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preciados hermanos y amigos antes
de iniciar este mensaje que vamos a compartir hoy yo quiero darles
un saludo especial a todos ustedes que nos ven y de manera especial
a las ovejas de iglesia bíblica de sola gracia a pesar de la
tristeza de que no nos podemos ver de una manera presencial
y tener los cultos en el local de la iglesia sepan hermanos
que les amamos oramos por ustedes y confiamos en que el señor le
sostenga mientras dura esta situación y obren ustedes de forma tal
que de la iglesia de la iglesia de en esta semana luego de una batalla
contra el cáncer que había durado varios años. Oremos por consuelo
para Melanie y para su familia que muchos de ellos son creyentes.
De paso ella está en San Francisco de Macorís y por esa razón no
pudo estar aquí en la ciudad. en esta situación que ocurrió
con su abuela. Vamos a orar que el Señor la
guarde. Y también quiero que oremos por doña Marixa Llenas.
Es una hermana, miembro de la Iglesia bíblica del Señor Jesucristo,
una hermana mayor que tuvo que ser operada de una caída. Gracias
a Dios la operación salió bien. Vamos a orar entonces por su
recuperación. y también vamos a orar por nuestros gobernantes
para que en medio de esta situación en la que estamos, esta pandemia,
ellos puedan seguir tomando o tomen las mejores decisiones pensando
en el bien del pueblo en sentido general. De modo que tomando
estas cosas, teniendo estas cosas pendientes, vamos a orar. Padre
que estás en el reino de los cielos, queremos levantar nuestras
voces a ti en oración dándote a ti, Señor, la honra, la gloria
de vida a tu nombre. Dándote las gracias, Señor, por
darnos la oportunidad y el privilegio de poder predicar tu palabra.
Te queremos pedir, Señor, de que tú nos guíes, de que tú nos
bendigas, de que tú nos diriges, Señor, al enseñar lo que vamos
a tener hoy. Queremos pedirte, Señor, por
Melanie, para que tú, Señor, la consueles en medio de esta
situación en la que está. Por la falta de su abuela, te
pedimos que tú la fortalezcas, fortalezca a todos sus familiares
que son creyentes. Los que no lo son, Señor, que
tú uses esta situación para salvación. Te queremos pedir que Tú les
bendigas, Señor, también a ella que la cuides allá en la ciudad
donde está aguardando reposo. También te queremos pedir, Señor,
por Doña Marisa Llenas, dándote las gracias porque salió bien
de esta operación, pidiéndote, Señor, que Tú la ayudes, Señor,
en su recuperación, en que ella pueda, Señor, poner su confianza
en Ti, Señor, descansar en Ti en este tiempo. Señor, te pedimos
por nuestro gobernante, Señor, para que tú les des gracias,
sabiduría, Señor, y en medio de esta situación en la que estamos,
Señor, ellos tomen las mejores decisiones para el bien del pueblo.
Una vez más, Señor, clamamos a ti, pidiendo tu ayuda y tu
asistencia al predicar tu palabra, porque te lo pedimos en el nombre
del tomado de Hijo de Jesús. Amén. Bien, hermanos, vamos a
abrir nuestras Biblias en el libro del profeta Habacuc. Libro
del profeta Habacuc. Una de las cosas que aprendemos
cuando leemos acerca de la historia, sea esta universal o sea de carácter
más local, es la realidad de muchísimos eventos tristes y
dramáticos que ocurrieron como consecuencia directa de la maldad
de los hombres o de otras situaciones que escapan completamente del
control humano. El tema de las guerras, las enfermedades, los
fenómenos atmosféricos, etcétera, ha sido algo que lo podemos ver
como una constante en el mundo, en algunos lugares visto en mayor
mida que otros, en algunas épocas más que otras, en algunos contextos
más que otros. Considerar, por ejemplo, el siglo
XX, con los millones de muertos en las guerras mundiales, con
la que fue la gripe española, entre otras cosas, es algo que
puede cargar el corazón de cualquiera que lea la historia. Pero si
a eso le agregamos que el pueblo de Dios ha tenido y tiene que
soportar muchas persecuciones por causa de la fe, Entonces
los cristianos, de manera especial, pudiéramos caer en grandes desalientos,
pudiera faltarnos la fe y sentirnos tentados a abandonar la carrera.
Pero gracias a Dios de que tenemos su palabra a nuestra disposición
que nos habla, nos alienta y nos fortalece cuando tenemos este
tipo de luchas internas. Y en dicha palabra vemos a hombres
de Dios luchando con todas estas cosas que hemos mencionado, muchas
veces quedando confundidos cuando observan lo que sucedía a su
alrededor. Y uno de estos hombres fue el
profeta Habacuc, que sintió una gran confusión por las circunstancias
que tenía alrededor y el extraño proceder de Dios ante su clamor.
Y vemos cómo el Señor trató con él para que de la confusión él
diera un salto a la fe. Y mi propósito es que veamos
este corto libro de Habacuc en dos sermones. En este primer
sermón consideraremos los dos primeros capítulos y en el siguiente
sermón el último capítulo. Y hemos titulado este mensaje
Habacuc, de la confusión a la fe. Y veremos este mensaje de
hoy siguiendo las divisiones naturales que podemos determinar
del mismo libro. Veremos, en primer lugar, la
primera queja de Abacú, que es en los capítulos 1, del 2 al
4. Luego veremos, en segundo lugar, la respuesta de Dios a
la primera queja de Abacú, capítulo 1, del 5 al 11. En tercer lugar,
veremos cómo Abacú vuelve a quejarse con Dios que está en los capítulos
1-12 al capítulo 2 versículo 1 y finalmente la respuesta de
Dios a la segunda queja de Habacuc capítulo 2 versículos 2 hasta
el versículo 20 pero antes de desarrollar estos cuatro encabezados
hay algunas cosas hermanos que queremos decir de manera introductoria
El libro de Habacuc es parte de la sección del Antiguo Testamento
conocida como los libros proféticos. En el capítulo 1, versículo 1,
se menciona cómo este libro fue escrito como el resultado del
mensaje profético que Dios le dio a este hombre y que tiene
el mismo nombre. Dice Habacuc 1, 1, profecía que
tuvo en visión el profeta Abacú. Sin embargo, como veremos en
estos dos mensajes, hay más que meras profecías en este libro.
Este es un libro intensamente emocional. Aunque no sabemos
nada de la vida personal de Abacú, sin embargo, a través de este
libro podemos determinar más o menos la época en que a él
le tocó ministrar. Israel como nación estaba compuesta,
muchos sabrán, en doce tribus. Pero esas doce tribus se dividieron
a la muerte de Salomón. Diez tribus se fueron hacia el
norte, que es lo que se llamó a partir de ese momento Israel,
y dos tribus en el sur, que se conoció como el Reino de Judá.
En ambos reinos, la idolatría, entre otros pecados, fue una
constante. Y por eso Dios mandó profetas
a los mismos, advirtiéndoles de los juicios que vendrían y
la destrucción si no se arrepentían. La advertencia se cumplió en
el Reino del Norte, o Israel, cuando lo mismo fue invadido
y destruido por el Imperio de los Asirios. Eso sucedió en el
año 721 a.C. En ese momento, Judá, que era
el Reino del Sur, fue librado de tener esa misma suerte. Sin
embargo, siguieron las advertencias a través de los profetas hacia
dicho Reino del Sur. hasta que finalmente Judá también
correría la misma suerte en el año 588 a.C. por parte de los
caldeos en la persona de Nabucodonosor. Es decir, que esto le sucedió
al Reino del Sur más de 100 años después de la destrucción del
Reino del Norte. A Abacú le tocó ministrar en
los años previos a dicha invasión, alrededor quizás del año 605
a. C., cuando era rey joacín, y
su ministerio duró hasta la caída de Jerusalén o tal vez un poco
antes. De modo que este profeta fue contemporáneo al profeta
Jeremías y otros más del Antiguo Testamento. Habacuc estuvo, como
decíamos, en uno de los peores momentos, hermanos, en que vivió
el pueblo de Dios en el Antiguo Testamento, que fue el período
previo a su destrucción y muy posiblemente fue testigo de esa
tragedia. Y con este trasfondo histórico
en mente, veamos en primer lugar la queja de Habacuc, la primera
queja de Habacuc, que lo tenemos en el capítulo 1, versículos
2 al 4. Dice así la palabra de Dios.
¿Hasta cuándo, señor, pediré ayuda y no escucharás? ¿Clamaré
a ti violencia y no salvarás? ¿Por qué me haces ver la iniquidad
y me haces mirar la opresión? La destrucción y la violencia
está delante de mí. Ahí rencilla y surge discordia. Por eso no se cumple la ley y
nunca prevalece la justicia, pues el impío asedia al justo. Por eso sale pervertida la justicia. Nosotros vemos aquí, hermanos,
cómo este libro comienza con Habacuc quejándose a Dios por
la condición moral en la que estaba el pueblo de Dios, que
en este caso, como decíamos, era Judá. Y Habacuc se queja
porque en medio de ese cuadro moral tan deplorable, él siente
que Dios está siendo pasivo. y vemos cómo él elabora esa queja
en forma de preguntas. ¿Hasta cuándo, Señor, pediré
ayuda y no escucharás? Clamaré a ti violencia y no salvarás.
Habacuc entonces le menciona al Señor tres tipos de situaciones
que estaba observando en el versículo 3. Iniquidad y opresión, destrucción
y violencia, rencilla y discordia. Versículo 3. ¿Por qué me haces
ver la iniquidad y me haces mirar la opresión? La destrucción y
la violencia están delante de mí. Hay rencilla y surge discordia. En medio de este panorama, los
justos o inocentes eran pisoteados por los impíos. Pero lo peor
es que no había a quién reclamarle. ¿Por qué? Porque cuando iban
a la justicia, la misma justicia se había pervertido. Y por eso
dice el verso 4, por eso no se cumple la ley. Y nunca prevalece
la justicia, pues el impío asedia al justo y por eso sale pervertida
la justicia. Habacú describió un cuadro muy
triste que se estaba viviendo en el pueblo. A pesar de que
este pueblo tenía la ley de Dios a su disposición, a pesar de
que Dios le había mandado profetas a este pueblo, a pesar de que
ellos sabían lo que le había sucedido a sus hermanos en el
Reino del Norte por su desobediencia más de 100 años antes, aún así
ellos seguían viviendo en ese estado de degradación moral.
Y no es cierto que esta queja de Habacuc es una triste realidad
para nosotros hoy. Hermanos, ¿qué vemos a nuestro
alrededor? Vemos que se abusa del justo, vemos que se pagan
sobornos, que se explota al necesitado, que se incrementa la violencia,
entre otras cosas. Aún en tiempos como los que estamos
viviendo con esta pandemia del coronavirus, se ve la maldad
de muchos queriendo aprovechar esta situación en formas que
son realmente abusivas. Y Abacut, como dijimos, se queja
ante el Señor al ver todo esto que está sucediendo, ya que Él
le ha pedido a Dios que haga justicia, pero no ve respuesta
de Dios impidiendo que estas cosas sigan ocurriendo. Algunos
pudieran preguntarse, ¿y es correcto, pastor, quejarse ante Dios? Hermanos,
a la luz de este pasaje y otros pasajes de la Escritura, podemos
decir que hay lugar para nosotros expresar nuestras quejas al Señor
cuando no entendemos por qué suceden muchas cosas en el mundo
y en nuestras vidas que nos dejan perplejos o confusos. Podemos
ser poco sensibles ante ciertas situaciones, como si Dios esperara
un comportamiento mecánico en nosotros, respondiendo sin emociones
y decir, bueno, lo que está pasando, ¿qué vamos a hacer? Pero no fue
así que respondieron muchos hombres piadosos en las Escrituras. Por
ejemplo, podemos leer a David cuando en el Salmo, capítulo
13, versículos 1 al 2, dijo lo siguiente. ¿Hasta cuándo, Señor? ¿Me olvidarás para siempre? ¿Hasta
cuándo esconderás de mí tu rostro? ¿Hasta cuándo he de tomar consejo
en mi alma, teniendo pesar en mi corazón todo el día? ¿Hasta
cuándo mi enemigo se enaltecerá sobre mí? Mis hermanos, hay lugar
para quejarnos ante Dios. El problema es la forma en que
nos quejemos. Porque una cosa es expresarle
nuestra perplejidad por algunas cosas que nos molestan y que
sabemos que también a Él le molestan. Y aún preguntarle por qué nos
vemos sin actuar, pero preguntárselo de una manera reverente y con
humildad. Otra cosa distinta es quejarnos con amargura, echándole
la culpa de lo que pasa y albergando resentimiento en mí por eso que
me está pasando a mí o por lo que le está pasando a otros.
Una cosa es quejarse de una manera reverente y otra cosa es quejarse
de una manera prepotente. Sin embargo, debemos reconocer,
hermanos, que mientras esperamos la respuesta divina y aunque
nos quejemos con reverencia ante Dios, Ya el Señor comienza a
trabajar con nosotros. Ya el Señor comienza a obrar
en nosotros, aún sin nosotros ver todavía la respuesta del
Señor. El plan predicador Martin Lajon dijo una vez lo siguiente,
si Dios contestara algunas de nuestras oraciones enseguida,
y a nuestra manera, seríamos cristianos muy empobrecidos.
Afortunadamente, Dios a veces demora su respuesta a fin de
proceder a la eliminación de nuestro egoísmo u otras cosas
que no debieran estar en nosotros. Y yo sé que el testimonio de
muchos que le pidieron cosas al Señor y el Señor duró en responderla,
el Señor la respondió de otra manera y después en el tiempo
uno dijo, wow, gracias al Señor que no, que la respuesta no fue
exactamente como yo se la pedí en un inicio. Porque mientras
clamamos al Señor y mientras esperamos al Señor en manos,
Dios va obrando en nosotros. Pero el Señor entonces decide
finalmente responder la queja de Habacuc. Y eso nos lleva,
en segundo lugar, a lo que fue la respuesta de Dios a esta queja
o esta primera queja de Habacuc. Y lo vemos en el capítulo 1 de
los versículos 5 al 11. Esta respuesta de Dios es dirigida,
no tan solo a Habacuc quien es que presenta la queja, sino que
la dirige a todo el pueblo de Dios. Ante la queja del profeta
Dios dice que va a actuar, pero dicha actuación causaría gran
confusión a los creyentes. Dice el versículo 5, mirad entre
las naciones, observad, asombraos, admiraos, porque haré una obra
en vuestros días que no creeríais si os contara. De modo que a
partir del versículo 5 hay un cambio, ya no es Abacú el que
habla, es Dios que habla respondiendole a Abacú. ¿Y cómo se ejecutaría
Dios su juicio contra Judá? ¿Y por qué sería algo que parecería
increíble? Bueno, como ya adelantamos algo
en la introducción, el juicio que Dios iba a hacer consistía
en usar a los caldeos como un instrumento de castigo. Los caldeos,
cuya capital era Babilonia, se estaban convirtiendo en ese momento
en un imperio que amenazaba a todas las naciones a su alrededor,
a todas las naciones que ellos decidían atacar. ¿Y por qué esta
obra divina sería algo increíble para los que la escucharan? Robertson,
que es un comentarista, nos explica las razones. Y dice él que esto
causaría confusión, sorpresa, por la rapidez del aumento del
poder del instrumento del juicio de Dios. por la intensidad del
juicio y el hecho de que Dios mismo debe participar en esta
acción. Pero lo más increíble, sigue
diciendo Roberson, es el hecho de que el pueblo de Dios podría
ser desechado y a mano de los gentiles más malvados que ellos. El profeta había orado esperando
alguna forma de purga del elemento malvado de la nación, pero la
respuesta divina habla de una devastación tan absoluta que
un desconcierto aún mayor afectaría la mente del profeta piadoso.
Fin de la cita. Y el mismo señor pasa a describir
lo temible que eran los caldeos para las demás naciones. En el
versículo 6 habla, por ejemplo, de la rapidez, la amplitud y
la crueldad de sus conquistas. Dice así, porque he aquí, yo
levanto a los caldeos, pueblo feroz e impetuoso, que marcha
por la anchura de la tierra para apoderarse de las moradas ajenas.
En el versículo 7 sigue diciendo, imponente y temible es, de él
mismo procede su justicia y su grandeza. Y esta última frase
indica, citando de nuevo al comentarista Robertson, que esta nación determinará
su propio estándar de verdad, incluso su propio honor. Ellos
se otorgarían a sí mismo su propia gloria. Solo su propio nombre
sería su preocupación. No importa lo lejos que estuvieran,
ellos llegarían con rapidez a cumplir sus objetivos, dice el versículo
8. Sus caballos son más veloces que leopardos y más astutos que
lobos al anochecer. Al galope vienen sus jinetes,
sus jinetes vienen de lejos, vuelan como águila que se precipita
a devorar. Ellos no mostrarían misericordia. Se llevarían cautivos a tantas
personas que parecerían tan innumerables como los granos de la arena.
Dice el versículo 9. Vienen todos ellos para hacer
violencia. Su horda de rostros avanza. Recoge cautivos como
arena. Ante cualquier resistencia humana
de parte aún de reyes y gobernantes, se dio un motivo de burla de
parte de los caldeos. Las murallas y fortalezas con
las que muchas ciudades tratarían de protegerse no iban a impedir
la acción de este imperio. Este imperio, estos caldeos harían
especie de rampas de tierra para poder subir esas murallas y como
quiera tomarlas. Versículo 10. Se mofa de los
reyes y los gobernantes, les son motivo de risa. Se ríe de
toda fortaleza, a montón de escombros para tomarla. Y dice el versículo
11, Entonces pasará como el viento, y seguirá, y se le tendrá por
culpable, porque hace de su poder su Dios. la reina valera del
1960 traduce este versículo de la siguiente manera luego pasará
como el huracán y ofenderá atribuyendo a su fuerza a su dios y la idea
es muy posiblemente que ellos arrasarán con todas esas fuerzas
pero le atribuirán a sus dioses eso que están haciendo y esta
advertencia que hace Abacuc aquí hermanos desde el versículo 5
hasta el versículo que leímos versículo 11 Todavía es una advertencia de
juicio al día de hoy para aquellos que rechazan el mensaje de salvación.
Por eso es que el texto de Habacú, capítulo 1, versículo 5, el apóstol
Pablo lo usa como una advertencia, oigan esto, a los judíos que
estaban rechazando el mensaje que Pablo estaba llevando cuando
predicaba el evangelio de una ciudad a otra. Él lo cita en
Hechos capítulo 13, versículo 41 en adelante. Porque rechazar
el mensaje de Dios equivale a la advertencia del juicio de Dios,
así como fue una advertencia lo que Dios hizo al pueblo de
Judá en esa época. Ahora, la pregunta que nos hacemos
es, ¿quién les dio a los caldeos semejante poderío para que se
expandiera y fueran un instrumento de juicio, no sólo contra Judá,
sino contra las demás naciones? hermano ya lo leímos en el versículo
6 en su primera parte dice porque aquí yo levanto a los caldeos
Dios, hermanos, fue el que le dio ese poder a los caldeos.
A veces las personas, cuando piensan en la soberanía y en
la providencia de Dios, solo lo relacionan con lo bueno. Pero,
mis hermanos, es sumamente importante, y más en tiempos como estos que
estamos viviendo, tener una teología correcta de lo que es la soberanía
de Dios. Todo lo que ocurre en el universo,
lo bueno y lo malo, es parte de su plan soberano. Dice Amos
capítulo 3, versículo 6. Si se toca la trompeta en la
ciudad, no temblará el pueblo. Si sucede una calamidad en la
ciudad, no la ha causado el Señor. ¿Qué está diciendo el profeta
ahí? Que aún las calamidades que ocurren en los pueblos son
parte del plan soberano de Dios. Los fenómenos naturales, las
pandemias y cualquier otra tragedia que ocurra en este mundo, hermanos,
es parte de la soberanía de Dios. Aún las acciones pecaminosas
y malvadas de los hombres son parte de ese plan soberano. De
hecho, el pecado más grande cometido contra hombre alguno lo hicieron
contra Jesucristo. Y sin embargo, cuando los discípulos
estaban orando en Hechos capítulo 4, versículos 27 al 28, dijeron
lo siguiente. Porque en verdad en esta ciudad
se unieron tanto Herodes como Poncio Pilato, juntamente con
los gentiles y los pueblos de Israel, contra tu santo siervo
de Jesús. ¿Quiénes se juntaron contra Jesús?
¿Quién planificaron esta acción malvada contra Jesús? Poncio,
Pilato, Herodes, junto con los gentiles y junto con Israel.
Pero dice en esta oración, a quien tú ungiste, para hacer, para
ellos hacer, cuanto tu mano y tu propósito habían predestinado
que sucediera. aunque Herodes, Pilato, esos
gentiles que estaban ahí, esos judíos que estaban ahí, fueron
culpables de ese gran pecado. Al final, lo que ellos hicieron
había sido predestinado por Dios. Porque no ocurre nada en este
mundo que esté fuera del control del Señor. Pero eso, mis hermanos,
no elimina la responsabilidad que tienen los individuos y las
naciones de sus acciones, ya que ellos actúan de una manera
voluntaria. Aunque estos caldeos eran instrumentos
del juicio divino contra el pueblo de Dios, ellos actuaban voluntariamente
y ellos eran responsables de su pecado. Sin embargo, esta
respuesta de Dios no dejó satisfecho a Abacú y por eso vemos que él
vuelve a quejarse contra Dios o vuelve a quejarse delante de
Dios. Y eso nos lleva a nuestro tercer punto, y nuestro tercer
punto es la segunda queja que Abacut presenta ante Dios, y
lo vemos desde el capítulo 1, versículo 12, hasta el capítulo
2, versículo 1. Abacut inicia su segunda queja
con la siguiente expresión. No eres tú desde la eternidad,
oh Señor, Dios mío, santo mío. No moriremos. Oh Señor, para
juicio lo has puesto. Tú, oh roca, lo has establecido
para corrección. Abacú pone aquí el fundamento
de todo lo que va a decir en lo adelante. Y él establece la
realidad de que Dios es eterno y santo. Pero también llama roca
a nuestro Señor, indicando que en Dios hay fortaleza, hay seguridad,
hay firmeza. Y cuando le dice Señor, la palabra
que se usa es la palabra Yahweh, que la Reina Valeria lo traduce
como Jehová, que es el nombre propio de Dios y que indica que
Él existe por sí mismo, sin depender de nada ni de nadie. De modo
que en esta declaración, Habacuc parece hacer referencia a la
realidad de que Jehová, Yahweh, es un Dios de pacto. O sea que
es un Dios que ha hecho un compromiso para con su pueblo, y que en
virtud de ese pacto con el pueblo, el tal no podía ser completamente
destruido. A pesar de eso, él se queja ante
el Señor. Pero en un lenguaje donde también
se ve ese sentido de intimidad que tenía. Le dice, Dios mío,
santo mío, oh roca. Y reconoce el derecho de Dios
de usar a los caldeos como un instrumento divino para disciplinar
al pueblo. Versículo 13 dice, perdón, versículo
2 en segunda parte dice, oh Señor, para juicio lo has puesto. Tú,
oh roca, lo has establecido para corrección. Pero dice en el versículo
13 del capítulo 1, muy limpios son tus ojos para mirar el mal
y no puedes contemplar la opresión. ¿Por qué miras con agrado a los
que proceden pérfidamente y callas cuando el impío traga al que
es más justo que él? Hermanos, entiendan, no es que
Abacut estuviera en contra del castigo contra Judá, ya que él
mismo en su primera queja ante Dios abogaba por eso. Pero el
saber que Dios usaría a los temibles caldeos para un castigo que podría
significar la destrucción del pueblo escogido por Dios, cuando
la maldad de estos caldeos era mucho peor que la de los judíos,
era algo que lo que hizo fue intensificar la perplejidad o
la confusión del profeta. ¿Por qué no mejor mandar una
plaga que afecte a algunos y que eso produzca un avivamiento en
el pueblo como ocurrió en otros momentos de la historia del pueblo
de Dios? Abacute entonces se desahoga con el señor, describiendo
ahora la maldad de los caldeos desde su punto de vista. Estos
hombres tenían la práctica de humillar a algunos de sus cautivos
cuando entraban a conquistar, oigan esto, colocando un anzuelo
en el labio inferior para inmovilizarlos por completo. en otras ocasiones
metían a otros cautivos en una red grande para arrastrarlo de
modo que estas cautivos eran tratados literalmente como pescados,
como peces Dicen los versículos 1, 14 al 15, en la primera parte,
¿por qué has hecho a los hombres como peces del mar, como reptiles
que no tienen jefe? A todos los saca con anzuelos
el pueblo invasor, los arrastra con su red y los junta con su
malla. Y para colmo de males, estos caldeos que hacían, estas
prácticas tan bárbaras, le ofrecían sacrificios a esas mismas redes
con las que cazaban a los cautivos. dice el versículo 15 en su segunda
parte, por eso se alegra y se regocija, por eso ofrece sacrificio
a su red y quema incienso a su malla, pues gracias a ella su
pesca es abundante y suculenta su comida. Hermanos, para Bakú
esto era algo difícil de procesar, Y él se pregunta si ese actuar
de Dios sería algo prolongado. Versículo 17 dice, vaciarás pues
su red y seguirás matando sin piedad a las naciones. Y Habacú
concluye esta queja en el capítulo 2, versículo 1, que debió realmente
ser parte del capítulo 1, diciendo lo siguiente, estaré en mi puesto
de guardia y sobre la fortaleza me pondré, velaré para ver lo
que él me dice y qué he de responder cuando sea reprendido. O sea,
que el profeta se ve a sí mismo como un atalaya que está sobre
una fortaleza, esperando con ansia y atención el mensaje que
va a venir de parte de Dios. Él estará pendiente a la respuesta
de Dios, pero también pendiente a la posible reprensión del Señor
por su queja, para saber qué responder. Y esto nos lleva,
mis hermanos, a lo que es nuestro cuarto y último punto, que es
la respuesta de Dios a lo que fue esta segunda queja de Bacú,
que lo vemos en el capítulo 2, desde el versículo 2 hasta el
versículo 20, es decir, hasta el final del capítulo. Y en esta
respuesta nosotros vemos que el Señor Comienza indicándole
al profeta que lo que tiene que decirle lo escriba en tablas
para que las mismas quedaran grabadas y fuesen leídas con
diligencia, en vista de que estas palabras se cumplirán, aunque
no inmediatamente, pero sí con prontitud, con toda seguridad. Dice el Señor, respondiéndole
a Bacú, capítulo 2, versículos 2 a 3, Entonces el Señor me respondió
y dijo, Escribe la visión y grábala en tablas, para que coja el que
la lea. Porque es una visión para el tiempo señalado, el tiempo
que está ya dispuesto por Dios. Se apresura hacia el fin y no
defraudará. Aunque tarde, espérala, porque
ciertamente vendrá, no tardará. lo que Dios va a revelar, aunque
tiene que ver con el contexto inmediato de lo que está conversando
con el profeta. Sin embargo, hermanos, tiene
una dimensión mucho más amplia. ¿Qué quiero decir con eso? Que
lo que Dios tiene que decirle a Habacuc y a Israel acerca de
eso, que sufrirá el castigo, es algo que se aplica no solamente
para ese tiempo, sino que también se aplica para nosotros hoy.
Porque el castigo que iban a hacer los caldeos y el castigo que
también los caldeos iban a recibir prefiguraban el juicio de Dios
en los últimos tiempos. El Señor, entonces, menciona
una de las aclaraciones centrales de este libro, y que luego tendría
una dimensión evangélica, una dimensión de la salvación en
Cristo en el Nuevo Testamento. Dice el versículo 4 del capítulo
2, el Señor sigue diciéndole a Habacuc, he aquí, el orgulloso,
en él su alma no es recta, más el justo por su fe vivirá. ¿Quién es el orgulloso? El orgulloso
es una persona que está llena de sí misma. Por eso la palabra
orgullo literalmente se traduce como hinchado. Él se cree superior
a los demás. Él actúa de acuerdo a sus propios
criterios. El orgulloso no acepta la ayuda
ni la corrección. El orgulloso no vive para la
gloria de Dios. Y esa era la actitud de los caldeos
y sobre todo de su rey Nabucodonosor. Muchos recuerdan cuando ese mismo
Nabucodonosor fue advertido por Daniel que él debía de humillarse
ante el Dios soberano que le había dado todo ese poder y cuando
Daniel le dice eso, Nabucodonosor hizo caso omiso, no reaccionó
como debía. Y por eso vemos en Daniel capítulo
4, versículos 29 al 30, el mismo Nabucodonosor contando, dice,
doce meses después, paseándose por la azotea del Palacio Real
de Babilonia, El rey reflexionó y dijo, ¿no es esta la gran Babilonia
que yo he edificado como residencia real, con la fuerza de mi pueblo,
con la fuerza de mi poder, para la gloria de mi majestad? Y por
eso vino el juicio de Dios contra Nabucodonosor y terminó comiendo
hierba del campo en una especie de locura, hasta que tuvo de
nuevo que reconocer que Dios es el soberano. Pero así actuó
el orgulloso. De esa manera, él está lleno
de sí mismo. Pero a diferencia del orgulloso,
hermanos, el justo vive por la fe. Este es aquel que reconoce
que no puede estar lleno de sí mismo. No tiene méritos para
con Dios. Es aquel que entiende que ante
la perplejidad o la confusión que sentimos por los juicios
de Dios, nuestro llamado, el llamado de ese justo, no es a
contender ni a cuestionar a Dios de una manera irreverente. sino
a esperar de que tarde o temprano vendrá la liberación de parte
del Señor hacia su pueblo. Este verso de Habacuc, como decíamos,
es usado en el Nuevo Testamento en dos sentidos particulares. Por un lado, se usa en Romanos
capítulo 1, versículo 17 y en Gálatas 3, 11, para indicar el
hecho de que es por medio de la fe que los pecadores son declarados
justos ante un Dios que aborrece el pecado. Pero también esta
expresión es usada en Hebreos capítulo 10 versículo 38 para
indicar la necesidad que tenemos de perseverar en medio de las
pruebas que tengamos en nuestro caminar cristiano. La necesidad
que tenemos de andar en fidelidad mientras perseveramos en situaciones
adversas. De modo que en este texto de
Habacuc, hay un llamado para el que no conoce al Señor. Si
tú estás escuchando este mensaje, si tú estás viendo este mensaje,
déjame decirte que tú necesitas con desesperación venir a los
pies del Señor. Porque dice la palabra que todos
nacemos enemigos de Dios. Y el pimpío, el que no conoce
al Señor, no disfruta de esta relación con Él. No es haciendo
buenas obras que serás justo o considerado justo ante Dios.
Mi amigo, solo puedes ser declarado justo si te apropias por la fe
en lo que hizo Jesucristo en la cruz del Calvario, arrepintiéndote
de tus pecados. Es solo por la fe. El justo por
la fe vivirá. Pero aquí también hay un llamado
a todo creyente, a que entienda de que en medio de las persecuciones,
de las pandemias, de los fenómenos atmosféricos u otras tribulaciones
que puedan venir a nuestras vidas, no debemos desanimarnos, mis
hermanos, ni desesperarnos, ni paralizarnos de terror, sino
que debemos de andar por fe. El vivir por fe, aunque no tengamos
una explicación completamente satisfactoria de lo ocurrido,
nos dará paz. Podemos seguir descansando en
sus promesas. El orgulloso no puede hacerlo
porque no vive por la fe. Está lleno de sí mismo, pero
nosotros no. Nosotros estamos vacíos, ¿y para
qué? Para llenarnos de las promesas
del Señor, para vivir por fe y no por vista. Y por eso podemos
tener paz en medio de la tormenta. Parte de esas promesas en las
que Habacú debía de confiar es que esos mismos caldeos que harían
todo ese mal algún día serían castigados. Aunque Abacut no
iba a ser testigo de eso, ya que pasarían algunos 50 años
desde la destrucción de Jerusalén propiamente, hasta la caída de
Babilonia por parte de los Medo-Persas, según sabemos por la historia.
Pero el profeta debía creer en las palabras de Dios por la fe.
De la misma manera, mis hermanos, que nosotros debemos de creer
que algún día todos los enemigos del Señor serán derrotados. Todas
las tragedias acabarán y habrá justicia perfecta y eterna paz
sobre la tierra. A partir entonces del versículo
5 hasta el final del capítulo, vemos cómo Dios describe el juicio
para con estos caldeos. Dicen los versículos 5 al 6.
Además, el vino traiciona al hombre arrogante de modo que
no se queda en casa, porque ensancha su garganta como el seol, y es
como la muerte que nunca se sacia. Reúne para sí todas las naciones
y recoge para sí todos los pueblos. ¿No pronunciarán todos estos
contra él una sátira, burlas e intrigas contra él? Algún momento se burlarían también
de los caldeos, como ellos se burlaron de otros. Y en la segunda
parte del versículo 6 se inicia, entonces, una serie de hayes
contra los caldeos. Dice el versículo 6, en su segunda
parte, hasta el versículo 8, y dirán, hay del que aumenta
lo que no es suyo. ¿Hasta cuándo? Y se hace rico
con préstamos. No se levantarán de repente tus
acreedores y despertarán tus cobradores. Ciertamente serás
despojo para ellos, porque tú has despojado a muchas naciones. Todos los demás pueblos te despojarán
a ti por la sangre humana y la violencia hecha a la tierra,
al pueblo y a todos sus habitantes. Luego, en los versículos 9 al
11, vemos un segundo ciclo con respecto a los Hayes. Dice, hay
del que obtiene ganancias ilícitas para su casa, para poner en alto
su nido, para librarse de la mano de la calamidad. Has maquinado
cosa vergonzosa para tu casa, destruyendo a muchos pueblos,
pecando contra ti mismo. Ciertamente la piedra clamará
desde el muro y la viga le contestará desde el armazón. En los versículos
12 al 14, inicia el tercer ciclo con respecto a los hayes. Pero
noten, mis hermanos, que en este ciclo, este hay viene acompañado
de una gloriosa promesa. Dice así el versículo 12, hay
del que edifica una ciudad con sangre y funda un pueblo con
violencia, como hicieron los caldeos. No viene del señor de
los ejércitos que los pueblos trabajen para el fuego y las
naciones se fatiguen en vano. Y oigan la promesa, pues la tierra
se llenará del conocimiento de la gloria del Señor, como las
aguas cubren el mar. Y el cumplimiento de lo que dice
el versículo 14, hermanos, no vendría cuando los caldeos fueran
castigados. Por eso decíamos hace un rato,
recordarán, que este juicio contra los caldeos prefigura el juicio
de Dios contra todos aquellos orgullosos que no viven por fe.
La iglesia en el nuevo pacto, al día de hoy, proclama en toda
la tierra el conocimiento de la gloria del Señor. Pero llegará
el día cuando esa promesa se cumplirá a la perfección. Cuando
veremos toda la tierra llena del cumplimiento de la gloria
del Señor en su segunda venida. De modo que estos juicios prefiguran,
mis hermanos, que esto acabará y que vendrá esa gloriosa promesa
que dice este versículo 14. En los versículos 15 al 19 vemos
el último ciclo de los hayes. Hay del que da de beber a su
prójimo. Hay de ti que mezclas tu veneno hasta embriagarlo para
contemplar su desnudez. Serás saciado de deshonra más
que de gloria. Bebe tú también y muestra tu
desnudez. Se volverá sobre ti el cáliz
de la diestra del Señor y la ignominia sobre tu gloria, porque
la violencia contra el Líbano te cubrirá, y el extermino de
las firas te aterrará a causa del derramamiento de sangre humana
y la violencia hecha a la tierra, a la ciudad y a todos los que
habitan en ella. ¿De qué sirve el ídolo que su artífice ha esculpido?
¿O la imagen fundida maestra de mentiras para que su hacedor
confíe en su obra cuando hace ídolos mudos? Versículo 19. Hay
del que dice al madero, despierta, o a la piedra muda, levántate.
¿Será esto tu maestro? He aquí está cubierto de oro
y plata, y no hay aliento alguno en su interior. ni la maldad
ni la idolatría de estos caldeos, ni de las de ninguno de los que
rechazan al día de hoy vivir por fe será pasada por alto.
Y por eso concluye el versículo 20 diciendo, pero el Señor está
en su santo templo, calle delante de él toda la tierra. Y con eso
nos indica que Dios está en su trono gobernando, ejerciendo
su soberanía aun cuando no la veamos y algún día veremos el
actuar del Señor. ¿Cuál debía entonces ser la actitud
de Abacú? ¿Y cuál debe ser la actitud de todos nosotros? Mis
hermanos, mis amigos, caer sobre nuestros rostros en reverencia
ante él y adorarle, de manera que en medio de la calamidad
Dios sea más glorificado en nosotros. Quiero concluir este mensaje
con esta cita del comentarista Robertson, que dice lo siguiente
con respecto al profeta Habacuc, a manera de resumen. Dice él,
Habacuc había comenzado su diálogo con un esfuerzo por comprender
las formas misteriosas de un Dios Santo con las personas pecadoras.
Así fue que comenzó, tratando de entender a Dios, el proceder
de Dios, en confusión. Pero ahora se encuentra en presencia
del templo sagrado del Señor, en silencio con reverencia. Es
posible que él no haya comprendido completamente todas las implicaciones
de la respuesta divina a su pregunta. Sin embargo, él está seguro del
señorío permanente de Dios, de su justicia en el enjuiciamiento
de todos los violadores de su santa ley. y de su infinita misericordia
en otorgar vida a todos los que confían en él y las disposiciones
que él ha prometido para el pecador. Mis hermanos amados, en estos
momentos son los que la fe de cada uno debe ser fortalecida.
Pero la realidad es que muchas veces lo que vemos en muchos
es que cuando vienen situaciones como la que estamos, vemos que
su fe flaquea. Estamos aterrorizados ante las
dificultades. Y todo porque no estamos creyendo
en la verdad absoluta. Óyeme bien. No estamos creyendo
en la verdad absoluta de que Jesucristo tiene el control de
la tormenta. Jesucristo tiene el control de
esta enfermedad. Jesucristo tiene el control de
esta adversidad. Y por eso, hermanos y amigos,
yo creo que este es un mensaje también de arrepentimiento. Yo
quiero hacerte un llamado al arrepentimiento. Primeramente,
para ti que no conoces a Jesucristo, si hay un tiempo, mi amigo, donde
podemos ver la fragilidad de la vida, esa hora, Y al final,
según hemos estudiado, nadie escapará de este mundo hacia
la eternidad. Nadie escapará del juicio de
Dios. Ya vimos cómo el juicio a los caldeos anticipa el juicio
final de Dios. Dios va a traer juicios sobre
el pecador, sobre el impío. por eso a ti te digo mi amigo
huye de este juicio y confía por la fe en Jesucristo arrepintiéndote
de tus pecados para que seas justificado y perdonado por Dios
Pero también este es un mensaje, este mensaje, perdón, es un llamado
de arrepentimiento a todo cristiano que me escucha. Porque decimos
creer con nuestros labios estas verdades, Dios es soberano, Él
tiene control, la vida es pasajera, pero nuestros corazones están
sin embargo llenos de incredulidad. Puede que no nos habíamos dado
cuenta de cuánto amábamos este mundo como ahora. Sentimos pánico
por lo que podemos perder o por lo que nos pueda pasar. Y mi
hermano comprende que esta incredulidad está íntimamente ligada al orgullo,
como ya hemos dicho. Hemos estado tan llenos de nosotros
mismos y de otras cosas que no le hemos creído a Dios. cuando
nos decía que todo era vano no le hemos creído a Dios cuando
decía que no debíamos poner nuestra vista en las cosas temporales
sino en las cosas eternas realmente no le habíamos creído a Dios
y nos hemos dado cuenta de eso ahora que vemos que hemos sido
afectados con todo esto que está sucediendo a nuestro alrededor
Dios está revelando lo que hay en nuestros corazones. Dios,
mis hermanos, nos está humillando. Está humillando al mundo, pero
también está humillando a su iglesia. Pero gloria a Dios que
si decidimos responder a esta humillación del Señor con mansedumbre
y con humildad, sabemos que también seremos exaltados por Él. De
modo, mis hermanos, que vengamos a Él en arrepentimiento y démosle
a Él toda la gloria que Él se merece. En el próximo mensaje,
mis hermanos, concluiremos con la ayuda de Dios el libro de
Habacuc, viendo cómo el profeta pasa entonces del temor a la
adoración gozosa. Pero mientras, hermanos, humillémonos
delante de la presencia del Señor. Arrepintámonos de todo corazón.
Digámosle al Señor, Señor, revela lo que hay en mí y haz de mí
un mejor creyente para la gloria y la honra de nuestro Señor y
Salvador Jesucristo. Que el Señor les bendiga, mis
hermanos. Vamos a orar. Padre, gracias te damos por la oportunidad
que tú nos has concedido de poder predicar tu palabra. Señor, úsala. Úsala a pesar de nuestras debilidades.
Úsala a pesar de nuestra deficiencia. Úsala con poder, Señor. Úsala
para salvación. úsala para fortalecer a tu pueblo
de una manera especial, Señor. Para que salgamos, Señor, de
toda esta situación en la que estamos, mejores creyentes para
tu gloria, pero sobre todo mejores admiradores de ti y de la obra
que tú has hecho en nosotros por medio de nuestro Señor Jesucristo.
Y es en su nombre que pedimos todas estas cosas. Amén.
De la confusión a la fe
Series Habacuc
Habacuc le tocó vivir en una época muy difícil. Había una degradación moral en el pueblo de Dios y se queja ante El. Dios le responde que usará a los caldeos como castigo y eso lo confunde más ya que los caldeos eran peores que los judios. Al final Habacuc tuvo que entender que debía de vivír por la fe, confiando en que Dios también castigaría la maldad de los caldeos. De la confusión pasó a la fe. El juicio a los judios y caldeos prefiguran los juicios de Dios para todos sus enemigos. En aquel día, el que vive por la fe verá ese cumplimiento y la tierra será llena del conocimiento de la gloria de Dios.
| Sermon ID | 419202336441822 |
| Duration | 46:28 |
| Date | |
| Category | Sunday Service |
| Bible Text | Habakkuk 1 |
| Language | Spanish |
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