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Jesús decía también, el reino
de Dios es como un hombre que echa semilla en la tierra y se
acuesta de noche y se levanta de día y la semilla brota y crece
como él no lo sabe. La tierra produce fruto por sí
misma, primero la hoja, luego la espiga y después el grano
maduro en la espiga. Y cuando el fruto lo permite,
él enseguida mete la hoz porque ha llegado el tiempo de la ciega. El tema del mensaje en esta mañana
es el Reino de Dios, el Reino de Dios. Oremos al Señor. Soberano Dios y Padre, Tú que
moras en las alturas de los cielos, en esta mañana nosotros venimos
delante de Ti dándote las gracias porque nos permites estar a la
mesa preparados para recibir este manjar espiritual. Te suplicamos Señor que Tú hables
a nuestros corazones que haya una correcta exposición de tu
palabra, que podamos ser edificados, que tú traigas convicción a nuestras
vidas y que real y efectivamente esa obra de gracia que nos va
transformando cada día hasta ser conformados a la imagen de
Cristo pueda seguir siendo, pueda seguir obrando en esta mañana
para tu gloria y para nuestro crecimiento espiritual. Esto
te lo suplicamos, oh Dios, en el nombre de Cristo Jesús. Amén
y Amén. El Reino de Dios. Nuevamente
Marcos nos muestra a Jesús frente a la multitud a la orilla del
mar y Él sentado en una barca enseñándoles acerca del reino
de Dios. Recordemos que Él mismo dijo
al principio de su ministerio público en Marcos capítulo 1
verso 15, Él dijo de la siguiente forma literalmente, se lo leo
como dijo el Señor 1 Marcos 15, el tiempo se ha cumplido, decía,
y el reino de Dios se ha acercado. Arrepiéntanse y crean en el Evangelio. Entonces, la razón, mis hermanos,
de predicar las buenas noticias, las buenas nuevas de salvación,
de arrepentimiento y de fe en Jesucristo, es precisamente porque
Dios ha querido manifestar al hombre pecador, al mundo sin
esperanza, al pueblo escogido desde antes de la fundación del
mundo, que Él es el Rey eterno y soberano que siempre ha reinado,
que siempre reinará sobre todos. que su Reino, el Reino de Cristo
trae paz, trae seguridad, trae esperanza, pero oiga bien, porque
hasta ahí está todo bonito y eso es lo que le gusta escuchar a
mucha gente, hasta ahí está bien, pero también trae juicio eterno
para los que no reciban su buena noticia de disfrutar las bendiciones
de su Reino aquí en la Tierra. Amén. Entonces es necesario que
comprendamos cómo el gobierno de Dios se va desarrollando en
la vida de su pueblo, cómo ese reino de Dios se hace evidente. qué privilegios tenemos de pertenecer
a dicho reino y cuál debe de ser nuestra actitud ante la realidad
del reino de Dios. ¿Cuál debe de ser nuestra actitud?
Comencemos entonces por meditar en la primera parábola únicamente
consignada acá en el Evangelio de Marcos sobre el Reino de Dios. Una parábola muy relacionada
con la anterior parábola que hemos visto en las últimas semanas
del Sembrador. pero que en esta específicamente
nos enseña la realidad del crecimiento del Reino de Dios. Una parábola
que comienza acá, pero que también nos habla acerca del Reino de
Dios, pero que también en la próxima semana seguiremos viendo
otra parábola que también nos habla acerca del Reino de Dios. Entonces, hoy y el próximo domingo
continuaremos hablando acerca de qué cosa? El reino de Dios. Entonces, nos dice el Señor acerca
de su reino que, en primer lugar, crece sin que el hombre sepa
cómo. que el reino de Dios crece sin
que el hombre sepa cómo se da ese crecimiento. La realidad
del reino de Dios es un misterio revelado solamente a quienes
Dios quiere, a sus hijos, a los que ha traído a salvación, a
usted, a mí, Pero aún a estos, a usted y a mí, a quienes Dios
nos ha mostrado su misericordia, su gracia, al revelarnos su propósito,
ese propósito bello que Él tiene de hacernos de nosotros un pueblo
para Él, un pueblo que hemos sido salvados de sus pecados,
de nuestros pecados, a través de Jesucristo, No sabemos, incluso
nosotros, exactamente cómo es que Dios hace su obra en el corazón
del hombre para que un ser humano alejado de Dios, enemigo de Dios
por naturaleza, pueda amar a Dios y desear de todo corazón vivir
para su gloria. Y cuando yo hablo de amar a Dios
no me estoy refiriendo a amar a un Dios que yo haya creado
con mi imaginación, con mi mente, como ocurre en nuestro entorno.
Porque todas las religiones dicen que aman a Dios. Pero realmente
cuando lo confrontamos con el Dios de la Biblia, nos damos
cuenta que no es a ese Dios de la Biblia que aman. Aman a un
Dios inventado por ellos, aman a un ídolo, aman a alguien que
se ajusta a sus ideas, pero no el Dios de la Biblia. Entonces
la pregunta es cómo nosotros, que nos ha dado el Señor esa
gracia de amar a ese Dios de la Biblia, cómo es posible que
él pueda hacer esta obra de que nosotros amemos, de que nosotros
deseemos de todo corazón vivir para su gloria. Y es algo que
nosotros no tenemos una respuesta, pero el Señor nos dice acá y
toma como ejemplo la figura de una semilla que es sembrada una
semilla que crece, una semilla que da fruto, aquí el Señor enseña
que de esa misma forma, ajeno al más extraordinario conocimiento
del hombre, así crece el Reino de Dios. Así es como la semilla
es plantada en tierra, es decir, la palabra del Reino es plantada
el evangelio es anunciado y enseñado y predicado en todo lugar es
el mandato del mismo señor desde el tiempo del pueblo de Israel
que debía anunciar con su propia vida el pueblo de Israel con
su desarrollo como nación la esperanza que habían recibido
de Dios porque ellos habían sido puestos como un reino de sacerdotes
y gente santa Eso es lo que vemos en las escrituras y también nosotros
después los creyentes de la venida de Cristo, de su primera venida,
también nosotros hemos sido llamados a lo mismo, porque la Palabra
de Dios nos dice a nosotros que usted y yo hemos sido constituidos
un reino de sacerdotes, un reino de sacerdote, de reyes y sacerdotes,
un pueblo de Dios que hemos sido llamado ¿para qué cosa? para
anunciar las virtudes de Aquel que nos llamó de las tinieblas a su luz admirable. Y eso es lo que hace la Iglesia,
cada creyente en particular, usted como individuo, cada predicador
en el lugar que Dios le ha puesto, a esto es que hemos sido llamados,
mis hermanos. Y así como el agricultor planta
con esperanza Así también nosotros hemos sido llamados a plantar
con esperanza, porque Dios nos lo ha mandado a hacer, y con
esperanza en Dios, de que en un día se dé el fruto esperado. Pero primero hay que trabajar,
primero hay que esperar, como nos lo dice Santiago 5-7, Santiago
5.7 nos dice de la siguiente forma, por tanto hermanos sean
pacientes hasta la venida del Señor. Miren como el labrador
espera el fruto precioso de la tierra, siendo paciente en ello
hasta que recibe la lluvia temprana y la tardía. Nosotros somos llamados
a eso, mis hermanos. El reino de Dios se va expandiendo
en la misma medida en que el Señor en su gracia va añadiendo
a su pueblo personas salvadas. en que en ese mismo proceso,
cuando nosotros se nos manda a sembrar esa semilla en los
corazones, el Señor se encarga de hacer germinar y producir
fruto de esa semilla en el corazón de aquel que a Él le place. Ahí
es que está el misterio, mis hermanos. Nosotros no necesitamos
tener una técnica de cómo es que la semilla crece. en el corazón
de aquel en que es sembrada esa semilla que nosotros somos llamados
y ordenados a sembrar. No se nos dice, no se nos pide
que entendamos esto, sino se nos pide que hagamos el trabajo,
que sembremos pacientemente y que en su momento Dios dará los frutos
deseados. Pero es nuestro deber sembrar.
como el sembrador, como el agricultor. El agricultor no se va al campo
a decir yo tengo una tierra, tengo una parcela, tengo una
finca, lo que sea, y es buena para sembrar semillas de habichuelas. Pero como es Dios que da el crecimiento
y como es Dios que produce el crecimiento y produce los frutos
de esa semilla, yo voy a estar tranquilo en mi casa porque el
Señor se va a encargar de darle crecimiento. No, mis hermanos,
el agricultor sale, trabaja, riega, prepara la tierra, la
moja, le quita la hierba y espera, aguarda pacientemente. Y aquí
cuando nosotros leemos esta palabra, nos damos cuenta entonces que
el hombre tiene responsabilidades. El hombre debe trabajar, no de
cualquier manera, sino de la mejor forma para poder obtener
una buena cosecha. Es importante cuidar el labrado,
es importante arar el terreno, es importante preparar la tierra,
es importante hacer todo lo que es debido para sembrar la semilla
en buena tierra. El agricultor no se cruza de
brazos y dice, ah bueno, ¿para qué me voy a esforzar tanto si
a la final Dios hará que esto prospere o no? Haré esto como
para salir del paso y con el menor esfuerzo posible y ya.
No, mis hermanos. Pero mis hermanos, cuando nosotros
leemos aquí, nos estamos hablando de trabajar la tierra física.
¿De qué estamos hablando? Del Reino de Dios. Del Reino
de Dios. Y dice el Señor acá que el Reino
de Dios es precisamente como ese hombre que echa semilla en
la tierra. nosotros somos llamados es su
responsabilidad es mi responsabilidad es nuestra responsabilidad sembrar
esa semilla que es la palabra de Dios en el corazón de aquellos
que todavía la semilla no ha producido fruto en el corazón
de aquellos que todavía no han sido salvados en el corazón de
aquellos que todavía están enredados, envueltos, atrapados por falsas
doctrinas, por falsas enseñanzas. Es nuestro deber, es nuestra
responsabilidad. Aquí nosotros vemos que el agricultor
hace todo lo que le corresponde, él coloca todo su empeño, él
hace todos los esfuerzos que están a su alcance para cumplir
cabalmente su labor. ¿Está usted haciendo su parte?
¿Está usted haciendo su parte de que esta semilla sea sembrada,
cuidada en el corazón de aquellos que no conocen al Señor? ¿O usted
de aquellos que se cruzan de brazos diciendo, bueno, que el
Señor traiga a través de la hermana Tana, a través de otra hermana,
pero no de mí, a los que han de ser salvos a su iglesia? Si
no le está haciendo así, o si está siguiendo ese ejemplo de
aquel que se cruza de brazos, usted está en pecado. porque
está desobedeciendo un claro mandato de Dios. Pero ese agricultor también sabe
perfectamente que aunque cuide día y noche esa plantación y
aunque se acueste y se levante a observar el crecimiento y repita
mucho tiempo ese proceso, ese agricultor sabe que finalmente
el crecimiento de esa semilla se da sin que Él realmente sepa
cómo. Lo único que sabe es que Él crece
y no precisamente por la forma en que Él cuida el terreno, por
la forma en que Él limpia el terreno, por las formas que Él
utilice para que ese terreno sea libre de plagas. Él sabe
que solamente Dios es el único que lo puede hacer crecer. solamente
Dios. Dice, hermano, usted puede disipular
y debe de hacerlo, usted puede predicar a otros y debe de hacerlo,
debe de hacerlo, como Dios le ha mandado, ya sea un disipulado
personal o con un grupo en su casa, un estudio bíblico, o enseñando
a un grupo de creyentes en la iglesia, Usted es responsable
de dar ese mensaje de parte de Dios, de sembrar la semilla del
Evangelio, del Reino de Dios. Usted es responsable de eso.
Usted debe de poner todo su empeño en ello. Pero a fin de cuentas,
quien da el crecimiento es Dios. No es usted que va a provocar
el crecimiento. No son sus estrategias las que
van a provocar el crecimiento. El crecimiento lo da Dios. El crecimiento lo da Dios. Entienda esto. Pero tampoco me
cruzo de brazos. Tampoco estoy sentado esperando
a que la semilla germine sin haberla sembrado. Tampoco estoy
de brazos cruzados luego de haber sembrado la semilla esperando.
No, no importa que vengan la hierba y se coman los nutrientes
que tiene la tierra, esa semilla va a producir frutos. No, me
esfuerzo, trabajo, cuido, abono, mojo la tierra para que la semilla
crezca y de muchos frutos. La semilla, dice aquí la palabra,
nos dice el Señor Jesús, que esa semilla brota y crece sin
que el agricultor sepa cómo. Sólo pueden ver un hecho real,
no pueden explicar con exactitud cómo se da ese hecho, cómo es
que crece esa semilla. Nosotros sabemos que Dios es
el que cambia los corazones, que Cristo es el que hace nuevas
criaturas de esos corazones de piedra, los convierte en corazones
de carne. Nosotros sabemos que Él fue quien
nos dio vida cuando nosotros estábamos muertos en nuestros
delitos y en nuestros pecados, pero no sabemos exactamente cómo.
No sabemos exactamente, será un misterio para nosotros. Lo
único que podemos saber es que Dios lo hace, es Dios quien lo
hace. Hermanos, nosotros no sabemos
cómo Dios hará germinar su palabra en los corazones de sus escogidos,
pero a su tiempo se verá fruto. No piense porque le está dando
mucho trabajo ver fruto en esa persona de que el tiempo está
perdido. Yo siempre soy de lo que digo,
que mientras más usted siembre, más posibilidades hay de cosechar. Si usted sembró una semilla,
es probable que esa semilla no produzca fruto. Si usted sembró
diez semillas, es probable que una produzca fruto. Si usted
sembró cien semillas, es probable que diez produzca fruto. No lo
sabemos. Dios es el que lo sabe. Mientras
más siembro, más posibilidades tengo de cosechar. Entonces,
nosotros debemos de esforzarnos en cumplir nuestra responsabilidad. Pero el crecimiento, ¿usted sabe
qué? Lo da Dios. Lo da Dios. Si sembramos fielmente su palabra,
a su tiempo, Él hará germinar esa palabra donde y como Él quiera. ¿Oye? No es como usted quiera.
es donde Él y como Él quiera. No es nuestro campo, no es nuestro
terreno, no es nuestra cosecha, es la cosecha de Dios. Entonces, si usted está recibiendo
la Palabra de Dios, esa Palabra dará el fruto que Dios quiere
en su vida. Pero usted debe de ser responsable
usando los medios que Dios le ha dado para su edificación,
esa palabra que recibe, y para su crecimiento espiritual. Pero
no será un hombre el que te hará crecer. será únicamente Dios
y esa buena disposición suya de que la palabra germine en
su corazón. Porque tenemos una responsabilidad
doble. En primer lugar, sembrar la semilla. En segundo lugar, que esa semilla
que está siendo sembrada en mi corazón también produzca y germine
y dé fruto. Y visto esto, mis hermanos, nosotros
tenemos que considerar nuestra segunda enseñanza en esta mañana.
y es que el Reino de Dios manifiesta su gran poder. En el verso 28
de nuestro, aquí en Lucas capítulo 4, Marcos, perdón, capítulo 4,
verso 28, el Señor Jesús nos dice que el fruto que da esa
semilla es una evidencia de ese gran poder, esa gran potencia
que había en la semilla. No es No es el poder de la tierra,
no es el poder de los fertilizantes, no es el poder de las técnicas
de plantación, es el poder de la semilla. Es el poder de la
semilla. ¡Qué maravillosa noticia para
cada creyente, para cada siervo de Dios comprometido con la extensión
de su reino! porque la palabra que siembra,
el evangelio que predica es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree, al budido
primeramente y también al griego. El Señor dice que la semilla
automáticamente da el fruto adecuado en cada etapa de su desarrollo
sin intervención humana. Vuelvo y repito. La semilla sembrada
en tierra, dice el Señor de sí misma, lleva fruto, de sí misma
logra un desarrollo en esa tierra hasta producir el fruto esperado. Es la semilla la que tiene estas
propiedades, es la semilla la que crece en la tierra, aunque
debe ser sembrada, recordemos. pero no es el agricultor el que
da a la semilla la capacidad de desarrollarse, él no le imparte
ese poder, él depende del poder que hay en esa semilla. El Señor
dice que así es su reino, es un reino de gran poder en sí
mismo, no en el hombre, no en los servidores o súbditos de
su reino, es un poder que hay en sí mismo. Y aunque este reino se siembre
en los corazones por medio de la Palabra de Dios como una semilla
sembrada en tierra, esa Palabra tiene poder para producir lo
que Dios quiere y tendrá el desarrollo que Dios quiere, no por lo que
el hombre puede hacer, sino por lo que Dios quiere hacer en el
hombre. Es necesario entender eso. Ese
poder del Reino de Dios se hace evidente, aunque no de la noche
a la mañana. La Ilustración del Señor dice
que el hombre se puede levantar día tras día, dormir noche tras
noche, pero no hay nada que pueda hacer para aligerar el fruto
de esa semilla. Pero llega el momento en que
ésta comienza a hacerse evidente como primero, ¿qué es lo primero
que aparece? Tomando como referencia lo que
es el trigo, esta es una palabra que tiene que ver con la semilla
del trigo, la semilla del arroz también, que es el mismo proceso
muy similar entre el arroz y el trigo, ¿qué es lo primero que
aparece? ¿Qué es lo primero que veíamos
cuando íbamos para allá, para la línea? No, la hierba. lo primero que se ve es la hierba
es como una hierba usted no ve diferencia mis hermanos entre
una hierba y el arroz es la hoja lo primero que se
ve eso es lo primero que se ve y luego entonces después viene
la espiga cuando comienza a salir y luego el grano maduro Mis hermanos,
así también se hace evidente el reino de Dios, aunque no haya
llegado a la consumación. En todo creyente se hace evidente
la obra de Dios, aunque esta obra continúa hasta el día de
Cristo. Todo creyente puede testificar
de lo que Cristo ha hecho en su vida, aunque todavía no somos
perfectos. Pero Dios va produciendo en nosotros,
algo está surgiendo de nosotros, Y si en una persona no está surgiendo
algo de esa semilla que está siendo plantada es porque hay
un problema allí que está impidiendo que esa semilla se desarrolle.
Porque todo creyente que ha nacido de nuevo evidencia algún cambio,
algún proceso de transformación. No es la misma persona, va siendo
cambiada. no de manera perfecta, no de
manera instantánea, pero va siendo cambiada. Hay algo que se vislumbra,
hay algo que se ve en esa persona de que real y efectivamente esa
palabra está germinando en el corazón donde fue sembrada. No en todo se ve el fruto de
la misma manera, no todos los creyentes tienen el mismo desarrollo
ni al mismo tiempo, pero si somos hijos de Dios, si la semilla
de la palabra del reino de Dios está siendo sembrada en nuestros
corazones, va a haber evidencias, diferentes grados de crecimiento,
de germinación en nosotros, lo va a ver, se va a notar, se va
a observar a simple vista. No de igual manera en todos,
pero va a haber un cambio. si no está viéndose ese cambio
en su vida si la gente no está notando ese cambio en su vida
hay algo que no está andando bien en su vida y usted tiene
que tomar medidas ciertas usted tiene que venir al Señor usted
tiene que venir y suplicar misericordia al Señor porque pudiera darse el caso
de que todavía esa semilla ni siquiera ha sido sembrada en
su corazón cuando las semillas sembradas
se espera tener una gran cosecha, se espera ver frutos, se espera
ver ese fruto esperado. El Señor nos dice aquí en esta
parábola que el Reino de Dios es tan poderoso que crece como
esa semilla, que crece en secreto, pero que da el fruto esperado.
Que ese fruto es precisamente la demostración de ese poder. Vidas transformadas por la buena
noticia del perdón de pecados en Cristo. Es ese fruto esperado
con la predicación del Evangelio. y es lo que ha de verse en nuestras
vidas a diario y es lo que debemos de testificar a diario a los
demás. Vidas rendidas al Señorío de
Cristo son manifestación del poder de Dios obrando en nuestros
corazones. Si no está ocurriendo eso en
nuestras vidas, algo están dando mal en nosotros. ¿Está usted viendo un cambio
en sus afectos, esos afectos que lo van a inclinar hacia lo
que es bueno y agradable a Dios? ¿Hay realmente en su corazón
un sentido de pertenencia a Cristo, un sentido de reconocimiento
del Señorío de Cristo sobre su vida? ¿Hay en su corazón una
disposición de seguir a Cristo cada día y practicar así, o mejor
dicho participar así en la extensión de su reino? Si eso no lo hay en su vida,
hay algo que está mal en usted. Si las respuestas a estas preguntas
son afirmativas, es porque la Palabra de Dios entonces está
produciendo Está produciendo un fruto en su vida que se va
a ir desarrollando, que va a ir creciendo hasta el día de Cristo. Hasta el día en que Cristo se
manifieste aquí en la Tierra o hasta el día en que Cristo
lo llame a su presencia, lo que venga primero. Entonces usted
debe de admirarse ante el poder del reino de Dios obrando en
su corazón. Pero si eso no está ocurriendo en su vida, si no
hay un sentido de búsqueda constante del rostro de Dios, si no hay
un sentido de conocer la voluntad de Dios, si no hay un sentido
de temor delante de la presencia del Señor, la invitación en esta
mañana es que usted venga delante del Señor, confiese sus pecados
y le pida al Señor que lo hagan hacer de nuevo. que cambie su
corazón porque todavía no ha conocido al Señor. Es triste, es lamentable ver un Judas que tuvo el privilegio
más bueno, más hermoso, más bello que el ser humano pudo haber
tenido en esta tierra y no haberlo disfrutado. Es triste encontrarme en una
condición similar. Pero usted todavía está a tiempo.
Venga al Señor. Venga, confiese sus pecados.
Pídale al Señor que le dé hambre por él. Que le dé ese deseo de
madurar, de crecer, de prosperar en los caminos de Dios. Para
que el tiempo no sea perdido. Para que en aquel día glorioso
Cuando el Señor nos llame a su presencia, Él nos diga ven buen
siervo y fiel, entre en el gozo de tu Señor. Finalmente, mis hermanos, el
tercer punto a considerar en esta vocación es que el Reino
de Dios será consumado el día del juicio. El Reino de Dios
será consumado el día del juicio. La victoria de estas semillas
será manifestada con la gran cosecha en aquel día. Como dice
el verso 29, ¿usted lo puede leer conmigo? Verso 29. y cuando el fruto lo permite,
Él enseguida mete la hoz porque ha llegado el tiempo de la ciega. Cuando esté listo todo el fruto
de Dios. Mis hermanos, la semilla ha de
brotar, ha de dar fruto esperado y junto a otras semillas que
han sido sembradas, nos dice aquí que esas semillas formarán
una gran cosecha que ha de ser cegada en el tiempo preciso,
no antes ni después, en el tiempo preciso. Y aquí cabe notar algo,
mis hermanos, algo que mucha gente no entiende, que nosotros
no somos puestos como una planta aislada, no es una plantita allá
aislada, nosotros somos plantío del Señor para gloria suya, juntos
allí. Nosotros no somos meras personas
aisladas, sino somos un pueblo escogido de todas las naciones. Somos partes del pueblo de Dios
y cuando este pueblo de Dios esté completo, cuando en todo
lugar se predique este Evangelio del Reino de Dios, dice el Señor
en su palabra que entonces vendrá el fin. El fin no ha venido porque
todavía hay pueblo de Dios que no le ha conocido. Todavía hay
pueblo de Dios allá que está esperando que usted vaya y siembre
esa semilla. Usted dice, no, pero es que la
gente no está en eso. Olvídese de eso. Acuérdese que quien hace
la obra, quien produce el crecimiento, es Dios. Pero usted debe de trabajar. Usted debe de esforzarse. Usted
debe de hacer su parte. Nuestro compromiso ha de ser,
mis hermanos, siempre participar activamente en la extensión del
Reino de Dios, viviendo cada día bajo el Señorío de Jesucristo,
reconociendo que todo lo que tenemos viene de Él, que no somos
nada sin Él y por lo tanto todo lo que somos y todo lo que tenemos
lo rendimos a Él, porque es de Él. Lo traemos a sus pies para
su servicio, para su alabanza, para su gloria, porque es de
Él. en lo que llega ese día de la gran cosecha, que es el día
final, el día en que Cristo venga, el día ya donde esta tierra termine,
en lo que llega ese día, en lo que llega ese día, de aquí a
ese día, Debemos de entender que es tiempo de aprender, es
tiempo de recibir, es tiempo de enseñar la Palabra de Dios,
es tiempo de sembrar esa Palabra donde Dios nos ponga, es tiempo
de ver el desarrollo de esa Palabra en nuestra vida. Acuérdese, no
es solamente que yo estoy esperando ver el cambio que hay en esa
semilla que se sembré allá, sino también acá, aquí en mi corazón. Que esa semilla también esté
produciendo fruto aquí en mi corazón, que esté creciendo,
que esté germinando, que esté madurando. Hay gente que se enfoca solamente
en el otro. No es que esa gente, ese no está dando fruto, ese
es un inconverso, ese no, ese no, ese no. ¿Y usted? ¿Y usted? ¿Está produciendo fruto en usted
esa semilla? Mis hermanos, no hay por qué
desanimarnos en medio de las circunstancias adversas o ante
la falta, ante nuestros ojos, de una evidencia de fruto o de
la ausencia de un fruto abundante como nosotros quisiéramos, pero
por lo menos que esté creciendo, que esté germinando pacientemente, que Dios esté trabajando, que
Dios esté trabajando y perfeccionando su obra en nosotros. ¿Y cómo eso ocurre? ¿Cómo es
que Dios va perfeccionando esa obra en nosotros? ¿Cómo es posible
que Dios pueda ir perfeccionando esa obra en nosotros? ¿Cómo usted
lo ve? Precisamente en un día como hoy. Un día como hoy cuando
nos reunimos a adorar públicamente a nuestro Dios, Dios sabe qué
fruto hay, cuál ha sido su desarrollo y hasta qué momento ha de ser
recogida la gran cosecha. Es en este día cuando nos reunimos
que podemos ir viendo ese proceso de cambio, ese proceso de transformación. Cuando llegue el momento Dios
va a decir recogen esa cosecha de ahí de los frailes. Esa iglesia
que se reúne ahí en Antonio Guzmán 43, recojan esa cosecha. Ahora,
¿será usted parte de esa cosecha? ¿O será parte de esos rastrojos
que se recogen para ser quemados en el fuego eterno? ¿Dónde está
usted? En aquel día cuando el Señor
venga a juzgar a los vivos y a los muertos, ¿dónde usted va a estar? El Señor ha establecido un día
en el cual ha de juzgar a todos por Jesucristo. no habrá escapatoria
para nadie, no habrá refugio o escondedero para ningún pecador
que no haya recibido a Cristo Jesús. Porque todos somos pecadores
y lo único que nos va a librar del juicio eterno es estar bajo
el manto de Cristo, cubierto bajo la sangre de Cristo. Ahora
muchos se burlan, lo hacen como lo hacían en el tiempo del apóstol,
Hay personas que preguntan, ¿dónde está la manifestación de su venida?
Él dice que viene pero no termina de llegar. Pero usted sabe una
cosa, que en aquel día no se saldrán con la suya. En aquel
día se darán cuenta de que estuvieron perdiendo el tiempo. Pero eso
es de gran esperanza para nosotros los creyentes, porque ese día
será el día que se manifieste a todos la victoria del reino
de Dios. En aquel día se verá quienes
realmente fueron sembrados por Dios, quienes realmente fueron
el verdadero pueblo de Dios, los verdaderos siervos del Señor
y cada uno recibirá su recompensa. Esfuércese usted en ser parte
de ese pueblo de Dios. Esa semilla que creció en secreto
pero que da el fruto esperado en su tiempo es una semilla victoriosa,
es el fruto, el fruto es evidencia de esa victoria. Así el día del
juicio final será manifiesta a todos la victoria del Reino
de Dios. En aquel día, mis hermanos, acabarán
todas las aflicciones, acabarán toda clase de maldad y será evidente
a todos, no solamente a los hijos de Dios, que Cristo reina por
siempre y para siempre sobre todos y sobre todo lugar, que
no hay nada oculto ante su presencia, que de Él, del Señor, es la venganza
y Él es quien da el pago a todo impenitente pecador, a todo aquel
que rechaza las buenas nuevas de arrepentimiento y fe. Aquel será un día de angustia,
gran dolor y pesar para aquellos que no vinieron en arrepentimiento
y fe delante de Cristo. Pero será un día de gozo, celebración,
júbilo, de ver el trabajo completo. Ese trabajo de Dios obrando en
nuestros corazones, produciendo fruto en nosotros y produciendo
fruto en aquellos que el Señor también nos llevó a sembrar la
buena semilla. ¿Dónde está usted en este momento? Porque donde usted esté en este
momento es muestra inequívoca de donde usted estará en aquel
día. Vengamos delante del Señor y
pidámosle al Señor que esa semilla produzca fruto en nosotros. que
por demás también nosotros como instrumento en las manos de Dios
seamos esos medios que Dios use para que esa semilla sea sembrada
en los corazones de aquellos que nos rodean y que nosotros
a su tiempo también podamos ver frutos en ellos. Que el Señor
nos dé esa gracia, que el Señor nos dé esa fortaleza que el Señor
nos dé ese ánimo pronto de esforzarnos para que esa semilla produzca
fruto. El milagro ocurrirá, no sabemos
cómo, el milagro ocurrirá si persistimos en hacer nuestra
parte. Estemos de pie mis hermanos y
oremos al Señor en esta mañana.
El Reino De Dios
Series MARCOS
El reino de Dios crece como la semilla en secreto, sin que el hombre sepa cómo, pero manifestando su poder, hasta el día determinado por el Señor para recoger su fruto y manifestar su victoria. Acompáñame y envíame tus inquietudes en lo que respecta a este sermón basado en el evangelio de MARCOS 4:26-29.
Comunícate con nosotros a través del número: (809)234-7795 y el correo electrónico: [email protected]
| Sermon ID | 52231532106007 |
| Duration | 42:25 |
| Date | |
| Category | Sunday Service |
| Bible Text | Mark 4:26-29 |
| Language | Spanish |
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