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nuevamente y vamos a hacerlo
por el capítulo 18. Con la ayuda de Dios vamos a
considerar algunas cosas que pueden desprenderse de este capítulo. Voy a leer los versículos del
1 al 4. Aquí se plantea la cuestión el
corazón de la cuestión que va a abordar, y después se extiende,
se explica y se entra en detalles en el resto del capítulo, que
lo iremos leyendo a medida que desarrolle después el sermón.
Vamos a hacer la lectura entonces de los versículos del 1 al 4. Ezequiel 18. Dice, vino a mí
palabra de Jehová diciendo, ¿qué pensáis vosotros, los que usáis
este refrán sobre la tierra de Israel? Que dice, los padres
comieron las uvas agrias y los dientes de los hijos tienen la
dentera. Vivo yo, dice Jehová el Señor,
que nunca más tendréis que usar este refrán en Israel. He aquí que todas las almas son
mías. Como el alma del padre, así el
alma del hijo es mía. El alma que pecare, esa morirá. Vamos a pedir la ayuda de Dios
nuevamente en oración. Nuevamente, Dios y Padre, estamos
aquí reunidos Y podemos abrir tu palabra porque deseamos escudriñar
en ella tus enseñanzas. Tú eres aquel que conoces el
camino de nuestra felicidad. Y tú eres aquel que nos libras
de las trampas. Tú eres aquel que nos provees
de la luz y la fortaleza necesaria. Es lo que te pedimos, oh Señor,
que podamos ser entendidos para que veamos cómo tenemos que mantener
nuestra relación contigo y para que sabiendo estas cosas podamos
ayudar a otros. Ayúdanos, oh Dios y Padre. En
el nombre de Cristo te lo pedimos. Amén. Este capítulo 18 nos lleva a
una cuestión que con frecuencia los hombres se enfrentan. ¿Cómo
unos tienen que llevar las cargas y sufrir las consecuencias de
lo que sus padres hicieron? Leí recientemente, en uno de
los comentarios, esta historia acerca de una mujer que se llamaba
Rosena. Ella trabajaba en un programa
para reinsertar y comenzar de nuevo para esas personas que
habían cumplido su condena y salían de las cárceles. Esa mujer, Rosena,
había nacido de unos padres que llegaron a ser adictos a la droga
y además llegaron a estar también envueltos en el crimen. Con el
tiempo, esos padres fueron a parar a la cárcel y Rosena se vio abandonada
de sus padres y al cuidado de unos familiares. De esa manera,
pronto, a la edad de 12 años, ella empezó a andar en los mismos
caminos que sus padres. Ella empezó a meterse en la droga. Luego fue abusada por su hermano
y así pasó una serie de largos años de abusos, de manipulación,
y andando el tiempo ella también fue a parar a la cárcel. Al ingresar
en prisión tuvo que abandonar a su hija, como habían hecho
sus padres con ella. pero después de algún tiempo,
ella empezó a darse cuenta de su vida, de los caminos que había
andado, y sintiéndose cansada de esa clase de vida, tomó una
resolución firme de no seguir más esos caminos de vida, no
seguir siendo una víctima de la gente que la rodeaba. Abandonó
ese mundo y luego pudo prepararse para ese programa de ayuda a
los presos que habían cumplido su condena y seguían los caminos
que ella y sus padres habían seguido. Esta es una situación que cada
vez más personas tienen que enfrentar. porque cada vez aumentan los
casos de familias rotos, de desorden, de abuso y de sufrimiento en
medio de ellas. Esos niños que viven una infancia
difícil y, a medida que crece, se dan cuenta de lo que pasaron
y de lo que sus padres hicieron con ellos, notan el efecto de
tales vivencias cuando eran niños. Y empiezan a preguntarse y empiezan
a luchar en sus mentes. ¿Por qué tengo yo que pasar por
esto y sufrir por causa de lo que hicieron mis padres? ¿Es justo que yo tenga que estar
cargando y padeciendo los errores y los males de mis padres? ¿Tengo yo la culpa de esa clase
de vida que vivieron mis padres para que ahora yo esté arrastrando
todo esto que estoy sufriendo? Esta es la clase de situaciones
a la que este pasaje nos lleva a considerar. La Biblia, en primer
lugar, nos muestra que hay una conexión entre las generaciones,
entre los padres y los hijos. De varias formas y maneras, la
Biblia nos enseña, por vía de mandatos y de ejemplos, cómo
existe esa conexión entre los hombres, entre las generaciones
y, concretamente, entre los padres e hijos. Los diez mandamientos es uno
de los ejemplos más clásicos acerca de esto. El segundo mandamiento
dice no te harás imagen ni ninguna semejanza de lo que está de lo
que esté arriba en el cielo ni abajo en la tierra ni en las
aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas ni las
aborrecerás porque yo soy Jehová tu Dios fuerte celoso Y ahora
viene que visita la maldad de los padres sobre los hijos hasta
la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, visitan. Podíamos también traducirlo como
hace la Biblia de las Américas, que castiga la maldad de los
padres en los hijos hasta la tercera y cuarta generación.
Un ejemplo clásico, como he dicho, que nos muestra la conexión que
hay entre padres e hijos. En Jeremías, capítulo 15, nos
dice en el versículo 4, Jeremías 15, 4, y los entregaré
para terror a todos los reinos de la tierra a causa de Manasés,
hijo de Sequías, rey de Judá, por lo que hizo en Jerusalén. Estaba hablando de los juicios
que iba a venir sobre esta generación, la de Jeremías, por causa de
Manasés. Manasés era el padre de Josías
o el abuelo de Josías, un rey que había estado dos o tres generaciones
antes reinando en Judá. ¿Y cómo es que a causa de Manasés,
hijo de Sedequía, los iba a entregar para terror a todos los reinos? ¿Ven cómo aquí se establece la
conexión? Esa era la enseñanza de Ezequiel,
esa era la enseñanza de Jeremías, que el pecado de sus padres,
el pecado de sus abuelos, les arrastraría a ellos a ese juicio
que constantemente Jeremías y Ezequiel estaban anunciando. No era una cuestión solamente
de esta generación, sino que eso venía de atrás. pero era
esa generación la que estaba experimentando esos juicios,
la deportación, la experimentaron esa generación, la generación
de Jeremías y de Ezequiel, por los pecados de sus padres, de
sus abuelos. En Lamentaciones, observen el
libro de Lamentaciones, Jeremías expresa En el capítulo 5, versículo
7, nuestros padres pecaron y han muerto y nosotros llevamos su
castigo. Una afirmación clara acerca de
esto, el Señor Jesucristo también habló. Y puso esta conexión en
el libro de Mateo, en el Evangelio de Mateo, en el capítulo 23,
observen estas palabras. Hablando con los fariseos, los
fariseos de su tiempo, dice Mateo 23, 34. Por tanto, Y aquí yo os envío profetas y
sabios y escribas y de ellos a unos mataréis y crucificaréis
y a otros azotaréis en vuestras sinagogas y perseguiréis de ciudad
en ciudad para que venga sobre vosotros toda la sangre justa
que se ha derramado sobre la tierra desde la sangre de Abel. Observen esta afirmación. Para
que venga sobre vosotros toda la sangre justa, desde Caín, cuando mató a Abel, desde la
sangre de Abel, el justo hasta la sangre de Zacarías, hijo de
Berequías, a quien matasteis en el templo, entre el templo
y el altar. Vemos también entonces que Jesús
enseña acerca de la conexión que hay entre una generación
y otra. Pedro nos habla como esa vana
manera de vivir que nosotros heredamos de nuestros padres.
Primera de Pedro 1.18. El pecado de Adán, el pecado
cuando Adán comió del árbol prohibido, ese pecado de nuestros primeros
padres nos ha llevado a que todos nosotros nazcamos en la condición
de muertos espiritualmente. Todos en Adán pecamos. Pecó Adán y todos nacemos en
esa condición espiritual de muertos. Estas son algunas de las referencias
de la Biblia sobre esta conexión que hay entre padres e hijos. Bien, con este contexto vamos
entonces a ir ahora a nuestro texto. Vamos a ir a Ezequiel
capítulo 18. Y ahí estaba el refrán que estaban
diciendo en el tiempo de Ezequiel. Versículo 2. ¿Qué pensáis vosotros
los que usáis este refrán sobre la tierra de Israel que dice?
Los padres comieron las uvas agrias y los dientes de los hijos
tienen la dentera. Los padres fueron los que hicieron
el mal y nosotros somos los que estamos sufriendo las consecuencias. se había levantado algo así como
una controversia con Dios. Jeremías y Ezequiel predicaban
sobre la reforma, la necesidad de la reforma porque los juicios
de Dios ya estaban viniendo sobre ellos. pecados que venían de
atrás, como antes dijimos, que anunciaba tanto Jeremías como
Ezequiel, pecados que venían de atrás, ahora Dios los empezaba
a castigar sobre ellos. Y muchos empezaron a cuestionarse,
pero ¿por qué nosotros somos los que tenemos que pagar por todo lo que las generaciones
anteriores han hecho? Si era el mal de nuestros padres
los que habían traído tal cosa, ¿por qué nosotros tenemos que
cargar con ellos? ¿Cómo es que Dios trae todos
estos juicios ahora y nosotros padecer por eso? Porque somos
nosotros los que estamos padeciendo la deportación, no ellos. ¿Por qué? Es justo Dios. Versículo veinticinco. Y si dijereis no es recto el
camino del Señor. No es recto el camino del Señor.
Versículo veintinueve. Si aún dijere la casa de Israel,
no es recto el camino del Señor. Esto era otro argumento que se
sumaba a la defensa que ellos hacían de sí mismos, defendiéndose,
tratando de mantener su justicia propia. Este refrán, que podía
parecer una vindicación, se escondía detrás de un victimismo. por
lo que ellos padecían, no entendían el mensaje de Ezequiel, no acertaban
a ver el mal que ellos habían estado haciendo y no admitían
tal cosa porque ellos tenían que estar sufriendo. ¿Por qué se les anunciaba mayores
juicios? No entendían por qué era eso,
porque ellos no veían el mal suyo. ese que les estaba mostrando
Jeremías y ese que él. Esta era la condición de estos
hombres. Se veían en gran desgracia por los pecados que otros habían
hecho. Eran ellos los que comieron esas
uvas y somos nosotros los que tenemos que estar padeciendo.
No es justo esto. y así se escudaban para no reconocer lo que Dios quería señalar en
ellos. Vamos a ver la respuesta en este capítulo que le da Dios
a través del profeta. El profeta les expone diferentes
casos para señalar el mismo punto que quiere demostrarles a ellos. El primero es el caso de un abuelo,
hijo y nieto. Los versículos del 1 al 20. Y
después, los versículos del 21 al 31 expone otro caso, el caso
del cambio personal que puede hacer cada uno. Vamos a ver el
caso del abuelo, hijo y nieto. Un hombre versículo 5, el hombre
que fuere justo, este hombre que fuere justo, y empieza a
describir del 5 al 9 cómo este hombre justo anda en los caminos
de Dios. Va a poner entonces el caso de
uno justo. Bien, este hombre anda en los caminos de Dios,
como he dicho, se aparta de todos estos males, pues bien, dice
en el versículo 9, este es justo, este vivirá, dice Jehová. Está
bajo la bendición de Dios porque anda conforme a la voluntad de
Dios. Pero resulta que engendra un
hijo. Versículo 10, del 10 al 13, es el hijo que engendra.
Mas si engendrare hijo ladrón. Y empieza a mencionar como este
hijo no anda en los caminos de Dios, sino contra la voluntad
y los mandamientos de Dios. La marca de su vida es apartarse
de los mandamientos. Pues bien, este hijo morirá. su sangre será sobre él, está
bajo la maldición de Dios. Versículo 13 no vivirá todas
estas abominaciones. Hizo de cierto morirá, su sangre
será sobre él. Y ahora viene el nieto. El hijo
del hijo, versículo 14, pero si este engendraré hijo, el cual
viera todos los pecados que su padre hizo y viéndolos no hiciera
según ellos, Es decir, el nieto, el nieto anda en el temor de
Dios, anda caminando según la voluntad de Dios. Pues bien,
este, versículo 17, no morirá. Este no morirá por la maldad
de su padre, desierto vivirá. Este no va a cargar la culpa
de su padre. Este nieto anduvo en los caminos
de su abuelo, no de su padre. Vio los caminos de su padre y
se apartó de ellos. No morirá. Desierto vivirá. Estará bajo la bendición de Dios.
Se hace la pregunta, versículo 19, ¿por qué el hijo no llevará
el pecado de su padre? Porque él hizo según el derecho
y la justicia, guardó todos mis estatutos y los cumplió, de cierto
vivirá. Y resalta el principio, versículo
20. El alma que pecare, esa morirá. El hijo no llevará el pecado
del padre, ni el padre llevará el pecado del hijo. La justicia
del justo será sobre él y la impiedad del impío será sobre
él. Aquí vemos entonces el caso del abuelo, del hijo y del nieto. Ahora vamos a ver el caso del
cambio personal. Plantea dos personas. Versículo
21, el impío, y el versículo 24, el justo. ¿Quién es el impío y el justo? El justo es el hombre que vive
bajo la regla de Dios. Es el hombre que vive con el
deseo y se esfuerza, y su objetivo es los mandamientos de Dios,
cumplir la voluntad de Dios, porque ama a Dios. El impío que
aquí menciona, es el hombre que de forma deliberada rechaza la
ley de Dios. En alguna de sus partes, su actitud
hacia la ley muestra cuál es su actitud hacia Dios. Pues bien,
el hombre impío, versículo 21 al 23. Mas el impío, si se apartara
de todos sus pecados que hizo, y guardaré todos mis estatutos,
e hiciere según el derecho y la justicia, de cierto vivirá, no
morirá, estará bajo mi bendición. Si el impío se apartare, entonces
conocerá mi bendición. Versículo 24, más si el justo
se apartare de su justicia, y cometiere maldad, e hiciere conforme a
todas las abominaciones que el impío hizo, ¿vivirá él? ¿Estará bajo el favor de Dios?
ninguna de las justicias que hizo le será tenida en cuenta
por su rebelión con que prevaricó y por el pecado que cometió. Por ello morirá si el justo se
apartare". No vivirá, morirá. Así que, ante
las dudas, ¿Es recto el proceder del Señor? ¿Es justo? La respuesta
que da el profeta es, no solamente es justo y recto, miren estos
casos, sino aún más, Dios es misericordioso, muy misericordioso. Versículo 23, quiero yo la muerte
del impío, dice Jehová el Señor, no vivirá si se apartare de sus
caminos? ¿Quiero yo? ¿Me complasco yo? ¿Me agrada a mí la muerte del
impío? No, no. Dios vendrá a ser misericordioso
con él si él se apartare de sus caminos. Y después vuelve a decir,
versículo 32, porque no quiero la muerte del que muere, dice
Jehová el Señor. Convertíos, pues, y viviréis. De esta manera, entonces, aborda
esta controversia que había, esta forma de defenderse a sí
mismo y también estas ideas hacia Dios. Habiendo expuesto esto,
vamos a destacar algunas implicaciones, algunas enseñanzas. En este pasaje,
y ante este refrán, y la postura que tenía Israel acerca de lo
que estaba sufriendo por la maldad de otros, Lo que Dios hace, si
notamos aquí a tenor de leer así por encima todo este pasaje,
es subrayar la responsabilidad personal que cada uno tiene delante
de Dios. Esto es lo que destaca este pasaje,
esto es lo que enfatiza la responsabilidad personal que uno tiene delante
de Dios. Hay conexión con nuestros padres,
hay una influencia de los padres sobre los hijos, para bien o
para mal, pero lo que define La dicha o la desdicha de cada
uno, lo que va a ser definitivo para estar bajo el favor de Dios
o bajo la maldición de Dios, no es lo que hicieron los padres,
sino lo que cada uno hace con los mandamientos de Dios. Este
es el punto a destacar. ¿Qué es lo que cada uno hace
con los mandamientos de Dios? Porque esto es lo que vemos.
En cada caso se enfatiza. ¿Qué haces tú? No, tu padre era
así. Sí, pero ¿y tú qué haces con
los mandamientos de Dios? ¿Tus padres fueron justos? ¿Fueron
impíos? ¿Tus padres te hicieron bien
o a lo mejor te hicieron daño? Bien, considera. Considera que lo que va a definir
tu posición delante de Dios Lo que va a definir que tú estés
bajo su gracia o su maldición es lo que tú haces con la voluntad
de Dios. Es lo que tú haces con el Evangelio. Tus padres pueden haber ido mal,
pueden haber andado mal en sus vidas. Tus padres pueden haberte
hecho daño. Pero si tú tomas en serio y haces
la voluntad de Dios, tú conocerás el favor de Dios. Tú conocerás la bendición de
Dios. Tú conocerás la vida que imparte
Dios. Si tú no tomas esto en serio,
tú vas a padecer bajo el desagrado de Dios por lo que tú haces y
por lo que tus padres te hicieron. Lo que hicieron tus padres, lo
que pudieron hacer sobre ti, eso no será la última palabra
de que tú seas en verdad dichoso bajo la bondad de Dios. Esa no
es la última palabra. La última palabra es lo que tú
haces con la voluntad de Dios. Si tú estás bajo la influencia
de lo que te pasó en tu hogar, en tu niñez, y tú te apartas del mal camino
por donde andabas para volverte a Dios, tú vivirás. Artículo 21, si el impío se apartare de todos sus pecados que hizo. Pero si tú sigues por los caminos
según el mundo, Dios estará contra ti y su ira te alcanzará. Recuerda, eres tú quien te tienes
que apartar. Versículo 21, más el impío si
se apartare. Versículo 24, más si el justo
se apartare. Lo que hicieron tus padres no
va a definir esta cuestión tan esencial para ti. La defines
tú. Tú la defines. Eres tú quien tienes la pelota
sobre tu tejado. no es sobre el tejado de tus
padres, la tienes sobre ti. Es responsabilidad tuya encontrar
el bien y la gracia de Dios o desecharla y vivir bajo el rechazo de Dios,
independientemente de lo que tus padres hicieron contigo. Se aplica lo que decía de Euteronomio
30.19. os he puesto delante la vida
y la muerte, la bendición y la maldición. Escoge pues la vida
para que vivas tú y tu descendencia. Esto es lo que tú tienes que
mirar, aparte de lo que te hicieron tus padres, aparte de lo que
tú viviste con tus padres. Este es el mensaje. de Ezequiel. Qué importante,
entonces, es recordar este punto. Las bendiciones y las bondades
de Dios no dependen de lo que los otros te hayan hecho, no
dependen de lo que los otros hagan contigo. Incluso somos
descendientes de Adán, heredamos el pecado de Adán, heredamos
la condenación de Adán, por eso nacemos muertos. en pecado. ¿Sí? ¿Pero tú qué haces con los
mandamientos de Dios? ¿Qué haces tú con el Evangelio? De la postura que tomes tú hacia
los mandamientos y hacia la voluntad de Dios, eso es lo que va a definir
tu dicha o tu desdicha. El primer punto. El segundo. Siendo esto así, teniendo claro
que llegar a la bendición de Dios o estar lejos y bajo su
maldición es responsabilidad de cada uno, el papel de cada
uno, debemos de cuidar de esa tendencia o cuidarnos de esa
tendencia de estar disculpándonos a nosotros mismos y achacar nuestras
miserias a los otros. debemos de cuidarnos de esa tendencia. Poner la culpa en los demás de
lo que nosotros estamos padeciendo, como estos hombres hacían. Este
era el gran problema que estaba debatiéndose aquí. Ellos no veían
sus pecados que les habían llevado a eso que estaban viviendo. No veían su grado de culpa para
estar ahora bajo el juicio de Dios. No veían tal cosa. Ellos eran justos a sus propios
ojos. Y entonces venía este refrán, nuestros
padres comieron estas uvas agrias y claro, nosotros estamos sufriendo
por causa de ellos. Es común en nosotros buscar en
otros las culpas, repito, de lo que nosotros podemos sufrir. Desde Adán, cuando Adán lo hizo,
cuando culpaba a Eva del mal que había hecho. Recordar el
caso de la mujer que leímos antes, Racena. Si esa mujer se hubiera
mantenido escondiéndose detrás de la culpa de sus padres por
la mala vida que ella llevaba, así se quedaría. Se quedaría presa y víctima del
destino. pero por ver sus males, por reconocer
sus culpas en lo que ella estaba cargando, es que ella pudo parar
y tomar la determinación de no seguir por esa clase de vida. Eso fue el punto que marcó el
cambio, el giro en ella. Yo no puedo seguir así, viviendo
esta clase de vida, sufriendo estas cosas, planteándome así
la vida que estoy viviendo, ella no siguió pensando, es que
mis padres, es que mis padres, es que claro, excusándose por
lo mal que habían vivido sus padres, y claro, ella, ella pudo parar esa clase de
vida tomar la determinación de no seguir por ese camino cuando
vio sus errores que eran lo que estaban aportando para que ella
viviese de esa manera. Considero una cosa, podemos padecer por causa de
otros, ya sea de nuestros padres, de aquel, podemos padecer por
causa de otros. el mal de otros nos puede afectar. Pero que nosotros estemos bajo
el favor o el desagrado de Dios no depende de lo que los otros
nos hayan hecho, sino depende de lo que yo estoy haciendo con
los mandamientos de Dios. El ejemplo de José. José sufrió mucho por causa de
otros, muchísimo. José sufrió por la injusticia
y la maldad y la envidia de sus hermanos, que lo vendieron y
él tuvo que estar ahí en Egipto como un esclavo. José después
sufrió de la mujer de Potifar ese falso testimonio. Así que además de ser esclavo,
lo metieron en la cárcel sin tener culpa alguna de ello. Pero toda esa maldad de otros
no privó a José de Dios. No lo privó de Dios. no privó a José de estar bajo
el favor de Dios. Dios estaba con José. ¿Por qué? Porque él se tomaba en serio
los mandamientos de Dios y eso era lo que definía el estar bajo
las bendiciones y bajo el favor de Dios. aunque estuviese sufriendo
por causa de otros. ¿Entendemos? Tenemos que cuidar esa inclinación
a escudarnos detrás del mal de otros por lo que nosotros estamos
sufriendo. Ese era el problema de esta generación. Y si ellos no podían mirar sus
culpas, ellos no podrían llegar al fondo de la cuestión y ellos
no podían resolver esta cuestión. Tenemos que conocer nuestros
desvíos y nuestras transgresiones, porque nuestra postura hacia
los mandamientos y hacia la voluntad de Dios va a definir nuestra
dicha o nuestra desdicha. a pesar de lo que otros o nuestros
padres nos hagan sufrir. Y en tercer y último lugar, podemos plantearnos la cuestión si lo que enseña este pasaje,
a fin de cuenta, Lo que se tiene que resaltar es la responsabilidad
personal, si eso es lo definitivo, incluso en esto de nuestras relaciones
con las generaciones anteriores, para qué enseña las Escrituras
esa relación que hay entre los padres y los hijos. En otras palabras, ¿Por qué nos dice los mandamientos
que Dios castiga la maldad de los padres sobre los hijos, si
lo que es definitivo aquí es la responsabilidad de cada uno? Tenemos que mantener en equilibrio
las dos realidades. No como hacía este pueblo, que
estaba solamente mirando la culpa de sus padres y viéndose como
víctimas en todo esto. Es desde el equilibrio de ambas
realidades Que Dios visita la maldad de los padres sobre los
hijos y que nosotros somos responsables delante de Dios para buscar la
vida es desde el equilibrio entre estas realidades donde podemos
luchar contra todas estas cosas que podemos sufrir por lo que
hicieron nuestros padres. Mantener el equilibrio entre
estas dos realidades porque es real. Dios visita la maldad de
los padres sobre los hijos. Los hijos pueden estar sufriendo
y padecer por el desvío y la maldad de los padres. Sí, pero
eso no es todo. Eso no es todo. No es lo definitivo. Lo que haces tú con la voluntad
de Dios, con el Evangelio, ¿eso te atraerá bajo la bendición
de Dios o te alejará de ella? Considera que, ¿y si Dios dejó
que padecieses en la casa de tus padres durante ese periodo
de infancia para que después, cuando fueses a Él, cuando tú vinieses a buscar la
salvación de Él, tú llegases a ser una persona
mejor preparada? para servirle a él, para conocer
mejor sus tratos, para conocer mejor su poder, su sabiduría,
o para prepararte a ti para que tú puedas ayudar a otros en sus
temores, en sus culpas y en sus limitaciones por causa de lo
que padecieron en su infancia. Porque si Dios nos predestinó
desde antes de la fundación del mundo para que yo llegase a ser
hijo suyo, Él ordenó esa infancia para mí. ¿Por qué? Mira que la muerte de Jesucristo
para reconciliarnos con Dios no sólo cambia nuestra vida presente
para que vivamos ahora delante de Dios para servirle, sino aún
cambia lo que nadie puede cambiar, tu pasado. Jesucristo, nuestro Salvador,
cambia nuestro pasado para que sea de provecho y de
beneficio ahora para el presente. Porque entendemos que mi pasado fue ordenado por
él. Pero es que yo pasé, sí, eso
que pasaste, fue ordenado por él. tu niñez, tu infancia, con todo
lo que tuviste que atravesar. Porque Dios te había destinado
que cuando llegases a tal edad, vinieses a Él y esa infancia
te sirviese para tu madurez, para tu utilidad. También miremos desde este otro
lado esta cuestión. Si Dios castiga el pecado de
los padres sobre los hijos, considera lo difícil y lo duro
que se lo podemos poner a nuestros hijos, a la generación siguiente
si nosotros no hacemos lo que Dios nos dice en sus mandamientos. ¿Qué difícil fue la vida para
Rasena? Por culpa de la maldad de sus
padres. ¿Qué difícil fue la vida para
esa mujer? ¿Cuánto tuvo que cargar? ¿Cuánto
tuvo que padecer por eso? No se quedó ahí, recondujo su
vida. Esa no fue la última palabra
para ella. Pero qué difícil, ¿verdad? ¿Qué
tuvo que pasar? Porque sus padres se entregaron
al pecado. Consideremos desde este lado
qué difícil se lo podemos poner a nuestros hijos. Qué difícil se lo podemos poner
a la generación que viene detrás porque nosotros nos dejamos llevar
por los deseos de la carne. O por el mundo. Porque no tratamos con nuestros
pecados. Sino nos dejamos llevar por la
carne. Qué difícil se lo podemos dejar a ellos. porque Dios puede traer nuestros
pecados sobre los que vienen detrás de nosotros si nosotros
no los hemos tratado. Que el Señor nos ayude, hermanos,
que nosotros busquemos a Dios, que nosotros le adoremos a él
en espíritu y en verdad, y le busquemos en oración de forma
perseverante para hacerlo recto, y aquello que es conforme a su
voluntad, para dejarle un buen ejemplo y para dejarle todo el
bien que nosotros podamos a nuestros hijos, a la generación que viene
detrás de nosotros. Nos despedimos en oración. Señor y Padre nuestro, queremos
darte gracias porque tú eres quien conoce los secretos de
la vida, los sufrimientos del hombre. Tú eres quien conoces
todos los caminos y los laberintos por donde los hombres nos metemos
por causa de nuestros pecados, por causa de los males de otros.
Oh Dios, Tú eres quien nos respondes. Tú eres la luz a quien nosotros
debemos de mirar. Ayúdanos. Ayúdanos a que nosotros
podamos ser entendidos, a que nosotros podamos manejar el pasado
de una forma adecuada, a que no nos escudemos nosotros como
este pueblo y no reconozcamos nuestros males. Ayúdanos para
que nosotros no hagamos esos males, que después carguemos
a nuestros hijos con ellos. Líbranos, oh Señor, que seamos
una bendición, no una carga para ellos. Ayúdanos, oh Padre. Gracias te damos porque tú eres
nuestra esperanza. Gracias te damos porque nada
nos impide venir delante de ti y buscar de ti refugio, ayuda
y gracia, pese a lo que estemos pasando, sufriendo u otros nos
hayan hecho. Podemos estar en ti, podemos
estar delante de ti y encontrar amparo, ayuda, alivio y fortaleza. Ayúdanos, oh Señor. Dios y Padre
nuestro, guía nuestros pasos, guárdanos de todo mal, En el
nombre de Jesús y con acción de gracia pedimos estas cosas.
Amén.
Estamos sufriendo por Culpa de nuestros Padres #18
Series Sermones sobre Ezequiel
Los Padres comieron uvas agrias y nosotros tenemos dentera.
| Sermon ID | 315221628585654 |
| Duration | 49:41 |
| Date | |
| Category | Sunday - PM |
| Bible Text | Ezekiel 18:1-20 |
| Language | Spanish |
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