00:00
00:00
00:01
Transcript
1/0
La semana pasada, nuestro tema
fue la depresión ante el COVID-19. Ese fue el título, depresión
ante el coronavirus. Vimos que todos estamos siendo
impactados por esta crisis. Muchos están deprimidos, hay
algunos están empezando hasta a desesperarse. Hay distintos
impactos que estamos enfrentando todos. Todos estamos impactados
en nuestra economía en alguna medida. Obviamente nuestros planes
para este año se han arruinado, han cambiado mucho. Estamos viviendo
distanciamiento de nuestros familiares. de nuestros amigos, de nuestros
seres más queridos, y otros simplemente sufren mucho por estar encerrados,
¿no? Nuestras rutinas cambiaron, nos sentimos fuera de lugar,
y podríamos seguir y seguir con la lista, pero el resultado es
que muchos están batallando con tristeza en su día a día, con
depresión, con insomnio, tal vez hasta ansiedad, porque nadie
planeó vivir lo que estamos viviendo en estos días. Entonces dedicamos
tiempo a ver algunas de las respuestas que tiene Dios ante toda esta
situación. Encontramos respuestas en su palabra. Y si recuerdan
la gran respuesta que vimos tanto para creyentes como para personas
que aún no lo son, fue nuestro pasaje en Eclesiastes 7. Este tremendo versículo 14 del
capítulo 7 de Eclesiastes que dice, en el día del bien, goza
del bien, pero en el día de la adversidad, considera. Dios hizo
tanto lo uno como lo otro a fin de que el hombre nada halle después
de él. El día de hoy vamos a pasar tiempo
analizando una sección del Salmo 119. Entonces, si tienen ahí
abiertas sus Biblias en casa, los invito a que marquen ese
capítulo 119 del Libro de los Salmos. Ahí vamos a pasar algo
de tiempo esta noche y nuestro tema va a ser ocho oraciones
que Dios responde, ocho tipos de oración que Dios responde
durante esta crisis y realmente a lo largo de nuestras vidas
es cierto lo que vamos a ver esta noche. Vamos a ver ocho
puntos. Primero, que Dios contesta cuando
le pedimos enseñanza. Dios contesta cuando le pedimos
entendimiento, que nos dé entendimiento. Dios contesta cuando pedimos
su guía. Dios contesta cuando pedimos
que cambien nuestras inclinaciones, las inclinaciones de nuestro
corazón. Dios contesta cuando le pedimos que no nos permita
desperdiciar nuestras vidas y arruinarlas con pecado. Dios contesta cuando
pedimos que cumpla sus promesas, lo que nos ha prometido. Dios
contesta cuando pedimos que nos libre de vergüenza y Dios contesta
cuando pedimos salvación. Ahora, si no alcanzaron a apuntar
todo eso, no se preocupen, vamos a ir punto por punto a través
de nuestro pasaje. Entonces los invito a leer un
versículo inicial en Jeremías capítulo 33. Busquen en Jeremías
capítulo 33. Vamos a comenzar con esta gran
promesa de parte de Dios para el profeta Jeremías. Y de nuevo
esta noche tenemos el objetivo de ofrecer algo que edifique
tanto a creyentes como a no creyentes. Queremos dar algo de contenido
para ambos, así que les pido que nos esforcemos, que nos concentremos,
que quitemos las distracciones a nuestro alrededor, en la casa,
pongamos a un lado el celular, el teléfono y pidámosle a Dios
para que sea de provecho este estudio sea cual sea el estado
de nuestras almas. Leemos en Jeremías 33, versículo
3. Vamos a ir al Señor y vamos a
encomendarnos a Él y pedir su ayuda. Los invito a inclinar
sus cabezas y a que vayamos a pedir la ayuda del Señor. Padre, acudimos ante ti esta
noche agradecidos por tu gracia, Señor, en nuestras vidas, por
todo lo que has provisto, porque has provisto a unos medios para
estar congregados, reunidos esta noche de manera virtual. Rogamos
tu ayuda, Señor, estamos tan necesitados de ti. Tú sabes que
yo soy un siervo inútil, Señor, que yo no puedo convencer a nadie.
Te ruego, Señor, que uses tu palabra en nuestras vidas, que
la apliques, Señor, que la apliques con poder como sólo tú lo puedes
hacer. Te pedimos la ayuda de tu Espíritu
Santo esta noche. Te pedimos, Señor, por aquellos
que están enfermos, por el hermano Armando, por Ismael, por la familia
Robles, Señor, todos con sospecha o ya confirmación de COVID en
nuestras iglesias. Te pedimos, Señor, que estés
con ellos, que los fortalezcas, y sobre todo que obres en sus
vidas, Señor, a través de lo que están pasando. Te pedimos que
obres todo esto para su bien, para el bien de sus familias,
para el bien de aquellos que están cerca de ellos. Nos encomendamos
a ti, Señor. Pedimos de nuevo tu ayuda. En
el nombre de Cristo Jesús. Amén. Bueno. Como introducción
a este tema de las oraciones que Dios contesta, quiero enfatizar
que una de las grandes bendiciones, una de las grandes muestras de
amor que tenemos de Dios, es que Él no nos deja adivinando.
No nos deja la deriva en cuanto a cómo orar, ni nos deja la deriva
en cuanto a cómo buscarlo si no le conocemos. Dios quiere
que le conozcamos. Leemos en 2 Pedro que Él no quiere
que nadie perezca. Nos dice en 2 Pedro capítulo
3, versículo 7, Los cielos y la tierra que ahora
existen están reservados para el fuego, guardados hasta el
día del juicio y de la destrucción de los hombres impíos. La crisis
que estamos viviendo en estos días sólo es una pequeña probada
de lo que viene en el día del juicio. Dice el versículo 9,
saltando hasta el 9, el Señor no tarda en su promesa. ¿Cuál
promesa? La que acabamos de leer, de destruir el mundo, de juzgar
a los hombres, como algunos tienen por tardanza. Más bien, es paciente
para con vosotros, porque no quiere que nadie se pierda. sino
que todos procedan al arrepentimiento. Dios quiere que todos los hombres
se arrepientan y le conozcan, pero nos advierte que no todos
le van a conocer. Muchos, la mayoría, se van a
perder. Leemos en la parábola del sembrador
que de los que llegan a escuchar el verdadero evangelio y conocer
la palabra de Dios, sólo una cuarta parte, Sólo una cuarta
parte. Uno de cada cuatro realmente
se entregan a Cristo y dan fruto y le conocen verdaderamente.
Hoy no vamos a leer los pasajes, están en Mateo 13 y en Marcos
4, si no los conocen. No tiene caso meternos a debatir
esto de la proporción de uno de cada cuatro. De entrada esta
proporción se refiere sólo a los que llegan a escuchar el Evangelio.
De eso se está hablando, de los que reciben la semilla, de los
que reciben la palabra de verdad. Muchos viven y mueren sin jamás
tener esa oportunidad de escuchar la palabra de Dios, el verdadero
Evangelio. Pero el punto es que la mayoría de los hombres van
a morir en sus pecados, por su rebeldía. Y también nos deja
claro este pasaje en segunda de Pedro que leímos, que conocer
a Dios no es un asunto de repetir una fórmula mágica, ni seguir
un ritual, ni hacer obras. Habla de algo que se llama arrepentimiento
en la Biblia. Conocer a Dios requiere arrepentimiento,
arrepentimiento por tus pecados, arrepentirte por cada día que
has vivido ofendiendo a Dios, malagradecido por su gracia en
tu vida, requiere arrepentimiento, requiere entregarte a Cristo
como tu señor, y requiere tener una relación real y personal
con él. Nadie viene al padre si no es por medio de Jesús.
Es el único mediador entre Dios y los hombres. Leemos sus palabras
en Juan catorce, Juan diecisiete, Yo soy el camino, la verdad y
la vida. Nadie viene al Padre, sino por mí. Y en Juan 17, 3,
esta es la vida eterna. Que te conozcan a ti, el único
Dios verdadero y a Jesucristo, a quien tú has enviado. Pero
vean, lo tremendo en todo esto, lo que debe ser tu esperanza
y lo que debe motivarte a buscar a Dios de todo corazón, si no
le conoces, es lo siguiente. Dios nos deja claro, Dios nos
promete que Él no se esconde ni se niega a quienes le buscan. de todo corazón. No se esconde
de estas personas. Dios no les dice que no a quienes
lo buscan de todo corazón. Leemos las palabras de David
a su hijo Salomón, un tremendo pasaje de despedida cuando lo
encomendaba el señor en el capítulo veintiocho de primera de crónicas,
primera de crónicas veintiocho nueve, si gustan, búsquenlo en
sus Biblias, vamos a leerlo todos juntos. Leemos esta exhortación
de David para su hijo Salomón. Primera de Crónicas 28.9 dice,
Salomón, hijo mío, reconoce al Dios de tu padre y sirvele con
un corazón íntegro y con ánimo voluntario, porque Jehová escudriña
todos los corazones y entiende toda la intención de los pensamientos.
Si tú le buscas, Él se dejará hallar, pero si le abandonas,
Él te desechará para siempre. Si regresamos al libro de Jeremías
donde leímos hace unos momentos, encontramos esta promesa que
Dios le hizo al profeta y que es extendida a todo aquel que
busca a Dios. Jeremías 29, capítulo 29, versículo
13 dice, me buscarás y me hallarás cuando me busques con todo. tu
corazón. Esta es la promesa de Dios para
todo aquel que le busca de todo corazón. Entonces, con esta breve
introducción, retomando, quiero recapitular un poco. Hemos visto
que Dios no nos deja a la deriva en cuanto a cómo buscarlo si
no le conocemos, y tampoco nos deja adivinando sin instrucciones
en cuanto a cómo orar, cómo crecer en nuestra relación íntima con
Él. Todos hemos de buscar y anhelar un conocimiento íntimo de Dios,
una relación personal e íntima con Él. Y parte de eso es una
vida de oración. Hemos de tener conversaciones
de ida y vuelta con Dios. Sabemos que Dios no nos habla
a través de sueños. No hemos de creerle a nadie que
nos diga, Dios me dijo. Dios nos habla por medio de su
palabra. Ya nos dejó registrado en la
Biblia todas las respuestas, todo lo que necesitamos saber.
Y no sólo eso, su palabra es viva, es poderosa, es penetrante. Dios aplica su palabra a tu corazón
por medio de su Espíritu Santo. Esa es la obra del Espíritu Santo.
Pero como dijimos, este diálogo con Dios es algo de dos vías. Él nos habla a través de su palabra
y nosotros hemos de hablar con Él por medio de la oración. Eso
es la oración, así de sencillo. hablar con Dios, abrirle tu corazón
a Dios, contarle lo que sientes, lo que temes, lo que necesitas.
Es adorarle, es pedir, interceder por ti o a favor de las vidas
de otros, las necesidades de otros. Y Dios nos deja un claro
instructivo en la Biblia sobre cómo orar. Y vamos a cubrir algo
de eso, una breve parte de eso, un pequeño pasaje. una sección
de este instructivo esta noche con la ayuda de Dios. ¿Cuáles
son los ocho elementos comunes que encontramos en las oraciones
que Dios responde? Ocho peticiones que podemos hacer
en medio de esta crisis que estamos viviendo y con la ayuda de Dios
voy a tratar de hacer las aplicaciones a lo que estamos viviendo, a
la situación en la que estamos. Vemos en el Salmo 19 que Dios
escucha y Dios responde cuando le pedimos que nos enseñe, cuando
le pedimos entendimiento, cuando le pedimos su guía, cuando le
pedimos que cambie nuestras inclinaciones, que no nos permita desperdiciar
nuestras vidas, cuando le pedimos que cumpla sus promesas para
nosotros, cuando le pedimos que nos libre de vergüenza y cuando
pedimos que nos salve. Esas son las ocho oraciones,
ocho tipos de oración que Dios responde. Entonces los invito
a ir ahora sí al Salmo 119, no pierdan su lugar ahí, es donde
vamos a pasar la mayoría de nuestro tiempo esta noche. Salmo 119,
versículo 33. Vamos a leer esta sección que
vamos a tomar como base de este estudio y vamos a ir analizando
versículo por versículo el significado de esto. Leemos en el 33, el camino de tus leyes, y lo
guardaré hasta el fin. Dame entendimiento y guardaré
tu ley. La observaré, la cumpliré con
todo el corazón. Guíame por la senda de tus mandamientos,
porque en ella me deleito. Inclina mi corazón a tus testimonios
y no a la avaricia, no al pecado. Aparta mis ojos para que no vean
la vanidad. Vivíficame en tu camino. Cumple tu promesa a tu
ciego que te teme. Aparta de mí el oprobio, la vergüenza
que me aterra, porque bueno, son tus juicios. Mira cómo anhelo
tus ordenanzas, vivifícame en tu justicia. Dios responde peticiones
en primer lugar de instrucción. Dios nos educa, nos enseña. Dios responde peticiones de enseñanza,
de educación, de sabiduría. Señor, enséñame. Esa es la primera
petición que encontramos aquí en boca del salmista. Cada una
de estas peticiones es profunda, es tremenda. Espero que con la
ayuda de Dios podamos capturar las aplicaciones más importantes,
el significado principal. Podemos aplicar estas peticiones
a muchas cosas en nuestra vida. La primera aplicación que vamos
a hacer es a la salvación. Vamos a comenzar con la salvación
en este estudio, en este pasaje, y vamos a terminar con la salvación.
Lo voy a leer. Decíamos hace unos momentos que
Dios no se niega a salvar a quienes le buscan de todo corazón. No
se niega a salvar a quienes creen en el Evangelio, confían en Cristo
como su Salvador y se entregan a Él como su Señor. Pero hay
obstáculos en el camino. El primer obstáculo, el primer
problema, es nuestra propia ignorancia. El segundo es nuestra incapacidad,
como vamos a ver, pero el primero es nuestra ignorancia. No sabemos
cómo creer, cómo confiar, cómo entregarnos a Cristo. Y además
de eso, por naturaleza, no queremos hacer eso. No queremos obedecer
al llamado de Dios. Les puedo decir que ese fue el
obstáculo con el que yo luché por años, por muchos años, desde
pequeño. Veía la palabra de Dios, conocía
el Evangelio, estaba bajo la predicación fiel de la palabra,
pero no entendía cómo creer, cómo confiar, cómo entregarme
a Cristo. Y peor aún, por años no quería
entregarme a Cristo. No quería conocerle. Sabía que
necesitaba ser salvo, tenía miedo de morir, sabía que estaba perdido
en delitos y pecados, sabía que mi alma estaba vacía, pero no
quería venir a Cristo y ser salvo. En mi rebeldía huía. No quería
acudir a Él. Entonces, ¿qué has de pedir si
este es tu caso? Si tú estás viviendo esto. Empieza
por lo que empieza el salmista. Empieza por pedirle al Señor,
enséñame. Padre, enséñame tu camino. Si le pides a Dios que te enseñe
el verdadero Evangelio, si le pides eso de todo corazón, Él
te responderá. El salmista pide, enséñame, oh
Jehová, el camino de tus leyes, y lo guardaré hasta el fin. ¿A qué podemos aplicar esta petición
además del tema de la salvación de nuestras almas? No sólo habla
de la salvación, se puede aplicar a mil cosas. Señor, enséñame
cómo reaccionar a todo lo que está pasando en el mundo, todo
lo que está pasando en mi vida en estos días. Enséñame lo que
estás haciendo en mi vida. Lo que quieres que aprenda, Señor.
Mi economía está impactada. Mis planes se arruinaron. No
entiendo los propósitos que tienes para mi vida en todo esto. Señor,
ayúdame a entender. La promesa a la que vamos a seguir
regresando, ya la leímos. Si aún no conoces a Dios, o si
le conoces, pero tu vida está en estos momentos en dificultades,
en pruebas, en angustias, Dios te dice, clama a mí, acude a
mí, pídeme, clama. Yo te responderé y te revelaré
cosas grandes e inaccesibles que tú no conoces. En segundo
lugar, tenemos esta petición de entendimiento, de iluminación. Esta es una consecuencia, es
un siguiente paso a la primera petición. Hay una diferencia
entre conocer y realmente entender. Muchos conocemos muchas cosas
acerca de la Biblia, pero no las entendemos realmente. Este
es un siguiente paso. Queremos que Dios nos enseñe,
pero también queremos que Dios nos ayude a entender profundamente. Necesitemos que Dios nos aplique.
su enseñanza, su palabra. No basta con saber lo que Dios
dice. Necesitamos entender lo que Dios dice. Nadie puede entender
lo que es arrepentirte y entregarte a Cristo sin que Dios te lo muestre. Nadie puede entenderlo meramente
con lógica humana, meramente con su entendimiento humano.
Muchos han escuchado muchas veces el Evangelio sin entenderlo,
sin obedecerlo. Necesitamos que Dios nos ilumine,
que haga aplicaciones de su palabra y su verdad en nuestro corazón.
Nadie puede simplemente leer la Biblia y pensar que va a poder
entenderla, creerla y aplicarla a su vida por sí solo, en sus
propias fuerzas. Todos necesitamos el poder y
la obra del Espíritu Santo. Leemos en Juan 16 que el Espíritu,
el Espíritu Santo, nos guía a toda verdad. Pero hemos de pedirlo.
Es algo que le hemos de pedir a Dios, como lo hace el salmista.
Primero pidió, enséñame, y ahora pide en el versículo 34, dame
entendimiento. y guardaré tu ley, la cumpliré
con todo el corazón, la observaré con todo el corazón. Señor, aplícame
tu palabra, dame entendimiento, ayúdame a aplicar tu verdad a
mi vida en esta crisis, ayúdame a ver y entender las respuestas
de tu palabra. Muchas personas saben mucho de la Biblia, conocen
muchos pasajes, hasta han memorizado pasajes, conocen mucho, pero
no entienden. Dios no les ha dado iluminación,
no ha aplicado su Palabra a sus corazones con su Espíritu Santo.
No seamos personas que conocen mucho, pero no entienden nada.
No basta con saber, hay que entender con la ayuda de Dios. Y sólo
Dios tiene ese poder. Es algo que hemos de pedir, si
no le conocemos. Y es algo que hemos de seguir
pidiendo todas nuestras vidas, a lo largo de nuestro peregrinaje
por el desierto de este mundo. La tercera petición del salmista
en nuestro pasaje es la petición de guía. Muchos de nosotros tenemos
una tremenda necesidad de guía en estos momentos. He hablado
con muchos hermanos, muchos hermanos están en congojas, en incertidumbre. Señor, cierro mi negocio, cierro,
ya declaro bancarrota, ya se acabó esto. Señor, reactivo mi
negocio, es momento de volver a abrir cómo enfrento estas presiones
económicas que tengo encima, pago deudas ahorita, o las aplazo,
busco alguna forma de aplazarlas, de postergarlas. Hay médicos
en nuestra congregación, conocemos hermanos luchando con los riesgos
y las implicaciones de su trabajo, de ir a atender a los enfermos
y después tratar de proteger a sus familias de ser contagiados.
El pasaje dice, versículo treinta y cinco, guíame por la senda
de tus mandamientos. porque en ella, en esta senda,
me deleito. Los creyentes queremos hacer
lo que agrada a Dios. Queremos actuar y vivir con sabiduría,
pero necesitamos la guía de Dios y hemos de pedirla como la pide
el salmista. Muchos estamos enfrentando decisiones que no hemos enfrentado
nunca en estos días. Puntos de quiebre en las finanzas,
en el trabajo, dificultades o problemas, luchas, conflictos familiares.
Estamos orando. Señor, ¿cuándo se va a acabar
esto? ¿Cuándo vamos a salir de esto? ¿Cambio mis planes? Esos planes que yo tengo en julio,
que yo tengo en agosto, que yo tengo en septiembre, ¿los cambio?
¿Asumo que las cosas se van a resolver? Dios es el único que nos puede
verdaderamente ayudar a navegar estas cosas para su gloria. Él
promete guiarte, pero has de pedírselo. Has de buscar su faz
y pedirle esa guía, esa sabiduría. La cuarta petición que Dios responde
es por nuestros motivos y nuestros deseos. Nuestros motivos y nuestros
deseos. El salmista pide que Dios mueva
sus inclinaciones para agradarle y servirle. Esta es una lucha
que comienza desde que entramos al mundo. Entramos al mundo egoístas,
dominados por nuestro yo, con nosotros puestos en el pedestal
como nuestro propio ídolo. Queremos hacer nuestra voluntad.
Nuestra inclinación natural es pecar continuamente si Dios no
nos detiene. Somos egoístas. No amamos a Dios. No queremos servir a Dios. No
queremos amar a nuestro prójimo ni servirle. Nadie entra al mundo
con un deseo de someterse a Dios. Lo veíamos hace unos momentos.
Podemos ver nuestra necesidad de Dios, pero no queremos dejar
nuestro pecado. pecado. No queremos dejar nuestro
pecado para conocer a Dios y someternos a él. El único que puede cambiar
eso es él. El único que tiene poder de cambiar
tu corazón es Dios. Leemos en Ezequiel y da un corazón de carne. Él
es el único que da el nuevo nacimiento, el único que puede cambiar tu
corazón, tus inclinaciones. Nunca podrás buscar a Dios de
todo corazón ni entregarte a Cristo para salvación a menos que Él
cambie tu corazón para que lo desees, para que quieras conocerle,
para que quieras entregarte a Él. Si tú vas al Señor diciéndole,
Señor, yo no puedo vencer la maldad de mi corazón, No puedo
vencer mi propia rebeldía. Ayúdame a buscarte. Ayúdame a
entregarme a Cristo. Ayúdame a conocerte. Inclina
mi corazón a ti. Dios promete que te escuchará
si eso es lo que realmente quieres, si eso es lo que estás buscando
con todo tu corazón. Una vez que pase este milagro, Una vez
que conocemos a Cristo, continuará esta batalla en nuestro corazón
por mortificar el pecado. Continúa la lucha por vivir y
hacer las cosas con una motivación agradable al Señor, por agradarle
a Él, por servir a nuestro prójimo, por caminar en humildad. por
llevar todo pensamiento cautivo a la obediencia de Cristo, en
las palabras de 2 Corintios 10. Entonces, como creyentes, hemos
de estar pidiendo en esta cuarentena, Señor, inclina mi corazón a tratar
a mi pareja con amor. Inclina mi corazón a amar a los
inconversos y hablarles en esta oportunidad, en medio de esta
crisis, aunque me rechacen, aunque me ridiculicen. Inclina mi corazón
a usar bien el tiempo. a redimirlo, a vencer la flojera,
porque los días son malos. Inclina mi corazón a buscar más
intimidad, más tiempo a solas, contigo. Dios es el único que
puede vencer esa pereza en tu corazón, esa tibieza, esa frialdad,
esa rebeldía. Si tú le pides a Dios que cambie
tus inclinaciones, lo hará, te escuchará. Si llamas, si clamas
hasta que Él te responda, promete que cambiará tu corazón. Ninguno
de nosotros puede vender, puede vencer su propio egoísmo. mortificar
su propio orgullo, ni amar a Dios con todo nuestro corazón, a menos
que Él nos ayude. No podemos amar a nuestra pareja,
no podemos amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos, sin la
ayuda de Dios. Entonces, hemos de pedir su ayuda. Leemos en el versículo 36. Inclina
mi corazón a tus testimonios. y no a la avaricia, no al pecado. En quinto lugar, estamos con
esta lista, si se están uniendo, estamos con esta lista. Ahorita
vamos a recapitular una lista de ocho oraciones que Dios responde. En quinto lugar, hemos de pedir
que Dios nos ayude a no desperdiciar nuestras vidas. Hemos de pedirle
que no nos permita, que no nos deje desperdiciar nuestras vidas.
Cada uno de nosotros somos perfectamente capaces de arruinar nuestras
vidas, de desperdiciarlas, de echar a perder nuestras oportunidades
de servicio. y arruinar todo en nuestras vidas, si no es por
su gracia. Leemos aquí en nuestro pasaje, Salmos 119, versículo
37. Aparta mis ojos para que no vean
la vanidad, vivifícame en tu camino. Esta debe ser una petición
diaria de cada creyente. Señor, no me dejes arruinar mi
vida con mis pecados. Señor, no me dejes desperdiciar
mi vida con vanidades. El primer paso para no arruinar
tu vida, para no desperdiciarla, es conocer a Cristo. Si estás
sin Cristo, todos tus días son un desperdicio en la escala eterna. Estás malgastando todas tus bendiciones,
todas tus oportunidades, las estás malgastando en vanidades
y en pecado. Pero esta lucha continúa una
vez que somos creyentes, una vez que conocemos a Cristo. Cada
día es una lucha por usar bien nuestras vidas. para glorificar
a Dios. Sabemos que la salvación no se
pierde. La Biblia es clara. Es imposible. Pero queremos agradar
a Dios. Queremos usar bien nuestros talentos.
No queremos enterrar nuestro talento y desperdiciar nuestras
vidas, como lo vemos en la parábola de los talentos. Queremos vivir
Colosenses 3, versículo 17. Vamos a leerlo todos. Colosenses
3, versículo 17. Los invito a leerlo, por favor.
Dice, todo lo que hagáis Colosenses 3, 17, se da palabra o de hecho
hacerlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a
Dios Padre por medio de Él. El salmista entendía que esto
no se puede hacer sin la ayuda de Dios. No podemos usar bien
las oportunidades que tenemos en esta crisis sin la ayuda de
Dios. No podemos usar bien nada en nuestras vidas, ninguna bendición
sin la ayuda de Dios. Necesitamos nuevas fuerzas cada
día. Necesitamos que Dios nos vivifique, como dice el texto,
que nos dé fuerzas para vencer diarias tentaciones. para vencer
la diaria tentación a ver y buscar vanidades. No basta con saber
lo que Dios dice, no basta con entender lo que Dios dice. Necesitamos
que mueva nuestras inclinaciones, que nos ayude a amar el bien,
odiar el pecado. pidámosle su ayuda para no desperdiciar
nuestras vidas. ¿Qué hemos visto hasta ahora?
Hemos visto que Dios escucha y Dios contesta a peticiones
de enseñanza, de educación. Cuando le pedimos a Dios, enséñame
tu verdad, enséñame tu palabra. Hemos visto que contesta a peticiones
de entendimiento. Señor, dame entendimiento. Cuando
pedimos su guía, también contesta a esa petición. Le pedimos que
mueva nuestras inclinaciones, que cambie nuestro corazón y
le pedimos que no nos deje desperdiciar nuestras vidas. En sexto lugar,
la sexta petición que Dios escucha y Dios responde. Hemos de pedirle
a Dios que Él cumpla sus promesas en nuestras vidas. Leemos en
Números capítulo 23. Números capítulo 23, versículo
19. Dios no es hombre para que mienta,
ni hijo de hombre para que se arrepienta. Él dijo y no lo hará. Habló y no lo cumplirá. La Biblia
está llena de promesas. Comenzamos todo este estudio
con una de las más poderosas, y hemos visto ya varias. Leímos
en Jeremías 33, clama a mí, búscame y te responderé, y te revelaré
cosas grandes e inaccesibles que tú no conoces. Jeremías 29,
13, me buscarás y me hallarás cuando me busques de todo corazón.
Si eres inconverso y Dios ha usado esta crisis mundial o la
influencia de un amigo o cualquier cosa para traerte aquí a escuchar
acerca de Cristo, acerca de la eternidad, acerca del destino
de tu alma, aférrate a estas promesas. Pídele a Dios que cumpla
estas promesas en tu vida, que cambie tu corazón, que te ayude
a buscarlo de todo corazón. Clama a Dios. Él promete responder. Búscalo. Y si le buscas de todo
corazón, él promete que la hallarás. En las palabras de Cristo, pedir
y se os dará. Buscad y hallaréis, llamad y
se os abrirá, porque todo el que pide recibe, y el que busca
haya, y al que llama se le abrirá. Muchos están pasando angustia
y pruebas en estos días. Conocemos enfermos con el virus. Algunos que están en nuestra
congregación, en congregaciones hermanas, algunos por lo menos
un caso de fallecidos en nuestra una congregación hermana por
el virus. Conocemos hermanos sin empleo, hermanos pasando
dificultades. ¿Qué nos promete la palabra?
Hemos visto su promesa para los que no le conocen. ¿Qué nos promete
a nosotros que le conocemos? A los creyentes. Vamos al Salmo
cincuenta, versículo quince, por favor. Salmo cincuenta, Invócame en el día de la angustia,
yo te libraré y tú me glorificarás. Esta es una promesa real, es
una esperanza en todo tiempo, es algo, una roca a la cual podemos
aferrarnos si las cosas se están poniendo difíciles en esta crisis,
pero tiene una condición, es para quienes quieren glorificar
a Dios, es para quienes buscan la gloria de Dios, buscan su
voluntad. No es una promesa para quienes no le conocen, para quienes
están enemistados con Él, para quienes le odian. No es una promesa
para quienes sólo buscan a Dios porque están en aprietos, porque
no quieren tener nada que ver con Él, pero ahorita están en
aprietos y quieren su ayuda. Leemos el pasaje, el versículo
38 de nuestro capítulo. Cumple tu promesa a tu siervo
que te teme. estas son las promesas. Hemos
de acudir a Dios y orar aferrados a ellas. Acudamos a Dios, oremos
a Dios, creyendo en sus promesas. En las palabras de Hebreos once,
sin fe es imposible agradar a Dios, porque es necesario que el que
se acerca a Dios crea que él existe y que recompensa, que
es galardonador de los que le buscan. Pasamos a los últimos
dos puntos de esta noche, las últimas dos peticiones que Dios
contesta. La séptima petición, que Dios
nos libre de ser avergonzados. Vimos hace unas semanas el mensaje
acerca de compartir en esta oportunidad que tenemos el Evangelio. Si
no es ahora, ¿cuándo? Si no es la oportunidad hoy,
¿cuándo va a serlo? Leemos en nuestro pasaje, Salmo
119, versículo 39. Aparta de mí el oprobio. Aparta
de mí la vergüenza que me aterra. Todos tenemos miedo de hacer
esto. Todos tenemos que vencer el miedo a la vergüenza. porque
son buenos tus juicios. Todos luchamos con avergonzarnos
de Cristo, como luchó Pedro. Pedro temía la vergüenza, como
dice el pasaje, y negó a Cristo tres veces. Si aún no conoces
a Cristo, el diablo te va a susurrar al oído, ¿qué van a decir tus
amigos? ¿Qué van a decir si te conviertes
a Cristo? ¿Cómo van a reaccionar? ¿O si
quieres hablar de Cristo con otros? No. Te van a criticar,
te van a rechazar, ya no van a ser tus amigos. Te va a susurrar
al oído, ya sea que quieras acudir a Cristo por primera vez o que
quieras hablar de Él con otras personas. Quiere que tengas vergüenza,
quiere que luches con esta vergüenza. El único que te puede ayudar
a vencer eso es Dios. Hemos de pedirlo, como lo pide
el salmista. Sólo Dios nos puede ayudar a
vencer la vergüenza, el temor a la vergüenza, ya sea para entregarnos
a Cristo por primera vez o para hablarle a otros de Él. Pero
hemos de pedírselo. Señor, ayúdame a identificarme
con Cristo en todo tiempo, en todo lugar, a llevar las buenas
nuevas, a hablar de Cristo, a hablar de mi Señor con valor. Aparta
de mí el oprobio, aparta de mí esta vergüenza que me aterra.
Eso es lo que hemos de pedir, como lo pedía el salmista. Y
por último, vamos al octavo punto en nuestra lista. Dios contesta
oraciones de salvación. Leemos en el versículo 40, Salmo
119, versículo 40. He aquí, anhelo tus ordenanzas. Vivifícame en tu justicia. Otras
versiones dicen, en tu justicia. Dame vida. Si la salvación que
buscas es salvación de tu alma, Dios ha puesto ese anhelo, ese
hueco, esa necesidad en tu corazón. Y Él te promete en Romanos 10
que todo aquel que invoca el nombre del Señor será salvo. Si la salvación que buscas no
es conocerle por primera vez, sino que Él te socorre en estas
dificultades, en estos malos días que estamos pasando, en
las dificultades y las pruebas que está trayendo esta crisis,
hemos leído sus promesas, invótame en el día de la angustia, yo
te libraré. y tú me glorificarás. Clama a
mí y te responderé y te revelaré cosas grandes e inaccesibles
que tú no conoces. Entonces, hermanos, acudamos
a nuestro Dios, pidamos, sigamos este modelo, nos invito a apuntar
esta lista, a estudiar por su cuenta esta porción del Salmo
ciento diecinueve, y a recordar, tratar de memorizar que Dios
contesta cuando le pedimos que nos enseñe. Dios contesta oraciones
por entendimiento, peticiones de guía. Dios contesta, Dios
nos escucha cuando le pedimos que cambie nuestro corazón, que
cambie nuestras inclinaciones. Es el único que lo puede hacer.
Nadie más lo puede hacer. Si tú estás escuchando acerca
de Cristo por primera vez, Dios te mandó aquí para que escucharas
a esto. Para que escucharas este mensaje.
Hoy es el día de salvación. Dios puede cambiar tu corazón. Dios puede quitar tu vergüenza.
Puede cambiarte. Puede quitar tu pecado. Puede
perdonarte. Si eres creyente, has de estar
pidiendo todos los días, Señor, no me dejes desperdiciar mi vida.
Esta crisis ha de ser un llamado de atención, una alerta para
examinar nuestras vidas. ¿Qué estamos haciendo para Cristo?
¿Cómo estamos invirtiendo nuestro tiempo? ¿Estamos desperdiciando
nuestras vidas? ¿Dios nos ha dado oportunidades
de servirle que no estamos aprovechando? Hemos de pedirle al Señor, aferrado
siempre a sus promesas. que Él cumpla sus promesas en
nuestras vidas. Sus promesas son tan numerosas,
yo no creo que sea posible contar todas las promesas, todas las
implicaciones, todas las promesas que encontramos en Su Palabra.
Siempre hemos de buscarlo pidiéndole en base a lo que Él nos ha prometido,
en base a lo que Él nos ha dicho. Hemos de pedirle que nos libre
de la vergüenza, de la vergüenza de acudir a Cristo, de la vergüenza
de decir que yo soy creyente, de identificarme con Cristo.
de hablar de Cristo a las personas necesitadas en mi vida, que me
rodean, y hemos de pedirle salvación. Si no conoces a Cristo el día
de hoy, lo que tienes que llevarte de este mensaje es busca a Dios.
pidele que te salve, llama, clama, y se te abrirá. Y si estás pasando
días malos, si estás sufriendo, si estás pasando dolor, enfermedad,
Dios también promete acudir para salvar y librar a sus hijos. Tal vez no te va a sacar de un
día para otro del problema en el que estás, pero te va a socorrer,
te va a consolar, va a darte lo que necesitas si le buscas,
va a aplicar lo que está pasando en tu vida para tu bien. Entonces
vamos a Encomendarnos al Señor, vamos a orar y pedirle que nos
ayude a aprender estas lecciones, estas peticiones, y comenzar
a orar de esta manera bíblica, siguiendo este ejemplo del Salmista
en nuestras vidas diarias. Vamos a orar. Padre, gracias
por este tiempo. Gracias por la claridad de tu
palabra, por el poder que has puesto en tu palabra. Señor,
sé que hay personas escuchando este mensaje que no te conocen.
te rogamos Señor, los ponemos en tus manos, muéstrales su necesidad,
muéstrales que solo en ti hay vida y vida en abundancia. Y
para los que ya te conocemos Señor, ayúdanos a vivir dignos
de tu llamamiento, ayúdanos a procurar esta intimidad diaria contigo,
basándonos en tu palabra, a ordenar nuestras oraciones de acuerdo
a lo que tú nos enseñas, de acuerdo a esta guía para orar según tu
voluntad, de acuerdo a tu voluntad. Gracias por escucharnos Señor,
gracias porque podemos hablar contigo cada día, porque nos
libras de la angustia en la que estamos muchos, porque nos guías
para atravesar nuestros problemas, nuestros conflitos, las pruebas
Señor. Te pedimos Señor que sigas obrando
en nuestra congregación, que fortalezcas a los hermanos que
están enfermos, obra en sus vidas, en las vidas de sus familiares,
en nosotros como congregación. Padre, te pedimos por nuestras
iglesias hermanas, por este esfuerzo que están llevando a cabo todos,
Señor, por predicar por esta vía, con estos medios tecnológicos
que son difíciles, pero confiamos, Señor, que tu palabra no te volverá
a vacía, como has prometido. Te rogamos, Señor, que sea así,
nos encomendamos a ti, te damos gracias, en el nombre de Cristo,
Jesús. Amén.
8 oraciones que Dios contesta
Series Corona Virus Covid19
8 peticiones que hace el Salmista a Dios y que nosotros podemos imitar en nuestras propias oraciones.
| Sermon ID | 54202314582144 |
| Duration | 36:24 |
| Date | |
| Category | Bible Study |
| Bible Text | Psalm 119:33-40 |
| Language | Spanish |
Documents
Add a Comment
Comments
No Comments
© Copyright
2026 SermonAudio.