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Muy buenos días hermanos y amigos,
que Dios nos bendiga en esta hermosa mañana que el Señor nos
regala. Seamos bienvenidos a este tiempo
de lectura de la Palabra del Señor, tiempo de meditación y
tiempo de oración. en esta mañana hoy es domingo,
domingo 10 del mes de abril del año 2022 y en esta mañana nosotros
llegamos al día número 100, día número 100 de lo que son estas
lecturas que iniciamos el primero de enero de este año y también
hoy es Domingo, Día del Señor, así que yo le invito por favor
a que usted venga, lea conmigo esta porción de las Escrituras
y también disponga su corazón a congregarse a reunirse como
Dios manda en su palabra, a apartar este séptimo día para dedicarlo
al Señor, dedicar un día de siete. Él nos da siete días. ¿Qué tanto
esfuerzo debería de costarle a usted dedicar por lo menos
un día de estos siete que el Señor le ha dado. Así que yo
le invito, por favor, que comience bien el día leyendo la palabra
del Señor, orando, meditando en ella, y luego, al ser hoy
domingo, entonces prepare su corazón, como le dije hace un
ratito, a congregarse, a reunirse en el nombre del Señor, buscando
una iglesia, buscando un lugar donde usted pueda también ser
estimulado al amor a las buenas obras y pueda darle gloria y
honra al Señor en aquel lugar junto a otros hermanos y a la
misma vez también aportar esos dones y esos talentos que Dios
le ha dado a usted. así que por favor no retarde
esto si usted no se congrega y si lo hace pues qué bueno qué
bueno que lo está haciendo qué bueno que está cumpliendo con
este cuarto mandamiento que se encuentra en la palabra del señor
especialmente en este libro que nos corresponde leer en el día
de hoy, que es Éxodo, sus capítulos cinco al ocho. Así que, sin pérdida
de tiempo, yo le invito, por favor, a que me acompañe a esta
lectura. Nos dice así la palabra del Señor. Después Moisés y Arón fueron
y dijeron a Faraón, así dice el Señor Dios de Israel, deja
ir a mi pueblo para que me celebre una fiesta en el desierto. Pero
Faraón dijo, ¿Quién es el Señor para que yo escuche su voz y
deje ir a Israel? No conozco al Señor y además
no dejaré ir a Israel. El Dios de los hebreos nos ha
salido al encuentro, contestaron ellos. Déjenos ir, les rogamos,
camino de tres días al desierto para ofrecer sacrificios al Señor
nuestro Dios. No sea que venga sobre nosotros
con pestilencia o con espada. Pero el rey de Egipto les dijo,
Moisés y Arón, ¿por qué apartan al pueblo de sus trabajos, vuelvan
a sus labores? Miren, añadió Faraón, el pueblo
de la tierra es mucho ahora, y ustedes quieren que ellos cesen
en sus labores. Aquel mismo día, Faraón dio órdenes
a los capataces que estaban sobre el pueblo y a sus jefes y les
dijo, ya no darán como antes paja al pueblo para hacer ladrillos,
que vayan ellos y recojan paja por sí mismos. pero exigirán
de ellos la misma cantidad de ladrillos que hacían antes. No
la disminuyan en lo más mínimo, porque son perezosos. Por eso
claman y dicen, déjanos ir a ofrecer sacrificios a nuestro Dios. Recárguese
el trabajo sobre estos hombres para que estén ocupados en él
y no presten atención a palabras falsas. Salieron pues los capataces
del pueblo y sus jefes y hablaron al pueblo y dijeron, Así dice
Faraón, no les dará paja. Vayan ustedes mismos y recojan
paja donde la hayen, pero su tarea no será disminuida en lo
más mínimo. Entonces el pueblo se dispersó
por toda la tierra de Egipto para recoger rastrojos en lugar
de paja. Los capataces los apremiaban,
diciendo, acaben sus tareas, su tarea diaria, como cuando
tenían paja. Y azotaban a los jefes de los
israelitas que los capataces de Faraón habían puesto sobre
ellos, diciéndoles, ¿por qué no han terminado, ni ayer ni
hoy, la cantidad de ladrillos requerida como antes? Entonces
los jefes de los israelitas fueron y clamaron a Faraón y dijeron,
¿por qué trata usted así a sus siervos? No se daba paz a sus
siervos, sin embargo siguen diciéndonos, hagan ladrillos. Además sus siervos
son azotados, pero la culpa es de su pueblo. Pero él contestó,
son perezosos, muy perezosos, por eso dicen, déjanos ir a ofrecer
sacrificios al Señor. Ahora pues vayan y trabajen,
pero no se les dará paja, sin embargo deben entregar la misma
cantidad de ladrillos. Los jefes de los israelitas se
dieron cuenta de que estaban en dificultades cuando les dijeron,
no deben disminuir su cantidad diaria de ladrillos. Al salir
de la presencia de Faraón, se encontraron con Moisés y Arón
que los estaban esperando y les dijeron, mire el Señor sobre
ustedes y los juzgue, pues nos han hecho odiosos ante los ojos
de Faraón y ante los ojos de sus siervos, poniéndoles una
espada en la mano para que nos maten. Entonces Moisés se volvió
al Señor y dijo, ¡Oh Señor! ¿Por qué has hecho mal a este
pueblo? ¿Por qué me enviaste? Pues desde que vine a Faraón
a hablar en tu nombre, él ha hecho mal a este pueblo, y tú
no has hecho nada por librar a tu pueblo. Capítulo 6 El Señor
respondió a Moisés, Ahora verás lo que haré a Faraón, porque
por la fuerza los dejará ir, y por la fuerza los echará de
su tierra. Dios continuó hablando a Moisés
y le dijo, Yo soy el Señor. Yo me aparecí a Abraham, a Isaac
y a Jacob como Dios Todopoderoso. Pero por mi nombre, Señor, no
me di a conocer a ellos. También establecí mi pacto con
ellos de darles la tierra de Canaán, la tierra donde peregrinaron. Además, he oído el gemido de
los israelitas porque los egipcios los tienen esclavizados. Y me
he acordado de mi pacto. Por tanto, diles a los israelitas,
yo soy el Señor y los sacaré de debajo de las cargas de los
egipcios. Los libraré de su esclavitud
y los redimiré con brazo extendido y con grandes juicios. Los tomaré
a ustedes por pueblo mío y yo seré su Dios. Sabrán que yo soy
el Señor su Dios que los sacó de debajo de las cargas de los
egipcios. Los traeré a la tierra que juré
dar a Abraham, a Isaac y a Jacob, y se la daré a ustedes por heredad. Yo soy el Señor. De esta manera
Moisés habló a los israelitas, pero ellos no escucharon a Moisés
a causa del desaliento y de la dura servidumbre. Entonces el
Señor habló a Moisés y le dijo, Ve, habla Faraón, rey de Egipto,
para que deje salir a los israelitas de su tierra. Pero Moisés habló
delante del Señor y le dijo, Los israelitas no me han escuchado.
¿Cómo pues me escuchará Faraón, siendo yo torpe de palabra? Entonces
el Señor habló a Moisés y a Arón y les dio órdenes para los israelitas
y para Faraón, rey de Egipto, a fin de sacar a los israelitas
de la tierra de Egipto. Estos son los jefes de las casas
paternas. Los hijos de Rubén, primogénito
de Israel, Anok, Faluk, Esrón y Carmi. Estas son las familias
de Rubén. Los hijos de Simeón, Hemuel,
Jamín, Oad, Jaquín, Soar y Saúl, hijo de una cananea. Estas son
las familias de Simeón. Estos son los nombres de los
hijos de Leví según sus generaciones. Gersón, Joat y Merari. Los años de la vida de Levi fueron
137 años. Los hijos de Jerazón, Libni y
Simei, según sus familias. Los hijos de Kohat, Amram, Izhar,
Hebron y Usiel. Los años de la vida de Kohat
fueron 133 años. Los hijos de Merari, Mali y Musi. Estas son las familias de los
levitas según sus generaciones. Arrán tomó por mujer a Jocabet,
su tía, y ella dio a luz a Arón y a Moisés. Los años de la vida
de Arrán fueron 137 años. Los hijos de Izhar, Coret, Nefe,
y Cicri. Los hijos de Uziel, Misael, Elzafán,
y Citri. Y Arón tomó por mujer a Elizeba,
hija de Aminadab, hermana de Nazón, y ella dio a luz a Nadab,
Abiú, Eleazar e Itamar. Los hijos de Coré, Asir, Elcana
y Abiasaf. Estas son las familias de los
coreitas. Eleazar, hijo de Arón, tomó por
mujer a una de las hijas de Futiel y ella dio a luz a Fines. Estos son los jefes de las casas
paternas de los levitas, según sus familias. Aarón y Moisés
son a los que el Señor dijo, saquen a los israelitas de la
tierra de Egipto por sus ejércitos. Ellos son los que hablaron a
Faraón, rey de Egipto, para sacar a los israelitas de Egipto. Estos
fueron Moisés y Aarón. El día que el Señor habló a Moisés
en la tierra de Egipto, el Señor dijo a Moisés, yo soy el Señor,
dile a Faraón, rey de Egipto, todo lo que yo te diga. Pero
Moisés dijo delante del Señor, Yo soy torpe de palabra, ¿cómo
pues me escuchará Faraón? Capítulo 7 Entonces el Señor
dijo a Moisés, Mira, yo te hago como Dios para Faraón, y tu hermano
Aarón será tu profeta. Tú hablarás todo lo que yo te
mande, y a Aarón tu hermano hablará a Faraón para que deje salir
de su tierra a los israelitas. Pero yo endureceré el corazón
de Faraón para multiplicar mis señales y mis prodigios en la
tierra de Egipto. y Faraón no los escuchará. Entonces
pondré mi mano sobre Egipto y sacaré de la tierra de Egipto a mis
ejércitos, a mi pueblo los israelitas, con grandes juicios. Los egipcios
sabrán que yo soy el Señor cuando yo extienda mi mano sobre Egipto
y saque de en medio de ellos a los israelitas. Así hizo Moisés
y también Aarón, tal como el Señor les mandó, así lo hicieron.
Moisés tenía 80 años y Aarón 83, cuando hablaron a Faraón.
El Señor habló a Moisés y a Aarón y les dijo, cuando Faraón les
diga, hagan un milagro, entonces dirás a Aarón, toma tu vara y
échala delante de Faraón para que se convierta en serpiente.
Vinieron pues Moisés y Aarón a Faraón e hicieron tal como
el Señor les había mandado. Aarón echó su vara delante de
Faraón y de sus siervos y ésta se convirtió en serpiente. Entonces
Faraón llamó también a los sabios y a los hechiceros, y también
ellos, los magos de Egipto, hicieron lo mismo con sus encantamientos. Cada uno echó su vara, las cuales
se convirtieron en serpientes, pero la vara de Aarón devoró
las varas de ellos. Sin embargo, el corazón de Faraón
se endureció y no los escuchó, tal como el Señor había dicho. Entonces el Señor dijo a Moisés,
el corazón de Faraón es terco, se niega a dejar ir al pueblo.
Preséntate a Faraón por la mañana cuando vaya al agua y ponte a
orillas del Nilo para encontrarte con él. Toma en tu mano la vara
que se convirtió en serpiente. Y dile, el Señor, el Dios de
los hebreos, me ha enviado a ti diciendo, deja ir a mi pueblo
para que me sirva en el desierto, pero hasta ahora no has escuchado.
Así dice el Señor, en esto conocerás que yo soy el Señor. Yo golpearé
con la vara que está en mi mano las aguas que están en el Nilo
y se convertirán en sangre. Los peces que hay en el Nilo
morirán y el río se corromperá y los egipcios tendrán asco de
beber el agua del Nilo. El Señor dijo también a Moisés,
dile a Arón, Toma tu bar y extiende tu mano sobre las aguas de Egipto,
sobre sus ríos, sobre sus arroyos, sobre sus estanques y sobre todos
sus depósitos de agua para que se conviertan en sangre. Habrá
sangre por toda la tierra de Egipto, tanto en las vasijas
de madera como en las de piedra. Así hicieron Moisés y Arón, tal
como el Señor les había ordenado. A Arón alzó la vara y golpeó
las aguas que había en el Nilo ante los ojos de Faraón y de
sus siervos, y todas las aguas que había en el Nilo se convirtieron
en sangre. Los peces que había en el Nilo
murieron y el río se corrompió, de manera que los egipcios no
podían beber agua del Nilo. Había sangre por toda la tierra
de Egipto. Pero los magos de Egipto hicieron
lo mismo con sus encantamientos. El corazón de Faraón se endureció
y no los escuchó, tal como el Señor había dicho. Entonces se
volvió Faraón y entró en su casa, sin hacer caso tampoco de esto. Todos los egipcios cavaron en
los alrededores del Nilo en busca de agua para beber, porque no
podían beber de las aguas del Nilo. Pasaron siete días después
que el Señor hirió al Nilo. Capítulo 8 Entonces el Señor
dijo a Moisés, Ve a Faraón y dile, Así dice el Señor, Deja ir a
mi pueblo para que me sirva, pero si te niegas a dejarlos
ir, entonces heriré todo tu territorio con ranas. El Nilo se llenará
de ranas que subirán y entrarán en tu casa, en tu alcoba y sobre
tu cama, en las casas de tus siervos y en tu pueblo, en tus
hornos y en tus artesas. Subirán las ranas sobre ti, sobre
tu pueblo y sobre todos tus siervos. Dijo además el señor a Moisés,
dile a Aarón, extiende tu mano con tu vara sobre los ríos, sobre
los arroyos y sobre los estanques y haz que suban ranas sobre la
tierra de Egipto. Aarón extendió su mano sobre
las aguas de Egipto y las ranas subieron y cubrieron la tierra
de Egipto. Los magos hicieron lo mismo con
sus encantamientos e hicieron subir ranas sobre la tierra de
Egipto. Entonces Faraón llamó a Moisés y Aarón y dijo, «Rueguen
al Señor para que quite las ranas de mí y de mi pueblo, y yo dejaré
ir al pueblo para que ofrezca sacrificios al Señor». Moisés
dijo a Faraón, «Dígnate decirme cuándo he de rogar por ti, por
tus siervos y por tu pueblo, para que las ranas sean quitadas
de ti y de tus casas y quede solamente en el río». Mañana,
respondió Faraón. Entonces Moisés dijo, sea conforme
a tu palabra para que sepas que no hay nadie como el Señor nuestro
Dios. Las ranas se alejarán de ti,
de tus casas, de tus siervos y de tu pueblo. Sólo quedarán
en el dilo. Entonces Moisés y Aarón salieron
de la presencia de Faraón, y Moisés clamó al Señor acerca de las
ranas que él había puesto sobre Faraón. Y el Señor hizo conforme
a la palabra de Moisés, y murieron las ranas en las casas, en los
patios y en los campos. Las juntaron en montones, y la
tierra se corrompió. Pero al ver Faraón que había
alivio, endureció su corazón y no los escuchó, tal como el
Señor había dicho. Entonces el señor dijo a Moisés,
dile a Arón, extiende tu vara y golpea el polvo de la tierra
para que se convierta en piojos por toda la tierra de Egipto.
Y así lo hicieron. Arón extendió su mano con su
vara y golpeó el polvo de la tierra y hubo piojos en hombres
y animales. Todo el polvo de la tierra se
convirtió en piojos por todo el país de Egipto. Los magos
trataron de producir piojos con sus encantamientos, pero no pudieron. Hubo pues piojos en hombres y
animales. Entonces los magos dijeron a
Faraón, éste es el dedo de Dios. Pero el corazón de Faraón se
endureció y no los escuchó tal como el Señor había dicho. El
Señor dijo a Moisés, levántate muy de mañana y ponte delante
de Faraón cuando salga del agua, dile. Así dice el Señor, deja
ir a mi pueblo para que me sirva, porque si no dejas ir a mi pueblo,
entonces enviaré enjambres de insectos sobre ti y sobre tus
siervos, sobre tu pueblo y dentro de tus casas. Las casas de los
egipcios se llenarán de enjambres de insectos y también el suelo
sobre el cual están. Pero en aquel día yo pondré aparte
la tierra de Gosén, en la que mora mi pueblo, para que no haya
allí enjambre de insectos, a fin de que sepas que yo, el Señor,
estoy en medio de la tierra. Yo haré distinción entre mi pueblo
y tu pueblo. Mañana tendrá lugar esta señal. Así lo hizo el Señor, y entraron
grandes enjambres de insectos en la casa de Faraón y en las
casas de sus siervos, y en todo el país de Egipto la tierra fue
devastada a causa de los enjambres de insectos. Entonces llamó Faraón
a Moisés y Aarón y dijo, vayan, ofrezcan sacrificio a su Dios
dentro del país. No conviene que lo hagamos así,
respondió Moisés, porque es abominación para los egipcios lo que sacrificaremos
al Señor nuestro Dios. Si sacrificamos lo que es abominación
para los egipcios delante de sus ojos, ¿no nos apedreará? Andaremos una distancia de tres
días de camino en el desierto y ofreceremos sacrificios al
Señor nuestro Dios, tal como Él nos manda. Faraón dijo, los
dejaré ir para que ofrezcan sacrificio al Señor su Dios en el desierto,
sólo que no vayan muy lejos, oren por mí. Voy a salir de tu
presencia, le contestó Moisés, y rogaré al Señor que los enjambres
de insectos se alejen mañana de Faraón, de sus siervos y de
su pueblo, pero que Faraón no vuelva a orar con engaño, no
dejando ir al pueblo a ofrecer sacrificios al Señor. Salió Moisés
de la presencia de Faraón y oró al Señor. Y el Señor hizo como
Moisés le pidió y quitó los enjambres de insectos de Faraón, de sus
siervos y de su pueblo. No quedó ni uno solo, pero Faraón
endureció su corazón también esta vez y no dejó salir al pueblo. Muy bien mis hermanos esta ha
sido la lectura del día de hoy, no voy a abundar en la meditación
de esta porción de éxodo porque en este mismo canal tenemos los
sermones que corresponden a esta porción que hemos leído y se
lo estoy compartiendo también en la descripción de este vídeo
abajo en la última línea ahí le estoy poniendo los enlaces
a estos sermones para que usted vaya a ellos, saque un tiempecito
y vaya a y lo repase, lo estudie con Biblia en mano y vea lo que
puede aprender de esta porción de las Escrituras. Mientras tanto,
vamos a orar, vamos a pedirle al Señor que nos dé esa gracia
para que podamos ser personas humildes, obedientes a su palabra
y no seamos de corazón duro, de dura service como lo fue el
faraón de Egipto en aquellos tiempos. que el Señor trabaje
con nuestros corazones y no nos permita caer en esa altivez de
espíritu. Oremos al Señor. Padre bueno
y Dios, tú que moras en las alturas de los cielos en esta mañana,
te damos gracias, Señor, porque nos concedes acercarnos delante
de ti y conocer tu voluntad revelada en las santas escrituras, específicamente
en este libro de Éxodo. gracias te damos señor porque
tú nos has dado esta revelación completa a nosotros que nos corresponde
vivir en este siglo 21 tenemos esa facilidad de poder conocer
lo que es ese pacto que tú estableciste con el pueblo de israel en su
momento y cómo con mano fuerte y poderosa tú libraste a la nación
de Israel del yugo, del dominio de la nación de Egipto, Señor.
Padre, suplicándote que nosotros también podamos ser personas
sensibles a escuchar tu voz, tu llamado, Señor, que tú trabajes
con nuestros corazones constantemente, Padre, para que no seamos personas
de dura Señor, suplicándote que esa gracia sea sobre nuestras
vidas, que tú trabajes con nuestros corazones de tal forma que podamos
contemplar tu rostro, contemplar tu voluntad, contemplarte a ti
tal como tú eres, eres Señor, y que así podamos anhelar servirte,
viviendo en santidad, viviendo una vida apartada, viviendo una
vida consagrada a ti, Señor, y que también seamos padre, instrumentos
en tus manos para dar a conocer las maravillas de esa gracia
que hemos recibido, de esa salvación tan grande que tú has obrado
a través de nuestro señor y salvador Jesucristo, que lo demos a conocer
a todos los que están a nuestro alrededor, a nuestros conocidos,
nuestras familias, señor. Padre, danos esa esa unción,
señor, a nuestros labios, que hablemos la palabra con libertad,
y que demos un alto testimonio en nuestro diario vivir de esas
verdades que hablamos con nuestros labios, Señor. Padre, te suplicamos
de una manera especial que tú traigas ese anhelo, esa pasión
por las almas, así como tú también a través de Cristo Jesús ha mostrado
esa pasión. de ir y buscar lo que se había
perdido también en nuestros corazones haya esto padre para que así
puedan ser librados del juicio que se avecina ya no como plagas
ya no como un daño físico como ocurrió en aquellos tiempos sino
lo que es la eterna condenación en el infierno ayúdanos padre
a liberarnos de todo obstáculo de toda piedra que podamos encontrar
en el camino, o cualquier excusa que podamos presentar para que
tu verdad, la verdad del Evangelio, sea dada a conocer al mundo. Danos esa, vuelvo y repito, Señor,
esa gracia a nuestras vidas para que podamos hacerlo con libertad,
Señor. Esto te lo pedimos, Padre, en
el nombre de Cristo Jesús, nuestro Señor y Salvador personal. Amén y Amén. Muy bien mis hermanos ha sido
todo por el día de hoy que Dios les bendiga, que Dios les guarde
y nos veremos si Dios quiere mañana a esta misma hora. Que
la pasen bien y que tengan un excelente día del Señor.
100-Tiempo de lectura, meditación y oración (Éxodo 5 al 8)
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Biblia en línea: https://www.biblegateway.com/passage/?search=Exodo+5-8&version=NBLA&interface=print
Sermones basados en Éxodo 5 al 8:
FE Y OBEDIENCIA PUESTA A PRUEBA
https://youtu.be/gPQMybEUNGY
UNA VISIÓN RENOVADA DEL SEÑOR https://youtu.be/3bTnnW6YrVc
JUICIO, RESISTENCIA Y OBJECIONES https://youtu.be/igoEsHJ9x9w
| Sermon ID | 4922202913451 |
| Duration | 26:01 |
| Date | |
| Category | Devotional |
| Bible Text | Exodus 5 |
| Language | Spanish |
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