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Esta tarde vamos a continuar
nuestro estudio de Romanos, esta nueva serie que empezamos ahora
ya hace tres semanas. Vamos a estarla viendo cada quince
días, pero tuvimos la reunión de oración. entonces vamos a
continuar como se pudieron dar cuenta en sus boletines regresamos
otra vez al mismo pasaje que vimos la vez pasada en la introducción
el sermón pasado fue un mensaje pues valga la redundancia muy
introductorio y fue solamente para tener un pasaje guía pero
hoy vamos a profundizar un poquito más en esos versículos entonces
si me acompañan por favor romanos capítulo 1 vamos a leer Versículos
1 a 7. Esta primera parte de la salutación.
Y dice así la palabra de Dios.
Romanos 1, 1 a 7. Pablo, siervo de Jesucristo,
llamado a ser apóstol, apartado para el evangelio de Dios, que
él había prometido antes por sus profetas en las santas escrituras,
acerca de su Hijo, nuestro Señor Jesucristo, que era el del linaje
de David según la carne, que fue declarado Hijo de Dios con
poder según el espíritu de santidad por la resurrección de entre
los muertos, y por quien recibimos la gracia y el apostolado para
la obediencia a la fe en todas las naciones por amor de su nombre. entre las cuales estáis también
vosotros, llamados a ser de Jesucristo. A todos los que estáis en Roma,
amados de Dios, llamados a ser santos, gracia y paz a vosotros,
de Dios nuestro Padre, y del Señor Jesucristo. Vamos ahora. Padre Celestial, te damos tantas
gracias por esa nueva gran bendición que es para nosotros
poder aprender de diferentes porciones de tu palabra, señor.
Por favor, ayúdanos, guíanos, quita de nosotros cualquier cansancio,
ayúdanos con el calor, señor, cualquier distracción que tengamos,
cualquier cosa que nos impida prestar la atención de vida,
te pedimos que la quite, señor, prepara nuestros corazones para
recibir tu palabra, y a mí ayúdame, señor, en la predicación de la
misma, que pueda ser fiel a tu escritura, sin mis palabras,
te pedimos en el nombre de Cristo, amén. Pues muy bien, aquí estamos
iniciando la carta a los romanos tenemos esta primera parte la
salutación como es común Pablo se identifica primero y lo hace
con yo creo que son unas palabras perfectas aquí porque como veíamos
la vez pasada es una carta llena de doctrina y llena de tantas
cosas llena de tanto contenido tan abrumador es increíblemente
grande, es increíblemente inmenso lo que se puede predicar y lo
que se puede aprender de romanos aún de un pequeño versículo y
Pablo empieza aquí su carta en humildad creo que eso es muy
importante porque Pablo era un apóstol como lo vamos a ver ahorita,
era bien conocido Dios, Cristo Jesús le había dado el llamado
pero Lo primero que él tenía en mente es que era su siervo. Y la palabra aquí es algo fuerte. Si vamos al idioma original podemos
ver un poquito similitudes a lo que sería la palabra esclavo.
Creo que está bien traducido aquí, siervo, porque a veces
se malentiende lo que quiere decir la palabra esclavo. Porque
en nuestro contexto y en nuestra sociedad, pues tenemos una definición
concreta de lo que es un esclavo. Y a veces se entiende que está
en contra de su voluntad. Pero no, no se refiere a que
estuviera en contra de su voluntad. Se refiere a que tenía una total
dependencia de su amo. en este caso nuestro Señor Jesucristo.
Pablo tenía claro su llamado, tenía claro la obra de Cristo
por la cual estaba poniendo a decir todo esto y todo lo que vamos
a ver a lo largo de la carta, y también tenía claro cuáles
debían ser los resultados de esa obra, de esa salvación. Entonces, vemos que se describe
primero como siervo. Él está completamente convencido
de que se debe completamente a Cristo, completamente a su
Salvador. Está consciente de que toda su
autoridad, de que toda su palabra viene de Él y que Él en sus fuerzas
no podría estar haciendo nada. Él entendía bien eso. Y como
les digo, es importante porque vamos a ver una gran y gran cantidad
de doctrina viniendo de un hombre, pero que reconocía que siempre
estaba siendo guiado por su Señor y que le pertenecía y le servía
a su Señor. Él nos exaltaba. Vemos en otras
cartas también, por ejemplo, recuerdan cuando vimos la carta
a Filemón, Pablo, hablándole a Filemón, le dice, yo podría
decirte como apóstol que es lo que conviene y se tendría que
hacer porque tengo la autoridad, pero no. Te lo digo en amor y
sé que tu respuesta va a ser más de lo que te estoy pidiendo.
Y es igual aquí. Pablo habla con mucha autoridad
a lo largo de esta carta. La tiene, le fue dada por Cristo
mismo, como vamos a ver un poquito más adelante. Pero él siempre
reconoce que es un siervo. Que todo lo que está haciendo,
que toda la obra que estaba haciendo alrededor de todos los lugares
que visitó, en todas las iglesias que se fundaron, en todos los
lugares en los que predicó, todo era en nombre de Cristo. De no
hacer así no valía nada. Después nos dice también que
es llamado a ser apóstol. Cristo le dio su llamado. Tenía
las señales, tenía los milagros que podemos recordar que son
algunos de los requisitos y de las señales para el apostolado
que Cristo te da. el llamado directamente, por
eso no creemos que haya apóstoles hoy en día, recibieron su enseñanza
y también recibían dones y milagros para el ministerio que iban a
ejercer. Si me acompañan a Hechos, Hechos
26, Hechos capítulo 26, versículos
15 a 18, para ver un poquito de este llamado de Pablo a ser
apóstol. Hechos capítulo 26, versículos
15 a 18, vamos a leer. Pablo dice, yo entonces dije,
¿quién eres señor? Y el Señor dijo, yo soy Jesús
a quien tú persigues, pero levántate y ponte sobre tus pies, porque
para esto he aparecido a ti, para ponerte por ministro y testigo
de las cosas que has visto y de aquellas en que me apareceré
a ti, librándote de tu pueblo y de los gentiles a quienes ahora
te envío. que abras tus ojos para que se
conviertan de las tinieblas a la luz y de la potestad de satanás
a dios para que reciban por la fe que es en mí perdón de pecados
y herencia entre los santificados aquí tenemos recordamos todos
la historia muy famosa de la conversión de pablo y su llamado
Pablo estaba convencido de que era siervo de Jesucristo y de
que era llamado al apostolado. Había recibido su llamado de
Cristo mismo en esta ocasión. Y le había dicho que iba a ministrar
y que iba a enseñar este Evangelio también a los gentiles principalmente. Entonces, Pablo tenía clarísimo
quién era. Es decir, que no era nadie sin
Cristo. Y también tenía clarísimo su
llamado, lo que Cristo, lo que su Señor, a quien se le atreía
totalmente, le había mandado hacer. Entonces Pablo se presenta
como siervo de Jesucristo y llamado a ser apóstol, apartado para
el Evangelio de Dios. Y creo que es prudente preguntarnos,
¿cuál es ese Evangelio? todos aquí lo conocemos, la mayoría
o todos hemos sido salvados por la gracia de Dios, escuchando
ese evangelio, pero creo que vale mucho la pena Pablo está hablando aquí de ese
Mesías prometido, dice el versículo dos que Dios había prometido
antes por sus profetas en las santas escrituras acerca de su
Hijo, nuestro Señor Jesucristo. El Mesías prometido ya había
terminado. Cristo había cumplido todas las
profecías. Todas las profecías que vemos
en el Antiguo Testamento estaban ya cumplidas. Todo el sistema
sacrificial, todos los símbolos habían cumplido porque el Cordero
de Dios había llegado. Nos dice Juan 1, 29 a 30. El siguiente día vio Juan a Jesús
que venía a él y dijo, he aquí el Cordero de Dios que quita
el pecado del mundo. este es aquel de quien yo dije
después de mí viene un varón el cual es antes de mí porque
era primero que yo Pablo está predicando este evangelio
Pablo está hablando aquí a los creyentes de Roma a los amados
de Dios en Roma y va a extenderse a lo largo de toda su carta diciéndoles
esto es lo que han recibido Esto es lo que debe ser el resultado.
Ese Cordero de Dios había venido. Las profecías se habían cumplido.
Los sacrificios ya no eran necesarios más. Él había cumplido las promesas
que le fueron hechas a Abraham. En Él tiene descendencia. Tiene descendencia incontable.
Más que las estrellas. Más que la arena del mar. Espiritualmente, claro. Sabemos
que Dios cumplía las promesas también para las personas a quien
se las hacía. Como Abraham en ese caso le dio
su descendencia, le dio el hijo prometido. Pero en Cristo podemos
ver las promesas cumplidas totalmente. Podemos ver a Cristo reinando
en aquel trono que se le prometió a David por siempre. Cristo estaba aquí. Podemos ver en los siguientes
versículos que era muy importante, como estábamos viendo en la Escuela
Dominical, que fuera hombre y que fuera Dios. Y aquí lo enfatizan. En el versículo 3 dice acerca
de su Hijo, nuestro Señor Jesucristo, que era del linaje de David según
la carne. Si leemos en Isaías 7.14, por favor, Isaías 7, versículo 14, dice, Por tanto, el Señor mismo os
dará señal. He aquí que la Virgen concebirá
y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emmanuel. Esto es importante
por dos cosas. Primeramente, porque vemos la
humanidad de Cristo. Dios había prometido que el Mesías
vendría del linaje de Judá, de la línea de David. Entonces,
Cristo era hombre. Aquí vemos que nació de una virgen.
Nació, no apareció. Es muy importante que era un
hombre generado como todos nosotros. Pero en este versículo también
podemos ver la otra parte que es muy importante. nació de una
virgen. Eso es muy importante porque
como hemos estudiado en la Escuela Dominical también, la simiente
de pecado era transmitida a través del hombre. La simiente de pecado
original de Adán, de la caída original en Edén, era transmitida
a través del hombre. Entonces era muy importante que
un hombre no estuviera involucrado en el nacimiento de Cristo. conocemos
la historia, conocemos la concepción milagrosa y que nació de María
Virgen. Entonces, tenemos la certeza
de que ese Salvador, ese Mesías, ese que cumplía todas las promesas,
el Cordero de Dios, sí era un hombre que podía cumplir la ley perfectamente
porque También era Dios. Versículo 4 dice, que fue declarado
Hijo de Dios con poder según el Espíritu de Santidad por la
resurrección de entre los muertos. Entonces Cristo era hombre, había
nacido de María, estaba en un cuerpo humano, no había duda
de que era un ser humano real. Era importante porque el sacrificio
requerido era de un hombre. Pero también era Dios. ¿Cómo
podemos ver también una prueba rápida de que Cristo sí era Dios? Muy conocido, Juan 1.1. Si quieren
acompañarme o si no, pueden escucharlo. Juan 1.1. En el principio era
el verbo. El verbo es Cristo. y el verbo era con Dios y el
verbo era con Dios es muy claro Cristo era completamente hombre
y completamente Dios como veíamos en la mañana a veces no entendemos
en plenitud estas verdades pero es lo que la Biblia nos enseña
y es el fundamento de todo el Evangelio que Pablo está predicando
aquí y por el cual podemos y somos capacitados para llevar a cabo
las cosas que más adelante instruirán. Eran necesarias ambas cosas para
la salvación. Que fuera hombre, para que el
sacrificio fuera válido, representante de la raza humana, muriendo por
sus elegidos, porque si Cristo no era hombre no podía morir.
Entonces era necesario que fuera hombre y era necesario que fuera
Dios porque de otra manera no podía cumplir la ley perfectamente.
Es un conjunto. Las dos naturalezas complementan
para tener la obra perfecta de la salvación. La muerte de Cristo tenía un
valor infinito porque era Dios. Entonces podemos ver como las
dos naturalezas aportan para formar el complemento perfecto
de la obra de redención. Es muy importante entender que
si era hombre completamente y que si era Dios. Y conocemos, hemos
leído los evangelios, hemos leído la historia de Nuestro Señor
Jesucristo cuando estuvo aquí en la tierra. pudimos ver sus
enseñanzas pero más allá de todo pudimos ver su vida que predicaba
con el ejemplo que actuó perfectamente que fue tentado en todo tenemos
las muy famosas tentaciones del desierto pero tenemos tres registradas
y quién sabe cuántas más hubo en esos 40 días Cristo nos entiende
perfectamente pero no pecó. Gracias a eso y a su muerte redentora
es que nosotros podemos estar aquí hoy con la confianza de
que somos salvos. La misma confianza que tenía
Pablo, que como sabemos era un perseguidor y era un pecador
igual que todos nosotros. Su pecado no era mayor que el
nuestro, su pecado no era más grave que el nuestro, era exactamente
igual. Pero Dios había hecho la obra en él, le había dado
el llamado. Y Pablo estaba completamente
fortalecido y firme en su fe en este Mesías. Él descansaba en la obra perfecta
de su Salvador. Así como nosotros lo podemos
hacer hoy en día. En tercer lugar, podemos ver
nuestro llamado. Vemos que Pablo tenía claro el
suyo. Pablo tenía claro de quién, perdón, a quién servía, quién
le había mandado y qué le había mandado a hacer. Tenía clara
la obra de Cristo, tenía claro lo que Él hizo. Aquí no profundiza
tanto, pero nosotros sabemos. Sabemos lo que Cristo hizo, sabemos
la muerte que sufrió nuestro Salvador. sabemos que no quedó
en la tumba sino que resucitó como dice la escritura no está
ahí porque resucitó como él ha dicho y sabemos que subió al
cielo sabemos que la obra está consumada sabemos que no tuvimos que hacer
nada por ese cristo dice versículo 5 por quien recibimos la gracia
y el apostolado, para la obediencia a la fe en todas las naciones,
por amor de su nombre. Entre las cuales estáis también
vosotros, llamados a ser de Jesucristo. A todos los que estáis en Roma,
amados de Dios, llamados a ser santos, gracia y paz a vosotros
de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo. Como tercer punto
podemos ver nuestro llamado. Tenemos el llamado de Pablo.
Tenemos la obra de Cristo. Si lo queremos ver también como
un llamado del Padre hacia el Hijo para completar esa obra
de redención. Y tenemos nuestro llamado. Dice
que somos llamados a ser de Jesucristo y a ser santos. pero dice el
versículo 5 que es por gracia la obediencia a esta fe lo que
se nos está pidiendo es por gracia y es un resultado cuando estaba
leyendo romanos para empezar a preparar la serie y estar estudiando
un poquito me di cuenta que a veces pasamos un poco rápido por la
salutación Decimos si, somos llamados a ser de Jesucristo
y somos llamados a ser santos. Tenemos que hacer nuestra parte
y tenemos que comportarnos bien y tenemos que odiar el pecado
y tenemos que conformarnos a los estatutos de nuestro Señor Jesucristo
y leer la Biblia y estar bien. Si, es verdad. Se nos llama hacer
esas cosas, se nos llama ser apartados, se nos llama ser diferentes. Se nos llama obedecerles, se
nos llama poner la palabra primero. Es verdad. Tenemos obligaciones
y responsabilidades. Pero leí en un comentario decía
que aquí la palabra llamados tiene un poquito más también
la idea de sí somos llamados, sí somos exigidos a, pero es
el resultado de algo que ya pasó. Es decir, Ustedes son llamados
porque son escogidos. Ustedes son santificados y apartados
porque fueron justificados, porque Dios les salvó. Entonces, sí,
son llamados a ser santos y a ser de Jesucristo, pero ya han sido
capacitados para poder hacerlo. Ustedes no tienen que hacer algo
sobrenatural para poder obedecer esas cosas Porque Dios hizo la
obra primero Dios hizo la obra, Dios eligió Cristo hizo... Perdón Murió por nosotros, completó
la obra de redención El Espíritu Santo la aplica a cada uno de
nosotros en tiempo Y somos llamados hacer de Jesucristo y somos llamados
a ser santos estamos apartados no es al revés no es ponte a
hacer todas esas cosas y después veo si te lo mereces y después
veo si te salvo todas estas cosas Cristo ya las hizo todas esas
cosas Cristo ya las pagó tú ya eres llamado tú ya perteneces
a su familia. Ha sido adoptado. Está siendo enseñado, está siendo
santificado día con día, y claro que sí, tenemos que poner nuestra
parte. Pero es muy importante verlo en este sentido. No se nos está pidiendo algo
que no podamos hacer. Y si lo queremos ver como como
una pequeña ilustración como si estás jugando con con tu hijo
pequeño y están jugando a a la tiendita y a que compra
cosas tal vez quieren usar dinero para que aprenda a contar y él
no tiene el dinero él no puede comprar en el juego pero tú como
su padre se lo das y él te lo entrega No podemos comprender con este
tipo de ilustraciones a fondo porque son verdades increíblemente
grandes, pero es para que nos demos una idea en cuanto a no
se nos está pidiendo algo que no tenemos, se nos está pidiendo
algo que primero se nos da y después el resto es consecuencia, es
resultado. Podemos obedecer, decía Jason
en la escuela dominical hace unas semanas, Somos capaces de
decidir entre el bien y el mal. Somos capaces porque nuestra
naturaleza ha cambiado. Nuestra naturaleza de pecado
ya no es la misma. Aunque tengamos remanente y aunque
caigamos, nuestra naturaleza ya no es la misma. Dios nos ha dado una nueva naturaleza
con la cual podemos obedecerle. Ahora, ¿esto es fácil? ¿Obedecer
todos los estatutos, mandatos de Dios es fácil? No, no es fácil. Pero no es doloso. No es algo que hagamos con pesar. No es algo que hagamos en contra
de nuestra voluntad. Pero es algo que es progresivo. Y por eso está la santificación. Poco a poco, poco a poco vamos
aprendiendo más, vamos conociendo más a nuestro Dios. Vamos sabiendo
más qué es lo que manda, qué es lo que le agrada, qué es lo
que no, qué es fuego extraño para Él en la adoración. cualquier
cosa vamos creciendo en conocimiento que tiene que aplicarse a nuestras
vidas para que podamos acercarnos un poquito y un poquito más a
la estatura del varón perfecto pero con la confianza total de
que por la obra de Cristo somos totalmente capaces de hacerlo
que no es fácil no lo es Estamos en un mundo lleno de pruebas,
en un mundo lleno de enfermedad, en un mundo lleno de tentación,
en un mundo lleno de necesidad, donde parece que todo está colapsando,
la economía, la política, el ambiente, todo está colapsando. Y nuestras mentes siempre son
bombardeadas con ese tipo de cosas negativas. Siempre es bueno
recordar la cosa positiva, que va más allá de todas las cosas
negativas, que es que somos de Cristo, siervos de Cristo, esclavos
de Cristo, hijos de Dios. Le pertenecemos. Por tanto, podemos estar totalmente
confiados en que sí podemos obedecerle. Y vuelvo al ejemplo de Éxodo.
Primero Dios les salva, después les pide la obediencia. Primero
yo soy tu Dios, después haz esto. Es exactamente lo mismo para
nosotros. Somos llamados a ser santos,
llamados a ser apartados, llamados a ser de Jesucristo. Es decir,
somos elegidos. Por tanto, ese es un resultado
natural. Entonces, aplicaciones aquí. Si tú eres un cristiano, si tú
eres un llamado de Dios, un hijo de Dios, un amado de Dios, un
llamado a ser de Jesucristo y llamado a ser santo, ejércelo. Hazlo con confianza. Si te faltan
fuerzas, pídeselas a tu padre. A veces tenemos ese conflicto
con la oración, ¿no? A veces no sabemos qué pedir
exactamente, no sabemos qué Dios iba a contestar, qué Dios no
va a contestar. Pues podemos tener la certeza
de que cuando oramos conforme a su voluntad, lo va a contestar.
Porque es su voluntad. Y si su voluntad fue apartarnos,
elegirnos, llamarnos a Cristo para que vivamos una vida diferente.
Y no podemos, porque en verdad es pesado. Porque en verdad hay
muchas cosas que nos privan de esa relación hermosa con nuestro
Señor. Y la queremos tener, porque la
anhelamos. Y se la pedimos. ¿Ustedes creen
que no nos la va a dar? Es su voluntad. No le estás pidiendo
un Ferrari, ¿verdad? ¿Para qué? Temporal. Pero si pedimos a nuestro Señor
que nos acerque y que nos ayude a vernos como llamados, vernos
como apartados, vernos como lo que somos, y pedirle sus fuerzas
para este mundo de prueba, ¿de cierto nos lo hará? ¿De cierto
Él hará? Entonces, que como cristianos
vivamos más en confianza, menos en culpa. Ya habrá tiempo también,
romanos, de tratar con el pecado y con otras cosas. Pero menos
en culpa y más en acción. Pero no en acción en nuestras
fuerzas, que eso es lo que a veces nos pasa. A veces queremos, me
voy a esforzar más, me voy a... Es correcto. Pero nunca olvides
que tu Padre está contigo. Tu padre prometió estar contigo
hasta el fin del tiempo. Y si no escatimó a su propio
hijo, no nos dará con él también todas las cosas. Entonces, que vivamos en más
confianza. Que vivamos en menos culpa. Que
podamos tener más humildad, quizá, para acercarnos al trono de gracia. Que pidamos y dependamos como
Pablo totalmente de su Señor. Y que no estemos tan afligidos
todo el tiempo. Porque tenemos esa esperanza,
esa certeza, esperanza de el cielo en el futuro, pero certeza
hoy, hoy, ya, de que somos de su pueblo. De que no tenemos
que estar esperando a ver si cuando me muera sí, no, no. De
que tenemos la certeza de que nos podemos llamar sus hijos.
A pesar de que caigamos. A pesar de que a veces nos alejemos.
A pesar de que a veces no tengamos el mejor ánimo. A pesar de que a veces no vengamos
a la iglesia. Y son cosas que están mal. Pero tenemos esperanza, y esa
esperanza nos debe llevar a la acción. Nos debe llevar a regresar,
a conciliar con nuestro padre. Ver qué estamos haciendo mal y pedir su ayuda. Porque claro
que no podemos solos. Y claro que vamos a seguir cayendo.
No es para desanimarnos. No es para tomarlo a la ligera,
porque tomarlo a la ligera no es vivir como llamados, no es
vivir como de Cristo, pero tampoco vivir en desánimo
como si nuestra salvación dependiera de cada pecado que hacemos. Nadie aquí la conservaría ya,
¿verdad? Gracias a Dios que es por gracia. que nos aferremos a lo que tenemos,
a nuestra esperanza, y a nuestras certezas hoy, para poder obedecer,
para poder seguir su camino, para fortalecernos, para ser
humildes, y pedir su ayuda. Y por otro lado, obviamente,
si estamos escuchando todas estas palabras, todo lo que Cristo
hizo, todo lo que Cristo es, todo lo que hizo, todo lo que
Dios es, y el Espíritu igual. Y si no somos salvos aún, que pidamos humildemente a Dios
hoy. Este Evangelio del que Pablo
habla, nos dice que lo que se requiere para la salvación es
arrepentirse y creer. Si no has acudido a Dios, si
no tienes la certeza de tu salvación, ve hoy a Él. Dile Señor, sí soy
un pecador, como todos los que... Sí soy un pecador, pero te reconozco
a ti, a tu Hijo Cristo como mi único Salvador. Me arrepiento
de lo que he hecho. Quiero cambiarlo. y reconozco
que Tú me puedes salvar por la obra que Tu Hijo hizo. Y con
la Biblia en la mano te puedo decir que Él jamás te va a rechazar. Dios no puede, no puede rechazar
al que viene a Él. Entonces, si tienes la certeza
que eres Su Hijo, gloria a Dios, Aférrate a su esperanza, aférrate
a lo que él ha hecho por ti y continúa en el camino hasta que muramos
o hasta que él venga. Y si no eres su hijo, si no estás
seguro, haz esto hoy. Arrepiéntete y corre a sus pies.
Pide perdón y cree que él de cierto te puede salvar. Y te
prometo, no porque yo lo diga, sino porque lo dice la Palabra,
que te salvará, que te perdonará. Que meditemos mucho en esto,
que nos anime también mucho a compartir el Evangelio. Ahora que vamos
a tener la clase de Evangelismo, aunque no vayan a ir al viaje,
pues los exhorto a tomarla. Siempre es bueno aprender cómo
poder compartir de esto. que nosotros hemos recibido.
Siempre les digo, ¿no? Como niño con juguete nuevo,
le das algo y mira, mira, mira. Así deberíamos de ser. A veces
no todos somos los más hábiles. Yo no soy el más hábil para nada,
para hablar. Para socializar, menos. Pero
por eso nunca está de más sorprender. nunca está de más aprender, porque
es nuestro llamado. ¿Qué dice la gran comisión? Ir
y hacer discípulos por todas las naciones. Como Pablo en su
llamado aquí, como lo está haciendo en Roma, está escribiéndoles
a estos creyentes. Les va a exhortar, les va a corregir,
les va a instruir. Pero siempre, siempre, siempre
con esa esperanza de que Dios está con ellos y Dios está con
nosotros. Eso no ha cambiado porque Dios
no puede cambiar. Entonces, que nos vayamos con
esa seguridad, con esa confianza y con esa hambre también de compartir
a los que no han escuchado este evangelio. Vamos a orar. Padre bendito, te damos muchas
gracias por este día, por esta tarde que nos das, que nos regalas
en tu misericordia. Gracias por dejarnos escuchar
tu palabra, por aprender o por recordar verdades, Señor, que
tú nos muestras, que tú nos enseñas y que son realidades de nuestras
vidas. Ayúdanos a vivir a la luz de
estas realidades, a la luz de lo que tenemos y no a la luz
de lo que no. Y ayúdanos a ser también diligentes en compartir,
Señor, de esto, en compartir de tu mensaje. de tu perfecta
salvación. Te pedimos y te agradecemos todo
en el nombre de Cristo. Amén.
El evangelio de Cristo y nuestro llamado
Series Estudio de Romanos
| Sermon ID | 6622121241776 |
| Duration | 38:36 |
| Date | |
| Category | Sunday - PM |
| Bible Text | Romans 1:1-7 |
| Language | Spanish |
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