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Vamos a buscar en el libro de
Mateo, capítulo 21, una lectura, comenzando en el versículo 1,
pues, sus de pie, si son amables de seguir sus Biblias, la lectura
de Mateo, capítulo 21. Mateo, capítulo 21. Voy a comenzar
a leer en el versículo uno. Bienvenidos sean todos a la casa
del Señor y una bienvenida especial a los que nos visitan, ya sea
en el culto aquí o también por Internet. Nos da mucho gusto
ver personas nuevas y escuchar de otras personas que están con
nosotros en los servicios. Mateo veintiuno, si siguen por
favor con sus vistas, con reverencia, atención. Esta es lectura de
las Sagradas Escrituras. Mateo veintiuno uno. Refiriéndose
a nuestro Señor Jesucristo y a sus discípulos, dice la Escritura, Y si alguien nos dijera algo,
decir, el Señor los necesita, y luego los enviará. Todo esto
aconteció para que se cumpliese lo dicho por el profeta cuando
dijo, Decid a la hija de Sion, he aquí tu rey viene a ti, manso
y sentado sobre una asna, sobre un pollino, hijo de animal de
carga. Los discípulos fueron e hicieron como Jesús les mandó,
y trajeron el asna y el pollino, y pusieron sobre ellos sus mantos,
y él se sentó encima. Y la multitud, que era muy numerosa,
tendía sus mantos en el camino, y otros cortaban ramas de los
árboles y las tendían en el camino. Y la gente que iba adelante y
la que iba atrás aclamaba diciendo, Osana al hijo de David, bendito
el que viene en el nombre del Señor. Osana en las alturas. Cuando entró él en Jerusalén,
toda la ciudad se conmovió diciendo, ¿Quién es este? Olvidemos esa
pregunta. ¿Quién es este? La gente decía,
este es el Jesús, el profeta de Nazaret de Galilea. Entró
Jesús en el templo de Dios, echó fuera a todos los que vendían
y compraban en el templo y volcó las mesas de los cambistas y
las sillas de los que vendían palomas. Y les dijo, Escrito
está, mi casa, casa de oración será llamada, mas vosotros la
habéis hecho cueva de ladrones. Vinieron a él en el templo ciegos
y cojos, y lo sanó. Pero los principales sacerdotes
y los escribas, viendo las maravillas que hacía, y los muchachos aclamando
en el templo y diciendo, Osana, al hijo de David, se indignaron,
y le dijeron, ¿Oyes lo que ellos dicen? Y Jesús les dijo, Sí,
nunca leísteis de la boca de los niños y los que maman. Perfeccionaste
la alabanza. Y dejándolos, salió fuera de
la ciudad a Betania, y posó allí. Padre Santísimo, Señor, Padre
de toda consolación, misericordioso, infinito, incomprensible, venimos,
Señor, a ti una vez más buscando tu rostro, buscando tu ayuda,
buscando tu favor. Gracias que tu gracia, tu favor
inmerecido, limpia nuestros corazones. Te pedimos por los méritos de
Cristo, por su sangre, que limpies nuestra conciencia de toda obra
mala y que podamos aprender tu Palabra y la podamos aplicar.
Te pedimos por los méritos de Cristo, que envíes tu Santo Espíritu
y nos enseñe, nos transforme, nos dé el querer como el hacer
por su buena voluntad. Te pedimos por las iglesias hermanas,
especialmente las iglesias en Cuba, en Haití, en Ucrania. Te pedimos, Señor, que tú seas
con los pastores, las iglesias, los ancianos, los que dirigen
esas congregaciones, sus familias, o te pedimos, Señor, que tengas
compasión, les des sabiduría, fortaleza, paciencia. Te pedimos,
Señor, que estos días sean días de avivamiento por estas situaciones
que están pasando tan difíciles, pero que sean días de avivamiento
para tu pueblo, que se regocijen en ti. Te pedimos, Señor, esta
tarde que si hablo, hable conforme a la palabra de Dios y si ministro,
que ministre conforme al poder que Dios da para que entonces
sea nuestro Señor Jesucristo exaltado. En su bendito y santo
nombre te lo pedimos. Amén. Sentémonos, hermanos. Hoy en nuestro calendario tenemos
que es Domingo de Ramos. Y esto es por lo que se nos relata
aquí en este pasaje de Mateo 21, el pasaje que leímos. Dice
que la gente cortó ramas de los árboles y las tendieron el camino
por donde pasaría nuestro Señor montado en un pollino. Nosotros
diríamos un burrito. No usamos esa palabra, ¿verdad?
Un pollino, un burrito. Ahora, es interesante notar que
todos los evangelios relatan este incidente. No todos los
evangelios relatan todo y lo mismo. Hay ciertas cosas que
Juan sobre todo no incluye en su evangelio. Pero este incidente
está registrado en Mateo, Marcos, Lucas y Juan. Y esto recalca
su importancia. Por supuesto, todos los incidentes
que nos relatan los evangelios son importantes, pero este es
especial porque nos relata lo que pasó una semana antes de
que el Señor fuera crucificado. Por así decirlo, el primer domingo
de Ramos fue cuando el telón del Calvario comenzó a levantarse. Ese pasaje nos enseña quién era
ese glorioso ser que fue crucificado en el Calvario. Por eso es tan
importante este incidente, este pasaje que nos cuenta lo que
llamamos hoy el domingo de Ramos. Ahora, no estudiaremos este pasaje
versículo por versículo, tan solamente meditaremos en ciertos
incidentes de ese día que nos recuerdan el triple oficio de
nuestro Señor Jesucristo. Es decir, Cristo como profeta,
sacerdote y rey. Cristo como profeta, sacerdote
y rey. En primer lugar, lo que pasó
en Domingo de Ramos nos recuerda que Cristo es el profeta de Dios.
Cristo es el profeta de Dios, profeta con P mayúscula. Y yo
escribiría profeta con B mayúscula y también la R mayúscula y todas
las demás letras mayúsculas y con oro si fuera posible, ¿verdad?
Cristo es el profeta de profetas. Leemos en el versículo 1. Mateo
21. Cuando se acercaron a Jerusalén,
y vinieron a Beth-fague, al monte de los olivos, Jesús envió dos
discípulos, diciéndoles, Id a la aldea que está enfrente de vosotros,
y luego hallaréis a una asna atada y un pollino con ella,
desatadla y tráedmelos. Y si alguien os dijere algo,
decid, el Señor los necesita, y luego los enviará. Y leemos
también en el versículo 10. Cuando entró él en Jerusalén,
toda la ciudad se conmovió diciendo, ¿Quién es este? Y la gente decía,
Este es Jesús, el profeta de Nazaret de Galilea. Vemos aquí
en los primeros versículos que el Señor predijo el futuro. El
predijo, los dos discípulos iban a encontrar en esa aldea una
asnatada y un pollino con ella. Y el predijo, si alguien les
pregunta algo, decide el Señor lo necesita. Si leen ustedes
los demás evangelios, van a dar cuenta que exactamente sucedió
eso. Y exactamente le preguntaron
eso a los discípulos y contestaron y todo resultó como el Señor
había dicho. Por supuesto, el Señor predijo
muchas cosas. Él predijo la caída de Jerusalén. Él predijo varias veces a sus
discípulos que Él iba a morir en el Calvario y que iba a resucitar
al tercer día. Y aquí vemos entonces que se
le reconoce también como profeta. Sí, porque él sabía lo que iba
a pasar en el futuro, pero también porque él proclamaba el mensaje
de Dios para su pueblo. El profeta no tan solamente era
uno que profetizaba el futuro. En la Biblia, el profeta principalmente
es el que proclama el mensaje de Dios. El profeta representa
a Dios. El profeta habla de parte de
Dios al pueblo. Y la gente aquí, obviamente,
sabía que era un profeta porque les predicaba el Evangelio, porque
les enseñaba, y ellos mismos decían, este es Jesús el profeta,
el profeta Galileo, alguien de Nazaret. El punto aquí es que
Cristo es el profeta de profetas. El profeta que Dios prometió
en Deuteronomio 18, 18. Un profeta muy, pero muy especial
es prometido en Deuteronomio 18, 18. Y ese profeta, todos
los judíos lo estaban esperando. Llegó Juan el Bautista, de hecho,
y lo primero que le preguntaron los judíos a Juan el Bautista,
ustedes pueden leer de esto en Juan 121, lo primero que le preguntaron
a Juan el Bautista a los judíos fue, ¿Eres tú el profeta? Juan Bautista sabía muy bien
a quién se referían. Era el profeta que Dios había
prometido en el Antiguo Testamento, en el Deuteronomio 18, 18. Juan
el Bautista, por supuesto, respondió, no, yo no soy ese profeta. Él sabía que Cristo era el profeta. Ahora, él vino entonces como
profeta para enseñarnos la voluntad de Dios para nuestras vidas,
como profeta. Eso es lo que hace él. Él es
la revelación de Dios, la última revelación de Dios, como leemos
en Hebreos capítulo 1. Dios, habiendo hablado muchas
veces y de muchas maneras a los padres por los profetas, en estos
posteriores días nos ha hablado por el Hijo. a quien constituyó
heredero de todo y por quien asimismo hizo el universo. Él
es el profeta de profetas, el gran profeta de Dios. Entonces,
acuérdense de que estamos viendo aquí el domingo de Ramos. Se
está levantando el telón del Calvario y vemos entonces que
en el Calvario moriría el profeta de profetas. Nuestro Señor Jesucristo
dice en Mateo 23 y el versículo 37, Oh Jerusalén, Jerusalén que
matas a los profetas. Y él sabía que el gran profeta
de profetas moriría también en el calvario martirizado por los
judíos. Pero aquí el punto que quiero
recalcar. Es que en la cruz, Cristo también
sería el profeta de profetas. Por así decirlo, tomando la cruz
como su púlpito, nos proclamó el perdón de Dios. proclamó su
misericordia a todo el pecador que se arrepienta. Él proclamó
paz de Dios. Por cierto, los que predican
pudieran hacer un estudio de las virtudes de Dios que Él proclamó
desde la cruz. En primer lugar, en su sermón,
pudieran anotar que en la cruz Cristo nos enseñó del amor de
Dios. En esto se mostró su amor en
que Dios envió a su hijo unigénito al mundo para que vivamos por
él. En esto consiste el amor en que él nos amó a nosotros
y envió a su hijo en propiciación por nuestros pecados. Y eso es
lo que él proclamó desde el púlpito de la cruz y su último. Y pueden,
por supuesto, hablar de la cruz, el poder de Dios para salvación. Pueden hablar de Dios y yo creo
que este sería su último punto en la cruz. Nuestro Señor Jesucristo
nos enseñó de la sabiduría de Dios. ¿Qué sabio es Dios? Un gran problema universal. ¿Cómo
es posible que un Dios tan santo pueda reconciliarse con nosotros,
hombres tan rebeldes, tan necios, tan pecadores? ¿Cómo es posible? En la cruz Dios resolvió ese
gran dilema. En su sabiduría, él resolvió
el gran problema de su justicia contra nuestro pecado y lo resolvió
en la cruz a la muerte de su hijo. Por eso que Pablo escribe
a los Corintios, nosotros predicamos a Cristo crucificado. Para los
judíos ciertamente tropezadero y para los gentiles locura. Más
para los llamados así judíos como griegos, Cristo poder de
Dios, Cristo crucificado es sabiduría de Dios. En la cruz, Cristo crucificado
nos enseñó de la sabiduría de Dios. Ese es el profeta de profetas. Entonces, amigo y hermano, este
domingo de Ramos, Recuerda que Cristo es el gran profeta de
Dios. Escucha sus enseñanzas. Reconoce que nos habla directamente
de parte de Dios. Y Dios nos dice a través de Él,
su profeta, que nos arrepintamos y creamos el Evangelio. Cree
el mensaje de amor que Cristo nos proclama. Cree la gran misericordia
de Dios para todo pecador y cree también sus profecías de la ira
venidera, del juicio de Dios. Y escucha también, él es el profeta
que nos enseña la voluntad de Dios para nuestra vida diaria,
como esposos, como padres, como hijos, como empleados. Es Cristo
como profeta que nos enseña esto de parte de Dios y sobre todo,
Acércate a Cristo como el profeta que nos revela a Dios personalmente. Escúchame bien aquí, por favor.
Y paso esto en el versículo de Juan que dice, La gracia y la
verdad vinieron por medio de Jesucristo. A Dios nadie le dio
jamás. El unigénito Hijo que está en
el seno del Padre, Él le ha dado a conocer. Y escuchen bien aquí. Hay de nosotros, si nos acercamos
a Cristo, tan solamente como un terapeuta, así se dice, terapeuta
de familia. Hay de nosotros íbamos a Cristo
nada más porque teníamos problemas con la esposa. Tenemos problemas
con el esposo. Tenemos problemas con los hijos.
Tenemos problemas con los padres. Tenemos problemas familiares.
Entonces queremos acercarnos a Cristo. No está mal, por supuesto. Claro, debemos pedirle al Señor
por nuestra esposa, nuestro esposo, nuestros padres, etcétera. Claro,
pero algo está mal. Si Cristo para nosotros es alguien
que va a resolver nuestros problemas familiares y nada más. Algo está
mal si nosotros nos acercamos a Cristo tan solamente para pedirle
y pedirle y pedirle y pedirle y pedirle y pedirle. Necesito
para la copa. Señor, tú prometiste que me darías
todo lo necesario que es impasto. Nada me faltará. Yo necesito
para pagar la bancón, la copa, la banamex y para también la
escuela. Señor provee. Señor, tengo un
problema en el trabajo. Ayúdame. Señor, tengo un problema
de salud. Ayúdame. No está mal, por supuesto. No está mal pedirle al Señor
por nuestras peticiones, por nuestras necesidades. No está
mal, por supuesto. Pero me temo que muchos y aún
cristianos tienen a Cristo como un tipo de súper santo close
cósmico que está ahí para cumplir con nuestros propósitos, nuestras
necesidades y ayudarnos. Y nada más. Si ese es tu Cristo,
si ese es tu Señor, algo está mal. Acerquémonos de Cristo para
conocer a Dios. Esa es la vida eterna. Que a
través de Cristo, conozcamos a Dios. Para eso vino Él como
profeta de profetas, para darnos a conocer personalmente a Dios. Queremos conocer a Dios. Lo conocemos
en Cristo. Entonces, lo que pasó en Domingo
de Ramos no recuerda que Cristo es el profeta de Dios. En segundo
lugar, no recuerda que Cristo es el sacerdote de Dios. Un profeta es uno que representa
a Dios a los hombres. El sacerdote es uno que representa
a los hombres ante Dios. Ahí pueden apuntar. Hebreos 5.1
lo leímos. El profeta nos habla de parte
de Dios. El sacerdote habla a Dios de
parte de nosotros. Cuando el Señor entró a Jerusalén,
¿a dónde fue? ¿A dónde fue? Versículo 12. Entró
Jesús en el templo de Dios. Echó fuera a todos los que vendían
y compraban en el templo, y volcó las mesas de los cambistas y
las sillas de los que vendían palomas. Y les dijo, escrito
está, Mi casa, casa de oración, será llamada. Mas vosotros la
habéis hecho cueva de ladrones. Y vinieron a él en el templo,
ciegos y cojos, y lo sanó. ¿A dónde fue Cristo? al templo,
a su casa. ¿Quién está en el templo? ¿Quién
está en la casa de Dios? Los sacerdotes. Y él tenía toda
la autoridad para purificar el templo. ¿Por qué? Porque era
su casa. O como dice en el libro de Hebreos, él es el gran sacerdote
sobre la casa de Dios. Nuestro Señor es el sacerdote
de sacerdotes, el gran sumo sacerdote de Dios. Ahora, si leemos el
libro, bueno, si leemos la Biblia, vamos a descubrir que la función
principal del sacerdote es sacrificar. Sacrificar e interceder. Sacrificar
para calmar a Dios. Y eso fue lo que pasó en el Calvario,
¿verdad? Cristo se sacrificó a sí mismo
en el altar del Calvario. Allí, como Cordero de Dios que
quita el pecado del mundo, Él derramó Su sangre por nosotros,
por la culpa de nuestros pecados. Oye, Paco, espérate, espérate,
¿qué dijiste? ¿Tú dijiste que Cristo se sacrificó para calmar
a Dios? Sí, eso es lo que dice la Biblia.
Eso es lo que significa propiciación, un sacrificio que calma la ira
de Dios. Al hombre moderno no le gusta
ese concepto, ¿verdad? Y el problema es Y no entendemos
que tanta ira causa nuestros pecados a un Dios tan santo y
perfecto y justo. Y no entendemos que somos una
masa de pecado. Cuando nacemos, nacemos pecadores
ya y cometemos pecados odiosos ante Dios todos los días. No
entendemos que un solo mal pensamiento nos hunde en el infierno eterno. Una sola mordida extra de comida
nos hunde en el infierno eterno. Dios es tan purísimo y tan santo
que para Él un solo pecado es de lo más odioso y abominable. No es solamente el asesinato
y la borrachera esos pecados tan terribles. Pero para Dios,
la mordida de un fruto prohibido hundió a toda la humanidad en
el infierno. Es lo que merecemos. Pero lo glorioso de esto es que
tenemos un sumo sacerdote que se sacrificó a sí mismo para
calmar la justicia de Dios, para calmar la ira de Dios a causa
de nuestros pecados. Tenemos un sumo sacerdote que
aplica su sacrificio a su pueblo e intercede por nosotros. De eso se trata el libro de Hebreos
precisamente. Veamos tan solamente un pasaje.
Para mí es de lo más glorioso este pasaje de Hebreos 7. Para
los que no saben, precisamente Hebreos es mi libro favorito
de la Biblia. Si me preguntan, Juan, ¿es tu libro favorito de
la Biblia? Es el libro de Hebreos. Y también cantamos mi himno favorito,
el 237. Este es el pasaje favorito de favorito, Hebreos. Y en el
capítulo 7 nos dice el autor en el versículo 22. Por tanto,
Jesús es el sofiador de un mejor pacto. Los otros sacerdotes llegaron
a ser muchos, debido a que por la muerte no podían continuar.
Mas este, por cuanto permanece para siempre, tiene un sacerdocio
inmutable, es decir, no cambia. Es eterno. Por lo cual puede
también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a
Dios, viviendo siempre para interceder por ellos. porque tal sumo sacerdote
nos convenía. Un santo, inocente, sin mancha,
apartado de los pecadores, hecho más sublime que los cielos, que
no tienen necesidad cada día, como aquellos sumos sacerdotes,
de ofrecer primero sacrificio por sus propios pecados y luego
por los del pueblo, porque esto lo hizo una vez para siempre,
ofreciéndose a sí mismo. Porque la ley constituye sumos
sacerdotes a débiles hombres, pero la palabra del juramento,
posterior a la ley, al Hijo, hecho perfecto para siempre. Ahora bien, era un predicador
el que escribió el libro de Hebreos. Ahora bien, el punto principal
de lo que venimos diciendo es que tenemos tal sumo sacerdote,
el cual se sentó a la diestra del trono de la majestad en los
cielos. Ese es nuestro Señor Jesucristo.
Sacerdote y sacerdote. Entonces, este Domingo de Ramos,
recuerda que Cristo vino como sacerdote de Dios a sacrificarse
por nuestros pecados. Como cristiano, recuerda que
tenemos un poderoso Salvador, un poderoso Intercesor. Tu conciencia, tu corazón, a
lo mejor te recuerda muchas veces esos pecados de la juventud.
Estaba hablando con un hermano, no sé, tenía tal vez, tenía 60,
65 años, más o menos. Y me dijo muy triste, acongojado, estoy acordándome de los pecados
de mi juventud. Oh, hubiera dicho lo dice o lo
mismo. David también lo dice en los
salmos, verdad? Los pecados de mi juventud menció. Cuántas veces hay pecados, hay
maldades, hay crímenes que tal vez hayamos cometido y están
en nuestra conciencia, en nuestro corazón y el diablo ahí va echando
dudas, echando fuego de pruebas y ahí están en sus pecados. Hermanos,
recordemos a Cristo como el sacerdote perfecto. que se sacrificó a
sí mismo por nosotros y que intercede eficazmente por nosotros pecadores. Esa es la confianza del cristiano.
simultáneamente pecadores, simultáneamente justos ante Dios. ¿Por qué? Por
el sacrificio de Cristo como nuestro sacerdote perfecto, inmutable,
eterno, resucitado, como veremos el domingo, Dios mediante. Él
intercede por nosotros. Él sabía que Pedro iba a caer,
iba a ser un cobarde y negar a Cristo tres veces, ¿se acuerdan?
Pero yo, le dijo Cristo a Pedro, yo he intercedido por ti para
que tu fe no falte. Y por cada cristiano, por cada
cristiano, él hace lo mismo. Por eso vamos a llegar a la gloria,
hermanos, no por nuestra fidelidad propia, no por nuestros logros
cristianos, porque venimos a la iglesia, leemos la Biblia, venimos
al tiempo de oración también y testificamos, repartimos folletos.
No, no, no, no. Es porque Cristo intercede por
nosotros como el sacerdote de Dios. Si tú no te has arrepentido
y no has creído en estas buenas noticias del gran sumo sacerdote
de Dios, es un excelente día para que comiences a seguirlo
y te haga su discípulo. Y va a ser fácil recordar, ¿verdad?
Dice, ¿cuándo eres cristiano? Semana Santa de 2024. Yo comencé
a entender el Evangelio y que Cristo vino al mundo a salvar
pecadores. Y hermanos cristianos, recordemos,
también nos dice precisamente el libro de Hebreos, tenemos
un gran sumo sacerdote que traspasó los cielos, Jesús el Hijo de
Dios. Así que retengamos nuestra profesión
de cristianos. No tenemos un sumo sacerdote
que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno
que fue tentado en todos según nuestra semejanza, pero sin pecado. Acerquémonos, pues, confiadamente
al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia
para el oportuno socor." Hebreos 4.14, los versículos que siguen.
Entonces, lo que pasó en Domingo de Ramos nos recuerda que Cristo
es el profeta de Dios, el sacerdote de Dios, y en último lugar, que
Cristo es el Rey de Dios. Cristo es el Rey de Dios. Volviendo a Mateo 21, no sé sus
Biblias, pero mi Biblia no titula este pasaje el primer Domingo
de Ramos. Mi Biblia titula este pasaje,
la entrada triunfal en Jerusalén. ¿Pero por qué titula mi Biblia,
y probablemente la Biblia de ustedes también, este pasaje,
la entrada triunfal en Jerusalén? Muy fácil, porque Cristo entró
a Jerusalén como un rey triunfante, como lo había profetizado Zacarías. Leemos en el versículo 4, Mateo
21, 4. Todo esto aconteció para que
se cumpliese lo dicho por el profeta cuando dijo, Decid a
la hija de Sion, Jerusalén, He aquí tu rey viene a ti, manso
y sentado sobre una asna, sobre un pollino, hijo de animal de
carga. las aclamaciones de la multitud.
Por supuesto, declaran que Él es un Rey, un gran Rey de Israel,
pues fueron las declaraciones osanas al Hijo de David, al Hijo
de David, un Rey que venía en nombre del Señor, como lo predijo
el Salmo 118. Ustedes conocen la historia de
Pilato y el letrero que puso sobre la cruz. Pilato no lo sabía. Pero escribió sobre la cruz una
verdad imborrable. Por así decirlo, si los fariseos
lo hubieran convencido que borrara y cambiara de título, no lo pudieran
haber borrado. Porque es una verdad eterna.
En el Calvario murió Jesús, el rey de los judíos. La multitud
no lo sabía. Pero esos ramos, esas palmas,
como dicen en el otro evangelio, que ellos pusieron sobre las
calles de Jerusalén y también sus mantos, su propia ropa tendieron
sobre esas calles, sirvió como una alfombra para que el gran
rey entrara a la batalla y victoria final. Muy bueno el título, la
entrada triunfal en Jerusalén. El gran rey venía, iba a Jerusalén
a la batalla y victoria final. Entonces el Domingo de Ramos
levanta, por así decirlo, el telón del Calvario para que veamos
al Señor, a Cristo, como rey triunfante. Y de verdad la cruz
fue una gran victoria, un triunfo de Dios. Pablo nos explica en
Colosenses. A ustedes, estando muertos en
pecados, les dio vida juntamente con él, perdonándoles todos los
pecados. anulando el acta de los decretos
que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola
del medio y clavándola en la cruz. Y despojando a los ángeles,
a los principados y a los potestades diabólicas, los exhibió públicamente,
triunfando sobre ellos en la cruz. Los ángeles diabólicos,
que les llama ahí principados y potestades, los exhibió públicamente,
triunfando sobre ellos en la cruz. No lo vemos así, pero Dios
lo vio así. La entrada a Jerusalén era de
verdad una entrada triunfal. El gran rey. Ese es el punto
entonces. Cristo es rey triunfal. No tan solamente como un rey
terrenal de Israel, pero Cristo es rey de reyes y señor de señores. Él es el gran soberano del universo,
como estudiamos en días pasados. Entonces, ¿cómo rey de Dios? Su función, como dice un catecismo
cristiano, es que Cristo entre saca del mundo un pueblo para
sí. Como rey nos gobierna, nos guía,
nos protege, recompensa nuestra obediencia, ordena poderosamente
todas las cosas para su gloria y para nuestro bien. Y además,
dice el catecismo, como rey castiga y toma venganza en los que no
obedecen el evangelio. Entonces, amigo y hermano, este
domingo de Ramos, recuerda que Cristo es el gran rey. El Calvario entonces nos debe
de sorprender mucho. Debemos de quedar estupefactos,
maravillados. Qué condescendencia, qué amor. El rey mismo. El rey mismo. El rey del universo
murió por nosotros. Increíble. En las crónicas de Narnia, no
sé cuántos niños han visto las crónicas de Narnia, se las recomiendo
que las lean. El autor trata de compartir el
Evangelio y queda corto, por supuesto, pero da la verdad bíblica
de que el gran león, Aslan, él, él se sacrifica, él muere para
que tengamos vida, para que tengamos el paraíso otra vez. Lo escuchamos
tanto, ¿verdad? Y vamos a recordar himnos e historias
esta próxima semana y sobre todo el viernes. Pero como cristianos,
si entendemos la Biblia y sabemos quién es Cristo, ¿quién es este?
El Rey de Dios, el Rey de Reyes y Señor de señores. Debemos de
maravillarnos por asombrarnos por tan grande amor. Y también debemos de pensar aquí,
que la cruz tiene tanto poder, poder omnipotente para destruir
las obras del diablo, como dice en primera de Juan 3, para limpiarnos
de todo pecado, como dice en primera de Juan capítulo 1, para
que Cristo obtenga todo lo que necesitamos para llegar a la
gloria. Les voy a confesar. Esa es una
verdad que yo había estudiado mucho, había leído mucho. Pero
es hasta fue hasta este año pasado que me cayó el 20. Cristo murió por nuestros pecados
para salvarnos. Pero eso incluye mucho más que
la limpieza de nuestros pecados, porque para llegar al cielo necesitamos
ser santificados, necesitamos ser glorificados, necesitamos
ser perfeccionados, necesitamos mucho arrepentimiento, necesitamos
fe, necesitamos buenas obras, necesitamos virtudes, necesitamos
ser transformados. Lo que me cayó el 20, y para
mí fue un momento glorioso, fue reconocer, en la cruz, Cristo
también pagó por eso. yo voy a ser santificado como
cristiano, yo voy a ser glorificado como cristiano y yo voy a ser
perfeccionado como cristiano, porque Cristo en la cruz pagó
por todo eso. De eso se trata la cruz, no tan
solamente mis pecados, pero también las virtudes que yo necesito
y las buenas obras que yo necesito. Todo lo compró Cristo con su
sangre preciosa y lo tengo seguro. Y por eso la cruz es tan poderosa.
¿Por qué? Porque en la cruz murió el rey
de los judíos, el rey de reyes, el Señor de señores. Y una vez
más, lo más importante de todo esto es que la vemos a Cristo
como nuestro gran rey. Lo voy a decir con cuidado, ojalá
que nadie me malentienda aquí. Cierto, y lo que vamos a ver
en Hebreos 4, podemos ir con toda confianza a su gran trono
a pedir por nuestras necesidades. Claro, pero hermanos, más, más
y más en esta semana, más debemos postrarnos ante sus pies para
honrarlo como rey. Él no es rey para que nosotros
tengamos muchas cosas. Claro, nos las da en su gracia
y misericordia, pero es rey para que nosotros lo honremos, alabanza
de la gloria de su gracia. ¿Me explico aquí? Si este es
el único punto que ustedes aprenden esta tarde, he ganado ya la batalla,
por así decirlo. que esta semana reconozcamos
a Cristo como el gran Rey y nos postremos para honrarlo como
Él se lo merece. Entonces, este domingo, esta
semana y el resto de tu vida, cántale y vive, Rey de mi vida
eres tú. Te exaltaré, mi Dios, mi Rey. Si nosotros hubiéramos estado
en Jerusalén ese primer día de Ramos y escucháramos la pregunta
de la multitud ante la entrada triunfal de Cristo, todos estaban
asorados. Toda la ciudad se conmovió, dice
el versículo y preguntó ¿Quién es este? La gente está cortando
ramas, palmas. La gente está dejando sus mantos
en las calles. para que Él pase. ¿Quién es este? Nosotros, de haber estado ahí
entonces como cristianos, pudiéramos haber contestado, Cristo es el
profeta de Dios, el sacerdote de Dios, el rey de Dios. Oremos. Espero con los ojos cerrados
todos, por favor, y los rocios inclinados. Espero que alguna
lección, alguna promesa, algún versículo que leímos haya llegado
a su corazón. Como cristianos, creo que especialmente
en esta semana debemos de meditar y reflexionar en lo que estamos
celebrando. Y aún el mundo nos acompaña en
nuestra celebración y conmemoración de lo que es la muerte y resurrección
de nuestro Señor Jesucristo. Este pasaje levanta el telón
a esas verdades. Este domingo podemos pensar en
esas verdades. Y en este pasaje que nos habla
de Cristo como nuestro profeta y nuestro sacerdote, nuestro
rey, pensemos mucho en ello. y especialmente acerquémonos
a él como cristianos. Confesemos que no le hemos adorado
como él se lo merece y no hemos apreciado su obra como sacerdote
y profeta. Y vengamos a él, tal como somos
de pecadores, de cristianos pecadores, y pidamosle que él nos avive
esta semana y en su misericordia nos enseñe más. Versículo 14
del pasaje dice, vinieron a él en el templo ciegos y cojos y
lo sanó. Tú vienes ciego, tú vienes cojo, él te puede sanar. Tú acércate a Él. Ora a Él. ¿Qué quiero decir con acércate
a Cristo? Ora a Él. Búscalo en los evangelios, en
la Biblia. Dile, Señor, yo quiero conocerte. Quiero saber más.
Límpiame, ayúdame. Quiero conocer más de Dios. Quiero
que me perdones, que me des virtudes. Quiero vivir para ti. Y dile
la verdad, que no entiendes mucho, tal vez, o tal vez sí sabes mucho. ¿Y pero qué te falta? que te
sientes cojo en la cristiandad, y dile esta semana, Señor, sáname.
Dame alguna promesa, algún versículo al cual me pueda aferrar para
seguir adelante, para perseverar hasta el final. Si alguna cosa
te puede ayudar, con mucho gusto escríbame, llámeme con mucho
gusto. Compartiremos la palabra de Dios. Padre celestial, nuestro
gran dios soberano, sabemos que tú eres misericordioso, incomprensible,
infinito, justo y sabio. Estás sobre nosotros y con nosotros. Le pedimos por los méritos de
Cristo que tú inyectes esas lecciones a nuestras vidas, que esta semana,
este día sea un día especial para nosotros como cristianos
y que este día sea el día de salvación para muchos. Sabemos,
Señor, que para ti no hay nada ni nadie imposible. Te pedimos
por un avivamiento para nuestra nación. Somos tan idólatras,
tan supersticiosos. Oh Señor, te pedimos por nuestro
pueblo mexicano que estos días sean días en que tú abra los
ojos de los ciegos. y que podamos ver la gloria de
Cristo como nuestro gran Salvador. Te pedimos, Señor, para nuestros
hijos, para los niños aquí por la colonia, en nuestra ciudad,
que tu mandes un avivamiento de lo que es el verdadero evangelio
y lo que de verdad pasó en esa primera semana santa. Cristo
vino, murió y resucitó para nuestra justificación. Te lo pedimos
para su gloria nada más y en su bellísimo nombre. Amén. Vamos a despedirnos hermanos.
Quién es tu Sacerdote?
Series Semana Santa
En este primer Domingo de Ramos, vemos a Cristo como nuestro Profeta, Sacerdote, y Rey.
| Sermon ID | 329241820481273 |
| Duration | 39:11 |
| Date | |
| Category | Sunday Service |
| Bible Text | Mark 3:20-35 |
| Language | Spanish |
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