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Romanos capítulo 9, versículos del 6 al 9. Pueden tomar asiento. Romanos
9 del 6 al 9 dice, no que la palabra de Dios haya fallado,
porque no todos los que descienden de Israel son israelitas, ni
por ser descendientes de Abraham son todos hijos, sino en Isaacte
será llamada descendencia. Esto es, no los que son hijos
según la carne son los hijos de Dios, sino que los que son
hijos según la promesa son contados como descendientes. Porque la
palabra de la promesa es ésta. Por este tiempo vendré y Sara
tendrá un hijo. Oremos. Dios, muchas gracias
por la oportunidad que nos das en esta mañana de escuchar tu
palabra predicada libremente. Gracias porque podemos venir
a esta tu casa, escuchar el mensaje que tienes para nosotros, sin
tener que escondernos, sin tener que andar bajo tierra, sin tener
que temer por nuestras vidas, sino que podemos escuchar con
libertad, sin distracción, sin temor. Y queremos pedirte, oh
Dios, que bendigas este tiempo, que bendigas a cada uno de nosotros,
que bendigas nuestros corazones y nuestras mentes, que nos ayudes
a ver la luz de tu palabra y a seguirla, y que nos ayudes a contemplar
la gloria de tu Hijo Jesucristo. Gracias, Padre Santo, porque
sabemos que Tu Espíritu está en medio de nosotros, haciendo
una labor milagrosa en nuestras vidas. Descansamos en Su obra,
en el nombre de Jesús. Amén. Pablo ha anticipado en el sermón
anterior que algo podría no estar bien con los judíos. Él dijo,
yo quisiera ser anatema, estaría dispuesto a perder mi salvación
si con eso asegurara la salvación de mis compatriotas. Pero no
lo pone en esos términos, dice nada más, por amor a mis compatriotas,
por amor a los otros judíos, a mis hermanos, yo estaría dispuesto
a ser separado de Cristo. No ha
dicho exactamente qué es lo que está mal con los judíos, no ha
entrado en ese tema específicamente todavía, pero está como preparando
el camino porque es un tema sensible y está escribiendo acerca de
su pueblo, de su nación, y no lo quiere hacer de manera insensible.
Lo quiere hacer con amor, con cautela y con verdad, pero con
gracia. Y entonces se anticipa a posibles
objeciones que podrían surgir en la mente de un judío que estuviera
leyendo la carta. Y lo primero que dice es, no
es que la palabra de Dios haya fallado. No es que haya un problema en
la promesa o que haya quedado invalidada la promesa de Dios
para con el pueblo judío. No es eso lo que estoy a punto
de decir. De hecho, eso sería inconsistente
con la fidelidad de Dios. Pensar que su palabra ha fallado.
Pero lo cierto es que el Mesías había venido a ellos. El Mesías
había venido de ellos. pero no sólo había venido por
ellos, había venido por gentiles también. Y los que rechazan al
Mesías son rechazados por Dios, sean gentiles o sean judíos.
Y eso es de lo que está hablando Pablo, el tema que está queriendo
tocar, es que no se trata solamente de ser judío, se trata de que
el Mesías vino de los judíos y quien rechaza al Mesías, judío
o no, ¿Es rechazado por Dios? Todavía no lo ha dicho directamente,
pero va para eso. Entonces, ¿queda invalidada la
promesa de Dios para con el pueblo judío? La respuesta es no. Un
rotundo y absoluto no. La Palabra de Dios no ha fallado.
Literalmente lo que se traduce como que si ha fallado es si
ha caído. ¿Ha caído la Palabra de Dios
como que ha quedado sin efecto? No. La Palabra de Dios no ha
caído. La Palabra de Dios no ha fallado. La Palabra de Dios no es Falsa. La Palabra de Dios no es infiel. No queda sin efecto. Dios no
ha roto sus promesas para con el pueblo de Israel. Eso no es
lo que está pasando. A Israel y a los patriarcas se
les hicieron promesas y esas promesas se sostienen. Esas promesas
van a seguir en pie y seguirán en pie. Y es más, se cumplen
en la persona de Cristo. Entonces, Pablo les está advirtiendo
de antemano, no piensen que la promesa que Dios les hizo a sus
padres judíos, ha fracasado. ¿Dios qué prometió a los patriarcas? Una descendencia numerosa. ¿Les
prometió la tierra prometida? ¿Les prometió bendición? ¿Y que en su familia serían bendecidas
todas las familias de la tierra? ¿Se ha perdido esa promesa? ¿Ha
caído esa promesa? ¿No? El pacto hecho con Abraham,
con Isaac y con Jacob no ha sido anulado. Pero, dice Pablo, hay
una explicación a todo esto. No todos los que descienden de
Israel son israelitas. Eso suena bien raro, ¿cierto? Porque la definición de israelita
es descendiente de Israel. Por definición, el término israelita
significa hijo de Israel. Y ahora está diciendo, no todos
los que descienden de Israel son israelitas. Los judíos creían
que la promesa a Abraham y la promesa a la descendencia de
Abraham, era una promesa sellada en la circuncisión Y que básicamente,
si usted era hijo de Abraham, y si era circuncidado, tenía
la promesa garantizada. Eso era lo que creían los judíos.
Creían que simplemente por ser descendientes de Abraham, eran
herederos, automáticamente, creyeran o no. Automáticamente, por ser
hijos de Abraham, eran herederos de la promesa. Entonces, ¿qué
era lo que necesitaban? Simplemente nacer de Abraham.
Eso es todo. Nacer de Abraham, ser circuncidado
si es varón y listo, usted es salvo genéticamente. Esa era
la idea que tenían los israelíes, salvos genéticamente. La salvación,
sin embargo, como vimos el domingo pasado, no se hereda. La salvación
no se transfiere legalmente. Yo no puedo transferirle mi salvación
a mis hijos. La salvación no se pega por contagio. ¿Verdad? Yo puedo andar rodeado
de creyentes toda mi vida. Eso no significa que yo soy creyente. Entonces, no por ser israelita
por sangre, se es israelita espiritual. Entonces, Pablo está usando el
término israelita de una manera diferente. Dice, no por ser hijo
de Israel, es israelita realmente. Entonces, ¿qué significa ser
israelita? Lo está usando como sinónimo
de creyente, del verdadero Israel. El verdadero pueblo de Dios son
los que han aceptado al Mesías, los que le recibieron. Esos fueron
constituidos hijos. de Dios. Esos recibieron el derecho,
la potestad de ser llamados hijos de Dios. No así los que no lo
recibieron. Y para este tiempo en el que
Pablo está escribiendo, la mayoría de judíos no son verdaderos israelitas. La mayoría de judíos estaban
en el juicio de Cristo, clamando su crucifixión, demandando que
muriera. Lo habían rechazado y lo habían
asesinado. Esa era la realidad del pueblo
judío en este momento. E iban a recibir un juicio fuerte,
a raíz de su incredulidad, el desecho final, cuando el templo
fuera destruido y la nación de Israel dispersada. El juicio
de Dios. por su incredulidad. Entonces,
la promesa no está atada a la sangre. Ese es el punto de Pablo,
no está atada a la sangre, la promesa está atada a la fe. Son
los hijos de Abraham por medio de la fe. Eso también implica y prepara
el camino para lo que Pablo va a introducir dentro de poco,
que no solamente entonces son los de sangre los que son hijos
de Abraham y por lo tanto eso significa que otros que ni siquiera
son hijos de Abraham por sangre pueden ser hijos de Abraham por
la fe y allí mis hermanos estamos nosotros nosotros no somos hijos
de Israel genéticamente. No somos, tal vez algunos tengamos
algunos rastros judíos, pero no somos hijos de Israel genéticamente
en nuestra mayoría y sin embargo somos verdadero Israel por la
fe. Pero eso Pablo lo va a hablar
más adelante. En el versículo 7 dice, ni por ser descendientes
de Abraham son todos hijos, sino en Isaacte será llamada descendencia. De nuevo, hay un remanente dentro
de un grupo más grande. Está, los hijos de Israel no
son todos israelitas. O sea, hay un grupo más pequeño,
llamados israelitas, dentro de los israelitas. Y ahora dice,
no todos los descendientes de Abraham, ese es el grupo grande,
son verdaderamente hijos. Y entonces, ahí hay un grupo
más pequeño, esos hijos descendientes de Abraham, de manera natural,
no necesariamente hijos espirituales de Abraham. La herencia prometida
a los hijos de Abraham, entonces, no es de todos los hijos de Abraham. Y, de hecho, Pablo va a hacer
un ejemplo de esto muy pronto, para que entendamos las sombras del Antiguo Testamento
de esta realidad. Pero lo cierto es que aquí nada
más tengamos claro que no está hablando de hijos de Dios como
en términos de adopción. Está hablando de hijos de Abraham,
de la generación de Abraham. Dice, no todos por ser descendientes
de Abraham son hijos verdaderos de Abraham. No está hablando
de hijos de Dios. Estrictamente, aunque son el
mismo grupo, ¿verdad? Pero no ese es el término. Hijos,
aquí se aplica a Abraham específicamente. ¿Y cómo lo sabemos? Por el ejemplo
que viene a continuación, que dice, si no, en Isaac te será
llamada descendencia. En Isaac te será llamada descendencia. ¿Quién más era descendiente de
Abraham aparte de Isaac? Ismael, ¿cierto? Él tuvo otro
descendiente, Ismael. Ismael también es hijo de Abraham
genéticamente, pero no es verdaderamente hijo de Abraham en el sentido
de la promesa, el hijo de la promesa o el hijo prometido fue
uno solo, de ellos dos, Isaac. Y el mismo punto aplica entonces,
Ismael fue hijo natural, pero no heredero de la promesa, él
no heredó la promesa del Evangelio, Ismael. Ismael fue rechazado,
aunque era hijo natural de Abraham. Así también los israelitas, está
diciendo Pablo, pueden ser rechazados, aún siendo hijos genéticos de
Abraham. Es en Isaac, dice Pablo, es en
Isaac, que te será llamada descendencia. Es por medio de Isaac, es a través
de Isaac o a partir de Isaac que te será llamada descendencia. Estas son las palabras que Dios
le dijo a Abraham. Se puede entender como que él
será contado como tu descendiente en el sentido de que hablamos
de Isaac como descendiente y no mucho pensamos en Ismael como
descendiente, ¿cierto? A pesar de que Ismael es hijo
de Abraham. Pero también creo que tiene que
ver con la descendencia que vendría a través de Abraham, la descendencia
prometida, o sea, perdón, a través de Isaac, la descendencia prometida
vendría a través de la línea de Isaac, una descendencia numerosa
como las estrellas del cielo y como la arena del mar, pero
también una descendencia a través de la cual serían bendecidas
todas las familias de la tierra. Y creo que esto tiene un doble
cumplimiento en la persona de Cristo. Cristo es el descendiente,
el descendiente en singular, la simiente en singular prometida. Y a través de este hijo prometido,
a través de Jesucristo, hay bendición para todas las familias de la
tierra. Y entonces, si sumamos a todos los creyentes en Jesucristo
que han vivido, viven y vivirán, se cumple la promesa hecha a
Abraham. de que tendría una descendencia
numerosa como las estrellas del cielo y como la arena del mar.
Son los creyentes los que cumplen esa promesa. Es en los creyentes
en Jesucristo que se cumple esa promesa. Ellos son los que serán
llamados descendencia. Es en Isaac que se hará ese llamado. Es en Isaac que se contarán a
los descendientes de Abraham. Y también podría ser una alusión
al llamado eficaz, ser llamado descendiente de Abraham, ser
llamado descendiente conforme a la promesa, porque es Dios
el que llama a quien Él ha ordenado para ser descendiente según la
promesa. En este caso a Isaac y a través
de él a todos los creyentes. a través de Él, porque el Mesías
vendría de su linaje. Los llamados internamente, los
llamados por el Espíritu Santo, los llamados de manera eficaz
por Dios, somos salvos por esa descendencia, por el Mesías.
Y vean cómo lo remacha en el versículo 8, Esto es, dice, no
los que son hijos según la carne son los hijos de Dios, ahora
sí está hablando de hijos de Dios, no los que son hijos según
la carne son los hijos de Dios, sino que los que son hijos según
la promesa son contados como descendientes. No los que son
hijos según la carne. No los que son descendientes
naturales de Abraham, Isaac e Israel. Los hijos, en términos humanos,
no son los hijos de Dios. Estos son hijos, pero no necesariamente
hijos de Dios. No en términos espirituales.
Los que son hijos según la promesa. Estos hijos no nacen de manera
ordinaria. espiritualmente, pero Dios también deja sombras de
esa naturaleza extraordinaria de los hijos de Dios en la historia
misma de Abraham, de Isaac y de Jacob. ¿Conocen la historia de
Ismael? Cómo él nació de manera muy ordinaria. Sara dijo, no, yo ya estoy muy
viejita para tener hijos, entonces le voy a dar a Abraham, a mi
sierva Agar. y que ella tenga hijos en mi
nombre. Eso era una práctica común de
la época. De hecho, varios de los hijos
de Israel nacieron en esos términos. ¿verdad? Estaban Lea y estaba
Raquel, y estaban las siervas de Lea y de Raquel, y todas ellas
tuvieron a los hijos de Israel. Pero en este caso, es como que
Sara está pensando en términos humanos y dice, bueno, yo no
puedo, pero vamos a hacerlo a través de Agar. Y entonces, nace Ismael
de una manera nada extraordinaria, de una manera común y corriente. Y Dios dice, no es este. Porque
mis hijos, los hijos de la promesa, van a nacer de manera extraordinaria.
Y entonces dice, no, Abraham va a ser su esposa Sara, la que
va a tener un hijo. Y es a través de ella que va
a nacer el hijo de la promesa. ¿Y por qué fue esto extraordinario? Porque Sara estaba mayor, y no
solamente estaba mayor, sino que había sido estéril toda su
vida. Entonces, en condiciones normales no habría podido tener
hijos. Y ahora que está avanzada en
años, mucho menos iba a poder tener hijos. Y en esas condiciones
extraordinarias, nace Isaac. No según la carne. No según lo
ordinario, la generación normal. Sino de manera milagrosa y extraordinaria. Nace Isaac, el hijo de la promesa. Cuando ambos andaban cerca de
los 100 años. completamente extraordinario. Y de allí son contados sus descendientes,
y a través de él, otros hijos extraordinarios, no nacidos en
términos humanos, sino nacidos en términos de Dios. Y el error
de los judíos es que sólo pensaban en términos humanos. Nosotros cometemos el mismo error
cuando se trata de la promesa del Evangelio. Pensamos en términos
humanos. Nosotros decimos, ese no, ese
es demasiado pecador. Demasiado pecador. Demasiado.
Es muy malo. Esa persona es muy, muy mala.
No podría salvarse. Jamás. ¿Acaso no éramos nosotros
todos pecadores incapaces de salvarnos? ¿O cree usted que
tal vez usted no era tan pecador? que tal vez su pecado contra
el Dios tres veces santo no era tan grave o que tal vez usted tenía más
posibilidades de creer porque no estaba tan mal, tan perdido. A veces podemos decir, no, esta
persona no lo entendería. No puede Dios salvar a alguien
con limitaciones de entendimiento. He escuchado de gente que dice
qué lástima que está en no sé en que tiene algún tipo de retraso
dificultad mental entonces no podría creer en dios porque tiene
retraso ¿Cuándo se ha tratado de nuestra capacidad mental?
¿Cuándo ha sido el factor determinante de nuestra salvación poder entender?
¿No puede Dios hacer entender a un niño? ¿No puede Dios hacer
entender a una persona que parece no tener entendimiento? ¿No se
trata de eso, el milagro de la salvación? Nosotros éramos bien
burros en términos espirituales. Si el Espíritu Santo no hubiese
iluminado nuestras mentes y corazones, no estaríamos mejor que una persona
con dificultades para entender. Podríamos decir, no, a ese ya
le he hablado tantas veces, ya hay un límite, se llega a un
punto en el que uno dice, ya le hablamos X cantidad de veces,
ya más de eso, ya no. Funciona así el Evangelio. O deberíamos más bien insistir,
y persistir, y persistir, porque quizá esta vez sea la que el
Señor utilice para salvarlo. Quizá necesita una predicación
más. Quizá necesita una exposición
más al Evangelio. Dejemos de pensar en términos
humanos. No hay una cantidad máxima de
veces que debamos compartir el Evangelio a la misma persona. No menospreciemos por edad tampoco
a nuestros hijos. Tal vez pensamos, no, son muy
pequeños, muy maduros, no tienen la edad suficiente, o cuando
vemos a un niño, quizá no nuestro. No hay una edad mínima para ser
salvo. La Biblia no dice que hay una
edad mínima. Es más, mis hermanos, Jeremías
fue elegido desde antes, desde el vientre de su madre. Y el
mismo Juan el Bautista, acaso no saltó él en el vientre, cuando
escuchó la voz de la madre de su Salvador, en el vientre de
su madre Elizabeth, brincó de alegría? No hay una edad mínima. Dios puede, es que ese es el
punto, es el Dios extraordinario, el Dios de lo imposible, el que
salva. No pongamos condición al Evangelio. No pongamos condiciones humanas.
No pongamos factores o circunstancias que deberían cumplirse según
nuestra imaginación humana. Dios es el que salva y lo hace
de manera extraordinaria. ¿Qué vamos a hacer con nuestros
niños mientras son pequeños? ¿Qué? ¿No les hablamos del Evangelio
porque están muy pequeños? ¿Hay alguien a quien Cristo no
pueda salvar? ¿Hay alguien que esté tan perdido,
tan mal, que la sangre de Cristo no alcance para salvarlo? No importa de qué familia venga,
no importa la edad que tenga, no importa las circunstancias
en las que se encuentre, no importa cuántas veces usted le haya hablado
del Evangelio, no importa si lleva una vida demasiado desordenada,
si está envuelto en todo tipo de vicios y pecados, ¡no importa! Porque la elección de Dios no
es en términos humanos. La salvación de Dios no ocurre
en términos humanos. ¿Cuál es el factor determinante?
La obra del Espíritu Santo en el corazón del que oye. Ese es
el factor determinante. Desde el niño hasta el encarcelado
por homicidio, la obra del Espíritu Santo es la que hace que el corazón
se incline hacia Dios y abrace a Jesucristo. Y mis hermanos,
ahí ni usted ni yo tenemos ningún poder. Ni usted ni yo tenemos
la última palabra. La elección de Dios se cumple,
el llamado de Dios se cumple. Nosotros no sabemos quién es
sí y quién es no. Y no es nuestro deber saber quién
es sí y quién es no. Muchas veces la obra del Espíritu
Santo empieza de manera imperceptible. Y quiero que pensemos en nuestras
interacciones con nuestro prójimo. No sabemos qué está pasando en
sus corazones, no sabemos si el Espíritu Santo ya ha estallado
una chispa en sus corazones y lo único que necesita es que usted
les hable, que les lleve el Evangelio, que les hable de Cristo. Es más,
no sabemos si usted les va a hablar del Evangelio y 20 años después
Eso que usted les dijo, va a rendir fruto y van a creer. No lo sabemos,
no tenemos cómo saberlo, no nos corresponde saberlo, pero debemos
vivir nuestra vida a la luz del Dios de lo extraordinario, del
Dios cuyos hijos nacen de manera extraordinaria, y abrazar esa
imposibilidad aparente a nuestros ojos, y decir nuestro Dios puede. donde el hombre no puede, donde
parece que todo va en contra, donde parece que todas las circunstancias
apuntan a que no, Dios puede decir sí, y si Él dice sí, es
sí. A veces hacemos lo contrario
y cometemos el error contrario de pensar, más bien, demasiado
bien de nuestro prójimo en términos humanos. Y hablamos un poco de
esto, ¿verdad? Ay, es que es tan bueno que, de fijo, a este
mejor le hablo del Evangelio porque es tan bueno que lo único
que le falta es creer en Jesús. Es tan inteligente. Este sí me
va a entender. Este sí va a entender la Palabra.
Muy educado. Ay, este se nota que le gusta
leer, se nota que le gusta la Biblia, y vean cómo va la iglesia
todo el tiempo, sólo le falta creer, sólo le falta creer el
Evangelio. Pero es tan maduro, es tan correcto,
tan de buena familia, tan sensible a las cosas de Dios,
tan espiritual, en los términos actuales de espiritualidad. o tal vez vemos sus obras y decimos,
no, es que es una persona muy justa, muy recta, que busca hacer
el bien, que busca ayudar a los demás, hace obras de misericordia
todo el tiempo, es muy generoso, solo le falta creer. Sus papás son creyentes, solo
le falta creer. De nuevo, no es en términos humanos. No es en términos humanos. Y
no estoy diciendo que no le prediquemos a ese que parece tener todas
las posibilidades. Es que entendamos que aún para
ese es imposible. A menos que Dios haga la obra.
La obra extraordinaria de salvación. el pecador empedernido, el falto
de entendimiento, el necio, el inmaduro, aquel por el que nadie
daría un centavo, el asesino, el ladrón, el drogadicto, el
criminal, el malhablado, el mentiroso, el idólatra, el homosexual, el
adúltero, el fornicario, a lo peor de lo peor. Dios lo puede
salvar. ¿Acaso hay algo imposible para
Dios? Esa fue la pregunta que Dios
les hizo a los patriarcas. ¿Acaso hay algo imposible para
Dios? Y hablando con sus discípulos
acerca de lo difícil que parece que una persona rica se salve,
Jesús dijo, lo que es imposible para el hombre, es posible con
Dios. La palabra de la promesa fue
esta, Por este tiempo vendré y Sara tendrá un hijo. Si Dios
pudo darle un hijo a la anciana estéril, ¿no puede salvar lo
insalvable? Porque la palabra de la promesa
es ésta, la promesa que no quedó invalidada, la promesa que no
falla. Por este tiempo vendré y Sara tendrá un hijo, a Isaac. Y luego Isaac se casa. con una
estéril, Rebeca, y de ella nace Jacob, que luego se llaman Israel. Y de él nacen todos los padres
de la nación de Israel. Y de ese linaje imposible, de
dos mujeres estériles, de ese linaje imposible, viene Jesús,
el Mesías, el verdadero hijo de la promesa, que nació de una
mujer que no conocía a Barón. de una Virgen. De nuevo, extraordinario,
imposible en términos humanos. Ese Jesús logró la salvación
de una manera imposible en términos humanos. Para vencer la muerte,
murió. Para vencer el pecado, se echó
encima todo el pecado. Para vencer a Satanás, fue muerto. por Satanás y sus secuaces en
un reino gobernado por Satanás. Y Satanás creyó haber ganado,
pero le mordió el calcañar y Jesucristo le aplastó la cabeza. El hijo
de la promesa. Y luego cada historia de salvación
después de la venida de ese Hijo imposible que realizó la obra
imposible, es una historia milagrosa. Su historia, mi historia y de
todos los creyentes que se sumen a la Iglesia de Cristo y que
se han sumado y que se sumarán, cada una es una historia imposible. Cada una es una historia extraordinaria. Confiemos entonces en esa palabra
que no falla. Confiemos en ese Evangelio que
no regresa vacío. Confiemos entonces en que la
promesa de Dios en Jesucristo no ha caído. No ha caído. Y prediquemos el Evangelio, a
tiempo y fuera de tiempo, a todos los que estén dispuestos a escuchar
y aún a los que no quieran escuchar, porque en términos humanos puede
parecer imposible, pero para Dios es posible. Y veamos cómo
el Señor sigue añadiendo de manera imposible y extraordinaria a
personas imposibles de salvar, a su familia conformada por imposibilidades. Estos somos nosotros. los hijos
de Abraham, de Isaac y de Jacob conforme a la promesa. Nosotros
somos el verdadero Israel. Amén.
Según la promesa
Series Romanos
| Sermon ID | 620241631204345 |
| Duration | 31:46 |
| Date | |
| Category | Sunday - AM |
| Bible Text | Romans 9:6-9 |
| Language | Spanish |
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