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Marcos capítulo 1 vamos a leer
del versículo 29 hasta el 39 dice así la palabra de Dios al
salir de la sinagoga vinieron a casa de simón y andrés con
jacobo y juan y la suegra de simón estaba acostada con fiebre
y enseguida le hablaron de ella Entonces él se acercó y la tomó
de la mano y la levantó e inmediatamente le dejó la fiebre y ella les
servía. Cuando llegó la noche, luego
que el sol se puso, le trajeron todos los que tenían enfermedades
y a los endemoniados y toda la ciudad se agolpó a la puerta. Y sanó a muchos que estaban enfermos
de diversas enfermedades y echó fuera muchos demonios. Y no dejaba
hablar a los demonios porque le conocían. Levantándose muy
de mañana, siendo aún muy oscuro, salió y se fue a un lugar desierto,
y allí oraba. Y le buscó Simón y los que con
él estaban, y hallándole le dijeron, todos te buscan. Él les dijo,
vamos a los lugares vecinos para que predique también allí, porque
para esto he venido. Y predicaba en las sinagogas
de ellos en toda Galilea y echaba fuera los demonios. Amén. Hasta ahí la lectura de la palabra
de Dios. Vamos a pedir la ayuda del Señor
en una palabra de oración. Nuestro Dios y Padre Santo, Te
pedimos que al acercarnos a Tu Palabra nos des entendimiento. Señor, que la lectura, la predicación
de Tu Palabra no sean vanas, sino que penetren hasta el corazón. Que nos vengan, oh Señor, no
simplemente con el sonido de las palabras, pero también con
su sentido. Y también aún, Señor, además,
con el poder del Espíritu Santo, para que esta palabra obre en
nosotros lo que sea de Tu agrado. Pues lo pedimos por medio de
Tu Hijo Jesucristo. Amén. Al llegar a Marcos capítulo 1
y el versículo 29, estamos continuando con el relato de un solo día
de reposo. O sea, lo que el Señor Jesucristo
vivió en un solo día, nosotros lo estamos dividiendo y lo estamos
considerando en dos ocasiones distintas. O sea, ya en este
día de reposo, en este sábado, Él había entrado en una sinagoga,
había participado en la adoración, había enseñado con autoridad,
había reprendido a un endemoniado, había echado fuera el demonio.
y la multitud había quedado maravillado. Saliendo de la sinagoga, después
del servicio, se fueron a la casa de Simón y de Andrés. Y a lo mejor los niños se acuerdan,
¿verdad?, que estos dos discípulos eran hermanos y tenían su casa
allá en Capernaum. Y llegaron también con Jacobo
y Juan, que era otro par de hermanos que también eran discípulos de
Cristo. Entonces, aquí está el Señor
Jesucristo, y aquí están dos hermanos de una familia y dos
hermanos de la otra familia, pero todos se van a la casa de
Simón. Y a ver, ¿cuál de los niños se
acuerda otro nombre para Simón? Simón, que se llama también... Simón, que se llama también Pedro.
Muy bien, Jade. Simón lo conocemos más bien como
Pedro, ¿verdad? Y aquí siguieron más actividades
para el Señor Jesucristo. Saliendo de la sinagoga, pues
se fueron, iban a comer, ¿verdad? Es lo que hacemos nosotros. Saliendo
del servicio de la mañana, regresamos a nuestras casas y comemos. Quizás, si es un momento propicio,
invitamos a otra familia, algún hermano, ¿verdad? Y convivimos
un rato. Pero sea eso como sea, De todos
modos, llegaron a la casa y no se acababan todavía los labores
de este día. sino que tuvo que sanar a una
persona y luego tuvo que sanar a más personas, tuvo que librar
a más endemoniados. Y estos milagros servían para
dar una ilustración, para mostrar qué tipo de reino anunciaba el
Señor Jesucristo, cómo es el reino de Dios que se ha acercado
en la venida en la llegada del Señor Jesucristo. Bueno, lo vemos
en tres divisiones principales, ¿verdad? Primero vienen los versículos
29 al 31, donde leemos de la enfermedad, pero también del
servicio. Llegaron a la casa de Simón Pedro
después del servicio Jesús y los cuatro discípulos, o sea, los
cinco. Y ahí encontraron la suegra de Simón enferma con una calentura,
¿verdad?, con fiebre. Y el Señor Jesucristo la sanó
simplemente tomándola de la mano y ayudándola a que se parara,
que se levantara. Y no había duda, ¿verdad?, que
había sido verdaderamente sanada. No fue simplemente la emoción,
¡ay, tenemos invitados! Me tengo que componer de alguna
forma, ¿no? sino que fue de verdad porque inmediatamente los sirvió. O sea, probablemente preparó
y les trajo la comida que iban a compartir. Pues en sí es un
relato bien sencillo, ¿verdad? Una mujer enferma, el Señor Jesucristo
llega a la casa, la sana y ella le sirve comida. Bien sencillo. Pero, sin embargo, tiene varias
lecciones muy importantes. De paso, vamos a anotar esta
lección. Simón tenía una esposa. Pues cómo iba a tener una suegra
si no tenía esposa, ¿verdad? La forma de conseguir una suegra
es uno se casa, ¿verdad? Y ya la mamá de la esposa se
convierte en mi suegra. OK. ¿Por qué vale la pena anotar
eso? Pues probablemente, hermanos,
no sería un punto de mucha importancia si no fuera que dentro de la
iglesia católica ha habido un movimiento muy fuerte de decir
que lo que ellos llaman los sacerdotes no se deben de casar. y han cambiado un poco las reglas
y a veces han sido más estrictos, a veces han sido menos estrictos.
Pero, por ejemplo, ahora, si ustedes van a la iglesia católica
aquí de Shafter o en Bakersfield o donde sea, y si platican con
el sacerdote, la regla es que él no puede estar casado. Ahora, notemos esto. La misma
iglesia católica dice que Pedro era el primer papa, o sea, era
el principal de los sacerdotes, el que mandaba a todos los demás.
Ahora, contéstame esto. ¿Cómo es que vamos que Pedro,
el primer papa, según ellos, tiene suegra y por consecuente
tiene esposa, y sin embargo los otros sacerdotes No se les permite
tener una suegra. No se les permite tener una esposa.
No pueden seguir el ejemplo del, según ellos, primer papa. Es
una incoherencia, ¿verdad? Y es uno de los puntos donde
la Iglesia Católica se ha desviado de la Biblia en imponer reglas
que son humanas pero que no son divinas. Ahora, claro, no es
el punto más grande de desacuerdo que tenemos con la Iglesia Católica,
pero es uno de los puntos, ¿verdad? Y vale la pena mencionarlo porque
es un punto tan claro. Pero bueno, si no fuera por la
controversia histórica, quizás tomaríamos simplemente por hecho,
ah sí, Pedro tuvo esposa y suegra y adelante, no diríamos nada
más. Entonces vamos a avanzar porque no es el punto principal
del texto. Notemos lo que hace, lo que hacen
los seguidores del Señor Jesucristo. Le cuentan sus problemas. ¿Cómo dice ahí? Enseguida le
hablaron de ella. Versículo 30. Entraron en la
casa, la suegra de Simón está tirada en cama, no se puede levantar
con una fiebre. Enseguida le hablaron de ella. Hermanos, nosotros como seguidores
del Señor Jesucristo, ¿qué debemos de hacer? Pues debemos de acercarnos
a Él y presentarle nuestros problemas. A veces tenemos la idea, ¿verdad?
de que Dios está, por decirlo así, en espera o en reserva hasta
que salga un problema bien grande. ¿Recibo diagnosis de cáncer?
Ah, bueno, ahora sí voy a pedirle al Señor, ¿verdad? ¿Algo terrible
pasa? ¿Pierdo mi trabajo? Ok, ahora
sí le voy a pedir al Señor. ¿Pero es algo chiquito? ¿Me siento
cansado? No sé qué hacer. Tengo algún
problemilla. Ah, pues eso yo sí puedo. Hermanos,
no debe de ser así. Si pensamos que Dios está en
reserva para problemas grandes, quiere decir que no estamos caminando
con Él diariamente. Paso a paso. Y por otro lado,
¿cuál de nuestros problemas realmente es grande para Dios? Pues en... Desde el punto de vista de si
es difícil para Dios tratarlo, pues ninguno de nuestros problemas
es grande para Dios, ¿verdad? Entonces, si yo tengo un problema
chiquito, o si tengo un problema grande, o si tengo un problema
enorme, ¿verdad? Pues sea lo que sea, debo encomendarlo
al Señor. Los discípulos de Cristo le comentan,
le hablan de la suegra enferma. Pero también podemos notar esta
lección, que cuando el Señor Jesucristo conoce a una persona,
parte de su cuidado para esa persona es que también se preocupa
por los que pertenecen a esa persona. No había conocido anteriormente,
de lo que sabemos, a la suegra de Pedro, ¿verdad? ¿Pero qué
dice el Señor Jesucristo? No, pues no me la han presentado,
no la voy a sanar. No, ¿verdad? Conoció a Pedro
y es todo lo necesario. Cuando el Señor Jesucristo entra
en una casa es de bendición para todos los que están en la casa. Y pues eso nosotros podemos aprender.
Por un lado, a imitar ese ejemplo, ¿verdad? Si yo, bueno, pongamos
el ejemplo del pastor y yo no en la iglesia. Si llega una persona
nueva, quizás llegan solos, ¿verdad? Pero los conocemos, les preguntamos
quiénes son, de dónde vienen, cómo se enteraron de nosotros,
etcétera, etcétera. Y pues parte de cuidar por esa
persona es aprender qué es lo que le preocupa, qué familiares
tiene, qué pesares tiene, y encomendar esas cosas en oración, de ver
por esa persona en sus relaciones, en su contexto. Pero también
lo podemos ver desde este punto de vista, que porque Pedro conoció
al Señor Jesucristo, su suegra también recibió bendiciones.
Pues qué ánimo para nosotros, ¿verdad? Quizás seamos los primeros
en nuestra familia en verdaderamente conocer al Señor Jesucristo.
Pero la probabilidad es que no seremos los últimos. Porque donde
viene el Señor Jesucristo, cuando toma cuidado de una persona,
comienza también a preocuparse, a hacer bien por los conocidos,
por los familiares y amigos de esa persona también. Y también notamos que el Señor
Jesucristo era suficiente para responder a esta crisis. Aquí
está una señora tan enferma que ni siquiera se puede levantar.
Viene el Señor Jesucristo, le toma de la mano, inmediatamente
está perfectamente bien. Pues hermanos, ¿cuál es nuestro
pesar? ¿Qué es lo que nos viene conquistando
esta tarde? ¿Verdad? Pensamos, ay, no tengo
fuerzas para eso, me falta ánimo, no aguanto. El Señor Jesucristo
es suficiente para esa necesidad. No le falta nada para suplir
lo que necesitamos. Y también, Por último, de esta
parte debemos de aprender que ser librados de la debilidad
nos llama al servicio. Pues aquí estamos viendo el ejemplo
de la suegra de Simón. Cuando se levantó de la cama,
cuando el Señor Jesucristo la sanó, ¿qué hizo? Inmediatamente
les servía. Pues qué ejemplo para nosotros,
¿verdad? Cuando estamos enfermos y no
podemos hacer algo, está bien. Cuando estamos enfermos y no
podemos llegar a la iglesia, está bien. Cuando estamos enfermos
y no podemos participar en alguna actividad, no podemos ser de
ayuda a otra persona, está bien. La enfermedad es un motivo legítimo,
¿verdad?, para dejar ciertas formas de servicio. Pero cuando
hemos sido restaurados, ¿qué debemos de hacer? Debemos de
servir. ¿Por qué servimos al Señor? Porque
Él ha sido bondadoso para con nosotros, porque Él nos ha librado,
quizás, de la enfermedad, pero indiscutiblemente, si somos creyentes
en el Señor Jesucristo, nos ha librado de algo peor que la enfermedad. Nos ha librado de... del pecado
y de su condenación. ¿Cuál es la respuesta correcta? Pues es el de servirle con gozo,
con ánimo. Es parte de la gratitud, hacer
lo que podamos. Claro, cada uno de nosotros tiene
posibilidades distintas de servicio, ¿verdad? Tenemos dones distintos. Si me pidieran a mí que yo les
apoyara tocando el piano, pues no puedo, ¿verdad? Y si lo intento,
pues se van a dar cuenta de que no me hubieran pedido hacerlo.
porque no va a salir bien. O sea, va a ser una nota tras
otra, solamente una, y va a ser bien lento porque tengo que pensar
y decir, bueno, ¿y ahora a dónde me voy, verdad? ¿A dónde paso?
Y yo no puedo tocar el piano. Entonces, yo no puedo servir
de esa manera, pero puedo servir de otras maneras. Y es la respuesta
adecuada a la gracia de Dios que sirvamos. Y de hecho, por
ejemplo, en Lucas, Simeón lo considera un gran privilegio,
una bendición que proviene del pacto de Dios con su pueblo,
que le podamos servir sin miedo. Hermanos, no debemos de ver el
servicio cristiano como, ay, qué pesado, qué feo, qué gacho. Dios me lo exige y lo voy a hacer
porque me lo exige, pero no me gusta. A veces así somos, ¿verdad? A veces así son los niños. Ay,
pues papá me dice que tengo que servir, pero no quiero. Yo lo
he sentido, ¿verdad? Yo he estado en esa circunstancia.
Yo recuerdo días de trabajo, por ejemplo, en la iglesia. Ay,
yo no quiero ir. No me gusta eso de estar podando,
cortando pasto, haciendo esto, aquello y lo otro. Y si voy, pues voy con mala gana,
porque me lo están obligando. Pero, hermanos, es un privilegio
servir a Dios. Debe de ser un gozo servir al
Señor. Y si reconocemos que Él nos ha
librado, pues entonces lo vamos a servir con buen ánimo. Pero bueno, hay que avanzar a
la segunda sección, donde ahora al atardecer, cuando llegó la
noche, luego que el sol se puso, o sea, ya está oscuro, y le trajeron
todos los enfermos y los endemoniados de este pueblo de Capernaum. Ahora, ¿por qué esperaron hasta
el atardecer? Pues servicio en la mañana, fueron
a la casa de Simón, sanaron a la suegra, comieron y ahora ya se
puso el sol y de repente viene el gentío, ¿verdad? Arrastrando
a sus enfermos y endemoniados. Supongo que se esperaron porque
como judíos respetaban mucho el día de reposo y también existía
en este tiempo una idea errónea que en el día de reposo no se
debía hacer ni siquiera obras de misericordia. Ahora, el Señor
Jesucristo va a rebatir ese error en unos pocos versículos. El
día del reposo es lícito, es bueno hacer el bien. Claro, hay
cosas que se deben de evitar, pero mostrar misericordia está
bien. Pero bueno, de todos modos, sea
el motivo cual haya sido, se esperaron hasta que se puso el
sol. Y entonces trajeron Más actividad
para el Señor Jesucristo, ¿verdad? Lo que ya había sido un día largo,
se alargó todavía más. Se puso el sol, pero no se acabó
el día de trabajo para Él. Ahora está enfrentado de todos
los endemoniados y todos los enfermos de este pueblo. Entonces muchos fueron sanados,
muchos demonios se echaron fuera y no les permitía hablar porque
nuevamente no iba a aceptar el testimonio de los ciudadanos
del infierno a su identidad como el rey del reino de Dios. Ahora,
¿qué nos enseña este relato que aquí vemos? Pues pensemos por
un momento en la comunidad de Capernaum. Era un pueblo en un
sentido próspero, ¿no? No era muy grande, pero dependían
de la pesca del mar de Galilea, y de la pesca, pues más o menos
vivían bien. Era posible, ¿verdad?, sacar
una buena vivienda, y como vendían la pesca, pues luego sí tenían
dinero en efectivo. Era una comunidad Dentro de lo
que cabe, próspera. Era una comunidad que tenía su
propia sinagoga, que podían escuchar semana tras semana la lectura
de la Palabra de Dios, podían participar en la adoración de
Dios. era una comunidad con familias
fuertes, pues aquí vemos a Pedro, a su hermano Andrés, con la suegra
viviendo todos juntos, ¿no? O sea, era una comunidad tranquila,
chiquita, próspera, con iglesia, por decirlo así, con sinagoga,
¿verdad? Entonces, si tuviéramos que escoger
dónde quisiéramos vivir en este tiempo, pues la verdad, Capernaum
no sería un lugar malo para vivir. Quizás si estuviéramos escogiendo
cualquier lado del mundo, quisiéramos vivir ahí o un lugar parecido,
¿no? Pero, ¿cuántos problemas existían
en esta comunidad chiquita, tranquila, próspera, con familias fuertes,
con la palabra de Dios ahí? pues trajeron a muchos endemoniados,
trajeron a muchos enfermos. Pues lo podemos comparar con
nuestra comunidad. Aquí en Shafter, pues en comparación
con otros lugares, es un pueblo próspero. En comparación con
otros lugares, es un pueblo tranquilo. Cuando en el verano hubo protestas
y demostraciones y violencia en muchas partes, ¿aquí qué hubo? Nada, ¿verdad? Aquí en Shafter hay muchas iglesias. Si quieren escuchar la palabra
de Dios, pues lo pueden hacer. En toda la pandemia, pues aquí
nos hemos reunido y la policía, el condado, el departamento de
salud, pues no nos han dicho nada. Y en comparación, por ejemplo,
la iglesia en Sacramento, sí les enviaron una carta para decirles
que dejaran de reunirse. Si estuviéramos escogiendo, viendo
cómo estuvo la situación de la pandemia, si yo estuviera escogiendo,
yo hubiera escogido vivir en Shafter, ¿verdad? De otras partes. Pero ¿cuántos problemas no existen
aquí en Shafter? Detrás de puertas cerradas puede
ser una familia próspera, pero hay drogadicción, hay conflicto,
hay personas que están a punto de suicidarse, hay personas que
no saben lo que van a hacer mañana. ¿Cuántos problemas no pueden
estar representados aún en una congregación pequeña como la
nuestra? Si uno indaga, si uno investiga,
si uno pregunta, uno se da cuenta que hay gente viviendo cosas
impresionantes. Y no son gentes entregadas al
mundo, son gentes que se congregan semana tras semana en la iglesia,
que escuchan la palabra de Dios. Y sin embargo, hay cosas que
uno dice, no es posible. Pues fue lo mismo en Capernaum.
Todas sus ventajas no servían para insularlos, para protegerlos
de cada problema. ¿Pero qué tenían? Hermanos, la
respuesta estaba entre ellos. Trajeron sus enfermos y endemoniados
al Señor Jesucristo. Y hermanos, aquí en Shafter,
por medio de su palabra, también está aquí con nosotros el Señor
Jesucristo. No es el venir a la iglesia lo
que les va a librar de sus problemas. No es el venir a la iglesia lo
que les va a librar de su encadenamiento a los lazos del diablo. Pero
es el Señor Jesucristo. Pero si vienen a la iglesia y
oyen su voz, si por venir a la iglesia se reúnen con Él, si
por abrir la Biblia en casa reciben su sabiduría, no, pues entonces
el Señor Jesucristo sí hace la diferencia. No nos confundamos,
hermanos. La respuesta no es Simplemente
la palabra de Dios. La respuesta es la palabra de
Dios que nos permite tener un encuentro con el Señor Jesucristo. Necesitamos a Cristo. Yo lo necesito,
tú lo necesitas también. Vayamos a Él entonces, con todo
lo que está sucediendo. Y bueno, por último, aquí vemos
que el Señor Jesucristo se levantó muy de mañana, siendo aún muy
oscuro. Salió y se fue a un lugar desierto
y ahí oraba. Hermanos, ustedes suponen que
recibió que pudo gozar de ocho horas completas de sueño el Señor
Jesucristo en esta vez? No, ¿verdad? Porque se puso el
sol y ahí le trajeron todos los enfermos y endemoniados de Capernaum.
¿Y luego qué hace? Se levanta temprano, antes de
que salga el sol, y se va a un lugar lejano a orar. Pues aquí
también hay varias lecciones. Una lección muy obvia es acerca
de la oración. Si el Señor Jesucristo necesitaba
orar para reponerse de todas las labores del día anterior,
pues ¿a poco nosotros no necesitamos orar? A veces pensamos, pues
estoy cansado, no puedo orar. Pero debemos de tomar en cuenta
que la oración es una de las formas en que nos reponemos del
cansancio, de la angustia, de todo el estrés del día, ¿verdad? Si yo llego y digo, ay, no, estoy
tan cansado, no puedo orar, creo que lo estoy viendo mal, ¿verdad? Debería de decir, bueno, lo bueno
que allá hay un espacio chiquito y aquí voy a encomendar al Señor
estas cargas, estas preocupaciones. Voy a encomendar al Señor que
me equivoqué en el trabajo y quizás me quieran correr. Voy a encomendar
al Señor que peleé con mi esposa y ahora ya no me quiere hablar.
Voy a encomendar al Señor lo que sea, ¿verdad? Y de esa manera,
la oración en vez de ser, ay, otra cosa más que tengo que hacer,
se convierte en lo que debe de ser. Una manera en que me repongo
de todo eso. Pero bueno, si ustedes son como
yo soy cuando leo que el Señor Jesucristo se paró muy temprano
en la mañana y se fue lejos y se entregó a la oración, lo primero
que me viene a la mente es, ay, cuánto fallo en esto. Pues debemos
seguir su ejemplo, ¿verdad? Hay lugar para crecimiento para
nosotros aquí. Pero también debemos de recordar
el consuelo que es, que aunque yo no soy lo que debo de ser
en la oración, aunque yo a veces sí me retraso, aunque a veces
se me olvida orar por alguien en específico, aunque a veces
digo, ay, andaba tanto a la carrera, ay, que no voy a poder terminar
mi oración. El Señor Jesucristo fue perfecto
en la oración. Y en este aspecto también, su
justicia, su obediencia, su perfección, Dios lo pone a mi cuenta. Mis fallas, mis defectos en la
oración no me tienen que desanimar. ¿Por qué? Porque en Cristo soy
completo, soy perfecto. Sus oraciones cuentan como si
yo los hubiera ofrecido. Gracias a Dios por eso, ¿verdad?
Si no, ay, la carga de culpa sería demasiado. Dios quiera,
¿verdad?, que oremos más como Cristo, pero que lo hagamos sabiendo,
¿verdad?, que su justicia alcanza para nosotros aquí también. Pero
aunque el Señor Jesucristo se levantó temprano y se fue lejos
para estar solo, para orar al Señor, y vemos ahí también, ¿verdad?,
que necesitamos un poquito de soledad. Y es un punto donde
los padres se tienen que apoyar mutuamente, ¿verdad?, porque
a veces con niños chiquitos, pues conseguir, aunque sean diez
minutos, Solitos, pues es difícil, ¿verdad? Y entonces es bueno
que los padres se ordenen un poquito para decir, bueno, yo
voy a tomar a los niños y tú vas a tener tus 15 o 20 o 30
minutos, lo que sea, de soledad para leer, para orar, para meditar
un poquito, ¿verdad? Para tranquilizarte. Pero bueno,
el Señor Jesucristo no gozó de mucha soledad porque sus discípulos
lo encontraron y le dijeron, todos te buscan. Y la respuesta
del Señor Jesucristo es algo inesperado porque lo que dice
es, vayamos lejos de aquí, vayamos a otras partes. Parece curioso,
¿verdad? Todos te buscan, pues vámonos
de aquí. ¿Por qué? Habrá dicho eso. Bueno, los discípulos le van
buscando y no sabemos si estaban emocionados por las oportunidades
y dijeron, oye, todo Capernaum está enamorado de ti. Tienes
que hacer otra apariencia para tus fans, ¿verdad? Para tus fanáticos,
para los que están tan entusiasmados contigo. O a lo mejor fue la
expectativa, ¿verdad? La gente te espera y no sabemos
qué decirles, no sabíamos dónde estabas. Tienes que regresar
porque es lo que la gente quiere. Pero el Señor Jesucristo no se
dejó llevar ni por la oportunidad de volverse todavía más popular,
ni por la presión de la expectativa social, digamos, sino que sigue
con el mandamiento que Dios le había dado. Vamos a los lugares
vecinos para que predique también allí, porque para esto he venido. Y predicaba en las sinagogas
de ellos en toda Galilea y echaba fuera los demonios. Pues hermanos, de aquí también
hay algo bien importante para nosotros que debemos de aprender.
¿Qué es lo que define nuestro deber? No son las oportunidades. Y no son, no es lo que la gente
espera de nosotros. Es lo que Dios nos ha dicho. Y entonces como iglesia tenemos
que seguir el ejemplo del Señor Jesucristo. presión. Hay gente que quiere,
yo quiero esta actividad, yo quiero aquel actividad, yo quiero
que se haga esto, yo quiero que se haga aquello, pero ¿qué tiene
que hacer la iglesia? Tiene que entregarse a la predicación
de la palabra de Dios. ¿Qué dijo Pablo? Dios me envió
no para bautizar, sino para predicar el evangelio. No que el bautismo
no sea importante o algo que Dios mandó, pero Pablo sabía
que el bautismo no tenía la misma importancia que la predicación.
¿De dónde aprendieron los discípulos a entregarse, como dicen en Hechos
6, a la oración y al ministerio de la palabra? Pues lo aprendieron
del ejemplo del Señor Jesucristo. Aquí lo encontramos levantándose
bien temprano para orar. Y cuando ellos le dicen, regrésate
a Capernaum, sigue con tu ministerio de sanar, dice, tengo que ir
a otros pueblos, tengo que predicar. La misión principal de la iglesia
es predicar. Pero todos nosotros tenemos que
aprender. que nuestro deber no se define
por lo que la gente espera de nosotros. Luego, por ejemplo,
las familias tienen sus expectativas, ¿verdad? Ay, ¿a poco no vas a
venir a festejar tal cumpleaños o tal día festivo? No vas a hacer
esto, aquello y el otro. Pues si entra en conflicto con
la responsabilidad que Dios me da, no, la verdad, no voy a ir.
tenemos que quedar libres de las expectativas de los seres
humanos para poder dar la prioridad a agradar al Señor. El ministerio de misericordia,
de sanar, de echar fuera a demonios, no era sin importancia. Daba un ejemplo concreto, ¿verdad?,
del mensaje que el reino de Dios se había acercado. Pero no debemos
de acercarnos a Cristo buscando, pues es que Cristo me puede curar,
es que Cristo me puede hacer prosperar, es que Cristo me puede
ayudar. Y hay muchos que así lo hacen, ¿no? Entran en problemas,
vienen a la iglesia, piden oración, se soluciona el problema y...
no los volvemos a ver, ¿verdad? Por lo menos mientras no salga
otro problema. Pero eso es venir a Cristo, no
para recibir a Cristo, sino para recibir algún beneficio. Pero hermanos, venimos a Cristo
para que Él nos libre del pecado, del mal, para que Él sea suficiente
para nosotros. Venimos a Cristo para seguirle
y servirle fielmente. En este texto vemos al Señor
Jesucristo como predicador entregado, como sanador compasivo, como
poderoso guerrero contra las fuerzas del mal, pues echa fuera
los demonios. Lo vemos también como fielmente
intercediendo por su pueblo en la oración. Y hermanos, yo no
necesito solamente cierto porcentaje de este Cristo. Yo no necesito
solamente a Cristo el sanador o simplemente a Cristo el intercesor. Yo necesito a Cristo en toda
su plenitud. Nada menos que el Cristo completo
alcanza para toda mi necesidad. Vengamos a Cristo, pues, por
la fe. Amén.
Atravesando a Galilea
Series Marcos
Necesitamos a un Cristo completo; solamente Cristo en su plenitud alcanza para mi necesidad.
| Sermon ID | 312141414468 |
| Duration | 34:48 |
| Date | |
| Category | Sunday - PM |
| Bible Text | Mark 1:29-39 |
| Language | Spanish |
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