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Vamos a buscar nuestras Biblias,
Segunda de Samuel, puestos de pie, leer del capítulo 12. Segunda
de Samuel, capítulo 12. Libro de Segunda de Samuel, el
capítulo 12. Vamos a leer dos pasajes esta
tarde. Primero el de Segunda de Samuel, capítulo 12. Vamos
a permanecer de pie para leer otra lectura. Segunda de Samuel, 12, dice así. Jehová envió a Natán a David,
y viniendo a él le dijo, Había dos hombres en una ciudad, el
uno rico y el otro pobre. El rico tenía numerosas ovejas
y vacas, Pero el pobre no tenía más que una sola corderita que
él había comprado y criado, y que había crecido con él y con sus
dos hijos juntamente, comiendo de su bocado y bebiendo de su
vaso, y durmiendo en su seno. Y la tenía como a una hija. Y
vino uno de camino al hombre rico, y éste no quiso tomar de
sus ovejas y de sus vacas para guisar para el caminante que
había venido a él, sino que tomó la oveja de aquel hombre pobre
y la preparó para aquel que había venido a él. Entonces encendió
el furor de David en gran manera contra aquel hombre, y dijo a
Natán, Vive Jehová aquel que tal hizo el signo de muerte,
y debe pagar la cordera con cuatro tantos, porque hizo tal cosa
y no tuvo misericordia. Entonces dijo Natán a David,
Tú eres aquel hombre. Así ha dicho Jehová, Dios de
Israel. Yo te ungí por rey sobre Israel, y te libré de la mano
de Saúl, y te di la casa de tu Señor y las mujeres de tu Señor
en tu seno. Además, tení la casa de Israel
y de Judá, y si esto fuera poco, te habría añadido mucho más.
¿Por qué, pues, tuviste en poco la palabra de Jehová haciéndolo
malo delante de sus ojos? A Urias, Eteo, heriste espada,
y tomaste por mujer a su mujer, y a él lo mataste con la espada
de los hijos de Amón. Por lo cual ahora no se apartará
jamás de tu casa la espada, por cuanto me menospreciaste y tomaste
la mujer de Urias, Eteo, para que fuese tu mujer. Así dijo
Jehová, He aquí, yo haré levantar el mal sobre ti de tu misma casa,
y tomaré a tus mujeres delante de tus ojos, y les daré a tu
prójimo, el cual ya se va con tus mujeres a la vista del sol.
Porque tú lo hiciste en secreto, mas lloré esto delante de todo
Israel y a pleno sol. Entonces dijo David a Natán,
Pequé contra Jehová. Y Natán dijo a David, También
Jehová ha remitido tu pecado, no morirás. Vamos a leer Mateo
12, Mateo capítulo 12. El libro de Mateo, el primero
del Nuevo Testamento, el capítulo 12. Dice la Palabra de Dios. En aquel tiempo iba Jesús por
los sembrados en un día de reposo, y sus discípulos tuvieron hambre,
y comenzaron a arrancar esfigas y a comer. Viendo los pariseos,
le dijeron, hay que tus discípulos hacen lo que no es lícito hacer
en el día de reposo. Pero él les dijo, ¿no habéis
leído lo que hizo David cuando él y los que con él estaban tuvieron
hambre? ¿Cómo entró en la casa de Dios y comió los panes de
la proposición, que no le es lícito comer ni a él ni a los
que con él estaban, sino solamente a los sacerdotes? ¿O no habéis
leído en la ley cómo en el día de reposo los sacerdotes del
templo propanan el día de reposo y son sin culpa? Pues os digo
que uno mayor que el templo está aquí. Y si supieses qué significa
misilicordia quiero y no sacrificio, no condenaríais a los inocentes.
Porque el Hijo del hombre es Señor del día de reposo. Pasando
de allí vino a la sinagoga de ellos. Y aquí había allí uno
que tenía seca una mano. Y preguntaron a Jesús para poder
acusarle, ¿es lécito sanar en el día de reposo? Él les dijo,
¿qué hombre habrá de vosotros que tenga una oveja, y si ésta
cayera en un hoyo un día de reposo, no le eche mano y la levante?
pues cuanto más vale un hombre que una oveja, por consiguiente
es lícito hacer el bien en los días de reposo. Entonces dijo
aquel hombre, extiende tu mano, y él la extendió, y le fue restaurada
sana como la otra, y salieron los pariseos que tuvieron consejo
contra Jesús para destruirle. Como título para este mensaje
le sugiero Dios te sacará del hoyo, Dios te sacará del hoyo,
o también puede ser Lleva tu mano seca a Cristo. Lleva tu
mano seca a Cristo. Esta tarde terminaremos nuestro
estudio de este pasaje de Mateo 12, el último que leímos, el
último párrafo que comienza con el versículo 9 hasta el versículo
14. Lo estudiamos el domingo pasado y vimos que el Señor entró
a una sinagoga después de haber pasado por esos sembrados. En
esta iglesia judía, esa sinagoga, se encuentra un hombre con una
mano seca, es decir, atrofiada, tenía cierta parálisis. Los fariseos
presentes le preguntaron al Señor que si era legal, si era lícito,
si era legal sanar en el día de descanso. No querían saber
la respuesta porque tenían un dilema ético, no sabían qué pensar,
no sabían qué hacer con ese hombre. Pero querían acusarlo, querían
acusar a nuestro Señor Jesucristo. de no cumplir con sus tradiciones
religiosas, estaban muy enojados, empurecidos por lo que había
pasado en esos sembrados como los discípulos habían recogido
ciertas espigas y para ellos ya era cierto el trabajo, los
discípulos con mucha hambre querían comer algo y tuvieron esas semillas
y los cariceos, los judíos extremistas estaban enfurecidos por eso.
Y aquí tenemos otro caso en el cual ellos están enfurecidos
porque muchos de los milagros de Nuestro Señor Jesucristo que
Él había hecho en ese tiempo, algunos de ellos fueron en el
día de reposo y para ellos sanar era trabajo. Y entonces eso transgredía
el cuarto mandamiento de quien ellos según sus tradiciones Ahí
están los señores, en la sinagoga. Él sabe de los pensamientos de
ellos, como nos dice otro Evangelio. Sabían que había hecho esa pregunta
para acusarle. Y querían acusarlo ante el Sanedrín,
para que el Sanedrín os revelara su muerte. Sabían entonces, sabían
los señores de Cristo que querían matarlo. Sabían los señores de
Cristo por qué habían hecho esa pregunta. Y el Señor muy sabio
no les contesta su pregunta directamente, les contesta a ellos con otras
preguntas. Aquí nos quedamos, nos quedamos
en el versículo 11, estamos estudiando este pasaje versículo por versículo,
y nos quedamos en el versículo 11, véanlo. Él les dijo, nuestro
Señor Jesucristo, después de la pregunta de ellos, es lícito
sanar en el día de reposo, es legal esto. Él les dijo, ¿qué
hombre habrá de vosotros que tenga una oveja? Y si esta cayera
en un hoyo en día de reposo, no lees a mano y la levantes.
La respuesta a esta pregunta es obvia, es obvia. Por supuesto,
nadie iba a dejar a su oveja, a su cordero, en un hoyo aunque
fuera un día de reposo. Y la historia de nuestro Señor
Jesucristo es más directa y, por así decirlo, más patética
al notar que dice que era una oveja El hombre tenía una sola
oveja. ¿Quién de vosotros que tenga
una oveja? No. ¿Quién de vosotros que tenga
muchas ovejas y una de ellas cae? No. Se trata de un hombre
que tiene una sola oveja. Así como la historia que leímos
en 2 Samuel 12, de ese hombre pobre que tenía solamente una
ovejita, y la quería como a su propia hija. ¿Se acuerdan? Bueno,
la acabamos de leer, espero que se acuerden. El caso es que nuestro
Señor Jesucristo hace esa pregunta, ahora por decirlo tan directa
y tan patética y tan trágica, ¡una coradita se cae al hoyo!
¿La vamos a sacar, sí o no? La respuesta es obvia, claro
que sí, que la vamos a sacar, aunque sea en día de descanso. Y el cuento del Señor está en
el versículo 12, véanlo. Pues, ¿cuánto más vale un hombre
que una oveja? Por consiguiente, es lícito hacer
el bien en los días de reposo. ¿Cuánto más vale un hombre que
una oveja? Díganme ustedes, ¿cien mil pesos?
¿Un millón de pesos? ¿Cuánto más vale un hombre que
una oveja? ¿Un millón de dólares? Bueno,
Paco, no hay manera de contestar esa pregunta. Por supuesto que
el hombre vale infinitamente más que una oveja, porque el
hombre fue creado a la imagen de Dios, el hombre tiene un alma,
el hombre es inmortal, el hombre puede hacer muchas cosas, el
hombre puede adorar a Dios por toda la eternidad. ¡Claro que
vale más un hombre! La diferencia es infinita, no
hay comparación. Entonces el Señor concluye, lógicamente,
si ayudamos a una oveja aunque sea día de reposo, día de descanso,
con más razón a un hombre, un hombre vale mucho más. Por consiguiente,
dice él en nuestro versículo, es lícito hacer el bien en los
días de reposo, entonces es legal hacer el bien de sanar a este
hombre, aunque sea un día de descanso. Claro, por supuesto,
nuestro Señor Jesucristo sería el primero en decir que está
mal trabajar en domingo. Pero podemos hacer obras de misericordia. Podemos comprar las medicinas
que necesitamos. Podemos curar a los enfermos, llevarlos al
médico, al hospital, claro. Podemos visitar a los enfermos.
Podemos hacer muchas cosas en domingo que sean obras de misericordia,
por supuesto. Ya estudiamos esto cuando estudiamos
el cuarto mandamiento. Ahora, lo que quiero que noten
es que esos judíos de Grecia no contestaron las preguntas.
No se atrevieron a contestar. No podían contestar, porque si
contestaban se iban a condenar a sí mismos. Porque según sus
tradiciones, aún sus mismas reglas farisecas, el Señor estaba en
lo correcto. Un hombre podía sacar una bestia,
una oveja, un huevo, un caballo de un hoyo, aunque fuera un día
de descanso. Ellos podían sacar de oveja.
Pero ¿saben qué? Eso no cambió su actitud. Vean
lo que nos dice Marcos. Marcos agrega algo aquí. Marcos
3 es un pasaje paralelo, un pasaje que nos cuenta la misma historia.
Y nos dice en Marcos 3, voy a comenzar a leer en el versículo 4 para
que vean que estamos en el mismo contexto. Marcos capítulo 3 y
versículo 4. Y les dijo, te exlicito en los
días de reposo hacer bien o hacer mal, salvar la vida o quitarla. Pero ellos callaban, ellos callaban. Entonces, mirándolos alrededor
con enojo, por la dureza de sus corazones. Dijo el hombre, extiende
tu mano." ¿No te crees, Señor, que Cristo se enojó? Se enojó
mucho. Él se enojó, por supuesto, con
un enojo santo. Está bien, entonces, enojarse
cuando hay pecado. No podemos quedarnos contentos
como si nada hubiera pasado, si hay cierta injusticia, si
los hombres desobedecen la ley de nuestro Dios. Por supuesto
hay que enojarnos cuando hay pecado. Pero entonces también
que fue un enojo con tristeza. Fue un enojo, por así decirlo,
templado con una tristeza, porque esos hombres estaban pecando
contra Dios, en su odio, en su enojo contra Dios y contra ese
hombre que no querían que Jesucristo lo sanara. Por supuesto, Es la
tristeza, también es santa, no es que el Señor estuviera desesperado
y que no pudiera hacer nada, pero es la tristeza de cual David
profetiza en el Salmo 119, en el versículo 136. Ríos de agua
descendieron de mis ojos porque no guardaban tu ley. ¡Increíble! ¡Increíble! Ahí estaba Cristo,
el Hijo de Dios, enseñándoles con una lógica irreputable, y
ellos no quieren ser convencidos. No quieren ser convencidos, no
quieren dejar sus tradiciones vanas, no querían amar al próximo,
no querían amar al hombre de la mano seca y que fuera jurado,
aunque fuera un día de reposo, aunque él palmiera más que muchísimas
ovejas. Increíble. Y no sé cuál es la
raíz del problema, cuál es la raíz del problema aquí. Nos dicen
en el texto, versículo 5, Marcos 3, 5, entonces mirándolos alrededor
con enojo, ahí alrededor, nos habla de una palabra que fue,
él fue alrededor, cada persona se fue fijando, leyendo el corazón,
viendo su reacción. Y le dio tanta tristeza, nos
dice, por la dureza de sus corazones. A lo último, el problema de esos
hombres, y nuestro problema, es el problema del corazón. La dureza de nuestro corazón.
El problema del hombre no es ambiental. El problema del hombre
no son sus padres. ¿Sabes que yo te voy a un padre
así? Ay, que te voy a una madre así. Y que mi abuela así, mi nana
así, mi tía así. Y por eso voy así. No, no, no,
no, no. El problema no son los parientes. Los psicólogos les
van enseñando eso. Es que tu padre te dijo cuando
eras chiquito, y tu mamá cuando tu naciste, y tal, tal, tal.
Eso no es verdad, no lo que enseña la Biblia. El problema es nuestro
corazón. La dureza de nuestro corazón.
El problema no es la economía. Si todos fuéramos ricos y no
fuéramos pecados. No, no, no, no, no. Fuéramos
ricos, pero pecadores. Ricos pecadores. El problema es falta de estudios,
falta de educación, falta de deporte. Fuéramos pecadores educados,
pero pecadores. pecadores muy deportistas, pero
pecadores, dicen, no es el problema. El problema del hombre es el
corazón. El corazón, dicen nuestros señores
de Cristo, es el problema, porque del corazón salen los malos pensamientos,
los homicidios, las fornicaciones, los adulterios, los hurtos, los
falsos testimonios, las blasfemias, todo eso sale del corazón. Entonces,
tus parientes y tus amigos, tú les hablas del Evangelio, y es
tan lógico, y es tan claro. ¿Y cuál es su reacción? Rechazan
a Cristo. ¿Por qué? El problema es el corazón. El problema no es tu lógica,
no es tu presentación. El problema es el corazón y necesitan
una obra especial del Espíritu Santo para que puedan convertirse. Entonces, ora a Dios que Él le
dio un corazón de carne. Creo que la promesa del día de
hoy se trataba de eso. Que Dios nos dé ese corazón de
carne, enternecido a las verdades del Evangelio. Ven a orarnos
miércoles a por tus hijos, por tus parientes que no son cristianos,
para que Dios cambie el corazón. Ese es el problema, la dureza
del corazón. Pero volviendo a Mateo, ahora
nos toca el versículo 13. Mateo capítulo 12 y el versículo
13. Entonces dijo aquel hombre, extiende
tu mano, y él la extendió, y le fue restaurada sana como la otra. El Señor hizo el bien en el día
de reposo, y sacó a ese hombre del hoyo de su enfermedad. Ya
vimos algo de esto, pero noten otra vez que el Señor tan solo
le dijo al hombre que extendiera su mano, así como le dijo, levántate,
y ese hombre se levantó y se puso en medio. El Señor le dijo
a ese hombre, extiende tu mano. Y en esa palabra llevaba el poder,
la sanidad, la gracia para que ese hombre extendiera su mano. El Cristo quien dijo, sea la
luz y fue la luz, le dijo a ese hombre, extiende tu mano. Y esa
mano formó nuevos músculos, tendones, nervios, las venas y todo lo
que necesitaba esa mano para extenderse otra vez con ese poder
omnipotente. Cristo hizo que esta mano quedara
como la otra. ¡Qué maravilloso! ¿Qué hicieron
los fariseos? ¿Qué hicieron los judíos? ¿Se
hincaron? ¿Quedaron asombrados? Aquí está
Dios entre nosotros. Vamos a adorarle. Eso fue lo
que hicieron. Vean el versículo 14. Salieron los fariseos, tuvieron
consejo contra Jesús, para destruirle. ¡Qué pureza de corazón! ¡Increíble! ¡Qué soberbios! ¡Qué aferrados a sus tradiciones
religiosas! En vez de arrepentirse, en vez
de adorar a Cristo como Dios en carne, capaz de leerle los
pensamientos, capaz de decirle a este hombre de la mano seca,
pase enfrente y extiende tu mano, y ese hombre lo hizo. ¡Ellos
quieren destruirle! Toma un consejo para matarle. Otro de los evangelios nos dice,
se juntaron con los herodianos para ver cómo lo podían matar.
Increíble, increíble, qué dureza de corazón. Y qué irónico, tenían
problemas, qué paradójico. Ellos tenían problemas con la
curación de un pobre hombre en el día de descanso, pero no tienen
ningún problema. para juntarse para destruir a
nuestro Señor Jesucristo. Y a lo último lo hicieron en
el Calvajio. ¡Qué triste, qué trágico! Vamos
a terminar con algunas lecciones sobre esta historia de Mateo
XII. Si usted no estuvo con nosotros el domingo pasado, le recomiendo
que escuche el sermón para que entienda todo lo que hemos dicho
y lo que vamos a ver en las lecciones. Número uno, primera lección.
Tengamos mucho cuidado, mucho cuidado de rechazar al Cristo
de la Biblia por estar aferrados a nuestras tradiciones religiosas.
Esos judíos, esos fariseos rechazaron a Cristo, lo destruyeron por
estar aferrados a sus tradiciones, a sus reglas religiosas. Yo no
tengo nada contra tu nana, nada, nada, nada. A lo mejor ni la
conoce. No tengo nada contra tu nana. Pero hay de ti, hay
de ti. Si tú dices al final, es que
mi nana me enseñó así, yo voy a seguir así porque mi nana fue
así. No, no, no. Agregar tradiciones a la Palabra
de Dios, como veíamos en esta mañana, es peligrosísimo. Agregar
reglas y tradiciones religiosas de cómo llegar a Dios es peligrosísimo. Cuidado, no vaya a ser que es
por estar aferrado a lo que te dijeron tus parientes y tus amigos,
que ni siquiera tienen bases. Tú rechazas al Cristo y la Biblia.
Y lo voy a decir con mucho cuidado aquí. Obviamente no estoy contra
los fundamentalistas. No estoy contra los bautistas,
no estoy contra las metodistas, no estoy contra ningunistas aquí.
No, por supuesto que no. Pero hermanos, tengamos mucho
cuidado de no seguir sus reglas y tradiciones sin checar que
sean bíblicas. Tenemos que seguir la Biblia
y la Biblia nada más. No vaya a ser que por seguir
tradiciones y reglas del cristianismo estemos rechazando a Cristo.
Eso es lo que había pasado aquí. Esos variseos no eran hippies,
no eran romanos, no eran unos filósofos impíos, eran hombres
que según ellos estaban siguiendo la Biblia conforme la santidad
que se requería. Pero por seguir eso, esas tradiciones,
rechazaron las enseñanzas de Cristo. Mucho cuidado, entonces,
conseguir tradición, porque hacemos lo que hacemos. A lo último tenemos
que tener bases cien por ciento bíblicas, y no es que el hermano
dijo, y dijeron en Bob Jones, o dijeron en otro colegio cristiano,
en un seminario, y dijeron acá, y no, no, no, no, no, no, no.
¿Qué dice Cristo? Eso es lo que cuenta, no podemos
agregar y no le podemos quitar. Mucho cuidado. Segunda lección. Tengamos en cuenta que milagros
en sí no cambian a nadie. Mateo 12 nos enseña esto. El
Señor hizo este gran milagro aquí. Estaba este hombre, no
lo podía negar, tenía la mano seca, y Cristo le dijo, extiende
la mano, y la extendió delante de ellos. Si hubieran tenido
un iPhone, lo pudieran haber grabado ahí, lo pudieran haber
grabado, ahí estaba. No lo podía negar. pero esos
hombres no se convirtieron. Es más, para mí es increíble. El Evangelio de Juan nos cuenta
la resurrección de Lázaro. Ellos vieron a Lázaro levantarse
y resucitar. ¿Y saben qué hace? En vez de
convertirse ¿Quién mató a Náufrago y a nuestro Señor Jesucristo?
¡Increíble! Un milagro, el punto es, un milagro,
aún el de la resurrección no salva a nadie. Entonces, aquí
te digo, a lo mejor tú has pensado esto, si yo viera un milagro,
entonces yo creería. Si Dios me sanara de esta enfermedad,
entonces si yo fuera un cristiano de verdad, si yo me gano el carro,
en la revelación de placas, el gobierno da un carro, ¿verdad?
Si yo me lo gano, no es un sorteo, el malo Paco no me va a decir
nada, que me gané una lotería, no, no. Pero si el gobierno me da
ese carro, entonces sí, voy a ir a todos los tiempos de evasión.
Voy a ir a todos los cultos, voy a leer la Biblia todos los
días, si Dios me da ese cariño. Falso. El problema es el corazón,
y se necesita un cambio de corazón para que haya el milagro de la
salvación. Un milagro no cambia a nadie. Sólo el Espíritu puede cambiar
corazones. Entonces, aquí te digo, no esperes
un milagro, pero siente los medios ordinarios que Dios nos da, Su
La fe es por el oír, y el oír por la palabra de Dios. Los medios
de gracia, es decir, la santasena, la comunión, el bautismo, esas
son las cosas que Dios nos ha dado para cambiar, y es la esposa,
el que usa el Espíritu Santo en esta vida del cristianismo.
Entonces, a lo mejor lo has pensado, y a lo mejor me fui de masa ahí
en mi ilustración, porque creo yo que en nuestra infelicidad,
queremos un poquito más, queremos algo que nos empuje y nos motive,
y pensamos Dios nos conoce y nos debería de ayudar, a lo último
la ayuda de Dios está aquí, hermanos. Ya la tenemos. Sigámosnos fieles
y perseveremos, y Él nos va a ayudar y cambiar. Tercera lección, y
este es el énfasis del sermón, y por eso lo titulé, Dios nos
va a sacar del hoyo. Tercera lección de Mateo 12.
Confiemos que Dios nos ayudará a salir del hoyo. Confiemos que
Dios nos ayudará a salir del hoyo. Creo que no me salgo del
contexto aquí de la palabra de Dios al hacer esta aplicación.
Si nosotros, siendo males, venemos y sacamos a un animal de un hoyo,
por supuesto que de seguro Dios va a sacar a su hijo, a su hija,
al cristiano, de los hoyos de su vida. Lógico. ¿Alguien me
quiere alegar esto, reclutar esto? Yo creo que no, por supuesto
que no. Por supuesto que no. Les voy
a dar un versículo. No me voy a decir el hermano Paco dijo, no. Les voy
a dar el texto. Un salmo David testifica. Pacientemente esperé
a Jehová y se inclinó a mí y oyó mi clamor. Y me hizo sacar del
pozo de la desesperación del lodo cenagoso, puso mis pies
sobre pena y enderezó mis pasos. Sin duda alguna, Dios nos va
a ayudar a salir del pozo de la desesperación, o como diríamos
en nuestros días, del hoyo de la depresión. David fue sacado
de ese hoyo de la depresión y da ese gran testimonio en ese Salmo.
Dios nos ayuda y nos saca de ese hoyo, de los hoyos de la
vida. ¿Se acuerdan del Salmo 103? Lo memorizamos un año. Él
es el que rescata del hoyo tu vida y que te corona de favores
y misericordias, ¿se acuerdan? Él es el que rescata del hoyo
tu vida. Entonces, creo yo que la aplicación
es validada. Ahí está el hoyo de la depresión.
Dios nos ha sacado algunos de ahí. Hay otros hoyos que podemos
pasar. El hoyo de alguna tribulación,
algún accidente, problemas económicos, problemas en el hogar, problemas
matrimoniales, problemas de tristeza, de soledad, problemas de incredulidad,
problemas de dudas, Y por supuesto está el último hoyo. ¿Cuál es
el último hoyo? El sepulcro. Ahí está el último hoyo. Dios
nos va a sacar de ese hoyo. Tenemos las promesas, por supuesto.
Dios de seguro nos va a ayudar a salir de todos esos hoyos.
Valemos más que muchas ovejas. O como dice en otro pasaje en
el Señor Jesucristo, valen más que muchos pajaritos. Fuimos
comprados, nosotros además de ser hechos a la imagen de Dios,
fuimos comprados con la sangre de Cristo. Eso nos hace súper
valiosos. Comprados con las almas de Cristo. Somos súper valiosos. Dios nos
adoptó como sus hijos. Somos súper, súper valiosos. Claro, nos sacaron. Paco, time
out. Tengo una pregunta aquí. La retórica suena bien. Suena
muy bonito y parece que es lógico y bíblico, es cierto, que Dios
nos saca del hoyo. ¿Por qué estoy yo en el hoyo
todavía? Paco, yo llevo años en este hoyo y todavía no salgo. Y yo estoy cumpliendo, yo hago
todo lo que puedo. ¿Por qué Dios me deja en este
hoyo? Bueno, aquí podríamos tener otra serie de estudios, pero
les voy a dar algunas ideas. Si ustedes siguen con problemas,
hagan una cita con su servidor, hablamos más. Por eso estoy,
para ayudar. Pero número uno, a lo mejor no es un hoyo. A lo
mejor es una trinchera de guerra. ¿Saben qué es una trinchera?
Una trinchera es un hoyo grande y largo que hacen los soldados.
¿Para qué? Para protegerse. para poder disparar
y que no, si alguien le avienta una granada o una bomba, que
todos esos explosivos no les vayan a caer heridos y se esconden
y se están protegidos en ese hoyo, en esa trinchera. A lo
mejor tú crees que el hoyo en que estás es un pozo de la desesperación,
pero Dios ha hecho de ese hoyo una trinchera para tu vida. Por
ejemplo, Dios te ha mandado a una enfermedad. Estás en ese hoyo
y es crónica la enfermedad. Los doctores no saben qué hacer.
Pero tienes esa enfermedad porque Dios sabe que si tuvieras más
salud, caerías en pecado. Y te tiene ahí, enfermo, para
que no peques contra Él. ¿Qué preferís? ¡Claro! ¿Estar
en esa trinchera mejor para no pecar contra nuestro Dios? Hay
una necesidad, nos manda un hoyo de necesidades, pero es para
que nos seamos orgullosos. ¿Quién es Dios? Yo no necesito
a Dios. Si tuviéramos todo, si tuviéramos
todo, el dinero y todas las cosas que nosotros quisiéramos tener,
todo. ¿Quién es Dios? Yo no necesito a Dios. Dios nos
deja en ese hoyo para que seamos humildes y dependamos de Él. Entonces, a lo mejor el hoyo
en que estás no es un hoyo, pero es una trinchera. Pero también,
a lo mejor el hiyoyo en que estás no es un hoyo, pero es un horno. Yo me acuerdo, en Carbó, vi esto
en la casa del hermano Vaughn, creo que fue. A lo mejor el hermano
Alfonso se acuerda. Era cuando yo iba al seminón
del hermano Alfonso, en la época primitiva. Me acuerdo que nos
íbamos entre él. ¿Recuerdas, hermano, del teófilo y nos íbamos entre
él? Iba emocionado el hermano. No podía esperar ver a mi hermana,
¿verdad? Es caso es que yo me acuerdo de una biblia que yo,
para mí, yo me sorprendí. Fue cuando en Hebron, fue cuando
vi yo cuando mataron a un cuerpo, con un asa, por primera vez en
mi vida vi eso. Fue increíble, emocionante, impactante. Era
un niño yo, por supuesto, el hermano ya estaba grande, pero
yo era un niño. Bueno, el caso es que les iba a contar de una
biblia que iban a hacer los hermanos. No me acuerdo si era una boda
o qué, pero iban a hacer una biblia. Y no lo podía creer que
la estufa era un hoyo. Porque un hoyo, hicieron un hoyo
ahí. un metro, y sacaron tierra, y sacaron tierra, y le pusieron
ciertas cosas ahí, y ¡un horno! La birra, por supuesto, riquísima,
te la recomiendo, la de carbón, la carne con chile, y todo lo
que están allá. El punto es, ese hoyo es un horno. Y aquí,
tal vez, el hoyo en que estás, a lo mejor es un horno. Dios
a veces nos pone en hornos para purificarnos. Dice en Zacarías,
meteré en el fuego a la tercera parte, y los fundiré como se
funde la plata, y los probaré como se pruebe el oro. Él invocará
mi nombre, y yo le oiré y diré, Pueblo mío, y él dirá, Jehová
es mi Dios. Dice el San Pedro, sois guardados
por el poder de Dios mediante la fe para alcanzar la salvación
que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero, en lo
cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo.
Por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos
en diversas pruebas, para que sometida prueba vuestra fe mucho
más preciosa que el oro, el cual, aunque precedero se prueba con
fuego, sea hallada en alabanza y gloria y honra cuando sea manifestado
Jesucristo a quien amáis sin haberle visto, en quien creyendo,
aunque ahora no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y
glorioso, obteniendo el fin de vuestra fe, que es la salvación
de vuestra sal. Por eso, a veces estamos en ese
hoyo, que no es un hoyo, es un horno. Bueno, número tres, a
lo mejor el hoyo no es una pincera o un horno, pero número tres,
a lo mejor el hoyo sí es un hoyo, pero para que aprendas a aclamar
a Dios. Dios nos deja en un hoyo profundo,
para que reconozcamos, yo no puedo salir de aquí. Por más
que trate, yo no puedo salir de aquí. Por más esfuerzos que
haga, yo no puedo salir de aquí. Si yo voy a salir de esto, va
a ser con la pura ayuda y por la pura misericordia de Dios.
Y Dios nos lleva ahí porque somos tan tercos, como dice el salmista,
si no me equivoco, ¡tercos como el mulo! ¡Nensios! Es hasta que
Dios nos mande esos hoyos que aprendemos a aclamar a Él, a
invocar Su nombre y a ser humildes de verdad. O también ese hoyo,
sí es un hoyo. Y es terrible y te duele y...
pero es un hoyo el cual Dios te ha puesto para que cuando
salgas, aprendas a ayudar a otros que caen en hoyos similares.
El apóstol San Pablo nos escribe Bendito sea el Dios y Padre de
nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda
consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones,
para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier
tribulación, por medio de la consolación con que nosotros
somos consolados por Dios. A lo último de sus versículos,
en 2 Corintios 1, él dice, perdimos la esperanza de la vida. Estábamos como ya como muertos.
Estaba tan terrible ese hoyo. Pero Él nos dice aquí, eso fue.
Dios nos consoló y nos sacó para que habiendo salido de eso, nosotros
pudiéramos consolar a los otros. A veces Dios nos manda esos hoyos. Con sus hermanos ayudemos a los
demás a salir de sus hoyos. No nos enterremos más, no nos
critiquemos más. Si vamos a ayudar a un animal
para salir de un hoyo, claro que vamos a ayudar a otro hermano
a salir de su hoyo. Ayúdanos. Ora por ellos. ¡Anímalos con las promesas de
Dios! Y si es necesario con las cosas que tenemos, ¡ayudémosles!
¡Ayudémosles! Ayúdalos sin crédulos a salir
del hoyo de la corrupción. Ayúdalos que no creen en Cristo
a salir del hoyo de sus pecados. Enseñales el Evangelio. Diles de la liberación que tenemos
en Cristo. Ayuda a otros. Dios te sacó a
ti de ese hoyo. Estabas ahí, ¡muerto en tus delitos! y pecados. Dios te sacó a ti. Ayuda a los demás a salir de
allí. En conclusión, lo que debemos
entonces hacer al estar en un hoyo es lo que hizo el salmista.
Pacientemente esperé a Jehová. Se inclinó a mí y oyó mi clamor
y me hizo sacar del pozo de la desesperación. Voy a ir resumiendo
las lecciones que hemos visto de Mateo 12. Número 1, tengamos
cuidado de rechazar a Cristo por estar aferrados a nuestras
tradiciones religiosas. Número 2, tengamos en cuenta
que milagros en sí no cambian a nadie. Número 3, confiemos
que Dios nos ayuda a salir del hoyo. En el penúltimo lugar,
vayamos a Cristo, vayamos a Cristo si tenemos la mano seca. Vayamos
a Cristo si tenemos la mano seca. CRISTO PUEDE SANAR NUESTRAS MANOS
SECAS. ¿De qué estás hablando, Pablo?
Hablamos de esto ya en el sermón pasado. Pero puede ser que nosotros
tengamos las manos espirituales secas. No podemos hacer buenas
cosas, no podemos resistir la tempestad. No tenemos las manos
espirituales tan secas. Y nos sentimos y nos debemos.
Hermanos, callamos a Cristo. Pidamosle a Él que Él nos sane.
Confesemos nuestra debilidad, arrepentámonos de nuestros pecados
y pidamosle ayuda a Él. Él nos va a sanar. Él es bueno. Él está esperándonos. Él quiere
sanarnos. En penúltimo lugar, consideremos
que Dios puede cambiar las aflicciones de la vida en bendiciones. Consideremos
que Dios puede cambiar las aflicciones, los dolores, las tribulaciones,
las enfermedades de la vida en bendiciones. Creo que por unos
momentos usé en su imaginación al día en que nació ese niño
de la mano seca. Y ve el padre a ese bebé con
la mano deformada. ¡Qué terrible! Especialmente
en esa cultura. donde todos tenían que trabajar
y se trabajaba con las manos, jornaleros, los carpinteros,
los campesinos. ¿Lloró? ¡Mi hijo! ¿Qué hemos hecho? Hemos dado
luz a un limosnero. Dios tenga piedad en mí, en mi
vejez. Un limosnero. Cuando yo vivía en Culiacán en
el kinder, llegó un niño con un brazo deformado y tenía
la mano de un bebé. Yo no era un bebé, ya había crecido.
Pero tenía la mano deformada. La otra mano estaba bien, pero
la otra mano era como la de un bebé, como si nunca le hubiera
crecido. Ya después he leído que hubo muchos niños así en
ese tiempo, Madres estaban tomando pastillas para dormir y no sabían
de ese efecto secundario tan terrible en los niños. Bueno,
el caso es que siempre me ha impactado la memoria de ese amigo
con un brazo bien, pero con un brazo deformado que nunca le
creció como de un niño. No sabemos de la vida de ese
hombre y cómo sucedió, pero podemos imaginarnos que a través de toda
su vida esa vergüenza, ese no poder jugar con sus amigos, no
poder trabajar días después, a lo mejor todos lo rechazaban
y le tenían miedo, o qué. Qué triste haber sido para él.
Pero esa aflicción, esa tribulación de su juventud ya era hombre
ya. Fue una bendición. ¡Qué gran
bendición! Porque ese hombre estuvo en esa
Cenaruba, y Cristo, el Hijo de Dios, lo usó para demostrar su
poder. ¡Qué bendición! ¡Qué bendición! Si le preguntásemos
a ese hombre, ¿valió la pena ese sufrimiento? ¡Claro! ¡Claro que sí! Esa aflicción,
ese dolor, esa tribulación, esa vergüenza, no fue nada en comparación
con el gran privilegio que tuve. que en mi vida, en mi cuerpo,
los hombres pudieron ver que Cristo es Dios, el Señor del
día de reposo. Cristo tiene el poder para salvar
y para salvar. No sé cuál es tu sufrimiento,
cuál es tu dolor, cuál es tu tribulación, a lo mejor es algo
de nacimiento, algo congenito, algo mental, algo de depresión,
algo terrible y ya no aguantas. Piensa, Romanos 8.28, Génesis
50.22, piensa en estas lecciones. A lo último Dios usa nuestras
aflicciones, nuestros dolores, y los transforma en bendiciones. Si no es en esta vida, en nuestras
generaciones del futuro, o en el cielo de seguro, lo veremos. En último lugar, alabemos a Cristo
como Dios en carne. A lo último, ese fue el gran
problema de los fariseos y de los judíos. No vieron que Cristo
era Dios. No lo reconocieron. Este hombre
puede leer nuestros pensamientos. Este hombre le dice que se levante
y se levante. Este hombre le dice que tiene
su mano. Él tiene su mano. Este hombre es Dios. No lo reconocieron. Y ese fue el gran problema de
la crucifixión. Fue lo más terrible de la crucifixión. ¿Por qué crucificaron al Señor?
¿De gloria? Cristo es Dios. Debemos de creer
en Él. Debemos de recibir Su Palabra.
Debemos de adorarle como Él se lo merece. Y esperarle. Él viene otra vez. Ojalá que una palabra llegara
a nuestros corazones, y si usted nunca había escuchado del Evangelio
de Cristo que puede sanarnos y salvarnos de todo pecado, sanar
nuestras almas, ayudarnos, yo le amonesto, le ayudo, le aconsejo,
le pido que siga viniendo, siga leyendo la Biblia, pídele a Dios
que ayude a sus manos secas que tiene, que le cambie su corazón. Esto es cuestión de vida o muerte
en lo último. Tenemos que creer en Cristo,
porque no hay otra manera de llegar a Dios. Él dijo, yo soy
el camino, la verdad y la vida. Nadie, ni al Padre, sino por
mí. Tenemos que creer en Él. Él es
el enviado de Dios, el único camino. Prendamos más de Él,
acerquémonos más a Él. Si algo le puedo ayudar, Con
mucho gusto hacemos una cita. Háblenos con alguien. Escríbanos
por Internet. Lo más importante de tu vida. Tengas esperanza. El perdón de
tus pecados. Vida eterna. Al final. Con Dios. Padre Celestial, le damos gracias
por las lecciones de este pasaje. Le damos gracias que rescatas del hoyo nuestras vidas,
nos coronas de favores y misericordias por lo que hizo Cristo. Te pedimos,
Señor, para cada uno de nosotros en nuestros diferentes problemas
y aflicciones y tristezas, que estas demoras te nos motives,
nos ayudes con estas promesas de Tu Palabra. Te pedimos que
nos desgracias y fortalezcas. Te pedimos por nuestros amigos o
nuestros parientes que están lejos de Ti Pídanos, Señora,
a sacarlos del hoyo, que ellos te conozcan, conozcan de tu amor
y tu poder. En esta semana, Señora, ayúdanos
a vivir lo que hemos aprendido en este día, el amor y la fe que tenemos en
Cristo. Encamina nuestros corazones al amor de Dios y la paciencia
de Cristo. En su nombre te lo pedimos. Amén.
El hombre de la mano seca (2/2)
Series Historias de Dios
Historia que nos muestar que Dios puede sacarte del hoyo de cualquier problema que tengas aun del hoyo de la muerte por medio de la sangre de Cristo.
| Sermon ID | 3412165856 |
| Duration | 42:27 |
| Date | |
| Category | Sunday - PM |
| Bible Text | Matthew 12:11-14 |
| Language | Spanish |
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