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En nuestro estudio del libro
de Ezequiel, vamos hoy a considerar el capítulo 16, que es uno de los pasajes, según
dicen algunos, más elaborados de este profeta, junto con la
parte final, los capítulos del 40, en adelante, cuando trata
de la edificación del templo. Vamos entonces a hacer la lectura
de unos versículos de Ezequiel en el capítulo 16. Verán que
es un capítulo muy extenso, 63 versículos. Es un bloque, es una enseñanza
concreta. Y vamos a hacer la lectura de
los versículos del 1 al 15. Dice Ezequiel, capítulo 16, de
la siguiente manera, versículo 1. Vino a mí palabra de Jehová
diciendo, hijo de hombre, notifica a Jerusalén sus abominaciones. Y di, así ha dicho Jehová el
Señor sobre Jerusalén, tu origen, tu nacimiento es de la tierra
de Canaán. Tu padre fue Amorreo y tu madre
Etea. Y en cuanto a tu nacimiento,
El día que naciste no fue cortado tu ombligo, ni fuiste lavada
con aguas para limpiarte, ni salada con sal, ni fuiste envuelta
con fajas. No hubo ojo que se compadeciese
de ti para hacerte algo de esto, teniendo de ti misericordia,
sino que fuiste arrojada sobre la faz del campo, con menosprecio
de tu vida en el día que naciste. Y yo pasé junto a ti, y te vi
sucia en tus sangres. Y cuando estabas en tus sangres
te dije, vive, sí. Te dije cuando estabas en tu
sangre, vive. Y te hice multiplicar como la
hierba del campo. Y creciste y te hiciste grande. Y llegaste a ser muy hermosa. Tus pechos se habían formado
y tu pelo había crecido, pero estabas desnuda y descubierta. Pasé yo otra vez junto a ti y
te miré, y he aquí que tu tiempo era tiempo de amores. Y extendí
mi mano sobre ti, cubrí tu desnudez, y te di juramento y entré en
pacto contigo, dice Jehová el Señor, y fuiste mía. Te lavé
con agua, Y lavé tus sangres de encima de ti y te ungí con
aceite. Y te vestí de bordado, te calcé
de tejón, te ceñí de lino, te cubrí de seda. Te ataví con adornos,
puse brazalete en tus brazos y collar en tu cuello. Puse joyas
en tu nariz y zarcillos en tu oreja. Y una hermosa diadema
en tu cabeza. Así fuiste adornada de oro y
de plata, y tu vestido era de lino fino, seda y bordado, comiste
flor de harina de trigo, miel y aceite, y fuiste hermoseada
en extremo. Prosperaste hasta llegar a reinar,
y salió tu renombre entre las naciones a causa de tu hermosura. porque era perfecta y a causa
de mi hermosura que yo puse sobre ti, dice Jehová el Señor. Pero
confiaste en tu hermosura y te prostituiste a causa de tu renombre
y derramaste tu fornicación a cuantos pasaron. Suya eras. Vamos a dejar aquí la lectura
y vamos a pedir a Dios que nos ayude. a la hora de considerar
las enseñanzas de su palabra. Señor y Dios nuestro, nuevamente
te queremos dar gracias que podamos estar reunidos aquí. Danos la
fe, oh Señor. Danos esa fe a través de la cual
podemos honrarte, a través de la cual podemos acercarnos a
ti, a través de la cual podemos oír tu voz, a través de la cual
podemos ver tus obras, tu gracia. Danos esa fe, oh Señor. Por los
méritos de Cristo te lo pedimos. Amén. En este extenso capítulo leemos
la historia de un hombre que se encontró a un bebé, a una
niña recién nacida. Esa niña, al nacer, fue abandonada. Fue dejada en cualquier sitio. Allí la dejaron sucia, como había
nacido y en peligro de muerte. Pasó ese hombre y la recogió,
la limpió, la curó, y le fue dando cuantas atenciones esa
niña necesitaba para superar ese peligro en el que se encontró,
porque estaba abandonada y nadie cuidaría de ella. Esa bebé se
hizo una niña, se hizo después una jovencita, fue creciendo,
Ese hombre le siguió proveyendo durante todo el proceso de su
crecimiento, le proveyó la formación, la educación, el mantenimiento,
y resulta que esa bebé que estaba allí sola, tirada, media muerta,
llegó a ser una mujer. Esa niña llegó a estar bien formada,
bien preparada, Ese hombre se casó con ella. Y siguió ella recibiendo más
beneficios aún de ese hombre. Y llegó a ser esta mujer una
mujer notoria. Y su fama empezó a extenderse. Y llegó a ser una dama importante
y famosa, muy poderosa en su país e incluso en el extranjero. Sin embargo, cuando llegó a ganarse
toda esa admiración y fama de casi todo el mundo, empezó a
mirar a otros hombres. Esos que la halagaban por su
grandeza, por su hermosura, y así empezó a tener en poco a su marido. Y se olvidaba de su historia,
y de quién era ella, y de dónde había salido, y quién le había
dado todo ese bien. Y no sólo se quedó mirando a esos
hombres, sino que aún llegó a ser adúltera. Y aún más, llegó a
comportarse como una ramera. Pero de las peores, como una
ramera compulsiva. Porque ella no sólo recibía la
paga de los hombres a quienes entregaba, como suelen hacer
esas mujeres, sino que ella hacía al revés. Ella daba la paga a
los hombres para que se llegasen a ella. Ese matrimonio llegó a ser un
matrimonio Imagínense cómo se puede vivir en un matrimonio
así. La situación estaba más allá
de toda esperanza de ser reparado ese matrimonio y restaurar las
relaciones. Esa mujer había ido lejos, había
ido muy lejos en su maldad, habiendo sido tan beneficiada por su marido. Tiempo después, esa mujer mala
y desagradecida comenzó a cosechar de lo que había estado sembrando. Empezó a sufrir y a padecer en
manos de todos esos a quienes se había entregado. Estos empezaron
a quitarle todo cuanto ella tenía y le trajeron mucho dolor y sufrimiento. No le duró mucho toda esa vida
de placer y de haber hecho todo ese mal que hizo. Su marido, viendo la situación
tan lamentable en la cual ella estaba, se acordó del pacto,
el pacto que había hecho con ella para ser su esposo cuando
se unió en matrimonio con ella. Y ese hombre vino de nuevo a
esa mujer, la recogió, comenzó a cuidarla y restauró su relación
con ella otra vez y confirmó su pacto matrimonial con ella. Él sería su marido, quien la
cuidaría y la seguiría amando. Esta es la historia. en estos
términos que está contando el capítulo 16 de Ezequiel. Una historia extraña. Extraña. Una historia realmente muy extraña,
pero esa no es otra sino la historia de la salvación. Es la historia
de cómo Dios ha procedido para salvar al hombre En el Antiguo
Testamento y en el Nuevo Testamento se condensa toda esta historia. Dios es el hombre que ha procedido
desde el principio de esa manera. Esa mujer somos nosotros. Que ha procedido de esa manera.
Esa mujer es la Iglesia. ¿Qué relato es este? Bueno, aquí
tenemos una alegoría, que es un cuento que se narra para dar
una enseñanza concreta. Y aquí se coge entonces este
cuadro de un supuesto matrimonio de un hombre que trata de esta
manera que hemos dicho. Ahí está la alegoría para darnos
la enseñanza. que Dios quiere acerca de nosotros,
acerca de Dios, acerca de la fidelidad de Dios, acerca de
la infidelidad de la Iglesia. Este cuento entonces nos muestra
cómo es el proceder de Dios como nuestro Salvador y cómo puede
ser nuestro proceder. ¿Cómo había sido el proceder
de la Iglesia en el Antiguo Testamento? ¿Qué enseñanza vamos a destacar?
Considerando, leyendo, estudiando este pasaje, me ha parecido que
de las cosas más importantes que aquí resalta es la que se
encuentra y se repite en varios versículos. Versículo 22. Con todas tus abominaciones y
tus fornicaciones, no te has acordado de los días de tu juventud,
cuando estabas desnuda y descubierta, cuando estabas envuelta en tus
sangres. Y sucedió que después de toda la maldad, ay, ay de
ti, dice Jehová. Estabas andando en esa maldad
y no te acordabas, no te acordaste ¿De dónde vienes tú? Versículo
43. Por cuanto no te acordaste de
los días de tu juventud y me provocaste a ir en todo esto,
por eso he aquí yo también traeré tu camino sobre tu cabeza, dice
Jehová el Señor, pues ni aún has pensado sobre toda tu lujuria. Otra vez se repite, ¿no te acordaste
de dónde venías y de dónde saliste? Y eso te llevó a provocarme a
ira. En los versículos del 53 hasta
el final, ahí habla del nuevo pacto. ¿Cómo rehís otra vez? ese hombre en matrimonio con
aquella mujer que había roto. El antiguo pacto quedó obsoleto.
Entonces Dios hizo un nuevo pacto con su iglesia. Es lo que se
habla y respecto a esto de acordarse dice en el versículo 60 Antes yo tendré memoria de mi
pacto que concerté contigo en los días de tu juventud y estableceré
contigo un pacto sempiterno. Y te acordarás de tus caminos. Y te avergonzarás bajo la gracia de Dios. Ahora
ella se acordará de lo que tenía que acordarse. Versículo 63,
para que te acuerdes y te avergüences y nunca más abras la boca a causa
de tu vergüenza. Cuando yo perdone todo lo que
hiciste, dice Jehová el Señor. Vemos aquí entonces que el tema
de acordarse o no acordarse es un asunto vital. Encontramos entonces esta importante
lección. Dios cuando perdona nuestros
males, Dios cuando perdona nuestros pecados, que venimos a Él confesándolos y
amparándonos en el sacrificio de Cristo, Él nos lava nuestros
pecados, nos limpia de ellos y se olvida de nuestros pecados. En el capítulo 31 de Jeremías
dice, Jeremías 31-34, al final del versículo, porque perdonaré
la maldad de ellos y no me acordaré más de su pecado. En Isaías capítulo 43 afirma
también lo mismo. Isaías 43-25, yo Yo soy el que
borro tus rebeliones por amor de mí mismo y no me acordaré
de tus pecados. Pero Dios que no se acuerda de
los pecados que él nos ha perdonado nos enseña que nosotros no debemos
olvidarlos. Y aquí recrimina a su pueblo
porque se olvidó de ello. Podemos ver en varios sitios
de la Palabra de Dios donde Dios hace esto, donde se muestra cómo
Dios inspiró a estos autores para que repasásemos los pecados
nuestros, esos pecados que Él dice que Él se olvida. El Salmo
106. Podemos ver un Salmo donde el
escritor precisamente recuerda estas cosas. coge una etapa determinada
de la vida del pueblo de Israel y lo que hace es traer a colación diferentes tipos de maldades
que salió en el pueblo. Empieza el Salmo 106 alabando
a Dios y después empieza en el versículo
6 pecamos nosotros como nuestros padres, hicimos iniquidad, hicimos
impiedad, y empieza a mencionarla, versículo 6, versículo 7, versículo
8, pero Él lo salvó por amor de su nombre para hacer notorio
su peder. Versículo 13, bien pronto olvidaron
sus obras, no esperaron su consejo, se entregaron a un deseo desordenado
en el desierto, tentaron vino a los juicios. Versículo
19, el pecado del becerro en Horeb. Después, en el versículo
24, otra vez otros pecados. En el versículo 28, el pecado
en Balpeor con Moab. En el versículo 32, es un salmo
que está recordando esos pecados que en su momento Dios había
perdonado y se había olvidado. Miren también lo que dice en
Segunda de Pedro, en el capítulo 1, versículos 8 y 9. Segunda de Pedro, capítulo 1,
versículos 8 y 9. Porque si estas cosas están en
vosotros y abundan, no os dejarán estar ociosos ni sin fruto en
cuanto al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo. Pero el que
no tiene estas cosas, tiene la vista muy corta, es ciego, habiendo
olvidado la purificación de sus antiguos pecados. Algo que Pebdo dice, el que no
madura, el que no progresa en la fe, es que está olvidando
esos pecados que la ha hecho es que no se acuerda no trata
con eso los antiguos pecados no los trata,
no los trae al recuerdo y esta es la cuestión y qué decir de romanos capítulo
7 versículo 14 en adelante este es el cuadro de un hombre cristiano
dedicado a una de sus principales tareas, a traer a su memoria, a traer
delante de sí todo el mal que habita en él. Porque sabemos
que la ley es espiritual, mas yo soy carnal vendido al pecado.
Porque lo que hago no lo entiendo, pues no hago lo que quiero, sino
lo que aborrezco, eso hago. Y así sigue hasta el versículo
25. Vemos entonces que es una cuestión
importante que nosotros podamos recordar tales cosas. Le doy un breve bosquejo de este
capítulo que seguramente cuando lleguen a sus casas los van a
leer para que puedan entenderlo por dónde va y facilitarles quizás
un poco la lectura. La primera parte es el versículo
del 1 al 14. Volvemos entonces a Ezequiel
16 del 1 al 14 es la primera parte. El nacimiento y prosperidad
de la mujer. Nacimiento del pueblo de Dios. Versículo del 15 al 34 es la
siguiente parte. La infidelidad de esa mujer.
Los versículos del 35 al 52 principalmente son los juicios de Dios contra
ella y después los versículos del 53 al 63 la restauración
por la gracia de Dios, el nuevo pacto. Aquí Ezequiel del nuevo pacto
no trata mucho sino como que esa es la solución a la abundante
maldad de su pueblo. Esa cuestión la trataría más
ampliamente en el capítulo 36. Así que en estos versículos del 1
al 14 resume la historia de Israel desde el nacimiento en Egipto
hasta los días de David y Salomón. Allí en Egipto, qué de miserias
pasó el pueblo, cómo estaban ellos angustiados y afligidos
grandemente, sometidos a esa esclavitud. Ahí empezó a nacer
este pueblo. Y cómo Dios lo sacó, después
entró en pacto con él en el monte de Sinaí, y cómo empezaron a
desarrollarse hasta el tiempo de David y Salomón, que llegó
a ser de la cabeza de las naciones que dominaban todo el entorno. Los versículos del 15 en adelante,
habiendo llegado a esa posición elevada y gloriosa, empiezan
a dar la espalda a Dios, que es la historia de los reyes que
nosotros hemos estado estudiando. ¿Cómo empiezan las infidelidades
a Dios? Y ese es el periodo que abarca
desde ese tiempo hasta el profeta Ezequiel. De eso se nos habla
en todos estos versículos, desde el 15 hasta el 34. Y es significativo como Dios
menciona que todas las cosas que Dios había dado a esa mujer
para su bendición, para su prosperidad, para hermosearla y prepararla,
esas fueron las cosas que ella usó para hacer mal contra Dios. Tomaste tus hermosas alhajas
de oro y de plata que yo te había dado, y te hiciste imágenes de
hombre y fornicaste con ellas. Tomaste tus vestidos de diversos
colores y te cubriste, y mi aceite y mi incienso pusiste delante
de ellas. Mi pan también que yo te había
dado, la flor de la harina, el aceite y la miel con que yo te
mantuve, pusiste delante de ellas. delante de esas imágenes de esos
dioses para olor agradable. Además de eso tomaste tus hijos
y tus hijas que habías dado a luz para mí y los sacrificaste a
ellas. Todo lo que Dios, todas las bendiciones
que Dios le había dado fueron el motivo de su perversión. Leanlo con tranquilidad este
pasaje en su casa. Parece que Dios, hablando de
este tema y de esta forma, es como si abriera su corazón. y
expresara cómo sentía en su alma el peso de este proceder de su
pueblo, habiéndoles visitado con su gracia, habiéndole prosperado
de esta manera tan grande y a cambio recibe lo peor que se podía dar. Esto es un llamado a que nosotros
Revisemos cómo estamos usando las bendiciones con las que Dios
nos visita con su favor. Porque si no somos cuidadosos,
pueden ser los medios para ofender a Dios y corromper nuestras almas. Si nosotros nos olvidábamos de
quién éramos y del mal que hay en nosotros, Dios puede darnos
entendimiento, entendimiento para algunas cosas, y eso me
puede llevar a ponerme por encima y a ser sabio en mi propia opinión,
en lugar de hacerme un hombre más agradecido, un hombre que
use esa capacidad para conocer más a Dios. Entender mejor sus
caminos, ayudar a otros, resulta que lo uso para ensobervecerme. Dios nos da trabajo, según hemos
pedido. Y resulta que cuando me da trabajo,
empiezo a meterme en él de una manera que después desplazo a
Dios. le quito el tiempo de la adoración
a Dios porque estoy trabajando o porque tengo mucho trabajo
o porque estoy muy afanado con el trabajo y ya le quito el tiempo
para la adoración a Dios o la adoración particular en familia
a Dios o incluso no importa violar el día de reposo por meterme más y más en el trabajo
y por sacar más del trabajo que le había estado pidiendo a Dios
y Dios me dio. Hay maneras de tomarse el trabajo
que pueden volverse en un arma para ofender a Dios, para dejar
mis deberes para con Dios y eso se transforma en un medio para
empezar a corromper mi alma y afectar a mi familia. cogiste mi aceite, mi incienso,
todo aquello que la tierra prometida le daba de forma abundante, que
fluye leche y miel, todo el producto de su trabajo fue para ofrecérselo
a sus dioses. Pero aún más la familia, ¿qué
estaba pasando en las familias? Como nos cuentan estos versículos
20 y 21, ¿qué ocurría? con esta bendición tan grande
de Dios que son nuestras familias. Cuando le pedimos a Dios que
nos cierra ese esposo, esa esposa. Cuando le hemos pedido a Dios
que nos dé hijos, que guarde nuestros hijos. ¿Y después qué podemos hacer con
ellos? Pues poco a poco esos hijos pueden
ser el objeto al cual nos vamos aferrando, aferrando de una manera
en que dejamos a Dios después en segundo plano. Tomaste tus hijos y tus hijas
que habías dado a luz para mí y los sacrificaste a ellas para
que fuesen consumidos. Eran poca cosa tus fornicaciones
que esos hijos que eran para mí los entregaste al mundo sigue
diciendo en el versículo 21 para que degollaces también a
mis hijos y los ofrecieras aquellas imágenes
como ofrenda que el fuego consumía eran míos ¿Cómo es que tú los ofreciste? En el tenor de estas palabras.
Yo te daba todas estas bendiciones. ¿Cómo puede ser que Dios nos
da hijos y después empecemos a centrarnos en ellos de una
manera, de una forma, que descuidamos la relación y los deberes de
Dios o de nosotros para con Dios. Se llega a pensar que hay que
complacerlos a ellos antes que complacer a Dios. Y no se da cuenta que el orden
de prioridades que tenía antes y después cuando llega su hijo
ya cambió. Ya cambiaron el orden de prioridades. Desde luego los hijos trastornan
el ritmo de nuestra vida porque ya con los hijos hay que dedicarles
mucho tiempo y demandan gran atención y trabajo. Pero mira
lo que estaba pasando en la iglesia del antiguo pacto con los hijos. Dios no era buscado, Dios no
era obedecido, Dios no era honrado como se debe. Y los hijos llegaron
a volverse en un motivo para deshonrar a Dios y para corromper
sus almas. ¿Cómo tenemos que hacer lo que
antes he leído aquí en el versículo 22? ¿Cómo es necesario que nosotros
recordemos nuestros pasados? Recordemos lo que realmente hay
en nosotros y que Dios nos ha mostrado. Para no llegar a esto,
a usar las bendiciones que Dios nos da de forma contraria. Vamos entonces a considerar alguna
idea en cuanto a esto de traer a la memoria nuestros antiguos
pecados. Esto es un aspecto importante
de nuestra vida. ¿No te has acordado de los días
de tu juventud? Le repito en dos ocasiones. ¿No
te acordaste de los días de tu juventud? Y en el versículo 23 que te acuerdes, para que te
acuerdes. No olvidemos lo que Dios nos
ha perdonado entregando a su Hijo en la cruz. No olvidemos
la cantidad de cosas perversas que han ido saliendo y hemos
ido viendo después en nosotros. No nos olvidemos de estas cosas. Dios te ha permitido por la enseñanza
de su palabra o por diversas circunstancias providenciales
en tu vida que pudieras ver más claramente el potencial de maldad
que hay en ti. No te olvides. Tráelo a tu memoria. Recuérdalo. No podemos olvidarnos de esto. Porque mira lo que nos dice Pedro,
vamos a volver a ese pasaje. Segunda de Pedro, capítulo 1, versículos 8 y 9. Porque si estas cosas están en
vosotros y abundan, estas cosas se refieren a lo que venía hablando. Añadid a vuestra fe virtud, a
la virtud conocimiento, al conocimiento dominio propio, al dominio propio
paciencia, a la paciencia piedad, a la piedad afecto fraternal,
al afecto fraternal amor. Estas cosas estando en vosotros
no os dejarán estar ociosos. Estas cosas en nosotros, madurar
en esto, no nos permitirá ser creyentes inútiles. En cuanto
al conocimiento, en cuanto a la experiencia y vivencia con Cristo,
dice, aquí conocimiento es la comunión con Cristo. No simplemente
discernir, aquí conocimiento no es discernir una cosa, sino
experimentarla. Nosotros estamos madurando en
la fe, creciendo en la paciencia, en la piedad. Eso es lo que nos
ayuda a tener esa vivencia con Cristo, experimentar de la comunión
con Él. Pero si estoy ocioso, Si yo no
estoy creciendo ahí, si no estoy entregado a esta madurez, ¿qué
está pasando? El que no tiene estas cosas,
que no está madurando en la piedad, en el afecto fraternal, tiene
la vista corta. Ha olvidado la purificación de
sus antiguos pecados. No se está acordando. ¿De dónde
vino él? ¿No se está acordando de las
cosas que Dios le perdonó a él y que él fue a pedirle perdón? Ha dejado su tarea principal
una comunión experimental con Cristo, la cual le lleva a un
crecimiento en la fe, a un crecimiento en el amor. ¿Por qué? No recuerda sus pecados. Y como no los recuerda, no los
trata. Como no los trae a su cabeza,
no los trata. No trata con su corazón. Y a
lo mejor hace cosas por ahí. Hace cosas como cristiano, hace
esto y hace lo otro. Pero después, en su casa, cuando
llega esa mujer a su casa, con su marido, con sus hijos, ven
la mujer de siempre. en los pecados de siempre con el mismo carácter difícil
de siempre aunque hace todas estas cosas porque no se acuerda de sus pecados
y no los trata y entonces no tiene estas cosas ¿Ven el planteamiento de Pedro
aquí? Vamos a Romanos, capítulo 7,
versículo 14. Romanos, capítulo 7, versículo
14. Este pasaje que en algunas ocasiones
me ha venido, porque no lo hemos estudiado nunca, hemos citado
aquí, allí, pero centrarnos a estudiar lo que dice aquí, Creo que no
lo hemos hecho. Aquí encontramos a un hombre
que recuerda sus pecados, que trae a la mente sus extravíos. Él lo expresaba en sus cartas.
En algunos sitios, recuerdan, por ejemplo, en Primera de Timoteo,
capítulo 1, versículo 15, como él recuerda quién era él. Palabra fiel y digna de ser recibida
por todos que Cristo vino al mundo para salvar a los pecadores
de los cuales yo soy el primero. El primero en la lista, el peor
de todos los pecadores. Y aquí hay pecadores en el mundo. Pues dice que él es el más grande,
el primero, el que tiene pecados que supera a todos los demás. Yo soy el primero. traía con frecuencia tales cosas
a su recuerdo, pues ahora está escribiendo de eso. ¿A dónde le lleva el recordar
tales cosas? Pues a conocerse a sí mismo, a conocerse mejor a sí mismo
a la luz de la verdad de la palabra de Dios. Eso le lleva a guardarse mejor
de sus propios de sus propias cosas, de lo que él sabe que
puede haber en él y que sale. Eso le lleva a estar luchando
contra ese mal que sabe que está, aunque sale cuando... y no quiere
él que salga. Yo sé que en mí, esto es en mi
carne, no mora el bien. El querer está en mí, pero no
el hacerlo. No hago el bien que quiero, sino
el mal que no quiero. Eso hago. Y si hago lo que no
quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí. Así
que queriendo yo hacer el bien, hayo esta ley. El mal está en
mí. ¿Este hombre hablando de estas
cosas? Esta es una de las principales
tareas en la cual el creyente debe de estar involucrado. Estar tratando el pecado que
hay en nosotros. Esa es una de nuestras principales
tareas. Mortificar el pecado que hay
en nosotros. Crecer en amor, crecer en paciencia,
en dominio propio, en benignidad, en complacer a Dios. Estos serán cristianos más agradecidos, más agradecidos a Dios. Serán hombres, mujeres más agradecidas
a la Iglesia. agradecidos a los hermanos, agradecidos
a los pastores, más agradecidos. Miserable de mí, ¿quién me librará
de este cuerpo de muerte? Gracias doy a Dios, gracias doy
a Dios. llega a lo profundo del reconocimiento
de lo que ve en él y desde ahí que brota gratitud, gratitud a Dios. Ven la montaña que se acumula
y se siente agradecido, agradecido de poder estar aquí escuchando
estas cosas. agradecido de poder tener comunión
con los hermanos, agradecido de poder recibir de Dios su gracia,
agradecido de poder servir a Dios con semejante montaña de males
que veo yo en mí, poder servir al Señor. Cuando yo me olvido
de esto, Me subo en la posición de empezar a criticar y me encuentro
con más facilidad para criticar, para rechazar, para empezar a
quejarme de los pecados de otros. No trae a su mente sus propios
males. Y entonces está pronto para quejarse
de los de otros, porque no está mirando los suyos, no está tratando
los suyos, no está trabajando con los suyos, que es de nuestras principales
tareas. El recuerdo de y el repaso de
nuestros propios pecados nos despierta el deseo de reunirse
para adorar a Dios. Si nos cansamos de venir a la
iglesia, ¿qué buscas? ¿Qué estás buscando para... ya
no tengo, es que no tengo ganas, es que no me apetece? ¿Qué buscas? Tú estás mirando, tú tienes en
cuenta lo que hay en ti, lo que ha salido de ti, por dónde has
ido tú. El recuerdo de nuestros pecados,
el poder repasar lo que hay en nosotros, nos despierta el deseo
de escuchar su palabra, porque quiere buscar ayuda. ¿Por qué
quieres tener esos recursos que Dios da? ¿Por qué quieres ir
a estar con Cristo? Esta clase de creyentes encuentran
en la oración ayudo y auxilio frecuente por todo lo que está
viendo. Pero cuando uno se olvida de
eso, se olvida también de la oración. no tiene ganas de ir a orar. Padres, padres que repasan con frecuencia
sus propias miserias, padres que recorren su corazón como
aquí el apóstol dice que recorría su corazón para buscar en los
escondrijos todo ese mal que ha salido Esos padres podrán ayudar a sus
hijos a que traten con sus corazones,
porque es lo que él está haciendo con el suyo. No tratarán simplemente con el
comportamiento de afuera, que no te portes así, que no seas
así. Tratará con el corazón de sus hijos. Pero si no sabe tratar con su
propio corazón, porque se olvida de sus pecados, ¿cómo va a tratar
con el de sus hijos? Miren entonces, cómo se nos dice
en la palabra acerca de recordar los pecados y las ramificaciones
que tiene esto, vamos a ir A otro punto, ¿cómo puedo recordar los
pecados pasados? ¿Cómo puedo hacer eso? ¿Es cuestión
de ejercicio de memoria? Bueno, mira el texto de Ezequiel,
capítulo 16, en la última parte nos habla como es la intervención
de la gracia de Dios, la que despierta nuestra memoria y la
guía en esa dirección. Así que sí, tenemos que ejercitar
nuestra memoria, pero es Cristo quien nos puede ayudar a explorar
esta realidad. Dice en el versículo 60, antes
yo tendré memoria de mi pacto que concerté contigo en los días
de tu juventud y estableceré contigo un pacto sempiterno y
te acordarás de tus caminos y te avergonzarás cuando recibas a
tus hermanas mayores Versículo 63 para que te acuerdes
y te avergüences y nunca más abras la boca a causa de tu vergüenza. Cuando yo perdone todo lo que
hiciste, dice Jehová el Señor. Es Cristo por su gracia quien
nos ayuda, como he dicho, a sondear estas cuestiones tan delicadas.
El Espíritu Santo vino para convencer al mundo de pecado. El Espíritu
Santo nos lleva a ese lugar de modo, de modo, de modo que nos
avergoncemos. Como dice aquí. Y eso es la manera adecuada porque
éste se ha ido donde podremos ver los frutos. El Espíritu Santo nos lleva y
podemos otra vez confesar los pecados que hemos confesado.
¿Recuerdan cuando David decía, de los pecados de mi juventud?
¿No te acuerdas? ¿Cuántas veces habrá él pedido
perdón por los pecados de su juventud? cuando era joven se metió en
donde no debía haberse metido y eso le persigue durante toda
su vida. Hicimos lo que no teníamos que
haber hecho en la juventud y nos acordamos de eso. Y tenemos
que venir a pedir perdón a Dios que ya nos perdonó pero Nuestra
alma no está satisfecha y tiene que volver otra vez a pedirle
perdón por los pecados de la juventud. Recordar, recordar
los pecados, confesarlos a Dios otra vez. Y eso nos dará más deseo de apartarnos
de Él. Eso nos dará más deseo de mortificarlos. Es el conocimiento de nuestro
pasado y nuestros males que nos hace personas, como he dicho,
más agradecidas, personas más enseñables, personas con una
actitud de aprender. Y nunca más abrirás tu boca,
dice. Estaremos abriendo la boca para
lo que no tenemos que abrir la boca. Seremos más dóciles, más dispuestos
a servir a Dios y adorarle. Y eso no como una carga, sino
un privilegio, porque te estás acordando de quién eras tú, y
de dónde te sacó el Señor, y qué ha estado perdonando Dios en
tu vida. Esto tenemos que diferenciarlo
de lo que es el complejo de culpabilidad, Hay tal cosa como un complejo
de culpabilidad que se puede sufrir por ciertas cosas del
pasado que uno ha hecho o ha sufrido de otros y tiene ese
sentimiento enfermizo que te agarrota por males pasados. Tenemos que diferenciar una cosa
de la otra. No estamos hablando de aquí,
de estar hurgando para llegar a ese complejo de culpabilidad.
No. ¿En qué se diferencia uno de
otro? Sencillamente, algún detalle
solamente. El complejo, este complejo, te
lleva a mirar el mal que hay, o hiciste, o te hicieron, y te
deja ahí. Te lleva como a un callejón sin
salida donde tú ves y solamente miras tal cosa. te quedas mirando
tus males, te quedas lamentando, y ya está. Que tú eres esto,
que tú eres lo otro, que yo soy así, que yo soy asado, que soy,
soy, que soy. Y lo que yo hice, y lo que yo
hice, y lo que yo soy, y lo que yo tengo, ese complejo que nos
sale de ahí. Cuando el Espíritu Santo nos
conduce en esta dirección, Él no nos deja ir. Nos hace pasar
por ahí para llevarnos a Dios. Nos hace pasar por ahí y nos
lleva a ser más paciente con los otros. Nos lleva a los otros, nos lleva
a amar a otros más nos lleva a esforzarnos más en
la gracia para no caer en esos pecados otra vez. Esta es la gran diferencia, que
el Espíritu de Dios nos lleva a este punto para que de ahí
podamos ser hombres, mujeres, que podamos ser agradecidos,
como he dicho, que podamos ver las riquezas de Dios. que sepamos
convivir mejor con nosotros, que podamos ser hombres más dóciles. Bueno, hermanos, Ezequiel 16
nos recuerda que la Iglesia no puede conformarse con recibir
las bendiciones que Dios les va dando. Además, debemos de
buscar la ayuda de Cristo para recordar de dónde nos ha sacado
y los males que ha ido sacando de nuestro corazón para verlos. Si nos quedamos con disfrutar
las bendiciones, acabaremos usándolas para ofender a Dios, para corromper nuestra alma o
la Iglesia. y para traer sobre nosotros el
desagrado de Dios. Dios es un Dios que perdona todas
nuestras maldades, que borra nuestras rebeliones y nos acuerda
de nuestros pecados, pero nos manda que nosotros nos acordemos
de todo ese mal que Él nos ha limpiado, para que podamos ocuparnos
en la tarea principal de cada creyente. guardar nuestro corazón sobre
toda cosa guardada guarda tu corazón esa es de nuestras tareas principales
en las que tenemos que estar ocupados amigo si no sabes qué hacer con
tu pasado o que no te importa todo lo que hayas hecho o el
mal que has causado o si quizá te quieres esconder de él, te quieres esconder de tu pasado,
de los pecados que sabes que tu pecado te perseguirá y un
día te cogerá. El único medio provisto para
atajar tal cosa es Jesucristo. Él vino para eso. Él llevó nuestros pecados en
su cuerpo sobre el madero para quitarnos la culpa de ellos y
que nosotros pudiéramos acercarnos a Dios y vivir una nueva vida. Y esto se recibe por fe. Si confesamos nuestros pecados,
Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos
de toda maldad. Nos despedimos en oración. Señor y Padre nuestro, queremos
darte gracias por venir a rescatar a pecadores
como nosotros. Queremos darte gracias por tantos favores y bendiciones
que tú nos has dado a lo largo de nuestra vida, en lo laboral, en lo familiar,
en la iglesia. Gracias, oh Señor. Queremos pedirte perdón ¿Cómo te hemos ofendido en tantas
ocasiones? ¿Cómo te hemos puesto a un lado
por abrazar esas bendiciones con las que tú nos hiciste bien?
Queremos pedirte nuevamente que nos perdones, oh Señor. Nos perdones porque realmente te ofendimos
con eso que nos distes tú para nuestro bien. Cómo nuestro corazón
nos engañó, cómo oímos nuestros deseos en vez de oír tu voz,
cómo seguimos nuestras ideas en vez de seguir tu palabra y
a dónde llegamos. Perdónanos, Señor, perdónanos. Quisiéramos rogarte que tú nos
ayudes para que podamos entender mejor nuestros propios errores,
nuestros propios pecados, nuestros propios desvíos. Danos entendimiento
para que seamos hombres más útiles en tus manos, más útiles en la
iglesia, en la familia y aún entre los vecinos. Quisiéramos
pedirte que tú nos guardes en esta semana que comienza, quisiéramos
pedirte que tú nos des el pan de cada día, que tú nos libres
de tentaciones, quisiéramos rogarte que podamos serte útiles. Cuida tu iglesia, extiende tu
reino, salva a los pecadores, Por los méritos de Cristo te
lo pedimos. Amén.
La Mujer que no recordó su pasado #17
Series Sermones sobre Ezequiel
| Sermon ID | 315221615547734 |
| Duration | 59:46 |
| Date | |
| Category | Sunday - PM |
| Bible Text | Ezekiel 16 |
| Language | Spanish |
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