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le doy gracias a Dios por el
privilegio que me brinda de poder estar acá y hacer una de las
cosas que más me apasionan, compartir el Evangelio, abrir la Palabra
de Dios y tratar de llevar a los corazones el mensaje que Él tiene
para nosotros. Así que vamos a inclinar nuestros
rostros, vamos a pedir la bendición de nuestro Dios sobre su Palabra
predicada. Oh Dios de los cielos, nos acercamos
a ti una vez más en esta mañana, conscientes de que tus oídos
están atentos a la voz de tu pueblo y de que tú has prometido,
conforme a tu gran fidelidad, recibir nuestras oraciones y
responderlas. Y de que tú has prometido también
bendecir la predicación de la misma. Así que ven, oh Dios,
haz que tu palabra brille delante de nosotros. Como cantábamos
hace un momento, tu palabra es verdad. Haz que ella sea lámpara
a nuestros pies y lumbrera a nuestro camino. Haz que ella sea como
esa antorcha que alumbra en lugar oscuro y que nosotros hagamos
bien en estar atentos a ella para que seamos guiados. y dirigidos
y enseñados por ti. Ven y suple tú, no solo mis debilidades,
sino suple nuestras debilidades y ven y haznos entender tu verdad
para que podamos amarte más, para que podamos seguir a Cristo
más de cerca, para que podamos verlo a Él más claramente. Asístenos,
oh Señor, y bendícenos. Te lo pedimos en el nombre de
Jesús. Amén. A mediados de los años ochenta,
inicié a trabajar en lo que en aquel entonces se llamaba CODETEL. Y para ese entonces, el sistema
de evaluación del personal se hacía de acuerdo a las siguientes
categorías. Necesita mejoría, bueno, por
encima de lo esperado y excelente. Se calificaba como bueno a un
empleado que cumplía entre el 80 y el 90% de sus objetivos. Ahora, un empleado excelente
era aquel que lograba alcanzar entre el 97 y el 100% de sus
objetivos. Sin embargo, solo eran nominados
al premio a la excelencia aquellos que hicieron más de lo que se
esperaba de ellos. Era bueno ser excelente. pero
no se llegaba a la nominación al premio a la excelencia si
uno no hacía más del 100%. Como cristianos, Jesús espera
que nosotros estemos en la última categoría, en aquellos que son
nominados a la excelencia, en aquellos que van más allá de
lo que se espera de ellos. Y yo espero que todos nosotros
realmente nos encontremos en esta categoría, creyentes que
dan más de lo que nuestro Señor espera de ellos. Y ese será mi
tema en este día. Y entrando de lleno en el estudio
de nuestro pasaje que Rafael amablemente leyó, permítanme
primero contextualizarlo. A partir de Lucas 15, Jesús pone
por delante de sus discípulos uno de los objetivos por los
cuales Él traspasó la eternidad, entró en la temporalidad de este
mundo, se hizo como uno de nosotros, salvar pecadores. Yo vine a buscar y a salvar lo
que se había perdido. siendo este uno de los énfasis
de las tres parábolas que encontramos en ese capítulo. El pastor que
busca a su oveja, la mujer que busca a su moneda y el padre
que perdona y restaura a su hijo perdido. Avanzando un poco más en Lucas
16, el Señor traspasa a nosotros ese objetivo. Y por medio de
las parábolas del mayordomo infiel y el rico y Lázaro, el Señor
ilustra cómo es que nosotros debemos usar con sagacidad los
recursos que Él nos ha dado, de tal manera que nosotros logremos
la amistad de los pecadores y ellos se acerquen a nosotros y de esa
manera puedan escuchar la voz de Cristo. Entrando ya en el
capítulo 17, el Señor nos dice que como nuestro objetivo es
llevar a pecadores a los pies de Jesús, no debemos ser causa
entonces de tropiezo para ellos. Y Él dice vendrán tropiezos,
pero hay de aquel por quien vienen. Entonces nosotros no debemos
ser causa de tropiezos para aquellos que queremos ganar para Cristo. Ahora bien, si nuestro hermano
es el que peca, debemos ser agentes que cooperen con su restauración,
como lo fue el padre de la parábola de los dos hijos perdidos. Ante tales demandas, y Rafael
hizo énfasis en eso, los apóstoles pidieron que su fe fuera aumentada. Pero en los versículos 7 al 10,
el Señor les mostró que no era más fue lo que necesitaba. Los
discípulos creían que para perdonar de la manera en que el Señor
demanda y para hacer todo lo que Él ha venido instruyéndonos,
necesitábamos más fe, una fe más robusta. No, el Señor nos
va a mostrar que lo que necesitamos es que la fe que ya tenemos produzca
los frutos esperados. No es una fe más grande, es que
tú uses la que tienes, la que ya te han dado, el crecimiento
que ya tú tienes para producir el fruto esperado. En esa porción, en los versículos
7 al 10, el Señor nos presenta a un siervo, a un hombre que
tiene un siervo, el cual ha estado todo el día trabajando en el
campo, de sol a sol. Y cuando el hombre termina lo
que se le había ordenado hacer, retorna a su hogar anhelando
lo que todos nosotros anhelamos cuando hemos pasado un día duro,
descansar. tomar un baño, cenar y descansar. Pero su amo le dice, espérate,
espérate, que tu trabajo no ha terminado. Prepárame la cena
y sírveme hasta que haya comido y bebido y luego lo podrás hacer
tú después de mí. Entonces es aquí donde el Señor
aplica su enseñanza a los discípulos y les dice, cuando hayan hecho
todo lo que les he ordenado hacer, digan, siervos inútiles somos,
hemos hecho sólo lo que debíamos hacer. Y aquí es que está el
kit del asunto. Muchos de nosotros hemos tomado
esta declaración para hacer sólo lo necesario. Y hasta decimos
con orgullo, Yo soy un siervo inútil. Pues les tengo una mala
noticia. Jesús espera y demanda que seamos
siervos útiles. Útiles, no inútiles, útiles. Él espera que seamos siervos
súper eficientes, que demos más allá de lo esperado y de lo ordenado
por Él. Él demanda que tengamos una fe
como la del centurión romano y como la de la mujer sirofenicia,
que los sorprendieron. Él no espera que tengamos una
fe diminuta. Él espera que tengamos una súper
fe. Él quiere siervos que por la
fe estén dispuestos a renunciar a todo con tal de ganarlo a Él.
Hombres como Abraham, dispuestos a dejar su tierra, su parentela
y aún sacrificar a sus hijos con tal de ir en pos de Él. Hombres como José, que tengan
la firmeza de no dejarse seducir por los pecados temporales, por
los placeres temporales del pecado. Hombres como Moisés, capaces
de no dejarse seducir por las riquezas, por los tesoros de
este mundo y con la mansedumbre necesaria para guiar a otros
a los pies de Jesús. Hombres como Josué, Que tomen
la firme resolución de no apartarse de la palabra de Dios y que con
firmeza digan, yo y mi casa serviremos a Jehová. Hombres como David,
capaces de vencer gigantes, amparados en el nombre glorioso de Jehová. Él quiere mujeres de la talla
de Ruth, que por fe actuó en contra de la lógica. y de aquello
que es razonable, y unió su suerte al pueblo de Dios. Tu pueblo
será mi pueblo, y tu Dios, mi Dios. Mujeres de la talla de
Esther, que por fe arriesgó su vida, y todavía nos ha dejado
aquella famosa expresión, y si perezco, que perezca. Arriesgó su vida. ¿Y cuál fue
el fruto de esa fe? La preservación del pueblo del
Mesías. Mujeres como María, que por fe
aceptó la voluntad de Dios aún sin saber las razones y la lógica
del actuar divino. ¿Qué es lo que tú quieres hacer
conmigo, Señor? ¿Qué es esto de que El Espíritu
Santo vendrá sobre ti y te cubrirá con su sombra y tú saldrás embarazada. Ella no entendía eso y tampoco
podía evaluar en ese momento las implicaciones sociales que
eso tendría para ella. Y al final, ¿qué dijo ella? He
aquí la sierva del Señor, hágase conmigo según tu voluntad. Es
ese tipo de fe la que Cristo busca en nosotros. No es una
fe inútil, es una fe súper útil. Una fe que dé frutos súper abundantes. ¿Cuál fue el fruto de la fe de
María? El Mesías. ¡El Mesías! Y qué decir de hombres como Pablo,
que sin vanagloriar se pudo decir, son servidores de Cristo, yo
más, en muchos más trabajos, en muchas más cárceles, en azotes
sin número de veces, a menudo en peligros de muerte. Cinco
veces he recibido de los judíos 39 azotes, tres veces he sido
golpeado con barras, una vez fui apedreado, tres veces naufragué
y he pasado una noche y un día en lo profundo. con frecuencia
en viajes, en peligros de ríos, peligros de salteadores, peligros
de mis compatriotas, peligros de los gentiles, peligros en
la ciudad, peligros en el desierto, peligros en el mar, peligros
entre falsos hermanos, en trabajos y fatigas, en muchas noches de
desvelo, en hambre y sed, a menudo sin comida, en frío y desnudez,
además de tales cosas externas, está sobre mí la presión cotidiana
de la preocupación por todas las iglesias. Es hombre de esa
talla. Y en 1 Corintios capítulo 15
versículos 9 y 10 dijo ser el más insignificante de los apóstoles
y pareciera estar diciendo soy un siervo inútil pero no porque
inmediatamente él añadió he trabajado más que todos ellos. Y no yo,
sino la gracia de Dios en mí. Pero yo he trabajado más que
todos ellos. Y es a eso a lo que nosotros
debemos aspirar, a trabajar más para el Señor. Y en Mateo capítulo
5, versículo 20, el Señor nos dice, si nuestra justicia no
supera la de los escribas y fariseos, no entraremos en el reino de
los cielos. No te montes, que no vas. Tienes que tener una
justicia mayor que la de los escribas y fariseos. Y es a esto
a lo que como siervos de Dios debemos aspirar. Jesús no quiere
siervos que caminen con Él una milla. Él quiere que tú vayas
dos. Él quiere que cuando te pida
la túnica tú tengas la disposición a dejarle también la capa. Él
quiere siervos que no le rehusen absolutamente nada, ni siquiera
su propia vida. Él quiere siervos que multipliquen
sus talentos y no que los entierren en este mundo. Dios no quiere buenos matrimonios. ¿Cómo? No, Él quiere matrimonios
que reflejen con excelencia su imagen. Eso es lo que Él quiere. Un buen matrimonio lo puede tener
cualquiera. un matrimonio que refleje fielmente
la gloria de Dios y la imagen de Dios a este mundo, se requiere
ser un siervo súper eficiente. Él no quiere que seamos sencillamente
buenos hijos. Él quiere hijos que alcancen
la promesa Hijos, obedeced a vuestros padres en el Señor porque esto
es bueno para que sean de larga vida. Él quiere eso. Él no quiere necesariamente que
seamos buenos empleados. Él quiere siervos super eficientes
que den frutos abundantes para la gloria de Él. siervos para
su gloria. Entonces, hermanos, es con todo
esto en mente que yo quiero que nos acerquemos al relato que
Lucas introduce en los versículos 11 al 19. Este es un relato que
Lucas trae con la intención de presentarnos a un hombre que
hizo más de lo que se esperaba de él. Recuerden que los evangelios
no son biografías cronológicas, son biografías teológicas. Y cada autor organizó su material
de acuerdo al propósito que tenía. De manera que Lucas Coloca esta
historia aquí y no es fortuito que él inserte este relato en
su evangelio acabando de mostrarnos que Cristo anda buscando siervos
que hagan más allá de lo esperado, más allá de lo que se espera
de ellos. Lean conmigo los versículos 11
al 19. Y aconteció que mientras iba
camino a Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea. Y al entrar
en cierta aldea, le salieron al encuentro diez hombres leprosos
que se pararon a distancia y alzaron la voz diciendo, Jesús, Maestro,
ten misericordia de nosotros. Y cuando él los vio, les dijo,
id y mostraos a los sacerdotes. Y sucedió que mientras iban,
quedaron limpios. Entonces uno de ellos, al ver
que había sido sanado, se volvió glorificando a Dios en alta voz. Y cayó sobre su rostro a los
pies de Jesús, dándole gracias, y este era samaritano. Respondiendo,
Jesús dijo, ¿no fueron diez los que quedaron limpios? ¿Y los
otros nueve? ¿Dónde están? ¿No hubo ninguno
que regresara a dar gloria a Dios, excepto este extranjero? Y le
dijo, levántate y vete. Tu fe te ha salvado. El Señor se dirige a Jerusalén,
tal como dice Lucas aquí, a participar de la última Pascua. Aquella
Pascua en la que Él sería el Cordero de Dios ofrecido por
cada uno de nosotros. Él va, por ende, en una caravana
de peregrinos. Y eso es bueno saberlo. Cuando
vemos a veces en los evangelios a Cristo rodeado de multitudes,
tenemos que ver cuál es el contexto. En este caso, Él iba en una caravana
de otros muchos peregrinos que iban hacia Jerusalén a participar
también de la Pascua. Y Lucas nos dice que en el momento
en que el Señor se dispone a entrar en una aldea, una aldea que Lucas
no identifica, pero que no importa, se encontraba entre Samaria y
Galilea. Le salieron entonces al encuentro
diez hombres leprosos, nueve judíos y un samaritán. En condiciones normales, nosotros
no hubiésemos hallado a estos 10 hombres juntos, porque los
judíos aborrecían a muerte a los samaritanos. Pero nosotros bien
sabemos que la calamidad y la desgracia tienen la virtud de
borrar las diferencias raciales, religiosas, económicas y sociales
y cualquier otra. Cuando caemos en calamidad, no
importa quién seamos. Si el coronavirus entra en alguna
nación, no importa quién tú seas. Y en ese momento, todos nos unimos
a una a luchar contra un enemigo común. Ahora, detengámonos un
momento y analicemos o consideremos a estos 10 hombres. Lo primero
que llama mi atención es la frase, le salieron al encuentro. ¿Por
qué? Porque indica que este no fue
un encuentro fortuito. No es que ellos iban caminando
por ahí y, oh, el señor. No. Da la idea de que este fue
un encuentro planificado por ellos. es probable que vinieran
siguiendo a Jesús por varios días y estaban buscando la ocasión
propicia para acercarse a él sin violar la ley. Así que cuando
ellos vieron que Jesús y sus discípulos se apartaron de la
caravana para entrar en una aldea, ellos entendieron, esta es nuestra
oportunidad. Esta es nuestra oportunidad.
Yo espero que muchos hayan venido aquí de una manera planificada
porque esta es su oportunidad. La oportunidad de encontrarse
con Jesús a través de su palabra cara a cara. Es evidente que
ellos conocían de Jesús, que habían oído hablar de Él. Así
que vinieron y se pararon de lejos y gritaron Jesús Maestro, ten misericordia
de nosotros. Y aquí nuevamente hay dos cosas
que llaman mi atención. En primer lugar, la palabra maestro. Y me llama la atención porque
Lucas es el único que usa esa palabra, obviamente en el original
griego, en todo el Nuevo Testamento. Y con ella él no se refiere a
alguien que meramente enseña, él no está hablando de un profesor
Él no está hablando de un teacher, sino de un master, de aquel que
tiene autoridad, de aquel que está a cargo, de aquel que tiene
potestad. Y lo segundo es que al pararse
a lo lejos, estos hombres demostraron temor de Dios. Ellos conocían
muy bien la disposición de Levítico, capítulo 13, de que un leproso
no debía acercarse a una persona sana. De manera que ellos se
están acercando a Jesús de una manera consciente de quién él
es y guardando la debida distancia. Con temor y con reverencia. Así que ellos cumplieron lo prescrito
en la Palabra. Y la respuesta del Señor no pareció
ser muy esperanzadora. Pero, sin embargo, ellos se acogieron
a su Palabra. «Id y mostráos a los sacerdotes». ¿Y qué hicieron todos? Todos
hicieron tal como se les ordenó. Y voy a estar haciendo énfasis
en eso. Ellos hicieron tal y como se les ordenó. ¿Qué se les ordenó?
¡Vayan a los sacerdotes! Y ellos arrancaron para allá. Emprendieron el camino hacia
Jerusalén con ese propósito. Y yo quiero que notemos siete
cosas que eran similares en estos hombres. Y no se asusten, solamente
son enunciados. Todos tenían lepra. Todos obedecieron
lo prescrito en la ley. Todos clamaron, ten misericordia. Todos creyeron que Jesús podría
sanarles. Todos reconocían a Jesús como
maestro. Todos obedecieron a Jesús. Todos
fueron sanados mientras iban por el camino. Y a esto pudiéramos
añadir que todos se dieron cuenta de que Dios había hecho una obra
maravillosa en cada uno. Y les bendijo al tener misericordia
de ellos. Todo esto tenían en común, pero
hubo un detalle que marcó una diferencia abismal entre uno
de ellos y los otros nueve. Dice el versículo 15, entonces
uno de ellos al ver que había sido sanado se volvió glorificando
a Dios en alta voz y cayó sobre su rostro a los pies de Jesús
dándole gracias y este era samaritano. Entonces imaginemos la escena
hermanos uno de ellos experimentó en su carne la sanidad de Dios
de repente dejó de percibir ese olor a carne putrefacta y ya
no vio llagas en su piel y llamó la atención de eso a los demás
esperen esperen hemos sido sanados volvamos a dar gloria a Dios
y volvamos a darle gracias al autor de nuestra salvación pero
ninguno de los otros nueve quiso acompañarles Es probable que
una vez limpios, una vez librados de la calamidad que les era común
a todos, esas diferencias raciales, sociales, culturales, salieran
a flote otra vez. Espérate, tú eres un miserable
samaritán. Nosotros somos judíos. Nosotros
vamos, no para el monte Jerisím. No, nosotros vamos para Jerusalén.
Y no, no oyeron el llamado de este hombre. Y así esos nueve
judíos continuaron haciendo lo que se les mandó. Ir a los sacerdotes. Y aunque cumplieron la ley y
recibieron la bendición de ser reinsertados en la vida comunitaria,
perdieron lo eterno por lo terrenal. Perdieron lo eterno por lo temporal. En cambio, Sólo el samaritano
volvió glorificando a Dios a gran voz. Sólo él se postró humildemente
sobre su rostro. Sólo él vino a los pies de Jesús. Sólo él le dio gracias y sólo
él alcanzó el favor pleno de Dios cuando Jesús le dijo tu
fe te ha salvado. Y a todo esto podemos añadirle
una cosa más. Sólo Él hizo más que lo que se
le pidió hacer. Sólo Él hizo más que aquello
que se le ordenó. A Él se le dijo, ve a los sacerdotes. Él dijo, no, yo voy a mi gran
sumo sacerdote. Yo voy ante los pies del autor
de mi salvación. ¿Qué motivó a este hombre a hacer
más de lo que se le ordenó? ¿Por qué razón él fue el único
que regresó para dar gloria a Dios? La respuesta es un corazón agradecido. Un corazón agradecido. Los sacerdotes
podían esperar. Era tiempo de adorar a Dios y
de darle gracias. Era tiempo de mostrarse ante
el único y gran sumo sacerdote. Los otros no entendieron eso.
Ellos solamente estaban encasillados en hacer lo que se les mandó.
Este hombre tuvo una visión más allá de lo ordenado. Veámoslo
en conjunto. Ellos buscaron a Jesús, y cuando
lo hallaron, pidieron misericordia. Jesús no se acercó, no les tocó,
ni siquiera dijo, quiero, sean limpios, como aquel leproso de
Lucas capítulo 5, ni siquiera eso. Sin embargo, todos ellos
tuvieron la fe suficiente como para estar dispuestos a mostrarse
a los sacerdotes. según lo prescribía la ley. Incluso
el samaritano que creía que era en el monte Jericín, incluso
él tuvo la fe suficiente como para atreverse a irse a mostrar
ante un sacerdote judío que muy probablemente le rechazaría,
muy probablemente le rechazaría. Pero él iba según lo ordenado
Pero al ser sanados, no todos tuvieron un corazón agradecido
que les hiciera volverse ante el autor de su bien. Si el propósito
de Jesús hubiese sido que ellos sencillamente se mostraran ante
los sacerdotes en obediencia a la ley, Él no se hubiese extrañado
de la ausencia de nueve de ellos. Su pregunta revela que su objetivo
era que todos volvieran a él con un corazón agradecido y en
adoración. Ir a los sacerdotes era lo común
en estos casos. Pero ya no tenía sentido, pues
era evidente que habían sido limpiados, que habían sido sanados. Era más trascendente y excelente
mostrarse ante Dios agradecidos y glorificándole. Eso era ser
más de lo ordenado. Y eso es lo que se espera de
ti y de mí. Que hagamos mucho más allá de
lo que se nos ha ordenado. ¿Creen ustedes que fue poca cosa
lo que hizo Jesús con estos hombres? Hoy la lepra no es un problema.
Hoy la lepra se cura con un simple tratamiento. Pero ahora resulta
que tenemos un virus en el ambiente para el cual no hay tratamiento. Entonces, en lugar de 10 leprosos,
imagínate a 10 personas con el coronavirus. sentenciados a muerte. En aquel entonces, igual que
ahora, seguro que ustedes habrán visto alguna de esas publicaciones
que envían por WhatsApp, que ahora es peor un chino tosiendo
que un árabe con una maleta. Pues eso es lo mismo que está
pasando aquí. De repente que hay casos de coronavirus
en República Dominicana y aquí hay un bando de gente con la
influenza o con gripe y desde que alguien tose todos estamos
nerviosos. Es eso el cuadro que nosotros
tenemos aquí. No fue poco lo que Jesús hizo
por ellos. Ellos estaban condenados al ostracismo,
a ser aislados de la sociedad. Ni siquiera sus propios familiares
se acercaban a ellos. Y Jesús los sanó. Y de esa manera ellos podían
volver a reinsertarse a la sociedad. Y no solamente a la sociedad,
al templo. Y no solamente al templo, a sus
familias. Ser recibidos, ser abrazados,
ser besados. Fue una gran misericordia la
que el Señor les hizo aquí a través del Señor Jesucristo. Les libró
de la muerte porque la lepra producía muerte. Así que cuando Jesús observó
que sólo uno volvió, no dijo, ah, menos mal que al menos uno
volvió dando gloria a Dios y con un corazón agradecido. Yo me
conformo. No. Él mostró el dolor y la decepción
que esto produjo en su corazón. ¿No fueron diez los que quedaron
limpios? ¿Y los otros nueve? ¿Dónde están? No hubo ninguno que regresara
a dar gloria a Dios excepto este extranjero. Oye, ni siquiera
uno de entre mi pueblo vino. El Señor mostró su dolor y su
decepción porque el Señor aborrece la ingratitud y le duele ver
un corazón a quien Él ha favorecido lleno de ingratitud. Para esos judíos, para esos nueve
judíos, Jesús ya no era necesario. Y me salió la vena poética que
a veces tengo. Cuando estuve necesitado, te
busqué, pero una vez obtuve tu favor, te dejé. Es así que se
trata a una mujer ramera. Es así que muchos tratan a Jesús. Cuando tenemos el agua más arriba
del cuello, clamamos, Jesús, Maestro, ten misericordia de
mí. Y cuando Él nos saca, si te he
visto, no me acuerdo. Es así que muchos tratan a Jesús.
Yo espero que ninguno de los que están aquí tengan esa actitud
y esa reacción ante el favor y ante la misericordia de Dios. En cambio el samaritano, en el
samaritano se cumplió lo que Isaías dice, fui hallado por
los que no me buscaban. Él halló no solamente ser sanado,
ser librado de la muerte. Él halló la vida y al autor de
la vida. Para él, Jesús seguía siendo
necesario. Antes de ser objeto del favor
divino, su cuerpo necesitaba ser sanado y limpiado. Luego
de ser sanado, su alma necesitaba adorar a aquel que le amó y tuvo
misericordia de él. Esa debe ser nuestra actitud.
Necesitamos a Jesús para crecer, para sustentar nuestra vida espiritual,
para adorarle, para darle gracias, para darle gloria, necesitamos
a Jesús. Mis amados hermanos, la ingratitud
es un mal congénito con el que venimos, de fábrica, que afecta
todo nuestro ser y casi todo lo que hacemos. ¿Quieres hacer
más de lo que se espera de ti? Entonces cultiva un corazón agradecido. Cultiva tu corazón para que dé
como fruto gratitud. Eso no se obtiene por ósmosis. Eso tampoco lo vas a obtener
porque hoy yo te lo esté diciendo en este sermón. Eso va a ser
posible porque mañana, pasado, traspasado y todos los días de
tu vida, tú cultives la gratitud en tu corazón. Y saques de tu
corazón todas aquellas malas hierbas que ahogan. la gratitud, que la gratitud
florezca en tu corazón. David estaba muy consciente de
su necesidad de ser agradecido y escribió en el Salmo 103, bendice
alma mía Jehová y bendiga todo mi ser su santo nombre. Bendice
alma mía Jehová y no te atrevas a olvidar ninguno de sus beneficios. Líbrate de olvidar a algunos,
aunque sea el más pequeño de ellos, de los beneficios de Dios.
Y Él no fue genérico. Él fue muy específico. Y Él le recuerda a su alma, a partir
del versículo 3, que Dios es quien perdona todos sus pecados. Es Él. Es el que sana todas sus
enfermedades, es el que le ha rescatado, es el que le favorece,
el que satisface sus necesidades físicas y espirituales también. Es el que hace justicia en un
mundo de injusticia y tiene misericordia. Es aquel que no nos da el pago
conforme a lo que nuestros pecados merecen. bendice alma mía Jehová y dale
gracias dale gracias hay una frase que mi esposa ha
acuñado que dice la gratitud es la memoria del corazón la
gratitud es la memoria del corazón el problema es la amnesia que a veces padecemos. Hay muchas
cosas que se nos pueden olvidar, pero hay una que no se nos debe
olvidar, ser agradecidos con aquel que es el autor de todo
nuestro bien, de todo nuestro bien. Y es importante Traer aquí
a la memoria que la ingratitud tiene sus peligros. Tiene sus
peligros. Dice Pablo en Romanos 1, 18.
Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad
e injusticia de los hombres, que con injusticia restringen
la verdad. Porque lo que se conoce acerca
de Dios es evidente dentro de ellos, pues Dios se lo hizo evidente. Porque desde la creación del
mundo, sus atributos invisibles, su eterno poder y divinidad se
han visto con toda claridad, siendo entendidos por medio de
lo creado de manera que no tienen excusa. Pues aunque conocían
a Dios, no le honraron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que
se hicieron vanos en sus razonamientos y su necio corazón fue entenebrecido. Ah, entonces por la ingratitud
de muchos la ira de Dios se revela desde el cielo. Entonces hermanos
tengamos cuidado porque al igual que ellos nosotros tampoco tenemos
excusas porque Dios nos ha mostrado su bondad, su amor, su misericordia,
esa gracia de la que cantábamos de maneras súper abundantes.
nos ha dado un claro entendimiento, un mayor entendimiento de lo
que Él es y de lo que nosotros somos y de lo que Él ha hecho
en nosotros. Nosotros no somos como los demás
gentiles que andan con, que tienen el entendimiento entenebrecido.
No, Él ha iluminado nuestro entendimiento con su palabra, nos dio nueva
vida y para colmo puso su espíritu en nosotros No tenemos excusas
para ser ingratos. Nosotros no debiéramos respirar
de la misma manera en que respiran aquellos que no conocen a Dios.
Al menos debiéramos saber o tener una mayor conciencia de que respiramos
el aire que Él nos da. de que tenemos pulmones sanos
para aspirar. Nosotros debiéramos apreciar
el sol de una manera distinta como los demás. Es parte de su
misericordia, es parte de su bondad para con nosotros. ¿Y qué decir de la palabra de Dios? Él se reveló en la creación.
Pero él no tenía necesidad ni la obligación de revelarse en
un libro, de darse a conocer en un libro. Y hay millones que
lo tienen y no saben qué hacer con él, excepto dejarlo que coja
polvo o usarlo como fetiche abierto en el Salmo 91 o en el Salmo
23. Pero a ti y a mí nos han dado
entendimiento de su voluntad. ¿Y por qué se nos hace tan difícil
deleitarnos en su palabra? Entonces debiéramos tener gratitud
en nuestros corazones de poder tener la palabra, de poder leerla
y de sacarle provecho espiritual. Hace un tiempo hice un ejercicio
con un grupo de hermanos en un tiempo de pasadilla. Y les pedí que tomaran una hoja
de papel y un lápiz y escribieran tres letras A, B, C. Y les dije,
hagan un acróstico libre con esas tres letras. Y fue fácil,
hicieron su acróstico. Luego les dije, tomen las mismas
tres letras y hagan un acróstico con el tema El Amor de Dios.
ahí se tardaron un poquito más y tuvieron que pensar un poco pero
lo sacaron. Entonces luego yo les dije tomen
el abecedario completo y escribanlo y háganme un acróstico de ocho
líneas con cada letra sobre el tema del amor de Dios. Pastores
eso es imposible en esta actividad. Eso fue lo que hizo el salmista
en el Salmo 119. Ahora yo creo que podemos saber
por qué él decía, oh cuánto amo yo tu ley. Eso no fue un Salmo que se escribió
de una sola sentada. Muy probablemente tomó días y
días y días y días y escribir cada línea comenzando con la
misma letra. y decir algo que tuviera valor
eterno. ¿Cuántas veces damos gracias
por la palabra de Dios? Gracias expresadas y gracias
al apreciarla, al valorarla, al meditar en ella. ¿Cuántas
veces? ¿Qué aprendemos de todo esto,
hermanos? que en nuestro servicio a Dios y a su pueblo debemos
cultivar la disposición de ir más allá de lo que se nos ha
ordenado. Si queremos oír del Señor aquellas
palabras de aprobación, bien, siervo, bueno y fiel, en lo poco
fuiste fiel, en lo mucho te pondré, entra en el gozo de tu Señor. ¿Tú quieres oír eso? Tienes que
ir más allá de lo esperado. Más allá de lo esperado. Más
allá de lo ordenado. Pastor, ¿y qué hago? Bueno, Él
te ha dado dones, Él te ha dado habilidades, Él te ha dado capacidades,
Él te dio una vocación o más de una. ¿Qué tú vas a hacer? Tienes que usar eso que Él te
ha dado para el servicio de su reino. ¿Recuerdan aquella parábola
de los tres siervos en Mateo 24? A uno le dio cinco, a otro
le dio tres y a otro le dio uno. Le dio conforme a sus capacidades.
¿Y qué él esperaba? Él esperaba que al que le dio
cinco produjera cinco, que al que le dio tres produjera tres
y al que le dio uno produjera uno. De manera que el que le dio cinco,
diera diez. El que le dio tres, llevará seis. Y al que le dio uno, llevará
dos. ¿Y qué pasó? Hubo uno que tomó
su talento y lo enterró. ¿A dónde está tu talento ahora
mismo? ¿Produciendo o enterrado? Hay una comisión que él nos dejó. ¿Qué es nuestro principal objetivo? Hacer discípulos. ¿Dónde está tu talento para hacer
discípulos? ¿Enterrado o produciendo? ¿Enterrado o produciendo? ¿O estás sencillamente conforme
con darle un tratadito? con decirle esto o aquello. El objetivo es hacer un discípulo. Yo sé que hay situaciones circunstanciales
en las cuales lo único que puedo hacer es darle un tratadito.
Si yo voy camino a Santiago y al pasar por el peaje, al momento
de pagarle a la joven o al joven que está ahí, también juntamente
con el dinero le paso un tratadito, eso es lo único que puedo hacer
en ese momento. Pero ¿y qué hago con mi compañero de trabajo?
¿Qué hago con mi familiar inconverso? ¿Qué hago con mi colega en esto
o en aquello, en los deportes, en el barrio? Si yo no lo llevo
hasta que él sea un discípulo, yo no he hecho mi trabajo, yo
no he ido más allá de lo que la mayoría hace. Tengo que llevarlo
al pie de la cruz para que sea un discípulo. Ay, ya me desentiendo
de eso. No, ahora hay que enseñarle todo
lo que Jesús ha mandado. Tu trabajo no termina, porque
tú nunca dejarás de ser un siervo, tú nunca dejarás de ser un discípulo.
El Señor siempre te estará diciendo, espera, espera, a pesar de que
tú has hecho mucho, todavía te falta servirme más. Síñete, sírveme, prepárame la
cena y sírveme. Entonces nosotros debemos estar
empeñados en esto. Dijo Cristo cuando tenía 12 años
de edad, cinco veces menos que la que
yo tengo, en los negocios de mi padre me
es necesario estar. Y estuvo todo el tiempo en los
negocios de su padre. Mi padre hasta ahora trabaja
y yo trabajo. ¿Cuál es tu padre? ¿Por qué él
todavía sigue trabajando? ¿En qué negocios tú estás envuelto? ¿Dónde están tus afectos? ¿Dónde
tú tienes tu mente? ¿Hacia dónde se mueve tu voluntad? En segundo lugar, este pasaje
debe llevarnos a pensar en qué posición estamos, en qué sitio
estamos. ¿A quién nos parecemos? ¿A los nuevos judíos o al samaritano? Cuando somos beneficiados, y
todos los días lo somos, por la misericordia y la bondad de
Dios, ¿Nos olvidamos de él como los nueve judíos? ¿O le damos
gloria y gracias como el samaritano? ¿De qué nos
sirve a nosotros saber y hasta repetir que las misericordias de Dios
se han renovado hoy sobre nosotros? Si eso no mueve nuestro corazón
a la gratitud. ¿De qué nos sirve? Si eso no nos lleva a querer
rendir un servicio excelente a nuestro gran Dios y Salvador
Jesucristo. ¿De qué nos sirve? Hebreos 11 ha sido llamado la
galería de los héroes de la fe. Están ahí, no para que nosotros
los admiremos como se admira una obra en un museo. No, están
ahí para decirnos, ven y corre conmigo. Después de Hebreos 11, ¿qué sigue? Oh, Hebreos 12, genial. Sigue, que corramos con paciencia
la carrera que tenemos por delante, que ya esos la corrieron con
los ojos puestos en Jesús. ¿Quién va corriendo delante de
ti? ¿Quién va corriendo delante de ti? ¿Sobre quién tú tienes
puestos tus ojos? ¿Quién es el que te motiva a
seguir corriendo? Si Jesús no va delante de ti,
estás perdido. estás corriendo en vano, estás
corriendo en vano. Al inicio de nuestra vida, de
nuestra vida como cristianos me refiero, al momento en que
Dios nos parió, la gratitud es una obligación, debemos hacerlo
por deber, pero al crecer espiritualmente, al ir creciendo espiritualmente,
eso mismo que es ahora por deber, debe convertirse en deleite,
en deleite. Si todavía ser agradecido no
es, no es un deleite, es porque todavía sigues siendo muy pequeño
en tu fe. Tienes que crecer más a la semejanza
de Cristo. Más a la semejanza de Cristo.
Y en tercer y último lugar, sólo los que se rinden completamente
a Cristo en arrepentimiento y fe tienen la oportunidad de ser
hechos siervos útiles. Oigan bien, sólo los que se rinden
completamente a Cristo en arrepentimiento y fe, sin reservas, tienen la
oportunidad de ser hechos siervos útiles. Los que no, continúan
siendo siervos inútiles que entierran su talento en este mundo, que
tienen su corazón Y cuando hablo de corazón, hablo de pensamiento,
hablo de emociones, hablo de voluntad y hablo de conciencia. Porque eso es lo que en la Biblia
significa. En Cristo. Si tú no tienes eso en Cristo,
lo tienes en este mundo. Y Cristo te pedirá cuenta. Porque Cristo no ha dado talentos,
dones, habilidades, inteligencia exclusivamente a los que Él salva. No, Él también te las dio a ti.
Él también a cada uno de nosotros. ¿Qué tú vas a hacer cuando Él
te pida cuentas por el talento que Él te dio? ¿Qué tú vas a
hacer cuando Él te pida cuenta y te diga dónde está el dividendo,
el beneficio que es para mí? ¿Qué tú me devuelves? Si tú no has recibido a Jesús
por la fe, tienes que saber que el pecado es la lepra del corazón. Tienes lepra y eres repugnante a la vista estás lleno
de harapos no te puedes acercar a los demás Jesús te ofrece hoy
la oportunidad de que tú le salgas al encuentro y le digas Jesús
maestro ten misericordia de mí Y quizás puedas añadir las palabras
de aquel otro leproso de Lucas 5 y decirle Señor si quieres
puedes limpiarme. Y yo te aseguro hoy por la autoridad
de las escrituras que oirás unas gloriosas palabras de Cristo.
Quiero ser limpio, ser limpio. No te vayas de aquí con lepra. teniendo la oportunidad de ser
limpiado. No te vayas de aquí siendo un
contagiado y alguien que contagia. Mundanalidad, pecado. No, vete de aquí sanado y alguien
que contagia a otros para venir al que sana. al que rescata,
al que perdona, al que te puede librar del hoyo. No te vayas de aquí sin haber
recibido la bendición de la salvación y tener ahora la oportunidad
de cultivar un corazón agradecido que viva para Aquel que te salvó
y que te sanó, que le da gloria No te vayas de aquí en compañía
de los otros nueve leprosos judíos. No ven junto a nosotros, que
estamos en compañía del que volvió, dando gloria y dando honra a
nuestro Señor. Que Dios bendiga su palabra en
nosotros. Vamos a orar. Señor y Dios, yo estoy más que consciente de que lo expuesto en esta mañana es para mi propio corazón. Yo estoy en una plataforma más
alta que el resto de los que están aquí, pero es solo geográfico. En cuanto a mi necesidad de tener
un corazón que te ame y que te glorifique y que se derrita de
gratitud, yo creo que puedo decir con Pablo Yo soy el primero de
los pecadores. Oh Señor, si aquí hay alguien
que deba ser perdonado por su ingratitud, ese soy yo. Oh Señor, aplica esta tu palabra
a mi propio corazón y ayúdame a ser un siervo que va más allá
de lo que tú esperas. que camine dos millas, que te
de la túnica y el manto y toda mi vida. Libra mi corazón, mi propio corazón
de la ingratitud. Librame Señor de no reconocer
tus bondades cuando vienen directamente de tu mano y cuando vienen de
mano de otra de tus criaturas. de otros, de tus hijos. Oh Dios, pero ten misericordia
de todos cuantos estamos aquí, porque no hay nadie aquí que pueda tirar la primera piedra,
que pueda decir yo estoy libre de pecado, yo tengo un corazón
que destila gratitud, Yo tengo obras que superan lo esperado
por ti, oh Señor. No, no hay uno solo aquí. Todos
te necesitamos. Sí, hay algunos que necesitan
ser sanados de su lepra. Porque hay algunos que no te
reconocen como su Señor y Salvador. Hay algunos aquí que van sin
ningún problema habiendo recibido de ti misericordia y bondad,
caminando junto a los nueve judíos para mostrarse ante las religiones
de este mundo, ante las filosofías de este mundo. Oh señoras que
se vuelvan, que se vuelvan a ti en arrepentimiento y fe y que
te reconozcan a ti como el autor de la vida. y puedan decir como
David, bendice alma mía Jehová y bendiga a todo mi ser su santo
nombre. Oh Señor extiende tu misericordia,
oh Señor extiende tu gracia sobre esta congregación, sin excepción
oh Dios, aún hasta sobre los niños que están en otra localidad
de este mismo edificio. Oh Señor, que aquí se cumpla
lo que pasó en Hechos 10, 44, que Tu Espíritu vino con poder
sobre todos los que recibieron el mensaje. Dios, Tú te deleitas en perdonar
y Tú te deleitas en salvar. Ven, perdona y salva, Señor.
Edifica nuestras almas de tal manera que crezcamos en la dirección
de ser siervos útiles para la gloria de Cristo y para el avance
de su reino. Le lo pedimos en su nombre y
para su gloria. Amén y Amén.
Siervos útiles
¿Cuál debe ser la respuesta del que recibe una gran bendición? ¿Cómo se debe manifestar nuestro agraecimiento a Dios?
| Sermon ID | 2320115233379 |
| Duration | 58:08 |
| Date | |
| Category | Sunday Service |
| Bible Text | Luke 17:11-19 |
| Language | Spanish |
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