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Levítico capítulo 1, daremos lectura a los primeros
6 versículos. Levítico 1, del 1 al 6. y llamó Jehová a Moisés, y habló
con él desde el tabernáculo del testimonio, diciendo, Habla a
los hijos de Israel, y diles, Cuando alguno de entre vosotros
ofreciere ofrenda a Jehová de ganado vacuno u ovejuno, haréis
vuestra ofrenda. Si su ofrenda fuera holocausto
de vacas, macho sin tacha lo ofrecerá. De su voluntad lo ofrecerá
a la puerta del tabernáculo del testimonio delante de Jehová,
y pondrá su mano sobre la cabeza del holocausto, y él lo aceptará
para expiarle. Entonces, degollará el becero
en la presencia de Jehová, y los sacerdotes, hijos de Aarón, ofrecerán
la sangre, y la rociarán alrededor sobre el altar, el cual está
a la puerta del tabernáculo del testimonio. y deshoyará el holocausto y lo
dividirá en sus piezas. Padre pasando a tu palabra, Señor
queremos santificarnos, queremos presentarnos Señor para que Tú
nos enseñes, nos instruyes, diriges nuestros pensamientos Señor hacia
nuestro Salvador y por gracia Señor nos da un crecimiento del
arrepentimiento Si hay alguno escuchando, Señor, que no te
conoce como Salvador, que tú seas obrando fe en su corazón,
te rogamos, y que mirando a Cristo, pueda encontrar tu gran salvación
y perdón de los pecados por medio de tu sacrificio perfecto, su
Hijo Unigénito, Cristo muriendo en la cruz por nuestros pecados.
Gracias Señor que Él en su justicia perfecta es
nuestra salvación y rogamos tu bendición en todo lo que consideramos
esta mañana en el nombre de Cristo. Amén. Nos vamos a concentrar aquí en
versículos 5 y 6. Leo otra vez. Entonces, degollará
el becero en la presencia de Jehová y los sacerdotes, hijos
de Aarón, ofrecerán la sangre y la rociarán alrededor sobre
el altar, el cual está a la puerta del tabernáculo del testimonio.
y deshoyará el holocausto y lo dividirá en sus piezas. Necesitamos dejar la idea de
que el perdón es una cosa fácil para el Señor. Algunos hemos experimentado situaciones
en las cuales puede ser una cosa muy difícil perdonar a alguien
que nos ha maltratado. Entonces podemos comprender a
Dios un poquito. Si perdonar es difícil para usted,
para mí, siendo que nosotros mismos necesitamos perdón, porque
somos pecadores y usted ha pecado contra otros
también yo he pecado contra otros también cuanto más difícil debe
ser para Dios quien es perfecto y nunca ha pecado contra nadie y nunca ha necesitado perdón
de ninguno Por supuesto, nada es demasiado difícil para el
Señor, y en su sabiduría infinita, Él divisó una manera en cual
podría derramar su juicio y mostrar su ira justa en contra del pecado,
y así perdonar a su gente elegida y adoptada. y para demostrar tanto a los
israelitas como a nosotros y a todo el mundo según su palabra algo
más de su provisión santa para el rescate de su gente de su
propia ira ordenó Dios el hola o el holocausto es el sacrificio
aquí puesto llamado aquí en el español, en Levítico 1, el holocausto,
que era el sacrificio principal, la ofrenda principal de Israel
y de todo su culto. Entonces toma por eso la primera
posición entre todos los sacrificios que Dios revela y de cuáles se
tratan aquí en Levítico 1 al capítulo 5. el hola o el holocausto, la ofrenda
enteramente quemada que encontramos en capítulo uno. Nosotros necesitamos
aumentar nuestra apreciación, nuestro agradecimiento de lo
que Dios ha hecho. Y no hay ninguna manera mejor
para hacerlo que meditar sobre la ley de Dios, sobre la palabra
de Dios. que revela su santa y justa salvación. Mientras pensamos sobre los detalles
del hola que Dios ordenó, debemos crecer en nuestro amor a Dios
y a Cristo por cargar el castigo que nosotros merecemos en nuestro
lugar. Cuando Él tomó la cruz, lo estaba
tomando en nuestro lugar. Tú y yo somos los que merecimos,
los que merecemos. Los pecadores entre Israel, que
eran todos los israelitas menos Jesús, los creyentes, merecieron
el castigo que Dios entonces puso sobre Cristo. Su ira, la
maldición de la ley, todo el sufrimiento que llegó
a nuestro Señor Jesucristo. Nosotros lo merecimos, pero Él
fue el que lo cargó en nuestro lugar, en vez de nosotros. para evitar que caía entonces
que caerá sobre nosotros. No hay ningún tema más maravilloso
para ocupar nuestros mentes que Cristo a quien vemos tipificado
de antemano en este rito de Levítico de la ley de Dios. Por eso seguramente
era parte de la razón por cual David En los salmos dijo que
era su meditación todo el día la ley de Dios. Lo amaba. O la amaba. Amaba la ley de Dios. Se deleitaba en eso porque ahí
estaba la revelación del perdón y la misericordia de Dios a pecadores. Además, necesitamos nosotros
siempre recordatorios, continuos de nuestra deuda con Dios. Somos
deudores. Y Cristo nos ha enseñado a pedir,
a orar, perdónanos nuestras deudas, como nosotros también perdonamos
a nuestros deudores, en forma diaria, en forma constante, regularmente. y somos más grandes deudores
a Dios que a cualquier otro, porque todos nuestros pecados
son contra Él. Todo lo que nos falta de la perfección,
de llegar al estándar de un amor perfecto hacia Dios, que es el primer mandamiento,
amarás a tu Dios con todo tu corazón, con toda tu fuerza,
con toda tu mente, con toda tu alma. Y todos quedamos cortos, cortos,
quedamos faltando, harto en la perfección de obedecer a ese
mandamiento. Entonces somos grandes deudores
a Dios. Y tenemos que recordar esto continuamente. Y las ofrendas de Israel donde
se mataban o cuando se mataban los animales delante de Dios servían de un recordatorio continuo delante
de Israel de su deuda, de la necesidad de una expiación, de
la necesidad de una salvación. de una redención, la necesidad
de un Mesías. Quizás no sabían muy bien cómo
el Mesías les iba a salvar, pero podían sentir por medio del culto
de las ofrendas que necesitaban el perdón de los pecados y necesitaban
un sustituto. Vamos a considerar tres cosas
que encontramos aquí. en estos dos versículos y la
primera es que el que ofrendaba o el sacerdote o un levita ayudante
del sacerdote debería matar a un hijo de la manada delante del
señor entonces dice la palabra de Dios te goyará el becero en
la presencia de Jehová era en la presencia de Jehová,
era delante del Señor que se sacrificaba la ofrenda. La traducción al griego del antiguo
testamento ocupa la palabra matarán. Según
Henry Aidsworth, en su comentario, la traducción al griego dice
matarán. Los levitas eran ayudantes de
los sacerdotes. En números 8-19 nos indica que Eran ayudantes. Solamente los
sacerdotes llevaban la sangre al altar, pero otros podían matar
al animal. No tenía que ser solamente el
sacerdote que mataba al animal. Entonces uno mataba al animal,
pero lo importante es que tenía que morir. Tenía que morir. Tenía que dar amar sangre. del
amar su vida. La vida está en la sangre. Iba
a ser necesario que Cristo, el Hijo de Dios, fuera matado delante
del Señor para hacer la expiación perfecta. Y también es interesante
que el hebreo ocupa la palabra un hijo, como acabamos de mencionar,
debería matar un hijo a un hijo de la manada delante del señor. Y así está escrito en el original. Ser torturado sería insuficiente. La sentencia del señor fue morirás. Desde la amenaza en Génesis 2, la sentencia por el pecado era
morirás. La paga del pecado es muerte,
el juicio de Dios sobre el pecado. Entonces el sustituto por el
pecador tenía que morir. no iba a ser suficiente si le
torturaban o lo pegaban o hicieron tantas cosas para que sufría
y entonces era libre. No tenía que sufrir hasta la
muerte. El Mesías sería cortado como
profetizaba Daniel. el sustituto por el pecador tenía
que morir. Entonces, de la misma manera,
el hola, o ofrenda quemada entera, holocausto, como su tipo, el
tipo del Mesías, tenía que ser matado. Tenía que morir. Como nos indica el Nuevo Testamento
también, sin derramamiento de sangre no se hace remisión. Ninguna expiación, ninguna reconciliación
con Dios podía ser efectuada sin el derramamiento de sangre.
Sin la muerte. Porque Dios demandaba muerte.
Eso era la... Eso era y es el castigo apropiado
por el pecado. Cada ola recordaba a la Israelita
la muerte que merecía por su pecado y de la necesidad de una
muerte para su comunión con Dios. Levítico, como hemos mencionado
ya una o dos veces, es el libro de comunión con Dios. Pero para
que podía un pecador tener una comunión, vivir en una comunión
con Dios, era necesario o necesaria su muerte. o si no su muerte,
que obviamente pondrá término al pecador y no habrá comunión, la muerte
de un substituto para que podían entonces llegar a tener una comunión. Cada ola recordaba al israelita
de esta necesidad. Además, usted como cristiano,
una vez creyendo en Jesucristo, debe morir a sí mismo. Cuando
Cristo murió, el Nuevo Testamento nos enseña que nosotros siendo
asociados con Él, morimos con Él. para que podíamos vivir con
la vida santa que Dios nos da por medio del don y regalo de
su Espíritu Santo para habitar en nosotros y la comunión que
tenemos con nosotros, la comunión que tenemos nosotros con Él.
Entonces, la vida misma de Dios va a manifestarse en nuestra
vida y nosotros vamos a morir al pecado y vivir a la justicia. vivir a Dios y más y más mientras que crezcamos
porque la santificación es un proceso. El hola significaba también lo
que toma lugar en la santificación del creyente, el pecador que
huye a Cristo y bebe entonces del Espíritu de Dios El pecador
que huye a Cristo y bebe del Espíritu de Dios se arrepiente
del pecado. Esto es, se torna del pecado.
Empieza a seguir a Cristo. Su vida cambia, es diferente.
Todas las cosas son nuevas. Somos criaturas nuevas. Dios nos llama a usted y a mí
a presentarnos enteramente a Él. Y gracias a Dios, Él nos da la
fuerza entonces para hacerlo. Porque sin comunión con Dios,
sin el Santo Espíritu, sin Cristo no podríamos hacer nada. Pero
por la misma fe que Él obra en nosotros, llevándonos a creer
en Cristo, Él nos torna, nos da el arrepentimiento a vida. Dios nos llama a presentarnos
enteramente a Él, a morir con Cristo y en Cristo, y a morir
a nosotros mismos para que vivamos a Él, a vernos a nosotros mismos
crucificados con Él. Y la vida que vivo ahora, lo
vivo por la fe en Jesucristo, quien me amó y se entregó por
mí. a morir a nosotros mismos para
que vivamos a él. El mandamiento de Dios para usted
es amortiguar, pues, vuestros miembros que están sobre la tierra. Colosenses 3, 5. Amortiguar, esto es matar, pues,
vuestros miembros que están sobre la tierra. No estamos hablando
de matar a los miembros de la iglesia. Estamos hablando de
matar nuestros miembros, que son nuestros brazos, nuestras
corrupciones, nuestros... todo... todo lo que es pecaminoso
de nuestra vida. Los miembros, especialmente espiritual,
de nuestra vida, nuestra alma, infectadas con o infectados con
el pecado, matando al pecado. Realmente es lo que está diciendo.
Tenemos que crucificar, mortificar a las obras de la carne. En Romanos 8, 13, Dios le dice,
si por el espíritu mortificáis las obras de la carne, viviréis. Esos son los miembros que tenemos
que mortificar, tenemos que matar. por la espada de Dios, que Dios
nos entrega. Si por el Espíritu mortificáis
las obras de la carne, viviréis. Entonces, viéndonos muerto con
Cristo para que vivamos con Él y su Espíritu nos controla, su
vida, su poder nos controla, entonces se matan las obras de
la carne en nuestras vidas y aprendemos a hacer el bien. La voluntad
de Dios. Para eso vino Jesús, para hacer
la voluntad de Dios. Y también para que nosotros,
siendo convertidos, hacemos la voluntad de Dios. Vivimos la
vida nueva, juntamente con Él. Esto es el Cesar del pecado,
de cual habla Pedro. De cual habla Pedro, en 1 Pedro
4, Versículos 1 y 2, donde dice
que el que ha cesado del pecado, lo ha hecho, abracito, para que
ya el tiempo que queda en carne viva. No a las coquiciencias
de los hombres, sino a la voluntad de Dios. Repito, el que ha cesado del
pecado lo ha hecho para que, dice Pedro, para que ya el tiempo
que queda en carne viva, no a las concupiscencias de los hombres,
sino a la voluntad de Dios. Ahora, el tiempo que nos queda
en esta vida en carne, viviendo aquí en este mundo pecaminoso, lo debemos vivir no a las conficiencias de los
hombres, más a la voluntad de Dios, sino a la voluntad de Dios, haciendo su voluntad en nuestras
vidas. Como dijo Cristo, no todos los
que me dicen, Señor, Señor, entrarán al reino de los cielos, sino el que hace la voluntad
de mi Padre que está en los cielos. Entonces es necesario que hacemos
su voluntad. ¿Y cómo lo podemos hacer? Solamente
por medio de la comunión con Cristo, que Él nos entrega porque
Él murió por nosotros y nos ha dado su Santo Espíritu y ha obrado
fe y arrepentimiento en nosotros para que mirando a Él, entonces
le seguimos y le obedecemos con las fuerzas que Él provee mediante
la fe. El animal que iba a ser matado
en este caso era literalmente un hijo de la manada. Este era un toro joven o un ternero,
como lo traduce el griego. Un macho joven sin tacha, con
gran potencial, como el joven y perfecto Cristo. Cristo murió
con 33 años aproximadamente. un joven, un hombre en las fuerzas
de su vida, el hombre perfecto, el hombre de mayor valor que
ha vivido, nuestro Señor Jesucristo, un hijo como el Hijo de Dios
y el Hijo del hombre. Las próximas palabras aquí, en
la presencia de Jehová, podían ser traducidas a la cara
del Señor. La matanza era al Señor. El sacrificio expiatorio de Cristo
que ha pacificado la ira de Dios era el hecho de darse a sí mismo
al Padre. Su padecimiento era a la faz
del Señor para que Él lo veía. Para que podía quedar satisfecho
su justicia, su juicio, su carácter de santidad. Dios en su santidad
vería su juicio ejecutado. sobre el sacrificio designada,
perdón, designado, sobre el sacrificio designado, Dios iba a ver el
juicio que él demandó, la muerte, ejecutaron sobre ese sacrificio. Solamente esto lo pacificará. La única cosa que pacifica a
Dios y en su ira en contra de los pecadores es la intervención
de nuestro Salvador Jesucristo. tomando la ira de Dios en sí
y muriendo en nuestro lugar en la cruz. Y cuando nosotros morimos
en Cristo también, cuando caemos a la tierra y morimos como una
semilla de grano, como Cristo dijo que era necesario para que
nuestras vidas pueden ser encontradas en él, es también a la cara del
Señor que morimos. Él lo hace. Él hace la obra.
No somos justificados por lo que traspasa en nuestras vidas.
Somos justificados solamente por medio de fe y por lo que
hizo Cristo. Pero siempre esa justificación
por fe está acompañada por una santificación que empiece por
fe. Y Dios empieza a Empieza este proceso que nos
va cambiando, nos va transformando, nos va transformando de hijos
del diablo a hijos de Dios, a hijos de luz, de hijos de desobediencia,
como somos llamados en Efesios 2, a hijos de obediencia, a hijos
que aman a la ley de Dios y aman la voluntad de nuestro Creador
y Señor. Es una transformación que empieza
y continúa en la vida del cristiano. A la gloria de Dios. Nos presentamos a nosotros mismos
delante de él. Como el Israelita trajo y presentaba
la ofrenda delante de la presencia de Jehová, de Dios, de Yahweh
el santo de Israel nosotros ponemos nuestro toro en el altar de Dios
para su uso siendo movidos a eso por el poder de el espíritu de
Dios y traídos como habla escrituras atraídos a Dios por las cuerdas
de su amor, su gran amor en Cristo y misericordia. El hola, este
sacrificio, el holocausto debería, debía ser matado en la presencia
del Señor. como leímos hace rato en Levítico,
capítulo 17. No se permitían sacrificios en
ningún otro lugar en Israel, sino solamente en los atrios
del tabernáculo de Dios. El tabernáculo que Dios había
puesto en Israel. No tendrás, o el templo, que
es donde, la continuación del tabernáculo. no tendrás dioses
ajenos delante de mí, dice el Señor. Así entonces, todos sus
sacrificios tenían que ser al Señor, tenían que ser en la presencia
del Señor, tenían que estar puestas, dirigidas, entregadas a la puerta
del tabernáculo, donde Dios había puesto su nombre. Los sacrificios
que se ofrecían a Baal en los montes de Canaán o aún los sacrificios
que se ofrecían al nombre de Jehová, pero en otros lugares
no serían ignorados por el único Dios viviente y verdadero, sino
que le eran una abominación, porque era contrario a su palabra,
a su mandato. Él había puesto su nombre donde
en su voluntad él dirigía que debía estar el tabernáculo. Ustedes recuerdan que en los
días de vagabación, vagabando, no sé si vagabación
es una palabra, vagabando en en el desierto por 40 años, se
movía el tabernáculo y se movía al campamento de Israel según
que se movía el fuego y la nube de la gloria de Dios sobre el
tabernáculo y sobre el lugar santísimo. Dios dirigía dónde
estaba, dónde iba a estar y que era el tabernáculo. Y ahí puso
su nombre Luego en la historia de Israel fue puesto en Jerusalén
y ahí es donde todos los israelitas estando en Babilonia o Asiria
o donde sea que estaban tenían que mirar hacia allá cuando oraban
y tenían que entregar sus ofrendas cuando lo entregaban ahí en el
tabernáculo. No se ignoraba, no se contrarrecía
o desobedecía este mandamiento sin problema. Era abominación
a Dios. Era un pecado importante. Dios
se preocupaba harto de la adoración y cómo se debería hacer porque
la adoración y la manera de adoración que Él entregó a Israel tenía
toda una razón. Debería concordar y manifestar
la santidad de Dios, el carácter de Dios. Cuidado con servir a
otros dioses en sus vidas. Que no son dioses, pero realmente
son diablos. Cualquier otro dios que no es el único dios verdadero y viviente. Todo lo que hacéis sea de palabra
o de hecho, debes hacer todo en el nombre del Señor Jesús. Si sirven a cualquiera de una
manera que es contraria a la voluntad de Dios, es pecado. Usted podría hacer una obra que
en sí mismo no es mala, es buena. Pero si lo haces de una manera, que es contraria a la voluntad
de Dios. Eso es pecado contra Dios. Cuando sirven a otros deben,
deben siempre ser parte de su servicio a Dios o el servicio,
mejor dicho, el servicio a otros que hacemos nosotros debe siempre
ser parte de nuestro servicio a Dios. Cuando cualquiera coloca
la voluntad de cualquier otra persona sobre la voluntad revelada
de Dios que tenemos en la Biblia, eso es una abominación al Señor.
Es tener un ídolo si obedecemos a otro en vez del Señor. Cuando
obedecemos a nuestro empleador, eso debe ser porque Dios nos
ha dicho que debemos obedecer a nuestro empleador en todo lo
que es correcto, en el Señor. Y si nuestro empleador nos dice
hacer algo que es contrario a la voluntad de Dios revelada en
la Biblia, tenemos que decir no, porque nosotros no servimos
a nuestro empleador, servimos a Dios. Igualmente en otras situaciones
de autoridad, delegada por Dios a distintas autoridades, distintas
autoridades. No podemos colocar a ninguna
persona sobre o ninguna organización o ninguna autoridad sobre la
voluntad revelada de Dios, porque eso será una abominación
al Señor. Segundo, los sacerdotes designados
debían traer la sangre cerca del Señor, cerca al Señor. Mira
lo que leemos aquí. Y los sacerdotes, hijos de Aarón,
ofrecerán la sangre y la rociarán alrededor sobre
el altar. el cual está a la puerta del
tabernáculo del testimonio. Primero el sacrificio, el holocausto
tenía que ser matado. Después la sangre traído solamente
por el sacerdote y fue aplicada al altar. Los sacerdotes debían traer la
sangre cerca al señor y esparcirla sobre el altar a la puerta del
tabernáculo de la reunión o en la congregación desde cada lado
del altar. Se podría ver entonces desde
cada lado. Y esto lo vemos en los tres casos
del holocausto. Si miran al versículo 11, también
con ovejas, corderos o cabras, versículo 11, y ha de degollarlo
al lado subtencional del altar delante de Jehová, y los sacerdotes,
hijos de Aarón, rociarán su sangre sobre el altar alrededor. Versículo 15, entonces, cuando
se presentaban aves, tórtalas o palominos, Persigo 15, y el
sacerdote la ofrecerá sobre el altar y ha de quitarle la cabeza
y hará que arda en el altar y su sangre será exprimida sobre la
pared del altar. Cualquiera que sea el animal,
cualquiera que sea de los cinco tipos de animales que se podrían
ofrecer como holocaustos, en cada caso vemos esto que es importante,
este elemento. que la sangre tenía que ser puesto
sobre, aplicada al altar. Cualquiera podría matar, pero
solamente los sacerdotes podrían ofrecer la sangre y aplicarla
al altar de Dios. Cristo es el que ora por nosotros. Y Él, como nuestro gran sacerdote,
es el único que tiene la oración eficaz. para nuestra salvación. Los sacerdotes aplicaban al altar
de Dios la sangre del sacrificio, porque ellos solamente podrían
acercarse al Señor como tipos del único mediador entre Dios
y el hombre, Jesucristo hombre. Jesús es nuestro mediador, el
único mediador entre Dios y nosotros. Y los sacerdotes fueron tipos
de Cristo nuestro Salvador enseñando ese elemento que ninguno podía acercarse a Dios sino el
que Dios decía, este se puede acercar a mí. Porque el único
últimamente que iba a poder acercarse a Dios era el hombre perfecto
de entre todos los hombres, nuestro Señor Jesucristo. Y Dios recibirá
a Él con el sacrificio que Él entrega por nosotros, que era
Su muerte representada por Su sangre. Ninguno posea acceso al Padre,
sino aquel Uno que Él ha designado, nuestro Señor Jesucristo. Y ninguno
podría acercarse al Señor con seguridad en la economía vieja.
Era muy peligroso acercarse a Dios. Como Dios había avisado a Israel
cuando estaba en el monte de Sinaí, en otras ecocesiones,
nadie se acercaba sino Moisés. Si alguno se acercaba aún al
pie del monte, morirá. Sólo el que él designaba. Entonces, como Andrew Bonar,
comentarista, ha escrito en forma viva, el animal es matado en
la presencia del Señor. Y ahora, qué escena tan solemne. El sacerdote trae la sangre. Mientras la trae en uno de los
vasos del altar, todos miran intensamente la sangre carmesí
templada. ¡Es la vida! Así, cuando la sangre del sacrificio
se trae adelante, la vida del sacrificio se trae a la presencia
de Dios. La palabra traducida rociarán
significa esparcir en grandes cantidades, según Bonar, un derramamiento
con rociamiento, como lo pone Henry Ainsworth. La septa jinta
la traduce derramar por encima. El sacerdote tomaba la sangre,
la vida perdida del animal y la derramaba y la esparcía sobre
el altar. Imagínense un altar de bronce
cubierto con rojo. Con sangre. Derramaba y la esparcía sobre
el altar alrededor o desde cada lado. Como dice aquí, la rociarán
alrededor. Desde cada lado pondrán la sangre. Siempre estaban quemando sacrificios
en el altar. Era el mismo fuego que quedaba
ahí día y noche. No era fuego extraño, como ofrecían
en Levítico 10, Nadab y Abihu, y morían. Perdieron su vida. Entonces era
el sacrificio, el fuego santo que estaba quemando ahí y siempre
ardía. como a la estufa rusa aquí nos
acercamos y si nos quedamos muy cerca cuando está ardiendo el
fuego entonces nos podríamos quemar nos podríamos quedar ahí
tan cerca tan en cualquier momento así también los sacerdotes se
acercaban al fuego ardiendo sobre los sacrificios ahí que soporían
día y noche y todo el día por mientras otros sacrificios. Había
uno en la mañana, el cordero de la mañana, el sacrificio de
la mañana, el sacrificio de la tarde, cada día. Además de todas
las otras ofrendas que Israel traía que se ponía encima. Y
entonces echaban la sangre en el altar mientras que ardía el fuego. para que pudiera ser vista desde
cada lado. Como dice Bonar, la sangre sobre
el altar y sus lados significaba que la vida del que ofrecía ya
era perdida y tomada. La vida del que ofrecía, no estamos
hablando del animal ahí. Cuando Dios recibía al animal
era un tipo de que recibía al que ofrendaba, al adorador, a
la persona que trajo el animal. Bonar continúa, era así que Jesús
derramó su alma hasta la muerte por nosotros. Y la voz desde
el altar ahora es mirar a mí y sed salvos todos los términos
de la tierra. Hay que mirar a Jesús. solamente
por medio de él y la fe en él podemos ser salvos. Además, no debemos solamente
mirar hacia la cruz de Cristo y el arroyo sanador que fluye
de su lado, sino que tenemos que beber la medicina. Tenemos
que por fe creer y recibir a Cristo como nuestro salvador. Beber
es descansar por fe en su promesa de rescate por su espíritu. Es solamente Cristo que salva
del pecado. Su sangre fue derramada para
el perdón de cada creyente que irá a él y beberá. Y ese beber
es descansar por fe en su promesa de rescate por su espíritu. Y
así ocuparnos de nuestra salvación con temor y temblor. Tememos
a Jehová, tememos a Dios, nuestro creador, con reverencia a su
palabra. Y no queremos pecar ya. porque Cristo ha muerto en nuestro
lugar para la salvación y para asegurarnos de recibir el Santo
Espíritu y el poder para ser santificados. Cada día más. Esperamos. es dar la espalda
al pecado por fe en su presencia prometida. Él está con nosotros,
entonces podemos dar la espalda al pecado. Y siempre debemos
estar intentando a dar la espalda al pecado, a tornarnos desde
el pecado, desde nuestro propio pecado, de las tenencias pecaminosas
que están en nuestros miembros en
la carne con fe en su presencia que él
nos prometió y en su rescate del pecado que nos prometió es
lo mismo que convertirse a Dios para hacer su santa voluntad
por medio del espíritu de Cristo que por fe confiamos Dios nos ha dado. Entonces la sangre sobre el altar
representaba la remisión o el perdón de los pecados por el
cual el creyente era reconciliado a Dios. la sangre puesta sobre el altar.
Era puesta sobre el altar de bronce que estaba a la entrada
del tabernáculo donde Dios habitaba para representar la admisión
a su favor que ganamos solamente por medio del regalo o el don
que Cristo ha dado. Su sangre preciosa. preciosa. Su sangre, su propia sangre preciosa
es el regalo o el don que Cristo ha dado, que nos ha ganado la
admisión a la presencia de Dios y a la comunión con Dios Santo. Y tercero, El hola era entonces
desollada. Quizás no saben qué significa
esa palabra. Versículo 6. Y desollará el holocausto
y lo dividirá en sus piezas. Tenemos dos cosas aquí. El desollar,
que es quitar la piel, sacar la piel del animal. Y después
el animal fue dividido. El sacerdote o levita tenía que
quitar la piel del ternero. En segundo de crónicas 35.11
nos dice que los levitas desollaban los sacrificios eran los ayudantes
entonces los los devitas a veces ayudaron los que no eran sacerdotes
ayudaron a los sacerdotes con este trabajo de quitar la piel
porque a veces se presentaban muchos sacrificios podía ser
mil en un día mil animales presentados o más el griego lo traduce deshoyaran Ainsworth, Ainsworth, perdón,
dice, ahí está en inglés, Ainsworth, dice, se refiere a los sacerdotes
y levitas que ayudaban a los sacerdotes en ofrendar todos
los sacrificios quemados. Esto lo encontramos verdaderamente
en Segundo de Crónicas 29-34. 29-34 donde leemos, más los sacerdotes
eran pocos y no podían bastar a desollar los holocaustos. Y así sus hermanos los levitas
les ayudaron. La piel sacada del animal, entonces
entregada a los sacerdotes como las primeras pieles que fueron
dadas a Adán y a Eva después de su pecado, podría significar
la desnudez y humillación de Cristo, sus aflicciones y las
de su gente también. Recuerdan que este holocausto
era enteramente quemado a Dios. Las mismas pieles que fueron
sacadas, fueron quemadas en el altar. ¿Por qué no poner todo
el animal ahí nomás? Por alguna razón Dios ordenaba
que se tenía que sacar la piel primero. y después que el animal
debería ser dividida en piezas y después puesto en el altar. La ropa de nuestro señor fue
quitada. Y Mikeas 3.3 habla del desueño de los israelitas
por sus propios príncipes malos. Mikeas 3.3 Bonar toma el desueño
también como un señal de la completa falta de justicia entre los hombres. La piel era un cubrimiento para
el animal o cubierta para el animal. Dice Bonar, mientras
que la piel estaba sin herida, las partes internas no estaban
expuestas al cuchillo. Pero sin la piel, entonces, el
ternero estaba expuesto y vulnerable al cuchillo, como nosotros somos
sin el regalo de la justicia de Cristo. Estamos listos para
ser divididos en piezas, si no fuera por el sacrificio de Cristo. Eso es lo que merecemos. Somos
nosotros desnudos por hablar así, como eran Adán y Eva, aunque
habían hecho cubrimientos de las hojas de las higueras para
sí mismos. Necesitaban la justicia del Cristo,
del Mesías. Cristo era así expuesto porque
fue hecho pecador por nosotros. Fue hecho pecado. Quizás no es
correcto decir pecador. Fue hecho pecado por nosotros.
Así lo dice la segunda carta a los Corintios 5.21. Fue hecho pecado por nosotros. Nunca pecó Cristo, pero llegó
a ser como un pecador porque Dios puso nuestros pecados sobre
él. Y justamente le castigó a él
como nuestro sustituto por nuestros pecados. Si no fuera así entonces Dios
no podría justamente castigarle a él. Pero voluntariamente Cristo
se puso en nuestro lugar para efectuar nuestra salvación y
redención y perdón. Y como un predicador dijo una
vez, una de las más grandes mentiras que hay en el mundo es El crucifijo,
¿se dice? El crucifijo donde siempre está
Cristo con algo puesto. Cuando le pusieron a nuestro
Señor en la cruz, estaba sin ropa. Fue humillado enteramente. Le quitaron la ropa. Y no estaba
cubierto como está la figura mala que está en los
crucifijos. Después que la piel era quitada,
el animal se cortaba en pedazos. Lo dividirá en sus piezas. La
palabra hebrea significa dividir por juntas. La dislocación entera de cada
junta y la separación de cada miembro del cuerpo era el proceso. Por esto, el tormento atroz que
el pecador merece parece ser representado, explica Andrew
Bonner. La ira de Dios haría un término
del pecador. un término del pecado en su juicio. Sería deliberado en los golpes
puestos sobre Cristo. Y su misericordia no perdonará
en el día de juicio que vendrá sobre el pecador sin arrepentimiento. Aún 1909, aquí en Romanos 8, Hablando de Cristo, ocupa la
palabra perdonar. Romanos 8, 32. El que aún a su propio Hijo no
perdonó, antes le entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos
dará también con él todas las cosas? El que aún a su propio
Hijo no perdonó. Dios no le dio menos de la ira merecida por el pecado. No perdonó a su hijo, aunque el hijo era inocente y
nuestro sustituto. La justicia, el juicio de Dios
lo demandaba. sería deliberado en los golpes
puestos sobre Cristo y la misericordia de Dios no perdonará a él en
ese momento para salvar a nosotros. porque era para salvar a nosotros,
y tampoco perdonará en el día de juicio que vendrá sobre todos
los no arrepentidos de este mundo. Bonar escribe otra vez, citamos,
la espada de Dios, su cuchillo de Abraham, no perdonará, perdón,
no perdona al sacrificio, sino ocupa su filo y su fuerza para
agujerar perdón, agujerear. Ocupa su filo y su fuerza para
agujerear y destruir al extremo. La espada severa de la ira no
deja nada al culpable, sino cuando el primer hay es pasado, y aquí
otro hay viene enseguida. Continúa la cita, todavía es
en sus piezas, un orden era observado, una regularidad y un procedimiento
sistemático y deliberado. Así también sería la condenación
del infierno. Cada dolor será pesado por la
santidad perfecta. Cada golpe deliberado antes de
ser ejecutado. Y en verdad, ese ejecutar deliberado
es la característica más terrible del juicio. Deja al que padece,
al que sufre, sin esperanza. El golpe es terriblemente implacable,
determinado y justo. Tal también eran los sufrimientos
del Salvador. Ahí termina la cita. Podemos notar también que el
hola, el holocausto, era dividido no solamente en piezas, pero
en sus piezas, dice. Y lo dividirá en sus piezas. Es ella, en el hebreo, porque
hola es una palabra femenina. Como el macho joven era dividido
en sus piezas corporales naturales, cabeza, brazos, piernas y miembro
de miembro, y todavía ni un hueso era quebrado, así sería también
verdadero de nuestro Señor Jesucristo. Ni un hueso fue quebrado. La muerte del Hijo de Dios fue
necesario. Nosotros también debemos morir
al pecado en sacrificio vivo como resultado de la obra de
Cristo. Su muerte a la cara de Dios lo pacificó a Dios y solamente
eso lo pacificó. ¿Cuánto debemos a la muerte de
Cristo? Nuestro todo, nuestra vida, nuestro
amor entero. La sangre de Cristo ha hecho
la reconciliación por nosotros. Y esa sangre ha obrado el perdón. Solamente la muerte de Cristo
ha obrado el perdón para nosotros. Nosotros no traemos nada, como
dice el que escribió el himno, no traemos nada a Dios en pago de nuestros pecados o
para que Él nos recibe. solamente llegamos mediante Jesús. Él es nuestro sacrificio. Y somos recibidos en él porque
Dios ha puesto a su hijo por ese propósito. Cristo fue hecho
pecado por nosotros. Fue humillado y muy afligido. La aflicción de condenación será
horrible. Si no estamos en Cristo, Hay
que huir a Cristo, como decían los puritanos. Ahora es el tiempo
aceptable de la salvación. Ahora es tiempo para llegar a
Cristo con la mirada de salvación. Mirando hacia Él y mirando desde
nosotros, porque nosotros no tenemos nada bueno en nosotros
para que seamos aceptados por Dios. Pero Cristo sí, el hombre
perfecto. que agradó a su padre en todo
en cada punto sin pecado llegando aún a la obediencia de la muerte
en nuestro lugar y mirando a él como los judíos los israelitas
tenían vida que continuaba si miraban al al serpiente de bronce
que fue puesto en alto donde estaban muriendo toda la gente
de los mordiscos como se dice de los
mordiscos del del veneno del veneno de los serpientes que
le estaban atacando iban a morir del veneno pero Dios había puesto
una provisión en un poste para que lo miraban y si nosotros
miran miramos a Cristo si nosotros dependemos de él y su sacrificio
perfecto vamos a estar bien, somos perdonados. Recibamos entonces
al Espíritu Santo y empieza la santificación que también necesitamos. Pero ya en cualquier nivel de
santificación que estamos o a cualquier procedimiento de esta santificación,
Lo importante es que somos justificados por fe en nuestro Señor Jesucristo
y limpios así de la culpa del pecado. Gracias a Dios por su
salvación. La alternativa es peor que podíamos
imaginar. Demos gracias entonces a Cristo
y a Dios y a su gran misericordia. Padre Santo, agradecemos por
tu provisión. Confesamos, Señor, no merecer
ni la parte más pequeña, Señor, de tu gracia. Pero gracias te
damos, Señor, que tú has sido abundante en misericordia, Señor,
proveyendo un sacrificio perfecto, Señor. Y, por un lado, nos hace
triste que Cristo, nuestro Señor, tuvo que sufrir tanto Señor, lo que nosotros merecimos, lo que nosotros merecemos. Te rogamos que tú, por tu gracia
causa que nuestros corazones se derriten, Señor, en amor y
en gratitud. y fortalezcanos Señor, te rogamos
por su Santo Espíritu para que vivamos entonces a tu voluntad
para la gloria y honor de nuestro Señor y de tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo. En
su nombre lo pedimos. Amén.
La Paga del Pecado
Series Levítico 1 - El Holocausto
El Redentor tuvo que morir para salvar. El Señor requería un sacrificio en Su presencia para satisfacerle. "...herido fué por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados: el castigo de nuestra paz sobre él; y por su llaga fuimos nosotros curados."
| Sermon ID | 510152241538 |
| Duration | 1:05:35 |
| Date | |
| Category | Sunday Service |
| Bible Text | Leviticus 1:5-6; Romans 5:8 |
| Language | Spanish |
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