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Bien hermanos, vamos a abrir
nuestras Biblias por favor en la carta a los Gálatas. Gálatas capítulo 2. Vamos a leer del verso 1 al verso
6. Ahí estará nuestra meditación
de esta tarde. Voy a leer para ustedes, hermanos.
Ustedes siguen ahí con su vista. Después de la lectura, hermanos,
vamos a venir en oración al Señor. Es así la palabra de Dios. Después, pasados catorce años,
subí otra vez a Jerusalén con Bernabé, llevando también conmigo
a Tito. Pero subí según una revelación,
y para no correr o haber corrido en vano, expuse en privado a
los que tenían cierta reputación el Evangelio que predico entre
los gentiles. Mas ni aun Tito, que estaba conmigo,
con todo y ser griego, fue obligado a circuncidarse. Y esto a pesar
de los falsos hermanos introducidos a escondidas, que entraban para
espiar nuestra libertad que tenemos en Cristo Jesús, para reducirnos
a esclavitud, a los cuales ni por un momento accedimos a someternos
para que la verdad del Evangelio permaneciese con vosotros. Pero
de los que tenían reputación de ser algo, lo que hayan sido
en otro tiempo, nada me importa. Dios no hace acepción de personas,
a mí pues, los de reputación, nada nuevo me comunican. Amén. Vamos a orar al Señor. Padre nuestro que estás en el
cielo, le damos gracias Padre que nos has permitido adorar
y glorificar tu precioso nombre Señor. Ha llegado el momento
Padre de escuchar lo que tú tienes para nosotros. Te rogamos Dios
eterno que nos ayudes a oír Padre tu palabra, a atesorarla Señor,
a meditar en ella Padre. Te pido también que me ayudes
a ser un expositor fiel de tu palabra, Señor. Que hable conforme
a lo que tú has dejado, Padre, para que nosotros lo retengamos
en esta tarde, Padre, y nos abandonamos en tus preciosas manos, Dios
eterno, en el nombre maravilloso y poderoso de Jesucristo, nuestro
único y suficiente Salvador. Amén y Amén. En Génesis 11, hermanos, se relata
la historia de Babel, donde el hombre intentó alcanzar el cielo
por sus propios medios. La mayoría de los que estamos
aquí conocemos esta historia. Dios los confundió y los dispersó
por toda la tierra, demostrando que esto es imposible. No se puede llegar al cielo,
hermanos, por medio de nuestras obras. Sin embargo, el hombre
sigue pensando que puede obtener el cielo con sus esfuerzos, y
no acepta, al menos en la práctica, que esto sólo se obtiene por
la gracia de Dios sin las sobras. La idea de tengo que hacer algo
por mi salvación, ya sea antes o después de que Cristo me alcanzó,
persiste en nuestra mente. Incluso desde los púlpitos se
predica con temor el Evangelio de la gracia, pues persiste el
temor de que lleve al libertinaje. Y por eso se añade un pero a
la salvación. Eres salvo, pero tienes que bautizarte,
participar de la cena del Señor, predicar de Cristo. De esta manera
se complementará tu salvación. en manos de Christo nos ha liberado
de la ley mosaica, no debemos imponer una nueva ley inventada
por nosotros a los nuevos convertidos. Nada de lo que hagamos puede
ganar puntos ante el Señor, ni antes ni después, es por gracia. De otra forma, estaríamos cobrando
al Señor por portarnos bien, lo cual contradice el Evangelio
de Cristo. Es fácil, hermanos, ver el legalismo
en otras personas y en otras iglesias, pero nosotros mismos
podemos estar fomentandolo en nuestra congregación. Por ejemplo,
pensamos que ser puntuales en la iglesia nos da un punto extra.
Que asistir cada ocho días nos da dos puntos más. Que tomar
la Santa Cena suma otros tres puntos más y así sucesivamente. Efesios 2, 9 dice claramente
que somos salvos no por obras para que nadie se gloríe. La
obra ya la hizo el Señor Jesucristo. Él cumplió a la perfección la
ley que tú y yo no podríamos haber cumplido. Al final, somos
salvos por obras, pero no son tus obras, sino las obras perfectas
de Jesucristo. Entonces, hermanos, ¿por qué
seguir intentando encontrar salvación cumpliendo una serie de normas? Pablo trata este tema en esta
porción que acabamos de leer, y en esta tarde aprenderemos
que si el Evangelio de Cristo nos ha hecho libres, debemos
vivir en plenitud esa libertad, buscando la unidad en Cristo,
abandonando las reglas que esclavizan y demostrando con nuestras vidas
el poder transformador de esa libertad. Pablo continúa, hermanos, defendiendo
su apostolado y su evangelio que fueron recibidos directamente
del Señor Jesucristo. En los versos anteriores demuestra
que al convertirse, dice que no consultó con carne y sangre,
ni fue a Jerusalén para que no se dijera que aprendió de los
apóstoles, En lugar de eso, dice que fue a Arabia y luego volvió
a Damasco. Después de tres años, subió a
Jerusalén para ver a Pedro y a Santiago, el hermano del Señor. De allí
fue, dice, a Siria y Cilicia. En el capítulo dos, hermanos,
Pablo comienza diciendo que regresó a Jerusalén catorce años después,
llevando consigo a Bernabé y a Tito. Como primer punto veremos, hermanos,
si el Evangelio de Cristo nos ha hecho libres, debemos buscar
la unidad en él. La gran mayoría de los comentaristas,
hermanos, concuerdan en que este pasaje, esta visita de Pablo
a Jerusalén, hace referencia a Hechos capítulo 15, donde encontramos
la narración del concilio de Jerusalén. donde se decidió qué
hacer con los nuevos convertidos, especialmente con los convertidos
gentiles, respecto a la obediencia a la ley de Moisés. Pablo se
reunió con los que tenían cierta reputación, mencionados en el
verso 9, como Jacobo, Cefas, que también es Pedro, y Juan.
Ahí dio su informe sobre su predicación entre los gentiles. Pablo ha
dejado claro que su Evangelio es independiente de Jerusalén,
pero esta independencia, hermanos, no es anarquía. No está creando
una secta paulina. Su Evangelio no es distinto al
que se entregó a los primeros apóstoles. En esta visita, hermanos,
Pablo lleva a Tito, un joven convertido a Cristo, que también
era gentil. Era un gentil griego. Para entender
mejor el contexto, recordemos que los primeros convertidos
después de Cristo eran en su mayoría judíos. Muchos seguían
celebrando las fiestas, muchos se seguían circuncidando, lo
cual no se veía mal en ese momento, ya que estaban en un periodo
de transición que duró varias décadas. La iglesia, hermanos,
después de que Cristo ascendió, no se transformó inmediatamente
en lo que conocemos ahora. Los primeros cristianos seguían
todavía algunas prácticas de la ley. Por ejemplo, según Hechos
18, 18, Pablo se había rapado la cabeza porque tenía que cumplir
un voto de la ley mosaica. El problema, hermanos, surgió
cuando una gran cantidad de gentiles empezó a convertirse al Señor.
¿Qué se haría con ellos? ¿Debían convertirse al judaísmo?
¿Debían circuncidarse? Muchos dijeron que sí, y los
gentiles comenzaron a ser presionados para cumplir la ley. Pero Pablo,
con el conocimiento y la sabiduría recibidos, entendía que esto
no era necesario. Por lo tanto, No fue fácil llevar
a Tito a esta reunión, un gentil incircunciso. En esta reunión,
recordemos, había puros judíos, entonces yo creo que fue difícil
llevar a Tito a esta reunión. Pero Pablo entendía que lo que
lo unía a Jerusalén al final no era la ley, no eran las fiestas,
no era la circuncisión, sino lo que unía y sigue uniendo al
pueblo de Dios es Cristo. Por eso va y se junta con ellos,
aunque recibieron el Evangelio en circunstancias distintas,
sin embargo, pueden tener comunión con ellos por medio de Cristo. Pablo lleva a Tito, un gentil
que nos sigue la ley de Moisés y convive muy bien con Pablo,
con Bernabé y con el resto de los apóstoles. Un pastor nos
contaba hace tiempo, en una reunión que tuvimos, que un hermano en
una ocasión se le acercó y en lugar de saludarlo normalmente,
lo primero que le dijo, ¿eres de la confesión de Fe Bautista
de 1689? A lo que el hermano respondió,
¿y eso qué? La doctrina reformada, hermanos, no nos une. No nos
une el presbiterianismo, no nos une el paidobautismo, no nos
une ceresbautista o pentecostal ni ninguna denominación. Lo que
nos une, hermanos, es Cristo. Antes estábamos esclavizados
por nuestro orgullo y rebeldía siendo individualistas, pero
Cristo nos ha hecho libres para tener comunión con nuestros hermanos. Pablo no tenía problemas de autoridad,
ni quería sobresalir sobre los demás apóstoles. Estaba confiado
y firme en el Evangelio que había recibido de Cristo, pero esto
no lo impedía rendir cuentas a la autoridad que estaba en
Jerusalén. Hermanos, Dios ha dejado autoridades
en la iglesia a las cuales debemos someternos. La carne tiene problemas
con la autoridad. Lo vimos cuando estudiamos el
quinto mandamiento. El hombre natural no respeta
la autoridad. Y eso no solo en el mundo, sino
dentro de la iglesia también. He escuchado hermanos decir,
pero es que el pastor no sabe nada. ¿Qué me va a enseñar? Sin
embargo, es tu pastor y debe someterte mientras actúe conforme
a la palabra de Dios. sino busca un pastor que se ajuste
a tus expectativas y sometete a él. Algo más que aprendemos de esta
parte, hermanos, es que aunque Pablo tuviera diferencias con
algunos que fueron antes que él, y aún con los judaizantes
que estaban infiltrados dentro de la iglesia, Pablo habló con
amor y prudencia. ¿No llegó, hermanos, de una manera
grosera? Como dijo el comentarista Berkeley,
no hay nunca razones para que la cortesía y las firmes convicciones
no puedan ir de la mano. Esa es la forma en que debemos
defender, hermanos, lo que creemos, con respeto, con amor. Punto número dos, si el Evangelio
de Cristo nos ha hecho libres, debemos dejar las reglas que
esclavizan. Nos dice del verso 4 al verso
6 que en esa reunión, hermanos, estaban los falsos hermanos introducidos
a escondidas. Y estos hombres, hermanos, presionaban
para que Tito fuera circuncidado, queriendo que viviera de acuerdo
a los rituales judíos. Y según Pablo, el acceder a esto
es vivir bajo esclavitud. Y así no se puede disfrutar plenamente
de la libertad que tenemos en Cristo. Surge una pregunta, hermanos,
¿de qué nos libra el Evangelio? Primeramente, el Evangelio nos
libra de cumplir las reglas de una religión moralista. El judaísmo
tiene más de 600 reglas, y cada una de esas reglas nos dice,
es imposible salvarte por cumplir las normas de la ley, porque
nadie puede cumplir esas leyes a la perfección. Por ejemplo,
las reglas de limpieza, hermanos, fueron diseñadas, entre otras
cosas, para demostrarnos cuán imposible resulta nuestra pretensión
de hacernos perfectos, aceptables ante un Dios Santo. No podemos
acercarnos a Dios si no estamos limpios. Todas las religiones y sectas,
excepto el cristianismo, hermanos, basan la salvación por medio
de reglas. Haced esto, no haced esto, y
surgen más conflictos sobre lo que se debe y no se debe de hacer. Escuchado al judaizante de nuestra
ciudad decir que había que prender velas en Shabbat, luego dijo
que no, que no hay que vacunarse, que no se debe usar camisa de
color, que debes danzar en círculos, que no comas esto, que no comas
aquello, y entre muchas reglas más que este hombre ha agregado
ahí a su religión. conforme pasa el tiempo, hermanos,
se agregan y se quitan nuevas reglas. Y dentro del cristianismo
también vemos un legalismo progresivo similar. Por ejemplo, nosotros
estamos a favor del uso de la cubierta en las mujeres durante
el culto de adoración, lo que aprendemos en primera Corintios,
pero también ha llegado a ser un legalismo. of the U.S. and the U.S. Hermanos, el Evangelio nos ha
hecho libres de reglas esclavizantes. El Evangelio también, hermanos,
nos libra de la culpa. Si creemos que nuestra relación
con Dios se basa en cumplir una lista de reglas, siempre estaremos
inconstantes en nuestras emociones. recuerdo hermano Dios no te ama
menos cuando pecas cuando dejas de leer la escritura o no vienes
a la iglesia o dejas de orar Dios no te ama mas cuando escudriñas
la biblia o te esfuerzas por ser mejor cada dia el amor de
Dios no se puede medir y siempre esta sobre ti invariable e inmutable
tal como el es Quien vive creyendo que cumplir
ciertas reglas lo hará estar bien con Dios está bajo esclavitud
y no disfruta de la libertad que tenemos en Cristo. Hace años
me tocó ver como una joven cayó en depresión en una congregación
porque unos hermanos de la iglesia le dijeron que usaba pantalones
en la semana y eso le estaba alejando de Dios. Y esta joven
Dijo, no, pues en realidad yo no soy cristiana porque uso pantalones
y cayó en una depresión que le duró muchos meses. Hermanos,
Tito no fue obligado a circuncidarse, como dice el verso 3. Esto significa
que los considerados columnas de la iglesia de Jerusalén, Pedro,
Juan, Santiago, no añadieron nada nuevo al evangelio de Pablo.
Concluyeron que no era necesario que Tito, representando a los
gentiles, se circuncidara para salvación, ni que se volviera
al judaísmo. Los gentiles solo tienen que
arrepentirse de sus pecados, volverse a Jesús y confiar en
Él para ser salvos. of the 3. Si el Evangelio de Cristo nos
ha hecho libres, debemos dar prueba de esa libertad. Tito, hermanos, un cristiano
no circuncidado, es el ejemplo vívido de que no se necesita
cumplir la ley para ser salvo. El cristianismo se trata de quién
soy ahora en Cristo, no de lo que puedo llegar a ser en mis
fuerzas con la ayuda de Dios o con la ayuda de Cristo. ¿Cómo
crees que estaban en ese momento Pablo y Tito? Me atrevo a decir
que estaban tranquilos, estaban en paz, a pesar de que mucha
gente alrededor decía, no, Tito no es salvo hasta que cumpla
la ley. Pero ellos sabían en quién estaba su fe, su fe estaba
en Cristo Jesús. Las sectas y los legalistas infiltrados
en nuestra congregación seguirán diciendo, no puede ser salvo
hasta que hagas esto. Pero el cristiano vive dando
prueba, hermano, de la libertad que ahora goza. Y hermanos, no
quiero que perdamos el piso. A los lados de la libertad hay
dos extremos condenables. Uno es el legalismo, que acabamos
de ver. La extrema moral de los judaizantes
y del otro lado está el libertinaje, que es hacer mal uso de la gracia
de Dios. El cristiano está a la mitad
de ambos extremos. Pongo un ejemplo. Ustedes han
visto las leyes que rigen ahora en Afganistán. Son extremas y
prácticamente no hay libertad. Contrastemos Afganistán con Estados
Unidos, uno de los países que hasta ahora goza de libertad.
Ahora imagínate que un afgano sale de su país y llega a Estados
Unidos donde es libre. Puede ahora entrar a un supermercado,
agarrar todo lo que quiere y salir sin pagar. Total, está en un
país libre. Puede golpear a todas las mujeres
que se encuentre, total es un país libre, puede hacer lo que
quiera. Hermanos, el mundo tiene esta
definición de libertad. Libertad es la facultad o capacidad
del ser humano de actuar según sus valores, criterios, razón
y voluntad, sin más limitaciones que el respeto a la libertad
de los demás. En otras palabras, libertad es
hacer lo que quieras, cuando quieras, como tú quieras. Cristo
hermano nos ha hecho libres de la religión moralista y de la
culpa del pecado, no para que hagamos lo que queramos. Regreso a mi ejemplo del afgano.
¿Creen que en su país, con un régimen opresor, puede cumplir
las leyes de Estados Unidos, que es otro país? ¿Creen que
pueda salir libremente con su Biblia, buscar trabajo, ganar
su dinero y gastarlo como quiera, comprándose ropa o lo que quiera?
No, porque no es libre para cumplir la ley de otro país. Necesita
salir de ese lugar, tener sus papeles en regla en este nuevo
país para poder cumplir las leyes de ese país. cuando esté ahí estoy seguro
de que dirá soy libre y ahora puedo cumplir las leyes de este
nuevo país tengo que obedecer la ley roja cuando manejo tengo
que obedecer a la policía pero a diferencia de donde estaba
esto es libertad El cristiano, hermanos, estaba encadenado por
el pecado, obedecía la ley opresora del pecado, y lo único para ser
libre era cumplir a la perfección una serie de leyes imposibles
de cumplir. Pongamos atención, por favor,
a la predicación. Pero cuando Dios lo rescató de este terrible
lugar, ¿lo hizo libre para que haga lo que quiera? No, libre
para cumplir la ley de Dios. La Biblia, hermanos, nos enseña
que Dios no nos liberó de cumplir los 10 mandamientos. La ley moral
de Dios, resumida en esos 10 mandamientos, es ahora nuestra
norma de vida. Cristo nos hizo libres de la
ley, hermanos, como sistema de salvación, no por no matar o
no mentir, nos ganaremos el cielo. Pero no puedes andar por este
mundo matando y mintiendo sin esperar un castigo de la autoridad
humana y de Dios. El cristiano obedece no para
ganar su salvación, sino porque está seguro en ella, obedece
por gratitud aquel que lo salvó, reconoce que Cristo lo ha hecho
libre y con gusto obedece los mandamientos de Dios. sabe que
falta la iglesia no le hará perder su salvación pero como podría
dejar de tener comunión con aquel que lo salvó la ropa no es motivo
para que caiga de la gracia de Dios pero como vamos a vestir
de una manera que haga a otros hablar mal de Dios o que haga
caer en pecado a otros hombres como voy a mentir como voy a
robar si eso ofende a mi salvador aquel que se entregó por mi en
la cruz del calvario vivir bajo las normas de Dios, hermanos,
es vivir en verdadera libertad. Eso es libertad. Termino con
esto, hermanos. Hemos aprendido que el evangelio
de la gracia de Dios nos ha hecho libres, no para vivir en libertinaje,
sino para tener unidad con los hermanos, para vivir sin reglas
que nos esclavizan y dar testimonio de que somos libres en Cristo
para obedecer. aunque muchos hombres se disfrazan con una aparente felicidad
diciendo que cumplen la ley de Dios, no es cierto que al final,
ésta les traerá frustración porque nunca podrán cumplir el mandamiento
a la perfección hasta hoy hermanos el Señor no ha bajado su estándar
perfección en cada mandamiento no hay lo que puedas hacer el
Señor pide perfección estos hombres se conforman con un al menos
un intento pero no sirve de nada ese intento porque Dios pide
perfección y no menos los que hemos entendido esto
hermanos Confiamos en la obra de Cristo Jesús. Esa obra en
verdad fue perfecta. Cristo cumplió a la perfección
los mandamientos de esa ley. ¿Acaso nuestras obras que son
trapo de inmundicia podrán agregar algo a la obra perfecta de Cristo? Jamás. La obra de Cristo fue
perfecta y cuando crees en Él, esa obra perfecta se te adjudica. Dios ya no te ve a ti, ve a su
Hijo, ve la perfección de Él. Y es de esa manera que somos
declarados justos. Así que, hermanos, gocémonos
de esa libertad que Cristo ha ganado para nosotros. Reflejemos
con nuestros hechos que somos libres en él. Que así sea, hermanos. Vamos a orar al Señor. Padre nuestro que estás en el
cielo, le damos gracias, Dios eterno. por esta palabra, Señor,
que nos has dado. Nos recuerdas una vez más, Señor,
la libertad que tenemos en Cristo, no para hacer lo que queramos,
Señor, sino para obedecer tu ley que es perfecta, que es santa,
Señor. Gracias, Señor, por rescatarnos.
Gracias por salvarnos. Ayúdanos, Señor, a seguir obedeciendo
tus mandamientos, Señor. Sabemos que no es para ganar
una porción de la salvación, Señor. La salvación ya la tenemos
en Cristo Jesús y por gracia, sin obra alguna en nosotros,
Padre. Pero queremos obedecer, Señor,
tu ley porque estamos agradecidos de todo lo que haces por nosotros,
Dios bendito. Ayúdanos Padre, ayuda a tu iglesia.
Le pedimos todo esto Padre, en el nombre maravilloso y poderoso
de Jesucristo, nuestro único y suficiente Salvador. Amén y
Amén.
El verdadero Evangelio nos hace libres
Series Gálatas
Si el evangelio de Cristo nos ha hecho libres, debemos vivir en plenitud esa libertad, buscando la unidad en Cristo, abandonando las reglas que esclavizan y demostrando con nuestras vidas el poder transformador de esa libertad.
| Sermon ID | 61224225021908 |
| Duration | 27:38 |
| Date | |
| Category | Sunday Service |
| Bible Text | Galatians 2:1-6 |
| Language | Spanish |
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