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Escuchemos la palabra del señor
Marcos 6, comenzando con el versículo 14. Oyó el rey Herodes, la fama
de Jesús, porque su nombre se había hecho notorio, y dijo,
Juan el Bautista ha resucitado de los muertos, y por eso actúan
en él estos poderes. Otros decían, es Elías, y otros
decían, es un profeta o alguno de los profetas. Al oír esto,
Herodes dijo, éste es Juan, el que yo decapité, que ha resucitado
de los muertos. Porque el mismo Herodes había
enviado y prendido a Juan, y le había encadenado en la cárcel
por causa de Herodías, mujer de Felipe, su hermano, pues la
había tomado por mujer. Porque Juan decía a Herodes,
no te es lícito tener la mujer de tu hermano. Pero Herodias
le acechaba y deseaba matarle y no podía porque Herodes temía
a Juan, sabiendo que era varón justo y santo. Y le guardaba
a salvo y oyéndole se quedaba muy perplejo, pero le escuchaba
de buena gana. Pero venida un día oportuno,
en que Herodes en la fiesta de su cumpleaños daba una cena a
sus príncipes y tribunos, y a los principales de Galilea, entrando
la hija de Herodías, danzó, y agradó a Herodes y a los que estaban
con él a la mesa. Y el rey dijo a la muchacha,
pídame lo que quieras, y yo te lo daré, y le juró, todo lo que
me pidas te daré hasta la mitad de mi reino. Saliendo, ella dijo a su madre,
¿qué pediré? Y ella le dijo, la cabeza de
Juan el Bautista. Entonces ella entró prontamente
al rey y pidió diciendo, quiero que ahora mismo me des en un
plato la cabeza de Juan el Bautista. Y el rey se entristeció mucho. Pero a causa del juramento y
de los que estaban con él a la mesa, no quiso desecharla. Y enseguida el rey, enviando
a uno de la guardia, mandó que fuese traída la cabeza de Juan.
El guarda fue, le decapitó en la cárcel y trajo su cabeza en
un plato y la dio a la muchacha. Y la muchacha la dio a su madre. Cuando oyeron esto, sus discípulos
vinieron y tomaron su cuerpo y lo pusieron en un sepulcro. Amén. Hasta ahí la lectura de
la palabra del Señor. Vamos a pedir la ayuda de Dios
nuevamente en oración. Señor y Dios nuestro, ayúdanos.
al venir a esta porción de tu palabra. Aprender lo que tenemos
que saber para nuestra vida, para nosotros poder vivir, para
la honra y la gloria de nuestro Señor Jesucristo, pero también,
no, Señor, para recibir el consuelo que tenemos aquí. Tú nos fortaleces,
Tú nos animas, Tú nos das cánticos en la noche, Y Señor, en medio
de tristeza y de aflicción, pedimos que te conozcamos mejor y que
salgamos más que vencedores por medio de Aquel que nos amó. Lo pedimos por medio de nuestro
Señor Jesucristo. Amén. Hermanos, la última vez
que consideramos el Evangelio de Juan, vimos que el Señor Jesucristo
mandó a sus doce discípulos para ampliar su ministerio. Como el tiempo se acortaba, como
no había tiempo de que él recorriera personalmente todos los pueblos
y aldeas predicando, envió a sus discípulos para que le dieran
a conocer. Y en este pasaje que hemos leído,
aprendemos que su misión tuvo éxito. La fama del Señor Jesucristo
iba creciendo. Su nombre se había hecho notorio,
dice el versículo 14 de nuestro Señor Jesucristo. Y eso lo trajo
a la atención de las autoridades, del rey Herodes, entre otros. Y esto llevó a que existiera
una especulación muy grande, muy generalizada en la población
acerca de quién es este Jesús. Ha mandado a sus discípulos,
ellos van predicando, ellos también van realizando milagros, sanando
a los enfermos, expulsando a los demonios. Y entonces la gente
pregunta, bueno, ¿quién es su maestro? ¿Quién es el que les
enseñó? ¿De quién predican? Y había varias
respuestas a esa pregunta, ¿verdad? Este episodio que hemos leído
como que interrumpe la misión de los doce, ¿verdad? Porque
de un lado, en el versículo siete al trece, el Señor Jesucristo
manda a sus doce discípulos. Por otro lado, en el versículo
treinta, los apóstoles, los enviados, regresan al Señor Jesucristo
y le contaron todo lo que habían hecho en su misión. En medio,
mientras ellos están en su misión, Marcos nos relata algo que había
sucedido anteriormente. Y eso lo hace por dos o tres
motivos. Un motivo es simplemente la técnica
del relato. Jesucristo envía a los doce discípulos
y ellos van a regresar unas semanas después. Bueno, nosotros estamos
leyendo y no vamos a tardar unas semanas en pasar del versículo
13 al versículo 30. Entonces Marcos nos da otro relato
en medio, para que como lectores sintamos algo del espacio de
tiempo, para que haya una transición de que fueron enviados a que
regresan. Pero también lo hace con el motivo
de explicarnos cómo es que Herodes llegó a tener ciertas especulaciones
acerca de la identidad del Señor Jesucristo. Pero también lo hace
para que veamos la misión de los doce como un marco alrededor
de este retrato de Herodes y de Juan el Bautista que nos da en
medio. O sea, los relatos mutuamente
se interpreta. Bueno, con eso en mente, vamos
a comenzar donde comienza Marcos, considerando la respuesta del
rey Herodes a la pregunta, ¿Quién es el Señor Jesucristo? Otros, había algunos que estaban
diciendo que él era Elías. Seguramente estaban pensando
en Malaquías capítulo 4, ¿verdad? Donde antes del gran día del
Señor, Elías iba a venir para restaurar todas las cosas. Bueno,
lo que no entendían era que Juan el Bautista era Elías, ¿verdad? Y el día del Señor vino con nuestro
Señor Jesucristo. Otros decían que él es el profeta. Y bueno, cuando lean esa frase
en su Nuevo Testamento, es una alusión a lo que Moisés dijo
a los hijos de Israel en Deuteronomio 18, que Dios iba a levantar otro
profeta de los hermanos, de sus hermanos, uno como Moisés, y
que todos iban a escuchar a ese profeta. O sea, Moisés dice,
alguien más o menos como yo, pero mayor. Alguien que va todavía
más allá de lo que Dios hizo por Moisés. Y ese, obviamente,
es el Señor Jesucristo. Otros afirmaban que era uno de
los profetas. En otros evangelios vemos que
algunas personas pensaban que era Jeremías, vuelto de nuevo. Bueno, en todas esas respuestas
hay algo incorrecto. Pero también hay algo que uno
le ve la razón, ¿no? La gente que dice que este era
Elías, pues por lo menos reconocen que el Señor Jesucristo es algo
único, que en su venida los propósitos de Dios se están cumpliendo.
Lo mal identifican como Elías, porque deberían de identificar
a Juan el Bautista como Elías, pero pues más o menos están acercándose
un poquito. Los que decían que era uno de
los profetas, pues indiscutiblemente el Señor Jesucristo es profeta,
¿verdad? Y los que más razón tenían eran los que decían, es
el profeta. Tenían razón, pero les faltaba
algo todavía. Jesucristo es el profeta, por
excelencia, el profeta máximo, pero es más que un profeta. Es mucho más. que un profeta. Y entonces, aún los que más se
acercan a la verdad todavía no entienden la plenitud de lo que
es el Señor Jesucristo. Pero entre los otros, este rey
Herodes dice, es Juan el Bautista que yo decapité. Yo le corté
la cabeza. Ahora se ha levantado de los
muertos y es por eso que hay tantos milagros. Porque si uno
regresa de los muertos, pues uno espera, ¿verdad? Es de esperarse.
que pueda también lograr otras cosas. Ahora, Herodes está mal,
¿verdad? No era Juan el Bautista. Era
el Cordero de Dios que Juan el Bautista predicaba. Pero aún
Herodes no está del todo equivocado cuando relaciona a las dos personas
y cuando anticipa una resurrección. Porque el Señor Jesucristo es
la resurrección y la vida como él declara en Juan capítulo 11.
Bueno, ¿por qué esta sugerencia le viene a la mente de Herodes? Pues se sentía culpable, ¿verdad? Oyó el rey Herodes la fama de
Jesús. Y dijo, Juan el Bautista ha resucitado
de los muertos, por eso actúan en él estos poderes. Y nuevamente
en el versículo 16, este es Juan, el cual yo decapité. El hecho, su maldad en haberlo
decapitado, le pesa todavía, ¿verdad? No se le olvida. Y entonces
cuando oye la fama de Jesucristo, pues por miedo, ¿verdad? Piensa,
Juan ha resucitado. Y ahora están muchos milagros. Ahora, este rey Herodes. Marcos
lo llama un rey porque para sus súbditos, para los que estaban
bajo su control, distinciones técnicas no importan mucho. En
teoría, bajo el imperio romano, no era rey propiamente hablando,
era tetrarca. y así se le nombra en los otros
evangelios. De hecho, a final de cuentas
este Herodes fue enviado al exilio porque siguió insistiendo, insistiendo,
insistiendo en que lo convirtieran en rey de la verdad en vez de
en mero tetrarca, ¿verdad? Pero para Marcos lo importante
no es la administración del imperio romano. Para Marcos lo que importa
es la autoridad que ejerce Herodes y pues como Herodes tiene poder
de la pena capital, a su simple disposición, pues lo llama rey,
¿verdad? Y quizás también Marcos así lo
dice, para poner un contraste entre éste que quería ser rey,
éste que pretendía ser rey, éste que llevaba la autoridad de un
rey, pero su comportamiento era todo un desastre. Este Tetrarca,
o Rey Herodes, es el hijo de Herodes el Grande, que conocemos
por su intento de matar al Señor Jesucristo en su nacimiento.
Él falleció, su reino fue dividido entre varios de sus hijos, uno
de ellos, llamado también Herodes, ¿verdad?, que en este momento
reinaba como Tetrarca. Ahora, Marcos toma la ocasión
del pensamiento erróneo de este rey Herodes para contarnos acerca
de la muerte de Juan el Bautista. Hermanos, dentro del Evangelio
de Marcos, este capítulo, esta porción que hemos leído, es único
porque el Señor Jesucristo está al margen. Está al principio,
¿verdad? Dentro de la mayoría de lo que
leímos, los caracteres principales son el rey Herodes, su esposa,
la hija de su esposa y Juan el Bautista. El Señor Jesucristo
parece no estar presente, no está al centro de este relato,
y es el único relato extenso en Marcos del cual se puede hacer
esa observación. Bueno, ¿qué pensamos entonces
de todo esto? ¿Qué podemos decir de todo esto? Bueno, se debe de notar que este
Rey Herodes tiene una situación familiar muy incómoda. De hecho,
si quisiéramos preparar una novela para la televisión, Esta familia
de los Herodes sería un buen candidato, porque estaban re
locos y estaban metiéndose en problemas que uno dice, ay, no,
eso solamente pasa en la tele. Bueno, para algunas personas
sucede también en la vida real. Y en este caso, aquí en marco
6, este rey Herodes que se menciona, pues, ¿qué había hecho? Pues
su hermano Felipe, siguiendo vivo, la esposa de Felipe le
deja a Felipe y se casa con Herodes. su hermano. Bueno, entonces ya
los hermanos están peleados, ¿verdad? Porque ambos se han
casado con la misma mujer. Como en una telenovela, ¿verdad?
Esas cosas suceden. Bueno, también su papá había
matado a una esposa, a varios de sus hijos, etcétera. O sea,
es un desastre de familia, ¿no? Ahora, este rey Herodes tiene
encarcelado a Juan el Bautista. Lo tiene encarcelado por dos
motivos, creo. o quizás por tres motivos. Lo
ha encarcelado porque Juan el Bautista le dijo, no te es lícito
tener la mujer de tu hermano. Este matrimonio, esta convivencia
que están llevando, no se vale. Va en contra de la ley de Dios.
Bueno, en un sentido para castigarlo lo encarceló, pero en otro sentido
lo encarceló para tenerlo cerca porque al rey Herodes le complacía
escuchar a Juan el Bautista. Cosa que nos sorprende. Por otro
lado, también lo tenía encarcelado para protegerlo de su esposa,
de su mujer, de Herodías, porque ella quería matar a Juan. Ahora aquí, hermanos, de paso
vamos a observar que Juan el Bautista, como muchos predicadores,
se metió en problemas por condenar el pecado. Y se metió en problemas
por condenar el pecado específicamente por decirle a un individuo, tú
estás mal. Bueno, son cosas que se tienen
que decir, ¿verdad, hermanos? Nosotros queremos ser una iglesia
que predica el Evangelio. Pero Juan el Bautista predicaba
el Evangelio, pero no se limitó a simplemente decir, he aquí
el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo. Era parte
de su mensaje, pero también llamaba al arrepentimiento, también señalaba
lo que estaba mal y decía, dejen de hacerlo. Pues muchas veces
en la historia, cuando los predicadores o cuando la iglesia en general
se mete en problemas, no es tanto por decir a la gente, oye, deben
de creer en Jesucristo. Muchas veces es por criticar
y condenar al pecado. Pero Juan el Bautista fue fiel
en lo que hizo. Nosotros no tenemos la alternativa
de decir, bueno, no vamos a decir nada del pecado. Queremos poner
el énfasis en predicar el Evangelio, pero parte de predicar el Evangelio
es preparar los corazones para recibirlos, convenciéndoles de
la realidad, de la severidad del pecado. Hermanos, hay mucho
que está mal. Nosotros podemos meternos en
problemas con muchas cosas que decimos. Estudiantes en la prepa
o en la universidad a veces se han metido en problemas por decir,
en el principio creó Dios los cielos y la tierra, ¿verdad?
Porque va en contra de lo que dicen los profesores. o en nuestra
sociedad, en la locura actual, podemos meternos en problemas
por decir que Dios creó al hombre a su imagen, varón y hembra los
creó. ¡Ay, pues ya hay personas que
se van a molestar conmigo por decir eso! Solamente. Hay personas
que se pueden molestar si digo, por esta causa, el hombre dejará
a su padre y a su madre y se unirá a su mujer y los dos serán
una sola carne. Lo que Dios ha unido que el hombre
no lo divida. Hay personas que se molestan
por eso también, ¿verdad? Y obviamente también hay quienes
se molestan si decimos no te echarás con varón como con mujer. Es abominación. Pues por todas
esas cosas, y no me he salido de los primeros cinco libros
de la Biblia, me puedo meter en problemas, ¿verdad? Hay personas
que se pueden molestar conmigo por eso. Bueno, como Juan el
Bautista, tenemos que decirlo de todos modos. También podemos
notar, ¿verdad?, que a Herodes le agradó escuchar la predicación
de Juan. Que su esposa, bueno, su mujer,
se molestó mucho cuando él le dijo, no te es lícito tenerla.
Y a veces observamos lo mismo, ¿verdad? Mientras yo predico
en términos generales, mientras yo digo, el pecado es malo, la
justicia es buena, sean bondadosos los unos con los otros, pues
casi nadie se ofende, ¿verdad? Pero cuando yo digo, no hagan
trampa, ¿verdad? No roben. del que los emplea. No vayan a mentir en su papeleo
o cosas parecidas. Ah, no, pues ahora sí les estoy
dando, ¿verdad? Donde tenemos defectos. Mientras
predico puras cosas generales, todo el mundo me quiere, ¿verdad?
Pero cuando digo, mira, está mal, Hermanos, la forma en que
nos conducimos está mal. Por ejemplo, que a cada rato
andemos gritando y peleando. Bueno, ahora los gritones, los
peleoneros se van a molestar conmigo y me van a venir a gritar.
O sí, y bueno, esto ha sucedido, ¿verdad? Cuando los holandeses
iban inmigrando en los 1800 y tantos. ¿verdad? Y uno de los predicadores
que vino con ellos comenzó a reclamarles por sus prácticas en vender sus
productos agriculturales, ¿verdad? Que, pues, tenían sus formas
de cobrar más de lo que pesaba, ¿verdad? Y en ese entonces le
dijeron, mira, pastor, te queremos y te valoramos, pero si valoras
tu posición, no te metas con nuestros negocios. Igual, ¿verdad? Sucede en nuestros tiempos. Pero, hermanos los predicadores,
tenemos que decir lo que dice la Biblia. Si agrada o si no
agrada, tenemos que decirlo. Y como congregación, como hermanos
en Cristo, debemos de querer escuchar la verdad. Pero sí les
voy a dar esta exhortación, si nos vamos a meter en problemas,
si vamos a ser odiados por el mundo, que sea por reflejar la
palabra de Dios, ¿verdad? Por decir lo que Dios dice, y
no porque nosotros somos ásperos, imprudentes, difíciles de aguantar. Que sea, que la ofensa sea por
Dios, por la causa de Cristo, por la Biblia, y no por nuestra
mala conducta, ¿verdad? Pero bueno, también vale la pena
observar que Herodes le agradaba escuchar a Juan. Le impactaba,
se quedaba perplejo, pero le escuchaba de buena gana. Viene
una y otra vez. Hermanos, hay gente así que vienen
y escuchan la predicación, pero como si fuera un concierto, ¿verdad?
Esto sucedió en el Antiguo Testamento con el profeta Ezequiel. Muchos
venían y le decían, a ver Ezequiel, ¿qué dice el Señor? Cuéntanos
la palabra de Jehová. Y él lo decía ahí, ¡ay, qué bonito!
Maravilloso, ¿verdad? Y se iban, pero como si nada.
No lo tomaban en cuenta, no lo implementaban. Y Dios hasta le
dijo, mira, tú eres como ellos, como uno que toca un instrumento.
Vamos a escuchar que alguien toca la guitarra, o la flauta,
o trompeta, o lo que sea, ¿no? Bueno, no salimos resueltos,
¡ay, voy a portarme mejor! Voy a dejar mi pecado, voy a
confiar en Cristo. Por escuchar una flauta, ¿verdad?
O una trompeta. Pues muchos escuchan la predicación
de esa manera. ¿Y de qué le sirve? Herodes escuchó
de buena gana, pero terminó matando a Juan. Donde no hay fe en Cristo,
casi no hay límite a lo que la presión social nos puede llevar
a hacer. Y la mujer, esta Herodías, estaba
al pendiente. Ella odiaba a Juan y estaba buscando
la oportunidad de dañarlo. Bueno, vino el día oportuno para
ella, ¿verdad? Herodes festeja su cumpleaños,
invita a toda la gente más importante de alrededor, y ahí están. Y
sale la hija de Herodías para bailar, para danzar, como entretenimiento. Ahora, tradicionalmente se nos
ha dicho que su nombre era Salomé, pero no sabemos mucho de ella,
no sabemos su edad, por ejemplo. Muchos han pensado que este baile
era pues un baile de lujuria, ¿verdad? Algo que provocaba,
inflamaba los deseos. Pero el texto no lo afirma, no
estamos completamente seguros que así haya sido. Es posible,
pero no es garantizado que así haya sido. Pero por cualquier
motivo, ¿verdad? En medio de la fiesta Herodes
se deja llevar por el entusiasmo y le dice, te juro que te doy
lo que tú me pidas hasta la mitad del reino. Y pues, la muchacha
va y le pregunta a su mamá, ¿qué debo de pedir? Pues tengo esta
oportunidad de sacarle un favorzote al rey. ¿Qué pido? O al tetrarca,
más bien. ¿Qué pido? Oh, inmediatamente
su mamá estaba lista. Tráeme la cabeza de Juan el Bautista. Ella quería que este profeta
que había condenado su mala conducta fuera castigado con pena capital,
hermanos. Vemos el odio, ¿verdad? Vemos
el resentimiento. Vemos cómo el enojo se guarda
y crece y va en aumento hasta destruir. Hay dos maneras de
rechazar la palabra de Dios. Algunos lo rechazan como Herodes,
¿verdad? Que escuchan de buena gana y se quedan perplejos, pero
no cambian nada. Y hay personas que se oponen
con violencia implacable como Herodías. Pero ambas clases de personas
rechazan a la palabra de Dios. Bueno. Ahora, esta muchacha agrega
un detalle. Dice que quiere la cabeza de
Juan el Bautista en un plato. Y uno dice, ay, ¿qué le pasa
a esta muchacha? ¿Cómo que se le ocurre? O sea,
si va a obedecer a su mamá, bueno, no es que se le comprenda, ¿verdad?
Porque qué horror. Pero ella agrega de su propia
gana este detalle que quiere la cabeza en un plato. Pues recuerden
el escenario, ¿verdad? Están en la fiesta, están en
la mesa, en el banquete con... Bueno, si fuera en nuestros tiempos,
¿verdad? Tendríamos pastel, ¿verdad? Porque
es cumpleaños. No sé si Herodes tuvo pastel,
pero indiscutiblemente tuvo viandas, tuvo comida, tuvo bebida, tuvo
vino, tuvo de todo, ¿no? Lo que era acostumbrado. Y entonces
un plato, como si fuera algo más que iban a comer, pide en
la cabeza del profeta. Que su boca quede en silencio. Que puedan triunfar y regocijar
sobre él. ¡Qué barbaridad! Qué familia
más salvaje, ¿verdad? Más horrible. Bueno, Herodes
no quiere. Pero ha jurado. ¡Ha jurado enfrente
de todos! Se siente atrapado. Y por la
presión de sus conocidos, Cumple con esta indignidad. No le refrena
la ley. Él no es responsable ante nadie.
Si le quiere cortar la cabeza a un profeta, ¿quién le va a
reclamar? Así es cuando los gobernantes no están sujetos a la ley. ¿Por
qué murió Juan el Bautista? Pues, por hablar la palabra de
Dios con fidelidad, se podría decir. Se podría decir por la
rabia. de Herodías. Se podría decir
por la debilidad de Herodes. Se podría decir por la tiranía
del gobierno. Todo eso es cierto, ¿verdad?
Todo eso tiene su lugar. Por la locura de esta muchacha
que pide su cabeza en un plato. Pero más que todo eso, Juan el
Bautista murió como mártir, como testigo de Cristo. Y eso es un poquito curioso,
porque Cristo aparentemente está ausente. Cuando Juan estaba encarcelado,
¿dónde estaba Cristo? No le echó la mano, no le libró
de la cárcel. Cuando viene el empleado, el
soldado de Herodes para cortar la cabeza, ¿dónde está Cristo?
Pues está lejos, ¿verdad? A lo mejor Juan así lo sintió.
A lo mejor sus discípulos, ¿verdad?, que recogieron su cuerpo y lo
enterraron sin cabeza, así lo sintieron. Y a veces nosotros,
cuando pasamos por problemas, así lo sentimos. ¿Dónde está
nuestro Señor Jesucristo? Bueno, creo que Juan venció sus
dudas en cuanto a esto, ¿verdad? Y murió confiado, regocijando
en el Señor. Porque recuerden lo que Juan
había dicho, que el Señor Jesucristo tenía que ir en aumento, tenía
que crecer y él tenía que disminuir. Juan tuvo esa actitud, ¿verdad?,
que para él el vivir era Cristo y el morir entonces era ganancia. Y es algo que hemos visto confirmado
en los relatos de los mártires a lo largo de los tiempos. El
apóstol Pablo también, y otros, en la Iglesia Primitiva, en la
era de la Reforma, en tiempos presentes, en 1960 y tantos,
¿verdad? Allá en Ecuador, una tribu indígena
mataron a cinco misioneros, ¿verdad? Y ellos habían ya determinado
de antemano que valía la pena morir por la causa del Evangelio. Y hasta la fecha, hermanos, hay
mártires para la causa de Cristo. ¿Será que Cristo los abandona?
¿Será que Cristo no está con ellos? Al contrario. Cristo estaba ampliando los efectos
de su ministerio. Cristo estaba ampliando la predicación. Aquí este relato nos dice qué
es lo que podemos esperar cuando vamos predicando el evangelio.
Pues podemos esperar ofender a la gente con la palabra de
Dios. Podemos esperar violencia. Podemos esperar hasta la muerte
por el nombre de Cristo. Pero Cristo vale la pena. Vale la pena perder Todo para
él. Y aquí Marcos mete este relato
como comentario, ¿verdad?, sobre la misión de los doce apóstoles. Pues ellos escucharon lo que
pasó con Juan el Bautista, se desanimaron, renunciaron a Cristo.
Bueno, Judas Iscariote sí, ¿verdad? Pero los otros once, diez de
ellos murieron mártires. Y Juan, pues fue exiliado, ¿verdad? Y vivió en la isla de Patmos,
haciendo labor difícil en su vejez. Pero no abandonaron a
Cristo, porque para ellos, Él valió la pena. Hermanos, que
tengamos nosotros el mismo vigor, la misma fortaleza, que veamos
que para dar testimonio de Cristo, vale la pena perderlo todo. Quizás no seremos llamados a
perderlo todo, ¿verdad? Hay muchos que viven más o menos
tranquilos. Pero que seamos dispuestos. Que
sepamos que Cristo vale más que todo lo que se nos puede ofrecer.
Y que no seamos como héroes, escuchando la palabra de Dios
con cierto gusto, pero con corazón todavía endurecido. sin arrepentimiento,
sin cambio, que recibamos la palabra de Dios para que nos
transforme.
La cabeza en un plato
Series Marcos
El testimonio acerca de Cristo recuerda a Herodes uno de los peores actos de su vida.
| Sermon ID | 3623550541311 |
| Duration | 29:54 |
| Date | |
| Category | Sunday - PM |
| Bible Text | Mark 6:14-29 |
| Language | Spanish |
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