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Iba a hacer enojar a mi esposa
y pedir que cantara, así como sugirió el hermano, pero no quiero
tener problemas matrimoniales después. Vamos a leer la palabra de Dios
en el libro de Deuteronomio, capítulo 27. Deuteronomio, capítulo
27. Y puestos de pie, leer los versículos
un tanto fuertes. Pero como verán, tiene mucho
que ver con el sermón. Deuteronomio capítulo 27 y voy
a comenzar a leer en el versículo 11. Deuteronomio, el quinto libro
de la Biblia. Capítulo 27, versículo 11. dice la Palabra de Dios. Y mandó
Moisés al pueblo en aquel día, diciendo, Cuando hayas pasado
el Jordán, éstos estarán sobre el monte Jericín para bendecir
al pueblo, Simeón, Levi, Judá, Isaacar, José y Benjamín. Y éstos
estarán sobre el monte Ebal para pronunciar la maldición, Roven,
Gad, Acer, Zabulón, Dan y Neftalí. Y albarán los levitas y dirán
a todo barón de Israel en alta voz, Maldito el hombre que hiciera
escultura o imagen de fundición, abominación a Jehová, obra de
mano de artícice, y la pusiera en oculto, y todo el pueblo responderá
y dirá, Amén. Maldito el que deshonrare a su
padre o a su madre. Y dirá a todo el pueblo, Amén.
Maldito el que redujere el límite de su prójimo. Y dirá a todo
el pueblo, Amén. Maldito el quisiera errar al
ciego en el camino. Y dirá a todo el pueblo, Amén. Maldito el que pervertiere el
derecho del extranjero, del huérfano y de la viuda. Y dirá a todo
el pueblo, Amén. ¡Maldito el que se acostare con
la mujer de su padre, por cuanto descubrió el regazo de su padre!
¡Hidrato el pueblo! ¡Amén! ¡Maldito el que se ayuntare
con cualquier bestia! ¡Hidrato el pueblo! ¡Amén! ¡Maldito el que se acostare con
su hermana, hija de su padre o hija de su madre! ¡Hidrato
el pueblo! ¡Amén! ¡Maldito el que se acostare
con su suegra! ¡Hidrato el pueblo! ¡Amén! ¡Maldito el que hiriere a su
prójimo ocultamente! ¡Hidrato el pueblo! ¡Amén! ¡Maldito el que recibiere soborno
para quitar la vida al inocente! ¡Hidrato el pueblo! ¡Amén! ¡Maldito el que no confirmare
las palabras de esta ley para hacerlas! ¡Hidrato el pueblo! ¡Amén! Oremos al Señor para que
nos ayude a entender su palabra. Que nos oigamos como veíamos
en esta mañana, oidores olvidadizos, pero hacedores de su palabra.
Todos orando al Señor. Padre Santísimo, nuestro gran
Dios. Te conocemos, Señor, y te alabamos
por tu sabiduría, por tu bondad, por tu misericordia y gracias
que en tu providencia podemos estar en tu casa. Y te pedimos,
Señor, para esta congregación y las demás congregaciones donde
se predica el Evangelio, tu favor da fruto a los que hayan predicado
hoy y los que predicarán en esta noche, Señor, que pueda ser condenado. con el poder del Espíritu Santo. Te rogamos, Señor, por nuestros
hermanos en España, nuestros hermanos Phillips. Ayúdalo, Señor,
en su ministerio en esta semana. Igualmente a nuestros hermanos
en la Ciudad de México. Ayúdalo, Señor, en su familia,
con sus ministerios, sus viajes misioneros. Te pedimos, Señor,
que tu reino se extienda en nuestro país. Dan misericordia de nosotros
y nuestros hijos. Nosotros creemos en las Escrituras
como la palabra de Dios. Le pedimos que tu palabra corra.
Creemos en el Evangelio, las buenas noticias de tu salvación.
Oh Señor, que tu reino de gracia venga y el reino nos enseñe y
se predique el arrepentimiento y fe para con Dios. Y nosotros
creemos en el Espíritu Santo, su poder para salvar. Haz la
obra entre nosotros aún en esta noche. Oh, Señor, manda un avivamiento
de lo alto. Y por México, Señor, te pedimos
que quites la idolatría, quites los pecados, las abominaciones
que se cometen, y que nos volvamos a ti. Haz la obra, Señor, como
nunca lo has hecho antes, y ven aquí a nuestro país, que tu presencia
salvadora y transformadora se manifieste en nuestros días.
Esta noche el Señor le estudiará tu palabra. Si hablo, que hable
conforme a la palabra de Dios. Y si ministro, que ministre conforme
al poder que Dios da, para que en todo sea nuestro Señor Jesucristo
glorificado. En su santísimo nombre te lo
pedimos. Amén. Amén. Sentémonos, hermanos. Cada año aprendemos 12 versículos,
un versículo por mes, y este año estamos aprendiendo 12 versículos
del Antiguo Testamento, pero no de un pasaje en particular,
pero 12 versículos diferentes de diferentes pasajes. En enero,
Aprendimos de Génesis 1.1, el primer versículo de la Biblia,
muy importante, clave, por supuesto, pues es el versículo que nos
enseña cómo fue creado todo el universo. En febrero, febrero,
aprendimos Génesis 3.15, donde se menciona por primera vez el
Evangelio, la victoria de Cristo sobre la serpiente antigua. Y
en marzo aprenderemos de Deuteronomio 27, 26. Deuteronomio 27, 26,
el último versículo que leímos, donde nos encontramos unas lecciones
sobre la ley de Dios. Pero aprenderemos este versículo
según la traducción de Galatas 3, 10. Galatas 3, 10, el apóstol
Pablo traduce este versículo. y lo interpreta y nos da las
palabras que vamos a memorizar este año. Galatas, capítulo 3. Si tienen sus Biblias, Galatas
3, 10. Y vamos a ver unos versículos
de este pasaje. Así que si gustan poner un separador
en Deuteronomio 27 y otro separador en Galatas, capítulo 3. No sé
si se pueden poner separadores, verdad, en sus celulares. No
sé si haya tal función. Por eso la hermana Bechelani
dice, mejor una Biblia de verdad, como dice ella, verdad, un libro
con páginas y hojas que uno puede marcar y separar. Muy bien, en
Galatas 3.10, en la segunda parte, nos dice el apóstol que Deuteronomio
27 y 26 dice, maldito Todo aquel que no permaneciere
en todas las cosas escritas en el libro de la ley para hacerlas. Esa es la traducción. Maldito
todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en
el libro de la ley para hacerlas. Esa tarde enlistaremos unas lecciones
lógicas y unas lecciones evangélicas de este versículo. Ese va a ser
nuestro texto. Galatas 3 10, la segunda parte. Comencemos con las lecciones
lógicas, las lecciones lógicas de Galatas 3.10 en nuestro texto. La primera lección es la ley
de Dios nos declara malditos o benditos. La ley de Dios nos
declara malditos o benditos. De eso se trata el contexto en
Deuteronomio capítulo 27. Veanlo en los versículos 1 a
3 de Deuteronomio. Están por entrar a la tierra
prometida. Y Moisés ordenó con los ancianos
de Israel al pueblo, diciendo, Deuteronomio 27, 1, Guardaréis
todos los mandamientos que yo os prescribo hoy. Y el día que
pases el Jordán a la tierra que Jehová tu Dios te da, levantarás
piedras grandes y las revocarás con cal, y escribirás en ellas
todas las palabras de esta ley, cuando hayas pasado para entrar
en la tierra que Jehová tu Dios te da. tierra que fluye leche
y miel, como Jehová, el Dios de tus padres, te ha dicho. Versículo
11. Mandó Moisés al pueblo en aquel
día, diciendo, Cuando hayas pasado el Jordán, éstos estarán sobre
el monte Jerisím para bendecir al pueblo. Simeón, Levi, Judá,
Isaacar, José y Benjamín. Y éstos estarán sobre el monte
Eval para pronunciar la maldición. Rubén, Gad, Aser, Zabulón, Dan
y Neftalí. Dos montes, dos secciones, dos
opciones, la maldición o la bendición. Ahora, aquí hay que tener en
cuenta que ser maldito, la maldición es una palabra muy, pero muy
fuerte, muy, muy severa. Es algo muy grave. No sé si ustedes
lo hacían, pero en la primaria a veces usamos esa expresión.
No seas maldito. No seas maldito. Préstame la
bici. No seas maldito. Déjame jugar
en tu equipo. No seas maldito. Pero realmente
no sabíamos lo que estamos diciendo. Maldito es estar bajo la maldición
de Dios. Dios hará que todo suceda para
mal en nuestras vidas. En otras palabras, maldito es
estar bajo la condenación de Dios, ser castigado, sufrir su
ira santa. Y aquí estamos hablando del Dios
de la Biblia, el Dios que es un fuego consumidor. El fuego,
el sol no es nada en comparación con la ira santa de Dios cuando
nos dice la Biblia que es como un fuego consumidor. Ahora, lo
contrario a ser maldito, por supuesto, es ser bendito. Estas son las dos opciones, maldito
o bendito. Pero también esta palabra, bendito,
bendición, es una palabra cristiana que la usamos tanto que a lo
mejor ha perdido su sabor, ha perdido su fuerza. Muchas veces,
probablemente hoy la dijimos como 10 veces, que Dios te bendiga,
que Dios te bendiga, que Dios te bendiga. O bendiciones, hermana,
como dicen en España y terminan las cartas de nuestros hermanos
Phillips, así, bendiciones, bendiciones mil. La usamos esa palabra como
si nada, tal vez. Por supuesto, está bien usar
la expresión que Dios te bendiga o bendiciones, pero si la decimos
sinceramente, sin tomar el nombre de Dios en vano. Pero a lo que
voy aquí es que ser bendito de Dios es algo súper maravilloso. Así como ser maldito de Dios
es algo muy grave, severo, horrible, ser bendito de Dios es algo súper
maravilloso. Pues ser bendito de Dios es que
él nos va a favorecer. que a lo último todo va a resultar
para bien. Hay un profeta que lo pone con
estas palabras muy. Nos habla de los cielos nuevos
y la tierra nueva, por así decirlo, de lo que pasará al final y nos
debe de emocionar, porque es lo que pasa en el presente. También
contó una persona que es bendita y nos dice un profeta edificarán
casas, morarán en ellas, plantarán viñas y comerán frutos de ellas. no edificarán para que otro habite,
ni plantarán para que otro coma, porque según los días de los
árboles serán los días de mi pueblo. Mis escogidos disfrutarán
la obra de sus manos, no trabajarán en vano ni darán a luz para maldición,
porque son linaje de los benditos de Jehová y sus descendientes
con ellos. Esto es tremendo. Esta es la
bendición de Dios. Esta es la realidad para los
cristianos. Pero a lo último, a lo último,
ser bendito de Dios nos hace, como dice en 2 Pedro 1, participantes
de la naturaleza divina. Esto es tremendísimo. Porque
el único bendito es lo último, y no sé si ustedes han notado
esto en la Biblia, el bendito es lo último, es Dios mismo. Y ser benditos nos hace participantes
de la naturaleza divina, a tal manera que entonces podemos estar
con Él. Véanlo con sus propios ojos en
Mateo 25, lo que nos dice. Mateo capítulo 25 y el versículo
34. Aquí nos habla del juicio final. Es una fotografía profética de
lo que pasará al final. Y están dos grupos, los malditos
y los benditos, los de la izquierda y los de la derecha. Y nos dice
en Mateo veinticinco treinta y cuatro Mateo capítulo veinticinco
y versículo treinta y cuatro. Entonces el rey dirá a los de
su derecha. Venid benditos de mi padre, heredar
el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. Qué gran texto, qué profundo. Es la fundación del mundo, el
reino preparado para quienes los benditos de mi padre. Entonces, y estas son las únicas
dos opciones, malditos de Dios o benditos de Dios. Como dice un salmo y lo pueden
ver en muchas partes, esto en el salmo 37 no lo tienen que
buscar, se los leo. Nos dice el versículo 22, porque
los benditos de él heredan la tierra. y los malditos de él
serán destruidos. Esas son las únicas alternativas,
las únicas opciones. Y la pregunta aquí, amigo, amiga,
¿en qué grupo estás? ¿En qué grupo estás? La ley declara,
o eres maldito de Dios, o eres bendito de Dios. No hay otra
opción. Como se escribe, como leen en
los Salmos, Sela, piensa esto. Bendito de Dios o maldito de
Dios. Muy bien, entonces la primera
lección de nuestro texto es que la ley de Dios nos declara malditos
o benditos, son las opciones. Ahora, la segunda lección es
que la ley de Dios es santa, justa y buena. La ley de Dios
es santa, justa y buena. Si ustedes piensan como que he
leído eso en alguna otra parte, ese es el vocabulario de Romanos
7, 12. El apóstol Pablo dice que la
ley de Dios es santa, justa y buena. Y la lógica aquí es de nuestro
texto. Cuando el apóstol nos dice en
Galatas 3.10, interpretando y traduciendo nuestro texto de Deuteronomio
27 y el versículo 26, Maldito todo aquel que no permaneciere
en todas las cosas escritas en el libro de la ley para hacerlas.
La lógica es, si la ley de Dios no fuera de acuerdo con la santidad,
la justicia de Dios, si la ley de Dios no fuera buena realmente,
entonces no seríamos malditos. nos exigieron la lógica, pero
una ilustración a lo mejor nos va a ayudar aquí. Supongamos,
¿bien? Supongamos. Niños, es una suposición,
no va a pasar, no creo que vaya a pasar. Pero supongamos que
el Congreso del Estado aprueba una ley que dice que todos Todos
los ciudadanos de Sonora debemos desayunarnos palletas, paletas,
payaso. Todos debemos desayunarnos paletas,
payaso. Só pena de cárcel y multas. Esta es la ley. Esta ley es un
tanto absurda, por supuesto. No es buena. Al rato todos íbamos
a estar diabéticos. no desayunarnos paletas, no nos
debería llevar a la cárcel. Por supuesto que no. Es una ley
absurda. No es buena. Y el punto aquí
es, si somos malditos por no obedecer la ley de Dios, entonces
lógicamente quiere decir que ha de ser santa, que ha de ser
justa, que ha de ser buena. Y más, cuando es la ley de Dios
nuestro creador, nuestro sustentador, nuestro gobernador, el que nos
da hasta el aire para respirar, por supuesto. Muy bien, tercera
lección lógica. La ley de Dios exige obediencia
total, obediencia completa. La ley de Dios exige obediencia
total, completa. El versículo nos dice, maldito
todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en
el libro de la ley para hacerlas. Aquí es obvio, pero lo tengo
que decir. Los mandamientos de Dios no son
caprichos de Dios. Por supuesto que no. No son mandamientos
necios, absurdos, sin bases. No, no, por supuesto que no.
Las leyes de Dios están basadas en la perfección de Dios, en
la perfección de su justicia, en la perfección de su majestad,
en la perfección de su gloria. Cada mandamiento tiene un propósito
en su plan de mostrar su gloria por toda la eternidad. Claro
que sí. Entonces, teniendo en cuenta
eso, su ley es integral. completa, total. No puedes escoger
nada más los mandamientos que te gusten. Bueno, hermano Paco,
de los 10 mandamientos, nada más me gustan 8. No me gusta
mucho el segundo mandamiento. No me gusta mucho el cuarto mandamiento. Nada más me gusta. Eso es suficiente. No, no, no,
no, no. Por supuesto que no. Debes obedecer
todas las cosas escritas en el libro de la ley. Si no eres maldito,
lo dice el versículo. Claro. Dios exige obediencia
perfecta a todos sus mandamientos. Lo leímos, pero vale la pena
volverlo a leer en Santiago 2.8. Santiago 2.8. Estaba pensando que el hermano
Julio de Nogales predicó sobre Santiago capítulo 1 y esta mañana
vimos varios contextos de Santiago 1.19 en adelante y de la lengua
en el capítulo 3. y vamos a mencionar algo el capítulo
2, entonces a lo mejor un día de esos volvemos al capítulo
4 y el capítulo 5 y así terminamos de estudiar el libro de Santiago.
Pero lo apuntan por ahí y si no predico este año de Santiago
otra vez, me dicen hermano Paco, le faltó terminar Santiago. Bueno,
el caso es, vean Santiago 2 y nos dice el versículo 8. Si en verdad
cumplís la ley real, conforme a la Escritura, amarás a tu prójimo
como a ti mismo, bien hacéis. Pero si hacéis acepción de personas,
cometéis pecado. Quedáis convictos por la ley
como transgresores. Porque cualquiera que guardare
toda la ley, pero fingire en un punto, se hace culpable de
todos. Porque el que dijo, no cometerás
adulterio, también ha dicho, no matarás. Ahora bien, si no
cometes adulterio, pero matas, ya te has hecho transgresor de
la ley. Si fallas en uno, fallas en todo,
nos dice aquí. Entonces, si la pensamos y esto
es verdad, nuestro texto nos condena a todos. Nuestro texto
de Deuteronomio nos condena a todos, nos hace malditos a todos, nos
declara malditos. Y esta es la cuarta lección.
La ley de Dios nos declara malditos a todos. Maldito todo aquel que
no permaneciera en todas las cosas escritas en el libro de
la ley para hacerlas. Leí en los comentarios sobre
nuestro texto en Deuteronomio 27, y hay un debate entre los
expertos, los teólogos de verdad, los expertos. Debaten, ¿por qué
no se mencionan los benditos en Deuteronomio 27? Se mencionan
a los malditos. Ejemplos de los malditos en el
pasaje que leímos. La pregunta es, ¿por qué no se
mencionan a los benditos? Moisés dijo que se hiciera así
y dio, por supuesto, ejemplos de los malditos. ¿Por qué no
está nada acerca de los benditos? Para mí la respuesta es fácil,
muy fácil. Porque como está escrito, no
hay justo ni a uno. No hay quien entienda, no hay
quien busque a Dios. Todos se desvieron, aún así se
hicieron inútiles. No hay quien haga lo bueno, no
hay ni siquiera uno, ni un bendito realmente a lo último. Pecamos. Siempre desobedecemos la ley
de Dios. Ese es el pecado, la transgresión de la ley. Pecamos
en nuestros pensamientos, en nuestras actitudes, en nuestras
palabras, en nuestras acciones. Pecamos. Tal vez ustedes saben
la historia de Hidra. Hidra, H-I-D-R-A. En la mitología griega, la Hidra
era un monstruo con un cuerpo de perro pero con varias cabezas
de serpiente. Un monstruo así, terrible este
monstruo. Una de esas cabezas era inmortal.
Ese era el problema porque podías cortar una de sus cabezas, pero
le quedaba esa cabeza inmortal. Pero además, su aliento y su
saliva eran venenosos y causaban la muerte instantánea. Así un
monstruo terrible. Y si le cortabas una cabeza,
le salían otras dos. Un monstruo de muchas cabezas,
su aliento y su saliva venenosos, y te causaba la muerte instantánea,
ese aliento y esa saliva. Y si te atrevías o llegabas a
cortarle una cabeza, le salían otras dos cabezas. ¿Y sí o no
que así nos pasa en nuestras vidas luchando contra el pecado?
Tal vez vencemos una tentación, pero luego están otras doce.
Vencemos la tentación a la mentira, pero luego están ahí las judicias. Vencemos la tentación a las judicias
y luego están los problemas con los enojos y las griterías. Vencemos
eso y ahí está en un ciclo de más tentaciones y más horribles
luchas contra el pecado, como una hidra diabólica. Siempre
estamos luchando porque siempre estamos quebrantando la ley en
palabra, en acción, en pensamientos o en actitudes. Eso, hermanos
y amigos, nos hace malditos a todos. La última lección lógica. Si
lo que hemos visto es verdad y lo que dice el texto es verdad,
entonces Dios no nos dio la ley para salvarnos. Dios no nos dio
la ley para salvarnos. Obviamente, si la ley nos declara
malditos a todos, no a injusto ni a un uno, entonces Dios no
nos dio la ley para salvarnos. Y es por eso, y es el contexto
de Galatas 3, vean conmigo el versículo 10. Galatas capítulo
3 y el versículo 10. porque todos los que dependen
de las obras de la ley están bajo maldición. Pues escrito
está, maldito todo aquel que no permaneciere en todas las
cosas escritas en el libro de la ley para hacerlas, y que por
la ley ninguno se justifica, para con Dios es evidente, porque
el justo por la fe vivirá. Podemos La ley. No podemos. La ley nos declara malditos porque
siempre, siempre, siempre estamos pecando. No logramos una perfección
de obedecer la ley de Dios. Claro. Todos heredamos la genética
espiritual de Adán y Eva. Todos somos culpables del pecado
de Edén. Por nuestra naturaleza, no podemos
hacer ningún bien para lograr nuestra salvación. No podemos. Entonces, por cierto, es falsa
la teología que enseña que en una dispensación Dios dio la
ley para salvarnos. Claro que no. La ley no nos puede
salvar. La ley nos condena. Y el versículo
es muy claro. Maldito todo aquel que no permaneciera
en todas las cosas escritas en el libro de ley para hacerlas
y fallamos en una desde que nacemos, nacemos llorando, enojados. Ya
con eso nos manda el infierno. Entonces, ¿la ley no es para
salvarnos? ¿La ley es para declararnos pecadores? ¿La ley es para enseñarnos la
justicia y la santidad tan estricta de Dios? Entonces también, amigo,
te equivocas si piensas que estarás bien con Dios cumpliendo sus
mandamientos. A mí me tocó hablar con una señora
en esta colonia. Y, ¿pero usted en qué espera
para que Dios la reciba en el cielo? Y me contestó sinceramente,
honestamente, me dijo, voy a cumplir los mandamientos de Dios. Eso
es imposible. Es como el joven rico, o como
yo le digo, el pobre joven rico. Porque según él había cumplido
con los mandamientos de Dios de su juventud. ¿Se acuerdan?
El Señor le dijo, bueno, muy bien, vamos a ver si es cierto.
Vende todo lo que tiene valor a los pobres y ven y sígame.
Y se fue triste, porque tenían muchas posiciones. El amor al
dinero, su ídolo, venía otro Dios, por supuesto. Entonces,
tu conciencia sabe muy bien que has fallado. Y si has cometido
un solo pecado, delante de Dios ya eres maldito. Estás condenado
al infierno eterno. Dios no nos dio los mandamientos
para salvarnos. Pero aquí pasamos a las buenas
noticias. Veamos, en último lugar, las lecciones evangélicas de
nuestro texto. Las lecciones evangélicas de
nuestro texto. La primera lección es, Dios envió
a su hijo. para cumplir su ley y así poder
rescatarnos. Dios envió a su Hijo para cumplir
su ley y así poder rescatarnos. Maldito todo aquel que no permaneciera
en todas las cosas escritas en el libro de la ley para hacerlas,
para salvarnos. Cristo tenía que ser bendito,
no maldito, por supuesto. Alguien maldito no nos podía
rescatar de la ira de Dios. Pero el Hijo de Dios se hizo
humano y cumplió todos los mandamientos de Dios. Él los hizo a la perfección
y cumplió con la justicia de Dios, como Dios requería. Y por
eso la Escritura dice, pero cuando vino el cumplimiento del tiempo,
Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y bajo la ley, para
que redimiese a los que estaban bajo la ley. Por eso, Cristo
mismo dijo, no piensen que he venido para abrogar la ley de
los profetas. No he venido para abrogar, sino para cumplir. Cristo
retó a unos y les dijo, ¿Quién de ustedes me haya culpable de
pecado? ¿Quién de ustedes me redargulle
de pecado? Por supuesto, nadie pudo acusarlo
de ningún pecado. Aun al final, no sé si ustedes
han pensado bien esto. Al final, al final, los corruptos
y crueles Herodes y Pilato lo declararon inocente. ¡Lo declararon
inocente! ¡Este hombre no ha hecho nada
malo! Aún el mismo Judas Iscariote que vivió con nuestro señor tres
años. Él dijo a lo último, he entregado sangre inocente. Este hombre nunca pecó, nunca
hizo nada malo, todo hizo a la perfección. Y el punto es, Cristo
permaneció en todas las cosas escritas en la Hidroleí para
hacerlas. Nosotros malditos, todos los
hombres malditos, pero Él es bendito de benditos. Él sí puede
presentarse por nosotros ante Dios. Segunda lección evangélica. Dios hizo maldito a Cristo para
poder salvarnos. Dios hizo maldito a Cristo para
poder salvarnos. Nosotros teníamos dos problemas,
dos problemas muy graves. No había ningún hombre que había
cumplido con la ley de Dios. No había ningún hombre que podía
representarnos ante Dios o ser nuestro mediador. Ningún hombre
había cumplido con todos los mandamientos en nuestro lugar,
en nuestro lugar, en nuestra humanidad. No. Adán pecó y todos
los hijos de Adán y Eva pecaron. El otro gran problema, por supuesto,
es que éramos declarados malditos. ¡Malditos de nacimiento! ¡Malditos
bajo la condenación de Dios! ¡Listos para ser echados al infierno
por toda la eternidad! ¡Listos ya, ya! La solución,
que alguien tomara también nuestra maldición. que alguien tomará
nuestro lugar como nuestro representante, pero también alguien tomará nuestra
maldición, que alguien tomara toda la condenación, toda la
ira justa de Dios en nuestro lugar. Y eso es lo que pasó en
el Calvario. Si no han sobre subrayado, subrayen. Galatas 3 13. Precioso este versículo
para nuestra alma. Galatas 3 13. Cristo. nos redimió de la maldición de
la ley. He hecho por nosotros maldición. He hecho por nosotros maldición. Porque está escrito, maldito
todo el que es colgado en un madero. Eso fue lo que pasó en
el Calvario. Y realmente, y lo voy a decir
con cuidado, los clavos de la cruz no fueron nada en comparación
con el madero de la cruz en sí. Porque el Señor, al ver el madero,
sabía lo que había dicho nuestro Señor en el Antiguo Testamento.
Esta frase, maldito todo el que es colgado en un madero, viene
del Antiguo Testamento. Viene como una declaración de
Dios y Él sabía, me van a colgar ahí. Y fue lo que le dolió más,
sabiendo esto va a ser, que yo voy a hacer eso. ¡Maldición! Eso es lo que lo llevó a gritar. ¡Elí, Elí, la Mazabactani! ¡Dios mío, por qué me has desamparado! ¡Dios mío, Dios mío, por qué
me has desamparado! ¡La maldición de Dios sobre él! ¡La ira de Dios sobre él! Ustedes, como saben, hay un gran
debate sobre la expresión en el credo de los apóstoles que
dice que nuestro Señor descendió a los infiernos. ¿Y qué significa
eso? La frase se refiere a nuestro
Señor Jesucristo descendiendo al sepulcro, que estuvo en el
sepulcro, su cuerpo, tres días, tres noches. Pero pensándolo
bien, El infierno de la cruz fue más infierno que infierno.
El infierno de la cruz no tiene comparación. El infierno es lo
más terrible. Y nuestro Señor lo sufrió como
un ser totalmente inocente, como el Hijo de Dios. Eso es lo terrible
de ser hecho maldito de Dios. Esto es de lo más terrible. Y es por eso que Isaías profetizó. Ciertamente llevó él nuestras
enfermedades. Sufrió nuestros dolores. Nosotros
lo tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Más el herido
fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados.
El castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos
nosotros curados. Todos nosotros nos descarriamos
como ovejas, cada cual se apartó por su camino. Más Jehová cargó
en él el pecado de todos nosotros. ¡Qué horrible! ¡Pero qué buenas
noticias para nosotros! Esa es la gran bendición para
nosotros. Toda la maldición que merecíamos,
Él la tomó, y nosotros tenemos Su bendición. Y esto nos lleva
a la última lección. Dios nos salva tan solo por la
fe. Dios tan solo nos salva por la
fe, no por las obras de la ley. No podemos ser perdonados recibidos
por Dios por las buenas obras que la ley exige. Pues maldito
todo aquel que no permaneciera en todas las cosas escritas en
el libro de la ley para hacerlas. Como ya vimos, la ley no fue
dada para salvarnos. Todo lo contrario, la ley nos
condena, nos declara malditos. La ley fue dada para que conociéramos
qué es el pecado, qué tan pecadores somos, qué tan estricto es Dios,
tan santo y tan justo y tan perfecto. Su ley nos condena a la maldición,
la muerte eterna. Pero las más buenas noticias
son que Dios envió a su Hijo. Él cumplió la ley en nuestro
lugar. Él tomó nuestra maldición y nos lleva a Dios por nuestra
fe en Él, en su misericordia, en su gracia, en su bondad, en
su amor, por fe en Él. Por así decirlo, fuera muy justo. Si el Señor declarara un millón
de dólares tienen que pagar para recibir esta gran bendición de
acercarse a mí y de que Cristo pague por sus pecados. Un millón
de dólares fuera justo. Pero no es justicia aquí, es
misericordia, es gracia, es amor, es bondad. Él nos pide no un
millón de dólares, pero tan solamente creer en Él, verlo a Él, confiar
en Él, lo que Él nos dice. Entonces, veanlo. Está muy claro
aquí en Galatas 3. Galatas 3, 6. Si Abraham creyó
a Dios, le fue contado por justicia. Sabed, por tanto, que los que
son de fe, estos son hijos de Abraham. Y la Escritura, previendo
que Dios había de justificar por la fe a los gentiles, dio
de antemano las buenas noticias a Abraham diciendo, en ti serán
benditas todas las naciones. De modo que los de la fe son
bendecidos con el creyente Abraham. Porque todos los que dependen
de las obras de la ley están bajo maldición. Pues escrito
está, maldito todo aquel que no permaneciere en todas las
cosas escritas en el libro de la ley para hacerlas. Y que por
la ley ninguno se justifica para con Dios es evidente, porque
el justo por la fe vivirá. Y la ley no es de fe, sino que
dice, el que hiciera estas cosas, vivirá por ellas. Cristo no redimió
de la maldición de la ley, hecha por nosotros maldición, porque
está escrito, maldito todo el que es colgado en un madero,
para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles,
a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu. Entonces, cristianos, al memorizar
este versículo este mes, agradezcamos a Dios de todo corazón que ya
no somos malditos. Ya no estamos bajo la maldición
de Dios. Ahora somos benditos en Cristo. Dios nos recibe, Dios nos favorece
y hasta nos recompensa con vida eterna con Él, por pura gracia,
por puro amor. Entonces, obrezcamos a Dios. Alabemos a Dios de todo corazón.
Y si el diablo o tu conciencia te acusan y te dicen, tú eres
maldito, mira lo que haces, mira lo que hiciste, tú contéstalo. Es cierto, soy un pecador. Yo merezco la maldición de Dios,
pero Cristo tomó mi maldición. Cristo tomó mi maldición. Por él tengo la bendición de
Dios. Por su vida justa, su obediencia
justa, él cumplió la justicia de Dios y eso está acreditado
a mi lugar, a mi cuenta. Y amigos, y su conciencia sabe
que esto es verdad, amigos y amigas, si esto es verdad, entonces huyan,
escapen de la maldición, corran a Cristo, huyan de la maldición,
huyan de la ira venidera, corran a Cristo, crean en él como el
hijo de Dios, que vivió la vida perfecta que ustedes no pueden
vivir. Y que murió castigado por nuestros
pecados. para llevarnos a Dios. Para llevarnos a Dios. Maldito,
tú aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en
el libro de la ley para hacerlas. Bendito sea el Dios y Padre de
nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición
espiritual en lugares celestiales en Cristo, según nos escogió
en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos
y sin mancha delante de él, en amor habiéndonos predestinado
para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según
el puro afecto de su voluntad, para la alabanza de la gloria
de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado. en
quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados,
según las riquezas de su gracia. Amén. Oremos. Señor, es increíble todo lo que
has hecho por nosotros. Estamos maravillados. Y nuestro
corazón lo sabe muy bien, que no merecemos las bendiciones
en Cristo, que realmente somos malditos, declarados malditos
por la ley. Somos pecadores y merecemos esa
maldición. Pero nuestra confianza es que
en Cristo tenemos tu bendición. Te pedimos, Señor, esta semana
que desdescanso nuestra conciencia, nuestros corazones. Que recordemos
este Evangelio y estas buenas noticias. Y que si el diablo
nos acusa, si nuestro corazón nos acusa, mayor eres tú. Y nos has dicho que si creemos
en Cristo, tenemos vida eterna. Somos aceptos en el amado. Te pedimos por sus méritos que
este evangelio llegue a nuestros corazones, nos llene de agradecimiento,
nos llene de alabanza y por esa gratitud te sirvamos en nuestras
vidas. En Cristo Jesús. Amén. Amén. Vamos a despedirnos puestos de
pie, hermanos, cantando el primer himno
Maldito o bendito?
Series Versículos que debes saber
Deuteronomio 27:26 nos enseña que no podemos cumplir la ley de Dios y por eso, Dios nos declara malditos. Nuestra única esperanza de ser benditos es Cristo, quien cumplió la ley en nuestro favor.
| Sermon ID | 311251939176392 |
| Duration | 41:07 |
| Date | |
| Category | Sunday Service |
| Bible Text | Deuteronomy 27:26; Galatians 3:10 |
| Language | Spanish |
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