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Podemos abrir el libro del profeta
Ezequiel en el capítulo 22. Habrán notado como al principio,
cuando Dios le dijo al profeta que comiese aquel rollo, el rollo
tenía escrito, endechas, lamentaciones y ayes. y es lo que hemos estado
viendo a lo largo de todos estos capítulos, hasta el capítulo
24 sobre todo, que es donde acaba la primera sección del libro.
Eso es lo que encontramos. Vamos entonces a hacer la lectura
en este capítulo. Vamos a leer desde el versículo
17 al versículo 31, que dice de esta manera, Ezequiel 22, empezando en el 17. Vino a mí
palabra de Jehová diciendo, hijo de hombre, la casa de Israel
se me ha convertido en escoria. Todos ellos son bronce y estaño
y hierro y plomo en medio del horno. Y es y en escoria de plata
se convirtieron. Por tanto, así ha dicho Jehová
el Señor. por cuanto todos vosotros os habéis convertido en escoria. Por tanto, he aquí yo os reuniré
en medio de Jerusalén como quien junta plata y bronce y hierro
y plomo y estaño en medio del horno para encender fuego en
él para fundirlos. Así os juntaré en mi furor y
en mi ira y os pondré allí y os fundiré Yo os juntaré y soplaré sobre
vosotros en el fuego de mi furor, y en medio de él seréis fundidos. Como se funde la plata en medio
del horno, así seréis fundidos en medio de él. Y sabréis que
yo soy, que yo, Jehová, habré derramado mi enojo sobre vosotros.
Vino a mí palabra de Jehová diciendo, hijo de hombre, di a ella, Si
ya se refiere a Jerusalén, seguramente, de la que está hablando desde
el principio del capítulo 22, tú no eres tierra limpia, ni
rociada con lluvia en el día del furor. Hay conjuración de
sus profetas en medio de ella, como león rugiente que arrebata
presa. devoraron almas, tomaron haciendas
y honra, multiplicaron sus viudas en medio de ella. Sus sacerdotes
violaron mi ley y contaminaron mis santuarios. Entre lo santo
y lo profano no hicieron diferencia, ni distinguieron entre inmundo
y limpio, y de mis días de reposo apartaron sus ojos y yo he sido
profanado en medio de ellos sus príncipes. En medio de ellas
son como lobos que arrebatan presa, derramando sangre para
destruir las almas, para obtener ganancias injustas. Sus profetas
Recubrían con lodo suelto, profetizándoles vanidad y adivinaciones y adivinándoles
mentira, diciendo, así ha dicho Jehová el Señor, y Jehová no
había hablado. El pueblo de la tierra usaba
de opresión y cometía robo. Al afligido y menesteroso hacía
violencia y al extranjero oprimía sin derecho. Y busqué entre ellos
hombre que hiciese vallado, y que se pusiese en la brecha delante
de mí, a favor de la tierra, para que yo no la destruyese,
y no lo hallé. Por tanto, derramé sobre ellos
mi ira, con el ardor de mi ira los consumí, y hice volver el
camino de ellos sobre su propia cabeza, dice Jehová el Señor. Vamos nuevamente a orar. Dios de los cielos, ¿cuántas cosas ves tú en la tierra? ¿Cuántas cosas has visto tú en
la tierra? a través de los siglos, aún en
tu pueblo, cuántas cosas has visto, cosas que te desagradan,
pero en medio de todo eso, a pesar de todo este cuadro tan siniestro,
tú has hecho esa obra de gracia, tú haces esa obra de gracia,
para llamar a perdidos, para preservar a un pueblo, para edificar
una iglesia. Señor y Padre, quisiéramos rogarte
que tú nos ayudes, que podamos entender y conocer mejor tu mente,
tu corazón, tu palabra, tu voluntad. Ayúdanos que no seamos nosotros,
duros, de corazón insensibles, de oídos. Danos, oh Señor, danos
ese corazón, envía por tu santo espíritu luz y vuélvenos a ti. En el nombre de Cristo te lo
pedimos. Amén. El Dios de la Biblia El Dios
que se da a conocer en la Biblia es el único, eterno e infinito
que supera nuestros esquemas de pensamiento y va mucho más
allá de lo que nosotros podemos pensar o imaginar. Nosotros necesitamos la Biblia
para poder conocerlo, porque solo ahí se da a conocer de una
forma salvadora. que Él nos ayude, que podamos
conocer mejor su revelación, que podamos conocer mejor su
mente. Bien, estos capítulos, el 21,
que no hemos leído nada, y el 22, podíamos considerarlo como
una unidad, hemos leído solamente la última parte. donde se llega
al punto final, al juicio que viene sobre Judá y sobre Jerusalén,
pero ya sin remedio, sin ningún remedio. En la lectura que hemos hecho
en la última parte de esta sección del capítulo 21 y 22, hemos leído
cómo el pueblo se había vuelto en escoria, desechos de metal
que Dios reúne y va a meter en el horno para fundirlos. Del 17 al 22 hemos leído también
cómo todos los estratos de la sociedad, tanto civil como religiosa,
no hacían sino amontonar el mal. se habla de profetas, de sacerdotes,
de príncipes, de profetas, y después incluye también al pueblo de
la tierra, versículos del 23 al 29. Pero es que antes, en
este capítulo 22, del 1 al 16, había descrito a Jerusalén diciendo
que esta ciudad se había convertido en una ciudad derramadora de
sangre. Versículo 3, dirás pues, así
ha dicho Jehová el Señor, ciudad derramadora de sangre en medio
de sí. Y después empieza a describir
todas estas cosas que les habían hecho llevar este título. Y si ustedes lo leen con calma,
verán cómo repite un estribillo continuamente. En medio de ti,
en ti se han hecho esto, en ti se han hecho. Miren, en el versículo
6. Y aquí los príncipes de Israel,
cada uno según su poder, se esfuerzan en derramar sangre. Al padre
y a la madre desprecian en ti, al extranjero trataron con violencia
en medio de ti, al huérfano y a la viuda despojaron en ti. Y así sigue hasta el versículo
13. Todas las cosas que se han hecho en ti. Todo el mal que
se ha amontonado en esa tierra derramadora de sangre. Por esa razón había empezado
en el capítulo 21 diciendo o presentando una imagen de Dios un tanto peculiar,
un tanto extraña. Presentó a Dios como sacando
una espada y ya la tenía preparada esa espada. Capítulo 21, versículo
3. Dirás a la tierra de Israel,
así ha dicho Jehová, he aquí yo estoy contra ti y sacaré mi
espada de su vaina y cortaré de ti al justo y al impío. Y
por cuanto he de cortar de ti al justo y al impío, por tanto,
mi espada saldrá de su vaina contra toda carne desde el sur
hasta el norte. describe a Dios ya en esa actitud, con su espada en la mano preparado
para cortar. Por eso le dice al profeta, versículo
6, tu hijo de hombre, gime con quebrantamiento de tus lomos
y con amargura, gime delante de los ojos de ellos, que el
profeta se pusiese a gemir, para que los del pueblo lo vieran.
y le preguntaran, oye, ¿por qué gimes? Y a esta pregunta tenía Ezequiel
que responderle versículo 7. Y cuando te dijeran, ¿por qué
gimes tú? Dirás, por una noticia que cuando
llegue hará que desfallezca todo corazón. Así es como se describe a Dios
en el capítulo 21. Esa espada desenvainada era Babilonia,
el rey de Babilonia y sus ejércitos, versículo 19. ¿Y por qué estaba
Dios con la espada desenvainada? Por lo que hemos visto en el
capítulo 22, por este fin que se avecina. Ellos vivían en este pueblo,
vivían pensando que las cosas irían bien, que encontrarían
salida a sus apuros, aunque anden amando el mundo. Y oigan los
avisos del castigo de Dios que viene contra ellos. Ellos no
se daban por entendidos, estaban tranquilos. Por eso, al profeta
Jime, es lo que ellos tendrían que hacer. Ante esto que se avecina,
porque cuando venga esa noticia, esa noticia que vendría era seguramente
la destrucción de Jerusalén, que ya estaba a poco tiempo. Este es el cuadro que presenta
el capítulo 21 y 22 que lo hemos resumido. ¿Qué quería Dios encontrar en
este pueblo ante el anuncio de sus juicios sobre Jerusalén?
¿Qué es lo que buscaba Dios? ¿Qué es lo que quería encontrar? Vamos a leer la última parte
que hemos leído antes, 22, 30 y 31. Busqué entre ellos hombre. que hiciese vallado y que se
pusiese en la brecha delante de mí a favor de la tierra para
que yo no la destruyese. Eso es lo que buscaba. Miren cómo habla de hacer vallado,
de ponerse en la brecha. Esto es una figura que había
empleado al hablar de los falsos profetas en el capítulo 13. Miren
capítulo 13, versículo 5, que estos profetas que profetizaban
de su propio corazón no hacían esto. Decía en el versículo 5, no habéis subido a las brechas,
ni habéis edificado un muro alrededor de la casa de Israel para que
resista firme en la batalla en el día de Jehová. Usa las mismas
figuras, este mismo ejemplo, como diciéndole que las enseñanzas
de estos profetas que hablaban según su propio corazón, las
instrucciones no protegían al pueblo, no protegían a los hombres
de esta ciudad. no les habían llevado a construir
ese muro, a vigilar las brechas para que el enemigo no se colase
por ahí. No les habían enseñado la palabra
de Dios, no les habían dado la sabiduría que viene de la palabra
de Dios, que protege al pueblo de Dios. Pues bien, estos mismos
símiles se vuelven a emplear, pero dirigidos aquí en otra dirección. Por un lado, nos habla de un
muro de contención. Busque entre ellos hombre que
hiciese vallado, vallado un muro. un muro. Está como pensando cuando una
ciudad recibe la noticia de que viene un ejército enemigo contra
ella. Entonces construye un vallado,
construye un muro, una protección que pudiera detener a ese enemigo,
que le pudiera ofrecer dificultad para llegar a esa ciudad. Pero
además de construir un muro, añade esta otra figura y que
se pusiese en la brecha delante de mí. La brecha, esto supone
que además de ese muro, los muros de la ciudad tenían brechas,
tenían grietas, tenían aperturas, que eran lugares por donde los
soldados enemigos podían introducirse dentro de la ciudad. Pues aquí lo que habla es de
ponerse en la brecha, vigilar esas brechas para que por ahí
no se colasen dentro de la ciudad esos enemigos. Pues bien, ¿qué
enemigo venía ahora contra ellos? ¿Qué se acercaba paso a paso,
inexorablemente, contra ellos? ¿Quién representaba esa amenaza? que pudiera destruirlos. Dios
con su espada. La ira de Dios. Los juicios de Dios contra ellos
por todos esos pecados en los que han estado andando. Dios
se acercaba con la espada desenvainada. Pero
ese Dios que viene con su espada para descargar sus juicios es
un Dios en el que hay misericordia. Es un Dios que es abundante en
su redención. Por esa razón nos dice el texto
que buscó entre ellos quienes se pusiese delante para parar
todo esto que viene contra ellos. ¿Quién está construyendo un muro? Porque en Dios hay abundante
gracia para redimir. Dios no encontró tal cosa. No se ponían delante, ninguno
salía para hacer ese muro. No se habían puesto a vigilar
en esas grietas por donde se podía colar. Vivían tranquilos,
vivían seguros, ocupados en sus muchos asuntos, según sus propios
deseos, pensando que ningún mal vendría sobre ellos. Y ya la
ira de Dios se acercaba. Dios venía con su espada desenvainada,
preparada para cortar, destruir, y nadie se interponía. Nadie salía a suplicar misericordia. Nadie imploraba gracia y compasión
del Dios que tiene tan abundancia. ¿Entienden la situación? Podemos recordar una cosa. Esto es lo que Dios quiere cuando
anuncia sus juicios sobre los hombres. ¿Qué es lo que Dios
quiere cuando Dios anuncia sus juicios? Que hayan hombres que
supliquen la gracia de Dios. Vamos a ver unos cuantos casos.
Vamos a hacer un pequeño recorrido por algunos pasajes para que
veamos estos dos elementos. Dios anuncia sus juicios, pero
quiere que hayan hombres que se levanten para construir el
muro y esos juicios no le alcancen. Vamos a empezar por Abraham,
que algunos autores piensan que cuando Ezequiel escribía esto
estaba pensando en Abraham. Abraham, en el capítulo 18 del
libro de Génesis, Nos dice versículo 20. Entonces Jehová le dijo por cuanto
el clamor contra Sodoma y Gomorra se aumenta más y más y el pecado
de ellos se ha agravado en extremo, descenderé ahora y veré si han
consumado su obra según el clamor que ha venido hasta mí y si no
lo sabré. Se apartaron para ir a ver tal
cosa. Fueron hacia Sodoma y Gomorra
y se acercó a Abraham y dijo, ¿destruirás también al justo
con el impío? Quizá hayan 50 justos dentro
de la ciudad, ¿destruirás también y no perdonarás el lugar por
amor a los 50 justos que estén dentro de él? Ven, Abraham construyendo
el muro. cuando Dios le avisó del juicio. Dice versículo 24 quizá hayan
50 justos dentro de la ciudad. Destruirás también y no perdonarás
al lugar por amor a los 50 justos que están delante de él. Lejos
de ti el hacer tal cosa que hagas morir a lo justo con el impío
y que sea lo justo tratado como el impío. Nunca tal hagas. El juez de toda la tierra no
ha de ser lo que es justo. Sobre la base de la justicia
y la misericordia de Dios, empezó Abraham a construir el muro,
a tratar de tapar las grietas, ponerse delante de las grietas
que había en Sodoma, para que la ira de Dios no se colase. Para que no fuese destruida esa
ciudad que estaba allí. Así procede la fe. ¿Para qué
Dios anuncia su juicio? Para eso. Para que hayan hombres
que levanten el muro. Porque en él hay misericordia
y abundante redención. Mire Moisés, un hombre que construyó
muros y muros, Pero vamos a mirar un caso solamente en el Salmo
106. Salmo 106, el versículo 19. Hicieron becerro en Horeb. Se postraron ante una imagen
de fundición. Así cambiaron su gloria por la
imagen de un buey que come hierba. Olvidaron al Dios de su salvación,
que había hecho grandezas en Egipto. Maravillas en la tierra
de Cam, cosas formidables sobre el Mar Rojo. Y trató de destruirlos. de no haberse interpuesto Moisés,
su escogido delante de él, a fin de apartar su indignación para
que no los destruyese. Vemos Moisés construyendo ese
muro. Ahí estaba él. Si vamos al texto
que se encuentra en Éxodo capítulo 32, Ya había empezado la mortandad
en el pueblo por apartarse de Dios, por haber hecho ese becerro
de oro. Murieron. Murieron tres mil,
como dice en 32, 28. Pero Moisés interpuso. Se puso
entre la ira de Dios y el pueblo. Y dijo, versículo 11, 32, éxodo 32, 11. Entonces Moisés
oró en presencia de Jehová, su Dios, y dijo, oh Jehová, ¿por
qué se encenderá tu furor contra tu pueblo? que tú sacaste de
la tierra de Egipto con gran poder y con mano fuerte. ¿Por
qué han de hablar los egipcios diciendo para mal los sacó, para
matarlos en los montes y para raerlos sobre la faz de la tierra?
Vuélvete del ardor de tu ira y arrepiéntete de este mal contra
tu pueblo. Acuérdate de Abraham, de Isaac
y de Israel. tus siervos a los cuales has
jurado por ti mismo y le has dicho yo multiplicaré vuestra
descendencia como las estrellas del cielo y daré a vuestra descendencia
toda esta tierra de que he hablado y la tomarán por heredad para
siempre. Ese fue la manera en que construyó
el muro. Le pidió a Dios que se arrepintiese,
que se volviese. de visitar a su pueblo con su
ira y se acordase del pacto de Abraham, se acordase de las promesas
que había dado a los patriarcas. Y saben, Dios se arrepintió. Dios se arrepintió. Versículo
14 Entonces Jehová se arrepintió del mal que dijo que había de
hacer a su pueblo. ¿Por qué se levantó e hizo el
muro? Cuando ya Dios venía con la espada
y había empezado ya a cegar la vida, tres mil habían muerto. Dios fue paciente y extendió
su misericordia. Eso es lo que quiere. Por eso
anuncian los juicios. O el caso de Fines, el hijo de
Aarón. Me llama la atención también
este caso. Podemos mirarlo en Números. Libro
de Números, capítulo 25. Ahí se nos habla cómo el pueblo
de Israel, cuando iba por el desierto, fue seducido por las
hijas de Moab. Esta seducción de las hijas de
Moab consistió en entregarse a sus ídolos con un desenfreno
sexual, esos cultos que ellos tenían donde mezclaban la adoración
a Dios y la perversidad sexual. Y se encendió la ira de Dios,
porque ahí estaban cediendo muchos del pueblo a la seducción de
estas hijas de Moab. Se encendió la ira. Cayeron miles,
como dice en el versículo 3. El furor de Jehová se encendió
contra Israel, versículo 9, y murieron de aquella mortandad 24.000.
24.000. el sacerdote Fines se interpuso. Versículo 7, cuando dice que,
y lo vio Fines, hijo de Eleazar, vio como uno de los principales
de Israel, trajo, como dice en el versículo anterior, trajo
una marianita trajo a sus hermanos a los ojos de Moisés y de toda
la congregación de los hijos de Israel, mientras lloraban
ellos a la puerta del tabernáculo de reunión. Y lo vio Fines, hijo de Eleazar,
hijo del sacerdote Aarón, y se levantó de en medio de la congregación,
tomó una lanza en su mano y fue tras el varón de Israel a la
tienda y los alanceó a ambos, al varón de Israel y a la mujer
por su vientre. Y cesó la mortandad de los hijos
de Israel. Hizo aquello, este Fines hizo
aquello que satisfizo las demandas de la justicia de Dios. Y entonces
se paró la mortandad, la ira de Dios se detuvo. Fines hizo
un muro, un acto de misericordia para buscar la bondad de Dios
en medio del juicio que caía. ¿Cómo le agradó a Dios hombres
como eso? ¿Cómo le agrada a Dios hombres
como eso? Por eso dice en el versículo
10, entonces Jehová habló a Moisés diciendo, Fines, hijo de Eleazar,
hijo del sacerdote Harón, ha hecho apartar mi furor de los
hijos de Israel, llevando el celo, llevado de celo entre ellos,
por lo cual yo no he consumido en mi celo a los hijos de Israel. Por tanto, dile, he aquí yo establezco
mi pacto de paz con él, etcétera. Palabras de aprobación de Dios
a este que detuvo la ira de Dios para traer su bondad. Vamos al libro de Jonás. Vamos
a verlo en Jonás también. Un caso peculiar. Libro del profeta
Jonás. Dios había declarado que iba
a visitar a Nínive porque su maldad, como en Sodoma, había
llegado hasta su colmo, había subido hasta arriba. Jonás 1, 2. Levántate y ve a Nínive, le dijo
Dios a Jonás. Aquella gran ciudad y pregona
contra ella porque Ha subido su maldad delante de mí. Ha llegado
al colmo su maldad. Así que es el tiempo de la ira,
del juicio sobre ella. En 40 días sería destruida. ¿Recuerdan
cómo decía en el capítulo 3, versículo 4, cuando él empezó
a pregonar? Ya había empezado la cuenta atrás.
Dios había sacado la espada e iba a cortar a toda esa ciudad y
mandó a Jonás. Porque a pesar de su santidad
y justicia, en él hay abundante misericordia. Era justo lo que
Dios iba a hacer con Nínive, porque la maldad de esa ciudad
había ya subido hasta Dios. Pero en él hay misericordia y
gracia. Y él quería que saliese alguno
a construir el muro. Que se pusiesen las grietas entre su ira y esa ciudad. Por eso mandó a Jonás. Quería oír el clamor, quería
oír las súplicas pidiendo salvación, pidiendo gracia, pidiendo misericordia. Jonás no lo hacía. ¿Recuerdan? Jonás no lo hizo. Él no quería la misericordia
de Dios sobre Nínive. Por eso él salió huyendo en la
dirección opuesta. Por eso Jonás se enfadó con Dios, porque Dios iba a hacer misericordia
sobre esa ciudad. Jonás estaba en una posición
espiritual fría, dura, de rebeldía, de desobediencia a Dios. Vete a Nini y él se va para otro
sitio. Por eso fue echado en el mar
y fue tragado por el pez. Y por eso experimentó una medida
grande de angustia. Como dice en el capítulo 2, versículo
3, me echaste a lo profundo en medio de los mares y me rodeó
la corriente. Todas tus ondas y tus olas pasaron
sobre mí. Estaba duro, Jonás. Pero fue la gente de la ciudad
la gente de la ciudad. Ellas sí salieron y se pusieron
delante. Capítulo 3, versículo 5. Y los
hombres de Nínive creyeron a Dios y proclamaron ayuno y se vistieron
de silicio desde el mayor hasta el menor de ellos. Y llegó la
noticia hasta el rey de Nínive y se levantó de su silla, se
despojó de su vestido y se cubrió de silicio y se sentó sobre ceniza. Lo que no hizo Jonás lo hicieron
ellos. Estas súplicas subieron también
hasta el cielo. Sus maldades habían subido, estos
ruegos también. Y Dios, en quien hay abundante
redención, paró la cuenta atrás, paró la cuenta, guardó la espada
y se arrepintió del mal que él iba a ser. versículo 10, capítulo
3, versículo 10. Y vio Dios lo que hicieron, que
se convirtieron de su mal camino y se arrepintió del mal que había
dicho que les haría y no lo hizo. Para qué anunciaba juicios? Para que los hombres se levantasen
a construir el muro. Dios no se complace en la muerte
del que muere. ¿Recuerdan lo que decía Ezequiel
18, 32? No quiero la muerte del que muere. Dice Jehová el Señor, convertíos
pues y viviréis. ¿Quiero yo la muerte del impío? Él quiere que se vuelva. que busque gracia por cuanto
en él la hay. Por eso buscó aquí para Nínive
que se pusiese delante y encontró, encontró lo que escucharon a
Jonás. En tiempos de Isaías, en tiempos de Isaías ya esto
empezaba a escasear. En el capítulo 59 se nos habla
cómo la maldad iba creciendo en Israel, en Judá, cómo cada
vez más se añadían las rebeliones, como que éstas pesaban más ya
delante de Dios. Miran qué expresión se usa, 59.12, porque nuestras rebeliones se
han multiplicado delante de ti, nuestros pecados han atestiguado
contra nosotros, porque con nosotros están nuestras iniquidades y
conocemos nuestros pecados, el prevaricar y mentir contra Jehová
y el apartarse de en pos de nuestro Dios, el hablar calumnia y rebelión,
concebir y proferir de corazón palabras de mentira, Así sigue en el versículo 15.
La mentira, la verdad fue detenida y el que se apartó del mal fue
puesto en prisión. La verdad está subiendo, subiendo. Y dice en el versículo 16. Y vio que no había hombre y se
maravilló que no hubiese quien se interpusiese. No había nadie que se interpusiese.
No había nadie que construyese un muro. No hay nadie que suplicase la
gracia de Dios. Dice que se maravilló. ¿Pero cómo es que no hay nadie? Están atrayendo la ira, atrayendo
la ira y no hay nadie que busque misericordia. No hay nadie que
clame por la misericordia. Ese se maravilló, ese asombró
en su disgusto. O sea, el disgusto le llevó a
asombrarse, a sorprenderse de que no estuvieran viendo lo
que estaban haciendo. Estaba asombrado, estaba disgustado. que no se pusiesen en la brecha,
que no se interpusiesen para que el juicio de Dios no
llegase sobre ellos. En el capítulo 62 menciona lo que se hará en el
pueblo de Dios cuando éste sea renovado, cuando éste en verdad
sea cambiado y sea liberado de esa dureza en la que estaban,
cuando ellos puedan ver su condición espiritual y conocer en verdad
la santidad y la gracia de Dios. ¿Qué pasará? ¿Qué harán? Miren
en el capítulo 62, versículo 6. Sobre tus muros, oh Jerusalén,
he puesto guardas todo el día y toda la noche no callarán. Jamás los que os acordáis de
Jehová no reposéis y ni le deis tregua hasta que restablezca
a Jerusalén y la ponga por alabanza en la tierra. Esto es lo que iba a pasar en
esos tiempos. Dios iba a poner sobre sus muros
guardas que todo el día y la noche no iban a callar, iban a interceder, iban a rogar,
iban a suplicar a Dios. Ahí estarán los intercesores
asiduamente, asiduamente, buscando más de la gracia, buscando más
del poder, de la sabiduría y de la misericordia de Dios sobre
ellos. Noten esta afirmación que da
sentido a esas oraciones perseverantes día tras día en nuestras familias. Esa oración perseverante semana
tras semana en la iglesia. Sobre tus muros o Jerusalén he
puesto. Esa es la obra de gracia cuando
el pueblo es renovado. He puesto guardas todo el día
y toda la noche. Buscando que la gracia de Dios
sea derramada otra vez. y otra porción y más de su poder
y más de su sabiduría. Hay momentos especiales cuando
sus juicios temporales nos visitan, los cuales requieren no callar,
como dice aquí, estar en el muro ante las brechas hasta que los
juicios pasen. Como estos tiempos, tiempos que
atravesamos, ha venido sobre el mundo entero
el COVID-19, clamar a Dios, clamar hasta que sus juicios pasen. Nuestro cometido en vez de estar escuchando las
noticias, inflándonos de noticias del COVID
y estar recibiendo mensajes con lo que dice aquel virólogo y
aquel médico y ahora viene este otro médico y dice otra cosa
y ahora viene este mensaje. Y escuchando más y más mensajes
acerca del COVID y más noticias, que nos llenan más de incertidumbre
o de duda o decir, ¿y qué hacemos con esto? Porque nosotros no
podemos contrastar esa información. Uno dice una cosa y otro dice
otra. ¿Tú con cuál te quedas? ¿Con el que más te gusta? No
podemos manejar toda esa información. Estamos sobreinformados. Y entramos en la comidilla esta,
en lo que el mundo hace. y se nos van las ganas de orar,
se nos van las ganas de orar, porque nos quedamos turbados
o confundidos. Y los juicios de Dios es para que
su pueblo ore, no para que esté pendiente a ver lo que dice este
y lo que dice el otro, y recibes el mensaje y se lo mandas a otro,
y tú te quedaste media turbada o turbado y se lo mandas a aquel
para turbar a aquel. Porque después viene otro mensaje
diciendo otra cosa. Y no estamos más claros. Tenemos
que saber lo que tenemos que saber. Tenemos que usar mascarillas,
tenemos que estar a dos metros, tenemos que evitar las reuniones
familiares, tenemos que hacer esto, hacer otro... tenemos que clamar a Dios. Pero
si somos llevados por este espíritu, no podremos clamar a Dios, no
estaremos en la condición de hacer el muro, de construir el
muro, porque estamos tan turbados por lo que se oye por ahí, por
el vídeo que mandaron o por el mensajito que mandaron. Ahora
diciendo esto y ahora dicen Lo que la iglesia, lo que la
familia necesita no es más información sobre el COVID, no es que te
manden más cosas de lo que dice este médico, lo que necesita
la familia, lo que necesita la iglesia es hombres y mujeres
que oren al Dios de los cielos, que construyan el muro para que
Dios en su vida tenga misericordia. ¿Pero estaremos con el corazón
y la mente dispuesta para eso? ¿O esto de la oración nos queda
grande o nos queda lejos porque tenemos la cabeza confundida?
Hermanos, recuerden cuál debe ser nuestro cometido. ¿Es para
edificación todas estas cosas? ¿Es para edificación de nuestra
alma? ¿Tú cuándo mandas esos es para
edificación del alma de la hermana. Tú edificas porque todo lo tenemos
que hacer para edificar, para mover al amor, para mover a las
buenas obras, para mover a la oración. Tenemos que pensar,
tenemos que pensar, no podemos dejarnos arrastrar por el espíritu
de la época, por lo que todos hacen. Estamos en tiempos de juicios.
Dios está visitando con juicio a las naciones. ¿Quién se pone en la brecha? ¿Quién levanta este muro? Bueno, llegó el tiempo de Jeremías.
Estábamos en Isaías. Cien años después aproximadamente
llegó Jeremías. Jeremías seguía empeorando la
situación. La maldad seguía subiendo, las
amenazas de la ira de Dios se hacían más serias, y dice en
el capítulo 5, versículo 1 del libro de Jeremías, recorred las
calles de Jerusalén, mirad ahora e informaos, buscad en sus plazas
a ver si hayáis un hombre, si hayáis hombre, si hay alguno
que haga justicia, que busque verdad y yo la perdone. ¡Hay
hombres! Y así llegó el tiempo de Ezequiel.
En el tiempo de Ezequiel, Dios buscaba hombres, como hemos leído
quería oír los ruegos de esos hombres que acudiesen a él a
buscar misericordia, perdón y gracia. Y no lo halló. Busqué entre ellos Ya se acercaba el tiempo, ya
era casi lo último, ya iba a venir y buscaba, no hay, no hay hombres. No habían hombres. Bueno, alguno podría pensar,
¿cómo es que dice que no había ninguno? ¿No estaba Jeremías?
¿No estaba Jeremías, su siervo? en ese lugar buscando gracia
de Dios. Sí, pero a él no lo oían. En general, los hombres, el pueblo,
como hemos leído en los versículos anteriores, ni buscaban la gracia,
ni buscaban la misericordia de Dios, buscaban su placer sobre
su falsa seguridad y tranquilidad. Vivían tranquilos cuando el juicio
de Dios los tenía encima. Los hombres no estaban buscando
la misericordia. Era un indicativo de que ya el
fin se les venía encima. No había quien pidiese misericordia. Y así pasó. Dos o tres años después,
Jerusalén fue destruida. El templo fue destruido. La ciudad
se quedó apenas sin nadie. Pasó el exilio de Babilonia,
una dura carga para todos esos judíos de la deportación. Y 50
años después, 50 años, se levantó Daniel. Y miren lo
que dijo Daniel, capítulo 9 del libro de Daniel. Volví mi rostro a Dios el Señor
buscándole en oración y ruego en ayuno, silicia y ceniza y
oré a Jehová mi Dios e hice confesión diciendo empezó a confesar los
pecados del pueblo. Y empieza a clamar por la bondad
de Dios en medio del juicio que estaban sufriendo en el exilio,
Jerusalén destruida, sin población, el templo derribado, Daniel empieza a construir la
muralla, a suplicar que venga la bondad de Dios sobre ellos.
Ahora pues Dios, dice en el versículo 17, oye la oración de tu siervo
y sus ruegos y haz que tu rostro resplandezca sobre tu santuario
asolado por amor del Señor. Inclina, oh Dios mío, tu oído
y oye, abre tus ojos y mira nuestras desolaciones. Poco después, poco tiempo después
que el Señor oyó estas oraciones, empezaron a oírse otras oraciones,
de las cuales se nos habla en Jeremías 29. Decía en Jeremías 29 lo que iba
a pasar cuando llegué a ese tiempo. Entonces me invocaréis y vendréis
y oraréis a mí y yo, os oiré y me buscaréis y me hallaréis
porque me buscaréis de todo vuestro corazón y seré hallado por vosotros,
dice Jehová, y haré volver vuestra cautividad y os reuniré de todas
las naciones y de todos los lugares a donde os arrojé. Cuando esos empiezan a construir
el muro, a ponerse delante de las brechas en ruego a Dios,
es cuando Dios depone su ira y empieza a visitarlos con sus
bondades y regresa otra vez a Jerusalén. Este es el Dios que se nos da
a conocer en las Sagradas Escrituras. El Dios santo y justo que vela
por la justicia en todo el mundo, que castiga el pecado, pero oye
las súplicas de aquellos que piden su misericordia y que quieren
su compasión. Y aún más, busca hombres que intercedan por los pueblos,
por la iglesia, para que Dios no la visite con
su castigo, sino con su ira. Busca hombres, busca mujeres
que intercedan delante de él, que se pongan delante. Señor,
la ira no, que se pongan delante. Bueno, hemos hecho este breve
recorrido del trato de Dios con su pueblo que nos muestra cómo
cómo vienen los castigos de parte de Dios, pero como él mismo también
quiere visitar con su gracia y con su bondad, porque a él
le agrada arrepentirse del mal y de poner su castigo. Dios sigue visitando a los hombres
con juicios temporales como esta pandemia. que atravesamos en
estos tiempos. Pero es que también Dios ha anunciado
que un día Él juzgará al mundo. Y todo hombre que muera en sus
pecados sufrirá las penas del juicio eterno. Está reservada ira y enojo, dicen
romanos 2, a los que son contenciosos y no obedecen la verdad, sino
que obedecen a la injusticia, tribulación y angustia sobre
todo ser humano que hace lo malo. El anuncio del juicio, juicios
temporales y el juicio final que está anunciado, que todo
el mundo conoce. Frente a estos castigos y anuncios
de juicio, Dios ha enviado a Jesucristo, Dios hecho hombre, que fue herido
por nuestras transgresiones, que fue molido por nuestros pecados,
el que llevó el castigo de nuestra paz sobre quien Dios cargó el
pecado de todos nosotros para que el justo muriese por los
injustos para llevarnos a Dios. ¿Qué nos quiere decir con eso
Dios que haya enviado a Jesucristo en este mundo que vive bajo la
amenaza del juicio de Dios? ¿Qué es lo que nos quiere decir? Que su juicio sobre todo hombre
que viola sus mandamientos viene, pero mayor aún es su gracia. ha provisto perdón y gracia suficiente
para el más grande de los pecadores. Porque Jesucristo, Jesucristo puede diferir, puede
desviar la ira de Dios que el hombre merece sobre sí mismo.
Podemos ponernos ahora entonces delante de Dios para ser el muro. para que el castigo de la justicia
de Dios no venga. Podemos ponernos en la brecha
porque en Jesucristo Dios da gracias y da perdón. ¿Quién irá? ¿Quién irá? ¿Quién se pondrá adelante? ¿Quién? ¿Quién estará en la brecha anunciando
como Jonás a esos cuya condenación se acerca? ¿Quién construirá ese muro predicando
el Evangelio a los perdidos para que Dios
difiera su castigo? sobre esos sobre los cuales ya
viene. ¿Quién construirá el muro predicando
el Evangelio? Porque Dios ha mandado a Jesucristo
que lleve nuestros pecados. ¿Quién estará en la brecha? para
interceder, para que Dios venga con bendición a aquellos que
por sus pecados Dios ya viene o Dios ya tiene la espada desenvainada
sobre ellos. En tiempos de Ezequiel nos dice
que busque entre ellos alguno que levantara muro y no lo hallé. Busqué y no lo hallé. Dios busca ahora, en este tiempo
alguno entre nosotros, que levante ese muro. Te encontrará a ti. Te encontrará a ti. Tú anunciarás el Evangelio, anunciarás el Evangelio tú. Tú intercederás por los hombres,
por los pecadores. ¿Habrá llegado ese tiempo entre
nosotros que decía Isaías, en el que Dios ponga guardas todo
el día y toda la noche, que no callen hasta que haga notoria
su gracia con nosotros? ¿Ha llegado el tiempo ese o no
ha llegado? Cada uno está ocupado en sus
muchas cosas, que no puede evangelizar, que no puede anunciar, El Evangelio
que nos puede poner ese muro, no se pone entre la ira de Dios
y los pecadores. No es tiempo de orar, porque
es que no es tiempo de orar. Cristo ha derramado su vida para que Dios muestre su misericordia
a los perdidos. Cristo derramó su vida. ¿Anunciaremos nosotros? Cristo se entregó a muerte para
que pudiésemos poner ese muro, para que Dios escuchase nuestras
súplicas. Hay algunos que hacen el muro. Hay algunos que lo hacen. ¿Y
tú? ¿Tú te pondrás a hacerlo? Quiera Dios encontrar a algunos
entre nosotros con ese deseo y así lo busque delante de Dios
y así se lo plantea a Dios y así lo haga. Eso es lo que Dios quiere, manifestar
su gracia. Para eso envió a Cristo a este
mundo. Nos despedimos entonces en oración. Señor y Padre nuestro, Dios de los cielos, ¿Cómo necesitamos la Biblia para
conocerte? ¿Cómo necesitamos esa revelación
para entender mejor tu mente, tu corazón,
tus dichos? Oh Dios, Dios de misericordia,
Dios de gracia, que te arrepientes del mal que habías,
prometido a ser. Ayúdanos, Señor, que encuentres
aquí entre nosotros esos que se dispongan delante de ti para
construir el muro, para ponerse en las brechas,
para que tu misericordia sea manifiesta entre nosotros y veamos
tu gracia Oh Dios y Padre, ayúdanos, ayúdanos, que no nos volvamos
más como en el tiempo de Ezequiel. Los hombres llevados por el espíritu
de la época tenían en poco tu misericordia. Oh Dios, ayúdanos,
ayúdanos a nosotros, que podamos vivir para honrarte a ti. que
podamos vivir para honrar a nuestro Señor Jesucristo, quien entregó
su vida por nosotros. Ayúdanos a proclamar el Evangelio. Ayúdanos a interceder por los
hombres, por tu pueblo. Ayúdanos a considerar estas cosas
y que te complazcas en nosotros. Sé con nosotros en esta semana
que comienza. Danos el pan de cada día. Guárdanos
de las tentaciones, que podamos cumplir con nuestra tarea en
casa, que guardemos nuestros corazones para que no estén turbados
en estos tiempos, sino estemos más fortalecidos para invocar
tu nombre. Ayúdanos, oh Señor, en estos
días. Líbranos de todo mal, según tu
voluntad. En el nombre de Cristo lo pedimos
con acción de gracias. Amén.
Llegaron al colmo, y no había quien hiciese vallado #20
Series Sermones sobre Ezequiel
| Sermon ID | 315221620244961 |
| Duration | 1:04:09 |
| Date | |
| Category | Sunday - PM |
| Bible Text | Ezekiel 22:17-31 |
| Language | Spanish |
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