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Esta tarde vamos a abrir nuestras
Biblias por el profeta Ezequiel capítulo 20. No era mi intención
desarrollar todos estos mensajes del profeta Ezequiel. Cuando
empezamos a predicar sobre este profeta y este libro, era para
ver en los primeros capítulos el llamamiento, el llamamiento
de este hombre al ministerio profético Pensando y orando a
Dios que Dios levante obreros y envíe obreros a su mies. Pero hemos seguido, hemos seguido
considerando este este libro y yo no sé si este será el último
o. Vamos hoy entonces a abrir Ezequiel
capítulo 20. Aunque vamos a mirar la enseñanza
de todo ese capítulo, vamos a leer solamente los versículos del
1 al 9, que dice de la siguiente manera, Ezequiel 20, del 1 al
9. Aconteció en el año séptimo,
en el mes quinto, a los diez días del mes, que vinieron algunos
de los ancianos de Israel a consultar a Jehová y se sentaron delante
de mí. Y vino a mí palabra de Jehová
diciendo, hijo de hombre, habla a los ancianos de Israel y diles,
así ha dicho Jehová el Señor, a consultarme venís vosotros. Vivo yo, que no os responderé",
dice Jehová al Señor. ¿Quieres tú juzgarlos? ¿Los quieres
juzgar tú, hijo de hombre? Ese era el profeta. Hazles conocer
las abominaciones de sus padres y diles, así ha dicho Jehová
al Señor, el día que escogí a Israel y que alcé mi mano para jurar
a la descendencia de la casa de Jacob. Cuando me di a conocer
a ellos en la tierra de Egipto, cuando alcé mi mano y les juré
diciendo yo soy Jehová, vuestro Dios, aquel día que les alcé
mi mano, jurando así que los sacaría de la tierra de Egipto.
a la tierra que les había provisto, que fluye leche y miel, la cual
es la más hermosa de todas las tierras. Entonces les dije, cada
uno eche de sí las abominaciones de delante de sus ojos y no os
contaminéis con los ídolos de Egipto. Yo soy Jehová, vuestro
Dios, más ellos se rebelaron contra mí y no quisieron obedecerme. No echó de sí cada uno las abominaciones
de delante de sus ojos, ni dejaron los ídolos de Egipto. Y dije
que derramaría mi ira sobre ellos para cumplir mi enojo en ellos,
en medio de la tierra de Egipto, con todo a causa de mi nombre. para que no se infamase ante
los ojos de las naciones en medio de las cuales estaban, en cuyos
ojos fui conocido, actué para sacarlos de la tierra de Egipto. Y así sigue mencionando algunas
otras etapas de la vida de Israel que después vamos a ver. Pero
vamos a pedir la ayuda del Señor. Padre y Señor nuestro, queremos
darte muchas gracias que podamos nuevamente estar aquí, que podamos
abrir Tu Palabra y que podamos esperar entender las cosas que
Tú nos dices a través de ella. Es Tu Santo Espíritu el cual
nos guía a toda verdad y por los méritos de Cristo Te damos
gracias porque podemos esperar de ti tus gracias y misericordias. Ayúdanos a ordenar nuestros pasos
delante de ti. Ayuda a limpiar nuestras maldades
de delante de ti. Ayúdanos a ser sabios y entender
cómo debemos de buscar y esperar tus bendiciones. Que no nos pase
como estos ancianos ¡Oh Dios, ayúdanos! En el nombre de Cristo
te lo pedimos. Amén. Esto es una nueva sección que
se empieza en el libro del profeta Ezequiel y nos da una fecha concreta
para este encuentro que hubo en su casa. Exactamente corresponde
al 15 de agosto del año 591 a.C. el mes quinto a los diez días
del mes cuando pasó esto. Era el séptimo año. En el año
séptimo, es decir, llevaban siete años de la deportación de Babilonia. Recuerdan en el capítulo uno,
versículo dos, hablaba de en el quinto año de la deportación
y aquí es en el séptimo año de la deportación. Cuando pasó esto,
entonces habían pasado dos años del llamamiento al ministerio
profético de Ezequiel. La anterior sección del libro
había comenzado en el capítulo 8, versículo 1, cuando se cita
otra fecha. Hay algunos pasajes que citan
fechas concretas, específicas, y parece que esos son secciones
del libro. La sección pasada, que empezó
en el capítulo 8, hablaba acerca de los pecados y los juicios
de Jerusalén, pero expresada en visiones y en parábolas. Aquí va a abordar esta misma
cuestión. Va a seguir con este tema, pero
ya no introduce tantas parábolas, ya habla más directamente, porque
el juicio que anuncia ya se está acercando. La gran destrucción
de Jerusalén y del templo se estaba acercando. Bueno, ese
15 de agosto del año 591 a. C., Ahí estaba el profeta en su casa
porque, recuerdan, él no podía estar fuera de su casa. Tenía
que estar predominantemente metido en su hogar, como nos dice en
el capítulo 3, 24. No andaba de acá para allá como
Jeremías, por ejemplo, él tenía que estar en su casa y desde
ahí había estado ministrando. Pues bien, en ese día aparecieron
unos ancianos, unos dirigentes del pueblo de Israel de la deportación
en su casa y se sentaron delante de él. Venían a consultar, nos
dice en el versículo 1 a Jehová. No se nos menciona la consulta,
no se nos menciona la cuestión que ellos querían plantear. sino que venían a buscar dirección
de Dios y sabían que a través de Ezequiel podía Dios hablarles
a ellos. Podía ser la cuestión de los
planes de Dios para ellos. Ezequiel consulta a Jehová sobre
los planes de Dios para nosotros. O consulta a Jehová sobre cuándo
vamos a regresar a Jerusalén. ¿O qué es lo que ellos tenían
que hacer para estar más bendecidos en esa tierra de la deportación? Podía ser algo así. Y Dios viene al profeta. Estaban
los ancianos ahí delante de él y Dios viene al profeta. Pero Dios está airado contra
estos ancianos. Hijo de hombre, habla a los hijos
de Israel y diles, ¿a consultarme venís vosotros? Dios está enfadado
contra esos ancianos. O sea que ellos venían a consultar
a Dios. y se encuentran que Dios está
de esta manera con ellos. Y Dios le pregunta algo retórico,
¿no? ¿Quieres tú juzgarlos? ¿Los quieres
tú juzgar, hijo de hombre? Hazles conocer las abominaciones
de sus padres. ¿Recuerdan el capítulo anterior
que habíamos visto? Cuando estuvimos mirando el capítulo
18, Hazles conocer las abominaciones
de sus padres. Sí, pero nosotros somos nosotros. Y a continuación, el profeta
entonces empieza a declararle estas cosas que estos ancianos
debían saber. ¿No quiere Dios que nosotros
nos acerquemos a él? ¿No quiere Dios que nosotros
consultemos con él, consultemos su palabra, consultemos su guía? ¿No le agrada a Dios que imploremos
su nombre? Sí. ¿Y cómo es que está enfadado
aquí Dios con estos ancianos? ¿A consultarme venís vosotros? ¿Cómo es que Dios está enfadado
con lo que están haciendo? ¿Cómo es que ustedes vienen a
consultarme? Vamos a ver qué había pasado. Vamos a ver por qué Dios estaba
así con ellos. Consideremos esta situación.
Vienes a buscar a Dios para que te responda a unas inquietudes
que tú tienes. Vienes tú con la intención de
que Dios te guíe, de que Dios te dé respuesta a lo que tú necesitas
saber. Y te encuentras que Dios manifiesta
que está irritado, que Dios está enojado contra ti, no quiere
responderte. sino señalarte una serie de asuntos
en tu vida. ¿Qué puede hacer que Dios se
vuelva airado y enojado contra nosotros? Bueno, veamos el resto
del capítulo. que va a ser, como dije antes,
un resumen de la historia de Israel desde Egipto, la salida
de Egipto hasta llegar a la tierra prometida, después se salta a
los tiempos presentes, algo parecido al capítulo 16. Vamos entonces a hacer un muy
breve resumen de las diferentes partes de este capítulo. Lo primero
es los versículos del 5 al 9 que antes leímos. En Egipto, Dios
les visitó y juró liberarlos, llevarlos a una buena tierra,
buena tierra, la más hermosa de todas las tierras, como dice
en el versículo 6. Pero ellos tenían que echar delante
de sí esos dioses para que solamente Dios, Jehová Dios, fuera su Dios. Pero no lo hicieron, no lo hicieron. Salieron ellos de Egipto Dejaron
atrás a Egipto, pero no dejaron atrás los temores y la confianza
en lo que los egipcios ponían su confianza y sus temores. No
la dejaron. Salieron de Egipto con los dioses
de los egipcios en sus corazones. Está diciendo los dioses de los egipcios eran
las fuerzas naturales. El río, el río Niro, el sol,
la lluvia, la vida, las diez plagas, era la manera en que
Dios les demostró que esos eran ídolos en quien ellos no podían
confiar ni podían temerlos. Adoraban al río, adoraban al
sol, adoraban los fenómenos naturales. Dios golpeó todos esos en las
diez plagas para darles a entender que Dios
era Señor sobre todas las fuerzas naturales en las que ellos confiaban,
a las que ellos temían. Y salió su pueblo de Egipto.
y no dejaron los temores de Egipto en esas fuerzas, no dejaron la
confianza que ellos tenían en todos esos fenómenos. Es interesante
porque eso no se dice en Éxodo, se dice aquí. Y eso nos da una
explicación de por qué ellos querían otra vez volver a Egipto
y por qué hicieron lo que hicieron. No dejaron sus dioses cuando
salieron de Egipto. Bueno, vamos a seguir. Salieron
por su gracia. Dios, no obstante, los sacó de
Egipto. Versículo del 10 al 17. No vamos a leerlo. Ustedes lo
leerán después más tranquilamente. Dios lo sacó al desierto por
su gracia y como expresión de su amor y de su bondad les dio
sus mandamientos y en especial les dio el día de reposo. Les di versículo 12 también mis
días de reposo. Versículo 11 les di mis estatutos,
les hice conocer mis decretos Les di también mis días de reposo
para que fuesen por señal entre mí y ellos y para que supiesen
que yo soy Jehová, que los santifico. Pero no tuvieron en cuenta sus
mandatos y los días de reposo profanaron. Lo menciona dos veces
aquí en este pasaje, en el versículo 13 y también en el versículo
16. Porque desecharon mis decretos
y no anduvieron en mis estatutos y mis días de reposo profanaron,
porque tras sus ídolos iba su corazón. En el versículo 18 hasta
el 26 comienza otra etapa en el desierto. La segunda generación
de los de Israel en el desierto murieron los que salieron y ahora
sus hijos siguieron. Pues bien, la generación que
había nacido de los que habían salido al desierto. Dios les
dijo lo mismo que a sus padres. Versículo 18. Antes dije en el
desierto a sus hijos, no andéis en los estatutos de vuestros
padres, ni guardéis sus leyes, ni os contaminéis con sus ídolos. Yo soy Jehová, vuestro Dios.
Andad en mis estatutos, guardad mis presentos y ponerlos por
obra y santificad mis días de reposo y sean por señal, etcétera. Versículo 21. Más los hijos se
rebelaron contra mí como los padres. No anduvieron en mis
estatutos ni guardaron mis secretos para ponerlos por obra, por los
cuales el hombre que los cumpliera vivirá. Profanaron mis días de
reposo. Dije entonces que derramaría
mi ira sobre ellos. y vuelve a repetirlo otra vez
en el versículo 24, que profanaron sus días de reposo. En el versículo 27 al 29 llegaron
a la tierra prometida y allí le dice Dios, a estos ancianos
que estaban sentados. Ahí miren el versículo 27. Por
tanto, hijo de hombre, habla la casa de Israel y diles. Así
ha dicho Jehová el Señor. Aún en esto me afrontaron vuestros
padres cuando cometieron rebelión contra mí. Porque yo los traje
a la tierra sobre la cual había alzado mi mano, jurando que había
de dársela. y miraron a todo collado alto
y a todo árbol frondoso y allí sacrificaron sus víctimas, etcétera. Se rebelaron otra vez, no adoraron
a Dios, sino a los ídolos. Versículos del 30 al 32, aquí Ahora viene a los tiempos presentes,
los tiempos donde estaban corriendo ellos, Ezequiel y los ancianos,
y les dice que ellos estaban andando en los mismos caminos
que sus padres desde el principio. Versículo 30 Dí pues a la casa
de Israel, así ha dicho Jehová el Señor. ¿No os contamináis
vosotros a la manera de vuestros padres y fornicáis tras sus abominaciones? Porque ofreciendo vuestras ofrendas,
haciendo pasar vuestros hijos por fuego, os habéis contaminado
con todos vuestros ídolos hasta hoy. Y ahora viene la gran pregunta. Y he de responderos yo, casa
de Israel, da la razón por estas cosas,
yo no lo respondo a ustedes. Vivo yo, dice Jehová el Señor,
que no os responderé. Que menciona la razón por la
que Dios estaba irado. Ellos habían estado andando en
los mismos caminos que sus padres desde el principio. No obstante,
a partir del versículo 3 habla aquí cómo la gracia de Dios otra
vez vendrá sobre ellos, cómo Dios los llevará al desierto
para tratar con ellos y así atraerlos nuevamente bajo las bendiciones
de su pacto, que sería lo que ahora estaban pasando en esa
deportación, Dios tratando con ellos a través de las aflicciones
y cómo ellos iban a volver a ser bendecidos otra vez después por
la gracia de Dios. Este fue el mensaje, esto fue
lo que estos ancianos tenían que oír. Venían ellos a buscar otras cosas,
venían a preguntar por otras cosas, los proyectos, volverse
a Jerusalén, cómo podrían vivir de una manera más tranquila,
pero se encontraron que Dios les señaló estas cuestiones y
de los puntos concretos más enfáticos fue, que han estado haciendo
con mis días de reposo. Esto despertó el enojo de Dios
contra ellos y no los quería oír. Vamos a considerar esta
cuestión. el día de reposo. No era la primera ocasión que
estos ancianos habían escuchado tal reprensión contra ellos que
no estaban guardando el día de reposo. No era la primera ocasión. Diez años atrás, cuando estaban
ellos en Jerusalén, Ya por el año 601 a.C. un día apareció Jeremías y se
puso en las puertas de la ciudad de Jerusalén. Y miren lo que
les dijo Jeremías 17, versículo 19. Jeremías 17, versículo 19. Diez años antes de esta fecha
que nosotros hemos estado mirando. Así me ha dicho Jehová, decía Jeremías, ve y ponte a
la puerta de los hijos del pueblo por la cual entran y salen los
reyes de Jerusalén. Y ponte en todas las puertas
de Jerusalén y diles, oíd la palabra de Jehová, reyes de Judá,
y todo Judá y todos los moradores de Jerusalén que entráis por
estas puertas. Así ha dicho Jehová, guardaos
por vuestra vida de llevar carga en el día de reposo. y de meterla
por las puertas de Jerusalén, ni saquéis carga de vuestras
casas en el día de reposo, ni hagáis trabajo alguno, sino santificad
el día de reposo como mandé a vuestros padres. Pero ellos no oyeron,
ni inclinaron su oído, sino endurecieron su servicio para no oír ni recibir
corrección. No obstante, Si vosotros me obedecéis,
dice Jehová, no metiendo carga por las puertas de esta ciudad
en el día de reposo, sino que santificáreis el día de reposo,
no haciendo en él ningún trabajo, entrarán por las puertas de esta
ciudad en carros y en caballos. Los reyes y los príncipes que
se sientan sobre el trono de David, ellos y sus príncipes,
los varones de Judá y los moradores de Jerusalén, y esta ciudad será
habitada para siempre. y vendrán de las ciudades de
Judá y de los alrededores de Jerusalén a la tierra de Benjamín,
de la Sefela, de los montes del Negev, trayéndolo causto y ofrenda
e incienso y trayendo sacrificio de alabanza a la casa de Jehová. Pero si no me oyeréis para santificar
el día de reposo, y para no traer carga ni meterla por las puertas
de Jerusalén en el día de reposo, yo haré descender fuego en sus
puertas y consumiré los palacios de Jerusalén y no se apagará". Este fue el mensaje de Jeremías. En las puertas por donde entraban Toda esa gente. El día de reposo. Tienen que
entrar todo el mundo por estas puertas para ir al templo, a
la casa de Dios a adorar. No para entrar y meter cargas
desde sus campos, desde sus casas, para hacer negocios. Si obedecen estos mandamientos,
habrá mucha gente que entre por estas puertas y reyes y serán
fuertes y prósperos y vivirán en esta ciudad seguros. Prosperidad y seguridad si ellos
obedecen de esta manera. Pero si no oyen, Si no santifican ese día, si
siguen entrando y saliendo de esa puerta para hacer sus negocios,
Dios traerá fuego y consumirá esta ciudad. Estos ancianos que estaban sentados
delante de Ezequiel habían oído esta predicación. Hacía 10 años. Y no habían oído la palabra de
Jeremías. Pocos meses después vinieron
los ejércitos de Babilonia. Tomó el rey de Jerusalén y a
muchos de sus príncipes y ancianos y fueron llevados cautivos a
Babilonia. Y esos juicios fueron la preparación
para que después Jerusalén fuese quemada. Pues bien, estos ancianos, diez
años después de haber oído estas cosas, estaban sufriendo la deportación
en Babilonia y oyeron otra vez la denuncia de
Dios contra ellos por profanar el día de reposo. Y ahora se encontraron con esto,
que no solamente habían sido arrancados de sus casas, de sus
familias, sino que Dios estaba airado contra ellos y que Dios no iba a contestarles
a ellos porque se rebelaban contra su ley, contra sus mandamientos. no santificaban el día de reposo. Ellos habían seguido el mismo
camino que sus padres desde el principio. Bueno, hermanos, este podría ser parte esencial
de este capítulo, y después se habla de cómo serían tratados,
cómo Dios los afligiría para traerlos otra vez y cómo ellos
vendrían a arrepentirse, cómo ellos vendrían a aborrecerse
a sí mismos por todo esto. Versículo 43, 44. Cuando la gracia
de Dios trabajara en ellos a través de todas esas aflicciones, El día de reposo, el domingo. Vamos a considerar entonces algunas
líneas en cuanto a esta cuestión que sería bueno repasar a la
luz de todo esto que hemos visto. Hoy nosotros tenemos el domingo
como el día de reposo, como el día del Señor. Ese fue el día
de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo, cuando Él se
levantó de los muertos. En ese día vino a reunirse con
sus discípulos. Ahí, cuando era la tarde, la
noche de ese día, estando los discípulos reunidos, nos dice
Juan, En el Evangelio de Juan, capítulo 20, versículo 19, cuando
llegó la noche de aquel mismo día, ¿qué día?, el primero de
la semana, estando las puertas cerradas en el lugar donde los
discípulos estaban reunidos por miedo de los judíos, vino Jesús
y puesto en medio les dijo, paz a vosotros. El día, el versículo
26, otra vez, ocho días después, estaban otra vez los discípulos
dentro y con ellos Tomás, estaban todos reunidos. Y llegó Jesús
estando las puertas cerradas y se puso en medio de ellos.
El día de reposo, el domingo, el primer domingo de resurrección,
el segundo domingo de resurrección, reunidos, vino el Señor y se
puso en medio de ellos. Esa es la esencia del día de
reposo. En el antiguo pacto se seguían
las ceremonias según la ley, pero en el nuevo pacto esta es
la esencia. Reunidos nosotros, aguardamos
a que venga el Señor. y le adoramos y oímos su voz. Vemos que los discípulos siguieron
guardando ese día a medida que se extendía la iglesia por el
imperio romano. En el capítulo 20 del Libro de
Hechos, versículo 7, nos dice, el primer día de la semana, reunidos
los discípulos para partir el pan Pablo los enseñaba y hablando
largamente se reunían en el domingo porque ese era el día de reunión
para honrar a Dios y recibir su palabra. para esperar, como había hecho
el Señor Jesucristo al principio, que Él viniese a estar entre
ellos, como dijimos esta mañana, a través del Santo Espíritu. Al final de ese siglo, cuando
escribió Juan el libro de Apocalipsis, nos dice también que fue ese día cuando vino el
Señor Jesucristo a darle esta revelación. Yo, Juan, estaba
en el espíritu en el día del Señor. Aquí aparece ya esta designación
para el día de reposo. Ese día, el domingo, es el día
del Señor. Y oí detrás de mí una gran voz.
Jesús viene a reunirse con los suyos. en el día del Señor. Sí, cada uno buscamos la comunión
con Dios, particular, personalmente, en nuestra familia, cada día,
pero está el día del Señor. Esto es lo que Dios hizo cuando
creó todas las cosas, el cielo y la tierra, como nos dice Génesis
2, 1, 2 y 3, como Él se paró ese día y lo bendijo. Esto fue
lo que después Dios mandó bajo el antiguo pacto a su iglesia
redimida de Egipto, que recogió en los diez mandamientos el día
de reposo. Seis días trabajaría y el séptimo
sería de descanso para el Señor, su Dios. Y esto fue lo que vemos
que hace en el nuevo pacto también Dios. Cómo viene a reunirse con
los hijos en el día siguiente al día de reposo, porque es la
nueva creación. Volvamos a algún detalle a Ezequiel
otra vez. Resaltemos la importancia de
este mandamiento a la luz de algunas cosas que nos dice el
profeta Ezequiel en este pasaje del capítulo 20. Cuando Dios se refiere a ese
día, observen cómo lo llama. Ezequiel habla a estos ancianos,
no sabemos cuánto eran, y cuando habla del día de reposo no habla
como cualquier día, como un día más, sino se refiere a él de
una forma como muy especial. Las seis veces que habla en este
pasaje y que lo cita, lo dice de la manera igual, no sé si
ustedes se dieron cuenta, mis días de reposo. Profanaron mis días de reposo. Santificad mis días de reposo. Miren la manera en que Dios presenta
el día de reposo. No es uno más. sino es algo suyo,
suyo en un sentido especial. Tú tienes días especiales al
año. ¿Qué día es especial que tú tienes al año? ¿Cuál es tu
día especial del año? Tu cumpleaños, ¿no? El día de mi cumpleaños, ese
es un día no es como los demás días, es
mi cumpleaños, es mi día. Bueno, ¿y por qué tu cumpleaños
es tu día? Es que yo nací en ese día, yo
vine al mundo en ese día, entonces cada año yo recuerdo ese mi día. También este es un día especial Pero
el día de tu aniversario puede ser un día especial también,
no es cualquier día. El día que tú señalas, lo marcas, porque en ese día tú te uniste
en matrimonio con tu esposo o con tu esposa. Ese día es el día
de mi aniversario, es mi día. Mis días de reposo. Perciban esta expresión. Mis
días de reposo. Tú tienes tus días. Dios habla
de sus días. Bueno, ¿y qué tiene de especial
ese día para Dios? ¿Qué habla así de él? Miren lo
que dice en el versículo 12. Les di también mis días de reposo. Es como una dádiva, la dádiva
que viene de su gracia. Les di algo tan bello, algo tan
rico, algo tan beneficioso, algo tan grande. Entonces, di mis
días de reposo para que fuesen por señal entre mí y ellos, para
que supiesen que yo soy Jehová que los santifico. Vamos a entender
por lo menos por encima, esta afirmación. Dice aquí dos cosas. Que ese día es una señal entre
mí y ellos, su pueblo redimido. Y además, ese día era para que
ellos supiesen que Dios es quien los santifica. Observen en Éxodo capítulo 31.
Éxodo 31. en el versículo 13. Tú hablarás a los hijos de Israel
diciendo, en verdad vosotros guardaréis mis días de reposo
porque es señal entre mí y vosotros por vuestras generaciones para
que sepáis que yo soy Jehová que os santifico. Exactamente
lo mismo. Versículo 17. Señales para siempre
entre mí y los hijos de Israel, porque en seis días hizo Jehová
los cielos y la tierra, y en el séptimo día cesó y reposó. Primero, es una señal entre mí
y ellos. ¿Qué es una señal? ¿Qué significa
esto de que el día del Señor es una señal entre mí y ellos?
Una señal es un recordatorio. es un recordatorio, una marca
que tú haces para que te recuerde algo que tú no ves. Tú sabes que el miércoles tienes
que llevar el coche al taller y a lo mejor te olvidas. Entonces,
¿qué haces? Pones en la nevera un papelito
amarillo. Coche-taller. Pones la marca
en la nevera Entonces, es verdad que tengo que llevar el miércoles
el coche al taller. Esa es una señal. Te indica algo,
te recuerda algo que no ves, que no está delante de ti y que
tú tienes que recordar. Igual que el arco iris. El arco
iris es una señal del pacto que Dios hizo con Moisés. Vemos el
pacto y nos acordamos, Moisés, perdón, Moisés no es, Dios juró
que no volvería otra vez a enviar un diluvio como este, la señal
de ese pacto, el recordatorio de ese hecho. Pues esto es el día del Señor,
una señal recordatorio de la relación que hay entre Dios y
su pueblo, del pacto que Dios ha hecho que hemos sido unidos
a Cristo. Somos de Cristo. Cristo ha venido
y se ha unido a nosotros y ahora Él nos da sus bendiciones, nos
permite participar de las riquezas de su reino. El Día del Señor
es un recordatorio de eso. Somos el pueblo de Dios. No somos nuestros, somos del
Señor, estamos unidos a Él. Él es nuestro Dios, Él es nuestro
Salvador. El Día del Señor nos ayuda a
centrarnos en eso, a recordar, a reafirmar eso. La gente del mundo vive y yace
según sus deseos en ese día. sirve a sus deseos, sigue en
sus gustos, sigue en sus aficiones. Pero nosotros tenemos en el domingo
el día del Señor que nos recuerda nuestra pertenencia. Que nuestro Dios nos redimió. Esa es la señal. He dado por
señal. Estamos seis días metidos en
el día del Señor. Somos del Señor. Somos el pueblo
de Dios. También dice, para que supieseis
que yo soy Jehová, que os santifico. El día de reposo era para recordar
y asimilar que Dios los había escogido, los había separado
del mundo y los había puesto aparte para Él, porque Él quiere
ser su Dios para santificarnos. Dios nos ha santificado. Para que supiesen que yo soy
Jehová, que os santifico. ¿Qué es santificar? Apartar del
mundo. para ser propiedad de Dios. Dios no solo nos ha llamado del mundo, nos ha puesto a parte
del mundo para ser de él, sino que también nos sigue santificando
por su palabra y sus mandamientos en el día del Señor. Nos sigue
santificando. ¿Qué santificar nos prepara para
la comunión con Él? Tenemos seis días para trabajar,
tenemos seis días para hacer todas las cosas y tareas y deberes
y compromisos, pero Cristo nos ha llamado del mundo, nos ha
escogido y santificado. Nuestra ciudadanía está en los
cielos, no somos de aquí. Esto es lo que hacemos en el
día del Señor. El día del Señor es una figura
del reposo eterno. Nosotros hemos sido llamados
para ser un pueblo celestial. Dios nos ha santificado para
bendecirnos con su reino, con sus bendiciones. Eso es lo que
nos da en el día de reposo. Un pequeño adelanto del cielo
donde podemos reunirnos como dijimos esta mañana, en la casa
de Dios donde Él se hace manifiesto, como será en el cielo, santificarnos. Entendemos ahora mejor por qué
Dios decía a Ezequiel, mis días de reposo, Algo precioso para Dios, porque
tiene que ver con la obra redentora que ha hecho para nosotros. Dios
ha enviado a su hijo Jesucristo para librarnos de las culpas
de nuestros pecados y reconciliarnos con él. Y nos ha dado sus días
de reposo para que nos acerquemos a él, para que estando con él,
él nos libre. de las tentaciones nos fortalezca,
nos llene de su gozo y de su paz. Él nos ha dado este día
para que, libres de las ocupaciones ordinarias de nuestra vida, nosotros
podamos tener esta comunión con Él, en la comunión con los hermanos. Así Él nos prepara para mayores
bendiciones. son sus días de reposo, donde
Él está con nosotros. ¿Recuerdan cuando Jesucristo
venía y se aparecía con su pueblo? «Paz a vosotros, paz a vosotros»,
le decía. Eso es. Por eso es tan precioso
para el Señor. Sin embargo, Nuestro pasaje nos
enfrenta a la triste realidad de lo que el pueblo de Dios había
estado haciendo con esta preciosa dádiva que Dios les dio desde
el principio mismo, cuando lo sacó de la tierra de Egipto y
andaban por el desierto. Tuvieron en poco sus días de
reposo. En tiempos de Jeremías tenían
en poco el día de reposo. En los tiempos de Ezequiel tenían
en poco los días de reposo. ¿Qué está pasando ahora en nuestros
días? ¿Qué pasa hoy en las iglesias? ¿Qué pasa hoy entre nosotros? Muchos que profesan la fe hacen lo que denunciaba Jeremías
en su tiempo, siguen entrando y saliendo por las puertas de
Jerusalén en el día de reposo para hacer sus negocios, para hacer viajes, para pasear
o para estudiar, para ver el deporte, para estar con la familia, En lugar de santificarlo para
acercarse a Dios y santificarse, Dios denunció la práctica de
esos judíos. Así como hoy hay que denunciar
esa práctica. Que aún sabiendo el mandato del
día del Señor, lo dejan a un lado. Estos ancianos fueron a consultar
a Dios en esa condición y Dios les mostró su desagrado. No escuchaban ni la respondería
porque seguían el mismo camino que sus padres, profanando el
día del Señor. tenemos que guardar el día para
Dios. Permítanme, a este extenso tema,
darle, a ver si puedo, cinco líneas de pensamiento que
nos ayuden a enfrentar esta situación. a pensar en esto y a conducirnos
al respecto a la luz de estas líneas de pensamiento. Primero,
el día del Señor cae dentro de los diez mandamientos, los mandamientos morales que
Dios ha dado para todos los hombres y todas las épocas. Está dentro
de los diez mandamientos. no forma parte de una ley ceremonial
dentro de los diez mandamientos, no hay tal cosa. Es la ley moral, los diez mandamientos,
no forma parte, repito, de las leyes ceremoniales que se cumplieron
con la venida de Cristo y ya quedaron obsoletas. De manera que como vemos y estimamos
robar, Mentir, matar, cometer adulterio es algo que no podemos
hacer como hijos de Dios. También tenemos que guardar el
día del Señor, porque pertenece a la misma categoría de mandamientos,
una ley moral que obliga a todos los hombres en todas las épocas. Así lo ve nuestro Señor. Por
eso lo puso entre los diez mandamientos, no lo puso con la ley ceremonial. Si otros te invitan, si otros
te piden que robes, ¿tú qué les dices? Así el día del Señor. Pero es
que nosotros tenemos otra idea. Sí, nosotros tenemos otra idea.
Se puede... ¿Dios qué piensa del día del Señor? Segunda línea
de pensamiento. Dios... El Señor Jesucristo concretamente
nos ha dicho que para seguirle a él tenemos que tomar la cruz
y tenemos que sacrificar cosas en nuestra vida, incluso tenemos
que padecer por causa de él. En el Evangelio de Mateo encontramos
referencias, en los cuatro evangelios, referencias a esto. Dice Mateo
capítulo 10, versículo 38. Y el que no toma su cruz y sigue
en pos de mí no es digno de mí. El que haya su vida la perderá
y el que pierda su vida por causa de mí la hallará. O en el versículo
22. Y seréis aborrecidos de todos
por causa de mi nombre. Ser aborrecido, incluso perseguido. Guardar el Día del Señor en ocasiones
requiere asumir tal cosa. Porque la familia, viajes y otras
cosas nos piden que les demos a ellos el Día del Señor. Y tenemos que decirles que no. Que no. negocios, trabajos que nos obligan
a violar ese día. Tenemos que padecer por causa
de Cristo, es decir, para obedecerle y seguir sus mandamientos, a
veces tenemos que sufrir o perder, perder trabajo. o perder la buena idea que teníamos
en la cabeza de otros. Nuestro amor al Señor, nuestra
fe en el Señor, nuestra confianza y obediencia a Dios puede ser
probada en el cumplimiento de este mandamiento. El que no toma su cruz y me sigue Recuerden, el día de reposo representa
una ocasión para darse estas cosas. Tercera línea
de pensamiento. Nuestro Salvador Jesús es también
Señor del día de reposo. Marcos 2, 27 y 28. Y también les dijo, el día de
reposo, decía Jesús a los judíos, el día de reposo fue hecho por
causa del hombre y no el hombre por causa del día de reposo. Por tanto, el hijo del hombre
es señor aún del día de reposo. Dios hizo este día para bien
del hombre y la autoridad sobre ese día descansa en el Señor. No podemos usarlo de una forma
que no sea conforme a la voluntad del Señor. Él es el Señor de
ese día. ¿Quién pone las reglas? Hay casos en los que Dios providencialmente
nos dispensa de ese día, en el sentido de que normalmente lo
hacemos, reunirnos para adorar, por causa de enfermedad, por
causa de urgencias, pero debemos asegurarnos que sea Él, por su
providencia, que nos dispensa de ese día. La urgencia, la enfermedad,
Dios ha ordenado la providencia de tal manera que yo tengo que
atender esta situación. Que no sea por nuestra conveniencia,
por nuestra comodidad, por nuestro gusto, que dedico lo que hago
en el día del Señor, que dedico el día del Señor a lo que otros
dicen o quieren. El Señor Jesús es Señor de ese
día. Él tiene la autoridad. En cuarto lugar, dejar el día del Señor puede
formarse como una costumbre, un hábito. De eso habla Hebreos capítulo
10, versículo 25. Hermano, esto es una de las enseñanzas
importantes que distingue nuestra confesión de fe. Que muchas iglesias
no tienen esto. Nosotros lo tenemos, lo enseñamos
y así lo predicamos. Dice en el capítulo 10, versículo
25, no dejando de congregaros como algunos tienen por costumbre,
sino exhortándonos y tanto más cuanto veis que aquel día se
acerca. ¿Cómo se puede formar este hábito? Esta costumbre de no congregarnos,
¿cómo uno se puede acostumbrar a eso? Endureciendo su oído a
la voz de la conciencia. Endureciendo su oído a la voz
del Señor. Como esos ancianos a quienes
hablaba Ezequiel estaban endurecidos a la voz. No examinaban estas cosas y las
trataban delante de Dios. Si uno llega a ese punto, endurecerse
contra tu conciencia, endurecerse contra la voz del Señor, ha llegado
a un terreno peligroso. donde el mundo, el diablo, la
carne es más fuerte para arrastrarnos porque no estamos oyendo la voz
del Señor. Vuelvo a leer el versículo, no
dejando de congregarnos como algunos tienen por costumbre,
sino exhortándonos y tanto más, y tanto más, Cuanto veis que
aquel día se acerca, se acerca, se acerca el día en el que tenemos
que dar cuenta delante de Dios que hemos hecho con este mandamiento. Estamos acostumbrados, acostumbrados
a coger un poco para el Señor y otro poco para estar con la
familia. para ver el partido, no importa hacer viajes, tienes que sacrificar, bueno,
voy a sacrificar el día del Señor porque yo tengo que tener todas
mis cosas particulares el sábado, el lunes y sacrifico el día del
Señor. De este tema hemos hablado y
hemos expandido porque es una cuestión delicada, una cuestión
seria, pero ¿tenemos oídos para oír lo que dice nuestra conciencia? ¿O ya nos hemos endurecido, nos
vamos endureciendo, endureciendo? No importa que en el día del
Señor uno se dedique a otras cosas, Yo fui al culto por la
mañana. Y quinto y último, nos dice que los mandamientos
de Dios no son gravosos. Primera de Juan, capítulo 5,
Primera de Juan, capítulo 5, versículo 3. Pues este es el
amor a Dios, que guardemos sus mandamientos y sus mandamientos
no son gravosos. El amor a Dios, el amor a Cristo
se manifiesta obedeciendo sus mandamientos y guardar el día
del Señor es uno, uno especial para Dios. El amor a Dios nos
llevará a buscar y a esforzarnos para hacer lo que Dios nos pide
conforme a sus mandamientos. Y qué bendiciones, qué bendiciones
tiene Dios guardado para los que guardan sus mandamientos,
para los que guardan el día del Señor. Es un adelanto del cielo. Pero si el día del Señor llega
a ser gravoso, gravoso. Si llega a ser ya una carga, el cumplir este mandamiento,
¿qué hemos hecho con el amor a Dios? ¿Qué ha pasado con nuestro
corazón? ¿De qué hemos llenado nuestro
corazón? ¿A quién estamos amando? Porque Como he leído, este es el amor
a Dios, que guardemos sus mandamientos. Ese es el amor a Dios. No es
lo que yo siento hacia Dios, sino cómo yo oigo a Dios y cómo
hago su voluntad en sus mandamientos. Y el día de reposo es uno. Sus mandamientos no son gravosos. Si llega a ser gravoso, ¿qué estamos haciendo? Amando
el mundo, amando las cosas de este mundo. Así hacían aquellos
ancianos que fueron a hablar a Ezequiel para preguntarle sobre
los proyectos del Señor, y el Señor estaba irado contra ellos.
Hermanos, que estas cosas nos ayuden a considerar este mandamiento
y me gustaría concluir con lo que decía Isaías. Isaías, capítulo
58, dice en el versículo 13, si retrajeres del día de reposo
tu pie de hacer tu voluntad en mi día santo y lo llamar es delicia,
santo, glorioso de Jehová, y lo venerares no andando en tus propios
caminos, ni buscando tu voluntad, ni hablando tus propias palabras,
entonces te deleitarás en Jehová. y yo te haré subir sobre las
alturas de la tierra y te daré a comer la heredad de Jacob,
tu padre, porque la boca de Jehová lo ha hablado. Nos despedimos
en oración. Señor y Padre nuestro, ten misericordia
de nosotros, que en verdad nuestros corazones te amen a ti, que en
verdad podamos ser dóciles a tu voz, que podamos ser sabios para
recibir tu voz. Que no cerremos nuestros oídos
a la voz de la conciencia. Líbranos, oh Señor, de endurecer
nuestros oídos a la conciencia, a lo que tú nos hablas, sino
que nosotros ordenemos nuestra vida y nuestros pasos para andar
en obediencia a tu voluntad, porque queremos que tú nos subas
a tu alto monte y que nos hagas conocer de esas bendiciones.
Ayúdanos, oh Señor, perdona nuestros pecados, límpianos de nuestras
maldades, fortalécenos en el amor, ese amor que busca cómo
ordenar nuestra vida para hacerte gratos. Ayúdanos, oh Señor, ayúdanos. En el nombre de Cristo te lo
pedimos. Amén.
Los ancianos de Judá y el Día de Reposo #19
Series Sermones sobre Ezequiel
| Sermon ID | 315221619475550 |
| Duration | 1:08:01 |
| Date | |
| Category | Sunday - PM |
| Bible Text | Ezekiel 20:1-20 |
| Language | Spanish |
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