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Juan capítulo 3, si Dios lo permite,
vamos a considerar desde el versículo 16 hasta el versículo 21. Juan 3, desde el 16 hasta el
21. El amor de Dios es real. El amor de Dios es real. No lo rechaces. El amor de Dios
es real. No lo rechaces. Aquí en Juan capítulo 3, los
primeros 15 versículos vemos como Jesús tiene un encuentro
con Nicodemo y están hablando sobre el nuevo nacimiento, un
nacimiento espiritual, lo cual Nicodemo le cuesta entender. Porque Jesús le está hablando
de este nuevo nacimiento, de este nuevo, de este nacimiento
espiritual, y Nicodemus está pensando que, o sea, cómo es
posible que una persona entre de nuevo al cuerpo de su madre,
¿no?, y tener un nuevo nacimiento. Y entonces, Jesús le da a entender
que ese no es el caso, ¿no? El nuevo nacimiento ocurre al
creer en Él como Señor y Salvador. Y por ello, dice en versículo
14, dice, como Moisés levantó la serpiente en el desierto,
esto es Juan 3, 14, como Moisés levantó la serpiente en el desierto,
así es necesario que el hijo del hombre se ha levantado, para
que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida
eterna. ¿Vale? Y lo que Jesús está haciendo,
está usando el texto que encontramos en Números 21, esta historia
donde el pueblo de Israel es rebelde, Dios envía serpientes,
víboras, venenosas, y están sufriendo. La gente está muriendo porque
les está picando estas serpientes. Y entonces claman a Dios y Dios
dice, no, a ver, tenéis que demostrar vuestra fe. Lo estoy resumiendo,
pero tenéis que demostrar vuestra fe. Entonces, le dice a Moisés,
en números 21, 8 al 9, Jehová dijo a Moisés, hazte una serpiente
ardiente y ponla sobre un asta, y cualquiera que fuere mordido
y mirare a ella, vivirá. Y Moisés hizo una serpiente de
bronce, y la puso sobre un asta, y cuando alguna pers... y cuando
alguna serpiente mordía a alguno, miraba a la serpiente de bronce,
Y vivía. ¿Vale? Esos números 21 del 8
al 9. Números 21 del 8 al 9. Entonces,
¿qué es lo que Dios hace en ese caso? Las personas, cuando les
muerde una serpiente, las personas a su alrededor se están muriendo
¿No? Porque les ha mordido una serpiente
venenosa. Nosotros entendemos ese concepto. Hoy en día hay
personas que mueren porque les pica una serpiente, ¿no? Y entonces,
¿qué es lo que tienen que hacer? Para ser sanados, para que no
mueran, tienen que creer la palabra de Dios. ¿Y qué es lo que Dios
ha dicho? Dios ha dicho, mira, si te muerde una serpiente, en
el caso ahí del pueblo de Israel, mira a esa serpiente sobre el
asta, ¿no? Dios le dijo a Moisés, haz una
serpiente y la hizo de bronce, la puso sobre un asta, sobre
un palo, y entonces lo que tenían que hacer es demostrar su fe.
¿Van a creer la palabra de Dios? Sí o no, ¿vale? Les ha mordido
una serpiente, se van a morir. Ahora tienen que demostrar su
fe. Si miran con fe a esa serpiente de bronce que Moisés creó, entonces,
esa picadura de serpiente, el veneno que ha entrado en su cuerpo,
no les va a hacer efecto. Y van a vivir. Pero si rehusan
creer, dicen, nah, yo no creo eso. ¿Cómo me va a impactar? O sea, ¿cómo es posible que eso
pueda ser cierto? No lo voy a creer. Al no creer,
ya tienen el veneno en su cuerpo, se mueren, ¿no? Entonces Jesús
usa esa ilustración porque es exactamente lo que ocurre con
la cruz de Cristo. Por eso menciona el hijo del
hombre. Esto es Juan 3.14, dice como
Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario
que el hijo del hombre, es un título mesiánico, para referirse
al Mesías, a Jesucristo. Incluso Jesús usó ese título
para sí mismo, identificándose como el hijo de Dios, el Mesías,
el Cristo. Y dice, así es necesario que
el hijo del hombre sea levantado. ¿Qué es lo que ocurre? Él fue
crucificado. Él fue levantado, lo podemos pensar, sobre un asta,
¿no? Sobre un madero. Él fue levantado. De la misma
manera que esa serpiente se levantó sobre el asta y todo aquel que
creyera en la palabra de Dios, de que al mirar a esa serpiente
sería sanado, pues de la misma manera, todo aquel que mira a
Jesús con fe, aquel que ha sido crucificado, todo aquel que mira
a Él con fe, recibe salvación. Pero está hablando de salvación
eterna. Está hablando de salvación de
sus pecados. No está hablando de salvación física, como hay
en números 21, está hablando de que la picadora de serpientes
se va a morir físicamente, sino que aquí Jesús está hablando
de vida eterna, ¿no? De salvación de sus pecados. Y por eso nos dice Juan 3,15,
para que todo aquel que en él cree, ahí está la fe, Hay que
tener fe. Hay que creer. ¡No se pierda! En esas palabras, no se pierda.
O sea, esa idea de pérdida es una ruina total. Que se refiere
a muerte espiritual. Muerte por toda la eternidad.
Y conforme a lo que nos dice la Escritura, es ser lanzado
al lago de fuego. Castigo eterno. ¿Por qué ¿Por qué merecemos el
castigo eterno? O sea, eso desde Génesis 3. El
hombre pecó contra Dios. Adán y Eva pecaron contra Dios.
Y como nos dice Romanos 5.12, dice, la muerte pasó a todos
los hombres por cuando todos pecaron. En Romanos 5.12, dice por tanto
como el pecado entró al mundo por un hombre y por el pecado
la muerte así la muerte pasó a todos los hombres por cuando
todos pecaron o sea todos nacemos siendo pecadores es como que
ya tenemos el veneno nosotros mismos vamos a morir pero está
hablando de morir espiritualmente vamos a morir lo merecemos ya
estamos condenados delante de dios estamos bajo la ira de dios
Y esa es la pérdida a que se refiere. Pero, aquel que mira
con fe a Jesús, aquel que fue levantado sobre la cruz, aquel
que murió sobre la cruz por nosotros, ¿qué es lo que él está haciendo
en la cruz? Él está muriendo por nosotros. Él está tomando
la ira de Dios que nosotros merecemos. Porque incluso nos dice en Romanos
6, Romanos 6, versículo 23, dice, porque la paga del pecado es
muerte. O sea, si has Pecado, ¿qué es
lo que mereces? La muerte. Al igual que un trabajador
recibe una paga por su trabajo, merece esa paga, merece ese dinero,
ese salario, pues el que ha pecado merece el salario de su pecado. Merece lo que ha hecho. ¿El qué?
¿Cuál es el resultado? La muerte. Pero no termina ahí
el versículo, porque en Romanos 6, 23, dice más. La dádiva de
Dios es vida eterna en Cristo Jesús, Señor nuestro. O sea,
es el regalo que Dios da. Y eso es lo que, volviendo aquí
a Juan 3, eso es lo que va a resaltar aquí Juan, inspirado por Dios,
cuando nos dice aquí el texto, aquí Juan 3, versículo 16, nos
da la motivación, nos da el por qué, y es el gran amor de Dios. Dice Juan 3, voy a leer desde
el versículo 16 hasta el versículo 21. Dice, porque de tal manera
amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo un hijerito, para que
todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo
al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo
por él. El que en él cree no es condenado,
pero el que no cree ya ha sido condenado, porque no ha creído
en el nombre del unigénito Hijo de Dios. Esta es la condenación,
que la luz vino al mundo y los hombres amaron más las tinieblas
que la luz, porque sus obras eran malas. Porque todo aquel
que hace lo malo aborrece la luz y no viene a la luz para
que sus obras no sean reprendidas. más el que practica la verdad,
viene a la luz, para que sea manifiesto que sus obras son
hechas en Dios. He leído Juan 3, del 16 al 21. O sea, el amor de Dios es real. No lo rechaces. Aquí esta sección, aquí en Juan
3, del 16 al 21, vemos la explicación de Juan, ¿no? Jesús ha estado
hablando con Nicodemo desde el versículo, bueno, la historia
misma es desde el versículo 1 hasta el versículo 15. Pero ahora,
el versículo 16 al 21, vemos la explicación que da Juan. Él está reflexionando sobre este
tema, ¿no? Sobre la muerte de Jesús, sobre
el Evangelio. y está reflexionando sobre esta
historia y esta conversación que tiene Jesús con Nicodemo
sobre el Evangelio y por ello él quiere reflexionar sobre ello
y aquí vemos sus palabras reflexionando y pensando en el Evangelio y
la maravilla del Evangelio la maravilla del gran amor de Dios
que es un regalo que no merecemos. Es un regalo demasiado maravilloso
para realmente poder comprenderlo. Yo recuerdo hace años en un campamento
había uno de los trabajadores que él,
para expresar la maravilla de este regalo, Él lo que hacía
es, se ponía enfrente de los campistas, de aquellos que estaban,
de los jóvenes o de los niños, él se ponía enfrente y levantaba
un billete de 20 dólares, ¿no? 20 dólares es un poquito menos
de 20 euros. Y él levantaba el billete de
20 dólares, americanos, y decía, ¿Quién lo quiere? Y todos levantaban
la mano, ¿no? Todos los niños, todos los jóvenes,
yo, yo, yo, yo, yo. Y decía, pues ven a por él. ¿Y sabe lo que ocurría? Se quedaban sentados. Los jóvenes
estaban... porque temían. Aquí hay un truco. Esto no puede ser. Esto es un
truco, se va a reír de nosotros, esto es un juego, no sé qué.
Y se quedaban sentados. Hasta que por fin, uno de ellos
se ponía de pie, iba caminando lentamente, y tomaba el billete
de 20 dólares, se quedaba ahí esperando algo, y él le decía,
bien hecho, es tuyo. ¡Es tuyo! ¡20 dólares! Y de repente todos los jóvenes,
¡oh no! Yo tenía esa oportunidad y la
desprecié porque no creí. Y lo usaba para ilustrar Este
punto. El punto es que tienes que creer
en la verdad del Evangelio. Tienes que creer para ir y aceptar
el regalo que Dios provee. Quien es Jesucristo. Y sí, o
sea, todo el mundo quiere vida eterna. Sí, yo quiero vida eterna. Pero tienes que creer. Tienes
que aceptar la palabra de Dios y creer que es cierto, y creer
que Jesús realmente te libra de la ira veredera, que realmente
el sacrificio de Cristo en la cruz sirvió para algo, que realmente
Dios aceptó el pago de Cristo en la cruz. Tienes que aceptarlo,
tienes que ir y recibirlo, si no, nunca llega a ser tuyo. Y
entonces, por ello aquí vemos el gran amor de Dios porque vemos
este regalo, ¿no? Jesucristo es el regalo de Dios
para salvar a los pecadores de la muerte eterna. O sea, Cristo
muere en nuestro lugar, pero nosotros tenemos que ir a aceptarlo. Si el pecador perece en sus pecados
es porque no ha recibido el regalo que Dios provee. Es porque ha
preferido la oscuridad en vez de la luz. Y eso es lo que nos
menciona aquí el texto. Vemos el gran amor de Dios. Y
eso realmente lo resalta porque dice en Juan 3,16. Porque de
tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito,
para que todo aquel que en él cree no se pierda, mas tenga
vida eterna. Ahora, ese término unigénito
es la idea de único en su clase, ¿no? Es especial. Y, o sea, os
podéis poner a pensar en ¿estaríais dispuestos a dar tu hijo por
tu enemigo? ¿Estarías dispuesto a dar tu
propia vida para salvar a un enemigo? ¡Para nada! O sea, y
la Escritura menciona, vez tras vez, que nosotros, por ser pecadores,
realmente somos enemigos de Dios. Pero Dios muestra su amor y la... muestra la grandeza de su amor
a estar dispuesto a dar a su Hijo. Al único en su clase. O sea, realmente el único sacrificio
que era suficiente para pagar por todos nosotros. Porque tenía
que ser santo y perfecto, o sea, no podía ser culpable. Si es
culpable, si es culpable de pecado, no puede pagar por nosotros.
¿Por qué? Tiene que pagar por su propio pecado. Y al ser eterno,
él puede morir y volver a vivir por todos nosotros. Entonces,
por ello era necesario que fuera Dios encarnado, que fuera la
segunda persona de la Trinidad. Y entonces, aquí vemos la obtención
de la vida eterna se establece sobre la crucifixión del Hijo
de Dios. Por eso, lo mencioné anteriormente,
es necesario que el Hijo del Hombre se ha levantado, ¿no?
Que Él se ha crucificado, que Él muera en la cruz. Y por ello, esos versículos anteriores,
¿no? Para que Versículo 15. Para que todo aquel que en él
cree no se pierda, mas tenga vida eterna. O sea, la crucifixión
es el clímax de la misión del Hijo de Dios. Y eso se establece
sobre el amor de Dios. Dios toma la iniciativa. ¿Por
qué toma la iniciativa? Porque nos ama. Y nos ama aunque
no lo merezcamos. Es como una madre que mira a
su hijo con amor después que ha hecho un desastre en la cocina,
¿no? Después que ha roto los platos,
a lo mejor se ha enojado contra su madre y ha roto todos los
platos, ha tirado toda la comida por todas partes, ha dicho, ¡ah,
no te quiero! Y aunque le muestre rechazo,
la madre le ama, ¿no? ama a su hijo. Es amor aunque
no se merezca. Y es que Dios tomó la iniciativa
para proveer salvación. Incluso nos dice 1 Juan 4 del
9 al 10, dice, en esto se mostró el amor de Dios para con nosotros,
en que Dios envió a su hijo, unigénito al mundo, para que
vivamos por él. En esto consiste el amor, no
en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó
a nosotros. Y envió a su hijo en propiciación
por nuestros pecados. Ahí se demuestra el amor de Dios.
Eso es 1 Juan 4, del 9 al 10. Dios muestra su amor para nosotros.
Nosotros no le amamos a el primero. No merecemos ninguna clase de
amor. No somos personas que... tenemos méritos para con Dios.
No, porque incluso Isaías menciona que todas nuestras justicias,
todas las buenas obras que pudiéramos hacer son trapos de inmundicia,
son suciedad, no valen. Nos dice Isaías 64, versículo
16. Dice, si bien todos nosotros somos suciedad, todas nuestras
justicias como trapo de inmundicia. Y caímos todos nosotros, como
la hoja, y nuestras maldades nos llevaron como viento. Todas
nuestras justicias se refieren a todas las buenas obras que
podamos hacer. Todos los méritos que pensamos que tenemos no valen. No valen porque ya somos culpables
delante de Dios. Somos pecadores. Es como el culpable
en un juicio está ahí sentado y le están juzgando todas las
buenas obras que él pueda hacer el resto de su vida o las buenas
obras que hizo en el pasado no importan porque ha matado a los
guardias de seguridad, ha robado el banco y es culpable. Entonces,
ya está condenado. Esas buenas obras no le sirven.
Es la misma idea para con Dios. Somos pecadores. Somos pecadores,
merecemos la ira de Dios. Y entonces, por ello resalta
el gran amor de Dios. O sea, la misión del Hijo de
Dios y sus efectos es el tema del párrafo. Y aquí Juan insiste
que la misión de Dios Hijo fue el resultado del amor de Dios. Dios mostrando amor. Aunque no
lo merecíamos. Y enfatiza la intensidad del
amor de Dios. Y que en verdad el resultado anticipado sucedió.
O sea, él fue levantado, el Hijo es necesario, versículo 14, es
necesario que el Hijo del Hombre sea levantado para que todo aquel
que en él cree no se pierda más tenga vida eterna. O sea, eso
es exactamente lo que ocurrió. Dios aceptó el sacrificio de
Cristo en la cruz por nosotros y por él. Tenemos vida. Y el amor de Dios es para todo
el mundo. Si lo notáis ahí, versículo,
esto es Juan 3,16, porque de tal manera amó Dios ¡Al mundo! Y eso abarca a toda la humanidad. No está limitado a un grupo especial,
un grupo nacional, no está limitado a una élite espiritual, no. Dios amó a todos, a todo el mundo. Dios entregó a su único Hijo. Realmente destacando la grandeza
de este regalo. Porque nos dice Juan 1,14. Aquel
verbo fue hecho carne. y habitó entre nosotros, y vimos
su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y
de verdad". Eso es Juan 1, 14. Cuando los versículos anteriores,
en especial los primeros versículos del capítulo 1 de Juan, resaltan
que el verbo estaba con Dios antes, ¿no? Desde antes de la
creación. Porque Juan 1, 1 dice en el principio
el verbo era Perdón, en el principio era el verbo, y el verbo era
con Dios, y el verbo era Dios. Este era en el principio, con
Dios, todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada
de lo que ha sido hecho fue hecho. Entonces, ¿el verbo quién es?
La identifica como Dios. Y luego el verbo se encarnó,
nos dice del siglo XIV, que lo he leído antes. Aquel verbo fue
hecho carne y habitó entre nosotros. Entonces, viendo la segunda persona
de la Trinidad, Dios encarnado. Y Dios le envió por amor, por
amor hacia nosotros. Dios dio lo mejor que tenía. Su único y querido Hijo. Nos dice Romanos 8, 32. El que
no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos
nosotros. Esos romanos 8, 32. O sea, Dios dio lo mejor que
tenía. Dios no amó al ser humano porque
era digno de amor, sino porque Dios mismo es amor. Nos dice
1 Juan 4, 6, Dios es amor. ¿no? Eso es Juan 4-6. O sea,
aparte de su naturaleza, su carácter, uno de sus atributos es que él
es amor. Y entonces él demuestra ese amor. Ahora aquí, si notáis,
dice, porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a
su Hijo, unigénito, para que todo aquel que en él cree no
se pierda, mas tenga vida eterna. Aquí menciona que Dios amó al
mundo. Ahora, no es normal que Juan
hable del amor de Dios hacia la humanidad de esta manera.
Pero, en verdad, resalta la maravilla del amor de Dios. El amor de
Dios es de admirar, no tanto porque el mundo incluya a tantas
personas, sino porque el mundo es realmente malo. O sea, no
tenemos que ir muy lejos, nosotros conocemos nuestra propia maldad.
Y nos maravillamos de que Dios nos ame a nosotros. Y si miras a la sociedad a tu
alrededor, es increíble la maldad en la que están metidos, ¿no?
Pero todos somos malos. Entonces, el gran amor de Dios
es de admirar al considerar que todos somos rebeldes, todos somos
malos. Y es que el amor de Dios no es
impreciso, no es sentimental, sino que es un amor que tiene
mucho valor. Por eso estuvo dispuesto a dar a su hijo unigénito. El amor de Dios se demuestra
en que dio a su hijo. Y es que aquí menciona esta idea
de que él amó al mundo. Y el mundo Es tan malo, que incluso
en otra ocasión, Juan prohíbe a los creyentes amar las cosas
del mundo. en 1 Juan 2, del 15 al 17. Dice,
no améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno
ama al mundo, el amor del Padre no está en él, porque todo lo
que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los
ojos, la vanagloria de la vida, no provienen del Padre, sino
del mundo. Y el mundo pasa y sus deseos, pero el que hace la voluntad
de Dios permanece para siempre. Eso es 1 Juan 2, del 15 al 17. Donde Juan mismo, inspirado por
Dios, nos exhorta a que no amemos. al mundo. Ahora, no hay contradicción
entre esa prohibición y el hecho de que Dios ame al mundo. Porque
nosotros no debemos de amar al mundo con
amor egoísta, ¿no?, para tomar parte de sus prácticas y sus
deseos. Pero Dios ama al mundo sin egoísmo. Dios ama con un amor costoso,
un amor de redención. Él quiere redimir, Él quiere
salvar, Él quiere rescatar. Y Dios pronuncia condenación
contra el mundo por su pecado, pero al mismo tiempo, ama al
mundo, dando a su Hijo, quien es la única esperanza para la
humanidad. Y es que... es verdad. O sea, la ira de Dios
se derrama contra toda impiedad. Nos dice Romanos 1,18. La ira
de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia
de los hombres que detienen con injusticia la verdad. O sea,
Dios odia el pecado. Y él derrama su ira contra el
pecado. Y ahí nos dice, revela desde el cielo... La ira de Dios
se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia. Eso
es Romanos 1,18. Y en verdad, como nos dice Romanos
6.23, la paga del pecado es muerte. O sea, Dios odia el pecado y
hay una consecuencia por haber pecado, es la muerte. Es cierto.
Pero al mismo tiempo, como nos dice Romanos 6.23, la dádiva
de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, Señor nuestro. O sea,
en verdad, es verdad que todos estamos muertos de nuestros delitos
y pecados. Nacemos de esa manera. Somos
culpables por naturaleza. Incluso nos dice el Salmo, Salmo
51, Salmo 51, versículo 5, dice, he aquí en maldad he sido formado,
en pecado me concibió mi madre. Ahí resaltando eso es Salmo 51,5,
resaltando que nacemos siendo pecadores. No es que nos
convertimos en pecadores después de haber pecado. No. Nacemos
siendo pecadores. Pero vemos la misericordia de
Dios. Sí somos pecadores. Pero la misericordia
de Dios triunfa. Él muestra su amor. Nos dice
Efesios 2, del 1 al 5. Él os dio vida a vosotros cuando
estabais muertos en vuestros delitos y pecados. en los cuales
anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme
al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora operan
los hijos de desobediencia, entre los cuales también todos nosotros
vivimos en otro tiempo, en los deseos de nuestra carne, haciendo
la voluntad de la carne y de los pensamientos, e iramos por
naturaleza, hijos de ira, lo mismo que los demás. Pero Dios,
que es rico en misericordia por su gran amor, con que nos amó. Aún estando nosotros muertos
en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo. Por gracia sois salvos. Y continúa ahí el texto en esos
Efesios 2 del 1 al 5 y continúa el texto en versículo 8 diciendo
Porque por gracia sois salvos, por medio de la fe. Esto no de
vosotros, pues es don de Dios. No por obras, para que nadie
se gloríe. Y ese texto en Efesios 2, resalta que no somos dignos
del amor de Dios. No lo merecemos. Dios nos muestra
amor, porque Él es amor. Porque Él quiere mostrarnos amor.
Y es que aparte del amor de Dios, nadie sería salvo. Porque merecemos la ira de Dios.
Merecemos su ira por nuestro pecado. Somos pecadores y somos
culpables delante de él. Y es que el resultado del amor
de Dios es la misión del Hijo. Es proveer salvación. Y vemos
como Juan contrasta el perecer con la vida eterna. Porque aquí
mismo dice, porque esto es Juan 3,16. Porque de tal manera amó
Dios al mundo. que ha dado su Hijo unigénito,
para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga
vida eterna. Esas son las dos opciones que
hay, el perderse, o el tener vida eterna. Y todo depende de
si creemos. Todo depende de si creemos en
Jesús como Señor y Salvador. Por eso nos dice, para todo aquel
que en él cree, No, para que todo aquel que en él cree. No,
tiene que haber fe. Y es que el creyente ha sido
rescatado de la muerte por la muerte del Hijo de Dios. Él toma
nuestro lugar. Él nos libra de esa realidad
horrible, de esa ruina total, de esa muerte eterna. Él muere
en nuestro lugar. Y Dios acepta su sacrificio por
nosotros. Eso es lo maravilloso. Incluso
nos dice, en el versículo 17, lo que hace es aclarar el propósito
de la misión del Hijo de Dios. Porque Juan 3, 17 dice, porque
no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino
para que el mundo sea salvo por él. ¿Por qué no tiene que mandar
el Hijo a condenar al mundo? El mundo ya está condenado. El
mundo ya es pecador. Merece la ira de Dios. Merece
la muerte eterna. Dios envía a su Hijo al mundo
para salvar, para rescatar. Él es la única esperanza. Y por
ello Jesús no vino para condenar al mundo, sino para salvarlo.
Nos dice Juan 12, 47. Jesús mismo dice, no he venido
a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo. Eso es Juan 12, versículo
47. Lo cual algunos piensan que hay
una aparente contradicción con Juan 9,39 cuando Jesús dice,
para juicio he venido yo a este mundo. Lo que hay que entender
es que aunque Jesucristo tiene autoridad para juzgar, Él es
Dios, Dios encarnado, Dios le ha dado, Dios Padre le ha dado
esa autoridad para juzgar, Él tiene autoridad para juzgar,
pero Él no vino con ese propósito, Él no vino para condenar, porque
el mundo ya está condenado por el pecado delante de Dios, sino
que Jesús vino para salvar. Pero el hecho de que hay salvación
para todos los que creen, implica que hay condenación para los
que no quieren creer. Y es que lo que las personas
hacen ahora, realmente es un juicio inicial, ¿no?, que determinará
su estado en el día de juicio. Porque el propósito de la venida
del Hijo de Dios fue para traer salvación. Nos dice Lucas 19.10.
El Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.
Eso es Lucas 19.10. Él es el salvador del mundo.
Se le identifica como el salvador del mundo. Si recordáis, ahí
en Samaria Jesús tiene un encuentro con la mujer samaritana en capítulo
4 de Juan y en versículo 40 al 42 vemos que los samaritanos
vinieron a él le rogaron que se quedase con ellos y se quedó
allí dos días y creyendo muchos más por la palabra de él decían
a la mujer ya no creemos solamente por tu dicho porque nosotros
hemos Nosotros mismos hemos oído y sabemos que verdaderamente
este es el salvador del mundo, el Cristo. Eso es Juan 4, del
40 al 42. No, él es el salvador del mundo.
Incluso en primera de Juan 4, 14, dice, nosotros hemos visto
y testificamos que el Padre ha enviado al Hijo, el salvador
del mundo. Entonces, hay que reconocerle
como el salvador del mundo. Hay que creer en él. Para eso
vino, es lo que nos dice Juan 3, 17. Porque no envió Dios a
su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo
sea salvo por él. Él es el salvador del mundo.
Pero aunque la salvación está disponible para todos, cada persona
es responsable para ir a recibir esa salvación. Para aceptar esa
salvación. Tenemos que creer. Y el creyente
no vendrá a condenación. Nos dice Juan 5, 24. El que oye
mi palabra y cree al que me envió, tiene vida eterna. Y no vendrá
a condenación, mas ha pasado de muerte a vida. De muerte a
vida. Muerte es el estado antes de
Cristo. Muerte es muerte de nuestros delitos y pecados. Estamos muertos
espiritualmente. merecemos condenación, merecemos
la ira de Dios. Si no hacemos absolutamente nada,
pereceremos en nuestros pecados. Nos dice Juan 3.36, Juan 3.36,
el que cree en el Hijo tiene vida eterna, pero el que rehusa
creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está
sobre él. Entonces, si no crees, si decides
no creer, si te quedas como estás y no
crees en Jesús como el Señor y Salvador, pues vas a recibir
la ira de Dios, vas a sufrir la ira de Dios, porque eso es
lo que mereces. Todos lo merecemos. Solamente aquellos que creen,
solamente aquellos que tienen fe, en la Palabra de Dios y creen
que Jesús realmente murió en la cruz por nosotros. Que Él
es el Salvador. Que Él es Señor. Que Dios aceptó
el pago de Jesús en la cruz por nosotros. Él murió en nuestro
lugar y nos identificamos con Él por la fe. Solamente los que
creen son salvos. Por ello nos dice Juan 3, 18.
Dice, el que en él cree, esto es Juan 3, 18, el que en él cree
No es condenado. Pero el que no cree ya ha sido
condenado. Porque no ha creído en el nombre
del unigénito Hijo de Dios. O sea, lo que enfatiza este texto
es que no todo el mundo será salvo. O sea, no es una salvación
universal. Sí, Cristo murió por todo el
mundo. Dios amó al mundo que mandó a su Hijo para morir por
todo el mundo. Pero no todo el mundo será salvo. ¿Por qué? Porque
no todo el mundo acepta el regalo. No todo el mundo quiere creer.
Y Juan ahora, aquí en versículo 18, no habla del mundo de manera
global, sino hace distinción entre el que cree y el que no
cree. No, lo que hace Juan es resaltar la importancia de la
fe, porque solamente los que creen en Jesús como Señor y Salvador
son salvos. En Juan 1.12, Juan 1.12 dice,
más a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre,
les dio potestad de ser hechos hijos de Dios. No, hay que recibirle
como Señor y Salvador. No es como esa ilustración que
mencioné al principio. Ahí están los 20 dólares americanos. Son tuyos, pero tienes que venir
a por ellos. Tienes que recibirlos. Y entonces
vienen a ser tuyos. Si nunca vas a por ellos, nunca
los recibes, nunca son tuyos, nunca los puedes usar. No son
tuyos, aunque se te ofrecen gratuitamente. Es que hay que creer. Por eso
Juan 1.12 dice, más a todos los que le recibieron, los que creen
en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios. Ya dejamos de ser hijos de Satanás,
hijos de las tinieblas, de la oscuridad, y nos volvemos hijos
de luz, hijos de Dios, herederos del reino celestial. Obtenemos
vida eterna. ¿Cómo podemos hacerlo? Romanos
10, del 9 al 10, dice que si confesares con tu boca que Jesús
es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de
los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree
para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación. Eso es Romanos 10, del 9 al 10.
Resalta que tiene que ser genuino. No algo exterior, sino tiene
que ser desde el corazón. Y es que cada persona necesita
un salvador. ¿Por qué? Porque está bajo la
ira de Dios. Aquel que no quiere creer, acrecienta
su culpabilidad al rechazar al Hijo de Dios. O sea, Dios provee
la solución. Si no la quieres aceptar, pues
eso acrecienta tu culpabilidad. Ya eres culpable, ya estás condenado
delante de Dios. Pero estás rechazando la solución. ¿Qué insensato? Rechazar el antídoto. ¿No? Cuando mi princesita era niña,
ella pisó un alacrán. De niña. Iba descalza, de noche,
pisó un alacrán. La llevaron rápidamente a urgencias. Y tenían el antídoto. ¿Cuán insensato
hubiera sido no tomar el antídoto? ¿Cuán insensato hubiera sido...
Ah, no pasa nada. Vamos a dejarlo así, a ver qué
pasa. Vamos a... Vamos a dormir otra vez. Y a
ver cómo evoluciona la cosa. Nunca se hubiera despertado.
Hubiera muerto. ¿No? Por el veneno que tenía
en su cuerpo. Pero el antídoto. Si no fuera
por el antídoto, ella no estaría viva hoy. Pero hay que ir a por
él. Hay que ir a buscarlo. ¡Hay que
recibirlo! ¡Hay que administrarlo! ¿No? Y esa es la idea. somos culpables
delante de Dios. Lo querramos o no. Querramos
creerlo o no. Somos culpables delante de Dios
porque hemos roto su ley. Y al igual que si tú estás delante
de un juez después de haber matado a una persona, le puedes decir
lo que quieras al juez, pero si eres culpable, hay una justa
condenación para ti. ¿No? Y mereces esa condenación. Y no puedes escapar. Pero lo
maravilloso es que Dios provee una solución. Provee a Jesucristo. Dios encarnado. Y por ello aquí,
volviendo aquí a Juan 3, 18, dice, el que en él cree, no es
condenado. Pero el que no cree, ya ha sido
condenado. O sea, si no se quiere creer,
no hay necesidad de esperar hasta el día del juicio final. El que
rehúsa creer ya está condenado. Como leímos antes ahí en Juan
3.36, el que cree en el Hijo tiene vida eterna, pero el que
rehúsa creer, ese término rehúsa es la idea de no querer hacerlo.
Entonces, el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino
que la ira de Dios está sobre él. Oye, ya está condenado. Y es que la salvación Es solamente
por creer en Jesús. Es por la fe. No nos lo podemos
ganar. Incluso nos menciona Galatas
2.16. Sabiendo que el hombre no es
justificado por las obras de la ley. Sino por la fe de Jesucristo. Nosotros también hemos creído
en Jesucristo para ser justificados. Justificados es la idea de declarados
inocentes. Dice para ser justificados por
la fe de Cristo. Y no por las obras de la ley.
Por cuanto por las obras de la ley, nadie será justificado. Entonces, ¿cómo puedes ser declarado
inocente delante de Dios? Es solamente por creer en Jesús
como Señor y Salvador. Porque entonces, se aplica la muerte
de Jesús sobre tu caso. Y Él nos justifica. Él muere en nuestro lugar. En... Segunda Corintios 5.21
dice, al que no conoció pecado, está hablando de Jesucristo,
por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos
justicia de Dios en él. Entonces, porque él muere en
nuestro lugar, a nosotros al aceptar su sacrificio, al creer
en él como Señor y Salvador, su justicia se nos aplica a nosotros.
Él toma la ira que nosotros merecemos. Él toma nuestras heridas. Incluso
Isaías, Isaías 53, Isaías 53, versículo 4 dice, ciertamente
llevó él nuestras enfermedades y sufrió nuestros dolores. Luego
versículo 5 dice, más él herido fue por nuestras rebeliones,
molido por nuestros pecados, el castigo de nuestra paz fue
sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. Viendo como
él, él sufrió por nosotros. Incluso
en los Dícebres de los Seis, Jehová cargó en Él el pecado
de todos nosotros. O sea, la deuda que nosotros
teníamos que pagar. Cristo la pagó por nosotros.
Y por Él tenemos salvación. Nos dice Romanos 5.1. Justificados. Justificados, o sea, declarados
inocentes. Justificados, pues, por la fe. al creer, ¿no? Tenemos paz para
con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo. Sos Romanos
5, 1. Y entonces, viendo la salvación
que es exclusivamente por medio de Jesucristo. Pero entonces
vemos como el mundo le sigue rechazando. Y eso es lo que explica
ahora, aquí en Juan 3, 19, dice, y esta es la condenación. Que la luz vino al mundo Y los
hombres amaron más las teñieblas que la luz. Porque sus obras
eran malas. Porque todo aquel que hace lo
malo, aborrece la luz. Y no viene a la luz. Para que
sus obras no sean reprendidas. Más el que practica la verdad
viene a la luz para que sea manifiesto que sus obras son hechas en Dios. Ahora lo que hace es presentar
la esencia de la condenación adquirida. O sea, hace una distinción
entre aquellos que rechazan la revelación divina que encontramos
en Jesucristo, y aquellos que se deleitan en Jesús. Porque
aquí mismo, en Juan, y lo leí antes, ahí en capítulo 1, Juan
1, del 1 al 5, pero especialmente voy a leer el versículo 4, y
dice, en él estaba la vida. Está hablando de de Dios Hijo,
está hablando de la segunda persona de la Trinidad, dice, en él estaba
la vida y la vida era la luz de los hombres. La luz en las
tinieblas resplandece y las tinieblas no prevalecieron contra ella.
Saltando al versículo 9, aquella luz verdadera que alumbra a todo
hombre venía a este mundo. O sea, está identificando a Jesús,
Jesucristo, como la luz. Incluso Jesús mismo en Juan 8,
12. Dijo, yo soy la luz del mundo. El que me sigue no andará en
tiñeblas, sino que tendrá la luz de la vida. Eso es Juan 8,
12. Entonces, cuando vemos aquí,
volviendo a Juan 3, está hablando de que hay algunos que rechazan
la luz, rechazan la salvación que se encuentra exclusivamente
en Jesucristo. Rechazan a Jesucristo, rechazan
el Evangelio, rechazan la palabra de Dios y por ello continúan
en las tiñeblas. Jesús es quien es la luz. Y aquellos
que acuden a Él, andan en luz. Y andan en sus caminos. Y es
que con la encarnación del Verbo de Dios, la luz resplandeció
en la oscuridad. Pero la humanidad, prefirió vivir
sin el conocimiento de Dios. Incluso hoy en día lo vemos,
¿no? Prefieren vivir de acuerdo a sus propios planes. Y por ello
viven en la oscuridad. Y es que la razón por la que
el hombre no quiere la luz es porque sus obras son malas. No
están dispuestos a vivir conforme a la verdad. No están dispuestos
a someterse a Dios, a reconocer su error. No están dispuestos
a arrepentirse de su pecado. No están dispuestos a cambiar
su forma de ser, su forma de vivir, sus obras. Estiman su
orgullo más que la integridad, más que la fe. Y aquellos que
escogen la oscuridad, lo que están haciendo es escoger la
condenación. Están inmersos en su pecado y
no quieren que nadie les interrumpa. Y al escoger las tiñeblas, se
condenan a sí mismos. Porque ya están condenados. Por
eso nos dice aquí versículo 19, esto es Juan 3, 19. Esta es la
condenación. ¡Que la luz vino al mundo! O
sea, El Hijo de Dios vino al mundo. Dios le mandó por su amor. Para salvar. Él vino al mundo.
Pero, ¿qué pasó? Los hombres amaron más las ceñieblas
que la luz. Porque sus obras eran malas.
Y ahora, en el siglo XX, desarrolla su explicación. Dice, porque
todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz. Y no viene a
la luz. Para que sus obras no sean reprendidas
O sea, la pregunta es ¿cómo es que los malhechores rechazan
la luz? Es porque la odian. Un malhechor
¿qué es lo que hace? Hace cosas malas a escondidas. A veces no tan escondidas. Pero
lo que no quieren es que les pillen. Y no quieren que salga
a la luz. No, hay muchas personas que cuando
por fin las pillan están extremadamente avergonzadas porque tienen que
dar la cara delante de sus familiares, delante de su comunidad. Y dicen,
guau, cómo puede ser que esta persona haya sido tan mala, ¿no?
Les avergüenza. ¡No quieren que su maldad salga
a la luz! Y por eso dice versículo 20,
porque todo aquel que hace lo malo aborrece la luz y no vía
la luz para que sus obras no sean reprendidas. O sea, no quiere
la luz porque la luz pone el descubiertoso sobre las malas.
Nosotros entendemos esa idea de la luz. Si entras en un lugar
oscuro, no ves nada. ¿No? Está oscuro, totalmente
oscuro. ¿Qué es lo que necesitas para
poder ver la luz? ¿Y qué es lo que hace la luz?
Ilumina. Ilumina el cuarto. ¿No? Es como
una madre que le ha dicho a su hijo, ¡Hijo! ¡Limpia tu cuarto! Cuando vuelva de comprar, más
vale que esté limpio. ¿Qué es lo que hace el niño?
Pues, sólo limpia lo que es visible. Al pasar la madre por el pasillo,
si echa un vistazo a su cuarto, parece que está limpio. ¿No?
Y quizás, deje las luces apagadas. ¿Por qué? Porque si está oscuro,
se ve menos. ¿No? Porque no quiere que su
madre se dé cuenta de que realmente no ha limpiado tanto como debería
de haber limpiado. Porque luego va a haber consecuencias.
Es la misma idea, ¿no? La luz revela. Y al ser pecadores
no queremos que se revele nuestro pecado. Y por ello me entiendo
de esa idea. Versículo 20, porque todo aquel
que hace lo malo aborrece la luz y no viene a luz para que
sus obras no sean reprendidas. O sea, no quiere la luz porque
la luz pone al descubierto sus malas obras. La luz exhibe la
vergüenza y la culpa. Y el que aborrece la luz intenta
evitar esa vergüenza. Intenta evitar la culpa. Pero
el que no va a la luz muestra incredulidad. Muestra que no
cree. Porque nos dice versículo 21.
Más el que practica la verdad viene a la luz. para que sea
manifiesto que sus obras son hechas en Dios. O sea, el que
ya ha acudido a la luz está extremadamente contento a ir a la luz. No tiene
nada que esconder. Porque ha sido perdonado. Porque
Dios perdona. Como nos dice 1 Juan 1.9 Dice
que si confesamos nuestros pecados Él es fiel y justo para perdonar
nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad. Eso es 1 Juan
1, 9. O sea, si confesamos nuestros
pecados, Dios nos perdona. Y entonces, el que acude a la
luz buscando perdón, buscando salvación, no tiene nada que
esconder porque ha sido perdonado. Y por ello aquí vemos esta alternativa,
aquí en versículo 21. Dice más, el que practica la
verdad viene a la luz. O sea, la alternativa es practicar
la verdad. O sea, que es la idea de actuar
con fidelidad. Es la persona que actúa con honradez
y por eso no teme la luz. Un malhechor ve a la policía
y automáticamente teme o a lo mejor se va corriendo o lo que
sea, pero si viene la policía corriendo de repente les notas
con las luces prendidas viniendo hacia ti, si no has hecho nada
malo, no tienes nada que temer. Si eres malhechor, sí tienes
que temer. Entonces, incluso durante un
par de años, mi esposa y yo vivimos al lado de un guardia civil. ¿Teníamos que temer? No. Mientras no hagas nada malo,
no tienes que temer. Es esa idea. Y entonces, la persona
que practica la verdad lo hace por su fe en la verdad de Jesús. El que ama la luz no hace desfilar
sus obras, sino que sus obras demuestran su unión con Dios. O sea, no es que la persona que
anda en la luz está diciendo ¡Mirad mis obras! ¡Mirad qué
bueno soy! No. Pero las obras van a demostrar
de su fe en Dios. Y por eso nos dice, para que
sea manifiesto, que sus obras son hechas en Dios. Y es que el propósito de este
texto es alertar. Alertar del peligro real. El
peligro inminente de rechazar la luz. Si rechazas la luz, si
rechazas a Jesucristo como Señor y Salvador, entonces te encuentras
en la oscuridad, te encuentras condenado delante de Dios. Aquellos
que rechazan la luz continúan siendo condenados por sus pecados. Pero aquellos que buscan la luz
por la fe, ganan la vida eterna. Por eso nos dice aquí en Juan
3, 15 y 16, para que todo aquel que en él cree no se pierda,
mas tenga vida eterna. Porque de tal manera Amodius
al mundo que ha dado su hijo unigénito para que todo aquel
que en él cree no se pierda, mas tenga vida eterna. Realmente nos está presentando
la importancia de creer. Nos está alertando de que no
lo dejemos para otro día, de que busquemos que nos demos cuenta de lo inminente
que es el peligro si no creemos en Jesús como Señor y Salvador.
El amor de Dios es real. El amor de Dios es real. Pero
al mismo tiempo la condenación también es real. Por eso no lo
rechaces. Cree en Jesús como Señor y Salvador
Ahora, quizás estás aquí y tú ya has puesto tu fe y confianza
en Jesús como Señor y Salvador. Pues, al recordar ese texto,
te puedes gozar en que has sido rescatado de las tinieblas. Has sido rescatado del poder
del pecado. Has sido rescatado de... de... el castigo eterno, de la
ira de Dios, del lago de fuego. Y puedes gozarte en esa verdad. Y debes de vivir en esa verdad. Debes de poner en práctica las
obras de la luz. Debes de vivir como Dios desea
que vivas. Debes de dar a conocer a todos
las buenas nuevas de salvación por medio de Jesucristo. Pero
si estás aquí y nunca has puesto tu fe y confianza en Jesús como
Señor y Salvador, si estás aquí y no estás en la luz, Hoy es el
día de salvación. Hoy es el día que debes de acudir
a Jesús. Creer en Él. Para ser salvo. Viendo aquí el gran amor de Dios. En que siendo pecadores. Eso
es lo que nos resalta Romanos 5-8. Cuando nos dice. Mas Dios muestra su amor para
con nosotros. En que siendo pecadores. Cristo murió por nosotros. O sea, Él murió en nuestro lugar. Qué insensato sería rechazar
la salvación. Rechazar al Salvador. Rechazar
el amor de Dios, que Él nos da gratuitamente, pero lo tenemos
que creer, lo tenemos que aceptar. Es que el amor de Dios es real.
No lo rechaces. Vamos a terminar en oración.
El amor de Dios es real; no lo rechaces
Series Juan
| Sermon ID | 6423170585036 |
| Duration | 57:28 |
| Date | |
| Category | Sunday Service |
| Bible Text | John 3:16-21 |
| Language | Spanish |
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