00:00
00:00
00:01
Transcript
1/0
Buenos días, hermanos. Espero
que se estén gozando. Ya estamos llegando al final
de esta serie de emociones que destruyen. Y no es que no haya
más, que no se puedan ver, pero usted puede aplicarlas a su vida
en manera general. Hay muchas cosas, muchos aspectos
que usted puede estudiarla, pero yo sé que es difícil, ¿verdad?
Hoy día vamos a hablar de algo del que todo el mundo es culpable. No hay nadie que se libre de
esta emoción que en su debido momento usted lo va a ver. Vamos
a recordar un poquito nuestro pasaje de Tito porque nos habla
a nosotros de tres aspectos que tú y yo tenemos que trabajar
continuamente, de andar en la verdad. Es una trilogía cristiana,
¿verdad? Tenemos que andar sobriamente,
tenemos que andar piadosamente en este siglo y justamente en
este siglo se refiere al tiempo que nosotros estamos viviendo
y creo que siempre es apropiado la palabra ciclo porque tiene
dos connotaciones el tiempo que vivimos el tiempo que estamos
y porque no vamos a pasar el ciclo es muy raro no que pasemos
los cien años y eso es lo que el señor nos manda ese es el
caminar de su iglesia una iglesia siempre militante entonces dice
que la gracia de dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres
no todos son salvos Pero se manifiesta y se espera que aquellos que
hemos recibido la gracia de Dios, esa gracia nos ha enseñado a
nosotros que tenemos que renunciar a la impiedad. El creyente no
puede gozarse en la injusticia, la impiedad de los hombres. También
nos dice a los deseos mundanos. Hay deseos mundanos, no vamos
a negarlos, tenemos que tener los pies en tierra. El creyente
es el que mejor entiende la vida del incrédulo. Y entendemos nuestra
propia vida porque tenemos deseos mundanos, tenemos deseos pecaminosos.
Si lo negamos estamos yendo en contra de aquello que se llamaba
una secta del maniqueísmo. Y ciertamente el creyente tiene
que bregar con el mal que todavía está en él. O sea, la salvación
presente nos libra del poder del pecado día tras día. Cuando
primero recibimos al Señor Jesús, somos librados de la pena del
pecado, de esa esclavitud de pecar. Día tras día somos librados
de ese poder del pecado y algún día cuando estemos con el Señor
o Él venga, vamos a ser librados de la presencia del pecado. No
va a haber más pecado cuando estemos en el cielo con el Señor.
Y eso trae otra cosa a colación. Por eso no podemos pensar en
un milenio donde vamos a estar aquí con gente no redimida. Y
al final va a haber un gran holocausto y van a estar los creyentes,
los santos, o sea que siempre la verdad trae consecuencias.
No es que el pastor crea o las iglesias, hay gente que tiene
su verdad y practica esa verdad y la defiende, pero cuán consecuente
es con todas las cosas, otras doctrinas que creemos. Entonces,
si en el milenio tuyo vamos a estar con un cuerpo transformado, pero
todavía va a haber una gran rebelión y vamos a estar con hijos impíos
que van a nacer aquí, y Sataná va a ser echado al final del
milenio, yo me pongo a pensar, hello, ¿cómo ya? Yo si estoy
glorificado y vengo acá a la Tierra, todavía voy a reinar
mil años con la presencia del diablo. Entonces, son cuestiones
que nos hacen pensar y por qué uno ha llegado a ciertas conclusiones
escatológicas. Al mismo tiempo nos enseña de
que, por supuesto, estamos viviendo los últimos tiempos. Cristo inaugura
los últimos tiempos. Pero eso no quiere decir que
el creyente descuide su andar con el Señor. O sea, estos deseos
mundanos vivamos en este siglo. Por supuesto, cuando Pablo escribió
esto fue al principio de la era cristiana, o sea, en el siglo
I después de Cristo, y estamos en el siglo XXI. Sin embargo,
no ha perdido su valor. ¿Por qué? Porque es para nosotros
gente que estamos viviendo en este siglo y en este siglo tú
y yo tenemos que vivir cada día más ecuánimemente. Eso es lo
que quiere decir sobrio, ecuánimo. Por eso se contrasta la llenura
del espíritu con el vino, con los que se embriagan. El que
se embriaga está controlado por el alcohol. Tú sabes cuando una
persona está controlada por el alcohol porque su manera de pensar,
su manera de hablar y su manera de andar lo descubren. Cuando
tú estás lleno del espíritu, tu manera de hablar, tu manera
de pensar y tu manera de caminar te delata para bien. Entonces
tenemos que vivir en este siglo sobria, justa y piadosamente. Y mira cómo está relacionado
con la escatología, aguardando la esperanza bienaventurada.
y la gran parousia del Señor, la manifestación gloriosa de
nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo. Y en este solo versículo
hay tanto para enseñar en cuanto a la escatología, no hay nada
secreto, porque la parousia es la gran manifestación del Señor
para aquellos que viven sobria, justa y piadosamente, e ira y
enojo contra aquellos que hacen el mal. quien cedió a sí mismo
por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar
para sí un pueblo propio celoso de buenas obras. Y esto es lo
que el Señor nos manda, a que nosotros exhortemos continuamente
al pueblo de Dios. Tú y yo estamos en esa obligación
de vivir sobreajusta y piadosamente. ¿Ya sabemos lo que es justo?
Fíjese qué interesante que la Escuela Dominical nos hablaba
de que no nos podemos gozar en la injusticia, que es la mentira,
el engaño, el error. Entonces, el creyente es justo,
trata de vivir una vida justa. Por eso a los creyentes del Antiguo
Testamento se les decía a Noel justo, a Abraham justo, que eran
santos varones de Dios justificados por la gracia de Dios y que andaban
en un andar justo. No que fueran perfectos, porque
sabemos muchas cosas, gracias a Dios por el Antiguo Testamento.
Porque vemos algunos requebrajamientos y cositas que no estaban bien,
que nosotros podríamos juzgar de que no eran del todo santos,
pues es que eran carne igual que nosotros. Por eso tú y yo
no podemos juzgar, porque puede ser que la debilidad del hermano,
el hermano que caiga en alguna debilidad, es porque tú seas
fuerte en esa área. pero adivina qué la debilidad
tuya puede ser que sea la fortaleza de él por lo tanto no podemos
juzgarnos ni gozarnos en la debilidad de los hermanos sino en la gracia
de dios quien es que nos fortalece dicho esto entonces pasamos a
nuestra menos mal que nadie aquí se parece a esa imagen pero ciertamente
a muchos nos ha salido humo por las orejas y creo que esto es
más de los varones No sé si la testosterona, la bilis tiene
algo que ver con nosotros, somos más volátiles, somos más propensos
a la ira y al enojo. Así que vamos a hablar ahora
de la ira, el enojo, la irritación. Esta ira, de este enojo, de esta
irritación, es la emoción que se siente cuando creemos que
nos tratan mal Sea algo personal o sea algo también que veamos
que trata mal a un familiar nuestro. Alguien cercano a nosotros, ¿nos
da qué cosa? Coraje, nos da ira. Vamos a emplear
la ira, el enojo, pero todos no estamos libres de la irritación.
La irritación conduce al enojo porque ya hemos aprendido eso.
O sea, no hay quien no se irrite. Pero hay causas que friccionan
en nosotros que nos llevan al enojo y a la ira. Entonces vamos
a tratar por las últimas semanas, yo diría dos o tres sermones
que tienen que ver con algo muy particular en mi caso y en el
caso suyo, en que somos personas foforitos, irascibles, que de
todo nos enojamos, las quejas ocultas, y también voy a hablar
para aquellos que son como manza paloma pero su enojo es violento
en el silencio. A veces no nos damos cuenta que
el silencio de alguna gente es tan agresivo como las palabras
que se dicen o las manifestaciones de lo que algunos llaman, por
ejemplo, diátesis explosiva. ¿Sabe lo que es una diátesis
explosiva? Cuando te da y de repente... Te sale el ogro ahí,
el monstruo. Esa es una diátesis explosiva.
Mi querida madre, que seguro va a escuchar esto, le encantaba
eso, por ejemplo. De vez en cuando la llevábamos
al colmo. ¿Ustedes saben cómo son los hijos,
no? ¿Saben cómo son? Una más, la segunda vez, perdóname
mami, pero ahí seguíamos llevando. Pero la mamá y el papá iban contando,
una va, una va. De repente, en lo que menos te
imaginaba, te caía la chancleta. ¿O nunca te dieron con chancleta?
Si naciste de los 50 para acá, te aseguro que te dieron con
chancleta, con varita, con chicote, con lo que tú quieras, con la
mano, con la vara. Y hay una mata especialmente
de retama, algo así, de sauce, que los pelados, y ¡pácate! Te
hacía picar y brincar y saltar en el aire, pero qué bien te
portaba después. Oremos. Gracias Señor que podemos
dedicar este tiempo para ti. y que tú mejor que nadie sabes
lo que hay en nuestro corazón, en nuestro temperamento. Apártanos
del enojo y de la ira que te pertenecen sólo a ti. Ayúdanos
a tratar bien a nuestro prójimo y, Señor, sabemos y entendemos
que muchas veces nuestro enojo y nuestra ira es para nuestros
seres queridos, los que están cercanos. Muy rara vez dirigimos
este enojo a aquellos que son desconocidos. Y por ello te pedimos
perdón. Ayúdanos, Señor, a también como
iglesia tratar a nuestros hermanos siempre en amor, en compasión
y misericordia. Como tú has tenido a bien perdonarnos. Y por eso te alabamos, Señor,
que tú eres un Dios de amor, de paz, de mansedumbre. Y tú
quieres que seamos como tú. Y en el nombre de Cristo oramos.
Amén. Muy bien, ya dimos la definición
en parte. Cualquier parecido es pura coincidencia.
Vamos a poner los versículos básicos en el Nuevo Testamento
y Antiguo Testamento para que lo tengamos presente y algo que
tenemos que repasar si por si acaso la ira se quiere apoderar
de nosotros o pensamos que no nos enojamos. Santiago nos escribe
en el capítulo 1, verso 19 al 20, por tanto, mis amados hermanos,
todo hombre, no dice alguno, todo hombre, y esto es general
para mujeres también, sea pronto para oír, tenemos dos orejas,
dos oídos, tardo para hablar, tardo para airarse, o sea que
es un mandato de Dios que nos manda a nosotros que debemos
ser tardos para irritarnos, para airarnos, para enojarnos, en
algunos lugares le llaman coraje. Pero coraje también tiene otra
connotación, de valor. Entonces por eso vamos a quedarnos
con el airarnos y irritarnos. Porque la ira del hombre, no
es ira de Dios, sino que la ira del hombre, el enojo del hombre,
no obra la justicia de Dios. Y recuerda que estamos puestos
en este siglo para vivir justamente. O sea que cada vez que tú y yo
la bilis se nos suba, nos pongamos verdes, negros en cuanto a la
ira y el enojo, se novió, se ofuscó. En Puerto Rico emplean
algo que es bien interesante, agayú. O sea que le salían las
agallas. El ser humano no tiene agallas,
pero en verdad el pez lucha por su vida y hace que las agallas
se abran y se le note. Entonces el tipo estaba agallado,
agallado, agallado. O sea, por decir que tenía una
ira y un coraje. no obra la justicia de Dios. Entonces tú y yo, en primer lugar,
como todas las cosas, no sólo que mi cuerpo es templo de Dios,
es que Dios me lo manda. Dios me dice, cada vez que tú
te vayas a enojar, que te vayas a irar, no es de Dios. Y no vas a obrar la justicia
de Dios. Entonces vamos a traer mal testimonio
a la obra de Dios. Y no es que no debemos hacerlo
por este, porque Dios me lo manda. Y Santiago siempre es una epístola
muy práctica. Santiago siempre te va a hablar
de la praxis, de lo que tú y yo como creyentes debemos poner
en práctica. De nada vale, por ejemplo, para Santiago, igual
que tú digas que tú crees en Dios, que tu fe en Dios es muy
grande, si lo que Santiago o el resto, lo que miramos, no va
de acuerdo a lo que tú dices. Lo que oímos no va de acuerdo
con lo que tú hablas. Y siempre es muy fácil hablar
bien de uno mismo. Pero las personas, no solamente,
igual los niños. Mira a los niños, mira a los
jóvenes, mira a mucha gente. Ellos se están fijando más en
lo que tú haces que en lo que tú hablas. Y que si lo que tú
hablas no va con lo que tú haces, te van a oír menos. Pero si lo
que tú hablas y lo haces, entonces ellos van a hacer lo mismo. Por
eso mis nietos están comiendo lo que ven a sus padres comer.
Sí, sí, porque el otro día mi hijo y yo, que nunca logré que
comiera arbrejita, estaba comiendo arbrejita para que sus hijos
aprendan a comer. ¿Ha visto al nieto del hermano
Duma y Teresa dirigiendo la música? O sea, él tiene dos añitos, un
año y medio, no sé cuánto, dos años, y entonces se pone porque
lo que él trata de hacer. Y los niños aprenden por imitación.
Entonces, si también crecemos en un hogar donde hay irritación,
donde hay gritos, donde hay pleitos, donde las cosas se controlan
por los decibeles. Los decibeles son el nivel del
sonido. Si esto estuviera muy alto, algunas personas estarían
incómodas. Si estuviera muy bajito, igual, porque no oímos. En generaciones
anteriores, nuestros padres empleaban mucho el método de los decibeles.
Pórtate bien, te he dicho que te sientes bien, etc. Y nosotros
insistíamos, porque es nuestra naturaleza pecaminosa. Pórtate
bien, date quietecito. Íbamos subiendo el volumen. Esa
es la disciplina del volumen, de lo decibel. ¡Muchacho, quédate
quieto ahí! Entonces ya... El muchacho entendía
que el primer decibel todavía podía ir al segundo. Y en el
tercero decía, ahora sí me estoy quieto. Entonces le enseñábamos
mal. Porque los niños entendían o
aprendían, ya llegué al nivel de resistencia. Entonces ellos
estaban bien enseñados de lo que tú mal le enseñabas. Y eso
es malcriar. Pero todos somos culpables de
eso, no es que piense usted que no. Igual va a ocurrir cuando
no tratamos bien nuestro temperamento, nuestro enojo y nuestra ira.
Así que Santiago nos enseña a nosotros que sí hay que ser sobres en
esto. El Salmo 37, que es la próxima cita, nos dice, Deja
la ira y desecha el enojo. No te excites en manera alguna
a hacerlo malo, porque los malignos serán destruidos, pero lo que
esperan en Jehová ellos heredarán la tierra. Ahora, le parece interesante
que el Señor Jesús dijo que bienaventurados eran los mansos porque ellos
heredarán la tierra. Entonces, el manso no es menso,
porque algunas personas entienden eso. El manso, y cuando habla
de Moisés como un hombre manso y humilde sobre toda la tierra,
es que la gente hizo muchas cosas para irarlo. Y en verdad se airó
una vez y por eso no entró a la tierra prometido, se cansó. Pero
en sí él no se tomaba las cosas a pecho en el sentido de que
lo enojaban, lo hacían salirse de sus cabales. Hay personas
que te provocan el enojo y la ira. Y el Señor nos manda también
a controlarnos en cuanto a esto. Así que cuando tratamos de la
ira y la indignación, esa ira no debe jamás explotar o llegar
a la indignación de manera tal que sea una diátesis explosiva. O que se guarde como el enojo
oculto. Porque es interesante que mucha
gente genera raíces de amargura porque aunque no expresa su enojo
en esa forma, en esa manera, no saca al aire, por eso es airarse,
no saca al aire, lo va guardando. Y entonces ocurren dos cosas,
o va a salirle después o ese enojo oculto lo lleva incluso
a que sea una maldición para su propia vida como raíces de
amargura. y de ahí viene. Entonces hay
un enojo oculto que también nosotros tenemos que librarlo. Cualquier
manera que presemos esta emoción negativa es pecado delante de
Dios y la Biblia tiene mucho que decirnos en cuanto a esto.
Ahora bien, ¿es siempre pecado enojarse o airarse? Porque, o
sea, si decimos nosotros, yo nunca me enojo, es algo que no
parecen. Bueno, yo estoy casado con mi
señora, este año van a ser 39 años, y déjenme decirle que quizá
le he visto enojada un par de veces. Y créanme que yo no soy
ningún santo para vivir, pero yo admiro su capacidad de ella,
a menos que sea un enojo oculto, de que no es ella de ese carácter,
y creo que muchos de ustedes que la conocen igual. Aunque
todos nosotros no somos a menos que seamos diabéticos. No somos
azúcar. Hay algunas personas que nos caen bien, otras que
no nos caen bien. Yo espero que le caiga bien a
todo el mundo, aunque no tiene que ser así. No es que agradamos
a los hombres, pero a veces hay caracteres como que no van. Entonces,
en este caso, por ejemplo, yo entiendo y muchas personas, estando
casados, pues entiendo que mi señora no es belicosa. El belicoso
soy yo. Y de eso no hay duda. Pero los
que no son belicosos son los que matan a los belicosos. Entonces,
¿quién es más belicoso? Y es bueno hablar de uno mismo
en ciertas cosas negativas porque igual entendemos, o sea, que
por ejemplo alguna persona diría, no, no, si el pastor nunca se
enoja, la gente diría, eso es mentira, porque el pastor da
la impresión de que, y su impresión es buena, de que se irrita fácilmente
o que puede perder la calma, no en público, Es sobrio en muchas
maneras, pero si yo le dijera, yo nunca me enojo. Hay cosas
que ya hermanos han aprendido. Bueno, el domingo en la mañana
o a lo que sea, trate de no dar malas noticias. A todo el mundo,
a nadie le gusta despertarse con malas noticias. Entonces
imagínese usted, ah, bueno, que el pastor va a predicar o enseñar
y ahí recibe una mala noticia, no es sabio. déjelo para después. O sea, si usted se muere, que
otro que va a anunciarlo, sea después, aunque va a estar mejor
porque está con el señor. Pero para ponerle algo trágico,
¿no?, lo que es la idea. Entonces, es siempre pecado enojarse
o airarse, depende a donde conduzca. La ira es pecado cuando se expresa
de manera que hiere a otros o a uno mismo. Por lo general, la ira
te hiere a ti mismo, porque tú sabes, caramba, ¿no?, debí decir
eso. no debí manifestarlo en cuanto a eso. Por ejemplo, nadie
desconoce los huaicos y aluviones, como le llaman, o eslaves, que
están ocurriendo por mucha lluvia en Perú, que es un país que en
la costa no llueve tanto, porque la corriente del mar es fría.
Entonces aquí llueve porque el mar al calentarse, usted no ha
visto qué caliente es el mar cuando va en el verano, se evapora
el agua y entonces llueve porque el agua se condensa en la altura
y después baja. El mar frío peruano no puede
evaporarse si está frío. Pero cuando el niño baja, que
es la corriente del niño, que usualmente le llaman del niño
porque de diciembre el mar se calienta, y el mar está caliente
hasta la altura de más allá de Tumbes, Piura, Chiclayo, esos
lugares, y se ve el calor aún reflejado en la atmósfera, ahora
gracias a la ciencia lo podemos ver, el mar está sumamente caliente. Entonces, ¿qué quiere decir?
Que el agua se evapora y va a caer y cuando comienza a caer mucha
agua y no hay infraestructura o la infraestructura no está
preparada para la lluvia es lo que encontramos aunque mucho
de este fenómeno es que los aluviones, los huaicos es porque está lloviendo
mucho en la sierra y entonces hay un fenómeno en las cordilleras
que hay ríos que van a la costa seca del litoral peruano y están
viniendo con todo los cerros se caen, etcétera. Y se lleva
todo lo que hay de encuentro porque no hay nada contra el
agua. Y no es que estoy hablando solamente de cañadas, ríos. Está
yendo por pistas y por carreteras porque el agua busca simplemente
el lugar más fácil de salir. Y gente pone, pues graba, ¿no?
Pero yo no sé en qué les ayuda decir malas palabras, porque
el enojarse y decir malas palabras van O sea, desfogan su ira con
esas malas palabras. No se ha dado cuenta usted mismo,
yo mismo, o en la vida vieja espero que no sea, las palabras
maldicientes la gente no las dice cuando la gente está bien,
cuando está calmado, sereno. Cuando la gente se enoja y se
aira es cuando comienza a salir por su boca flores, sapos y culebras. Los muñequitos nos ayudaban mucho,
¿no? Cuando yo era niño y decía, ¿por qué le saldrá Culebrita?
¿Por qué pondrán...? ¿Se daba cuenta usted que salían
Culebrita? ¡Zapo! ¿Qué culpa tendrán los
zapos y las culebras? Pero es que simbolizaban, ¿qué?
Malas palabras. Y a un usted le pasa algo malo,
¿no? Con el martillo, lo que sea... ¡Ay! Cuidado, Culebrita. Zapito, gracias. Y muchas veces,
a veces tiene que ver con la edad, porque a veces uno escucha
a personas mayores que ya o están acostumbradas o les comienzan
a salir sus malas palabras. Y es que lo ha grabado tanto
tiempo. Recuerdo haber ido a una familia y la nieta, era la bisnieta,
que estaba cuidando a su bisabuela, imagínense, había llegado ahí,
qué bonito, ¿no? Y ya la bisabuela no estaba ahí, o sea, su mente
estaba en otra parte. Pero todo lo que la viejita recordaba
eran malas palabras. Entonces conmigo el pastor decía,
pastor, recuerde que va... No, no se preocupe, yo soy un
ser humano como cualquier otro. O sea, si yo no hubiera dicho
alguna mala palabra, usted a lo mejor piensa, no, el pastor nunca
va a decir una mala palabra. ¿Por qué no? Si somos humanos. ¿Usted nunca ha dicho una mala
palabra? A ver, déjeme mirarlo. No, se ríe de las muchas que
ha dicho. Y yo pienso que esto como que es más para darle un
respiro a las mujeres. es que más como que lo salen
los seres humanos varones se da cuenta que hay algunas cosas
en las mujeres que se ve grotesco por ejemplo para mí oír a una
mujer hablar malas palabras es como algo muy grotesco porque
como es el símbolo de belleza son bonitas ¿no? sale algo inmundo
por su boca o verla fumar o ver una mujer borracha por la calle
¿verdad? como que se ve medio... no, hoy
en día no es así cuando tú no encuentras una persona sobria,
no importa la edad, ecuánime, hay algo que se dispara en nosotros,
hay algo que anda mal. Entonces el creyente, nosotros
por eso tenemos que tener una vida ecuánime. No es que no dijiste
malas palabras, no es que tú eres un santo que no hace, pero
que estas cosas no se manifiestan en nosotros, no nos controlan. No es que no te irrites, ni te
enojes, pero te controla. El Espíritu de Dios te controla.
Nos da armas, nos da maneras y costumbres y hábitos para que
nosotros no nos airemos. Así que en el siguiente pasaje
van a demostrarnos por qué palabras y hechos de ira son pecado. Vamos entonces con Proverbios
22, el versículo 24. No te entremetas con el iracundo
ni te acompañes con el hombre de enojos. No sea que aprendas
sus maneras y tomes lazo para tu alma. ¿Recuerdan lo que tú
ves, haces? Dime con quién andas y te diré
quién eres. Entonces, si tú andas con gangas y andas con gente
de mal, andas con gente que se enoja todo el tiempo, andas con
gente que es quejumbrosa todo el tiempo, si andas con gente
malapalabrosa todo el tiempo, ¿qué vas a aprender? Proverbios,
que nos ayuda con nuestro trato, nos dice, claramente nos dice,
no te entremetas con el iracundo, ni te acompañes con el hombre
de enojos. No seas que aprendas sus maneras
y tomes lazo para tu alma. Y luego tenemos el capítulo 29
de Proverbios, que también nos dice en el versículo 11 y el
verso 22. El necio da rienda suelta a toda
su ira, mas el sabio al fin la sociedad. O sea, no es que el
sabio no sea ira, pero se controla, controla esa ira. Y luego nos
dice el versículo 22, el hombre iracundo levanta contienda. Y el furioso muchas veces peca. El furioso. O sea que la ira
del hombre no obra la justicia de Dios como dice Santiago. Entonces
los que somos más iracundos o somos más belicosos tenemos que pedir
mucha ayuda y auxilio del Señor. Nota ahora lo que dice Mateo
5.22 y está hablando aquí también
de las bienaventuranzas al final del sermón del monte y dice pero
yo digo que cualquiera que se enoje contra su hermano será
culpable de juicio y cualquiera que diga necio su hermano será
culpable ante el concilio y cualquiera que le diga fatuo quedará expuesto
al infierno de fuego sea que vez tras vez se nos dice que
nuestras palabras no pueden ser hirientes ni ofensivas contra
nuestro hermano Y acá está hablando no solo a la iglesia, sino a
cualquier persona. ¿verdad? El judío siempre se
trataban entre hermanos, entre ellos. Pero ciertamente por eso
habla de aquellos que aún daban su ofrenda y te acuerdas que
tu hermano tiene algo contra ti. Y usualmente pensamos, bueno,
si ese fue el que midió, entendió, es él el que debe venir. No,
no. Si tú crees que hay algo que otro hermano tiene contra
ti, si ese hermano pecó o te faltó, eres tú el que debes ir
para que el enojo no se acumule, para que el malentendido no se
acumule. Pero tú ves, las palabras ofensivas
tenemos que tener cuidado con ellas. ¿Cómo le decimos? Tenemos
tanto que aprender cuando podemos alentar a las personas. Pero
crecimos con mucha crítica. Eres un idiota, tú no sirves
para nada. ¿Cuándo harás las cosas bien como las hace tu hermano
o tu hermana? Mira al otro amiguito tuyo. Las
comparaciones que Corintio nos condena a hacer siempre serán
malas, nunca buenas. No podemos comparar a la gente
comparándose a sí mismo, nunca serás sabio. Y por eso dice,
si te enojas, serás culpable de juicio. Cualquiera que diga
necio a su hermano será culpable ante el concilio y cualquiera
que le diga fatui. Si tú miras otras versiones,
los han puesto con palabras más modernas, idiota, imbécil, términos,
muchos de ellos que son psiquiátricos. médicos. Y nos queda Efesios
capítulo 4. Este es uno de mis favoritos
cuando yo leía Efesios. Para mí fue una apuñalada en
mi boca, una apuñalada en mi cerebro y en todas mis cosas
como habíamos sido nosotros criados, como uno mira el ambiente de
la gente con tantas malas palabras. Dice el versículo 29, lo voy
a leer desde el 29 hasta el final de Efesios 4. Ninguna palabra
corrompida salga de vuestra boca. sino la que sea buena para la
necesaria edificación a fin de dar gracia a los oyentes. Ningún
lenguaje crapular es otra manera muy educada de decirlo. Y tú
ves, nosotros los hispanos somos conocidos por tener palabras
o frases que son continuamente hirientes. Son malas palabras. Y no necesariamente a veces tienen
que ser una palabra corrompida. Por ejemplo, aquí nos gusta repetir
muchas cosas como que ya nos hemos americanizado o decir ¡Oh
my God! Y esa continua repetición no
es buena. porque simplemente es repetitiva
de hacer uso vano del nombre de dios y no solamente el uso
vano del nombre de dios sino que al ser repetitivo aún usar
el nombre de jesús porque hay gente que a lo mejor quiere bendecir
a cada rato a cada momento a cada rato te están diciendo el señor
jesús tal o el señor jesús cualquier cosa tenemos que tener cuidado
Proverbios nos advierte también en cuanto a esto, que nuestro
hablar sea así o no. Bueno, Nuevo Testamento, pero
Proverbios nos dice, el que bendice de temprano como maldición se
le contará. Ahora, yo no estoy diciendo que
uno no tiene que bendecir, uno ora y va a sus hijos, uno bendice
a sus hijos todo el tiempo, pero muchas veces a continua repetición. O a veces lo decimos cuando alguien
se porta mal o no está haciendo bien las cosas, que el Señor
te bendiga. ¿A qué suena eso? A maldición. Que Él te castigue. Es indirectamente una maldición
cristiana. Decimos la palabra corrompida.
pero empleamos palabras buenas que se convierten en corruptas
porque el deseo y la intención es decirle necio fatu a esa persona. Nos convertimos como Juan en
sus comienzos, el apóstol, decir, Señor, ¿quieres que llueva fuego
del cielo y que los acabe? Queremos obrar nuestra justicia.
Y el Señor dice, ustedes no saben de qué espíritus son. Y esa es
una actitud tan mala y pecaminosa nuestra. El deseo de vengarnos,
el deseo de hacer justicia, entre comillas, justicia, revancha,
muchas veces simplemente son nuestros deseos pecaminosos. Y no contristeis al Espíritu
Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención.
Quítense de vosotros toda amargura. enojo, ira, gritería y maledicencia
y toda malicia. O sea que no sólo nuestra lengua
sino que nuestra conducta hay que quitar de nosotros esa amargura.
Enojo, ira, gritería y maledicencia y toda malicia. Antes sed benignos
unos con otros, misericordiosos perdonando unos a otros como
Dios también os perdonó a vosotros en Cristo. Y esto es clave. Él te perdonó tu gritería, tus
malas palabras, tu maledicencia, toda tu amargura, tu enojo, las
cosas que dijiste contra Dios, aunque no sean malas palabras,
tus blasfemias, tus maldiciones, Él nos las perdonó a nosotros
en Cristo. Y por eso tú y yo tenemos que perdonar. Porque
si no perdonamos, guardamos un enojo oculto. Y tarde o temprano
nos alcanzará. Cuando tú y yo no resolvemos
un problema, tarde o temprano vendrá. Tenlo por seguro. Así como las aguas se van a acumular
allí y va a venir un aluvión, por eso la diátesis explosiva,
las cosas que no se arreglan o no se hablan, tarde o temprano
vendrán a ti. No se enojen. Aunque la actitud
del chavo del ocho, y me alegra porque el domingo anterior muchos
me dijeron, ¿yo había oído esa palabra cochambroso? Esa palabra
cochambrosa la oí la primera vez el Chavo del Ocho, una palabra
mexicana. Así que bueno, me alegro de que
algunos relacionaron la palabra cochambroso, malicia, con lo
que vieron en la televisión. A veces hay algo de bueno. Quítense
de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería. ¿Somos gritones? ¿Decimos malas palabras? Hay
mucho de qué arrepentirnos. Antes de un bien tenemos que
desear el bien a todas las demás personas. Así que cada vez que
nos enojemos, ya sabes, estamos yendo rumbo al pecado. No hay
manera de excusarnos. Porque la ira del hombre no obra
qué cosa. Muy bien. Pero vamos a aclarar algo. No
los voy a enojar por el hambre, porque hay algunos que al hambre
los enoja. Los pone de mal humor. Yo pasé
por esa etapa. No, miren para allá. Pero es
verdad. Yo por lo menos he pasado por
esa etapa también. Aunque hay cualquier cosa uno
se enoja. Qué rico es enojarse también, déjenme decir que. Dejen
que uno explote de vez en cuando. Estoy viendo su reacción. En
realidad, solo Dios tiene ira justa. Porque muchas veces tú
puedes justificar, auto-justificar tu ira, diciendo, es que me dio
razón, me dio motivo. Sobre todo cuando te enojas con
alguien fuera ahí en la calle. O vemos una injusticia y entonces
dicen, estoy que hiervo de la indignación porque mira las cosas
que me ocurren. Y en realidad no es justo. Ninguna ira nuestra es justa.
Podemos tratar de excusarnos, pero no es justo. El único que
puede tener una ira justa es Dios. Y le voy a explicar los
motivos como lo ven ahí. La ira que se produce cuando
alguien es tratado injustamente se le llama justa ira o ira justa. O sea que muchas veces tú puedes
ver a un familiar tuyo que lo tratan mal y entonces ¿qué? Te
enojas. Muchas veces le llamamos a esto una ira Pero es interesante
que no es así, porque de todas maneras es un enojo que te puede
llevar a hacer una, ¿qué? Acción mal. Por ejemplo, no vivimos
en la ley de la selva, de Macondo, en que si, por ejemplo, alguien
te mata a un familiar, entonces sería justo, tú te enojas, vas
y con otro revolver, un shotgun, una ametralladora, vas y lo matas.
Suena justo, pero estás contra la ley. Pongo el caso extremo
y usted lo puede poner en las cosas que usted quiera más suavemente. Entonces esa justa ira no existe.
Y en relación, porque me llamó la atención la Real Academia
de la Lengua Española, que cuando habla de la ira de Dios, en relación
a Dios, define esta ira cuando se teme que produzca sus malos
efectos contra nosotros. Y lo único que puede pensar en
cuanto a esto es cuando un padre se enoja con su hijo porque no
le obedece. Y eso hemos sido todos. O sea,
muchas veces uno le está advirtiendo a sus niños, sean más chiquitos.
Cuando ya son más grandes, no, ya da vergüenza. Pero cuando
son pequeños que no pueden medir el peligro, entonces tú te enojas
porque tú sabes que si el niño insiste en la escalera se va
a caer y se va a romper algo. Entonces te enojas porque algo
malo le va a pasar. Las consecuencias de su desobediencia
van a ser contra él. Ese niño o la niña. Entonces
muchos padres a veces se les ha dicho, aunque lo hemos hecho
nosotros, de que te enojas con tu hijo y no debes castigarlo
en tu enojo, pero es a causa de esto, de que su desobediencia
le va a causar daño a él, las consecuencias que vienen. Entonces,
es verdad que no debemos castigar a nuestros hijos con enojo o
violencia para satisfacer nuestro enojo o violencia, pero muchas
veces es causado porque la desobediencia de ese hijo, de esa hija, van
a ver sus efectos en ellos mismos, vamos a ver sus efectos en ellos
mismos. ¿No le parece interesante? Entonces cuando vemos, solo Dios
puede tener esa ira justa. Mucha gente toma el ejemplo de
Jesús, pero para el lado malo. Cuando él entra en el templo
y saca a los cambistas y toda la gente que habían hecho un
negocio de la casa de Dios. Y es verdad, la gente sigue haciendo
un negocio de la religión. Y el Señor se enoja contra ese
negocio, pero porque los efectos negativos van contra ellos mismos.
¿No estaban en el camino de Dios? ¿No estaban haciendo la voluntad
de Dios? Empezó con una buena acción. Porque qué conveniente,
¿verdad? Es que la práctica, podemos cambiar
algunas prácticas para ayudar a la gente a que adore mejor
a Dios. Entonces, claro, la gente separaba sus ovejas, separaba
muchas cosas, pero era un viaje de 180, 200 kilómetros, unas
100, 140, 120 millas de ir a pie. Entonces traías esa ovejita,
ese corderito, ese becerro y muchas veces se moría. ¿No te parece
que era mucho más ingenioso? Lo vendo allá, con esa plata
voy y compro en Jerusalén y ofrezco mi sacrificio. Era una buena
intención. Pero como todas las cosas comienzan
a qué? A desvirtuarse. Y muchos de los problemas que
encontramos en las organizaciones es por la economía. No nos damos
cuenta de que después nos alejamos de la correcta adoración a Dios. Y el Señor vio que su templo
había sido hecho una cueva de ladrones. Hoy día no hay más
templo. Pero recuerda cómo ponemos de
que el fuego en nuestras cabezas simbolizaba de que ahora Dios
mora en nosotros, de que Él vive en mí. Yo soy su templo, yo soy
el mensajero, yo donde quiera que voy llevo el mensaje de Dios. Tengo acá escrito en mi frente,
santidad a Jehová, que mi manera sobria, ecuánime, justa de vivir,
yo estoy proclamando a quien creo, de quien soy. ¿Y por qué
me aparto de estas cosas? No es para agradar al pastor,
a la iglesia, a mis padres. Es bueno. Todas esas cosas están
para ayudarnos a practicar la fe, andar en la fe. Pero primero
es mi obediencia a Dios. Entonces, cuando el Señor Jesús
viene y dice, yo soy el cumplimiento de este templo. Y ve, escribas
y fariseo, que cómo se oponían a esta verdad de Dios, porque
al final se opusieron a esta verdad de Dios. El Señor entonces
sacó a toda esta gente, volcó las mesas y dijo, ustedes la
han hecho cueva de ladrones. Cuando tú miras, muchas cosas
mueve la economía. Cuando tú ves muchas cosas, se
va la gente por el dinero. Donde tú ves dinero, el apóstol
Pablo tuvo razón, el amor al dinero es la raíz. de todos los
males. Pero el segundo caso es todavía
mucho más interesante, es Marcos y es el hombre que tiene una
mano seca y es la mano derecha. Marcos capítulo 3 versículo del
1 al 6. Y Marcos es sumamente práctico
él ahorra muchas cosas en este evangelio sinóptico y por eso
el título dice aquí en nuestra versión 60 el hombre de la mano
seca otra vez entró Jesús en la sinagoga recuerda que este
no es el templo es la sinagoga donde ellos aprendieron y leían
la escritura y esto fue a causa del exilio babilónico la sinagoga
surgieron por eso y había allí un hombre que tenía seca una
mano y le acechaban para ver si en el día de reposo le sanaría
a fin de poder acusarle. Entonces dijo al hombre que tenía
la mano seca, levántate y ponte en medio. O sea, las desgracias,
lo que ocurre en el organismo de una persona. Por ejemplo,
déjeme ponerlo de esta forma, a ver si me explico y me entiendo.
Muchas veces se trata como homofobia porque vemos a alguien que no
actúa normalmente. Si yo veo a un hombre o a una
mujer que actúan uno afeminado y el otro masculinizado, me llama
la atención, pero eso no me hace homofóbico. Porque el mismo sentimiento
ocurre cuando veo a alguien con un síndrome 21, trisomía 21,
o sea, un mongoloide. Nos llama la atención siempre
una persona que no reúne ciertos requisitos de normalidad. Si ves a alguien caminando por
la calle y tiene tres ojos, no me digas que no lo vas a ver.
O con un ojo. Siempre nos llama la atención.
Pero no sé por qué siempre pensamos que es para mal. O es en contra. Es que no es normal. O si a alguien le falta una oreja.
O si a alguien le falta un dedo. Pero lo podemos cubrir. Por ejemplo,
hay mucha gente, tú lees la Biblia, que todavía en el día de hoy
existe, cuando lees la Biblia en el Antiguo Testamento y mencionan
a familia, pero esta gente de ahoy sus familiares no sólo eran
grandes, tenían seis dedos en cada extremidad. Hay gente que
nace con seis dedos, pero porque nazca con más nos decimos ¡Uy,
qué bueno! Nos llama la atención y dice,
bueno, es que debe tener cinco. Igual si le falta uno. No es
que estamos viendo algo malo porque es malo o siendo homofóbico,
es que nos llama la atención algo que no es regular. Y por
supuesto tenemos que entender nosotros las cosas, que este
mundo es un mundo caído y que por lo tanto no es perfecto. Póngase a pensar. Yo creo que
ahora la práctica sería, ¿te imaginas este hombre con la mano
seca si es diestro la derecha, si es zurdo la izquierda? Piense
usted que no había la tecnología que hoy en día hay, y todavía
sigue siendo un problema que tú no tengas uno de tus miembros. Porque aunque estamos acostumbrados
a nuestros brazos, a nuestras piernas, a nuestros dedos, cuando
esto nos falta nos damos cuenta cuán importantes son. Y hay gente
que por enfermedad, por la guerra, pierde algunas de sus extremidades.
y vemos a alguien nos llama la atención porque es normal nos
da pena cuando vemos a alguien con un miembro amputado por cualquier
razón que sea pero está vivo y no es que le falte un pedazo
de alma porque su persona está aquí y lo mismo ocurre con cualquier
parte de nuestro cuerpo hay mujeres que pierden su femineidad por
causa de un cáncer a las mamás No, dejan de ser mujeres. O lo
mismo un hombre que por causa de una enfermedad, de un accidente,
pierden partes íntimas. No, dejan de ser hombres. Eso
es mi relación con Dios. O por supuesto que hay ciertas
cosas que tenemos que aprender, pero eso es en relación a nosotros,
gente madura. Lo mismo ocurría cuando, por
ejemplo, vemos a alguien con la mano seca y solo podía vivir
de la ganadería o de la agricultura. ¿Cómo ese hombre podía vivir?
Sin ir muy lejos, en la época de la colonización o cuando la
gente trabajaba en el campo o en sus casas, si el hombre perdía
uno de sus brazos, se inmovilizaba o lo perdía, o una pierna, ya
era inútil, no podía ganarse la vida. Por eso surgen las incapacidades. ¿Cómo podía mantener un hombre
en su familia si perdía un brazo en aquellos días? Imagínate ahora
la tragedia que puede ser para un joven no tener una mano para
textear. Y tú ves la facilidad con la rapidez que textean. Si
perdieran los pulgares, yo diría, wow, qué problema. Pero eso es
algo superable porque no es debido a muerte. Y tú ves el Señor llama
aquí la atención y la gente no le importaba nada a este hombre
seco porque, bueno, estaba acostumbrado a vivir así. Pobrecito, fue víctima
de la circunstancia. La gente, los fariseos escriban
Más bien acechaban a Jesús para ver si en el día de reposo le
sanaría. Porque supuestamente para ellos,
si su religión, el sábado, el Shabbat, el día de reposo, ellos
no debían hacer nada, ni aún ser sanados. Y el Señor todavía
lo pone en medio para que todo el mundo lo vea. Y le dio el
lícito en los días de reposo hacer bien o hacer mal, salvar
la vida o quitarla. Pero ellos se quedaban, ¿qué?
Callados. ¿Cuál es el problema aquí, si
el Señor es mismo el día de reposo? ¿Cómo es que tú puedes decir
que puedes hacer unas cosas en tal día, otras no en tal otro
día? No, por ejemplo, los puritanos
en un comienzo y todavía hoy algunos pastores reformados parecieran
que quisieran guardar el día domingo. Y claro, no debemos
tratar ligeramente ni el sábado en la noche ni el domingo, pero
no es una religión. No es que tienes que guardarlo
exclusivamente, sobre todo si no es un acto de misericordia. Entonces, mirándolos alrededor
con enojo, se hace enojó, entristecido por la dureza de sus corazones,
dijo al hombre, extiende tu mano. Y él la extendió y la mano le
fue restaurada sana. ¿Se acuerdan la clase de escuela
dominical cuando dice que no se goza de la injusticia, sino
se goza de qué? Mira lo que hicieron esta gente.
Salido los fariseos, tomaron consejo con los herodianos contra
él para destruirle. En lugar de alegrarse que ese
hombre de la mano seca había sido sanado, aunque sea en contra
de lo que ellos pensaban o creían. Dime tú si no era causa de enojarse.
Porque los resultados que estaban ellos viendo, el Dios de toda
la creación lo que estaba viendo es que esa causa le producía
el daño a ellos. Estaba causando, mostrando la
evidencia de la injusticia de sus corazones y al final serían
destruidos por eso. La ira siempre te destruirá.
Por eso Caín se levantó y mató a su hermano enojado. La ira
siempre causará daño a otro, como a ti mismo. Y por eso la
Escritura nos manda de que sí, tenemos que distinguir, pero
no hay nada de justo en nuestra ira. Sólo Dios sabía que esas
cosas le producían daño al prójimo. Sabía que los fariseos no usaban
el día de reposo para adorar a Dios ni servir al prójimo.
Sólo querían verlo caer en la trampa para poder acusarlo. No le interesaba el sufrimiento
del hombre para nada. Así pues, él, el Señor, mostró
una justa ira hacia ellos. Y la mayor parte de las veces
la ira del hombre no es justa. La ira justa es cuando vemos
los resultados negativos en otra persona como consecuencia de
su pecado o su maldad. Pero sólo Dios puede ver eso.
mientras tanto nosotros no. Vamos a recordar Efesios ahora,
capítulo 4 del versículo 31 que con eso vamos a hacer nuestra
aplicación. Quítense de vosotros toda amargura,
enojo, ira, gritería y maledicencia y toda malicia. No es pecado
siempre enojarse o airarse, la mayoría de las veces lo es. El
Señor nos dice que la ira del hombre no obra a la justicia
de Dios. Y no nos excusemos tras una ira justa, porque Dios es
el único que puede tener esa clase de ira. Nosotros siempre
pecaremos. Que el Señor nos ayude y nos
bendiga. Esta semana espero que se enojen poco. Poco menos. A ver, miren. No se enojen. Bueno,
pero no se enojen. Cerremos nuestros ojos para hablar.
Gracias, Señor, que tú nos has tratado con justicia, sino con
misericordia. Y simplemente tus actos de ira
es porque ves que ese mal que viene sobre nosotros puede ser
evitado. Si te obedeciéramos. Si no, el
pecado está a la puerta, como le advertiste Sacaín. Ayúdanos
a obrar tu mansedumbre. Que tú vas con los pacificadores.
y no son aquellos que salen a protestar a las calles, sino aquellos que
en su mente y en sus corazones han hecho paz contigo, han hecho
un shalom contigo, nos hemos amistado contigo. Señora, estamos
aprendiendo a través de estas emociones destructivas a que
tenemos que vivir en este siglo sobriamente, justamente, piadosamente. Y nada de esas cosas están en
nosotros. Siempre queremos andar en excesos. Nuestra vida es una
vida de impiedad, pero es gracias a Tu Espíritu que ha venido a
nosotros, que nos da la sobriedad. Ayúdanos a adornar Tu doctrina,
a mostrarle a las personas que en verdad Tú has hecho un cambio
en nosotros. Controla nuestros labios, nuestras palabras que
salen. Que aun lo que digamos, podamos
siempre ser ayudadores en cooperar a la sana edificación de tu pueblo.
Ayúdanos, oh Dios. Pedimos perdón por nuestras irritaciones,
nuestras indignaciones, nuestras ofensas contra nuestros hijos,
nuestros cónyuges, nuestros familiares. Si en algo le hemos ofendido,
oramos que tú nos ayudes a pedirles perdón, a cambiar nuestra actitud,
nuestra conducta, amarnos los unos a los otros con benignidad,
a desearnos el bien. Por amor de Jesucristo oramos
en esta mañana y el resto del tiempo tú sabes de qué tienes
que pedir perdón a tu Dios.
Emociones que destruyen: Ira, enojo I
Series Emociones que destruyen
| Sermon ID | 320171331523 |
| Duration | 53:05 |
| Date | |
| Category | Sunday Service |
| Language | Spanish |
Documents
Add a Comment
Comments
No Comments
© Copyright
2026 SermonAudio.