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La doctrina bíblica del cielo. Vamos hermanos a Filipenses capítulo
3, verso 20. Porque nuestra ciudadanía está
en los cielos, de donde también ansiosamente esperamos a un salvador,
el Señor Jesucristo. Vamos a orar. Padre Celestial, te venimos en
esta mañana a rogar que tú, en tu misericordia, utilices tu
palabra para la edificación de tu pueblo. Mira, oh Señor, el
corazón de todos los que han de escuchar este mensaje. Que
este mensaje venga con poder hacer bien al pueblo de Dios. Que sea de máxima edificación.
Que sea, Señor, también de estímulo para aquellos que no te conocen,
para venir de rodillas delante de ti, rogando por su salvación. Sé conmigo, Padre Celestial,
sin ti nada puedo hacer, Señor. Te lo suplico, sé conmigo. En
el nombre de Cristo Jesús te lo ruego. Amén. Bueno, hermanos,
vamos a ver en esta mañana una introducción al tema de la doctrina
bíblica del cielo. Una introducción al tema de la
doctrina bíblica del cielo. Y lo vamos a hacer dando respuesta
a tres preguntas. Primero, ¿por qué es importante
la doctrina bíblica del cielo? ¿Por qué es importante estudiar
el tema del cielo? Segundo, ¿cuál será el enfoque
que vamos a estar llevando durante toda esta serie? Y en tercer
lugar, la pregunta que todos queremos saber, ¿qué es el cielo? ¿Qué es el cielo? En primer lugar,
¿por qué es importante estudiar la doctrina bíblica sobre el
cielo? Bueno, estudiar la doctrina bíblica
sobre el cielo es importante porque, entre otras cosas, provee
a los hijos de Dios de grandes motivaciones en distintos aspectos
de la vida cristiana. La doctrina del cielo es una
gran motivación para los hijos de Dios en distintos aspectos
de su vida. Richard Baxter dijo, no podemos
vivir ni tampoco morir de manera segura y piadosa sin una seria
consideración de nuestro descanso eterno. Ahora, ¿qué motivaciones
nos puede dar un estudio de la doctrina bíblica del cielo? En
primer lugar, un estudio del cielo es una gran motivación
al momento de llevar el evangelio a otras personas. El cielo es
una gran motivación al momento de llevar el evangelio a otras
personas. Esto, hermanos, podemos verlos
en la interacción que tuvieron el Señor Jesucristo y aquel joven
rico. No sé si recuerdan la historia.
Vamos a Mateo, capítulo 19, versos 16 y 17. Mateo, capítulo 19, versos 16
y 17. Aquí el joven rico hace una pregunta
muy interesante a nuestro Señor Jesucristo. Dice el versículo
16, y aquí se le acercó uno y dijo, maestro, que bien haré para obtener
la vida eterna. ¿Qué bien haré para obtener la
vida eterna? Y él le dijo, ¿Por qué me preguntas
acerca de lo bueno? Estoy leyendo de la versión de
las Américas. ¿Por qué me preguntas acerca de lo bueno? Solo uno
es bueno. Pero si deseas entrar en la vida,
guarda los mandamientos. Si deseas entrar a la vida, guarda
los mandamientos. Este joven está indagando sobre
qué cambios debe realizar en su vida. ¿Qué Dios demanda de
él para él poder entrar al cielo? Él dice, ¿qué bien haré? Señor
Jesucristo, ¿qué bien haré? ¿Qué debe ocurrir en mi vida?
¿Qué debe haber en mi conducta? Pero fíjense, amigos, hermanos,
que esta pregunta que este joven trae al Señor Jesucristo tiene
una motivación. Él está motivado por algo. Y
la motivación de este joven rico al preguntar, ¿qué bien haré?
¿Qué bien haré para obtener la vida eterna? En otras palabras,
¿qué he de hacer? ¿Qué cambio se debe ocurrir en
mi vida? ¿Qué debo realizar para entrar
a la vida eterna? Y este término, vida eterna,
no solo se refiere a una existencia continua, sino que también alude
a una existencia en la presencia de Dios, o sea, en el cielo.
El joven rico dice, ¿qué he de hacer? Para estar ahí, ¿qué he
de hacer para ir al cielo? Amigos, si fíjense que el Señor
Jesucristo no le dice, no, tú no deberías hacer esa pregunta.
Esa no es una motivación correcta. No, el Señor Jesucristo responde
su pregunta. ¿Por qué ir al cielo? ¿Por qué
estar allí donde está el Señor? ¿Por qué estar allí en la vida
eterna? Es una motivación, gran motivación,
para la hora de predicar el Evangelio. El Señor da respuesta a su pregunta.
Y esto nos enseña, hermanos, que los cristianos, a la hora
de presentar el Evangelio, no solo nos debemos enfocar en los
sufrimientos y los terrores del infierno. Sí, eso es parte de
predicar el Evangelio. Somos salvos, pero salvos de
qué? Salvos de una condenación en el infierno. Pero también
somos salvos para qué? Para una eternidad en el cielo. Y el Señor Jesucristo responde
a este joven. Trata con su corazón, porque
las motivaciones que él tiene son unas motivaciones correctas.
Él quiere ir al cielo. Él quiere ir al cielo. El estudio
de la doctrina bíblica del cielo es una gran motivación al momento
de llevar el evangelio a otros. En segundo lugar, el estudio
de la doctrina bíblica del cielo es una gran motivación en medio
de los sufrimientos que vivimos en este mundo. Meditar en el
cielo, pensar en el cielo, saber qué es el cielo. Es una gran
motivación en medio de nuestros sufrimientos en este mundo. Vayan a Mateo capítulo 5 versículos
10 al 12. Vamos a estar viendo varios pasajes
hermanos. Mateo capítulo 5, versos 10 al
12 dice, Bienaventurados aquellos que han sido perseguidos por
causa de la justicia. Bienaventurados aquellos que
han sido perseguidos por causa de la justicia, pues de ellos
es el reino de los cielos. Bienaventurados seréis cuando
os insulten y persigan y digan todo género de mal contra vosotros
falsamente por causa de mí. Regocijaos y alegraos, porque
vuestra recompensa en los cielos es grande. Porque así persiguieron
a los profetas que fueron antes que vosotros. Hermanos, el cielo
es una gran motivación para los cristianos en medio de nuestros
sufrimientos y pruebas en este mundo. En este mundo, hermanos,
nosotros seremos, como dice este pasaje, perseguidos por causa
de la justicia. Seremos perseguidos por causa
de una conducta piadosa. Seremos perseguidos por causa
de rehusar a hacer lo malo. Nuestros jefes estarán muy incómodos
con nosotros cuando nos rehusemos a mentir. Nuestros familiares
estarán muy molestos con nosotros al momento de no vivir nuestras
vidas familiares como ellos la viven. Habrá persecución, habrá
crítica, habrá insultos. Hablaba con un hermano Que asiste
a esta iglesia durante la semana y él me contaba como todos sus
amigos lo abandonaron una vez que vino a los pies de Cristo.
Todos lo abandonaron. Eso es parte de los sufrimientos
y de la persecución que vivimos en este mundo. Hay un alto precio
que pagar por ser un seguidor de Cristo. ¿Y qué será una motivación
para nosotros en medio de esa prueba, en medio de esa persecución? ¿Qué será una motivación para
nosotros cuando nos insulten y nos critiquen? El cielo, hermanos. El cielo será una gran motivación
mientras peregrinamos en este mundo. Precisamente porque eso
es lo que somos los cristianos, peregrinos. Peregrinos que vamos
en vía a dónde? Al cielo. Ese es nuestro destino
final. Nosotros somos peregrinos que
estamos siendo perseguidos por causa de la justicia, pero que
se dirigen a un destino final y ese es el cielo, hermanos. El cielo y el cielo es esa gran
motivación en medio de nuestros sufrimientos. En tercer lugar,
el cielo es una gran motivación para trabajar por el Señor y
por su reino. El cielo es una gran motivación
para trabajar por el Señor y por su reino. Mateo capítulo 25 versículo
23 dice, Su Señor le dijo, Bien, siervo, bueno y fiel, en lo poco
fuiste fiel, en lo mucho te pondré. Entra, dice, entra en el gozo
de tu Señor. Amado hermano, ¿qué recibe como
recompensa aquel siervo fiel de Cristo? ¿Qué recibe como recompensa
aquel que ha trabajado durante su vida como cristiano en este
mundo por el Señor? ¿Qué recibe como recompensa aquel
que ha puesto sus talentos, que ha sido un buen administrador
de los talentos que Cristo le ha dado? ¿Qué recibe como recompensa? Este pasaje no dice que recibe
ni oro ni plata. No recibe oro ni plata. El cielo es una gran motivación
para trabajar por el Señor en esta tierra. Dice, entra, entra
en el gozo de tu Señor. Esa es nuestra recompensa. Ese es el ánimo para seguir laborando
en los oficios de Cristo. Esa es nuestra gran motivación
para serles fieles al Señor. Porque un día seremos recompensados
al tener una morada celestial en el cielo. Ese será el gozo
de los cristianos. El gozo de nuestro Señor Jesucristo.
Vamos a estar con Cristo. Y esa es una gran motivación
para vivir la vida en este mundo. Algún día estaremos en el cielo
con nuestro Señor. Un comentarista dice. Cada alma
en el cielo poseerá por igual la vida eterna y será igualmente
perfecta porque la perfección no tiene grados. La diferencia
estará en las oportunidades y los niveles de servicio. Así como
los ángeles sirven a Dios en rangos, también lo harán los
hombres y mujeres redimidos. Y el grado de su servicio celestial
habrá sido determinado por la devoción de su servicio terrenal. El grado de su servicio celestial
habrá sido determinado por la devoción de su servicio terrenal. Y los santos que más sirven se
regocijan más, dice el comentarista. Qué gran gozo saber que nuestros
sacrificios y nuestra labor por Cristo en este mundo será recompensada
teniendo más trabajo que hacer en el cielo. Laborando más por
el Señor en el cielo. El cielo es una gran motivación
para servir a nuestro Señor Jesucristo en esta tierra. En cuarto lugar,
el cielo es una motivación para mortificar el pecado y la mundanalidad
en nosotros. La doctrina bíblica del cielo
es una gran motivación para que demos muerte a la carne en este
mundo. La doctrina bíblica del cielo
es una gran motivación para seguir en pos de una vida de santidad. Mateo capítulo 7 versículo 14
dice, Porque estrecha es la puerta y angosta la senda que lleva
a la vida. Estrecha es la puerta y angosta
la senda que lleva a la vida. Y pocos son los que la hallan,
dice el Señor. La puerta que lleva a la gloria,
la puerta que lleva a Dios allí en el cielo, es una puerta angosta. Un comentarista dice que esta
puerta es angosta porque no podremos entrar por ella sin dejar atrás
nuestras posesiones y aquellas cosas que amamos en este mundo. Caminar por ese camino estrecho,
entrar por esa puerta angosta, implica que nosotros debemos
de ir en pos de una vida de santidad, dejando atrás todo el amor que
tenemos por las cosas de este mundo. La puerta que entra al
cielo es una puerta por donde debemos pasar desnudos. Es una puerta por la cual no
cabe nuestro amor por Cristo y nuestro amor por las cosas
de este mundo. No caben en esa puerta. Y pensar
en el cielo y pensar en ese destino final en el cielo y pensar estar
en la presencia de Dios en el cielo debe de animarnos a constantemente
buscar vivir cada vez más vidas de santidad. Vidas en las que
vamos cada vez más alejándonos del amor por las cosas de este
mundo. No caben por esa puerta. No es
amor por Cristo plus. No es que yo voy a entrar por
esa puerta angosta con Cristo en mi corazón más. Mi casa, mi
carro, mis hijos, mi trabajo. Por esa puerta solo podemos pasar
con un amor por Cristo. La puerta al cielo es una puerta
angosta. Meditar en el cielo nos va a
motivar a apartarnos de la mundanalidad. Porque no podemos amar al cielo
y amar a este mundo al mismo tiempo. No podemos. No podemos. Vamos a segunda de Pedro, capítulo
3, versículos 13 y 14. Segunda de Pedro, capítulo 3,
versículos 13 y 14. Pensar en el cielo debe ser una
gran motivación para vivir vidas de santidad. Segunda de Pedro, versículo 3,
3 al 14 dice, pero según su promesa, Nosotros esperamos nuevos cielos
y nueva tierra en los cuales mora la justicia. Y ahí nuestra
esperanza. Estamos esperando un cielo nuevo
y una tierra nueva. Estamos esperando una morada
celestial. Estamos esperando ir al cielo. Y en consecuencia a eso, ¿qué
debe pasar en nuestras vidas aquí en la tierra? Versículo
14. Por tanto. En consecuencia a
lo que he dicho antes. De acuerdo a lo que venimos.
De acuerdo a nuestra esperanza. Por tanto, amados, puesto que
aguardáis estas cosas. Puesto que nuestra esperanza
son estas cosas. Procurad con diligencia ser hallados
por él en paz, sin mancha e irreprensibles. Tu esperanza es el cielo. Tu
deseo es llegar al cielo. Tu deseo y tu esperanza, lo que
esperas es un cielo nuevo y una tierra nueva. Pues eso se va
a notar en la vida de santidad que vives en este mundo ahora.
Se va a notar. Porque dice este pasaje que nosotros
debemos de procurar con diligencia. Eso no es un asunto que se espera
pasivamente. Déjame quedarme aquí esperando
que llegue el cielo. No. Con diligencia, de acuerdo a esa
promesa que nos ha inundado, de acuerdo a nuestra perspectiva
bíblica sobre el cielo, nosotros estamos procurando con diligencia
ser hallados sin mancha e irreprensibles en este mundo. Estamos constantemente
luchando contra el pecado porque nuestra mira es el cielo. O hermanos y es lamentable, lamentable
la visión de la iglesia hoy día. Es lamentable y puede ser nuestra
perspectiva aún aquí en esta iglesia. Mucho conocimiento de la Biblia. Muchas doctrinas de la gracia
abundante, libros y libros. Mucho intelectualismo religioso,
pero poca santidad. Mucho intelectualismo religioso,
pero poca obediencia. Muchos cinco puntos de Calvino,
pero poca obediencia. Abunda el intelectualismo religioso, ¿Pero qué fruto está trayendo
eso a nuestras vidas? ¿Acaso estamos procurando con
diligencia ser hallados sin manchas e irreprensibles en este mundo?
Es posiblemente la razón de eso,
porque todo ese intelectualismo religioso nos está trayendo nuestras
mentes a este mundo, pero no está poniendo nuestras mentes
en el cielo. Y porque no estamos entendiendo
que nuestra vida de santidad en este mundo es un reflejo de
nuestro deseo intenso de estar en el cielo. Procurar con diligencia dice
el pasaje. ¿Tú crees en Cristo? ¿Tú crees
como vimos en esta mañana que habrá una segunda venida de Cristo? ¿Tú crees, como vimos, que habrá
un juicio final? ¿Tú crees en realidad que tu
destino final es el cielo? Sí. Vive una vida de santidad
aquí, ahora, en la tierra. Ese es el reflejo. Ese es el
reflejo, amigo. No el intelectualismo religioso.
Te puedes saber las doctrinas más profundas de las Escrituras.
Pero si esa doctrina de la cabeza no desciende al corazón y te
transforma por completo. Eso es sólo intelectualismo religioso
y no es realmente una vida transformada por el poder del evangelio. Eso es sólo una sociología que
te dice que debes simplemente ser salvo. Eso es comprar un
ticket al cielo. No. La perspectiva bíblica del
cielo va a enfocarnos en una vida de santidad aquí en la tierra. ¿Tu esperanza es el cielo? Procura
con diligencia ser hallado sin mancha e irreversible aquí en
la tierra. Bueno, hemos visto hermanos nuestras
motivaciones para poder estudiar el tema del cielo. Ahora, ¿cuál
será nuestro enfoque durante este estudio? ¿En qué vamos a
enfocarnos? Y voy a explicar a qué me refiero
con eso. Habiendo visto las motivaciones
para estudiar el tema del cielo, debemos preguntarnos, ¿cuál es
el enfoque que tendremos en este estudio? Bueno, sabemos que el
cielo es ese lugar donde Cristo está ahora. Y donde los cristianos,
una vez muertos, irán delante de la presencia de él. Ese es
el lugar, el cielo. Pero el cielo es mucho más que
solo ese lugar. El cielo es mucho más que ese
lugar real ahora donde se encuentra el Señor Jesucristo. Dice la
palabra en segunda de Corintios que luego que estemos ausentes
del cuerpo pasaremos a habitar con el Señor. Pero ese estado
solo será así hasta la segunda venida de Cristo cuando ocurra
el fin de todas las cosas el día de la resurrección. Este espacio entre la muerte
y la resurrección es lo que comúnmente se conoce como el estado intermedio. Cuando el cristiano muere en
este mundo, pasa a la presencia del Señor y aguarda ahí hasta
el día de la resurrección. Y ese momento en el que está
en la presencia del Señor en el cielo es lo que se conoce
como el estado intermedio. Ahora, el enfoque principal de
nuestro estudio no será el estado intermedio, sino el estado eterno,
o lo que se conoce como el estado eterno. Y ese es el momento que
vendrá después de la segunda venida de Cristo y después de
la resurrección del cuerpo. Ahora, puede que te preguntes,
¿por qué razón ese es nuestro enfoque? ¿Por qué vamos a enfocarnos
en un estudio del cielo en el momento en el que resucitemos
y ya no estemos en ese lugar celestial al que hoy conocemos
como el cielo? Bueno, ese será nuestro enfoque
porque en la doctrina bíblica del cielo, el enfoque mayor que
la palabra de Dios le da es a ese estado eterno, no al intermedio. La razón obvia por la cual vamos
a estudiar el tema del cielo a través del estudio del estado
eterno es porque Dios nos hizo como una entidad cuerpo y alma. El Señor nos hizo como una entidad
de cuerpo y alma. Y ese ha sido el deseo de nuestro
Señor que nosotros seamos eso, cuerpo y alma. El Señor, hermanos,
al final de los tiempos obtendrá lo que Él siempre quiso tener. Un Eden y un paraíso con santos
habitando ahí con él. Ese fue su deseo. Eso es lo que
él obtendrá. Cuerpo y alma habitando en un
estado del paraíso junto con él. Ese es el cielo y eso es
lo que vamos a estudiar. Como seres humanos en este momento
existimos en cuerpo y alma. ¿Y cómo venimos a los pies de
Cristo? En cuerpo y alma. ¿Cómo nos quiere el Señor? En
cuerpo y alma. ¿Y cómo estaremos después de
la resurrección eternamente con Cristo? En cuerpo y alma. Ese
es el estado eterno que aguarda a los hijos de Dios. Bueno, hemos
visto las motivaciones para estudiar el tema del cielo. Hemos visto
el enfoque que tendremos en nuestro estudio del cielo ahora. La última
pregunta que nos hacemos es, ¿qué es el cielo? ¿Qué es el
cielo? Podemos definir como el cielo. Podemos definir al cielo como
un lugar o estado en el que los creyentes estarán en cuerpo y
alma perfectamente felices por la eternidad en la presencia
inmediata y el disfrute de Dios. Una definición bien larga. De
nuevo, voy a decirlo para los que están apuntando. El cielo
es un lugar o estado en el que los creyentes estarán en cuerpo
y alma perfectamente felices por la eternidad en la presencia
inmediata y el disfrute de Dios. El cielo, hermanos, es un lugar,
pero también es un estado o una condición de la existencia. El cielo es un lugar, es físico,
es real, pero es también un estado o una condición de la existencia
de los santos en ese lugar. A través de las escrituras, el
cielo se presenta como un lugar físico, un espacio. Vamos a ver
esto en manos en Juan capítulo 14 versículos 1 al 13 1 al 3
Juan capítulo 14 versos 1 al 3. ¿Qué es el cielo? Es la pregunta.
Y quiero mostrar con las escrituras que el cielo es un lugar. Pero
también es un estado o condición de la existencia. Juan capítulo
14, 1 al 3 dice, No se turbe vuestro corazón, creed en Dios,
creed también en mí. En la casa de mi padre hay muchas
moradas. Si no fuera así, os lo hubiera
dicho, porque voy a preparar un lugar. Voy a preparar un lugar para
vosotros. Y si me voy y preparo un lugar
para vosotros, vendré otra vez y os tomaré conmigo para que
donde yo estoy allí estéis también vosotros. El cielo es un lugar. El cielo es un espacio real.
El cielo no es un sueño, no es una filosofía. El cielo es un
lugar. Ahora vamos a Colosenses capítulo
3 versículos 1 y 4. ¿Dónde está ese lugar? Colosenses capítulo 3, 1 al 4
dice. Si habéis, pues, resucitado con
Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la
diestra de Dios. ¿Dónde está Cristo sentado a
la diestra de Dios? Dice, arriba. Versículo 2. Poned la mirada en las cosas
de arriba, no en las de la tierra. El cielo es un lugar. ¿Dónde
está ese lugar? Dice la palabra de Dios. Arriba. Ciertamente el énfasis de estos
textos es que el cielo es un lugar físico que se encuentra
arriba. Fuera de la tierra. Sin embargo, hay otros pasajes
que claramente enseñan que esta tierra presente será el otro
lugar llamado el cielo y será la morada final de los hijos
de Dios. El cielo está arriba. Pero la
tierra será la morada final de los hijos de Dios. Vamos a segunda
de Pedro versículos 3 capítulo 3 versos 10 al 13. Los estoy
enviando a ver estos versículos porque quiero que lo vean por
sus propios ojos en las escrituras. Segunda de Pedro, capítulo 3,
versos 10 al 13. Dice. Pero el día del Señor vendrá
como ladrón en el cual los cielos pasarán con gran estruendo y
los elementos serán destruidos con fuego intenso y la tierra
y las obras que hay en ellas serán quemadas. Puesto que todas
estas cosas han de ser destruidas de esta manera, qué clase de
personas no habéis de ser vosotros en santa conducta y piedad, esperando
y apresurando la venida del día de Dios, en el cual los cielos
serán destruidos por fuego y los elementos se fundirán con intenso
calor. Pero según su promesa, nosotros
esperamos nuevos cielos y nueva tierra en los cuales mora la
justicia. En este pasaje vemos que la segunda
venida del Señor Jesucristo desata una serie de eventos que culminan
con la destrucción de la tierra como la conocemos. Todo será
quemado por fuego. La destrucción de la tierra actual,
como las conocemos, entonces da paso a los nuevos cielos y
la nueva tierra. La morada, hermanos, aquellos
que han muerto en el Señor, la morada actual de los que han
muerto en Cristo está arriba. Ellos se encuentran ahora nuestros
hermanos están ahora arriba en el cielo. Pero una vez que la
segunda venida del Señor Jesucristo ocurre. Ellos vienen a estar
aquí abajo en la tierra. En el cielo nuevo y en la nueva
tierra. Ahora por un lado Jesús dijo
voy a ir allá a preparar un lugar. La descripción de Cristo es que
el cielo es arriba. Pedro dice que debemos de ver
ahora al cielo aquí. Bueno, ¿qué es el cielo entonces?
¿Dónde está el cielo? ¿Arriba o abajo? Bueno, Apocalipsis nos presenta
una hermosa síntesis de en realidad qué es lo que va a ocurrir. cuando
el cielo nuevo y la tierra nueva vengan a ser el cielo. Vamos
a Apocalipsis capítulo 21. El cielo está arriba. Es un lugar
real. Y Apocalipsis 21 nos muestra
¿Cómo ese cielo vendrá a ser ahora el lugar abajo, la tierra? Dice, Y vi un cielo nuevo y una
tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra pasaron,
y el mar ya no existe. Y vi la ciudad santa, la nueva
Jerusalén. ¿Qué pasó? ¿Qué es ese lugar
santa? ¿Qué es esa nueva Jerusalén?
Esa es la que desciende del cielo. desciende del cielo. Y vi la
ciudad santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo de Dios,
preparada como una novia ataviada para su esposo. Entonces oí una
gran voz que decía desde el trono, He aquí, el tabernáculo de Dios
está entre los hombres, y él habitará entre ellos, y ellos
serán su pueblo, y Dios mismo estará entre ellos. Versículo
9. Y vino uno de los ángeles que
tenía las siete copas llenas de las últimas siete plagas y
habló conmigo diciendo, ven, te mostraré la novia, la esposa
del cordero. Y me llevó en el espíritu a un
monte grande y alto. Y me mostró la ciudad santa,
Jerusalén, que descendía del cielo de Dios. Y tenía la gloria
de Dios. Su fulgor era semejante a una
piedra muy preciosa, como una piedra de jaspe cristalina. El cielo está arriba. Pero luego de la segunda venida
de nuestro Señor Jesucristo, la iglesia, nuestros hermanos,
descenderán abajo. Descenderán abajo. Porque el
cielo no es solo un lugar, hermanos. El cielo es una condición de
existencia. Es una cualidad de la existencia. Si nosotros nos enfocamos que
el cielo es solamente ese lugar en el cielo, cuando descenda,
entonces, ¿no van a estar en el cielo? No, el cielo desciende
con nuestros hermanos. El cielo desciende con ellos.
El cielo como un estado o condición de existencia implica que los
hijos de Dios tendrán la capacidad tanto espiritual como física
de habitar y desenvolvernos en la misma presencia de Dios. Eso es lo que es el cielo en
términos de cualidad de existencia. Hoy día nosotros somos cuerpos
corruptibles. Hoy día ninguno de nosotros puede
estar en la presencia de Dios. Pero una vez que nosotros seamos
resucitados, se nos dará un cuerpo nuevo en el cual podremos desenvolvernos
en la misma presencia de Dios. Y ese estado, esa condición de
nuestro cuerpo nuevo, eso es el cielo como cualidad de existencia. Nosotros tendremos la capacidad
no solo espiritual, pero también física de estar en la presencia
de Dios en el cielo. Nuestros hermanos son esos espíritus
hechos perfectos. Ellos ahora pueden estar en la
presencia de Dios. Y una vez que sientan y reciban
un cuerpo nuevo, ahora esos cuerpos resucitados tendrán la capacidad
de estar en la misma presencia del tres veces santo. Y aquellos
que resuciten, como vimos esta mañana, Sin estar en el Señor,
no tendrán esa capacidad. Sus cuerpos serán hechos capaces
solo de resistir las sufrimientos del infierno. En ese sentido,
nuestra nueva naturaleza es ese cielo, es esa existencia que
nos ha sido otorgada para poder estar frente a la presencia de
Dios. El cielo es un estado de plenitud,
hermanos. Es un estado, una cualidad de
plenitud. Todo nuestro ser, espíritu y
cuerpo ahora pueden hacer lo que ahora no pueden. Estar frente
a la presencia de nuestro Señor. Ahí tendremos una unión con Cristo
y con el Padre que hoy día nosotros no podemos disfrutar. Hoy día
nosotros podemos tener destellos del cielo. Hoy podemos recibir
por su espíritu el gozo de descubrir nuevas realidades en su palabra.
Hoy nosotros podemos disfrutar de una manera espiritual inigualable
de la presencia con nuestros hermanos. Hoy hay algo que sí
podemos experimentar que es único, pero ese no será el cielo, eso
solo es destellos del cielo. Allí nosotros tendremos una naturaleza
totalmente desprovista del pecado, hermanos. Y esa capacidad de
disfrutar de la relación con los santos, que hoy no podemos
disfrutar. Y esa capacidad de poder tener
una unión con Cristo, con Dios, que hoy no podemos disfrutar.
Esa capacidad en su existencia, esa cualidad de existencia es
el cielo. En otras palabras, el cielo es
donde está nuestro Dios y es la capacidad de estar con nuestro
Dios. Hermanos, eso es una realidad
gloriosa. Yo sé que puede ser un poco complicado. Pero eso
es una realidad gloriosa que tiene un impacto en nuestras
vidas hoy, hermanos. ¿Por qué? Porque el cielo es
que es nuestra esperanza. Y cómo podemos disfrutar de una
esperanza que no entendemos. Pero una vez que la entendemos,
hermanos, ve qué glorioso es el cielo. Es glorioso. Es una condición totalmente inexplicable
y nueva. La capacidad de estar frente
a la presencia de Dios. Eso es el cielo. El cielo es un estado de perfección
del alma y del cuerpo. El alma no está del todo limpia. El alma, dice la palabra en Ezequiel,
que el alma que peque morirá. El alma está involucrada junto
con el cuerpo en el acto del pecado. Nosotros no podemos entender
esa realidad todavía. Pero algún día, hermanos, seremos
totalmente limpios y podemos estar sin pecado frente a la
presencia de nuestro Dios. ¿Qué tipo de cuerpos tendremos
en el cielo? Bueno, Filipenses capítulo 3,
20 al 21 nos dice, porque nuestra ciudadanía está en los cielos,
de donde también ansiosamente esperamos a un Salvador, el Señor
Jesucristo, el cual, dice la palabra, transformará el cuerpo
de nuestro estado de humillación en conformidad al cuerpo de su
gloria. Un cuerpo nuevo, hermanos. Una
transformación poderosa que ahora nos capacita para estar con el
Señor en ese lugar que se llama el cielo. Un comentarista dijo, Cuando
el Señor regrese y traiga con él aquellos espíritus y almas
perfeccionados que han estado en su presencia, las almas de
todos los redimidos que han contemplado su rostro con gozo, que en el
espíritu han conocido la comunión con él, esas almas traídas por
Cristo en su segunda venida serán unidos a estos cuerpos. Cuerpos
que fueron sembrados en debilidad serán resucitados en poder. Fueron sembrados en deshonra,
serán resucitados en honor. Fueron sembrados en corrupción,
serán resucitados en incorrupción. En ese momento, el propósito
eterno de la elección de Dios para cada uno de su pueblo será
completada. Será completada el propósito
eterno de Dios al elegirnos en Cristo Jesús. Cuerpo y alma para
siempre perfeccionados en el cielo con Él. Hermano, es esa
tu esperanza. Es esa tu esperanza. Con eso quiero terminar hermanos,
es esa tu esperanza. Hermano cristiano somos hombres
y mujeres que tenemos nuestras miradas en el cielo. Estamos
esperando ansiosos ese momento en el que ya nuestras almas y
cuerpos estén libres del pecado y podamos estar con Cristo. Pues eso va a afectar nuestras
vidas en este mundo ahora. Eso va a afectar nuestras vidas
ahora en una caminar en santidad. Hermano te pregunto somos nosotros
una iglesia que tiene sus miras en las cosas del cielo. Una iglesia que quiere las cosas
del cielo es una iglesia que está preocupada por la santificación. Es una iglesia y miembros y visitas
de esa iglesia que están preocupados por la santificación. No están preocupadas por el entretenimiento.
No están preocupadas por que la iglesia haga por ellos esto
o lo otro. No están preocupadas que si tenemos actividades de
jóvenes, de niños, de adultos, de viejos, de medio viejos, de
medio adultos. No está preocupada por esas cosas.
No tiene sus miras en esas cosas. Tiene sus miras en la santificación,
en la exposición de la palabra que los ayuda a caminar en el
peregrinaje en este mundo en el cual nos dirigimos al cielo. No es una iglesia y no son hombres
y mujeres indulgentes. No son amadores de sí mismo.
No son amadores de los placeres de este mundo. Porque tienen sus miras en aquello
que más anhelan, el cielo. Y estar con Cristo. Hazte esa
pregunta. Tienes tu mira y tu corazón en
el cielo. ¿Cómo vas a querer un cielo si
tu corazón y las cosas más importantes para ti están aquí en esta tierra? Las cosas que más anhelamos y
que más queremos en este mundo hermanos están en el cielo. Nuestra
ciudadanía eterna está en el cielo. Nuestro Salvador está
en el cielo. Él estará por la eternidad en
ese lugar. Nuestros hermanos están en el
cielo. Nuestra recompensa está allí. ¿Está tu corazón anhelando las
cosas del cielo? ¿Quieres, hermano, las cosas
del cielo? O este es un tema aburrido del
que estás esperando acabe para irte de aquí rápido. O hermano, que seamos una iglesia
que vive en este mundo y se conduce en este mundo con nuestra mira
en las cosas del cielo. Que busquemos Entender y amar
más ese lugar donde mora Cristo el Señor. Es un camino angosto,
hermanos. Es una puerta estrecha. Cuidado con esos espacios que
le estás dando a las cosas del mundo. Están ocupando el espacio
que solo Cristo debe tener. Hermano, que el estudio del cielo
nos impacte. No para tener nuestras mentes
llenas de conocimiento, hermanos, pero para que podamos vivir en
este mundo de una manera santa, sin mancha, buscando diligentemente
ser irreprensibles en este mundo. Porque eso será el más poderoso
testimonio que podemos darle a los incrédulos. Ser hombres
y mujeres que viven en este mundo con nuestra mira en el cielo. Y tú amigo que estás aquí sin
Cristo. ¿Quieres ir al cielo? ¿Quieres
ir al cielo? Pues ven a los pies del Señor
Jesucristo. Él es esa puerta angosta. Él es el camino. Él es la verdad. Él es la vida. Él es el único por el cual en
arrepentimiento y fe total en Él, tú podrás ir al cielo. Que el cielo sea una motivación
poderosa, un lugar de absoluta perfección, paz y justicia. Ese lugar es real, ese lugar
está arriba, pero algún día nuestro Señor volverá a la tierra y traerá
consigo el cielo. Y los santos y aquellos que hemos
creído en Él Estaremos con Él por siempre Quiere el Señor que
se acceda también a tu esperanza Y busques del Señor Jesucristo
con todo tu corazón Que quieras estar en el cielo Vamos a orar Padre eterno, gracias te damos
por tu misericordia y habernos permitido iniciar esta serie. Te rogamos, Señor, que nos des
la capacidad, no solo de poder estudiar este tema, sino de que,
Señor, las verdades que hemos escuchado impacten profundamente
la vida de esta iglesia, la vida de todos aquellos que escuchen
la palabra de Dios. Que busquemos, Señor, como hijos
tuyos, afanosamente vivir vidas de santidad en este mundo como
hombres y mujeres que tienen sus vidas y sus corazones puestas
en el cielo. Padre eterno, ten misericordia
de tu pueblo en esta noche, y ten misericordia de aquellos que
aún no te conocen, que se dirigen, Señor, a una vida de total destrucción
y muerte en el infierno. Padre celestial, salva alguno
en esta mañana. Déjanos ver tu misericordia,
Padre Celestial, llévanos con bien a nuestros hogares y permite,
Señor, que descansemos, disfrutemos de este día de descanso que nos
has dado y podamos volver en esta noche a seguir escuchando
tu palabra y traer gloria y honra a tu nombre. Te pedimos estas
cosas en el nombre santo de Cristo Jesús. Amén.
El Cielo: La importancia de esta doctrina
Series El Cielo
| Sermon ID | 322231523417778 |
| Duration | 52:29 |
| Date | |
| Category | Sunday - AM |
| Bible Text | Philippians 3:20 |
| Language | Spanish |
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