanos,
hasta que estemos en la gloria sabemos quién verdaderamente
ocupó ese lugar. Pero Pablo, hermanos, cumplía
con los requisitos para ser apóstol. Ver a Cristo resucitado, Hechos
9 nos dice cómo fue su encuentro con el Señor camino a Damasco.
Y como mencioné hace un momento, había sido escogido directamente
por el Señor para este oficio, como dice el verso 1. Los apóstoles
estaban también dedicados a la oración y al ministerio de la
palabra. Estaban dedicados también a capacitar
a los creyentes para el servicio con el fin de edificar la iglesia,
el cuerpo del Señor. Por último, tenían que evidenciar
su apostolado mediante la realización de milagros. Pablo, hermanos,
tiene que reafirmar también su apostolado porque como ahora,
había también en ese entonces falsos maestros, hombres que
se hacían pasar por representantes de Cristo. Y también porque los
de la iglesia de Corinto, hermanos, tenían que recordar que estaban
bajo autoridad. ¿Y cuál es esa autoridad, hermanos,
a la cual también nosotros nos sujetamos? la autoridad apostólica. Efesios 2.20 dice, edificados
sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal
piedra del ángulo Jesucristo mismo. Los de Corinto se estaban
olvidando del liderazgo de Pablo, lo tenían como una opción en
vez de una autoridad. ¿Cuántos hombres en estos días
se hacen pasar por apóstoles? Sin embargo, no hay más apóstoles. El oficio de apóstol murió con
estos apóstoles. Nadie puede cumplir de forma
literal ninguno de los requisitos que se mencionan para ser apóstol.
Nadie de los que se dicen apóstoles ahora vio literalmente al Hijo
de Dios. Nadie fue llamado personalmente
y visiblemente por el Señor. Nadie que se dice apóstol, hermanos,
en estos días, puede probar su apostolado haciendo milagros
extraordinarios. Lo único que hacen es el ridículo
haciendo creer a personas que los hacen, pero no pasan de los
mismos trucos de siempre. Entonces, hermanos, como ya no
existe en la actualidad apóstoles, lo que debemos hacer es someternos
a sus enseñanzas, las enseñanzas que ya dejaron, que son la base
de nuestras doctrinas, que nos permiten conocer y glorificar
a nuestro Dios. Sin embargo, hermanos, existen
apóstoles con a minúscula, alguien que ha sido llamado por el Señor,
por medio de su santa palabra. Alguien que ha visto espiritualmente
al Señor sentado en su trono y le ha reconocido como el Todopoderoso. Y ahora es un mensajero de Dios
que tiene que llevar el mensaje de salvación. Y ese llamado debe
ser al milagro extraordinario más grande que puede haber cuando
Dios salva a un pecador merecedor del infierno y lo traslada al
reino de su amado Hijo. Todos los que hemos creído en
Jesucristo como nuestro único Salvador, somos apóstoles hermanos,
enviados del Señor para llevar esa buena noticia. Pero en verdad
estamos siendo buenos embajadores de la gloria de Dios. O solo
vamos por el mundo, orgullosos de llamarnos cristianos, pero
de eso solo el nombre, ya que no hay una vida transformada
que demuestre ese llamado. Después de reafirmar su apostolado,
hermanos, Pablo menciona a quién está dirigida la carta. A la
iglesia de Dios, dice. A la iglesia de Dios, que está
en Corinto. No dice a la iglesia de Corinto,
tampoco la iglesia de Apolos o la iglesia de algún líder.
Pablo les está diciendo a los corintios cuál es su identidad. A pesar de que como iglesia eran
un desastre, eran la iglesia de Dios, seguían siendo la iglesia
de Dios. Hermanos, esta carta es también
para la iglesia de Dios que está en Tehuacán. No somos ni mejor
ni peor que los corintios. Como vimos hace un momento, el
contexto de la iglesia de Corinto es muy similar al nuestro. Y
al igual que ellos, hoy estamos leyendo esta carta y Dios nos
dice, ustedes son mi iglesia. A pesar de que seguimos luchando
con el pecado, a pesar de que a veces caemos, a pesar de que
a veces nos dormimos en la iglesia, seguimos siendo la iglesia de
Dios. Pablo también les dice que han
sido santificados. Les habla de su condición espiritual. Ellos fueron santificados, apartados
para el Señor desde antes de la fundación del mundo en nuestro
Señor Jesucristo. Existen dos tipos de santidad,
posicional y progresiva. Posicional es desde que el Señor
nos salvó y quitó nuestros pecados, cuando por Su gracia vinimos
humillados ante Él. Desde ese momento somos santos,
no por nuestros méritos, sino por los méritos del Señor Jesucristo
ganados en la cruz del Calvario. El llamado de Dios, hermanos,
fue eficaz. Nada le pudo estorbar para que
fuera salvado, como tampoco nada hará que dejemos de serlo. Y
la santificación progresiva es la que nosotros tenemos que cultivar
cada día. Por eso Pablo agrega llamados
a ser santos. Cada día tenemos que ser transformados,
cada día tenemos que luchar contra nuestro carácter, contra nuestros
pecados, contra la carne que tanto se opone al espíritu. La
gente tiene que ver que verdaderamente hay un cambio en nosotros. Continúa el texto diciendo, llamados
a ser santos con todos los que en cualquier lugar invocan el
nombre de nuestro Señor Jesucristo, Señor de ellos y nuestro. Pablo
recuerda a los corintios que son parte de una familia grande,
una familia que le pertenece al Señor. Esa iglesia hermanos
que es invisible para nosotros y cuando decimos invisible es
que no la alcanzamos a ver con nuestros ojos, pero está hermanos,
hay iglesia por todo el mundo hermanos, adorando al nombre
del Señor y a esa iglesia pertenecemos nosotros también. Termina esta
salutación con gracia y paz a vosotros de Dios nuestro Padre y del Señor
Jesucristo. Gracia y paz a los que Dios ha
llamado. Gracia es el favor inmerecido
de Dios y paz hermanos es uno de sus frutos. Filipenses 4.7
dice, y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará
vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús. Juan 14.27 dice, la paz os dejo,
mi paz os doy, yo nos la doy como el mundo la da, no se turbe
vuestro corazón ni tenga miedo. Cristo, hermanos, es el único
que puede proveer paz para nuestra vida. La gente busca paz por
todos lados, pero rechazan al príncipe de paz. Gracia y paz,
entonces, hermanos, es un saludo que solo se puede dar entre cristianos. Para terminar, eres la iglesia
de Dios. Eres santo ante el Señor por
los méritos de Cristo. Tienes una familia que igual
que tú fue salvada por gracia. Y aparte de todo eso, Dios te
da una paz indescriptible. Creamos estas palabras hermanos,
creamos estas palabras que el Señor nos está dando en esta
tarde y portémonos como lo que somos, pecadores salvados por
gracia, miembros de la iglesia de Dios. Hermanos que el Señor
nos ayude en esta serie de sermones que aprendamos de la experiencia
de nuestros hermanos de Corinto y aprendamos por medio de la
instrucción del apóstol como quiere Dios que andemos. Vamos a orar al Señor.
Una carta para nosotros
Series 1 Corintios
La primera carta de Pablo a los corintios es una carta que sirvió de guía para la iglesia de Corinto, al mismo tiempo es actual que da principios que son de gran utilidad para la iglesia de hoy. Por tal motivo debemos prestar atención para ser precavidos y saber que pide Dios de nosotros.
| Sermon ID | 6622520126309 |
| Duration | 34:31 |
| Date | |
| Category | Sunday Service |
| Bible Text | 1 Corinthians 1:1-3 |
| Language | Spanish |
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