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Ahora su biblia de Efesios 6
capítulo 4. Mantengamos nuestras biblias
abiertas allí. Vamos a pedir al Señor su bendición,
hermanos. Señor, una vez más, no como mera
costumbre, sino porque estamos convencidos de que sin ti nada
podemos hacer. Venimos delante de ti una vez
más para implorar tu ayuda, tu capacitación, para que con claridad
podamos y fidelidad podamos exponer tu palabra. y que tú la uses
como martillo que quebrante a la piedra, que tú la uses como fuego,
que tú la uses como espada de doble filo para que penetre a
lo más profundo de nuestro ser y no solamente nos señalen nuestros
desafíos, nuestras debilidades y pecados, sino que también nos
transforme y nos haga más como Cristo, para que como matrimonios
podamos glorificarte a pesar de nuestros pecados. Le pedimos
esto en su nombre y para su gloria. Amén. Hoy continuamos con la miniserie
sobre el matrimonio, que recuerden es una pausa en la serie de estudios
expositivos del Epístola a los Colosenses. Este es nuestro tercer
estudio en esta miniserie. No sé todavía cuántos estudios más habrá. Ya
les estaremos informando esta semana porque quiero consultar
con nuestros hermanos primero. Pero hoy continuamos con la confianza.
El domingo pasado vimos algunas de las cosas que minan o destruyen
la confianza en el matrimonio. Y hoy vamos a ver algunas de
las cosas que nos ayudarán a fortalecer esa confianza en el matrimonio.
Y les digo, hermanos, estamos siendo limitados porque hay muchas
otras cosas más que se pueden decir, como ustedes sabrán y
se darán cuenta. Vamos a entrar de lleno a lo
primero que queremos ver esta mañana como exhortación práctica
para nosotros fortalecer la confianza en el matrimonio. Y lo primero
es siempre díganse la verdad. Siempre, siempre, díganse la
verdad. Y el texto que vamos a leer y
vamos a exponer brevemente es Efesios 4, 25, para dar apoyo
a esto, porque esto no es un lindo ideal que estamos presentando
ante ustedes, sino lo que la palabra de Dios nos manda. Siempre díganse la verdad, Efesios
4, 25. Por tanto, dejando a un lado
la falsedad, hablen verdad cada cual con su prójimo, porque somos
miembros los unos de los otros. Empieza con un por tanto. Y ya escucho cuántas veces hemos
dicho la importancia de los por tanto en la Biblia. Ustedes saben
que eso nos llama a considerar lo anterior. Eso nos llama obligatoriamente
a ver el contexto en el cual se dicen estas palabras. Anteriormente
el apóstol Pablo nos ha dicho a partir del versículo 17 que
no actuemos como actúan aquellos que no conocen al Señor. En el versículo 17 nos dice eso
y nos da varias características de aquellos que no conocen al
Señor. Una andan en la vanidad de su mente. Otra andan en sensualidad. Pero también dice que andan según
la dureza de sus corazones. Y que hay insensibilidad espiritual
en ellos, en los versículos 18 y 19. Y en el versículo 20 nos
dice, pero ustedes, a diferencia de ellos, ustedes no han aprendido
a Cristo de esa manera. Ustedes no han aprendido a Cristo
de esa manera, una expresión un poco extraña. Uno esperaría
que dijera, ustedes no han aprendido de Cristo de esa manera, pero
dicen, no han aprendido a Cristo. ¿Y por qué lo dice así? Bueno,
porque Cristo no es únicamente nuestro ejemplo, él es también
la lección, la lección a aprender. Él es aquel de quien aprendemos,
él es aquel a quien imitamos, y es de quien aprendemos a cómo
actuar en la manera que le agrada a él. y de él nosotros hemos
aprendido a que debemos despojarnos del viejo yo, del viejo hombre
y que debemos seguir siendo transformados en el hombre interior según esa
transformación que él ya está llevando a cabo según la justicia
y la verdad como dice en el versículo 24 para luego decirnos por tanto
Como todo eso es así, como ya ustedes no son como eran antes
cuando estaban en este mundo, como ahora han sido transformados
por Cristo y según su palabra. Dejando a un lado la falsedad,
hablen verdad cada cual con su prójimo. Y lo primero que Pablo
dice es algo negativo, verdad? Dejando a un lado la falsedad
o literalmente quítense la falsedad. Es decir, dejen de hablar mentiras. A cristianos le está diciendo
eso. Dejen de hablar mentiras, no necesariamente porque los
efecios eran unos mentirosos, sino porque los creyentes, por
más años que tengamos en Cristo, podemos llegar a mentir. ¿Qué
es una mentira? Usted me trajo a psicólogos de
tan lejos que yo vivo para preguntarme qué es una mentira y quién no
sabe qué es una mentira. Todo lo sabemos, pero es bueno
traer a nuestra mente la realidad de lo que estamos hablando. ¿Qué
es una mentira? ¿Se pueden decir dos cosas básicas
de la mentira? Una mentira es aquello que no va conforme a
la realidad. Niños, ¿me escuchan? Si yo le dijera a ustedes, ustedes
que han venido y han visto la belleza de este día y llegaron
aquí seguro contentos, porque un día tan hermoso así anima
a cualquiera. Si yo le dijera a ustedes, desde aquí está nevando
allá afuera, cuidado si resbalas y te caes cuando salgas al final
del culto. Tú dirías dos cosas, o que estoy
loco o que estoy mintiendo. Y te entendería. Porque realmente
eso no es según la realidad. La realidad es que hay un día
soleado, hermoso, no hay ni nubes, el cielo azul completamente.
Precioso día, temperatura perfecta. La mentira es aquello que no
va conforme a la realidad. Pero también la mentira es tergiversar
la verdad. Tergiversar lo que es una realidad.
Lo mismo que el diablo hizo con la palabra de Dios, que le había
dicho a Danieva, no comerás de ese árbol, porque si el día que
comieres, ciertamente morirás. Cuando Satana le dijo, no moriréis,
está tergiversando la verdad de Dios. Y hay personas que tergiversan
la verdad, saben que algo es verdadero o según la realidad,
tergiversan esa realidad para que luzca de otra manera en la
mente de aquel con quien se comunican, porque algo quieren lograr. La mentira es un acto deliberado
de decir algo que no va conforme a la realidad o decir algo que
tergiversa la realidad. En este texto, el Señor nos manda
a no hacer eso, a no mentir. La mentir es un pecado muy ofensivo
a Dios, no solamente porque va en contra del mandamiento que
le ha dado claramente en los diez mandamientos. No verás falso
testimonio contra tu prójimo, sino también que lo ha dicho
claramente muchos otros pasajes que no mintamos. Es ofensivo
porque va en contra de su voluntad y es ofensivo también porque
es en contra de su carácter perfectamente verás Dios no miente. El que miente va en contra del
ser de Dios, el que miente va en contra de lo que es su santa
naturaleza, un Dios de toda verdad. De hecho, cuando dice no darás
falso testimonio contra tu prójimo, generalmente nosotros usamos
ese texto para ese mandamiento para decir Dios prohíbe la mentira,
si es verdad que es lo que dice el mandamiento, pero el mandamiento
tiene otro elemento adicional. La prohibición real de ese mandamiento
es no darás falso testimonio contra tu prójimo, no mentirás
con el fin de hacerle daño a tu prójimo. Fíjense que no dice
únicamente no mentirás. Es que no des falso testimonio,
no declares en contra de él en un juicio, no declares en contra
de él delante de alguien para dañarlo a él. Cuando mentimos no solamente
actuamos en contra de la naturaleza misma de Dios. Hacemos algo más.
Imitamos al diablo. Aquí Jesús llama en Juan capítulo
8, creo que el versículo 44, el padre de mentiras. Un padre es aquel del cual proceden
hijos. El diablo es el padre de la mentira,
la mentira procede de él, no que la mía procede de él, la
que hice yo. Miento y mentí yo, no él. No fue el que me forzó
a mentir, mentí yo, yo soy responsable. Pero de él inició la mentira.
Él fue el primer mentiroso en todo el universo. Él fue el que
le dijo a nuestros primeros padres, no, no moriréis. Y de ahí en
adelante, es un experto en mentiras. Pero en esta exhortación de Efesios
4, 25 también hay un elemento positivo y es el siguiente. Después
de decirnos, dejando a un lado la falsedad, dejando a un lado
la mentira, hable en verdad cada cual con su prójimo. El Señor
nos manda a siempre hablar la verdad. ¿Qué es la verdad? Lo que Dios ha revelado en su
palabra es verdad. Todo aquel que diga algo en contra de esa
palabra, alguna secta que enseñe algo contrario a la palabra,
está mintiendo. Está yendo en contra de la verdad de Dios.
Pero también una verdad es aquello que va conforme a la realidad.
Niños de nuevo, si yo les dijera, el día está precioso, está soleado
allá afuera. Ustedes sentirían que sí, porque
han visto esa evidencia y es evidente que la realidad es que
hoy está un día soleado y es precioso. Y es conforme a la
verdad decir tal cosa. En cuanto a esto de hablar la
verdad, el Señor nos está llamando a imitarlo a Él. Como dicen en
Efesios capítulo 5, sed imitadora de Dios. Y si Dios es un Dios,
verás, a ti a mí se nos llama a ser como Él, se nos llama a
imitarlo a Él en eso, en que siempre dice la verdad. Se nos
llama en este texto, hermanos, a siempre vivir con la buena
conciencia delante de Dios y de la gente, de que nosotros hemos
dicho a toda persona con la que hemos hablado, aquello que es
conforme a la realidad y no hemos tergiversado eso con ninguna
motivación pecaminosa. El ser una persona que siempre
dice la verdad es una de las marcas distintivas de un cristiano
verdadero. de uno que en Cristo ha salvado
y ha transformado. En segunda los Corintios 5 17
se nos dice de modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura
es. Ustedes ven el venir a ser cristiano
no es un asunto de cambiar de local, de cambiar de iglesia,
de cambiar de religión, de cambiar de vestimenta específica, de
cambiar de lenguaje. Es un cambio del ser completo
de la persona. que empieza por dentro. Es una
nueva criatura. Por eso el Señor le dice a Nicodemus
en Juan capítulo 3, un hombre tan religioso y tan conocedor
de la palabra, tú tienes que nacer de nuevo. Y tengo entendido que literalmente
dice, y debe haberlo confirmado, hasta hay que parirte otra vez. Ponerlo así en español suena
un poco fuerte, ¿verdad? Pero la manera tan drástica en
que se comunica habla de lo drástico y de lo radical que es esa transformación
que el Señor hace. No es un asunto de cambiarnos
y darnos unos retoquecitos por aquí, por allá. No es un asunto
de tapar ciertas grietas. Es un asunto de tumbar el edificio
interior y volverlo a construir. Es una nueva creación. Es estar
muerto y ser levantado. Es un Lázaro Benfuera, pero espiritual. Por eso lo que sigue ahora, cuando
Pablo dice nueva criatura es, lo que viene ahora es una explicación
de lo que él quiere decir con eso. Las cosas viejas pasaron,
ahora han sido hechas nuevas. Las cosas viejas, abro paréntesis,
las mentiras, cierro paréntesis, pasaron. Ahora han sido hechas
nuevas, abro paréntesis, verdad, cierro paréntesis, mentira, verdad. Para el creyente, el verdadero
cristiano puede hablar de que él era un mentiroso, ya no. Que puede llegar a mentir en
un momento dado, un momento de presión, de temor, puede llegar
a mentir, sí. Abraham mintió, Pedro mintió.
Muchos otros hombres de Dios y mujeres de Dios han mentido
a lo largo de su vida. En algún momento, dado tú y yo
también, hemos mentido. Pero el creyente no es conocido
por eso. Una persona que sea un mentiroso habitual, por más
que diga que es cristiano, está perdido y va rumbo a la eterna
condenación. Y necesita que Cristo lo salve
y lo transforme. Y todavía hay esperanza. En Apocalipsis
21, cuando se nos da una lista de personas que van a ser arrojadas
en el lago de fuego. Para por toda la eternidad. Ser condenados allí entre esa
lista. Termina con lo siguiente y todos
los mentirosos. Serán echados al lago que arde
con fuego y azufre. Todos los mentirosos. Todos en
el sentido colectivo, aquellos que habitualmente mentían eran
conocidos por mentirosos, lo cual indica que no conocían al
Señor. Cristo no los había salvado en verdad. Pero también ese todos
podría decirse aquellos que mienten de todas clases de mentiras,
aquellos que justifican sus mentiras llamándole blancas. No hay tal
cosa como una mentira blanca. No hay tal cosa como la mentira
depende. Bueno, como el fin justifica
a los medios, la pregunta es, ¿con qué fin mentí? Oh, yo mentí
para darle esperanza a mi niño y se portara bien, haciéndole
creer que un hombre vestido de rojo, un balbú, va a venir el
día 25 y le va a dejar unos regalos. Señores, no hay manera de hacer
ese niño obedecer. Tengo que mentirle. Que se porte
bien, o si no, Santa Claus no le va a dejar. Y como el fin es lograr la obediencia
y Dios me manda, y Dios le manda al niño que obedezca, es un fin
bueno, por lo tanto el medio no importa. Eso es una filosofía
antibíblica y abólica. Pecar para lograr un buen fin. Ni no hay mentira más peligrosa
que aquella que uno comete contra sí mismo, mintiéndose a uno mismo,
haciéndose creer que es cristiano y no lo es. Ese es el tipo de
mentiras que es el fuego del infierno que convence a uno que
se engañó. Abramos los ojos hoy, pidamos al Señor que nos ayude
a abrir los ojos y saber quiénes somos. Por eso la Escritura en
2 Corintios 13, versículo 5 nos dice, poneos a prueba y ve si
estáis en la fe. Esto es serio. Y la razón que el Señor nos da
en este texto de por qué debemos dejar la falsedad y hablar verdad
cada cual con su prójimo en la siguiente. Fíjense que el versículo
termina porque somos miembros los unos de los otros. Pablo,
¿por qué debemos dejar la falsedad y hablar siempre la verdad? Porque
somos miembros los unos de los otros. Pablo pudo haber dicho
porque el Señor lo dice. Pablo pudo haber dicho porque
se va conforme al ser de Dios, que es un Dios veraz. Pero él
da otra razón entre las tantas que hay. Porque somos miembros
los unos de los otros. En el caso de una iglesia, y
fue dirigido una iglesia, ustedes son miembros del mismo cuerpo
espiritual, miembros de esa iglesia local en Éfeso, miembros que
deben amarse unos a otros y hacerse bien, miembros que deben siempre
hablarse la verdad. Por lo que ustedes son un cuerpo.
Eso mismo podemos llevarlo al matrimonio. Ustedes no tan solo
son miembros, uno de los otros, ustedes son uno y deben hablarse
verdad unos a otros. Es en ese contexto que se nos
llama dejar la falsedad y decir la verdad. Y hermano, lo que
se nos dice aquí en Efesios 4.25 es fundamental para cultivar la confianza en el matrimonio.
Y ahora llevamos lo de Efesios 4, 25. Vamos a aterrizar ahora
el matrimonio para ver cómo se aplica. Pero antes de eso, quizás
alguien diga. Y usted le va a aplicar eso al
matrimonio cristiano. Pero se supone que los cristianos
no mienten. Se supone. Sí, los cristianos pueden mentir. No como patrón. Si son nuevas
criaturas en Cristo, no es un patrón, pero sí pueden llegar
a mentir. Efesios 4, 25 fue escrito a quién? A cristianos, a quienes se les
dijo quítense la falsedad, hablen la verdad a cristianos. No fue
que estaba al lado de Pablo Timoteo, sin querer iba pasando al lado,
le movió el codo y él escribió ese versículo por error. Eso
no fue un malgaste, malgaste de tinta por parte del apóstol,
fue inspirado por el Señor. El Señor nos lo dice aquí porque
tanto en el cuerpo de Cristo como iglesia y en el matrimonio
puede haber mentira. En una relación en la que abunda
la mentira, en vez de haber, en vez de la verdad, habrá dolor,
inseguridad, y definitivamente habrá desconfianza. Si un cónyuge ha encontrado,
ha descubierto que el otro le ha mentido varias veces, habrá
desconfianza. Y serán muchas verdades más de
ahí en adelante y un patrón de verdad verificada que irá poco
a poco haciendo que esa confianza se restituya. Y dependiendo de
las mentiras y el carácter de lo que se estaba encubriendo,
dependerá también el tiempo que tome para que se reconstruya
esa confianza. Supongamos, por ejemplo, que
un esposo se le acerca a una esposa que ve que está media
muda, lavando los platos en la cocina o preparando la comida
o haciendo lo que sea, pero tiene un silencio sepulcral. y le pregunta
a ella qué te pasa, mi amor? Y la respuesta es nada. Cuando
ella está muy molesta con él, en verdad, cuando en verdad te
está molesta por la falta de ternura de él para con ella,
cuando en verdad te está molesta por el egoísmo de él en la intimidad
donde sólo él busca su satisfacción y no le y no la espera a ella
como debe esperarla. cuando está verdaderamente herida
por la indiferencia de él hacia ella, entonces ella mintió cuando
dijo no pasa nada. Esas son las mentiras que se
ven fácilmente en un matrimonio en el día a día. Pero no le llamamos mentira.
Esa persona lo más seguro justifica ese nada cuando realmente la
respuesta es algo. Justifica ese nada diciéndose
yo no estoy por hablar y si hablo voy a pecar. Mejor digo nada. En otras palabras mejor miento.
Mejor digo algo que no es conforme la realidad. para evitar mayores
problemas. No, no, no, eso no se resuelve
así. Lo que debía haber, vamos a empezar de nuevo. Toma dos.
¿Qué te pasa? Estoy muy triste por la manera
en que tú me has estado tratando desde hace un tiempo ya, mi amor.
Cuando yo esté en condiciones de hablarte, dejaré saber. Ahora
mismo no estoy en condiciones, estoy muy quebrantada, muy emotiva. Si me pongo a hablar, no que
voy a terminar llorando, ni te voy a poder explicar bien lo que
te quiero decir. Déjame mejor tomar un tiempo
para orar. Yo te aviso cuando esté lista. Te ruego que ores
también, pero yo tengo que ser transparente contigo. Esa es
la verdad. Eso es lo que debiste haber respondido. Si, yo entiendo que a veces ese
nada puede decir, mejor decir nada porque realmente lo que
está pasando yo no estoy segura, no estoy clara, puede ser un
malentendido, porque hay cosas que uno no entiende bien, pueden
ser malentendidos, pueden ser conjeturas de parte de ella.
Pero yo dije esto, el ejemplo que mencioné, estoy hablando
de cuando ella ha visto un patrón de conducta para con ella que
la ha hecho sentir triste, realmente ella está triste. Y la respuesta
en ese caso sí, no debería ser nada. La esposa se le acerca
al esposo a quien ella acaba de ofender, hablándole con un
niño delante de sus propios niños o delante de hermanos o amigos. Y después que se van, se va a
la visita, ella se le acerca triste y le dice, mi amor, perdóname. Y si esa es la cuatrigésima vez
que ella hace eso, No porque lo lleven en cuenta, sino que
ha habido un patrón. Y la respuesta del esposo en ese momento es,
no te preocupes, no ha pasado nada. Mister esposo acaba de
mentir. Porque sí ha pasado algo. Y es
algo encima de los tantos algo que han pasado ya. Cuando él está profundamente
herido, porque otra vez ella lo humilló en público. Él está herido porque siente
la falta de respeto de ella para con él. Porque ella generalmente,
en una manera a veces sutil, lo humilla al socavarlo y regañarlo
a él delante de los demás como si fuera su hijo mayor. Se la
pasa negándosela en la intimidad también, como patrón. Él debió haber dicho, te perdono,
mi amor. pero ya lleva tiempo haciendo
lo mismo. No solo estás pecando contra el Señor por tu manera
de hablar, me hizo cavarme delante de los demás, sino que también
me tienes el corazón quebrantado. Vamos a sentarnos a hablar. Yo sé, hermanos, que quizás tú
no quieras hacer sentir mal a tu cónyuge diciéndole la verdad
sobre cómo sus pecados están afectando a ti y cómo está haciendo
mal a la relación. Pero a la hora de decirle la
verdad a ella o a él, debemos mirar más allá de los sentimientos
de nuestro ser querido y ser fieles al Señor que nos ha dicho,
dejando la falsedad, hablar verdad cada cual con su prójimo. Y eso
no es un asunto de los sentimientos de nadie. Es un asunto de hablar
la verdad. Y yo no dije gritar la verdad. Yo no dije aplastar
al otro con la verdad. La Escritura dice en el mismo
Efesios, hablando la verdad con amor. Gracias. Ustedes se lo saben. Hablando
la verdad con amor. No ser sinceros en cuando estas
cosas es esconder la verdad y por lo tanto es mentir a nuestro
cónyuge. y es seguir perpetuando el problema que tenemos. Y cada
nada, cuando es realmente algo, no solamente mentimos, estamos
empeorando el matrimonio y la relación matrimonial. Tenemos
que obedecer al Señor que nos manda hablar la verdad. Si a
veces decirle la verdad a nuestro cónyuge serán como fieles heridas
de un amigo, dolerá, será doloroso. pero le hará bien a su alma y
ayudará a fortalecer la confianza mutua en el matrimonio. Y es
porque aunque le haya dolido enterarse de que ya tú llevas
meses o años con ese resentimiento en tu corazón contra él, le consolará
saber que finalmente te desahogaste y le dijiste la verdad y que
ya no seguirás mintiéndole. porque le pediste hasta perdón
por las veces que guardaste eso. Tuviste que haberselo dicho antes.
Al decírselo, él pudo darse cuenta del mal que estaba cometiendo,
te pudo pedir perdón y ahora se han reconciliado y están en
el proceso de enfortalecer su matrimonio porque dijiste la
verdad. Hermanos, tenemos que pedir al Señor que nos ayude
a aplicar Efesios 4, 25 cuando nuestras emociones y temores
traten de impedirlo. A veces no decimos la verdad
por temor. A veces no decimos la verdad
por temor. ¿Cuántas no son las esposas que le mienten a sus
esposos por temor a provocarle la ira al esposo? Ay, que si
le digo la verdad, ese hombre explota. Mi amor, ¿todo bien? No, nada. Sí, porque se pone como una fiera.
Bueno, métete en una jaula y dísela. Y no te preocupes, que no te
va a poder ni arañar. En otras palabras, mejor confía
en el Señor, pero aplica su palabra, como dijo alguien de antaño.
Obedece al Señor y déjale las consecuencias a Él. Que va a
explotar. Ten el teléfono listo, si tiene
que llamar 911, si le da un patatú y cae en el piso. Pero en medio de los gritos, tú podrás decir, gracias Señor
que me ayudaste a ser fiel. Y diga la verdad. ¿Cuántos esposos
dejan de decir la verdad por temor a que sus esposas vayan
a pensar mal de ellos? Ay, si ella se enterara. Recuerda que es a Cristo a quien
tú sirves. Y a Él, y Él te manda a decir la verdad. Asegúrate
de serle fiel. Teme al Señor, porque Él no va
a tomar tus mentiras a la ligera. Siempre háblense la verdad. Procuren
vivir con una buena conciencia delante de Dios y de su cónyuge,
de que ustedes siempre le dicen la verdad. No hay mejor compañera
para el corazón de un creyente con una buena conciencia. Un puritano dijo, creo que fue
Thomas Watson, tú como creyente, tú no irás al infierno. Pero el Señor puede hacer que
un infierno venga a tu conciencia. El tener una carga de conciencia
es como tener un infierno por dentro. Sufrimiento y tormento. Y una de esas cosas es la mentira.
¿Quieres fortalecer la confianza en tu matrimonio? En primer lugar,
siempre díganse la verdad. En segundo lugar, siempre estén
dispuestos a reconocer sus debilidades y pecados. Yo creo que ahí lo
dicen. Siempre está dispuesto, pero lo cambié. Siempre estén
ambos. Siempre estén dispuestos a reconocer
sus debilidades y pecados. Hay a quienes le cuesta muchísimo. Hay creyentes, estoy hablando
cristianos. Hay cristianos a quienes les cuesta muchísimo reconocer
ambas cosas. El esposo que casi nunca reconoce
sus debilidades y sus pecados le comunica a su esposa algo
muy claro. Yo soy perfecto. ¿Y quién le va a querer eso?
La esposa le dirá, cuéntame un cuento de vaquero, que ya yo
me sé ese, ya. Eso es un cuento. La realidad
es que nuestros cónyuges a diario ven evidencias de que no somos
perfectos. Pero por otro lado nos ven reaccionar
como si fuéramos perfectos. Ustedes no creen que eso provoca.
Ustedes no creen que eso engendra desconfianza. Ahora, ¿qué si
ella rara vez te escucha reconocer tus faltas y tus pecados? ¿Qué
tú crees que eso producirá? Bueno, además de mostrar que
eres muy orgulloso, estarás minando la confianza que ella te tiene
a ti. ¿Por qué ella te verá a ti como una persona falta de integridad
y falta de humildad? Falta de humildad, falta de integridad.
Te agarraron con la mano en la masa y aún así lo niegas. Y aún así lo niegas. Hace muchos años, en los años
90, en la tiendita esa que trabajé, me tocaba vigilar que las personas
en ese barrio, que era un barrio medio malito, no entraran a robarse
los artículos. Y en una, yo agarré a una señora
metiéndose algo de, creo que para aceterizar, no sé, algo
del producto del perro, metiéndoselo así, y yo la confronto con ella. Y, al fin y al cabo de preguntarle,
¿qué usted hace metiéndose eso ahí? Su respuesta, con una actitud,
fue, ¡yo tengo mis razones! Usted tiene sus razones. ¿No nos parecemos nosotros a
esa señora cuando nos reprenden? Como si fuera que tuviéramos
nuestra razón para irarnos pecaminosamente. Como si tuviéramos razón para
herir a nuestros cónyuges con nuestras palabras. Ella sabe,
y él sabe, que se casó con un pecador. Pero le duele y hasta
le molesta cuando ve que ese pecador no quiere reconocer que
peca. Escuche el lenguaje de una persona que teme a Dios.
Salmo 32, versículo 5. El salmista te confesé mi pecado
y no encubrí mi iniquidad. Lo reconoce como suyo. Dije,
confesaré mis transgresiones al Señor y tú perdonaste la culpa
de mi pecado. Su oración no fue la siguiente.
Te manifesté el pecado al que me provocó mi mujer. No encubrí
la iniquidad cuando ella me fue de tropiezo. Ni aún menciona
al diablo, el tentador. Él se hace responsable de su
pecado. Salmo 32, versículo 5, en el
Salmo 51, mi conocido Salmo, donde el salmista confiesa su
pecado cometido contra Dios, contra Betsabe, contra su esposo,
etcétera, contra todo el pueblo, contra ti, contra ti solo el
pecado. Y he hecho yo lo malo delante
de tus ojos, de manera que eres justo cuando hablas y sin reproche
cuando juzgas. Pablo, un hombre eminente en
piedad, sumamente maduro, a quien no le damos ni por los tobillos
espiritualmente. Óiganlo hablar en este texto,
2 Corintios 1, 8. Porque no queremos que ignoren
hermanos acerca de nuestra aflicción sufrida en Asia. Porque fuimos
abrumados sobremanera más allá de nuestras fuerzas, de modo
que hasta perdimos la esperanza de salir con vida. Y tú me dices,
pero ¿dónde está el pecado? No, no, yo no lo menciono porque
él pecó. Lo menciono porque Pablo humildemente
es transparente y reconoce que él es débil, porque miren lo
que dice. que estuvieron fueron abrumados sobremanera más allá
de nuestras fuerzas, lo cual muestra que él sabe que él no
tenía toda la fuerza, se le era débil y ahora de modo que hasta
perdimos la esperanza de salir con vida, que el gran apóstol
Pablo, un hombre de tanta fe, perdió la esperanza. Eso es una
muestra de humildad ahí. Pero Pablo, tú no has dicho,
tú no dijiste que todo lo puedes en Cristo que te fortalece. Tú
no fuiste el que le dijiste a aquellos hombres cuando naufragaban y
casi pierden la vida que el Señor le ha dicho a ustedes, que te
dijo a ti que no se iba a perder vida y tú mostraste gran confianza.
Sí, pero Pablo hubo ocasiones donde se vio con su fe débil.
Y tú me dirás, hermano, mire, yo reconozco mis pecados delante
del Señor y los confieso a diario. Gracias por decírmelo. Te animo
a seguirlo haciendo, pero tu problema no es en reconocer tu
pecado delante del Señor. Tu problema es reconocerlo delante
de tu esposa. Son dos cosas diferentes. Tu problema es tu orgullo. Tu
problema también es ese temor desmedido, enfermizo que tienes,
dominante que tienes, de perder tu respeto, el respeto que tú
quieres que te den. Para algunos hombres especialmente,
el respeto es un ídolo que tienen en sus corazones. Es un dios,
un mini dios, le tiene un altar en su corazón al respeto. Yo
demando respeto en este hogar. ¿No será que el respeto es algo
que tú idolatras? Y la más mínima cosa lo ves como
una falta de respeto. Una pregunta de tu esposa para
informarse más o entenderte mejor. la interpretas como cuestionamientos. Para poder cultivar la confianza
en el matrimonio, nuestros cónyuges deben ver en nosotros humildad
y transparencia. Cuando ella no ve esto, le dices
que estás fingiendo ser lo que no eres, porque ya sabes que
tú tienes tus debilidades y pecados. Estás tratando de esconder la
falsedad del pecado, la fealdad del pecado que aún more en ti.
Te duele el orgullo el tener que decirle perdóname mi amor. Y te voy a decir la verdad, a
veces decir perdóname no es el problema, es decir por qué estás
pidiendo el perdón, ahí hay que picar. O más fácil decir, como en inglés,
sorry. Una formulita mágica, como que
uno cree que eso ya resolvió todo. Sorry es la abreviación
de I am sorry, lo cual significa estoy triste, lo siento, mejor
dicho, lo siento. No, a ella no le importa saber
tus sentimientos. Ella lo que quiere saber es que tú reconozcas
que tú has pecado contra ella. Esto es un asunto de cómo tú
te sientes, la pregunta es cómo se siente ella, cómo se siente
él a quien tú has herido. Aún en el sorry ese somos muy
egoístas. Santiago 516, confesaos vuestros pecados juros a otros.
No dice únicamente pídanse perdón, confiésale tu pecado. Mi amor,
perdóname por ser tan insensible para contigo. Perdóname por ser
tan egoísta en la intimidad. Perdóname por ser tan arrogante
en mi manera de responderte y reaccionarte. Perdóname por mi indiferencia,
que soy tan olvidadizo en lo que tiene que ver contigo, pero
me recuerdo mucho de lo que tiene que ver conmigo. Perdóname por
hablarte ásperamente. Te pregunto, mi hermanos y hermana
también, ¿sientes tu esposa que está casada con un hombre que
se cree perfecto? Hubo un individuo que una vez
le dijo a Spurgeon que él era perfectamente santo, que él había sido santificado,
que él no tenía pecado. Spurgeon, que era muy ocurrente, se le
ocurrió dar una pisada en el pie al hombre y le salió el pecado
al hombre. Si tu esposo te dice que es perfecto,
procede, hermana, como dice el griego, a pisotearle el pie. Y ahí se verá si es perfecto
o no. Yo te pregunto, ¿generalmente
le toma mucho esfuerzo a tu esposa o esposo hacerte ver que tienes
una debilidad de carácter con la que tienes que trabajar o
algún pecado? ¿Cuántas horas generalmente le toma tu cónyuge
después de varias discusiones llevarte a ver que tú estás mal? Pídele al Señor que te dé un
corazón humilde. que te ayuda a ver más fácilmente tus debilidades
y pecados delante de él, pero también delante de tu cónyuge.
En la medida en la que tu cónyuge vea que con el pasar de los años
eres más propenso a reconocer tus pecados y a confesarlos,
más aumentará su confianza en ti. Más segura estará de que
estás creciendo espiritualmente. Más fácil le será a ella cada
vez acercarse de aquí y señalar de tu pecado, porque lo hará
con esperanza y confianza por el patrón que ha visto ya. Él
seguro va a ver lo que le voy a decir. Él lo va a entender.
Quizá le cueste un poquito al principio, pero yo voy a esperar
en el señor, porque ya lo ha hecho antes. Le dará la sensibilidad
espiritual para reconocer que actuó mal. ¿Deseas fortalecer
la confianza en tu matrimonio? Si, siempre díganse la verdad. Dos, siempre estén dispuestos
a reconocer sus debilidades. Y tú me dirás, hermano, buenos
puntos, es verdad. Siempre tenemos que decirnos
la verdad. Siempre debemos estar dispuestos a reconocer nuestras
debilidades y pecados. Pero déjame decirle algo. Por
la gracia del Señor, puedo decir que mi esposo no tiene problemas
con eso. Él es una persona que en lo que he visto siempre me
dice la verdad. No tengo razón para cuestionar eso. Es una persona
que fácilmente reconoce sus debilidades
y faltas. A veces yo no tengo ni que venir donde él para decirle
que he hecho mal. Ya él viene. O cuando yo voy,
él viene de camino a decirme, mi amor, yo he pecado contra
el Señor y contra ti, perdóname. Y me es muy específico, porque
usted ve cómo te mencionó que seamos específicos. Él es muy
específico. Muy específico y transparente a la hora de pedir perdón. Mi
problema no es ese. El problema mío es que a pesar
de todo eso bueno que él tiene, yo soy propensa a sospechar de
él. A veces me asaltan pensamientos
muy feos, hermano. Los otros días él me llama y
me dice, mi amor, voy a llegar tarde. Quizás una hora, una hora
y media más tarde. Y aunque siempre me ha dicho
la verdad, no le niego que en ese momento yo dije, está bien,
mi amor, gracias. Pero a la vez me asaltaron unos
pensamientos muy feos. Yo pensé, cuidado si es. No realmente que hay mucho trabajo,
sino que se va a ver con alguien. Con frecuencia le reviso el celular
de una manera a veces media frenética, por si acaso que si encuentro
algo. No he encontrado nada, pero El hecho de que haya un
deseo en mí, una curiosidad en mí, me preocupa porque él no
me ha dado razón para ello. Y lo que me duele es que él se
ha dado cuenta de que soy así y eso le hiere a él. Mi hermana, yo te diría, y esto
puede también aplicarse en hermano, pero mi hermana, yo te diría
que me alegra el ver que tú reconoces que tú tienes un problema en
tu corazón. Para uno crecer en el Señor y cambiar y ver esa
transformación del Señor es esencial que uno vea que tiene un problema.
Para entonces ir al Señor, Señor ayúdame en esto, perdóname lo
que yo he pecado, pero es bueno que por lo menos lo notas, es
bueno. Y me alegra que es un problema que te preocupa. Porque debe preocuparte y es
otra buena señal. Pero lo único que te diría, no
te conformes con eso. No te quedes en que ya sabes
que estás mal en eso y no hagas nada. No te quedes ahí. Permíteme
compartir de tres pasajes bíblicos. Brevemente decir algunas cosas,
algunas cuantas cosas a la luz de ellos para ayudarte en eso. Y con esto concluimos. Primero
los Corintios capítulo 13, versículo 7. que de hecho debo decir para
ser fiel en la exposición de la Palabra de Dios para quizás
y quizás desaire alguna cuanta persona. 1 Corintios 13 no es
un capítulo originalmente dirigido a parejas, ni a novios, ni a
matrimonios. 1 Corintios 13 está insertado por el Espíritu
Santo de Dios a través del apóstol Pablo en el contexto de una iglesia
que estaba teniendo un desorden en el uso de sus dones, donde
cada cual pensaba en sí mismo, donde cada cual estaba únicamente
preocupado por demostrar sus dones extraordinarios. Y en ese
contexto, Pablo le dice, miren, ustedes deben seguir un camino
más excelente. Yo se lo voy a mostrar a ustedes. No son esos dones,
es el amor. Y ahí empecé a primera Corintio
13. Y de hecho, en el capítulo 14, versículo 1, le dice otra
vez, por encima de todas esas cosas, estoy parafarseando, procuren
el amor. Ese es el contexto en que se
encuentra. Pero todas esas son características del verdadero
amor y podemos aplicarlo también al matrimonio. Primero Corintios
13, 7, entre las varias cosas que dice, dice el amor todo lo
cree. Todo lo cree. ¿Qué quiere decir
eso? Que el amor es ingenuo. Que si tu esposa, tu la, tu ves
que lleva 7 meses en constante comunicación por Whatsapp con
un hombre, el amor que todo lo cree te llevará a decir, tienes
que estarle testificando. Mira. Testificando. No, tú no
vas a pensar de esa manera. Y esa clase de amor que todo
lo cree no es un amor ingenuo. No. Hermanos, entre las varias
cosas que el amor verdadero produce en nosotros, es una disposición
a gozarnos con las virtudes de los demás, de resaltar más eso
que sus debilidades. Nos hace creer y pensar lo mejor
de las personas, a menos que nos demuestren lo contrario.
En lo tocante a la conducta de los demás, de nuestros cónyuges,
el amor nos ayudará a poner siempre la mejor intención. Seguro me lo dijo así porque
estaba demasiado tenso y preocupado por algo. No es el patrón. Y
no es que justifique, pero realmente algo debió haber estado pasando
que le llevó a reaccionar de esa manera. El amor te permitirá
aceptar sin cuestionamiento la razón que te da tu esposo de
por qué llegar a tarde ese día cuando no te ha dado razón para
que tú lo sospeches. Recuerda la regla del amor, la
regla de oro, perdón, que tiene como fundamento el amor también.
Hacer con los demás como queréis que los demás hagan con vosotros.
Lo cual nos lleva en este contexto a preguntarnos, ¿no queremos
nosotros que también se nos crea cada vez que decimos algo? Entonces
aplícaselo al otro. La regla del amor te lo exige,
Mateo 7.12. Pues como de seguro ya has visto
tu desconfianza, me dirigo a ti hermana que me abriste tu corazón
y me dijiste que el problema es tu desconfianza y se aplica
a ti también hermano. Como ya has visto, tu desconfianza
y tus sospechas infundadas son fruto de tu falta de amor por
tu cónyuge. ¿Por qué tú misma has dicho que
no te ha dado razón para desconfiarme y para sospecharme? Entonces
hay falta de amor, falta de ese amor. Primero los Corintios 13,
versículo 7. El amor todo lo cree. Él no te
da razón para desconfiarlo, pero lo desconfías como quiera. Es
porque no lo amas como deberías amarlo. No lo has estado amando
con un amor que todo lo cree, con un amor que todo lo espera,
con un amor que siempre confía al ser amado. Pídele al Señor
entonces que te enseñe a amar de esa manera. Sólo Cristo puede
hacerlo. Sólo Cristo puede hacerlo. Otro
pasaje que te puede ayudar en este contexto es Juan 7, versículo
94. No juzguen por la apariencia,
sino juzguen con justo juicio. Debo decir de entrada, ven hermanos,
que la Biblia no nos prohíbe juzgar. hay cierta clase de juzgar que
el Señor prohíbe. En Mateo 7.1 el Señor dice, no
juzguéis para que no seáis juzgados, y como la gente típicamente le
gusta sacar los textos fuera de su contexto, entonces se convierte
en algo aislado y dicen, no, el Señor prohíbe juzgar. Sigue
leyendo. Si sigues leyendo, te darás cuenta
que la clase de juzgar que prohíbe el Señor ahí es un juzgar hipócrita
y es un juzgar con un sentido de superioridad farisaica. Pero
en este texto el Señor nos dice claramente cómo debemos juzgar.
Que no juzguemos. Lo que prohíbe aquí es que no
juzguemos según las apariencias. Pero se nos manda aquí a que
juzguemos con justo juicio. ¿Y qué es eso de juzgar con un
juicio justo? Bueno, un juicio justo es uno que no es según
lo que únicamente se ve en la superficie. Tú lo ves en la superficie
y crees que eso es. No, no necesariamente. Un juicio
justo es uno que no es según las apariencias, sino un juicio
que antes de emitirse, se mete por debajo de la superficie para
ver realmente lo que hay ahí abajo, a ver si hay evidencias
ahí abajo que le permitirán emitir un juicio justo y fundado. Por
eso hará preguntas, por eso indagará antes de sentenciar. El que juzga
según las apariencias, sentencia inmediatamente. Y cuando ya sentenció,
no le explique nada que sentenció, ya eso no se cambia. El Señor
no quiere que nosotros juzguemos a las personas en base a conjeturas
y mucho menos en base a rumores que no han sido corroborados. Jamás lo hagamos. También un
juicio justo es uno que no tan solo se fija en un solo acontecimiento,
en un solo pecado, en una sola mentira, sino en un patrón de
conducta, patrones que son los que generalmente nos confirman
el verdadero carácter de una persona. Para yo llamar a alguien
mentiroso, tengo que haber visto que esa persona me ha mentido
varias veces. Pues mi hermano o hermana, si
tú has estado juzgando a tu cónyuge en base a tus sospechas y tu
corazón desconfiado, has estado desobedeciendo lo que el Señor
te dice en este pasaje de Juan 7, 24. Has estado emitiendo juicios
que no son justos. ¿Acaso es así que tú quisieras
que tu esposo te juzgue a ti? Claro que no. Claro que no. Pero más allá del amor, Pero
más allá de la falta de amor por tu cónyuge, más allá de estar
juzgando de manera injusta a tu cónyuge. El problema principal
de estas personas que viven sospechando a su esposo, a su esposa y viven
nerviosos. Es falta de confianza en el Señor. Salmo 37, versículo 3, entre
otros tantos que se podrían citar, confía en el Señor y haz el bien. Confía en el Señor y dedícate
a amar con ese amor que todo lo cree. Confía en Él y dedícate
a no juzgar, y dedícate a juzgar con un justo juicio. Cuando tú
le oras al Señor que guarde a tu esposo de las tantas tentaciones
que hay allá afuera, no confías en que el Señor es poderoso para
hacerlo. Hay que estar haciendo mi esposo por ahí. Pero tú no
le clamaste al Señor, Señor, guarda a tu siervo. Tú no confías
que el Señor aumentará su temor en él para que él sea parte del
mal. Tú no confías en que el Señor
le dará la gracia para que aunque se encuentre en un ascensor él
solo con esa mujer mal vestida en el trabajo, que él va a mantener
sus ojos donde debe mantenerlo. El Señor lo fortalecerá. Él lo
hace con muchos de nosotros todos los días. Él lo va a hacer. Confía
en el Señor. ¿O crees acaso que el Señor necesita
tu ayudita y tus habilidades de investigadora secreta para
encontrarlo a él en lo que está haciendo? No, si el Señor, el
Señor es que dice tu pecado te alcanzará. Si él está encubriendo
algo, el Señor lo va a sacar a la luz. Déjaselo al Señor,
confía en él. Él necesita tus habilidades.
Y en caso de que él llegara a caer un día, Porque yo no vine aquí
a prometerte que nunca va a caer o que ya nunca va a caer. En
caso de que él llegara a caer algún día, ¿acaso crees que el
Señor te abandonará si así fuera? ¿No confías en que él estará
contigo en ese momento difícil para fortalecerte y para mostrarte
que su gracia es suficiente aún en situaciones tan difíciles
como esas? Mi hermana, mi hermano, mira
más allá de tu esposo y tu esposa. Pon tu confianza en el Señor.
Él no te dejará ni te abandonará. Te voy a decir algo. Si el Señor
llegara a abrir tus ojos y te permitiera ver la debilidad y
propensidad pecaminosa que tiene tu esposo o tu esposa, y lo fácil
que es para él o ella caer en todo momento, tú no podrías soportar
eso. Tú no podrías vivir con ese conocimiento. No dormirías tranquilo. Él ha
sido el que los ha sostenido por todos estos años a ustedes.
Es a Él que debes dar la gloria y las gracias. Es su gracia toda
suficiente la que los ha guardado a ustedes de caer. Y tú estarás
muy sospechoso de Él. ¿Qué podría ser Él? Tú te estás
considerando a ti mismo, que tú también puedes caer. Él ha sido el que les ha dado
a ustedes la convicción de pecado cuando han pecado o la convicción
de pecado cuando estaban a punto de cortar el borde del manto. El Señor que le ha despertado
la conciencia. Él es el que le ha capacitado
para que se perdonen unos a otros a pesar de las tantas ofensas
a lo largo de los años. Confiemos en el Señor, Él es
el Todopoderoso y demos la gloria a Él. aplicando estos principios
que hemos estado aprendiendo en estos estudios. Mi amigo que nos visitas, hemos
hablado de la confianza este domingo, hemos hablado de la
confianza el domingo pasado, pero estamos hablando principalmente
de la confianza entre seres humanos. Tu problema principal con Cristo
es que tú no confías en Él. ¿Cómo que no confío en Él? Bueno,
cuando la Escritura dice, cree en el Señor Jesucristo, no es
que creas que Él existe, eso es únicamente. No es que creas
con una fe histórica en el sentido de lo que tú crees que hubo un
ser y una persona llamada Jesucristo que ciertamente nació en Belén,
se crió en Nazaret, vivió y fue crucificado en una cruz. No,
no te conformes con una fe histórica. El llamado de la escritura es
una confianza plena y única en él, en su persona, como el único
suficiente salvador de pecadores, y en su obra, como la única que
puede limpiarte de toda maldad delante de Dios. Mi llamado a
ti es que confíes en él. Porque la escritura dice que
el que no cree en él ya ha sido condenado. No es que no te veas
como una persona que está en espera de un juicio solamente,
porque lo estás. Pero en cierto sentido la escritura
dice que ya tú estás condenado por no confiar en Cristo para
salvación. Y eso es un problema grave y
serio. Es un asunto serio que tú tienes delante del Señor.
El que no cree ya ha sido condenado. Pero el grande misericordia se
deleita en salvar a pecadores. Envió a su hijo Jesucristo y
lo dice claro ese versículo muy conocido que de seguro tú te
sabes de memoria. Juan 3, 16, porque de tal manera, de una
manera tan grande e incomprensible, amó Dios al mundo, este mundo
indigno, ingrato, que es indiferente a él, que envió a su Hijo Unigénito. Y sabemos a qué lo envió. Para
que todo aquel que cree, que confía en él, no le suceda lo
que le va a suceder si desprecia a Cristo. Para que todo aquel
que confía en él no se pierda. lo que es el justo castigo que
merecemos, sino que tenga vida eterna. Vida eterna no significa
vivir para siempre en la Biblia. Vida eterna habla de una calidad
de vida. Vida eterna habla de vivir con Cristo en los cielos
para siempre, en eterna comunión con Él. Porque si es por vida
interminable, los condenados en el infierno tienen vida interminable
también. Pero qué horrenda cosa será para
personas como tú que han oído tanto el evangelio, encontrarse
condenado y pensando por la eternidad, yo pudo haber estado ahora en
la gloria y no lo estoy porque rechacé a Cristo. Si tú, mi amigo,
piensas que tú estás en un punto neutral, que tú estás indeciso
en el medio, Entre creer en Cristo y no creer en Cristo, la Biblia
no te ve en el medio, la Biblia te ve de uno de los lados. El
que no cree, ya ha sido condenado. Tú estás desde el lado entonces,
si no has creído en Cristo todavía. Pero si crees en Él, todos tus
pecados serán perdonados. ¿Y tú sabes cuál pecado será
perdonado? Todas esas mentiras que has dicho. Es uno de los
pecados que más cometemos. y que más celebramos como impíos,
como personas incrédulas. Yo le dije tal cosa y se ríen. Yo le dije al jefe que se me
pinchó una llanta. Pero no se dan cuenta muchas
veces como Dios levanta el telón y el pecado lo alcanza. Le vienen
a traer al jefe el asunto de la llanta ya por cuarta vez y
se equivocan. O queriendo cubrir una mentira
con otra, en ese proceso se descubren. Y lo que querían tapar, se les
olvida taparlo. La evidencia que querían borrar,
se les olvidó borrar, o creyeron haber borrado, pero no fue, no
se borró. Se quedó. El Señor tiene maneras de decirte,
yo soy el juez del universo. Y por eso te puso un mini tribunal
en tu conciencia que te recuerda que tu cita con el juicio estaba
más cerca hoy que ayer. ¿Me estás metiendo miedo? Ojalá
yo que sometiera miedo y te trajera a Cristo, pero ni eso te trae
a Cristo. Tú necesitas que Dios haga una obra en tu corazón,
mi amigo. El miedo al infierno, ninguna de esas cosas te llevarán
a Él. Así de duros somos, pero Él es todopoderoso para salvar
pecadores. Clama a Él y serás salvo. Oremos. Padre, gracias
te damos que en tu misericordia nos das el privilegio de nuevo
reunirnos aquí a adorar tu nombre, a exaltarte, a reconocer que
si no fuera porque tú nos invitaste, como cantamos, nosotros no hubiéramos
querido oír tu voz, hubiéramos seguido rehusando escuchar tu
voz. Gracias por haber tenido de nosotros misericordia, habernos
invitado con poder, en una manera irresistible, de modo que vinimos
arrastrados por tu gracia y hoy estamos delante de ti. Te rogamos
que nos ayudes a aplicar estas cosas que hemos aprendido, Señor,
para que como matrimonios te glorifiquemos en un mundo lleno
de mentiras, en un mundo en el que nadie confía a nadie, que
nosotros sigamos confiando en ti y podamos vivir de tal modo
que inspiremos la confianza de nuestro cónyuge. Señor, gloríficate
en nuestros matrimonios y a través de ellos y salva pecadores en
medio nuestro. Pedimos esto en Cristo. Amén.
Fortaleciendo la confianza
Series Matrimonio cristiano
| Sermon ID | 51023184402784 |
| Duration | 59:28 |
| Date | |
| Category | Sunday Service |
| Bible Text | Ephesians 4:6; Ephesians 4:25 |
| Language | Spanish |
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